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CRUCIGRAMA: Enrique Gil Gilbat

Horizontales

2. Enrique Gil _____; escritor ecuatoriano. Dirigente del Partido Comunista del Ecuador. Por ello sufrió persecuciones y cárcel.

9. Fruto de la vid.

11. Macizo del Sahara.

12. Todavía.

15. Caja para depositar las papeletas en las votaciones secretas.

16. 8 de _____ de 1912; nacimiento de E. Gil Gilbert.

17. La cabeza de un _____ en un tacho de basura; libro de cuentos de Gil Gilbert.

18. Otorgó.

19. Unidad monetaria de China.

22. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar.

24. 21 de _____ de 1973; fallecimiento en Guayaquil de Gil Gilbert.

26. Licor antillano.

27. En el antiguo cómputo romano y en el eclesiástico, el día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y el 13 de los demás meses.

28. Dirigirse.

29. Olfateé.

30. Enrique _____ Gilbert; autor de “Yunga”, “Relatos de Emmanuel”, “La cabeza de un niño en un tacho de basura”, “Carta a Mara”, entre otras obras.

32. Los que se _____: Cuentos del cholo y del montubio; libro de Gil Gilbert, Gallegos Lara y Aguilera Malta.

33. Forma de pronombre.

34. Poema.

35. Distraído.

36. Luiz Inácio “_____” da Silva; expresidente de Brasil.

39. Carta a _____; cuento de Gil Gilbert.

41. Quiero.

43. Las _____, las vetas y el asfalto; libro que escribiera Gil Gilbert entre el 1963 y el 1964 en la cárcel.

46. _____ de Emmanuel; novela corta de Gil Gilbert.

50. Asistiría.

51. República del _____; nación africana.

53. Neblí, ave de rapiña.

54. Océano.

55. _____ Gil Gilbert; en 1947 ocupó la Secretaría General del Comité Provincial del Partido Comunista Ecuatoriano. Ese mismo año fue miembro del Consejo Mundial de la Paz.

56. Patria de Gil Gilbert.

Verticales

1. _____; libro de cuentos de Gil Gilbert.

2. Símbolo del galio.

3. Instrumento musical de cuerdas.

4. Perteneciente o relativo a la bilis.

5. Erial, tierra sin cultivar ni labrar.

6. Tate, interjección.

7. Dieron ánimo.

8. _____; allí nació y murió Gil Gilbert.

10. Se encamina.

13. Algún.

14. Partido _____ del Ecuador; Gil Gilbert fue de sus dirigentes.

20. Habita.

21. Sirviente.

23. Pieza de madera u otro material, torneada, alargada, con base plana para que se tenga en pie, que se usa en el juego de los bolos.

24. Escapó.

25. Adornó.

31. _____ deuda; relato de Gil Gilbert.

32. El seis en números romanos.

37. Auparan.

38. Planta acuática.

39. Maúllan.

40. Obró o actuó favorable o desfavorablemente frente a una acción.

41. Del verbo asumir.

42. Rezaré.

43. Afirmación.

44. Conjunción.

45. Existe.

47. Preposición.

48. Tisana.

49. Séptima nota musical.

52. Regala.

De los orígenes de los partidos políticos en Puerto Rico al Partido Republicano Puertorriqueño y don José Celso Barbosa II

José Celso Barbosa planteaba que se habría de triunfar sin necesidad de hacerse cómplices de Sagasta ni de Cánovas del Castillo, coincidiendo con los que pensaban que la situación en Cuba iba a provocar la otorgación de la autonomía. Por otra parte, era objetable la oposición de Sagasta al sufragio universal, con la intención de que los negros no votaran.1 Barbosa y sus seguidores constituyen entonces el Partido Autonomista Puro (llamado también Histórico u Ortodoxo).

Se lograría la concesión de la Carta Autonómica a Puerto Rico, y ante la presión del gobierno español para que se unificaran los liberales y los autonomistas, surge, el 21 de febrero de 1898, el Partido Unión Autonomista Liberal.2

A partir de la declaración de guerra de Estados Unidos a España, el escenario político se trastorna drásticamente. El 12 de mayo las fuerzas militares estadounidenses bombardean la ciudad de San Juan. El 25 de julio invaden Puerto Rico, culminando con el llamado cambio de soberanía, apenas tres meses más tarde. Desde ese momento, la Isla fue mantenida bajo un período de gobierno militar durante dos años, el cual fue vehementemente repudiado por todos los partidos políticos.

