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Reflexiones sobre la derrota de Trump

 

En septiembre de 2020, pedí a los puertorriqueños del noreste que concentraran sus energías en derrotar a Donald Trump en Pensilvania, donde la victoria de Biden no estaba garantizada. Muchos se unieron al arduo trabajo con los que estaban en el terreno en PA, a pesar de que la campaña de Biden dedicaba pocos recursos a la comunidad latina, aparentemente dando por sentado el voto latino. Sin embargo, los intereses nacionales y de clase del electorado puertorriqueño y latino llevaron a un voto anti-Trump abrumador en estas comunidades, asegurando una victoria de Biden. En aquel momento, también enfaticé el llamado de Bernie Sanders para una participación histórica masiva de votantes, particularmente de aquellos que tradicionalmente votaban en menor número.

 

La victoria de Biden le debe mucho a Bernie Sanders, quien comprendiendo la necesidad de derrotar al gran enemigo de la derecha, interrumpió su campaña por la nominación demócrata. Entonces creí, a pesar de las críticas de algunos en la izquierda, que solo una campaña de «centro-izquierda» podría derrotar a Trump en 2020. Esa había sido la experiencia en años anteriores en Nueva Jersey, derrotando a los republicanos en todos los distritos del Congreso menos dos, mientras también eligiendo a Ras Baraka, que puede ser el alcalde más radical del país. La victoria de Baraka en Newark, Nueva Jersey fue la excepción a la regla, aunque, irónicamente, el enfrentaría la oposición de la ultraizquierda. No obstante, la campaña de Sanders marcó el comienzo de un renacimiento de los ideales socialistas, que prosperaron en los Estados Unidos antes del Macartismo y la Guerra Fría. A medida que continuamos construyendo movimientos políticos radicales en todo el país, es importante que la izquierda pueda calibrar correctamente su nivel de apoyo entre el electorado.

En este sentido, observo que muchos medios de comunicación han roto con la comprensión histórica del “progresismo” al equipararlo con movimientos de izquierda o radicales. El término «progresista» tiene su nacimiento histórico en la Era Progresista, que exigió reformas importantes en la sociedad estadounidense durante finales del siglo XIX y principios del XX, pero rechazó el radicalismo de un Eugene Debs, W.E.B. Du Bois, o los partidos socialistas de la época. El surgimiento del nuevo progresismo en el Partido Demócrata está en consonancia con esta tradición “centrista,” al tiempo que rechaza un análisis más crítico del capitalismo o del imperialismo. Un caso de hecho es el apoyo de muchos progresistas a la continuación del colonialismo estadounidense en Puerto Rico (Estadidad / Anexión) y sus “territorios”, o el rechazo de ideales socialistas.

Las elecciones de 2020 deben verse como una victoria del progresismo; una derrota de un Partido Republicano dirigido por la derecha, y una apertura del espacio político para los movimientos progresistas e izquierdistas. Sin embargo, la agenda derechista de Trump, a pesar de su incapacidad para manejar la pandemia del Covid, recibió más de 73 millones de votos, demostrando las profundas divisiones en el país y las luchas prolongadas que se avecinan. La izquierda necesita participar en un análisis crítico (más allá del etiquetado simplista de ignorancia, racismo o fascismo) de este movimiento liderado por Trump para derrotarlo en el futuro. Los próximos años serán clave para expandir el electorado, fomentar la justicia económica y racial y desarrollar una agenda antiimperialista para contrarrestar la continua fuerza de los movimientos populistas de derecha.

Cuando los votos en Pensilvania y otros estados clave en el campo de batalla marcaron el comienzo de su derrota electoral, Trump buscó seguir siendo relevante mediante maniobras extralegales, asustando y manipulando a los medios como lo ha hecho tradicionalmente para su propio beneficio. Para el magnate de los medios, la mala publicidad es mejor que ninguna publicidad. Rechazadas las maniobras, su principal mantra era cuestionar la legitimidad de la elección entre sus partidarios, con el fin de prepararse para la batalla por los dos senadores de Georgia, las elecciones de 2022, y una revancha en 2024.

La manifestación y el asalto al Capitolio el 6 de enero iba a ser el paso final para deslegitimar la elección entre sus partidarios. Las declaraciones de Trump después del asalto condenando la violencia y reconociendo de facto los resultados de las elecciones están en línea con Trump siempre cuidándose de sí mismo. Estos eventos resultaron costosos para la marca Trump, perdiendo apoyo entre sus tibios partidarios, y posiblemente enfrentándolo a cargos penales federales y demandas civiles.

Con creciente apoyo para un juicio político, Trump enfrentó el dilema de Nixon de auto-perdonarse (constitucionalmente dudoso) o renunciar a cambio del perdón del vicepresidente. Sin embargo, dado que la vida del propio Vice-Presidente Pence peligro en el asalto, no era razonable que el gastara su propio capital político en hacer tal trato. Tal acuerdo podría haberse camuflado en el deseo de ahorrarle al país una mayor división, e incluso en permitir que la nueva administración y el Congreso comenzaran desde cero.

