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Carta a Francisco

Estimado amigo Francisco:

He leído tus 4 libros y te he reconocido como un excelente profeta del Señor. Me has forzado a ir a los diccionarios, sobre todo, los de Google. Eres, y también te pareces un poco, a Martín Descalzo (quien ya murió). Cuando joven, te cuento, era medio jipioso: andaba por la capital (y por Manhattan) con mi levita y mi sombrero de copa. (Ya me había salido del seminario, porque el seminario era medio inmoral. Hoy mis amigos, debido a mis «cataratas», me difaman y me acusan de auto-homofóbico y de homosexualidad para que no pueda bregar con mis treinta y ocho (38) libros.1 Pero este es «el ojo de la aguja» con el cual el Señor me ha hecho bregar. El dirá cuándo escribiré (los libros han caído sobre mí) y cuántos insomnios seguiré sufriendo. Pero yo sé, como tú sabes, que Parakleto está delante de Dios defendiéndonos (o defendiendo mi mal carácter, mi poesía –o mi literatura: Del asombro al escándalo [filosofía], La novela de Jesús [novela], 2 La muerte de mamá [antinovela], Los poemas de Orfeo [poesía], etc.-

Perdona que te   diga todo esto, porque tú no me conoces, pero yo te he leído bien, yo te he leído prójimamente. Un día escuché que tú pedías que oraran por ti y desde entonces no he dejado de hacerlo. El Señor sabe que estoy pidiendo por ti. Que estoy pidiendo por tu misericordia y por tu bendición sin tener el poder para hacerlo. Estoy pidiéndole a Dios que el Señor te haga más Buda. Estoy pidiendo que el Señor te haga más Osho y más Suzuki. Y que el Señor te haga más Jesús. (Espero no haber pecado por mi pedido, y por el atrevimiento de acercarme a ti como poeta-«ateo».)

Por tus libros también sé que estás en contra del «capitalismo de la angustia». Pero yo todavía espero en la bondad y en la misericordia del Señor. Yo que he leído en Isaías la muerte de la Muerte sé que Dios realizará para Jesús el milagro de la muerte desaparecida para siempre. Yo también he leído la ternura de Dios para liberarnos de la «Segunda Muerte»: «Esta es la segunda muerte» (Ap. 20:14). «Y ya no habrá muerte» (Ap. 21:4). La muerte habrá desaparecido para siempre.

Sólo deseo que Juan, el evangelista, no haya delirado en la presencia apocalípticamente del ángel. Sólo deseo que yo no haya leído mal y que yo no haya leído poéticamente ni surrealistamente. A veces deseo que lo esquizo de Dios, que la metagramatización del Zen sea más que la locura de van Gogh, que la locura de Artaud, que la locura de Matos Paoli o que lo esquizo de mis propias «visiones». Que no me arrepienta de ser poeta, como Nietzsche, ni me arrepienta de ser poeta como Platón. (Porque así como el universo se expande, así también el Señor se expande y la poesía se expande).

A veces de noche el miedo me sacude, aunque ya estoy vacunado contra el Covid-19. ¿Quién es más fuerte, entonces, la pandemia o Parakleto? Mis «amigos» me robaron la docencia en el 2012 para que ni mi literatura ni mi poesía tocaran socráticamente a los jóvenes. Para que los jóvenes no se convirtieran en los «libres pensadores» en que se convirtieron. Yo había sido arrojado, pues, de la docencia misma. En tu último libro tú planteas, y tú insinúas que el trabajo es el regalo del Señor. Eso me hace volver sobre mi «pequeña tragedia» en donde mis colegas conjuntamente me despojan del «regalo mismo del Señor para mi vida». Ellos no sabían, yo tampoco lo sabía, que Parakleto, el Espíritu Santo, me había hecho un regalo más particular todavía: ila poesía misma!

