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Crucigrama: Fina García-Marruz Badía

 

Por Vilma Soto Bermúdez

Horizontales

1. Josefina García-Marruz Badía; conocida por el apodo de «Fina», es escritora y crítica literaria cubana. Galardonada con los premios: Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2007, Nacional de Literatura de Cuba en 1990 y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2011.

7. _____ del centro; libro de García-Marruz de 1997. Autora además de: «Créditos de Charlot» y «Sitio».

12. Sangre de los dioses en la mitología griega.

13. Sola y sin otra de su especie.

16. _____ y civilización; libro de Herbert Marcuse.

17. Raspa.

18. Pesado, gravoso.

20. Consuelo _____ Tapia; patriota puertorriqueña.

21. 28 de _____ de 1923; nacimiento de García-Marruz.

23. Forma de pronombre.

24. Interjección para detener o avisar de algún peligro.

26. Bécquer o la _____ bruma; libro de García-Marruz publicado en 1971.

27. Desabrido.

28. Símbolo del titanio.

30. A nivel.

32. _____ ya también estoy entre los otros; poema de García-Marruz.

33. Puerto _____; nación caribeña.

34. Carta de la baraja.

36. _____ García-Marruz; autora de «Hablar de la poesía», «Habana del centro» y «Los Rembrandt de l’Hermitage». Recibió la Orden Alejo Carpentier, Orden Félix Varela y Orden José Martí, entre otras.

37. El _____ como energía revolucionaria en José Martí; libro de García-Marruz de 2003.

40. Guante para limpiar las caballerías.

41. Del verbo piafar.

47. Utiliza.

48. Símbolo del osmio.

49. Temas _____; libros de García-Marruz escritos junto a su esposo Cintio Vitier. Tres volúmenes publicados en 1969, 1982 y 1993.

51. Terminación verbal.

52. Perro.

53. Adverbio latino que significa «así».

55. Perteneciente o relativo al coro.

57. Palpitaba.

59. Créditos de _____; poemario de García-Marruz, Premio de la Crítica Literaria 1991.

61. Causase dolor.

63. Herida.

64. Cada uno de los capítulos en que se divide el Corán, pl.

65. Ónice, ágata.

Verticales

1. Excursión o viaje.

2. Rey de Israel conocido también como Ajab.

3. Desmenuzar con los dientes.

4. Símbolo del cromo.

5. Todavía.

6. _____ Alegría; escritor peruano.

7. Siglas del Herriko Alderdi Sozialista; (Partido Socialista Popular) partido nacionalista vasco del País Vasco francés.

8. Nombre de la letra b.

9. Pone las frutas en arlos o colgajos.

10. _____ Colón Martínez; patriota puertorriqueño.

11. Lave, limpie.

14. Niño.

15. Francisco _____ Ramos; general mexicano que participó en la Revolución en su país.

18. Cierto baile andaluz.

19. Plural de la o.

22. Perteneciente o relativo a Ilión o Troya, fem.

25. Hablar de la _____; libro de García-Marruz, Premio de la Crítica 1987.

28. _____ Padilla; escritora puertorriqueña. Falleció en Arecibo, el 26 de abril de 1957.

29. _____ García-Marruz Badía; autora de «Temas martianos», «Bécquer o la leve bruma» y «El instante raro». Recibió el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca 2011.

31. Preposición.

32. Ahora.

35. Textos antimperialistas de _____ Martí; libro de García-Marruz de 1990.

36. _____ oculta de poesía cubana; libro de García-Marruz y C. Vitier publicado en 1978.

38. Mugido.

39. El instante _____; antología poética de García-Marruz de 2010.

41. Cedillas dentro de la colmena donde las abejas depositan la miel.

42. Asistir.

43. Símbolo del astato.

44. Interjección.

45. Prefijo que indica negación o privación.

46. Terreno donde abunda la sosa.

49. _____ Lanot poeta, periodista y profesora filipina.

50. _____; antología poética de García-Marruz publicada en 2015.

52. Palo que los indios taínos usaban en la labranza, pl.

54. A _____ de Martí; libro compilado por Tony T. Murphy con la participación de García-Marruz, Fernández Retamar, C. Vitier y A. de Juan.

55. Ernesto _____ Guevara; el Guerrillero Heroico.

56. _____ Rembrandt de l’Hermitage; libro de García-Marruz. Premio de la Crítica Literaria 1992.

57. _____ versos de Martí; publicación de García-Marruz y C. Vitier en 1968.

58. De esta manera.

59. Símbolo del cloro.

60. ¿De qué, silencio, eres _____, silencio?, antología de García-Marruz. Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2011.

