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El Hipismo según Pancho Velázquez

         Francisco R. Velázquez es un escritor puertorriqueño que todos los lectores del mundo deberían conocer. Comenzó a destacarse en el campo de las letras comoperiodista. Fue reportero de notas policíacas, columnista y editor de plantilla en diversos diarios de Puerto Rico por espacio de un cuarto de siglo, escritor fantasma de algunos redactores de fama, catador de licores varios.Dotado de un extraordinario dominio del lenguaje, alejado de los ripios y los excesos del adjetivo, Pancho, como lo conocen sus admiradores y amigos, comenzó a hacerse un nombre en la literatura publicando un relato corto en este periódico. Luego publicó su primera novela, Los vapores de Sor Emilia una exquisita novela erótica ambientada en el 1918 cuando aquellos temblores. De esa primera novela en adelante, Velázquez, como un dique que se desborda por encima de los rigores de una sala de redacción, ha creado personajes memorables como Emilia Leclerc, Dolores Cardona -detective-, Torpedo Joe, o el Zurdo Galíndez. Más de una decena de novelas y relatos que no tienen desperdicio.

         En Rojo tiene el honor de haber publicado en serie aquella primera novela y La marea de los muertos. También el autor mantuvo una columna en el semanario y recientemente, con su permiso y de la excelente revista deportiva The Gondol, regalamos al lector varios asaltos de Torpedo Joe.

         Hoy solo retomamos algunos apuntes de Francisco R. Velázquez porque creemos que los amantes de las letras merecen filete literario.

Rafael Acevedo/ En Rojo

 

De Barberías

Por Francisco (Pancho) Velázquez

 Aquel día veinticuatro de diciembre me levanté pasadas las diez. Tenía cosas que hacer. Me vestí  a propósito de la festividad y caminé hasta la agencia hípica de Shorty donde jugué un cuadro de dos pesos. Luego pasé a la barbería de al lado.

Por ser fecha señalada, había más clientela de lo acostumbrado. El dueño llegaba temprano ese día y traía obsequios:Palo Viejo,  hielo, mezcla, una botella de whiskey, y un litro de agua de coco.

Nada de almanaques con fotos de mujeres que llevaban las tetas cubiertas con unas plumas que uno soplaba para verlas completas, ni bolígrafos indecentes de la americana con maillot negro que cuando se colocaban con la punta hacia arriba se quedaba en cueros, in toto..

  De la pared colgaba la guitarra, siempre afinada, porque era la época de los tríos y los trovadores que abundaban en el litoral. Se pasaba bien ese día en particular en aquella barbería. Chistes y pendejadas, poca política, cuentos de por poco y algún atrevimiento audaz y reciente de alguien conocido.

Se leían los periódicos y el protocolo no permitía más de dos tragos para que diese para todos. Yo era feliz, tenía el cuadro sellado en el bolsillo de la camisa y siete pesos sueltos para el recorte y el almuerzo y algún imprevisto.

Antes se era tan feliz con tan poco.

Degusté un whiskicito con agua de coco hasta que el segundo sillón se desocupó. No había prisa ese día y la gente cedía su turno. Me senté,

~Recórtame alto y aféitame, pedí.

El barbero del segundo sillón encendió un cigarrillo y yo otro. Fumamos en lo que terminéel whiskey. Sostuve el vaso en la falda y cubrí la candela del cigarrillo con la palma de la mano.Entonces me tendió el mantel azul recién sacudido.

Pasó un tiempo. Para cuando el barbero asentaba la navaja en la correa, un señor mayor, gordo, que se había tomado su trago de bienvenida, pidió permiso para tocar la guitarra. El dueño, que trabajaba el  primer sillón asintió.

Imaginamos algún aire de temporada.

Ensayo unos acordes, tosió, tos de locutor que le llamaban, y dijo,

~Voy a tocar un tema de mi propia inspiración. Lleva por título, Divorcio,

Lo escuchamos por solidaridad. Era una buena canción pero se notaba muy pegadita a su circunstancia. Era el tipo de bolero que nadie baila, ideal para cantantes de vellonera, los feos, Valdez, Salamán, Contreras, que no se dejaban ver fuera del estudio de grabación.

 Nadie dijo nada.

Noté entonces su ropa a la que le faltaba repaso  y sus zapatos mordidos por la suela y la calamidad.

Un viejo gordo llorando amores. El día se había percudido un poco.  Dejé el segundo trago en la botella.