Sin embargo, hubo poco tiempo para los paracaídas políticos. Nunca hubo duda de que la Cámara de Representantes acusaría a Trump el 13 de enero, con algún apoyo republicano. Lo que también está claro es que hay republicanos que se contentan con evadir sus responsabilidades, depositando el futuro papel de Trump en el Partido Republicano en las faldas de un senado liderado por los demócratas. Una condena de Trump aseguraría que no podría ser candidato en 2024, con una resolución posterior mayoritaria del Senado. No obstante, los republicanos no tienen ganas de proceder con un juicio y una condena, ya que casi todos (excepto 5) votaron a favor de las objeciones del senador Rand Paul, cuestionando la constitucionalidad de tal juicio.

El juicio político y la condena de un presidente es, por su propia naturaleza, el orden más alto de la política del Senado. A pesar de las dificultades legales para probar la “incitación” en sí, Trump parecía haber estado buscando una manera de cubrirse el trasero llamando a protestas “pacíficas y patrióticas” en su mitin del 6 de enero. Sus declaraciones posteriores denunciando la violencia de los disturbios también estaban destinadas a cubrirse, dejando a sus seguidores “under the bus.” Ningunos fueron incluidos en los 144 indultos y conmutaciones del presidente antes de dejar el cargo el 20 de enero.

El juicio del Senado puede tener un impacto negativo en el inicio de la administración de Biden, ya que muchos republicanos se alegrarán de ver que se desvíe de sus prioridades. Los titulares que apuntan a que Trump es el único presidente en la historia que ha sido acusado dos veces, se convertirán para sus partidarios en el único presidente en «ser absuelto dos veces.» Si bien el deseo de acusar y condenar a Trump es legítimo y políticamente inevitable, las fuerzas de la oposición deben tener cuidado de caer en la «obsesión de Trump» en lugar de la agenda del pueblo.

A pesar del próximo juicio, nos queda el discurso de despedida de Trump, que destaca los logros de su movimiento America First, que según el “apenas está comenzando.» Siguiendo el ejemplo del Terminator de Arnold Schwarzenegger, estaba diciendo: «Regresaré.» Por su parte, el Partido Republicano tendrá que decidir si está dispuesto a participar en legislación bipartidista, o adoptar su política de tierra arrasada en los años de Obama, haciendo todo lo posible por oponerse a la agenda de Biden.

 

 

 

Logros de un año de pandemia teatral(1)

En Rojo

 

Preámbulo

El primer terremoto vino la misma mañana de la celebración del Festival de los Reyes en Vieques. Vieques casi no lo sintió y celebramos los talleres, aunque sin la participación de muchos artesanos y talleristas de Puerto Rico y menos asistencia que en años anteriores. El segundo temblor grande vino por la mañana del sábado 11 de enero. Tampoco lo sentí. Estaba en camino a Vacía Talega, Piñones para documentar “Talegas de la memoria”, un acto performativo-visual creado y orquestrado por Daniel Lind Ramos para grabación por un equipo de video del Museo de Arte Contemporáneo.

Bastante lejos del desastre natural del sur, mi vida fluida entre Vieques y San Juan continuó con un ritmo de talleres de máscaras, charlas y conferencias. Viajé a Cuba como miembro del jurado del Premio de Literatura de Casa de las Américas durante las últimas dos semanas de enero y asistí a tres obras impresionantes mientras estuve allá. Estorbos públicos de Jorge González en el teatro Victoria Espinosa el 1ro de marzo fue la última obra a la que asistí presencialmente. Cuando bajé del ferry en Vieques a las 5:30 am el 11 marzo ya sabía, al igual que muchos otros pasajeros, que viajar a Puerto Rico iba a ser menos frecuente y más peligroso en los próximos meses. Desde entonces parece que han pasado no diez meses sino varios años.

A pesar de todo ha sido un año de logros teatrales. Voy a discutir cinco de ellos: obras de teatro y performance de Daniel Lind Ramos, Javier Cardona, Teresa Hernández y Deborah Hunt y “Canales Abiertos”, un taller virtual de teatro popular caribeño anclado en el Estudio Teatral Macubá de Santiago de Cuba.

“Talegas de la memoria”

¿“Evento performático”, filmación, gesto cultural o drama histórico?: ¿qué estábamos presenciando cuando Daniel Lind Ramos trajo sus mitos, objetos, personajes, máscaras, vestuarios, ritmos musicales y acciones a la playa de Vacía Talega en Piñones el sábado, 11 de enero? En un sentido, este acto cabría dentro de cada una de esas categorías. No obstante, me parece mejor pensarlo como otro ensamblaje, pero esta vez móvil, que incorpora la energía de diversos cuerpos, piezas plásticas, elementos ambientales, movimientos y sonidos en una escultura viva llevada a cabo en tiempo, espacio y material real.

O así lo entendí de los comentarios de Lind Ramos después de terminado el evento: personas reales de la comunidad, trabajadores y no actores; un escenario real donde entraron “talegas” históricas, físicas y metafóricas; el récord fílmico, digital; y un público que presencia y también es partícipe de la acción. También colaboran en el proceso los artistas loiceños Maribella Burgos, Marcos Peñalosa, Iván Carrasquillo y William Cepeda (con su conjunto de Jazz). Es un acto de “grounding” (Walter Rodney), fundado y enraizado en su lugar, pero también de transculturación (Fernando Ortiz) enlazada con la historia del Atlántico Negro (Paul Gilroy) de la región.

