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Nos faltó bateo en la Serie del Caribe

 

Especial para CLARIDAD

El pasado sábado finalizó la serie 2021 realizada en Mazatlán, México, con las Águilas Cibaeñas de República Dominicana coronándose campeones con marca de siete juegos ganados sin derrotas. Dominicana, que estaba compuesto de un número significativo de jugadores con experiencia en las Grandes Ligas como Robinson Canó y Melky Cabrera entre otros, era sin duda el equipo más balanceado. En varias ocasiones pudieron reaccionar en el “clutch” aún cuando cayeron atrás en el marcador en algunos partidos, sobre todo éstos respondieron en un dramático juego semifinal frente a Panamá donde estuvieron a un out de ser eliminados.

En el caso de los Criollos de Puerto Rico, el equipo hizo una gran demostración jugando para cinco ganados y dos perdidos, ambas derrotas frente a República Dominicana. Quedó demostrado que los Criollos contaban con un gran núcleo de talento, sobre todo en sus relevistas, cosa que había sido evidenciada desde la liga de beisbol local y que fue la razón principal por la que obtuvieron el campeonato. Sin embargo la falta de un toletero “deluxe” que remolcara carreras grandes  consistentemente nos pasó factura, pues no teníamos un bateador de poder en nuestra alineación, fue esa falta de bateo oportuno lo que hizo que aún en los juegos que ganamos, con la excepción del juego que le anotamos nueve  carreras a Panamá, nuestra ofensiva  no se vio fluida.

La presencia de Yadier fue el atractivo principal de la Serie

No cabe duda que independientemente del resultado la presencia de Yadier Molina con el equipo de Puerto Rico  tuvo un  impacto mayor en la Serie en que los últimos años ha disminuido la cantidad de super estrellas que se presentan a estos clásicos caribeños y tener una figura que probablemente entrará en su primer año de elegibilidad al Salón de la Fama en este torneo fue espectacular. Este demostró que le queda mucho béisbol y que pese a no estar firmado con ninguna novena de Grandes Ligas ahora mismo sigue siendo una figura estelar.

Se activan otros deportes

Por otro lado al momento que escribo estas líneas se llevó a cabo el pasado domingo el famoso Super Bowl en el fútbol americano, que si bien  no contó con la fanfaria acostumbrada, simboliza el final de la temporada de ese deporte. Mientras que también el domingo empezó el torneo del  Abierto de Australia de tenis, aunque cabe destacar que para que se realizara el mismo se obligó una cuarentena mandatoria a todo el que viajó, que fueron más de 1,200 jugadores y eso  pudiera  servir de ejemplo de cómo y cuáles serían algunas de las medidas que quizás se tengan que implementar en  Japón si es que se van a realizar los Juegos Olímpicos.

Por su parte el deporte local recibió la buena noticia de un aumento en la cantidad de deportes  individuales que ya se pueden practicar.  Así como el anuncio de tres carteleras de boxeo locales por parte de la empresa de Miguel Cotto sin público y estilo burbuja. Mientras que en el Roberto Clemente también sin fanáticos se llevará a cabo la tercera ventana FIBA  del Americup con un equipo que contará con el regreso de nuestro jugador estelar José Juan Barea y que debe ser un equipo muy similar al que buscará el pase al Repechaje Olímpico de Serbia que está pendiente.

Sin duda la pandemia sigue cambiando la manera en que se ve y se  cubre el deporte pero este sigue sin prisa pero sin pausa.

 

 

Será Otra Cosa: Viajar a Rincón para un story de cactus u otras meras realidades

 

Especial para En Rojo

“A capitalist society requires a culture based on images. It needs to furnish vast amounts of entertainment in order to stimulate buying and anesthetise the injuries of class, race, and sex. And it needs to gather unlimited amounts of information, the better to exploit natural resources, increase productivity, keep order, make war, give jobs to bureaucrats. The camera’s twin capacities, to subjectivise reality and to objectify it, ideally serve these needs as strengthen them. Cameras define reality in the two ways essential to the workings of an advanced industrial society: as a spectacle (for masses) and as an object of surveillance (for rulers). The production of images also furnishes a ruling ideology. Social change is replaced by a change in images. The freedom to consume a plurality of images and goods is equated with freedom itself. The narrowing of free political choice to free economic consumption requires the unlimited production and consumption of images.”

-Susan Sontag, On Photography

Yo decía que tenía, incrustado, un mapa perfecto de este archipiélago. Que si recorría cierta costa de este país, si entraba por una calle sin salida o encontraba un colmado viejo, vacío, en el camino, había algo allí que yo comprendía: un arquetipo, información (¿sanguínea, linfática, radiográfica?) de esta especie de cuerpo magnético nuestro. Si me meto por donde no debo, sé salir, librarme de algo. Es lo que hacen las millas recorridas a lo largo y ancho de estas islas, y ya tengo algunas alcanzadas. No todas pero bastantes.