61. Otorga.

62. Persona que ha dejado de ser cónyuge de otra.

Miel que me das: «Recanto» – Estesícoro

Recanto

 

La historia no es auténtica:

nunca subiste al barco de remos,

nunca llegaste a Troya.

 

Fragmento 192 de Estesícoro en traducción de Cristina Pérez Díaz

La portada es un dibujo original en tinta sobre papel de Emanuel Torres

 

Nota de la traductora

El famoso verso que dice que «el sol desciende hacia el océano a bordo de una copa dorada», el cual Ezra Pound cita y traduce en el Canto XXIII, no pertenece al mismo poema que este fragmento, sino al Gerionida, en el que se basa también Autobiography of Red, de Anne Carson. En cambio, el fragmento que aquí traduzco pertenece a la famosa y, a parte de este fragmento, perdida Palinodia.

El fragmento es corto, pero sus breves líneas contienen todo un arte poética, el cual ya comienza a construirse en el nom de plume de su autor, Estesícoro:

Estesícoro significa “el que monta el coro”, que quiere decir “el que dirige el coro” (Naggy 1990: 361) o incluso “el que baila en coro” (Carruesco 2017:179). Con este nombre, el autor se posiciona ya de entrada frente a Hesíodo y Homero, cuyos nombres también definían sus propias relaciones con la poesía. Hesíodo significa “el que lanza la voz (de las Musas)” (Naggy 1999: 296) y Homero, “el que une las canciones”, así como un carpintero une las partes de un carro (Naggy 199: 297-8)—sobre la relación entre poetas y carpinteros, cabe notar que la palabra griega harmonía, que contiene la raíz indoeuropea –ar-, presente en el nombre “Homero” y en el verbo griego ararisko (unir), significa primero “bisagra” y luego, metafóricamente, “cohesión” social, y después, a manera de préstamo, “armonía” en sentido musical (Sófocles la lleva tan lejos hasta referirse a la estructura del cuerpo humano). Que la poesía y la carpintería son familia queda claro en unos versos de Píndaro:

Sabemos de Néstor y del licio Sarpedón, en la voz de los humanos, 

a partir de canciones famosas, unidas como por hábiles carpinteros.

(Pítica 3. 112-114)

Pero, volviendo a Estesícoro y al significado de su nombre… “el que monta (dirige o incluso baila en) el coro”. La presencia del coro en su nombre, en contraste con la “voz” y la “canción” en «Hesíodo» y «Homero», respectivamente, muestra que su posición como poeta lírico frente a los grandes poetas épicos se decanta por la forma coral (poesía acompañada por un coro que danza). Estesícoro toma los temas de la épica y su modo narrativo, pero compone en metros que se prestan no sólo para ser escuchados, sino también para el baile. Con la asunción de ese nombre cargado de sentido, se asume como el fundador de una nueva tradición poética (Carruesco 2017: 181), que añade el coro a la narración, la danza a la palabra hilvanada de los bardos (epos). 

No sólo el nombre de Estesícoro se enfrenta a la épica, el poema al que pertenece el fragmento 192, aquí traducido, es una revisión radical de la Iliada, a partir de la falsificación del motivo fundamental adjudicado por Homero para la expedición militar de los helenos contra Troya: el rapto de Helena por Paris. De ahí que el poema se titule Palinodia, que significa literalmente un “volver sobre el camino”, y que quiere decir “rectificar”, “desdecir”, o, como yo he optado en el título de mi traducción “volver a cantar lo cantado”: un recanto. De hecho, el metro mismo refuerza el espíritu anti épico del poema: está compuesto en anapestos catalíticos—un anapesto es el reverso de un dáctilo (la medida métrica de los versos épicos) y una línea catalítica es una línea métrica incompleta, algo que nunca sucede en Homero o Hesíodo. 

En cierto sentido, entonces, Estesícoro es el primer poeta posmoderno, el primero que asume su poética conscientemente como un ejercicio de repetición y diferencia. Su modernidad fue la épica de Homero y Hesíodo (su posmodernidad es Pound y Carson).

La historia va que Estesícoro se vio obligado a desdecir la tradición que culpaba a Helena por la guerra infame tras haberla insultado en una composición en la que repetía la tradición homérica. Según Isócrates (Encomio de Helena 10.64), Cástor y Pólux, los hermanos de Helena, lo cegaron en venganza–la ceguera del poeta es, claro está, otra nota al pie a Homero, quien, según una versión de la leyenda fue cegado por la misma Helena en venganza por la difamación. Estesícoro compuso la Palinodia, cantando de nuevo y de manera diferente, la historia una vez cantada en la épica homérica, para rectificar la fama de Helena y recuperar su visión… según Platón, la recuperó (Fedro 243a). 

