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El discurso genocida de Bolsonaro

 

Por Emir Sader

Bolsonaro es responsable por las desgracias que Brasil está experimentando Desde su aventura de llegar al gobierno a través de mentiras y manipulaciones de internet, pasando por la formación de un gobierno incompetente y ridículo hasta la irrupción de la tragedia de la pandemia. Por supuesto, solo fue capaz de hacer esto porque fue apoyado por las grandes empresas y los medios de comunicación, cuya hostilidad hacia el retorno de un gobierno popular, democrático y soberano justifica la entrega del gobierno del país a un psicópata.

Bolsonaro ha logrado liberarse de las responsabilidades de la pandemia a través de un discurso que mezcla la mala fe, la mentira y la falta de vergüenza, para atribuir las responsabilidades a los demás. Desarrolla un discurso que invierte la realidad, lo absuelve y endilga sobre los otros las responsabilidades de los graves efectos del coronavirus.

En primer lugar,sus responsabilidades provienen de haber subestimado, al comienzo de la pandemia, sus dimensiones y sus efectos, con afirmaciones sobre la «gripecita» o «resfrío». Como resultado, retrasó la preparación del país para la llegada de la pandemia, además de no preparar a las personas para defenderse de ella. Debilitó las medidas iniciales de aislamiento social, las atacó y propuso un aislamiento selectivo imposible. Está respaldado por la posición de quienes dicen que el aislamiento de la mayoría de la población, que vive en condiciones de conglomerados domésticos, los hace más propensos a contraer el virus en casa que a salir a la calle. Que la salida, al mismo tiempo, sería indispensable para lograr las condiciones mínimas de supervivencia.

Él, que nunca mencionó el desempleo, ni en la campaña electoral, ni en el gobierno, siendo responsable de que el país haya llegado a 12 millones de desempleados y 38 millones de trabajadores precarios, ahora pretende asumir el dolor de estas personas, quien necesitarían volver a trabajar. Al mismo tiempo que su gobierno es absolutamente incompetente para brindar la suma insignificante de 600 reales al mes para esta masa de la población. Cuanto más desfavorecidas estén, más se verán obligadas a abandonar sus hogares para obtener los recursos que les faltan.

Mientras tanto, los medios se están concentrando en absolver a Bolsonaro, culpando a las víctimas de la pandemia de seguir aumentando la desobediencia al aislamiento social. La investigación indica que más del 70 por ciento de las personas están a favor del aislamiento, pero solo la mitad de ellas practica el aislamiento.La televisión muestra a la señora de clase media paseando a los perros, como si este tipo de personas que caminan por la Avenida Paulista pudieran dar cuenta de los dos tercios de la población que sale a la calle. Estos son los que necesitan salir, debido al hambre que experimentan. Las estadísticas muestran que 62,1 millones de personas, prácticamente la mitad de la población, están en estas condiciones y no pueden quedarse en sus hogares, porque no tienen ingresos garantizados para sobrevivir. La culpa recae sobre aquellos que no obedecen el aislamiento y no sobre Bolsonaro y su gobierno.

Bolsonaro está ganando el discurso sobre el aislamiento y, de alguna manera, sobre la pandemia, porque se deshace de las responsabilidades. Porque, por otro lado, atribuye a los gobernadores la responsabilidad de aumentar la recesión y el desempleo, al promover el aislamiento social.

Bolsonaro está políticamente aislado, pierde apoyo, pero ha encontrado la manera de hablar con los más vulnerables. El discurso de volver al trabajo llega a quienes necesitan trabajar, además de los propietarios de pequeñas y medianas empresas, en resumen, llega a la mayoría de las personas. Las campañas de discurso y aislamiento a toda costa está perdiendo, porque no tienen esto en cuenta, hablan a quienes viven en su hogar en buenas condiciones, quienes tienen ingresos garantizados, incluso si se quedan en su hogar. Hablan a la minoría, aunque en las encuestas la mayoría está a favor del aislamiento, porque el argumento para dar más importancia a la salud y a la vida que a la economía es fuerte. Pero no tiene en cuenta que la economía es también la ganancia diaria, el hambre, la necesidad de pagar las cuentas.

El discurso genocida de Bolsonaro está dirigido a los más ricos, que controlan la economía y quieren ganar dinero nuevamente, a cualquier precio. Pero también se dirige a los más pobres, que son la mayoría, y necesitan salir de casa para sobrevivir. Las fuerzas democráticas, la izquierda, deben tener esto en cuenta si no van a aislarse. «Fuera Bolsonaro» hoy no incluye las responsabilidades que tiene en el genocidio diario de la gente. Es necesario llegar al impeachment. No habrá condiciones de avanzar con un juicio político si Bolsonaro no aparece como el responsable por las victimas, cada vez mayores, de la pandemia. El tiene el 28 por ciento de apoyo, pero no aparece todavía con el peso de su responsabilidad.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Asalto a la Embajada

 

Por Rosa Miriam Elizalde

 

Pocas horas antes del ataque contra la Embajada de Cuba en Washington, una mujer con impermeable rojo, lentes oscuros, tapaboca y capucha, fotografiaba la fachada de la casona de la Calle 16 en el barrio Adams-Morgan. Las cámaras de seguridad la grabaron a plena luz del día y, a pesar del disfraz, los funcionarios de la sede diplomática la reconocieron perfectamente. Es la esposa de un militante de la “causa” anticastrista, Mario Félix Lleonart Barroso que, curiosamente, resulta ser común denominador de personajes e instituciones relacionados con esta trama.

