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2022: A/LETEO

El arte de la guerra

(A SunTzu)

Un sabio guerrero que conocía

el sabor de su lengua

desprendió

algunos hilos sonoros

para decir que la altura del aire

empolvado

define la posición del enemigo:

y que también se debe

no luchar

para vencer…

Entonces luego de cada combate

Preguntamos y aquel sabio guerrero

Nunca contesta.

 

Saul Irigoyen, Montevideo, Uruguay, 1930.

 

Solo la nostalgia endulza el tiempo, hasta que una tarde el dueño de la Tabaquería en que se ha convertido tu casa de infancia te permite regresar; y el gran sillón con el abuelo rodeado de sus sonrientes hijos; su tranquila sonrisa; y su verde mirada está en los ojos que cierras, no en una sala, donde las paredes ya no son huecas, se han escapado los duendes y dentro de los muros otrora de barro ya no hay tesoros ni botijas, solo los rieles del tren que atravesaba la ciudad y hoy sirven de vigas de sustento a las paredes de la memoria.

Te empeñas, husmeas los espacios, blanca solidez sin lugar para recuerdos, hasta que subes a la terraza y allá esta él, único ente donde todo permanece en su inmutable azul.

Es una batalla que no debí haber intentado, esta de pretender que todo sigue ahí, e igual, a pesar de mis canas y de mis pies cansados, y de que todos los días alguien se nos va, se nos ha ido, en este duro año 2021 en que la naturaleza nos recordó que no somos inmortales.

Indetenible, tenaz en su enfrentamiento con lo sólido, el mar guarda en sus entrañas las historias de múltiples naufragios.

No es solo el cementerio de imaginarias ciudades; cascos y armaduras de hierro; arcabuces; sangrientas espadas de piratas y corsarios; uniformes de tantos aldeanos devenidos en marineros tras la búsqueda del Dorado; sino el de los indígenas hundidos en sus canoas tratando de cruzar el mar de las Antillas, para alertar sobre demonios blancos montados en bestias de cuatro patas. Dioses anunciados en apocalípticas visiones provocadas por el tabaco y el alcohol artesanal.

Cadáveres de preñadas mujeres indígenas y esclavas africanas, determinadas a no parir niños esclavos, que se suicidaban en masa; cuerpos de todos los tiempos, de muchachas enamoradas del amor y desbastadas por el engaño, cuyas notas mortuorias piden perdón por la más valiente de las decisiones.

El mar es un líquido sarcófago donde millones de emigrantes perecen ahogados, o en las fauces de los tiburones, engañados por el centelleante resplandor de la luz en el oleaje. Liquidas monedas de plata al aparente alcance de sus ilusiones.

Dicen lo soneros del Caribe que “en el mar la vida es más sabrosa”, como si el mar no fuese una bestia vigilante a la caza de incautos enamorados; de frustrados idealistas; de esperanzados viajeros; de desesperados emigrantes.

Durante las guerras el mar se cubre de uniformes. Verde olivo sargazo que las corrientes arrastran hacia las playas y, en sus arenas, se acumulan con su peste a pescado podrido, como lápidas de ideologías en combate.

Nadando entre los esqueletos de naos, carabelas, paquebotes, lanchas cañoneras, fragatas, corbetas, bergantines, galeones, barcos; hélices y timones; cascos de hierro; oxidados mástiles; puentes; palos trinquete y mayor; rifles, ametralladoras; cañones, bombas, botas; utensilios de cocina; colchonetas; sandalias; botellas; lámparas de gas; las criaturas marinas observan con ojos de cuarzo los estragos de la soberbia entre las razas; los residuos del desamor y la desesperanza.

En el trasfondo de estas contiendas, donde el cuerpo es lo firme y es la víctima, los Dioses Tainos y Yorubas permanecen al margen. Para ellos el paso del tiempo es solo una creación de la soberbia humana. Ulises o Bandeiras; Cristóbal y Diego Colon; Américo Vespucio; Hernando de Magallanes; Alonso de Ojeda o Juan Ponce de León, los mismos que se siguen embarcando una y otra vez, porque la naturaleza humana no cambia.

