Inicio Blog Página 1137

¡Hasta siempre !

La Junta Directiva y el Colectivo de CLARIDAD se unen a la pena que embargo al movimiento sindical ante la partida del compañero Renán Soto Soto. Renán falleció el pasado domingo 26 de julio. Renán fue el presidente de la Federación de Maestros de Puerto Rico por más de una década en una de las épocas más álgidas para los y las trabajadores(as) de la educación.

Fue luchador incansable por los derechos del magisterio y por la justicia social. Perteneció a diferentes organizaciones como el Comité de Organizaciones Sindicales (COS) y dio su apoyo al  Instituto Laboral de Educación Sindical (ILES), entre otras.

A su familia la de sangre, y la extendida vaya nuestro abrazo grande y solidario.

 

El Departamento de Educación ignora la Educación Física

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Para los maestros de Educación Física, lograr mantener una plaza en el Departamento de Educación es toda una carrera de obstáculos.  Lo mismo sufren los maestros de Bellas Artes al  tratar de mantener su mejor creación artística frente a un ente que la quiere destruir. Al finalizar este pasado año escolar el DE declaró “maestros excedentes” o “maestros disponibles” a más de mil docentes, la mayoría de ellos de los programas de Educación Física y Bellas Artes.

La declaración de maestros disponibles puede recaer en un maestro que lo mismo lleve 20 años en el sistema, que sea transitorio o que esté bajo contrato. En este último caso, es una forma sutil de dejarlo sin trabajo, a no ser que logre la colocación en otra escuela antes de que se termine el año escolar.

En entrevista, Wadi Isaac Salim, exdirector del Programa de Educación Física (PEF) durante la administración del exsecretario Rafael Román, relató que la subestimación de esta materia en el DE es algo histórico. Algunos secretarios, dijo, han sido lentos en dar pasos para  ayudar el Programa e hizo la salvedad de que “no porque haya sido mi jefe inmediato, pero Román sí estaba ahí para el programa”.

Con 24 años en el sistema y 27 como maestro, Isaac Salim denunció que en este cuatrienio los maestros han tenido dificultades continuas. En su caso, por ejemplo, luego de estar en la Escuela Inés María Mendoza, en Trujillo Alto, en enero de este año fue trasladado a la Escuela Vocacional Miguel Such, en Río Piedras.

El director del Programa en el 2013, posición que   tuvo que dejar por motivos de salud, y a la cual regresó del 2015 a 2016, expuso que a diferencia de los demás programas el Programa de Educación Física tiene tres componentes: la fase académica, la fase intramural y la fase interescolar.  La fase académica tiene que ver directamente con el curso que se le da a los estudiantes de toda la escuela, la fase intramuros son los eventos o actividades que el maestro lleva a cabo dentro de la escuela para todos los estudiantes y la fase interescolar es la fase competitiva para los estudiantes que desarrollan sus talentos en algunos deportes. Esta es en donde se dan las competencias entre escuelas hasta llegar a las competencias nacionales. Todas las fases tienen su método de evaluación.

Las continuas declaraciones de maestros disponibles en la materia de educación física van contra la Ley 146, la cual dispone que por cada 250 estudiantes más uno, tiene que haber un maestro de educación física.   Isaac Salim confirmó sin titubeos que esa ley no se respeta.   “Lamentablemente no, luchamos cada día contra eso. Es bien difícil, es cuesta arriba, es lo que yo siempre he criticado independientemente de los espacios en que yo he estado aun siendo director del Programa”. De hecho, la educación física es la única materia que está sujeta a ese tipo de ley.

Isaac Salim conoce sobre las dificultades que pasa el maestro, ya que antes de dirigir el Programa fue maestro en la Escuela Superior de Berwind, en Río Piedras, que sirve a las comunidades de Monte Hatillo y Parcelas Falú.  “De ahí salgo a dirigir el programa; o sea, que conozco de primera mano el sufrimiento diario de cada maestro, la situación que vive, lo que tiene que buscar y rebuscar para dar sus cursos por la falta de materiales y equipos, entre otras tantas cosas”. Enfáticamente sostiene que hay que poner la ley en vigor.

