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Será Otra Cosa: #Gobierno Carpetero

Francisco Santiago Cintrón, Randiel Negrón Torres Thaliangelly Torres González, Verónica Figueroa Huertas Alexa P. Figueroa Carrasquillo, Gabriel Díaz Rivera, Juan C Collazo Vazquez

 

Por Rima Brusi/ Especial para En Rojo

¿“Serán malos o serán brutos”? ¿“Será bruto o se hace”?

Llevo décadas, de hecho creo que casi todas mis décadas, escuchando alguna versión de esa pregunta, por lo general emitida con una combinación de perplejidad y exasperación frente a acciones dañinas pero sin aparente sentido de parte de gente con mucho o algún poder. Pareceríamos creer en la separación de esas dos características, querer pensar que el que perpetra el acto–con frecuencia más bien actos, así en serie, en un larguísimo plural que define sus vidas, esas vidas que de alguna manera se las arreglan para pasar en o cerca del poder– no puede ser villano e idiota al mismo tiempo.  Que los villanos son inteligentes, incluso geniales, o al menos taimados, “listos”, ágiles.

Los vemos desplegar una incapacidad absurda para responder a las implicaciones más obvias de sismos, huracanes y epidemias, por ejemplo, midiendo lo que no es, protegiendo lo que no va, comprando lo que no sirve, pagando lo que no deben, vociferando sobre otro tema, y haciendo caso omiso  de las recomendaciones (vocales y bien pensadas) de los que verdaderamente saben algo de geología, ingeniería, epidemiología,  sociología, medicina o matemáticas.

Y entonces nos preguntamos ¿perversos o brutos?, en el fondo a sabiendas de que no son ni lo uno ni lo otro, al menos no precisamente, al menos no en el sentido en que solemos utilizar los adjetivos en cuestión. Redescubrimos, cada vez, la “banalidad del mal” que tan bien explicó, hace tiempo, Hannah Arendt. Claro que Arendt describió el asunto en el contexto de una atrocidad a otro nivel, un conjunto de acciones horrendas que desembocó en el asesinato directo de millones de personas explícitamente definidas como subhumanas, pero los contornos del fenémeno, y su fórmula básica, definen la maldad del estado en cualquier contexto donde ésta exista.

Esa fórmula incluye la vigilancia orientada al castigo, la obtención de datos sobre cualquier persona que huela a resistencia o se vea como amenaza a su poder.  Los rumores y las películas de Hollywood nos mienten, con esa insistencia en presentar a los villanos como, digamos, geniales espías, asesinos talentosos, políticos sagaces, todos ellos perfeccionistas, orientados al detalle, y con mucha frecuencia hasta guapos o, al menos, elegantes. El fantasma de Arendt sería muy crítico de la capacidad de esos libretos y personajes para formar nuestra visión del mundo y de la maldad que lo habita.

Los villanos de nuestro gobierno, los del imperio que nos rige, probablemente los de todas partes en donde el estado está o estuvo empeñado en vigilar y castigar–y en vigilar justamente paracastigar– con frecuencia son espectacularmente torpes.

Y esa coexistencia de maldad y falta de ingenio, esa capacidad para ser tan corrientes al tiempo que son excepcionalmente dañinos,  no es una paradoja, ni siquiera una suma: es una entidad discreta, una cualidad que hace de su maldad particularmente efectiva, justamente porque casi no requiere planificación. Porque no necesitan inventar o pensar mucho. Porque no depende de la destreza de un bisturí sino, simplemente, de la posesión de un gran martillo.

En fin, son seres banales de comportamiento y motivaciones vulgares, corrientes.

Los motiva la mezquindad, por ejemplo. Vean si no la rencorosa insistencia de la ex-presidenta interina de la UPR en exigir el castigo más severo posible para lxs estudiantes que hace tres años la hicieron quedar mal frente a las cámaras como parte de una denuncia amplia y temprana de la deuda odiosa, la imposición de una junta dictatorial, y la destrucción de una institución centenaria crucial para el bienestar del país.  Mantiene la presión sobre el sistema judicial, se sienta en corte, en primera fila, a disfrutar, del tormento de estudiantes como Verónica Figueroa Huertas, Gabriel Díaz Rivera, Francisco Santiago Cintrón, Thalianelly Torres González y Randiel Negrón Torres. La misma gente y el mismo estado que ignoran la corrupción e impunidad de los de arriba, se obsesionan con la resistencia y el castigo de los de abajo.  #JusticiaDobleVara

Luego de tres años les declararon No causa. Foto: Víctor Birriel

Los motiva la repetición de los clichés más burdos y anticuados. Vean, si no, la intención pública declarada por nada menos que el apparátchik que estaba a cargo de  toda la información, del manejo completo de los datos más privados y necesarios de la Uuniversidad, mientras acusaba a media humanidad de “comunistas” y les aseguraba la persecución implacable. #Carpeteo2020

Los motiva el deseo de proyectar liderato, tal vez acompañado de algún trato faustiano para engrasar la ruta. Vean, si no, la decisión, en apariencia absurda, de cambiar de manera innecesaria, súbita, chapucera e irreversible el sistema de manejo de datos y correos de la universidad entera. Empezando el semestre. Ignorando las protestas y disponibilidad de expertos en tecnología y en sistemas de información. Poniendo al frente de tamaña tarea nada menos que al flamante e incompetente personaje que describí en el párrafo anterior. #DesastreMicrosoft

Y esos tres ejemplos se limitan a la UPR. ¡Pero son tantos, tantos, esos seres carentes de talento, inventiva, pragmatismo o compasión, que mandan, rigen y deciden, en tantas esferas! La ubicuidad de sus caravanas y pasquines, y a veces hasta la tradición cultural encarnada en sus nombres mismos, nos obligan a una familiaridad obscena, una cierta cercanía conceptual que querríamos reservarnos para seres verdaderamente cercanos: Tata, Tito, Tuto, Tatito. Johnny, Tommy, Eddie, Ricky, Junior. Yunito con ye, Junito con jota, Yuyiyo con dos yes. Chucho, Cheli, Chemo. Podría seguir.