En este nuevo escenario, Barbosa apreció el sistema de la federación estadounidense como el paradigma. En palabras de Pedreira, “La autonomía administrativa… tenía su más alto ejemplo en la federación norteamericana…” y Barbosa “empezó a trabajar para hacer de Puerto Rico un Estado de la Unión Norteamericana”. Mientras otros rechazaban el Tratado de París y declaraban su nulidad, Barbosa se aferraba a él para validar su modelo.3 El 4 de julio de 1899 funda el Partido Republicano de Puerto Rico, buscando la anexión definitiva de Puerto Rico con Estados Unidos y que Puerto Rico fuera declarado territorio organizado para su eventual entrada a la “Unión norteamericana”.

El nuevo partido era la propuesta de Barbosa para responder al asunto del estatus político, que significaba una gran intranquilidad para los puertorriqueños. En el trabajo crítico que los estadounidenses Bailey y Justine Diffie publican en 1931, dan cuenta de esta situación. En Porto Rico: A Broken Pledge, los Diffie exponen su opinión sobre las políticas de Estados Unidos, a raíz de sus observaciones sobre las condiciones económicas y sociales de la Isla: “Desde la primera organización del gobierno, la preocupación política principal de la gente ha sido la definición del estatus futuro de Puerto Rico”.4 También reflejaba la preocupación de Barbosa.

En opinión de Pedreira, “Barbosa pasó sin esfuerzo del autonomismo español al autonomismo norteamericano siguiendo en línea recta los principios que siempre había defendido”.5 El profesor Aarón Gamaliel Ramos opina que Barbosa se formó y forjó sus ideas en Estados Unidos en el período de la reconstrucción, luego de la Guerra Civil y señala que Barbosa observaría los cambios en ese país con respecto a no retornar al sistema esclavista.6

Al cese del gobierno militar y decretarse la Ley Foraker en 1900, Barbosa expresaba que la aceptaría, pero sólo como una transición. No satisfacía sus expectativas.7 Apenas dos meses más tarde, el presidente William McKinley, nombra a Barbosa como uno de los miembros del Consejo Ejecutivo del gobernador Charles H. Allen, quien también había sido designado por McKinley. Barbosa termina participando en el gobierno del sistema colonial de Puerto Rico, siendo nombrado cinco veces consecutivas por presidentes estadounidenses de diferentes partidos.8

En la opinión del profesor Ramos, Barbosa se da cuenta de que no eran reales las expectativas de que Estados Unidos reprodujera en Puerto Rico el modelo de los estados de Estados Unidos. Ramos afirma que Barbosa piensa que para que Estados Unidos le otorgue a Puerto Rico la estadidad, se hace necesario trabajar dos aspectos importantes: el desarrollo de una política cívica para transformar la cultura política del puertorriqueño y el aspecto económico, donde figuraba prominentemente la preocupación por el desplazamiento de los puertorriqueños.

En el aspecto de la cultura política, según el profesor Ramos, uno de los primeros proyectos concebidos fue el de enviar jóvenes a Estados Unidos. Asegura que uno de los proyectos preferidos por Barbosa fue el de enviar jóvenes puertorriqueños a la escuela Carlisle (Carlisle Industrial School), a donde se enviaba a los residentes de territorios y reservaciones indígenas, con el propósito de “americanizarlos”. El resultado sería contar con una generación de puertorriqueños que adquirirían la cultura política para dirigir a Puerto Rico.9

En 1903, el Partido Republicano Puertorriqueño se incorpora al Partido Republicano Nacional de Estados Unidos, conviniendo en un pacto, similar al que antes Muñoz Rivera había contraído con Sagasta. Esta relación con el Partido Republicano Nacional de Estados Unidos se mantendría sin cambio hasta 1916.

En ese período, que Barbosa llama de transición, Barbosa reclamaba para Puerto Rico la extensión de la Constitución de Estados Unidos y la concesión de la ciudadanía.10 En 1907 funda El Tiempo, el primer periódico bilingüe en Puerto Rico, trasladando además su ideología política a las páginas del periódico.

