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En una ciudad llamada San Juan

Por René Marqués

You don’t belong with them, and you know it.

But me, I belong with them, but I don’t; see?

Eugene O’NEILL (The Hairy Ape)

Las campanas de San Agustín sonaron nítidas bajo la noche adormecida de estrellas: las tres de la madrugada. Le dio un tirón a los faldones de la chaqueta, respiró hondo y miró al cielo. A sus espaldas languidecía el cornetín del combo en el Palladium.

Había bebido mucho, pero estaba sereno. Sería mejor decir sobrio. Sereno no. No podía estarlo sintiendo otra vez la urgencia de no comprometerse en un mundo angustiosamente comprometedor. E hizo un esfuerzo por no preocuparse demasiado.

Lástima que de día no brillen las estrellas. (La noche es buena.) Deberían brillar siempre las estrellas. (La noche es libre.) El sol es cruel matando las estrellas. (La noche es vida.)

Sin saber por qué pensó en Dios. No el Dios católico y manso rezagado allá, en algún rincón de su infancia, sino el Dios protestante y bíblico de voz atronadora: ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo. Pero él no podía soportar la luz. Porque la luz cegaba y comprometía. Era mejor la penumbra del Palladium que daba a su ser la sensación de fuerza que no experimentaba afuera. Porque afuera se sentía inerme: una sombra más en aquella ciudad llamada San Juan. A cuya entraña pertenecía y en cuya entraña se sentía ajeno. ¿Por qué volvía a ella siempre? ¿Por qué esta peregrinación anual a la ciudad que le acunó y le dio vida y a la cual, sin embargo, de modo irracional, no podía considerar suya? Era como una búsqueda de sí. Como si esperase algún día encontrar en ella su raíz propia o su sentido. ¿Pero cómo encontrar la raíz si sabía que premeditadamente se mantenía ciego y sordo a la realidad? ¿Cómo dar con el asidero si sus manos se mantenían laxas, impotentes para el gesto salvador de agarrarse a su circunstancia y exprimirla, torturarla, hasta obtener de ella su más íntima autenticidad? Había en él como una oscura conciencia de que solo se encontraría a sí mismo descubriendo, de algún modo, el sentido oculto de la ciudad. Y esbozaba las interrogaciones: ¿Por qué San Juan reía sin querer, por qué mostraba aquel vacío en medio del bullicio, por qué había en ella una falla fundamental que no la hacía ser ciudad, verdaderamente ciudad? Y las preguntas rebotaban de San Juan a él. Y era él quien interrogaba, no sobre la ciudad, sino sobre sí mismo. ¿A qué precio puede la sombra de un hombre llegar a ser un hombre? Y pensaba que quizá era preciso asumir responsabilidades, comprometerse. Pero la idea era aterradora. Y la rechazaba de modo sistemático.

Echó a andar hacia la avenida Muñoz Rivera. Y una vez más sintió la molestia del revólver. ¿Cómo se las arreglaba su cuñado para cargar un arma sin tener conciencia de la misma? Si vas al Palladium mejor lo llevas. Últimamente se arma cada lío… Total, él nunca había necesitado usar un artefacto como ese. Pero no quiso mostrar aprensión alguna a su cuñado. Está bien. Lo llevaré. Ahora tomaría el autobús de regreso hasta la Plaza de Colón. Otra noche que terminaba bien. Llegaría temprano a La Perla. Solo las tres de la madrugada. Se metería en cama callandito. Era preciso no despertar a los sobrinos. A las ocho estaría en el aeropuerto. Solo unas horas más, y otra vez en Nueva York. Hasta el año próximo. Buena planificación: trabajo en la urbe, vacaciones en San Juan.

Sonrió al cruzar la avenida Muñoz Rivera. Dormiría de un tirón el resto de la madrugada. En la parada de autobuses esperaba un infante de Marina. El alumbrado potente de lámparas de mercurio se tragaba la luz parpadeante de las estrellas. La figura inmóvil del hombre en uniforme hacía resaltar aún más la soledad iluminada de la avenida. Al acercarse, notó que tenía un cigarrillo apagado en los labios.

-Got a match?