El carpeteo mismo que tanto les gusta y ha gustado a través de nuestra historia es un despliegue monumental de chapucería dañina, de daño chapucero. Las carpetas que hace décadas persiguieron y hasta arruinaron las vidas de tanta gente tildada de “peligrosa y “subversiva” estaban llenas de nombres errados, fotos desubicadas e interpretaciones disparatadas y repletas de cansados clichés. Estudiantes de ingeniería mecánica, por ejemplo, desesperadamente repasando la noche antes de un examen de Cálculo 2, descritos, con lenguaje cómicamente siniestro, como “en su mayoría con barba poblada”, “de pelo largo”, “con probable conocimiento en el manejo de explosivos”, descripción acompañada del muy serio testimonio del dueño de un colmado cercano, que declaró que los barbudos solían comprar café en grandes cantidades. ¡A juyir! ¡Estudiantes comprando “café”! Gente pintando murales, gente apoyando a Vieques, gente reunida legítima y legalmente, gente leyendo libros, y hasta gente comprando el periodico, este periódico que usted está leyendo ahora.

Y llevaban a cabo esta tarea sin ironía: estos agentes pertenecían a una división que se llamaba “de inteligencia”.

Hablando de ironías: la Secretaria de Justicia que presidió, con frecuentes despliegues de lo que probablemente imaginaba como justa y cristiana ira, sobre el carpeteo y persecución de los estudiantes, de los arrestados del primero de mayo del 2017, de los nombres y grupos en la lista flash que produjo el Banco Popular tan pronto vimos caer el primer vidrio ese mismo día, y el montón de gente, incluyendo periodistas, que osaron conversar sobre asuntos de política en Facebook, esa secretaria es ahora la gobernadora del país.

Las denuncias (las iniciales, las repetidas por acusadxs y aliadxs a lo largo del proceso judicial, las del año pasado, https://claridadpuertorico.com/18034-2/ las circuladas (con fotos) en los medios sociales mientras escribo esto) del carpeteo cibernético de estudiantes y otros en Facebook nos confirman, otra vez, que no hay que decidir si son “malos” o “brutos”, que los seres que nos vigilan son malvados y a la vez banales, y que es su misma resistencia a la profundidad, al pensamiento, a las oraciones completas y a la realidad misma, la que les permite hacer daño a gran escala, perseguir a nuestros estudiantes y todo aquel que sí piense. Llamarnos, a la menor provocación, anarquistas comunistas elitistas socialistas, financiados por un ya difunto Chávez y un muy ocupado Maduro.

Todo ello mientras se revelan, sin tapujos, como incapaces de perseguir un vagón perdido, un político corrupto o un virus mortal y contagioso.

 

 

Crucigrama: Carmelo Rodríguez Torres

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales

1. Roca.

5. Carmelo Rodríguez _____; escritor puertorriqueño. Fue profesor en el Recinto Universitario de Mayagüez de la UPR. Destacó en la lucha contra la marina de EEUU en Vieques.

8. Mojar, ensopar.

9. Traslade.

11. Símbolo químico del indio.

12. Bebida caliente de harina de maíz disuelta en agua o leche.

13. Apócope de nada.

14. Conjunción.

15. Forma de pronombre.

17. Dobla algo en forma de codo.

21. Cariz, giro, tendencia.

24. La casa y la _____ fiera; novela de Rodríguez publicada en 1982.

25. Antorcha.

27. Síncopa de señora.

28. Símbolo del francio.

29. Vieques es más _____ que la sangre; libro de Rodríguez publicado en el año 2000.

30. Afirmación.

31. _____ cuentos negros; libro de Rodríguez de 1976.

34. Tapias, paredes, cercados.

37. Amalgamará.

40. _____ el leñero; héroe del Grito de Lares.

41. Carmelo _____ Torres; autor de “Minutero del tiempo”, “Veinte siglos después del homicidio” y “Desde el fondo del caracol y otros cuentos taínos”.

42. Siglas de guerrilla vasca.

45. Contracción gramatical.

46. Sonreí.

47. _____ el supremo; novela de Augusto Roa Bastos.

48. Mil millones de años.

49. _____ Rojo; ciudad natal de Ramón E. Betances, Padre de la Patria puertorriqueña.

50. _____ pueblo no es un manto de sonrisas; novela de Rodríguez de 1991.

Verticales

1. Jardín.

2. Redondeado.

3. _____ Agostini; escritora puertorriqueña.

4. Ahora.

5. Desde el fondo del caracol y otros cuentos _____; libro de 1992 de Rodríguez y Jaime Martínez Tolentino.

6. Adornases.

7. _____ Isabel; municipio de Puerto Rico.

9. Apócope de mamá.

10. Antiguamente la nota do.

16. 30 de _____ de 1941; nacimiento en Vieques de Rodríguez. Autor de “Vieques es más dulce que la sangre”.

17. Pieza del ajedrez.

18. Parte muscular del cuerpo humano o animal.

19. Mantra sagrado.

20. Minutero _____ tiempo; poemario de Rodríguez de 1965.

22. Conozco.

23. Oropéndola, ave paseriforme.

25. Tejido delgado y transparente.

26. Aquí.

31. Quia, interjección.

32. _____ Rodríguez Torres; autor de “Este pueblo no es un manto de sonrisas”, “El sapo de oro”, “La única cara del espejo” y “La casa y la llama fiera”.

33. El sapo de _____; cuento de Rodríguez.

34. Asaeteo

35. Del verbo enzainarse

36. Preposición.

38. Anno Domini.

39. Veinte _____ después del homicidio; (1971) novela de Rodríguez traducida a otros idiomas. Versa sobre la militarización de Vieques por la marina de EEUU y sus consecuencias para el pueblo.

40. Fallece.

43. _____ única cara del espejo; cuento de Rodríguez.

44. _____ Luna; novela de Isabel Allende.

45. Quejido.

Tatuajes en cuerpo de niña: Un auténtico tour de force de Benjamín Torres Gotay

 

Por Ana Luisa Sierra/ Especial para En Rojo

En francés, la expresión tour de forcé se emplea con el fin de describir acciones cuya realización exige talento, esfuerzo y poder de gran realce. El español denomina dichos actos como hazañas o proezas. Tatuajes en cuerpo de niña(2013), novela del escritor y periodista puertorriqueño Benjamín Torres Gotay, constituye un auténtico tour de force. Esto se debe, entre otras cosas, a: una trama compuesta de hechos significativos, unos personajes de compleja fibra humana y a la exploración de ideas trascendentes, concernientes a las sociedades contemporáneas. Todo ello contado por medio de una ingeniosa técnica narrativa y una prosa cautivadora que se desliza entre registros poéticos, coloquiales o de fuerte carga erótica.

