Inicio Blog Página 1270

Auscultando los que puede ocurrir en noviembre

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

Escribo a 42 días de la cita electoral puertorriqueña y, a diferencia de otros años, no conozco de alguna encuesta que proyecte el posible resultado. Ya fuere por la pandemia propiamente, o para reducir el gasto dado sus efectos, ningún diario del país ha publicado sondeos. Ni siquiera se escuchan las predicciones de astrólogos y adivinadores. Sólo se producen los sondeos informales que hacen algunos medios entre su audiencia, que de ordinario carece de valor.

¿Podrá servir de guía el resultado de elecciones anteriores? Sin duda el patrón de votación del pasado sirve como indicador, pero en el Puerto Rico de hoy su valor es reducido tras las experiencias acumuladas en los últimos años. 

En la más reciente de las citas electorales, la de 2016, el tema de la quiebra del gobierno copó el debate preelectoral. Meses antes el entonces gobernador Alejandro García Padilla había reconocido que la deuda pública era impagable y su gobierno había caído en mora. Desde el centro imperial respondieron creando una estructura legal para el procedimiento de quiebra e imponiéndonos un organismo que controlaría el proceso. La Junta de Control Fiscal comenzó funciones apenas meses antes de las elecciones. El tema de la corrupción también estuvo presente en el debate preelectoral, en la figura del traquetero Anaudi Hernández, pero su peso relativo disminuyó la poca efectividad del gobierno de García Padilla y la quiebra fiscal. 

A pesar de la quiebra, el dominio los dos partidos que se han repartido el poder colonial durante más de medio siglo volvió a manifestarse en 2016, pero con fisuras importantes. Los candidatos a gobernador de los partidos Nuevo Progresista y Popular fueron otra vez los más votados, con 41.8 y 38.8 por ciento respectivamente. Esos datos, sin embargo, representaron una merma significativa en comparación con elecciones pasadas cuando uno de ellos siempre llegaba o se acercaba al 50%.  

Los receptores del voto “no bipartidista” fueron dos candidatos independientes, Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre, particularmente la primera. A pesar de carecer de estructura organizativa, sin dinero para publicidad y definiéndose entonces como independentista y atea, Lúgaro capturó el 11 por ciento de los votos. Ningún tercer candidato se había acercado a esa cifra desde 1968, cuando Roberto Sánchez Vilella, entonces gobernador en funciones y postulado por un nuevo partido, obtuvo el 11.7 por ciento. 

De esa experiencia se ha escrito mucho, centrando el “fenómeno Lúgaro” en tres elementos: la buena proyección de la candidata, cansancio con el bipartidismo tradicional y el efecto de las llamadas “redes sociales”. El rechazo a la corrupción sempiterna y a la incompetencia administrativa del PNP-PPD llevó a los electores y a buscar opciones, mientras que los nuevos medios de comunicación limitaron el impacto de las campañas millonarias de los partidos tradicionales. 

En 2016 hubo, además, otro elemento también importante: el escrutinio electrónico. Por primera vez los votos se contaron sin la intervención de los funcionarios de los partidos, lo que redujo significativamente el fraude.  

Las causas que llevaron a un número grande se electores a rechazar al PNP-PPD en 2016 no sólo se mantienen, sino que se han agudizado de cara a los nuevos comicios de 2020. La quiebra a la que ellos llevaron al país continúa. También sigue el colonialismo que le sirvió de marco, y que produjo como “solución” la imposición de un supra gobierno desde el extranjero. Esa “solución” impuesta desde Washington ha reducido la ya menguada eficiencia gubernamental y agudizado el desempleo. Junto a la quiebra – engordándola y facilitando su continuidad- se levanta la corrupción, que en estos cuatro años se ha disparado tanto en el gobierno como en la Legislatura.

A la continuada presencia de la quiebra y a corrupción se unieron otros factores para producir el peor cuatrienio de que se tenga memoria. Los desastres naturales que se acumularon, junto a la pandemia que llegó al final, dispararon la incompetencia. Ahora mismo la mayoría del país no percibe presencia de alguna estructura de gobierno en su vida diaria. Lo que queda del Estado se ha reducido a un pequeño grupo de funcionarios que actúa pensando en la fecha de salida, y que, dirigidos por una persona que nadie eligió, opera más como una banda de saqueadores que como gobierno. Como los godos cuando entraron a Roma, cada uno trata de llevarse lo más que pueda. 

Ante ese cuadro sería lógico suponer que los elementos que comenzaron a manifestarse en las elecciones de 2016 se intensifiquen en 2020. Lo que está por verse es si su impacto será suficiente para alterar por primera vez el binomio PNP-PPD. 

En esta ocasión frente al binomio de siempre aparecen dos candidatos jóvenes con fuerte presencia en las redes sociales y con impacto en un sector poblacional no comprometido con lealtades partidistas del pasado, que cada vez es más grande. Alexandra Lúgaro vuelve a postularse, en esta ocasión como candidata de un partido inscrito, el Movimiento Victoria Ciudadana. El PIP, por su parte, postuló a Juan Dalmau que desde el Senado realizó una efectiva labor durante el presente cuatrienio. A juzgar por los patrones históricos de votación y a la fuerza organizativa que aún mantienen el PNP y el PPD, sería muy arriesgado predecir que alguno de ellos puede prevalecer frente al binomio de siempre. Lo que sí es posible augurar es que los porcentajes de las elecciones anteriores a la de 2016 no volverán. 

Lares: El punto de partida

 

Por Carlos Gallisá                                                  

 

El Grito de Lares es nuestro punto de partida para estos apuntes sobre la historia política puertorriqueña. Allí se da la primera gran explosión política del pueblo puertorriqueño en la defensa de su derecho a constituirse en una nación libre y soberana. La palabra “Grito” en el siglo 19 era usada para referirse a una insurrección armada por la independencia. En Cuba, se llamó el Grito de Yara y en México el Grito de Dolores. Nuestro Grito es el primer movimiento revolucionario de reconocida fuerza en la historia de Puerto Rico. El 23 de septiembre de 1868, en la hacienda de Manuel Rojas en el barrio Pezuela de Lares, unos 1,000 hombres allí reunidos se constituyen en el ejército rebelde y a eso de la media noche toman el pueblo de Lares y declaran la República de Puerto Rico, instaurando un Gobierno Provisional de la República presidido por Francisco Ramírez Medina.

