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NaciÓN

El bloqueo a Cuba: cuando el poder contradice sus propios principios

 

Especial para CLARIDAD

Durante más de sesenta años, Estados Unidos ha sostenido un régimen de sanciones  y bloqueo contra Cuba que ya no puede explicarse únicamente como una política exterior, es una demostración de poder. Un poder que, paradójicamente, contradice los mismos principios que dice defender, “libertad comercial” y “democracia”. Constituyen una de las guerras económicas más prolongadas en la historia contemporánea. Estas pueden entenderse como el uso de mecanismos de influencia mediante políticas específicas que convierten a la economía global en un espacio de conflicto con herramientas de restricciones comerciales, financieras y de inversión.

Porque aquí no hay ambigüedad. Estados Unidos se presenta ante el mundo como el principal defensor del libre comercio, la democracia y la libertad. Sin embargo, en el caso cubano, hace exactamente lo contrario, restringe el comercio, limita la inversión, bloquea el financiamiento y castiga a quienes intenten relacionarse con la isla. Eso no es libre mercado. Eso es control y poder.

El embargo/bloqueo/sanciones no solo afecta a Cuba. Afecta a cualquier empresa, banco o país que considere hacer negocios con ella. El mensaje es claro, comerciar con Cuba tiene un costo. Y en un sistema global donde el dólar domina, ese costo puede ser demasiado alto. El resultado es un efecto en cadena, empresas que se retiran, inversiones que no llegan y oportunidades que desaparecen. Esto tiene nombre en economía, distorsión del mercado. Pero también tiene otro nombre más incómodo, coerción.

Porque lo que está en juego no es solo comercio. Es la capacidad de un país para decidir su propio rumbo económico, su libertad comercial. Cuando una potencia utiliza su peso financiero y político para condicionar esas decisiones, deja de hablarse de competencia y se empieza a hablar de subordinación. Esa potencia deja atrás la democracia y la libertad e impone el garrote y la fuerza.

Y ahí aparece la contradicción central. ¿Cómo puede una democracia promover la libertad mientras limita la autonomía de otro país? ¿Cómo puede defender el libre comercio mientras impide activamente que ocurra? ¿Cómo puede hablar de derechos humanos mientras implementa políticas que afectan directamente las condiciones de vida de una población?  Estas preguntas no son retóricas. Son incómodas porque exponen una realidad evidente, los principios se aplican cuando convienen, y se suspenden cuando estorban y eso es “gringocentrismo”. Donde EE.UU. dice lo que se debe hacer, como se debe hacer y siempre responde a “Primero EE.UU.”.

Desde una perspectiva geopolítica, el embargo/bloqueo/sanciones tampoco es un misterio. Cuba dejó de estar bajo la influencia estadounidense tras la Revolución de 1959 y ha creado su modelo de desarrollo económico alternativo pensando en la gente. Desde entonces, las sanciones han funcionado como un mecanismo para aislar, presionar y, en última instancia, forzar cambios internos. No se trata solo de ideología. Se trata de poder político y económico y decir lo que se debe hacer, es gringocentrismo que surge de esa Doctrina Monroe.

De hecho, el mensaje implícito va más allá de Cuba, cualquier país que intente desarrollar un modelo económico alternativo fuera de la órbita dominante puede enfrentar consecuencias similares. En ese sentido, el embargo no solo castiga a Cuba; también funciona como advertencia y política de miedo. Política de miedo que debemos enfrentar y aprender a decir NO, NO me atemorizas. Hay que detener esa política Monroe o gringocentrismo ya, ese afán de dominar a todo el mundo para el servicio del capitalismo imperialista de EEUU.

Mientras tanto, el discurso oficial sigue hablando de democracia, libertad y mercados abiertos. Pero en la práctica, lo que se observa es un sistema internacional donde las reglas no son iguales para todos. Donde el acceso a mercados, financiamiento y tecnología depende no solo de la competitividad, sino de la alineación política. Eso no es libre comercio, ni libertad económica es dominio imperialista. Es geopolítica económica.

Las sanciones, el bloqueo o el embargo, además, rara vez logran el objetivo que declaran, transformar sistemas políticos desde el exterior. Lo que sí logran, de manera consistente, es generar presión económica interna, afectar a la población  y sus derechos humanos y limitar el crecimiento económico afectando el desarrollo .

Entonces, la pregunta ya no es si el embargo/bloqueo/sanciones funciona. La pregunta es para quién funciona, quiénes están detrás de ese control económico. El caso cubano deja al descubierto una verdad incómoda, el orden económico global no se rige únicamente por principios de eficiencia o competencia, sino por relaciones de poder. Y cuando ese poder se ejerce, los valores que lo legitiman, democracia, libertad, libre mercado, pueden convertirse en herramientas discursivas más que en compromisos reales.

Esto lleva a otra reflexión importante, el sistema económico global no siempre funciona bajo las reglas ideales del libre mercado. En la práctica, está atravesado por intereses estratégicos, relaciones de poder y decisiones políticas que moldean quién puede comerciar, cómo y con quién. El caso cubano es un ejemplo claro de esa realidad. Para Cuba no hay libertad económica, para Cuba hay dominación, manipulación imperialismo puro, donde el capitalismo o los capitalistas desde EEUU deciden.

A pesar de las limitaciones, Cuba ha mostrado capacidad de resistencia, mostrando que el modelo de desarrollo alternativo centrado en la gente si funciona. Donde la salud, la educación, la vivienda, la cultura, el deporte, la investigación científica, la solidaridad internacional funcionan. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto, si se eliminaran las sanciones/bloqueo/embargo, ¿cómo cambiaría su crecimiento y desarrollo económico? ¿Qué tipo de relación tendría con el resto del mundo? Más allá de las respuestas, lo cierto es que sanciones/embargo/bloqueo pone en evidencia una tensión difícil de ignorar, una cosa es el discurso oficial de “libertad y democracia” y otra las políticas que se aplican. Cuba es un modelo que ha tenido éxito aun con sanciones/bloqueo/embargo. Su resiliencia y resistencia por más de 60 años ha demostrado que si se puede y ese es el miedo ideológico que tiene EE.UU. una Cuba que sea ejemplo para otros países. La experiencia cubana refleja una capacidad de resiliencia que invita a un análisis más amplio sobre las dinámicas de poder en la economía internacional de este modelo alternativo de desarrollo.

El problema es un conflicto ideológico (capitalismo, neoliberalismo e imperialismo), es económico y coercitivo, el bloqueo/sanciones/embargo contradice principios del capitalismo real y la libertad comercial. Entender esto es una cuestión central para entender cómo funciona realmente el poder en la economía global. Nuestra solidaridad con Cuba es exigir el fin del bloqueo/sanciones/embargo y dejemos que Cuba con su modelo alternativo y socialista demuestre lo que puede hacer y lograr. Los resultados serán sorprendentes.