“La educación física no mueve para ellos —en referencia al DE-—, pero entonces llega la pandemia y nos damos cuenta de que las bellas artes, la cocina, inclusive, y la educación física son importantes para mantener a todos esos estudiantes en el hogar y mantenerlos en situación emocional.”.

El maestro afirma que incluso hay directores escolares a quienes no les importa la educación física y creen que esos maestros sirven de cuidadores o de handymende la escuela, por lo que nos los toman con seriedad. Recalcó que por parte del maestro, este debe darse a respetar.

Para el educador, la falta de maestros de educación física no es porque no haya candidatos, sino porque el DE está cerrando plazas. “Todos los años llegan jóvenes graduados en la materia interesados en ser maestros. Los veo de empacadores en supermercados, cajeros y cajeras porque no hay trabajo para ellos, porque no hay plazas; pero volvemos, como eso no es importante, pues, cierro plazas y voy desplazando”.  El problema es que siempre se ve a la educación física solo como deporte.

Sobre la falta de nombramientos de maestros de educación física en San Juan reveló que sorprende que todavía no haya información ni se hayan dado directrices sobre cuándo van a salir las cartas a los maestros transitorios y que todavía no se han nombrado todos los maestros que hacen falta para las escuelas.

Este repudia el que el DE esté organizando grupos de 30 estudiantes para dar clases por la plataforma Zoom este próximo semestre. “Quiero ver cómo va a ser que se puedan conectar y si son 30 estudiantes por grupo. En agosto van a sacar maestros y si la decisión en enero es regresar presencial, vamos a seguir con 30 en un salón porque la pandemia no se detiene en enero. Definitivamente, va a ser un problema grande en las escuelas y están jugando con las habichuelas de muchos maestros en el país”.

El deporte: La puerta a estudios universitarios

Para muchos estudiantes del sistema público de educación la clase de Educación Física no es una más. El poder tomar clases de Educación Física y desarrollarse en la práctica de un deporte en particular significa para muchos estudiantes la oportunidad de llegar a hacer estudios universitarios. El mismo Isaac Salim y la maestra Wanda Betancourt, también declarada “recurso disponible” de la Escuela Juan Ponce de León, en Río Piedras, son ejemplo de ello.

Isaac Salim fue parte del equipo de halterofilia mientras estudió en el Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico. “Tenía una remuneración por ser atleta”.

Ya como maestro y director del PEF narró que ha visto muchas variantes de usar los deportes para salir de la pobreza, desde padres que le han pedido que ponga a su hijo a jugar pelota, porque ahí es que se paga bueno, no baloncesto, ni otro deporte, y los que practican algún deporte interesados en poder llegar a estudiar en una universidad. Este camino para jóvenes que viven en residenciales o comunidades pobres aún estando en una escuela pública no siempre es fácil.

Isaac Salim compartió la anécdota de que cuando dirigía el Programa se enteró de un joven, un gran pelotero, buscando poder llegar a la universidad. Estudiaba en una escuela pública especializada y porque sacó una D en una clase, la escuela lo quería remover. Él se puso a buscar las cartas circulares y encontró que no había justificación para la remoción. Siguió indagando y se dio cuenta de que la verdadera motivación para querer remover al joven de la escuela era porque este procedía de un residencial. La situación requirió la intervención del secretario, quien le ordenó a la directora de la escuela que reinstalara al estudiante.

“Eso lo maneja tantas personas. Y a veces pensamos en el secretario, el director regional, y es a veces dentro de la misma escuela. El trabajador social, el consejero, el director son las trabas, a veces los maestros. Yo lo viví. He tenido confrontaciones con maestros por cosas como esas”.