Así, andaba el otro día “desconectándome” en uno de esos pueblos predilectos que siempre me resulta tan absolutamente exuberante por su geografía como perturbador por sus dinámicas sociales: Rincón, Puerto Rico. Paseaba por la costa, donde se sabe que sobran los paisajes rústicos. En ninguna costa de este país hace falta mucho aderezo para encontrar belleza natural. Pues de repente veo este lugar, justo frente a un chinchorro, tal vez sea un restaurante al aire libre, no lo sé bien, pasaría por cualquiera de ambos. Pero el asunto es que, justo en frente de ese sitio, donde ya de por sí hay una impresionantísima vista al mar, me encontré con una especie de ‘puesta en escena’, un escenario diseñado con una cantidad de cactus perfectamente alineados en tiestos, guindalejos y cosas. Esa ‘chulería’ parecía estar allí para añadir estilo y decoración al marco que debe rodear la foto de rigor que la gente presumiblemente gusta tomar en ese paraje que, por supuesto, no necesita de un juego de cactus trasplantados ni ocho cuartos. [1]

Para alguien que trabajó años en la industria de la publicidad, esto es un reconocimiento tardío, tal vez incluso ingenuo y hasta inútil pero, en ese momento, entendí algo siniestro. Las ‘redes sociales’, particularmente Facebook e Instagram, comenzaron siendo unos espacios donde documentábamos nuestras vidas, la cotidianidad. Pero ahora es todo lo contrario. Hoy día es la vida misma la que se esfuerza en imitar al Instagram.  O yo me estoy poniendo vieja, o eso es algo muy extraño.

No solo los espacios se van adaptando al ‘InstaLife’ sino que, toda una especie cívica que se toma esto bastante en serio, también se viste, se visita entre sí, viaja a los sitios más innno importa lo recónditos, y hasta come u organiza reuniones y eventos para subir las fotos a un ‘story’de 24 horas de duración. No se sabe qué es más siniestro, si la realización de este fenómeno o esa estética uniforme detrás del InstaLife: el gusto por los mismos estilos de ropa, de peinado, de “escenografías”, decorados y, por supuesto, todo eso pasado por un mismo filtro fotográfico.

Me pregunto por qué todo esto -de lo que, de hecho, no soy precisamente inocente- me perturba tanto. ¿No se parece esta vaina al fenómeno de la publicidad? Yo misma me contesto, y pienso que no. En la publicidad tal vez es más soportable esa estética de la (mera) aspiración a perfección. Se invierte tanto en construir esas escenas de anuncios (fotógrafos, dirección de arte, vestuaristas, talentos bien pagos, luminotécnicos, cablería profesional) que con muy poca malicia es evidente que el propósito es venderte algo. Siempre supimos que había todo un mercado, una industria completa del otro lado de la blancura, de la familia perfecta, del plato suculento.

Esto es distinto aunque no necesariamente más perverso. Estamos hablando de que ya no se trata solo de querer construir un mundo absolutamente pulido allá en el espacio aéreo donde van a tener todas esas fotos y experiencias con un filtro particular, sino de ahora -en otro ejemplo del mundo al revés- intentar reproducir ese escenario perfecto en la vida misma. Ahora los sitios, en vez de ser lo que son, imitan el Insta Life y crean paredes, esquinas, props, etc… para alcanzar categoría de Instapic, que viene siendo algo así como el pasaporte de la etéreo-validación.

Una de las cosas que más me gusta de viajar es ese momento en que un lugar muy emblemático, retratado, masificado, abrillantado por miles de anécdotas, fotos, canciones, películas e historias, se me revela en su ordinaria y opaca naturaleza.

Me pasó en Copacabana, por ejemplo. Pasas la vida entera escuchando las canciones, viendo las películas, leyendo los libros sobre Copacabana y, cuando llegas allí, encuentras una playa urbana alucinante, trepidante como tal vez ninguna otra, pero absolutamente degradada, no sé si por el tiempo o por los designios de las políticas públicas modernas, seguramente por ambas. Es evidente que las estructuras en torno al mar han ido perdiendo el lustre cinematográfico que tal vez nunca existió sino en la fantasía colectiva. Además, el concepto de tirarse en la arena a relajarse, por ejemplo, tan exportado, no existe realmente pues en esa playa está pasando de todo, un drama constante, todo el tiempo. Ya debe haber alguna ‘Instawall’ allí para los asiduos de la red social pero estoy segura de que es realmente absurda e innecesaria, un sinsentido en medio de un lugar tan alucinante, donde lo mismo te venden un coco que una foto junto a una llama. Para ser sincera, de mi paso por Copacabana creo que prácticamente no tengo ni fotos. Así de extrema me pareció la experiencia de simplemente estar allí. Pasaba tanto que no hubiese sabido ni qué retratar.

Lo sorprendente, me voy dando cuenta, radica en que, a veces, la ilustración de una realidad está tremendamente acicalada por quien la expone o la relata. Pero otras veces, la mera realidad es tan rica, tan textual, una experiencia tan auténtica, errática incluso, que supera por sí sola, sin filtros ni efectos, todo intento un tanto inútil, inocuo, de maquillaje. Puede que me esté poniendo vieja pero, sin renunciar al maquillaje ocasional, quiero vivir más tiempo en estas meras realidades.

 

 

 

 

 

 

El Topo: poeta fundamental y juglar de la patria

 

 Rodeado de mí mismo

sin evasión posible

tejo con mis pisadas

mi propio laberinto

(El Topo. Penúltima salida)

 

El poeta nacional Francisco Matos Paoli, prologando el poemario Penúltima Salida (1978), destaca que “La obra de este autor pone de relieve a un poeta de elevadas calidades de arte, cuyo verbo lírico, nutrido en el espíritu de las esencias isleñas, se mueve con ademán de entronques surrealistas por las rutas del reino de la ensoñación. Su voz de poeta nuevo, forjada al calor de multitud de lecturas en sus tiempos de estudiante —los autores clásico españoles de la época aurea, Neruda, Vallejo, Lorca, el francés Rimbaud, etc.— se vierte en realizaciones de acentos líricos de indudable personalidad propia. En lo formal externo, dice Matos Paoli materializa el verso de Cabán por cauces de libertad métrica y estrófica, sin rima, pero montado sobre cursos expresivos de rítmico fluir. (Ver F. Matos Paoli, “Penúltima salida”, Rio Piedras, 1978).