Trama

Dos historias, una de amor y otra de carácter político, entretejen una trama que incita al lector a continuar la lectura con el propósito de descubrir el eslabón entre ambos ejes narrativos. ¿Qué les ha ocurrido a Fátima Imara San Miguel y a Gabriel Villanueva, protagonistas del relato amoroso, para que sus vidas se crucen con la de Antonio Ballester, candidato a la gobernación de Puerto Rico y personaje principal de la segunda historia?

Al comenzar el acto narrativo, el aspecto engañoso de Gabriel, que con sus veintidós años parece en paz consigo mismo, pero vive en un mundo interno de miedo y dolor, dispara la tensión dramática. No se sabe qué ocurrirá ensu cita con Fátima Imara, a quien aguarda en el Café Berlín, en la Plaza Colón del Viejo San Juan. Gabriel desea locamente a la joven desde la primera vez que la ve cuando ella acude a hacerse un tatuaje a la tienda donde él trabaja: “El deseo que lo sobrecogió por ella fue tan abarcador, lo anegó de tal manera y le produjo un pavor tan inmenso, que ni para imaginarla desnuda tuvo valor”.  (22)

Sin embargo, Fátima Imara, en la Plaza de Armas, donde espera la hora para encontrarse con el joven, despliega una conducta que no es precisamente la de una enamorada. De aspecto violento, mirada que taladra y movimientos de animal a punto de atacar, solo piensa en acosadores: dos malhechores que la persiguen y las constantes pesadillas durante el sueño y la vigilia.  A pesar de tener veintidós años, y de su carácter, es en el fondo una niña inocente, como sugiere el significado de ‘Imara’ en húngaro. No obstante, ‘inocente’ en este contexto no se refiere a la persona fácil de engañar, sino a la que no es culpable. ¿De qué no es culpable Fátima Imara? Para saberlo, el narrador ofrece pistas, pero mantiene el suspenso hasta casi el final de la novela, cuando se revela el secreto.

La tensión se agudiza porque el secreto convierte a Fátima Imara en un ser de una compleja singularidad como si su nombre, Fátima (cuyo significado en árabe es ‘única’) la hubiese marcado desde el nacimiento. Es una persona impenetrable, tanto para ella misma como para las personas con quienes se relaciona. La joven no sabe por qué se encuentra constantemente agobiada por pesadillas: “Escuchaba el sonido de una ópera espantosa, veía ríos de sangre inundando el horizonte, la asaltaba la imagen de un hombre sin rostro blandiendo en el aire una espada al rojo vivo”. (18)

Venciendo su angustia y arrastrada por la necesidad económica, acepta, a su pesar, un trabajo como bailarina nudista en el HawaiianHut, un “bar de mala muerte” para hombres, en Santurce. Sin embargo, su dolor se transparenta en el odio hacia el cuerpo exhibido sensualmente en la tarima: “Tiró su melena hacia atrás con un movimiento histérico, ofrendándole a la audiencia un rostro perturbado por un pasado que la seguía como el hedor a un cuerpo putrefacto”. (25)

Cada uno de los ejes de las dos historias atraviesa la trama, haciéndola girar en distintas direcciones. El relato de Fátima Imara, por ejemplo, nos mueve al pueblo de Aguada para conocer a sus abuelos, Fermín y Fela, y a su madre, Isabel. Luego la acción se traslada a Nueva York, a donde Isabel se marcha a los dieciocho años, huyendo del maltrato físico y psicológico del padre y de la incomprensión de la madre.

En la llamada “ciudad que nunca duerme”, Isabel tampoco duerme, entregada a las drogas y a la relación con un hombre apodado El Tigre. Junto a El Tigre y sus amigos descubre por primera vez su sexualidad: “Con El Tigre y su ganga, supo, en cambio, lo que era una comunión profunda entre cuerpos en la más absoluta desnudez…” (94) De la relación de Isabel con El Tigre es concebida Fátima Imara, en una noche de drogas e inconsciencia.

El otro eje de la historia hiende la trama y la tuerce hasta extremos insospechados. Aquí se describen las oscuras pulsiones de Antonio Ballester, así como su quehacer político. La actividad política da vueltas alrededor de las vidas de varios hombres corruptos, allegados a Ballester: el senador Enrique Amadeo Castañer, el empresario Aníbal Betances Soldevila y el abogado Celestino “Tino” Fernández Brau. Si las acciones perversas de Ballester se describen en la trama como una conducta criminal castigable, los actos del senador, el empresario y el abogado son también repudiables y reflejan la corrupción política de Puerto Rico, no solo durante la época de la trama, sino también en la actualidad.

La historia amorosa y la historia política se entrelazan por medio del suicidio de Isabel, la madre de Fátima Imara. Los familiares de la niña, que viven en el pueblo de Aguada, se niegan a hacerse cargo de ella y se la dan en adopción a Antonio Ballester y a su esposa Ángela, vecinos de Isabel en la exclusiva Urbanización Roosevelt de Hato Rey.

Para Fátima Imara, vivir en el hogar de Antonio Ballester resulta ser como si le hubiesen puesto un grillete en pies y manos, pero, sobre todo, en el corazón. Tal como se hacía con los esclavos desde la época mesopotámica, a los cuales se les inmovilizaba con grilletes de hierro para obligarlos a trabajar y en muchos casos a brindar servicios sexuales, Fátima Imara queda desde el principio totalmente inmovilizada a merced del odio y desprecio de Ángela y de los deseos sexuales de Antonio Ballester. Para dar un ejemplo, cuando Ángela ve por primera vez a Fátima Imara, el narrador señala:

“Y en esa misma medida en que va acercándose y definiendo la imagen de la niña…toda su faz empieza a transformarse. El rostro va descomponiéndosele, la mirada endureciéndose y la nariz crispándose. Pero el signo más poderoso entre todos, el que envía el mensaje definitivo, el que se queda indeleble en la memoria de Fátima Imara por el resto de sus días, …fue cómo la leve sonrisa de los primeros instantes se le va desdibujando, lenta como un cuerpo que se desvanece ante el avance de un veneno en sus entrañas, en una horrible mueca de desagrado”. (121)

“Fátima Imara, helada de espanto, atestigua todo el proceso, muy quieta del miedo”. (121, énfasis añadido)

 

Luego, frente a la niña, Ángela agarra del brazo a Juan Antonio, su hijo de ocho años, y lo arrastra hasta la habitación, donde le dice, entre otras muchas cosas:

“¾Esa niña está sucia, tiene piojos, si se te pegan te mueres y me muero, no es posible que venga a esta casa en ese estado, no es posible que sea tu amiga, ¿cómo se te ocurre juntarte con una niña tan sucia?” (122)

 

Con estas palabras de Ángela, Torres Gotay critica un prejuicio muy arraigado, tanto en la sociedad puertorriqueña como en otras, tal como ha mostrado el director surcoreano Bong Joon- ho, en la película Parasite(2019): el desprecio por otros seres humanos porque están sucios o porque huelen mal. Esa suciedad o ese mal olor dejan de ser características circunstanciales y se convierten, para el que discrimina, en el ser definitorio de pobres, mujeres, asiáticos, negros, inmigrantes, en fin, de todos los percibidos como diferentes.