 

           

Palky

Por Francisco (Pancho) Velázquez

 

AHH, THE EMOTION

    I HAD BEEN following him for some time but one Sunday they scratched him and since then I had no further news. I am not speaking of some parish priest with a silver tongue but about a chilean horse that was quite good for long hauls but which lately had shown a deficiency.

Palky all but disappeared from the inscription lists. His absence became notable. I though he had sustained a lesion because in his last race, which he lost, after a month rest.  I refrained from thinking the worst: perhaps he was dispersed in fifty sacks of dog food.

 Then I ran into this guy who is a Sunday handicapper and we got talking and he told me that the horse had been operated of a fistula in his throat that made him struggle for air in the last half furloung.

 Ergo he will return to be the strong finisher that was his trademark. a strong finish bacause he wouldn’t run out of air,

     I filed the information a any judicious handicapper and we to Raul offbetting agency and bought the racing form. Sure enough, the horse was there in a mile sixth claimer in a twenty percent drop in class. The race was Wednesday, my day off.

   A mediodía  fui a la escuela elemental de mis hijos y a la maternal, De la primera me lleve a dos diciéndole a la principal, con una voz de autoridad que por entonces tenía:

            -Cita médica.

            De la maternal, le dije a la cuidadora:

            -Quality time. Y me llevé al más pequeño que tenía dos años.

            Arrancamos para el hipódromo, naturalmente.

            Son cosas necesarias de las que uno jamas se arrepiente. Los hijos agradecen mucho estos gestos de integración temprana al mundo real, que es ancho y delicioso.

            (Para el récord, el varón es abogado, la niña bibliotecaria jefe de una escuela superior. El menor es chef en Disney.)

            Pasamos una tarde excepcional en las gradas, pastelillos y sodas y una mano de guineos maduros que compré en un semáforo. Tuve que soportar miradas enconadas de gentes que reparaban en los niños con sus uniformes escolares.

            No les hice caso.

            Total, a lo mejor la acción de la vida les deparaba hijos manduletes o ya los tenían y estaban al cuido de una abuela que apuntaba bolita.

            Vimos las carreras. Les expliqué sobre el deporte de Reyes y lo difícil que era ser jinete. Era su primera visita y quedaron embelesados con la belleza del óvalo, en infield tan cuidado y las sedas  que lucían los jinetes.

            Llegó la séptima y les dije,  espérenme, tengo que hacer una gestión. Dos por tres le puse veinte a ganar a Palki. Tenía un par de matinales ordinarios pero la distancia le venía a su fortaleza, y claro, ya no se ahogaba al final. Para colmo, llevaba el lomo vacío, es decir con un aprendiz bonificado en peso.

            Vimos la carrera. Los niños se contagiaron de la emoción, tenían un interés en la prueba, un caballo que se llamaba Palky al que su papá le había apostado, Además, estaba el espectáculo puntual de los hombrecitos al lomo de aquellas bestias, sus blusas agitándose al viento, su dominio de las bridas.

            Palky llegó cuarto.

            Para animarles en su desazón les cité la Biblia, el Eclesiastés: no es del mas veloz la carrera…

           

 

 

 

 

 

 

 

 

No esperamos la octava. Nos marchamos. Al llegar al semáforo de la Tres me apareé con un automóvil que conducía un jinete conocido mío.

–Que le pasó a Palky?

–No me hables de eso. Boté un dron de pesos… me contestó, moviendo la cabeza de lado a lado, como quien todavía no cree la cosa.

            Hubo otra instancia que puso a prueba mi humildad y estoicismo, gentilezas de lo alto compartidas por todos los hípicos. Había un caballo hermoso que se llamaba Hello Federal que lo corrían poco y le llevaban con pulcritud en su trote por las pistas. Apalabré pon con uno de los de la cátedra que trabajaba en el periódico.  Saqué el billete de cien dólares que tenía oculto en el rolo de la maquinilla en mi casa y lo besé, por lo de la buena suerte.

El Post time era a las dos y quince y pasó por mi a la una. Atrechamos por Loíza. Hello federal era un fait accomplí, venía de un descanso pero tenía buenos matinales y era gran salidero. Pensaba en qué emplear las ganancias que ya sentía en el bolsillo. Le comente de doña Fali, que corría en la exacta.

–Es una mierda, esa no va.

–pero es media hermana de Ribot…

–No importa, dio lo que iba a dar que nunca fue gran cosa.

            Hablaba la cátedra y sabido es que Roma locuta causa finita  Se fue a sus labores periodísticas y acordamos en encontrarnos en el mismo lugar donde había estacionado. Le dije,

–Si ves un camión de la Wells Fargo, es que voy de pasajero.