Platón también nos dice en La república cuál fue la estrategia de Estesícoro para absolver a Helena, la cual, pertenece, aunque ni Platón ni Estesícoro podían saberlo, al género de la ciencia ficción: Helena nunca fue a Troya… fue su fantasma (República 586c). 

La Palinodia tuvo un desarrollo trágico, o cómico, depende de cómo se mire: Eurípides retoma la versión del fantasma en su Helena, y nos muestra el otro lado de la historia, en la que la verdadera Helena, la que nunca fue a Troya, estuvo en Egipto todo el tiempo que su marido Menelao estuvo en la guerra. El drama se centra, como una comedia de enredos, en el reencuentro improbable de los esposos. Menelao desembarca por accidente en la costa donde estaba Helena y, tras mucha confusión, se reconocen. Así se le revela como falso al héroe iliádico el punto de partida de una guerra que lideró por diez años y que culminó en el saqueo y la quema de la ciudad, el asesinato de todos sus hombres, y la violación y esclavización de todas sus mujeres. La obra se diferencia conspicuamente de las tragedias como las conocemos porque no hay héroe trágico, nadie muere, nadie se suicida, el final es «feliz»; asume ciertos rasgos de la comedia, sobre todo evidentes en la llamada «Comedia Media» que se desarrollará en siglo IV. En Helena, la tragedia está en la tradición que se revisa, en el fondo oscuro del drama, en la versión perversa del mito que esta versión revela: el error fatal de la guerra. Podría decirse que, trabajando con los tropos de la tragedia y la forma de la comedia, y en los pasos de la tradición anti épica de Estesícoro, Eurípides, ese otro posmoderno griego, fundó en este drama tardío un nuevo género: la tragicomedia.

La pandemia que no recordamos

 

Especial para CLARIDAD

La pandemia de Coronavirus ha venido a trastocar la vida de muchos. Para quienes vivimos durante la epidemia del SIDA, los eventos, según se han ido desarrollando, han desencadenado una serie de detonantes (triggers) desagradables. Las pandemias siempre echan luz sobre la desigualdad en la sociedad y siempre nos da la oportunidad de ver (si queremos) que vidas valen más, que vidas valen menos para el estado y nos dan oportunidad de ver donde estamos localizades en relación a las prioridades del gobierno. También revelan la crueldad de los mal llamados seguros médicos, y el rol del lucro para los proveedores de salud.

Para mí no hay diferencia entre el SIDA y el Coronavirus, excepto dos; la forma de transmisión (que al igual que con el SIDA al principio se desconocía) y que las personas que mayormente se afectan y mueren son heterosexuales. De hecho, el que estén muriendo heterosexuales es posiblemente la razón por la que en menos de un año ya existen 3 o 4 vacunas.  A mí muchas veces me insulta que la gente hable de epidemias antiguas, centenarias como referencia de pandemias y siguen constantemente borrando de la memoria histórica a quienes murieron de SIDA.

Parto del momento en que se identifica el problema; un virus nuevo, que puede producir la muerte de miles, millones de personas, y que desconocemos como identificarlo, como curarlo, y se admite por las agencias científicas que todos estaremos expuestos al virus si no tomamos “medidas”. Escribo medidas entre comillas porque las medidas iniciales generalmente responden a la incertidumbre de como se transmite el virus, al miedo, y al prejuicio. Medidas más tarde dentro de la pandemia responderán a la información médica disponible de inmediato pero muy rápido eso cambiará y dependerán más que nada de decisiones económicas y políticas. Examinemos brevemente los paralelismos.

  • Al igual que ahora con Coronavirus, la prevención del SIDA fue politizada, polarizada y reinó la desinformación.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, el debate fue duro y obsesivo en cuanto a las pruebas. Las preguntas eran muchas, las respuestas pocas. ¿Cuándo estarán disponibles las pruebas? ¿Qué prueba es confiable? ¿Qué prueba no lo es? ¿Cómo sabemos si es un falso positivo? Hazte la prueba, ¿No te la has hecho? Uno tosía, o estornudaba o le daba fiebre. la gente te miraba raro, se alejaba un poco, bajaban la voz, te preguntaban, ¿Te hiciste la prueba? El mal manejo de las pruebas, los falsos positivos, la incertidumbre referente a qué exactamente quiere decir un positivo o un negativo, todo ha sido igual.