En 1909, Barbosa y Muñoz Rivera, los respectivos dirigentes del Partido Republicano y del Partido Unión, se reúnen para impulsar reformas a la Ley Orgánica. Convienen en unos entendidos para reservarse y repartirse los puestos de las elecciones para el partido dominante, así como reclamar que se nombren más puertorriqueños al Consejo Ejecutivo.11 Los republicanos se mantienen en el ideal de la estadidad, rechazando, en 1913, una petición de alianza de los unionistas, quienes habían eliminado la estadidad como una de las ideologías consideradas en su plataforma.12

En 1917, se aprueba la Ley Jones, y con ella, la ciudadanía estadounidense es impuesta a los puertorriqueños, colectivamente. Barbosa, quien había tenido la total certeza de que Estados Unidos concedería la ciudadanía, celebra la aprobación de la ley, considerando que se ha cumplido una parte del programa político del partido. Aunque reconoce que “bajo la bandera americana” Puerto Rico había tenido un avance político, señala que en lo económico se había avanzado muy poco.13 En su posterior desempeño como senador, Barbosa mantiene sus principios y su ideología, hasta su muerte, en 1921.

José Celso Barbosa es una figura muy relevante en la historia política, así como en la historia cívica y cultural puertorriqueña. Además de sus logros políticos, Barbosa se distinguió por ser el primer puertorriqueño en ingresar en la Universidad de Ann Arbor, en Michigan, de donde se graduó con el más alto honor, en 1880, siendo el primer médico puertorriqueño graduado de una universidad estadounidense. A su regreso a Puerto Rico fue profesor en el Ateneo Puertorriqueño y uno de los fundadores de la que, hasta ahora, figura como la primera cooperativa de crédito en América, llamada El Ahorro Colectivo, fundada en 1893. También fue Subsecretario de Instrucción Pública. En 1903, la Universidad de Michigan le otorga el título honorífico de Maestro de Artes Honoris causa, siendo el primer puertorriqueño en obtener ese título de una universidad estadounidense, y, en 1917, la Universidad de Puerto Rico lo reconoce con el grado de Doctor en Derecho Honoris causa.

Sin embargo, el Padre de la Estadidad, como le llaman los anexionistas, no logró ver su sueño realizado. El partido, que respondía, no a una realidad social y económica fundamental, sino a un asunto de estatus político, no logró ganar tantos adeptos como para hacer triunfar la ideología. Aunque algunos aspectos de la economía aparecían en la propuesta de Barbosa –quien siempre mantuvo su interés por el desarrollo de la economía puertorriqueña–, este no logró el éxito y a pesar de pertenecer a un partido anticolonialista formó parte del gobierno durante la administración estadounidense, que era de corte colonialista, con las esperanzas de trabajar en la preparación de condiciones que fueran aceptables para que Estados Unidos concediera la estadidad a Puerto Rico. 14

Posteriormente, los seguidores de Barbosa protagonizarán la constitución de un nuevo partido, cuando rechazan, en 1924, la propuesta de una alianza entre el Partido Unión y el Partido Republicano y se constituyen como el Partido Puro, que luego se conocerá como el Partido Constitucional Histórico. Los republicanos puros acuerdan entrar en una coalición con los socialistas, donde cada partido retendría su personalidad política.

Los republicanos puros y los socialistas, de cara a las elecciones de 1928, entraron en un acuerdo para postular candidatos comunes, aunque, por ciertas enmiendas a la Ley Electoral se ven obligados a organizar también el Partido Socialista Constitucional.15 A principios de 1932, los republicanos puros se unen con el Partido Alianza Puertorriqueña, para convertirse en el Partido Unión Republicana, presidido por Rafael Martínez Nadal. Antes de las elecciones, llegarían a un acuerdo con los socialistas para formar la Coalición Republicana Socialista, “la más importante unión electoral de la historia política puertorriqueña”, en la opinión de Fernando Bayrón Toro.16 El pacto se renovaría previo a las elecciones de 1936 y, posteriormente, luego de una trayectoria compleja, finalmente llevaría a la constitución del Partido Unión Republicana Progresista, presidido por Celestino Iriarte, hasta convertirse, en 1948 en el Partido Estadista.

La ideología anexionista del anterior Partido Republicano Puertorriqueño y la influencia de José Celso Barbosa fueron un legado para el Partido Estadista Republicano y para el actual Partido Nuevo Progresista, fundado en 1967. La aspiración de Barbosa, que existe hoy como una pretensión de sus seguidores, parece haber obedecido a su impresión de que la supuesta “pequeñez” de Puerto Rico no le permitía ser independiente, sensación que es compartida por sus herederos.