Mientras, la maestra Betancourt narró que procede de un hogar donde los recursos estaban limitados. Pero sus padres, procurando que sus hijos estudiaran en la universidad, vieron sus habilidades y que le gustaba hacer ejercicio y la llevaron desde sexto grado a un equipo de atletismo en Río Grande. En la escuela, los maestros de educación física fueron fundamentales, dijo, porque incluso le brindaban trasportación para que pudiera acudir a las competencias.

Betancourt hizo sus estudios en UPR de Río Piedras y fue medalla de oro en la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI) en el evento de 400 metros.  “Mi experiencia durante la universidad fue de las mejores que he tenido en mi vida al hacer deporte y pertenecer a un equipo campeón para aquel entonces del 93 al 96. El deporte en la universidad fue quien pagó mis estudios”.

Con 20 años en el sistema, al finalizar este semestre, Betancourt fue declarada “recurso disponible” de la Escuela Juan Ponce de León, en Río Piedras. Este hubiese sido su cuarto movimiento de escuela en años recientes, a no ser porque la directora luchó su permanencia.

La maestra describió la experiencia de desplazamiento como una bien atropellante: “Cuando vienes a ver, el proceso de enseñanza académico-deportivo no lo hay. Un proceso de continuidad de desarrollo del estudiante, de lo que ves en séptimo, que lo quieres llevar hasta cuarto año para que le den una beca; ese contacto entre el estudiante y el maestro se pierde. Hoy estoy aquí, pero después… El Departamento lo que ve son dólares y centavos. Ellos dicen primero el estudiante. Eso es mentira. Primero es lo que ellos decidan hacer a nivel central y que sea más costo efectivo para el Departamento y ahí quedo todo. Y ahí es donde se ve afectado tanto el estudiante como el maestro”.

Añadió que los constantes cambios provocan un problema emocional tanto para el maestro como para el estudiante, más aún en estos momentos, dado al distanciamiento social que impone la pandemia. El que les muevan a otra escuela donde no conocen a la gente provoca que el proceso sea más difícil. Añadió  que con cada movimiento el maestro pierde materiales que luego es difícil reponer.

Misiones diferentes

En cuanto a la posibilidad de que el Departamento de Recreación y Deportes (DRD) pueda asumir la labor del programa de Educación Física del DE, Isaac Salim reprueba la idea por considerar que en estos se dan procesos diferentes.

Entrevistado sobre la importancia del Programa de Educación Física en las escuelas, el presidente de la LAI, Luis Diepa, lo defendió y declaró: “Yo creo que es un daño irreversible a la naturaleza de la salud del puertorriqueño. Hay que buscar la manera de que esté activo. El Programa no debe ser un excedente, debería ser un elemento importante en el sistema, como muchos países del mundo lo hacen”.

El veterano deportista reconoció que el DE ha depositado la responsabilidad de la educación física y el deporte intraescolar en el DRD. En los últimos años el programa de deporte escolar ha hecho algunas actividades que los mismos maestros en las regiones han organizado y convertido en sus proyectos, pero como proyecto particular del DE ha sido bastante cuesta arriba. Por el contrario, cuando el Programa se concentra en las actividades de los estudiantes se produce un buen número de estudiantes atletas.   “El deporte de la educación física en el Departamento es medular, es importante, porque tiene una función de salud que no se puede obviar. Ahora mismo, dentro de la pandemia, la gente no está participando en deportes. Tenemos que entender eso por el momento. Pero excluir la Educación Física y las Bellas Artes de los programas de Educación es horrible, horroroso”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Columpios!

 Por Alejandra Rosa

 ¿Alguna vez se han columpiado como si corrieran tras lobos? Amanezco aquí, entre las únicas cadenas que agarro con puñitos de niña exterior hasta que queden marcas. Me estiro. Voy como flecha. Mi cuerpo se contorsiona cada que corta el aire. Un orgasmo público. En cada tirón el salto es inconmensurable. Me columpio para no boxear. Cuando boxeo me golpeo. Cuando me columpio transmuto. Este balanceo es lo más cercano que tengo ahora mismo a un grito sempiterno. Soy la arista que me pide sudor sin pudor. Y también este dolor. Solo en este lugar lo recuerdo.