Estaba demasiado absorto para percibir la brusquedad de aquella petición. Extrajo con ademán automático la cajetilla del bolsillo y, formando una pantalla con sus manos ahuecadas, encendió el fósforo. Luego lo acercó solícito al rostro del extraño. Mientras el otro encendía, tuvo una súbita sensación de incomodidad. Conocía aquella cara. De pronto lo supo: en la casi oscuridad del salón de baile del Palladium, el hombre que había intentado arrebatarle su pareja. Lo recordaba junto al bar, al pie del gran diablo rojo pintado en la pared. En fin, un incidente sin importancia. Pero ahora su mano temblaba ligeramente y la llama del fósforo llegó a rozar la barbilla nítidamente afeitada. El otro echó la cabeza hacia atrás.

-Nervous, spic?

El insulto le tomó desprevenido. Tanto, que creyó haber oído mal. Era posible que el hombre hubiese emitido un sonido similar. Stick, quizá. O slip. Nick o Dick también. Guardó rápidamente la cajetilla de fósforos en el bolsillo de la chaqueta, sintiendo que la cara le ardía. Se alejó del marino y se puso a mirar obstinadamente en la dirección en que habría de aparecer el autobús. Pero era estúpido. La avenida estaba desierta. El autobús no aparecería más pronto porque él mirase en aquella dirección.

Necesitaba concentrar en algo. Y pensó en el rostro infernal de aquel diablo rojo pintado en la pared del Palladium. Sin embargo, la figura diabólica del mural estaba ya relacionada con el marino rubio. Hizo un esfuerzo y rechazó la imagen. Resultaba imposible no pensar. Al menos era preciso encauzar sus pensamientos hacia algo inocuo. Y, de un modo absurdo, se puso a calcular su relación, en aquel instante, con la geografía del lugar.

Estaba de pie en la acera norte de la avenida Muñoz Rivera. A su espalda, el mar (podía oír cada marullo gemir un largo chaas sobre la arena). Frente a él, más allá de la avenida, las luces rojas de neón: Palladium. A su derecha, bajo el poste… el infante de Marina. ¡Cuán fútil tratar de ignorarlo! Era parte de su mundo. No quiso mirarle, sin embargo, y se volvió hacia la izquierda. Casi de inmediato, sintió los pasos.

Sintió los pasos a sus espaldas, lentos, pesados (el tacón: tac, primero; luego la suela sha). Aguantó la respiración. Deseó volverse, pero hizo un esfuerzo bestial por mantenerse inmóvil. Si se daba vuelta podría creerse que tenía miedo. Por otro lado, un gesto suyo, un gesto cualquiera, resultaría quizá comprometedor. Permaneció rígido, la mirada perdida en el vacío, los nervios como radares múltiples: tac-sha, tac-sha, tac… El otro se había detenido. Hubo un silencio eterno de solo unos segundos. Luego los pasos, alejándose esta vez, premeditados siempre, tac-sha, tac-sha, exasperantes. Al fin, otro silencio… Nada. Solo el chaas largo de los marullos sobre la arena. Pero sabía que estaba allí, otra vez bajo el poste. Y el autobús no llegaba.

Hizo un nuevo esfuerzo por concentrar su atención en algo ajeno a la figura cuya presencia silenciosa pesaba tanto sobre su nuca. Echó una mirada en derredor y descubrió, muy cerca de él, clavado en el césped que bordeaba la acera, un pequeño letrero amarillo. Las letras eran negras. Leyó rápidamente: Federal property.

De primera intención no le encontró sentido a aquello. Pero luego comprendió. El césped era propiedad federal. También la playa, a sus espaldas. En cambio, la acera era propiedad insular. Volvió a pensar en términos geográficos. Imaginó, como en una vista aérea, la isleta de San Juan. Y entendió por vez primera algo que jamás se le había ocurrido. Fue como el chispazo de una revelación. Su ciudad estaba sitiada: La Puntilla, Isla Grande, La Aduana, Casa Blanca, El Morro, San Cristóbal… Y allí, toda aquella costa donde los marullos reventaban para morir en la arena con un largo y manso chaaaas. Y el césped: Federal property. Casi sin proponérselo, dio un paso atrás. Y no pudo menos que sentir una sensación extraña. Porque ahora él, como un coloso de la edad heroica, pisaba simultáneamente dos mundos: el césped y la acera. Y la avenida, desierta. El autobús no llegaba.

