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Un País de desempleados

 

ClARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), estimó en un informe del siete de abril que la pandemia del coronavirus (COVID-19), provocará la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo de tiempo completo en todo el mundo entre abril y junio de este año.

En Puerto Rico en las dos primeras semanas de abril las solicitudes por desempleo contaban ya las 112 mil, cifra que se prevé que subirá. Consultados por este semanario varios organizadores sindicales señalaron que más allá de los trabajadores de la salud, (privado y público), incluyendo a los trabajadores de la limpieza, los trabajadores de la cadena alimentaria, trabajadores del sector bancario identificados como indispensables, debido a la cuarentena y toque de queda decretado por el gobierno desde el 13 de marzo, en la práctica el resto de la actividad laboral se encuentra detenida. En el ámbito gubernamental más allá de la policía y otro personal vinculado a la seguridad, trabajan a distancia los relacionados a nómina, contabilidad, personal mínimo del Departamento de Justicia entre otros pocos, y el magisterio el cual merece atención aparte.

Para el portavoz interino de la Coordinadora Sindical, organización que agrupa a otras uniones de diversos sectores, por lo que representa a miles de unionados y unionadas en Puerto Rico, José Rodríguez Vélez, denunció que las medidas adoptadas por la gobernadora Wanda Vázquez son insuficientes ante la crisis que vive el país, ya que el sector privado está desprotegido siendo este el sector más amplio de la clase trabajadora.

“Esta administración ha sido inhumana. Lo hemos visto después del huracán María, con los terremotos y ahora siguen legislando en contra del pueblo. Por eso, la Cámara de Representantes derrotó el proyecto 1538 donde les aseguraba el salario a los empleados más desprotegidos, los del sector privado. Vemos cómo las medidas de la Gobernadora son insuficientes ante la crisis del país más aún para los que laboran en el sector privado”.

Un ejemplo de estas medidas catastróficas dijo se puede ver en los más de 2,000 despidos en los hoteles y que lo único que les ofrecen a estos empleados, que en su mayoría son mujeres, es ir al desempleo. “No es solo una falta de respeto a estas empleadas/os, también demuestra la insensibilidad del gobierno en estos momentos difíciles para todo el país. La Gobernadora solo expresa que va a monitorear la orden del Congreso llamada FamiliesFirst Coronavirus Response Act (FFCRA)y cómo los patronos en la empresa privada van a administrar esos fondos, eso es poner el cabro a velar las lechugas”, censuró el líder sindical.

Añadió que en el sector privado hay industrias que han tenido que detener operaciones totales, como la construcción, cientos de empleados de ventas de los centros comerciales y otros miles de empleados que estarán mucho tiempo sin cobrar. “Si esto se alarga por mucho más tiempo, y no se toman las medidas necesarias para apoyar a la clase trabajadora del sector privado, nos podríamos estar enfrentando a un desastre humanitario de grandes proporciones”.

En cuanto a los despidos por parte de patronos de hospitales privados el portavoz de la Coordinadora Sindical se expresó “creo que somos el único país en el mundo que con esta pandemia está despidiendo trabajadores de la salud. Creo que eso es no solamente anti obrero yo creo que eso es antihumano por decirlo así. El patrono se está justificando que no tienen los suficientes pacientes para generar ingresos, pero esos trabajadores se pueden utilizar en otros lugares de los hospitales”.

Rodríguez Vélez, declaró que desde la Coordinadora Sindical hacían un llamado al gobierno, legisladores y senadores a que aprueben medidas para los empleados/as en el sector privado, sector que está más afectado en términos económicos en estos momentos. “Este es el sector que luego van a necesitar para levantar a Puerto Rico”.

Tampoco dejó pasar por alto el riesgo de que muchos trabajadores “cesanteados” una vez pase la emergencia no regresen a su puesto de trabajo, “el modelo capitalista es así, si el patrono no tiene plusvalía no te va a contratar”.

Por su parte la Federación de Trabajadores de Puerto Rico (FTPR), afiliada a la sindicalAFL-CIO(Federación Americana del Trabajo), también reclamó que el gobierno estatal debe auxiliar a trabajadores del sector privado no cobijados para beneficios de enfermedad en el período del 16 al 31 de marzopor las disposiciones de la ley federal ‘Families First Coronavirus Response Act’.

El presidente de la FTPR-AFL-CIO, José Rodríguez Báez, informó que además se le ha solicitado a la gobernadora que se incluya a representantes de los trabajadores y trabajadoras en el recién creado Task Force de Desarrollo Económico del gobierno.