Tropas en guerra, o retirada, especímenes de Homo Sapiens que nunca entendieron la sabiduría del mar; su continuo e indestructible vaivén, donde toda la vida está sujeta a su líquida determinación; a la vastedad de su sólida y siempre azul permanencia.

Sólo el triste canto de sirenas y sirenos testimonia esta certeza, esta guerra que el mar siempre gana.

Sólo Caronte, aguardándonos en su bote, parece repetirnos una y otra vez al cruzar el Leteo: “Hay guerras que no se intentan, que no se ganan”.

Truenos y centellas, chubascos, eclipses lunares, espléndidos atardeceres, vientos desatados, lunas llenas, cuarto o medio menguantes, siempre el lucero Venus, parecen recordarnos cada fin de año el retorno del equilibrio, el inescapable paso del tiempo, tiempo donde viento y marea se conjugan para limpiar la humanidad de sus permanentes agresiones.

Destruyendo y replantando las áridas superficies de nuestra vital inconsecuencia.

Hordas de ángeles de la muerte transitan nuestras calles, tocan los rostros y hombros de muchachos envalentonados por la droga que inundan la Zona Colonial. Sus alaridos sacuden la madrugada. Gritan proclamando una juventud que creen invencible.

Ráfagas huracanadas intentan poner fin a la inconsecuencia, a la basura, al océano de lilas que con engañosa belleza le roba el oxígeno al agua; siguen arribando en oleaje las sandalias y calipsos que Toni Capellán amorosamente recogía del océano; los pequeños calzoncillos blancos de la niñez que se prostituye en Boca Chica, Miches, Puerto Plata, el estercolero de Sosua.

Desde el fondo del mar las criaturas marinas observan la encrespada furia que ha de restaurar el predominio de la naturaleza y su armonía sobre las ruinas de la ignorancia.

Me armo con mis remos. Estoy lista hace tiempo para aletear sobre el Leteo. Solo mi inconsolable corazón no permanece indemne, a sabiendas de la perdida de mi infancia, del Conde que ya fue y no será nunca, del Cine Capitolio donde cada Semana Santa veíamos una y otra vez la misma película y nos horrorizábamos de que Jesucristo se volviera a dejar crucificar; las procesiones de Semana Santa, con el llanto perenne de la Dolorosa; las cadenas de la estatua de Colon donde curiosamente nos balanceábamos; los limpiabotas vestidos de fuerte azul sentados en hilera en la acera de la Arzobispo Meriño; los dulces “borrachos” al lado del cine, a los cuales teníamos derecho si nos portábamos “bien”; el sonido de los pasos en la escalera de madera, hoy de mármol, donde corríamos hacia la escuela; el pequeño mercado detrás de las ruinas de San Francisco, donde era mi placer elegir los tomates y mangos; los desfiles de Reyes.

¿Dónde están todos, donde están todas, adonde se ha ido esta memoria?, ¿dónde Salomé por cuya escuela cruzo imaginando su fragilísimo andar; dónde Federico Henríquez en el parquecito leyendo el testamento de Martí; dónde Amelia Francasci, Abigail, Ercilia; las Pellerano; los padres de la Patria cuyo nombre apenas aparecen en pequeñas placas de casas que nadie identifica?

Estoy y no estoy estando.

Se como este azul, repite Caronte. Siempre mañanero. indestructible, indiferente a tus cuitas, seguro en su inmortalidad.

Hay batallas que no se deben ganar, porque al final ninguna batalla se gana, excepto cruzar y aletear, cotidianamente, sobre el Leteo, sabiéndote un ave de paso.

O una que llegó para quedarse, y aun no lo sabe.