            La angustia, el dolor. Peor que aguardar en la sala de maternidad. Cuatro carreras que iban y venían y yo quieto, inmóvil, a lo macho, con los cien pesos en el bolsillo. En ocasiones hiperventilaba y aguantaba las ganas, ni un trago, ni mear, ni siquiera una apuesta de dos pesos, disciplina pura, como los moros juramentados aunque a esos les amarraban los huevos con tiras de cuero mojadas que al contraerse les causaba tanto dolor que iban al combate sin reticencias para que los mataran de una vez y librarse de ese dolor estrujante.

            Aguardé. Subí a la estafeta de apuestas y puse los cien a Hello Federal. La tarde estaba lluviosa, la pista encharcada pero el caballo tenía velocidad inicial. Pase por alto que salía del cuarto lugar en la gatera. Y la incógnita de la lluvia, y mil pendejadas más que debí haber notado, como por ejemplo que había bajado en las apuestas a seis por uno.  Me senté en mi butaca, encendí un cigarrillo y aguarde la salida.

            Salió tercero y trató de buscar la valla pero parecía que no le gustaba mucho correr en la sopa. Se colocó cuarto y siguió allí todo el tiempo. Perdió por no sé cuántos cuerpos pero no fue el último.

Estuve las siguientes cuatro carreras sin moverme de mi butaca. En la octava mire la revista y ví a Doña Fali. Me quedaban veinte pesos pero la cátedra había hablado.

Allí mismo sentadito la vi ganar resueltamente. Adoraba la sopa o fue la carrera de su vida o la clase fue suficiente para imponerse al grupo. Pagó 34 pesos para ganar. Hubiera salido del Hipódromo con 340 pesos y me iba con veinte y punto menos que una patada en el culo.

Hello federal ganó todas las carreras desde esa derrota, creo que lo hicieron padrote. Yo seguí en mi rodar, pegando dupletas aquí y allá, hablando con mozos y cantineros, que siempre tenían el programa hípico en el bolsillo de la camisa, y con todo aquel que iniciaba la conversación con un, ¿que llevas en la primera válida?

            Tal cual…

 

 

 

 

 

 

 

Testimonios en la pandemia:La nota

Por Omar Torres Molina*

   Vivo en un edificio donde las paredes se han ido afinando. Se escucha todo. Lo que antes pasaba desapercibido ahora estápresente. No sé si es el exceso de tiempo libre o el desarrollo de poderes extrasensoriales, la cosa es que hoy todo suena sin pudor. Asíque he aprendido a conocer a mis vecinos por sus sonidos. No sé ni sus nombres, pero los imagino.

         En el techo de mi cuarto llevo noches, madrugadas y días escuchando una guerra. Mis ventanas vibran hasta despertarme. Bombas, metralletas y personas hablan a lo lejos. Abro la ventana, me quedo quieto y el sonido aumenta. Vietnam sobre mí. Salgo, el sonido crece y veo que por la venta del vecino de arriba, sale una luz que prende y apaga constantemente, como las luces de emergencia del carro. Me percato que el combate bélico es mi vecino con un video juego de guerra o policías, o lo que sea. Así continuó por días, matando el tiempo y personas con piel de pixeles. Hay gente que se desahoga de maneras extrañas. Algunas noches trae una amiga, ella sube con risas, se manifiesta con quejidos de sexo estridentes-extra-large, son gritos de aquí estoy; él en silencio absoluto y ella como porno de VHS. Hablan lo mínimo, termina y se va. Lo mínimo puede ser suficiente.

         Las otras noches cansado de los bombardeos, decido subir, toco la puerta, no me escucha, bajo, hago una nota, subo, intento meter la nota por la puerta, se queda encajada, logro meter la mitad del papel, salgo corriendo medio asustado, llego, me rio, hace tiempo que las únicas notas que escribo son las de la compra, me pongo los audífonos e intento dormir. Los ruidos siguieron por tres días más, ese ser no sé si humano, nunca salió, ni vio la nota, lo sé porque subí todos los días y allíseguía en el mismo lugar. Preferí no hablarle, hay incomodidades que se expresan mejor por escrito. Al tercer día, gracias a su amiga que lo visitó, encontró mi nota. Esa noche, a diferencias de otras, escuchaba fuetazos de mano, pero fuertes y ella más gemía. Admito que no se si escuchaba maltrato o amor, para algunos es lo mismo, bienaventurados los que usan el dolor a su favor. Gracias a la vida que me ha dado algo, desde ese día no lo he vuelto a escuchar matarficcionalmente.