Lleonart Barroso, pastor bautista nacido en Cuba y vecino de Washington DC, hace alardes en redes sociales de su estrecha relación con la Doral Jesus Worship Center -una iglesia ubicada en el epicentro de la contrarrevolución venezolana y cubana de Miami- y con sus amigos del Departamento de Estado, cuya página en Twitter lo publicitan en una entrevista como “perseguido por su fe en Cuba, donde soportó años de amenazas y detenciones” (tweet del 16 de enero de 2020).

El nombre de este individuo, un “asiduo participante en los actos de hostigamiento” contra los cubanos en Washington, es solo una pista en el arsenal de pruebas que ofreció este martes el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla.  El ministro llamó “ataque terrorista” al tiroteo contra la sede diplomática el pasado 30 de abril, cuyo protagonista es otro pastor nacido en Cuba, vinculado también a la iglesia de Doral y a individuos muy activos en esa congregación que, no muy cristianamente, han solicitado matar con drones a Raúl Castro y al presidente Miguel Díaz-Canel.

A Alexander Alazo Baró, el autor del tiroteo, lo han presentado como un enfermo psiquiátrico asediado por fantasías persecutorias, mientras el régimen de Trump ha engavetado su expediente en medio de un apagón informativo. Lo extraordinario es que, salvo las imágenes tomadas desde la Embajada que fueron divulgadas el martes, las escandalosas evidencias han estado al alcance público. Se puede halar fácilmente de la cuerda de las redes sociales y encontrar los nexos entre estos señores con terroristas de la vieja escuela de las bombas bajo los autos, como Ramón Saúl Sánchez. También, con las voces más violentas de la maquinaria política anticubana y antivenezolana de Miami, y hasta con la Casa Blanca. O con todos a la vez.

El Vicepresidente Mike Pence fue el orador principalde una “celebración religiosa” en el Doral Jesus Worship Center, que contó con la asistencia del gobernador de la Florida Ron DeSantis, los senadores Marco Rubio y Rick Scott, y el representante Mario Diaz-Balart. El encuentro del 1 de febrero de 2019 fue particularmente comentado, porque Pence prometió desde el púlpito la cabeza de Nicolás Maduro en “cuestión de días o semanas» y Díaz-Balart, exaltado, dijo que Cuba y Venezuela padecían “el mismo cáncer”. También, porque fue considerado como uno de los primeros actos electorales a favor de la reelección de Donald Trump.   La agencia AP se hizo eco ese día de las declaracionesde la representante demócrata Debbie Wasserman Schultz, puro sentido común: «La política exterior es política interna en el sur de la Florida”.

Aunque el Secretario de Estado Mike Pompeo y algunos de sus subordinados -incluidos los de la OEA- hablan un día sí y otro también de Cuba para torpedear la colaboración médica cubana, las autoridades de los Estados Unidos han evitado pronunciarse sobre los asuntos medulares de este caso, que hoy jueves tiene una audiencia preliminar en la corte del distrito de Columbia.

Bruno Rodríguez, por ejemplo, hizo preguntas de lógica elemental: ¿qué responsabilidad tiene el Doral Jesus Worship Center? ¿Cómo alguien con trastornos mentales puede tener una licencia para portar armas y viajar miles de kilómetros con un fusil de asalto sin ser detectado? ¿Cuáles son los vínculos del pistolero con la maquinaria anticubana de la Florida? ¿Qué peso tiene el discurso de odio en la trama? ¿Qué hacía la esposa de Lleonart, un pastor que hace alardes de sus encuentros con Trump y Pompeo, merodeando disfrazada por la Embajada cubana pocas horas antes del atentado?

El Canciller cubano emplazó a la Casa Blanca y al Departamento de Estado a explicar qué saben sobre los vínculos entre el atacante de la Embajada y los que impulsan a la violencia contra la Isla. Exigió una respuesta sobre qué los mueve a no denunciar el hecho, aunque adelantó una hipótesis: “Un gobierno que defiende como legítimo castigar a toda la población de un país, como lo hace el gobierno de EEUU con el bloqueo económico, es en la práctica un incitador al odio contra Cuba.” 

En este ataque el único cubano que recibió un balazo fue José Martí, la estatua de metal que domina el pequeño jardín de la Embajada. Pero pudo haber ocurrido una masacre esa madrugada del 30 de abril en la casona de la Calle 16 de Adams-Morgan. Diez funcionarios estaban dentro del edificio cuando las balas perforaron la puerta de entrada. Si alguien hubiera muerto, quizás estaríamos en el mismo punto: Washington reacciona a la agresión en su propio patio incluyendo a Cuba en “la lista de países que no colaboran con la lucha antiterrorista”(sic), como ocurrió ayer. Mientras, la Isla continúa exigiendo a la Casa Blanca más coherencia y menos cinismo, porque la impunidad y el crimen van juntos, se generan, se cultivan y alientan, se disimulan, se reproducen, se imitan, se aplauden.

