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El afilado correcto del buril y la punta seca en el «Archivo del asombro cotidiano»

María Elba Torres Muñoz

Especial para En Rojo

Esta obras son un tratado gráfico de las más profundas de las subjetividades en un entorno calado a la medida, en esta amada isla. La colonia y la colonialidad, son virus que atacan en todos los tiempos a todes en la isla. La «neta» es que no está fácil.

Entremos al «Archivo del Asombro Cotidiano», de Martín García Rivera.

Martín García Rivera es un bracero del buril, de la gubia y de la punta seca. Es descendiente de toda una historia gloriosa de las artes gráficas en Puerto Rico. Sus grabados denotan un aprendizaje extraordinario con los artistas nacionales de Puerto Rico de la segunda mitad del siglo XX. Fueron muchos los renombrados y renombradas artistas de la gráfica puertorriqueña; solo menciono a algunos: Lorenzo Homar, José Alicea, José Rosa, Analida Burgos, Marcos Irrizary, María Emilia Somoza, Luisa Géigel, Carlos Raquel Rivera y Rafael Tufiño, entre otros. García Rivera es indómito en su faena de grabador y educador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Lustró su oficio del buril y la punta seca en los talleres de esta institución y con maestros de Pratts Institute en Nueva York.

En diálogo con el artista se derrama en él un respeto henchido de mucha savia en su descendencia de grabador. Uno intuye inmediatamente que cada grabado que sale de las manos de García Rivera queda grabado en él. Es su archivo ancestral, heredado y aprendido de la monumental historia de la gráfica de Puerto Rico. Así, presenta en algunos de sus personajes la marca de una «S» para referirse a la procedencia de Sierra Leona, Africa. En este archivo de lo cotidiano, los tatuados no son solo sus personajes, que aluden a los y las puertorriqueñas; también el tatuado es él, el artista. El linaje es ancestral conllevando en ello aprisionamiento, mascaradas, disimulo, escondites y voluptuosidades enclenques.

Su exquisito y minucioso oficio de grabador lo ha honrado de sólidas y apreciables distinciones y reconocimientos. Martín García Rivera ha logrado premios importantes en lejanas tierras. En la década del noventa del siglo xx obtiene varios premios y reconocimientos: el primer premio en la Bienal del Grabado Latinoamericano y del Caribe de San Juan (1993); un premio de distinción en Rusia (1994): en España (1995) y en Italia, entre otros. En lo que va del siglo XXI ha obtenido importantísimos premios y reconocimientos en bienales y trienales: en Hawai, en 2000; en Canadá, en 2009; en Rusia, en 2004 y en 2019; en Polonia, en los años 2013, 2014 y 2015, entre muchas más. Sobre esta serie, nos invita García Rivera y nos dice en su «Declaratoria del artista:»

«Archivo de asombro cotidiano» es un conjunto de obras que he realizado desde el año 2013 en las técnicas del burilado y la punta seca en el proceso del grabado en intaglio. Utilizo como referencia lo real maravilloso propuesto en la literatura caribeña y latinoamericana, el gesto del movimiento expresionista europeo y lo mágico espiritual que es parte de mi herencia cultural en la diáspora africana de América. Combino este caudal expresivo con mis pensamientos y emociones en la creación de metáforas visuales que van del arte a la vida; de la vida al arte.”1

Si bien el desarrollo técnico del oficio del grabador nos vino de Europa, en siglos anteriores, con la llegada de éste a las Antillas, encontramos en Martín que la gráfica fluye, se conjuga y exprime todo el caudal latinoamericano, antillano y afrodescendiente que lo hace poderoso. Pareciera que existe una genealogía entre el oficio de sus antecesores grabadores y aquellos ejercidos por los trabajadores gráficos de los siglos XIX y XX en Puerto Rico: la tipografía, la litografía y otros oficios aledaños.

