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Cuentos de Ana María Rúa*

 

Trivia

Un día como hoy, 11 de octubre, a horas de haber muerto Edith Piaf, caía Jean Cocteau, agarrándose el miocardio, llorando la pérdida de su amiga.

Las últimas palabras de Picasso fueron dirigidas a su médico de cabecera, exhortándole a que se casara.

Mientras sus amigos se volcaban en intentos torpes por revivir a River Phoenix poco después de que se desplomara frente a ellos, yo miraba al bajista de una banda de rock universitario que se levantaba de mi cama para ir al baño.  Al verlo tropezar en piel torpe por entre los obstáculos de libros y botas, yo recordaba, divertida, que las petites mortes no siempre satisfacen.  Nunca le reclamé al bajista por incumplimiento.  Hice esta conexión entre muertes pequeñas al otro día, cuando me enteré de lo de River, y sentí algo parecido al cansancio.

Atila, líder de los hunos, murió en pleno acto sexual.

Shakespeare y Cervantes murieron el mismo día, de acuerdo con sus respectivos calendarios.  En realidad, como todos saben, no fue el mismo día, dada la diferencia entre el calendario gregoriano y el juliano, pero es un bonito dato curioso.

José Santos Chocano murió baleado en un tranvía en Chile.  Nunca se supo a qué venganza respondía su muerte: la de uno de sus enemigos literarios, la de algún pariente del periodista que él, a su vez, había matado a tiros, o la de alguna despechada que no pudo olvidar sus infidelidades.

Cao Xueqin, autor de la gran novela china El sueño de la cámara roja, murió de viejo, y Jean Harlow murió de septicemia.  Mae West también murió de vieja.

A Julio César lo apuñalaron sus amigos.

Enrique II de Francia murió atravesado por una lanza, como resultado de una justa que no acabó como se esperaba.  La lanza penetró el ojo del rey y lo liquidó en el acto.  Georges Bataille, autor de La historia del ojo, sentía ternura hacia todo tipo de orbes (huevos, ojos, testículos), en especial por las bolas que flotan en líquidos varios, en baños continuos.  Bataille murió de viejo, o quizás de algún cáncer.

Ya todos saben cómo murió Isadora Duncan.

Luis Espasa Escayola, de la editorial Espasa-Calpe, murió relativamente joven, en plena edad productiva.  Otras editoriales han contado con fundadores y herederos que mueren con demasiados años y poca producción, pero ninguno de estos casos me viene a la mente.  Algunos, seguramente, han muerto en sus sillas.

Mi hijo murió dentro de mí, y yo no me di cuenta.

Lord Darnley, segundo esposo de María Estuardo, murió ahogado, supuestamente a manos de Lord Bothwell, quien se sirvió de una almohada o paño para llevar a cabo su misión sin dejar marcas de estrangulamiento.  Su cuerpo fue encontrado, naturalmente, frente al palacio, en el jardín.  No sé su fecha de muerte, pero sí recuerdo la de Huldrych Zwingli, que murió en la muy pintoresca Suiza, un día como hoy, 11 de octubre.

Histrión

Miró hacia las filas ralas de un público que ahora le parecía extraño, y se esforzó por recordar sus líneas.  Pausó con ademán solemne, como solía hacer cuando quería surtir más efecto o cuando, como en esta ocasión, olvidaba lo que iba a decir, y trató de atar su mirada a la de algún espectador.  Este truco de miradas atadas, de hipnosis mutua, ya no le funcionaba.  La verdad era que el teatro, su Teatro, había cambiado.  No estaba seguro de cuándo había comenzado el deterioro, pero su gesta ya no era la misma.  ¿Era culpa del público, antes ávido, sediento, dinámico, generoso y listo para sudar la catarsis más estremecedora, pero ahora idiotizado, resistente, muerto en vida, presente sólo en cuerpos que trataban de disimular bostezos que lo herían más de lo que quería reconocer?  ¿O era él quien quizás había perdido el vigor y la pasión de la juventud, que ya no tomaba los riesgos de antes, que tal vez ya no era buen actor?

Le parecía que había dedicado su vida entera al teatro.  Desde el despertar de su propia conciencia de espectador, cuando era niño y se sentaba en esas mismas filas de ese mismo espacio que para él era casi sagrado, supo que su destino era actuar, que la vida sólo se podría entender desde las tablas, y que consagraría la suya al escenario y a todo lo que éste abarcaba.  De joven había leído y releído, voraz y aturdido, una copia furtiva de Hacia un teatro pobre.  Desde entonces se empeñó en seguir la trayectoria de Grotowski, a quien por fin tuvo el honor de conocer en California, en un homenaje que le hicieran al director para culminar una retrospectiva de su obra.  Éste era su ídolo, el máximo exponente del teatro puro, despojado de telas y trucos y de esa separación entre actor y público que tanto había corrompido el género.  Un género que alimentaba desde la desnudez.

