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A José “Piculín” Ortiz no hubo que inventarlo

Foto Alina Luciano

Domingo J. Marqués

Hay jugadores que meten puntos, tienen jugadas llamativas…

Y hay jugadores que le meten país al uniforme.
Piculín era de esos.
A nosotros, los chamaquitos de entonces, nos ayudó a sacar la bandera del pecho y a ponerla afuera, sin vergüenza, sin pedir permiso, sin hablar bajito. Con él, la selección no parecía un equipo: parecía una discusión antigua entre la dignidad y el tamaño del mapa. Él cogía esa pelea como la cogía todo puertorriqueño decente cuando todavía la rabia servía para algo: de frente, sin dejarse.

Cuando jugaba Puerto Rico en aquellos años, no era baloncesto nada más. Era una guerra sin armas, como él mismo decía. Una guerra donde los tiros eran triples y los codos diplomacia caribeña… Y el miedo se le notaba en todos los juegos importantes, una de sus lecciones, las cosas grandes se pueden hacer con miedo. Ahí estaba él, fajado con rusos, yugoslavos, americanos, canadienses, con cualquiera. No se dejaba de nadie.Y lo más lindo era eso: que tampoco nos dejaba sentirnos menos que nadie.

A mí me definió la adolescencia entre otras cosas por esas selecciones. Yo todavía me acuerdo de aquellas batallas contra Yugoslavia, de esa sensación de estar viendo hombres de carne peleando contra mitologías europeas. Me acuerdo de Piculín metiéndose a las entrañas de equipos que parecían hechos en laboratorio, y saliendo de allí con la frente sudada y el orgullo intacto, como si dijera: “sí, son grandes, pero nosotros existimos”.

Y eso, en un país como éste, no es poca cosa.
Porque hay gente que mete canastos.
Y hay gente que le enseña a un pueblo a no bajar la cabeza.
Después, la vida hizo lo que suele hacer con los grandes: les pasó factura.
Tuvo caída pública, vergüenza pública, juicio público.
Pero él hizo algo que no siempre se ve: peleó también ahí.

Se reinventa, monta sus negocios. Se puso a trabajar con las manos. Yo lo recuerdo bajando sacos de harina en su pizzería de Lajas, dejando el pellejo, sin pose de leyenda ofendida, sin esa arrogancia de estatua que a veces les da a los exatletas. Como si la vida le hubiera dicho “empieza de nuevo” y él, terco como era, hubiera contestado “pues dale”.

Eso también es una forma de gallardía cojonuda.

No la del highlight pa’ Instagram.

La del jornal.

Y quizá por eso el pueblo terminó viéndolo otra vez como uno de los suyos.

Pero si me preguntan dónde vive de verdad Piculín en mi memoria, yo no voy primero al Madrid ni al Barça, aunque esos clubes hoy lo lloren con razón. Voy a Puerto Rico contra Canadá, al Preolímpico del 2003, a ese juego contra Steve Nash. Real Madrid y Barcelona lo despidieron como leyenda, y con razón; pero nosotros lo llevamos más adentro, porque acá no fue sólo jugador: fue emblema.

Ya estaba bajando el pico de su destreza, engañando al tiempo con oficio y mala intención de veterano. Casi cuarenta años. Las rodillas pidiendo retiro, el calendario pidiendo misericordia. Y, sin embargo, aquella noche jugó como si la patria le hubiera soplado adentro un segundo pulmón.

Hizo casi un cuádruple doble: 21 puntos, 10 rebotes, 10 asistencias, 8 tapones y se quedó rozando la leyenda estadística con una actuación que todavía hoy se recuerda como una de las más grandes en uniforme nacional. Puerto Rico le ganó a Canadá y clasificó a Atenas 2004.

Aquella noche Piculín fue un sistema ofensivo por sí solo. Fue voluntad con Adidas. Fue testarudez hecha piernas. Fue ese deseo tan puertorriqueño de caer exhausto antes que decoroso. Parecía que cada rebote lo agarraba por el cuello y le decía: “todavía no”. Parecía que cada pase llevaba detrás una maldición vieja de isla pequeña cansada de que le expliquen sus límites.

Aquel día no jugó un centro.
Jugó una causa.
Y yo, que lo vi, no lo he olvidado.

