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Minutos de cine:#Alive

 

 

Marcoslopez614@gmail.com

#Alivees una película Surcoreana de zombies dirigida por Cho Il-hyung y protagonizada por Yoo Ah-in y Park Shin-hye. La historia se enfoca en Oh Joon-woo, un joven gamer que se ve obligado a quedarse solo en el apartamento de sus padres en Seúl durante un apocalipsis zombie. Este experimentará la ansiedad que viene con el aislamiento y, cuando reconoce que no tiene provisiones para mucho tiempo, se verá contra el reloj para desarrollar un plan de supervivencia.

#Alive tiene un comienzo prometedor, con la primera mitad del filme explorando a nuestro personaje principal, que se encuentra aislado en su apartamento, mientras un virus infecta al resto de la ciudad. Me gusta que nuestro protagonista, Joon-woo, no es para nada la persona que quieres en tu equipo para el fin del mundo. Este es un gamer/blogger en una situación que está completamente fuera de su control y el actor lo presenta de una manera genial. También los zombies se ven fenomenales, pero eso es algo de esperarse con lo que hemos visto anteriormente en películas surcoreanas de este género.

Realmente donde falló #Alivefue en mantener una atmósfera tensa durante toda la película. Hay varias escenas geniales que te mantienen al borde de tu silla, pero en muchas ocasiones tenemos a Joon-woo en una situación crítica y, en lugar de darnos una resolución, simplemente cortaban a negro y estaba a salvo. Eso me sacaba del filme por completo y me daba a entender que las consecuencias no le aplicaban. También la película es sumamente predecible y ni hablar del final, que fue tan “perfecto” que solo me pude reír por que no creía que terminaba así.

#Alive no es mala, pero se queda corta. Películas como Shaun of the Dead(2004), The Night Eats the World (2018), Train to Busan(2016), 28 Days Later…(2002), entre otras, crean personajes con los que conectas y estos se convierten en la historia dejando la Apocalipsis zombie en segundo plano, pero como una amenaza constante. Si eres fan de las películas de zombies te la recomiendo, es más de lo que gusta. De no ser fan, esto no hará nada diferente para cambiar de opinión.

 

La misión común de la sociedad y de las religiones

Especial para  CLARIDAD

La misión de cada ser humano es cuidar de los demás y de la Tierra, que la Vida, o Dios, nos ha confiado. En medio de esta pandemia, la humanidad puede ver claramente de qué lado están las personas. Hay quien se pone a favor de la vida. Hay quien apoya la élite que domina el mundo y ve los pobres como descartables. Organismos internacionales confirman que, mientras aumenta mucho el número de personas que viven debajo del nivel de pobreza, los más ricos ganan más dinero con la pandemia.

El domingo 4 de octubre, el Papa Francisco sorprendió la humanidad con una encíclica que llama a todos a reanudar la cultura de la amistad social y fraternidad universal. Dos sectores de la sociedad reaccionaron negativamente a la carta Todos somos hermanos y hermanas. El primer sector que se opone al papa es la élite económica, porque el papa responsabiliza al Capitalismo de los mayores sufrimientos de la humanidad. El otro sector es una parte no insignificante de la jerarquía y del clero católico que no entiende porque un papa parece más interesado en transformar el mundo que actuar dentro de la misma Iglesia.

Cada año, en octubre, la Iglesia Católica celebra el mes de las misiones. El tema para este año 2020 fue elegido mucho antes de que se pudiera imaginar la pandemia: «La vida es misión» y el lema que la desarrolla es la palabra del profeta: «Heme aquí, envíame a mí» (Is 6,8).

La misión de las iglesias cristianas es colaborar para que el proyecto divino (el reino) se manifieste en todas las acciones de justicia, fraternidad y paz. En este mundo pluralista, las Iglesias deben ser comunidades de diálogo y aceptación del otro y nunca de intransigencia y rechazo del otro y del diverso. Las Iglesias deberían percibir que su misión hoy está siendo cumplida por la ONU y por los organismos internacionales que trabajan por la unidad de la familia humana. Hombres como el Papa Juan XXIII, Madre Teresa de Calcuta, el obispo Helder Câmara y Martin Luther King entendieron profundamente eso.