 

 

Crónicas 

 

PEREJIL

  1. Voy a una Zona Industrial a recoger mercancía. Antes, me detengo ante la caseta del guardia para identificarme, y decir cuál es mi motivo de mi visita allí. Ningún problema. Pero la guardia, que me dice: es que aunque tu nombre es en español el problema es que tú pareces árabe, no creo que puedas entrar. Vuelvo y le explico el motivo de estar allí, y le pregunto cuál es la razón válida para considerar el no dejarme entrar. Por la barba, me dice. Por la barba, le repito y la miro en silencio. Pasan unos segundos, no sé cuántos. Es una broma, me dice. Puedes pasar, me dice. Es en el Solo a la izquierda, me dice. Pienso en tantos que le han sido negada la entrada. A una casa. A un país. La circunferencia del planeta, dice Kant, nos da un derecho natural de entrada a cualquier lugar. La frontera existe como convención; contrato de paz, amistad, hospitalidad entre geografías. Se pasa de un país y se es recibido en otro desde el ejercicio de la hospitalidad. Un ejercicio que debe ser sin condición.
  2. En Ante la Ley de Kafka, un sujeto está ante una entrada. La custodia un guarda, que no cede a las súplicas, reconvenciones, sobornos de aquél que ansía cruzar la entrada. Es en el momento de su muerte que el guarda dice que esa puerta estuvo siempre para él, ese que muere, y que con su muerte ahora estará cerrada para siempre. Lo terrible de este cuento no es su final. Es la total ausencia de hospitalidad. Ante la Ley, ante la frontera de la Ley comparecen el uno y el otro. Uno desea entrar. El otro deviene la amenaza de ese deseo. Ante la Ley se puede devenir marrano, indocumentado, ilegal, invisible. La Ley reconoce aquellos que son (im)propios de los que no son. Pero incluso a los (im)propios les pende la espada de Damocles sobre su testa.
  3. Agamben recuerda, en los campos de concentración bajo la Alemania Nazi, la figura del «musselmann», del musulmán. El musulmán era aquel en el campo al que la muerte había tocado. Los demás se le apartaban, y en común concierto le dejaban a su suerte en la «Selektion» rumbo al gas, disparo en la nuca, horno crematorio. En la situación de excepción que era el campo de concentración (de acuerdo con el pensar kantiano la situación del campo colocaba a prisioneros y custodios por debajo del límite animal), el musulmán se convertía en la excepción de la excepción: el resto excepcional del resto común. El desperdicio.
  4. La invisibilidad del marrano, del ilegal. De aquellos que escapando a un conflicto, se encuentran de pronto con un guarda ante la puerta. Con un custodio de la Ley, que les amenaza su deseo. Sólo que a diferencia del guarda de Kafka, este no dice esta puerta estuvo siempre para tí, ahora la cierro. No. Para este guarda el marrano no tiene entrada. Punto. El musulmán queda fuera. Punto. El ilegal queda fuera. Punto. Lo (im)propio no tiene dispersión.
  5. Cuando la guarda me dijo «porque tienes barba», confieso que me sentí avergonzado. Como en el cuento de Kafka, pensé suplicar, pensé sobornar. Reconvenir. Como el musulmán en el campo de concentración, pensé en erguirme, aún cuando las fuerzas me faltaran, o la muerte habitara ya todo resquicio donde hubo un sujeto. O como el ilegal que sufre en silencio el abuso en donde está supuesta la mano hospitalaria. En Florida, EU ocurre el «Guat-bashing», que consiste de bandas que golpean y roban a los guatemaltecos que van a trabajar las cosechas de naranjas. En el mundo es mal momento para ser inmigrante. El peligro de un país comienza cuando se piensa en términos fundamentales, nos recuerda Levinas. El otro deviene entonces una constante amenaza, se describe hasta la obsesión su fisonomía, sus atributos. Se pretende conocer en profundo al peligro que lo (im)propio mismo ha señalado como tal.
  6. Porque tienes barba. Es broma, puedes pasar. Hey, judío, ven acá. Te voy a matar. Es broma. Dominicano, pareces haitiano. Di Perejil… oh oh, suenas a haitiano, te voy a matar. Es broma. Sirio, qué mierdas haces aquí? te voy a matar. Marrano. Musulmán. Ilegal. Es broma. Es broma.