Hay treinta talegas (sacos grandes de mercancías) en colores diferentes –amarrillo, rojo, verde— imprimidas con fechas diferentes: 1493, 1510, 1797, 1868, 1873, 1898, etc. hasta 2019. Pesan: están llenas de cocos; y además de estas fechas icónicas, incluyen las fechas de la fundación del pueblo de Loíza, la revolución haitiana, los natalicios de Betances, Julia de Burgos y Castor Ayala, el “Jones Act”, el establecimiento del ELA, el asesinato de doña Adolfina Villanueva, el sacar la Marina de Guerra de Vieques, la imposición de la Junta de Control Fiscal, el huracán María y su secuela y la persistencia popular que forzó la renuncia de Ricky Rosselló. La historia de Loíza es la historia de Puerto Rico como pueblo caribeño y sin la inclusión de Loíza y las acciones de su gente esa historia sería diferente.

Un pescador/viejo con máscara de cartón (Marcos Peñalosa) camina por la playa con su red, un saco de tela y un bastón. Se sienta en una roca y señala en los cuatro puntos con un cetro que parece ser una maraca. Entonces comienza la acción con la llegada de los españoles del mar en un bote de pescador y las máscaras de tela metálica de los caballeros de las fiestas de Loíza. Salen del mar con la talega de 1493. Enfrentan el espíritu taíno—el enmascarado William Cepeda tocando una concha/flauta—y lo persiguen empujándolo fuera de la playa. El bote se va, pero regresa de nuevo con más talegas –1510 y 1511—y dos personajes envueltos en vestuarios de saco de talega sin pintar y máscaras talladas de cáscaras de coco. La rebelión taína se ha aplastado y comienza la entrada de africanos esclavizados a Puerto Rico.

Un blanco o círculo rojo y blanco puesto en el centro de la playa. Encima de ello el pescador/viejo pone un coco. Se traen los africanos a la fuerza los cincuenta metros desde la orilla de su llegada al círculo/coco y es alrededor de este que laboran y sufren. Allí también descubren el saco con el barril dejado por el pescador y comienzan a tocar y bailar bomba. Mientras ellos laboran, otros viejos enmascarados traen y amasan las treinta talegas fechadas en la orilla a unos veinte metros de ellos.

El significado del coco en el blanco queda ambiguo: puede ser la industria del coco o de la central azucarera o sencillamente el proceso de trabajo y productividad que inspira tanto la música, baile y canto como el descubrimiento de la figura tallada del Santo Apóstol. Lo que no es ambiguo es la manera de esbozar e iluminar la esclavitud como tal. La representación toma una forma única, innovadora y más impactante que representaciones teatrales o fílmicas de cuerpos semidesnudos abusados y sufridos. Aquí las dos figuras que representan a todos los africanos también son talegas, bultos traídos como productos; por eso sus envolturas de arpillera sin tinta como vestuarios y sus caras de cáscara de coco natural, caras que más tarde se convierten en las de vejigantes guerrera/os.

Ya el pescador monta en la escalera de una plataforma para leer los lemas de las treinta talegas. Mientras tanto, miembros del público trabajan con el peso de llevar o arrastrar las talegas los veinte metros para agregarlas alrededor de la plataforma a sus pies. A la misma vez, sale una vejigante guerrera (Maribella Burgos), ahora en otro vestuario y bailando ferozmente en frente y alrededor de la pirámide de talegas. El pescador se va y liderado por el trombón de William Cepeda, el junte de Jazz con guitarra española, una pandereta y un güiro, cruza la playa con sus pasos.

Igualmente importante a lo que pasa frente a los espectadores es como se realiza: las texturas humanas y materiales, los ritmos y colores de las formas orgánicas e inorgánicas, la elegancia del gesto de cada performero, el escenario natural de la playa y bosque y el ambiente kinestético preñado de la historia real, los símbolos y metáforas que derivan de ella y los mitos ancestrales que subraya cada movimiento, imagen y sonido. Estamos en la presencia de lo profano y sagrado; presenciamos una filmación en vivo y a la misma vez un proceso “egungun” que llama a los antepasados que todavía habitan el presente.

“Talegas de la memoria” constituye la segunda parte de la comisión del MAC en el Barrio del reconocido artista plástico loiceño, Daniel Lind Ramos. La primera parte (“La ruta del pregonero”) se llevó a cabo el 7 de diciembre en el sector Colobó de Medianía Alta de Loíza en la casa familiar (ahora espacio de galería y performance) de Lind Ramos. Además de la comida particular de Medianía Alta, la primera parte también era una celebración del personaje del Viejo o Loco (con su máscara de cartón común) de las fiestas. “Talegas de la memoria” continúa por introducir el Caballero (español) con su vestuario “elegante” y máscara de tela metálica, pero más que nada celebra el/la vejigante de máscara de coco natural (sin pintar) como el/la guerrera/o del pueblo. Los dos son parte de “De Loíza a la Loíza” del proyecto que traza una línea entre Colobó y las Carreras, el sector playero y las comunidades de Piñones y la calle Loíza y San Mateo de Cangrejos en Santurce.