Por su parte Josefina Rivera de Álvarez en su Antología de Literatura puertorriqueña, nos señala que otro aspecto del que hacer poético de Cabán Vale, asociado a la música, lo constituye su obra vertida, como sabemos en multitud de canciones. Como hecho trascendental de la carrera de El Topo, a quien ubica en la generación del sesenta, subraya que “comparte este cancionero suyo iguales inquietudes y motivaciones, y parecidas fervores del trabajo literario, que su poesía vertida en libros  y revistas”. Añade que “esta transición de la poesía escrita cantada que se opera en nuestro escritor viene a enlazar con el antecedente de la poesía cantada que impulsará en Brasil principalmente el bahiano Caetano Veloso por los finales de los años sesenta del presente siglo, a su vez afín a técnicas y procedimientos de la llamada poesía concreta brasileña, << desarrollados en un sentido precipuamente oral, de relación voz-música>>(Josefina Rivera de Álvarez. Literatura Puertorriqueña: su proceso en el tiempo. Ediciones Partenón, S.A. Madril. 1983).

Haciendo referencia a los poetas concretos (brasileños) esta autora—en acotación bibliográfica— es un movimiento (el concretismo), que “sin miedo de la aparente paradoja que había en ese traslado de campo (literatura/música) y también en la mudanza de esfera (de la producción o del consumo restringido como es el caso de la poesía—, hacia la del consumo de masa—como en el caso de la música popular… (Ver H. de Campos “Superación de los lenguajes exclusivos”,América Latina en su literatura, México, D.F., 1980 págs. 297-300, citado en Rivera de Álvarez, pag.691.

En 1985 José Enrique Ayoroa Santaliz en un artículo titulado El Topo: poetaapuntaba que Antonio Cabán Vale “es lo más importante que le ha ocurrido a nuestra canción popular durante los pasados veinte años”. Es un estudioso,—decía Quique en ese momento—un conocedor de la poesía culta, en cuya obra “me parece adivinar a ratos validas influencias de Cesar Vallejo Rafael Alberti y Miguel Hernández que disimula el dominio de ese oficio con sus arranques de salao humor pueblerino. (El Reportero, sábado 13 de julio de 1985, pag. 14).

Por otro lado apuntaba Quique que “no se precisa de gran intuición o agudeza para adivinar que hay también en ese Topo, jocoso de cara al público, la profunda pena oculta que —-como el grano de arena en la ostra, provoca la secreción que da a la luz la perla—- acucia a tantos de los creadores inmortales. No empecé todo ello—-que ya sería bastante por mucho—la nota característica sobresaliente en Antonio Caban Vale El Topo, es su rabiosa autenticidad. En una época (sobre todo durante la pasada década) en la que las siempre peligrosas ráfagas de la moda llenaron de impostores-puestos canto terruñal, al Sector Caraima del barrio rural La Cruz del municipio de Moca, presente y pretérito en su importante tradición oral, canta por cada uno de sus poros cuando interpreta su folklore.

Ese genio creativo de El Topo proviene de dos fuentes principales en su formación musical: su crianza en un campo de Moca en contacto con la naturaleza, la agitada vida universitaria en la urbe riopiedrense durante la turbulenta década de los años 60. Pasó una niñez muy difícil por la carencia material y los problemas que arrastraba ser pobre, al amparo de una familia que incluía a tres hermanos menores, su mama y un padre militar que venía de pelear en el Norte de África, con sus consabilidas perturbaciones.

Relata el juglar de la patria –entrevistado por Jósean Ramos para Vidas Únicas, El Nuevo Día, que su ingreso en el 1961 a la Universidad de Puerto Rico y al mundo riopiedrense marcó su vida para siempre. Pues fue allí donde formo parte de la Estudiantina Universitaria y “se unió se unió a un grupo de poetas, bohemios y rebeldes con muchas causas, que habrían de fundar un movimiento renovador en la poesía nacional, al movimiento renovador en la poesía nacional, al amparo de la prestigiosa Revista Guajana, donde publicó sus primeros versos “El Topo”. Fue, precisamente, un integrante del Grupo Guajana, José Manuel Torres, quien le puso el mote con que se le conoce en el mundo entero. Era uno de esos viernes por la tardecita, cuando salían de clase y se reunieron en el colmadito Barrio Chino frente a la plaza de Recreo, al leer poesía y a beber vino “El pavo”, que tomaban caliente porque salía más barato. Es su botellita de vino para cocinar, y en medio de una nota suprema José Manuel se le quedo mirando fijo y luego exclamo: “! Ay, mira un topo!” En adelante a sustituir su nombre de pila” (Vidas Únicas Luz verde a la esperanza… Antonio Cabán Vale “El Topo”: compositor y músico, jueves 31 de mayo de 2007).

Evocaba el Topo  en esa entrevista que la primera canción que compuso fue “Sol” dedicada a una compañera de la Estudiantina que murió de repenten, y para quitarse de encima tanto dolor le escribió y musicalizo sus versos: “Sol eres tú en mi sueño, tu recuerdo es aliento en mi existir, que importa si la luna no aparece, si la luz eres tú”. Ya en verano de 1966 escribió su segunda canción, que lo daría a conocer en el mundo entero, la clásica danza “Verde Luz”, que grabo su nombre en el pentagrama universal.