Esta insurrección contra el dominio colonial español, que se conoce en nuestra historia como el Grito de Lares, tuvo como su principal dirigente, organizador intelectual y militar a Ramón Emeterio Betances. Desde el exilio en París y más cercano a la fecha de la rebelión, desde República Dominicana, Haití, Curazao y San Tomás, Betances  transportó armas, diseñó planes militares, ideó la bandera de Lares y en su proclama de 1867, titulada Proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres, recogió los postulados programáticos de la revolución puertorriqueña. La lista de sus demandas incluía:

  1. Abolición de la esclavitud
  2. Derecho de votar todos los impuestos
  3. Libertad de culto
  4. Libertad de palabra
  5. Libertad de imprenta
  6. Libertad de comercio

     7. Derecho de reunión

  1. Derecho de poseer armas
  2. Inviolabilidad del ciudadano
  3. Derecho de elegir nuestras autoridades

Estas exigencias de libertades y derechos reflejan las razones para la revolución. El despotismo colonial suprimía las libertades individuales y colectivas de los puertorriqueños y hacía de éstos, esclavos económicos de los hacendados y comerciantes españoles. La consigna política de la Revolución Puertorriqueña —Patria, Justicia, Libertad—, define los objetivos que perseguía la rebelión.

El alto mando revolucionario estaba compuesto por Betances, Segundo Ruiz Belvis, José Celis Aguilera y el Dr. José Francisco Basora entre otros. Ruiz Belvis muere en Chile en octubre de 1867 en gestiones de apoyo continental a la causa puertorriqueña. En la Isla Manuel Rojas fue nombrado Jefe General de la Revolución y Juan Terreforte, Comandante General. Este último luego militará en el Partido Revolucionario Cubano en Nueva York durante 1895 como parte de la Sección Puerto Rico.

La fuerzas revolucionarias del Grito de Lares fueron derrotadas militarmente por las tropas españolas. Fallas de coordinación entre las distintas unidades revolucionarias de los municipios, llamadas entonces sociedades secretas, la imposibilidad de Betances para entrar a la Isla con su expedición debido a la guerra civil desatada en República Dominicana en abril de 1868 y luego, la confiscación por las autoridades danesas del barco que traía unos 500 fusiles fueron factores decisivos en la derrota de los revolucionarios.

En carta de Betances a Manuel Sanguily del 14 de agosto de 1891, Betances explica brevemente lo sucedido:

“Es cierto que en 1867 se conspiraba en Cuba como en Puerto Rico. Ése fue el año de mi expulsión, que dura hasta hoy. Conmigo fueron desterrados otros amigos, entre los cuales era el principal Segundo Ruiz Belvis, el mismo que, nombrado por los míos para la Junta de Información, había sido encargado de proponer, como lo hizo, la abolición inmediata de la esclavitud con indemnización o sin ella. Lo que no es cierto es que las dos Islas conspiraban de acuerdo, y ésa fue una gran desgracia; pues entre las dos, si hubiera querido comprenderlo la Junta de New York, arrastrábamos a la República Dominicana y teníamos bandera en el mar. Ruiz Belvis y yo llegamos a New York expulsos antes del levantamiento de Lares.

Allí nos reunimos con el doctor [José Francisco] Basora, puertorriqueño que formó parte de la Junta Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico; y formamos los tres Comités que lanzó la proclama de que usted me habla.

En New York nos separamos. Basora se quedó en su puesto, Ruiz salió para Chile, donde esperaba encontrar ayuda, y murió al llegar a Valparaíso (Puerto Rico perdió un gran patriota), y yo volví a las Antillas, donde seguí tan pronto en Santo Domingo, como en St. Thomas, en Curaçao o en Haití, hasta que me vi echado de todas partes, organizando los comités de Puerto Rico, que lograron levantar al pueblo, reunir en menos de tres días más de diez mil hombres dispuestos a luchar y a salvar siquiera el honor del país. Desgraciadamente, una indiscreción había forzado a los conspiradores de Lares a precipitar el movimiento antes de mi llegada con las armas que tenía preparadas, y pudieron los españoles sofocar fácilmente las aspiraciones de todo un pueblo para que pudiera más tarde declarar Labra que en Puerto Rico no había más que un separatista. Usted sabe quién”, termina diciendo Betances.

No empece la derrota militar, el Grito de Lares obligó al gobierno español a modificar o reformar el sistema colonial. En 1869 se permitió la formación de partidos, hasta entonces prohibidos, aunque manteniéndose la prohibición sobre organizaciones independentistas. Se amplió la elección de diputados a las Cortes y cinco años más tarde, en 1873, se abolió la esclavitud y en 1876 la odiosa libreta de jornaleros.

Esta libreta era parte de un reglamento que impuso el gobernador Juan de la Pezuela en 1853 para controlar las actividades de los jornaleros, definidos como toda persona mayor de 16 años que no tuviera profesión o capital. Estos trabajadores tenían que inscribirse en un registro a cargo del juez del pueblo, quien les entregaba una libreta.

La libreta colocaba al trabajador en un estado de servidumbre. El patrono hacía anotaciones en la libreta sobre su conducta, salario devengado, trabajos realizados y las fechas de empleo. Se prohibía el agrego. Toda esta reglamentación, conocida como la libreta de jornalero, se hacía para beneficio de los grandes hacendados.

El reformismo que se abre paso ante la derrota del movimiento revolucionario en Lares viene a ser una constante en nuestra vida de pueblo. Los reformistas en su oposición tradicional a la independencia terminan siempre sirviendo al imperio de turno en su dominación colonial y, por consiguiente, afirmando el coloniaje. Así sucedió bajo España con la Carta Autonómica al igual que bajo Estados Unidos con el Estado Libre Asociado.

