Puerto Rico continúa siendo un punto estratégico para los EE. UU.

831

 

 

CLARIDAD

 

Tras el aumento de presencia y equipo militar reportado en el archipiélago, múltiples organizaciones e iniciativas buscan frenar la remilitarización del territorio nacional, tal como sucedió hace unas décadas en las bases navales de Ceiba y Vieques. Sin embargo, expertos arguyen que Puerto Rico, a pesar de expulsar en 2003 la permanencia física de la marina, continuó y continúa operando como espacio clave para ejercicios militares.

 

De acuerdo con el licenciado Alejandro Torres Rivera, Puerto Rico pertenecía a una de varias zonas operacionales conocidas como “polígonos”. En el archipiélago, este polígono “interno” comprendía campos de tiro de 900 cuerdas de terreno, un “área de maniobras del este” y un almacén de armamentos ubicado en la Isla Nena. Esta zona se sumaba a otros polígonos más que engranaban en tareas marítimas, aéreas y terrestres.

 

“Todo eso se reestructura a partir del 2003, cuando cierran Roosevelt Roads y desaparece propiamente el polígono de guerra submarina y antisubmarina. Lo trasladan mucho más cercano al área de Virginia. En lo que tiene que ver con el “polígono interno”, ese es el que se cierra propiamente”, explicó el expresidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico.

 

No obstante, un polígono mantuvo algunas de funciones después de la salida de la Marina en Vieques: el polígono de guerras electrónicas. Entre los elementos de esta zona que quedaron activos está el Monte Pirata, uno de dos componentes de radar relocalizador, que se une a estaciones similares en Santa Cruz, Saint Thomas y en El Yunque.

 

“Ese polígono no está inactivo; pero ha decrecido la intensidad de sus operaciones… Cuando hablamos de que la Marina se fue, pues, no es tal cosa como que se haya ido. De lo que estamos hablando es que se ha reducido, en forma significativa, el uso que se le daba a esa área de entrenamiento de la flota del Atlántico”, aseguró Torres Rivera.

Para que la milicia retirara sus bases del país, cuenta el licenciado, la Marina comenzó a identificar en el 2000 cómo cambiar estas áreas operacionales a través del Centro de Análisis Naval (CNA, en inglés). Para Puerto Rico, esto implicó el cierre de la base aérea Ramey, en Aguadilla, y de la base naval que quedaba donde ahora yace el Centro de Convenciones.

“Ya ellos no están ahí, pero mantienen presencia todavía en el aeropuerto de Carolina (base aérea Muñiz), donde están las unidades y los helicópteros de la Guardia Nacional. Y han mantenido en funciones otros componentes operacionales, como en el caso de Buchanan, que es la sede de los comandos de la reserva del ejército de los Estados Unidos; como el Campamento Santiago, que es el área principal de entrenamiento y operaciones de la Guardia Nacional”, continuó el abogado.

En ese sentido, Torres Rivera expuso que estos equipos e infraestructuras continúan estando disponibles para uso militar. De ejemplo, mencionó la pista aérea de tres kilómetros que las Fuerzas Armadas utilizan en Roosevelt Roads, en Ceiba.

“Ấreas que militarmente fueron cerradas son áreas que pueden ser militarmente reactivadas en cualquier momento por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. De ahí que uno sostenga que Puerto Rico sigue siendo un componente importante, desde el punto de vista de la estrategia, para la región. Y que se haya reducido no significa que, como ahora, no se vuelva a reactivar ciertos componentes”, aseveró.

Torres Rivera recordó que Puerto Rico, por su ubicación geopolítica, aún funge como la “puerta de acceso” al Canal de Panamá, donde se dieron, desde el 2020, unos ejercicios de guerra junto a marinas de guerra aliadas. Los trabajos, titulados Operación PANAMAX, buscaron reforzar la ruta caribeña al canal. La milicia realizó, tiempo después, un trabajo similar por la ruta del océano Pacífico.

“Nosotros no nos damos cuenta de que esas cosas están pasando. Pero en efecto, se siguen desarrollando. Y lo que estamos viendo ahora, dentro de la política de Trump de agresividad hacia Venezuela, es algo que vimos en abril del año 2002. Donde, en el contexto de un ejercicio de acoplamiento, se posicionaron a 12 millas de la costa de Venezuela en respaldo al golpe de Estado que intentaron darle al presidente Hugo Chávez”, contó el experto en temas políticos.

En esta ocasión, agregó el abogado, podría estarse dando un apoyo tentativo a cualquier movimiento subversivo que intente derrocar el Gobierno de Nicolás Maduro. Pero Torres Rivera aseguró que, al menos tres veces al año, la flota del Atlántico zarpa a misiones en el Mediterráneo y otras partes del mundo. Sin embargo, estas misiones requieren un mínimo de dos ejercicios básicos para salir: Ejercicios de Entrenamiento de Unidades Compuestas (COMPTUEX, en inglés) y Ejercicios de Fuerza de Tarea Conjunta.

“Estamos hablando de un portaviones que carga decenas de aviones de combate. Estamos hablando de buques anfibios que cargan decenas de helicópteros de transporte de tropas. Estamos hablando de grupos de anfibios que llevan, por lo menos, cerca de 2,000 infantes de marina en cada grupo. Y así, tiene que ir con destructores, con fragatas, con buques de suministro, buques de apoyo. Llevan dos submarinos nucleares, cuentan con aviones de reconocimiento. Es una fuerza de combate significativa”, destacó Torres Rivera.

Y así, como las manecillas de un reloj, estas unidades corren trimestralmente por las aguas y cielos limítrofes. Con etapas iniciales, intermedias y finales, estos ejercicios están continuamente en rotación, con ejemplos tan recientes como septiembre pasado. En los últimos meses, múltiples medios reportaron sobre Ejercicios de Fuerza de Tarea Conjunta en el archipiélago.

“La primera afectación de estos ejercicios es a nuestra soberanía. Por ser colonia, nosotros estamos subordinados al poder de los Estados Unidos, y Estados Unidos violenta el derecho de nuestro pueblo a la tranquilidad, imponiendo ejercicios militares, reservando espacios que deberían ser para el disfrute del pueblo”, comentó el licenciado.

Además, la ocupación militar del territorio nacional supone restricciones en el tráfico aéreo y marítimo. Empero, Torres Rivera duda que EE. UU. ocupe nuevamente a Puerto Rico, como hizo antes de la expulsión de la Marina, puesto que ahora existen tecnologías que permiten ensayar ejercicios de guerra de forma digital.

El Lcdo. Torres Rivera concluyó que cualquier amenaza como la que EE. UU. hizo contra Venezuela, por lejana o improbable que sea, no debe ser descartada. En cambio, añadió, es propio que el país amenazado presuma que podría ser atacado y se prepare ante ellas, como ha hecho Venezuela. “Hay que estar listos para el peor escenario”.

Artículo anteriorTrump demandado nuevamente
Artículo siguienteEl periodismo como columna vertebral de la democracia