La figura de Barbosa merece ser estudiada con mayor ahínco. Quienes hoy encumbran su imagen intentando utilizarla como molde –por el mero hecho de su ideología republicana–, desconocen muchas de sus ideas y compromisos fundamentales. Su labor humanista como médico, su espíritu cooperativista, su identificación con la educación gratuita y su participación en la sociedad secreta La Torre del Viejo son aspectos vitales que merecen ser investigados para poder conocerlo a profundidad. El resultado, muy posiblemente cause alarma entre sus partidarios anexionistas.

Topografía: Exorcismo para un poeta melancólico (fantasía)

Mi vecino, el poeta, está mal. Sufre de melancolía. Me lo encontré hace unos días en el largo pasillo del edificio mirando el fin del atardecer. La imagen es peligrosa, pensé. Hermano, me dijo, estoy sufriendo. Ella me ha abandonado. En este punto ya había caído la noche y nos fuimos a su apartamento. Al comienzo, se negó a revelar detalles, pero con el vino, poco a poco, se fue soltando. Estuvo un rato diciendo cosas absurdas: que a veces tiene la sensación de haberla besado pero todo le parece irreal, que no puede acostarse con ella porque es imposible etc. Todo me sonaba muy extraño así que decidí averiguar el asunto hasta el fondo. Le solté rápidamente varias preguntas. ¿Pero cómo la conociste, de dónde vino, cuál es su historia, es de aquí? Hermano, –me dijo– abriendo los brazos y con los ojos ahora un poco rojos por el vino: ¿No entiendes? Es la musa, se me fue la musa. Supe de inmediato que esto era peor de lo que yo creía. Un poeta puede pasar hambre, enfrentar la miseria y hasta la persecución política. Pero se derrumba si pierde la musa. Entonces le dije que era necesario idear de inmediato un riguroso plan de terapia para enfrentar la difícil situación. Pero cómo, cómo, me decía, llevándose las manos a la cabeza.

Me contó que se la pasaba imaginando diálogos con ella en los que le preguntaba por qué se había ido, cuándo regresaba, qué significaba su silencio, si su partida se debía a una falta suya como poeta. Incluso le pedía que por lo menos se comunicara por correo electrónico o le enviara algunas frases en un mensaje telefónico porque no soportaba no saber de ella. Cuando oí lo del correo y el teléfono me preocupé más todavía porque sé que los poetas pueden tener un pie en la fantasía pero se supone que mantengan el otro acá, en la realidad. Decidí que empezáramos cuanto antes la sesión de terapia. Le dije: Vamos a intentar sacarte la musa o aliviarte de su ausencia precisamente aumentando el dolor hasta que ya no sientas más. ¿Pero tú crees que ella es una muela que se puede sacar así como así? me respondió medio herido. Digamos que es una metáfora, le dije. El tratamiento incluye música, vídeos y la redacción de cartas. Puso cara de duda diciendo no sé, no sé. Bueno, le dije, ¿te quieres aliviar, sí o no? Sí, claro, pero hay algo dulce en esta herida. Siento que la tengo cerca aunque no esté conmigo. Exclamé ¡ay, los poetas! y nos servimos otra copa de vino.

Empezamos con las cartas. Yo había leído en algún libro de autoayuda sobre el valor terapéutico de la redacción, así que como parte de la terapia le pedí a mi vecino que escribiera un breve mensaje a la musa, y esto fue lo que escribió: “No quiero importunarte. Pero no recibir noticias de ti me desespera. Ya sé que no tengo ningún derecho a pedirte que me escribas. Pero como no sé la razón de tu silencio me desespero. Sólo te pido que no cerremos ninguna puerta.” Le dije que el mensaje era misterioso, críptico, a lo que me respondió: “Ella entenderá muy bien.” Como en los secretos entre poeta y musa no me entrometo dejé el tema. Pero le pedí que escribiera otro mensaje por si ese no lo aliviaba lo suficiente, y éste fue el resultado: “Es ridículo. He llegado a sentirte a mi lado varias veces. Si estoy con otros es gracioso sentirte conmigo sin que se den cuenta de que estoy absurda e invisiblemente acompañado. Ahora creo que estás aquí aunque sé que no es así. Mi amigo me quiere curar, pero él no sabe, no sabe.” Vaya. A mí no me metas en problemas, le dije riendo.

