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Viajando al encuentro final: The Green Knight

 

Especial para En Rojo

Uno de los pocos textos medievales que más conozco es Everyman, una obra de teatro o moralidad inglesa del siglo 15 que representa de manera alegórica nuestro eterno viaje hacia la muerte. El protagonista, Everyman, nos representa a todos. Después que el personaje de la Muerte le anuncia que ha llegado su momento para enfrentar a Dios, Everyman emprende el camino hacia la tumba buscando compañía a través de su viaje. Personajes como Conocimiento, Belleza, Fortaleza y Buenas Obras, entre otros, se juntan a Everyman y gradualmente lo abandonan en distintas partes del camino. Cada personaje que se pierde nos demuestra que Everyman se enfrentará solo a ese dios que le pedirá cuentas por todos sus actos. Como parte de la tradición teatral de las moralidades, Everyman tiene un significado religioso, pero se pueden identificar similitudes entre esta obra y el cine, especialmente en los road movies. En una película como Thelma and Louise (dir. Ridley Scott, EEUU, 1991), dos amigas deciden irse de vacaciones en un road trip, la primera por abandonar un esposo que le asquea y la otra para descansar de la rutina. Después que Louise mata a un hombre que intentó violar a Thelma, emprenden un viaje para escapar de la ley y del sistema machista que las oprime. Tanto como Everyman, Thelma y Louise están conscientes que su viaje no tendrá regreso ya que una vez una rompe con una vida pasada, la conformidad no es una opción. La epifanía a la que llegan los personajes de un road movie a través o al final del viaje es un leitmotiv de este género de cine, así como de textos medievales como Everyman y Sir Gawain and the Green Knight. El despertar ante una nueva visión es la meta que alcanzará Gawain (Dev Patel) al final de su maravilloso y oscuro viaje en The Green Knight (dir. Peter Lowery, EEUU, Canada, Reino Unido, 2021).

La película está basada en el poema anónimo inglés de finales del siglo 14, Sir Gawain and the Green Knight, cuya historia comienza en el mítico reino de Camelot en la corte del Rey Arturo. La película está claramente vinculada al poema, aunque Lowery, que ejerce como director y guionista, toma algunos desvíos y altera su final. En la película, Gawain es sobrino del Rey (Sean Harris) y la Reina (Kate Dickie), que nunca son identificados como Arturo y Guinevere, y forma parte de los caballeros de la corte. Siendo el más joven, Gawain no es dado a la pureza de espíritu que tradicionalmente se asocia los legendarios caballeros andantes y así se entrega al gozo de la bebida y el sexo. Éste todavía no tiene historias que contar ni logros de los cuales alardear. Sin embargo, todo cambia durante los festejos de Navidad cuando el Caballero Verde (Ralph Ineson) irrumpe en la corte del Rey para proponer lo que él llama un juego. El misterioso caballero invita a que el guerrero más noble allí presente tome su arma y lo ataque. Sin embargo, éste aclara que después de un año se volverán a encontrar en una recóndita capilla donde el valiente campeón del rey tendrá que doblar su rodilla y someterse a la misma herida que le propinó al Caballero Verde. La extraña figura de potente voz cuyo cuerpo de madera suena como el crujir del tronco de un árbol ante el embate del viento amedrenta a todos los caballeros. Pero el joven Gawain acepta el reto y al arremeter en contra del Caballero Verde se zambulle en un viaje que no solo lo abarrotará de historias que contar, sino que lo llevará a una de las pruebas más difíciles que jamás habrá enfrentado. Desde el punto de vista de Gawain, esa imagen en la que las puertas del reino abren ante un camino solitario que se extiende hacia las montañas, captura tanto la aventura peligrosa del joven caballero como el viaje hacia su descanso final.

The Green Knight retrata a cada uno de sus personajes, expandiendo una iconografía única con algunos vínculos religiosos. Tenemos al rey en su trono con un cetro en su mano izquierda y su cabeza en llamas, la bruja con ojos vendados que desconoce lo que traerá su hechizo, el joven de mirada confusa acompañado de una zorra en el bosque, la reina cubierta en una luz verde que nos mira con ojos ausentes. Estos acercamientos evocan la joya del cine silente, La passion de Jeanne d’Arc (dir. Carl Theodor Dreyer, Francia, 1928), donde el director reconstruye la pasión de Juana de Arco en los ojos de Maria Falconetti, la actriz de teatro que nunca más hizo cine. En The Green Knight, cada uno de los actores refleja magistralmente en su expresión y en un sutil lenguaje corporal el cansancio de un viejo rey, la seguridad de propósito de una madre (Sarita Choudhuri) o la frialdad de una dama que observa con ojos de deseo al joven (Alicia Vikander). La combinación de la fotografía a manos de Andrew Droz Palermo, que usa la iluminación natural y la oscuridad de maneras extraordinarias, y los sencillos e impresionantes vestuarios de Malgosia Turzanska hacen de cada imagen una estampa inolvidable en el viaje del joven caballero. El director rechaza la acción de películas como King Arthur (dir. Antoine Fuqua, EEUU y Reino Unido, 2004) y la intensidad dramática de Excalibur (dir. John Boorman, Reino Unido, 1981). Lowery representa un viaje pausado que nos inspira a considerar con mucho cuidado cada encuentro por el camino. Su ritmo es similar al de la maravillosa Los viajes del viento (dir. Ciro Guerra, Colombia y Alemania, 2009), donde un músico emprende un viaje para devolver un acordeón a su maestro.

The Green Knight expande el mito de Gawain y lo convierte en uno universal. Sus referencias al catolicismo y al paganismo; el casting de un actor británico de descendencia india en el rol de Gawain; y el beso apacible que un hombre le da a otro para regalarle la experiencia mas valiosa de ese día reescriben el texto medieval para una nueva realidad. Como asegura Silvio Rodríguez en la canción sobre el final del viaje: “Somos prehistoria que tendrá el futuro, somos los anales remotos del hombre.” La película The Green Knight es ese mito remoto hecho contemporáneo y que continuará fascinando con su rara ambigüedad todos aquéllos que viajamos hacia el final. Hasta ahora, ésta es ciertamente mi película favorita del 2021 y espero que no se la pierdan en la pantalla grande, después de que no les falte la mascarilla.