Al analizar la serie de pinturas de Goya titulada “Los desastres de la guerra”, el hispanista francés Paul Lefort anotó que “siempre que hay un salto cualitativo en el uso de la violencia hay alguien dispuesto a superarlo”.  Si Trump y Pompeo siguen en las mismas, ¿qué vendrá después del asalto a la Embajada?

Reproducido de www.cubadebate.cu

Cómo conocí a Roque Dalton

 Por Rafael Acevedo/En Rojo

Documento policial

Cuando comencé a estudiar en la universidad conocí a Roque Dalton. Su poesía, más bien. Él había sido asesinado por sus compañeros enemigos tres años antes. 1975. Faltaban tres o cuatro días para que cumpliera 40. Quiero decir, este es el poeta salvadoreño que conocimos como “poeta guerrillero” aunque su paso por la guerrilla fue breve y trágico. Todavía estaba muy fresca en la memoria de la izquierda esa muerte. Para mí, entonces un joven estudiante con algunos versos escritos en libretas Superior, escuchar sobre su biografía y las leyendas que sobre él se destilaban fue un proceso muy enriquecedor. Esto ocurrió en los pasillos y en las cafeterías mucho antes de que se le mencionara en algún salón de clases.
¿Qué me gustaba de la poesía de Roque? Muchas cosas. Dalton venía de un país pequeño, El Salvador, llamado Pulgarcito de América por Gabriela Mistral. El poeta usaba ese calificativo de Mistral y construyó toda una narrativa irónica, crítica, tierna y a veces cruel sobre esa “pequeñez” de su patria: ”Patria dispersa: caes / como una pastillita de veneno en mis horas. / ¿Quién eres tú, poblada de amos, / como la perra que se rasca junto a los mismos árboles / que mea? ¿Quién soportó tus símbolos, / tus gestos de doncella con olor a caoba, / sabiéndote arrasada por la baba del crápula? / ¿A quién no tienes harto con tu diminutez?” ¿Cómo no identificarse con esos versos?

Con el paso de los años, me leí todo lo que pude del autor. No está mal presentar una bibliografía de Roque:

Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1957).
• La Ventana en el rostro (México, 1961).
• El Mar (La Habana, 1962).
• El turno del ofendido (La Habana, 1962).
• Los Testimonios (La Habana 1964).
• Poemas (Antología, San Salvador, 1968).
• Taberna y otros lugares, Premio Casa de las Américas (La Habana, Cuba, 1969).
• Los pequeños Infiernos (Barcelona 1970).
• El Salvador (monografía, 1963).
• César Vallejo (La Habana 1963).
• El intelectual y la sociedad (La Habana, 1969).
• ¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha (La Habana 1970).
• Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972).
• Las historias prohibidas del pulgarcito (México, 1974).
• Poemas clandestinos (1980).
• Pobrecito Poeta que era yo (narrativa, 1981).
• Un libro rojo para Lenin (1986).
• Un libro levemente odioso (poesía, 1988).
• Los Hongos (poesía, 1989).

Falta ahí una obra teatral de varias escenas titulada Los helicópteros, en colaboración con Pepe Ruiz. Ese libro, cuya edición primera tuve en mis manos, fue publicado más tarde (1980) en San Salvador por la Editorial Universitaria.

Cuando inicié mis estudios graduados tenía la idea de escribir mi tesis doctoral en torno a Roque Dalton. Si bien era el poeta que de manera más eficiente integraba a sus textos el pensamiento político -siempre de manera compleja, crítica, a veces humorística y por eso tan rica- su novela autobiográfica Pobrecito poeta que era yo, nunca ha sido tratada con el rigor que se merece. Gran narrador este poeta. Quería escribir sobre el modo en el que el discurso político de orientación marxista era transformado en un producto poético plurisignificativo, lejos de la ortodoxia dominante. Me aprendí de memoria algunos versos:

Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.

Me leí una y otra vez sus poemas más dialécticos y políticos:

La violencia aquí
A José David Escobar Galindo,
* «Perra de Hielo».

En El Salvador la violencia no será tan sólo
la partera de la Historia.

Será también la mamá del niño-pueblo,
para decirlo con una figura
apartada por completo de todo paternalismo.

Y como hay que ver la casa pobre
la clase de barrio marginal
donde ha nacido y vive el niño-pueblo
esta activa mamá deberá ser también
la lavandera de la Historia
la aplanchadora de la Historia
la que busca el pan nuestro de cada día
de la Historia
la fiera que defiende el nido de sus cachorros
y no sólo la barrendera de la Historia
sino también el Tren de Aseo de la Historia
y el chofer de bulldozer de la Historia.

Porque si no
el niño-pueblo seguirá chulón
apuñaleado por los ladrones más condecorados
ahogado por tanta basura y tanta mierda
en esta patria totalmente a orillas del Acelhuate
sin poder echar abajo el gran barrio fuerteza cuzcatleco
sin poder aplanarle de una vez las cuestas y los baches
y dejar listo el espacio
para que vengan los albañiles y los carpinteros
a parar las nuevas casas.

Y aprendí además que el gran poeta político era un lírico empedernido, un poeta sensual:

Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez en mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a sus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón.

Hace frío sin ti,
pero se vive.