Sin embargo, el odio de Ángela hacia Fátima Imara tiene causas aún más complejas que el prejuicio de clase. Ángela sabe cuáles son las oscuras pulsiones de su esposo y ha experimentado su desamor casi desde el principio del matrimonio. Por eso está segura de que Fátima Imara despertará en su marido los deseos sexuales que él no siente, ni por ella ni por ninguna otramujer. Tan profundo es el odio de Ángela que la conduce a propiciar el primer encuentro sexual de Ballester con una Fátima Imara de ocho años. De esa manera se asegura, también, de que Ballester no la abandonará. Este encuentro supone no solo la pérdida de la virginidad de la niña (aniquilando la virgen a la que alude el nombre Fátima, en árabe), sino su muerte simbólica.

Estos hechos y muchos otros configuran una trama que Borges calificaría de “ecuación matemática”, al final de la cual se atan cabos sueltos y se resuelven incógnitas para dejarnos con profundas reflexiones sobre la naturaleza del ser humano ydelas sociedades contemporáneas.

Personajes

Una de las razones del apremiante deseo de seguir leyendoTatuajes en cuerpo de niñaes la penetración psicológica de Torres Gotay. Al crear personajes con un complejo mundo interior recuerda a autores como Fyodor Dostoyevski que dan vida a seres inspirados en una realidad social corrupta, a causa, entre otras cosas, de la pérdida de valores, a la exagerada importancia conferida al dinero y al deseo de poder. Si bien es cierto que los personajes de Torres Gotay no entran en disquisiciones filosóficas o religiosas al estilo de Iván o Aliosha Karamazov, es notable en ellos un diálogo interno revelador de sus contradicciones, luchas y recuerdos dolorosos, que los conduce a transformaciones a lo largo de la trama y que les confiere total verosimilitud.

Gabriel, por ejemplo, ha sido víctima del maltrato de sus padres, adictos a drogas. Al principio de la narración lleva una vida sin sentido, fumando marihuana, viendo películas pornográficas y sosteniendo relaciones sexuales con prostitutas.  Desarrolla una sexualidad centrada en la imaginación que lo inclina a percibir los cuerpos de las mujeres en las calles, bares y otros lugares, para luego recrearlos en su habitación, dotando a cada cuerpo de la personalidad deseada. Aunque la imaginación es siempre ingrediente esencial del amor y el sexo, en Gabriel, antes de conocer a Fátima Imara, el acto sexual se realiza exclusivamente en el plano imaginario originando un autoerotismo como ritual imaginativo: “Esa noche no se resiste a sí mismo y quiere memorizar rápido cualquier cuerpo y regresar pronto a su apartamento a vaciar urgencias en el espejismo de ese cuerpo”. (23)

Sin embargo, el autoerotismo lo deja siempre insatisfecho. Al conocer a Fátima Imara siente un amor tan arrollador que, como si rescatara el significado de ‘Gabriel’ en hebreo (‘fuerza’) hace un esfuerzo titánico, sin saber cómo, para deponer su viejo ‘yo’ y resucitar uno nuevo (a lo que probablemente se alude en su apellido ‘Villanueva’) cuyo propósito en la vida es amar y hacer feliz a Fátima Imara: “Desde que conoce a Fátima Imara, una transfiguración que ni él mismo reconoce se ha ido operando en su interior”. (21) “Por primera vez en su vida siente un vínculo metafísico con una persona”. (156)

Este nuevo ser no ejerce poder ni control sobre su compañera, no la ve como objeto sexual, no la considera empleada doméstica con la misión de cuidarlo y servirlo a él. No, Gabriel desea que Fátima Imara encuentre el sentido de la vida, tal como lo ha hecho él por medio del arte de los tatuajes y, sobre todo, al enamorarse de ella.

De la misma forma que el escritor cubano Senel Paz, en el cuento No le digas que la quieres, Torres Gotay, por medio de la transformación de Gabriel, subvierte el concepto de masculinidad patriarcal con el fin de proponer la idea de un hombre cuyo rasgo definitorio es amar a la mujer porque ella es sujeto de sus propias acciones y no objeto de las fantasías de él.

Al realzar el amor como lo que confiere sentido a la vida de Gabriel, Torres Gotay se aparta de la concepción generalizada de que “el amor nunca ha tenido el mismo significado para hombres y mujeres; para los primeros puede ser algo valioso, pero nunca el sentido de su vida”, en palabras de la filósofa española Ana de Miguel, en su libro, Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. (12)

El mito de la libre elección viene al caso cuando se analiza el personaje de Fátima Imara. De acuerdo con De Miguel (idea que comparto), en las sociedades contemporáneas la desigualdad de género se difunde a través de la llamada “libre elección” porque muchas acciones se justifican sobre la premisa del consentimiento. Por ejemplo, varias personas ven la conversión del cuerpo femenino en mercancía como algo que las mujeres consienten, incluso como una forma de “empoderamiento”. No entienden que desde el nacimiento, mujeres y hombres son educados en una sociedad “que continúa reproduciendo la ideología de la naturaleza diferente y complementaria de los sexos como fundamento de la posterior adscripción a funciones diferentes en el orden social”. (De Miguel, 36) Por eso, la diferencia sexual en la actualidad no se fundamenta en leyes, como en el pasado, sino en las letras de las canciones, las imágenes de películas y anuncios publicitarios, las tramas de novelas y cuentos, todo lo cual perpetúa distintos roles para un sexo y el otro, roles asimilados de forma inconscientepara luego concretarse en acciones supuestamente “consentidas”.

