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Editorial: Bajo asedio la educación pública en Puerto Rico

 

La educación pública en Puerto Rico está asediada. Hay un estado de sitio en el Departamento de Educación(DE) por el enquistamiento de décadas,  a sus niveles más altos, de una cultura de control político partidista que ha terminado por paralizar sus operaciones. Los acontecimientos de las últimas semanas y días nos dan la razón. El gobernador Pierluisi se ha colgado en sus tres primeras iniciativas sobre el DE. Falló con su primera nominada a Secretaria de Educación. Era evidente que ella no cualificaba para el cargo y así lo demostraron sus actuaciones en el poco tiempo en que lo ocupó. Tampoco tuvo éxito con el nombramiento de un secretario interino para el DE. Pudo haber aprovechado la oportunidad y nombrar a alguien cualificado, pero no lo hizo. Nombró a alguien sin mérito ni preparación en el campo educativo, un protegido político traído “en destaque” al DE desde la Procuraduría de Asuntos de Menores, no se sabe con qué propósito. Además, y como se había anticipado, también fracasó la apresurada y desaconsejada apertura de las escuelas, pues los estudiantes no llegaron en los números que se esperaban. Ahora, el repunte de la pandemia del Covid-19 de las últimas semanas ha cerrado nuevamente los planteles, dando por concluido el experimento. Estos son tres errores graves que transparentan la realidad interna de este gobierno y del DE, una agencia colapsada por el partidismo, donde se ha supeditado la misión de educar a nuestros niños, niñas y jóvenes al objetivo mezquino del control partidista con el propósito de asegurarle su parte del pastel  a las distintas facciones y sectores del partido de turno en el gobierno. Ya es casi una tradición ver cada cuatrienio a los políticos derrotados y otras sanguijuelas del partido de turno que son acogidos en el DE, ya sea como empleados de confianza o como contratistas con privilegios.  Luego de esta comedia de errores tan crasa e indignante, no debe esperarse que nuestro pueblo confíe en que esta administración y este Gobernador tengan la voluntad de nombrar para la más alta jefatura del DE, a la persona mejor cualificada pedagógicamente que puedan encontrar, y no a otro u otra capataz político.

Pero el asedio a la educación pública no se limita al DE y a nuestras escuelas públicas. La Universidad de Puerto Rico (UPR), la única institución pública de educación superior en el país, también lleva años sufriendo el asedio de las políticas de austeridad que la Junta de Control Fiscal (JCF) ha venido a imponer al gobierno de Puerto Rico, y que han sido particularmente duras e injustas con nuestra Universidad. Entre el 2018 y el 2020, el presupuesto de la UPR fue recortado en más de $300 millones, y ahora se le ha impuesto un recorte adicional de $94 millones en el plan fiscal aprobado para el 2021. Estos recortes han afectado directamente las áreas más sensitivas de los servicios que la universidad al estudiantado, y las condiciones de trabajo y las pensiones del personal docente y no docente que labora en sus once recintos. Los recortes han provocado también la congelación indefinida de plazas docentes, un problema que se manifiesta en todos los programas y facultades académicas y que afecta directamente las condiciones de estudio para los estudiantes, y la labor del personal docente.

Los recortes indiscriminados afectan también las posibilidades de nuevos ofrecimientos académicos y de cumplir con las exigencias de las entidades acreditadoras de sobre los recintos y programas académicos de la Universidad. Sobre una UPR debilitada financieramente siempre pende el chantaje de las acreditaciones, como ocurrió hace unos años con la Middle States Association for Higher Education, y ocurre ahora con la acreditación del Programa de Residencia en Neurocirugía de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas, una situación lamentable y vergonzosa que afecta a los estudiantes involucrados y va en detrimento de la imagen  y el  prestigio de nuestra Universidad.

Junto a los recortes se ha instituido también una política de aumento de las matrículas y de los costos de los demás servicios universitarios que no toma en cuenta la realidad financiera de los estudiantes y familias a los que sirve la Universidad, en un Puerto Rico empobrecido por la austeridad, la crisis económica, la deuda insostenible y  por el efecto multiplicador de la sucesión de catástrofes recientes, como los huracanes Irma y María, los terremotos en el área Sur, y ahora la pandemia del COVID-19.

Puerto Rico no puede entregar su derecho a una educación pública gratuita y de calidad. Ni tampoco permitir que su Universidad se debilite hasta el agotamiento. Es un deber que tenemos con las generaciones del futuro y un compromiso con la escuela y la universidad públicas, que han sido y son valores fundamentales del pueblo puertorriqueño.

 

 

 

 

 

Cuba expondrá avances en desarrollo sostenible e innovación en 27ma. Cumbre Iberoamericana

Corresponsal CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-Con la participación del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez y de varios ministros del país, Cuba dirá presente en la XXVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno 2021, que se celebra este miércoles, de forma virtual y con un año de retraso por la pandemia de la Covid-19.

Bajo el lema “Innovación para el desarrollo sostenible. Objetivo 2030. Iberoamérica frente al reto del Coronavirus”, la cita tendrá en su agenda otros subtemas como la necesaria recuperación económica –en medio de la debacle ocasionada por el virus–, el acceso a las vacunas en todo el mundo y el efecto de la crisis sanitaria sobre las poblaciones más vulnerables.