Luego vino el cáncer, que es otra cancha, pero más mezquina.Él hizo con esa enfermedad lo mismo que hizo con todo: la anunció de frente, dio la pelea en público, ganó algunas batallas, perdió otras, se dejó ver cansado, se dejó ver agradecido, se dejó ver humano.No romantizo eso. El cáncer no ennoblece a nadie. Jode, duele, desgasta y humilla. Pero hay gente que, aun jodida, decide pararse como si la dignidad también fuera un músculo. Él hizo eso.

Y aun enfermo siguió sembrando.

Dejó un podcast. Dio consejos. Compartió sabiduría. Yo lo recuerdo hablándole a mi hijo sobre cómo desarrollar la mano izquierda: que hiciera cosas con ella durante el día, que obligara al cuerpo a entender lo que todavía no sabía. Qué cosa hermosa, cuando uno lo piensa: enseñarle a un muchacho a usar mejor la mano menos hábil. Casi una metáfora completa del país.

Eso hacen los maestros de verdad.
Te enseñan a fortalecer lo que tienes débil.
No necesito idealizarlo.
No creo en santos deportivos. Los santos, además, juegan muy mal. Él no fue perfecto, ni hace falta. Fue otra cosa, quizá más útil: fue grande. Y la grandeza verdadera siempre viene con barro en los tenis.
Yo solo sé que le debo emociones.

Le debo tardes enteras de garganta rota, le debo recuerdos de mi abuela feliz frente al televisor, de mi padre señalarme detalles de su juego cuando jugaba contra mis Capitanes. Le debo ese orgullo patrio que a veces sólo aparecía cuando sonaba La Borinqueña antes del salto entre dos. Le debo la imagen de un puertorriqueño que se medía con cualquiera y no pedía rebaja. Le debo la certeza, aunque fuera por cuarenta minutos, de que este país podía plantarse frente al mundo y decir: aquí estamos.

Y al tiempo, aquí abajo, nosotros, los que crecimos viéndolo, volveremos a hacer lo de siempre:

sacaremos la bandera, apretaremos la mandíbula, y diremos su nombre como quien todavía se prepara para la batalla

 

El concepto de desastres lentos, la nueva reforma de permisos como ejemplo

Marcos Quiñones Otero

Un desastre no comienza cuando el huracán toca tierra o cuando ocurre un terremoto. Comienza mucho antes, incluso antes de que identifiquemos el riesgo. Puede ocurrir de una manera lenta que con detenimiento podemos identificar y analizar. Es el resultado de decisiones, procesos y acciones acumuladas en el tiempo desde desigualdad, planificación desmedida y una relación en desequilibrio entre desarrollo y ambiente. A este proceso se le conoce como “desastre lento”. No se manifiesta de forma inmediata ni espectacular, pero se construye silenciosamente hasta que un evento extremo revela sus consecuencias.

En esencia, el desastre es una construcción social. En Puerto Rico, este concepto cobra una gran relevancia en el contexto actual. A semanas del inicio de la temporada de huracanes, el país se adentra en la discusión de una reforma de permisos caracterizada por la desregulación, la agilización y una visión que tiende a subordinar la planificación. Este enfoque, aunque presentado como una estrategia de desarrollo económico, debe evaluarse desde la gestión de riesgos y la planificación.

La flexibilización de los procesos de permisos no es una acción neutral. Tiene implicaciones territoriales concretas. El ser más permisivo sobre dónde y cómo se construye, reducir controles en áreas ambientalmente sensitivas o acelerar aprobaciones sin el debido análisis son decisiones que, acumuladas, aumentan la exposición al riesgo. En otras palabras, se convierten en factores estructurales de un desastre lento. Lo que hoy se presenta como eficiencia administrativa puede traducirse mañana en comunidades más vulnerables, infraestructura más frágil y sistemas de respuesta sobrecargados.

La historia reciente del país ofrece evidencia clara. Los huracanes Irma y María, la secuencia sísmica del sur y la pandemia del COVID-19 no solo fueron crisis aisladas, también expusieron debilidades preexistentes en nuestro modelo de desarrollo. Muchas de esas vulnerabilidades no surgieron de la noche a la mañana, sino que responden a decisiones de política pública, prácticas de uso de suelo y omisiones en la planificación.¿Cómo trabajamos esto? Ante este panorama, el camino no debe ser la simplificación y agilización de los procesos, sino su fortalecimiento estratégico y planificado.