El debate sobre si la prueba debía ser compulsoria o no, ¿anónima o confidencial? ¿Cuan confidencial? Esta vez estuvo ausente, posiblemente porque las vías de contagio son diferentes, no hay tanto estigma.

  • Al igual que ahora con el Coronavirusse especuló cuanto duraba el virus, y su capacidad de contagio asesino fuera del cuerpo. ¡no te sientes en los bancos públicos! ¡Deja los zapatos fuera de la casa! ¿Cuánto tiempo puede vivir el virus en metal; en asfalto; en el asiento del inodoro, en la tela, ¡deja la ropa en la puerta! Con las mejores intenciones, se especula tanto que al final la gente se satura y en vez de seguir la lista de precauciones que cada día crecía, dejan de tomarlas todas.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusel gobierno ignoró que las pandemias impactan a las mujeres de forma diferente que a los hombres. En Puerto Rico se hizo un toque de queda que no consideraba este importante detalle. Por ejemplo, el enorme reto que representa para hogares liderados por mujeres que trabajan a sueldo y sus hijes.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, les más pobres, les más negrxs, les más destituides murieron más.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, el virus no es el único problema, a veces ni el mayor, el mayor problema sigue siendo, la pobreza, el racismo, el clasismo y la falta de educación social integrada y servicios de salud.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, las farmacéuticas han hecho una billonada.
  • Al igual que ahora con el Coronaviruslas teorías de conspiración fueron un gran escollo.
  • Al igual que ahora con el Coronavirushubo problemas con funerarias, problemas con cementerios y demasiada mucha gente muriendo sola. También hubo fosas comunes, tantas las muertes. Que terrible y deshumanizante pueden ser los visuales de fosas comunes, especialmente para familiares que no pudieron estar con sus seres queridos al final, con el SIDA fue así para las amistades a quienes los familiares nos negaron el acceso y les arrebataron de nuestras vidas, para igual, después dejarles morir solos.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusla vergüenza y el estigma, el miedo disfrazado de precaución, ha causado rechazo, persecución, discrimen y violencia a personas que trabajan con coronavirus o a las personas contagiadas con el virus, de esto si sabemos demasiado.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusjugaron con la logística de los números y el gobierno trató desesperadamente de esconder los números reales, las personas preguntarán por qué eso es importante, se me ocurre que lo principal es el reconocimiento de un estado de emergencia, y la asignación de fondos para atender la epidemia, aunque también se ha usado, pero también para esconder la negligencia y mediocridad de los servicios de gobierno.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, los funcionarios de salud al principio opinaron que no había que preocuparse y que no iba a llegar a Puerto Rico.
  • Al igual que ahora con el Coronaviruslas celebridades de las artes y el deporte tuvieron que hacer mensajes públicos educando contra la desinformación, el prejuicio y el discrimen.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusmuy pocxs se acordaron de les confinades. El virus les resolvería el problema de hacinamiento. Nunca fueron prioridad. Como tampoco fueron prioridad los usuarios de drogas intravenosas. Entonces, la policía no permitía entrar a hospitalillos a intercambiar jeringuillas, ahora, los toques de queda hacen a veces imposible llegar a ellxs.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, las iglesias combatieron la educación o discusión de formas de prevención.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, los políticos sacrificaron la ciencia y la información para acomodar argumentos religiosos, económicos o ideológicos.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus la desinformación casi prevalecía sobre la información científica y sobria.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus,los cuerpos se transformaron y se convirtieron en posibles asesinos, asesinos latentes, asesinos potenciales. ¡No te contagies puedes matar a tu familia!
  • Al igual que ahora con el Coronavirus,se trató de criminalizar el contagio y se trató de criminalizar a quienes no seguían las instrucciones de prevención.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus, el asunto de las máscaras se ha tratado como se trató el asunto del condón.
  • Al igual que ahora con el Coronavirus,algunas personas durante la comisión de un crimen, alegaban tener el virus y amenazaban con escupir y contagiar a la policía o quien tratara de intervenir.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusprevaleció una obsesión con lo antiséptico, con lo estéril, que, en aquel entonces y para siempre, cambió nuestras interacciones y le cogimos asco a nuestros fluidos corporales. Le cogimos miedo al beso y al abrazo.
  • Al igual que ahora con el Coronavirusnos inventamos que había víctimas inocentes y que había irresponsables y criminales que se lo buscaron.