Hay muchas cosas que el Señor hará y que todavía yo no sé. Vendrán muchas sorpresas y vendrán muchos dolores que todavía no conozco. Pero también sé, como tú sabes, que puedo estar cruzando «mi hora inevitable de la verdad». (¿Veré al Señor, acaso, con los ojos miopes de esta verdad? ¿veré por casualidad al ángel de Isaías? ¿veré al «ángel-fuerte» de Juan, o ya lo vi cuando vi el fantasma del Zen? ¿o ya lo vi cuando vi el espanto de la realidad en Manhattan? ¿Es que yo tenía que ver lo innombrable del Ser?

¿Lo vio Nietzsche, lo vio Heidegger? ¿Es que, acaso, no pudieron hablar de «EL» budistamente ni Osho, ni Suzuki?)

iNo sé cuántas cosas más podrá darme el Señor, o pondrá en mi boca el Señor! iPero yo aguardo temerosa, poeta y humildemente por su voluntad! Yo aguardo «los libros terribles» que El pondrá en mi cabeza. iYo espero ver al «ángel terrible» del espanto! iYo aguardo por la palabra del Señor, y por el vocabulario maravilloso de Jesús!

A veces tengo miedo y a veces me recorre el espanto. Pero desde niño, el miedo había decidido acompañarme. Tengo setenta y seis años (76) y el miedo no ha dejado de seguirme.

Quién te ha leído y quién te volverá a leer gustosamente,3 tu amigo,

Yván Silén

 

1Pero aún así, todos mis amigos, todos mis ALLEGADOS y todos mis enemigos han utilizado mi libertad para tratar de hacerme desaparecer.

2 De esta novela me agradaría enviarte un ejemplar. Hay un "secreto" de Jesús en ella, pero los ministros todavía no han podido descubrirlo.

3 Me gustaría leer y comprar "Dios es joven".

Miel que me das: «Canto a Eros» – Coro de la Antígona de Sófocles

Canto a Eros

 

Eros,

no hay quien te gane,

Eros,

aboles la propiedad

privada, pasas la noche

en las mejillas suaves de una joven,

vas y vienes por el mar, te paseas

por los campos y de ti no hay

refugio, ni para dioses

ni para los efímeros humanos,

al contrario,

quien te posee,

pierde.

Incluso mentes juiciosas

descarrilas, hasta lisiarlas,

agitador,

creas bulla en las familias,

y el deseo que salta de los párpados

de una novia en la cama

joven, vence;

burlas magistrados de leyes poderosas,

pues Afrodita, diosa invicta, juega

en tu equipo.

Pero ahora soy yo quien cae afuera

de la ley

al observar lo que pasa aquí,

no puedo

contener mis lágrimas,

brotan

cuando veo a Antígona rumbo al tálamo

de su noche perpetua.

 

Líneas 781-805 de la Antígona de Sófocles en traducción de Cristina Pérez Díaz

Dibujo original en tinta sobre papel de Emanuel Torres

 

Nota de la traductora
Sobre la propiedad privada

“Eros, aboles la propiedad privada”, dice este coro de la Antígona de Sófocles, o algo por el estilo. A los clasicistas les parece tan extraño que se hable de Eros y de la propiedad privada en conjunto que incluso ha habido editores que ponen en cuestión la “validez” de este verso, y le colocan cruces a ambos lados para señalar así su escepticismo. Mi traducción de esa línea es una interpretación dentro de la gama de posibles traducciones. Literalmente, el verso dice: “Eros, que arremetes contra las pertenencias”, pero una traducción conservadora, como las que abundan,  no optaría por hablar de “la propiedad privada”; por ejemplo, la que sugiere Mark Griffith en las notas a su edición del texto (Cambridge) cuando dice: “if the text is sound, the primary sense seems to be, ‘… you who make assaults upon the herds’” (ad loc.). Si siguiéramos a Griffith (lo cual requeriría una torsión particular del sentido de la palabra griega y quizás hasta una enmienda al texto, para que cuadre con lo que el editor cree que es más plausible (“if the text is sound”)), el significado sería un poco más ambiguo, pues, ¿qué exactamente querría decir que Eros “makes assaults upon the herds”? Eros, que atacas el ganado. ¿Querría decir esto que el erotismo también afecta a los animales pastoriles? ¿Querría decir que los mata? O, en sentido menos literal, ¿que afecta a los animales que son la pertenencia del pastor y, por lo tanto, afecta la economía del pastor? En todo caso, yo opto por la rendición más extrema del verso porque me parece que el núcleo de sentido que acarrea es que Eros, con su inigualable capacidad de borrar los límites entre las cosas, es malo para la economía de la familia, entendida dentro del marco de una sociedad basada en la propiedad privada. 