Podríamos pensar en una sinergia rabiosa en la que como antillano-puertorriqueño, García Rivera comparte el sufrimiento causado por el colonialismo y desde el grabado (medio traído tardíamente a Puerto Rico en nuestra primera colonización) construye figuras que violentan los esquemas y estereotipos. El medio seduce al artista para cuestionar ese asombro de lo cotidiano, y con la mano zurda entreteje y construye telarañas enigmáticas en composiciones figurativas que crean un desconcertante universo con elevada semejanza a la realidad isleña.

Se vale de un lenguaje gráfico hipermoderno que desgarra y desconcierta. ¿Es que acaso y al final del día, lo diario se convierte en la suma del «Archivo de asombro cotidiano» que nos patea el buche y desalienta? Nos dice nuestro artista Martín García sobre este conjunto de obras (2013-2020):

Las imágenes humanas y formas que dibujo pueden considerarse metamorfosis grotescas, misteriosas o ideas que se mueven desde lo consciente a lo subconsciente. Establezco un juego libre de forma e ideas visuales que integran elementos de las culturas ancestrales pero distorsionadas y alineadas desde su origen. Son escenas y narraciones cual “ teatro del absurdo”, en donde el tiempo, pasado, presente, el sueño y la realidad suceden simultáneamente” 2

Este pronunciamiento del artista sobre lo absurdo y lo histórico me provoca pensar sobre cuán descerebrado es el colonialismo y sus efectos en los cuerpos. Me hace pensar en los cuidados que hay que tener en torno a estos asuntos dentro de la colonia, sobre cuánto afecta y castiga a les colonizades, llevándonos a una profunda crisis clínica. Lo podemos observar con insistencia en las obras “Alquimia callejera”, “Amor a primera vista”, “Bajo su protección”, entre otras.

Martín García nos narra con sus buriles y puntas secas las interrelaciones cerradas y obscuras en que vivimos. En las que muchas veces el encierro es voluntario, en ocasiones mental y puede llegar a adoptarse como costumbre obligada. Los cuerpos se brutalizan y las líneas cercenan unos sujetos objetivados que bracean en la entelequia. Se van perdiendo e inutilizando algunas partes del cuerpo como los brazos y los pies. Los ojos en las cabezas se multiplican como bolitas de chicle en una cajita transparente. Ahí están: son personajes antiestéticos que se escapan de la idea de lo bello porque parecen más una radiografía de tantos traumas y dramas isleños.

Envalentonades y como si fuese dentro de un firme interrogatorio, los torsos cuelgan, flotan en un asfixiante espacio, a veces con una sola ventana tapiada por la luz que opaca la mirada. Criaturas-papas que asumen actitudes bestializadas dentro de una colonización perversa-intacta que no acepta movilidad, pero tampoco se mueve; sobre todo, cuando augura larga permanencia.

El preciosismo deja de encontrarse en sus obras para presentarnos figuras esperpentosas, monstruosas, altamente confrontacionales y de este modo darnos cuenta de la fascinación con lo cotidiano. Hasta la malcriada mirada nos desconcierta. Nos lleva a detenernos para divisar y encontrar esos seres internos que nos acompañan.

Estas series son una gran metáfora de la trayectoria histórica de la construcción y destrucción; del colonialismo y la esclavitud en toda su actualidad en Puerto Rico. En palabras del escritor de Camerún, Achille Mbembe nos anclamos en «el devenir del negro en el mundo». En otras palabras, según Mbembe, es ese momento en que la distinción entre el ser humano, la cosa y la mercancía tienden a borrarse y desaparecer, sin que nadie —negros, blancos, mujeres, hombres— puedan escapar a ello. Aquí quedan expresas unas herencias traumáticas de la dominación colonial y el Tratado Trasatlántico. Por ello Martín García nos representa como sujetos escindidos, entendido desde la multiplicidad de las facetas humanas.

Se trata de la capacidad del colonizado de desdoblarse y negar su identidad que, ante la actitud dominante que le enajena, provoca un comportamiento cargado de continuos re-re-re-reinventarse en las identidades boricuas. Eso que llaman identidades se desarman y comienza adquirir formas líquidas sin soporte en los nuevos tiempos. En este archivo encontramos una dialéctica poética plástica entre el trabajo, el valor, la esperanza, la creatividad, el blablablá y verse encerrado, cercenado e imposibilitado de cambiar lo no deseable. Martín García conmina a la libertad de las representaciones ante lo deformante del colonialismo. Para Martín García el imperativo primario es la des-colonización nuestra, de ustedes, aquellas, aquellos, es decir, nosotres.