En cuanto a la inclusión de los trabajadores puertorriqueños en el FFCRA, Rodríguez Báez, explicó que el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos emitió una interpretación en la cual concluyó que la FFCRA no aplicaría a los empleados puertorriqueños o de otras jurisdicciones donde se haya decretado cuarentena previa al primero de abril.

A esos efectos mencionó que envió una carta a la gobernadora el pasado lunes, 30 de marzo en la que solicitó que se disponga del fondo de emergencia para auxiliar a trabajadores del sector privado que atraviesan esta situación. Explicó que esa acción es necesaria si no rinde frutos la reconsideración que sometió la secretaria del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), Briseida Torres Reyes, el pasado 27 de marzo de 2020 mediante carta a la secretaria del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, Eugene Scalia.

“Esta interpretación del Departamento del Trabajo federal se hizo sin un protocolo o guía como mandata la propia Ley FFCRA y va contra la intención del Congreso al aprobar la legislación para beneficio de los trabajadores en medio de la pandemia”, puntualizó Rodríguez Báez.

Afirmó que el Lcdo. Carlos J. Rivera Santiago, de la Oficina de la Gobernadora, le hizo llegar la rápida respuesta de Vázquez Garced de que el asunto está siendo atendido como prioridad en su agenda de trabajo.

“Agradecemos la respuesta de la gobernadora y estamos en la mejor disposición de colaborar en la búsqueda de soluciones. Pero, hacemos la observación de que el tiempo corre y esos padres y familias se quedaron sin cobrar esas dos semanas”, declaró el presidente de la FTPR-AFLCIO.

Comparó que las personas que trabajan por cuenta propia ya han recibido el auxilio de los $500 dólares, mientras los asalariados cesanteados por los patronos no han recibido nada. “Si es correcta la decisión de que había que estar en cuarentena el trabajador no debería perder su salario», defendió. Observó que aunque es cierto que los trabajadores pueden acogerse al desempleo, el sistema de solicitud que maneja el DTRH está teniendo grandes problemas.

También trajo a la atención que los trabajadores de hospitales están siendo obligados a acogerse a una licencia sin sueldo y muchos de ellos no reciben la orientación de que pueden acogerse al desempleo. Los trabajadores, todos que han sido cesanteados y obligados a agotar sus vacaciones en caso de que afortunadamente vuelvan a ser restituidos en sus puestos tendrán que comenzar a acumular vacaciones.

“Lo que quiere decir que el próximo año nadie va a poder coger vacaciones. Esto es un asunto que se debe llevar a discusión, la Federación ha estado haciendo un planteamiento formal de que se abra un proceso de diálogo en el Task Forceeconómico, cómo vamos a estar hablando de un proceso de recuperación y desarrollo económico si el movimiento sindical no está en la mesa”, cuestionó enfático Rodríguez Báez y agregó “porque la fuerza trabajadora es la pieza fundamental que mueve la economía”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cambios en el Sistema de Retiro UPR

 

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquezloez@claridadpuertorico.com

 

Una resolución para detener las acciones de la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico (JG-UPR) contra el Sistema de Retiro fue aprobada por la Cámara y el Senado el sábado 28 de marzo. La Resolución Conjunta de la Cámara 655, propone ordenar a la Junta de Gobierno de la UPR mantener el actual Sistema de Retiro de Beneficios Definidos, detener el aumento en la edad de jubilación y cualquier intención de congelar las contribuciones de los empleados de la UPR al Fondo del Retiro.

La semana antes de esta ser aprobada, el presidente de la Junta de Control Fiscal (JCF) dijo que las acciones en contra de las pensiones de los empleados públicos serían detenidas por la pandemia, alegó Jannell M. Santana Andino, presidenta de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND), en un comunicado de prensa el 31 de marzo.

Sin embargo, el día antes de que la HEEND emitiera el comunicado denunciando la obsesión de la JCF por destruir la UPR, el ente federal envió una carta a la gobernadora, Wanda Vázquez Garced, criticando dicho proyecto de ley y señalando que el mismo es inconsistente con el Plan Fiscal Certificado, ya que no implementa las opciones de reforma de pensiones ni refleja el análisis establecido en el mismo.

En resumen, el Plan Fiscal Certificado para la UPR incluye los siguientes cambios: la congelación del sistema actual de beneficios definidos; la transformación del sistema de uno de beneficios definidos a uno de contribución definida (por ejemplo, los 401K) y el aumento de la edad del retiro de 58 a 65 años.