La noche de 11 de octubre de 1962, en Roma, después de haber inaugurado el Concilio Vaticano II con todos los obispos católicos, el papa Juan XXIII se enteró que la Plaza de San Pedro estaba llena de gente. Apareció en la ventana, saludó a la multitud y dijo: «Miren la luna llena. Ella vino a embellecer nuestra fiesta. Vayan a su casa y a la primera persona que encuentren en casa, den un abrazo o hagan un gesto de afecto en nombre del Papa. Digan que el Papa les envía este gesto de amor”. Esto sigue siendo el núcleo de la misión de todas las personas espirituales.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Poesía de Edwin Reyes

Octubre en Pie

De tanta noche pleno voy cayendo,
la luz vivida ya de mi ejercicio,
el claro sentimiento de mi oficio
en la pena del ojo residiendo.

De tanta noche tanta padeciendo
rebota el corazón sobre mi juicio;
un OCTUBRE de plomo en sacrificio,
el aire de mi mano está pidiendo.

Decidido elaboro en mi caída
una lanza de sal para mi herida
y una herida de sal para mi lanza;

que en mitad de la sangre amanecido,
si me pierdo salvando lo perdido,
daré la perdición por esperanza.

Cada libro encuentra su título

 

Había una vez un escritor francés que logró volverse italiano. Así quería Stendhal que lo recordaran, aunque muy en privado confesara que cuando necesitaba decirse algo importante a sí mismo se lo decía en inglés, porque hay que ser conciso para las cosas importantes. Stendhal se sabía gozosamente bocón, en una época y un lugar en que no era aconsejable ser bocón. De ahí que firmara sus libros con seudónimo: en la vida real era Henri Beyle, vicecónsul del gobierno monárquico francés en Civitavecchia, un puesto de pacotilla, la única manera que se le ocurrió a un bonapartista como él para mantenerse fuera de Francia, en los dos sentidos de la palabra mantenerse. En Italia la pasaba bomba, a su modo: todas las mujeres hermosas de su época le partieron el corazón, pero no se privó de los favores de ninguna. El las lloraba gozosamente y después escribía sobre ellas. Dije que Stendhal se sabía bocón; así fue cómo descubrió que la única manera en que alguien como él podía ser conciso era siendo digresivo: pasando de un tema a otro, para evitar decir de más y poder seguir escribiendo. Por eso, según él, había que escribir con el Código Civil siempre sobre la mesa, bien a mano, para recordarse ser concisos como un artículo de dicho mamotreto, y así cambiar de tema también.

Stendhal dejó más inéditos que obra publicada, porque cada libro que mandaba a publicar a París era la mofa del ambiente literario (es célebre que La Cartuja de Parma tuvo un solo admirador en toda Francia, pero ese admirador era Balzac). Los inéditos de Stendhal no se terminan nunca porque, además de los manuscritos que dejó, escribía como un poseso en los márgenes y en las páginas en blanco de los libros que leía, fueran de su propiedad o ajenos, de manera que hasta el día de hoy siguen desenterrando cosas de él, cada vez que va a remate la biblioteca de alguno de los castillos por donde pasó en sus febriles andanzas cortesanas (su amigo Merimée escribió: “Nadie supo nunca exactamente a qué gente veía, qué libros había escrito, qué viajes había hecho”). Todo esto viene a cuento porque el otro día me topé, hurgando en librerías de Corrientes, con un título que me paralizó de envidia: ¿Quién me defenderá de tu belleza?, decía desde su tapa color crema, y casi muero de alegría cuando vi que era un librito de Stendhal.

Imagínense en Roma, parados sobre el empedrado de la esquina donde la Via Arenula se hace ancha y muta en diagonal. Sobre esa isla de adoquines se alzaba en 1832 (y también trescientos años antes) un palazzo donde Stendhal había alquilado un piso. Nuestro personaje está de pésimo humor una mañana, ha recibido carta de una amante diciendo que no podrá ir a verlo porque tiene que amenizar al primo. “Les nacerán monstruos”, está murmurando Stendhal cuando entra Gina en la habitación, la joven mucama que vino incluida con el alquiler, trayendo el café fuerte que él acaba de pedir. Gina entra con el estrépito habitual, sin golpear la puerta, y al dejar la bandeja pregunta si se puede sentar un momento, y se pone a tocar todo lo que hay en el escritorio (tintero, plumas, reloj) mientras dice qué está tan contenta de servir al signore (Stendhal rebusca unas monedas en su bolsillo) y se da aire en los pechos desprendiéndose el escote (Stendhal busca más monedas en el bolsillo, ella las rechaza con una cómica mirada virtuosa) y cambia descaradamente de tema (Stendhal acota: “tendencia que me reprochan con frecuencia”) para decir que en esas mismas habitaciones supo dormir, en los días de gloria del palazzo, el joven Tommaso Cavalieri, el hombre más bello de su tiempo. Gina es romana: habla de trescientos años antes como si hablara de antes de ayer. Y Stendhal sabe que, precisamente en 1532, Miguel Angel esculpió La Victoria, donde un joven de desafiante belleza somete con su rodilla a un viejo que yace encorvado a sus pies, al que el escultor dio sus propios rasgos. Luego de despachar a empujones a Gina, Stendhal se abalanza a la biblioteca, encuentra una edición de las Rimas de Miguel Angel y, en los márgenes de aquel célebre poema al joven Tommaso (“Me has encadenado sin cadenas / y sin brazos ni manos me sujetas / ¿quién me defenderá de tu belleza?”) y en los espacios en blanco de las páginas siguientes, bosqueja febrilmente su versión de la historia, con las proverbiales digresiones que lo caracterizaban. Al alba siguiente parte a Civitavecchia a hacer acto de presencia en su oficina y nunca más retoma la historia, que queda olvidada entre las páginas de ese libro hasta que en 1997 es descubierta por azar en el remate de la biblioteca del conde de Waldstein en Milán.

