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UPR 2021: La comunidad universitaria en pie de lucha

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Solo la movilización de la comunidad universitaria junto a toda la comunidad puertorriqueña logrará defender la Universidad de Puerto Rico (UPR) de los ataques de la Junta de Control Fiscal (JCF). A esta movilización debería unirse también el presidente, Jorge Haddock.  Así lo plantearon el recién electo senador por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), Rafael Bernabe, y el profesor Jorge E. Lefevre Tavárez, miembro de la Junta Nacional de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU).

La exhortación surge a raíz del reconocimiento del presidente Haddock, durante las vistas públicas de transición, el miércoles 17 de diciembre,  de que desde 2017 la UPR ha tenido un recorte de $333 millones en asignaciones del Gobierno. El presidente admitió que la UPR no aguanta un recorte más.

“El resultado de ese recorte ha implicado aumentos brutales en los costos de matrícula para los estudiantes, deterioro de las condiciones de trabajo de los empleados universitarios y la amenaza constante de desmantelar el sistema de retiro de estos empleados. También ha impactado negativamente la infraestructura de la Universidad. Todo esto ha tenido efectos negativos sobre el trabajo de enseñanza e investigación que se desarrolla en la UPR”, sostuvo  Bernabe, quien es profesor de Estudios Hispánicos de la UPR,  Recinto de Río Piedras.

El profesor recién electo senador trajo a la atención que el planteamiento de Haddock de que la UPR ya no puede aguantar un recorte más  fue la posición de Pedro Pierluisi en su campaña.  “Sin embargo, la Junta de Control Fiscal insiste en imponer más recortes a la UPR. Exhortamos al Presidente Haddock, si de verdad quiere defender a la UPR ante los nuevos ataques de la Junta Fiscal, a que convoque a los universitarios para oponerse a recortes adicionales”, manifestó.  

Bernabe indicó que como senador se propone someter proyectos de ley en defensa de la UPR tan pronto inicie su gestión en el Senado. Los proyectos estarán dirigidos a una reforma universitaria que respete su autonomía fiscal y a defender el retiro de sus empleados. “Sin embargo, la defensa principal de la UPR tiene que venir de la propia comunidad universitaria y del país. La movilización es clave para rescatar nuestra universidad de los ataques que ha recibido y sigue recibiendo por parte del Gobierno y de la Junta de Control Fiscal”, subrayó.

Por una reforma universitaria

El profesor Lefevre Tavárez coincidió en que desde el punto de vista de la APPU sí debe haber una movilización de todo el país liderada por la comunidad universitaria.

Sobre el emplazamiento a Haddock, argumentó que desde que este  llegó a la presidencia fue cómplice  de los recortes.  “Ahora se puede decir que tiene una posición un poco distinta. Ya no está avalando los recortes y el aumento en la matrícula, sino que dice que la Universidad ya no aguanta más. Dentro de todo, vemos eso como un adelanto porque ya no está siendo cómplice fácil de la JCF, así como fue del gobierno de Ricardo Rosselló y de Wanda Vázquez, que a través de la Junta de Gobierno de  la UPR imponían también esas mismas políticas de recorte”, denunció.

Lefevre Tavárez reiteró que como presidente, Haddock debiera movilizar a la comunidad universitaria y a todo el país para defender a la UPR. Añadió que la posición de la APPU es que no solo se deben detener los recortes, sino que se deben  revertir los recortes que ya se han hecho. Agregó que la posición histórica desde que se detuvo la fórmula del presupuesto tanto de la APPU como de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND)  y la comunidad estudiantil es que esta se restituya. La fórmula, mediante la cual se asignaba el presupuesto a la UPR, establecía que un 9.6% de los fondos que llegaban al Fondo General del Departamento de Hacienda serían para la UPR, lo que le daba  cierta estabilidad a la Universidad.  Cuando se hizo la ley se entendía que era suficiente para que la Universidad pudiese cumplir con su misión de ser una  pública, accesible y de calidad.

En cuanto a los proyectos que se propone presentar el senador Bernabe, Lefevre Tavárez coincidió en que la APPU estará impulsando los proyectos de ley que provienen de la misma comunidad universitaria. Uno, el que se presentó este cuatrienio de reforma universitaria, es producto de varios  años de trabajo del Comité Multisectorial de Reforma Universitaria (MSRU) y en él participaron profesores, estudiantes, trabajadores de la UPR y personas de la comunidad.  “Es el consenso más importante que se ha visto para hacer una reforma. Nosotros apoyamos desde la calle esas propuestas  este año, que fue cuando se presentó, y ahora la tendremos que apoyar desde el espacio legislativo. El otro es en relación con el plan de retiro, el cual  también se presentó en este cuatrienio. Esa primera movilización que le exigimos a Haddock sería un paso adelante, pero todavía hay mucho más que hacer”, insistió

