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𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗺𝗶𝗼𝗽𝗲𝘀

Especial para En Rojo

 

 

Boté mis espejuelos en el mar Cantábrico. La tarde extendida de las ocho, a finales de junio, y el clima agradable de Santander hicieron que me olvidara de que son las playas de Puerto Rico las que prefiero; pero llevaba tiempo sin tener contacto con el mar, así que me zumbé sin pensarlo.

Al salir del agua, me senté sobre la arena y, luego de varios minutos, decidí ponerme “las gafas”, que, en mi caso, siempre habían sido lunetas de esas que se superponen a los espejue… “¡Adiós, carajo, ¿y mis espejue…?! ¡Ay, no me digas que me tiré al agua con ellos!” Y salí corriendo como un loco hacia la orilla y, ya con el agua llegándome hasta las rodillas, me incliné a ver si con la poca visión que tenía, ayudado por lo transparentes y calmadas que estaban las aguas, podía dar con ellos. El chapuzón de hacía un rato había sido en lo llanito, así que más o menos por tres cuartos de hora yo era un siete de carne y hueso desplazándome por todo aquello. Lo único que terminé rescatando fueron las lunetas marrones que súbitamente divisé en el fondo. Lo demás, mis espejuelos, se habían perdido para siempre, a pesar de tener el “yo no me doy por vencido”, de Luis Fonsi, sonando en 𝘳𝘦𝘱𝘦𝘢𝘵 en la cabeza, con todo el optimismo que un sagitariano puede desplegar en estos casos. Un lugareño que me vio en ese predicamento me preguntó que si había perdido algo, y le dije “sí, mis gafas de ver… ¿conoce usted de alguna óptica por aquí cerca?” Me dijo que ya era muy tarde, pero que de seguro, si me apuraba e iba al centro comercial que queda cerca del aeropuerto podrían allí hacer algo por mí; cerraban a las diez, “así que, yo tú, voy ahora mismo”, me dijo. Le di las gracias por sacarme de mi testarudez, y entre buscar mi bulto y ponerme los pantalones y salir a la entrada de la playa, ya estaba yo, ciego como Mr. Magoo, gestionando el Uber que en quince minutos me tiraría en el 𝘮𝘢𝘭𝘭 aquel al que apenas le quedaría una hora para cerrar. Cuando llegué, al verlo todo empañado, me dirigí a una muchacha que estaba en un 𝘣𝘰𝘰𝘵𝘩 y le dije que por favor me dijera dónde estaba la óptica. “Es esta que está aquí detrás”, me dijo señalando el establecimiento que quedaba a menos de quince pies de donde estábamos, así de ciego estoy.

Las dos muchachas que me atendieron abrieron los OjOs cuando les relaté mi infortunio, y me dejaron saber que estaba algo apretado el poder hacerme anteojos graduados con carácter de urgencia. No obstante, me mencionaron que sería posible resolverme con lentillas que pudieran ayudarme con la miopía. Hacía más de un cuarto de siglo que yo no usaba lentes de contacto, y, aunque tengo tanto miopía como astigmatismo, yo lo que necesitaba era continuar mi viaje con cierta normalidad, es decir, poder ver de lejos, dejar de ver la vida empañada. Entonces, pasé a que una de ellas me hiciera el examen: la primera máquina del punto a lo lejos, y luego las consabidas letras. “Este mejor que el otro, déjame ver el anterior, sí, mejor ese…” Cuando, finalmente, ella montó la receta en el marco de prueba, puede ver con alivio los contornos de las cosas que estaban dentro de aquel cuartito y, de repente, me topé con la monoestrellada de azul clarito, que la tenía ella hecha en una de sus uñas. “¡Oye, esa es la bandera de Puerto Rico!”, le dije con una amplia sonrisa. “Sí, es que la semana pasada fui a Madrid ver a Bad Bunny”, y añadió “qué guay” cuando le dije que yo era boricua; también me dijo que el concierto le había gustado mucho.