Yo aprendí a vivir con el recuerdo de la Pandemia del SIDA, y como a veces digo sin resentimiento, también aprendí a cargar mis muertos, todos aquellos amigos que al igual que yo, debieran todavía estar vivos. Y eso es lo bueno ahora, que sé que también quienes sobrevivamos esta pandemia, cargaremos todas esas muertes a destiempo, solitarias, y aprenderemos a vivir con elles y descubriremos mil formas de honrar sus vidas, su amor, amistad y lealtad. Y si nos esforzamos un poquito más aprenderemos a ser más y mejores humanes y reconoceremos que en medio de una pandemia, la luz que más brilla es la de la solidaridad.

Puerto Rico al sol visto con las gafas del tiempo

Jefferson Chase

Vi una mujer bailando en el camino de Mayagüez. Iba a solas, con rumbo hacia San Juan. Llegábamos a una revuelta del camino, a prisa por entrar en Isabela a tiempo de almorzar y conversar sobre un prometedor proyecto de regadíos, y fue allí que la vimos. Bailaba por su propio placer y paró la danza sólo para dar paso al cargamento de nórdicos que en el automóvil venía. Tiempo después pasábamos por una escuelita rural cerca de Aguadilla, de donde acababan de salir las muchachas a jugar. Entre ellas había una de catorce, muy bonita, que corría, que reía, que jugaba con las otras, y quien ya llevaba en sus entrañas una criatura de ocho meses. Esta era la vez primera que de modo concreto conocíamos a la herejía portorriqueña contra el dogma norteamericano.

Atravesamos florestas tropicales, lugares que reventaban bellamente de fertilidad –árboles de los que nunca oímos hablar- árboles-cañones; helechos arborescentes, árboles de tulipán, lenguas de mujer. Se nos habló de maderos tan fértiles que cuando se clavan en la tierra para servir de postes en las palizadas, los postes retoñan para convertirse en árboles otra vez. Se nos dijo también que en Puerto Rico la natalidad era muy alta, muy alta, y no vimos razones que nos hicieran dudar. No sabíamos qué hacer de todo ello, dado el ejemplo de la naturaleza que parece inclinarse a demostrar que no hay nada tan importante y nada tan in-importante como la vida.

Pensar así era una especie de traición, pues habíamos ido allá, por supuesto, para hacer algo por los pobres y hambrientos portorriqueños. Todo tendía a confundirnos. Vimos a hombres en harapos que nos miraban cara a cara con algo más que un rasgo de lo que fuera insolencia, de no estar incluidos en la mirada la dignidad y el respeto propio. Inspeccionamos barriadas en los manglares cenagosos de San Juan, consistentes en jaulas improvisadas que en el Norte no servirían para canes, y encontramos que eran enjambres de niños regordetes y de mujeres sonrientes, en donde por la noche el sonoro timbre de la música se esparcía por los pantanos de malaria.

Estuvimos dentro de inmensas centrales azucareras y vimos la caña desde que la traen de los campos en carretas de bueyes hasta que cae en los sacos en forma de azúcar crudo recién salido de las centrífugas. Vimos jíbaros harapientos atendiendo a estas máquinas y leyendo disciplinados las estadísticas sobre exportaciones de azúcar y las escalas de salarios prevalecientes. Y vimos a hombres y a niños arrebatar libremente las cañas recién cortadas de los camiones para chuparlas. Esto era, se nos dijo, nutritivo y bueno para la dentadura también.

Así es que fuimos a las montañas, a las fincas de café devastadas por los ciclones y por los prestamistas. Vimos a campesinos con el alto pómulo saliente y con el pie pequeño de los indios borinqueños aborígenes. No parecían abyectos y ciertamente que no fueron muy obsequiosos. Por el contrario, tenían un aire de protesta por nuestra presencia. Sin embargo, cuando paramos en un villorrio y le pedimos direcciones a un anciano arruinado dos veces por ciclones sucesivos, nos dio la bienvenida y se enorgulleció de ser padre de veintiocho hijos.

En una noche de oro y azul, desde un monte que domina a Mayagüez, mirábamos hacia el encerrado y profundo valle donde ardían los campos de caña. Creo que fue en este instante que la herejía realmente se apoderó de nosotros. Sea lo que fuere, lo cierto es que, en vez de regresar para un banquete oficial en el Palacio del Gobernador –La Fortaleza- en San Juan, seguimos hacia los viejos sulfurosos Baños de Coamo a beber cocktails Daiquirí. Parecía que no teníamos que hacer nada dramático por una gente que era perfectamente feliz con ser lo que era: una gente que sabía sacarle a la vida mucho más de lo que nosotros le sacamos.