En esa línea denunció que Pierluisi fue  el único candidato a la gobernación durante la campaña eleccionaria que no asistió a un conversatorio individual que organizó la APPU con cada uno de los candidatos a la gobernación. La lectura de la APPU, dijo, es que muy posible que no haya comparecido porque no le convenía asistir. “No habló mucho de la UPR durante toda la campaña. Lo más que dijo fue que no estaba a favor de más recortes. No es la peor postura, pero nosotros necesitamos mucho más. Él ha sido muy tímido. No debemos de entrada ir de una manera negativa, pero la UPR requiere mucho más. No es solo oponerse a los recortes, sino revertir los que se  han hecho y volver a la fórmula universitaria, defender  el sistema de retiro. Sobre eso es lo que habrá que emplazar también al próximo gobernador en enero”.

Otro cambio de postura del presidente que señaló tiene que ver con la permanencia de los 11 recintos. Contrario a la postura de la APPU, al inicio de su presidencia  Haddock y la Junta de Gobierno de la UPR  llevaron la propuesta de consolidar recintos.  “La APPU defendió los recintos. Aunque para  alguna gente le suene mucho, realmente eso es parte del proyecto universitario original de llevar la educación a todo el país. Se puede hacer mucho más, pero la defensa de los 11 recintos es fundamental dentro de la visión de la universidad de la APPU. Además de que cada recinto tiene su propio enfoque y fortalezas, no se está repitiendo el mismo modelo. Hay  programas únicos en cada recinto”.  

Los estudiantes del próximo semestre

Más allá de las expectativas de una posible movilización para este nuevo año, los estudiantes que llegarán a la Universidad  se habrán  graduado de escuela superior lidiando primero con las interrupciones que provocaron los huracanes Irma y María, luego los terremotos —en particular los del área sur— y luego, la pandemia. El profesor Lefevre Tavárez reconoció esta situación y se expresó de acuerdo con que la administración universitaria haya acogido la propuesta de la Federación de Maestros de no exigir la prueba del College Board. Comentó que esta propuesta también se está dando de otra manera en Estados Unidos.

“Estos años han sido, como mínimo, irregulares y de la misma manera que la APPU ha trabajado para que no se evalúe a los profesores como si estuviésemos en condiciones regulares tampoco podemos hacer lo mismo con los estudiantes. Aquí puede haber personas con visiones diferentes en la Junta de Gobierno, pero desde la APPU y el resto de la comunidad universitaria entendemos que la UPR no es un proyecto para sacar dinero ni enriquecer a nadie. Es un proyecto educativo público, accesible, y la función de la Universidad está para que esos estudiante puedan entrar y aprovechar ese espacio de aprendizaje y transformación”.

Indignante

En tanto, la presidenta de la Hermandad, Jannell Santana Andino, calificó de indignante que ahora el presidente Haddock venga a decir que los recortes no son manejables “cuando estamos hablando de la misma persona que cuando comenzó decía que todo era manejable. Me causó  mucha indignación y coraje escuchar parte de las vistas donde Haddock solo alardeó de lo que él había logrado en la UPR, que es una  institución centenaria. No había sido nada hasta que él llegó… Eso me causó mucha indignación”, declaró a CLARIDAD la líder sindical sobre la ponencia de Haddock en las vistas de transición.  

En tono enfático, Santa Andino apuntó que el  presidente debería  empezar por  hacer recortes en su nómina de confianza, incluyendo su salario y otros beneficios, como la asignación de una plaza de catedrático.

“Se han creado una serie de vicepresidencias con salarios altísimos. Es ridículo el mal manejo del dinero”. Trajo de ejemplo que uno de los asuntos presentados por la Hermandad a la Junta de Gobierno es el contrato de la compañía privada Oracle Cloud, por la cantidad de $782,449, para hacer el trabajo de los compañeros de la Oficina de Sistemas de Información. Denunció que la compañía ahora maneja y tiene toda la información de todos los empleados de la UPR.

La presidenta de la HEEND no dudó en expresar su apoyo a la convocatoria de una movilización. “La Hermandad y muchas de las organizaciones nos hemos unido en la defensa de la UPR porque nosotros estamos claros de que la Universidad hay que mantenerla y también tenemos claro de que esta gente, el Gobierno y la JCF, lo que tienen es una agenda contra a UPR”.