Ella buscó unas cajitas con el material y me dijo que procediera. Llegó el momento de ponerme los lentes: mis ojos ven de forma muy diferente, así que me recordó que no debía confundir el izquierdo con el derecho. El diminuto 𝘴𝘲𝘶𝘪𝘴𝘩-𝘴𝘲𝘶𝘪𝘴𝘩 del contacto con la córnea fue una sensación que me resultó familiar y me los terminé poniendo sin dificultad. ¡Por fin vi! “Son lentes desechables. Aparte de estos cinco pares de prueba, tienes aquí suministro para treinta días, cada día te colocas un par nuevo”, me dijo. Recordé las bondades de la lubricación en los asuntos ojales, y le pregunté si tenían gotas. “Sí, tenemos estas. Pasa ahora con mi compañera”.

Desde que me senté frente a la primera máquina para hacerme el examen, me estuve mentalmente engrasando el 𝘥𝘦𝘳𝘳𝘪𝘦̀𝘳𝘦. “El sablazo va a llegar”, pensé. Saqué la cartera y respiré profundamente. “Son cincuenta y siete euros: cincuenta y cuatro por los treinta pares, los cinco de prueba son gratuitos, y tres por las gotas”. El examen no forma parte de la factura. Me quedé perplejo por lo acostumbrados que estamos a que nos claven solo con el examen; y, con lo demás, ni pa allá miremos.

Después de todo, fue una experiencia linda, llevaba más de quince años aferrado a aquella montura que se perdió en las aguas del Cantábrico, pero los ejercicios de desapego son necesarios, ya que nos hacen mirar las cosas con ojos frescos

 

La botánica o te muerdo la nariz

 

 

Especial para En Rojo

 

¿Qué encontramos en la botánica? Esto lo supe después de visitar el local de la botánica La Fuente en Barrio Obrero. Solo enumero algunos nombres que he visto también en la Plaza de Mercado de Río Piedras: Ven a mí, Flor de Maga, Derrítete o Para que te derritas,  Agua florida, Tónico de jengibre, Delirio,  Sácala del medio, La magia protectora de Abracadabra,  Miel de amor, por supuesto; Ramas de canela para la persona  amado/a, Semilla para la buena fortuna, Ungüento y leche para  las pupilas, Extracto de pájaro macuá,  Contra el mal de ojo, Combate o revierte maldiciones, Para evitar el engaño (Ya sabes que hacer), Amarrado y clavado, Imán de la suerte, Abrecaminos,  Ternura y vigor, además de líquidos para la limpieza de la casa (La Bomba, por ejemplo); plantas para un baño espiritual, pócimas de todas clases, ofrendas para Eleguá siempre, flores para Yemayá, oraciones a San Lázaro, hechizo para enloquecer de amor a una persona y hechizo para olvidarla, conjuro para conquistar a un hombre (según la preferencia); hechizos y embrujos especiales para proteger a los niños (dar la bendición a todos y hacer la oración a San Beltrán o el Padre nuestro). ¡Orula (San Francisco)! No me olvido del baño de vino y oro ni de tener una estampa o imagen del Divino Niño. Hay collares de distintos colores para iniciarse en el culto santero según el orisha o divinidad a la que le corresponda el amarillo, el rojo, el verde u otro color. La fragancia de algunos ungüentos y pociones me recordó la nariz del famoso soneto de Francisco de Quevedo y su antijudaísmo, pero hay otras narices que han sido amorosamente poetizadas.

Changó Macho baja rápido, me dijo un babalao marxista, admirador de Pierre Verger, fotógrafo francés del siglo XX que retrató los altares religiosos de distintas naciones, particularmente de África, contribuyendo visualmente a la antropología que estudia la afroreligiosidad.  Hay quien cree que esta es fuente de criminales. A eso se enfrentó el jurista cubano Fernando Ortiz cuando comenzó a estudiar a los negros ñáñigos, sin abandonar por completo el eurocentrismo, lo que matizó más tarde el estudioso y farmacéutico Rómulo Lachatañeré, autor de ¡Oh mío, Yemayá!, quien críticó algunas de sus formulaciones sobre las creencias religiosas de origen africano. ¿Puede la anterior enumeración de pócimas y conjuros con nombres poéticos ser dañina o inspirar traiciones, desengaños y maldad profunda, lo que se dice perversidad?