Poner la mesa

 

 

 

Ir a pie hasta la Ceiba

poner la mesa sin forzar las palabras

siguiéndolas

bandear el mantel

hierba y tierra son la mesa

poner el mantel

escuchar el sonido salir

el viento traslada las pronunciaciones

ay, hambre

sobre la falda de la Ceiba

la sombra del gran árbol

sobre el mantel

la gran Ceiba

a la intemperie sobre el plato

llega el olor a yuca

a casabe

ah, ajo

 

sobre la falda, la caza

sobre la presa, el poema

océano, mares, ríos, lagos

sobre el poema un pescado

sobre el pescado suena el río

brilla la escama cerca de la fuente

llueve

se unen la ceiba, la falda, el mantel

sobre la hierba, el plato

manifiesto

para acabar el hambre

Elizabeth Roble

 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones: el plebiscito de 2012, la crisis y el bipartidismo

 

 

Mario R. Cancel-Sepúlveda

La debilidad del PPD, la ambigüedad y la vacilación de la política estatutaria de aquella organización a lo largo de la década de 2000, explica en parte por qué el plebiscito de 2012 recibió el carácter de urgencia que le imprimió la administración del PNP encabezada por el abogado corporativo y gobernador Luis G. Fortuño Burset (1960- ). Este líder constituyó una pieza clave en el intento fallido de romper con lo que algunos denominaban rossellismo, problema que metaforizó en la imagen de un “cáncer” que “carcomía” la organización estadoísta[1]. El exabrupto y la cadena de “disculpas” entre las partes fue “sobrecogedora”: solicitada la excusa y concedida por el ofendido, en 2014 Ricardo Rosselló Nevares (1979) perdonó a Fortuño Burset por un insulto a su padre que en nada cambió la situación del estadoísmo puertorriqueño en aquel momento.

A nivel global en el entorno neoliberal el populismo conservador, considerado de derecha, había ganado una significada fuerza, situación que exacerbó el populismo liberal, considerado de izquierda. El perfil de “derecha” siempre ha sido más fácil de precisar que el de la “izquierda” pero ese tema requeriría un discusión más cuidadosa. Puerto Rico no fue la excepción. El reforzamiento del soberanismo de todo tipo en el seno del PPD ha sido la expresión más clara de ese fenómeno.

Fortuño Burset justificó la consulta estatutaria por varias vías. La primera era puramente estadística: la victoria electoral apabullante del PNP en las elecciones de 2008 con el 52.84% de los votos, ante un candidato del PPD, Acevedo Vilá, débil y con una imagen devaluada incluso en el seno de su propio partido, fue patente. El defensor de la asamblea constitucional de estatus, un salida radical solo en apariencia, acabó marcado por una acusación federal por corrupción durante una campaña electoral de la cual, al cabo del proceso, no resultó “inocente” sino “no culpable”. El proceso ocupó los medios de comunicación masiva entre marzo de 2008 y marzo de 2009.

Acevedo Vilá, acusado por las autoridades federales en un caso con fuertes visos políticos que involucraba a la fiscalía federal y los sectores republicanos del PNP, impuso su candidatura a pesar de que numerosos alcaldes, soberanistas y no soberanistas, presionaron para que retirara sus aspiraciones. Me consta de propio conocimiento, conversé con ellos, que un grupo de alcaldes identificados con el soberanismo habían articulado un plan para que Acevedo Vila no fuese el candidato a la gobernación. Desde mi punto de vista aquellos alcaldes, sin duda, participaban de una lógica pírrica: si el PPD iba a perder las elecciones que fuese con un candidato “fresco” y no con uno “quemado” por los medios. La candidatura de Acevedo Vilá le daba municiones a la campaña del PNP y, en un país en el cual los “federales” son tan irracionalmente respetados, aquello iba a tener un alto costo político.

En aquel entonces nadie esperaba que Acevedo Vilá volviera a postularse para un puesto público después de aquel atropellado proceso. Sin embargo, en 2020, apoyado por el azar, volvió a imponerse para la comisaría en Washington con resultados similares. Acevedo Vilá representaba la semilla de una nueva gerontocracia de populares influyentes que apoyaba su influencia en posturas teóricamente más progresistas y avanzadas que las de Hernández Colón y sus acólitos. Se trataba de una condición siempre incómoda de la cual figuras como Muñoz Mendoza y Calderón Serra, se liberaron muy bien.

De una parte, la crisis gubernamental y fiscal de 2006 bajo la administración Acevedo Vilá, que condujo al cierre temporero del gobierno y a la imposición del Impuesto de Ventas y Uso (IVU) del 7 %; y el déficit presupuestario que forzó al gobierno del ELA a tomar prestados 500 millones de dólares para pagar la nómina de sus trabajadores, completaron un cuadro incómodo que hablaba mal del cuatrienio de Acevedo Vilá. Uno y otro proceso estaba profundamente imbricados: los ingresos del IVU debían actuar como fuente segura de repago de la deuda.

De otra parte, los informes del Comité Interagencial del Congreso de 2005 y 2007, ambos emitidos bajo la administración del presidente republicano Bush, hijo, dieron continuidad a las conclusiones del “Informe John Bennett Johnston” (1989) y del “Proyecto Donald Young” (1996).

En 2005 cualquier observador más o menos informado debía reconocer que el ELA, tal y como se había formulado en 1952, ya no era una opción válida para el futuro de la relación de Puerto Rico con Estados Unidos. Curiosamente, no fue hasta el 13 de mayo de 2016 que el presidente del Senado de Puerto Rico, Eduardo Bhatia Gauthier (1964- ), en medio de la discusión para la creación de una Junta de Supervisión (asesoría o control es indistinto) Fiscal para el ELA, afirmó que “En EE.UU. nadie cree en el ELA”. El subtítulo del parte de prensa no debía sorprender a nadie: “El presidente del Senado dice que no ha encontrado una persona en ese país que crea que la relación entre Puerto Rico y Washington puede seguir como ahora”[2]. El planteamiento pudo haber sido hecho en los mismos términos en el 2000 o en el 2005, sin lugar a duda, pero en aquel entonces ni siquiera los populares soberanistas más arriesgados se hubiesen aventurado a afirmarlo.

En 2007 el Comité Interagencial había propuesto una consulta de estatus en dos fases. La primera, cuestionaría la deseabilidad o no de continuar como territorio no incorporado, entiéndase, colonia o ELA. De ganar el “Sí”, terminaba el proceso y se aceptaría esa expresión para legitimar la condición colonial. De ganar el “No”, como era de esperarse, se celebraría una segunda consulta. El propósito de aquella no sería decidir sobre el futuro político del país sino sobre el método a utilizarse para resolverlo: o un plebiscito o consulta entre una variedad de opciones o una asamblea constituyente como proponía Acevedo Vila.