         Sobre mi sala-comedor-cocina, o sea todo junto en un 8×11, vive otro. Ese no hace casi ruidos, sólo pone reggaetón muy esporádicamente y fuma marihuana diariamente, esa no la escucho, tampoco tengo un súper poder subnormal, se huele. Considero que el apartamento, que ahora vivo, antes solo lo alquilaba, es muy pequeño. Intento imaginar cómo dos personas, en apartamentos distintos, que caben sobre mi espacio alquilado, puedan llevar sus vidas en espacios tan pequeños. Lo simple es bueno, también complejo. Observar lo mismo hasta al hastio hace deformar.

         Al otro extremo de la ventana de mi sala, hay una verja donde caen los mangos maduros a cualquier hora. Ahívive mi otro vecino, el más consistente en dejarse notar. Descubrióel mundo de las pesas en estos días, así que decidió hacer ejercicios entre 9pm y 11pm. A esa hora se ejercita escuchando bachata, merengue y perico ripiao a todo volumen, también las canta. Día y noche dialoga con su familia que estáen la República, les aconseja todo los días lo mismo: dile a Guille que no puede salir, que no se vaya a jaranear que allá la gente no se está cuidando, que no me mienta porque los otros días lo vi jugando dominó por una video llamada que le hice a un vecino, que el gobierno no les está diciendo la verdad, que los italianos estaban en los hoteles hasta los otros días, que ellos están mayores. Todo esto bajo las interrupciones de la mujer con quien vive.  

         n no logro saber qué son, si fuera por las discusiones, podría asumir que son, eso mismo. Él hace ejercicios, ella le compra pizzas. Sólo discuten, nunca un gesto parecido amor, ni a cantazos como el vecino de arriba. Ella discute por todo, dicen que los clichés no existen, ujum, visítenme. Muévete eso de ahí, cuidado que se cae, ahí no va, ponlo acá, ponlo acá mientras barro, siempre haces lo mismo, regrésalo que ya terminé, un lagartijo, sácalo, ay me va brincar encima, sácalo. Déjame quieto, le contesta. Él tiene la absoluta capacidad histriónica, de ripostarle y seguir riendo con quien habla. Ella busca atención en su insistencia. La mayor parte del tiempo que él usa su celular ríe, por el tono suena feliz. No sési maneja esa felicidad como arma. Los domingo limpian, que mucho se limpia. Creo que él es comediante, así que cada cierto tiempo veo en su cordel pelucas, un lasito rojo, ropa extraña que goterea agua. Y al fondo de todo eso, sobre foam, la imagen a tamaño humano de una quinceañera con su traje rosa hiriente. A ella nunca la he visto en persona.   Ella siempre los observa vestida de fiesta.

Hace años que no tengo televisor, comprendo que las paredes y ventanas se han vueltos monitores. Ahora esas vidas que no sentía, de un día para otro se hacen presente. Me entretienen, molestan, invaden, las escucho, las imagino, las juzgo, las veo y me veo. Acompañan. Todo esto ayuda, para no mirar adentro.

 

El autor hace lo que haya que hacer en el teatro y lo hace bien.

Será Otra Cosa: Estampas costumbristas de ayer y de hoy

 

Por Laurie Garriga/Especial para En Rojo

 

En 1799, Francisco de Goya publicó Los caprichos, sus estampas satíricas sobre la vida española del aquel fin de siglo. En esta serie de grabados el pintor aragonés criticó, de manera más o menos velada (cada imagen es acompañada de una breve frase), los excesos y los atrasos de la época: los vicios del clero y de la Inquisición, la desigualdad social y de género, la ignorancia, la superstición y la falta de instrucción.

Por temor a represalias, Goya sacó la obra de circulación poco después de publicarse. Por fortuna, conservó sus grabados y la edición fue reimpresa a los pocos años.

Aun cuando fueron motivadas por los preceptos de la razón y el progreso, las estampas de Los caprichossuscitaron en España otra serie de entregas que iban desde las sátiras mordaces hasta las reflexiones etnográficas. Los españoles pintados por sí mismos (1843-44) fue una suerte de punto medio. La obra, inspirada por su contraparte francesa Les français peints par eux mêmes(1840-42), es un retrato costumbrista enfocado en distintos arquetipos nacionales.