Miguel Angel tenía 52 años cuando conoció a Tommaso el hermoso; Stendhal estaba a días de cumplir cincuenta ese otoño de 1832. No le costó nada verse como Miguel Angel: feo, viejo, plebeyo. Pero tampoco le costó nada imaginarse cómo habría sido ser Tommaso: se pasó la vida adjudicando sus fracasos amorosos a su fealdad y nada enfebrecía tanto su imaginación como el fracaso amoroso. En medio de la historia de Miguel Angel y Tomasso, Stendhal es capaz de decir, lo más campante: “No se sorprendan de verme aparecer con una máscara. Tengo la manía de pretender ser yo y de querer aparecer en mis páginas ni mejor ni peor de lo que soy. En ambos casos soy sincero. Hay que creer un poco en mi alma”. Eso a continuación de la escena en que Miguel Angel conoce al bello Tommaso, en la misma habitación donde Sten-dhal está escribiéndola trescientos años después, en los márgenes de un libro, sintiéndose más despechado y viejo que nunca. La escena es así: el viejo Miguel Angel espera ser recibido por el dueño de casa cuando aparece en la habitación el hijo del dueño, el joven Tomasso, que alza un damasco escarchado de azúcar de una bandeja de plata y dice: “Lástima que no sea pecado”.

En Francia hay una pomposa asociación que se hace llamar “Amigos de Stendhal”. Hay que ser pomposo para ser amigo con carnet de un escritor muerto hace siglo y medio. Por suerte, los stendhalianos italianos son todo lo contrario: publicaron alegremente el hallazgo y lo vendieron como nouvelle. Stendhal escribió La Cartuja de Parma en dos meses y tiene seiscientas páginas; esto lo había escrito en medio día y tenía nueve páginas: ¿por qué no podía calificar como nouvelle?, se dijeron stendhalianamente los italianos. Los franceses estaban que trinaban. Hicieron su engolada y plúmbea versión (aunque la edición italiana ya era bilingüe) y volvieron a odiar al mundo cuando los valencianos de la editorial Pre-Textos publicaron ¿Quién me defenderá de tu belleza? El poema de Miguel Angel decía en italiano “de tu bel volto”; los franceses lo tradujeron literal, plano: “de tu bello semblante”. El español Juan Antonio González Iglesias decía stendhalianamente que le parecía mejor traducirlo como “de tu belleza”. Dicen los que saben que desde la tumba de Henri Beyle se alzó un suspiro stendhaliano de satisfacción cuando su librito terminó encontrando el glorioso título que merecía.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Arqueología textil: hacia una epistemología de la puntada

 

 hilandera

Especial para En Rojo

(primero de seis)