Otro aspecto central del encuentro serán los planes de cada país en materia de innovación y de desarrollo sostenible comprendidos en la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas.

Para abordar este renglón, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA) presentará un informe con los avances alcanzados y la agenda que espera desarrollar la isla en los años venideros.

En ese sentido, el director general de Ciencia, Tecnología y Medioambiente del CITMA, Ruberdanis Tamayo Portales, destacó este martes, en rueda de prensa conjunta de ese organismo, que el gobierno cubano “ha estado basando su sistema de gestión en la última etapa en ciencia e innovación para el desarrollo sostenible en Cuba”, con el fortalecimiento y la aprobación de políticas públicas en esa dirección.

Enfatizó además la creación y diseño de Empresas de Alta Tecnología (EAT), Parques Científicos Tecnológicos, el vínculo de las universidades con las empresas y las diversas políticas tecnológicas puestas en marcha en la isla en los últimos años, todos estos, aspectos que serán valorados en la Cumbre.

En el contexto particular de la pandemia de la Covid-19, Tamayo Portales aseguró que lo alcanzado por el país “ha demostrado las capacidades que tiene Cuba para poner en práctica la ciencia de la sostenibilidad”, sin descuidar las atenciones a la población.

“Aplicamos principios de la cooperación y la transdisciplinariedad, de la articulación intersectorial y el escenario de la Covid ha sido, sobre todo, una experiencia que ha demostrado la capacidad que tiene el sistema nacional, donde se han puesto de manifiesto un conjunto de innovaciones que tienen salidas en productos, equipos, procedimientos y protocolos de atención a los pacientes”, detalló el director general.

En materia de medio ambiente, el asesor para el Cambio Climático del CITMA, Orlando Rey Santos, se refirió a las “enseñanzas y oportunidades” extraídas de la amenaza del Sars-Cov-2, entre ellas, el fortalecimiento de la idea de “sostenibilidad” y la necesidad de que “nada de lo que hagamos como respuesta a la pandemia puede significar un retroceso de las metas y los resultados ambientales”.

Desde finales de 2017, Cuba aprobó el plan Tarea Vida, una iniciativa que recoge la voluntad del gobierno para enfrentar el cambio climático. Es una estrategia elaborada por científicos cubanos y que contempla cinco acciones estratégicas y 11 tareas dirigidas a proteger zonas costeras, asegurar la disponibilidad  y el uso eficiente del agua y los suelos, detener el deterioro de los arrecifes de coral, así como fomentar las energías renovables, la eficiencia energética, la seguridad alimentaria, la salud y el turismo.

Esta estrategia, no obstante, no escapa a las dificultades económicas que atraviesa la isla, que obstaculizan la ampliación y aplicación última de sus acciones. Así lo enfatizaron Santos y Tamayo Portales al coincidir en la conferencia de prensa en que para lograr las disposiciones de la Agenda 2030 es imperante “el respeto al derecho al desarrollo de los países” e insistir en un mundo basado en la cooperación y la accesibilidad para todos por igual.

“El socialismo que defendemos los cubanos es sinónimo de crecimiento, es sinónimo de desarrollo económico y social, caracterizado por una gestión que garantiza equidad e inclusión social”, concluyó Tamayo Portales.

UNA CUMBRE RETRASADA POR LA PANDEMIA

La reunión de este año, que por primera vez se celebra en Andorra, marcará el 30 aniversario de cumbres iberoamericanas, desde que se inaugurara ese foro de debate político en México, en 1991. Esta cumbre aglutina a los 22 países de habla hispana y portuguesa de América Latina y Europa.

Esta edición de la cumbre estaba prevista para celebrarse el año pasado, pero la llegada de la pandemia del nuevo Coronavirus obligó a postergarla. Las cumbres se celebran cada dos años, sin embargo, la siguiente aún se mantiene para celebrarse en 2022 en República Dominicana, momento en que la región espera haber controlado a la Covid-19.

Como antesala a esta cumbre, se celebró, entre el 13 y el 15 de abril, la reunión de Coordinadores Nacionales y responsables de cooperación y la II Reunión de Ministras y Ministros de Relaciones Exteriores de Iberoamérica.

Además del primer mandatario, la delegación cubana presente en la cumbre estará integrada por los ministros de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez; de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca; y de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez Montoya.

 

Será Otra Cosa:¿Conversión de terapias?

 

Columnista invitada

Lo humano no es nunca ficticio.

Pedro Santaliz

Creo que le debo a la comunidad

homosexual una disculpa por mi estudio

que hace afirmaciones no comprobadas

de la eficacia de la [‘]terapia reparativa[’].

También pido disculpas a cualquier

persona gay que haya perdido tiempo y

energía en alguna forma de [‘]terapia

reparativa[’] porque creían que yo había

demostrado que funciona en algunas

personas “altamente motivadas”.

Robert L. Spitzer

(Ilga World, Poniéndole límites al engaño 34)

Como se inventa la normalidad

En el principio fue la vida, el cuerpo y el deseo. Luego el misterio devino palabra y los nombres ensayaron a fijar prácticas, juegos y formas imposibles de abarcar. La diversidad exuberante y parejera resistió el verbo único y verdadero.

Pero se inventaron el pecado y la culpa para atajar semejante osadía. Se impusieron credos, oraciones y escarnios. Se imaginó la prohibición del placer y se aplaudieron los suplicios.