2021:Continúa el cierre de pequeñas y medianas empresas

 

CLARIDAD

 

Lo más seguro que se tiene respecto a la economía para este próximo año es que cientos de  pequeñas y medianas empresas (PYMES) en la isla estarán en riesgo de desaparecer como consecuencias de las imposiciones arbitrarias del Gobierno —los cierra y abre— con el fin de detener la pandemia del coronavirus, (COVID-19). A juicio de la economista Martha Quiñones Domínguez, cada día que pasa y que se mantienen los cierres se amplían los costos para estos empresarios.

 En entrevista respecto a los costos que ha dejado la pandemia en la economía en este año que termina, Quiñones Domínguez señaló que ya el economista Joaquín Villamil había estimado que en los primeros tres meses el impacto de la pandemia  representó cerca  del 5% de toda la producción anual de Puerto Rico, es decir, el producto interno bruto (PIB).  De acuerdo a estimados del propio Gobierno, el impacto acumulativo del COVID-19 en la economía de Puerto Rico ronda en los $6,600 millones que se distribuyen, aproximadamente, en $800 millones durante el año fiscal 2020 y $5,800 millones en el 2021.

 A la luz de esos números lo que sí se sabe es que las pequeñas y medianas empresas de Puerto Rico están en riesgo de desaparecer  mientras continúen las restricciones para evitar los contagios del COVID-19. Aun cuando la mayoría de los negocios ha sufrido el impacto de la pandemia, solo los supermercados y farmacias se han beneficiado, a pesar de tener que invertir.

 De acuerdo a Quiñones Domínguez, los empresarios puertorriqueños que son entrevistados no entienden la magnitud de la situación. Hizo referencia a lo que reveló la encuesta del Índice de confianza del empresario puertorriqueño, que se publicó en días recientes por la Cámara de Comercio de Puerto Rico. Según interpreta,  el 84.7% de 150 empresarios siguen el mismo discurso de “el alto costo energético, impuestos, la burocracia gubernamental y los recientes cierres por la mortal enfermedad”.  Para la economista, “el cierre es como en un cuarto plano, y no entienden la magnitud de los efectos en cadena que estos cierres tienen. El problema de energía lo pueden resolver invirtiendo, mientras el problema de los cierres tiene repercusiones”.

Agregó sobre la magnitud del impacto económico de la pandemia que la consultora Capital Economics, estima es que el brote de coronavirus costará más de $280,000 millones tan solo en los primeros tres meses del año 2021.

¿Se profundizan los efectos de la pandemia en el próximo año?

 “Sí, porque hay empresarios que no soportan tanto tiempo sin abrir sus negocios; deben pagar unos costos fijos que no van a poder asumir. Muchos creen que la vacuna ayuda, pero la realidad es que es hasta mayo 2021 que van a estar vacunando; y no te crea inmunidad. Es una falsa expectativa. Los costos siguen ahí. Las personas sin empleo, también. Y el Gobierno con sus imposiciones arbitrarias sin evaluar son el peor costo”.

 Lo anterior significa que mientras se tenga la actividad económica cerrada y otros con posibilidad de cierre, y las empresas no quieran invertir, la economía continuara en recesión. Expuso que los economistas señalan que en una economía como la nuestra, en la que el 88% del PNB proviene del consumo privado de las personas y familias, cuando  hay cierres las gente se queda sin ingreso.  Al afectarse los ingresos y los empleos que generan esos ingresos, se tiene repercusiones en toda la economía.

 “Por ejemplo, que no se pueda consumir bebidas alcohólicas el fin de semana disminuye la demanda de este producto. Las repercusiones son varias: la producción disminuye, se deja de invertir, baja la plantilla laboral, los camioneros o distribuidores de bebidas disminuyen, la demanda del producto de los negocios disminuyen, los empleos en esos negocios disminuyen, y la cadena sigue afectando a diversas familias que viven de ese renglón. Solo lo ven los que sufren esas consecuencias. Pero también el impuesto mensual que cobra el Gobierno por ventas disminuye y, a lo largo, todos estamos afectados. Y eso no se evalúa. Es similar para todos los renglones de la economía. Disminuye el PIB por el consumo y por la inversión y, a la larga,  afecta a todos los sectores y evita que salgamos de la recesión. Y si esto del COVID no tiene solución hasta después de mayo, las repercusiones son que la recesión se extiende y se mantiene”.

 Sobre lo anterior reparó en que no se habla de los efectos que tendrá en el presupuesto, que es de $17,124 millones, de los cuales $9,062 millones son con cargo al Fondo General (FG) mientras que $8,062 surgen de Fondos de Ingresos Especiales.Debido a que el FG  se afecta por la disminución en los ingresos de las personas no se espera recibir la misma cantidad de ingresos por pagos de impuestos que aguanten los gastos. Y los ingresos del IVU también disminuyen afectando a su vez el fondo de COFINA. “Así que con menos ingresos al fisco se debe esperar menos presupuesto en momentos que necesitamos más ayuda del Gobierno.Sin pasar de economía linear a una circular no se puede tener indicadores de resiliencia, pero queremos seguir haciendo lo mismo”, censuró.