Los creadores de inteligencia artificial, se rumora,   contratan santeros para poder elaborar sus algoritmos, lo que podrá confirmar alguna amorosa y lúdica  nariz que se haya asomado a la botánica.  ¿Quién creó el algoritmo del amor cortés?  ¿Quién el de Don Quijote de la Mancha o el de la novela El amor es una droga dura de Cristina Peri Rossi y el del poema “Piedra de sol” de Octavio Paz del que aquí expongo un fragmento?

Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado más danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo…

 

 

 

Es necesario liberar nuestros sueños

 

Especial para En Rojo

 

En una sociedad en la que todo se resuelve y se piensa, exclusivamente, a partir del cálculo matemático, no hay lugar para los sueños. Según antiguas tradiciones sagradas, al principio fue el sueño y, a través de él, el Espíritu Divino escucha nuestros anhelos más íntimos. El se  comunica con nosotros en las alas del sueño y en el encanto de quienes, incluso en las situaciones más crueles y terribles, no dejan de soñar.

En las sociedades indígenas, aún no contaminadas por la idolatría de lo inmediato, los sueños ocupan un lugar central en la espiritualidad comunitaria y en la propia organización de la vida.

En Brasil, diversos pueblos originarios llaman a su líder espiritual «soñador». Es al soñar y al narrar sus sueños que el padre o madre de la comunidad pueden ayudar a su pueblo a mantenerse unido, a afrontar los retos actuales y a descubrir nuevos caminos.

Varios pueblos originarios de América del Norte elaboran un amuleto llamado «atrapasueños» o «filtro de sueños», objeto sagrado originario del pueblo indígena ojibwe, de la región de los Grandes Lagos, pero que se ha extendido a diversas culturas. Por lo general, consiste en un aro hecho con liana de sauce, o de una planta similar, en el que se teje una red que parece una telaraña. Se cree que esta red funciona como un filtro que protege a las personas de la enfermedad de no soñar y del dolor de las pesadillas y los sueños que provocan miedo. Es como un purificador de los sueños y de las energías humanas.

Parece que nuestra sociedad está muy necesitada de un atrapasueños para seguir en la lucha no violenta por un nuevo mundo necesario y posible.

Aprender a soñar significa mantener el espíritu atento al sueño, incluso cuando el cuerpo duerme. Muchas veces soñamos y ni siquiera logramos recordar lo que soñamos. Cuando nos esforzamos por recordar y describir los sueños que tuvimos, parece que afloran con mayor facilidad. Hay sueños que apresuran el amanecer y otros que se aferran a la noche, como si fuera mejor no despertar. Algunos se alimentan de la memoria y envían luces hacia atrás; otros son premonitorios y miran hacia adelante. Estos pueden ser sueños de quien duerme o de quien está despierto.

Todos y todas nosotros somos compañeros y compañeras de sueño. Más allá de nuestros sueños cotidianos, podemos ayudar a la humanidad a construir un gran sueño colectivo que, según todas las tradiciones espirituales, se corresponde con el sueño divino.

Hay quienes dicen que en este mundo actual, la causa de la justicia eco-social y de la paz está perdida. Sin duda, hemos perdido muchas batallas. En las últimas décadas, las ciencias han logrado avances increíbles. Internet y la llamada inteligencia artificial han facilitado enormemente la comunicación y han hecho posibles cosas que antes eran impensables. Sin embargo, la calidad de vida y la convivencia humana han empeorado mucho.

Muchas veces, nuestra causa parece perdida. De hecho, cuando miramos al mundo e incluso a nuestras iglesias, podemos preguntarnos qué éxito tuvieron aquellos hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a causas que parecían imposibles. Hace más de 60 años, ante multitud inmensa, reunida en el corazón del imperio más poderoso y opresor del mundo, el pastor Martin Luther King afirmó: «Tengo un sueño».

Por ese sueño de ver a todos los seres humanos libres y respetados en su dignidad, el dio su vida. Tantas décadas después, a pesar de los logros legales y jurídicos que Martin-Luther King y sus compañeras y compañeros lograron para el pueblo negro, las desigualdades sociales y la ferocidad del sistema opresor no han hecho más que agravarse para el pueblo negro, indígena y para todos los empobrecidos.