La fase final del proceso -la solución- era un territorio abierto para la imaginación. Me parece innegable el hecho de que el ELA ya no estaba bien aspectado en Washington desde la década de 2000 y que su funcionalidad se había reducido durante el tránsito y desarrollo del neoliberalismo. La respuesta del PPD al imperativo moderado fue radical y de principios: no reconoció legitimidad a los informes de 2005 y 2007 porque representaban la posición republicana. La actitud era comprensible dada la debilidad organizativa y la crisis de liderato que les aquejaba, pero aquella implicaba tomar distancia de un asunto que requería mayor atención.

 Cuestiones de retórica ¿cómo lo vamos a preguntar ahora?

El plebiscito del 6 de noviembre de 2012 auspiciado por Fortuño Burset y el PNP, combinó las elecciones generales con la consulta de estatus. La mayor parte de los observadores reconoce que el estatus y la política cuatrienal están vinculadas. La práctica de separar una discusión de la otra ha respondido al hecho innegable de la heterogeneidad de la militancia de los protagonistas del bipartidismo. Lo cierto es que no todos los votantes del PNP son estadoístas y el PNP no atrae a todos los estadoístas convencidos: el voto flotante y los estadistas radicales son ejemplo de una y otra situación. De igual modo, no todos los populares son estadolibristas bona fide y no todos los votantes del PPD asumen la defensa de una forma de autonomía que consideran caduca: los soberanistas y el llamado voto “melón” son ejemplo de una y otra situación. Uno de los riesgos de integrar el plebiscito con la contienda electoral en 2012 era que la imagen de Fortuño Burset en 2012 ya no era la misma que en 2008. Algunos observadores, entre los que me incluyo, apuntaban que la táctica de apelar al asunto del estatus se elaboraba con la esperanza de ganarle apoyo electoral para una reelección que muchos consideraban dudosa.

El entonces candidato a la gobernación, un joven García Padilla, fue quien dirigió la campaña de los populares. Las circunstancias le favorecían. Su pasado político llama la atención del observador cultural de inmediato. Entre el 2005 y el 2007 había actuado con secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor, la figura central de la economía neoliberal. Su gestión lo convirtió en una figura muy popular entre la gente y en los medios de comunicación. La argumentación principal del director de campaña del Partido Popular Democrático (PPD), Irving Faccio en una entrevista de 2012, ante los señalamientos de falta de experiencia del candidato vertidos por el director de campaña del PNP Marcos Rodríguez Ema, era insistir en llamar la atención sobre su “su récord en DACO”[3]. García Padilla había refundado el populismo de batey de Muñoz Marín con cierto neopopulismo de gasolinera y medianos comercios. El también abogado provenía de una familia de profesionales vinculados a la educación, la política y a la industria de los seguros de salud. Su hermano, Luis Gerardo, administraba Medicare y Mucho Más (MMM); su otro hermano, Antonio, fue presidente de la Universidad de Puerto Rico entre 2001 y 2009; y Juan Carlos ha sido alcalde de Coamo desde el 2000.

La consulta plebiscitaria de 2012 fue diseñada de acuerdo con las recomendaciones del Comité Interagencial del Congreso de 2007. Pero la segunda fase de la recomendación de aquel cuerpo fue revisada y transformada en dos preguntas que debían responderse en dos papeletas distintas. La primera papeleta, siguiendo la fórmula de un referéndum cualquiera, inquiría en torno a un “Sí” o un “No” al Estatus Territorial, es decir, al ELA el territorio no incorporado o la colonia. El “Sí” obtuvo 828,077 votos o 46.03 %. El “No” obtuvo 970,910 votos 53.97 %.

Aquel 46.03 % que favorecía el Estatus Territorial planteaba numerosos problemas interpretativos. ¿Eran colonialistas sinceros o populares conservadores fieles a su partido? En cuanto al 53.97 % que se oponía al Estatus Territorial eran más fácilmente discernible. La lógica contextual sugería que se trataba de una coalición de estadoístas, independentistas, soberanistas y/o defensores de la libre asociación, ambiguamente identificada a veces como ELA soberano o república asociada. Del total de 1,775,893 de votos emitidos, 65,863 fueron en blanco y 13,160 papeletas fueron protestadas. Lo más relevante, desde mi punto de vista, fue que aquella resultó ser la primera victoria histórica de un “No” al ELA. La tasa de participación alcanzó un significativo 78.19 % del electorado.

La segunda papeleta no preguntó por el método de solución de estatus sino por la preferencia futura entre la estadidad, el ELA soberano y la independencia. La estadidad obtuvo 834,191 votos o $61.16 %, la independencia consiguió 74,895 votos o 5.49 %, y el ELA Soberano 449,679 votos o 33.34 %. En blanco se contaron 498, 604 o el 28.07 %, suma que algunos analistas consideraron como el equivalente de los populares fieles y moderados que votaron de acuerdo con la dirección de la campaña. Un total de 18,357 papeletas fueron protestadas.

Lo más relevante, desde mi punto de vista, fue que la indicación de dejar en blanco la segunda papeleta, postura oficial del PPD, no fue atendida como esperaban los elementos moderados de esa organización, incluyendo a García Padilla. El ELA soberano, considerado por muchos un equivalente de la libre asociación, había obtenido un respaldo inesperado en el proceso. La opción de la estadidad se impuso por la división de los populares, aunque ello no debería ser interpretado como una debilidad de esa propuesta libreasociacionista. Las mayorías votaron por la estadidad y esa parecía ser la preferencia de un número cada vez más significativo de electores en el país. Desde 2012 en adelante el sentido de urgencia que le había impuesto Romero Barceló a la estadidad a fines de la década de 1970 como un proyecto estatutario que buscaba la “igualdad”, un derecho natural, se profundizó. Aquella fue la victoria ideológica más significativa del caudillo estadoísta fallecido en 2021.