Ocurre, entonces, lo denominado por De Miguel como “la confusión entre coacción y libre elección”. Es en el cuerpo de las mujeres, añade (citando a otra filósofa española, Celia Amorós), en el que se inscribe tal confusión. Esto se expresa, por un lado, en la violencia física hacia las mujeres, las violaciones y todo tipo de abuso sexual, y por el otro, en la conversión del cuerpo femenino en objeto de alquiler o venta, con propósitos sexuales. (44)

Torres Gotay describe cómo el cuerpo de una Fátima Imara de ocho años sufre las violaciones sexuales, los golpes y puñetazos de Antonio Ballester, en contra de su voluntad y sin ni siquiera tener edad para consentir.  Ballester se vale del poder otorgado por ser padre adoptivo para abusar de ella, como si el cuerpecito de la niña fuese un objeto de su propiedad.  Precisamente a ese inmenso sufrimiento de la protagonista alude el título, Tatuajes en cuerpo de niña, que sugiere simbólicamente la inserción de venenosas agujas en el inocente cuerpo de una niña hasta provocarle un profundo dolor en cuerpo y alma.

La misma confusión entre coacción y libre elección se produce cuando Fátima Imara debe buscar trabajo al ser arrojada a la calle por Ángela, diez años después de la desaparición de Antonio Ballester, poco antes de las elecciones. Uno podría preguntarse: ¿Por qué no buscó otro trabajo que no fuese como bailarina nudista? De acuerdo con infinidad de estudios sobre niñas que han sido objeto de violaciones y abuso sexual, la sexualidad de dichas niñas, si no reciben ayuda psicológica, y aun recibiéndola, no se desarrolla de forma saludable. De ahí que una de las tendencias más frecuentes en estas niñas sea considerar el cuerpo y el sexo como responsables de lo ocurrido y descargar la ira contra dicho cuerpo, en lugar de descargarla contra el agresor. Así, la “elección” de Fátima Imara de trabajar como bailarina nudista es, en realidad, su impulso inconsciente de castigarse a sí misma por lo ocurrido, impulso que no tiene nada que ver con una acción consentida.

Torres Gotay también destaca cómo los hombres del Hawaiian Hutconsuman otro maltrato sexual contra Fátima Imara al tocar y manosear su cuerpo, sin su consentimiento. Ella no puede protestar por instrucciones del dueño del bar; si lo hace pierde el trabajo. Para dichos hombres no es censurable invadir los cuerpos femeninos sin su consentimiento porque ellas son solo una mercancía que el dinero puede comprar.

La penetración psicológica de Torres Gotay se expresa, además, en la caracterización de Antonio Ballester, personaje de una profunda complejidad humana. Por un lado, Ballester es un hombre estable, inteligente, que como secretario del trabajo está genuinamente interesado en contribuir al bienestar de Puerto Rico y es intolerante con los actos de corrupción en el gobierno. Internamente, sin embargo, vive en constante lucha con sus perversos deseos sexuales. Es dolorosamente consciente de que esos involuntarios deseos le hacen daño a él y a otros, y constituyen el obstáculo para su plena realización como ser humano:

“Pero Antonio Ballester no oye. Tropieza con turistas, con estudiantes, con deambulantes, con oficinistas, pero no los ve. Vive una sensación de encierro que lo ahoga. Le duele mucho la realidad de su vida. Desea que se abra una grieta en el tiempo. Y que esa grita se lo trague, para no tener que seguir siendo un ser consciente. Para no tener que afrontar la tragedia sin nombre de verse obligado a descartar su destino”. (67)

 

Por otro lado, se caracteriza a Ballester como un ser monstruoso cuyos actos contra Fátima Imara y otras niñas son abominables y merecen la cárcel. Se muestra, además, su falta de esfuerzos con el fin de detener su conducta, al emplear como excusa que Puerto Rico es un país muy pequeño y que si él buscara ayuda psiquiátrica se sabría y se afectaría su imagen pública.

Ideas o Significación

Julio Cortázar, en el ensayo Algunosaspectos del cuento, destaca la necesidad de que los sucesos narrados o visuales “no solo valgan por sí mismos, sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va más allá de la anécdota visual o literaria …”.   En otras palabras, en la literatura y el arte en general se impone la ‘significación’, es decir, las ideas surgidas de la obra artística.      

Tomando como criterio las ideas de Cortázar se puede afirmar que Tatuajes en cuerpo de niñaes una obra de profunda significación, un texto luminoso, cuya potente luz alumbra infinidad de aspectos de la condición humana y de la realidad social puertorriqueña y universal. Entre las ideas exploradas se encuentran: el amor como fuerza transformadora; la pedofilia; el maltrato psicológico y físico de los niños; así como la corrupción de la clase gobernante puertorriqueña.

Solo voy a detenerme en la idea del amor como metamorfosis y el tema de la pedofilia. Respecto a la idea del amor como fuerza transformadora se puede comentar que hace falta un extraordinario dominio de la técnica narrativa, así como muchos conocimientos sobre la psiquis humana, para lograr verosimilitud al desarrollar una relación amorosa entre Fátima Imara y Gabriel, dos personajes marginales, con terribles secretos y aspectos falsos en su personalidad. Torres Gotay, como alquimista que intenta transmutar en oro un metal, lo consigue e invita al lector a suspender sus posibles prejuicios con el fin de percibir los ángulos oscuros y dolorosos de la existencia de Fátima Imara y de Gabriel, y al mismo tiempo ver cómo el amor transfigura la vida de estos dos seres anónimos y marginales, sin ellos mismos proponérselo y sin apenas darse cuenta del proceso. Un ejemplo conmovedor es la escena en que Gabriel se acerca a Fátima Imara porque la escucha  llorar desconsoladamente y ella, que vive en el apartamento del joven y duerme junto a él en su cama, pero no le permite ningún contacto físico, busca consuelo en su pecho:

“Gabriel vuelve a desdoblarse. Sabe que el hombre que se deja apretar el pecho por Fátima Imara no es quien él conoce… Profetiza, en el misterioso desdoblamiento que vive, cuál es el desenlace que se está configurando entre los pliegues del calor de la tarde y bajo el influjo de la luminosidad de la bahía, que llega en rebote al centro de la habitación en la que se abrazan esos dos seres tan mancillados por la vida y que, por fin, empiezan a reconocerse entre la bruma de las desgracias y de los recelos”. (157-158)

 

Así, por medio del amor, poco a poco, Fátima Imara y Gabriel iluminan lo tenebroso y comienzan el proyecto de una nueva vida junto a la hija de ambos, buscando en el arte, el sentido de la vida: Gabriel en los tatuajes, Fátima Imara en la danza experimental.  No obstante, el realismo en el que se inscribe la novela no permite afirmar si van a tener éxito o no.