Martín García Rivera se une desde el grabado al movimiento urbano, plástico, grafitero, musical, contestario e irreverente, de finales del siglo XX hasta el presente. Continúa el oficio de la denuncia en el grabado que tanto ha honrado a Puerto Rico en décadas pasadas.

La obra de Martín García Rivera es herencia de sus maestros, de sus antecesores, de sus ancestras, de su entorno, de una espiritualidad afrocaribeña que no se deja seducir por las celebérrimas teorías y espiritualidades occidentalistas. La verdad es que no lo seduce. Se embarca en la cartografía del realismo maravilloso del siglo pasado y del presente. Nos azota en sus cubos o cuadrados para buscar la geometría de la re-visita a nuestra historia. ¿Cuánto hemos crecido, cuánto hemos caminado, cuánto hemos avanzado? ¿Dónde quedó el vacío del tiempo; en algún rincón de nuestra historia? Ahí, con una sola pata-mutilada, ahí estamos, enmascaradas y enmascarados, inmóviles, ciegos, sin brazos y pies, ¡quedaooos! Podría ser en el descanso de la conciencia, sin saber que jugamos al aniquilamiento de adentro y desde donde sobra la nada.

Son familias y contrafamilias. Personajes que se repiten en otros espacios bajo otras atmósferas y que se vinculan entre sí. Desde el cuadrilátero del cuarto se afirman los voluptuosos cuerpos pesados y atrapados en una profunda situación de conquista y colonización. En ellos se ven las más mórbidas formas de racismo, discriminación y desigualdades.

El lenguaje gráfico del esperpento que maneja Martín García en este archivo nos facilita la magnitud de la propuesta visual en tiempos de lockdown, en una isla en el mar Caribe. La serie Archivo de asombro cotidiano reúne obras que nos presagiaron horas intensas de confinamiento en el país-cuarto. El mundo ha empequeñecido, se ha contraído espacialmente. Hemos, de algún modo, tocado los límites físicos del planeta hasta el punto de que probablemente ningún rincón de la tierra sea desconocido o esté deshabitado.

El espacio de estas obras se encierra en una gama cromática mínima: el blanco y el negro, creando un ambiente entre dos o unos pocos. Es como si no hubiese escapatoria ni posibilidades. A su vez, pocas ventanas permiten que otros se asomen, pero siempre en vigilancia. Los de adentro se desdoblan, se triplican sus órganos confundidos en la unicidad del ser. La verdad que en los últimos tiempos, todos y todas en la isla hemos estado construidos por ellos y ellas, por otros y otras y hasta por aquellos y aquellas. Y si hablamos del espacio, este es a la vez enrevesado, cerrado, es decir, absolutamente asfixiante, cada vez más cercano al intruso. Anímicamente estos espacios se nos hacen sospechosos, angustiosos y dudosos. Las ventanas apenas se alcanzan y, en algún lugar de este archivo, aparece la figura del ligón, como el que se asoma en el cuadro El velorio de Francisco Oller.

Estos trabajos son un reconocimiento a la inmensa herencia gráfica puertorriqueña, de un discípulo, que, gracias a todos ellos y ellas, sostiene un lenguaje gráfico urbano que incide y amarga. Son grandilocuentes metáforas plásticas que nos remiten a nuestra historia gráfico-plástica, con un profundo contenido de crítica político-social.

Martín García expresa, en situ, un lugar cerrado, monocromático, que vincula por antonomasia figuras en un entorno netamente afrodescendiente. Esto se ve claro desde los objetos que acomoda en los recintos, como los instrumentos musicales y los objetos espirituales afrodescendientes que refieren a otra espiritualidad que no es la cristiana. Me refiero a las veces que en las escenas encontramos a Elegua. La espiritualidad afroantillana está muy viva en Puerto Rico, pero a su vez demonizada por las instituciones del poder. Martín García Rivera deconstruye verdades absolutas desde lo inmaterial, y reta a las espectadoras y espectadores a mirar el universo espiritual de las creencias que trajeron los seres humanos que llegaron forzados del continente africano a las recién llamadas Américas y el Caribe. En sus obras las formas dialogan con gesticulaciones que apelan a las divinidades-orishas- de las creencias de los puertorriqueños y las puertorriqueñas.