Con la ciencia de la mano, la secularización sustituyó lo divino. El derecho le prestó sus servicios y en contubernio, fraguaron el estado disciplinario contra los placeres. Toda desviación a su norma quimérica fue declarada enfermedad o crimen. El castigo se impuso sin culpas.

Pongamos que hablo de tortura

Así las mal llamadas “terapias de conversión” se convirtieron en medios de tortura contra las disidencias y frente a las aspiraciones básicas del deseo diferente. No te toques. No te mires. No respires. No goces. No te atrevas. No se te ocurra. No existas.

*He vivido expresiones variopintas de las pretendidas conversiones. Pero he de reconocer que las más insidiosas y duraderas de las que he experimentado han sido las sutiles. No me ha corrido la sangre. No ha habido perforación visible en mi osamenta. No se me han orquestado violaciones aleccionadoras. No se me ha cultivado la aversión contra mi espejo. No se me ha obligado a consumir líquidos ni mejunjes. No se me han electrificado los sueños. En fin, conmigo se han ensayado “terapias de conversión” invisibles y, pese a sus inventados éxitos, llevan el fracaso a cuestas.

Culpa y confesión: en porciones incontables. Llanto y medicina: sin tregua. Castigo y destrucción: todo lo posible, en la mañana, en la tarde, en la noche y en las horas de merienda. La pretensión de cambiar lo otro aburría y desesperaba. Mas, no por ello, dejaba de insistir. Seamos espléndidos en repetir hasta que parezca posible.

Se trata de un pecado. Falso. Es un crimen. Equívoco. Es una enfermedad y tiene cura. Mentira. Pero vamos a imaginar que es verdad y con los días parecerá una certeza inevitable.

En cualquier caso, codificar la rebeldía rara se promulga como necesario. Nombrarla, diferenciarla y excluirla para que no olvidemos quiénes somos “realmente.” Semejante misión depende del ingenio de la quimera. No hay que escatimar. Torturemos con disimulo.

Quisiera contarles. Pero no puedo.

Baste con decir que no soy pecado. Baste con declarar que no he cometido su crimen. Baste con afirmar, sin duda alguna, que no tengo la enfermedad que aseguran.

Cerremos Buchenwald[1] de una vez

Tomo la palabra para decir lo urgente. Se acabó el engaño. Terminó la falsedad. No es posible convertir las susodichas terapias. Hay que erradicarlas en todos sus perfiles.

No alivian, agreden. No curan, enferman. No alientan, matan.

Es imprescindible clausurar el cadalso sin dilación. Tras esa destrucción luminosa, nos vemos en la vida cuir. Será otra.

Margen central: apoyo inequívocamente la aprobación del Proyecto del Senado 184 sin las enmiendas truqueras de sectores seudo-religiosos. Para los argumentos recomiendo la ponencia de CABE y el informe de ILGA Mundo referido en el segundo epígrafe.

[1] Campo de concentración nazi en el que se practicó el uso de “terapias de conversión” contra sexualidades y deseos cuir.

Verde es la luz

Por Ana Teresa Toro

Salgo a la noche,

temo al abismo,

pero la Noche

está azucarada de luces.

Del poemario Luz sobre Luz

de Luce López Baralt

 A la poesía hay que invocarla siempre, sobre todo cuando uno ha venido a hablar de amor. No pido perdón por ningún cliché que pueda asociarse a esta idea. El amor no precisa de explicaciones ni de disculpas, tampoco de permisos para manifestarse.

En su poemario Luz sobre Luz, la maestra de maestras Luce López Baralt, da cuenta de una experiencia mística. Se aventura al fracaso más hermoso de todos, el  intento de explicar lo inexplicable. Ella habla de la luz de la divinidad, pero incluso esa luz no sería posible de imaginar, no estaría completa, expuesta en su inmensidad, sin las concretas luces que nos rodean. No se puede olvidar jamás —aunque tantos insistan en que lo olvidemos— que hablar de luz es también —o debo decir, sobre todo— hablar de Ciencia. A su vez, pensar en la poeta nos obliga a reconocer que la verdadera Ciencia se crece y se deleita ante el misterio que es la poesía misma.

Recuerdo algunos meses después del paso del huracán María, mi esposo y yo estábamos recién casados y una de las tantas noches de calor y humedad, de mosquitos y sudores en Río Grande, Modesto me invitó románticamente a prender una vela y a ver las estrellas. Yo estaba harta y le dije que no. Que quería ver las constelaciones con la aplicación de mi celular y que después de esto no quería saber de velas, ni fogatas, ni de campamentos. Quería comida caliente y bombillas encendidas. Quería la forma de la luz que es hija del conocimiento.

De eso ha pasado ya algún tiempo y en la casa se han vuelto a encender velas, pero la reciente lectura del libro Ciencia para la insurgencia del Dr. Arturo A. Massol Deyá me permitió revisitar aquella incomodidad de la que tanto aprendimos en la calle, y tan poco aprendieron quienes nos gobiernan.