Esto era algo humillante. Veníamos de los Estados Unidos, tierra de las panaceas, y habíamos dejado atrás montañas de dólares potenciales arrebatados para nuestros propios pobres, millones sin alegría, para socorros, para la C.W.A., para la A.A.A.   Estudiamos proyectos para la construcción de estaciones sanitarias de auxilio, para la purificación de aguas de acueductos, para la reforestación, para casas modelo, para (¡oh, mágica palabra!) la rehabilitación.

Y nos dimos con el pueblo de Puerto Rico que no quiere estufas, ni cocinas, ni casas permanentes, ni zapatos, ni ropa interior; con un pueblo que paga muy escaso o ningún alquiler por sus tugurios; con un pueblo que come y goza allí donde da con la comida y con el placer; con un pueblo que no quiere ser –y que cortés pero inequívocamente nos indica no abrigar el menor deseo de ser- como nosotros. Habíamos ido allá esperando – subconscientemente- encontrar a Norteamericanos de segunda clase que nos mostrarían una gratitud fervorosa, pero en vez de esto nos encontramos con latinoamericanos de primera clase, de una civilización más antigua y que funciona mejor que la nuestra. Nos dimos con gente que no quiere ser llevada y traída sino que simplemente quiere que la dejen quieta con su arroz y sus habichuelas, con sus casuchos de zinc, con su música, con su dignidad y con sus niños. Y nosotros les importamos muy poco.

La Puritana Hada Madrina se topó de cabeza con la gigantesca e in-organizada riqueza del trópico, y se perdió en la contienda. Ni “el glacial Cristo de las estadísticas” de la caridad organizada ni la sonrisa estereotipada del trabajador social ofrecen mucho más de lo que el jíbaro más humilde obtiene con un esfuerzo mínimo. Evidenciaba todo ello lo que les ocurre a la naturaleza humana y a los planes sociales en presencia de la abundancia. Era grato, en verdad, pensar que la gente puede vivir dentro de la felicidad sin que la “corrompa” la abundancia. Y era marcadamente intrigante para nosotros encontrarnos dando vueltas a Puerto Rico a caza de la miseria humana, cuando tanta habríamos de encontrar en casa, en los barrios pobres. Habíamos presenciado una miseria humana, al cruzar los Llanos de Jersey en Pullman, más aguda que la encontramos en todo Puerto Rico.

Así que la herejía tomó forma, la más virulenta y final. ¿Por qué – además del envío de misiones para rehabilitar en lo económico a los portorriqueños y a otros naturales del Caribe –no hacer que ellos envíen misiones para rehabilitarnos moralmente? Mientras drenamos el trópico de la malaria y mantenemos a la peste bubónica y a la uncinaria bajo control, ¿no sería una buena idea procurar que el trópico nos enseñe que es posible ser feliz y vivir con dignidad sin dinero, tener una larga y floreciente familia con tres dólares a la semana, cantar y enamorar a la luz de la luna, y llevar algo del clima en nuestros corazones? En vez de tratar de “americanizar” al pobre, inofensivo e in-sanitario Caribe, ¿por qué no hacer que el Caribe nos humanice a nosotros; que nos enseñe que es posible que el negro, el blanco y el mulato vivan juntos sin linchamientos; que nos enseñe que un hombre puede ser sabio, respetado y aun altamente educado sin depender de una cuenta bancaria? En otras palabras: ¿por qué no dejamos que nos enseñen el arte de vivir?

Esto, por supuesto, es traición; pero es la pura verdad. El milagro de un paraíso tropical a nuestras puertas es ignorado, mientras nuestros ricos se van a Europa a gozar de la vida a la carta en vez de vivirla en su jugo; mientras nuestros intelectuales registran a Rusia a caza de ideas que den la base política de una civilización basada en la abundancia. El ron y el romance eran nuestros con sólo pedirlos, y nos hemos enredado en planes sociales y en la economía del consumidor y en todas las brillantes buenas intenciones del progreso social (estilo nuevo).