El buril y la punta seca en las manos del maestro García Rivera nos ayuda a entrelazar lo visible y lo invisible. Muchas veces, las poses desde la esfera espiritual infunden libertad y caminos a seguir, como es el caso de la presencia de Elegua. Para ello hay que conocer los contextos de sus ritos y sus significados. En su reverso existe la denuncia de esa mirada euro(ego)céntrica que apunta hacia el continente africano y a sus descendientes como algo caníbal y bárbaro, es decir, seres humanos-mercancía que viven en los márgenes de las desigualdades hoy en día. Martín García pormenoriza el reconstruir una memoria «de abajo», sanadora y desvictimizadora que pueda tener condiciones integradoras para un proyecto común puertorriqueño.

El maestro, el catedrático y el artista Martín García Rivera, exhibe sus obras de arte con la afable intención de que la comunidad universitaria y toda nuestra gente la disfrute. Que desde el recogimiento se converse y conserve nuestra torre, asegurando la riqueza de las artes y su educación descolonizadora.

La autora es directora del Instituto Interdisciplinario y Multicultural  de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

1Leáse la Declaratoria del Artista por Martín García Rivera en la exhibición, Archivo de asombro cotidiano en la Galería Francisco Oller, Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

2Ibid.

Miel que me das: «Yo digo que son los pasos» – Safo

Yo digo que son los pasos

 

Hay quien dice que un ejército de caballos, hay quien dice

que de hombres de a pie, o de naves, sobre la negra tierra

es lo más bello que hay. Pero yo digo

que es aquello que se ama. 

 

Lo cual es facilísimo ilustrar:

pues la mujer más bella, Helena, al ser flanqueada 

por un hombre bellísimo dejó 

al mejor de los hombres

 

y se montó en el barco con dirección a Troya

sin recordar ni a su hija ni a sus padres, 

para nada, sino que [        ]

la desvió.

 

[     ] pues [       ]

ligeramente [       ] 

ahora recuerdo a Anaktoria,

la que no está.

 

Cómo preferiría ver sus pasos

sensuales, la luz jugando en su rostro

y no al ejército Lidio y las armas

de los soldados de a pie.

 

[       ] pero es imposible. 

 

Frag. 16 de Safo en traducción del griego de Cristina Pérez Díaz

Dibujo original en tinta sobre papel de Emanuel Torres

 

Nota de la traductora

El amor puede pensarse como un problema de ritmo, depende de la armonía de los pulsos. Como dice una canción de Ile: “yo no sé si tu rumba vaya con mi mambo”; o la de Cafetacuba: “el amor es bailar”. En un coro del Hipólito de Eurípides (ver mi traducción en la columna del 30 de marzo de 2021), el coro le ruega a Eros que nunca se le aparezca “arrítmico”. El adjetivo que Eurípides utiliza (ἄρρυθμος) tiene connotaciones tanto musicales como estéticas, éticas y políticas, pues la palabra “ritmo” en griego antiguo significa, además de sonido o movimiento que sigue una medida, también “proporción”, “simetría”, “mesura”, “orden”. Según Esquilo, carecer de ritmo al hablar equivale a ser ininteligible (ver mi nota al fragmento 317 de Íbico, publicado en esa columna el 12 de abril de 2021). Anacreonte escribe en uno de sus poemas que odia a quienes tienen un “ritmo telúrico y difícil” (ver mi traducción del fragmento 71 publicada en esta columna el 13 de julio de 2021), refiriéndose, al parecer, a una disposición pesada en el carácter que se manifiesta en la falta de levedad en el habla y los pasos, esto es, en una disposición no conducente al erotismo, que en la poesía griega siempre se expresa con palabras indicativas de suavidad y ligereza. 