 La economista coincidió en el señalamiento de que no se ve que haya nada novedoso en  las gestiones gubernamentales. Por el contrario, lo que ofrece el Plan de Gobierno de Pedro Pierluissi es ampliar el uso de fondos federales, conseguir más fondos y no necesariamente ampliar la economía en la diversificación y sustitución de importaciones. Lo segundo que plantea es atraer empresas extranjeras. Pero no habla de mejorar las condiciones de empleo y de salario.

 ¿Qué puede hacer el empresario puertorriqueño?

 Podría comenzar a sustituir su energía por placas solares y así bajar costos, pero a lo que están pendientes es a la privatización. Pueden buscar alternativas para cambiar sus líneas de producción y sustituir importaciones, como hicieron con el alcohol, el desinfectante, las mascarillas y batas quirúrgicas. Pueden observar en qué pueden cambiar y ampliar la línea de producción local.

 ¿En cuáles campos hay oportunidades?

 Alimentos y diversidad de producción, productos médicos, equipo médico, piezas de equipos, sistemas de producción, sistemas de programas de computadoras, por decir algunos.

 El momento es oportuno para que el Gobierno cambie de actitud y mire hacia la creatividad científica. “Pero el problema es la corrupción, pues todo lo que se hace es pensar en cómo tumbar el dinero del pueblo para el bolsillo de ellos o ellas y no para beneficio de la sociedad. Y si ellos no ven ganancias para sí mismos, no dan oportunidad”, manifestó.

 En fin, Quiñones Domínguez fue enfática en reclamar la necesidad de que Puerto Rico acabe con su historial de improvisación y  que tiene que olvidarse de mirar hacia afuera buscando empresas. Hay que pensar en crear las nuestras y fortalecerlas.

 “Pensar en una política de desarrollo nacional y superar la dependencia, pero ese no es el proyecto del Gobernador, según su plan de trabajo. Debe ser cuidadoso y evaluar sus políticas económicas con investigaciones y estudios, no improvisando o copiando, tiene que ser un proceso de manejo de riesgo, pero siempre pensando en las personas. Entender la economía local por municipio y regional, para entender los efectos de las políticas públicas del COVID y sus efectos que afectan las vidas, las finanzas municipales y dislocan la economía y la sociedad. Conocer y entender cómo afecta las finanzas públicas y los efectos que tendría la falta de recursos suficientes a las personas”.

 

 

Un abrazo fuerte y solidario

 

La Junta Directiva y el Colectivo de trabajo de CLARIDAD le envia un abrazo grande y solidario al compañero Luis Alejandro Molina ante la muerte de su padre el señor Luis Molina Contreras quien falleció el 26 de diciembre.

Reciban Alejandro, su hermana Bertha y toda su familia nuestros deseos de mucha fortaleza y paz en estos momentos tan difíciles.

Monólogos en torno a la historia reciente

Esta semana comenzamos a presentar a nuestros lectores una serie de textos del historiador Mario R. Cancel-Sepúlveda. A pesar de que la palabra “monólogos” es parte del nombre de la sección, la intención es establecer un diálogo con lectores, estudiantes e historiadores en torno los modos de interpretar y narrar el acontecer. Agradecemos a Mario su trabajo y su solidaridad con este medio y su trabajo.

En Rojo

Especial para En Rojo

Introducción

La serie que da inicio con este artículo es parte de la colección de escritos tituladaMemoria e Historia: monólogos en torno a la historia reciente. El tema de estos escritos gira alrededor de dos ejes de tiempo. El primero tiene que ver con lo que denominó el “tiempo presente”, periodo que inició de manera arbitraria a fines de la década de 1980 y principios de las décadas de 1990. En aquel periodo ubico las rutas que conducen a un presente de derrumbe y crisis. El segundo tiene que ver con el momento en que comenzó el proceso reflexivo, es decir, al intenso período que comenzó en el año 2016 y que todavía no ha terminado.

El contenido de las reflexiones proviene del diálogo con mis estudiantes en un curso subgraduado de historia de Puerto Rico en el siglo 20 que dicto en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico en el contexto que comencé a ofrecer desde el 2003. Uno de los sentidos que quería imprimirle al proyecto tenía que ver con insistir en la formulación y discusión del acontecer reciente. Con ese propósito iniciaba el semestre con un planteamiento sobre el significado de lo “contemporáneo” lo “presente” y lo “actual”.