 Miro mis pies en el aire frente a mí, juntitos, y reivindico mi voluntad de movimiento. Aunque sienta hondo aquí, entre cada tirón, ardor, desentierro, jalón… cada que concretiza el luto de una pulsión. Nunca fue poco sentir la fisicalidad del cambio de suelo. Con(moción). Las lobas siempre fuimos nosotras al borde de la aurora. La animalia sabia. La jauría que nos aúlla adentro cada que duele la grita. La escuchamos y perseguimos porque ella somos también. Toda lobería. Corrida libre. Asunción.

 El conserje del edificio me ve mecerme con rabia y se queda en la zona. Sin saberlo o quizá intuyéndolo se hace parte del despojo. Rechinan las cadenas y sus sonidos pequeños. Cuando me detengo he sudado tanto como si hubiera corrido dosmiltresmilcuatromil geografías. A mi modo, lo he hecho. No tengo ganas de entender más. Solo deseo redundarme en sudor, sudarnos hasta que dejen de mecérseme adentro tantas palabras huecas. Y eso hago. No sé si lo suficiente. Pero lo justo para este tantito instante. Lo propio para caminar hoy sin arrastrar las piernas como cadáver. Para sentir este revolcón en el estómago sin que me pueda. Para hablar sin dejar oraciones suspendidas entre faltas de sentido. Para querer.

 Le miro solo cuando acabo. Mis exhalaciones corren un maratón. Él, quieto. Mentón medio tenso, semi relajado. Exhala también. Nos entendemos. Ahora sí, crece la mañana. Y nuestros columpios,adentro, en resonancia y amor,descansan.

 

“Para la guerra nada: La canción como revólver”

 

Por Chiqui Vicioso

“Como es costumbre, en los dos últimos encuentros hoy cerraremos con una canción, quiero antes motivarlos a que esta costumbre se haga ley y que la canción tenga un papel protagónico en las clausuras de todos nuestros importantes eventos.  Mostrémosle al mundo que en nuestra casa la palabra cultura se manifiesta.

Somos privilegiados como casa porque en ella convivimos con maestros, soñadores, princesas, escritores y uno que otro político aprendiendo que lo más hermoso de su profesión es servir a los demás, en nuestro caso a la humanidad.

Esta vez no cantare solo, esta vez esta sala se llenará con nuestras voces,…no tienen porque preocuparse, porque solo deben decir…nada”.

Con estas palabras, nuestro embajador ante la UNESCO, el cantautor JoséAntonio Rodríguez, volvía a encantar la gran sala de la institución, los corazones de los delegados y delegadas que representan a sus países en el organismo más fundamental para la paz, educación y cultura del universo, en la ONU:  La UNESCO.

Ya lo había hecho durante su primera intervención: tomar el instrumento que lo ha acompañado toda la vida, la guitarra, y asombrar a una audiencia acostumbrada a discursos aburridos o estériles, donde precisamente las artes han brillado por su ausencia.

A diferencia de la primera vez, donde podemos observar en los videos los rostros asombrados de las delegaciones, José Antonio fue el invitado especial de los Estados Miembros para cerrar la 209ava sesión de la UNESCO;  el que inauguro las intervenciones, y lo hizo, con una recomendación: Que todas las sesiones del organismo siempre se iniciaran con una canción, para que a la canción se le reconociera su lugar en el mundo.

E inició su canto…

“Para niños más escuelas.

Para muros muchas puertas

Como armas el pincel.

Más silencio al escuchar.

Contra lágrimas la risa.

Más soldados en la ciencia

Como escudo nuestra piel.