“Estamos en contra de eso. Primero, que el fideicomiso está solvente, están los estudios que lo prueban, se nutre de las inversiones. Si tú congelas el fondo no vas a tener más entrada de dinero porque no va a haber ningún tipo de aportación patronal, porque van a cambiar al 401k excepto aquellos que ya hayan cumplido los 58 años y los 30 años de servicio, a esa gente ellos los van a dejar con el plan que existe en estos momentos a todos los demás nos moverían a un 401k. Este sistema de contribución definida depende del momento, el mercado, la bolsa, etcétera. El mejor ejemplo lo tenemos con la crisis del COVID-19. Hay gente que está sacando su dinero de los 401k, porque han ido en picada porque son cosas que dependen de la bolsa y de las inversiones para poder tener un dinero”, manifestó Santana.

Igualmente, Representantes Claustrales (Docentes) de la Junta Universitaria (JU) de la Universidad de Puerto Rico (UPR) rechazaron la aprobación del Plan Fiscal de la UPR por considerar los cambios propuestos perjudiciales al Fideicomiso del Sistema de Retiro de la institución.

“Amplios sectores de la comunidad universitaria habíamos reclamado a la Junta de Gobierno de la UPR que no presentaran propuestas de cambios al Fideicomiso del Retiro de la UPR en medio de la crisis del coronavirus por la que atraviesa el país y sin que mediara el insumo y participación de la Junta del Retiro”, expresaron los docentes.

“La información y peritaje del Fideicomiso del Retiro de la UPR está en la Junta del Retiro. La misma está compuesta por representantes activos y jubilados de todas las unidades del Sistema UPR. Cualquier cambio con el propósito de fortalecer al Fideicomiso debe surgir de reuniones con extensa participación de los miembros directivos de esa Junta del Retiro de la UPR. La falta de información, transparencia y participación ha sido la regla en este proceso”.

Los docentes reiteraron la petición a la gobernadora a que firme las resoluciones concurrentes aprobadas por ambas ramas legislativas en contra de la aprobación de los cambios en el Sistema de Retiro

El 3 de abril la Junta Universitaria aprobó unánimemente una moción a los efectos de apoyar el que la Junta de Gobierno no efectúe cambios en ninguna de las condiciones existentes al Fondo del Retiro hasta tanto se hayan efectuado todas las reuniones necesarias con la Junta de Retiro y los cambios potenciales al Fondo del Retiro reflejen el producto del consenso de ambos cuerpos.

Los representantes claustrales mencionaron que las recomendaciones presentadas por la Junta de Gobierno carecen de información y evidencia que justifiquen las mismas. Aún más, estas contradicen la información que continuamente ha presentado el presidente de la Junta de Retiro, el doctor Eduardo Berríos.

Este sector mostró preocupación ante el hecho de que las recomendaciones presentadas por la Junta de Gobierno no consideren las recomendaciones del estudio actuarial de la firma Cavanaugh que establecen, entre otros argumentos, que los cambios propuestos traerán insolvencia al Fondo del Retiro y obligará a la UPR a identificar cerca de $500 millones en fondos anuales adicionales para absorber los pagos de las pensiones.

También enfatizaron que el Fideicomiso del Retiro está solvente: “Se nutre de las aportaciones de los activos, la aportación patronal y los réditos o ganancias en el mercado de inversiones. Sin embargo, la propuesta de transformación del Fondo del Retiro limita las fuentes de ingreso y obligan a la venta acelerada de los valores en cartera de inversiones para poder pagar la nómina de los ya jubilados. Dentro de estos nefastos escenarios, las recomendaciones de la Junta de Gobierno no describen o garantizan como ellos responderán a su obligación de velar por la perpetuidad del Fondo del Retiro. No se pueden efectuar cambios al Fideicomiso del Retiro sin que haya participación de los directivos de la Junta de Retiro en esa discusión y decisiones» resumieron los representantes claustrales.

EDITORIAL: Respuestas contundentes y medidas firmes ante el COVID-19

 

Al cierre de estas líneas, Puerto Rico se acerca al millar de casos confirmados de COVID-19, con un saldo de 45 personas fallecidas. De las 955 personas que sobreviven contagiadas, según estas cifras, no sabemos cuántas se han recuperado ni cuántas están hospitalizadas aún, o en condición severa o crítica. Sí se sabe que el número de pruebas realizadas no llega a 8,000 en una población de 3.5 millones de personas.

El secretario de Salud, Dr. Lorenzo González, ha dicho que, después de un mes de cuarentena y duras medidas de distanciamiento social, el departamento que dirige ha podido confirmar que existen casos de COVID en 60 de los 78 municipios de Puerto Rico. Sería un paso afirmativo contundente que, además de identificar la cantidad de municipios con contagio, el Secretario pudiera informar cuáles, si algunas, son las medidas inmediatas que se han diseñado para evitar que el virus se propague a los 18 municipios restantes. Evitar que la población en 18 municipios de Puerto Rico se contagie debe ser un objetivo prioritario de salud pública para el Departamento de Salud y el “task force” nombrado por la Gobernadora.