Mi meta era abrir un debate en torno al relato de la modernización de Puerto Rico tras la segunda guerra el cuál siempre podía ser interpretado como un homenaje al Partido Popular Democrático, Operación Manos a la Obra y el Estado Libre Asociado. Mi intención era llamar la atención sobre el derrumbe de aquellas instituciones y no sobre su mal llamado éxito.

No se trata de una discusión académica detallada. Mi intención ha sido que la discusión fuese recibida cómo el comentario libre de un historiador en medio de la crisis de todo lo que consideraba estable. El poco espacio que se daba y se da a los historiadores en la discusión pública así lo justifica. Dada la inestabilidad de las sobre el presente y la potencial incertidumbre de las apreciaciones vertidas, cada uno de los textos ha sido revisado varias veces. Estoy consciente de que también deberán ser revisados en el futuro por mí y por otros. Un proyecto de esta naturaleza demuestra, fuera de toda duda, que la historiografía es inseparable de la reescritura. Este principio me parece cierta no sólo para la historia del presente sino para la de cualquier otra esfera del tiempo.

Reflexiones: los caminos hacia el neoliberalismo

En términos generales la década del 1990 fue el escenario del fin de una era y el inicio de otra. Los efectos de aquel giro sobre Puerto Rico fueron enormes aunque su papel en el mismo fue el de testigo mudo, dada su relación de colonial con Estados Unidos. En lo que respecta al país, las decisiones se tomaron en Washington. El Puerto Rico moderno y dependiente, producto de las prácticas legitimadas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), vio cómo se reducían sus opciones, situación que abrió paso a un periodo de vacilación cuyos efectos no han sido superados hasta el presente.

La incertidumbre económica, social, política y cultural, se manifestó por doquier. El fundamento de la inestabilidad estaba ligado al hecho de que las frágiles garantías que había ofrecido Operación Manos a la Obra (1947-1976) y su secuela, la aplicación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas estadounidenses desde 1976, habían sido puestas en entredicho. Como se sabe, la condena final de la política de exenciones impuesta en 1976 se anunció en 1996 dejando al país con un periodo de 10 años, hasta 2006, para que hiciese los ajustes y creara los mecanismos apropiador pertinentes para funcionar con eficacia sin aquel recurso.

Los paradigmas sobre los cuales se habían apoyado las políticas económicas entre 1947 y 1976 se derrumbaron en la medida en que el capitalismo internacional, encabezado por Estados Unidos, se reorganizó recuperando la tradición del liberalismo clásico y la libre competencia proceso que desembocó en el discurso y la praxis neoliberal.

Para Puerto Rico aquello era una navaja de doble filo: su “relación especial” con Estados Unidos, si alguna vez lo fue, dejó de serlo. El libre comercio con Estados Unidos se generalizó y la moneda común dejó de ser un rasgo exclusivo de nuestro mercado. Las “teorías del pacto” esgrimidas en 1952 por los defensores del estadolibrismo, habían creado la ilusión de que existía un acuerdo “bilateral” entre dos hipotéticos “iguales”. Los cambios de la década del 1990 arruinaron aquella presunción.

Puerto Rico vio como las columnas sobre las cuales se había levantado el crecimiento económico y dependiente del Estado Libre Asociado -exenciones contributivas, trato preferencial selectivo, proteccionismo, asimetría salarial, austeridad en el gasto público, intervencionismo del estado en el mercado, ahorro individual- comenzaron a perder sentido en el nuevo orden. Incluso el papel adjudicado a la isla en el contexto de la Guerra Fría (1947-1991) tuvo que ser reevaluado. La “vitrina de la democracia” ante la “amenaza comunista” en Hispanoamérica parecía cosa del pasado tras la caída del Muro de Berlín y el fin del conflicto entre capitalismo y socialismo realmente existentes, disfrazados tras la patética y engañosa anteposición democracia y totalitarismo. El derrumbe de aquel espejismo exigió la reformulación de las relaciones entre, por un lado, Puerto Rico y Estados Unidos; y, por otro lado, Puerto Rico y el mundo.

Neoliberalismo y anticolonialismo

Aquellas circunstancias explican el hecho de que la década de 1990 fuese interpretada como un momento apropiado para la descolonización. De un modo u otro, se suponía que el orden de 1952, emanado de las paces de la segunda posguerra, había dejado de ser funcional y que la soberanía, ya fuese en la forma del estado 51, la independencia o un pacto de libre asociación, sería necesaria para facilitar la inserción del país en la economía neoliberal y global.