Comedia(n)

  1. En un museo en Miami, Maurizio Cattelan fija una banana a la pared con duct tape. Cattelan llama a su obra «Comedian», y le fija un precio de 120 mil. Según una parte noticiosa, dos ediciones de la obra fueron vendidas. Un museo estaba en conversación para comprar una tercera.
  2. Tras días de controversias y largas filas para ver una banana sujetada a la pared con duct tape, otro artista — esta vez uno de performance — de nombre Daniel Datuna, llega hasta donde está la banana, la despega y la come, mientras comenta la admiración que siente por el arte de Cattelan. Datuna títula su performance «Hungry Artist». Una representante del coleccionista francés que pagó 120 mil por la obra le recrimina a Datuna: «But you’re not supposed to touch the art!». Datuna sonríe mientras burla la seguridad del museo. El museo celebra que la obra en cuestión sólo fue dañana parcialmente.
  3. Franz Kafka escribió un cuento titulado «Un artista del hambre». Un hombre, artista por más señas, se encierra en una jaula bajo un estricto ayuno. Su cuerpo es un canvas, el medio por el cual se testimonia una cruel estética sobre los estragos del hambre y la muerte que se avecina. Al principio una multitud le rodea, lo interroga y especula. El artista del hambre apenas soporta un cuerpo asediado por la falta de alimento, mas en su rostro se adivina una sonrisa. Dura muy poco. En cierto momento colocan una jaula al lado con una pantera adentro. La nueva jaula roba la atención total de la muchedumbre. El artista del hambre sucumbe en un total y lacónico olvido frente a la energía total que se irradia en la jaula próxima.
  4. En El artista del hambre, Kafka no evita cierta comicidad cruel en el tono del texto. Un artista hace de su hambre una estética, es suplantado por un animal harto reconocido por su arte en la depredación. Por más que eduquemos al cuerpo sobre el hambre, es el hambre misma la que nos subraya el animal que llevamos en silencio. La pantera es pantera, caza cuando tiene hambre, ataca cuando protege territorio. Lo humano, en cambio, es una constante domesticación fallida del cuerpo. Hay veces, como en el cuento de Kafka, que logramos elevar el hambre a la categoría de arte. Chiste cruel. Sublime.
  5. El lenguaje de lo sublime me parece que no aplica en una banana sujeta con duct tape a la pared. Menos interrogar por su aura (Benjamin). No hay un sublime. Tampoco un aura. Allí en esa pared no ocurre una singularidad, ese incómodo que irrumpe en lo serial. Pienso en el urinal de Duchamp, su idea del ready-made, el objeto banal vuelto arte. En esa pared asistimos al desnudo en su desierto Real. Un Black Hole, una masa ultra densa, con un pull gravitacional igual de intenso. Lo que está a su alrededor no escapa, y se deshace segùn se acerca al agujero. Hace rato nos estamos deshaciendo, esto no es de ahora. Pero quizá por vez primera sí estamos presenciando el final devastador, lo que está previo incluso al grado cero.
  6. La instalación de Comedian incluye un Cetrtificado de Autenticidad, y una cláusula que exige el reemplazo de la banana todas las veces que sea necesario. Existe una relación entre arte y violencia. Que Datuna haya devorado parcialmente la banana no hace mella alguna. Por violencia o descomposición, una banana sustituye a la otra: como al artista del hambre, una banana sustituye la otra. Una instalación donde la banana es serial, tal y como se reproduce el virus. En La Poética, Aristóteles subraya la carencia de poiesis en la comedia. No es un medio idóneo para dar cuenta de una hubris y su resolución. Datuna sonríe mientras devora la banana. Parece el mostrar de dientes de una pantera.

Este es el tiempo de la comedia.

— e.s. ortiz-gonzález

 

 

Crucigrama: Roberto Acevedo Quiñones

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____ Juan; ciudad donde Acevedo fue asesinado durante su participación en el ataque Nacionalista a la Fortaleza de 1950.

2. _____ Acevedo Quiñones; héroe y mártir de la lucha por la independencia de Puerto Rico. Militó en el Partido Nacionalista.

5. Comandos Armados de Liberación; siglas de la histórica guerrilla urbana puertorriqueña.

8. Tercer hijo de Eva y Adán.

10. 84 _____; poema escrito por Trini Rivera de Ríos en homenaje al patriota Acevedo.