Ya Daniel Lind Ramos se destaca como uno de los cuatro o cinco artistas puertorriqueños más reconocido internacionalmente. Pero a través de una larga trayectoria de dibujos, pinturas, grandes lienzos metafóricos, piezas de instalación, murales populares, videos y ensamblajes de objetos y significados culturales, sus mitos fundacionales siguen siendo la historia viva del pueblo afro-boricua de Loíza, raíz transcultural de Puerto Rico como pueblo caribeño.

Canales Abiertos

Empezando en marzo de 2020 era posible ver por satélite grandes producciones del Teatro Nacional de Londres: dramatizaciones de las novelas “Jane Eyre” y “Frankenstein”, “A Streetcar Named Desire”, “Coriollanus” y otras de Shakespeare y dramaturgos más contemporáneos, “Hamilton” apareció por el canal de Disney durante el verano y han seguido otras obras impresionantes como “Twilight: Los Angeles” (PBS) de Anna Deveare Smith. Pero en abril, dentro de la ausencia de trabajo local, recibí una llamada invitándome a participar en la organización de un proyecto virtual.

El Taller de Teatro Popular del Caribe: CANALES ABIERTOS se llevó a cabo el 9 de julio de 2020 dentro del contexto del suspendido Festival del Caribe (Fiesta del Fuego) de Santiago de Cuba. Por causa de la pandemia, el taller se celebró como un encuentro virtual en vez de presencial con un puente amarrado, por una orilla, en el Estudio Teatral Macubá de Santiago y, por otra, en Nueva Orleans (El colectivo CubaNOLA, el estudioso Mat Schwarzman y otros auspiciadores) y que entonces se extiende a colaboradores a través del Caribe, América Latina y los Estados Unidos. Cinco temas de mesas redondas regían los trabajos del taller. Dentro de la diversidad carto- y demográfica de la región caribeña y diaspórica de las Américas, el primero de ellos –“Teatro y Ritual” (liderado por Vivian Martínez Tabares de Cuba)—emerge como el eje estructural para apoyar y enlazar los otros cuatro temas: Elementos de la cultura popular y el entrenamiento del cuerpo del actor (liderado por Consuelo Patterson Duany de Cuba); Mujer, negritud, marginalidad y teatro (liderado por Naimak Zulu de Nueva Orleans); Rescate y re-matización de los elementos de la cultura popular en el teatro joven (liderado por Margarita Borges de Cuba); y El teatro en los tiempos de pandemia (liderado por Linda Parris Bailey de Estados Unidos y Barbados).

Teatro, ritual y cultura popular, aunque no son isométricos, solapan en las variadas definiciones de teatro y performance caribeño. Nutrida por raíces afro-atlánticas, originaria-americanas, asiáticas y pacíficas –la reunión de las cuatro esquinas del mundo, según Antonio Benítez Rojo—la cultura popular del Caribe se funda en los rituales de memoria colectiva, en la repetición, variación y re-invención de cuentos, ritmos, movimientos, sonidos, texturas, colores, comidas y prácticas cotidianas. Refleja tradiciones ancestrales, actos de resistir y sobrevivir siglos de opresión y luchas contemporáneas contra nuevas formas de invadir, dominar y desahuciar los caribeños de sus herencias, patrimonios e identidades particulares.

El teatro en sí mismo es un ritual, una repetición con variaciones y nuevas inclusiones y exclusiones; un cuento, mito o movimiento hecho tanto como memoria, testimonio, y adelanto de un porvenir. Como el ritual, también está mediatizado por formas creativas de separarlo de la vida cotidiana y generar nuevos sentidos simbólicos: tambores, máscaras, vestuarios, procesiones, bailes, poesía y canciones.

El escultor y performero Miguel Keerveld de Surinam, el primero de cuatro meta-panelistas de la primera hora del taller, subrayó la gran presencia de máscaras y movimiento en los videos sometidos como indicaciones concretas de ritual dentro del teatro caribeño. Cinco de los siete videos sometidos al taller por artistas puertorriqueños incluían trabajo con máscaras.

Además, los siete videos destacados presentados dentro del taller mismo muestran elementos marcados de ritual en su desarrollo como teatro popular. Desde los fragmentos de “Mundo de muertos” del Teatro Estudio Macubá (Cuba) hacia “Teatro desde eco-poesías caribeñas” de Agua, Sol y Sereno (Puerto Rico),  desde “Pur Blaka (Decrease Mourning)” de Miguel Keerveld (Surinam) hacia “Un Lien  (A Link)” de la artista plástica senegalesa-americana Yacine Fall, desde la versión criolla de “La vida es sueño” del Teatro Guloya (República Dominicana) hacia “Afrolatinamericanas: De voces, susurros, gritos y silencios” de Teatro en Sepia (Argentina), e incluso el trabajo testimonial de “Family Rejection” de The Graduates (Nueva Orleans); todos tienen una cadencia rítmica y resistente que muestra las mismas características de ritual que constituyen la cultura y el teatro popular del Caribe.