Viajé a Cuba en el verano del 1987 porque allí me entrevistaría con varios amigos de Roque. Era necesario, a fin de cuentas, Dalton había regresado a Cuba para “instalarse” allí desde Checoslovaquia por invitación de Fidel y Haydée Santamaría. La invitación al poeta era a trabajar en Casa de las Américas. Dos años después ganaría el premio de poesía del certamen con Ventana y otros relatos (1969), un poema que es casi un “cadáver exquisito” sobre su experiencia en ese país que acababa de ser invadido por la URSS un año antes.

En resumen, Dalton vivió en la Cuba en la que se formaron instituciones culturales que fueron las más importantes de América Latina: Casa, la Cinemateca de Cuba, el Ballet Nacional de Cuba, el Instituto del Libro, mientras la isla era visitada constantemente, como un memorable hervidero cultural, por Julio Cortázar, Juan Gelman, Eduardo Galeano, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Amado, Benedetti, Ernesto Cardenal, García Márquez, Rodolfo Walsh, Asturias, entre otros que dialogaban con intelectuales cubanos como Roberto Fernández Retamar, Lezama Lima, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Tomás Gutiérrez Alea, Cintio Vitier, Fina García Marruz. Y en busca de información y testimonios allá fui, a La Habana. Por supuesto, ya algunos intelectuales habían dado el tránsito a otra geografía e ideologías. Heberto Padilla ya era un poeta disidente. Algunos habían fallecido. Pero llegué a Casa, caminando desde un hotel que había visto en una película de antes del ’59, sin invitación, con mi cara fresca y mi timidez. Cuando pedí ver a Fernández Retamar una gentil empleada entró a su oficina. En par de minutos salió y me anunció que el director me recibiría. Me senté en un banco que había en el vestíbulo y lo vi salir de su oficina, veloz. Ya fuera del edificio cruzó la calle. Supongo que fue a buscar un café en el hotel Presidente justo al cruzar la calle.

De izquierda a derecha, Heberto Padilla, Roque, Guillermo Gómez.

De aquel grupo de intelectuales con los que hablé, recuerdo con mucho cariño a Cintio Vitier y Fina García Marruz. Gente de una cultura enorme y de una bondad sin límites. Ellos, como católicos, fueron amigos de Roque, marxista heterodoxo, y compartieron anécdotas sobre esos graciosos desencuentros. Sí, muchas de las anécdotas sobre Dalton estaban aderezadas por chistes.  También fue muy amable la bibliotecaria en la Biblioteca Nacional que me obsequió un ejemplar de la monografía histórica de El Salvador que escribiera el bardo. Nunca me perdonaré haber olvidado su nombre.

Mi última conversación, un día antes de regresar a México, fue con uno de los hijos del poeta, Jorge Dalton. Esto lo he contado muchas veces pero ustedes nunca han leído nada de lo que he escrito y aquello que escribí no está en el archivo electrónico de Claridad. Así que, lo repito. El cineasta tenía mi edad. Tuvimos una amena conversación en la que me narró muchas anécdotas sobre su padre, así como cuestiones relacionadas con la creación poética, o más bien, cómo escribía su padre, en qué condiciones, en qué maquinilla -que lanzó por la ventana en más de una ocasión-. Cuando nos despedíamos, Jorge me pidió que no escribiera la tesis sobre Roque. Sobre él había escrito mucha gente y seguirían escribiendo. “Para serte franco- me dijo- yo no he leído a ningún poeta puertorriqueño. No conozco esa literatura. Ahora te conozco a ti, pero ni siquiera he leído nada que hayas escrito. ¿Por qué no escribes sobre la poesía puertorriqueña y me lo envías?” Nos reímos. Estreché su mano. Nunca me volví a comunicar con él y estoy seguro de que no recordará esta anécdota. Pero le hice caso. Escribí una tesis sobre poesía puertorriqueña hace 30 años y le he dedicado la vida a estudiar, difundir, publicar, poesía puertorriqueña.

Dos años después de aquella conversación con Jorge Dalton, me invitaron como poeta joven a un evento internacional en La Habana. Allí sí pude conocer a Fernández Retamar a quien admiraba además como poeta. No me pareció correcto recordarle como me había dejado esperando en aquel banco como un bateador emergente a quien el manager olvida darle un turno. En aquel entonces, 1990, ya se había tomado el cafecito. Hasta bebí una copa de vino junto al director de Casa de las Américas y todos aquellos poetas latinoamericanos. Me imaginé que allí estaba Roque, siempre de 39 años, contándonos un chiste. Recuerdo esto y pienso, diablos, pobrecito poeta que era yo.

Roque junto a sus hijos, Juan José, Roque, hijo  (muerto en combate en 1981) y Jorge.

 

 

Hermes Ayala: Rapea, escribe e investiga

Foto por Juan Acosta

 

Por Elga Castro Ramos/Especial para CLARIDAD

 Con motivo de la suspensión de toda actividad deportiva en Puerto Rico y a nivel internacional, hemos decidido comenzar una serie de entrevistas a figuras vinculadas al mundo del deporte desde las páginas de Las Canto como las Veo.

 Hermes Ayala es uno de los periodistas más polifacéticos en Puerto Rico. Ha trabajado en diferentes medios como Diálogo, El Mundo, El Vocero, Noticel y ahora es el editor del medio digital El Calce. Se ha destacado en el periodismo deportivo y el investigativo. Además Hermes es rapero y productor.