Ayoroa Santaliz aprecia que en el Topo “se da la feliz dualidad de quien canta nuestro folklore, sobre todo regional, con la autenticidad suprema de un Odilio González y la altura poética de una de las más importantes voces de su grupo generacional, y de un cantor dramático del empaque de un Charles Aznavour o una Edith Piaf”. A renglón seguido señala que por injusto olvido “el común de la gente que le admiran, destacan, bien El Topo folklórico y festivo que podemos significar con Los Lirios del Campo, Flor De Amapola y Solina, Solina bien El Topo patriótico y revolucionario de El Pescador de Culebra, Las Manos de Campo, Verde Luz y Antonia. Rara vez se menciona El Topo hondo, reflexivo, lirico, intimo de En un Café De Estudiante, El Comienzo Del Amor, Pobre De Mi Si Tengo La Suerte, Era Corto El Camino, Después De La Canción, Que Extraño Es El Amor, Julia De Amor Amanecida, Altar De La Ventana Compañera Soledad, Caminando, Caminando o la reciente milonga-criolla Yo Quiero Decir Cantando”.

En las múltiples dimensiones de la figura de nuestro cantor nacional siempre debe recordarse que además de ser forjador del movimiento de la nueva canción puertorriqueña y embajador cultural de nuestra patria a festivales mundiales como el de Alemania, estuvo presente como brigadista en la patria Cubana en eterno gesto de solidaridad. Su verso lo celebramos hoy nuestra generación y todo aquel que siente la trova viva llena del “golpes de ternuras”.

Antonio Cabán Vale es voz de la tierra, calor de conciencia y sobre todo juglar de la patria viva.

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*El autor es historiador y conductor del programa radial Canto Libre desde el Sur que se transmite por WPAB 550 AM.

 

Reflexiones: ¿Qué hacer después de la muerte de las 936?

Especial para En Rojo

La meta de transformar el turismo en uno de los actores principales del crecimiento económico tras el fin de la era de las empresas 936 ha sido un planteamiento común de las administraciones penepés y populares desde 1990 al presente. La idea de Puerto Rico como un “winter resort” emana, como se ha comentado en otro momento, del cálculo de los recién llegados en 1898. “Vender” la imagen de un Puerto Rico tropical, paradisiaco, lleno de amenidades sobre el cimiento de las playas y los juegos de azar, o como  plural y apetecible tierra del piripipao para el consumidor de clases medias y altas del este de Estados Unidos, nunca ha sido un problema. Lo complicado ha sido ofrecer esos encantos  a un precio razonable ante los competidores del resto del Gran Caribe.

La reforma más significativa al orden turístico maduró en 1996. Aquel año se enmendó la Ley Núm. 2 de 1974, la cual a su vez enmendaba la Ley Núm. 221 de 1948 que había autorizado la creación de casinos en Puerto Rico legitimando la introducción de tragamonedas bajo el control del Estado. La enmienda de 1996 limitaba el control fiscalizador del Estado entregando el control de aquel bien de capital a los casinos que las usufructuaban: aquella amenidades habían sido privatizadas abriendo paso, como todo proceso desregulador, a su difusión masiva fuera de los ámbitos propios de los juegos de azar[1].

Las opciones económicas del rossellato también estimularon desarrollos en otras direcciones acorde con las “necesidades” del mercado en el contexto del neoliberalismo. El principio de abrir las puertas al “consumo neurótico” que había codificado Erich Fromm en sus comentarios sobre el marxismo en la década de 1960 y el estímulo privatizador se impusieron. Una  segunda dirección de la administración Roselló González fue promover el crecimiento de la alta tecnología y ponerla al servicio del mercado de bienes de capital y del consumidor.

Lo cierto es que la revolución informática y de la industria de las comunicaciones maduró en la década de 1990 y que, en el contexto caribeño, Puerto Rico poseía ventajas tácticas notables para el desarrollo de aquel sector. El Estado Libre Asociado había invertido alrededor de 1,200 millones de dólares en una red de fibra óptica construida entre los años de 1976 y 1981 durante el tránsito de la recesión a la reaganomics. Aquella red era el activo o haber de capital más importante de la Puerto Rico Telephone Company(PRTC), empresa que había sido estatalizada por un gobierno popular encabezado por Hernández Colón en 1974. En medio de la crisis de 1971 y 1973, el Estado había hecho una inversión inteligente que podía rendirle beneficios extraordinarios en el futuro.

La inversión no fue en vano. Entre 1977 y 1989, Puerto Rico desarrolló una plataforma tecnológica envidiable que permitió la computarización de la telefonía, la expansión de la capacidad de comunicación ultramarina y ofreció acceso a una serie de recursos de comunicación envidiables. Se trata de recurso que hoy son moneda común pero que en aquel entonces, eran verdaderas innovaciones tecnológica tales como la llamada en espera, las transferencias de llamadas y la teleconferencia. La competitividad de la isla era reconocida a nivel regional. Aquellos recursos representaban un atractivo a la hora de atraer la inversión de  capital extranjero al espacio regional en un momento en el cual la regionalización de la economía sembraba la semilla de la globalización.