La pedofilia, tema muy poco explorado en la literatura y del que se teme hablar, es abordado por Torres Gotay alejándose de la permisividad de obras que también han expresado el mismo tema, tales como las novelas (y películas) Lolitade Vladimir Nabokov, y Muerte en Veneciade Thomas Mann. En Lolita(1955), Nabokov defiende la pasión de un profesor universitario de casi 40 años por una niña de 12, basándose en personajes de la Biblia o en los amores adolescentes de Dante o Petrarca, como ha señalado el psicoanalista italiano, Cosimo Schinaia, en el libro Pedofilia, Pedofilias. El psicoanálisis y el mundo del pedófilo(2011). Schinaia añade que, en Muerte en Venecia, Mann justifica el deseo de un escritor de 50 años por un adolescente tomando como ejemplo las ideas socráticas.

En Torres Gotay, como ya he señalado, no hay defensa de la pedofilia, sino una férrea condena. Se caracteriza a Antonio Ballester como un ser monstruoso y se presentan sus acciones como abominables y castigables. Ballester, contrario a Fátima Imara y a Gabriel no ama: no ama a su esposa, sino que la utiliza para ocultar su perversidad ante la sociedad; no ama a Fátima Imara, ella es solo un instrumento para satisfacer sus oscuras pulsiones y ejercer poder y crueldad sobre ella.

Técnica y prosa narrativas

Con respecto a la técnica narrativa, Torres Gotay introduce una innovación al concepto de narrador heterodiegético propuesto por el teórico francés, Gérard Genette. Como sabemos, el narrador heterodiegético cuenta, de forma objetiva, desde “fuera” de la narración porque no ha participado de los acontecimientos. Sin embargo, en Tatuajes en cuerpo de niña, el narrador, aunque no ha participado de los hechos, no se limita a comunicar objetivamente dichos hechos, sino que interviene, y lo dice claramente en una llamadaNota del autor, firmada con las iniciales A.S.V., colocada al comienzo de la novela: “Mucho, por supuesto, tuve que imaginarlo”.

Por otro lado, Tatuajes en cuerpo de niña se posiciona en la tendencia de la novela contemporánea que concibe la escritura como arte visual con el fin de lograr una obra muy cinematográfica, por medio de imágenes visuales, olfativas, gustativas, táctiles, entre otras. Por medio de esta técnica literaria, el Viejo San Juan se convierte en un personaje vivo, con sus plazas, los ruidos, las palomas, la gente y, sobre todo, por el calor, el viento y el aguacero, los cuales se repiten a lo largo de toda la novela, estableciendo un determinado ambiente como contrapunto de las acciones de la trama.

Ese contrapunto se expresa por medio una prosa que se desliza sinuosamente, es decir, con muchas ondulaciones y cambios de registro. Analizar esta prosa requiere un estudio aparte, por lo que me limito a señalar que Torres Gotay despliega un virtuosismo lingüístico que se mueve desde las descripciones de sexo y autoerotismo, hacia un lirismo que convierte en poesía los encuentros amorosos entre Fátima Imara y Gabriel, así como muchos de los ambientes de la trama. Un ejemplo de esto último:

A lo lejos, casi en el horizonte, apagándose, apenas un poco más triste que un violoncello rasgando el silencio de un crepúsculo, se oye la sirena de un crucero que entra a la bahía. El sol brilla débil, como si más de un siglo de intentar penetrar las baldosas de la plaza le hubiesen dejado sin fuerzas… (16)

Conclusión

Para concluir, reitero que Benjamín Torres Gotay, en Tatuajes en cuerpo de niña, una deslumbrante primera novela, nos propone rescatar de la periferia de la sociedad puertorriqueña, así como de la literatura, ciertos personajes y situaciones con el fin de situarlos en el centro y observar ese otro rostro angustiado, o doloroso y perverso, del Puerto Rico contemporáneo.  Si como afirma Goethe: “Pocas personas tienen la imaginación para la realidad”, Torres Gotay ha realizado un auténtico tour de force.

 

 

Tres publicaciones del Departamento de Estudios Hispánicos

Por Miguel Ángel Náter

 

Durante estos momentos difíciles que implica el enclaustramiento debido a la pandemia del COVID 19, no ha mermado la labor investigativa y de divulgación en la Universidad de Puerto Rico. Prueba de ello es la reciente publicación de tres ediciones importantes desde el Seminario Federico de Onís y el Departamento de Estudios Hispánicos. Se trata de los siguientes títulos: de Tomás Blanco y Géigel, Escritos sobre Luis Palés Matos; de Francisco del Valle Atiles, Cuentos sanjuaneros; y de José Enamorado Cuesta, La Princesa y el Oro Blanco.  Los tres son labor de divulgación sumamente importante para la valoración de la literatura puertorriqueña, pero, a su vez, van acompañados por estudios introductorios y prólogos que implican investigación meticulosa y valoración de especialistas como son la doctora Mercedes López-Baralt, ya conocida por su larga trayectoria en estudios del poeta Luis Palés Matos y la edición de Insularismo, de Antonio S. Pedreira anotada por Tomás Blanco, entre otras labores de proyección internacional ─incluso desde el mismo Seminario Federico de Onís, del cual fue directora─, así como de las aportaciones del actual director interino del Departamento de Estudios Hispánicos, el doctor Fernando Feliú Matilla, quien ya tiene a su haber ediciones de novelas como Tierra Adentro, de Ramón Juliá Marín, e Inocencia, de Francisco del Valle Atiles ─ambas para la serie Clásicos no tan Clásicos, de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, serie lamentablemente ya fuera de acción─. A ellos se une el joven estudioso y no menos importante investigador Mario O. Ayala, afiliado al Seminario Federico de Onís, quien ya tiene a su haber estudios y ediciones importantes de los Cuentos, de Manuel Zeno Gandía, y los Cuentos y leyendas del cafetal, de Antonio Oliver Frau, ambos también labor realizada desde el Seminario Federico de Onís.