El reformismo o autonomismo es una postura colonial. Sus demandas nunca llegan a plantear la salida del poder colonial y el traslado al pueblo colonizado de derechos plenos y soberanos. El reformismo siempre le concede a la potencia colonial el poder último, precisamente lo que define y marca el coloniaje. El reformismo llegó a su máxima expresión con el autonomismo. Su primera manifestación organizada la presidió el Dr. Pedro Gerónimo Goyco en 1870 al crear el Partido Liberal Reformista.

En Lares no nació la nación puertorriqueña. Como veremos ésta comenzó a formarse desde mucho antes. La importancia de Lares es que aquí se hace innegable nuestra existencia como nación. La lucha de independencia que se expresa en Lares con una fuerza como nunca antes es nuestro punto de partida en defensa de la nacionalidad puertorriqueña.

Exaltando la importancia del Grito de Lares en nuestra historia Pedro Albizu Campos expresó: “En esa fecha gloriosa se fijó la voluntad a ser libres y desde ella empieza la cronología de la República Independiente, no importa el tiempo que tarde en librar su soberanía de extrañas intervenciones”.

Es menester señalar que el sentimiento nacional boricua tiene expresiones tan tempranas como a principios del Siglo 18 con la diferenciación que hacía la población entre criollosy españoles. Según el fraile español Íñigo Abad en su Historia de Puerto Rico,se les da el nombre de criollos a todos los nacidos en Puerto Rico no importa “la casta o mezcla de que provengan”. A los europeos se les llamaba blancos.

Otros destacan la despedida que el primer obispo boricua Juan Alejo de Arizmendi le dio a Ramón Power en 1809 al salir hacia las Corte Españolas luego de ser electo diputado en la primera elección celebrada en Puerto Rico. En una clara diferenciación el obispo Arizmendi le entrega su anillo a Power y le insta a defender los derechos de sus compatriotas. Se le adjudica a Power ser el primero en llamarse a sí mismo puertorriqueñoy en llamar paisanosa sus compatriotas.Claramente, ya había conciencia de que éramos un pueblo diferenciado de los españoles.

Antes, en 1797, miles de milicias puertorriqueñas combaten la invasión inglesa y la rechazan. A finales del siglo 18 nace el arte pictórico puertorriqueño con José Campeche. Y temprano a la vuelta del siglo aparece Antonio Valero de Bernabé como nuestra primera conciencia revolucionaria. Según Juan Antonio Corretjer este destacado lugarteniente de Simón Bolívar es el primer puertorriqueño en pensar claramente en la independencia de Puerto Rico y a quien le hubiera correspondido ser nuestro libertador de no haber estado el proceso revolucionario puertorriqueño en una etapa tan embrionaria en aquel momento.

En el mar, Roberto Cofresí navegaba bajo una bandera roja que simbolizaba la República de Puerto Rico y atacaba sólo a los barcos estadounidenses, ingleses y españoles. La Armada de Estados Unidos al servicio de España para evitar la independencia de Cuba y Puerto Rico captura a Cofresí y lo entrega a los españoles, quienes lo ejecutan en El Morro en 1825 a los 34 años de edad.

Todas estas expresiones y muchas otras de una nacionalidad puertorriqueña en gestación y ascenso preceden a Lares y explican el Grito en 1868 y la realidad política del país en aquel entonces.

Bajo el coloniaje español el país se dividía en tres tendencias políticas principales con sus vertientes cada una de ellas. Los conservadoresfavorecían la dominación colonial con la aspiración de convertirse en una provincia ultramarina de España, regida por leyes especiales, algo parecido a la estadidad bajo Estados Unidos. De hecho, se les llamaba asimilistas a los favorecedores de esa corriente entre los conservadores.

La segunda tendencia favorecía el reformismo, esto es, exigencia de libertades políticas y económicas para la población y el gobierno de la Isla pero sin llegar a la soberanía ni la independencia. Al igual que ahora, dentro de esta tendencia había una variedad de visiones reformistas o autonomistas. Y también, al igual que al presente, había un sector asimilista dentro de ese centro político autonomista. Valga decir que Román Baldorioty de Castro, reconocido como el padre del autonomismo, no rechazaba el asimilismo como una etapa transitoria hacia la autonomía.

La tercera tendencia era la revolucionaria, la que postulaba la independencia y todas las formas de lucha para alcanzarla. Los alzados en Lares la definen fielmente.

A partir de la derrota de la Revolución de Lares surge el reformismo como la fuerza en crecimiento, proceso que desemboca en la creación del Partido Autonomista en 1887 bajo el liderato de Román Baldorioty de Castro.

Reproducido del libro Desde Lares, cap. 1, pp-19-24

 

 

Clases y presos del Grito de Lares de 1868

 

Por Francisco (Pancho) Moscoso/Especial para CLARIDAD

 

Todas las clases

Si algo llamó la atención y produjo consternación entre las máximas autoridades españolas fue la composición social de los protagonistas de la Revolución Puertorriqueña de 1868.  El levantamiento armado se inició con el Grito de Lares, pueblo cafetalero en el centro-oeste de Puerto Rico, el 23 de septiembre de 1868.  Tras su derrota militar sobre 600 personas, según documentado hasta ahora (cifra que aumenta según progresan las investigaciones), fueron arrestadas y encarceladas poniendo de relieve una realidad asombrosa. Los presos provenían  de todas las clases sociales y oficios diversos existentes en la estructura social de Puerto Rico.

Una vez que la insurrección armada fue reprimida, la propaganda oficial procuró por todos los medios aislar el evento, minimizar su dimensión , difamar a sus líderes y menospreciar en términos clasistas y racistas a los involucrados. Pero, en su Informe al Poder Ejecutivoen Madrid, del 4 de julio de 1869, el gobernador y general José Laureano Sanz, reservadamente consignó: “No puede menos de ser importante y trascendental el hecho de que individuos de todas las clases que componen esta sociedad tuvieran participación en la revolución radical que proclamaba la independencia de la isla”. Mejor no lo pudo exponer.