La planificación debe asumirse como una herramienta central de gestión de riesgos, no como un obstáculo. Esto implica que debemos adoptar un enfoque interdisciplinario que integre dimensiones socioambientales y económicas. Debemos establecer criterios rigurosos para la evaluación de proyectos en zonas de alto valor ecológico, cultural o de riesgo. Y tenemos que alinear el sistema de permisos con instrumentos existentes como el Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático (P-MARCC) y los planes de uso de suelos.

El desarrollo económico no puede construirse a costa de la improvisación ni del interés de unos pocos. Ignorar esta realidad no elimina los riesgos, los desplaza y los acumula. Y cuando finalmente se manifiestan, lo hacen con costos mucho mayores, incluso catastróficos. En ese sentido, la verdadera “supremacía” no será la del crecimiento económico inmediato, sino la de pérdidas económicas y socioambientales que pudieron haberse evitado. Todo esto por un desastre construido que puedo haber sido evitado. Ante la nueva temporada de huracanes necesitamos un cambio, si, pero no uno desarrollado por mecanismos artificiales sino por la retroalimentación de expertos y la plena participación ciudadana.

El autor es planificador y geógrafo

 

Encontrado en las redes-El periodismo que documenta sin interrogar: Santurce sin agua

 

Eliseo Colón Zayas

 

Estamos claros que la pregunta central no es si la prensa debe publicar comunicados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. Claro que puede hacerlo. EL PROBLEMA COMIENZA CUANDO EL COMUNICADO SUSTITUYE LA INVESTIGACIÓN, CUANDO LA NOTA DE PRENSA REEMPLAZA LA FISCALIZACIÓN Y CUANDO EL PERIODISTA TERMINA FUNCIONANDO COMO REPETIDOR TÉCNICO DEL LENGUAJE BUROCRÁTICO.

Ahí el periodismo deja de ser mediación crítica y se convierte en administración simbólica de la crisis. Esto es lo que ha ocurrido durante estas tres semanas con la crisis del agua, al igual que con todas las crisis del colapso de Puerto Rico. Desde julio del año pasado, la narrativa de “Carraízo”, “las bombas”, “las limpiezas”, “los trabajos programados” y “las averías” se ha convertido en una especie de liturgia mediática repetitiva que administra ansiedad pública sin producir conocimiento. Mientras tanto, sectores de Santurce llevan semanas sin agua y la ciudadanía recibe una sobreproducción de explicaciones técnicas sin una sola explicación estructural convincente.

Lo más grave es que la prensa corporativa muchas veces cubre el problema como si fuera un evento aislado y episódico, cuando ya claramente constituye una crisis sistémica de infraestructura, planificación y gobernanza. La repetición de notas sobre “trabajos”, “interrupciones” y “camiones cisterna” crea un efecto ideológico: naturaliza el colapso. Para el periodismo corporativo puertorriqueño, la precariedad se convierte en la atmósfera normalizada del presente. La ciudadanía termina administrando el desastre en vez de exigir responsabilidades políticas.

Las preguntas incómodas que deberían hacer los periodistas no son técnicas solamente. Son históricas, estructurales, financieras y políticas. Algunas serían devastadoras precisamente porque romperían el guion mediático de la AAA y del gobierno de Jenniffer González.

Mientras espero por los camiones cisterna del día de hoy, se me ocurren muchas interrogantes que un periodista de excelencia haría. Por ejemplo:

  • ¿Por qué una crisis que comenzó visiblemente desde julio del año pasado continúa agravándose si supuestamente cada interrupción era “temporera”?
  • ¿Dónde están los informes públicos completos sobre el estado real de la infraestructura hidráulica metropolitana?
  • ¿Cuántos tanques de distribución y estaciones de bombeo dejaron de operar desde la privatización parcial con Ondeo en 2002?
  • ¿Qué infraestructura fue eliminada, abandonada o no reemplazada durante el período de ONDEO?
  • ¿Quién autorizó esos cambios?
  • ¿Existe documentación pública sobre el desmantelamiento de reservas para las partes altas de Santurce?
  • ¿Cuántos millones se han invertido desde entonces en consultoría y privatización versus mantenimiento preventivo?
  • ¿Por qué las partes altas de Santurce parecen ser siempre las primeras en colapsar y las últimas en recuperarse?
  • ¿Existe un mapa actualizado de vulnerabilidad hidráulica del área metropolitana?
  • ¿Cuántas bombas están realmente fuera de servicio hoy?
  • ¿Cuál es la vida útil promedio de las bombas actualmente operando?
  • ¿Cuántas trabajan por encima de capacidad?
  • ¿Qué porcentaje del sistema depende ya de reparaciones temporeras?
  • ¿Cuál es el nivel real de pérdida por salideros en el sistema?
  • ¿Cuánto agua se pierde diariamente antes de llegar a los hogares?
  • ¿Por qué la AAA insiste en presentar cada interrupción como un evento excepcional cuando la recurrencia ya indica colapso estructural?
  • ¿Qué auditorías federales existen sobre el deterioro del sistema?
  • ¿Dónde están los contratos y subcontratos relacionados con mantenimiento y modernización?
  • ¿Qué compañías privadas se benefician económicamente de la emergencia permanente?
  • ¿Cuánto dinero se ha gastado en camiones cisterna durante el último año?
  • ¿Quiénes son los contratistas?
  • ¿Por qué parece existir más capacidad para relaciones públicas que para distribución estable de agua?
  • ¿Cuántos comunicados de prensa ha emitido la AAA este año versus cuántos informes técnicos detallados ha hecho públicos?
  • ¿Por qué las conferencias de prensa nunca incluyen ingenieros independientes?
  • ¿Por qué la prensa entrevista siempre a los mismos portavoces oficiales y rara vez a expertos externos en infraestructura hidráulica?
  • ¿Por qué no se investiga el efecto de décadas de privatización y subcontratación sobre el deterioro del sistema?
  • ¿Qué rol tuvo la Junta de Supervisión Fiscal en aplazar mantenimiento e inversión?
  • ¿Existe riesgo de que sectores del área metropolitana enfrenten racionamientos permanentes?
  • ¿Qué planes de contingencia existen si Carraízo falla nuevamente?
  • ¿Por qué la ciudadanía debe aceptar como normal vivir semanas sin agua en una capital del siglo XXI?
  • ¿Cómo afecta esto hospitales, envejecientes, comercios y escuelas?
  • ¿Cuál es el costo económico real de esta crisis?
  • ¿Quién responde políticamente por un año continuo de interrupciones?
  • ¿Renunciaría algún funcionario si esto continúa seis meses más?
  • ¿Puede el gobierno garantizar hoy que Santurce no volverá a quedarse semanas sin agua en verano?
  • Si no puede garantizarlo, ¿por qué no se declara una emergencia de infraestructura?
  • ¿Por qué “Carraízo” funciona discursivamente como explicación total de todos los males?
  • ¿No se está usando la represa como fetiche narrativo para ocultar fallas sistémicas más profundas?
  • ¿Por qué los medios repiten frases como “trabajos programados”, “avería”, “limpieza” y “eventos operacionales” sin traducirlas al lenguaje ciudadano?
  • ¿Qué significa exactamente “evento operacional”?
  • ¿Quién redacta los comunicados?
  • ¿Por qué el lenguaje de la AAA está diseñado para sonar técnico pero decir tan poco?
  • ¿Desde cuándo el periodismo puertorriqueño abandonó la confrontación técnica y documental?

El verdadero problema no es sólo la falta de agua. Es la administración simbólica del colapso. LA PRENSA REPRODUCE EL COMUNICADO PARA LLENAR EL VACÍO NOTICIOSO Y TERMINA LLENANDO TAMBIÉN EL VACÍO POLÍTICO. EL RESULTADO ES UN PERIODISMO QUE DOCUMENTA LA PRECARIEDAD SIN INTERROGAR LAS ESTRUCTURAS QUE LA PRODUCEN. AHÍ ESTÁ EL GRAN FRACASO.

 

 

Museo de la puertorriqueñidad Antonio “Toño” Martorell Cardona

 

 

Especial para En Rojo

La historia es el rostro de los pueblos y en ella se palpitan las distintas manifestaciones que la nutren y hacen de ella un proceso dinámico y lleno de grandes acciones humanas. Dentro de la vorágine de sucesos históricos se observa la cultura y, dentro de ella, el arte como una de las mayores expresiones de las civilizaciones a lo largo de la humanidad. Precisamente, el Museo de la Puertorriqueñidad Antonio “Toño” Martorell Cardona nace del deseo de plasmar lo acontecido y lo que acontecerá en el marco de las celebraciones de los Desfiles de la Puertorriqueñidad que, año tras año, se celebran en nuestra escuela. En efecto, la intención de los creadores de este salón de exhibición es preservar los trabajos realizados por nuestros estudiantes, con el fin de que con ello se sustente nuestra idiosincrasia cultural.