Más coraje para amar

Para amenazar,…abrazos.

Como maestra está el planeta

Como guerra Educación.

Para el hoy buscamos paz

Más amor para la tierra.

Para jóvenes espacios

Más valor para el perdón.

Que el refugio sea un hogar

¡Para la guerra nada!

¡Para la guerra nada!

Menos promesas.

Más acciones.

Enseñar más voluntad

Para el ahora más futuro

Para el mañana seriedad

Menos heridas a la tierra

Para un líder la bondad

Que la guerra sea un recuerdo

A la mujer más igualdad

¡Para la guerra nada!

Para el terror la voz en alto

Para el mal siempre el perdón

A las bombas flores verdes

Para el dolor va esta canción

Para la ciencia más recursos

Para el analfabeto letras

Entre nosotros solo paz

¡Para la guerra nada!

Para amar nuestro planeta

Aire limpio y corazón

Agua clara para todos

Mucho verde y más color

La pandemia no es excusa

El trabajo es vocación

Para la tierra más semillas

Para el mundo aquí estoy yo

¡Para la guerra nada!

Para el verano bicicletas

Y burbujas de jabón

¡Para la guerra nada!

Un abrazo para la risa

Para la vida, una canción

¡Para la guerra nada!

Para el cielo un arcoíris

Para el bosque un ruiseñor

¡Para la guerra nada!

Para el campo una amapola

Para el llanto una canción

¡Para la guerra nada!

Un buen libro para el alma

Una ventana paz soñar

¡Para la guerra nada!

Para el insomnio esta la Luna

Para calentarse el Sol

¡Para la guerra nada!

En tu rostro está el espejo

Que refleja nuestro amor

Las paredes de la Unesco

Van mostrando su valor

La unidad de los países

Es ejemplo de humildad

Entre todos el consenso

Para provocar La Paz

¡Para la guerra nada!

¡Para la guerra nada!

Y dejándose acompañar por su guitarra, José Antonio Rodríguez, dio riendas sueltas a las cuerdas de su  instrumento, para interpretar el tema “Para la guerra nada”, logrando que los representantes de los países miembros acompañaran a una representación del Coro de esa institución, invitados del artista, una de las sorpresas de la noche.

Había ocurrido el milagro.  La canción había puesto de pie, en conmovida ovación, a todos los delegados de la educación, ciencia y cultura, de la tierra presentes en la sesión.

Muchos con lágrimas en los ojos.  Por fin, la canción había reclamado su lugar en una institución donde siempre habían predominado los burócratas, con sus discursos llenos de lugares comunes, ajenos a los propios países de donde provenían, sin brillantez.

A ninguna delegación se le había ocurrido  iniciar una sesión con una danza que expresara el grito de los condenados de la tierra; con un poema (como lo hacia el colombiano Fernando Rendón, presidente del Festival de Medellín,  en todas las reuniones del Consejo asesor de Telesur, del cual formábamos parte, reclamando para el poema su lugar en el mundo); con un mural, como Guernica, o El Grito, de Munch, que en silencio expresara precisamente eso: el grito.

No hay político, no hay burócrata, que haya llenado el Yankee Stadium una vez, como lo hizo Frank Sinatra.   Fue un dominicano:  Romeo, quien lo lleno no una sino tres veces, para asombro del New York Times, que tuvo que dedicarle un editorial.

No hay político, no hay burócrata que haya recorrido América Latina, y haya llenado los estadios de cada uno de los países con más de cien mil personas, que le haya devuelto la felicidad de cuerpo y alma a las masas irredentas del continente.  Lo hicieron los Rolling Stones en su tour por América Latina, convocando en Cuba a más de un millón de jóvenes, que cantaron, danzaron y se desahogaron cantando sus estribillos.

Un vez más la canción demostraba su poder en el mundo para desatar las energías no domesticadas del ser humano, sus anhelos más profundos, su innata e irreconocida vocación para el libre albedrio.