Escrita a varias manos, Los españoles pintados por sí mismos,incluye una xilografía del personaje, su descripción y un breve episodio donde se pone en evidencia su comportamiento (y, en ocasiones, su vicio). Entre los ‘personajes españoles’ hallamos arquetipos medievales como la celestina y el poeta, y figuras más contemporáneas como la cigarrera, el boticario (celebrado por su conocimiento científico) y la politicómana (llamada también a una mujer socialista).

En México y Cuba se publicaron sus respectivas versiones de Los españoles pintados por sí mismos. Ambos países destacan en cada arquetipo los usos, costumbres y tradiciones de la sociedad del momento. (Me llamó la atención que los cubanos enfatizaron la existencia de la suegra “del demonio”, el guagüero (una especie de vividor) y el calambuco o el falso creyente).

Hasta el momento no he encontrado una edición puertorriqueña de esta serie. Sí me topé con los Tipos y caracteres (1882) del asturiano-puertorriqueño Manuel Fernández Juncos. El primer arquetipo que describe es el tigre, un comerciante o empresario confabulado con el poder: “vanidoso, fatuo, soberbio, balandrón y sobre todo audaz […] cuanto mayor es la indolencia, el indiferentismo y la debilidad de carácter de sus convecinos” [logra] “manejar a su antojo los destinos del Municipio” (2).

Es un parásito “que nada produce y que medra siempre con perjuicio de tercero”, ocupa los puestos más lucrativos y explota los negocios más florecientes.  Además, “cobra el barato en toda filtración o fraude, y vive, y gasta, y triunfa a expensas del vecindario con la mayor impunidad” (11).

Los Tipos y caracteres de Fernández Juncos parecen compartir ciertos preceptos de la Ilustración que veíamos en Los Caprichos de Goya. En el caso de Fernández Juncos, hombre liberal y autonomista, proponía que sus retratos se convertirían en un documento histórico, en cosa del pasado, con el progreso y el cambio de régimen. Es decir, una vez cambiara el régimen político, de una colonia a una provincia española iban a desaparecer los arquetipos por él descritos: “[Los tipos y caracteres] podrán servir en no lejano día para recordar ciertos tipos que desaparecerán en breve, y otros que sufrirán profundas modificaciones, a medida que la colonia se vaya transformando en provincia y entrando de lleno en la vida nacional” (VII).

Para terminar el primer arquetipo, el autor nos avisa que el tigre concentra en sí “todos los monopolios, todos los abusos, todos los poderes y toda la autoridad” (11). Finaliza el retrato, que carece de representación pictórica, diciendo que el tigre no se queda tigre, evoluciona, se transforma y se reviste… como hemos visto hasta el sol de hoy.

*En orden de aparición: Ilustración 1: Los caprichosde Francisco de Goya (1799), Ilustración 2: Los cubanos pintados por sí mismos(1852) e Imagen 3: Tipos y caracteres(1882).

Nigerianos en el espacio, alienígenas en Johannesburgo. Un breve acercamiento a la ciencia ficción africana

 La ciencia ficción escrita por africanos es abundante pese al desconocimiento global. Mencionaré de pasada autores como el nigeriano Tchidi Chikee, el ghanés Kojo Laing y el congolés Emmanuel Boundzeki Dongala. Vale mencionar el movimiento sudafricano de ciencia ficción que, aunque no ha sido traducido al español, nos ha llegado su impronta cinematográfica con el largometraje de 2009 Distrito 9 de Neill Blomkamp, basado en un cortometraje del propio Blomkamp en 2006, Alive In Joburg (Vivo en Johannesburgo).

 

Por Erick J. Mota*

 

         En la primera temporada de la serie de ciencia ficción Sense8, de la autoría de las hermanas Wachowski, escuchéun diálogo que me hizo reflexionar. La conversación era entre un personaje que vivía en Kenia y otra que vivía en la India, imposible recordar nombres. El keniano vivía en un gueto mientras la mujer india era clase media. Por azares de la historia la mujer de la India puede ver por los ojos del africano la habitación de este último. En una pared de la paupérrima habitación colgaba un televisor pantalla plana de dimensiones gloriosas. Al ver esto la mujer dice: «He visto esto en varios barrios pobres aquí en la India. La gente prefiere comprarse un gran televisor antes que una cama». A lo que el keniano responde con la lapidaria frase: «La cama te mantiene en el gueto, el televisor te saca de él».