Oyó risas y vio salir dos mujeres del Palladium. Casi simultáneamente percibió el otro sonido. Era inconfundible. Sin embargo, no pudo menos que dar la vuelta para cerciorarse. En efecto, era eso. Sintió una mezcla de rubor e indignación. ¿Por qué? Al fin y al cabo… No era el acto en sí. Pero el lugar. Detrás estaba la playa en penumbras. Hubiera podido… De todos modos era la actitud. El infante de Marina estaba en el borde del césped y desde allí orinaba ruidosamente sobre la acera. El chorro era ya un torrente que bajaba por el concreto, amenazando sus pies. Las mujeres del Palladium se acercaban. Y sentía el chorro escandaloso, irritante: el caudal extendiéndose, avanzando hacia él, más próximo, más próximo. De pronto, el hecho pequeño y específico fue transformándose a sus ojos en algo monstruoso, hecatómbico, como si una fuerza arrolladora hubiese invadido la ciudad e intentase arrasarlo todo, todo.

-You shouldn’t do that here -advirtió en voz que quiso hacer reposada mientras retrocedía para salvar sus pies. El infante de Marina sonrió, acercándose a él.

-Who cares?

Y de modo imprevisto, sin motivo, sin lógica, las dos manazas se alzaron al unísono.

-Who cares about nothing in this fucking city?

Los labios, inexplicablemente, sonreían. Y las dos manazas fueron a estregarse en la cara color canela.

Nada que pudiera compararse a un golpe, por leve que este fuera. Ni el más ligero arañazo. Un simple manoseo, sin presión ostensible, como si los dedos impuros untaran sobre la piel, casi con suavidad, un ungüento inexistente.

Y, sin embargo, jamás había experimentado desgarrón tan espantoso. Era como si de súbito un ser terrible le hubiese arrancado de un tirón todos sus atributos humanos. Y le pareció que, en efecto, una fuerza avasallante estaba ante él clamando por la destrucción de su ciudad, y por la suya propia, intentando convertirle en materia infrahumana, en cosa u objeto; mineral, vegetal quizá. Y sintió agónicamente la urgencia de evitarlo, de salvar a San Juan salvándose él. Aunque no tenía noción alguna de cómo lograrlo.

Instintivamente, su mano izquierda había rechazado la agresión, empujando brutalmente el cuerpo del ente (diablo rojo o dios destructor), mientras con ademán simultáneo, absurdamente pueril en su automatismo, la mano derecha buscaba el pañuelo para limpiar el rostro afrentado. Y sus dedos, en el bolsillo donde guardaba el pañuelo, tropezaron con algo duro y frío, suave al tacto, y, sin embargo, frío y duro como es el mineral, aunque no percibió tanto su frialdad ni su dureza porque él también, en el instante mismo del contacto con el objeto, se sintió objeto, duro y frío, mineral en fin.

Por eso, cuando las manazas inmundas se alzaron de nuevo para completar la destrucción (¿la suya?, ¿la de San Juan?), su mano (la suya propia), dura y fría bajo la luz potente de las lámparas de mercurio, produjo aquel ruido espantoso, que era igual al que produjera Dios (el soberbio y tonante) cuando dijo: ¡Hágase la luz! El mismo ruido de espanto metafísico que estremeciera al mundo cuando Dios (el triste, el melancólico) sopló sobre un puñado de barro y murmuró acongojadamente: Eres el Hombre. Y ante el ruido de la mano mineral, el dios diabólico trocose en fardo y doblose en dos, cayendo la parte superior de su cuerpo sobre la grama (¿por qué ahora roja?) y la parte inferior (la inmunda, con su indecencia al aire) sobre la acera gris.

Él vio el cuerpo inerte iluminado por los faroles de un autobús largamente esperado y supo que su mano era de nuevo humana porque estaba temblando, y la sintió empapada en sudor. Y a sus oídos llegó el taconeo de dos mujeres que huían despavoridas. Y su conciencia percibió la totalidad del hecho: No era ya objeto, no era cosa mineral o vegetal, no era animal siquiera. De pie, entre el mundo de la playa y el mundo de la avenida, era, irremediablemente, un hombre. Un hombre de pie frente al sentido revelado de su ciudad. Y un autobús jadeante que ha detenido su marcha. Y una ruta única marcada en el costado sangrante del autobús.