El consenso más visible, excepto en el influyente sector de los populares más conservadores, era que el ELA no era un estatuto soberano sino un régimen de dependencia colonial y que la interdependencia que la era global imponía como pauta, requería soberanía o independencia jurídica en buenos términos con Estados Unidos. El licenciado Rafael Hernández Colón (1936-2019) había denominado la situación como un” déficit de democracia”. Un tropiezo cardinal de aquel proceso fue que, cuando llegó el 2006 y cerró el periodo de transición tras la eliminación del amparo de la Sección 936, nada se había conseguido: la economía estaba estancada y el tema del estatus empantanado.

El giro al neoliberalismo vino acompañado en Puerto Rico por el desprestigio del “orden democrático” emanado de la segunda posguerra. La discursividad de la guerra contra el totalitarismo nazi y fascista había sido uno de los componentes del populismo del primer Partido Popular Democrático (1938). La confianza en la democracia electoral y el saneamiento de la imagen maltrecha de los partidos políticos como instrumento confiable de lucha para los puertorriqueños no tuvo un efecto permanente.

El escándalo de la aplicación de la Ley Smith criollizada en la forma de la Ley de la Mordaza de 1948, el asunto de la recopilación de las carpetas informativas de ciudadanos considerados potencialmente subversivos destapado en 1986, su devolución y la demanda civil que generó el caso en 1992, desenmascararon el significado de la “democracia” en la era de la guerra fría. Aquella democracia electoral, partidista y constitucionalista había violado los derechos civiles de numerosos ciudadanos comunes de múltiples formas. Entre la Cheká, la Schutzstaffel, el Buró Federal de Investigaciones y la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico no había mucha diferencia: todos estaban más que dispuestos para la razzia. La discusión sobre este “déficit de democracia”, tanto o más significativo que el aludido por Hernández Colón , se hizo pública en numerosas publicaciones académicas y en la prensa del país.

La fragilidad y resquebrajamiento del orden heredado propició un auge inusitado pero comprensible del estadoísmo y sus organizaciones. Después de todo, el PPD su liderato, moderado o no, era uno de los principales acusados. Otro elemento llama la atención. El independentismo, ya fuese de tendencia socialdemócrata, socialista o nacionalista, atravesaba por un momento de reflexión que tenía que ver precisamente con el fin de la guerra fría y el balance ideológico precario que ello imponía a una formulaciones identificada en Puerto Rico con una genérica izquierda.

Estadoístas gradualistas e inmediatistas

Por eso la década de 1990 dio la impresión de haber sido el decenio de un estadoísmo dinámico, encabezado por un liderato innovador y agresivo. El estadoísmo radical, exigente e inmediatista en cuanto al reclamo de Estado 51, cuya genealogía podría trazarse hasta la figura del abogado Carlos Romero Barceló (1932) , se impuso como el estilo dominante. Lo cierto es que desde 1968 al presente el estadoísmo ha ejecutado una revisión profunda de las posturas de su fundador, Luis A. Ferré Aguayo (1904-2003). La distancia entre el estadoísmo de Romero Barceló y Ferré Aguayo es tanta como la que media entre la de Ferré Aguayo y José Celso Barbosa y Alcalá (1857-1921). El dinamismo ideológico del Estado ismo supera por mucho el de los defensores de una hipotética autonomía o autogobierno que nunca se ha podido a lo largo del siglo. Es como si la “imposibilidad de la estadidad”, a la cual apelan los defensores de la independencia, tuviese su equivalente en la “imposibilidad del gobierno propio no colonial”. El problema ha sido Siempre el mismo: la resistencia del orden estadounidenses a abrir sus puertas a una u otra opción, es decir, La vocación colonial basada en prejuicios culturales con respecto al otro.

Uno de los misterios que valdría la pena indagar en cuanto a aquel giro se develaría si se pudiera responder la pregunta de cuánto pesa dentro de estadoísmo puertorriqueño la afiliación demócrata y la republicana a la hora de diseñar una táctica para alcanzar la meta propuesta. La transición de un estadoísmo gradualista significado en Ferré Aguayo, a uno inmediatista identificado con Romero Barceló, proceso que maduró entre 1968 y 1976 estuvo marcada por ese fenómeno.

En la década de 1990 los estadoístas demócratas con Pedro Rosselló González (1944- ) a la cabeza, coincidieron con el dominio demócrata en Estados Unidos con William J. “Bill” Clinton (1946- ). Pero no hay que olvidar que demócratas de la segunda posguerra mundial, Franklyn D. Roosevelt (1882-1945) y Harry S. Truman (1884-1972) , y los del tránsito al neoliberalismo como Clinton, eran por completo distintos. Roosevelt y Truman estuvieron dispuestos a trabajar con un PPD que no quería ni la estadidad ni la independencia, a la vez que expresaba simpatías con las políticas del Nuevo Trato y la formulación del Estado Interventor práctica de la cuáles podía sacan ventajas políticas ante el movimiento estadoístas e independentista.

