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Encontrado en las redes: Que hablen de mí aunque sea mal

(Lo importante es que hablen)

Eso es lo que paga. Se llama fama.

La vida en el país o para ser precisos en todos sitios y desde hace tiempo, se mide en rating y eso es lo que le da valor a todo. Lo pueden dejar aquí porque añado poco más.

Ser Influencers o lo que es igual a tener fama y que se me siga o que se me conozca por la razón que sea, es lo que importa. Nada es nuevo. Llevo décadas viéndolo y sobre todo observándolo crecer. Hoy a diario vemos la creciente entrega al entretenimiento en todos los ámbitos de la comunicación y de la vida. Eso, cueste lo que cueste y cuéstele a quien le cueste es es la orden del día.

«Dar el palo» es el viejo concepto que conocí por primera vez cuando solo lo escuchaba en contextos relacionados con los medios de prensa y por voz de periodistas. Comenzó nombrando lo que realmente era una carrera y competencia entre ellos. Algunos medios exigían documentación de prueba o confirmación de fuente confiable y además, corroboración de una segunda fuente antes de publicar La segunda corroboración se volvió humo cuando fue sometida a la presión de las prisas que conlleva el «dar el palo primero»

Gradualmente lo veo transformarse en lo que tenemos hoy, eso es, el éxito medido por la primicia y no por el contenido ni el valor social de la información. Citar y describir lo que te cuenten, inclusive jugar a analizarlo cuando realmente lo que hacen es buscar «dar el palo» antes que lo haga otro, es el centro de la cosa. Recibimos a diario noticias y análisis sin verificar, sin ponderar, sin medir su contenido y el efecto en las personas de quien se habla o a quienes se le «informa» , sin pensar en el público o pensarlo únicamente como consumidor, como último pagador de lo que vendo. Hoy esa es la regla. La confusión y los tiros a mansalva (metafóricamente hablando) son la noticia.

Nada nuevo en lo que describo, solo intereso señalarlo y añadir que no se estrena nada. La diferencia es que hace décadas se daba exclusivamente en los medios de prensa escritos, radiales y televisivos. Hoy, y desde el inicios de las llamadas redes sociales para acá la práctica en forma creciente arropa a todos. Hoy, José Cualquiera y María Quiensea, informa, divulga, analiza, acusa y condena. A eso, acompañado con poco o ningún análisis sobre sus efectos y sobre lo que realmente se hace, le llamamos democracia y libertad de expresión. Esa práctica sale de todos o cualquiera y azota a todos.

La gravedad de todo esto es que no hay área del quehacer humano que quede ajeno a ello. Agudiza el problema el hecho de que además parece haber una presunción de veracidad y legitimidad sobre todo lo que se dice después de que un medio comercial o como le llaman a las redes sociales, el internet, lo recoja y lo repita. Ante todos nosotros que somos el público, a diario se presenta una bandeja informativa para nuestro entretenimiento. Se recibe en muchos casos sin pensarlo, sin pasarlo por cedazo mental alguno porque el conocimiento necesario para pensar, los métodos de búsqueda de información veraz, o la legitimidad de quien y de lo que se divulga, son los grandes ausentes en éste circo.

Todo es y se reduce a llamar la atención, lo importante es que me vean, me lean, o me escuchen porque al fin y al cabo eso es lo que paga y lo que pega. Otros miden su beneficio en la medida en que provocan daño al oponente. Éste principalmente se da entre figuras políticas cuya vida cotidiana se gasta en eso, en ataques a otros sin que se requiera confirmación de lo que dicen y sin que se les penalice por hacerlo. Este es otro tema, parecido pero otro. Precisamente ahí en la divulgación está la ganancia para el que da a conocer algo, lo que sea, sobre otra persona sin que se requiera probar o sustentar lo que se dice.