Profundamente avergonzado, al darme cuenta que más de una vez había pensado como aquella mujer india de la serie, comencé a reflexionar sobre los estereotipos. Recordé cuando casi pude conocer en persona a Deji Bryce Olukotun. Me habían invitado a un panel sobre ciencia ficción en el Bronx Musseum y el autor nigeriano sería el moderador. Cuando leí su biografía quedé profundamente sorprendido al leer el nombre de su novela de 2014: Nigerians in Space. Primero me pareció profundamente bizarro encontrar ciencia ficción en Nigeria, después me pareció que lo primero que pensé era profundamente prejuicioso. ¿Acaso porque alguien naciera en Nigeria debía abandonar sus sueños con el espacio únicamente por haber nacido en el continente incorrecto? No era yo, un niño nacido en una isla del Caribe que soñaba ser cosmonauta y terminó escritor de ciencia ficción, la persona que debía juzgar tan duramente a este escritor. Pensé en la idea que tienen de los cubanos en países del primer mundo y lo inaudito para muchos de que un cubano se gradúe de Física, no quiera irse del país, no jinetée y, para colmo, tampoco escriba realismo sucio. Terrible lo que hacen los estereotipos a la opinión generalizada.

         Por entonces ya había decidido que no haría un cyberpunk en Tokio o un steampunk en Londres. Si en mi obra los extraterrestres intentaban colonizar la Tierra debían empezar por la Habana o, en su defecto, Santiago de Cuba. Así que me entusiasmó conocer a un colega de la patria de los yoruba (centro filosófico de mis novelas y en una buena parte del afrofuturismo caribeño). Al final no pude conocerlo. No hubo manera posible de convencer a la funcionaria de la Embajada de Estados Unidos en Cuba que yo no cumplía con el estereotipo y regresaría a Cuba después de aquel viaje. Lo que más lamenté fue no conocer a un escritor africano de ciencia ficción. Un colega que se arriesgó a soñar.

         Años después, conocí del programa espacial nigeriano, de su esfuerzo por poner satélites en órbita y su reciente aviso de poner un hombre en la órbita en 2030 (así que Olukotun no estaba tan divorciado de la realidad). Un poco después conocí de la obra de Nnedi Okorafor, matemática nacida en Igbo, Nigeria, y autora de ciencia ficción que ha logrado publicar en el mercado norteamericano. Reconocida por los premios Hugo y Nébula, otorgados a su novelaBinti, primera de una trilogía seguida de Hogary Mascarada nocturna. Todas, por suerte, descargables en español junto con su primera novela ¿Quién le teme a la muerte?postapocalíptico que resultó ganador del World Fantasy Award de 2011. Como teórica del tema. Nnedi Okorafor ha planteado en diversos artículos la necesidad de adaptar la ciencia ficción a las realidades culturales africanas. Lugares donde carecen de sentido las historias de miedo a la tecnología informática debido a la falta de masividad de computadoras; y sin embargo, calan profundo las apocalípticas, y el temor a la tecnología bélica automatizada. Esto se debe a la realidad africana desbordada de disputas tribales, masacres y drones, al punto que entre los estudios culturales de las universidades africanas existen temáticas impensables para la academia europea o norteamericana como: Conflictos y relaciones entre población civil y militar. Estudios que mucho me temo deberíamos incluir en la academia latinoamericana e independizarnos de la academia del primer mundo, pero esa es otra historia.

 

 

25 de mayo de 2020

 

El autor es un escritor y crítico cubano. El texto que reproducimos se publicó originalmente en https://www.centronelio.cult.cu.

Enfrentando la pandemia (I), una guerra en la que la humanidad precisa un frente común

 

Por José R. Oro

 La guerra está justamente considerada como la forma más irracional, bárbara y cruel de la violencia social. Hoy enfrentamos una guerra, contra la pandemia de COVID–19, en la que no hay vencedores, solo vencidos; en la cual no puede haber negociaciones de paz o armisticios, y que solo terminará con el control de ese enemigo, con su prevención y cura mediante vacunas y medicinas eficaces, armas que aún no existen y están en etapa de desarrollo y/o perfeccionamiento.

A medida que la COVID–19 se ha extendido por el mundo, muchos políticos y medios de comunicación han adoptado metáforas de guerra para describir los desafíos que enfrenta la humanidad.

El pasado 5 de abril, la reina Isabel II pronunció uno de sus muy poco frecuentes discursos y dijo “nos veremos de nuevo”, una frase de la Segunda Guerra Mundial. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, usó una expresión de Winston Churchill llamando a esta crisis la “hora más oscura” de Italia. Trump se ha descrito a sí mismo (fantasiosamente) como un “presidente en tiempos de guerra”, luchando contra un enemigo invisible. En realidad, Trump, por su accionar lento, torpe y errático, ha sido y es, en la práctica, un aliado de la pandemia.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, acogió la comparación durante sus comentarios en una cumbre virtual del G20 sobre la pandemia de COVID–19: “Estamos en guerra con un virus y no la estamos ganando. Esta guerra necesita un plan de guerra para combatirla”.