La consulta de 2012 se caracterizó por la ambigüedad del lenguaje estatutario. La legitimidad de sus resultados ya estaba comprometida cuando se contó el último sufragio. Por un lado, se alegó que el lenguaje jurídico no se había ajustado al derecho internacional por el hecho de que el “ELA Soberano” era un concepto extraño a aquel. Por otro lado, las condiciones de la estadidad y la independencia por la cual se votaba no habían sido precisadas. ¿Requerirían una transición negociada? ¿Requeriría la concesión de privilegios de ambas partes para su consolidación como había sucedido con el Proyecto Tydings de 1936? ¿Cómo se manejarían asuntos tales como la deuda pública a lo largo de un proceso hacia la estadidad o una forma de independencia? La ausencia de ese tipo de discusión siempre resta credibilidad a procesos de esa envergadura y alimenta la impresión de que se trata de un ejercicio fútil. Por último, los resultados volvieron a ser contradictorios. El “No” al Estatus Territorial no fue tan masivo como se hubiese esperado y es bien probable que el grueso del voto “No” proviniese de estadoístas, penepés y no afiliados. No solo eso, el PPD consiguió movilizar a una parte significativa de su militancia de votar “Sí” al Estatus Territorial, el territorio no incorporado, el ELA o la colonia, dando con ello la impresión de que para mucha gente todo estaba bien.

Las lecciones políticas más complejas del plebiscito de 2012 son varias. Por una parte, El estadoísmo no representaba todavía la mitad más uno del electorado: su crecimiento desde 1990 al presente, se ha lentificado por consideraciones que habrá que discutir en otro momento. El PPD no pudo convencer a su militancia de que rechazara el “ELA Soberano” o la libre asociación que, en efecto, obtuvo 449,679 votos o 33.34 % en la segunda papeleta. Los resultados, en cierto modo, expresaron cierto disgusto o apatía con el liderato tanto en el PNP como con el PPD. A la luz del proceso eleccionario, el poder de convocatoria de García Padilla también quedó en entredicho: su condición de estadolibrista moderado actuaba contra él y los resultados podían animar a los soberanistas del PPD a adoptar un actitud más agresiva en lo sucesivo.

 El bipartidismo después del plebiscito de 2012

La consulta, ejecutada en medio de la crisis fiscal y económica, propició una reestructuración parcial de las fuerzas políticas involucradas. En el PNP se levantó un nuevo liderato estadoísta exigente animado por cierto populismo de derecha comprometido con la revolución neoliberal. Rosselló Nevares, sobre la base del grupo “Boricua Ahora Es” (BAE), organización fundada sobre la base del mito del unionismo, el aliancismo y los frentes amplios, presentó un reto moderado a las estructuras del PNP. En una “Asamblea de Pueblo” celebrada en octubre de 2014, se planteó exigir la estadidad mediante la articulación del “Plan Tennessee”. Durante aquellos actos se habló de la posibilidad de crear un nuevo Congreso Pro-Estadidad (CPE) como había ocurrido en la década de 1930.

Para los que conocemos las asimetrías y el frágil balance ideológico entre las alternativas estatutarias que se dieron en el seno de la Unión de Puerto Rico, la Alianza Puertorriqueña y el Frente Amplio que aspiró ser el PPD, la propuesta resultaba ilusoria. La única diferencia era que aquellos tres modelos habían manifestado un visible sesgo en favor de cualquier forma de autonomía y BAE hacía lo mismo en favor de la estadidad. BAE serviría, dije al sociólogo y colega Michael González Cruz, quien se me acercó por aquel entonces a conversar sobre el tema, como una plataforma apropiada para fortalecer la imagen política de Rosselló Nevárez para fines electorales como en efecto sucedió.

Tan pronto como en 2015 Rosselló Nevares hizo pública su aspiración a la candidatura a la gobernación a pesar de que Pedro R. Pierluisi Urrutia (1959-), Comisionado Residente del PNP, confiaba en obtener la nominación al cargo sin oposición. En Rosselló Nevares la innovación y el retorno a lo mismo se combinaban muy bien. Su apertura ideológica con anticolonialistas no estadoístas, el hecho de que compartiera la tribuna con figuras de reconocido pasado independentista, su apelación a tácticas de lucha olvidadas desde hacía tiempo, su capacidad para mimetizar y amoldar la discursividad anticolonial nacionalista a la causa estadoísta, llamaba la atención. Incluso el argumento de la juventud como defecto que la campaña de Pierluisi Urrutia usó contra su figura e incluso, el pasado de su apellido, favorecieron su escalada política.

Pierluisi Urrutia, por su parte, reclamó sin éxito la estadidad en el Congreso sobre la base de los resultados de la consulta de 2012. La competencia entre Rosselló Nevárez y Pierluisi Urrutia por la candidatura a la gobernación, se sostuvo sobre la base de cuál de ellos ejecutaba más esfuerzos, fructíferos o no, por adelantar la estadidad. La actitud de ambos ratificaba la tendencia visible de 2012 en adelante: la ansiedad por la estadidad ha crecido significativamente en medio de la crisis fiscal y económica. De hecho, la petición de Pierluisi Urrutia no fue tomada en consideración en el Congreso por lo contradictorio de los resultados obtenidos en la consulta. En respuesta a la presión, en 2013 el Comité de Recursos de la Cámara de Representantes pidió a la Oficina de Contraloría General (GAO) un informe sobre el costo de un Puerto Rico Estado 51 para el Tesoro Federal. El informe circuló en 2014 y no fue favorable para el movimiento estadoísta.

En el PPD los soberanistas se nuclearon alrededor de Acevedo Vilá y de Cruz Soto, una figura femenina entonces vigorosa y dinámica que se constituyó en la “esperanza” de los soberanistas bona fide del PPD. El ELA Soberano como eufemismo de la libre asociación, se ha esgrimido como un recurso apropiado para enfrentar la crisis fiscal y económica, mientras que la entonces denominada Asamblea Constitucional de Estatus acabó por consolidarse como el mecanismo jurídico para alcanzar ese fin. Acevedo Vilá fue muy enfático en la necesidad de comprometer al Tesoro Federal para que refinanciara la deuda en su panfleto Hacia la refundación de la economía de Puerto Rico y del Estado Libre Asociado (2014)[4]. Cruz Soto fue mucho más proactiva y radical a la hora de cuestionar una relación política que había perdido eficacia, si algún día la tuvo, y en oponerse al recrudecimiento del coloniaje que representaría la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal que cogobernara la colonia.

Las fisuras en el seno de rojos y azules no produjeron rupturas mayores en esas organizaciones en aquel momento: eso vendría más tarde. En 2012 no parecía probable que los soberanistas abandonasen en masa el PPD por todo lo que esa estructura significa en términos de acceso al poder. Tampoco era probable que los expulsaran como ocurrió con el Congreso Pro-Independencia en 1946. Por otra parte, parecía poco probable que hubiese otra división en el PNP equiparable a la de Romero-Padilla en 1983. Otras condiciones tendrían que madurar para que la praxis del bipartidismo fue minada desde adentro, como se verá más adelante.