Esta obra es un libro tan histórico como urgente, un récord monumental para nuestra historia y a su vez, un testimonio escrito al ras del suelo, o mejor dicho, de todos los suelos posibles acerca de las principales luchas ambientales de estos tiempos. Si la metáfora universal nos dice que quienes claman a viva voz las verdades que nos negamos a escuchar, son una voz en el desierto, Arturo Massol Deyá es una voz en el bosque y con este libro, que es una afirmación más de su constante, sonante —y jamás disonante— compromiso con la defensa de nuestra tierra, se fortalece aún más esa voz de rama y raíz, y se convierten en objeto —en una cosa— algunos de sus más urgentes gritos. No serán efímeros jamás.

El título, Ciencia para la insurgencia, promete una reflexión que el libro cumple y excede a cabalidad a través de las 78 columnas y escritos, organizados de manera temática— que completan el libro al que se le suma además un prólogo de la escritora Vanessa Vilches Norat, quien se asegura de recordarnos que, como el libro demuestra, siempre será posible pensar la ciencia desde una mirada que la divorcie de los discursos de explotación económica y humana, a los que el capitalismo salvaje y la sucesión de gobiernos coloniales insisten en aliarla. También, nos dice Vilches Norat, que el “apostar por un Puerto Rico diseñado desde la justicia social y ambiental es la verdadera insurgencia de este volumen”. Yo estoy de acuerdo, porque es imposible leer este libro y no estarlo. Pues una realidad muy dolorosa e incómoda queda clara al leerlo, y no es que se trate de un gran descubrimiento. Es una de esas cosas que ya sabemos, que siempre hemos sabido pero que hay que repetir con la misma indignación de la primera vez: si no estamos en el lugar donde deberíamos en términos energéticos y de salud ambiental, poco o nada tiene que ver con la falta de información, sino con la decidida agenda de ignorarla.

En tiempos en los que no hay gobierno, partido, candidatura política o incluso intereses en el sector privado que no bauticen acomodaticiamente como “verde” alguna iniciativa, Massol Deyá nos invita, nos arenga incluso, a reclamar, a reapropiarnos de ese discurso pero liberado de cinismos y desde la que se ha convertido en su única vía práctica y ejecutable: la insurgencia energética. Y esa insurgencia trasciende lo discursivo, es una cuestión clara y concreta: la vemos ahí, en el callado y poderoso gesto de reclamar el sol como propio porque lo es, la vemos aquí en esta comunidad, la vemos en la historia misma de Casa Pueblo llena de ejemplos de resistencia digna e inagotable, a la hora de negarse a entregar nuestro patrimonio natural, y también, por qué no, la vemos en la poética de la escritura de Massol Deyá, un autor que siempre ha sabido que hace mucho tiempo fue también un poeta el que reclamó como nuestra la verde luz de nuestros montes y mares, y ese derecho innato a la luz, es una verdad histórica, musical y literaria, que siempre alimenta las ganas de luchar.

En el primer capítulo titulado Bosques, Agua y Gente, el autor nos lleva a su punto de partida, el bosque y nos explica con una claridad perturbadora la riqueza de nuestros recursos, su constante amenaza y su pobre protección. Al autor no le ocurre lo que le sucede a tantos líderes, que hablan de Puerto Rico desde la precariedad e indefensión. En su voz, nuestra isla es inmensamente rica, y solo desde esa férrea adjudicación de valor, es posible elaborar toda defensa.

Celebra también, la negación a proyectos ambientales insostenibles que comunidades de la Coordillera llevaron a cabo, como lo que eran en realidad, una defensa afirmativa. Porque un no al absurdo, es un sí al futuro. El tema del agua, las sequías no por falta de lluvia, sino por una planificación ineficiente y la discusión de ideas que disfrazan de poético lo que en el fondo es desvergüenza como aquella famosa siembra de nubes, nutren sus argumentos. Pero quizás, el más contundente de todos es ese en el que Massol Deyá nos advierte que “Si no armonizamos nuestra existencia con fuertes medidas de conservación y luchamos para cambiar el modelo actual de explotación ambiental; si no construimos un futuro sustentable atendiendo la pobreza y las desigualdades, la colonia, la estadidad o la independencia serán destinos sin sentido”. Que esas palabras resuenen en todo el país, todos los días.

El segundo capítulo, Isla Nena en lontananza, como canta su himno, se detiene en el crimen histórico del abandono a Vieques y en el tercero Insurrección energética revivimos columna a columna la batalla contra el gasoducto, contra las cenizas, vivimos las frustraciones que rodearon una idea extraordinaria y eficiente —el posterriqueño— y celebramos la marcha al sol, la que se hace aquí, la simbólica, pero también la de todos los días, la de las personas que poco a poco han logrado desprenderse de la red, independizarse, vivir una pequeña revolución cada vez que encienden una luz o beben un poco de agua fría. Ya advertía García Márquez que en el Caribe el hielo es la gran cosa, y a juzgar por esta experiencia comunitaria de insurgencia energética, la nevera merecería unas cuantas líneas en la literatura. Nadie se preocupe, de eso ya se ha ocupado este libro, como se ha ocupado también de mostrar el camino y la ruta para que entendamos por fin que —como dice el autor— “quien genera energía se puede autogobernar”.

En esa misma línea, mención aparte merece el texto Insurrección energética: energía propia para un país propio, una ponencia que el autor presentó en Barranquitas invitado por la Fundación Luis Muñoz Marín el 14 de junio de 2019. Recuerdo haber estado allí, y recuerdo la valentía de argumentar ante esta institución —que en justicia habría que decir ha querido abrirse a otras visiones de país— que poco podremos hacer, si la desposesión es la política pública que ha imperado por tanto tiempo.