Fuera de elementos extranjeros de la clase hacendada y los de la clase comercial (en su mayoría españoles, catalanes en particular), la mayoría de Puerto Rico estaba contra la dominación colonial de España. Sanz admitió (en privado) que de haber tenido los patriotas la oportunidad de poner en ejecución el levantamiento armado simultáneamente en distintos lugares y de haber llegado el doctor Ramón Emeterio Betances con su expedición libertadora, con toda probabilidad el pueblo los respaldaría y España tenía las de perder.

“No puede calcularse la extensión de aquellos, porque, como queda probado”, Sanz escribió, “abortó y vino al mundo sin las condiciones necesarias de viabilidad. Tampoco pueden medirse los efectos que hubieran producido en el caso de haber estallado simultáneamente en los puntos más importantes de la isla, recibiendo los auxilios que Betances debía suministrar. No es fácil deducir el número de los que entonces hubieran hecho armas y los medios que para lograr el triunfo adoptar pudieran”.

En el Informe del 4 de julio de 1869, el general Sanz concluyó: “Entraba en el plan de los rebeldes ir apoderándose del Pepino, Isabela, Aguadilla, Arecibo y otros pueblos como lo habían ejecutado en Lares, creando en cada uno de aquellos un gobierno provisional. Para ello era necesaria la cooperación de los habitantes de los mismos, o , por lo menos, su tácito asentimiento, pues de otro modo no es ni aún presumible que hubieran comenzado tal obra”.

Contrario a la noción oficial y colonizada que se propagó a finales de la dominación española hasta 1898, y que se ha extendido a lo largo del siglo 20 y lo que va del 21 bajo la dominación de Estados Unidos, de que la revolución fracasó por falta de apoyo popular, para terminar el general Sanz dijo: “Los rebeldes contaban con muchos medios de acción en el caso de que el movimiento se hubiera efectuado  en varios puntos. Las escasas fuerzas del ejército no podían oponerles una formal resistencia a la vez en sitios diversos, los pueblos no podían entrar en lucha con sus amigos, paisanos y hermanos, y cuando la victoria se hubiera decidido, es seguro que la generalidad habría agotado sus armas e intereses a favor de los vencedores”. ¿Más claro?

Sanz asumió el mando de la colonia a finales de diciembre de 1868. Las cárceles de Arecibo y de Aguadilla, donde concentraron a los presos en condiciones de hacinamiento, estaban atestadas. El juez Nicasio Navascués, al mando judicial, advirtió que de proseguir el proceso el número de arrestos iba en aumento y el encausamiento se iba a hacer inmanejable. Ya se habían dado manifestaciones populares y desafiantes, en las plazas de San Germán y de Mayagüez, por ejemplo,  por la excarcelación de los prisioneros y la conmutación de la pena de muerte que pesaba sobre varios líderes. En una carta del 10 de enero 1869, Sanz transmitió el sentimiento anti-español generalizado.

Bajo tales circunstancias, Sanz pidió lo que el gobierno de España ya había decidido. El 21 de enero de 1869 se decretó la Amnistía General de los presos del Grito de Lares; puesta en práctica en la isla cuatro días después. En el Expediente sobre la revolución de Lares, 1868-1869hay dos documentos, Relación nominal de los presosy Estado demostrativo de los procesados, en que constan 551 prisioneros con sus nombres. Para entonces, liberaron a 263 prisioneros;  126 fueron liberados antes de la Amnistía. Por lo menos 85 mártires habían muerto a causa de epidemia, desnutrición y maltratos (golpizas).

Pero la muestra de los centenares de presos le puso en claro al general Sanz  y a las autoridades españolas por todo el pais por dónde pudieron haber ido las cosas. Veamos algunos detalles.

Composición social de los presos     

En la obra El grito de Lares. Sus causas y sus hombres(1985), la historiadora Olga Jiménez de Wagenheim  identificó las ocupaciones de 490 presos.  En base a ello, se pueden reordenar las cifras con arreglo a lo que constituyen clases y oficios, propiamente. Sacamos el por ciento a base de los 490:

        Cuadro 1: Clases sociales entre los presos, 1868 

Clases sociales              Número               Por Ciento

Hacendados                          23                      4.5%

Comerciantes (pulperos)      35                          7%

Labradores                            74                         15%

Artesanos                              32                        6.5%

Jornaleros                            189                         39%

Esclavos                                49                         10%

 

Fuente: Jiménez de Wagenheim, El grito de Lares

(1985)

Las clases sociales no deben confundirse con las ocupaciones u oficios de la gente. En Puerto Rico hay la costumbre coloquial (equivocada conceptualmente) de emplear clase como sinónimo de ocupación o de profesión. Por ejemplo,  “clase togada” (jueces), “clase abogadil” (abogados), “clase magisterial” (maestras y maestros), etc. etc. Donde más se acercan a la definición correcta es cuando se dice “clase empresarial” o “clase bancaria”. Las clases son pequeños y grandes grupos sociales que se constituyen de acuerdo a quiénes controlan o no el proceso de producción (las actividades económicas), quiénes tienen la propiedad privada de los medios de producción básicos (tierra, empresas, tecnología), quiénes controlan los medios de financiamiento (el dinero y los bancos, especialmente),  quiénes manejan la circulación de las mercancías (el comercio), y quiénes disfrutan privilegiadamente de la riqueza producida (los ricos y acaudalados).

Las clases se establecen en torno a las relaciones sociales de producción, cada una con sus especificidades. Si una sociedad está dividida en clases es porque hay unos que son la base productiva, los trabajadores (que son la mayoría) y hay otros que dominan la economía y delegan funciones a subordinados con diversos grados de remuneración, los señores terratenientes, empresarios, banqueros y grandes comerciantes (la minoría). Encontrarán en la obra El concepto de clases sociales(1977), de los historiadores Ciro Flamarión Santana Cardoso y Héctor Pérez Brignoli una buena introducción al tema.