 

[1] Yaisha Vargas y Rebecca Banuchi, AP (10 de marzo de 2008) “Fortuño vence a Roselló en primarias puertorriqueñas”

[2] Véase el texto en Estado51PRUSA.com. Benjamín Torres Gotay (13 de mayo de 2013) “En EE. UU. nadie cree en el ELA” en El Nuevo Día-Noticias

[3] Cibernews (2012) “Defiende gestión de García Padilla en el DACO”

[4] Refiero al lector a Mario R. Cancel-Sepúlveda (2015) “La refundación del ELA y un panfleto de 

Aníbal Acevedo Vilá”

“La crítica implacable hacia todo lo existente”.

Sobre la Revolución cubana, el liberalismo, las libertades individuales y el campismo.

Manuel Rodríguez Banchs y Jorge Lefevre Tavárez

Especial para En Rojo

 

Recientemente, los compañeros Carlos Rivera Lugo y Carlos Severino Valdez publicaron una columna en este mismo medio titulada “¡Amores que matan! A propósito de ciertas críticas de izquierda contra la Revolución cubana” [1]. La columna es, a su vez, una respuesta al escrito de Mari Mari Narváez, “Cuba: este momento crítico podría ser para avanzar” [2].

Rivera Lugo y Severino Valdez comienzan su columna haciendo referencia al amor por Cuba que comparten con la compañera Mari Mari Narváez. Sin embargo, afirman que su lectura de la situación actual en Cuba y de las protestas del 11 de julio dista mucho de la de Mari Mari Narváez, porque la de ellos “está matizada… por nuestro compromiso con el socialismo y su horizonte comunista que no es lo mismo que usar de referentes diversos planos conceptuales del liberalismo político desde donde se ha pretendido – no por pocos – analizar la situación cubana”. A diferencia, pues, de la mirada “liberal” de Mari Mari Narváez, la de los autores es “una perspectiva crítica que no va a temer ser tal vez polarizante. Y es que no hay”, sostienen, “la más mínima posibilidad de adoptar posturas asépticas en torno a Cuba”.

Su lectura inicia reconociendo la difícil situación en la que se encuentra Cuba. Luego de una exitosa revolución que desembocó en un gobierno y una economía socialistas, la isla ha sufrido ataques despiadados por parte de los grandes intereses capitalistas y, en particular de los Estados Unidos. El bloqueo económico de los Estados Unidos hacia Cuba es el ataque más severo que se le ha dado al proyecto socialista, impidiendo que se desarrolle a plenitud una economía planificada por medio de la asfixia del mercado mundial y durante más de medio siglo, hecho acentuado luego de la caída del bloque soviético. Ante esta realidad innegable, los autores cuestionan lo siguiente:

“En el momento en que Cuba y su revolución lucha por su supervivencia y Washington arrecia el asedio y la victimización de su pueblo impidiendo que satisfaga sus necesidades más básicas, a Mari Mari le preocupa más los derechos individuales abstractos de unos pocos por encima de los derechos colectivos concretos de todo un pueblo que lleva sobre 60 años resistiendo y sufriendo las inhumanas consecuencias del bloqueo y el embargo estadounidense”.

A los autores, en fin, les preocupa “que se analice la situación en Cuba desde una perspectiva que claramente está alineada con el liberalismo político”, para ellos ejemplificada en el artículo de Mari Mari Narváez: “Ello se refleja claramente cuando la compañera Mari Mari escribe: ‘¿Cuándo va a dar (Cuba) el empujón final hacia el respeto del derecho a la protesta, la libertad de expresión, y los estándares fundamentales para juicios justos para todos, con derecho a defensa y a apelación?’.”

En cuanto a las críticas de la mirada liberal, no podemos estar más de acuerdo con los autores. Aunque nunca la definen como tal, podemos plantear que la «mirada liberal» es aquella que se enmarca plenamente dentro de las visiones dominantes de la democracia representativa del sistema capitalista. La mirada liberal, por definición, no implica ni conlleva una crítica sistémica al capitalismo, no implica una lectura radical del status quo, no implica ruptura con lo establecido. Solo busca reformas graduales en sus respectivos países, y, para los proyectos socialistas que quedan, que estos se asemejen lo más posible al status quo burgués y capitalista.

Y, en efecto, la mirada liberal hacia Cuba, muchas veces ingenuamente dominada por la influencia mediática y la ideología burguesa, es incapaz de entender la situación de aquel país asediado ni su proyecto socialista. Esta mirada liberal no busca que el gobierno cubano enmiende sus políticas, sino que desea que se desplome en su totalidad. Incluso aquellas miradas que provienen de personas que se catalogan como de izquierdas, progresistas o incluso socialistas, al favorecer la caída del «régimen cubano», favorecen, también, el fin del proyecto socialista de economía planificada y la restauración capitalista, con el agrado y el apoyo de los grandes intereses de siempre. La mirada liberal en gran medida imposibilita pensar en otra manera de atender el asunto cubano que no implique la caída del socialismo en Cuba.

Sin embargo, en otros aspectos no podemos coincidir con las posiciones de los autores. La manera en la que principalmente articulan su crítica hacia el artículo de Mari Mari Narváez es haciendo ver la preocupación por los derechos humanos individuales (que llaman «derechos humanos abstractos» [3]) como una preocupación liberal. Parecería que el derecho a la libertad de prensa, a la libre asociación y a la protesta, el derecho a un proceso justo, fueran derechos exclusivamente burgueses propios del sistema capitalista, incluso incompatibles con el socialismo.

Y, sin embargo, la tradición marxista presenta un panorama bastante distinto a lo que los autores plantean. La dictadura del proletariado y el paso hacia el comunismo no representa una pérdida de derechos individuales y democráticos, sino, al contrario, su profundización; esto, además, en el marco de la participación ciudadana en la toma de decisiones del gobierno, pues serían derechos enmarcados en el estado obrero. Esto se evidencia en algunos de los textos claves de la teoría marxista del estado. En La guerra civil en Francia, por ejemplo, Carlos Marx ve en el proyecto de la Comuna de París un modelo de lo que sería el gobierno de los trabajadores, y conlleva toda una serie de derechos que en gran medida imposibilitarían el dominio burocrático de un Estado. Años más tarde, en los albores de la Revolución de octubre, Vladimir Lenin en El estado y la revolución vuelve a insistir en las libertades que la dictadura del proletariado le brindaría a los y las trabajadoras. Las libertades individuales forman parte del proyecto socialista del estado obrero, forman parte esencial de la participación de las grandes masas en los asuntos del estado y en la planificación económica.