Porque después de todo, el baile campesino en masa y la euritmia del proletariado son una cosa, pero una mujer que baila por su propia diversión en el camino de Mayagüez es otra cosa distinta. Prefiero ver a esa mujer y a aquella chiquilla encinta cerca de Aguadilla a todos los planes culturales de la Unión Soviética. Pues la herejía portorriqueña consiste en preferir la vida humana en su abundancia antes que a las normas de vida y a las soluciones financieras; preferir los bebés a los Buicks; preferir la Virgen al Dínamo. Y creo que están en lo cierto y que nosotros estamos equivocados al perturbar las afirmaciones de la fertilidad frente al destino…

Jefferson Chase,trad. Miguel Guerra Mondragón, Puerto Rico Ilustrado

5 de enero de 1935

 

Puerto Rico al sol visto con las gafas de Jefferson Chase

Rafael Acevedo/En Rojo

Comparto esta sustanciosa crónica porque me parece un ejemplo perfecto de las contradicciones de una mirada imperialista y la perspectiva burguesa. No son miradas monolíticas. Esta joya de Jefferson Chase se la debo a Eugenio Ballou. Su formidable libro Antología del olvido (1900-1959) es una cantera de crónicas, ensayos y fragmentos de textos publicados, generalmente, en periódicos y revistas de esa primera mitad del siglo pasado.

Si leen la crónica hallarán una mirada se hace testigo de un descubrimiento. Cadencia ordenando movimiento: una mujer baila sola. Para sí. Por su propio placer. Una mujer que crea su propio mundo en un espacio, en un tiempo, en una práctica que le es propia. Recordemos que se trata de un texto escrito por un periodista que escribe para una revista norteamericana y que estamos en 1935. En ese mismo año, Paul Valery escribe su “Filosofía de la danza”y reflexiona sobre ese cuerpo que se libera: ese desapego al medio, esa ausencia de finalidad, esa negación de movimientos explicables, esas rotaciones completas (que ninguna circunstancia en la vida exige de nuestro cuerpo), esa misma sonrisa que no es para nadie, todos esos rasgos son decisivamente opuestos a aquellos de nuestra acción en el mundo práctico y de nuestras relaciones con él. Y es eso lo que llama la atención de Chase. Esa libertad la desconoce. Ese desapego del cuerpo que no busca ni necesita rehabilitación ni de las “buenas intenciones” de los “nórdicos” funciona como un espejo de la ideología y de todo el aparato de interpretación interesada con el que llega Chase.

¿Y quién es este escritor? Jefferson Chase escribía para la revista Vanity Fair. Y lo hacía muy bien. Conservador y podría decirse que políticamente reaccionario, maneja el inglés como un maestro. Por lo que pude leer a través del archivo electrónico de la revista -cosa que me resultó placentera- se especializaba en asuntos relacionados con la diplomacia, la política y algo del mundo del entretenimiento. Sus alusiones a la “Rusia Soviética” no son pocas. La revista se publicó del 1913 al 1936 y no es un misterio que su línea editorial respondía a los intereses de la administración norteamericana, la que fuera, y que irradiaba un particular interés de clase. De modo que Chase llega a Puerto Rico equipado entre la emoción y el prejuicio para escribir crónicas sobre los efectos de las políticas del Nuevo Trato de la administración Roosevelt en la isla. Viene a observar a unos “ciudadanos norteamericanos de segunda clase” pero se lleva una sorpresa:

(…) nos encontramos con latinoamericanos de primera clase, de una civilización más antigua y que funciona mejor que la nuestra. Nos dimos con gente que no quiere ser llevada y traída sino que simplemente quiere que la dejen quieta con su arroz y sus habichuelas, con sus casuchos de zinc, con su música, con su dignidad y con sus niños. Y nosotros les importamos muy poco.

El fino periodista constata su condición de Otro y la otredad de quienes observa. Le resulta humillante la posición privilegiada de la mirada imperial, rehabilitadora, ante una comunidad que se presenta ante él como conocedora del “arte de vivir”. Y ese arte (recordemos a la bailarina solitaria) parecería no enterarse de la CWA (Civil Works Administration, creada en noviembre de 1933 por orden ejecutiva de Roosevelt para colocar a la enorme cantidad de desempleados en EEUU en proyectos públicos) o de la AAA (Agricultural Adjustment Act, del mismo año, orientado a refinanciar y conceder préstamos a agricultores, entre otras cosas).

Es notable que Chase hace una crítica de sus ideas preconcebidas y termina exaltando la condición latinoamericana de los habitantes de la isla, en desmedro de su idea, de la buena conciencia burguesa, y a veces entrando en sutilezas del lenguaje cercanas al realismo mágico. No exageremos, mas bien a la escritura de William Faulkner. Pero a mí me parece que esos postes enterrados que vuelven a ser árboles floridos me resultan de una belleza literaria indudable.

Muchas cosas que decir sobre esta breve crónica. Se escribe en el momento en el que la represión política y el enfrentamiento directo entre nacionalistas y funcionarios norteamericanos y de la colonia se agudizará. Que un hombre como Chase, para nada progresista, haya articulado un discurso tan extraño a los intereses norteamericanos es casi un grito en medio de la fiesta. Estos son los tiempos de Winship y de Riggs, artífices de masacres. La mujer que baila sola anuncia un acontecer el pensamiento liberador. Del cuerpo que se libera de su entorno. Chase, quizás, no lo sabe pero lo intuye.