Crucigrama Yolanda Arroyo Pizarro

 

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____; libro de cuentos de Yolanda Arroyo Pizarro, escritora puertorriqueña, publicado en 2011.

6. Nicolás de _____; teólogo y filósofo considerado el padre de la filosofía alemana.

10. Antiguo nombre de Tailandia.

14. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

15. Pueblo común de una sociedad taína.

18. Me atreví.

19. José Antonio _____ Herrera; prócer de la independencia de Venezuela.

20. Negación.

21. Juego infantil hondureño.

22. Reunid.

23. _____ Arroyo Pizarro; autora de “Historias para morderte los labios”, “Ojos de Luna”, Medialengua”, “Perseidas”, “Origami de letras”, “Los documentados” y “Caparazones”.

26. Perteneciente a la realeza, pl.

29. Golpea, aporrea.

32. Terminación verbal.

33. Te diriges.

35. Pronombre.

36. Del verbo zalear.

40. 29 de _____ de 1970; nacimiento en Guaynabo de Yolanda Arroyo Pizarro.

43. Yolanda Arroyo _____; le han sido otorgadas premiaciones literarias en Argentina, Colombia, Chile y Puerto Rico.

46. Preposición.

48. Historias _____ morderte los labios; libro de Arroyo finalista en premiación del PEN Club 2010.

50. Mil millones de años.

51. Afirmación.

52. Símbolo del osmio.

53. _____ documentados; (2005) primera novela de Arroyo.

Verticales

1. Isla del Caribe holandés.

2. Yolanda _____ Pizarro; autora de “Antes y después de suspirar”, “Manos dibujando”, “Avalancha”, “Las ballenas grises” y “Saeta”. 

3. _____ y después de suspirar; libro de Arroyo premiado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

4. Origami _____ letras; primer libro de cuentos escrito por Arroyo.

5. Ojos de _____; libro de Arroyo premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.

6. _____ (Salir del armario); novela de Arroyo.

7. _____; poemario de Arroyo escrito en español e inglés.

8. _____ dibujando; cuento de Arroyo.

9. Inundación, crecida.

11. Átomos con carga eléctrica.

12. De esta manera.

13. _____; poemario de Arroyo.

16. Cuenco.

17. Licor caribeño.

23. Del verbo ver.

24. Dios islámico.

25. Campeón.

27. Época.

28. Alabe.

30. Ave australiana parecida al avestruz.

31. Río de Essex, Inglaterra.

33. Sonido producido por la vibración de las cuerdas vocales.

34. Monja.

37. Nota musical.

38. Capacitadas, idóneas.

39. Entregué.

41. Símbolo del cromo.

42. Retornó.

44. Quejido.

45. Virtud teologal.

47. Conjunción.

48. Río de Italia.

49. Contracción gramatical.

50. Existe.

 

     Tomás “Jabao” Herrera: Deportista, revolucionario y amigo de Puerto Rico

 

Elga Castro Ramos

Mis padres tenían dos hermanos cada uno, así que matemáticamente hablando tenía cuatro tías y tíos de sangre, pero mi recuerdo de niña es que tenía decenas de tíos y tías postizos, producto de esos hermanos y hermanas que la vida te da, los amigos que se convierten en familia. Uno de mis favoritos era Tomás “Jabao” Herrera. Honestamente de niña poco sabía yo de la leyenda viviente que era en el mundo del baloncesto, sino que me encantaba cuando venía a Puerto Rico porque era súper divertido, cariñoso y alcahuete. A medida que fui creciendo y fui apreciando un buen jangueo, obviamente fui apreciando más este ser de energía infinita y un amor por la salsa y la jodedera como pocos he conocido. De grande ya conocí en retrospectiva sus grandes contribuciones al baloncesto cubano y caribeño, siendo uno de los principales protagonistas de la era dorada del baloncesto cubano, que incluso ganó la histórica medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich en el 1972.