Sobre Eros y Antígona

Sin intentar ser exhaustiva, me parece que hay por lo menos tres formas de entender este coro en el contexto de la obra. Primero, hay que tener en cuenta el momento en el que aparece, pues es un canto que sigue inmediatamente a una discusión muy acalorada entre Creonte y su hijo Hemón, que es el prometido de Antígona. Hemón se enfrenta a la decisión autoritaria y errada de Creonte de condenar a Antígona a muerte por haber enterrado a su hermano Polinices. En este contexto, esta canción coral parecería ser un comentario sobre la razón detrás de la rabia de Hemón y su rebeldía en contra del padre. Desde una posición tradicional, como suele ser la de los coros trágicos, este coro le atribuye a Eros, convencionalmente visto como una fuerza enloquecedora, la conducta «inapropiada» del hijo. Una segunda forma de interpretar el «Canto a Eros» es teniendo en cuenta el subtexto erótico implícito en cualquier tragedia que trate, como esta, de la familia de Edipo. Cuando hablamos de la familia de Edipo, se trata siempre de un orden que ha caído en la confusión (sexual), donde las jerarquías no funcionan y las identidades se confunden en una simbiosis anómala, en el sentido de que cae fuera de la ley (el fundamento de la Ley siendo, como bien se sabe, el tabú del incesto). En este contexto, el coro no puede ser sino perverso, pues revive el tema del erotismo en medio de una trama de la familia edípica, y con ello refuerza la sombra ominosa que en la obra sobrevuela los sentimientos de Antígona por su hermano Polinices y cómo parecen confundir la fraternidad con el deseo. Una tercera posibilidad es que el coro de ancianos tebanos, desde su posición anquilosada en valores que la misma tragedia problematiza, es incapaz de entender lo que pasa y, a falta de un marco teórico político para comprender las protestas que Antígona y Hemón (cada quien por su lado) dirigen contra Creonte, caen en el discurso fácil y convencional del amor como una fuerza que enloquece a la juventud.

A mí me gusta la tercera lectura, que además no tiene por qué cancelar a las dos anteriores que propuse. Me gusta porque le da al coro un carácter casi cómico, y la comicidad de la tragedia es algo que a menudo pasa desapercibida, acostumbradas como estamos a leer a los poetas trágicos desde el marco aristotélico, con sus categorías tan bien definidas, que circumscribe a la tragedia como un género “serio”. Pero los poetas griegos eran grandes experimentadores y los géneros nunca fueron, o por lo menos nunca en sus mejores expresiones, algo fijo, sino al contrario, quizás la mejor definición del género deba darse desde su capacidad para dejar de ser sí mismo y mezclarse con otros. 

Editorial:   El “negocio” de la Guerra

 