El proyecto también se enmarca en el crecimiento de espacios culturales y de la memoria en Villalba, por lo que se busca darle continuidad al enorme esfuerzo que han ido realizando entidades como la Fundación Walter Mck Jones y el Museo de la Bicicleta, quienes han sido pioneros en la cuestión de la preservación cultural. En este contexto de manifestación cultural, la inauguración del proyecto tuvo lugar el 4 de mayo, fecha que marca un nuevo capítulo en la afirmación de nuestra memoria colectiva. En un ambiente cargado de orgullo cultural y compromiso educativo, se celebró la inauguración del museo, cuyas paredes y pasillos honran la historia, el arte y la identidad nacional desde la perspectiva estudiantil y comunitaria.

Danny Rivera y Martorell Fotos suministradas por el autor

La actividad reunió a destacadas figuras del ámbito cultural y educativo, así como a miembros de la comunidad que han aportado significativamente al desarrollo de Villalba y de Puerto Rico. Además del artista “Toño” Martorell, entre las personalidades presentes estuvieron la voz nacional, Danny Rivera; la propietaria de la Librería El Candil, Tamara Yantín; las productoras culturales Caridad Sorondo y Viviana Torres Mestey; y el artista villalbeño Domitilo Negrón. De manera especial, se destacó la participación creativa del estudiantado, particularmente de los estudiantes de décimo grado, quienes asumieron un rol protagónico en el desarrollo del proyecto.

Asimismo, se extendió un reconocimiento especial al maestro Antonio “Toño” Martorell Cardona por aceptar que este espacio lleve su nombre. Este reconocimiento responde a su lucha constante por preservar el legado histórico-cultural de nuestro pueblo y a su amor por la conversación, por la difusión de ideas y por su espíritu altruista. Distinguir a este maestro del arte, de la comunicación y de la escritura no es solo contribuir al estudio del pensamiento artístico, sino también un intento por pensar el país en su máxima expresión, desde otras miradas y a partir de diversas experiencias. El museo es polifónico y Toño es diverso en voces, y su trayectoria ha sido de múltiples resonancias, lo que puede ayudar a alimentar nuestro espíritu puertorriqueño. Gracias, Maestro, por acompañarnos hoy, en este pueblo de gente buena, de hombres y mujeres que no se rinden en su empeño por amar a la Patria.

El autor esMaestro de la Escuela Lysander Borrero Terry, Villalba, Puerto Rico

4 de mayo de 2026

Kiss of the Spider Woman 1985 y 2025

 

En Rojo

No había tenido la oportunidad de ver una nueva versión—esta vez como musical—de la novela El beso de la mujer araña (1976) de Manuel Puig. Esta obra ha tenido el gran atractivo de ser celebrada como novela latinoamericana, obra de teatro minimalista, cine hollywoodense y musical en Broadway. Esta nueva versión se presentó y se celebró en el Festival de Sundance en enero 2025 y se estrenó en Estados Unidos este pasado octubre con la idea de competir para los Oscares. Por ser una seguidora de la novela y de la versión fílmica de Héctor Babenco no quise arriesgarme a ver una versión doblemente alterada/adaptada como cine musical (son muy pocos los musicales que entran en mi mundo fílmico). Como mayo es el mes de espera para las super/mega producciones del verano—y el estreno de producciones interesantes de directores arriesgados—decidí hacer streaming de la nueva versión fílmica de Kiss of the Spider Woman protagonizada por Tonatiuh como Luis Molina, Diego Luna como Valentín Arregui y Jennifer López como Aurora/Ingrid Luna. Por supuesto, mi asignación también incluye ver nuevamente la versión fílmica de la novela (no el musical de 1993) de hace 40 años e incluir algunas de mis impresiones en ese momento.