En este fragmento, Safo se acerca al problema del deseo desde una dirección similar, enfocándose en el movimiento de los pies de los amantes. Los pies y su movimiento marcado por el ritmo juegan un papel esencial en la guerra (los soldados de a pie o la infantería se mueven hacia adelante marcando un mismo ritmo con sus pasos), en la danza y en el erotismo. Jugando con esto, Safo abre el poema con la mención de la infantería, cuya denominación en griego (πεζοί) contiene la raíz de la palabra pie (πούς), como un complemento de otro tipo de pasos que vendrán más adelante: los pasos de Helena y los de Anaktoria. 

Los pasos de Helena aparecen el poema implícitos en los verbos “montar”, “dejar atrás” y “desviar”. Enamorada de Paris, se “montó” en el barco que la llevaría a Troya. Al describir a Helena como la mujer más bella, esposa del mejor de los hombres, enamorándose de un hombre bellísimo, el poema parece sugerir una cierta desmesura. Esta se manifiesta también en sus pasos, pues al montar el barco, Helena “deja atrás” a su hija y a sus padres y se olvida de ellos, lo cual en el contexto en que este poema fue escrito es un gesto de ruptura, pues las obligaciones sociales de la mujer eran principalmente procrear hijos y enterrar a sus familiares. Safo deja claro que a Helena, al montar el barco, algo o alguien la “desvió”. El sujeto del verbo se ha perdido, el corchete indica que faltan palabras que no son legibles o que hubo quiebres en el papiro precisamente ahí. Pero la poesía griega es siempre una mezcla de convencionalismos tomados de los mitos e innovaciones introducidas por quien escribe. Así que en algunos casos no es difícil especular: a Helena la desvió ya sea Paris, Eros, o Afrodita, o algo por el estilo. En cualquier caso, sabemos que se trata de alguna fuerza erótica. El movimiento de los pies de Helena, impulsados por el amor, es, depende desde donde se mire, uno de alejamiento o uno de aproximación: ella se aleja de su esposo (“el mejor de los hombres”, i.e. Menelao), pero se acerca a “un hombre bellísimo” (Paris). 

Paris, a su vez, también mueve sus pies hacia Helena en el verbo “flanquear”, como si se tratara de dos ejércitos que se acercan. Y, en efecto, de dos ejércitos se tratará la cosa una vez que el rapto de Helena por Paris dé lugar a la guerra de los Aqueos contra Troya (aunque esto no se cuenta en el poema, sino que se presume que quien escucha ha escuchado también la Iliada). Así que en los movimientos de los pies de Helena y Paris están imbricados tanto la danza erótica del acercamiento como la marcha bélica de los ejércitos que les seguirán. La desmesura de los pasos descarriados de Helena tendrá consecuencias también desmesuradas: el saqueo de Troya y la quema de la ciudad. 

Pero Helena y la guerra de Troya son un complemento para el objeto central del poema: Anaktoria. Tan pronto Safo recuerda a Anaktoria, se introduce nuevamente el tema del erotismo con el uso del adverbio “ligeramente”, aunque las lagunas en el texto transmitido no nos permiten saber a qué exactamente se refiere con él. De nuevo, las convenciones poéticas nos permiten suponer que el verbo que modifica ese adverbio podría con mucha probabilidad tener algo que ver con el baile. Pero Anaktoria, como Helena, se ha ido. En lugar de sus pasos sensuales (¿pasos de baile?), a la amante abandonada sólo le queda, como a Menelao, la visión de la guerra. 

 

Estudiantes se oponen a que la Dra. Ana Guadalupe sea la presidenta de la UPR

 

CLARIDAD

La Confederación Estudiantil Nacional (CEN) expresó su oposición tenaz a la posibilidad de que la exrectora del Recinto de Río Piedras, doctora Ana Guadalupe, sea nombrada presidenta interina de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

La organización estudiantil, que agrupa representantes de todos los recintos, dejó saber en comunicado de prensa que ha salido a relucir que la doctora Guadalupe está bajo la consideración activa del Comité Interino nombrado por la Junta de Gobierno de la UPR para la selección de un nuevo presidente para la institución. Luego de la remoción del doctor Jorge Haddock Acevedo, quien debe dejar su puesto este 31 de julio, la Junta nombró a un comité interino para la búsqueda de un nuevo presidente.