Te entrevisto para la sección de Deportes, pero bien te podría entrevistar para En Rojo por tu carrera de cantante y poeta, o la sección de Noticias, como periodista. ¿Cómo te consideras?

En agosto cumplo 25 años desde que publiqué mi primera historia en Diálogo,sobre la historia del rock. RealmenteDiálogofue la escuela.

Después estuve mucho en periodismo deportivo, ahora me miro y soy periodista, es lo que soy. Pero cuando uno fue periodista deportivo, no deja de serlo. Yo creo que yo podría hacer un trabajo de periodismo deportivo investigativo y es algo que se hace poco. Yo el deporte lo abordo con el aspecto socio político y el desarrollo de la identidad, más allá de la cultural, sino con lo que es puertorriqueño. Pero voy más allá, también me ha tocado cubrir la Junta de Control Fiscal, otras cosas de “hard news”y bregar con los medios digitales.

¿Cuál fue tu primer trabajo en el periodismo deportivo?

En Diálogo,algo de natación en la piscina de la iupi y luego cubrir las Justas, además de varias entrevistas. Recuerdo un encuentro con María Eugenia Santori, la hija de Fufi, que me dio una pela en ajedrez.

¿Cómo acabaste cubriendo deportes? ¿Lo practicaste de niño? ¿Eras aficionado?

En Diálogo había que cubrir todo. Pero de niño practiqué Tae Kwon Do, mi maestro era TNT, el luchador. También me gusta el básket y el béisbol de chamaquito. Pero una vez en la iupi, no me importaba na’ de eso, estaba en la de janguear y rapear. Yo sabía que había atletismo, Olimpiadas, pero salí de Vega Baja y Dorado bien jíbaro, sabía quien era Jordan, Quijote, Igor e Iván, porque eran de Vega Baja, pero en ese tiempo no seguía mucho el deporte. Con mi Pai fui a la Serie del Caribe y seguía el béisbol de la Doble A.

Pero cuando de niño, lo que quería ser era Director de Cine, yo llamaba a WAPA para hablar con Jacobo Morales, porque yo quería ser como él y dirigir Lo que le Pasó a Santiago. Nunca pude hablar con él. De chiquito mi diversión era narrar como Rivera Morales, “Wes, Wes, son de goma!”. A mi me saltaron de grado y siempre era el más chiquito y nunca me cogían en los equipos, y lo que hacía era narrar los juegos.

¿Narraste alguna vez de adulto?

 Coño, Alan me llamó, un saludo a Alan, ay, me creo que estoy en vivo…Y me llamó pa’ narrar un juego de Mini Bidi, en Puerto Nuevo. Pero nada después de eso.

Vi que luego de graduarte de Periodismo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, trabajaste unos años antes de hacer un “diplomado” en Periodismo Deportivo Internacional en La Habana, Cuba, cuéntame.

En el 2009 me mandó un email una amiga con este posgrado y mi tío me pagó el pasaje…creo que traté de repagarlo par de veces pero me lo rechazó. Era par de meses, sobre periodismo deportivo, pero no al que estamos acostumbrados. Montesinos era uno de los maestros. Mucho enfoque en el carácter competitivo de la nación, como podía esperarse. Era adscrito al Instituto José Martí, afiliado a la Universidad de la Habana. Había gente de Chile, Nicaragua, par de cubanos, mexicanos. También había mucho énfasis en datos históricos, sobre todo correspondiente a donde se miden las naciones, mucho sobre los Centroamericanos. También bien enfocado en tratar el deporte en su aspecto de comunicación. Hubo una clase de “crónica”, la dio uno que hizo una crónica de la vuelta a Cuba. Otro nos habló de José Martí y uno acababa llorando. También había mucho ron. La meta era la confraternización. Ellos estaban fascinados con el béisbol boricua, todo lo que tenía que ver con Clemente. El hospedaje era el Costilla de Rocinante, al lado del Parque G, donde janguean raperos, “freestilers”, ahí conocí a Silvito, el hijo de Silvio, que es rapero.

Y luego una Maestría en Administración Cultural en la UPR de Río Piedras, ¿en qué hiciste tu tesis?

En el 2014 acababa de salir de NOTICEL. Y pensé en lo de la maestría. Ya en el 2000 había empezado en Literatura Comparada porque quería pasar mis días leyendo y diciendo quien escribía bien y mal. Pero realmente empecé a faltar un montón, en parte por culpa de Hiram (Martínez), ja, ja, que me mandó a cubrir los campos primaverales en Florida y a Las Vegas. Y la dejé.

Yo realmente lo de volver a la Universidad era un tema recurrente. Ya en el 2006, “lidiando con unas batallas internas”, pa’ citar a Julio Toro y a Piculín, ja, ja, pensé volver a la Universidad, pero me fui a hacer música, pero en realidad nunca me he ido de la iupi. Siempre he estado vinculado a la Universidad y siempre he pensado que la Universidad tiene un rol importante en la liberación del país a través del arte.

Entonces en el 2010 cuando la huelga me pompió la iupi también, pero me ofrecieron un trabajo en Vice, produciendo un documental de armas de fuego, le agradezco a Luisito Trelles por el trabajo y lo cogí.