El libro continúa con los capítulos Vida pos huracán María y Siempre te quieres ir, en los que el núcleo familiar y amoroso del autor entra y sale en viñetas, dándole un carácter íntimo a esta voz tan colectiva. Massol Deyá habla de los problemas de todos y todas, pero es un hombre el que habla, un hombre que ama a una María un poco menos huracanada que la que nos rompió, que añora a una hija y ama profundamente a sus padres, a sus hijas, a su familia toda, a la tierra, y al nosotros que invocamos cuando decimos Puerto Rico.

El autor además mira fuera del país, viaja y compara experiencias en Bolivia, Brasil, Cuba, Guatemala, Venezuela y Panamá, entre otros destinos. Nos muestra el modo en que esto que vivimos de manera tan personal, es también un asunto global. Y lo hace sin permitirnos olvidar que el sesgo colonial, particulariza nuestra experiencia y no hay generalizaciones que nos hagan justicia en este y tantos otros temas.

Culmina el libro con dos capítulos titulados Más ciencias y Otras Con-Ciencias en los que el autor trae esta historia de lucha al contexto de la presidencia de Trump y del trumpismo mismo, como la manifestación más predecible de la era del capitalismo salvaje. Entonces, nos advierte acerca de los peligros de ignorar la ciencia, sin saber que apenas unos días más tarde, unos meses, unos instantes, cada una de sus advertencias se confirmarían en la forma de desastres naturales, políticos y ahora de una pandemia. Leyendo esto me preguntaba si a veces Arturo no se sentirá como aquel hombre del grabado de Goya, rodeado de los monstruos que produce el sueño de la razón. Ojalá que no. Pues para él la razón no duerme, pero parece que en el gobierno regalan somníferos cada cuatro años.

A su vez, en estos textos finales, hay instantes de belleza y gozo, porque si algo deja claro este libro es precisamente eso, la certeza de que en medio de tanto golpe, amenaza, persecución, desdén, inequidad, violencias, agendas malsanas y sí, de maldad también, es posible habitar un estado de plenitud y felicidad. Es posible conocer el amor y emocionarse, como si fuera la primera vez que se aprende, al describir el resplandor de una crisálida. Es posible llorar a nuestros muertos en dolor, pero también en serenidad y paz, y es posible finalizar este libro en un estado de absoluta esperanza porque hay Ciencia y hay suficiente amor para practicarla y para defenderla de las fuerzas que, en su nombre, le apuestan a cualquier cosa menos a la luz.

Como Arturo yo soy animal del monte, soy aiboniteña y no necesito de los cinismos del estado para hacer poesía con las nubes. Desde pequeña camino entre ellas al atravesar la ruta panorámica a las seis de la mañana. Y como Arturo me he juntado con un animal de costa, un playero irredento, un hombre que como Mari le dice a él, me insiste a mí: vayamos más a la playa.

Y yo solo quiero perseguir pollos, recoger huevos, echarle agua a la albahaca, podar la rosa, trepar monte y montar a caballo y él solo quiere que no me dé tanta insolación, ni me espante cuando el nene se revuelca en la arena tan felizmente. En ese balance habitamos, en ese balance hemos construido un hogar. Y no encuentro mejor manera de acabar este texto, este homenaje de palabras a las palabras que este libro contiene, que apostándole a esos balances, a la pequeña república que es cada hogar cuando el amor se abandera.

Pienso en esto y otra vez estoy hablando de la luz. Lo pienso y recuerdo a los cucubanos de mi niñez, o la primera vez que me di un chapuzón nocturno en la bahía bioluminiscente y mis brazos brillaron como si yo estuviese también echa de luz. Aquí le llaman cucubanos a las casas que ya han comenzado esa necesaria transición a la independencia energética. Entonces, el final de este texto es el principio que he estado buscando, es la memoria, es recordar que la luz del cucubano es verde porque verde siempre ha sido y será nuestra luz.

Presentación del libro Ciencia para la insurgencia, en Casa Pueblo, Adjuntas de Arturo Massol Deyá, ediciones Callejón. De venta en la CLARITIENDA.

 

 

Reflexiones: Vieques, una herencia de lucha y sus contradicciones

 

Algunos observadores teorizaron que el éxito de la resistencia articulada por “Todo Puerto Rico con Vieques” serviría como un laboratorio o un precedente que podría (re)producirse para enfrentar proyectos políticos colectivos más abarcadores: el coloniaje, la soberanía nacional y, en algunos casos, los desajustes generados por la transición al neoliberalismo en el modelo de la oposición a la privatización de la telefonía en 1999. La celebración del protagonismo de la sociedad civil en el proceso, sin que ello significara la total ausencia de actores tradicionales tales como los partidos políticos o los militantes afines a los nacionalismos y los socialismos operantes en el marco de la Guerra Fría, parece un hecho irrefutable.