Los periodistas también han estado usando símiles de este tipo por doquier. Es que las imágenes de tiempos de guerra son bastante convincentes e identifican a un enemigo común (el virus), una estrategia (“aplanar la curva”, “salvar la economía”), a los guerreros de primera línea (personal de salud), al frente doméstico (personas que se aíslan en sus hogares), los traidores y desertores (personas que rompen las reglas de distanciamiento social)…

Además, el concepto de “guerra” marca la urgencia de decisiones políticas drásticas como el cierre masivo de escuelas, la imposición de prohibiciones de viajes y la interrupción de la vida económica en todo el mundo. Apela al sentido del deber y a la obligación de los ciudadanos de servir a su país y al interés colectivo en la hora de necesidad.

No es la primera vez que hay una guerra para enfrentar a un enemigo que no es esencialmente militar; en los tiempos en que vivimos coinciden la guerra contra la pobreza, el cáncer, el tratamiento adecuado de la inmigración ilegal, el cambio climático, sin mencionar la guerra contra las drogas o el crimen. La erradicación del analfabetismo en Cuba fue una guerra a todas luces, con la victoria consumada, cabal, de todo un pueblo y de sus líderes.

¿Estamos en una guerra de la humanidad contra la COVID–19? Sí, lo estamos, y se requiere de disciplina, de conciencia, patriotismo y solidaridad, no solo en el extranjero, sino también en Cuba, donde personas irresponsables aprovechan la realidad de las carencias para mostrar su desentendimiento, con conductas socialmente inaceptables y escasa consideración hacia sus compatriotas. Estamos en guerra; quienes no lo entiendan deberán comprenderlo como sea, por el bien de todos.

Son tiempos de solidaridad, tanto al interior de sociedades como entre naciones y Gobiernos, como es el caso de Cuba, un país de 11 millones de habitantes, sometido a una larga guerra económica, que ha enviado 26 brigadas de médicos y enfermeros a 24 países de América Latina y el Caribe, Europa, África y Oriente Medio para combatir la COVID–19, o que ha respondido eficiente y responsablemente a casos humanitarios como el del crucero MS Braemar, antes rechazado por otros puertos de la región.

La actual circunstancia no justifica el uso de la realidad de una guerra como disfraz para acaparamientos de poder autoritarios, como ha sucedido en Hungría –donde el ultraderechista primer ministro Viktor Orbán se apoderó de amplios poderes de emergencia y para gobernar por decreto, con facultades y decisiones que han hecho a muchos en ese país y en Europa alertar sobre el peligro que corre la democracia– y en otros países donde se han puesto en práctica medidas extremas.

Definir la pandemia como guerra conduce inevitablemente a la necesidad de identificar a un enemigo. El enemigo aquí es el coronavirus –no hay mucho que buscar–, pero algunos políticos reaccionarios han agregado calificativos al virus enemigo y politizado el escenario, tanto para atacar a otros como para alejar del escrutinio público su defectuosa gestión.

La expresión “el virus de China”, empleada por Donald Trump y otros políticos estadounidenses subordinados a él, ha sido relacionada con un aumento de los ataques racistas antiasiáticos en Norteamérica. Por otra parte, les ha sido imposible ocultar su necesidad de desviar–con tácticas contraproducentes como esa– la atención sobre la realidad de un sistema de salud incompleto y poco eficaz pese a los cuantiosos recursos de Estados Unidos.

La casi manía de descargar la culpa en China, en la OMS o en cualquier otro país, organización o personalidad que le venga a la mente con una ligereza pasmosa –pese a evidencias científicas y a hechos y, por encima de todo, asumiendo una actitud que va contra lo que piden los tiempos y es contraria a la corriente mundial–, no le ha servido a Trump para invisibilizar la lentitud y menosprecio con que la Casa Blanca trató una epidemia que está destrozando a su país.

No menos importante, aunque algo más subliminal, es la intención de crear fobia hacia los productos de China y minar por cualquier medio el desarrollo económico del gigante asiático y su creciente influencia internacional.