La Guerra como industria y “negocio” de un capitalismo floreciente ha sido quizá el resultado más siniestro de los conflictos irreconciliables que han sacudido a la humanidad durante los siglos veinte y veintiuno. La Primera Guerra Mundial (1914-1917) fue el aviso de lo que sería el futuro. Veintidós años más tarde, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) devino en el conflicto armado más sangriento y de mayor costo humano y material que haya sufrido el mundo moderno. Durante dicha guerra, la industria armamentista alzó vuelo, principalmente la de Estados Unidos, desarrollando y ensayando los más sofisticados armamentos habidos hasta entonces. Aviones bombarderos capaces de arrasar poblaciones enteras, buques y submarinos de guerra de largo alcance, los más eficientes radares y sistemas para vigilar y anticipar al enemigo, y por si fuera poco, el infame Manhattan Project, que aunó a los científicos y matemáticos más prominentes del mundo entero en un gran laboratorio construido en el desierto de Nuevo México. Allí se produjeron las dos primeras bombas nucleares, que más tarde fueron lanzadas contra la población civil de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, para poner fin a la guerra que derrotó a Adolfo Hitler y su gobierno Nazi en Alemania, y a sus gobiernos aliados en Italia y Japón.

De ahí en adelante, el “negocio” de la Guerra en el mundo ha sido imparable, animado por la codicia y las ganancias obscenas acumuladas por la industria armamentista, y toda la gama de empresas relacionadas que se benefician de los conflictos armados a través del planeta. Muy ilustrativo de cómo funciona el “negocio” es el ejemplo de la guerra de Afganistán, país asiático al cual los historiadores llaman “el cementerio de los imperios”. Luego de veinte años (2001-2021) y un costo astronómico humano y material, dicha guerra acaba de concluir con la derrota humillante y la retirada caótica de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos, pero con toda la gama de sectores belicistas altamente beneficiados por la misma.

Un estudio realizado por el Watson Institute, afiliado a la prestigiosa Universidad de Brown, Rhode Island, precisa claramente los costos humanos y materiales de la guerra de Afganistán. El estudio, que contó con más de 30 economistas y expertos en política exterior y conflictos armados, establece que las apropiaciones del Congreso de Estados Unidos para la ocupación en Afganistán totalizan $ 2.261 trillones entre 2001-2021. Esto incluye $933 billones para las operaciones de la guerra y $443 billones para aumentos sobre dicho presupuesto base y contingencias del Departamento de Defensa, $59 billones para las operaciones del Departamento de Estado (embajada y otros), $296 billones para cuidados de salud y otros a los veteranos de la guerra y $530 millones para pagar intereses sobre los préstamos relativos a la guerra.

El estudio también estima en 241,000 personas la pérdida de vidas como resultado directo de la guerra. Este dato no incluye a las personas que murieron a causa de enfermedades, ni las muertes ocasionadas por la falta de acceso a alimentos, agua, hospitales y demás infraestructura, o cualquier otra consecuencia indirecta de la guerra. No debe sorprender que la población afgana desproporcionadamente haya llevado la peor parte. Los muertos de la población civil en sucesos relacionados a la guerra ascienden a 71,344 y, entre los soldados del llamado ejército afgano- reclutado y entrenado por Estados Unidos- y las diversas fuerzas de oposición a la ocupación se perdieron más de 150,000 vidas.

Ante los cómputos alucinantes de trillones de dólares gastados y cientos de miles de vidas perdidas, sobresale la dura realidad de que, durante estos veinte años, en Afganistán solo crecieron la pobreza generalizada de la población y la industria ilícita del opio que, como negocio floreciente, inunda los mercados de Europa para beneficio de los carteles de drogas. Desde comienzos de la ocupación, además, Estados Unidos destinó más de $144 mil millones a proyectos de infraestructura para la guerra. Este dinero se fue por la puerta giratoria de los contratistas privados- la mayoría de ellos estadounidenses- o de las organizaciones de mercenarios, o fueron destinados al “barril sin fondo” del reclutamiento y entrenamiento del llamado Ejército de Afganistán o a sostener la “apariencia de gobernanza” del fallido y corrupto gobierno afgano, cuyos oficiales fueron elegidos por Estados Unidos, y ahora también se fueron a la huida.