En medio de aquel proceso, en 1986 se introdujo la red de telefonía móvil vinculada a la American Telephone and Telegraph(ATT) bajo el nombre de Cellular One;  y, entre 1994 y 1995 comenzaron a ofrecerse conexiones de Internet para empresas, negocios pequeños y mediano es individuos. Caribe.Net fue la empresa pionera como servidor de Internet en Puerto Rico en1994. Ese mismo año se formalizó 911 que despachaba cualquier emergencia informada a la policía y se dio inicio al servicio de Celulares Telefónica, hoy Claro. Con ello comenzó la acelerada emancipación del ciudadanos respecto al teléfono fijo a una mesa, una pared o un cabina en la acera de una ciudad. Las “comunicaciones salvajes”, un nuevo tipo de intercambio social, comenzaron a echar raíces.

En 1990 la administración Hernández Colón había realizado un intento de privatización de la PRTC el cual fracasó por la presión popular. El lenguaje de los opositores a la transferencia a manos privadas de aquella empresa se apoyaba en la defensa del recurso como un “bien público”, es decir, del “pueblo”. Se insistía en el su posesión y administración rendía dividendos y podía seguir produciéndolos en medio de una década de cambios acelerados en el mercado y la política. Para el gobernador de turno, un popular moderado con una gran capacidad para reconocer las tendencia de su tiempo, una decisión a favor de la privatización tendría un alto costo político y electoral, por lo que se desistió de la idea.

El mito de que las propiedades del Estado eran también por extensión del Pueblo, uno de los fundamentos del liberalismo clásico reforzados durante la era del novotratismo y la economía keynesiana de la segunda posguerra, todavía era fuerte en la comunidad. Al paso de los años las situaciones aludidas, los cambios en el ámbito de los juegos de azar y las telecomunicaciones, podrían ser interpretados como un ejercicio de medición de fuerzas entre un, en aquel momento, respetable pasado estatalizador y, de acuerdo con algunos, un promisorio futuro privatizador. Las expresiones de rechazo y de apoyo de unos y otros sectores funcionarían como un tipo de registro de las fuerzas operantes en una y otra dirección.  Lo que en Puerto Rico se ha llamado genéricamente las “izquierdas”, con todo su variopinto e impreciso panorama ideológico, se pusieron del lado de la defensa del pasado estatalizador. Era como si la ensoñación del novotratismo y el keynesianismo les hubiese poseído tras el fin de la Guerra Fría, del orden bipolar y la disolución del socialismo real. La confrontación de un pasado pésimamente comprendido con un futuro que no era más que una apuesta incierta estaba más que clara. En definitiva en la década del 1990 el balance favorecía la tradición estatalizadora por el hecho de que todavía muchas figuras influyentes del PPD, un partido todavía fuerte, se resistían a romper con el pasado. Todavía no había llegado el momento de la “privatización salvaje” del siglo 21.

Un asunto que estaba fuera del control del gobierno local y que más bien era resultado de  la ruta por la había tomado  el mercado internacional tras el fin de la Guerra Fría alteró la situación. En 1996 el Congreso de Estados Unidos aprobó una nueva Ley de Telecomunicaciones que desreguló ese mercado y permitió y estimuló la libre competencia en un campo que había sido intensamente controlado por el Estado durante medio siglo. Como parte del proceso se comenzó la transición de la televisión análoga a la digital.

Para el mercado aquella decisión garantizaba una inyección de capital enorme: la tecnología de consumo y la televisión ocuparon en la economía estadounidenses el lugar que a principios del siglo 20 habían ocupado los electrodomésticos y el automóvil. El impacto de aquellos renglones en el crecimiento material de la economía me parece comparable. El hecho de que, en ambos casos, la nueva situación desembocara en crisis económicas mayores, la de 1929 y la de 2007, resulta medular.

El lenguaje social con el que se justificó aquel giro iba dirigido a llamar la atención respecto a la voluntad de Estado/Mercado de suplir de manera eficaz la necesidad de acceso a aquellos recursos tecnológicos propios de la nueva (pos) modernidad a las comunidades desventajadas.  La cuestionable concepción de que el consumo adelantaba la “democratización” de la vida social tenía el efecto de que la ansiedad democratizadora se despolitizaba, es decir dejaba de ser un problema “político”, para transformarse en un asunto  de “mercado” o de acceso a cierto tipo de objeto. La entidad responsable en última instancia de garantizar esa suerte de igualdad en el ámbito del “consumo” serían las fuerzas del mercado y otra “mano invisible”, recuerdo la voz sagrada de Adam Smith, se encargaría de asegurar un nuevo orden de libertad, igualdad y fraternidad.

El acceso a aquellos recursos dependería de la habilidad de los agentes del mercado y el capital privado, no del Estado, por lo que el grueso de los beneficios netos del proceso de presunta igualación corresponderían también a aquellos sectores. El papel del Estado se reduciría condición que permitiría enfrentar el problema de su gigantismo, de su grasa, de su obesidad mórbida, un mal señalado desde hacía tiempo. La administración Rosselló González reformuló la función del Estado cuya tarea principal sería “facilitar” y monitorear el proceso de cambio con el fin de evitarle tropiezos al avance del capital en su proyecto de igualación y liberación. Las prácticas neoliberales se imponían y se legitimaban con suma facilidad.