Luego pasamos a la fase de la música. Nada más conveniente que algunas de las arias más famosas de Puccini: Che gelida manina, E lucevan le stelle, Nessun dorma etc. Las voces de los tenores nos llevaron a Gardel, El día que me quieras, Volver . . . Y por ahí seguimos: Reloj, con Lucho Gatica, Mundo raro de José Alfredo Jiménez. Luego buscamos voces boricuas: Amor perdido, con Daniel Santos, Tú me haces falta, con José Feliciano, Usted es la culpable, con Gilberto Monroig etc.

Cuando llegamos a Yolanda de Pablo Milanés y María del Carmen de Noel Nicola el poeta se mostró algo contrariado. Yolanda era esposa de Milanés, y se dejaron. Y María del C. es ideología hecha a la medida del deseo masculino todavía tradicional. Sin embargo, es como la pareja para el “hombre nuevo”. Barbi y Kent disfrazados de revolución. Eso le incomodaba. Hombre del pasado, sentía los tirones de la atracción y de la autocrítica. Me reí pero me quedé pensando. El comentario era raro porque él debía saber que las musas femeninas son ficciones masculinas, como la suya, pero, en fin, . . . desvaríos y contradicciones de un poeta despechado. A mí me gustan las dos canciones, a pesar de los reparos ideológicos o biográficos. Es interesante el contraste entre la Yolanda real y la María del C. inventada. Tal vez la musa de mi amigo, como imagen, tenía algo de las dos y por eso el conflicto de sentimientos. Yolanda le abre el pecho y le desnuda con siete razones (y se va) y María del C. le mira el anillo en la mano derecha y sonríe despacio (pero no existe). Demonios, –prosiguió el poeta– es para desconchinflarse, como le oí decir a alguien hace tiempo.

Luego nos fuimos a yutub y eso fue –por poco– el acabóse.

Bastó ver y escuchar a la Durcal y al Sabina en Y nos dieron las diez, a C. Veloso en Cucurrucucú paloma, y a Silvia Pérez en el Pequeño vals vienés, para echarnos a llorar. En un momento, loco de desesperación, mi amigo corrió a la cocina, buscó un cuchillo y ya se disponía a cortarse las venas cuando lo detuve gritándole como en un conjuro de exorcista: ¡Deténte! ¡Por la musa que quieres, no te cortes! ¿Cómo vas a escribir cuando vuelva? Recapacita. Y lo convencí. Y seguimos con nuestro ritual. Esta vez, volvimos a los discos de 33 revoluciones. El apartamento del poeta se convirtió en cafetín sagrado con vellonera directa al corazón.

La terapia fue un fracaso. Yo, como exorcista, había sido vencido por la musa del poeta. Ya casi amaneciendo, los dos abrazados llorábamos la ausencia de la pérfida y hermosa dama que nos había abandonado mientras cantábamos “Entre suspiro y suspiro” con Jorge Negrete a todo volumen y pulmón. No sé cuántas botellas vacías había encima de la mesa. El concierto acabó abruptamente cuando oímos golpes en la puerta. Los vecinos ojerosos e indignados estaban allí con la policía. Nadie entendía ni podía entender la fallida sesión de terapia que llevábamos. No conocían a la musa. Si la hubieran conocido tan bien como nosotros, todavía estaríamos cantando.

Esa noche, gracias a la melancolía de mi vecino, redescubrí y reviví lo que ya sabía: la ausencia alimenta la pasión. Y yo, no sé si por contagio del amigo o sólo por seguirle la corriente, también me enamoré. Ya hemos vuelto a ver Doctor Zhivago y a analizar La voz a ti debida, de Pedro Salinas. Y aquí estamos ahora, otra vez, solos, el poeta y yo, mirando el atardecer, en espera de la musa.

El autor es profesor de la UPR en Río Piedras y poeta.

Será otra cosa: Sobre el miedo ancestral al mar

Elementos dispares, chocando en el camino,

dejan un extraño,

nuevo regalo a tus pies. Di gracias.