En estas últimas semanas hemos vistos a millares de jóvenes en el mundo cantando el estribillo de “Black Lives Matters”, y hemos visto ondear en el horizonte los brazos de  millones de jóvenes blancos, judíos, negros, asiáticos, latinos y caribeños  haciendo coro, trascendiendo las fronteras de raza, color, idioma, que el poder establecido ha erigido como muros que separan a todos los hombres y mujeres de la humanidad.  Que han convertido a los seres humanos en islas, en seres mezquinos que utilizan sus diferencias para discriminar a los demás

.Andrea Bocelli concluyó su solo concierto sobre el COVID, frente a la Catedral de Milano, con el himno de los feligreses negros de todas las denominaciones: Amazing Grace, o Asombrosa Gracia, la gracia divina que les ha permitido sobrevivir desde la esclavitud, todas las embestidas del racismo, toda la violencia del opresor, todos los esfuerzos por deshumanizarlos.

Desde Europa hasta los más recónditos rincones del África, de América Latina, del Caribe, millones de ojos observaban, obnubilados por las lágrimas, a este cantautor ciego que lograba con una canción conmocionar al mundo frente al racismo, frente a un virus que nos amenaza a todos sin discrimen.

Ese es el poder de la canción de que habla JoséAntonio Rodríguez, el que ha demostrado, precisamente frente a quienes deberían ser los primeros en reconocerla, los primeros en honrar su inmenso poder frente a las multitudes.

¡Qué maravilloso tributo a la dominicanidad!.

Será Otra Cosa: Animal fiero y tierno

 

Por Vanessa Vilches Norat/Especial para en Rojo*

El hombre no es el único animal que piensa, sino que es el único que piensa que no es un animal.”     Pascal Picq

Domesticar un animal supone su humanización.  El día que llegó la cachorra apenas ocupaba una loseta. Era un amasijo de peluche de casi 12 por 12 pulgadas. Recuerdo bien su llegada porque ese día la policía de Puerto Rico la arremetió contra los estudiantes que se manifestaban frente al Capitolio. Gases lacrimógenos, macanas, tizer: formas de domesticar la injusticia. Troqué la rabia por la ternura de esa losetita de pelambre negro y dorado. El trueque habla de mí.

La antiquísima relación de los seres humanos con los animales traduce sólo nuestras necesidades históricas. No es gratuito que asechados por la extinción de la especie debido al virus Corona recurramos al reino animal para espantar nuestros miedos: delfines en Venecia, caravanas de elefantes en India, refugios de perros y gatos vacíos. Nuestra necesidad de compañía y amor, tan frágil en este momento, nos acerca aún más al animal que no creemos ser. Perra vida.

Humanizar a la cachorra fue incorporarla a nuestra cotidianidad doméstica, hacerla parte de la tribu, sustituir la familia con el animal, incluso. La llamamos Lila. Dos sílabas para que obedeciera mejor. Dos sílabas para que aprendiese a diferenciar con rapidez su nombre de los mandatos sit, down, heel, ven. Era demasiado pequeña. Quizás debieron amamantarla unas semanas más. Jugamos a la lactancia, alimentamos por turnos la cría. Hacerla dependiente de nosotros, eso es domesticar.

Domesticar es un imperativo humano hace más de 120,000 años. Tantas razones: diversión, economía, seguridad, alimentación, compañía.[1]Le asignamos su espacio en la marquesina de la casa. Le conseguimos una jaulita, la alimentamos, la mimamos todo el tiempo y la vimos crecer. La llevamos de paseo, la bañamos, la vacunamos. Ha sido la compañera de juegos de las hijas. También de nuestro miedo y soledad. Lila garantiza nuestra seguridad nocturna.