Los efectos de aquella decisión fueron inmediatos. En 1996 se creó Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones de Puerto Rico (JRTPR) y bajo las nuevas condiciones dio inicio una verdadera invasión de proveedores de servicios inalámbricos. El modelo fue Centennial de Puerto Rico, empresa que ofrecía telefonía, televisión e Internet. Fue a la luz de la ley federal de desregulación de 1996 que la administración Rosselló González elaboró en 1997 un segundo intento por privatizar la PRTC. El alegato de Rosselló González era que, bajo un régimen de libre competencia, la PRTC no estaría en igualdad de condiciones ante la telefonía privada por su condición de corporación pública. En 1998 se recibió una oferta de un consorcio compuesto por GTE Corp., luego Verizon GTA Corp.,  y Popular Inc., y la venta se concretó en el 1999, generando unos $2 mil millones de dólares para el gobierno del ELA.

Las fuerzas estatalizadoras y privatizadoras volvieron a chocar. La decisión produjo en  los empleados de la compañía gran incomodidad que generó una intensa actividad de protesta que se extendió durante mes y medio. La movilización de una parte significativa de la comunidad y de las izquierdas en oposición a la privatización del bien público y un paro nacional o general de dos días justificó la violencia policiaca. El efecto de la represión en la imagen de Rosselló González fue determinante para sus posibilidades electorales en el 2000. La era de la “telefonía salvaje”, caracterizada por la competencia por el acaparamiento del mercado inalámbrico comenzó con aquel proceso de privatización.

La privatización de la PRTC no incluyó, sin embargo, la infraestructura de fibra óptica en que se apoyaba y se apoya la telefonía, la televisión y la Internet. El control de las fuentes de fibra óptica continuó en manos de PREPA Networks, una subsidiaria de la Autoridad de Energía Eléctrica(AEE) que “alquila” el uso del recurso a los servidores privados de telefonía e Internet como AT & T, Claro, T-Mobile, entre otros,  desde 2004. PREPA Networksopera como una empresa privada y no tiene conexiones con el gobierno del ELA y la posibilidad de que entre como competidor en el mercado de la telefonía, la Internet y la televisión digital siempre ha  preocupado a los gestores privados de aquellos servicios. Su entrada en el mercado podría abaratar los costos de funcionamiento del Estado si este la contrata para esos fines. Los avances del neoliberalismo  justificaron la acusación a la AEE y a PREPA Networksde  “monopolizar” un bien de capital y, en consecuencia, violentar el principio otra vez sagrado de la libre competencia. Las fuerzas neoliberales están presionando para demoler uno y otro “monopolio” y abrir la energía eléctrica y la fibra óptica a la libre competencia.  El acuerdo del gobierno de Wanda Vázquez Garced (1960- ), gobernadora PNP entre 2019 y 2021, con LUMA Energy, parece ser un primer paso afirmativo en el desmantelamiento de este otro “monopolio”, hoy con el visto bueno de una parte significativa de la comunidad.

La tercera dirección de la administración Rosselló González fue, aprovechar la experiencia acumulada desde 1976 al servicio del capital emanado de las operaciones amparadas en la Sección 936, y vender esa experiencia a inversores dispuestos a venir a Puerto Rico sin los beneficios que aquella garantizaba. La experiencia financiera, gerencial, de planeación y manejo empresarial lo mismo en el campo de los seguros laborales, al capital o de salud, la inteligencia empresarial, la publicidad, las destrezas acumuladas por una mano de obra educada, diestra y sumisa eran una mercancía valiosa. Todo era y es considerado como una mercancía o un bien de capital provechoso si se vende bien al inversor. La táctica estaba de acuerdo con un nuevo tipo de economía de lo “inmaterial” o del “conocimiento” que podía ser rentable en un mercado en que, si bien Puerto Rico entraría en un proceso de descapitalización relativa, otras economías en Hispanoamérica en Europa Oriental y Asia sentirían los avances de la capitalización en el contexto de la globalización. Fue en aquel contexto que la Universidad de Puerto Rico comenzó a ofrecer, entre otros, cursos de mandarín y ruso. Los avances del capitalismo neoliberal y autoritario en aquellos escenarios, aclara, poco tuvieron que ver con ello.

El proceso, de ser exitoso,  serviría también para ofrecer servicios a compañías puertorriqueñas y animar el “empresarismo local”, la eterna oveja negra de las políticas empresariales del Estado en el país. El empresarismo, si utilizo una metáfora agraria, actuaría como una siembra de capital abonada por las destrezas de mercado promovida y amparada por el Estado desde una considerable distancia como un mero observador. La esperanza de ver cómo crecería  una clase burguesa puertorriqueña dispuesta a arriesgar su capital en el mercado libre e inmunizada contra cualquier aspiración política, nunca se ha cumplido.

La preocupación por la situación del empresarismo puertorriqueño, en gran medida llegaba tarde. El Estado colonial y la economía dependiente del ELA, no le había permitido desarrollar mecanismos jurídicos apropiados para proteger a los inversores locales. Pero las ventajas adjudicadas a las empresas foráneas (estadounidenses) en Puerto Rico, amparadas en las premisas oblicuas  el neoliberalismo, no garantizan un escenario de libre competencia plena entre iguales como se presumía. Entre una empresa local y Walmart, Walgreenso CVShay una gran distancia.

El inversionismo político, manifiesto en la dependencia de ciertas empresas locales de las contrataciones del gobierno de turno se fue convirtiendo, siempre lo fue, en un problema notable de la frágil democracia puertorriqueña. En este  renglón también existe un significativo “déficit democrático” que resulta invisible para numerosos observadores. El empresarismo puertorriqueño, hay que afirmarlo tampoco está exento de estos juegos y forcejeos que representan un costo extraordinario para el Estado.