La relación Clinton/Rosselló fue escabrosa: el presidente tuvo que trabajar con demócratas que presionaban por la incorporación y el Estado 51 que él no defendía. Del mismo modo, el interés del gobierno federal por “descolonizar” sin descolonizar a Puerto Rico que dominó en la década de1940, ya no era tan visible en década de 1990 porque, entre otras cosas, el fin de la guerra fría (1989-1991) convirtió el tema de Puerto Rico, que nunca había sido prioritario, en un asunto invisible. En 1990, la incomprensión entre las partes involucradas era trágicamente mutua.

Populares conservadores y soberanistas

El auge estadoísta de la década de 1990, no era el primero del siglo. La nueva coyuntura estimuló como contrapartida el reavivamiento de lo que se identificó como “soberanismo” en el PPD. Los defensores del soberanismo se apoyaban en la creencia de que el Estado Libre Asociado era una forma de “autonomía” que serviría como preparación para la independencia. El soberanismo reproducía la teoría de los “tres pasos o etapas” que sirvió de apoyo a Luis Muñoz Rivera (1859-1916) y José De Diego Martínez (1866-1918) cuando fundaron el Partido Unión de Puerto Rico en 1904. También reproducía una forma algo adultera de la teoría de la “independencia a la vuelta de la esquina” apoyada por Luis Muñoz Marín (1898-1940) de cara a las elecciones de 1940. La paradoja de aquellas hipótesis interpretativa era que, tanto los unionistas como los populares, terminaron por renunciar formalmente a la independencia en algún momento.

La “Nueva Tesis” de Hernández Colón (1978-1979) fue un intento de cerrar desde arriba y de una manera autoritaria el debate sobre la relación colonial dentro del PPD. El momento en que se formuló representó, desde mi punto de vista, una respuesta defensiva del PPD a la victoria del PNP entonces bajo la dirección de Romero Barceló. El alegato de Hernández Colón era que, dada que la independencia era irrealizable y la estadidad económicamente inconveniente, había que aceptar que el ELA era la “solución final” al debate estatutario. La tesis no obligaba al inmovilismo pero reducía el margen de acción del cambio estatutario a los límites dominantes desde el 1952.

El conservadurismo se impuso en ese segmento de la cúpula del PPD. El forcejeo entre moderados y revisionistas soberanistas, me consta, ha sido constante hasta el presente.

El problema era que, en la década de 1990 el argumento de Hernández Colón no tenía sentido. Las razones de los críticos de la “Nueva Tesis” dentro y fuera del PPD eran comprensibles.

El orden internacional que había inventado al ELA ya no existía y el “déficit de democracia” del régimen de relaciones había de ser reconocido por el mismo Hernández Colón desde 1998. En su retórica jurídica, el reconocimiento del problema no tenía que interpretarse como una señal de que debía romperse con los esquemas del 1952. Por el contrario, los conservadores han insistido en que lo más práctico es y será trabajar el cambio -superar el “déficit de democracia”- en el marco del ELA sin quebrar sus fundamentos más celebrados: la autonomía fiscal y arancelaria.

La actitud es razonable pero, me parece, debería ser discutida con más profundidad o de un modo más pormenorizado a fin de que resulte más convincente para sus opositores.

La meta de la estrategia política de los conservadores del PPD ha sido denominada en ocasiones con el nombre de “ELA soberano o culminado”, pero el concepto jurídico no parece encajar en el lenguaje estándar del Derecho Internacional como tampoco encajaba el concepto jurídico del ELA. Del mismo modo, tampoco ha tenido mucho éxito entre los soberanistas más exigentes que parecen concebirlo como una propuesta contradictoria, poco clara o como una paradoja de derecho.

El soberanismo articuló durante la década de 1990 una respuesta más o menos coherente al problema del estatus al calor de dos procesos de consulta: los plebiscitos de estatus de 1993 y 1998. La década de estadoísmo radical ligada al rossellato necesitaba medir el pulso de su proyecto y los plebiscitos o consulta de opinión siempre han sido considerados en la tradición electoral local como la más precisa encuesta de opinión.

Un elemento interesante de aquel momento es que las figuras dominantes de la nueva ola soberanista del 1990 no surgiesen del alto liderato de la organización popular sino tres poderosos alcaldes: William Miranda Marín (1940-2010) de Caguas, José Aponte de la Torre (1941-2007) de Carolina y Rafael Cordero Santiago (1942-2004) de Ponce, todos ya fallecidos. Me da la impresión de que, ideológicamente y en su praxis, los tres representaban la reformulación de la tradición populista y radical del primer PPD, el de 1938 a 1943. La gran diferencia entre estos y aquellos era que el soberanismo populista de los años 1940 se alimentaba de una fuerte corriente ruralista propia de un Puerto Rico preindustrial y agrario.