Y fuimos olvidando mimo a mimo, palabra a palabra, día a día, que el animal tiene su propia inteligencia, una inteligencia animal que no puedo cifrar. Entretejida en nuestra historia familiar, creemos que es la pariente muda. Le hablamos, le ordenamos, la regañamos. Lila, ven; Lila, no; Lila, come; Lila, aquí, LILA YA; muy bien, Lila. Ella contesta, o eso creemos, con su cara, sus brincos, sus ladridos y gruñidos. ¿La queremos por lo que no es?, con esa “forma de maltrato sofisticado” que es la domesticación, al decir de Jean Piere Digard. Ella es parte del 99% de las especies más pequeñas que yo. ¿A eso debo mi superioridad?

Por mucho tiempo me daban pena los perros. Me compadecía de su continua necesidad de cariño. Contrario a la aparente altanería gatuna, la dependencia canina al amor de sus amos es lastimera. Cuando me criaba, los de mi casa jamás me ocupaban mucho pensamiento. Estaban allí, en la marquesina. Se les alimentaba, se les cuidaba, pero nunca sustituyeron a ningún familiar. Jamás los tratábamos, o quizás debo usar el singular, los trataba, como humanos. Esa división estaba muy clara entonces: ellos eran perros, yo humana. Ello no implicaba maltrato de mi parte, sólo el reconocimiento de que éramos dos especies diferentes. Me consideraba superior, por supuesto, poseía pensamiento, lenguaje, memoria, consciencia, noción de belleza y sentimientos. En definitiva, era un excelente ejemplar de mi especie homo sapiens sapiens bayamonense. R. Leaky jamaqueó mi sentido de superioridad al demostrar la inteligencia y la capacidad lingüística de ciertas especies animales en Origins(1978). Sin embargo, me anclo en su conclusión de la complejidad lingüística humana.

Desde que sé que la etología tiene la posibilidad de acceder a los mundos mentales de los animales gracias a las tecnologías de registro cerebral, miro a la perra mirarnos.Lila no es el gato derrideano, pero a través de su mirada intento descifrar el misterio de su inteligencia. ¿Cómo nos representará? ¿Cómo funcionará su memoria? Y allá voy de nuevo al viaje de la humanización porque en mi pulsión domesticadora olvido que cada especie tiene un mundo mental dependiente de sus órganos sensoriales. Pero es que su mirada, que me antojo piadosa, me hace sospechar de ella y de mí. Me falta comprensión de un mundo compartido y mi lugar en él.

Antropomorfizar a un animal, olvidar su verdadera naturaleza es degradarlo, nos recuerda Digard. Además, permite paliar nuestras huellas saqueadoras en la tierra.  Mi relación con la perra me ayuda a cancelar el cerdo, el pescado y la gallina que me como. También el huevo y el queso.

Ahora a sus diez años, envejecida, se pasea por la terraza casi como para complacernos. Juro que ha entendido nuestro miedo y tristeza. Reconozco que esa proyección de mí, de nosotros, desaparecerá pronto. Esa certeza me angustia y entristece. Me escucha cantarle, menea la cara, pero se sienta lejos de mí. Insisto en confundir mi naturaleza con la suya. Supongo que su instinto es protegerme, estar alerta a lo imprevisto. Cuando la llamo, se me acerca, y posa toda su corporeidad de noventa libras en mi falda con la gracia de una mariposa. Ya no estoy segura de quién es la que necesita amor. Me mira con su lánguida mirada y me lame. “Pobrecita, que poco me conoce”, sospecho que piensa.

Igual se ríe de mí, de mi prepotencia, porque la vida continuará en el planeta, aunque no seamos los protagonistas de esta historia.

 

*Gran parte de esta reflexión surge de mi lectura de La historia más bella de los animales,trad. Consuela Serra (Barcelona: Anagrama, 2002) estupendolibro de entrevista a los científicos Pascal Picq, Jean-Pierre Digard y Boris Cyrunlnik por Karine Lou Matignon.
[1]Jean Pierre Digard. La historia más bella de los animales.