La utopía de abonar al crecimiento de un una burguesía creativa y activa emanada de un cúmulo de entusiastas pequeños y medianas empresarios (PYMES) se combinaría  con la revitalización de los centros urbanos municipales y tradicionales que habían venido a menos tras la explosión de la era de las megatiendas.Plaza de las Américas, fundado en 1968, expandido en 1979 y remodelado en 2000; el Mayagüez Mallabierto en 1972 y remodelado parcialmente desde 2019;  Plaza del Caribeen servicio desde 1992 y expandido en 2015; y Mall of San Juandirigido a las clase medias altas e inaugurado en 2015 y en crisis parcial desde 2019, se han convertido en los iconos de la era del “consumo neurótico” ahora “salvaje” del cual hablaba Fromm en la década de 1960. La concepción de que la “libertad” se alcanza en el “consumo” posee en ello su registro de templos. Los privilegios fiscales reconocidos a las megatiendas hacen que la competencia sea desleal. Ese fenómeno social y cultural, y la competencia de la oferta del mercado estadounidense en las ventas al detal, los servicios y los mercados virtuales, impiden el desarrollo saludable del empresarismo puertorriqueño. La agonía y la muerte de la burguesía puertorriqueña, salvo contadas excepciones, ha sido responsabilidad del capital estadounidense y su alianza con Estado colonial y no de las luchas de los trabajadores que aquellas explotaban. Lo cierto es que desde el  1990 al presente, el esfuerzo no ha tenido el éxito que se esperaba.

Dos apuntes finales. Primero, la apuesta a la tecnología ha sido un elemento común a las administraciones populares y penepés desde la década del 1990 y no parece que esa postura vaya a variar en lo inmediato. Segundo, a pesar de todos los escollos, la esperanza en el desarrollo exitoso del empresarismo y los servicios especializados en manos puertorriqueñas también ha sido adoptado como metas por todos los gobiernos del 1990 al presente. Ese ese uno de los rostros más misteriosos del bipartidismo puertorriqueño. Lo es.

 

[1]Agradezco las pistas para esta observación al historiador Mario Ramos Méndez (2020) La modernización de la suerte(Las Marías estudio Editorial/PoD Amazon)

Manifiesto des-critura

La aparición en China del covid-19, en diciembre de 2019, y su expansión por todo el mundo ha representado un reto global sin precedentes en todos los ámbitos de la vida. En el área de la educación, la UNESCO informó el año pasado que más de 1,215 millones de estudiantes en el mundo entero fueron afectados por los cierres de escuelas y universidades

unesco, “Interrupción educativa y respuesta al covid-19”, <https:// es.unesco.org/covid19/educationresponse>, consultado el 13 de mayo, 2020.

Poco más de un año después, estamos tratando de que ese ámbito escolar o universitario se transforme en un escenario no tradicional a partir de dispositivos digitales. Si bien se trata de cambios súbitos y, aparentemente, pasajeros lo cierto es que esos nuevos modos de comunicarse para ejercicios de educación suponen novedad para profesores y profesoras, estudiantes, y cambios en el mismo concepto de comunidad universitaria, salón, o campus. Estamos ante un nuevo tipo de escucha, de audiencia, de paideia

En ese sentido, es halagador que en medio de esta emergencia sanitaria la labor de impulsar la creatividad y el pensamiento crítico de estudiantes tenga como resultado textos complejos, inteligentes, divertidos. Uno de muchos ejemplos es el que tenemos el placer de mostrar a los lectores de En Rojo.

Luego de acercamientos a los manifiestos de la vanguardia literaria de principios de siglo XX en un curso de español “básico” la profesora, la poeta Zaira Pacheco, invitó a los estudiantes a redactar sus propios manifiestos. Los resultados fueron excelentes. Lo presentamos como una exhortación a profesoras, profesores y estudiantes, a ocupar espacios de publicación que den muestras del poder que tenemos como comunidad, como colectivo, para crear nuevas formas de intercambio y seguir creando. Nuestro saludo emocionado, qué más da, emocionado

R.A.

Manifiesto des-critura

Marielena Soto Rodríguez

Nahirimar Sánchez Rolón

Juan Padilla La Llave

Víctor Encarnación Pérez

  1. Antítesis

Nuestro manifiesto debe ser filtrado inicialmente por el deconstruccionismo de Derrida, como el título sugiere. Bajo esta perspectiva intentamos reorganizar el pensamiento colectivo ante las constantes contradicciones discursivas que entorpecen los argumentos. Sin duda, las repetidas ideas de lo que es un manifiesto pueden nublar la esencia de este. Nos proponemos comenzar nuestra construcción redefiniendo nuestro manifiesto como una ley. Sin intenciones protagónicas, nos referimos a “ley” como aquella que Deepak Chopra definió de la siguiente manera: “La Ley es el proceso por el cual lo inmanifiesto se convierte en manifiesto; es el proceso por el cual el observador se convierte en el observado; es el proceso por el cual el que ve se convierte en el paisaje; es el proceso a través del cual el que sueña manifiesta sus sueños. Toda la creación, todo lo que existe en el mundo físico, es el resultado de lo inmanifiesto, transformándose a sí mismo en lo manifiesto.”