Elliott Castro, Jabao y Javier «Tonito» Colón jugador de los Leones de Ponce. Fotos: Provistas por la autoria

En casi todos los viajes que hice a Cuba pude ver al Jabao y disfrutar con él. Cuando fui de niña me lo gocé en el mundo deportivo, cuando regresé de universitaria con los panas de Puerto Rico, nos alcahuetió por La Habana. Verlo en Cuba era buenísimo pues conocía a todo el mundo y a quien no conocía, saludaba o devolvía un saludo como si se conocieran de toda la vida. Muy similar a Papi y cuando andaban juntos eran un torbellino de sonrisas, abrazos y pasión salsera. En Puerto Rico también era muy querido, había quienes lo reconocían en la calle de su época de baloncelista y siempre también tuvo un gran amor por nuestro País.

Ella Castro, el Jabao y Miguel Zenón

En mi penúltimo viaje a Cuba para la celebración de Cubadisco en el 2009 el Jabao se convirtió en una especie de guía no oficial de jangueo por la vida nocturna de La Habana. Con él nos fuimos a bailar salsa, entrábamos a donde quisiéramos-nadie le negaba la entrada al Jabao a ninguna parte- y como decía mi esposo, siempre nos agotaba, eran las 3, 4 de la madrugada, y todos los treintañeros estábamos explotaos listos para regresar al hotel y el Jabao seguía fresco, con la energía intacta, y a pesar de que era él quien tenía que madrugar a ir a trabajar al otro día, a su trabajo en el INDER, no quería parar. Y claro, aquí su otra cualidad, igual que tuvo una integridad como atleta de joven, y un compromiso casi patriótico con un buen vacilón salsero, era un incondicional a su país, a la Revolución y al desarrollo del deporte cubano. Hablar con el Jabao de política, de Cuba, de deporte, era una enciclopedia, lo único que lo hacía con esa sonrisa que no se alejaba de su rostro y mientras lo hacía, te embelezaba con esos ojos verdes claros que siempre me cautivaron de niña.

Escribo estas notas a horas de saber de su fallecimiento, con profundo dolor, porque se nos fue uno de los grandes…De los grandes baloncelistas del Caribe, uno de los grandes patriotas cubanos, uno de los grandes amigos de nuestra Isla, uno de los grandes amigos de mis padres y para mí, uno de mis tíos favoritos. Yo lo honraré escuchando salsa cubana todo el día y recordándolo con su sonrisa. Que descanse en paz.

 

 

Bolivianos dan lección democrática y esperan ahora que los políticos estén a la altura

