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El “espacio vivo” en el patrimonio histórico edificado: El Seminario Conciliar le pertenece al pueblo

 

 Especial para En Rojo

La venta del Seminario Conciliar de San Ildefonso y el Palacio Arzobispal es una manifestación de la violencia que vivimos a diario los puertorriqueños y las puertorriqueñas por parte del Gobierno y de las instituciones “tradicionales” que regentan algún poder. Esta es la misma violencia que hemos heredado del crimen de la conquista y colonización. Esta venta es un evidente daño al patrimonio cultural, a la memoria histórica de todo un pueblo, al turismo –como emprendimiento local – y a la educación puertorriqueña. En fin, es un daño absoluto al Pueblo de Puerto Rico. Entonces, ¿cómo es posible que se concretara tal acto vil por parte de la Iglesia Católica? Claro, es de conocimiento general los actos violentos de la Iglesia a través de los años, y es un asunto para reflexionar. Además, es paradójico e irónico el hecho de que esta venta ocurra para pagar una parte de la deuda que tiene la Iglesia con los maestros retirados de los colegios católicos, cuando es éste el lugar hacia donde se han dirigido muchos maestros y maestras para profundizar en sus conocimientos o continuar estudios graduados. Por otro lado, ¿qué tiene que ver con la venta del Seminario Conciliar la Junta de Síndicos actual del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe? ¿Qué hace el Instituto de Cultura Puertorriqueña en favor de nuestro patrimonio histórico edificado? ¿Qué va a hacer el Gobierno de turno para detener esta funesta transacción? ¿Qué podemos hacer nosotros, el Pueblo?

El Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe es la Universidad Nacional de Puerto Rico. Esta Universidad, de nivel graduado, junto a nuestra más querida Universidad de Puerto Rico –la universidad de todos y todas–, son patrimonio vivo de todos los puertorriqueños y puertorriqueñas; y ambas instituciones son símbolo de lucha por una educación en Puerto Rico. La sede de esta Universidad Nacional –Centro de Estudios Avanzados de Puerto y el Caribe– ha sido el Seminario Conciliar desde el decenio de 1980. La historia del Seminario Conciliar se ha fusionado con la historia de la Universidad fundada por Ricardo E. Alegría Gallardo. El edificio del Seminario Conciliar ha sido espacio de evolución intelectual para muchos puertorriqueños y puertorriqueñas, y lo ha sido desde el siglo XIX. Que este “espacio vivo” –es decir, un espacio cultural abierto para el disfrute de todo el pueblo puertorriqueño– todavía sea bastión de la educación en Puerto Rico enaltece a su gente. Que sea un espacio académico, pero también de encuentros, tertulias, contemplaciones, presentaciones artísticas, ferias de libros y artesanías abierto al público en general lo hace esencial para la sociedad puertorriqueña. ¿Con cuántos lugares como éste cuenta Puerto Rico? Nuestro País necesita de estos espacios abiertos al pueblo. Necesitamos más lugares de encuentros donde coincidan el conocimiento histórico, la apreciación artística, el disfrute cultural con esos días de asueto. Lugares hacia donde dirigirnos para aprender en familia.

Hablar del Seminario Conciliar es historiar años de lucha a favor de la educación en Puerto Rico. La existencia de una educación de calidad, amplia, diversa y accesible, pero sobre todo pública en Puerto Rico, ha sido una de las luchas más arduas en la colonia. Hablar del patrimonio cultural que es el Seminario Conciliar es entender que es el espacio perfecto para continuar la labor patriótica del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Universidad que reúne a los profesionales más capacitados para profundizar en la historia, la literatura y el arte puertorriqueño y caribeño. Los programas graduados en Literatura, Historia y Arqueología del Centro (CEAPRC) confirman lo que proponemos aquí: es la Universidad Nacional. En las aulas del antiguo edificio del Seminario Conciliar se ha estudiado lo puertorriqueño primero. Desde su fundación, hasta hace muy poco, se otorgaban diplomas con el título de Maestría en Estudios Puertorriqueños. ¿Dónde más se otorgaba dicho título? En un País, que desde el poder, se ignora la literatura histórica que le permitiría a los puertorriqueños y puertorriqueñas un cuadro más completo de sus capacidades como pueblo, de su identidad, de sus luchas y sacrificios a través de los años, sin duda alguna, este título no es cualquier cosa. Todo lo contrario, era un grado único en el País. También esta Universidad fue fundada por un puertorriqueño. Ricardo Alegría fundó una Universidad especializada en lo propiamente puertorriqueño y caribeño, en primera instancia, para beneficio de los mismos puertorriqueños. La misma figura que tuvo que ver con el desarrollo de un Instituto de Cultura Puertorriqueña; con la planificación del primer museo en Puerto Rico: el Museo de Historia Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico; entre otros proyectos culturales de gran importancia para el País. Su figura ha sido clave en la defensa del patrimonio histórico puertorriqueño.

¿Cómo salvar el “espacio vivo” del Seminario Conciliar? En efecto, nuestros históricos edificios son “espacios vivos”. Sólo hace falta voluntad y creatividad. Nuestro patrimonio edificado es fuente de inspiración para el pueblo, para generaciones futuras. El Viejo San Juan es un museo abierto, un museo al aire libre, como de igual manera lo son los centros urbanos de cada municipio. Si bien es cierto que nuestra riqueza arquitectónica nos remite a años de conquista y colonización también es cierto que nuestra identidad como pueblo precisamente fue evolucionando en ese entorno. Esos edificios son parte de nuestra memoria histórica. Y es, justamente, la memoria histórica lo que aquí está en juego, y el derecho a la cultura. La protección y conservación del patrimonio histórico y cultural es parte de ese derecho.

Ha quedado evidenciado que nuestro patrimonio arquitectónico es un negocio. Un negocio que no toma en cuenta a los puertorriqueños y puertorriqueñas. Un negocio que su único objetivo es privar al pueblo del derecho a la cultura y de suprimir la memoria histórica. Desde el año 2014, el dramaturgo e historiador cultural Roberto Ramos Perea nos viene alertando de una situación como la que estamos experimentado hoy con esta venta del Seminario Conciliar. Este edificio le pertenece al Pueblo de Puerto Rico. Es un símbolo de nuestra identidad. En este espacio estudiaron egregias figuras que estarían intrínsecamente ligadas a la concepción de una identidad puertorriqueña. El significado de este edificio trasciende la aparente legalidad y autoridad que colocaba a la Iglesia como dueño absoluto de este patrimonio histórico. Su significado es un símbolo unificador de la Patria. En palabras de Montserrat Guibernau, “el hecho de compartir ciertos símbolos y emocionarse por ellos tiene un efecto unificador. También contribuye a generar un sentimiento de comunidad y a fomentar los sentimientos de solidaridad” (Guibernau 2017, 106). Y, ciertamente, ese sentimiento de solidaridad es necesario para esta lucha. En una lucha que es del Pueblo, nos necesitamos unos a otros. Debemos tener la voluntad para preservar nuestro patrimonio histórico. Debemos luchar por ello; por lo que nos pertenece. La Universidad de Puerto Rico y el Seminario Conciliar son “espacios vivos” necesarios en nuestra sociedad. Ambos deben permanecer accesibles y “públicos” para el Pueblo. Ambos comparten una historia en donde lo intelectual es también lo espiritual. En ellos se encuentra la luz del conocimiento de todo un Pueblo.

