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Esteban Valdés: Los CAL otra vez

Por Rafael Acevedo/ En Rojo

La semana pasada el poeta fue a formar parte de su poema más conocido.  Lo extrañaremos. Nos dejó su obra imperecedera. Cuando se publicó su primera novela me contagié con la felicidad del autor. Sabía que estaba trabajando en ella y cuando finalmente se imprimió supe que sería importante, porque su autor siempre trajo, siempre portaba, genialidad. Quiero repetir las palabras que dije entonces. He corregido algunos errores que la prisa y la precariedad de los medios dejan caer.

Esteban Valdés es un poeta esencial. Nadie en Puerto Rico produjo poesía concreta con la calidad y disciplina con la que la hizo Esteban. Un precursor, digamos. 

Nunca le pregunté al poeta quienes eran sus escritores preferidos o cómo fue que comenzó a producir en este género en el que el poema tiene como preferencia los aspectos visuales y espaciales. Quizás fue mirando el cielo y las estrellas. Su poema más conocido es el Soneto de las estrellas. Pero estoy seguro que Valdés, que era un estudioso del arte y la literatura conoce la obra de Mallarmé, Un coup de des, 1897;  los Calligrammes, 1918, de Apollinaire; o los concretistas brasileños.

El asunto es que 1977 se publicó Fuera de Trabajo. Es el primer libro de poesía concreta en Puerto Rico. Para los que comenzamos a estudiar y a escribir hace 40 años aquel libro era un clásico aunque acababa de salir a la calle. Conocíamos algunos poemas y también habíamos escuchado la leyenda. Sabíamos entonces que era un libro que apreciábamos unos pocos privilegiados del deambular -gracias, Baudelaire- por las librerías de Río Piedras y asistíamos a las lecturas anárquicas que organizaba Esteban (La guagua de la poesía). El tiempo nos dio la razón. Algunos poemas, como el ya mencionado o El proceso para conseguir la firma de Pedro Albizu Campos en luces de neón ha sido reproducido como lo describe el poeta en su libro por Marxz Rosado.

Hoy nos interesa hacer notar nuestra alegría porque Esteban Valdés nos presentó, hace apenas unos meses, su primera novela En 1 país tropiCAL. Lo firma Alfonso E. Pérez Beauchamp, un seudónimo. Como se firmaban los comunicados de los CAL (Comandos Amados de Liberación): Alfonso Beal.

En 1 país tropiCAL es, según la nota de contraportada, una “novela policíaca de nuevo tipo casi neo pop”.  Ciertamente aquí el autor no abandona su método de escritura  de los años ‘70. Es una novela que se apropia de los recursos de la vanguardia artística. Una novela pastiche,  en el que la narración se complementa con recortes de periódico, fotografías, caricaturas, recortes de comunicados,  de modo en el que se logra ensamblar una imagen recorrida por los personajes.

Se trata de una novela sobre la lucha por la independencia que se inicia en los años ‘60 y termina en los ‘90.  Para el autor se trata, propiamente, de “un manual de supervivencia o para la lucha en un país tropical”.  Como lector,  no sé si funcionará como un manual. Lo que sí sées que se trata de una escritura/montaje de gran dinamismo, entretenida, experimental, no convencional, y eso es ya un elemento positivo. Además, me parece que, al utilizar documentos y fotografías de la época le da un carácter histórico decisivo. Que sea una novela a retazos no debe asustar a nadie. Tiene un hilo conductor muy preciso. Además el  humor  está presente a pesar del tema escabroso.   Las bases históricas y culturales en las que se apoya el texto también le dan el tono singular y la coherencia que en primera instancia parecería no tener.

Hace apenas unos meses, repito porque parecería que han pasado años, saludamos con alegría esa primera novela de Esteban Valdés y el hecho de que rescatara para la ficción nacional una narrativa importante apenas tocada por nuestros escritores.  Siempre recordaremos de Esteban la sonrisa. Su eterna sonrisa aún cuando nos hablara desde una convicción absoluta en la libertad. O quizás precisamente por ello, Esteban Valdés fue un amigo, un promotor cultural, un gran creador.