¿Cómo, entonces, acercanos a las protestas del 11 de julio, cuando en distintas partes de Cuba personas salieron a las calles para repudiar la situación económica y la escasez de mercancías (producto, mayormente, por el bloqueo económico hacia Cuba), protestas que en un primer momento fueron descartadas por el gobierno cubano como obra de contrarrevolucionarios y haciendo un llamado a la confrontación? ¿Cómo analizar los casos en los que el gobierno cubano detuvo ilegalmente incluso a compañeros comunistas, miembros del Partido Comunista [4]?

Hay que reconocer de inmediato que Cuba es un país asediado, y que el embargo es, en la práctica, una medida de guerra que se le ha impuesto a la economía cubana. Esto lleva a que resulte imposible que la democracia obrera deseada se siga al pie de la letra, pues la soberanía del pueblo cubano y la defensa de su revolución tienen un enemigo poderoso que insiste en derrocarlos bajo cualquier recurso posible.

Sin embargo, la propia Constitución de Cuba incluye y protege muchos de estos «derechos individuales abstractos» que los protestantes reclaman. Es decir, el propio gobierno de la Revolución cubana protegió constitucionalmente algunos de los derechos que los autores del mencionado artículo catalogan como «abstractos» o «liberales»(ver, al respecto, la declaración de Democracia Socialista sobre la situación en Cuba, donde detallamos los artículos de la Constitución[5]). Los manifestantes, con respecto a estos reclamos, no hacían más que hacer valer los derechos que habían apoyado en el 2019 con la nueva Constitución. Por otro lado, como afirmamos anteriormente amparándonos en Marx y en Lenin, la participación de las masas es una parte fundamental de la economía socialista, y en estas protestas – con una mayoría que no se dirigía en contra de la Revolución, sino de la coyuntura – se levantaron reclamos legítimos que el gobierno cubano puede poner en práctica fácilmente (como, en efecto, hizo posteriormente, liberalizando la entrada de ciertas mercancías relacionadas con la salud) [6].

Nada puede hacerle más daño a la Revolución cubana que el silencio ante sus errores. Ignorar el malestar de grandes sectores de la población no hace más que darle armas al imperialismo para atacar al proyecto socialista. Como afirmamos en la declaración de nuestra organización, Democracia Socialista, «si la revolución no logra incorporar esas inquietudes democráticas a sus instituciones, entonces esas inquietudes se expresarán contra esas instituciones y eso, precisamente, es lo que desea provocar el enemigo imperialista. La burocratización y el monolitismo también socavan las revoluciones y conducen a alguna variante de los tres escenarios que presentamos anteriormente» [7].

***

Hasta ahora, en nuestra argumentación hemos dejado a un lado el artículo al que Rivera Lugo y Severino Valdez responden: el antes mencionado “Cuba: este momento crítico podría ser para avanzar”, de Mari Mari Narváez. Hemos hecho esto pues queríamos concentrarnos, más que en la polémica, en las ideas que los compañeros traen a la luz. Sin embargo, detengámonos en el artículo que sirvió de pie forzado a la polémica.

Para quienes lleguen al artículo de Mari Mari Narváez luego de leer la crítica de Rivera Lugo y Severino Valdez, saltará a la vista que el artículo de Mari Mari Narváez dista mucho de ser una “crítica liberal contra la Revolución cubana”. Gran parte del artículo es una alabanza a los logros de la Revolución cubana, proyecto que destaca como “modelo y esperanza para quienes luchamos por un mundo más equitativo”. Afirma de manera clara que los problemas económicos y de escasez en Cuba se relacionan directamente con el bloqueo de Estados Unidos. Frente a la situación material que enfrenta Cuba, no hay realmente una crítica hacia la revolución o su economía planificada. Todo lo contrario: se reconoce el bloqueo como la raíz de la escasez.

¿Será que entre los interlocutores de Mari Mari Narváez se encuentran esos “liberales en contra de la Revolución” que mencionan Rivera Lugo y Severino Valdez? ¿Cuáles son esos «planos conceptuales del liberalismo político» desde los que parte la autora? Aquí, nuevamente, salta a la vista lo desacertado del comentario de los autores. La única cita que se incluye en su texto proviene de la declaración de la Cuarta Internacional, que se ubica, no desde un ángulo liberal, sino desde una tendencia marxista revolucionaria, claramente a favor de la Revolución cubana y a favor de la profundización del socialismo en la isla.

¿Será que la columna expresa dudas sobre sus simpatías hacia la Revolución cubana luego de la manera francamente torpe en la que el gobierno manejó las protestas del 11 de julio? ¿Habrá puesto en tela de juicio el proyecto revolucionario? Tampoco. En ningún momento de la columna hay evidencia de una “postura aséptica” o neutral hacia la Revolución cubana. No hay momento en el que se haga un planteamiento “en contra” de la Revolución cubana.

¿Qué dice, entonces, sobre los derechos individuales en Cuba? ¿Será que articula su posición desde una visión individualista del ser-en-sociedad? ¿Qué usa como modelo de libertad a las democracias capitalistas? Veamos las palabras de la autora:

«En todos los países se utiliza la protesta para lograr cambios, sean estos grandes o pequeños. Así como en Puerto Rico hemos protestado por asuntos que van desde el colonialismo y la corrupción hasta por salvar cuatro palos de meaito en una acera, en Cuba debe haber cantidad de razones para protestar. Y si no hay alimentos, la gente, por más consciente que esté sobre los efectos del bloqueo, no está llamada a protestar en la Oficina de Intereses yanqui, primero porque ni está en funciones y, segundo, porque ese no es su gobierno y es a este al que tienen que reclamarle… Pero la gente de Cuba tiene perfecto derecho a reclamar acciones inmediatas contra la corrupción, contra los privilegios de ciertas ‘clases’ o contra las desigualdades, o contra la ineficiencia que provocan las colas o un mal servicio de transporte público, lo que sea. Si quieren protestar por sus cuatro palos de esquina, también. La protesta es un poder que se reserva el pueblo y ningún gobierno debe reprimirla, mucho menos un gobierno socialista que aspira a enaltecer la dignidad humana ante todo… Todos los cubanos revolucionarios que conozco, más los líderes de su gobierno, desde los hermanos Castro hasta el actual Díaz Canel, son los primeros en admitir que hay mucho que cambiar en la realidad cubana, en su gobierno. Entonces: ¿Por qué tanta resistencia a estas protestas? No se puede justificar una vida entera de supresión de la libertad de expresión por una posible invasión de Cuba que siempre será una amenaza. No se puede justificar que el pueblo cubano viva en un estado perenne de excepción».