En 1980, en El Salvador, por defender la vida y la dignidad del pueblo empobrecido y marginado del campo y de la ciudad, el obispo Óscar Arnulfo Romero aceptó correr todos los riesgos y, de hecho, fue asesinado.

De hecho, aquella dictadura militar fue derrotada, pero en nuestros días, El Salvador vive una situación política que, en ciertos aspectos, es tan represiva y violenta como lo era en la época de la dictadura militar.

¿Qué éxito tuvo la lucha de los hermanos y hermanas que dieron su vida por una justicia agraria en toda América Latina y Caribe? Quienes hoy vemos a la Madre Tierra agredida y agonizante, y a los gobiernos decididos a seguir con la explotación de la tierra, del agua y de los bienes comunes, podemos preguntarnos si la lucha de tantos hermanos y hermanas, mártires de la justicia ecosocial, fracasó.

¿Cómo es posible que, en todo el mundo, la mayoría de la sociedad civil vote por políticos de derecha que usan el poder para hacer guerras y oprimir a la humanidad que sufre?

¿Cómo explicar que Iglesias que dicen tener su origen en el movimiento profético de Jesús de Nazaret parezcan encerrarse en su idolatría del poder sagrado, en su espiritualidad del sacrificio que legitima la violencia, y se muestren indiferentes ante los caminos suicidas de la sociedad dominante?

A pesar de todo esto, nuestra causa no está perdida porque es la defensa de la justicia y de la paz. Por eso, seguiremos soñando y obedeciendo a nuestros sueños colectivos. El obispo Pedro Casaldáliga afirmaba con convicción: «Perdemos batallas, pero nuestra causa, en sí misma, es invencible». Los indígenas zapatistas del sur de México lo completan: «Somos un ejército de soñadores. Por eso, somos invencibles».

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

La deslumbrante y silenciosa carrera de Emma Thompson-parte 1

 

En Rojo

Hace poco dediqué dos columnas de la página de cine de En Rojo al extraordinario director y actor Kenneth Branagh. Ahora me muevo a la actora que por varios años compartió su vida personal y profesional: Emma Thompson. Su filmografía es admirable por su variedad, su protagonismo, coactuaciones y papeles de reparto. Y en cada instancia, su imagen queda grabada. ¿Quién puede referirse a Love Actually (Richard Curtis 2003) y no referenciar al personaje de Karen cuando descubre que su marido le ha sido infiel mientras escuchamos a Joni Mitchell cantar “Both Sides Now”? ¿Y la escena cuando casi le confiesa a Stevens (Anthony Hopkins) que lo ama en Remains of the Day (James Ivory 1993)? Ya había trabajado con el talentoso trio de James Ivory como director, Ruth Prawer Jhabvala como guionista e Ismail Merchant como productor en el deslumbrante Howards End (1992) basado en la novela de E.M. Foster.

Tan solo en 2025, Emma Thompson protagonizó el filme de bajo presupuesto, Dead Of Winter (Brian Kirk) y la excelente serie “Down Cemetery Road” que debe tener su 2nda temporada este año. Pero esta ganadora de dos Oscares (Mejor guion adaptado en 1996 por Sense and Sensibility y Mejor actora en 1995 por Howards End), BAFTA (1996) y David di Donatello (1993 y 1996) gusta también de elegir papeles de reparto junto a figuras destacadas que pudieran marginar su personaje. Lo que, por supuesto, nunca sucede: In the Name of the Father con Daniel Day Lewis (Jim Sheridan 1993), Last Chance Harvey con Dustin Hoffman (Joel Hopkins 2008), Saving Mr. Banks con Tom Hanks (John Lee Hancock 2013), A Walk Into the Woods con Robert Redford (Ken Kwapis 2015). Tampoco le tiene miedo a verse como la malvada en filmes “de niñxs” como Nancy McPhea (2005 y 2010) y Matilda: the Musical (2022). Y le encanta la competencia de tú a tú con Emma Stone en Cruella (Craig Gillespie 2021). Tres filmes atrevidos por caracterizaciones inesperadas + recientes son: The Children Act (Richard Eyre 2017), Late Night (Nisha Ganatra 2019) y Good Luck to You, Leo Grande (Sophie Hyde 2022).