Escritos sobre Luis Palés Matos incluye todos los artículos que sobre el autor del Tuntún de pasa y grifería publicó el autor de Prontuario histórico de Puerto Ricoy de Los cinco sentidos, Tomás Blanco, junto con la polémica sobre la «poesía negra» que se desarrolló en la década del treinta. Comienza esta con la entrevista que realiza Ángela Negrón Muñoz a Palés Matos, que se divulgó en el periódico El Mundo en 1932, la cual da paso a varios artículos a favor o en contra del «arte negro» o de la «poesía negroide» en las plumas de los poetas Luis Antonio Miranda, José Isaac de Diego Padró, Luis Palés Matos ─artículos todos publicados en el periódico El Mundodurante aquel mismo año de 1932─y del moroveño Graciany Miranda Archilla, cuyo artículo se divulgó en la revista Alma Latina. Así, el libro que prologa con maestría López-Baralt, y que lleva una contraportada de la investigadora y profesora de la Universidad Fluminense de Brasil, la doctora Viviana Gelado, presenta dos planos sumamente importantes: la divulgación de lo que dice Tomás Blanco, uno de los más importantes divulgadores de la poesía de Palés, junto con Federico de Onís y Margot Arce; así como del impacto que tuvo  la noción de la poesía acerca de los negros en Puerto Rico entre algunos poetas importantes del momento, antes de que se divulgara el ya conocido Tuntún de pasa y griferíaen 1937. Como destaca la doctora Gelado: «Si este libro reuniera apenas las consideraciones de Tomás Blanco sobre la poesía de Palés, ya justifica su importancia. Pero como está hecho de diálogos, nos ofrece además una parte del debate que, articulado a través de la prensa periódica, operó como contexto amplio de recepción contemporánea de ensayos fundamentales (y polémicos) de la literatura puertorriqueña y latinoamericana del siglo XX». La estudiosa de la Universidad Fluminense señala el impacto de las palabras de Tomás Blanco, no solamente en relación con Palés Matos, sino con otro de los grandes del Departamento de Estudios Hispánicos, Antonio S. Pedreira, a cuyo Insularismoresponde Blanco en su Prontuario histórico de Puerto Ricocon el más elevado tono, con la mejor cordialidad y con la no menos importante responsabilidad. Bastan estas credenciales para saber que estamos ante un libro de suma importancia para comenzar a divulgar desde el Archivo Tomás Blanco que hoy custodia el Seminario Federico de Onís la valiosa aportación del autor de Los Vates, esa novela especial que tradujo al inglés en su momento Muna Lee y que espera la divulgación desde nuestro seminario, como se merece. Como declara Mercedes López-Baralt: «[…] esta edición, que reproduce textualmente la polémica sobre la poesía negrista de Palés, protagonizada sobre todo por los ensayos de Tomás Blanco, se convierte en invaluable, pues nos da noticias al detalle del primer e imprescindible peldaño en el duro ascenso hacia la consagración de nuestro poeta mayor: Luis Palés Matos». Así, se evidencia el diálogo internacional que ha producido esta divulgación del Seminario Federico de Onís y la Editorial Tiempo Nuevo de San Juan.

La recopilación de los Cuentosde Francisco del Valle Atiles es de importancia capital para la comprensión del desarrollo del cuento en Puerto Rico, género que no ha sido del todo estudiado como se supone ─meticulosamente─, más allá del importante libro El cuento en la literatura puertorriqueña,de Lillian Quiles de la Luz, o de las aportaciones valiosas de, entre otros, Rosita Silva, Federico de Onís y Concha Meléndez ─quienes aportaron a la divulgación y estudio de ese género de forma fragmentaria─, en vista de que recoge una cantidad considerable de los cuentos del escritor, más conocido por su novela Inocencia(1884), con la cual en su momento (1929) Carmen Gómez Tejera observaba el inicio de la novela realista en Puerto Rico. Quede claro que no tenemos que estar necesariamente de acuerdo con la primera historiadora de la novela en Puerto Rico, cuyo estudio fue la primera disertación de maestría aprobada en el Departamento de Estudios Hispánicos, titulada La novela en Puerto Rico. El análisis detenido que presenta el doctor Fernando Feliú Matilla destaca esas narraciones ─una veintena─como «cuentos sanjuaneros» por el carácter urbano que desarrollan. No se entienda, sin embargo, que el título Cuentos sanjuanerospertenece a Del Valle Atiles. Antes bien, responde a la imagen sobre ellos que presenta el editor, quien los analiza como una «radiografía de San Juan» y como «crónica de la modernidad», afiliados obviamente al discurso de la narrativa realista y naturalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El título del volumen apunta a esa idea de un autor real ─Francisco del Valle Atiles─ que quiere realizar una mimesis o representación de sucesos «que en su mayoría marcaron las incidencias de la vida cotidiana de San Juan y de los sanjuaneros» en esa época de transición que les tocó vivir a muchos puertorriqueños y extranjeros en aquel entonces. No obstante, cabe destacar que Del Valle Atiles nunca reunió sus cuentos en libros, sino que los divulgó en periódicos y revistas. Sobresalen entre ellos «La laguna encantada», donde se presenta la pugna entre la medicina y las supersticiones y creencias del pueblo, así como «Trazos», donde se observa una conversación similar a la ya famosa entre Juan del Salto, el Padre Esteban y el doctor Pintado en La charca, de Manuel Zeno Gandía. EstosCuentosde Francisco del Valle Atiles se sumas al esfuerzo de la Serie Miguel Guerra Mondragónde la Editorial Tiempo Nuevo, de donde se desprendió por su volumen; pero, en el fondo, responde al mismo espíritu que anima la divulgación de la literatura en Puerto Rico publicada en periódicos y revistas poco accesibles.

No menos importante es publicación del libro de poesía titulado La Princesa y el Oso Blanco, de José Enamorado Cuesta. Basta por el título ─que alude a las dos cárceles más temibles de la Isla: La Princesa, en el casco de San Juan, y El Oso Blanco, la penitenciaría estatal en Río Piedras, ambas famosas por haber albergado entre sus temibles muros a figuras importantes del desarrollo de la cultura y de la política del País, como Pedro Albizu Campos, Francisco Matos Paoli y Juan Antonio Corretjer, entre otros─. Contrasta la portada en rojo actual con la original de 1955 en verde, aunque permanece la ilustración de la mano del preso (que es también la mano del poeta) como centro de la lucha contra el sistema opresor, extendido desde San Juan, con su garita emblemática, hasta Río Piedras con la mole blanca, en el fondo, de El Oso Blanco a la distancia desde La Princesa. El lector debería sentir que también se encuentra tras las rejas con el poeta.