Estos factores se re-manifestaron durante las mesas redondas de la segunda hora del taller. Bajo la dirección acertada de la teatróloga cubana Vivian Martínez Tabares, la mesa de “Teatro y Ritual” fluyó concurridamente con la participación de colectivos, teatreros individuales y críticos provenientes del Caribe y América Latina: Jorge Enrique Caballero, creador de Ritual Cubano, uno de los estudios del Teatro Buendía de La Habana, Cuba; Cleiton Pereira del colectivo Contadores de Mentira de Suzano, São Paulo, Brasil; el danzante-performero-educador Javier Cardona, Pedro Adorno, el director del colectivo Agua, Sol y Sereno y Cristina Vives del colectivo, Mareia Quintero, teórica de gestión cultural y el crítico teatral y mascarero Lowell Fiet, todos de Puerto Rico, además de otros participantes.

Tanto de Brasil a Cuba y especialmente a Puerto Rico, con Pedro Adorno y Javier Cardona, dos de los más respetados performero-teatristas del país presentes, la discusión enfocaba la relación entre ritual, teatro popular y experimental y resistencia social, cultural y política. ¿Cómo preservar y adelantar (“Sankofa”) las identidades, creencias y prácticas saludables de los ancestros para resistir la presencia e intervención continua colonial que ha durado durante más de 500 años? La amenaza es más aparente hoy que nunca. Como entidad geopolítica, el Caribe lentamente desaparece para convertirse en territorios dependientes y anónimos del turismo, del desplazamiento de poblaciones y de la explotación de cuerpos y labor humana como parte del imperio que sigue su expansión y explotación económica. Así los rituales de baile, canción, tambores, máscaras, títeres pequeños y grandes, vestuarios, zancos y, especialmente, los cuentos del teatro popular entran en una lucha cultural visceral que utiliza cada aspecto del cuerpo oprimido para liberarse.

En la última hora del taller, la teórica Mareia Quintero resumió el trabajo de grupos como Agua, sol y sereno como formas estéticas y eficaces de un activismo cultural necesario para reclamar y reinventar identidades pasadas, presentes y futuras. La mesa de Elementos de la cultura popular (y el entrenamiento del cuerpo del actor) se centró sobre las técnicas del Estudio Teatral Macubá dentro del contexto del teatro profesional cubano. La también muy concurrida mesa de Mujer, negritud, marginalidad y teatro destacó el cuerpo femenino como tanto la técnica para crear espacio teatral como el texto estructural de teatro contemporáneo.

En su cuarta mesa, el taller reforzaba la importancia de incluir nuevas generaciones de teatristas, danzantes, músicos, artistas plásticos y escritores en el teatro popular. La pandemia que nos ha rodeado desde marzo de 2020 y promete seguirnos en el futuro cercano también ha impactado negativamente sobre el teatro, tanto para artistas como para públicos. La devastación ocasionada por el COVID-19–muertes, crisis médica, pérdida de trabajos, endeudamiento personal, etc.– ha tenido un impacto paralelo en el microcosmo del mundo teatral.

La profecía sigue presente entre nosotros

 

Especial para En Rojo

Hace una semana clausuramos nueva sesión del Foro Social Mundial, esta vez celebrada de forma virtual.  Más de diez mil personas de 128 países se han inscrito. Sin embargo, unas 20 mil personas pudieron participar en las diversas actividades auto gestionadas que reunieron a grupos, movimientos y organizaciones sociales, comprometidos con la transformación del mundo.

En Brasil, han participado del Foro, frentes amplios de movimientos sociales y partidos políticos que han publicado manifiesto sobre puntos comunes de estrategias y perspectivas. También entidades de países diferentes si han reunido en dos actividades que han denominado de Multiconvergencia de las Redes internacionales. Se han puesto de acuerdo sobre la campaña para que la Organización de las Naciones Unidas decrete la gratuidad de las vacunas contra el virus y se pronuncie contra las patentes que quieren comercializar la vida. También se han organizado para una carta en defensa de los bienes comunes de la humanidad.  Bienes como el agua, el aire, la salud y la educación son derechos de todo ser humano y tienen que ser garantizados.

En Brasil, celebramos, hoy, la memoria valiente y estimulante de Hélder Camara, obispo y profeta que, en toda segunda parte del siglo XX, fue uno de los más importantes profetas de la non violencia activa y de las luchas de liberación de los pueblos.  Él fue arzobispo de Recife, en tiempos terribles de una cruel dictadura militar. En esa situación, consagró toda su vida a la defensa de los más pobres. Denunció las torturas y enfrentó diversas veces amenazas y persecuciones. Nos enseñó que cuanto más oscura es la noche, más brillante será la aurora que anuncia el nuevo día.