¿Qué, entonces, es lo que les molesta a los compañeros? No es, parece, únicamente la crítica desde los sectores liberales lo que les inquieta. Es la crítica en sí. Dicho de otro modo, no distinguen entre una crítica hacia la Revolución cubana y una crítica contra la Revolución cubana. Por eso, se hace necesario que los autores creen un muñeco de paja para atacar: toman una crítica hacia la Revolución cubana, compatible con la tradición marxista, y la manipulan para hacerla ver como un producto más de la ideología capitalista.

Esto es, también, una «tradición» de cierta tendencia de la izquierda socialista: la larga tradición que comúnmente conocemos como «campista». Dado que la mirada campista ha dominado una parte importante del debate desde la izquierda hacia Cuba, es importante que abordemos el tema.

El campismo define la política mundial desde una mirada en la que el eje principal del conflicto es entre dos campos geopolíticos hostiles: el “campo imperialista”, hoy conformado por un lado por Estados Unidos, Europa, Israel y Arabia Saudita. Por otro lado, el “campo antiimperialista”, que pudiera incluir a Rusia, China, Corea del Norte, Siria, Irán, Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y otras naciones menos industrializadas.

En este marco, la división del mundo en bloques geopolíticos rivales suprime la discusión y rara vez aborda el carácter interno de las naciones del “campo antiimperialista”. Independientemente de la naturaleza de sus gobiernos y economías, atribuye a esas naciones un carácter progresista. Casi nunca critica a las “naciones antiimperialistas” y tiende a ignorar, menospreciar y en ocasiones a oponerse abiertamente a los movimientos por la democracia o la justicia económica y social que surgen entre las clases trabajadoras de dichos países.

Cuando se trata de países en conflicto con los Estados Unidos, el campismo rechaza el apoyo a los movimientos democráticos – incluso a los liderados por la clase trabajadora – bajo el argumento de que tales movimientos podrían desestabilizar y poner en peligro a gobiernos progresistas. Se obvia el análisis y se suprime cualquier debate sobre la forma de la economía, sobre el carácter represivo de algún gobierno o sobre la capacidad de los trabajadores y las trabajadoras de autoorganizarse para ejercer el poder. Aquellas personas que se solidarizan con las luchas democráticas en estos países, aun cuando vienen de una tradición revolucionaria, son criticadas por «hacerle el juego al imperio» (al otro «campo»).

El campismo es contrario a la tradición marxista y socialista democrática más amplia: sustituye la solidaridad internacional de la clase trabajadora por la solidaridad con los estados. Las trabajadoras y trabajadores deben apoyar a las clases trabajadoras de los otros países en sus luchas por la democracia y la justicia social, énfasis con el cual coinciden las figuras más importantes del socialismo como Karl Marx y Eugene Debs, como Rosa Luxemburgo y C.L.R. James, por ejemplo.

El caso de Cuba es, sin duda, el más complejo de los actuales gobiernos con una historia de izquierda y socialista. Pero el campismo, en muchas ocasiones, defiende incluso gobiernos fundamentalistas y autoritarios como el régimen neopentecostal de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, o es incapaz de ver los límites de la Revolución Bolivariana bajo Hugo Chávez y su degradación paulatina con Nicolás Maduro. Apoyar la Revolución cubana no impide (por el contrario, exige), además de reconocer sus logros, reconocer sus errores, debatir abierta y francamente y rectificar todo lo que haya que rectificar, cambiar lo que se tenga que cambiar. Ignacio Ramonet le hizo la siguiente pregunta a Fidel Castro: “Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso revolucionario, socialista, en Cuba puede también derrumbarse?” La respuesta de Fidel sigue teniendo vigencia:

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia, que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos. Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores» [8].

Tienen razón los autores al iniciar su artículo afirmando que su perspectiva no le tiene miedo a polarizar. En efecto, polarizan: lo que no es acrítico, es liberal. Y esa actitud no debería ser apta para ninguna mente crítica, y todavía menos para revolucionarios y revolucionarias. Por eso, rescatamos una frase de Carlos Marx para darle título a este artículo. Proviene de una carta que le dirige Marx al filósofo y entonces amigo Arnold Ruge, en septiembre de 1843 [9]. Es esta todavía la época en el desarrollo de su pensamiento que se le conoce como la del «joven Marx», en un proceso de crítica filosófica despiadada previo a su intenso proceso de aprendizaje en el mundo de la economía política. Esta carta, en particular, es conocida por la manera en que plantea la necesidad de la crítica constante de todo lo existente para hacer concreto el horizonte comunista. La crítica de lo real permite trazar el camino hacia adelante. Dice:

«Las dificultades internas parecen ser mayores que los obstáculos externos. Si bien no caben dudas en cuanto a «desde dónde», gran confusión prevalece en la cuestión «hacia dónde». No solo se ha instalado un estado de anarquía general entre los reformistas, sino que todos deberán admitir que no tienen idea exacta de lo que ocurrirá en el futuro. Por otro lado, es precisamente una ventaja de la nueva tendencia la de no anticipar dogmáticamente el mundo sino la de solo querer encontrar el nuevo mundo a través de la crítica del que nos precede… Pero si construir el futuro y asentar todo definitivamente no es nuestro asunto, es más claro aún lo que, al presente, debemos llevar a cabo: me refiero a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder… Por lo tanto, nada nos impide convertir en el punto de partida de nuestra crítica a la crítica de la política, la participación en la política y, por ende, a las luchas reales, e identificar nuestra crítica con ellas. En ese caso, no nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria con un nuevo principio: ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: «Termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha». Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera».

Para que Cuba siga siendo modelo y esperanza, es importante que profundice el socialismo. Y esto implica, también, acoger parte de los reclamos de derechos individuales que presenta el pueblo, implica hacer más participativa la economía socialista, todo esto en aras de defender la revolución, no de destruirla. Los ejemplos de restauración capitalista en países obreros burocratizados demuestran lo que Cuba tiene que evitar. Y confiamos, genuinamente, en que es capaz de rectificar y seguir hacia adelante. Como indicó Mari Mari Narváez: «Cuba ha avanzado siempre. A veces lentamente, sí, pero lo ha hecho».