Así pues, el conglomerado de los esclavos se formó en relación a los amos (que en el siglo 19 podían ser desde los hacendados dueños de hasta más de 100 hasta algún artesano poseyendo uno). Los jornaleros, o trabajadores asalariados, se formaron en relación a sus empleadores hacendados, principalmente. Los artesanos se constituyeron de acuerdo a sus oficios diestros contratados por salarios y otras formas de remuneración (que podían incluir raciones de comida). Los españoles usaban el término “industriales” como sinónimo de artesanos. Entre los presos en este ámbito englobaron a los siguientes: carpinteros (11), zapateros (5), sastres (4), albañiles (2),  panaderos (2), tabaqueros (2), impresores (2), barberos (1), dulceros (1) y  fabricantes de sombreros (1).

Por labradores se referían a pequeños agricultores, que poseían un terrenito  del que escasamente obtenían su sustento y que en muchos casos alternaban la azada con alguna tarea de labor contratada. Los comerciantes, por su parte, contaban con miembros de la propia familia para asistirlos y/o dependientes asalariados. Ese es el marco de referencia de la sociedad de clases y de las luchas entre y al interior de ellas.

Concomitante con la existencia de una sociedad de clases es el hecho de que las clases dominantes socioeconómicamente, a su vez, detentan el poder político; controlan el Estado, los gobiernos y la fuerza policíaca y militar. Y en el caso del colonialismo, un Estado imperialista subyuga directa ( a veces indirectamente) a otro país o a varios países.

Desde el descubrimiento, conquista y colonización de finales del siglo 15 en adelante, Puerto Rico como el resto del mundo formaba parte del largo proceso histórico de la transición del  feudalismo al capitalismo. Esto quiere decir que desde aquella época (incluso antes en Europa, el Medio Oriente y otras regiones) la economía se iba estructurando en términos del mercado. Todos los recursos naturales y materias primas, los productos del trabajo, y la fuerza de trabajo misma, se redefinieron de sus concepciones naturales, especies y valores de uso en mercancías, dinero y valores de cambio monetario. A todo se le puso precio. Como había observado Cristóbal Colón el oro era tan poderoso que con ello se podía comprar la entrada al cielo. De las entrañas del feudalismo, en sus burgos o recintos comerciales,  emergió la burguesía mercantil y financiera; progenitora de la clase capitalista. Desde la Era de la Revolución Industrial en el último tercio del siglo 18 y comienzos del 19, especialmente, se identifica a la clase capitalista también como la burguesía.

El futuro de la historia iba encaminado al capitalismo. Y las revoluciones que lo engendraron e instauraron tenían el objetivo ulterior de abolir los sistemas sociales precapitalistas y establecer el nuevo régimen que anunciaban con sus cartas de derecho y de libertades acordes.  Hubo declaraciones de derechos universales del hombre, formuladas por y al servicio de la burguesía, como en la Revolución Francesa (1789-1799). Los esclavos de Saint-Domingue pronto supieron que el “liberté, egalité et fraternité” no aplicaba a ellos; su respuesta fue la Revolución Haitiana (1791-1804). Frente al absolutismo monárquico y el mercantilismo estatal se opuso el parlamentarismo constitucional y el liberalismo económico. Aquel liberalismo económico clásico es el antecedente del neoliberalismo que agobia a Puerto Rico y al resto del mundo en el presente.  Se trata de un proceso histórico multilineal y desigual según las condiciones en que se desplegaba en cada  país.  En esa complejidad histórica  se cruzaron potencias con grados avanzados de industrialismo y configuración de la sociedad en dos grandes clases de capitalistas y trabajadores asalariados, como en Inglaterra, con países y colonias que combinaban sistemas de trabajo serviles (campesinos agregados, por ejemplo), esclavistas y semicapitalistas (los jornaleros iniciales), como en Puerto Rico antes de 1873.

En el escenario de la Revolución Puertorriqueña de 1868 confluyeron cuatro luchas principales: la de la pequeña burguesía hacendada y comercial (incluyendo sus segmentos profesionales) por asumir el poder nacional, la de los esclavos por la abolición de la esclavitud, y la de los jornaleros por eliminar el régimen de la Libreta coercitiva y restrictiva del trabajo. También los artesanos luchaban contra las trabas gremiales y la libertad plena de contratación. Y los campesinos que pudieran buscaban poseer siquiera su propio cantito de tierra del que vivir.  Todos tenían intereses y luchaban por objetivos económicos, políticos y culturales particulares. Hubo coincidencias y contradicciones sociales entre ellos.  Lo que pudiera significar la democracia y los derechos civiles y humanos (y sus conquistas entonces) tenía de fondo esa realidad histórica.

A todos los puertorriqueños los unía, sin embargo, la necesidad y deseo de liberarse de un enemigo común y opresor:  la España imperialista y anacrónica en sus prohibiciones económicas. En 1868 la liberación nacional solo era posible mediante la independencia y el establecimiento de la república de Puerto Rico: ejerciendo la nación su soberanía (sin definiciones ambiguas o melcochadas) ,  sin mediatización de ninguna especie ( de protectorados y cláusulas de intervención) –  con el poder político pleno. ¿Acaso es diferente en el presente con respecto a Estados Unidos?

Las clases trabajadores representadas en la muestra de artesanos, jornaleros y esclavos suman 55.5% del total. Si le agregamos los labradores pobres, andamos por 70.5% ¿Quién dijo (y continúa diciendo) que no hubo un componente popular en el Grito de Lares? Si las matemáticas no han cambiado de fórmulas, estamos hablando de la inmensa mayoría de la población. A excepción de cuatro o cinco casos conocidos (Mariana Bracety, Eduviges Beauchamp, la morena libre Francisca Brignoni, por ejemplo), los presos fueron varones casi en su totalidad.