En la década del 1990 la propuesta ideológica ya se había urbanizado y poseía una tesitura por completo distinta. El resultado de aquel proceso fue la fundación de “Alianza Pro Libre Asociación Soberana” cuyo efecto sobre los sectores moderados del PPD fue en realidad poco. El superviviente de aquel grupo fundacional fue Marco A. Rigau Jiménez (1946- ), figura fuerte detrás de la líder soberanista Carmen Yulín Cruz Soto (1963- ), alcaldesa de la capital hasta estas elecciones de 2020.

 

 

“Proyecto de siembra colectiva a nombre de las víctimas del huracán María” 

 

San Juan, Puerto Rico – A tres años del paso del huracán María, el Proyecto 4645 y estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, invitan a sembrar miles de árboles en memoria a las víctimas del desastre y rescatar, a su vez, la memoria colectiva.

La iniciativa es una colaboración del Proyecto 4645 y estudiantes de Maestría del Programa de Gestión Cultural de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, que han bautizado la iniciativa como “Siembra memoria”. 

“Después de tres años del paso del huracán María, todavía no hay una cifra específica de las pérdidas que tuvimos y poco a poco, se olvida el sufrimiento que vivimos miles de boricuas en y fuera de la Isla. Y la comunidad, al igual que lo hicimos en el verano de 2018 y 2019, con el Memorial de Zapatos frente al Capitolio y en Fortaleza, recordamos a las víctimas del huracán sembrando. De esa manera activamos la memoria colectiva desde la esperanza. Sembrar un árbol o una planta, es celebrar la vida .Y de esa manera queremos recordarles”, comentó la portavoz de la organización, Gloribel Delgado Esquilín.

Foto Alina Luciano

La colaboración surgió a raíz de las dinámicas compartidas en el curso Curaduría y estéticas de liberación impartido por la artista, educadora y curadora independiente Raquel Torres Arzola, como parte del currículo de la Maestría en Gestión Cultural en la UPR.

“El realizar un proyecto conjunto y en colaboración con la artista, periodista y gestora Gloribel Delgado Esquilín procura atemperar el proceso creativo del aprendizaje a los retos que la pandemia devela en relación a la educación como sistema e institución en Puerto Rico. La iniciativa responde a la necesidad de trascender la estandarización de las experiencias de aprendizaje y de creación, así como a la importancia de descolonizar los sistemas de distribución del conocimiento y de la producción de saberes. Sobre todas las cosas, esta colaboración trae a la discusión y a la experiencia modelos alternativos de hacer arte, de hacer curaduría y de hacer cultura en el Puerto Rico contemporáneo, atemperando estos quehaceres a la precariedad y a la crisis desde la que vivimos y producimos todos los días”, sostuvo la profesora Torres Arzola.

Este anti-memorial está pensado como propuesta estética, desde una óptica ecofeminista que utiliza el número simbólico de las 4,645 vidas perdidas por el paso de los huracanes.

«Siembra Memoria” convoca a sembrar 4,645 árboles o plantas, como un gesto conmemorativo, artístico y estético. Para alcanzar la cifra, estamos convocando a colaborar con este evento, sembrando un árbol en cualquier lugar del mundo antes de mayo del 2021. El proyecto se inició a principios de diciembre en Puerto Rico y poco a poco se han unido artistas y familiares de las víctimas en Cuba, Portugal, Estados Unidos.

Los pasos a seguir sería sembrar una planta o árbol, identifíquela en honor a las vidas pérdidas. Se fomenta la siembra de plantas en tierra, como en tiesto para quienes viven en zonas urbanas. Los árboles pueden ser endémicos y/o frutales según la mejor alternativa para su lugar de residencia. Contamos con que el gesto no se limitará a la siembra, sino además al cuidado y atención de este cultivo. Además, se invita al público a documentar su siembra y enviar a proyecto4645@gmail.com, incluyendo el pueblo donde lo sembró. Puede seguir las cuentas de la iniciativa con el nombre @Proyecto4645 en Instagram y Facebook.

Colaboran en esta iniciativa: Luis G. Sánchez Pérez, Gina L. Ortiz Andrade, Alison García Sosa, Nayarit M. Rivera García, Roberto Rivera Sánchez, Gretchen Y. González Wheelings, Adrian Siaca Pérez, Coralys M. Márquez González, Patricia A. De La Rosa Ortiz, Virginia S. Rodríguez Domínguez, Rebecca S. Father Carballo, Margaret F. Mair Sanders, Yara Liceaga Rojas y Cristina D. Dávila Vázquez.