La Confederación Estudiantil denunció que hasta la fecha del 17 de julio la comunidad estudiantil no había recibido de manera oficial una lista de nombres de las personas que el comité ha considerado para la posición.

“La Confederación Estudiantil Nacional entiende que ante la situación fiscal y académica que enfrenta la Universidad es importante que la comunidad universitaria sea incluida en esta discusión y se le informe qué ha ocurrido en las reuniones del comité. Aun ante la falta de información, ha salido a relucir que la exrectora del Recinto de Río Piedras, la Dra. Ana Guadalupe, está bajo consideración activa del comité. Esta noticia ha levantado una gran preocupación entre la comunidad estudiantil” afirmó Ángel Ocasio, secretario ejecutivo de CEN.

Mientras, Carlos Rivero, secretario general, le recordó a la Junta de Gobierno el historial de la doctora Guadalupe cuando fue rectora. “Como rectora interina del Recinto de Río Piedras fue responsable del desmantelamiento de las estructuras universitarias del Recinto. Apoyó abiertamente la Ley 7, que provocó el despido masivo de empleados públicos y recortes que llevaron a la Universidad a una crisis presupuestaria. Defendió el alza de matrícula y la imposición de la cuota de 800 dólares (Cuota de estabilización fiscal). Favoreció el uso de la fuerza de choque contra los universitarios en protesta, rompiendo con la política de la sana convivencia. Usó sus poderes ministeriales para perseguir y reprimir a estudiantes y a docentes que no favorecieron su gestión, sentando un peligroso precedente.”

La organización estudiantil exhortó a la Junta de Gobierno a que se crezca en momentos de crisis y sea transparente con la comunidad universitaria.

La Junta de Gobierno se ha negado a divulgar cuáles son los candidatos que tiene bajo consideración, aunque, en efecto, algunas fuentes han confirmado que la exrectora figura entre los candidatos.

 

No son los Juegos Olímpicos que esperábamos

 

Especial para CLARIDAD

Crecí esperando cada cuatro años por los Juegos Olímpicos. En medio del ciclo olímpico me disfrutaba muchísimo los Juegos Centroamericanos y los Juegos Panamericanos, donde por la escala Puerto Rico tenía mayor representación y éxito. Aún así, los Juegos Olímpicos siempre representaron un momento importante para todo seguidor del deporte aficionado y para quien el Olimpismo tiene un valor único.

Y es que los Juegos Olímpicos siempre han sido más que un evento meramente deportivo, son un evento cultural y de gran impacto mediático, económico y muy politizado, aunque las autoridades olímpicas traten de evitar a toda costa el tema de la “politización”. Desde sus orígenes en la Antigüedad en Grecia, los Juegos Olímpicos tenían la ambición de ser más que una competencia deportiva, incluían un festival cultural y pretendían también tener un efecto de crear armonía entre distintas personas y grupos. Al reanudarse los Juegos Olímpicos en su versión moderna a fines del Siglo XIX, todos estos elementos se mantuvieron, claro ahora en una nueva realidad geopolítica y económica que ha ido cambiando durante este siglo y medio. Por ejemplo, se han detenido varias veces por las dos guerras mundiales, ha habido boicots por motivaciones políticas, ha habido protestas políticas, entre otros. Uno de los cambios más impactantes ha sido la mercantilización de los Juegos, la importancia que han adquirido los auspiciadores y las ventas de los derechos televisivos. Esto a su vez ha traído como consecuencia que ser ciudad sede de los Juegos Olímpicos se convirtiera en un proyecto político y económico de envergadura. En algún momento fue muy competitivo lo de buscar ser sede de los Juegos Olímpicos. Las ciudades se peleaban presentando sus candidaturas para ser elegidas por el Comité Olímpico Internacional (COI). Más recientemente por el endeudamiento y los costos tan altos para cumplir con los requisitos que exige el COI, se ha ido reduciendo la cantidad de candidatas y a su vez ha ido en aumento las protestas y la oposición a ser sede olímpica.