La diferencia entre la Comay y muchos otros se va diluyendo, la distancia se achica día a día hasta donde estamos, cuando la única diferencia parece ser si habla una muñeca o alguien con corbata o vestido ajustados y tacones imposibles. El fondo es el mismo, llamar la atención y que me paguen más por hacerlo. Al fin y al cabo todo está a la venta. Caiga quien caiga. Le duela a quien le duela y, por qué no, muera quien muera. Mientras, vendemos lo que nos paguen por vender, los criterios para decidir lo que nos conviene desaparecen como también desaparecen por destrucción hasta su demolición, aquellos que intentan oponerse y cambiar tan trágica realidad. Son pocos, y serán menos los que expongan su intimidad y hasta sus cuerpos a favor del cambio. El precio lo pagamos todos, incluyendo a los que hoy bailan cada vez que se masacra a alguien destruyendo su reputación.

Todo va todo va. Los cedazos éticos y de moral social, política y hasta revolucionaria, se ven como cosas caducas porque nadie quiere o puede hablar de ideas básicas que requieren consensos mínimos urgentemente. Rechazamos el hecho de que estos acuerdos, insisto que hoy son mínimos, son indispensables y urgentes para sobrevivir como sociedad o como grupo. No, no se puede porque todo se ve según el color del lente con que se mira. Vivimos en un mundo de confusión en el que con frecuencia cada cual hala para su lado y en el que al querer botar la mugre, o para ser más clara, cambiar lo que nos hace daño, tiramos a la alcantarilla al bebé junto al agua sucia.

Vísceras, vacuna y voluntad

 

Con las complicaciones y estragos causados por la variante delta del COVID se vuelve más obvio por qué alcanzar la inmunidad de rebaño era tan crucial. Pero confieso que me toma cierto esfuerzo asociar la palabra ‘rebaño’ con cosas positivas cuando se trata de humanos. Me hace pensar en esas imágenes catastróficas en las que miles de ‘wildebeests’ tratan de cruzar un río todos a la vez, tantos de ellos pereciendo aplastados por el empuje ciego de sus congéneres, cada uno impulsado por su propia desesperación. Compasivamente los miro y pienso: si fueran capaces, como nosotros, de distanciarse un poco y ver la situación desde arriba podrían quizás adelantarse a los hechos, divisar una estrategia, incluso salvarse todos, o casi todos, al menos hasta llegado el momento de cruzar el próximo río.

Sólo que ni siquiera nosotros, miembros del ‘rebaño’ humano, dotados como estamos de capacidades mentales que nos permiten unir nuestras cabezas y ponernos por encima de una situación para comprenderla, estamos exentos de la caída en el desastre que las insuficiencias de nuestro propio comportamiento colectivo producen. Pues después de todo, si el COVID fuera un río y nosotros un rebaño de antílopes forzados a cruzarlo, migrando desde el hoy hasta el mañana por un despeñadero angosto, ¿cuánto mejor que a los wildebeests nos habría ido?

Yo estoy con los que ven nuestra respuesta colectiva al COVID como un ensayo del tipo de cambio de comportamiento colectivo rápido que requerirá responder a emergencias globales -realmente globales-, de esas que el calentamiento global traerá con más frecuencia a medida que el siglo avance y el clima siga retorciéndose sobre sí mismo. Las decisiones y acciones que nos tocará tomar juntos una y otra vez para responder a nuevas emergencias serán muchas. En un contexto así se volverá cada vez más necesario poder identificar correctamente, con rapidez y basándonos en información limitada, cuál es la alternativa solidaria y qué se debe poder esperar de cada cual para implementarla.

Mirando la cantidad de sufrimiento y muerte provocados por esta pandemia pareciera fácil concluir que, en lo concerniente a la vacunación, al menos en este caso y en este momento, la alternativa solidaria es vacunarse. Es fácil entender por qué a partir de enero de este año tanta gente ha proclamado entusiasmada en las redes algo que dice más o menos así: ‘Hoy me fui a vacunar! Por mí, por ti, por todos!’. Es mucho más difícil, encontrar voces que proclamen celebratoriamente lo contrario (‘hoy tampoco me fui a vacunar! por mí, por ti, por todos!’).