Incluyo en esta 1era parte mi escrito del hermoso filme Carrington de 1995 donde Emma Thompson protagoniza parte de la vida artística y amorosa de Dora Carrington (1893-1932) y  Last Chance Harvey de 2008.

Rescate del pasado

**Carrington (director y guionista Christopher Hampton; cinematógrafo Denis Lenoir)

A pesar de su título, Carrington tiene como personaje central no a la pintora Dora Carrington, sino al escritor Lytton Strachey (1880-1932). Es la historia de la relación de estas dos personas desde que se conocen en 1915 hasta la muerte por enfermedad de Strachey (Jonathan Pryce) y la muerte voluntaria de Carrington (Emma Thompson). Sin duda la figura más conocida es Strachey, miembro del famoso grupo de artistas modernistas en Londres, Bloomsbury, biógrafo y ensayista que escribió sobre escritores prominentes, la Reina Victoria y la Reina Isabel, utilizando un acercamiento freudiano en un estilo satírico con una gran versatilidad narrativa. Strachey nunca escondió su preferencia sexual y su atractivo por hombres jóvenes. Desde el comienzo de este filme, el escritor se presenta como un hombre refinado, con una educación e inteligencia privilegiada, con una capacidad inagotable de contar anécdotas e ironizar todo lo que esté a su alrededor, y con una increíble capacidad para amar a sus amigos. Mientras Carrington busca definir su sexualidad, Strachey observa desde cerca y establece una unión con esta mujer-amiga y amante platónica quien lo cuidará en sus momentos más críticos y quién nunca lo abandonará.

A pesar de que su centro es Strachey, Carrington es también sobre una mujer, de la cual sabemos poco de ella como artista, que no quiere ser encasillada como «mujer» aún en el espacio bastante amplio de su mundo de libertad bohemia. Los hombres que se le acercan insisten en formar lazos permanentes con ella, y se ofenden enormemente, hasta el punto de volverse violentos, si ella los rechaza o cambia la naturaleza de la relación. Se enamora de Strachey precisamente porque éste no le exige nada, sólo quiere compartir un espacio con ella donde puedan intimar en la conversación, la convivencia diaria, la obra artística. Aunque a veces surgen los celos, el respeto y el amor que comparten los hace refrenarse de estas emociones tan destructivas.

Carrington capta el amor y la amistad de un hombre y una mujer que se amaron tan intensamente sin necesariamente intimar sexualmente, pero con una entrega total que llenó todos los espacios de sus vidas. El filme se desarrolla a través de diálogos que retratan y revelan a los personajes; Jonathan Pryce como Strachey es excelente y el resto del elenco construye la base para un hermoso filme.

**Last Chance Harvey (director y guionista Joel Hopkins; cinematógrafo John de Borman)

En verdad este filme es una doble historia y hasta sabemos más de Kate (Emma Thompson) que de Harvey (Dustin Hoffman). A ella la vemos como hija preocupada por una madre que vive sola y que acaba de recuperarse de cáncer. Se asegura que tiene todo lo que necesita, limpia su casa y, aunque no puede tomar mucho tiempo para tomar té y hablar un rato, atiende todas sus llamadas a través del día (me recordó el papel que interpreta Laura Linney en Love Actually). La vemos también en su trabajo en el aeropuerto disfrutando de lo que hace y haciéndolo bien, y compartiendo con sus compañeras en y fuera del trabajo. Conocemos también qué hace con su tiempo “libre” cuando la vemos siempre leyendo y asistiendo a talleres de escritura creativa. A Harvey lo vemos casi en estampas: como compositor perfeccionista de fondos musicales para anuncios de productos; como hombre divorciado hace muchos años que ha perdido contacto con su familia; como un solitario cuyo único interés en la vida parece ser esa música que escribe para otros. Kate y Harvey se verán por primera vez cuando él llega a Heathrow para asistir a la boda de su hija y Kate le pide unos minutos para llenar un cuestionario que Harvey rápidamente rechaza.