Mientras, la ocupación militar no deja una base de actividad económica, ni proyectos de desarrollo sostenible, ni mucho menos esperanza a un país devastado por la guerra, y principalmente poblado por gente joven. Luego de veinte años de ocupación, la economía formal de Afganistán sigue siendo una de las más pequeñas del mundo y el 90% de la población vive con el equivalente a solo $2 diarios. Queda una pobreza apabullante que, indudablemente, será el caldo de cultivo de nuevos conflictos que alimentarán al monstruo de la guerra, y generarán nuevas ganancias a los mercaderes que viven de este lucrativo “negocio”.

El estado debe proteger a niños y niñas del abuso

 

Por Cándida Cotto

ccotto@claridadpuertorico.com

Sin rodeos. En ambos casos en que dos juezas del Tribunal de Primera Instancia (TPI), sala de Caguas, les retiraron la custodia de unos menores a sus madres para entregarla a los padres se saltaron los procesos que dispone la ley. Se tomó la decisión de  remoción inmediata por  querellas de la parte paterna sin haber investigado.

En el primer caso, el menor murió a manos de su padre, a quien se le dio la custodia. Eso fue a principios de agosto. En el segundo caso, una madre del pueblo de San Lorenzo denunció esta semana que una juez, también del TPI en Caguas, le retiró a sus niñas de uno y tres años, por no asistir a una cita en el tribunal. Fue el padre quien acudió al tribunal a solicitar la custodia de las niñas.

CLARIDAD entrevistó a la trabajadora social y abogada Jenice Vázquez Pagán,  quien es conocedora del proceso para atender una querella de maltrato hasta llegar a la determinación para separar o retirar la custodia del menor del padre o madre o el adulto responsable.

Vázquez Pagán señaló que los casos de maltrato de menores son casos complicados por su naturaleza. Se supone que el papel del Estado sea el de proteger a los niños y a las niñas de situaciones de maltrato. Cuando el Estado interviene, la primera opción no debe ser la remoción. Debe haber un plan de trabajo para fortalecer esa familia y que el menor pueda continuar en su núcleo familiar. Los casos de remoción deben ser cuando el menor esté en un peligro inminente que requiera sacarle de ese espacio para proteger su salud y seguridad, sobre todo su vida, y luego entonces trabajar con la familia.

En ambos casos, dijo,  las juezas no debieron tomar la decisión inmediata de la remoción por una querella del padre,  porque todavía la querella no se había investigado. Se supone que desde el área social debe haber un proceso de investigación que fundamente la peligrosidad.  No por meras alegaciones se puede privar al menor de estar con sus padres. La mera alegación da pie para que el Estado investigue y determine si existe esa peligrosidad.

En el caso de la madre a la que le retiraron las menores por no acudir a la cita en el tribunal, la licenciada Vázquez Pagan señaló que si se mira desde el ámbito legal, cuando una persona no comparece a una cita, se le da una segunda citación so pena de desacato para que pueda entonces acudir.  Eso pasa en los casos de menores, en los de violencia de género y otros.

“Muchas veces la orden de protección no se emite porque la persona no estaba presente y se da una segunda oportunidad. Hay las excepciones de las órdenes ex parte, así que en ese sentido, de ambos lados, tanto del aspecto social como el legal, hay procedimientos que establecen proteger al menor; pero hay que garantizar unos derechos porque aquí el rol del Estado es establecer un fino balance entre el deber de proteger al menor y por el otro también salvaguardar los derechos de padre y madre”.

La Unidad de Investigación de Maltrato de la Administración de Familias y Niños (ADFAN) es la responsable de hacer la investigación.

Su experiencia en estos casos de maltrato de menores con el trabajo de los y las jueces es que buscan todas las opciones y muchas veces tienen los mecanismos para hacerlo, incluyendo un turno posterior si falta un informe. Se puede citar al supervisor del trabajador social y se le puede interrogar. Vázquez Pagán resaltó que el testimonio del trabajador social es la mejor evidencia en estos casos para el juez poder aclarar sus dudas e incluso para interrogar a las partes. “Yo creo que los jueces y juezas tienen muchas herramientas provistas por la ley para poder asegurarse de tomar las decisiones correctas. No es sencillo, pero el rol de las y los jueces es vital para el cumplimiento de las normas y para la protección de las y los niños”.