Son muchas otras las preguntas por las que se espera una respuesta urgente. Por ejemplo, ¿qué avances ha habido en el desarrollo y puesta en vigor de la herramienta de rastreo de contactos con los contagiados anunciada por los epidemiólogos del “task force”?  ¿Cómo y dónde está funcionando, y a qué nivel de contactos se ha llegado hasta ahora? ¿Solo hasta los primarios o se ha llegado más allá?

Si es cierto, como afirman los expertos en el mundo entero, que la mitad de los contagiados de COVID-19 no presentan síntomas, es también crucial que las autoridades sanitarias den a conocer ¿qué gestiones, si alguna, se realizan- después del abortado contrato de $40 millones- para conseguir en el mercado mundial una cantidad sustancial de pruebas? Esto es lo único que nos permitiría conocer realmente el alcance de la infección en la población, y diseñar las medidas para aislar efectivamente a los contagiados.

Una última pregunta cuya respuesta es fundamental tiene que ver con el rastreo de los viajeros que aún están llegando a Puerto Rico del exterior y las medidas que se diseñan para evitar que sean propagadores del virus. Según los medios han informado- y las autoridades no lo han desmentido- las personas que están llegando a Puerto Rico a través del aeropuerto Luis Muñoz Marín, proceden principalmente de Nueva York, Nueva Jersey, Florida e Illinois, áreas de Estados Unidos dramáticamente afectadas por el COVID. La Gobernadora ha ordenado que a todas se les tome la temperatura y se les advierta que deben guardar la cuarentena por al menos 14 días. Una vez fuera del aeropuerto, ¿ quién rastrea a estas personas para que guarden la cuarentena en aislamiento y no se desplacen a su antojo por el país? ¿Por qué dejar que sean los recién llegados, según su propio criterio, quienes determinen si van a seguir o no las recomendaciones que se le indican? Se sabe que algunos de estos recién llegados han presentado síntomas de contagio con el virus y recibido tratamiento. ¿Saben las autoridades quiénes son y dónde encontrarlos a ellos y ellas – y a sus contactos- presenten síntomas o no? Hoy, la respuesta a esta pregunta es NO. Y nuestro reclamo debe ser enfático. Lo natural y justo sería  hacer lo que hacen todos los países soberanos del mundo. Cerrar el aeropuerto y prohibir hasta nuevo aviso los vuelos desde lugares de alto riesgo. Por la condición colonial de Puerto Rico, dicha autoridad reside en la Administración Federal de Aviación y, hasta hoy se desconoce  qué gestiones, si alguna, ha realizado el gobierno de Puerto Rico con el gobierno de Estados Unidos para que se detenga la llegada de esos vuelos. Mientras tanto, no debe llegar un vuelo más a Puerto Rico en estos días, sin que las personas  sean aisladas obligatoriamente  durante 14 días y se obtenga de ellas toda la información pertinente para su rastreo y vigilancia continua durante dos semanas. Ese es el  lapso  máximo de la ventana para presentar los síntomas de contagio de COVID.  Si esto no se hace, nadie podrá impedir que sigan entrando a Puerto Rico  personas con el virus y diseminándolo por todo el país.

No tenemos que inventar la rueda para intentar contener la expansión del COVID- 19. Ya existe un consenso mundial sobre qué hacer para evitar su propagación masiva. En esta misma edición, se presentan los esfuerzos realizado para contener el virus en Cuba y Vietnam, con cifras y resultados sobresalientes, que hablan por sí solos. En el caso de Puerto Rico, tal resultado también es posible. Contamos con recursos de todo tipo suficientes para poder contener esta epidemia, siempre que se tenga un objetivo claramente definido y se ejerza un liderazgo firme. Ya entramos en la segunda fase de la cuarentena que, según los cálculos más optimistas, deberá mantenerse en vigor por lo menos hasta el mes de mayo.

Estamos seguros de que la inmensa mayoría de las personas en nuestro país está dispuesta a seguir haciendo lo que le toca para detener el contagio. Pero hace falta más certeza en el liderazgo gubernamental y sanitario. Informar los números de contagios y de fallecidos cada día no basta. Hacen falta respuestas más contundentes a nuestras preguntas, y medidas más puntuales y firmes en la administración de pruebas y el rastreo de contactos.