 

 

Lo negro en las obras de José Campeche.

 

María Elba Torres Muñoz

La historia de las artes en Puerto Rico ha generado la repetición de los alcances de nuestros artistas fundacionales basado en sus adhesiones a los movimientos externos, primordialmente europeos; perdiendo muchas veces la responsabilidad histórica y cultural ante sus contextos de origen. En este escrito nos referimos a las obras de arte, a los escritos de algunos académicos y los artistas que en su tiempo dieron cuerpo y sentido al nacimiento artístico en Puerto Rico.

El análisis de estos materiales -más allá de su valor para la historia del arte- puede servir para conocer cómo la gente se veía y deseaba ser vista, cómo eran sus viviendas, su vestimenta o sus lugares de trabajo, cómo se mostraban en la cotidianeidad o en la vida oficial. Puede servir también para descubrir, en cada época, qué personas, situaciones y acontecimientos se consideraban dignos de ser reproducidos y, de esta manera, puestos a salvo del olvido. Las imágenes son recursos valiosos para los historiadores. Las imágenes que les presentamos a continuación muestran justamente eso.

Las narraciones raciales en Puerto Rico pueden representar para algunos/as un discurso divisorio a la nación, basándose en la idea del mestizaje resuelto.[1] Más por el contrario, la tolerancia al evidente racismo sostiene en sí mismo la división de la narración de la nación. La conversación inminente sobre este tema entre nuestros conciudadanos es material de unificación y pertinencia sobre todo si realizamos la posibilidad de exorcizar lo negado.[2] Hoy es necesario dar nuevas miradas para avanzar con profundidad nuestras realidades político-plásticas en la anquilosada historia del arte en Puerto Rico.

Ante ello nos preguntamos ¿Cuáles han sido las aportaciones de los/as actores sociales afropuertorriqueños en las artes visuales en Puerto Rico?[3] ¿Cómo se han elaborado los imaginarios visuales desde lo objetual o desde el sujeto afrodescendiente dentro de la historia del arte puertorriqueño? ¿Cómo han resultado los acercamientos críticos a los planteamientos plásticos de nuestros artistas visuales respecto al tema? Las aportaciones excluidas nos podrían dar luz en la formación de la nación desde los aconteceres propios y desde unas miradas que intersequen los imaginarios visuales del oficio del artista plástico en Puerto Rico.

Desde el siglo xvi hasta el presente poco se ha estudiado sobre la cotidianidad de los/as africanos/as esclavizados/as y libertos/as vistos/as a partir de sus posturas estéticas. Por ejemplo, las llamadas artesanías, sus adornos en el interior de sus hogares, su ropa, sus adornos corporales, cómo estos determinaron sus concepciones visuales.[4] Los colores, saberes, espiritualidades, actitudes, habilidades, conocimientos y formas materiales e inmateriales de sobrevivencia que plantean indudablemente los símbolos y subjetividades que crearon como cuerpo sometido y oprimido.

Hay que reconocer que muchas de las personas que llegaron a Puerto Rico procedentes de África eran portadores de destrezas artísticas y artesanales entre las cuales vale destacar la talla en madera, el conocimiento de la orfebrería, el trabajo con metales: bronce y cobre, entre otros. Todos los oficios y las artes gozaban en África de una categoría especial y casi siempre estaban ligadas con lo sagrado. Si esto fue así entonces nos preguntamos: ¿dónde se encuentran estas aportaciones en la historia del arte nacional puertorriqueña? ¿Podríamos afirmar de un legado simbólico visual de los cimarrones y esclavizados que fueron construyendo el país para gestar nuestras artes? Los hallazgos arqueológicos nos resultarían de vital importancia para descifrar estos momentos.[5] Entendemos que, al mirar las piezas artesanales o artísticas de siglos pasados por nuestros historiadores y críticos de las artes visuales, es posible que por ellos/as cargar concepciones europeas, hayan descartados en su momento, piezas valiosas con otros valores estéticos, no reconocidos por ellos y ellas. Razón por la cual hoy no tenemos piezas fehacientes de sus elaboraciones. Hecho que obliga a preguntarnos dónde están esas piezas? Las diversas excavaciones y los resultados de estas excavaciones realizadas por el propio Instituto de Cultura Puertorriqueña nos provoca saber ¿cuál ha sido su destino y/o estado de conservación? Aseguro que de existir estan siendo bien conservadas.[6]Las excavaciones del siglo pasado y del presente no presentan pruebas suficientes que puedan hilvanar la cotidianidad y la estética del africano y Africana que llegaron a Puerto Rico. Esto obliga a la siguiente pregunta y ¿porqué no circulan, porque no forman parte de nuestra narrativa nacional visual?

Nuestros artistas fundacionales emprendieron como tarea no solo la inserción de lo que se hacía en el exterior, sino asumieron como tarea la deconstrucción sistemática de los modelos dominantes de los que se apropiaron, pero cimentaron la posibilidad de sustituir con otras implicaciones ideológicas y políticas y artísticas.[7] Problematizando los contextos culturales e históricos donde oficiaban su arte.[8] Se nutrieron de técnicas y movimientos gestados en Europa, pero la nacionalización de estas técnicas se dió en beneficio de un discurso nacional y/o antillano y afrodescendiente. Tenemos constancia de imágenes de tan temprano como el siglo xvi en las Antillas y América Latina. Lo que explica que muchos de los africanos trajeron las destrezas y el oficio del arte a las Américas. Una referencia nacional sería el padre de José Campeche, una referencia ecuatoriana sería Sánchez Galique con la pintura Los Negros de Esmeralda del siglo xvi.

  1. ¿Cuándo comienzan a ser representad@s los/as afrodescendientes? ¿Cómo fue el entrecruce de miradas. ¿Cómo se miraron y cómo los miraron?