La abogada fue más allá e hizo la observación de que se sabe que el Departamento de la Familia (DF) está trabajando con escasos recursos; pero defendió que la protección de la niñez en Puerto Rico no es solo un asunto del DF, lo es también del Departamento de Educación y del Departamento de Salud. “Es un asunto del tribunal, porque son funcionarios del Estado y la custodia de esos niños es la custodia del Estado. En la medida en que todos forman parte de esa red que llamamos Estado, aunque estén en diferentes ramas, tienen que asumir una responsabilidad sobre los procesos”.

A pregunta de CLARIDAD, reconoció que la realidad es que los miembros de la rama judicial en las diferentes áreas no necesariamente tienen una formación en la conducta humana que los sensibilice hacia este tipo de caso. “No necesariamente conocen de las relaciones familiares y, aunque existe una academia judicial que trata de educar, la realidad es que la mayoría no conoce de la dinámica. Esto se ha demostrado ya desde que se hizo el estudio de discrimen por género en los tribunales en el 1995. Parte de lo que se encontró  fue que incluso las Salas de Familia de los tribunales se veían como un castigo por considerar que no eran tan importantes como otras salas. Así que se suele enviar no necesariamente a los jueces que tenían más experiencia, sino aquellos con menos experiencia en el proceso y, muchas veces, mujeres.

Describió que esa actitud está marcada también con lo que es la estructura patriarcal que existe en los tribunales y que permea en las relaciones familiares, laborales y en la asignación de jueces y juezas. El efecto final lo reciben las personas que advienen a los tribunales a buscar un poco de justicia, como es en estos dos casos. Todo esto se cuela en la calidad de los servicios a estas poblaciones.

De igual manera comentó que no todos los jueces y juezas ni están preparados en términos académicos ni tienen la sensibilidad para trabajar con las situaciones que implican a los menores, dado a que por un lado hay el aspecto legal y por el otro hay unos aspectos emocionales, afectivos. El maltrato que recibe un niño o niña no es cualquier maltrato y el juez o jueza no necesariamente tienen el conocimiento, la preparación, la sensibilización ni la empatía para atender el caso. Aun cuando tengan el conocimiento, no necesariamente tienen la sensibilización porque parten de sus propias vivencias e ideologías.

La trabajadora social  puso en contexto que las personas no ven que el maltrato a los menores es parte del círculo de la conducta machista que se ve en las relaciones de poder en los procesos de crianza. Eso es lo que lleva muchas veces al maltrato. Hay unas dinámicas de poder en la crianza donde se piensa que ese niño o niña no es un sujeto de derecho. Se piensa a ese niño o niña como una propiedad, que se tiene la autoridad y poder para golpearle y maltratarle. Todo eso está vinculado, no es casualidad.

Dado a esta realidad, recomendó que haya una capacitación integral, que no sean esfuerzos aislados por parte del DF o de la Rama Judicial. Tiene que haber una visión integral del Estado en términos de ver a las niñas y los niños como sujetos de derechos humanos, como seres que tienen derechos y que el Estado los asume. Reparó en que el DF no puede asumir toda la responsabilidad, por lo que los esfuerzos de educación y sensibilización tienen que ser integrados. Eso incluye la educación con la perspectiva de género para jueces y juezas, no solo para el área de Educación, como se ha estado hablando en el país en la actualidad.