Y es que la carne que este teatro devoraba y servía a su público en un rito cíclico era la ficción.  Ante todo, el teatro tenía que celebrar la ficción, que a su vez debía reflejar el genuino sentir humano en todos sus extremos de dolor y éxtasis.  Había tratado de seguir esta regla fielmente en cada una de sus representaciones.  Pero a veces los textos con que tenía que trabajar se quedaban cortos: no eran, en su opinión, suficientemente puros.  El eterno problema de estos dramaturgos, se decía con resignación.

El único actor del patio que admiraba era Teófilo Torres, quien parecía acercarse a este credo con su abnegación absoluta y entrega total al teatro, libre de pretensiones y tramoyas.  El cuerpo del actor poseía todo lo necesario para una representación plena y catártica.  Teófilo entendía esto, pero también hacía algo que Grotowski no había explorado tanto: el monólogo.  Gracias a Teófilo se dio cuenta de que la ficción ajena no era el único medio del actor, y que podía transmitir sus propios pensamientos a través del Gesto, provocando y moldeando los de otros.  Saber que esto era posible le proporcionaba un profundo júbilo, lo llenaba de placer, lo emborrachaba más que el vino que tenía la costumbre de tomar en cada una de sus representaciones.

Un instante después de fallar en su intento de atar miradas, recordó las próximas líneas de su monólogo.  Miró a la señora Ibáñez, que había sido su seguidora incondicional por tantos años, y que ahora cabeceaba, medio dormida, y luego vio a un muchachito sentado en la tercera fila, cuyos padres seguramente habían arrastrado a la función, conectado a su aparato electrónico, muerto en vida él también, idiotizado.  Esta gente entraba y salía de aquí como una manada de reses, marchando a ciegas hacia sus asientos, levantándose al terminar la última escena sin dar indicios de que ésta los hubiera transformado, porque (y esto sólo lo comenzaba a aceptar ahora) la verdad era que nada los transformaba.

Los músculos de esta gente nunca lograrían lo que los de él, el Actor, podían hacer.  Veía sus manos, las falanges ya un poco artríticas, que tanto se habían retorcido con gusto dramático, los tendones que tantas imágenes habían forjado.  Quizás era hora de dejar todo esto atrás, de jubilarse, de volver a ser espectador.  La ficción –su mensaje monologado— y su cuerpo –el vehículo por el que se entregaba completamente a su público— ya no eran apreciados en este claustro.  Este rebaño no entendía que el teatro era todo, y que todo era teatro.

Paró en seco y echó un último vistazo a su público.  Luego se acomodó el alzacuello de la sotana y salió por la derecha rumbo a la sacristía.

De Neural, ha publicarse muy pronto.

Cuba bajo ataque de la guerra híbrida

 

Especial para En Rojo

Cuando se aterriza en el aeropuerto de La Habana, lo primero que se ve es un enorme cartel que dice: Bienvenido a Cuba, primer territorio libre de las Américas. Antes de la pandemia, millones de visitantes pasaban por Cuba para disfrutar de la belleza de la naturaleza, la calidez de las aguas del Caribe y el encanto de su pueblo. Todos pueden ver el nivel de vida sobrio de la gente, pero nadie encuentra un solo niño abandonado en la calle. Nadie vive en Cuba sin asistencia sanitaria gratuita y el nivel de educación para todos hace del cubano uno de los pueblos más cultos del mundo.

Esto no significa que el país sea un paraíso y no tenga problemas, o que el gobierno no tenga deficiencias. Hay críticas a la burocracia de algunas instituciones. Escritores y artistas siempre piden mayor libertad de creación. En tiempos más recientes, al menos en parte, estas cuestiones están siendo tratadas. Quien lee el gran escritor Leonardo Padura y sigue las aventuras del detective Mario Conde, sabe que el es siempre muy crítico frente a las instituciones de su país. Pero, la libertad y calidad de vida de los cubanos tienen un precio alto: el imperio más poderoso del mundo no se conforma con ser vencido, durante más de 60 años, por el heroísmo de un pueblo pequeño y pobre. Durante todas esas décadas, el gobierno estadounidense han hecho todo lo posible para impedir que el pueblo cubano mantenga el gobierno que más le conviene. El bloqueo económico, impuesto por Washington y condenado varias veces por la ONU, sigue duro. Sin embargo, el pueblo no se rinde. Desde el comienzo de la pandemia, el bloqueo no permite que medicamentos básicos para la población lleguen a Cuba y a Venezuela. A pesar de ello, Cuba ha desarrollado vacunas y no sólo se ocupa de su pueblo, sino que realiza misiones solidarias en todo el mundo.