Desde la plástica en América Latina y el Caribe las pinturas desde el negro o la negra como objeto y en algunos casos como actores-sociales del oficio del arte en los siglos xvi y xvii en adelante, además de Sánchez Galique lo encontramos en las obras de Juan Correa; pintor mulato del virreinato novohispano en México de mediados del siglo xvii, maestro de gremios en ese periodo. Se auodenominaba “ mulato libre, maestro pintor”, sujeto libre del cautiverio de la esclavitud.[9] Por otro lado observamos la obra Candombe. Óleo de Martín L. Boneo. Boneo quien era un pintor argentino, que nació en 1829-1915. Se guarda una relacion entre el baile y el candombe en el original tango.

En el caso de la pintura de “ Los mulatos de Esmeralda” del pintor mestizo Sánchez de Galique de 1599. La obra fue mandada a pintar por Juan del Barrio de Sepúlveda, oidor de la Real Audiencia de Quito, para enviársela al rey Felipe III de España, y así demostrar la conversión y adoctrinamiento de los llamados cimarrones, esclavos negros huidos de los barcos europeos naufragados en las costas de América, y que según la pintura se vestían y cubrían sus cuerpos como fieles a la corona española, conviertiéndose en caciques de poblaciones indígenas y con ello se les consideraba libres.

Hay suficientes momentos en la historia del arte puertorriqueño en los que se registra la presencia de los afrodescendientes. Después de la pintura Adoración a los Reyes del primer pintor puertorriqueño Manuel García. Esta pintura evidencia desde muy temprano la religiosidad cristiana en la isla y la figura negra como parte de esa religiosidad. Como la vimos también en la pintura de Juan de Pareja por el pintor español Diego Velázquez en el siglo xvi.

La historia del arte en Puerto Rico clasifica las obras del mulato José Campeche (1751-1809). como obras fundacionales del arte en el Puerto Rico del siglo xviii.

El mulato José Campeche, retratará la ciudad de San Juan, los grandes personajes eclesiásticos y aristócratas, pero desde la óptica de un mulato. Nos apunta un país que presencia y cuenta con una mirada del otro, quien observa el poder, pero desde la otredad. Paulo Freire nos dice: “ Asumirse como sujeto es porque es capaz de reconocerse como objeto. La asunción de nosotros mismo no significa la exclusión de los otros. Es la ‘otredad’. Es la ‘otredad’ del ‘no yo’ o del ‘tu’ , la que hace asumir el radicalismo de mi yo.” ( Freire 1997.42).

Las obras el   Exvoto de la Sagrada Familia (1778-80), El miliciano Moreno ( 1785.), Retrato del gobernador Miguel Antonio de Ustariz (1792) y otras expresan evidentemente la condición del mulato y de los negros y negras en ese periodo, la presencia e importancia de la población negra en el país.[10] No podemos dejar de señalar que el periodo que corresponde al pintor mulato José Campeche, es el periodo de mayor comercio de la Trata Trasatlántica y la llegada de esclavizados/as africanas a través del negocio legal e ilegal a la isla. Llegarán a la isla de Puerto Rico african@s desde las Antillas cercanas como desde el continente europeo y directamente del continente africano. Según las estadísticas del siglo xviii se señala el aumento considerable de la población de esclavizados africanos en la isla.[11] Hecho que se repitió en muchos países de las Américas.

Teniendo muchas veces un carácter histórico las propuestas visuales de los siglos pasados debemos de darle la importancia necesaria a las obras del mulato José Campeche y las representaciones de los sujetos afrodescendientes en el proceso de la esclavitud e identidad de las personas de color obscuro en las artes. Campeche marca un hito en la construcción de la historia del arte por su habilidad pictórica, por su maestría con los pinceles, porque corresponde a ser un artesano-artista-mulato (conceptos que para ese entonces no estaban separados) y por incluir en sus obras la población evidentemente negra desde su ciudad, San Juan, desde la cual él se representa y representa a los suyos. [12]

Para ese siglo en muchos países de las Américas encontramos mayormente pinturas que representan los estamentos sociales en los respectivos países de América Latina y que se le llamaron, pinturas de castas, pero ese no es el caso de nuestro José Campeche. José Campeche nos sorprenderá violentando toda norma occidental-blanca de las artes visuales al incluir en sus obras personas negras que se presentan ante la familia sagrada. Un pintor negro que pinta negros. Nos refiere el profesor Arturo Dávila  que a José Campeche se le cuestionó su calidad artística por ser negro.

… “ Estos ( los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma) fueron hechos por el hijo de un negro, nombrado Tomás Campeche; que aunque no puedo menos decir que es virtud que un mozo de su oscuro color, calidad y clase, sin haber salido nunca de Puerto Rico, sin haber tenido maestros y sí solo con ingenio haya salido y sepa hacer lo que hace, nadie ha aprobado el que se le diga ‘ el inimitable pintor José Campeche.”[13]

Ante estas conjeturas totalmente discriminatorias y que fueron la norma para su época y siglos subsiguientes en donde se minusvaloraba la habilidad artística por su procedencia humilde y negra. Ante ello y en total solidaridad del oficio y reconocimiento de José Campeche, Francisco Oller pronuncia unas palabras en los actos de premiación de sus alumnos, Reconociendo en Campeche el germen del arte en Puerto Rico.

«¡Campeche! luz perdida en la oscuridad de aquellos tiempos en que era el arte para Puerto-Rico un secreto. ¡Campeche! amante cual ninguno del divino arte, pintor intuitivo, sin guía, sin tradiciones artísticas, sin precedentes (pie pudieran guiarle en el camino de la gloria: fija siempre su vista en la azulada bóveda, sin estudiar lo humano, firme en su amor y extasiado en lo infinito, bajó á la tumba desconociendo la verdad de la naturaleza. Un recuerdo, sí, para Campeche, porque él fué, sin duda, quien sembró en nuestro país el germen del arte.» [14]

La producción pictórica de José Campeche estuvo sujeta a la demanda de un mercado de carácter artesanal, propio de la época en donde la demanda determinó la oferta de su producción pictórica. Más sin embargo serán escasas las obras del pintor-mulato que presente abiertamente la población que lo identifica como negro. Serán escasas, pero en ellas emerge toda una intención de presencia, reconocimiento y justicia a sus antepasados. En su pintura el Exvoto de la Sagrada Familia, José Campeche nos apunta a la espiritualidad cristiana y africana simultáneamente. Lo afropuertorriqueño y el rescate de la etnicidad y racialidad en José Campeche. Sus obras son justamente el comienzo de la afirmación de lo propio afropuertorriqueño. A estos efectos nos comentó José Luis González en su libro el País de Cuatro Pisos:

 

“En el seno de ese mismo sector popular nació nuestro primer artista de importancia: José Campeche, mulato hijo de esclavo ‘coartado’(es decir, de esclavo que iba comprando su libertad a plazos). Si la sociedad puertorriqueña hubiera evolucionado de entonces en adelante de la misma manera que las de otras islas del Caribe, nuestra actual ‘cultura nacional’ sería esa cultura popular y mestiza, primordialmente afroantillana.” (González: 1980: 22)

Esa afropuertorriqueñidad se expresa a través de la reapropiación de espacios celestiales con redefinición de territorialidad con aptitudes de alto desafío y flexibilidad para crear lógicas propias de novedosas construcciones sociales en el Puerto Rico de la época desde su etnicidad y racialidad. Su postura no fue obviar lo que era evidente, sobretodo en un momento histórico donde el Tratado Trasatlántico se encontraba en la cúspide de la esclavitud africana y la población africana era mayoritaria en el país. Explicar su obra solamente desde posturas eurocéntricas es negarle al sujeto pintor sincronizarse en su propia realidad racializada. Las conquistas todas han implicado la racialización de los colonizados.