  1. Símil Colectivo

Se debe entender el orden mental establecido por el funcionamiento del intelecto, la emoción y la intención. Queremos que el individuo se acerque al arte estudiando los procesos de la “psyches” humana, pues es la matriz de todas las ciencias y las artes. Es decir, que el individuo vuelva a encontrar o avivar la importancia de la experiencia espiritual estando consciente de sus instintos heredados y de sus energías

El inconsciente colectivo es igual a instintos heredados y los podemos acceder a través de los símbolos. Estos son trascendentales ya que han sido parte de la transición de la vida humana. Estos apuntan a la necesidad del individuo de liberarse de cualquier estado del ser que sea demasiado inmaduro, demasiado fijo o definitivo. Este simbolismo se activa vivamente con el esclarecimiento de que todo ser tiene cuatro cuerpos: el mental, el emocional, el físico y el espiritual. La conexión viva de estos cuerpos es la que permite que la espiritualidad individual y colectiva sean la base de la creación de los sentidos del arte, pues conecta con la energía superior. De manera alternativa, Ferdinand de Saussure resucita el símbolo con un análisis interno donde expone el sistema lingüístico en el que todos estamos involucrados. Afirmamos que el arte escrito es el medio para decodificar la consciencia colectiva a través de los símbolos del lenguaje.

  1. Personificación Vinculada

Ya hemos dicho que estamos intrínsecamente conectados a través del inconsciente colectivo, de nuestras facultades espirituales y del sistema de símbolos que nos agrupa en el lenguaje. Coincidimos que el arte es el puente que colinda con nosotros mismos, con el otro y con los ecosistemas externos. Los siguientes tópicos relacionan específicamente las composiciones literarias con el individuo, la sociedad y el ambiente.

  1. Anáfora del Individuo

A través del dictado de la imaginación sobre el alma que produce el arte (tal y como lo definimos) reiteramos que ésta es capaz de entrelazar los aspectos mentales, físicos y emocionales del yo. De este modo, no excluimos los deseos y pasiones, generalmente suprimidas por nuestro razonamiento moral, sino que nos fiamos en el arte para equilibrar nuestra existencia y florecer nuestra sensibilidad.

  1. Metonimia Social

El arte crea sensibilidad en las personas y esa sensibilidad se manifiesta como un despertar colectivo. De esta manera, si los individuos que componen la sociedad exploran sus propios sentimientos, emociones e, incluso, temores, entonces el arte se convierte en la plataforma imprescindible para visibilizar las áreas más íntimas del ser. Nos aproximamos al arte como visión que solo los que han concebido su vulnerabilidad son capaces de asir para manifestar como colectivo lo oculto. Aspiramos con optimismo que el resultado del arte en la sociedad fomenta el sentido más puro de las humanidades.

  1. Onomatopeya Ambiental

El ambiente como lo observamos es un mero reflejo de la mente humana, un caos optado por mirarse a sí mismo organizado. La conexión humana con la naturaleza debe partir de la realidad por la cual fuimos impartidos en ella; el ambiente debe ser vivido, protegido y amado. Se propone, entonces, que cada una de las personas debe trabajar por la naturaleza y sus componentes.

El arte, como elemento base, nos presenta la conexión de los arquetipos del ser, mas puede ser el mero ejemplo de cómo la conexión con el medioambiente es tan importante. El arte es un flujo que permite transmitir paradigmas de creación y de deconstrucción. En otras palabras, nos guía a buscar vías nuevas e innovadoras del pensamiento y el vocablo. ¿Cómo está esto conectado al medioambiente? ambos retan la visión estética de la vida y los que la habitan, de la inercia y el movimiento, de la apatía y el sentimiento. Se dice que la poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio, pues el ser humano es el sujeto virgen de todo el daño ambiental. Entonces, la deconstrucción recae en retomar la paz, la mesura y el cuidado de la naturaleza como arte.

  1. Paradoja

En la actualidad el arte está tomando un rol distinto, pues para muchos este no es, sino un intento de provocar al otro, sin permitir que ese otro reflexione de una manera profunda, es decir, que lo lleve a cavar más allá de lo que se quiere proponer. Entonces, ¿qué ocurre con el arte que se manifiesta más allá de las palabras o de las acciones? Sutilmente palpamos muy poco desempeño o deseo por realizar un arte que nos hable implícitamente y nos ponga a reflexionar sobre los intersticios secretos. Parte de esto se debe a las posturas superficiales que asumimos ante el texto, obviando que este se desdobla para abofetear nuestra consciencia perezosa. Se ha perdido el interés individual de poder retarse a sí mismo y ser retado por otros a través del arte, comenzando por la comunicación escrita. Enfatizamos que “escritura” en nuestro manifiesto no apunta al acto práctico que comienza sosteniendo un lápiz o presionando las teclas de un ordenador, aunque esto forme parte de nuestra perspectiva general. Más bien, nos referimos a los discursos e ideas, naturalmente diluidas en los marcos imaginarios del tiempo, que se concretan en la aceptación directa o indirecta de las personas. Semejante a otros manifiestos, el residuo circunstancial de este no puede ser omitido, el grosor pandémico nos ha arrinconado en una falsa globalización donde, irónicamente, estamos todos lejos, pero “conectados”. Nos amparamos en el espíritu del arte como el antídoto para des-cribir estos paradigmas y que la sociedad de paraguas comience a sentir la lluvia, que los besos le roben el aliento al asma y que las letras vuelvan a abrasar al receptor. Solo el arte es capaz de recorrer nuestra efímera circularidad y crear rupturas con cada vuelta, concibiendo los daños colaterales que en este manifiesto hemos mencionado.

Asistan al parto.