14. Lengua indígena de antiguos habitantes de las islas del lago Titicaca.

15. Utilizará.

17. Ratón.

19. Maleducada, descortés.

23. Bóvido salvaje europeo extinguido en 1627.

26. _____; isla del archipiélago puertorriqueño donde nació Acevedo.

27. Cuerpo de _____ de la República; sección dentro del Partido Nacionalista a la que perteneció Acevedo.

28. Obtener algo por un precio.

31. _____; ciudad de EEUU donde Acevedo cumplió prisión por no inscribirse en el ejército de la nación que nos mantiene como su colonia.

35. Del verbo anear.

37. Látigo que se usa para estimular el trote de las bestias.

38. 16 de _____ de 1922; nacimiento de Acevedo.

40. Tisana.

42. Usted, abrev.

43. Roberto Acevedo: mártir viequense en la lucha por la liberación nacional de Puerto _____; publicación escrita por Robert Rabin.

44. Capital de Noruega.

Verticales

3. 30 de _____ de 1950; asesinato frente a la Fortaleza del patriota Roberto Acevedo.

4. Horada algo con el taladro.

6. Manuel _____; poeta español que escribe en asturiano y castellano. Iniciador, en poesía, del Surdimientu.

7. Cocer a la brasa.

9. Símbolo del erbio.

10. Fantasma.

11. Carta de la baraja.

12. Terminación verbal.

13. Virtud teologal.

16. Roberto Acevedo _____; participó en la gesta Nacionalista de 1950. Atacó la Fortaleza, residencia del gobernador colonial, junto a Raimundo Díaz Pacheco, Domingo Hiraldo, Gregorio Hernández y Manuel Torres Medina.

17. Mil cinco en números romanos.

18. Segunda nota musical.

19. Francesco _____; pintor veneciano. Autor de más de 800 obras.

20. Atreverse.

21. Expulsa de un lugar.

22. Halagar, lisonjear.

23. Antiguamente la nota do.

24. Sustracción.

25. Símbolo del osmio.

28. Quia, interjección.

29. Forma de pronombre.

30. De Padua, ciudad italiana.

32. Roberto _____ Quiñones; por su heroísmo, Trini Rivera de Ríos, le dedicó el poema, «84 Balas».

33. Conjunción.

34. Contracción de a el.

36. Camino angosto.

39. Afirmación.

40. Pronombre personal.

41. Ahora.

Para más allá de nuestros deseos de año bueno

 

Especial para En Rojo

Estos días, compartimos entre nosotros los mejores deseos para este año que está a punto de comenzar. Sin embargo, ¿cómo hablar de paz y justicia, en un mundo en el que sólo dos mil personas tienen la misma riqueza que cuatro mil setecientos millones de seres humanos?

Según los cálculos de la FAO, la organización de la Organización de Naciones Unidas contra el hambre, a cada minuto, pueden morir de hambre al menos once personas en el mundo. Al mismo tiempo, el planeta se hunde en una crisis medioambiental cada vez más profunda y la humanidad no parece librarse ya de la pandemia. Eso, sin hablar de la tragedia de la migración. En medio de esta realidad, es inexplicable que, en la última década en todos los continentes, los gobiernos hayan duplicado su gasto militar.

La élite financiera colabora activamente para que el continente latinoamericano siga con gobiernos de extrema derecha que rinden culto a Hitler, Mussolini y a dictaduras militares. Al mismo tiempo, en todas las Iglesias crecen movimientos religiosos que rinden culto a Dios como símbolo del poder dictatorial y de los privilegios de clase, raza y género.

Nuestra esperanza no proviene de un análisis de la realidad, que, sólo puede ser pesimista. Viene de nuestra fe en la vida, en los seres humanos y en el Amor Divino que fecunda el universo y los corazones humanos. Al igual que la salud del árbol depende de sus raíces, las opciones fundamentales de la sociedad se basan en la cultura. El capitalismo, antes de ser un sistema económico en lo cual todo, incluso las personas tienen precio, es una cultura, o sea, una forma de ver la vida. Si trabajamos para transformar esta cultura, podemos confiar en que podemos transformar el mundo.