Es de sumo interés desde el plano celestial la obra Exvoto de la Sagrada Familia, en la que aparecen tres jóvenes afrodescendientes ante la familia sagrada católica. Estos jóvenes negros están vestidos a la usanza de la época y aparecen con unos colores azules claros, rosados y blanco; colores que se han despachados ligeramente como los colores de gran significado y uso dentro del movimiento rococó en las artes occidentales. No cabe la menor duda que contenga este significado, pero a su vez esos colores tienen sus significados espirituales con gran información semántica-visual-estética y étnica. Por ejemplo, esa vestimenta azul claro, en el joven que lleva consigo los ramilletes de flores, bien nos podrían inducir a pensar en la espiritualidad de los afrodescendientes en ese periodo y todos los simbolismos propios de esa espiritualidad que estuvo camuflajeada con la religiosidad e instituciones católicas. Ese azul claro nos puede hablar de un color que se considera como símbolo espiritual. Se le compara con el mar, la transparencia, el cristal, el cielo y el espacio. El azul claro nos remite a la profundidad y frescura y contiene una promesa de libertad. Simboliza la calma de un mar tranquilo, la ternura, el amor a la vida. Representa la plenitud de los más fervientes anhelos de unificación y de comunión con la naturaleza, la verdad, la confianza, el amor y la dedicación. Simboliza lo tradicional, los valores permanentes, la eternidad sin tiempo. De igual forma nos preguntamos: ¿Qué significa la entrega de flores blancas y rojas a las máximas jerarquías cristianas desde la idea de las ofrendas en la espiritualidad afro?  El rojo que nos incita al complacido significado pasional y al fuego, pero también a la limpieza con el azufre. Conteniendo el blanco más allá del significado de la pureza y de los valores diáfanos. Campeche nos propone la hibridización de las espiritualidades cristianas con la de los afrodescendientes, como un hecho común y a la vez complejo. Los niños afrodescendientes que aparecen en esa pintura nos permiten señalar la intención de pintar e incluir dentro de sus obras el elemento que no sólo lo identificaba como sujeto histórico, sino que hace valer dentro del sistema del arte a las figuras afrodescendientes y sus espiritualidades. Entonces, es de suponer la reconstrucción de sus creencias religiosas y objetos culturales de origen africano por la transculturación a los símbolos europeos. Por otro lado, me pregunto estarían hablando la misma lengua, supongo el español o fueron llevados sin el conocimiento de lo que se presenta. La población afro tenia la obligación de atender con devoción la cristiandad en Puerto Rico. ¿Lo habrán entendido y cómo subsiste hoy diversidades interioridades y subjetividades espirituales de descendencia africana en Puerto Rico?

En el Exvoto de la Sagrada Familia y otras pinturas de Campeche notamos la búsqueda de la afirmación afrodescendiente con el fin de auto externalizar una identidad de subordinación y estigmatización desde las artes.[15] Se exhibe el deseo de ejemplificar el sustrato nacional de los puertorriqueños y las puertorriqueñas desde lo afro. Si bien su entorno es totalmente aéreo, estas figuras tocan suelo, tocan tierra de sus ancestros dentro de su acto devocional. La posición de rodillas no sólo representa sumisión también representa reposo, el contacto con la tierra. Expresa raíces en cada una de las figuras que se mantienen dentro de la latitud terrenal. Igualmente apuntamos que en la obra el Retrato del Gobernador Miguel Ustariz los personajes negros aparecen en un plano casi subterráneo y apenas se le reconocen los rostros de los trabajadores. En último plano de la pintura es el lugar, que entiende José Campeche, que se encuentra la población trabajadora, esclavizada y sometida.

Apocar la presencia de estos sujetos africanos en la obra de arte de Campeche a ser actores pasivos que son llevados por la monja a la presencia cristiana, es no capturar la cercanía de las ancestrías y espiritualidades de las/os africanos que estaban llegando a Puerto Rico a poblar la isla y que sus espectros espirituales eran tan cercano como su llegada a la isla. Campeche no tan solo fue el germen del arte puertorriqueño, sino que elaboró formas de vencer la subordinación y la exclusión consuetudinaria en el sistema de la esclavitud, en donde mantenían a los negros y negras fuera de las estructura estamental de ese periodo en Puerto Rico.

Tengamos en cuenta que la ciudad de San Juan sería para entonces un territorio en tensión y de negociación entre la aristocracia, la institución eclesiástica, militar y los/as afrodescendientes, fuesen estos artistas-artesanos, corsarios, propietarios, libertos o esclavizados. En fin, los afrodescendientes o africanos/as eran una diáspora recién llegada, que se veía obligada a existir en un nuevo espacio sin la posibilidad de un retorno. José Campeche se sitúa desde lo político transformando al objeto en sujeto en sus producciones plásticas. Estas obras expresan la diáspora africana como agente político que negocia continuamente las construcciones sobre una supuesta identidad reducida al europeo dominador en el espacio puertorriqueño. Campeche pone en juego su derecho de inscribir a la población afrodescendiente en las narrativas del país.

Como hemos podido demostrar, aunque no a la saciedad, ya que el espacio nos marca, fueron muchas las imágenes que tomaron como elemento esencial de sus obras a los afrodescendientes en el siglo xviii en América Latina y el Caribe . De este modo, la intención de José Campeche fue recalcar nuestros orígenes y nuestro sustrato nacional terrenal y celestial. Cualquier estudio minucioso de las representaciones pictóricas mulatas, cimarronas y esclavizadas de los siglos xviii al presente requieren plantearse desde el arte como resistencia y elaborar una profunda mirada histórica del acontecer pictórico en los periodos de estudio. Es por ello que nos es dado apuntar justamente la importancia de la obra de José Campeche en el entorno del siglo xviii, en donde el sujeto africano/a, esclavizado o no esclavizado en las islas, estaba evidentemente presente. Aquí es de gran valor y necesidad poder estudiar la historia de Puerto Rico de los siglos xviii y xix con las obras del pintor- mulato José Campeche.