Sin embargo, en este momento, la llamada Guerra Híbrida es aún más peligrosa. Mercenarios cubanos son usados para provocar disturbios y la prensa publica que hay rebelión popular. En el domingo 11 de julio hubo un primer ensayo. Las manifestaciones se organizaron para explotar al mismo tiempo en varias ciudades. El Presidente de la República abrió diálogo directo con los manifestantes. Reconoció la precariedad de los servicios eléctricos. Habló de las dificultades económicas que atraviesa el país, sin el turismo que tenía antes de la pandemia y bajo el feroz peso del bloqueo internacional que intenta estrangular la economía del país.

Como en los otros años, en este 26 de julio, el pueblo cubano recuerda el ataque del joven Fidel Castro y sus compañeros al cuartel Moncada en 1953; acontecimiento que dio inicio à la revolución liberadora.

Hoy, para toda la América Latina, la resistencia cubana es aún más heroica. Parece nueva y creativa toma de un cuartel más feroz que Moncada.

Para las personas que unen su fe a la vida y al proyecto de un mundo más justo, la solidaridad con el pueblo cubano, con Venezuela y todos los pueblos del mundo, atacados por el imperio es cuestión de espiritualidad y camino de fe.

Reflexiones: el PPD en la década del 1990 ¿es posible un novísimo pacto en el neoliberalismo?

 

¿Cuál era la situación del PPD en la década de 1990? ¿Podría una organización producto y reflejo del orden de la Guerra Fría elaborar ajustes que le permitieran sobrevivir como una alternativa real en la pos-Guerra Fría? La pregunta también puede ser formulada de otro modo. ¿Podría una organización cuyo prestigio se había levantado en el novotratismo, el liberalismo de posguerra y la estatalización elaborar ajustes que le permitieran sobrevivir como una alternativa real en la era del neoliberalismo? El hecho de que en 2012 el PPD obtuviese una victoria electoral con un candidato cuya simpatía excedía sus capacidades para el puesto, Alejandro García Padilla (1971- ) parece sugerir que sí. Es cierto que la tesitura ideológica de García Padilla se apoyaba en la retórica y la praxis neoliberal. De un modo u otro, los candidatos simpáticos considerados incapaces y adictos a la ola neoliberal también tuvieron su turno en el PNP con Ricardo Rosselló Nevares (1979- ) en 2016, asunto sobre el cual volveré en otro momento.

El problema de las posibilidades del PPD en la década de 1990 es un asunto que no puede reducirse a una u otra victoria electoral. El bipartidismo que impregnaba la praxis electoral colonial desde 1968 no dejaba mucho margen para el juego. El candidato a la gobernación del PPD o el PNP que se postulase, independientemente de su capacidad, obtendría la gobernación. La metáfora de la kakistocracia, formulada tan certeramente por el sociólogo Emilio Pantojas García, sugería que aquel sistema cerrado que recordaba los turnos entre liberales y conservadores de la política española de fines del siglo 19, no daba para mucho: unas veces se imponía el “malo” y otras el “peor”. Los comicios se habían convertido en una parodia y en un callejón sin salida.

¿Una crisis de liderato? Dónde están los caudillos populares convincentes…

Un problema no discutido a profundidad es que, aparte de Calderón Serra y Acevedo Vilá, el PPD no tenía ninguna figura vigorosa y atractiva para oponerle a Rosselló González en la década de 1990. No se trata de que no tuviese personalidades inteligentes y organizadas para la tarea. Los juristas e intelectuales Héctor Luis Acevedo, especialista en cuestiones electorales, y Eudaldo Báez Galib, interesado en el problema de la soberanía posible en el marco del estadolibrismo, por ejemplo, cumplían con ese criterio de profundidad que los podían convertir en una alternativa viable. Sin embargo, no poseían las condiciones mercadeables del top model político que, por otra parte, ya estaban abandonando a Rosselló González.