Este año, en su mensaje para el 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco propone: «La educación, el trabajo, el diálogo entre generaciones: instrumentos para la construcción de una paz duradera». La transformación provocada por la educación, el diálogo entre generaciones y la valoración del trabajo no se producirá de arriba abajo, sino desde las bases.

En estos días, el cristianismo celebra la memoria del nacimiento de Jesús. Es una forma de proclamar que la salvación de la humanidad viene de las periferias del mundo y de la pequeñez de un pesebre. Cada uno de nosotros puede redescubrir en lo más profundo de su ser la cuna de paja que, por pobre que sea, alimenta al nuevo ser humano que nace en nosotros y para un nuevo mundo posible. Como decía Mahatma Gandhi en la India: Empieza por ti mismo el cambio que deseas para el mundo.

En pantalla grande: West Side Story y Madres paralelas

 

En Rojo

Se ha escrito y publicado tanto sobre la nueva versión de West Side Story de Steven Spielberg (incluyendo una detallada reseña en CLARIDAD) que puede que repita muchos de los planteamientos ya expresados. Madres paralelas, filme más reciente de Pedro Almodóvar, es un planteamiento y pensar de la memoria histórica de los años desde la Guerra Civil Española (1936) hasta la constitución escrita poco después del fin de la dictadura franquista (1978) junto al paralelismo de mujeres que dictan su propia vida.

 

West Side Story

Director: Steven Spielberg; guionista: Tony Kushner; autor: Arthur Laurents; cinematógrafo: Janusz Kaminski; elenco: Rachel Zeglar (Maria), Ansel Elgort (Tony/Anton), Ariana DeBose (Anita), David Alvarez (Bernardo), Mike Faist (Riff), Rita Moreno (Valentina/Doc), Corey Stoll (teniente Schrank), Brian d’Arcy James (oficial Krupke).

Uno de los extraordinarios atributos del cine de Steven Spielberg es esa 1era escena que acapara toda la atención de su variado público. En West Side Story (WSS), vemos las ruinas de lo que una vez fue una comunidad de inmigrantes en busca de una mejor vida y que ahora lo que queda son viviendas dilapidadas y constante violencia en las calles. Es aquí donde jóvenes desempleados, con pocas destrezas o con subempleos intentan forjar una normalidad que pueda llamarse familia, aunque los elementos básicos de apoyo y protección estén ausentes. Bernardo suplementa su empleo con el boxeo y así ha podido compartir un apartamento con su novia y traer a Maria desde Puerto Rico. Maria, como la mayoría de las otras mujeres del vecindario, trabaja en limpieza de tiendas u oficinas en horarios cambiantes. Otros, especialmente los de la ganga de los Jets, prefieren esconder que la violencia doméstica y el abuso de alcohol y drogas del padre o madre los impulsa a hacer su vida en las calles como sea. Obtenemos ese trasfondo a través de la letra de las canciones y las conversaciones entre Valentina y Tony. Para mi sorpresa, luego de la mirada aérea del sector en derrumbe y del encuentro y corrida de los Jets y los Sharks, llegan a territorio puertorriqueño con nuestra enorme bandera pintada en la pared y la cara y una cita de Pedro Albizu Campos. Como si esto fuera poco, como grito de triunfo al lograr detener a la otra ganga, Bernardo entona, y luego le siguen todos los Sharks, La Borinqueña con la letra original de Lola Rodríguez de Tió. Y la canta completa. Poco me faltó para ponerme de pie en la sala de cine.