Nada quita que haya múltiples alternativas solidarias para un mismo asunto, pero ciertos objetivos (alcanzar la inmunidad de rebaño, por ejemplo) parecen dejar poco espacio para la variedad de respuestas y simplemente no pueden ser alcanzados a menos que una mayoría abrumadora los adopte.

La ignorancia escogida

No tengo intención de tirarle un toallazo a los voluntariamente no vacunados. Comparto la decepción y la frustración de los que miran con espanto el espectáculo cruel de esta evitable cuarta ola. Al final, es difícil no concluir que, como grupo (si bien unos quizás más cuidadosos que otros), los voluntariamente no vacunados acaban siendo los más eficientes prolongadores de la pandemia. Pero aprovecho el rechazo y la tristeza cósmica que me provoca todo esto para tratar de poner a prueba ciertas ideas que me hago sobre los demás, en particular la idea de que todos, el que más y el que menos, merecen el beneficio de la duda.

Me resisto por ejemplo a aceptar que la explicación principal sea que no saben pensar o que tienen ‘problemas mentales’ o ‘deficiencias cognitivas’, como a veces se sugiere. La psicología cognitiva ha demostrado que nuestra ‘racionalidad’ es mucho más limitada, atada a contextos y dependiente de marcos de referencia y familiaridad con modelos mentales relevantes de lo que se suele proclamar. Prefiero pensar que lo que rechazamos en los voluntariamente no vacunados en algo se parece a cómo reaccionamos nosotros mismos en otros contextos en los que operamos desde enormes resistencias. Y es claro que la terquedad y la resistencia mismas no nos resultan tan molestosas cuando se trata de las nuestras o las de los que defienden tercamente las cosas que nosotros mismos defendemos.

Además, sería ingenuo asumir que haberse vacunado es prueba inequívoca de ‘racionalidad’. Es de suponer que muchos, quizá la mayoría de los vacunados tampoco siguieron un proceso de profundas y rigurosas búsquedas antes de tomar la decisión de vacunarse. Con la vacuna así como con tantas cosas, por lo general hacemos lo que nos recomendó alguien de confianza o alguien que asumimos sabe lo que está haciendo o diciendo, con frecuencia el médico de la familia, nuestro pensador favorito o un especialista en la televisión (los cuales afortunadamente recomendaron lo que recomiendan los organismos que sí estudian cuidadosamente la evidencia). No lo digo para negar que somos capaces de evaluar críticamente la calidad de la información que recibimos o por menospreciar las formas en que cada cual llegó a la decisión de vacunarse, sino para ilustrar lo fácil que se nos hace atribuirnos a nosotros mismos o a nuestro ‘bando’ una cuota mayor de ‘racionalidad’ de la que le atribuimos a los que no coinciden con nosotros.

De hecho, muchos voluntariamente no vacunados ven nuestra decisión de vacunarnos como muestra de una falta de rigor, de una disposición prematura y poco crítica a creernos obedientemente lo que dicen el CDC, los NIH, la FDA y demás agencias involucradas.

Es claro que el escepticismo es un arma importante. Pero hay que poder distinguir entre escepticismos que nos protegen y nos hacen fuertes colectivamente y escepticismos que nos debilitan y nos dejan más a merced de males que de hecho podemos mitigar. Los efectos de esa clase de escepticismos lamentablemente más cínicos y destructivos se ven en la gente que pareciera haberse vuelto inmune a los datos. En este caso, por ejemplo, el dato de que las hospitalizaciones y muertes por COVID se dan abrumadoramente (mucho más del 90%) entre no vacunados debería poner a alguien realmente ‘escéptico’ en alerta y llevarlo a reconsiderar (como de hecho hacen muchos todos los días). Sin embargo, muchos presuntos escépticos salen del aprieto simplemente cerrándole la puerta a datos como estos, descartando sus fuentes como no dignas de ser tomadas en serio o prestando una atención desproporcionada a excepciones ya anticipadas como los llamados casos ‘breakthrough’. No distinguir entre fuentes más y menos confiables les hace más fácil a muchos voluntariamente no vacunados el justificar para sí mismos su propia evasión. Este tipo de ignorancia escogida es para mí lo más problemático. La pregunta es, ante esta ‘ignoración’ voluntaria de los no vacunados, ¿qué nos queda?