Entre ese primer encuentro y el segundo, también en el aeropuerto, cada uno fracasa en tratar de ajustarse a lo que no son: Harvey a toda la formalidad de la pre-boda y boda en un ambiente donde lo tratan casi como si no fuera parte de la familia ya que su exesposa ya ha formado otra familia; Kate a un “blind date” que luego se vuelve un encuentro de amigos donde ella es la que sobra. Mientras Harvey trata de escapar de la situación tomando un vuelo más temprano para así no tener que ir a la recepción, Kate vuelve a su rutina personal y profesional. Por tener esa capacidad de reajustar su vida cada vez que la hacen sentir como una fracasada, Kate no está dispuesta a lanzarse al vacío una vez más. Harvey, por el contrario, tiene muy poco que perder y casi nada para volver y por eso se siente cómodo al tratar algo nuevo que definitivamente tiene que ser mejor de lo que tiene. aunque tan sólo dure unos momentos.

Dustin Hoffman y Emma Thompson le dan un toque muy especial a sus personajes al tornar su sencillez en unas vidas muy complejas que se asemejan tanto a las nuestras. Pero, sin duda, Thompson lleva su interpretación a unos niveles extraordinarios con sus gestos, movimientos, miradas, silencios, monosílabos, comentarios irónicos, preguntas incisivas, razones para guardar distancia y revelaciones sin emitir una palabra del dolor que produce el ser herida nuevamente.

 

Agricultores del Mar: breve vistazo a las condiciones de la pesca en Vieques”

 

Paulo A. Rodríguez Aponte

Vieques sigue siendo un espacio de exploración dentro del oficio de la pesca, y para sus residentes. Es el máximo recurso de supervivencia a pesar de la decadencia de las condiciones marítimas.

Mientras trabajaba en un documental sobre el líder pescador, Carlos “Taso” Zenón, el documentalista Juan Carlos Dávila (Simulacros de Liberación, 2021) elaboró un corto documental que retrata la vida de diversos residentes y trabajadores de la pesca en la isla municipio de Vieques y su continua relación con el mar y sus frutos.

Dávila hizo una propuesta a Latino Public Broadcasting System (PBS) para ofrecer la pieza informativa sobre las actuales condiciones de la pesca en Vieques y cómo éstas se han ido deteriorando con el cambio climático. De ahí surge Agricultores del mar.

Cuenta con tomas que retratan la belleza de la isla municipio, su flora y fauna, además de tomas submarinas que recogen la persistente contaminación de materiales de guerra. Por otro lado, los viajes en los botes pesqueros concretan la mirada de la faena diaria de los trabajadores del mar y las herramientas que utilizan para lograr sus metas de pesca. El equipo que labora en el documental son Camila Rodríguez Estrada en la producción y edición, Ricardo ‘Gory’ Quiles en producción de campo y Paola Reyes con la segunda unidad cinematográfica, además de Juan Carlos Dávila en la dirección y fotografía principal.

Se afirma en el documental a voz de Pedro Zenón Encarnación, hijo mayor de Carlos Zenón, que ya no se encuentran distintas especies como el carrucho ni el chapín, además del estado de enfermedad de los arrecifes. A pesar de esto, persisten en la pesca como su método de sustento principal, reconociendo que aunque ha disminuido, se puede seguir pescando.

Le atribuyen estos problemas inicialmente a la imposición territorial y bombardeo de la Marina de Guerra de Estados Unidos, cuyas acciones militares contaminaron ampliamente y hasta el día de hoy las áreas comunes de pesca, desplazando a los trabajadores del mar, complicando su trabajo marítimo.

Además, añaden, el cambio climático rampante, y los estragos del Huracán María, se sienten diariamente en la cantidad de material que recolectan en sus búsquedas. Esto complica la capacidad que tienen los pescadores en obtener una buena pesca para sustentarse..

El documental está disponible en la página de PBS. Es un esfuerzo de su plataforma Voices para presentar los trabajos de nuevos realizadores audiovisuales en Latinoamérica, en la que se destacan diversas problemáticas sociales y contextos culturales.

Enlace al documental: https://www.pbs.org/video/farmers-of-the-sea-i1q9ot/