Dos de los grandes aciertos de este WSS es que TODXS cantan y bailan y todxs los puertorriqueños hablan español. Y precisamente aquí surge algo novedoso para el cine de grandes producciones: los personajes hablan en español entre sí y solamente traducen una pequeña porción de esos diálogos (que conste que los subtítulos en español poco tienen de traducción). La música y coreografía, al igual que en 1961 en el filme y en 1957 en la obra de Broadway, son excelentes y los ajustes que se hacen realzan aún más el talento de estos actorxs. Nada más pensar en “América” que se mueve de la azotea a la calle (como el impresionante baile comunitario en In the Heights) y adquiere una velocidad, diversidad y profundidad que no tenía antes. El encuentro para la pelea/rumble, supuestamente final, se realiza en un almacén de sal (la que se usa en invierno para disolver la nieve) para convertirse en estatuas—vivas o muertas—cuando la sinrazón se apodera de cada uno de los jóvenes. Se añaden detalles importantes como una antagónica solidaridad entre mujeres en la escena de violación de Anita. Y la joya de la corona es el personaje reescrito para Rita Moreno como Valentina, la viuda del Doc original, dueña ahora de la tienda donde se consigue de todo y sirve las necesidades del vecindario. Aquí la Rita/Valentina protegerá a Tony para que no vuelva a la cárcel, impondrá respeto y disciplina a los chicos que parecen no tener idea de adónde van, dará consejos gratis y le enseñará frases en español a Tony para que conquiste a su Maria. Y también bailará y cantará una susurrada y hermosa “Somewhere”, con la misma profundidad de su Anita de 1961. Hay mucho más que comentar, pero mi consejo es que en vez de sencillamente dar opiniones sin haber visto WSS u olvidarse de que es ficción basado en otro cuento imaginado de Shakespeare, primero la vean y disfruten de este banquete musical y actoral.

Madres paralelas

Director y guionista: Pedro Almodóvar; cinematógrafo: José Luis Alcaine; elenco :Penélope Cruz (Janis), Milena Smit (Ana), Rossy de Palma (Elena), Aitana Sánchez-Gijón (Teresa), Israel Elejalde (Arturo), Julieta Serrano (Brígida), Ainhoa Santamaría (niñera).

No importa las etapas del cine de Almodóvar—los desajustes e inconformismo que traiga a la pantalla—todo está centrado en la sociedad española donde nació, creció y se desarrolla. Puede que Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) y Laberinto de pasiones (1982) parezcan filmes hechos para romper todas las ataduras sexuales y de reglamento del franquismo y posfranquismo (“La movida” madrileña) y que no tienen el enfoque directo de La flor de mi secreto (1995) y Hable con ella (2002), o la condena directa a las prácticas sociales basadas en dogmas religiosos como La mala educación (2004) y Los abrazos rotos (2009) y su mirada interior y repaso de vida de Dolor y gloria (2019), pero sigue siendo la voz y la mirada de su país. En Madres paralelas, como hizo de manera extraordinaria en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y Volver (2006), tiene como su centro a tres mujeres de diferentes edades y experiencias que convergen accidentadamente en un lugar y tiempo, en este caso, en la sala de maternidad de un hospital en Madrid. Janis, fotógrafa de profesión (que lo demuestra desde el principio con una sesión de ‘shooting’ de un conocido arqueólogo/antropólogo forense) queda preñada y decide asumir la responsabilidad de tenerlo y criarlo; Ana, de 18 años, también decide tenerlo, aunque no tiene idea de quién pueda ser el padre, pero recibe el apoyo e inicialmente la ayuda de su madre, Teresa, cuya prioridad es desarrollarse como actora de teatro. Ella también tomó la decisión de tener a Ana cuando muy joven, pero perdió la custodia cuando decidió encaminar su carrera.

Las relaciones que se desarrollan entre las tres mujeres son la parte íntima e interior de la historia. La cubierta o encuadre—la razón principal para que todxs lxs personajes se comuniquen y compartan espacio, tiempo, emociones e historia—es la memoria histórica. Es llenar los huecos dejados por la oficialidad, desenterrar, casi literal, los restos de los muertos abandonados en fosas comunes a través de toda España. Es hacer justicia y encontrar la verdad de tantos bisabuelxs, abuelxs, vecinos desaparecidos una noche dejando siempre la duda en sus familias sobre cuál había sido su paradero. Como bien le explica Janis a Arturo, aunque la Ley de memoria histórica se aprobó en 2007 bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero, el gobierno del Partido Popular que le sigue, bajo Mariano Rajoy, al no asignarle presupuesto la convierte en ley muerta. Razón para el pedido de Janis para desenterrar sus muertos y el compromiso de todxs de colaborar con información, comida, estadía y excavar la tierra. La escena final es el tributo de Almodóvar de recordar para las generaciones futuras lo que sucedió en España.