Aunque imposible, podrás decir que has herido al viento

 Góngora

 I. En el Amazonas, Hilton Japyassú espera a que una araña adelante el tejido de su red. cuando ya la araña ha formulado un claro plan de tejido, Japyassú interviene el trabajo.  el biólogo, rompe y desvía la obra, cambia su anclaje de origen o altera su dirección.   la araña responde.  no repite obsecada el viejo patrón destruido.  afiligrana el proyecto e innova.  Japyassú  tiembla. se da cuenta de que  la red es parte del cerebro de la araña. ya  sabía que en ese cuerpecito no hay un centro nervioso del encéfalo localizado en un lugar central.  el cerebro de la araña , recorre su cuerpo, se afianza en sus ocho patitas y, descubre boquiabierto Japyassú, continua hacia su red.  atento y ya apunto de perder el aliento, axioma que ese tejido es una inscripción de sus saberes nuevos y muy antiguos. el biólogo de la Universidad Federal de Bahía se pregunta cómo la tejedora adquiere su información textil:  ¿en su instinto? ¿o es una información que se desarrolla al interactuar con la red alterada? descubre asombrado que la red es parte del sistema sensorial de la maravillosa criatura.   la red es parte de una forma de cerebro que se localiza en el afuera de cuerpo.  en la creación sensible.   la tejedora por excelencia, la araña, hilvana sus sentimientos con su hambre, pespunta certidumbre con urdimbre; zurce su ira; trama lo incógnito, hilvana su historia única y la red testimonia a Hilton Japyassú y su intolerables malas costumbres destructoras.   su cuerpo, el de la araña, y su mente, la  del biólogo, quedan en la red.   

II. En el sofá de mi casa, un quilt hecho por Lydia Lausell me quema los ojos cada vez que lo miro.  otro amazonas nos contiene.  las puntadas se siguen con exactitud,  alinea triángulos en un patrón que no pretende acrobacias.  podría invitar a Japyassú, para  que compruebe como ahí también habita una forma de cerebro extendido, un cuerpo que no se detuvo donde terminan los dedos.  si la fibra en retazos más antigua data del 3400 AC en este sofá queda la trascendencia que desde las aferentes ramificaron hasta el hilo.  y como en el caso de la araña, supone la localización de nuestra mente y vida sensible fuera del cuerpo.   miro esos triángulos de puntadas precisas y reclamo sus saberes:  los cruzados usaban ropa acolchada bajo armaduras y el boro protegió de frío a los más pobres y de orgullo a los samurais.  cada triángulo del trabajo de Lausell es una extensión significante que conjura este espacio tan mísero que es el cuerpo.  así pues, el pespunte que culmina en diminuto remate, es parte del proceso cognitivo y funciona como su extensión física. en el misterio  y la maravilla de juntar pedazos de tela, la cognición se corporaliza.  pues el pespunteado depende rodundamente del cuerpo físico de quien borda. el technos es la creación de extensiones que venzan nuestra fragilidad en cuanto  el objeto nos extiende. el tejido duplica la constitución de la enramada celular, y no le es prótesis, antes bien una extensión natural.  la experiencia corporal y cultural que informa la elaboración del tejido extiende el ojo y la mano, mientras declara como las vidas de quien ya estuvieron son reinstaladas en nuestro pálpito.  sintagmas individuales, significantes visuales que alfabetizan lo innombrado.

Ese  quilt propone la mediación corporal entre el ser significante(tela puntada)plano de expresión y el ser ámbito o envolutura. en tal envoltura, el cuerpo propio es el lugar de las dependencias internas señaladas Hjelmslev. significante pero tambien encuanto fibra que reproduce y extiende el cuerpo fuera del límite que le concedemos tradicionalmenete.  el textil nos obliga y nos autoriza a definir el cuerpo propio como un plano de inmamnencia. me atrevo a asegurar que  encarna el cuerpo propio sin perder un ápice de su propia inminencia. amarillos verdes y rojos paralelan triángulos en este universo de cosas no significadas que la mano lúcida de Lausell construye en cuanto entidad autónoma de dependencias internas. en retazos acolchados visita las contingencias y variaciones que la propia uniformidad del cuerpo,antes percibido como límite,posee.  en oposición de texturas crea un orden psicofisiológico en que la red de relaciones, mecanismos, operaciones y disyuntivas se extiende desde lo que llamamos el cuerpo humano,hacia lo que se construye como “mundo exterior.”la puntada uniforme emborrona la división de frontera, pues manifiesta que somos todos un organismo:  incluye lo que estrechamente llamamos“inanimado.” el acolchado convierte las carnosidades a partir de su textura, en un plano de inmanencia en que se comparte una totalidad inquebrantable .   

el tejido se repite en cada espacio de humanidad.  entorno, protección y es una narrativa que no incluye un sola palabra , y que se percibe como la fibra del ser.  parte del cuerpo humano,  en que se comprueba aquello que dijo Foucault y que torpemente parafraseo: solo puede haber verdad en la forma del otro mundo y la otra vida.” el textil es esa verdad que en el limite de este mundo este cuerpo no accedemos.

en el amazonas una araña espera a Hilton Japyassú, quien es parte de su red tejida, como lo son la gota de agua, la mosca atrapada, su sistema encefálico  y sus ideas.