Él sabía que el mundo no va a cambiar por la acción aislada de líderes iluminados, sino por el compromiso y el trabajo continuado de grupos de base que resistan y ensayen una forma diversa de vivir. Somos todos llamados/a  a ese nuevo esfuerzo conjunto de esperanza y solidaridad en el mundo. En 1994, Hélder Camara envió ese mensaje al movimiento italiano Mani Tesi (Manos extendidas): «… no estamos solos. Por eso jamás aceptaré la resignación o la renuncia a la esperanza. Un día, el hambre será vencida y hará paz para todos los seres humanos. En ese mundo, la última palabra no puede ser la muerte, sino la vida! Nunca más podrá el odio, sino el amor! Tenemos que actuar para que la desesperación ceda paso à la esperanza. Que nunca más las manos si presenten rígidas y cerradas. Que todos nuestros movimientos sean la práctica de lo que ustedes tienen como nombre: Manos extendidas! Unidas en la solidaridad y el amor para todos «.

Como un latido detrás de la nuca: Reflexiones sobre documental Aún aquí yo era libre

Por Teresa Previdi

Especial para En Rojo

Hay proyectos que nunca te abandonan aunque tarden 40 años en completarse. Tal es el caso del documental Aún aquí yo era libre, que comenzó en el 1981 cuando Rafael Cancel Miranda, acompañado por un grupo de puertorriqueños residentes en el área de San Francisco, California, tomó un “tour” por la prisión de Alcatraz.  En el grupo de amistades que lo acompañó por las ruinas del edificio en el que estuvo preso durante seis años se encontraban, entre otros, Melba Maldonado, Leida Arroyo, Steven Pérez, Brunilda Santos, Ada Luz Ortiz, y Juan Franco. La visita fue organizada por Casa Puerto Rico, núcleo del Partido Socialista Puertorriqueño en San Francisco. Para ese fecha estaba tomando mis primeros cursos de cine en el San Francisco City College, institución que me prestó la cámara para filmar la visita en formato Super 8.

De izq. a derecha: Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa Cordero, Lolita Lebrón e Irving Flores.

De ese evento surge el Luisa Capetillo Collective que fundamos con las amigas Melba, Leida, Ada y Brunilda con el fin de buscar financiamiento para filmar y producir el documental. A partir de la visita a Alcatraz fuimos desarrollando la idea de hacer una película que denunciara las condiciones de las instituciones carcelarias en Estados Unidos. Con ese fin, realicé una investigación sobre el sistema penal y la ejecución de metodologías represivas como el behavior modification. Me reuní con representantes del National Moratorium on Prison Construction, del Prisoners Union y del San Quentin American Indian Cultural Group que apoyaron el proyecto con cartas de endoso. El libro Vigilar y Castigar de Michael Foucault me sirvió de guía teórica para comprender la dimensión filosófica de la prisión.

En enero de 1983 fui a Mayagüez a entrevistar a Cancel Miranda; conté con el apoyo de amistades entre los que se encontraban Eugenio Ballou y miembros del Taller Experimental de Cine La Red, colectivo de cineastas que fomentaban la producción en Super 8. Al regresar a San Francisco con el material filmado y grabado, desarrollamos la propuesta, presupuesto, tratamiento y guión del documental.  Sometimos entonces el proyecto a Povorello Fund, Third World Fund, The Women’n Foundation y Vanguard Public Foundation. No conseguimos financiamiento, pero con nuestros medios pudimos hacer el revelado y copiar el sonido directo magnético en la película en el laboratorio Leo Diner Films, Inc. ubicado en el número 350 de la avenida Golden Gate de San Francisco.

La falta de recursos y de trabajo me llevaron a la búsqueda de nuevos horizontes. Llego en septiembre de 1983 a la ciudad de México a estudiar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México (CUEC-UNAM). El trabajo en Aún aquí yo era libre se fue posponiendo por la dificultad que tuve en  conseguir el equipo para editar el documental en Super 8.  Regreso a Puerto Rico en el 1989 y otras prioridades dejan enterrado el documental en la mudanza de cajas que me llegan por barco y se guardan al fondo del closet aunque siempre presente, como un latido  detrás de la nuca que nunca cesa.

Cuando trabajaba en la investigación de mi documental Ser Familia, conocí al archivero Osvaldo Rivera en Radio Universidad y me enteré que  él hacía, con medios muy precarios y autogestionados, transferencias digitales de películas Super 8. Al desenterrar la caja del fondo del closet me doy cuenta de que las películas de acetato de celulosa pueden padecer el “síndrome del vinagre”, proceso de deterioro que resulta de la exposición de las películas al calor y la humedad y provoca que despidan el olor acre que le da el nombre al síndrome. Pude salvar parte de mi colección de películas Super 8, pero aquellas a las que se le añadió el sonido magnético se echaron a perder completamente como pasó con la entrevista de Cancel Miranda en Mayagüez, aunque se conservan los dos cassettes del sonido directo y la transcripción. La buena noticia fue que el pietaje filmado en la prisión de Alcatraz  estaba en buenas condiciones, como también lo estaba el cassette con el sonido directo que a pesar de haber sido grabado de forma rudimentaria, se pudo salvar.

Para esa época Ana María García estaba realizando dos episodios de Cancel Miranda para la serie televisiva Prohibido Olvidar producido por la Universidad de Puerto Rico y transmitido WIPR. De esta manera el proyecto encontró un espacio en donde recobrar vida y contexto  por lo que le cedí el pietaje de la visita de Alcatraz para el documental I’m Not Sorry For  What I Did.