Está surgiendo una nueva forma de nacionalismo extremo, de vulgar chovinismo que es explotado al máximo por los Gobiernos de corte ultraderechista o fascista: ya que nos encontramos en guerra, es hora de la filosofía de “mi país primero”. Una lamentable y cegata expresión seudonacionalista, cuando es evidente que defender a la humanidad, promover las soluciones globales y la cooperación es la única forma de defender a nuestros países. Ahí está, otra vez, el ejemplo de Cuba.

Una forma de medir el alcance y crueldad de una guerra es el número de personas que murieron en ella. Compilé unos números donde se contraponen las muertes de COVID–19 en Estados Unidos con las más sangrientas guerras en que ha participado ese país. Todas las cifras son de fuentes oficiales, y completamente verificables:

 

Como se observa en la tabla, la COVID–19 ha causado más muertos estadounidenses que la guerra de Corea (alcanzó esa cifra el 17 de abril) y que la de Vietnam (28 de abril).

El próximo hito trágico serían los que perecieron en la Primera Guerra Mundial, cifra que pudiera alcanzarse el próximo mes de junio. Hay certeza de que, con más pruebas a potenciales contagiados y autopsias a fallecidos, se evidenciaría que cientos de miles de casos y decenas de miles de fallecimientos no han sido aún contabilizados, luego del primer deceso, el 29 de febrero del 2020.

Han surgido discusiones sobre suministros esenciales y varios países bloquearon envíos de artículos como máscaras y otros equipos de protección o ventiladores que salvan vidas. Un ejemplo ha sido que la Casa Blanca evitara que el gigante de los suministros médicos 3M enviara máscaras a Canadá. Claramente criminal, incluso para los ya muy bajos estándares de Trump, es que la firma estadounidense Vyaire Medical Inc., con sede en Illinois, prohibiera a sus recién adquiridas subsidiarias IMT Medical AG (suiza) y Acutronic (suizo–alemana) vender partes para ventiladores pulmonares a Cuba.

Además de atacar y culpar a otros, Trump dedica la mayor parte de su tiempo y de su espacio en los medios a hablar de cómo “reabrir” el país, o de tomar desinfectante u otros productos “milagrosos” para salvarse de la COVID–19. Pero el cuadro sanitario, social y humano es mucho más serio. Cada día que pasa mueren muchos estadounidenses y hay decenas de miles de nuevos casos en los 50 estados del país. Es una guerra que está causando más bajas mensuales que ninguna otra en la historia de los Estados Unidos.

Hoy, el epicentro de la pandemia es Estados Unidos. Si se compara su respuesta con las de otros países de menor economía o potencial científico (Cuba, Nueva Zelanda, Jamaica, Andorra, Corea del Sur…), claramente se le verá bajo una pobre luz.

Hasta en obras de ficción, comenzando por la magistral Guerra de los Mundosde H. G. Wells se observan el efecto letal de agentes patógenos (que en ese libro destruyen a los “marcianos” invasores) y la falta de cualquier restricción moral o de temor a represalia que estos tienen. Hitler no se atrevió a usar gases de combate en los frentes de batalla de la II Guerra Mundial, probablemente por miedo a que los aliados gasearan las ciudades alemanas. Harry S. Truman, destrozando lo escrúpulos morales más mínimos que pudieran existir, sí usó la bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki, abriendo el camino a la más cínica y apocalíptica de todas las teorías geopolíticas: “La mutua destrucción asegurada”.

Esta es una guerra a largo plazo, pasará tiempo antes de que termine. Los laboratorios del mundo entero están trabajando a toda máquina para encontrar una vacuna y desarrollar tratamientos efectivos para reducir las bajas. Estamos “en guerra” contra un enemigo implacable, carente de restricciones morales o miedo a represalia y con el que no se puede negociar una tregua o armisticio. La fatiga de la batalla o la avidez economicista propia del capitalismo pueden descarrilar todos los esfuerzos que se han hecho hasta ahora.

Solo el desarrollo de vacunas y medicamentos apropiados logrará la victoria, ahora solo nos defendemos para evitar la propagación del brutal ataque. Esto debe quedar muy claro, hasta la fecha todo lo que podemos hacer es impedir o limitar la propagación del contagio, no hay aún agentes activos de eficacia plenamente comprobada contra el nuevo coronavirus.

Encontrar una solución a la pandemia es una responsabilidad compartida. La solución debe ser global, como subrayó con sinceridad y sabiduría, y con base, más allá de las palabras, en el ejemplo concreto de un pequeño país, la declaración del Minrex el pasado 16 de abril.

Reproducido de www.cubadebate.cu