Notas

 [1] https://claridadpuertorico.com/amores-que-matan-2/

 [2] https://claridadpuertorico.com/cuba-este-momento-critico-podria-ser-para-avanzar/

 [3] Sobre la "abstracción" de los derechos individuales, recomendamos la columna de Rafael Bernabe, titulada La democracia, ¿una abstracción? (comentario a un texto de Frei Betto sobre Cuba), publicada en la revista momento crítico: https://www.momentocritico.org/post/la-democracia-una-abstracci%C3%B3n-comentario-a-un-texto-de-frei-betto-sobre-cuba

 [4] "Reclamo por la libertad de los detenidos en Cuba", https://www.comunistascuba.org/2021/07/reclamo-por-la-libertad-de-los.html.
 [5] https://www.momentocritico.org/post/sobre-la-situaci%C3%B3n-en-cuba-defender-y-renovar-la-revoluci%C3%B3n

[6] Ver, al respecto, los siguientes análisis de la situación económica y de las protestas del grupo cubano Comunistas: ""Petición a las autoridades ante la crisis de medicamentos", https://www.comunistascuba.org/2021/07/peticion-las-autoridades-ante-la-crisis.html; "Acerca de las protestas en Cuba del 11", https://www.comunistascuba.org/2021/07/acerca-de-las-protestas-en-cuba-del-11.html; "A un mes del 11 de julio", https://www.comunistascuba.org/2021/08/a-un-mes-del-11-de-julio-declaracion-de.html.

 [7] https://www.momentocritico.org/post/sobre-la-situaci%C3%B3n-en-cuba-defender-y-renovar-la-revoluci%C3%B3n


[8] Ignacio Ramonet, Fidel: “Mi relevo no supondrá ningún problema porque la revolución no se basa en ideas caudillistas”, disponible en: https://www.bitacora.com.uy/auc.aspx?58,7

 [9] https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m09-43.htm

Crucigrama: José R. Alicea

Por Vilma Soto Bermúdez

Horizontales

1. _____; ciudad natal del pintor, artista gráfico, y profesor puertorriqueño José R. Alicea.

5. _____ para Vieques (Paisaje antibélico #3); medio mixto, obra de Alicea.

6. Centenario del Grito de _____ 1868-1968; cartel de Alicea.

10. Escuchará.

12. _____ de las Américas; una de las instituciones internacionales donde Alicea ha exhibido sus obras.

13. Opus, abrev.

15. Lengua maya hablada en el noroeste de Guatemala.

16. Composición poética lírica.

17. Dominio de internet de Grecia.

18. Asesinará.

20. Atempere.

22. Pieza mecánica sometida a rotación en una máquina.

24. Cinco estampas de _____ Juan; carpeta de 5 serigrafías, primer portafolio de Alicea de 1958.

25. Tate, interjección.

26. 150 aniversario del _____ de Betances; cartel de Alicea.

30. Símbolo del sodio.

31. Época.

33. Del verbo decir.

34. A nivel.

35. Plural de la letra o.

36. José R. _____; autor de «Prometeo», «Granadas», «Los soles taínos», y «Canción de baquiné», entre otras obras. En 2021, se reconoció su valía en el documental «José R. Alicea: grabador, papelero, pajarero».

38. Solicita.

39. Segunda nota musical.

40. Cercar, acorralar.

41. Ganso doméstico.

42. Libertad para _____ presos políticos; cartel de Alicea de 1971.

43. Río de Suiza.

44. Se atreve.

45. Átomo con carga eléctrica.

48. Animal vacuno.

51. Incomunique, encierre.

53. _____ R. Alicea; nombrado Doctor Honoris Causa en Artes por la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez, 12 de junio de 1999, y en 2000, Doctor Honoris Causa por la Escuela de Artes Plásticas, San Juan, Puerto Rico.

54. Los _____ taínos; carpeta de 15 grabados de Alicea de 1973.

55. El _____, de el Cantar de los cantares; obra de Alicea de 1985.

57. _____ Grande de Loíza de Julia de Burgos; portafolio de 10 grabados realizados por Alicea en 1966.

58. Canción de _____; portafolio de 10 grabados cortados en plexiglás con texto en serigrafía, obra de 1969 de Alicea.

59. _____ playas para el pueblo, Movimiento Pro Independencia; cartel de Alicea por el rescate de nuestras playas.

Verticales

1. _____; xilografía de Alicea de 1963, primer premio de Cartel, del Certamen del Ateneo Puertorriqueño.

2. Negación.

3. Cumbre.

4. Formar y disponer eras para poner plantas en ellas.

6. Costado.

7. Tostad, abrasad.

8. Divinidad egipcia.

9. Calmase.

11. Enamoriscó.

12. Historieta.

14. José R. Alicea: grabador, papelero, _____; documental dirigido por Anaida Hernández. Un tributo a la vida y obra del ilustre artista puertorriqueño.

17. _____; xilografía a color de Alicea. Primer premio de Grabado 1967, del Ateneo Puertorriqueño.

19. Tisana.

21. La Patria _____ valor y sacrificio; obra de Alicea de 1962. Primer premio del Certamen del Ateneo Puertorriqueño.

23. José R. _____, por tradición… rebelde; reportaje de Miñi Seijo para En Rojo, Claridad, 1975.

27. Sexto mes del calendario hebreo moderno.

28. Que tiene sabor agrio, fem.

29. Concebir la idea de algo.

32. Clan de dioses en la mitología nórdica.

34. Seis estampas de Puerto _____; portafolio de 6 xilografías de Alicea de 1988.

37. Símbolo del argón.

38. Río de Italia.

45. _____ Literaria; revista que dirigió Alicea. Además, fue director artístico de la Revista del Café.

46. Cierto baile andaluz.

47. Tela cortada en forma triangular que se añade a las ropas para darles vuelo o el ancho que necesitan.

48. _____ Baldorioty de Castro; político abolicionista, periodista y educador puertorriqueño.

49. Pronombre demostrativo.

50. Cesta grande, regularmente sin asas.

51. Carta de la baraja.

52. Satélite galileano más cercano a Júpiter.

53. Interjección usada para indicar risa, burla o incredulidad.

56. _____ madre; obra de Alicea de 1969.