En aquella década el liderato popular se caracterizó por su opacidad, un mal que le persigue hasta el presente. Muñoz Mendoza, la candidata en 1992 a quien se le reconocía como soberanista, renunció a la presidencia en 1993 tras la derrota eleccionaria. El profesor Acevedo, un intelectual probado de tendencias también soberanistas, tomó las riendas de la organización y cargó con la derrota en 1996. La vieja política abrió paso a una nueva política para la cual el liderato popular no estaba entrenado. En el proceso electoral de 1996 parecía imposible derrotar a Rosselló González. Los populares tuvieron que recurrir a su único mito vivo para apelar al electorado. En octubre de 1996, Roberto Sánchez Villela (1913-1997), olvidadas las rencillas con Muñoz Marín y el papel clave que cumplió en la primera derrota electoral del PPD en 1968, abandonó el ostracismo para llamar públicamente a que se votase contra Rosselló González. La gestión no tuvo el éxito esperado. Todo parecía indicar que los iconos del Puerto Rico moderno habían perdido su poder de convocatoria.

No solo eso. La aceleración del cambio material que caracterizó la década de 1990 puso en duda la legitimidad del ELA con argumentos análogos a los que habían esgrimido sus opositores, dentro y fuera del PPD, en las décadas de 1950 y 1960. En 1994, el teórico y abogado de tendencia soberanista Marco A. Rigau Jiménez (1946- ), afirmó que el ELA carecía de plena dignidad política y que tampoco garantizaba una forma de unión permanente con Estados Unidos. Con ello ponía en entredicho dos de los pilares de la teoría muñocista formulados en el punto álgido de la Guerra Fría. Miguel Hernández Agosto (1927-2016), otro de los líderes más respetados y tradicionales de la organización, se ocupó de responder el señalamiento desde una postura moderada. Su argumento era que, de ser así, Estados Unidos habría engañado a todo el mundo civilizado en 1952. La figura retórica de que el ELA no podía ser un artificio porque Estados Unidos no era capaz de tamaño fraude se reiteró de diversos modos desde entonces. La presunción de la “inocencia americana” estaba bien enraizada en ciertos sectores de la clase política en la colonia.

En términos generales, la situación redundó en el hecho de que los valores del “centro” o de la “tercera vía”, que habían marcado históricamente al PPD desde 1938, perdieran confiabilidad. En el marco del novotratismo los reclamos de la “tercera vía” condujeron al partido a convertirse en una suerte de “izquierda” estatalizadora confiable para los demócratas. En el marco del neoliberalismo, los afanes centristas los conducirían en la dirección opuesta. En ambos casos el PPD actuaría como traductor de la voluntad del poder estadounidense y cumpliría una función colaboracionista y políticamente moderadora.

Lo cierto es que el PPD nunca ha sido, como tampoco lo han sido el PNP o el PIP, una organización ideológicamente homogénea. Las organizaciones de masas como aquellas me recuerdan la pesadilla de una hidra policéfala y venenosa llena de irregularidades. Las fisuras dentro del PPD animaron la pugna entre los moderados y los soberanistas de todos los calibres: hay muchas formas de ser una cosa o la otra, por cierto. La consulta plebiscitaria de 1998, en lugar de subsanarlas, las profundizó. Un elemento interesante de aquel evento fue que abrió las puertas para un liderato nuevo. Pero las figuras que ocuparon los espacios vacantes, a pesar del despertar soberanista, se caracterizaron por su prudencia ideológica.

El resultado neto del plebiscito fue desorientador y confuso. Ello, combinado con el ascenso de los populares moderados a la cúpula organizativa, hecho que puso en “compás de espera” el tema estatutario hasta el 2012, operó como otra manifestación de la polimorfa “vuelta de la esquina” de Muñoz Marín en su momento. En 2016 el poder colonial correspondió otra vez al PNP, entonces bajo la férula de un liderato republicano comprometido con el neoliberalismo encabezado por Luis Fortuño Burset (1960- ) y Jennifer González Colón (1976- ). A ellos correspondió reanimar la discusión del estatus en un medio republicano adverso a la estadidad para Puerto Rico, con los resultados que con posterioridad discutiré. Entre 1998 y 2012 el PPD, por su parte, no fue capaz de reformular un ELA que se ajustara a los paradigmas del neoliberalismo, por lo que actuó cada vez con más cuidado, aprensión y escrúpulos cuando se trataba de imaginar el ELA.

¿Qué pasó con el estatus después del 2000?