Cuando volví con lo de la maestría, miré COPU y pensé que después de tantos años en el “field” no sabía qué podría añadirme, y ahí vi lo de Gestión Cultural, me pareció full, a fuego, bien flexible.

Mi proyecto de maestría se llama “Corazón Púrpura”. Para la entrevista para entrar a la maestría, “freestylié” algo sobre la lucha libre, estaba con hangoverde que me había acostado a las 5 AM que estaba buscando bichotes para el documental de Vice. A ellos le tripeó y entré. Una de las clases era con Sonia Fritz y había que hacer un documental, y en esos días entraron en la casa de mi Pai y le robaron, entre otras cosas, el “corazón púrpura”. Mi Pai es veterano de Vietnam, de hecho lo que tengo de nacionalismo es anti-Yanki y es por el Ejército de Estados Unidos pues veo lo jodío que están los veteranos como Papi.

Todos mis “papers” fueron sobre eso, y también un documental, un website. Además que me proveería “closure” con mi Papá.

Realmente lo tuve que dejar, por los chavos. También por otros motivos.

Mi idea con el proyecto de maestría es una serie web y que cada capítulo sea liderado por un veterano; el primer “season” es de veteranos de Vega Baja. Quizás es una autocomplaciencia, pero pienso que es el pueblo con más veteranos. Cuando ves la base de Tortugueros, ves cómo la militarización se convirtió en un micromundo. El segundo “season”, que sé yo, con veteranos de Angola en Carolina.

A mí se me da bien lo de mezclar distintas cosas y que funcionen-eso dicen Hiram Martínez y Luis Díaz. Tengo la capacidad de acumular mucha información y organizarla, pero esa capacidad ha ido erosionando.

Para mi escribir es como un “release”.

Y ahora como editor del medio digital El Calce, ¿cómo describes tu rol?

Yo soy periodista, yo no soy un tipo de opinar, si fuera a hacer eso, sería columnista y pa’ eso me pongo a rapear. En El Calcelo que he tratado de hacer es tender un puente. Antes era un vacilón nada más y desde que llegué estoy tratando de combinar la sátira política con rap y deportes. Estoy enMetrodesde el 2017 y El Calcees una parte, son varios.

 Veo que tienes casi un monopolio del Premio a la Excelencia en Periodismo Deportivo del Overseas Press Club, ¿cómo ves la función del periodista deportivo en esta realidad puertorriqueña? Incluso fuera.

Muchos de esos artículos eran investigativos, hice uno de los anabólicos, de tres partes, una de ellas incluso entrevisté un “dealer”. Otro era sobre la trata en el deporte, analizando los buscones en la academia dominicana, parecido con los chamaquitos de fútbol en Europa y América Latina, jodiéndoles la infancia. Me lo gané en el 2007, 2008, 2009, 2010 y 2011, siempre trabajando en Diálogo. Era periodismo investigativo desde el punto de vista del deporte y tenía profundidad.

Yo venía con algo que probar, después de mi salida de El Voceroy venía de la música, estaba “fierceless”, trabajaba en libertad. Me tomaba una semana para trabajar en un escrito, investigar, escribir. Por ejemplo, ¿por qué no hay boxeo en la LAI? Me iba a buscar información en todas partes, y lo cogía con calma. Le agradezco a mucha gente con quien aprendí allí. Sobre todo Odalys Rivera, todos esos premios son de ella, ella me ponía vergüenza y me organizaba. Me decía, “ahora tienes una semana para investigar”.

Mi Jedi Master en el periodismo deportivo es Hiram Martínez, él me enseñó a que mejor pidiera perdón a pedir permiso. A ese yo lo amo. Y esto era en los ‘90, en El Mundo. O sea, en papel, si metía la pata, no había manera de borrarlo, no como ahora que es todo digital y en Twitter, que lo puedes borrar.

En ese tiempo, yo fui a Neuquén y jangueaba con Norman, Paquito, yo era el bebé, estos chamaquitos de ahora me acuerdan a ellos, son nenes viejos.

¿Esos años en Diálogo fueron tus años de gloria?

   Del 2007 al 2010, desarrollando el “craft”, cuando más cómodo me sentí, y fue la época de menor remuneración. Hice otras cosas chéveres también, como con el Centro de Periodismo Investigativo, la entrevista con el palestino. Y dos documentales en 360.

¿Por qué no hay periodismo deportivo investigativo?

No sé, me gustaría hacer algo como E-60.

¿Por qué no hay una sección de deportes en el CPI?

No sé, pregúntale a ellos.

¿Crees que en el periodismo deportivo debería cubrirse más temas sociales y políticos?

 Hay gente que está haciendo cosas chéveres, como Rafael René Díaz, es esperanzador. Chamacos como José (Encarnación), Edwin (Feliciano) y me dan esperanza. Proyectos como Impacto Deportivo por Radio Paz.

¿De qué equipo eres fanático? En Puerto Rico y fuera.

Siempre los “underdogs”. Tengo muchos recuerdos de los Indios de Canóvanas del 1984. Yo jugaba lucha libre con mi Papá en un matre y en ese cuarto teníamos una tele y veía juegos con él.
Mi Papá tenía un negocio en la playa de San Demetrio y Wes Correa iba allí.

¿Dónde es la playa de San Demetrio?