Especial para en Rojo
Fotos: Provistas por el autor
La Paz, 18 de octubre 2020.- Ni las largas filas, ni las esporádicas granizadas, ni el miedo a la violencia y al Covid-19 impidieron que los bolivianos acudieran hoy masiva y pacíficamente a las urnas para elegir a sus próximos presidente, vicepresidente, senadores y diputados para los próximos cinco años.
Cuando todavía el Organismo Electoral Plurinacional todavía no había comenzado a publicar resultados, algunos colegios electorales de La Paz y Santa Cruz confirmaban que la participación había superado en muchas mesas el 90 por ciento.
En Bolivia el voto es obligatorio: Fotos por Iñaki Estívaliz
“Sí, a pesar de las condiciones de pandemia y de un cierto temor a la conflictividad social que arrastramos desde el año pasado, creo que la ciudadanía comprende que su participación en las urnas puede mostrar un camino democrático de solución de problemas”, expresa el sociólogo Juan Pablo Flores, investigador del no lucrativo Centro de Estudios y Ayuda al Desarrollo Local (CEADL).
La conflictividad social a la que se refiere el investigador social es la que se teme que se podría repetir este año como la que se produjo tras los comicios del año pasado, que fueron anulados por acusaciones de fraude por parte del entonces partido del gobierno, el Movimiento Al Socialismo (MAS).
La convulsión social acabó con 12 muertos y con el entonces presidente, Evo Morales, exiliado en México, hoy en Buenos Aires, y con la opositora Jeanine Añez, hasta entonces segunda vicepresidenta del Senado, como presidenta interina del Estado Plurinacional de Bolivia. Tras una jornada electoral ejemplar, ahora los bolivianos esperan que los políticos estén a la altura.
Fue una jornada tranquila.
Como apunta Flores, “esto debe estar acompañado por la lectura democrática que hagan los líderes de los partidos políticos en pugna así como sus militantes”.
“Evidentemente, hasta ahora (el día) fue tranquilo con pequeños incidentes que ocurren en este tipo de elecciones como no encontrar las mesas o los recintos de votación, o que no están en las listas de sufragio y demás. Hasta ahora, hasta este momento fue una jornada tranquila”, explica el también coordinador de circunscripción de Observa Bolivia, novel iniciativa por la que se ha adiestrado y desplegado a 12.000 observadores ciudadanos en los colegios electorales de todo el país.
“Ahora esperemos que los líderes políticos tengan una lectura correcta de la participación ciudadana y estén a la altura de esta participación, que en términos generales lo hizo en paz. Ahora, en términos populares, la pelota está con los políticos y creo que todos estamos esperando con expectativa los resultados que nos arrojará esta participación”, indica el sociólogo.
La presidenta interina, líderes políticos, funcionarios electorales y personalidades han celebrado lo que se ha calificado como “una fiesta democrática tranquila”.
De los seis candidatos a la Presidencia, partía en tercera posición según las encuestas, Luis Fernando Camacho, de Creemos; en segunda Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana; y con mayores porcentajes de intención de voto, Luis Arce, del MAS.
Desde Buenos Aires, antes del cierre de colegios, Morales realizó varias apariciones, en redes sociales y en una conferencia de prensa, para animar a votar pacíficamente.
El Tribunal Supremo Electoral anunció esta semana que no utilizará hoy el método de conteo rápido DIREPRE (Difusión de Resultados Rápidos) que provocó la crisis democrática tras las elecciones del 20 de noviembre de 2019.
Cuando el DIREPRE dejó de funcionar el día de las elecciones del año pasado a las 8 de la noche, se acusó al gobierno de Morales de fraude electoral y se acabaron anulando los comicios. Más de 7 millones de bolivianos y bolivianas, de los 11 millones de habitantes de Bolivia, estaban hoy convocados para votar.
Aunque votar en Bolivia es obligatorio y se necesita presentar un certificado de voto para realizar algunas gestiones con el gobierno y los bancos, la participación tradicionalmente ha estado en torno al 60 por ciento. ie

Crónica roja entre liberales y conservadores

(Lo que resulta de leer periódicos puertorriqueños del siglo XIX)

En Rojo

En un periódico del 1874 se comenta como el alcalde de Juana Díaz pide suscripciones para ayudar a la familia de un escritor que es su amigo. El periódico señala, con sorna, que es un acto poco decoroso.Sonrío pensando en que hace siglo y medio -146 años- los periódicos tenían su gracia.

Más abajo hay una nota en la que se habla de unas novelas sin mencionar a su autor. Una de las novelas, «La insurrección de Lares», no existe. Claro, yo no soy de esos lectores que piensan que lo saben todo. Quizás jamás he escuchado de su existencia y se me ha escapado a los ojos. Inmediatamente uso las redes sociales y consulto a Mario R. Cancel Sepúlveda, un historiador experto en el siglo XIX y que además es poeta. Me confirma que no existe tal novela. Se trata, sin duda, de la crónica historiográfica de Pérez Moris (1872).

El periódico en cuestión es La Razón, periódico mayagüezano, órgano del Partido Liberal Reformista. Era dirigido por Bonocio Tió Segarra y Antonio Ruiz Quiñones. La alusión a Pérez Moris y sus obras es parte de la pugna política e ideológica del momento. Trascendió las letras de los periódicos. Le costó la vida a varios. Sin embargo, lo que llama mi atención es esta batalla literaria que lleva a la dirección de La Razón a publicar críticas mordaces y, para mi sorpresa y mi risa, llamar novela a la crónica historiográfica del periodista conservador (Pérez Moris). Me río por la malicia.

El 5 de octubre de 1874 en una sección llamada Boletinadas el sarcasmo hace su entrada:

Desde ahora en adelante nos proponemos abrir una sección en nuestro periódico que llevara este título (Boletinadas). En ella consignaremos los hechos y hazañas (faits et gestes como dicen los franceses) del periódico Elefante de Puerto Rico; son tan variadas las ocasiones que nos presenta el nuevo Mefistófeles, que estamos seguros no nos faltarán materiales para llevar esta sección especialísima y nueva en su género.