El triunfo de Calderón Serra en las elecciones de 2000 garantizó la tregua y la inacción en el renglón del estatus. Para la gobernadora, en otro bien pensado retorno muñocista, la prioridad era pensar en los pobres y la justicia social identificados en aquel momento como comunidades especiales. El candidato del PNP, el ingeniero civil Carlos I. Pesquera (1956- ) una figura nueva vinculada al rossellato que aspiraba retornar a la política en 2016; y Berríos Martínez (PIP), un símbolo del continuismo y del independentismo que se había transformado en una suerte de “nueva vieja guardia” pipiola, fueron sus opositores. El compañero de papeleta de Calderón Serra fue Acevedo Vilá, candidato a la comisaría en Washington y abogado, con quien la candidata tenía desavenencias ideológicas. De hecho Calderón Serra, una ideóloga conservadora, prefería para esa posición a José A. Hernández Mayoral, abogado e hijo del caudillo de Ponce y un respetado ideólogo conservador que había profundizado en las posturas filosóficas y políticas de su padre.

Las afinidades entre Calderón Serra y Hernández Mayoral eran muchas. Los dos provenían de importantes familias de la burguesía puertorriqueña exitosa y concordaban en que el problema de estatus estaba resuelto desde 1952. Si la estadidad era imposible y la independencia un potencial desastre, tal y como había afirmado Hernández Colón en su “Nueva Tesis” de 1979, trabajar en el marco de las relaciones existentes era lo más pragmático. El pragmatismo calculado aseguraría cualquier victoria electoral futura. Aquella reflexión de Hernández Colón podría ser interpretada como la aceptación tácita de fracaso del ELA como eslabón en el camino de la liberación ideado por Muñoz Marín en la época romántica del PPD. La actitud, por otro lado, cerraba las puertas a un debate con los soberanistas. Para los moderados las fisuras sobre las que llamaba la atención aquel sector eran peccata minuta: lo que el ELA necesitaba era algunas reformas cosméticas y seguiría siendo funcional como un sistema de relaciones permanente.

Calderón Serra encarnaba a los sectores moderados de la burguesía industrial vinculados al capital local desarrollado después de la Segunda Guerra Mundial. Su padre era dueño Payco Ice Cream Corporation y de Calderón Enterprises, había sido miembro de la Junta de Directores del Puerto Rico Sheraton Hotel y de la del Banco Popular de Puerto Rico. Calderón Serra proyectaba muy bien el modelo del “burgués exitoso”, valor que combinado con el hecho de que fuese una mujer que había triunfado en un mundo dominado por hombres y patriarcas por el hecho de que había sido la primera Secretaria de Estado del país en 1988, aumentaban su atractivo. Su acceso a la gobernación sería la culminación de una carrera pública extraordinaria. Es interesante que su condición de persona privilegiada no minara la simpatía que su imagen producía en el ciudadano común, tal y como había sucedido con Ferré Aguayo cuando accedió al poder en 1968. La opinión pública la interpretó como una mujer pionera y un símbolo legítimo de hasta dónde podían llegar las reivindicaciones femeninas incluso en un país tan tradicional como Puerto Rico.

Una virtud de Calderón Serra era que su imagen de mujer burguesa con gustos aristocráticos proyectaba cierto balance entre modernidad y tradición aprovechable para su imagen de medios. Aquella figura contrastaba con la caricatura del “político vociferante” que había proliferado durante la década de 1990. El lema de su campaña, a saber, “Un gobierno limpio”, así como su formalidad, civilidad y distinción no actuadas, contrastaban con el perfil desgastado y el lenguaje neopopulista urbano agresivo de Rosselló González. Aparte de ello, como ya se ha señalado en otro momento, su función protagónica en la articulación de la campaña de la “Quinta Columna” durante la consulta de 1998, la convirtió en la figura idónea para ganar los comicios.

El vuelco que imprimió Calderón Serra al asunto del estatus tras la consulta tuvo, sin embargo, efectos discordantes. La funcionaria revivió el tema de la “Asamblea Constituyente” como método para enfrentar el estatus. El tema de la cuestión táctica fue introducido por Acevedo Vilá, Comisionado Residente en Washington en 2001. Hablar el lenguaje histórico de la “Asamblea Constituyente” debía favorecer una convergencia con los sectores anticoloniales que no eran populares: me refiero a aquellos que en Puerto Rico se identificaban como socialdemócratas, socialistas y nacionalistas.