Y por último no menos interesante es ver en la obra El miliciano moreno ( pardo). La milicia fue y es una de las formas que han optado los negros libertos en todos los siglos. Fue una de las forma más inmediata de alcanzar estatus y mejor paga entre la población afropuertorriqueña. Pero claro, siempre jurando defender la corona. Esa imagen del miliciano moreno ( negro) es justo la representación de los defensores contra las invasiones inglesas a Puerto Rico,sobre todo la del 1797. Esa invasión le tocó vivirla Campeche y la deja plasmadas en los cuadros sobre la invasión inglesa y la obra El Miliciano pardo.[16]

Lo que se ha dicho sobre la obra de José Campeche no es suficiente para poner en justa perspectiva la presencia y la resistencia de este mulato-artesano-orfebre-pintor y músico, que se sitúa como el “otro” subalterno que pinta el poder. Los análisis en torno a la obra de José Campeche nunca han mirado al sujeto afrodescendiente ante su obra, cómo si no tuviese la posibilidad como mulato de elaborar su producción plástica desde él frente al objeto que pinta y se distancia. José Campeche negociaba con su otredad, que si bien los pintaba, porque otros no lo reconocían. José Campeche fue un artista mulato que desde su postura reflejó su resistencia y afirmación afrodescendiente en sus obras siendo el germen del arte puertorriqueño.

La autora es Directora del Instituto Interdisciplinario y Multicultural (INM) de la UPR en Río Piedras

Notas

[1] El concepto de mestizaje ha sido reelaborado y en el siglo xxi proponiendo el concepto afroindoamericanos. Veánse los trabajos de J.Jesús María Serna Moreno, Herencias etnoculturales en Puerto Rico y Nueva York. UNAM, México.

[2] Nos dice el Dr. Isabelo Zenón en su libro Narciso descubre su trasero que : "El dato más original y omnipresente
del racismo puertorriqueño es la negación
más absurda y obstinada de su existencia".
(Zenón, 25)

[3] El concepto afropuertorriqueño ha provocado mucho disgusto entre los historiadores en Puerto Rico que plantean que la palabra puertorriqueño es suficiente ya que según ellos/as se basa en el armónico mestizaje. De este modo y a partir del bautismo de Puerto Rico por los españoles sustituyendo el nombre de los pueblos originarios Boriken. Es decir con el nombre del gentilicio desde la conquista quedó sellado ese mestizaje. Los hechos han demostrado lo contrario.

[4] En todas las ciudades coloniales, los africanos y sus descendientes se encargaron de diversas actividades que exigían creatividad, destreza y conocimiento de técnicas sofisticadas.. Su arte representó un proceso de creación anclado en lo colectivo, a diferencia del sentido individual que primaba en las sociedad occidental. Lo colectivo del arte no sólo fluyó en la narración de los propio, también relató las zonas de influencia con lo otro, expresando de este modo sus contactos con otros grupos o ideologías.

[5] Un gran ejemplo de ello es el libro la Cocina Artesanal Puertorriqueña, de Doña Emma Duprey Sterling, quien presenta varios platos propios de la gastronomía afropuertorriqueña. El artefacto más vinculado a la producción del casabe y que más comúnmente aparece en los yacimientos arqueológicos es el burén, que era una plancha de barro sobre la cual se cocinaba el casabe. Fue utilizado por las culturas igneri, ostiones y taína. El burén se montaba sobre piedras o sobre tres patas hechas de barro, llamadas topias. El uso de fogones para cocinar el casabe es uno de los elementos comunes que puedan vincularse a la existencia de casas individuales o bohíos y que fueron formas de vivienda de los afrodescendientes.

[6] He visitado los repositories fisicos del ICP guiada por la Registradora Laura Quiñones. Me constan de los cuidados a todos artefactos artísticos que guardan.

[7] Pienso en las peripecias que pasó la pintura del Velorio por Francisco Oller para llegar a Francia. Comentan los historiadores de Francisco Oller que por mantener otra tecnica fue rechazada. Hoy por hoy una de las obras más iconicas del pais.

[8] Podcast | Yolanda Wood https://www.wrtu.pr/2014/11/30/podcast-yolanda-wood/ Noviembre, 30, 2014, Radio Universidad de Puerto Rico.

[9] Velázquez Gutierrez, Maria Elisa, Juan Correa, Circulo de Arte,CONACULTA, Mexico, 1998.

[10] La defensa de los territorios en las Américas se realizaba alistándose en la milicia . Se les agrupaba en cuerpos diferenciados según su color de piel : pardos o mulatos . La milicia siempre ha sido una alternativa para salir de la pobreza. Ofrece estatus y dinero.

[11] Nistal –Moret, Benjamín, Esclavos, prófugos y cimarrones, 1770-1870,

[12] La castas fueron   cartografías para explicar las respectivas mezclas interraciales en las Américas.

[13] Dávila, Arturo, José Campeche - Testigo de la Ciudad, Cuadernos de Cultura #12, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2005p.9, 

[14] La Exposición de Puerto Rico, San Juan de Puerto Rico, 1895.

[15] Veánse las pinturas El Retrato del Gobernador Miguel Ustariz y El miliciano Moreno.

[16] Veáse -1898 Sociedad Amigos de la Historia de Puerto Rico. Buscar Uniformes del ejército y las milicias de Puerto Rico de finales del siglo 18. Preparado por Luis M Iriarte R. (Original 2005- Actualizaciones 2013) En la actualidad xiste la organización histórica de Puerto Rico: Milicias Disciplinadas de Puerto Rico 1797

Será Otra Cosa:La lucha con el diablo del mediodía

Especial para En Rojo

Llevo toda la vida peleándome con ese diablo meridiano del que hablan los textos bíblicos: la acedia, la melancolía, la abulia, la pereza, el desaliento. Hoy encontré su nombre, por fin, en las lecturas que hacía para escribir esta columna. Procrastinaba y, como el monje acedioso del que hablaba Evagrio Póntico (343-399), miraba por las ventanas, me distraía, me perdía. Buscaba la palabra y la encontraba. Aprendía y luchaba con el demonio errante de la tristeza. Eso decían los sabios, y yo les creo.

Voluntad. Ganas de hacer. Empeño. En actividades creativas, vencer el diablo del mediodía es clave. A este diablo no le va bien la disciplina, el impulso creador, la perseverancia. Es diablo distractor, me cuentan. Sólo quien lo vence, logra algo.

Voy a intentarlo una vez más.