Cada clase social identificada, obviamente, incluye a las mujeres ignoradas y no reconocidas con que completamos, realmente (y en números semejantes o hasta algo mayor que el de los hombres), la totalidad de la sociedad. Las mujeres en masa, aunque el  general Sanz no lo reconociera e indicara en su Informe, estaban bien presentes en el gran grito de libertad de 1868. De hecho, el gobernador Julián J. Pavía, al mando de la colonia hasta diciembre, señaló haber recibido centenares de cartas de esposas y otras mujeres clamando por la excarcelación de los presos.

El conjunto de 490 presos con ocupaciones conocidas comprende por otra parte 88 personas que representan el 18% del gran total. Estos son segmentos de clases, sectores intermedios o lo que algunos han llamado elementos de “clase media”. Los referimos en orden numérico de casos:

Cuadro 2: Sectores sociales intermedios, 1868

Ocupaciones                                 Número

 

Mayordomos                                               15

Dependientes                               13

Médicos                                      7

Militares                                      7

Amanuenses                               5

Comisarios                                  5

Maestros                                     3

Marinos                                       3

Amas de casa                             3

Jueces de Paz                            2

Notarios                                      2

Abogados                                   2

Oficiales militares retirados         2

Practicantes médicos                  2

Cobradores                                2

Sacerdotes                                          2

Ingeniero                                    1

Farmacéutico                              1

Estudiante de farmacia             1

Fotógrafo                                     1

Músico                                         1

Alcalde                                         1

Secretario                                    1

Alguacil                                        1

Oficicial naval                             1

Oficial retirado                            1

Cobrador de impuestos              1

Vendedor de tabacos                  1

Administrador de gallera          1

 

Fuente: Jiménez de Wahengeim,

  El grito de Lares(1985: 78).

 

Este es el cuadro concreto, objetivo,  que el gobernante español tenía ante sí cuando redactó su informe en el verano de 1869. Todo Puerto Rico gritó libertad en Lares.

 

Apunte historiográfico

El estudio de los presos del Grito de Lares cuenta con algunas investigaciones. Parte de la información básica es brindada por Olga Jiménez de Wagenheim en su citado libroEl grito de Lares(1985). En el mismo, a pesar de ofrecer los valiosos datos sobre la composición de los presos, al discutir las causas de la derrota Jiménez afirma, contradictoriamente (a mi ver) que “los pocos hacendados que simpatizaban con la libertación política, sentían temor  ante la idea de una revolución social…A los jornaleros y esclavos que trabajaban para estos líderes, el programa revolucionario no les ofrecía conquistas tangibles para mejorar su situación”.

¿Por qué será que 50% de los presos eran jornaleros y esclavos? ¿Para qué el general rebelde Manuel Rojas concitó a los jornaleros a romper o quemar sus libertas antes de tomar a Lares por asalto la noche del 23 de septiembre? ¿Por qué exhortaron a los esclavos a luchar por su libertad? Si después en los interrogatorios algunos dijeron que fueron obligados por sus hacendados, ¿qué iban a decirle a los esbirros militares? ¿Que estaban locos por tumbarle la cabeza a los españoles? ¿Que los sentaran en el garrote y les rompieran el cuello?

Tengamos claro que aquello no se trataba de una revolución socialista y para abolir la sociedad de clases; apenas ese horizonte se rasguñó tres años después y brevemente en la Comuna de París, de marzo a mayo de 1871. El Grito de Lares proclamaba  la independencia nacional y  anunciaba  una revolución democrático burguesa, con sus Diez Mandamientos de los Hombres Libres. La revolución tenía el propósito de cortar  las amarras coloniales y monopólicas de España para darle curso al capitalismo dirigido por la clase dominante puertorriqueña. Hasta ahí llegaba. Pero, ¿qué más se quiere o pretende del Puerto Rico de 1868? Vamos a analizar las realidades sociales, con sus virtudes y defectos, en sus contextos históricos concretos. Eso no le quita absolutamente nada a la heroicidad, sacrificio y patriotismo de sus protagonistas.

En La Revolución Puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares (2003),  expongo mi análisis y punto de vista de que la revolución no fue derrotada por falta de apoyo popular. Todo lo contrario. Junto con la aspiración de la independencia nacional, y como parte de ella, tenía objetivos sociales de progreso entonces como lo eran la abolición de la esclavitud y del régimen de la libreta jornalera. Por otro lado, como le dijera Eugenio María de Hostos al presidente Francisco Serrano en su despacho en Madrid, en enero de 1869, abogando por la libertad de los presos, a Puerto Rico había que dotarlo de todas las libertades existentes, por la sencilla razón de que con el despotismo colonial carecía de todas. Serrano enfurecido dio por terminada la reunión, pero ordenó la Amnistía.

La identificación de 559 presos, con sus pueblos de nacimiento, vecindad,  lugares donde fueron encarcelados, fechas de liberación o de fallecimiento previo, figuran en el folleto Los Presos y Los Mártires del Grito de Lares, 1868-1869, publicado por el Ateneo Puertorriqueño (2005).

Y, en el ensayo Las cárceles y los presos en la Revolución de Lares(2015), la historiadora Raquel Rosario Rivera ha llevado a cabo un estudio minucioso de hasta 645 prisioneros. Ella brinda datos novedosos sobre los presos en las cárceles de Arecibo y Aguadilla, pero también en casas particulares y en hospitales, y de los detenidos transitoriamente y los culpados.

El tema no está agotado. Todavía está por hacer una prosopografía – una historia social – de los presos en sus clases específicas, con toda la información biográfica que se pueda rescatar. Y podemos y debemos continuar reflexionando más sobre el significado de la liberación nacional puertorriqueña en aquel pasado, que nos interconecte con el presente de la colonia que continua luchando por dejar de serla y con cuál contenido social, definitivamente.

*****

 

El autor es historiador. Comentarios a: fmoscoso48@gmail.com

Mujeres en el Grito de Lares

Las mujeres arrestadas por participar en el Grito de Lares.