La contradicción radicaba en una cuestión retórica que podía tener efectos incómodos. La gobernadora hablaba de una “Asamblea Constitucional de Estatus” y, para algunos observadores, ello no equivalía a una “Asamblea Constituyente” descolonizadora. No me parece necesario recordar, esta es una ironía bien calculada, que fue en una asamblea constitucional observada mundialmente que se había creado el Estado Libre Asociado entre 1950 y 1952. Estas estructuras jurídicas no eran inmunes al manejo de las fuerzas políticas y económicas que las rodean y las exceden.

Una “Asamblea Constitucional de Estatus” ofrecía un abanico de posibilidades capaz de complacer al más moderado de los populares. Técnicamente podía ser percibida como una mera revisión de la relación Puerto Rico y Estados Unidos dentro del marco del Estado Libre Asociado con el fin de preservar esa estructura pero mejorada. Esa y no otra había sido la meta de Muñoz Marín y el cardiólogo y funcionario Antonio Fernós Isern (1895-1974) en 1959. Los nuevos espacios de soberanía no tenían qué lesionar la soberanía del otro porque, al fin y al cabo, no sustraerían a la posesión de la cláusula territorial. Una actitud de ese tipo, bien ejecutada, podía convertirse en una tabla de salvación para el ELA, una barcaza a la deriva en las aguas del océano neoliberal. Lo cierto es que la idea de un “ELA (más) soberano” resultaba jurídicamente absurda para muchos observadores en el 2001.

Una “Asamblea Constituyente” o “Asamblea Constitucional de Estatus” implicaba el retorno hipotético al cero, a la tabula rasa o al vacío para, desde ese lugar y campo de acción, inventar otra vez la relación con Estados Unidos sin fisuras o fracturas colonialistas. Con ello se intentaba hacer posible lo que no había ocurrido entre 1950 y 1952. La legitimidad de ello dependía de que la decisión se tomase desde la utopía, es decir, desde la soberanía teórica y libre de toda coacción extraña. En Puerto Rico, sin embargo ese tipo de conceptualización que sugería decidir desde la “soberanía teórica” levantaba y levanta miedos atávicos que se relacionan con el espantajo de la independencia. El lenguaje político de aquel liderato popular corroboraba el principio de que era más fácil ser un demagogo que un intérprete. Además, el hecho de que la lógica de la “Asamblea Constituyente” o “Asamblea Constitucional de Estatus” hubiesen sido promovida por juristas radicales, Albizu Campos y Mari Brás, no favorecía al mismo. Todo ello condujo al clima de confusión que se adueñó del tema del estatus durante el cuatrienio de 2001 al 2004.

 

COVID-19 “Los datos hay que contextualizarlos”

 

ccotto@claridadpuertorico.ccom

Según la página en internet del Departamento de Salud (DS), para final de la tercera semana de julio, el total de casos acumulados de COVID-19 eran 123,775; de estos, 136,519 eran casos acumulados y 2,500 eran muertes.

Pero para el director ejecutivo de la de la Coalición de Salud Comunitaria (COSACO), Danilo Trinidad Pérez Rivera, lo que se está viendo en esa página del DS para nada es la realidad.  “Si yo te digo que hoy hubo 100 casos, ¿qué información te estoy dando?, muy poca, porque el dato en el vacío no es información. Los datos hay que contextualizarlos, los datos son solo datos”.

Pérez Rivera se refiere a las consecuencias del desmantelamiento del sistema de rastreo del COVID-19 a nivel central, del Departamento de Salud (DS). Aclaró  que los sistemas municipales de rastreo continúan e incluso hay municipios con sistemas ejemplares. No obstante, puntualizó que “lo que queda allá arriba, lo que hay, son contratos que se otorgaron, pero servicios que no se prestan”.

El desmantelamiento del sistema de rastreo a nivel central significa que las estadísticas que se muestran en el dashboard del DS sobre el curso de la pandemia no es la realidad. El equipo a nivel central lo que genera es una serie de estadísticas descriptivas que son generadas por los laboratorios clínicos. “Lo que hacen a nivel central es contar los palitos y ponerles las cruces. Ese trabajo lo hace realmente el laboratorio clínico, que está adcrito al bioportal y asegura la transferencia de los datos”. Esa es la información que luego el DS ofrece en comunicados de prensa.

El director ejecutivo de COSACO, que fue uno de los primeros en trabajar en el sistema de rastreo del DS, trajo a la atención que el dashboard tiene un poco más de 50 variables que no se almacenan de manera longitudinal y de las que no hay informe. Subrayó que el equipo de rastreo al cual pertenecía lo que hacía era acumular estas estadísticas para ir proyectando lo que son las tendencias, la trayectoria, que es lo que realmente informa el estatus de la pandemia.