  1. Aborrecerse y procrastinar

Leo sobre la palabra procrastinar (dejar para mañana) un artículo de Gabriel Zaid que me explica que viene del vocablo cras, mañana. (De paso, me entero de que San Expedito fue un comandante romano que aplastó a un travieso cuervo que insistía en que dejara para mañana (cras, cras) su conversión religiosa.) El vocablo cras, mañana, es una palabra antigua, cercana al latín, pero procrastinar entró al DRAE hace casi treinta años, por influencia del inglés. En esa lengua, procrastinate se registra desde el siglo XVI, pero ya ven, es una palabra perfectamente legítima en español. Vueltas que dan las palabras, como yo, cuando procrastino.

  1. Entonces, leo sobre la acedia

Tiene razón Evagrio Póntico cuando la describe para los «monjes acediosos»: primero viene el vagabundeo, el monje se pone a hablar con otra gente, se distrae. Se olvida de quién es y de qué busca, y esto conduce a una vida sin provecho. Se olvida de que es monje, se separa de sí, es otra cosa. Hay que vivir en plena conciencia del presente, evitar la dispersión, ordenar el pensamiento.

Sustituyo en lo que leo «Dios» por «Arte» o «Poesía» y recuerdo que la actividad artística, la escritura, también supone quietud, perseverancia, «encerrarse en la celda», vivir en plena conciencia del presente, evitar la dispersión, ordenar el pensamiento. Estoy atada a la silla y procuro no distraerme, pero la palabra y el monje del siglo IV me llevan a errar por los espacios virtuales. Entonces, leo, me disperso. Continúo.

Busco sobre la acedia y encuentro otras tantas cosas: que significa pereza, flojera, pero también angustia, amargura; que alguna vez significó falta de cuidado, descuido; que en la Edad Media se asociaba al mal humor y el aborrecimiento de la hora de la siesta; que, según Emile Cioran, «el hastío es el martirio de los que ni viven ni mueren por ninguna creencia» (Breviario de pobredumbre, 173); que el demonio de la acedia, o demonio del mediodía, según Evagrio Póntico, es «el más pesado de todos los demonios»; que este concepto cambia a través de los tiempos y ha significado descuido, pero también melancolía, spleen, apatía, aburrimiento.

Todo esto que leo me da vueltas en la cabeza. Entonces pienso en las vacaciones, en la vagancia, en estar quieta, en enfrentar el demonio del mediodía: vivir el momento a ver qué pasa.

  1. La vagancia

Vacaciones. Vagar, vagabundo, vaguedad. Perezoso, haragán, holgazán, holgazanería, vagancia, errático, error. Ocioso, desganado, triste.

Dice un diccionario en línea que «vagancia» es falta de ganas, andar por ahí sin rumbo, estar libre y suelta, desordenada, indispuesta para las obligaciones, pero también: tiempo desocupado que permite hacer algo, lentitud, pausa, sosiego o tedio. Se dicen tantas cosas vagas.

Dice también cosas que ya sabía: que la pereza, en la religión cristiana, es uno de los siete pecados capitales, junto a la ira, la avaricia, la envidia, la gula, la lujuria y la soberbia; que se asociaba a la tristeza, y ya sabemos lo peligrosa que puede ser una persona triste. Dice también que Gregorio Magno, en el siglo VI, revisó los ocho patrones del mal pensamiento propuestos por el monje Evagrio, y los transformó en estos siete pecados capitales.

Divago. Procrastino. Voy errante en la red.

¿O acaso es tedio? ¿Desgana, tristeza? ¿Aborrecimiento?

A propósito, me agrada que la holgazanería sea, por definición, odio al trabajo. ¿Qué es trabajo, además? Hay quien me ha dicho que no ha trabajado un solo día de su vida, porque adora su oficio y no lo considera una obligación.  ¿Qué es, entonces, «trabajar»?

Leo en un libro de 1863: «Perezoso es aquel que tiene repugnancia habitual al movimiento. El holgazán evita el trabajo cuanto puede, y mira con avidez la hora, para ver cuándo llega el momento de holgar. El vago no hace ni mira nada. La vagancia es su profesión.» (Roque Barcia, Sinónimos castellanos). Entonces leo sobre los vagos.

  1. Vagos, pobres, indeseados

Hay varios estudios sobre la vagancia, de cómo «el vago» en los momentos fundacionales de las naciones, estaba sujeto a la vigilancia y el castigo por parte del estado.

Y es que los pobres, nos dicen los expertos, no son un grupo homogéneo: hay pobres buenos y pobres malos, no es lo mismo el mendigo que el vago, que el jornalero mal pagado. Había, me dicen, pobres «deseados» merecedores de la asistencia social, como había «indeseados», sometidos a la llamada justicia, según su capacidad para el trabajo.

En cuanto a los vagos: vagos eran, según las leyes del siglo XIX en Colombia, los que se dedican a andar por ahí, en mala compañía, sin ocupación, los que piden limosna sin ser inválidos y hasta «los hijos de familias mal inclinados, con malas costumbres e irrespetuosos con sus padres». Ser vago era un problema para los mandamases.

Asimismo, para los mismos años en Puerto Rico, un gran sector de la población andaba por ahí, sin casa ni oficio, viviendo el día a día. Los hacendados se quejaban de la escasez de mano de obra y el gobierno español respondió con procedimientos legales contra la vagancia. Los trabajadores puertorriqueños que encontraron los norteamericanos a finales del XIX, carecían de la «disciplina laboral» necesaria, a los ojos mercantiles, para el desarrollo industrial, es decir, para dejarse explotar por los nuevos señores.

Hoy, en estos días, los empresarios se quejan de que los cheques de alivio pandémico han hecho exigentes a los trabajadores, especialmente a los más jóvenes, y no quieren trabajar. No consiguen empleados que quieran trabajar por $7.25 la hora. Una cafetería sanjuanera advierte a los clientes que debido a la falta de empleados tienen turnos más largos para las mesas. Yo digo, como tanta gente, que si pagaran mejor, otro gallo les cantara.

  1. Apología de la vagancia

Conocí hace tiempo un defensor de la vagancia. No hacer nada, hacer sólo lo que place, hacer poco. Vivir como un gato. Vagar, vaguear, vacacionar. A su juicio, todos debíamos tener ese momento garantizado: no hacer nada o hacer lo que nos de la gana. Esa era la promesa (era, he dicho) de la jubilación, del retiro: hacer, por fin, lo que nos plazca. Siempre preguntamos a los retirados lo mismo: qué estás haciendo ahora que no estás trabajando. ¿Deben estar haciendo algo?

Mi amigo feliz (el que nunca había trabajado porque ejercía un oficio gustoso) decía (recordando sus lecturas bíblicas) que el trabajo no era una virtud sino un castigo: nos expulsaron del paraíso y nos dijeron: ganarás el pan con el sudor de tu frente. Decía eso para defenderse del imperativo moral del trabajo, la idea burguesa de que el tiempo se pierde si no se transforma en producto, es decir, en mercancía. El tiempo es oro.