Cónsono con la referida lógica las protestas de julio de 2019 que bien podrían denominarse como el “Verano de San Juan”, en las cuales se presionó y se consiguió la renuncia del gobernador estadoísta Rosselló Nevárez tras la difusión de un chat o conversación privada con una serie de funcionarios de gobierno que disgustó a muchos, han sido interpretadas como otro modelo del cariz que habrían de tomar las expresiones de resistencia en el neoliberalismo. El papel de la revolución informática y los espacios de la Internet en la experiencia de derivada del 1999, así también como en las luchas estudiantiles dentro de la universidad pública a la altura de 2010, marcó aquel tipo de acciones, sin que ello deba interpretarse como que su impacto fue decisivo.

La politización temporera del encono moral que caracterizó el affaire Vieques confirmó su eficacia en 2019. Las protestas buscaban sacar a Rosselló Nevárez del panorama insular a sabiendas de que con ello no se frenarían los avances del capitalismo y el neoliberalismo salvajes. La impresión que ha quedado al cabo de aquel procesos ha sido que el éxito de la resistencia se está midiendo con criterios menos ambiciosos y, por lo tanto, más factibles. La “revolución” de la Guerra Fría se ha convertido en un proceso “episódico” en la pos Guerra Fría.

Aparte de aquellos dos fenómenos de masas en los cuales la emocionalidad y la apelación a una serie de recursos mediáticos resultó determinante -recuerdo que Benicio del Toro, Bad Bunny, René Pérez conocido como “Residente”, Tommy Torres y Ricky Martin, entre otros, encabezaron protestas visible globalmente en algún momento- muy pocas causas con tanta o mayor legitimidad como aquellas han conseguido un apoyo tan masivo.

Del 2000 al presente los reclamos que han llamado la atención a un radio cada vez más amplio de observadores politizados o no han sido las vinculadas a las cuestiones del género en todas sus formas, y al ambiente como preocupación legítima del ciudadano/consumidor. En ninguno de los casos se ha alcanzado la masividad o la eficacia de las dos referidas. Un centenar de feminicidios entre los años 2020 y 2021 no han producido el efecto de la muerte accidental de Sanes Rodríguez en 1999 o del chat lleno de las vulgaridades del lenguaje corriente del puertorriqueño común en 2019. El asunto debería evaluarse con cuidado si se pretende comprender la naturaleza de las luchas de la sociedad civil con más o menos precisión. Movilizar a las masas genuinamente preocupadas por el dolor y la injusticia es todo un problema interpretativo abierto.

La discursividad de la pugna en torno al género y el ambiente ha girado, en lo esencial, en torno a cuestiones concretas de derecho. En alguna medida, los voceros de aquellos sectores revisaron dramáticamente su lenguaje mostrando, a veces, cierta tendencia a la “despolitización” y “repolitización” de sus argumentos en direcciones innovadoras. Para algunos observadores la impresión que ello ha producido es que aquellos proyectos se han visto forzados a “atenuar” o “vaciarse” de cierto contenido político en el marco de las nuevas circunstancias. Esta afirmación sería demostrable si se comparara el tono de la militancia del presente con el tono de la militancia de las décadas de 1960 o 1970, por ejemplo.

El asunto, voy a usar un clisé intelectual de manera consciente para fines tragicómicos, es más complejo aún. El hecho de que el éxito relativo del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en la elecciones de 2020 haya sido vinculado a que el énfasis en la independencia fue sustituido por la insistencia en los atributos metrosexuales de su líder el abogado Juan Dalmau Ramírez (1973- ) no es un asunto de menor cuantía. El PIP sin la independencia como reclamo inmediato es como el PPD en las elecciones de 1940 y representaría un sinsentido enorme pero no único. En alguna medida la “despolitización” y la “repolitización” del discurso es capaz de desembocar en la frivolidad si de lo que se trata es de conseguir el apoyo de cierto tipo de elector.

El éxito de movimiento LGBTTQ, por ejemplo, es comprensible y loable. El mismo se ha medido por el logro de la meta de la paridad nominal ante la ley en cuestiones como el acceso a la legalización de sus relaciones en un matrimonio civil y a una serie de derechos -adopción, seguros médicos, herencia, bienes gananciales- que antes se limitaban a las parejas heterosexuales legalmente constituidas. El valor de esta revolución, no deja de ser una revolución en muchos sentidos, se encuentra en que sus reclamos han sido capaces de conmover los fundamentos ancestrales de una cultura patriarcal, machista y discriminatoria que ha sostenido sus prejuicios en principios considerados sagrados o de origen divino, a pesar de discurso liberal, secular y moderno del cual hacían alarde. Esta revolución “episódica” que avanza es un fenómeno significativo que merece toda la atención. El hecho de que las fuerzas conservadoras y fundamentalistas se hayan organizado en una estructura como Proyecto Dignidad (PD ) en 2019 revalida lo dicho. La acritud de los sectores religiosos y teístas, fundamentalistas o no, ante el éxito las luchas de género demuestra lo amenazante que pueden resultar sus actos.