Mariana Bracetti, Brazo de Oro, no fue la única mujer activa en las juntas revolucionarias del año revolucionario de 1868. La mayoría de las esposas, hijas y madres apoyaron a los hombres que decidieron luchar por la independencia patria.

María Eduviges Beauchamp, de origen francés, fue una gran colaboradora del Dr. Ramón Emeterio Betances. María Eduviges Beauchamp, formaba parte de una familia revolucionaria, pues 5 hermanos de ella y un sobrino fueron partícipes activos de los sucesos de Lares. Elías, Pablo Antonio, Pedro, Zoilo, Dionisio y su sobrino Ramón Alcides. Todos fueron encarcelados, excepto su sobrino que apenas contaba 14 años. María Eduviges nunca fue encarcelada pero fue mencionada en los sumarios hechos a otros implicados. Los Beauchamp siempre fueron reconocidos como una familia de patriotas y en el siglo XX unos de ellos Elías Beauchamp ajustició al coronel Riggs en 1936 y fue asesinado ese mismo día. A María E. Beauchamp se le conocía como “La Viuda”.

Otra mujer que se han relacionado con la gesta del Grito de Lares fue Dolores Cos, natural de Arecibo cuyo nombre verdadero era Dolores González de Cos y era esposa de “Pancho Santana”, cabecilla del Grito de Lares quien fue capturado en el barrio Limaní de Adjuntas y haberse fugado el 5 de octubre 1868. Dolores fue una de las que cosió otra de las banderas de Lares. Luego de la amnistía a los revolucionarios se fue a vivir a República Dominicana, a la provincia de Samaná. Ana Martínez Pumarejo, apoyó incondicionalmente a su esposo don Francisco José Méndez Acevedo, a su cuñado Juan Nepomuceno y a sus hijos, muy activos y participes de la revolución: Aurelio Méndez, Gerardo y Zoilo Méndez. Todos ellos, y Ana, fueron encarcelados por su participación en la insurrección de Lares.

Se menciona el arresto de Celia Broagau, cuando fueron las tropas a registrar su casa luego de la muerte de su padre en batalla, ella amenaza a las autoridades españolas con un machete. Se menciona el arresto de Rosa Medina, quien expresó públicamente loas a los insurgentes al pasar por frente a su casa en San Sebastián.

Rosalía Márquez se menciona como otra de las mujeres que cosió otra de las banderas y de quien se sabe era residente de Mayagüez.También se menciona a Rosa Martínez, que quedaron en el anonimato y sólo se sabe de ellas por las indagatorias. Romana Galindo y Polo de 60 años y la mulata María Vásquez fueron acusadas en Vega Baja. Algunos historiadores han exaltado las figuras de estas mujeres, como patriotas residentes en Vega Baja. Fueron excarceladas por no haber pruebas suficientes contra ellas. La mulata María Francisca Brignoni fue arrestada en Ponce, nacida y residente en Juana Díaz. Se le informó que estaba siendo apresada por atribuírsele manifestaciones subversivas.

Isabel Serrano, esposa de Aurelio Méndez, huyeron a Santo Domingo, mencionados en los sumarios de hechos.

Dolores Rodríguez de Astudillo, más conocida como Lola Rodríguez de Tió fue arrestada junto con su esposo Bonocio Tió en San Germán en noviembre de 1868, tras una escaramuza con tropas españolas.

Obdulia Valentina Serrano Ríos, natural de Lares, era la esposa de Manuel Rojas. Obdulia Valentina y Mariana Bracetti eran concuñadas y grandes amigas. Las dos vivían en la hacienda El Triunfo donde Manuel Rojas albergó a su hermano Miguel, que trabajaron juntos la hacienda. Madre de tres niños, apoyaba la causa y desde su hogar en la hacienda del barrio Pezuela de Lares participaba y servía de apoyo a los que allí frecuentemente visitaban a su esposo. Obdulia Valentina fue arrestada junto con Mariana Bracetti y también fue torturada. Obdulia y Mariana fueron encarceladas en la misma celda en Arecibo hasta su excarcelación en enero de 1869. Se exilió con su esposo, Manuel Rojas, a Santo Domingo para luego trasladarse a Venezuela donde falleció en Boconó, Trujillo, Venezuela.

Estas son las mujeres mencionadas en los sumarios de hechos de los arrestos por el Grito de Lares de 1868. Pero estamos seguros que debió haber más mujeres en estos hechos históricos.

 

Información tomada de tomada de página de Facebook de Darío Ortiz Seda, que presenta como fuente: “La trayectoria política de la mujer en el siglo XIX: antesala al sufragio” de la doctora Raquel Rosario-Rivera 

 

 

Hamilton para el pueblo: Más grande en la pantalla chica

 

Por Gloria Waldman /Especial para Claridad

Hamilton ha tomado su lugar al lado de las películas icónicas del caudal Disney, donde se quedará para siempre. Acaba de ganar en otra lid: ¡la pantalla chica!

He visto Hamilton  en las tablas de Nueva York dos veces y lo reseñé entonces (para  CLARIDAD, septiembre de 2015) bajo el título, “ ‘Hamilton’, un exitazo boricua en Broadway”.  Después de verlo en el canal de TV Disney Plus, lo encontré aún más emocionante en la pantalla chica. No solamente por ser  más relevante que nunca al tocar los temas contundentes de hoy día, el racismo, por ejemplo.  Escuchemos a los  correvolucionarios proclamar,    “ Nunca seremos libres hasta que los esclavos tengan los mismos derechos que tú y yo”.

“ I’m Not Throwin’ Away My Shot” (No voy a desperdiciar mi momento), de la canción  icónica Mi momento (My Shot) puede ser el lema  del movimiento actual, “Las vidas negras importan.” Dijo Lin Manuel Miranda en una entrevista con el elenco que acompaña la obra, “Mi meta era contar la historia de esta gente imperfecta que creó un país imperfecto con ideales que valen la pena perseguir, aunque no los hemos alcanzado en 244 años”. “La tesis de esta historia siempre fue la historia de la América de entonces contada por la América de hoy. Y la gente de color es el futuro de este país; son el presente y son el futuro”.