Y yo recuerdo entonces los versos del poema «La aurora» de Federico García Lorca: «saben que van al cieno de números y leyes, / a los juegos sin arte, a sudores sin fruto».

  1. Nota final

He hecho como Evagrio ha aconsejado, me he quedado en la celda, obstinada en estas letras. He llegado al final porque me he amarrado a la silla, he mirado por la ventana – eso sí – pero la distracción era el mismo camino que debía recorrer para llegar a este escrito. He vencido al diablo distractor, con sus propias armas, pero no sé a dónde he llegado. ¿Al final, acaso? ¿O es este un principio?

Algunos textos recorridos:

Natalia Botero Jaramillo. "El problema de los excluidos. Las leyes contra la vagancia en Colombia durante las décadas de 1820 a 1840" ACHSC 39.2 (julio-diciembre 2012): 41-68

María Lucrecia Rovaletti. "La acedia como forma de malestar en la sociedad actual: entre el tedio y la ansiedad", II Simpósio Internacional de Psicopatología Fenomenológica: "Psicopatologia do presente: teoria e pratica", Facultade de Ciencias Médicas da Santa Casa de Sâo Paulo. 3-5 noviembre 2016

Gervasio García, "Economía y trabajo en el Puerto Rico del siglo XIX" HMex 38.4 (1989): 855-878.

Marisa Monto, "La «conciencia inhóspita» y el demonio del mediodía". XIVa Jornadas de Filosofía Medieval del Centro de Estudios Filosóficos Eugenio Pucciarelli, El bien y el mal en el Pensamiento medieval: ángeles y demonios. Buenos Aires, 2019.

Martin Gelabert, "El demonio del mediodía" 8 de septiembre de 2020, vidareligiosa.es

Rubén Peretó Rivas. Acedia, melancolía y depresión. Aportes para una reconstrucción histórica. Revista de Humanidades Médicas y Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. 3 (2011): 1-20

Gabriel Zaid, "Procrastinar" https://elmalpensante.com/articulo/1864/procrastinar

Evagrio el Póntico, "La acedia", Sobre los ocho vicios malvados https://ec.aciprensa.com/wiki/Evagrio_del_Ponto:_Sobre_los_ocho_esp%C3%ADritus_malvados#La_acedia




Mirada al País: El Dilema de Puerto Rico: ¿Un País sin futuro o un futuro sin País?

 

Especial para CLARIDAD

Durante los pasados días le dediqué muchas horas a la lectura y análisis del más reciente Plan Fiscal que adoptó el 23 de abril de 2021 la Junta de Control Fiscal (JCF). Admito que este ejercicio de análisis es casi un acto de masoquismo intelectual y emocional. Comenzando con el título, “2021 Fiscal Plan for Puerto Rico-Restoring Growth and Prosperity”, este documento proyecta la insensibilidad y, hasta cierto punto, la perversidad que implica la Ley PROMESA para el bienestar de todo nuestro Pueblo. Mirado de forma agregada, el Plan Fiscal, PROMESA y la Junta de Control Fiscal representan la voracidad de la ideología neoliberal que se ha entronizado en nuestro País durante los últimos 30 años. Estas entidades acosan a Puerto Rico como carroñeros, como entes que se ceban de las desgracias del País. Acometen, de forma agresiva contra toda la estructura y funcionamiento del aparato gubernamental con implicaciones profundas sobre el bienestar de la sociedad puertorriqueña. Nos visualizan y se refieren a nosotros, los nacionales, como “residentes en Puerto Rico”, es decir, como si fuéramos un grupo humano que pernocta en un espacio geográfico con el que no tiene nexos emocionales, culturales, sociológicos y patrióticos. En este Plan Fiscal la JCF estrangula a la UPR, reduce las pensiones de decenas de miles de jubilados, formalizan la privatización del servicio eléctrico sentenciando, de paso, la eventual desaparición de la Autoridad de Energía Eléctrica, desmontan la estructura institucional del ejercicio de la planificación a nivel central y a nivel municipal alterando, unilateralmente, las normativas de planificación, los reglamentos, el Plan de Usos de Terreno, entre otras instancias. La JCF mantiene secuestrado el presupuesto del gobierno del País y así mismo mantiene secuestrado las funciones ejecutivas y legislativas del mismo. Han asumido, literalmente, toda la función normativa del Gobierno de Puerto Rico de forma unilateral, gestión que sólo será beneficiosa para a los bonistas acreedores de Wall Street.

La justificación o razón de ser de la ley PROMESA está centrada en la incapacidad fiscal del gobierno de Puerto Rico para atender la inmensa deuda contraída con inversionistas extranjeros que se han lucrado de la actividad económica del País durante muchas décadas. La bancarrota fiscal del gobierno de Puerto Rico, en la práctica, es la bancarrota de la estructura y el funcionamiento del sistema económico instalado y operado por el poder imperial de los EE.UU. y de las compañías multinacionales que han operado en Puerto Rico. Una parte sustancial de la deuda a los bonistas se relaciona con la emisión de bonos que fueron invertidos en las corporaciones públicas responsables de la instalación y operación de la infraestructura vital eléctrica, de agua potable y alcantarillado sanitario, de carreteras y medios de transportación, de puertos y aeropuertos y de telecomunicaciones, para mencionar las más relevantes. Toda esa infraestructura construida durante los pasados 70 años, especialmente la eléctrica, resultaba indispensable para viabilizar la explotación de las actividades industriales, como las petroquímicas, las químicas, las farmacéuticas, las electrónicas, las atuneras, entre otras. De esa infraestructura las de mayor importancia estratégica era la producción de energía eléctrica, la de agua potable y la red vial de autopistas, expresos y carreteras. Sin esa infraestructura esa actividad económica, relacionada a la actividad industrial de las empresas multinacionales no hubiera sido posible. Estoy seguro de que la ganancia acumulada durante décadas de esas multinacionales representaría, a dólares corrientes, cerca de $1 trillón.