 La verdad y las vísceras

Al que opta por la ignorancia escogida siempre le queda poder reclamar que sigue las evidencias de su propio corazón (o cambiando un poco la metáfora, sus propias vísceras, entrañas o tripas). Alguna gente decide que, más allá de consultar consigo mismos a ver cómo se sienten, no hace falta realmente averiguar nada más. Que reclutamos nuestras ‘vísceras’ al tomar decisiones (buenas y malas) todo el tiempo está ampliamente demostrado (es parte del llamado ‘sistema 1’ en el modelo de procesamiento dual prevaleciente en la psicología). También es cierto que a veces nuestras vísceras nos halan en direcciones opuestas. Presumiblemente hay mucha gente que quiere hacer lo correcto pero tiene un rechazo visceral a vacunarse, a dejarse penetrar por una sustancia que les resulta misteriosa y sobre la cual rondan rumores nuevos (y falsos) cada día.

Habría que tomar en serio esos rechazos y esos miedos y tratar de ponerlos en perspectiva. Yo, por ejemplo, temo al prospecto de una pandemia peor, a una variante omega, que resulte ser más como un ébola que como una influenza. A veces hay que poder escoger por cual temor o rechazo de entre varios dejarse guiar. Pero hay que recordar que con frecuencia nuestras entrañas están equivocadas. En muchas ocasiones, por ejemplo, las vísceras son acérrimas enemigas del progreso moral en materia de justicia racial, igualdad de género y otras áreas, anclando a la gente en prejuicios y rechazos obsoletos. No significa que nuestras ‘intuiciones’ nunca sirvan para nada o que deba dejar de confiar en ellas para siempre. Pero significa que no son infalibles y que no debo cerrar la puerta a la posibilidad de que ‘no sentirme cómodo’ no sea el mejor criterio para cada decisión. No tengo por qué suponerle a mis vísceras una relación privilegiada con la verdad.

En este contexto contemporáneo nuestro, con todo lo que tocará decidir y hacer colectivamente, ciertamente será crucial que escuchemos al corazón, pero hay que procurarse un corazón bien informado, provisto de las mejores fuentes. En un contexto así no somos libres de ignorar y pasar por alto la información relevante cuando se trata de la seguridad de todos. No hay derecho a ser el avestruz con la cabeza en la tierra (o en las tripas).

Vacuna y voluntad

Dada la reducción alarmante en el ritmo de vacunación, la idea de requerir la vacuna en más planos de la vida social, haciendo más oneroso el no vacunarse, pareciera la única salida. En la psicología social se sabe por ejemplo que, en lo que tiene que ver con persuasión (cambios duraderos de actitud, comportamiento, inclinación, orientación, creencia), a pesar de que asumimos que son los cambios de actitud los que llevan a cambios de comportamiento, con frecuencia el proceso es al revés: son los cambios de comportamiento los que llevan a cambios de actitud. Esto ciertamente es un arma de doble filo porque facilita tanto el aprendizaje del bien como el del mal (los santos se hacen santos haciendo el bien y los torturadores torturando). Pero en el caso de las vacunas (y más en general en campañas que buscan promover comportamientos más sostenibles) es útil tener en cuenta que, si bien muchas veces el que supera las dudas va y se vacuna, seguramente también al que se vacuna se le van las dudas. No está de más preguntarle al voluntariamente no vacunado, entonces, y tú, ¿cuántos vacunados arrepentidos conoces?