No quiero terminar esta invitación a la lectura sin mencionar brevemente al traductor.

Guerra Mondragón, que traduce para Puerto Rico Ilustrado, es un intelectual importantísimo. No solo tradujo a Oscar Wilde, por si acaso quieren referencias. Fue un notable abogado y político. Propuso un proyecto para Puerto Rico que podría leerse como una suerte de ELA mejorado antes de que existiera el ELA. Sobre esos tiempos que relata Chase, Guerra Mondragón escribió: «La gente está disgustada. Buscan justicia social. El desempleo y la pobreza han alcanzado profundidades horribles. La población de la isla alcanza la cifra de 1.723,534 personas. Cerca de 67 porciento de esta población vive en la zona rural. Hay una densidad poblacional de 506 habitantes por milla cuadrada. El tamaño de la familia promedio es de 5.4 miembros. Hay 319,915 familias. De éstas, 54.7 porciento sólo cuentan con una habitación donde vivir y dormir. La producción anual de carne es de sólo 9 libras por persona. La producción anual de leche es de sólo 10 cuartillos per cápita. El ingreso promedio anual del trabajador agrícola fluctúa entre $135 y $169. Hay 2,558 fincas de caña de alrededor de 5 acres cada una, y hay 1,058 fincas de 200 cuerdas cada una. Un total de 4,838 fincas con una extensión de 121,352 acres, en comparación con 66 fincas de caña de más de 1,000 acres cada una y con una extensión total de 436,945 acres”. (Guerra Mondragón, Miguel, Tbe Legal Background of Agrarian Reform in Puerto Rico, en Portrait of a Society, E. Fernández Méndez, Editor, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1972) De modo que ¿cómo juntamos la visión de Chase con la estrictamente económica de Guerra Mondragón? ¿Qué me dicen?

 

El trabajo y las personas en tiempos de pandemia

 

Especial para En Rojo

La tragedia de la pandemia muestra que la división de clases es cada vez más fuerte. En casi todo el continente latinoamericano y el Caribe, la pandemia provoca quiebra de empresas y disminución del trabajo. Sin embargo, organizaciones internacionales demuestran que los más ricos han multiplicado hasta tres veces sus beneficios.

En la sociedad actual, quienes pierden su empleo saben que no es una situación temporal. El desempleo es estructural. Las empresas se consideran sanas y rentables cuanto menos empleados contraten. Y lo más grave de todo es que esta situación es vista por muchos como normal o al menos inevitable. Los patrones se protegen de la pandemia, pero las empleadas domésticas y las personas que trabajan tienen que asumir los riesgos de viajar en autobuses atestados y garantizar el comercio y los beneficios de los patrones. El capitalismo sigue en su afán de mantener los organismos estatales a su servicio, de considerar la naturaleza como mercancía a explotar y de encontrar siempre nuevas formas de explotar el trabajo.

En estos días, la educación y muchas actividades se reducen casi siempre al trabajo virtual. Los educadores/as son explotados/as hasta la última gota  de sangre y no siempre reciben horas extras. Hay quien percibe que, en diversos campos y modalidades, el trabajo virtual toma casi la configuración de un servicio opresivo mal remunerado, más exigente y pesado que las formas clásicas de la enseñanza.

Por desgracia, la ideología neoliberal ha penetrado incluso en los ambientes de Iglesias y religiones. En su encíclica sobre la fraternidad universal, el Papa Francisco propone que se pase del mundo de los socios al mundo de los hermanos (FT 101). En este contexto, el 1 de mayo no puede ser sólo un día de trabajo, como si fuera una fecha para resaltar el valor del trabajo. Es la persona de los trabajadores que merece atención y cuidado, no sólo como individuos sino como categorías y colectivos.

El 1 de mayo sigue siendo una fecha simbólica que nos llama a cuidar la vida, la seguridad y la salud de las personas. Los que son cristianos recuerdan que el Evangelio llama a Jesús carpintero o artesano, término que se utilizaba en aquella época para designar a cualquier trabajador manual. Así, los hombres y mujeres que hoy asumen la misión de participar del mundo del trabajo saben que al luchar pacíficamente por transformar este mundo si hacen testigos de que realizan el proyecto divino  en la lucha de los pueblos por la justicia y la paz.

El autor es monje benedictino ha escrito más de 40 libros.