Lo cierto es que ya el 30 de septiembre habían comenzado los dardos lanzados a la Historia de la insurrección de Lares:

En el artículo de fondo del último número del “periódico más importante de Puerto Rico”, titulado “La Novela”, se ha dejado de citar (por olvido sin duda) entre los primeros novelistas, al lado de Walter Scott, Dickens, Sue, Dumas, etc., al autor de la famosa novela titulada Insurrección de Lares, que se vende ya hoy a 12 rs ejemplar. Esperamos ver en el próximo número del “Decano” una rectificación subsanando esta grave omisión.

Pérez Moris, a la sazón director del Boletín Mercantil, había publicado el citado libro junto a Luis Cueto y González Quijano para autorizar aún más su texto. Cueto era “condecorado con la Cruz de la Marina de Diadema Real, oficial segundo del Cuerpo Administrativo de la Armada”. El propio Pérez Moris añadía a su crédito no solo la dirección del periódico sino que era jefe de la estación telegráfica, que no era poca cosa.

Podría parecer que exageran en La Razón el afán publicitario de Pérez Moris para con su propia obra. Comentan que sus novelas (El tesoro de los piratasy la Insurrección) son mencionadas constantemente en el periódico que el autor dirige. Miré algunas páginas del Boletín Mercantil para tener una idea de lo que dicen los directores del periódico mayagüezano.  Al menos sé que el 14 de julio de 1875, en “el órgano de los españoles sin condiciones”, el director se ocupa de publicar su propia novela como folletín y, además, obsequiar al lector con varias reseñas sobre su novela. En la segunda página -bajo un artículo sobre la masonería en Cuba que comentaremos luego- aparece como folletín (novela por entregas) el capítulo Virginia Prats de su novela El tesoro de los piratas.

Llama la atención que en la siguiente página aparece varias notas y reseñas sobre el mismo texto. Un periódico religioso, La Verdad, invita a sus lectores a leer la novela de Perez Moris. La política, de Madrid: Hemos leído con gusto la interesante novela, original del ilustrado escritor D. José Pérez Moris, director del Boletín Mercantil de Puerto Rico, donde se ha impreso con lujo este libro que recomienda el talento de su autor.  Pasa la nota a reseñar que la trama está bien urdida y los caracteres perfectamente delineados y que por ello no extraña el éxito de la novela en la isla.

Luego pasa a compartir una larga reseña de La Voz de Cuba-3 de marzo de 1875-  en la que se destaca el lenguaje correcto y fácil con el que se narran los principales acontecimientos de la insurrección de Cuba con saber histórico contemporáneo, verdad histórica. Escrita en Puerto Rico para los lectores del Boletín, la reseña nos señala que el fin moral y político es lo importante: enseñando de un modo ameno e instructivo los males y las miserias de esta nefanda rebelión, ahuyenta del ánimo de los ilusos muchas esperanzas que se truecan después en lágrimas de sangre.

 No termina ahí. A esa reseña le precede otra con una advertencia:

 No por necia vanidad sino para que sepa el ilustrado público puertorriqueño, como han juzgado algunos colegas el libro titulado El Tesoro de los Piratas, que tan bien acogido fue en este país, copiamos hoy en nuestras columnas algo de lo que sobre él se ha escrito. Y decimos algo porque no han llegado a nuestras manos todos los periódicos que de ese asunto se han ocupado.

Entonces, se añade otra larga reseña de La Sombra, semanario habanero (7 de marzo de 1875). El valor de la novela se sintetiza en el valor político y moral que ya señala la reseña anterior.

Ciertamente, está clara la insistencia de Pérez Moris en convertirse en el adalid del conservadurismo incondicional y, por lo tanto, es el blanco fácil de los liberales. Tío Segarra y Antonio Ruiz Quiñones eran sus contrincantes en el mundo periodístico y político.

Ruiz Quiñones se dedicó al periodismointegrándose a La Razóndesde 1872como redactory director. Luego fundaLa Prensa (1875). Era masón. Dirigió varias publicaciones como La Logiay el Boletín Oficial de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico.  Cuando Pérez Moris publicaba los artículos contra la masonería, como aquel deLa Voz de Cuba, junto con sus capítulos y reseñas de su propia obra, ¿acaso no era un diálogo furioso con el periodista masónico?