La implicación en un contexto en que la salud pública y la acción climática se vuelven cada vez más centrales para el bienestar del rebaño entero es que hay medidas que no pueden ser ‘voluntarias’ para siempre. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, si no divides la basura y reciclas, te multan. Al principio pudiera parecerte punitivo e injusto, pero a la larga, lo más probable es que acabes sintiéndote bien por hacerlo. Como van las cosas, este siglo requerirá que alcancemos un sentido profundamente más solidario de lo que significa hacer nuestra propia voluntad (ejercer nuestra libertad).

Rebaño

Las masivas migraciones de los wildebeests en las que tantos mueren son también, más esperanzadoramente, su período de procrear y perpetuar la especie. Lo cual me lleva a pensar en el futuro de la nuestra y más concretamente, en los niños que crecen hoy. ¿Cómo apoyaremos a nuestros niños, qué tantas falsedades tendrán que enfrentar y que tanto tendrán que hacer para cambiar el mundo radicalmente en los próximos años? ¿Cómo prepararlos para pensar mejor que nosotros, con más precisión y complejidad, para que no caigan en las trampas en que nosotros mismos hemos caído, para confrontar la falsedad, buscar la verdad, usar su escepticismo de forma productiva y, sobre todo, para no hundirse en la indiferencia?

En fin, si bien muchos estamos habituados a ver los rebaños como metáforas de conformismo y obediencia, como si fueran el ganado de un dueño que lo controla todo, quizás sea hora de asumirnos colectivamente como un verdadero rebaño cósmico, capaz de percatarse de sí mismo, vulnerable y despierto, que debe reagruparse una y otra vez para responder a las lluvias y los vientos, los deslizamientos y los patógenos que lo han de abatir. Habría que adoptar un sentido de colectividad enraizado en nuestra animalidad común, que nos ayude a entendernos como una sola carne, la carne de la multitud humana esparcida sobre el planeta, hecha de tantos flancos (los tuyos, los míos) por los cuales las circunstancias nos pueden vulnerar. Quizá así poder entender de un modo profundamente visceral que el bienestar del rebaño entero, de hecho, incluye a tu cuerpo y está en tus manos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Biblia en el banquillo de los acusados

Especial para En Rojo

El último domingo de septiembre, las comunidades católicas celebran el Día de la Biblia. Es importante que eso sea celebrado de forma que ayude las personas a encontrar alguna respuesta a conflictos que los cristianos enfrentan en la realidad social y política de su país.

Desde los inicios del cristianismo, las comunidades eclesiales siempre han tenido en su seno a personas y grupos con diferentes posiciones sociales y políticas. Y las Iglesias cristianas ven la catolicidad como su vocación, porque deben ser capaces de vivir con la diversidad.

En los años 50 del siglo I, en la región que hoy comprende Turquía, Pablo fundó algunas comunidades cristianas. En ellos había creyentes de diferentes culturas. Ante el conflicto entre grupos, Pablo se posicionó a favor de una Iglesia abierta y en salida, como propone el Papa Francisco. En primer lugar, su carta insiste en que «judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres, todos los bautizados en Cristo son iguales y deben estar unidos en Cristo» (Gal 3,27- 28). Sobre la base de la igualdad, Pablo defiende la libertad. La fe en Cristo es una fuerza liberadora: «Para que seamos libres nos liberó Cristo» (Gálatas 5).

Nadie tiene derecho a utilizar la Biblia y la fe en Jesús como pretexto para perseguir y atacar a comunidades de cultos afrodescendientes o de otras religiones. La Biblia no justifica posturas moralistas y discriminatorias contra igualdad de género y diversidad sexual. No es honesto leer literalmente un texto escrito hace más de dos mil años y en otro contexto cultural y geográfico para justificar posiciones antropocéntricas que ven al ser humano como superior a la naturaleza.