El confinamiento provocado por la pandemia me dio el tiempo para retomar el documental original. Ahora cuento con las herramientas de edición que en la era digital facilitan la realización y difusión de los proyectos audiovisuales. Haber conservado todos los documentos de investigación, propuesta, guión, transcripciones, y log de tomas me facilitaron reanudar el trabajo suspendido por 40 años pero desde la perspectiva que da el tiempo. Es así como hoy presento Aún aquí yo era libre.  Lamento no haber podido presentarle el corto documental a Rafael Cancel Miranda a quien le alcanzó la muerte antes de que se pudiera completar el proyecto.  Espero que este pequeño y modesto homenaje rescatado del tiempo sirva para mantener viva la memoria de un hombre extraordinario que siempre fue libre a pesar de haber estado preso 25 años.

A modo de conclusión quiero compartir el poema que me dedicara el querido amigo y roommate Joe Chadwick en el 1982 y que sirviera de inspiración para el texto que narro en la película.

La prisión, la película

para Teresa

Después de un año a solas

en una celda oscura,

empiezas a olvidar

cómo se ve

tu propia cara.

Solamente el hilo tenue

de la memoria–

roto algunas veces,

otras veces enredado–

te permite volver

a esa otra celda oscura

que tu entras tímidamente,

recordando un monstruo

que una vez confrontaste allí.

Ahora parece que está vacía.

pero cuando te acercas

al centro de la celda,

un ángulo fino de luz

tropieza con tus ojos

y penetra tu calavera

(que es, claro,

donde ya tú estás).

Girando para escapar

el fulgor cegador

tú ves tu cara

desplegada sobre la pared,

ancha y plana

como bandera o tapicería.

De repente sabes

que la luz

que disuelve la pared

en cielo de puro azul,

la luz

que brinca por las ondas verdes,

la luz

que se desdobla sobre las velas anchas y blancas

del barco que te lleva a lo lejos–

es la luz que brilla

de tus propios ojos.

Enlace al documental https://youtu.be/E_o98g6UA1E

 

 

 

 

 

 

 

 

El mejor cine de 2020-2

En Rojo

 

En esta 2nda. parte de comentar los filmes que más me impresionaron en el año del encerramiento, doy un vistazo a la crítica y, como estoy acostumbrada a que me suceda, me asombro de cuántos filmes todos ellxs coinciden que son excepcionales y que yo pienso que están bien, pero hasta ahí llego. Lo 1ero que noto es que parece haber una nostalgia por el cine y estilo de blanco y negro (aunque lo filmen a colores) de las décadas de 1920 y 30, comenzando por la serie de HBO “Perry Mason” (protagonizada por el británico Mathew Rhys), “Babylon Berlin” y el filme Mank (dir. David Fincher) con un excepcional Gary Oldman. A esto le sigue otros que recrean épocas pasadas, pero casi estáticas por seguir el formato de obras de teatro como Ma Rainey’s Black Bottom (dir. George C. Wolfe, basado en la obra de August Wilson), sin duda con excelentes actuaciones de Chadwick Boseman y Viola Davis, One Night in Miami (dir. Regina King) con ‘casting’ cuestionable—en especial el de Cassius y Malcolm—pero discusiones que vibran por su contemporaneidad, y los cinco segmentos de Small Axe (dir. Steve McQueen) sobre los conflictos entre la sociedad británica y la interpretación y aplicación de las leyes cuando aplica a la población de excolonizados que son parte integral del nuevo Reino Unido.

Junto a Never Rarely, Sometimes Always, el filme más destacado por su acercamiento a temas que tocan cada fibra humana, que dice más por su manera de presentar a personajes tan familiares como que pudiéramos ser cada unx de nosotrxs, en un estilo casi de cámara casera, es Sorry We Missed You del director británico, Ken Loach con guión de su estrecho colaborador, Paul Laverty. El filme fue seleccionado para competir en Cannes 2019, nominado para los BAFTA y ganador en los festivales de San Sebastián y los Premis Gaudi por Mejor Película Europea. Lo incluyo en este resumen porque su estreno fuera de Europa fue en marzo 2020. Loach escoge miembros de familias de clase trabajadora que tienen que enfrentar nuestros mismos problemas: ¿cómo proveer para ellxs y sus familias en una economía que los margina del centro del progreso? Si anteriormente en I, Daniel Blake (2016), el protagonista tenía que enfrentar el aparato burocrático del gobierno para poder reintegrarse al mercado de empleo y recibir las ayudas necesarias para subsistir después de tener que ausentarse por enfermedad, en esta historia es una pareja en sus tempranos 40 con dos hijos adolescentes (Seb y Liza) que intentan subsistir con empleos inestables y sin estabilidad económica ninguna (cero ahorros para emergencias).