 Mi Papá es de la playa de Vega Baja y mi Mamá de la barriada Sandín, donde vivo ahora que es campo. Mi Papá es de Los Naranjos, unas parcelas, pues soy parcelero. San Demetrio es una urbanización en la playa, de esas urbanizaciones viejas de Puerto Rico. La primera piedra la puso Cantinflas, sí, Mario Moreno.

Estudié en Dorado. De pequeño hablé temprano y ya leía y mis papás me llevaron a coger un examen de IQ y salí alto y desde Pre kínder hasta cuarto año estudié en una escuela bilingüe en Dorado, el Dorado Academy. Pero allí, mis maestros de español me enseñaron a escribir. El de séptimo fue Antonio Bou y Roberto Pérez Mando, quien fuera primera base de los Industriales de Barceloneta en los 90’, fue bien influyente.

Atleta favorito de todos los tiempos boricua? ¿Extranjero?

Cuando Trinidad peleaba eso estaba cabrón y me tocó cubrirlo. Pero siempre recuerdo “el Grito de Atenas”, cuando le ganamos al Dream Team en Atenas; esa noche había un “open mic” en el Nuyorican y fui y declamé un poema, estaba bebiendo desde las 2 de la tarde.  Julio Toro es una figura que me ha impactado, me identifico con él. Julio y Flor, en verdad, son otra cosa.

¿Y ahora?

Me puse a ver NBA…y pues…Después me emocionan cosas, como lo de Alex Cora y después pasó lo que pasó. Yo extraño ir a una cancha, me gusta el deporte de barrio. Recuerdo ver a Kiria pelear. Eso extraño.  No se si estoy cansao’ de los 25 años o de… no sé…Ahora lo que más me pompea es influenciar, ser mentor.

 

Carmen Valle: Recuerdo, relectura, revaloración

 

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

Hace unas semanas murió en la ciudad de Nueva York, donde había vivido por muchos años, Carmen Valle, una escritora nacida en Camuy en 1948 que nos dejó una abundante producción, especialmente en poesía.  Estoy seguro que como poeta es que se le conocerá mejor; como poeta la conocí en Nueva York cuando preparaba una muestra de poesía puertorriqueña producida en los Estados Unidos: Herejes y mitificadores…(Río Piedras, Ediciones Huracán, 1980).  Vivía yo entonces en esa ciudad y me interesaba mucho un grupo de poetas – Miguel Algarín, Miguel Piñero, Sandra María Esteves, Pedro Pietri, entre otros – que escribían en inglés o en una mezcla de inglés y español y a quienes más tarde se les ha visto como miembros de un movimiento cultural que han llamado “Neorican Renaissance”.  Pero descubrí que paralelamente en esa misma ciudad y en otros lugares de los Estados Unidos escribían en español y se identificaban con corrientes literarias insulares e hispanoamericanas otros escritores.  Entre estos estaba Carmen Valle, cuya obra, aunque reflejaba y recogía la experiencia de la diáspora, para entenderla plenamente había que colocarla y enmarcarla en otros contextos.  La poesía de Valle y la de otros poetas, los que escribían en español o en inglés, me servía para establecer un puente entre la Isla y Nueva York, para crear una especie de “guagua aérea” poética.  Ese era mi interés y la obra de Valle, como la de otros escritores cuya obra recogí, me servían para cumplir ese fin.

Por todo ello, la muerte de Valle me ha llevado a pensar en ese momento, tan importante para mí; también me ha hecho pensar en su obra. Como homenaje privado a la poeta he sacado de las estanterías de mi biblioteca libros suyos que he releído a saltos y sin orden, con la intención de avivar el recuerdo con la relectura. Pero ese recuerdo y esa relectura de su poesía guiada por el azar y no por el rigor académico me ha llevado a pensar en la necesidad de una revaloración de toda la obra de esta escritora injustamente ignorada o indebidamente considerada en nuestras letras, las de allá y las de acá, que para mí son o pueden o deben ser una y la misma.  Por ello mismo me detuve en la lectura más sistemática de un libro suyo, Diarios robados(Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1982), una colección de cuentos que me volvieron a deslumbrar una vez más, especialmente ahora que los volví a leer con la idea en mente de que la obra de Valle quedaba cerrada a partir de su muerte.  ¿O aparecerán nuevos textos inéditos?  Con ese proceso en mente – recuerdo que lleva a la relectura que propone una revaloración – es que me he acercado a esta excelente colección de cuentos que debe formar parte de nuestro canon literario.

Y comienzo esa relectura con una especie de mea culpa.  En 1983 apareció publicada una antología de cuentos puertorriqueños que edité – Apalabramiento: Diez cuentistas puertorriqueños de hoy(Hanover, Ediciones del Norte, 1983) – donde no aparece ningún cuento de Valle. El mea culpa es parcial ya que Diarios robadoslleva la fecha de publicación de 1982 pero no había circulado cuando preparaba mi antología.  (Mi copia del libro lleva una dedicatoria de la autora quien fecha la misma en abril de 1983, cuando ya había yo preparado la antología.)  Tampoco y me imagino que por las mismas razones aparecen cuentos suyos en la antología paralela que preparó José Luis Vega ese mismo año: Reunión de espejos(Río Piedras, Editorial Cultural, 1983).  Sorprende, en cambio, que María M. Solá, una estudiosa tan dedicada y responsable, no incluyera a Valle en su muestra de narrativa femenina puertorriqueña – Aquí cuentan las mujeres…(Río Piedras, Ediciones Huracán, 1990) – aparecida ocho años tras la publicación del libro de cuentos de esta.  Esa ausencia, creo, no demuestra una falla de Solá sino que vuelve a demostrar la indebida omisión de esta autora en nuestras letras.  Esas tres ausencias en las antologías de Solá, de Vega y en la mía apuntan a la necesaria incorporación de la producción narrativa de Valle en el canon de nuestras letras.  Definitivamente este es un error que hay que corregir.