 

La infraestructura vital, también resultaba crítica para la operación y funcionamiento de las instalaciones militares norteamericanas en Puerto Rico. Por ejemplo, la producción de la Autoridad de Energía Eléctrica era crítica para viabilizar la operación y el funcionamiento de la basa naval de Roosevelt Roads en Ceiba-Vieques, de la base aérea Ramey en Aguadilla, de las instalaciones del ejército en Buchannan, Campamento Santiago en Salinas y Fort Allen en Juana Díaz. También para las decenas de instalaciones de antenas y radares en Isabela, Sabana Seca, Aguada, Cerro Las Mesas en Mayagüez, el Radar Relocalizable Sobre el Horizonte en Vieques, el Aerostato en Lajas y muchas otras dispersas en el territorio nacional. Hay que recordar que la justificación primaria para la imposición colonial de Puerto Rico era (y quizá aún lo es) su importancia estratégica militar para asegurar la operación del movimiento mercantil del Canal de Panamá y la posibilidad de una respuesta ofensiva del poder nuclear en tiempos de la Guerra Fría. El Departamento de Defensa de los EE.UU. constituía el octavo “cliente” de mayor consumo de energía producida por la AEE el año fiscal 1977-78. El aparato militar, como cliente, sólo era superado por las grandes instalaciones petroquímicas como Union Carbide, PPG, Air Products, CORCO, Phillip P.R. Core y Hercor Chemicals. Nótese que todas estas instalaciones industriales estaban relacionadas con los complejos petroquímicos para los cuales el Pueblo de Puerto Rico se comprometió construyendo los complejos termoeléctricos de Costa Sur y de Aguirre, así como ampliaciones de la capacidad de producción termoeléctrica en Palo Seco y San Juan.

El balance de todo este sistema de explotación económica y la secuela de contaminación y de degradación ambiental relacionados gravitan, junto a la deuda pública, en forma de un ‘lastre’ para la recuperación y desarrollo de Puerto Rico. PROMESA y la JCF nos penalizan, a los “residentes” en Puerto Rico por una deuda significativa asumida para hacer viable la explotación económica y la ventaja geo-militar norteamericana que ha prevalecido por tantos años en este Puerto Rico colonial. El Plan Fiscal ignora también todo este contexto. De hecho, pretende ignorar la realidad colonial que valida su presencia en Puerto Rico. El Plan Fiscal ignora u olvida la crisis ambiental que supone el calentamiento del Planeta y el cambio en el clima. Ignora la inequidad e injusticia social que implica el sistema capitalista neoliberal que representan en Puerto Rico. Somos una Nación explotada, materialmente pobre y empobrecida endémicamente por un sistema que favorece la acumulación de riqueza en manos de unos pocos mientras socializa las carencias de todo tipo en una masa creciente de gente desposeída. Pierde de vista, además, la realidad demográfica del componente de “viejos” que constituimos más de una cuarta parte de toda la población del País. Pretenden que la mayoría de Pueblo compuesta por gente pobre, ‘vieja’, con una alta incidencia de enfermedades mentales y emocionales, y enfermedades orgánicas y orgánicas catastróficas (cáncer, Alzheimer, condiciones cardiovasculares, renales), asuma la deuda fiscal comprometiendo el acceso a los servicios esenciales que propicien para una convivencia digna. Pretenden que este País, económicamente explotado, vulnerable y vulnerado, no tenga futuro. Se comportan y nos tratan como aves rapaces.

No hay duda de que tenemos grandes problemas y grandes retos en el Puerto Rico del presente. Enfrentar estos retos requiere el desarrollo de una conciencia de nosotros mismos distinta a la que visualiza y articula la JCF como un grupo de “residentes en Puerto Rico”. Esta conciencia de nosotros mismos como individuos y como Pueblo es indispensable para exigir un cambio radical en la forma y la manera que nos constituimos como Nación civilizada. Si no nos sensibilizamos y ampliamos nuestra conciencia colectiva sobre lo que somos y lo que queremos ser, terminaremos como víctimas de un capitalismo neoliberal depredador, que sostiene nuestra estructura colonial. Tenemos todos que asumir la responsabilidad moral y política con las generaciones futuras para asegurarles la posibilidad de una vida plena. Esta visión no se logrará si no nos sacudimos del yugo colonial y de la imposición de la JCF. Sólo así tendremos futuro como Pueblo.

 

Puerto Rico enseña su clase en el Americup

 

Especial para CLARIDAD

Desde el pasado viernes 11 de junio se está llevando a cabo en el Coliseo Roberto Clemente el torneo Americup Femenino que clasifica a los mejores cuatro equipos para las ventanas del Mundial de Baloncesto que se llevarán a cabo en el 2022 en Australia.

Hasta ahora las boricuas marchan con marca de tres ganados y una derrota, venciendo holgadamente a Venezuela, Argentina, República Dominicana y perdiendo con Estados Unidos, para llegar en la segunda posición de nuestro grupo. Esto prácticamente nos garantiza un juego con Colombia el jueves en la búsqueda del pase.

Listas para hacer ruido en Tokio

Recordemos que este el único deporte colectivo que hasta la fecha tiene su pase olímpico y si bien nos tocó un grupo extremadamente duro con los clasificados #2 #9 y #6 del mundo en Australia, China y Bélgica respectivamente, nuestra participación en este Americup ha dejado claro la mejoría tan grande que ha dado nuestro equipo, y que aún cuando no estamos a ese nivel mundial todavía, esta es sin duda la mejor edición de baloncesto femenino de nuestra historia y un equipo que va a seguir dando candela los próximos años.

O’Neill se consagra como nuestra principal jugadora

Aunque este equipo tiene mucha más profundidad que cualquier otro equipo en nuestra historia, Jenifer O’Neill nuevamente ha demostrado por qué es el cañón grande de las boricuas con su juego. El pasado domingo contra Estados Unidos montó un espectáculo en el primer cuarto, recordándoles por qué fue una ex jugadora de la WNBA.

Con lesiones menores Jazmón y Pamela

Las atacantes Jazmón Gwatney y Pamela Rosado han sufrido dolencias en la muñeca que han requerido descanso por lo que Pamela no jugó ni contra Estados Unidos ni contra República Dominicana,  Jazmón también requirió descanso contra República Dominicana. Aún así se espera que ambas estén en uniforme el jueves y la lesiones de ninguna de ellas parece ser de preocupación camino a Tokio.

Refrescantes Jacqueline y Dayshalee

Por otra parte, ver el regreso de Dayshalee Salaman a la cancha ha sido emocionante. Recordemos que Salaman (a quien apodan Dinamita) no iba a participar en los Juegos Olímpicos si se hubieran realizado en el 2020 por una lesión en una rodilla sufrida en el segundo partido del clasificatorio que requirió una operación. Sin embargo, ha logrado completar su rehabilitación y mostrarse con la misma explosividad que nos tiene acostumbrados y será para todos los contrincantes un dolor de cabeza en Tokio. Mientras por su parte en su primera participación con el equipo grande en un torneo de este nivel Jacqueline Mary Hope Benítez ha dejado muy buena impresión en todos los aspectos por su defensa, el hecho de que mete el triple y puede atacar el canasto, dándole a Puerto Rico una nueva alternativa viniendo del banco para los Juegos Olímpicos.

Sin duda nuestro equipo femenino se ve en su mejor momento y aunque la cuesta en Tokio es empinada no me cabe duda de que harán una buena representación y darán candela al que sea, estaremos pendientes.