Celestino y el paracaídas

Rafael Acevedo/E Rojo

 

Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.»
He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Altazor, Vicente Huidobro

 

Celestino quería encontrarse con su destino. Y no lo lograría en su pueblo. A 40 metros del nivel del mar, el Atlántico. Un pueblo al este de una isla en el Caribe. Corriendo en dirección a la Sierra de Luquillo -Fajardo es casi todo una llanura- Celestino siempre pensó en la altura. En la cima de la montaña más alta. En esa vista panorámica desde más allá de las nubes. Sin embargo, es difícil imaginar un futuro glorioso en un pueblo cuyas únicas glorias -según mister Seguí, maestro de historia de la escuela intermedia- era haber sido amenazado dos veces con ser bombardeado por el ejército más poderoso de la tierra.

La primera vez fue en el 1824. Un oficial norteamericano había recalado en el puerto buscando provisiones para continuar la persecución de los últimos piratas que cometían sus fechorías por estas aguas. Había sido maltratado de palabra por el funcionario insular. A su regreso al barco informó el suceso. Entonces, el comodoro Porter envió aviso al alcalde del pueblo. O se excusaba o desaparecía el pueblo a cañonazos. El alcalde se excusó y le ofreció hasta una finca y la administración de un faro cerca de las Cabezas de San Juan con una bahía luminiscente incluida. Celestino no recordaba la fecha dictada por mister Seguí porque se imaginó volando en un dirigible hacia el barco enemigo.

La segunda vez fue en Julio de 1898 cuando el general Miles estaba listo para desembarcar por la laguna cuando un espía le mostró un mapa y lo convenció que era más cómodo invadir por el sur. Esa fecha, más cercana, más célebre, la tenía bastante clara.

Celestino, adolescente, tenía aquellas historias en la mente junto a las noticias sobre la guerra en Vietnam. ¿Qué mejor oportunidad para la gloria que ponerse el uniforme y saltar en paracaídas en el mismo centro de Hanoi?, pensó. Él quería ser paracaidista como había visto en alguna película en el cine Ideal que todavía conservaba el eco lejano de una presentación de Gardel antes de que Celestino naciera. Así que no bien aparentaba la edad suficiente Celestino, como quien dice, tomó un automóvil sentimental y una tarde, soñando con paracaídas murmuró «Entre una estrella y dos golondrinas.» sin pensar en la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae. En otras palabras se hizo voluntario y fue a parar a Vietnam.

La selva era similar al monte. Era la sierra de Luquillo sin vista al mar. Otra diferencia era olor a muerte. Ahí estaba cargando un fusil, caminando sobre el fango, pensando en que hay que sobrevivir. Pensando en lo que había en la mesa de su casa en las tardes.

En casa, decía, siempre había arroz y habichuelas. Y plátano. Y café. Y algún pollo o carne de cerdo. No siempre. Pero casi siempre. Allá, en Vietnam, contaba, mis c rats favoritas eran jamón y revoltillo y jamón con habichuelas blancas. La carne condimentada tampoco estaba mal. A mucha gente le enviaban salsa Tabasco desde casa para animarlos un poco y darle sabor a la comida. El agua de la cantimplora con pestañas de halazone sabía horrible, explicaba, así que también nos enviaban paquetes de Cool Aid. Para calentar las comidas uno hacía lo de siempre. Buscar madera seca y usar los fósforos. Pero a veces la humedad y la lluvia hacían que aquello fuese difícil. Afirmaba que algunos que ya estaban locos usaban explosivos C-4. Podías pellizcar un pedacito y encenderlo. Como al principio de la guerra yo no fumaba, cambiaba cigarrillos por salsa Tabasco y Cool Aid. Hasta que comencé a fumar yo también. Cualquier cosa. Y las anfetaminas de los kits de salvamento de los pilotos también las conseguía usando el viejo trueque, confesaba. Les dábamos a los niños vietnamitas los dulces, las galletas y los paquetes de chocolate caliente que venían en algunas raciones. Mi unidad siempre estaba en el campo, recordaba, por lo que recibíamos una comida caliente al día la mayor parte del tiempo. Cuando no era así, ahí estaban las C rats para las comidas y un poncho de goma como techo. Cuando te mataban, el poncho también era tu mortaja. Por poco muero una vez, afirmaba sin saber que habría otra vez.

Aquella vez, la primera, fue una tarde -el sol anaranjado comenzaba a esconderse-. Iba en un jeep conduciendo. En Vietnam aprendió a guiar standard. Y a volar. Voló por los aires en cámara lenta. No escuchó el trueno. No escuchó la explosión. Vio como se levantaba por encima del jeep y caía lentamente junto a tres soldados más, cada uno por su lado. Era como viajar en un extraño paracaídas. El que iba de pasajero a su lado derecho había perdido el rostro y sin embargo parecía dirigirle una mirada cada vez que daba una vuelta en el aire, una, dos, tres veces. Él sintió como algunos arbustos lo rasgaban hasta que cayó al suelo. Cuando abrió los ojos estaba en un hospital en Japón.