No hay que pasar por alto que, en general, las izquierdas socialistas o socialdemócratas no hicieron suyas las aspiraciones de igualdad de aquellos grupos sino tardíamente y con remilgos. La tradición y sus trampas no era un rasgo exclusivo de los centros y las derechas políticas en el país. De otra parte, la percepción de una parte significativa de la gente que no es de izquierdas ha sido que la reforma en el ámbito que compete al género tiene un fuerte contenido humanitario y justicialista, condición que legitima la defensa sus reclamos. No cabe duda de que la “despolitización” y “repolitización” del discurso también ha abierto posibilidades inéditas a este renglón

Vieques: del consenso al disenso

A fines de la década de 1990, la administración Rosselló González enfrentó la crisis generada por la muerte accidental de Sanes Rodríguez por medio de la creación de la Comisión Especial de Vieques (CEV). La actitud no dejó de sorprender a algunos. En lugar de echar el asunto debajo de la alfombra por tratarse de un incidente fuera de la jurisdicción estatal que involucraba un poder tan imponente como la marina de guerra de Estados Unidos, el Estado se hizo cargo de la situación de manera formal.

La trama no se redujo al gesto. El primer informe rendido por la CEV apoyó los argumentos de los activistas que presionaban a las fuerzas armadas. En general era una situación nunca vista: el partido estadoísta en el poder coincidía de manera palmaria con una causa humanitaria abrazada por lo que genéricamente se reconocía como las izquierdas por primera vez en mucho tiempo. La protesta por la muerte de Sanes Rodríguez poseía, a no dudarlo, un innegable trasfondo político que denunciaba la relación colonial. ¿Qué indicaba todo ello?

Es importante recordar que desde 1978 el movimiento estadoísta, bajo el influjo de Romero Barceló, el gran innovador ideológico de la era de la Gran Recesión, consolidó un lenguaje agresivo que resaltaba la urgencia de la estadidad y que, para ese fin, requería que se acusara a Estados Unidos de ser un poder imperialista colonial agresivo. El estadoísmo anticolonial de Romero Barceló dependía también de reafirmar su compromiso con los pobres, los humildes de Ferré Aguayo, y la concepción de la estadidad como la expresión del derecho natural a la igualdad. Aunque aquella versión nunca convenció del todo a los nacionalistas más obstinados se trataba de un entorno innovador que Rosselló González aprovechó al máximo durante su gobierno.

El sentido de urgencia que le imprimió Romero Barceló al proyecto del Estado 51 a fines de la década de 1970 estimuló el compromiso emocional con la estadidad tanto como la filosofía de la “acción inmediata” con la independencia desde el momento en que Albizu Campos hizo lo propio en el Partido Nacionalista una vez ocupó su presidencia en mayo de 1930. La sorda lucha de Romero Barceló contra la “Estadidad Jíbara”, una entelequia de la era de Ferré Aguayo, guardaba paralelos con la ruidosa crítica de Albizu Campos contra el “Nacionalismo de cartón” y “ateneísta”. En ambos casos la irracionalidad fue justificada como un componente inseparable del compromiso con la solución del estatus. La racionalidad instrumental era el territorio del centro político inmovilista.

La inusual armonía entre los extremos durante la coyuntura de 1998, como era de suponerse, no duró mucho. El 31 de enero de 2000, Rosselló González aceptó una propuesta del presidente demócrata Clinton para poner fin al conflicto. El lenguaje del acuerdo Clinton-Rosselló González no tomaba en consideración muchas de las posturas y reclamos de quienes habían iniciado el ciclo de protestas. Una de las demandas que no estaba sobre la mesa era el fin inmediato de las prácticas de combate en la isla municipio. El frágil consenso “humanitario” que había posibilitado la alianza táctica entre el poder y la oposición se quebró y el conflicto, que nunca había dejado de ser “político” en un sentido tradicional, tomó un rumbo inesperado. La experiencia de un “frente amplio” y “popular” capaz de convocar a todos los sectores, incluso los administradores del poder, no sobrevivió. El partidismo comenzó a minarlo de inmediato.

El acuerdo Clinton-Roselló González estipulaba que la marina de guerra se marcharía de la isla municipio en o antes del 1ro. de mayo de 2003. Vieques sería desmilitarizado y devuelto a la vida civil por etapas. Hacia el mes de diciembre del año 2000 se liberaría la parte oeste del territorio, y en mayo de 2003 el resto del territorio. La manzana de la discordia entre la administración Rosselló González y “Todo Puerto Rico con Vieques” fue que en los términos del acuerdo se aceptaba que, en tanto se consumaba la transición, la marina podría seguir ejecutando ejercicios bélicos con balas inertes. La condición que se imponía para completar el plan sin retrasos molestaba todavía más: se estipulaba que la “desobediencia civil” debía terminar de inmediato. La garantía de que las prácticas finiquitarían se afirmaba a través del compromiso de la marina de que el calendario de aquellas se reduciría a la mitad. El acuerdo se había elaborado con el propósito de mediar entre los intereses civiles y militares,   garantizar que la protesta se moderaría para que, a la vez, el aprovechamiento del espacio para fines de bélicos no fuese interrumpido del todo. Como era de esperarse, en un momento en el cual la curva de la militancia se hallaba en un punto muy elevado, era poco probable que las restricciones del derecho a la protesta fuesen aceptadas.

El acuerdo Clinton-Roselló González estipulaba además el compromiso de la marina de guerra con la descontaminación y limpieza de las zonas de prácticas de combate una vez abandonase los predios, responsabilidad que como se sabe nunca se cumplió. También disponía el nombramiento de un Comisionado de Vieques que articularía el procedimiento y sugería la celebración de un referéndum sobre el contenido de los acuerdos entre la población viequense, consulta que debía celebrarse en febrero de 2002.