Ricky (Chris Hitchen) consigue empleo como chofer de un camión de entrega, pero es él que tiene que alquilar o comprar su propio vehículo y cumplir con todas las exigencias de la compañía que le ha hecho el favor de emplearlo. Abbie (Debbie Honeywood), por su parte, es cuidadora de viejos en sus hogares donde se encarga de su higiene, les cocina, se asegura de que tomen sus medicamentos y, especialmente—por su propia iniciativa—les da la atención y el calor humano que tanto necesitan. Pero a ella también la agencia gubernamental le exige que atienda un número imposible de “clientes”. Y como sucede tantas y tantas veces, es Abbie la que tiene que sacrificarse para que Ricky pueda mantener su nuevo empleo ya que se supone que su salario será más alto. Y aunque no tienen que preocuparse por la educación de sus hijos adolescentes por ser gratuita, ellos no están presente en la casa—ya que trabajan largas horas cada día—para darle seguimiento al progreso de sus estudios. El efecto y resultado del conjunto de actores novatos como protagonistas y profesionales en papeles menores es extraordinariamente efectivo.

Destaco cuatro filmes—dos de Estados Unidos, uno de Inglaterra, y uno de España—que son tan variados y diferentes como los temas que presentan. The Glorias que recibió críticas muy variadas tanto por su atrevida y desafiante directora, Julie Taymor, como por la figura central, Gloria Steinem, es un recorrido de la vida de esta líder feminista que sigue activa todavía a sus 86 años. No hay duda que éste es un tributo a una figura que se atrevió a enfrentar el patriarcado no importaba quién se le ponía de frente.

The Midnight Sky, dirigido y protagonizado por George Clooney es un viaje al espacio que parece haber abolido el tiempo donde se encuentran las ideas más brillantes y las personas más queridas. Nos recuerda a Gravity (2013) de Alfonso Cuarón por la inmensidad de ese espacio donde cada persona se humaniza hasta el punto de sacrificar su vida por el compañero/a perdido o herido. Elizabeth Is Missing, estrenada en la serie de Masterpiece de PBS este enero, tiene a Aisling Walsh como directora y a la inmensa actora Glenda Jackson como protagonista. Una mujer en sus 80 ha mantenido su independencia de vivir sola—con hija y nieta que visitan a menudo y un hijo que cuando está presente es muy solidario—y estar en su vecindad con amigas (las pocas que le quedan) con quien comparte actividades como jardinería y, por supuesto, los rumores de lo conocido y desconocido. Pero, a la misma vez, Maud recuerda y recrea en el presente la desaparición de su hermana, Sukey acontecida 50 años antes. Ella colapsará el pasado cercano y sus recuerdos lejanos y le tocará a las mujeres que la rodean descifrar ese doble misterio. La trinchera infinita, dirigida por Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga y protagonizada por Antonio de la Torre y Belén Cuesta, es una historia de amor entre un hombre (Higinio) que ama a su mujer intensamente y una mujer (Rosa) que está dispuesta a proteger su vida de quien sea y como sea. Aquí no hay grandes heroísmos ni convicciones que defender o claudicar; es la historia de cómo sobrevivir en la precariedad en un ambiente de represión de finales de la Guerra Civil española hasta—pero no necesariamente el final de la represión—el Decreto Ley de indulto de 1969.

Atlantics

Gracias a estas plataformas (Netflix, Prime, Hulu, HBO, Showtime) que nos han servido tan bien en el año de la pandemia, pudimos apreciar un cine independiente muy dinámico y poblado de mujeres de Nigeria, Senegal y la diáspora. Aunque Citation es dirigido por Kunle Afolayan, la historia gira alrededor de una joven universitaria, Moremi (Temi Otedola), que lleva un caso de hostigamiento y asedio contra un prestigioso profesor. Atlantics de la directora Mati Diop, fue escogida para competir por la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2019 y también gira alrededor de una joven, Ada, que mientras se prepara para cumplir el ritual de su boda, se encuentra con el joven Souleiman, quien diariamente arriesga su vida para ganarse la vida como pescador. En un estilo surrealista y poblado de sueños y fantasmas se recorre ese pasado y vida de arriesgar vidas para llegar a otras orillas y comenzar otra vida. Cuties de la directora y guionista Maimouna Doucouré desató una gran controversia por Netflix haberla mercadeado casi como historias de chicas preadolescentes sexualizadas. Mientras grupos de “padres consternados” (y países como Turquía) buscaban apoyo para evitar su exhibición, a nosotrxs nos despertaba la curiosidad, aunque inicialmente no tenía gran atractivo. Amy (Fathia Youssouf) tiene 11 años y aunque vive en Francia, su familia sigue las tradiciones religiosas/culturales de Senegal donde la mujer se doblega ante el hombre y lo único a lo que puede aspirar es ser favorecida por un hombre—no importa la edad—para casarse. Eso es lo que ve y vive Amy y por eso un grupo de chicas en la escuela le ofrece otra salida: ser parte su grupo de baile (Cuties) que les permite usar vestimenta atrevida, lenguaje ofensivo e inventar movimientos con el cuerpo que pueden ser extremadamente provocadores (utilizo ‘atrevida’, ‘ofensivo’, y ‘provocador’ como los enjuiciamientos de las sociedades tradicionales del patriarcado). Aunque hay mucha repetición innecesaria, es un filme importante por ser una mirada crítica de una mujer (Doucouré) que ha experimentado ambas culturas.