Aun cuando reconoció que en las academias judiciales se han hecho esfuerzos significativos en la educación con perspectiva de género, reiteró que en la medida en que la cultura machista está tan enraizada en la estructura misma de la judicatura el esfuerzo tiene que ser integrado, tanto en lo que se hace en la Rama Judicial y demás agencias de gobierno. “La realidad es que pienso que tiene que ser más integrado”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta semana en la historia

30 de agosto de 1985

400 tropas yankis invaden y arrestan

El 12 de septiembre de 1983 ocurre el famoso Robo a la Wells Fargo, conocido como operativo Águila Blanca o  Operativo militar económico Pitirre III. Según el FBI, ese día un total de 7.2 millones de dólares fueron robados a la Wells Fargo en Hartford, Conneticutt. El robo fue, en su momento, el más grande a una empresa de este tipo en Estados Unidos, y las autoridades federales yankis lo reconocieron como una acción política en negociaciones con algunos de los imputados de la millonaria apropiación a la Wells Fargo.

Tras casi dos años de persecución y procedimientos que se demostraron fueron ilegales, el gobierno federal yanki arrestó a 15 miembros del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Popular Boricua (Macheteros). La tropa de invasión fue de aproximadamente 400 agentes del FBI.

Al momento del arresto en 1985, en un apartamento en Luquillo, el Comandante Filiberto Ojeda Ríos se batió a tiros con los agentes federales para evitar su arresto. Mientras estuvo acusado logró romper el grillete electrónico y una vez más volvió a desaparecer de la escena pública. El dirigente de la organización político-militar ya había evadido las autoridades federales y estatales desde los años de 1960. Ojeda Ríos fue finalmente abatido en un tiroteo con los agentes del FBI en Hormigueros, el 23 de septiembre de 2005, día en que se conmemora el Grito de Lares.

El operativo del FBI fue ejecutado en varios pueblos de Puerto Rico, pero el mayor número de efectivos se concentró en Luquillo, donde residía Ojeda Ríos. Los arrestos fueron en Río Piedras, Vega Baja, Caguas y Luquillo, además, en los estados de Texas y Massachussets y en México. Las once personas arrestadas en Puerto Rico, además de Ojeda Ríos, fueron: Luis Colón Osorio, Elías Castro Ramos, Jorge Farinacci García, Orlando González Claudio, Ivonne Meléndez Carrión, Ángel Díaz Ruiz, Isaac Camacho Negrón, Norman Ramírez Talavera, Carlos Ayes Suárez y Hilton Fernández Diamante. En Dallas arrestaron a Juan Segarra Palmer, y en Boston a la estadounidense Anne Gassin, quien luego no fue acusada y cooperó con las autoridades federales. Luz Berríos Berríos, entonces esposa de Segarra Palmer, fue arrestada en México.

Los hermanos Norberto y Avelino González Claudio, ambos residentes en Vega Baja, y Víctor Manuel Gerena, residente en Hartford, Connecticut y empleado de la Wells Fargo, lograron escapar de los arrestos. Norberto y Avelino se mantuvieron prófugos de los federales hasta el 2008; Gerena nunca ha sido arrestado, sigue en la lista de los “Most Wanted” del FBI.

De acuerdo con Alejandro Torres Rivera: “Luego del 30 de agosto de 1985, la intensidad de la derecha política terrorista contra el independentismo asumió otro discurso, modificó su curso de acción y por decirlo de alguna manera, modificó su rumbo. Hoy los choques por parte de estos sectores contra el movimiento patriótico se producen en escenarios diferentes. En ellos, la lucha política y la lucha cívica ha ocupado en alguna medida algunos de los espacios que antes ocupaba la lucha político militar. Sin embargo, aún perduran en Puerto Rico organizaciones que en el momento en que las condiciones así lo requieran, tienen la capacidad para volver a servir de escudo protector al movimiento independentista frente a cualquier tipo de agresión armada que contra el mismo se lleve a cabo.”

Tomado de: facebook.com/dariow.ortizseda/timeline, 2018; minhpuertorico.org, por Alejandro Torres Rivera, 2015; Francisco Pesante, monografía, “La lucha armada de liberación nacional y los arrestos políticos en Puerto Rico (1974-1985)”.

Enlace en youtube: https://enciclopediavegabajena.com/2020/08/31/los-arrestos-de-los-macheteros-del-30-de-agosto-de-1985/