Al recalcar que lo que se está viendo en esa página del DS no es real, puso por ejemplo el que Salud no ha comunicado que hay una baja en pruebas y se están haciendo menos de 3 mil pruebas diarias, cuando se pudieran estar haciendo 10 mil.

“O sea, hemos reducido a una décima parte las pruebas realizadas. Eso no se le ha transparentado al País. Eso, definitivo, es peligroso porque eso es bajar la guardia. Hemos apostado a una vacunación, y agradezco que el DS haya decidido por fin utilizar una estrategia de incentivos que invierta en las personas que se vacunen para poder dar este último trecho. Debieron haberlo hecho dese el principio. Sin embargo, ese no es el único frente al cual tenemos que apostar, tenemos que seguir apostando a las buenas prácticas de higiene y tenemos que seguir apostando a las pruebas de discernimiento porque, si no, estamos volando sin radar”.

Puntualizó que las pruebas realizadas son lo que permiten realmente caracterizar qué es lo que está pasando, ya que si no hay pruebas, no se detectan casos. La falta de pruebas ofrece una falsa impresión de que la epidemia está pasando y que se acabó. Pérez Rivera expresó que el mensaje que tiene la gente en este momento es que la pandemia se acabó, y eso es preocupante.

El químico cuestionó que más allá del beneficio de los palitos que Salud cuenta, cuál es el esfuerzo de vigilancia genómica que está haciendo el DS.

“Cuando el DS dice hemos detectado tal variante, realmente el DS la detectó o se dieron cuenta de que Fabiola Cruz López dijo en Twitter que vio en una base de datos que hay tal muestra, porque eso fue lo que ocurrió, y a mí me da bochorno decir que mi agencia se gobierna desde Twitter”.

Pérez Rivera desmintió que el DS esté realizando un trabajo de vigilancia genómica. Agregó que era bien preocupante que se tengan recursos internacionales invirtiendo en secuencial de los genes de las muestras que se colectan en Puerto Rico y que el DS no acepte que en efecto son personas externas que están invirtiendo en este esfuerzo, lo cual ofrece muchas oportunidades para la clase salubrista del país.

Especificó que la doctora Fabiola Cruz, quien montó y dirigió el programa de rastreo, primero en el municipio de Villalba y luego el del DS, ahora labora en la Universidad Central del Caribe en un proyecto de vigilancia genómica. La información que recogen es compartida con la Universidad de Yale, en Connecticut y luego se entra a la base de datos internacional GISAID.

Una consecuencia de la falta de rastreo es que puede incidir en la no identificación de las variantes del COVID y, más que la falta de rastreo, cuando el rastreo municipal tiene una muestra de una variante, no hay manera de secuenciarla porque no hay con quién en el DS. Pérez Rivera señaló que los equipos de rastreo municipales, que en su momento fueron 78, todos están entrenados. Ahora, quién consolida esos esfuerzos, quién los dirige y quién logra suplir una infraestructura donde no tan solo sea atender su municipio, sino defender  el frente de lo que es el archipiélago de Puerto Rico “eso es lo que falta en estos momentos”.

Si no hay pruebas, no se identifican las variantes

Respecto a la importancia de hacer las pruebas, el químico describió que la dinámica de transmisión del COVID es que siempre está mutando. Comparó que antes se hablaba del dengue 1, 2, 3. “Hay  que imaginarse eso, pero super acelerado porque el COVID tiene lo que le llaman un corrector que controla las mutaciones, pero también tiene lo que le llama temp switch, una recombinación. El COVID es bien activo y comparado con otros virus tiene una mutación rápida que si no se rastrea nos podemos perder. Pero,  además de que está mutando, ya el COVID viejo se murió. Ahora mismo, la cepa dominante es la cepa Alfa, la británica que llegó a Puerto Rico a eso de noviembre, y eso lo confirmamos, pero no llegó a un brote de dominar el contagio comunitario hasta abril. Ahí entonces pasa el famoso cambio”. Fue en abril que el secretario de salud, Carlos Mellado eliminó el sistema de rastreo del DS.

Prosiguió con que el tiempo ha pasado y el COVID  ancestral ya no existe en la transmisión comunitaria en la isla. Advirtió que la gran mayoría de las secuencias de COVID que salen  van a salir emparentadas con la cepa británica. Ahora, poco a poco, a la isla ha llegado una nueva cepa, la Delta, e incluso la Gama y Lambda. El director ejecutivo de COSACO indicó que la variante Delta ha recibido mucha atención porque surge en la India: “Llega a Inglaterra y se queda con el canto”. Las variantes Gama y Lambda son latinoamericanas. Dijo que a éstas les tienen terror en Brasil, Perú y Colombia. “Nuestros hermanos latinoamericanos ya nos han hablado de cómo está eso en la zona”.