Estuvo dos semanas entre la inconsciencia y el delirio. Para él, el vuelo desde el Jeep al suelo habría durado dos semanas. Como si hubiera flotado con un paracaídas invisible y una voz lejana le susurrara al oído una nana en lenguas angelicales. En realidad todo duró apenas unos segundos. En algún momento escuchó las hélices de un CH-46 Sea Knight. Fue lo último que recordó de aquel encuentro con la muerte. Luego supo, mientras aprendía a olvidarse del dolor que era el único sobreviviente. Solo había perdido un poco de visión por el ojo izquierdo y algo de movilidad en su pierna derecha. Pero así volvería a casa. Un año de hospitalización después.

La Sierra de Luquillo todavía estaba allí. Él decidió ir al otro lado de la montaña. San Juan. Se fue a la universidad tan nervioso como estaba. Lejos ya de los escenarios de la guerra llegó a estudiar a Río Piedras en medio de las protestas contra el servicio militar obligatorio. en la que meses antes había estado hasta volar por los aires. Y a Celestino le parecía bien que algunos de sus amigos del pueblo estuvieran en contra de aquella atrocidad pero él estaba en otro asunto. Demasiado fresco el recuerdo. Escuchando música. Fumando de la buena. Evitando pasar por el ROTC, aquel edificio que remedaba un castillo de juguete.

Eran las ocho y treinta de la noche de aquel día de marzo cuando Celestino casi muere por segunda vez. Aquella tarde, cuando comenzó la refriega entre estudiantes, cadetes y policías, él ya estaba en su hospedaje en los altos de la Óptica Sixto Pacheco. Tranquilo, pero hasta allá sonaron los tiros y los gritos. Mientras subían estudiantes a refugiarse Celestino salía de su cuarto y se asomaba al balcón. En el balcón, en la calle, la luz parpadeante del neón que anunciaba la Óptica Sixto Pacheco convertía a las figuras en fantasmas blanquecinos, luego en oscuras siluetas. Abajo, en la calle, unos policías de la fuerza de choque apaleaban a un muchacho. Celestino se colgó del balcón entre el letrero de neón y una muchacha. Se unió al coro de voces mira cabrón, abusador. El joven oficial que respondió a los gritos los invitó a pelear abajo, en la calle. Entre el parpadeo distinguieron al policía más agresivo. Fuerte, joven, negro. Mira, allá no quieren a los morenos y tú aquí defendiéndolos. El oficial no habló mas. Se volteó un poco hacia su derecha. Apuntó su arma directo al balcón y disparó. La bala pasó caliente por el cuello de Celestino. Era como estar en una película. Todo el mundo al suelo. Se sintió volando en medio de una estrella y dos golondrinas y así llegó a su habitación para buscar un paño con el que detener el sangrado. La decena de personas que lo acompañaban estaban ya de pie, gritando, pidiendo ayuda. Un cuerpo aún estaba aún en el suelo.

La bala que había calentado el cuello de Celestino fue a alojarse en la cabeza de una muchacha que ni siquiera había abierto la boca. Ahora estaba en el suelo. El se acercó, volteó a la muchacha pensando que estaba muerta. Parecía mover los labios y los ojos. Trató de entender acercando el oído. Pensó entonces que eran puros reflejos involuntarios. Entre cuatro la cargaron por las escaleras hasta la calle. Los policías, se lo buscó, no hicieron gran cosa. Caminaron con ella. Celestino sangraba pero que importaba eso a un muchacho que había volado por los aires en Vietnam. En la esquina de la avenida Gándara pidieron ayuda. Justo frente a la universidad volvieron a pedir ayuda. Esta vez un patrullero se apiadó de ellos y los llevó al hospital más cercano. Una hora después, quizás dos horas, la muchacha dejó de respirar. Días después fue que Celestino entendió que había escapado otra vez de la muerte.

A lo que no pudo escapar, en los meses siguientes, fue a la prensa. Lo dieron por loco. Había declarado como testigo en vistas en alzada y en los periódicos. Había contado todo lo que vio entre las luces de neón de la Óptica Sixto Pacheco. También testificó su siquiatra, el siquiatra del estado, un sicólogo, que estaba nervioso, que estaba muy tenso, que tenía un diagnóstico de esquizofrenia. Por supuesto que estaba nervioso. Apenas hacía dos años había volado por los aires junto a otros muertos y ahora recordaba haber visto un aeroplano lleno de escamas y caracoles mientras flotaba y volaba y lo llevaban a Japón a sanar sus heridas. Apenas hacía un mes había muerto su hermano. Y ahora él recibía un balazo en el cuello en la Avenida Universidad y había cargado a una muchacha moribunda con un tiro en la cabeza. Razones tenía para estar nervioso. Alterado. Razones para beber su ron con anís y fumar su pasto. Y así estuvo dos años en un viaje.