Sommer Browning

Hacía un día lindo en la playa. Estaba sentada en el Balneario de Carolina tomando notas para futuras referencias. La pasada referencia es evidente. No estoy perdida en una playa que es un museo, como el narrador de Pietri. O eso pienso. La playa es un museo, como lo es una plaza, un centro comercial o cualquier lugar donde se reúna gente y haya alguien que, como yo, intente leer las maneras de habitar. “Leer las maneras de habitar” es otra forma, tal vez más contemporánea, de aludir a una vieja práctica de observación. Como decir: hacer etnografía. Eso implica que las notas en mi libretita estarán cargadas de todas mis opiniones anticipadas y apuntarán más a las formas en que mis prejuicios y yo vivimos un día extremadamente caluroso en un balneario del país. Tener conciencia de ello no garantiza el valor de los enunciados de esta columna. Es un viejo problema ético de la escritura, como de cualquier actividad intelectual centrada en la descripción de los otros. Puede pensarse que es un problema irresoluto. A mí me gusta humanizar la figura de la observadora. Hacerla evidente con todas sus contradicciones. Aquí soy/estoy interpretando lo que veo, llegando a conclusiones a partir de cualquier detalle que creo extraer de esa “realidad” a 95°F. El chiste es que no estoy perdida, como el narrador del cuento al que aludí, sino que parezco rarísima para la gente que, a mi alrededor, me observa tomar notas para futuras referencias. Incluso para mi hija. Ella se burla de mí como protesta. Puede hacerlo. Los otros me miran marcando mi estar fuera de lugar. Hago una composición del espacio. Mi mirada coloca a los bañistas en un mapa humano.

Quisiera ser la máquina copiadora-poeta de Sommer Browning, en la traducción de Guillermo Rebollo Gil, y deslizarme “con la misma facilidad en cada línea, hechizando lo cotidiano para hacerlo épico”. Hacer épico lo habitual es una gran empresa, sobre todo desde la vieja pose de antropóloga. Porque la narradora se fue de paseo, o porque es en las columnas, que no exigen un cuento y lo permiten todo, o casi todo, donde estas líneas caben sin miedo a ser. Después de todo podría escribir casi de cualquier cosa, incluso de un cantante popular como Chucho Avellanet, por ejemplo.

Es una suerte que aún tengamos playas públicas. Pasar un día frente al mar es una de las pocas diversiones gratuitas que ofrece el país. Claro, olvido los seis dólares del estacionamiento y el costo de los refrigerios. De todos los habitantes de la arena, confieso que me simpatizan las grandes familias con sus campamentos: carpas, mesas, bbq, neveritas, hamacas, ollas, calderos, sillas y radios. Me enternece la ardua preparación de esas familias que parece, para algunos, inadecuada para la playa. Me canso de tan solo pensar en el tiempo que han consumido en organizarse. Para mí, mientras más liviana se va a la playa, mejor. Y delibero si no es una apreciación de clase aquella conclusión sobre el ancestral miedo al mar que implica tanta parafernalia para un pasadía en la playa. Mi hija lo confirma:

–Si aquí la única inadecuada eres tú, incapaz de estar en la playa sin sombrilla.

No sé si les dije que hasta pagué por la instalación de una sombrilla de playa. Era la única manera de garantizar estar más de una hora bajo ese cíclope de fuego. Gracias a ella pudimos leer el reloj de sol de los cuerpos sobre la arena por mucho tiempo.

Mis padres eran de Comerío, un insignificante pueblo para muchos. Incluso, hay quien me ha preguntado si es un barrio de Bayamón. Para mi padre, el mar era peligroso. Había que tenerle respeto. Por su desconfianza, pocas veces nos llevaba a la playa. Prefería los ríos y los charcos. Así que ir a la playa con mis padres era un acontecimiento. Habrá siempre una hermana que me contradiga, que jure que soy una exagerada. La suerte es que ella no escribe. Como vivíamos en Bayamón, íbamos al Balneario Punta Salinas de Toa Baja. Éramos una de esas familias que hoy contemplo. Un cargamento infinito. Una preparación de días. Un llegar al límite de todas las paciencias. Y luego, la felicidad absoluta del mar, del agua sobre la piel, del castillo de arena.

Mientras apunto la evocación infantil en mi libretita, se aproxima una mujer religiosa. Se desviste cerca de nosotras. Lleva ahora un traje de baño negro de una pieza, como el mío. Nos pide que le cuidemos su ropa y se sumerge al mar. Sé que es religiosa porque la vimos antes con el grupo de la iglesia protestante. Al salir del agua, media hora después, nos explica, mientras se va vistiendo: “si me tengo que bañar en estos pantalones, no me baño”. La complicidad alegra. La connivencia ante el pequeño desafío a los hermanos de la iglesia y su prohibición del goce del cuerpo, nos hace feliz. Triunfantes, observamos la belleza de su cuerpo en libertad, de su sonrisa.