Lamentablemente, parte de la jerarquía católica, así como pastores evangélicos y grupos de diversas iglesias, siguen predicando el Evangelio de forma dogmática y arrogante. Al hacerlo, siguen el camino de los colonizadores que utilizaron la Biblia para justificar la violencia de la conquista. Dan la razón a quienes utilizan la Biblia como arma que legitima opresión y dolor à la humanidad y al planeta. Es necesario purificar la lectura de la Biblia y la forma en que se habla de Dios. Es necesario revelarlo como Amor y Compasión y no como un déspota que impone su voluntad y castiga sin piedad a quienes no le obedecen. En la lectura comunitaria y orante de la Biblia, discernimos la revelación de un proyecto divino de justicia, amor y vida para la humanidad y el universo entero. Como nos recordaba el Papa Pablo VI: «para encontrar a Dios, es imprescindible encontrar al ser humano».

El autor es monje benedictino y escritor.

 

 

 

 

 

Crucigrama: Grito de Lares

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Grito de _____; gesta armada revolucionaria que proclamó la independencia de Puerto Rico del dominio español.

4. _____ Emeterio Betances; Padre de la Patria puertorriqueña. Dirigente e ideólogo del Grito de Lares.

7. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

8. Lengua provenzal.

9. Mortífero.

12. _____ Córdova; periodista puertorriqueño. Primer director de la sección deportiva del periódico Claridad.

15. Coceré a la brasa.

16. Celedonio _____; nombrado Ministro del Tesoro por gobierno provisional de la República de Puerto Rico proclamada en Lares.

17. _____ Prieto; comité revolucionario en Mayagüez que fue presidido por Mathias Bruckman o Brugman, General de División en el Grito de Lares.

20. _____ Tomé; sacerdote, poeta y editor español radicado en Puerto Rico.

24. Bernabé _____; nombrado Secretario de la Presidencia por gobierno provisional de la República de Puerto Rico proclamada en Lares.

26. Hojalata.

28. Centésima parte de un yen.

29. Masajea.

30. Insecto que produce cera y miel.

32. Juana _____; defensora de la clase obrera y sufragista puertorriqueña.

34. Artículo neutro.

35. Cama ligera para una sola persona.

38. Dativo de pronombre.

40. Órgano de la visión.

41. _____ Bracetti; cosió la bandera revolucionaria del Grito de Lares. Fue encarcelada. Esposa de Miguel, hermano de Manuel Rojas.

43. Del verbo ser.

44. Diez veces cien.

45. Elemento compositivo que significa tres.

46. Alguien _____ anda por ahí; libro de cuentos del escritor Julio Cortázar, prohibido por la dictadura en Argentina.

48. Iluminó.

49. Padre en gallego y portugués.

50. Donde, poéticamente.

52. Conozco.

53. Hijo de Dédalo.

55. Época.

57. Lanzador del _____; comité revolucionario en Camuy que fue presidido por Manuel González.

59. Punto donde dos o más componentes tienen una conexión común.

60. Versículo del Corán.

61. Segundo _____ Belvis; fue enviado por Betances a Chile, por apoyo para la independencia de Puerto Rico y el Grito de Lares. Falleció en Chile el 3 de noviembre de 1867.

Verticales

1. _____ Rodríguez de Tió; escritora puertorriqueña, autora de la letra del himno revolucionario de Puerto Rico.

2. Formar y disponer eras para poner plantas en ellas.

3. Emilio _____ Mari; patriota y abogado puertorriqueño.

4. Manuel _____ Luzardo; revolucionario venezolano radicado en Lares. Comandante en Jefe del Ejército Libertador.

5. Personaje bíblico conocido también como Ajab.

6. _____ Colón Martínez; autor de «La disidencia como vocación: Columnas de opinión y otros escritos ».

10. Escalera de mano.

11. Símbolo del tantalio.

13. Asistir.

14. Clemente _____; nombrado Ministro de Justicia por gobierno provisional de la República de Puerto Rico proclamada en Lares.

18. _____ Rivera; nombrado General de Caballería por el Comité Revolucionario de la gesta de Lares.

19. Que no cree en dios alguno.

21. Existe.

22. 23 de _____ de 1868; fecha de la gesta revolucionaria del Grito de Lares.