No debe pasarse por alto que el 2000 fue un año electoral en Puerto Rico y que la imagen de Rosselló González se había ido degradando en el favor popular: el gobernador se había convertido en un elemento polarizador que animaba, por un lado, el más profundo rechazo; mientras que por el otro lado, alentaba el culto irracional propio del neopopulismo posmoderno tan adicto a la mediatización como el activismo político antes citado. El activismo político y civil así como la política nuestra de cada día, daba la impresión de haberse reducido a una guerra de imágenes y a su voraz consumo. Esta historia se puede comprender con iconos simples. Si el populismo muñocista había ayudado a mucho a calzar zapatos, el neopopulismo estadista se había encargado de enseñarlos a usar una tableta electrónica. Es probable que alguien ponga una tableta vintage como homenaje en el ataúd de alguno de sus líderes. Más allá de los iconos, en el aspecto material el 2000 fue el escenario de los primeros síntomas del fin de la era de las empresas 936, a la vez que empezaban a salir a flote los efectos del aumento acusado de la deuda pública que habían sido pronosticados desde 1976 en términos lapidarios por el Informe Tobin.

La conflictividad generada por el acuerdo Clinton-Rosselló González redundó en que la cuestión de Vieques volviera a “politizarse” de un modo incómodo para el poder. Es cierto que el conflicto nunca había dejado de ser “político”: la presencia de una fuerza de combate del imperio invasor en su colonia o territorio no incorporado, siempre ha sido un acto “político” agresivo. Pero el sentido que se había adjudicado a aquella lucha como una de “todos” e inclusiva y, dado el acento que los medios de comunicación masiva habían puesto en su cariz humanitario, perdió eficacia. Los fantasmas de la Guerra Fría asomaron por todas partes de nuevo tal y como todavía sucede cada vez que un problema que apela a todos toca la relación asimétrica entre Puerto Rico y Estados Unidos.

Cuando el acuerdo Clinton-Rosselló González se hizo público hubo cierto realineamiento de fuerzas que a nadie sorprendió. El PNP y el PPD, claves del bipartidismo insano que aqueja al país, coincidieron en apoyarlo. La actitud equivalía a retirar su apoyo a la “desobediencia civil” porque, presumían, todo estaba en camino de resolverse. El PIP, el frente “Todo Puerto Rico con Vieques” y el activismo soberanista e independentista no afiliado en su conjunto, se opusieron al inciso que pretendía suprimir el derecho a la legítima protesta e insistieron en su derecho a expresarse de manera no violenta cuando así lo requirieran las circunstancias. La protesta del 21 de febrero de 2000 contra el acuerdo Clinton-Rosselló fue la más grande desde la marcha contra la privatización de la telefónica en 1999.

Hay algo turbador detrás de aquel momento de la revolución “episódica”. El cambio en el lenguaje, la apelación a medios no violentos, la mediatización de la protesta, la alianza táctica con el poder, entre otros elementos propios de la resistencia en tiempos del neoliberalismo, no fueron suficientes para mantener la unidad de propósitos entre el poder, representado por los intereses del bipartidismo, y los movimientos de base popular de la sociedad civil que emergieron del deceso de Sanes Rodríguez. La broma patética tiene otro rostro: este mártir posee una entrada mínima en Wikipedia, uno de los templos del “saber” en la postmodernidad, mientras que otro de los mártires, Ángel Rodríguez Cristóbal, carece de ella.

A pesar de todos los tropiezos, el acuerdo Clinton-Rosselló González fue puesto en planta y el 4 de mayo de 2000 los alguaciles federales desalojaron a los desobedientes civiles sin incidentes que lamentar cuidándose, por otra parte, de no procesar jurídicamente a nadie. El PIP fue la organización política más persistente y más visible en el propósito de mantener la “desobediencia civil” como un recurso válido al cual se podía y debía recurrir en aquel contexto, actitud que condujo al arresto de buena parte de su liderato. La ola de detenciones fue documentada con intensidad por la prensa. Entre 1999 y 2003 más de 1000 personas fueron detenidas y procesadas sin que la situación desembocara en la violencia.

El desenvolvimiento del conflicto de Vieques parece haber sido uno de los componentes decisivos para la derrota de Rosselló González en la elecciones de 2000 aunque con toda probabilidad no fue el decisivo. Tras las elecciones, la solución definitiva del asunto quedó en manos del PPD y la gobernadora Sila M. Calderón Serra (1942- ) una empresaria puertorriqueña de ideas moderadas incluso en el seno de una organización que cada vez se hacía más moderada como el PPD. La elección de una mujer para la posición, un hecho único en la historia del país, desvió la atención de una parte de la opinión pública hacia la celebración, exagerada a veces y poco crítica en otras, de lo que aquel fenómeno significaría o dejaría de significar para el futuro del conjunto de las mujeres puertorriqueñas que, por otra parte, no eran parte de las elites puertorriqueñas como era su caso. Calderón Serra gobernó desde el 2001 al 2004. El hecho de que haya habido que aguardar al verano del 2019 para que otra mujer ocupara la posición hasta el 2021, en esta ocasión sin haber sido electa, la abogada Wanda Vázquez Garced (1960- ) ratifica lo anodino de un evento considerado en su momento como una apoteosis para la historia de las mujeres del país.