 

Como parte de las labores en el Seminario Federico de Onís de la Universidad de Puerto Rico, el doctor Mario O. Ayala vuelve sobre el asunto político y poético de la obra de José Enamorado Cuesta. Su valiosa introducción, titulada «Lucha, pasión, recuerdo y amor en la poesía de José Enamorado Cuesta», se encarga de exponer la valiosa obra poética del político, que consta de siete poemarios y otros poemas sueltos publicados en periódicos y revistas. Ahí radica la mayor aportación de esta introducción, que va acompañada de la pasión que siente el estudioso por todo lo que suene a nacionalismo y Pedro Albizu Campos, uno de sus amores en su trayectoria estudiosa desde sus trabajos de tesis de maestría, que redundaron en el libro titulado Orden y palabra en los discursos de Pedro Albizu Campos(2008). La mezcla de los nombres de las despiadadas cárceles de la Isla se mezclan en el título de Enamorado Cuesta para mostrar poética e irónicamente la imagen de un cuento de hadas ─«La Princesa y el Oso Blanco»─, cuando en el fondo nada de fantástico, maravilloso y hermoso ha de encontrarse en esos espacios infernales. El estudioso se siente apegado al discurso del ex-presidiario y poeta y lo expresa del siguiente modo: «José Enamorado Cuesta, puertorriqueño ex militar del ejército norteamericano durante la Primera Guerra Mundial; independentista, nacionalista, […] se convirtió en preso político después de la Revolución Nacionalista de 1950. Sin embargo, desde su amplia visión y compromiso literario, la entendió y la encumbró poéticamente como parte de la realidad y como respuesta al futuro de libertad que buscaba y por el que todavía muchos trabajamos».

Estos tres volúmenes representan el gran esfuerzo por divulgar y preservar nuestro patrimonio, y son fruto de muchas horas de trabajo y de meticulosa investigación que se realiza en nuestra Universidad de Puerto Rico y, en especial, en nuestro Seminario Federico de Onís, uno de los centros de investigación más importantes de la Isla y que tiene todavía prestigio internacional.

 

El autor es Director del Seminario Federico de Onís.

 

 

 

Una sátira para aliviarnos y reírnos de quienes nos amargan la vida

 

Por Giancarlo Vázquez López /CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

 

Estadity es un thriller satírico-político y musical que surge del deber y el compromiso de un elenco de artistas conscientes de la crisis social y política que se vive en la Isla a diario. En medio de las aguas coloniales Puerto Rico se convierte en un barco a la deriva cuyos tripulantes están con el agua hasta el cuello y buscan soluciones para salvarse.

Ángel Vázquez, actor y dramaturgo, conversó con CLARIDADsobre la producción de la obra cuya transmisión virtual será desde el jueves 27 de agosto hasta el próximo lunes 31, a través del sitio web gilotv.com

“Es una sátira política periodística diría yo porque se basa en la investigación y la lectura que se realiza para poder escribirla. El concepto es muy teatral. Puerto Rico se convierte en un barco a la deriva que está navegando en aguas coloniales en medio de la “guandemia”. Aguas infectadas por los piratas de las legislatura, pirañas, muchos “whitefishes” (la gente que está tratando de aprovecharse de la situación) y un tiburón en particular. Los tripulantes del barco están con el agua hasta el cuello y buscan la solución para salvarlo. Lo único es que hay mucho capitán y poco marinero. Unos reman para un lado y otros reman para el otro. El resultado es que el barco se sigue hundiendo. La brújula no funciona. Como buen navegante hay que dejarse llevar por las estrellas, pues hay que dejarse llevar por una pero muchos se dejan llevar por muchas estrellas lo que nos deja de nuevo estancados, zozobrando”, explico.

Vázquez comenzó a escribirEstaditya principio de año, considerando sobre todo la época de elecciones. En el proceso logra captar (por supuesto) mucho de lo acontecido durante la pandemia. Resaltó que se trata de un concepto dinámico, de una aventura en la que una embarcación y su población siempre está siendo atacada por las olas criminales de la corrupción.

“Es importante porque como pueblo hemos estado al vaivén de los escándalos y la corrupción política de nuestra Patria. Esta sátira nos sirve para aliviarnos y reírnos de quienes nos amargan la vida. A la misma vez nos sirve como una herramienta para señalar y criticar con la esperanza de que tenga el efecto de que la gente reflexione. Que podamos remar hacia un mismo lado todos y todas juntos”, añadió Vázquez quien también produce y dirige la obra.

El proceso de producción ha sido cuesta arriba. Vázquez mencionó que en todo momento estuvieron trabajando bajo la sombra de la cancelación. Sin embargo, el elenco ha podido subsanar todo eso. Primero la obra iba a ser presencial, pero por razones obvias tuvieron que optar por la modalidad virtual. A eso se le añade la complejidad que conlleva hacer una obra de teatro en un nuevo medio, fuera de la arena usual, para que sea igual de efectiva.

Sobre el elenco destacó un elemento especial que influyó en la selección de los actores y es su consciencia social y política, activistas que han estado por muchos años en diferentes frentes y se merecían estar en este trabajo.

“Hay muchas ganas de trabajar, pero también de decir cosas importantes. Esto es una sátira combativa. En términos de lo que el público va a ver yo creo que no se ha visto un trabajo como este, que expresa las cosas con firmeza y mucha valentía, unos temas que no se tocan o se tocan de manera llana. Es un deber de nosotros como artistas puertorriqueños exponer a los villanos y unir a las personas en un solo barco remando hacia la misma dirección”, manifestó.

El nombre “Estadity” surge de que en esta “traviesa travesía” el último recurso que tiene el pueblo es enviar a Washington un mensaje de auxilio y rescate. Ese mensaje se envía en una botellita de cristal “a ver si llega… suerte con eso”. Además de Vázquez el elenco lo conforman Ernesto Concepción, René Monclova, Cristina Soler, Mario Roche y Carmín Boisoile.

Los boletos están disponibles desde el mismo 27 de agosto por gilotv.com, la obra se transmitirá a través de ese mismo enlace.