Pérez Rivera expresó que dentro de la comunidad de científicos computacionales a la que pertenece tienen una pequeña apuesta “y yo soy bien contracorriente en decir que no me preocupa tanto Delta, me preocupa más Lambda y Gama”. A su juicio, occidente, en particular Estados Unidos, está ignorando lo que pasa en Latinoamérica.

“Puerto Rico no puede caer en esa postura y tiene que estar pendiente a esas variantes porque son de nuestro patio. Estados Unidos fue ejemplar en el peor manejo de la pandemia; pero Estados Unidos no aprende y tiene 27 estados ahora mismo en repunte porque no se han querido vacunar. Tenemos muchas  lecciones que aprender utilizando el mundo como espejo para poder hacer introspecciones”.

En esa línea, reparó en que las pandemias no acaban, eso no existe. Por ejemplo, el HIV sigue siendo un gran reto, se tienen temporadas de epidemia y el tratamiento sigue siendo caro.

Respecto al trabajo de COSACO destacó que quieren subrayar la importancia de estudiar y poner en contexto cultural la pandemia y que el pueblo entienda que la salud es responsabilidad de todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuba no está sola

 

Hoy, en homenaje al natalicio de uno de nuestros héroes nacionales más amados, y que siempre luchó también por la Revolución Cubana, comienzo este escrito con sus palabras:

«Se llega más rápido a la meta de pie, que de rodillas». 

Rafael Cancel Miranda

Dijo Galeano sobre la Revolución Cubana, algo así como «a mis amigos, la crítica, de frente. A sus espaldas, sólo elogios». 

 

Como hermanos latinoamericanos que somos, podemos diferir, disentir, discutir e incluso criticar el proceso revolucionario cubano. Lo que no podemos es prestarnos para ignorar que, en su inmensa mayoría, las oprobiosas dificultades de ese proceso son causa de un bloqueo criminal, genocida, de 60 años, que no tiene paralelo, no ya en la historia moderna, ¡en ninguna parte de la historia de la humanidad! Bloqueo prohibido en tiempos de paz contra una población civil, que viola el Derecho Internacional, y que ya ha costado muchas vidas e inconmensurable sufrimiento a ese heroico pueblo. Por esas razones, no podemos y NUNCA, NUNCA, nos prestaremos para ser parte de la guerra mediática terrorista del imperialismo contra Cuba, la segunda fase del Plan Cóndor, que por desgracia, todos conocemos, ni para que cualquier posible diferencia se use para apoyar actos vandálicos contra los bienes y recursos de su pueblo. Menos aún, prestarnos para ser cómplices de la gestión de la derecha cubana de Miami o peor todavía, de una invasión yanqui a su territorio.

En Puerto Rico conocemos muy bien a la gusanera, la misma que durante décadas llevó a cabo actos terroristas contra el movimiento independentista en unión a las agencias de inteligencia yanquis y su implantación del programa COINTELPRO en nuestro suelo, que incluyó asesinatos de militantes y activistas, uno de los más queridos y recordados, Carlos Muñiz Varela, cubano-boricua.

Y por supuesto, en nuestra Patria conocemos muy bien al invasor, el mismo que mantiene una ocupación militar y un estado colonial desde 1898, que nos ha costado varias generaciones de prisioneros políticos en sus mazmorras DURANTE DÉCADAS, sometidos a las peores torturas y experimentación, a genocidas experimentos contra nuestra población y naturaleza, mucha persecución y sangre, y el mismo que desde entonces, ha utilizado nuestro territorio como base para lanzar invasiones contra pueblos hermanos.

Por eso, honramos la historia común de lucha libertaria de Cuba y Puerto Rico y NO, NO NOS CONFUNDIREMOS JAMÁS, y en momentos de ataque contra Cuba, ¡cerramos filas con Cuba!

Y para terminar, desde Puerto Rico, la otra ala del pájaro, y junto al mundo entero, exigimos:

¡BASTA YA DEL BLOQUEO GENOCIDA CONTRA  CUBA!

¡CUBA NO ESTÁ SOLA!  ¡VIVA EL HEROICO PUEBLO CUBANO, SU DIRIGENCIA Y SU REVOLUCIÓN!

¡PATRIA O MUERTE,  VENCEREMOS!