Entiendo que para aceptar una versión particular de eventos, se necesita alterar verdades históricas ya que lo importante es contar una historia con toques de verdad dentro de un universo imaginario. Para mi que verifico cualquier noticia/anuncio/fotografía/video en el internet que me parece alejarse demasiado de las verdades cercanas que nos rodean, leer es un proceso largo con desafíos que enfrento a cada momento. Así que un filme que me anuncie que los eventos de la historia son en la Argentina de 1983 y que hay 30,000 muertos a causa de la Junta Militar, pero si la novela original se publica en 1976, ya me ficcionaliza la posible época histórica en que voy a sumergirme. El golpe y dictadura militar de Brasil, (1964-1984) que serviría de modelo para el golpe de Chile (1973) y luego Argentina (1976), es el referente histórico que utiliza Puig en su novela. Quizá cuando se escribió y estrenó el musical en Broadway era + conveniente salirse de esa historia lejana o pensaron que poco importaba ese trasfondo histórico. Aunque en sus entrevistas digan lo contrario, no tomaron el modelo musical de Cabaret de Bob Fosse (1972).

Esta historia que enfoca en el personaje de Luis Molina, decorador de vitrinas, arrestado por seducir a menores y encarcelado junto a un preso político, Valentín Arregui, se supone que es un juego de seducción que permitirá al primero salir libre si consigue extraer datos de Arregui de otros “enemigos políticos”. Este juego de seducción parece secundario a los números musicales que protagoniza Aurora/Ingrid Luna en una trama estática. El intento de utilizar estilos diferentes para contar la realidad de la cárcel y la fantasía de números musicales no produce la distancia o cercanía de lo que vemos en pantalla.

Rescate del pasado

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

Director: Héctor Babenco; guionista: Leonard Schrader; autor: Manuel Puig; cinematógrafo: Rodolfo Sánchez; elenco: William Hurt, Raúl Juliá, Sonia Braga.

El beso de la mujer araña reúne un caudal de talentos en todas las áreas. Héctor Babenco se ha distinguido por no temerle a temas controvertibles y por manejar situaciones delicadas con gran ternura; así lo demostró en Pixote. El guionista Leonard Schrader ha trabajado por varios años en los proyectos de su hermano Paul, entre los que figuran Blue Collar, sobre los sindicatos estadounidenses y la industria automotriz, y Mishima, sobre el controversial escritor japonés. Pero lo que en verdad une a todo este elenco y hace que este proyecto funcione a las mil maravillas es la dedicación consciente y apasionada a una historia que tiene todos los elementos para resaltar los valores esenciales del ser humano.

Dentro de la represión política, la corrupción social, el abuso de poder y la humillación que ejercen los que se creen superiores sobre los menos privilegiados, se puede crecer en el amor y en la amistad. Pero este crecimiento no se da rechazando una estructura represiva, sino enfrentándose a ella, no dejándose someter. El beso de la mujer araña nos convierte en testigos de cómo dos hombres, al parecer polos opuestos, se van conociendo y entendiéndose mejor hasta que cada uno adquiere rasgos del otro. Molina, el homosexual acusado de pervertir menores, se esconde de la fealdad que percibe en su mundo, escapando en la perfección del cine de Hollywood donde todo es bello, nadie es pobre ni sufre por ser despreciado o ser objeto de mofa. Valentín, arrestado por colaborar con grupos “subversivos”, se mantiene lejos de personas como Molina por considerarse superior al tener una ideología política por la que lucha y está dispuesto a dar la vida. Tras múltiples confrontaciones e insultos, poco a poco dejarán a un lado las murallas que los separan y se acercarán como dos seres humanos dispuestos a darse la mano y a aceptar sus diferencias. De esta convivencia obligada surgirá el respeto y la amistad que no pone reparos y no distingue clase, raza o preferencia sexual.

El beso de la mujer araña fue presentado en Cannes este año antes de estrenarse comercialmente en los Estados Unidos. El Festival de Cine le otorgó el premio al mejor actor a William Hurt. Los críticos de cine de Nueva York, entre los más poderosos dentro de ese campo, solo tienen grandes elogios para este filme. Janet Maslin, del New York Times, considera las actuaciones de Hurt y Juliá junto a la de Jack Nicholson en Prizzi’s Honor como las mejores interpretaciones en el cine del 1985. (Nota: recibió 4 nominaciones para el Oscar, ganó Mejor Actor para William Hurt, además del BAFTA y el David di Donatello)