23. Algún.

24. Andrés _____; nombrado General de División por el Comité Revolucionario de la gesta de Lares.

25. Instrumento musical de viento, pl.

27. Achaque, aje.

29. Preposición.

31. Silencia.

32. _____ Bravo; comité revolucionario ubicado en Lares y dirigido por Manuel Rojas.

33. _____ Parrilla; nombrado General de División por el Comité Revolucionario de la gesta de Lares.

36. Terminación verbal.

37. Divinidad egipcia.

39. Francisco _____ Medina; nombrado Presidente por gobierno provisional de la República de Puerto Rico proclamada en Lares.

41. Maúlla.

42. Anillo.

47. Tiempo vivido.

49. País suramericano.

51. Metal valioso.

52. Monja.

54. Símbolo del cobalto.

55. Pronombre personal.

56. Quejido.

58. El Cambio por _____; coalición electoral chilena que agrupó al Partido Progresista, al Partido Ecologista Verde, y otros movimientos.

Cuba, pionero en el mundo en vacunar a sus niños contra el Covid-19

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba- A buen ritmo y sin pausa. Así marcha en Cuba la campaña de vacunación infantil contra la Covid-19, que arrancó a inicios de mes con la aplicación de la vacuna Soberana 02 en los menores de 2 a 18 años en todo el país.

La aprobación, el pasado 3 de septiembre, del uso de emergencia sanitaria del fármaco cubano permitió al país caribeño convertirse en el primero en el mundo en realizar una campaña nacional de inmunización infantil contra el Sars-Cov-2.

En palabras del Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED), la decisión de aprobar el uso de Soberana 02 en menores de edad “está sustentada sobre la base de los resultados de los ensayos clínicos realizados” que demostraron que la vacuna “cumple con los requisitos exigidos en cuanto a calidad, seguridad e inmunogenicidad para este grupo poblacional”.

En todo el país, cientos de escuelas han sido habilitadas para la inmunización de los niños de 5 a 18 años. Fotos suministradas por el autor

En todo el país, cientos de escuelas han sido habilitadas para la inmunización de los niños de 5 a 18 años. Para los pequeños de 2 a 4, se dispusieron centros de salud, en los que se prepararon eventos artísticos con payasos, música, lectura de cuentos y otras actividades para mantenerlos entretenidos durante el proceso.

Proteger a los niños y niñas contra la pandemia será un gran avance para la isla en sus aspiraciones de retomar de manera presencial las clases en las escuelas. A finales de agosto pasado, el Ministerio de Educación de Cuba anunció que el nuevo año escolar arrancaría con clases televisadas desde los hogares, dado el nuevo repunte en los contagios que enfrenta el país desde hace unos meses.

“Sabemos que la situación es compleja y lo más importante es cuidarnos”, resaltó en su momento la ministra de Educación, Ana Elsa Velázquez Cobiella, quien además puntualizó que los niños regresarían a las aulas escalonadamente y en función de cómo avance la vacunación.

La vacunación de los menores de edad es totalmente una decisión de los padres y en ningún caso se exige es una obligación. Fotos suministradas por el autor

La vacunación de los menores de edad es totalmente una decisión de los padres y en ningún caso se exige es una obligación. En nuestra visita a varias escuelas y centros de vacunación de La Habana, CLARIDAD constató que el ambiente general entre padres e hijos era de esperanza y confianza ante la posibilidad de vacunar a los pequeños contra una pandemia que bastante daño a causado a la isla y al resto del mundo. Urge superar esta crisis sanitaria para enfocarse en otros –y múltiples– retos que atraviesa hoy la mayor de las Antillas.

Con la puesta en marcha de esta campaña, Cuba también da un paso adelante en sus planes de tener al 90% de su población vacunada contra el virus para el mes de noviembre. Hasta el 17 de septiembre, 7, 904, 075 cubanos y cubanas ya tenían al menos una dosis de alguna de las vacunas cubanas Soberana 02, Soberana Plus o Abdala, según cifras del Ministerio de Salud Pública. Mientras, 4, 472, 022 ya habían completado el esquema de inmunización.