Tió Segarra estaba al otro lado del espectro político del director del Boletín Mercantil.  Esposo de Lola Rodríguez de Tió, su propia casa era prácticamente un centro cultural en Mayagüez y, por supuesto, un espacio para la tertulia así como para la discusión y propaganda separatista. Cuando prologa, en 1876, el poemario deLola, Mis cantares, lanzó una crítica llena de punzante verbo sobre el descuido de la vida cultural por parte del colonialismo español.Eso le ganó el destierro a la pareja. Para Pérez Moris, un protagonista de esa vida cultural isleña, aquello tenía que ser un insulto.

A mí me resulta fascinante la controversia que podemos seguir en la prensa de la época, porque es un modo de percibir las tensiones entre liberales, autonomistas, separatistas y los conservadores, españoles incondicionales. El periódico de Tió y Ruiz Quiñones es mordaz con la Historia de la insurrección de Lares (1872) de José Pérez Morris y Luis Cueto. Los conservadores advertían en este libro a las autoridades coloniales. El separatismo estaba vinculado al autonomismo e intentan probarlo con documentos.  Los periódicos funcionaban como cajas de resonancia de posturas con respecto al modo de desarrollar  modernizar al territorio. Se enfrentaban ahí ideas ultraconservadoras, francamente reaccionarias, como las de Pérez Moris, con modelos desarrollistas dentro de la relación colonial con España y los que veían aquella idea reformista como algo imposible e imaginaban el acceso a la modernidad a través de la separación.

Es un asunto mucho más rico de lo que estas cortas notas pueden mostrar. Sugiero a las lectoras y a los lectores interesados que lean los trabajos del amigo Mario, a quien ya nombré, o los trabajos de Silvia Alvarez Curbelo o Libia González. Hay más, pero sé que están apurados sobreviviendo la pandemia. También aconsejo la lectura de los periódicos del siglo XIX en Puerto Rico. Es el mejor acceso a una suerte de microhistoria que es una delicia. Y aunque la percepción general es que no había mucho que leer en el siglo XIX de la colonia española esto no tiene ningún fundamento. Hace mucho sabemos que el país estaba lleno de papel de periódico. Antonio S. Pedreira nos lo mostró El periodismo en Puerto Rico,que sigue siendo la obra más abarcadora sobre publicaciones periódicas en el país.Según Pedreira, de 1806 a 1879, se fundaron en Puerto Rico 127 periódicos o revistas. Entre ellas La Razón y el Boletín Mercantil, de los que solo hemos mencionado ¡tres ediciones! Y ya tenemos un enjundioso pugilato intelectual. Durante la década del 1880 al 1889,  hubo183 nuevas publicaciones periódicas. Es una cantera de información.

En mi caso, la curiosidad de leer periódicos del siglo XIX nace de una necesidad de escribir historias de ficción con sustento en la realidad. Entre anuncios publicitarios de bebidas, zapatos, pasta para lavarse los dientes, remedios para todos los males, está esa otra historia de las ideas, de las posturas políticas. Era una pelea muy dura.

         No podría terminar estos comentarios, tan superficiales, sin decirles que la cuestión entre liberales y conservadores se zanjó en ocasiones con tinta roja. Pérez Moris fue asesinado en 1881 en el portal de su casa luego de ganar un escaño de diputado provincial por el distrito de Juncos. Por supuesto, los liberales también dejaron sus muertos. ¿Ustedes recuerdan aquellas obritas, Los jíbaros progresistas, o quizás Un comisario de barrio, que nos leíamos en la escuela pública? ¿No les suena Ramón Méndez Quiñones? Pues es el autor. Una noche, allá por un día de marzo de 1885 estaba en una velada en honor a Manuel Corchado Juarbe en el teatro de Aguadilla. Allí comenzó un dime y diretes con Juan Francisco Terreforte, que no alcanzó a ver el amanecer ni el rostro de quienes llegaron a socorrerlo. La prensa conservadora notició que era un trágico evento “traído por circunstancias personales”. Los liberales explicaron que “era una venganza del poder político contra la prensa liberal”. Los cultos señores no se andaban con pequeñeces a la hora de discutir asuntos de ideas.