Razones tenía para asistir al Festival de Mar y Sol dos años después de aquel balazo. No importó que se conmemorara aquella semana la entrada a Jerusalén, la última cena, el viacrucis, la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. A fin de cuentas, Celestino había resucitado dos veces. Había escapado de la muerte dos veces. Nadie como él podría haber cantado entre murmullos un poema viejo apenas conocido. La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer. La vida es una mina que estalla y sobrevives. Un año en un hospital en Japón y sobrevives. Un disparo cruel, injustificado en tu cuello y sobrevives. Una muchacha que sangra con un tiro en la cabeza cargada en tus brazos y ella no sobrevive. Tú sobrevives.

Y llegó temprano al Festival, el primer día. Junto a Vanesa. Un muchacho de Saint Croix, Gilligan, estaba allí con los primeros mil. Le llamó la atención que el muchacho, ¿cómo se llamaba? había hecho una caseta con los restos de un paracaídas. Y Celestino le contó, le explicó, le hizo reír, hablándole de su corta vida como paracaidista. Y como no había demasiado pasto probaron cualquier cosa y vamos cayendo, cayendo desde el punto del hemisferio celeste situado sobre la vertical del observador -por algo me llamo Celestino, es mi destino- al punto más bajo, más bajo bajo mis pies mientras miro la esfera celeste. Y eso fue el viernes, quizás el sábado, Y al pronunciar mi nombre queda el aire manchado de sangre para que se envenene el olvido.  Celestino no supo que Christopher, Gilligan era su apellido, había muerto el mismo viernes a manos de un muchacho que salió de allí cargado por sus amigos mientras cantaba Billy Joel. Amanecía el ´sábado, quizás el domingo ¿ya había cantado Alice Cooper? Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, Vanesa ven, vamos a bañarnos en el mar, flotas buscando el aire en el desaire, porque ése es tu destino, tu miserable destino. Ah, mi paracaídas, azul celeste, que me viene a buscar desde el fondo del mar, para llevarme a lo más alto. Entonces esa tarde, quizás fue en la madrugada, mientras Alice Cooper lanzaba una bomba de humo en el escenario, Celestino se convirtió en el paracaidista que surcaba el cielo por encima del faro y la bahía. Quizás para siempre o nunca. Vanesa, la pobre, se fue con él.

Vietnam, ejemplo mundial en lucha contra el COVID- 19

 

Análisis de noticias

Por Redacción de Claridad

Hace 45 años Vietnam era un país en ruinas. Terminaba la sangrienta guerra de agresión que mantuvo en su contra Estados Unidos luego de 15 años de inmisericorde ataque militar, durante los cuales las fuerzas armadas del imperio más poderoso de la humanidad estrenaron las más sofisticadas armas de destrucción química disponibles en ese momento,  como el incendiario napalm y los poderosos contaminantes que envenenaron el aire, el suelo y las aguas de Vietnam.  Aunque el pueblo vietnamita ganó la guerra, perdió más de dos millones de vidas como consecuencia del conflicto y toda su infraestructura quedó totalmente destruida. Tras el fin de la guerra y la reunificación del país en 1975, la reconstrucción y desarrollo de su infraestructura y economía les ha tomado 45 años. Hoy, Vietnam tiene una de las economías de mayor desarrollo en el sudeste asiático, y entre 2002 y 2018, más de 45 millones de vietnamitas salieron de la pobreza, según datos del Banco Mundial.

Ante un panorama así, era lógico pensar que el COVID-19 sería un reto de grandes proporciones para esta nación de 97 millones de habitantes, una de las más densamente pobladas de la región, y que tiene frontera con China a lo largo de casi 700 millas de su territorio. Sin embargo, al cierre de estas líneas, las estadísticas del COVID 19 en Vietnam son sorprendentes: 265 contagios confirmados y 0 muertes. Se han recuperado 118 personas, y  de los restantes, solo 3 son casos severos o críticos. Esto, de acuerdo a la herramienta www. worldometers.com, que registra los datos más relevantes sobre la pandemia en cada país del mundo.