A nuestro lado, hay dos hermanas que traen a su hermanito a la playa. Le llevan por lo menos diez años. Juegan con él. Lo cuidan. Anda con ellas una chica que estudia para un examen final. Lo sé porque le pregunto. Es finales de julio; debe ser de la UPR.

Mientras intento escuchar la conversación de las hermanas, siento un golpe en las piernas. Me acaban de tirar una bola de arena mojada. Demás está decir que fue sin querer. Unos chamacos jugando, lanzaron el proyectil que cayó justo en mis muslos. Respondo con la mirada paralizadora, afina mi hija. Se excusan. Me alegra la disculpa. Me asegura un futuro en el que quiero vivir. Apunto esa conclusión feliz en mi libreta. Por una fracción de minuto, me satisface el porvenir. Esa reflexión, que hago ahora, es inoportuna en una etnografía.

Justo en ese momento, una mujer encinta acapara nuestra mirada. Anda con su compañero. Su cuerpo gravita con la felicidad de dos cuerpos unidos. Su bikini revela una barrigota inmensa. La diosa de la fertilidad monopoliza nuestro ángulo de visión. Ella se siente hermosa; lo explica el diminuto bikini que lleva. Otra pequeñez para la alegría, apunto. Otra razón para el porvenir, escribo. Ese cuerpo nos asegura la continuidad de la especie, concluyo. ¿Será ella la protagonista del poema épico?, me pregunto. Mis anotaciones se alejan años luz de las conclusiones sociológicas.

El sol, la arena, el campamento familiar, la ropa de la religiosa desvestida, las hermanas que llevan de paseo a su hermanito, la joven que estudia para el final, los adolescentes que me tiraron la arena, la mujer encinta y la alegría que me producen todos estos gestos corroboran la belleza de lo minúsculo, y me hacen guardar la pluma, cerrar la libreta, levantarme de la sillita, quitarme la bata y zambullirme en el agua. Y habré de concluir que los apuntes para futuras referencias también se fueron desbocados hacia donde con seguridad sabría que llegarían, al gran salado, tibio, profundo y ancestral mar.

¿Les dije que la libretita era impermeable?

Con la Patria entre las cuerdas

Especial para En Rojo

“Soy aquel muchacho que se fue

con la esperanza de volver al paraíso

quedejó al partir por un camino,

sin regreso, que ha podido resistir

por su amorosa evocación…”

Alos 16 años, Rafael Scharrón Alicea salió de San Sebastián de las Vegas del Pepino a trabajar en una fábrica de pinceles, en Arecibo. Desde los 10 años, no hacía otra cosa que estudiar (sacando siempre las calificaciones más altas de su clase) y tocar la guitarra, acompañando a su padre, Don Emilio Scharrón y a Mario, su hermano mayor, ambos cuatristas destacados en el Pepino. Poco sabía, entonces, que la vida le jugaría una treta: una brillantísima carrera musical y las complicaciones propias de la fama impedirían el regreso a su pueblo amado.

En Arecibo, ingresó a su primer trío; el Trío Nacional, con Armando Vega y Felito Martínez. En menos de un año, había sido reclutado por Felipe Rodríguez y su trío Los Antares. Desde ese momento, la música popular puertorriqueña jamás fue la misma. Scharrón volcó su gran talento y sensibilidad en su requinto y se destacó también como compositor, arreglista y tercera voz. Su extraordinario sentido musical le permitió dominar la difícil tarea de musicalizar poemas de forma magistral. Alba, de Federico García Lorca; Bolívar, el soneto perfecto de Luis Lloréns Torres; y Canción Amarga, de Julia de Burgos, son sólo tres ejemplos.

En 1953 fue llamado al servicio militar en Corea, pero su alma pacifista era tan evidente como su talento y la música le ganó la simpatía de los oficiales, quienes le asignaron labores fuera del frente de batalla. En 1955, regresa de Corea y vuelve a tocar con Felipe Rodríguez, pero sólo por un corto tiempo, ya que lo recluta Cheíto González y luego Julito Rodríguez, quien acababa de salir de Los Panchos y funda, con Scharrón y Tatín Vale, el trío Los Primos.