Al releer en estos días tras la muerte de la autora Diarios robados quedé sorprendido por dos razones.  Primera, por la alta calidad de los cuentos que se recogen en el libro y, segunda, por la semejanza temática y estilística que hallo en estos y la narrativa nuestra que se producía en el momento.  Valle recoge en su libro trece cuentos, todos muy breves – aunque sólo uno llega a acercarse al micro relatos – y todos con el título de “Diario”, aunque cada uno lleva un número que establece la secuencia del uno al trece, número, este último, poco favorecido por muchos.  (¿Habrá recogido adrede trece cuentos por ese mismo valor simbólico?)   El recurso del diario impone en todos los cuentos una voz narrativa en primera persona y hace del cuento una especie de documento hallado por la escritora: son páginas de diarios ajenos.  Cada cuento lleva la fecha de escritura del documento y este pequeño dato no sólo sirve para darle un tono de verosimilitud – el diario casi siempre va fechado – sino que inserta el texto en un contexto social.  La mayoría llevan fechas de la década de 1970, pero hay algunos de la década anterior y de la posterior.  Sólo uno va fechado en la década de 1950.  Muchos de los cuentos tienen como centro de la acción pueblos puertorriqueños de ese momento – ¿Camuy? – y otros la ciudad de Nueva York.  La geografía del marco de acción y la localización de la trama sirven para ir creando de manera muy indirecta un retrato de nuestro mundo o del mundo que vivió Valle.

Desde el primer cuento nos topamos con la denuncia del machismo y con la crítica de la opresión de la mujer.  Probablemente ese primer cuento – para mí el más logrado de toda la colección – es el que mejor presenta la ideología de la autora.  La página del diario que lo compone la escribe una mujer de un pequeño pueblo que acaba de enviudar.  Sin dejar de sentir y expresar dolor por la muerte de su marido, esta retrata de manera indirecta pero muy efectiva la opresión que sintió toda su vida como esposa y madre.  Es una mujer de clase media acomodada o de clase media alta pueblerina que presenta muy aguda y efectivamente su situación por medio de los gallos de pelea que deja su marido.  Estos se convierten en obvio símbolo de la ideología machista que la oprimió y se contrasta con la imagen del jardín, su mundo, un mundo de liberación.  La protagonista y narradora del cuento se plantea qué hará con las jaulas para gallos y con los animales que deja su marido. Expresa su deseo de convertir ese espacio en su jardín.  Gallos versus jardín; estos se convierten así en imágenes de dos mundos que se oponen y en el optimismo de la libración femenina.

También hallamos cuentos donde se presentan personajes puertorriqueños que han emigrado a la ciudad de Nueva York.  Pero estos no son los obreros que pueblan gran número de los textos escritos por boricuas en esa ciudad.  Son personajes que presentan otra visión de ese ambiente.  Pero ya en “Diario 5”, el más breve de toda la colección, Valle presenta un personaje narrador que se siente inseguro con el manejo apropiado del español.  Con recursos tipográficos la autora va construyendo un texto donde el narrador se corrige y tacha sus errores ortográficos e información comprometedora.

Sin llegar al uso destacado del lenguaje popular que caracterizan la obra de narradoras contemporáneas suyas, como Ana Lydia Vega y hasta Magali García Ramis, podemos ver en estos cuentos que Valle favorece también, aunque más tímidamente, el gusto por esa lengua.  La mayor parte de las veces la lengua popular se cuela en los cuentos por medio de citas a otros personajes que se hacen en los diarios.  Este recurso – el empleo del diario –, recurso que le da una fuerte unidad al texto, también limita las tácticas narrativas de los cuentos ya que para mantener la verosimilitud del género los recursos empleados quedan limitados: un diario es esencialmente el fluir de conciencia de quien lo escribe y, por ello, es difícil incluir otras voces sin romper el estilo del género que se emplea.  Valle logra muy efectivamente incorporar esas otras voces y, a la vez, mantener el estilo del género que le sirve para construir todos sus cuentos.

Mucho más habrá que decir sobre este excelente libro de cuentos que, desafortunada e injustamente, no se ha incorporado a nuestro canon narrativo.  Mucho más habrá que decir también sobre la poesía de Valle.  Me limito por el momento a estas breves observaciones sobre sus cuentos, observaciones que surgen a partir de la relectura que parte de un recuerdo a raíz de la muerte de la autora con la esperanza de que le hagamos justicia a una escritora injustamente ignorada cuando no francamente olvidada.

Estoy – estamos – ante un recuerdo triste, una relectura deleitosa y una revaloración necesaria.

 

11 de mayo de 2020

Gainesville, Florida