¿Cómo es que Vietnam está a punto de ganar su “guerra” contra el coronavirus? Con medidas puntuales de prevención, detección y rastreo dice Rodion Ebbighauser, editor para Asia de la agencia de noticias alemana Deutsche Welle. Según el periodista, la respuesta está en las medidas tempranas adoptadas. En su artículo sobre el tema, Ebbighauser señala que desde la celebración del nuevo año lunar en enero pasado, el gobierno de Vietnam declaró la “guerra” al coronavirus, aunque todavía no había un solo caso en el país. El primer ministro Nguyen Xuan Phuc le dijo a la población que “luchar contra esta epidemia es como combatir un enemigo”, adelantándose a los acontecimientos que luego habrían de estremecer a la región y al mundo. Esto se hizo para tratar de evitar que la infraestructura sanitaria del país colapsara ante el avance de la pandemia. El periodista destaca que en ciudad Ho Chi Minh (antes Saigón), una metrópolis de 8 millones de habitantes y capital del país, solo cuentan con 900 camas de cuidado intensivo, cantidad muy por debajo de lo necesario para atender una crisis sanitaria de esta magnitud.

Desde principios del mes de febrero- incluso antes de que se implantaran en China- el gobierno de Vietnam adoptó rigurosas políticas de cuarentena, control de aeropuertos y entrada de personas al país, y el trazado meticuloso de todas las personas sospechosas de haber estado en contacto con el virus. Tan temprano como el 12 de febrero, se colocó en cuarentena por tres semanas a un pueblo entero de 10,000 habitantes, cerca de la ciudad de Hanoi. En ese momento, solo había 10 casos confirmados en todo el país. Por otra parte, el rastreo riguroso de posibles contagios llegó tan lejos como a la tercera y cuarta etapas de contactos. Dichas personas fueron puestas bajo un estricto sistema de vigilancia y se les restringió el movimiento y posibles contactos con terceros. Desde bien temprano, los viajeros desde lugares de alto riesgo, fueron puestos en cuarentena obligatoria de 14 días. Todas las escuelas y universidades también cerraron desde febrero.

Además, se hizo masiva y constante la diseminación de información sobre el virus a través de los medios y redes sociales, y se exhortó a los viajeros en aeropuertos y hoteles, de destinos de procedencia y número de vuelo señalados, a reportarse al ministerio de Salud a través de una línea telefónica dedicada, y registrarse con las autoridades.

Más recientemente, desde el pasado 9 de abril, el gobierno ha decretado que cualquier persona que acuda a una facilidad médica por cualquier motivo, se le hará la prueba de COVID 19. Igualmente, a todo visitante a la ciudad capital (Ho Chi Minh), vía aeropuertos, trenes, estaciones de autobús o transporte privado, se le requerirá hacerse la prueba. Además, se ha intensificado el distanciamiento social y suspendido los viajes de alquiler en motocicletas a la ciudad de Hanoi.

Una medida crucial fue la movilización de las fuerzas armadas en la prevención e implantación de las medidas obligatorias de distanciamiento social y cuarentena. El artículo de Ebbighauser señala también como factores importantes la madurez social de la población y la retórica combativa del gobierno que ha logrado convertir a la gente en su aliado contra la pandemia. El gobierno invitó a cada empresa y negocio, a cada comunidad residencial y a cada individuo a unirse para prevenir la epidemia, tocando la fibra social de una población que se enorgullece de su capacidad para unirse en las crisis y tolerar sacrificios y limitaciones.

Según sondeos realizados a través de las redes sociales, la mayoría de las personas aprueba las medidas adoptadas por el gobierno y se sienten orgullosos de haber podido contener el avance del virus en su país hasta este momento. También se expresa mayoritariamente dispuesta a asumir los costos económicos de la crisis que, sin duda, tendrán un efecto desacelerador en el avance del país. Los sectores principales de la economía de Vietnam,  son los textiles, alimentos, muebles en madera, producción de plástico y papel, el turismo, las telecomunicaciones y la agricultura. Esta última representa 14.7 % del ingreso nacional bruto y emplea el 39.4% de la fuerza trabajadora.

El gobierno ha destinado un sustancial incentivo económico equivalente a US $2.7 billones para reactivar la economía. Igualmente, se han importado 200,000 pruebas desde Corea del Sur y se limitó la exportación de arroz, uno de sus principales productos de exportación, para garantizar la seguridad alimentaria de la población. En el renglón de la solidaridad con otros países, Vietnam envió 450, 000 uniformes de protección a Estados Unidos para asistir a los profesionales y trabajadores de la salud en dicho país, y donó 550,000 mascarillas a 5 países europeos en apoyo durante la pandemia.

 

(Datos tomados de Deutsche Welle, Banco Mundial y Santandertrade.com)