En 1975, junto a Junior Nazario, crea Los Barones y luego se une a Fernandito Álvarez y el inolvidable Trío Vegabajeño. Entre 1981 y 1982, este inquieto de la música funda Voces de Puerto Rico con Cheíto Cruz y Tatín Vale, a quien sustituye, posteriormente, Junior Nazario. Este junte marca un hito en la música de tríos ya que, por primera vez, suenan, junto a tres exquisitas voces, las cuerdas de tres requintos. Scharrón fue embajador de la música puertorriqueña en Latinoamérica y el mundo. En la feria de Sevilla y hasta en Japón se escuchó su característica insistencia en las notas que hacían vibrar almas.

En 1994 une su espectacular requinto y su tercera voz única a las voces y guitarras de Quique Taboas y su hijo Rafael para lograr el Trío Taboas-Scharrón. Otra vez hace historia en nuestra música al tener tres primeras guitarras, es decir, un requinto y dos guitarras, ejecutando a tres voces, sin acompañamiento. Este trío incorporaba piezas clásicas, así como tangos, valses y danzas al repertorio bohemio. Cada presentación en vivo abría con una fuga de la introducción de El ideal de mi verso y terminaba con una coda de El buen borincano.

Y es que Scharrón llevaba la Patria entre las cuerdas. En 1998 forma, junto a Rafael Taboas, el dúo Voces Patrias cuyo tema era un fragmento de un poema de Andrés Castro Ríos, musicalizado por el maestro Scharrón, en un arreglo con sabor a tierra adentro:

“Soy el pájaro del monte, el verde de la llanura,

el alma de la espesura, la sangre del horizonte…

A mi sentir nadie afronte pues romperé mi grillete.

Extraño recoge-y-vete que a la luz del nuevo día

en mi canto y mi poesía canta la voz del machete…”

Este singular dúo grabó en honor a nuestros grandes patriotas puertorriqueños y latinoamericanos. Gilberto Concepción de Gracia, Juan Mari Bras, Pedro Albizu Campos, José De Diego y Hostos son sólo algunos de los gigantes homenajeados en ese trabajo.

Como compositor, Scharrón fue un poeta finísimo. Sus hermosas metáforas y el amor por su pueblo se desbordaban en todas sus canciones. Su composición Mi Pepino en el recuerdo, que dedicó al patriota Oscar López Rivera, pepiniano como él, es un hermoso retrato de San Sebastián:

“Alfombra verde…

verde, color sueño en lontananza

cuando besa el horizonte…

Sierra nacarada de luna en serenata,

salto refrescante de alegre bienvenida,

lago confidente de mudas despedidas,

imágenes que entrañan querencias de mi vida…”

Y a su vez, un hermoso testimonio de amor y patriotismo:

“Mío, pueblo mío, es tu recuerdo abrasador

que esmalta con sus raíces la canción

proclamando los laureles de tus hijos

que honran con decoro tu escudo y tu bandera.

Y el valor de aquel que tuvo que partir dejando,

sin consuelo, su corazón allí…

Y en la añoranza de esta ausencia sin fin,

mía la transparencia de mi amor por ti…”

Hay golpes que sabemos que algún día, inevitablemente, enfrentaremos. Algún día. Y nos preparamos. Creemos que nos preparamos. Entonces, “algún día” se hace verdad y comprendemos que era una fantasía. Nada nos prepara para las despedidas. Uno se agarra fuerte, siente el manotazo duro de la pérdida, se abraza a los seres queridos, a los recuerdos y comprende que hay que celebrar la vida. Sobre todo la vida plena, limpia y productiva. Y Scharrón vivió una vida plena, limpia e increíblemente productiva.

Rafael Scharrón Alicea fue muchas cosas en nuestro hogar. Para mi esposo fue padre, hermano, mentor, maestro, amigo inseparable y al final, un poco, hijo, como pasa casi siempre con los padres. Sostenían largas conversaciones sin mediar palabra. Guitarra y requinto hablaban por ellos. Mis hijos tuvieron la bendición de crecer en un hogar donde todas las tardes había música viva en el balcón y el cariño de un “Panino” fuera de serie.

Hay pérdidas irreparables. Y Puerto Rico ha perdido un virtuoso de la música y de la solidaridad. Como anheló, sus restos regresan a descansar en su amado suelo pepiniano. Descanse en paz, compadre querido. Y sí, la vida es corta… ¡Cortísima!