En este contexto y previo a la pandemia del COVID 19, ya la celebración de los Juegos Olímpicos 2020 en Tokio, Japón tenía detractores tanto locales como internacionales. Las quejas iban desde los altos costos, a infraestructura, a problemas ambientales aún creados por el accidente nuclear, entre otros. Obviamente cuando la pandemia azotó a comienzos del 2020 la celebración de los Juegos Olímpicos se puso en jaque. Luego de bastante reticencia de parte del COI y del Comité Organizador, los Juegos se pospusieron un año. Durante este año ha habido muchas especulaciones de que pasaría con los Juegos. La pandemia a nivel global ha sido una montaña rusa con múltiples olas en distintos momentos en diversos países y Japón no ha sido la excepción. Con la llegada de varias vacunas efectivas contra la enfermedad subieron las esperanzas de que los Juegos se podrían celebrar con algo de normalidad dentro de las circunstancias. A pocos días de la inauguración de los Juegos, desafortunadamente el panorama no es alentador.

Hace poco tiempo Japón determinó que solo aceptaría aficionados locales para minimizar el riesgo de contagio, así cortaba una de las grandes inyecciones económicas a los Juegos al eliminar el turismo internacional, el cual también incluye familiares de atletas. Con el alza de casos en las últimas semanas, el Comité Organizador entonces decidió limitar también los aficionados locales, celebrando así los primeros Juegos sin público. Esto sin duda tendrá muchos efectos en el ánimo de los atletas, ya que como comentaba recientemente hay una gran importancia en la relación simbiótica entre aficionado y atleta. Además hay un sinnúmero de restricciones en la Villa Olímpica, el movimiento, los atletas, etc.

Curiosamente Japón es uno de los pocos países industrializados que ha tenido un proceso de vacunación super lento. Menos del 35% de la población tiene ambas dosis y ni siquiera los empleados y voluntarios de los Juegos están completamente inoculados. Las razones son varias e incluyen una reticencia a vacunas creadas y probadas fuera de Japón, entre otros. Esto ha contribuido al repunte de casos con la variante Delta que está afectando a los no vacunados.

Así el panorama a varios días de que se encienda el pebetero olímpico es que ya hay atletas que han tenido que regresar a sus países porque dieron positivo al virus. No hay mucho ambiente olímpico en las calles de Tokio, tampoco en la Villa Olímpica. Y en el resto de los países, pues estamos alegres por nuestros atletas que nos representarán pero no deja de haber ansiedad por lo que sucederá en las próximas semanas. Esperemos que al menos en el terreno competitivo pueda ser lo más cercano a unos Juegos Olímpicos y que los verdaderos protagonistas que son los y las atletas puedan tener su momento de brillar.

 

Los ingenios del destino

 

Especial para En Rojo

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Calderón de la Barca

Los juegos son, a la vez, ejercicio, y espectáculo. Simulan la realidad, son modelos a escala pequeña, esbozo de tinta, o de pixeles que se mueven. Los deportes son juegos del cuerpo y simulan la guerra. La distancia de las actividades del maratonista al legionario es poca: el disfraz y la intención. Los jugadores de basketball, hockey, y soccer se pelean por territorios y botines. La pelota, en cambio, es una saga heroica, donde la corrida del jugador simboliza la búsqueda del héroe y su regreso triunfante al país natal. Es más amada por mis compatriotas y por los japoneses que por los americanos, país que se la inventó. La pelota se originó en el siglo dieciocho descendiente de los antiguos juegos de bolas y manos de los colonos ingleses. Cada región de las primeras colonias tenía su versión propia. En la versión moderna del juego, la variante de Nueva York, la odisea ocurre en un territorio definido por una geometría precisa y romboide. En la versión de Massachusetts, el juego se parece más a la vida, porque los jugadores podían salirse de las bases, irse por los campos corriendo, por cualquier lado, perseguido por sus enemigos.