Destaca el papel de la “nueva mujer” que vemos en la euforia de las hermanas Schuyler al experimentar la energía de Nueva York en los días prerrevolucionarios, y su empeño para que las incluyan en la nueva república.

Hamilton es más emocionante en la pantalla chica  porque ahora todo el mundo que no llegó a ver la obra cuando vino a San Juan  tiene un asiento de  $1000! Por los $6.99 del alquiler de la aplicación Disney Plus por un mes estás en  primer plano, “en la sala dónde pasa todo” (The Room Where it Happens), el refrán de una de las canciones más impactantes de la obra.

 Hamilton con vino y queso, cerveza y papitas,  surullitos y platanutres, con la cena, el almuerzo, en la privacidad de tu domicilio sin la formalidad del teatro.

Se asombra Miranda del hecho de que en Broadway 1300 personas experimentaron la obra a la vez, mientras que en tres días en la pantalla chica, ¡más personas que la totalidad de los  últimos cinco años experimentaron la obra!

Sigue siendo electrificante y sobre todo, innovadora.  La historia en vivo está más viva en la televisión donde  vemos a los padres fundadores de la nación norteamericana personificando la verdadera  diversidad de la nación, negros y latinos haciendo el  papel de los próceres blancos. La obra sigue siendo impulsada por la música. Sigue impresionándonos cómo Lin-Manuel Miranda incorpora los estilos musicales en una mezcolanza de rap, hip hop, Broadway y jazz. Los que no han escuchado la música antes seguirán tarareando las melodías como toda una generación ya lo hace.

¿Por qué Hamilton para el pueblo?

Las frases que resonaban la primera y segunda vez que presencié la obra siguen resonando en esta versión.  “ ¡Si quieres un buen trabajo, pídeselo a un inmigrante!”, siempre recibe ovaciones en vivo en el teatro y ahora recibe ovaciones del público en casa; así como la canción Levántate! (Rise Up!), donde los revolucionarios insisten, “¡Esto no es un momento, es un movimiento!”

Somos testigos del desarrollo de los personajes a través de la música. Experimentamos cómo crece Eliza, de una joven enamorada en su canción, Helpless (Desamparada), a una esposa humillada y dolida por la infidelidad de Hamilton, que se decide a borrarse de la narrativa, a una mujer fuerte que al final se reinserta y dedica sus próximos 50 años de vida a rescatar y valorar la memoria de Hamilton, a ser su portavoz, a asumir sus luchas, entre ellas, la abolición de la esclavitud.

Hablando de Eliza, me comentó Lin-Manuel en 2015, “¡Claro que es feminista! Es su obra. Por eso se llama Hamilton. Nunca dije cuál Hamilton!”

Las mujeres se dirigen a Hamilton en la canción, ¿Por qué escribes como si se te acabara el tiempo? (Why do you write like you’re running out of time?). Cuando hablan de Hamilton, hablan del  poder de la palabra,  “Mientras que él pueda sostener un bolígrafo en la mano, es una amenaza”. Hamilton nos recuerda, sin modestia, “Por lo que escribí, inventé este país.”

Hamilton sorprende todavía, no importa cuántas veces lo hayas visto. No defrauda a su nuevo público. Se traslada a la pantalla chica con toda la grandeza de la obra teatral.

Hamilton  nos devuelve la imagen de quienes imaginamos que somos, individualmente y  como una nación: valientes, luchadores,  osados y  audaces.

En su entrevista en Disney Plus el elenco no se abstiene de decir lo que piensa. Relacionan la obra  plenamente con la necesidad de comprometerse y tomar  acción para crear la América que añoramos.

Miranda acierta en decir que lo que le fascinó de la historia de Hamilton, “el proto inmigrante entre los fundadores”, fue la narrativa del inmigrante en la historia de su padre Luis Miranda, quien llegó a EEUU de Puerto Rico a los 18 años.

Hamilton/Miranda comparte su energía de inmigrante que tiene que lograr todo ahora, ayer, y no puede esperar, el clásico caso del inmigrante impaciente y superdotado.  La obra celebra la capacidad de adaptarse y sobrevivir de los extranjeros que crearon este país. Hamilton para nuestra realidad actual es símbolo y homenaje a América, ”la gran  sinfonía inconclusa”.

La posibilidad mundial de tener acceso a la obra en estos días de crisis es un aliciente para el futuro y devuelve la esperanza de cambiar la realidad política y personal.

Miranda refleja que “La recepción de la obra hoy es distinta a la recepción en 2015”. Es todavía más vigente con lo que está pasando…el virus, las muertes, la política de nuestro país, la corrupción y mentiras y eso se confirma por los millones (!) de comentarios en YouTube recalcando este punto, escritos por el público en general, no los periodistas, ni los críticos culturales.

Observa que “ La gente está encontrando el lenguaje de esta revolución en esta otra revolución”.  El ve con asombro y gozo las pancartas  en las demostraciones nacionales con versos de la obra, “Mañana seremos más!” y “La historia tiene sus ojos en ti”.

Cuando nos planteamos, no importa la edad, ¿qué vamos a hacer con el tiempo que nos queda?, Hamiltonla obra, Hamilton, el inmigrante compulsivo, impulsivo, en perpetuo movimiento, nos da la brújula. Lin- Manuel Miranda, el asombroso y a la vez humilde boricua medular (de la cepa del patriota independentista Gilberto Concepción de Gracia), nos da la brújula, “Nosotros ahora necesitamos participar como ciudadanos, a través de nuestro activismo, votar, involucrarnos con el proceso democrático, dejar un legado…”

A ver si desde la pantalla chica a la calle,  estamos a la altura del desafío…

La autora es doctora en filosofía y letras, es periodista y autora de libros sobre teatro y feminismo en Puerto Rico, América Latina y España.