De la sinceridad y ferocidad de los seguidores de los deportes, no nos queda duda. Sedientos de sangre, acuden a los estadios, y con sus rugidos acompañan los movimientos de los jugadores. Como los soldados que confiesan que nunca se sintieron más vivos que en el momento de la batalla, los fanáticos regresan a sus casas, sudando energía y emoción, ya felices, ya derrotados. Los juegos de la mente a su vez ejercitan la estrategia y la toma de decisiones. Son tal vez un poco más fríos que los juegos del cuerpo, pero no menos intensos. La concentración silenciosa del ajedrecista, los gritos animados del cuatro de dominó (“¡Que juegue, ‘ño, que juegue!”), la sonrisa maliciosa del jugador de barajas al poner las cartas sobre la mesa, son todas muestras del poder de estas actividades. Si los deportes son del general y sus soldados, los juegos de mesa son del estratega y el procurador. Suyo es el lenguaje de recursos almacenados, ahorros, riesgos, y manejo de las contingencias del azar.

Los muchachos de la nueva generación hacen talvez menos deporte y casi no conocen los juegos de mesa. Su territorio natural son los juegos de pantalla. Los video juegos logran integrarlo todo: simulan el deporte, implementan los juegos de azar, y, en su guisa de RPG (role-playing game), le otorgan a cada jugador sentado frente a la pantalla la dote de participar en un drama de su propia selección, actuando de Hamlet o de Fuente Ovejuna. En vez de un guion fijo, se sigue uno abierto, que, como la vida, combina lo inmutable, y lo aleatorio. Iniciada la sesión, el jugador es ahora actor, soldado, piloto de cohetes, genio militar supremo, ama de casa, asesino solitario y personal de emergencias. Estos juegos se iniciaron solitariamente, pero con la evolución del internet acabaron por congregar enormes comunidades virtuales que cruzan océanos.

Los mejores videojuegos, como las buenas novelas, exigen la verosimilitud. Sofía me explicó una vez que escribir bien es ser buen mentiroso: inventarte algo, pero escribirlo con arte para que te lo crean, o que se queden con ganas de creerlo. Con el juego, parte de la verosimilitud es visual. La pantalla muestra una simulación del universo material, y los que diseñan juegos tienen que integrarle al juego un ingenio de la física, o simuladores de movimiento. En el diseño, los programadores tratan de emular, no la física de Newton, sino la física intuitiva, esas expectativas subconscientes que mantenemos sobre objetos y sustancias y sus propiedades dinámicas dentro del espacio. Los expertos en simulaciones proponen tres conceptos básicos de diseño:

  • El contraste entre lo estático y lo dinámico
  • El poder de detectar y resolver colisiones
  • La distinción entre dormidos y despiertos

No logro entender por qué leer esta lista de conceptos me apabulla. Sospecho, con cierto instinto supersticioso, que encierra las claves secretas del destino.

Le pregunto a Liz y Paul, ciudadanos de la generación digital, que cual ha sido el mejor videojuego que hayan construido hasta ahora. Liz, que estudia diseño de interfaces y experiencia digital, propone Chrono Cross, por su complejidad, porque combina jugosamente las narrativas de otros juegos clásicos, y por lo abierta de su estructura. Las decisiones y acciones que adoptes para tu personaje al inicio del juego determinan grandes diferencias en su destino. Es decir, así un poco, como la vida.

Ha sido larga la pandemia. Al comenzar a asomarnos al mundo de afuera, poniendo el piecito en la calle por primera vez en meses, todo resulta extraño. Zoom nos torturaba al forzarnos a mirar nuestra propia imagen, sacrificándola al altar de la autocrítica. Ahora salimos a la calle y nos asalta un impulso reflexivo de verificar como nos vemos en la pantalla. No sabemos como interpretar esos entes en movimiento que ayer eran botones en zoom, ni como anticipar la velocidad de los otros viajeros y vehículos en el pavimento. Como Chuang Tzu, que al despertar se preguntaba si era un hombre que había soñado ser mariposa, o una mariposa que estaba soñando ser hombre, dudamos hoy si la vida no es más que tremendo juego de pantalla, o si es el juego el que se imita a la vida.