Poesía desde la Oficina de Desempleo(Fragmento)

 

Por Marina Reyes Franco

En 1977, Esteban Valdés publicó Fuera de Trabajo , que se conoce como el primer libro de poesía concreta en Puerto Rico. Éste contiene poesía visual y concreta, además de instrucciones para crear esculturas y acciones. Fuera de Trabajo es un libro pionero en la literatura puertorriqueña que se vincula más con el arte procesal que con la poesía. Incluye la producción de Valdés entre 1967 y 1977, y contiene cuarenta y dos obras a lo largo de setenta y siete páginas,además de un índice descriptivo y unas “Notas sobre la poesía concreta”. Cada ejemplar fue encuadernado a mano e impreso en un mimeógrafo, utilizando esténciles electrónicos o manuales, lo cual hizo a cada libro único. Este volumen formó parte de la serie Perfil de la editorial qeAse, comandada por Joserramón “Che” Melendes, que apuntaba hacia la creación de una biblioteca alternativa de nueva literatura puertorriqueña, “con voces que no estuvieran controladas por el gobierno.”1 Melendes también publicó textos de Angelamaría Dávila, Pedro Pietri, José Maria Lima y otros como parte de este esfuerzo. Fuera de Trabajo es una obra fundamental para entender el cruce entre arte, literatura y política en el Puerto Rico de los años setenta. Este libro, y la producción de Valdés que lo precede, da cuenta de una red de colaboración e influencias continentales, prácticas gráficas alternativas, innovación tipográfica, subversión de los medios de comunicación y radicalismo político de suma elegancia y humor.

El título del libro de Valdés hace referencia a dos revoluciones comunistas y sus detractores: “Fuera de trabajo” era el nombre de una sección de la publicación maoista Pekín Informa, irónicamente ilustrada por una foto de obreros en plena faena e incluida como la primera imagen impresa dentro del libro. A la vez, es un juego de palabras con Fuera de Juego, el poemario del célebre disidente cubano Heberto Padilla. El título del libro también está relacionado con el propio trabajo del autor: al momento de la publicación de Fuera de Trabajo , Valdés era empleado del Departamento del Trabajo en la Oficina de Desempleo.

Valdés nació en México en 1947 de padre puertorriqueño y madre mexicana. Su relación con la gráfica, la tipografía y la palabra escrita en general se remonta a la niñez. Su abuelo materno era dueño de una imprenta en donde a veces jugaba con los tipógrafos entre las planchas de impresión. Tras vivir en México, se mudó a Nueva York, y luego a Puerto Rico. Esta yuxtaposición de códigos y lenguajes en su biografía influyó en el trabajo artístico que años después realizaría. Los comienzos de Valdés en la poesía se dieron a mediados de 1964, pero es en 1967 cuando comenzó a escribir y a colaborar en proyectos editoriales en la universidad. Su introducción a la poesía concreta se dio en 1968, a través de una vieja edición de la revista mexicana El Corno Emplumado en la que se publicó una breve antología de poesía concreta brasileña editada por Haroldo de Campos. Después de eso, los poemas de Valdés se convirtieron en piezas de arte visual, tanto como literarias. Esta poesía resalta la materialidad de la palabra y su permanencia más allá del papel, en la fonética, en lo visual, en el movimiento y sugerencia de formas. La palabra como significante y significado hecho uno.

Desde finales de los sesenta, Valdés se involucró con movimientos a favor de la

independencia de Puerto Rico, de corte socialista, habiendo pasado por creencias maoístas hasta

3 desarrollar un pensamiento anarquista que afecta en gran medida su producción artística. Según

el poeta, la estética anarquista se resume básicamente en tres puntos: tener una base moral de reivindicación o liberación social; hacer arte que aporte a la formación del individuo y que tenga cierta expresión política y; por último, trabajar con lo desconocido más allá de la mera experimentación.

En el marco de esta “estética anarquista”, Valdés llevó a cabo performances, empapeló paredes y trabajó en varias publicaciones y volantes que culminaron en Fuera de Trabajo , para luego concentrarse en el trabajo sindical. Además de laborar en la Oficina de Desempleo, Valdés era portavoz de la Hermandad de Empleados del Negociado de Seguridad de Empleo, un gremio que fundó. Trabajó por más de treinta años en el Departamento del Trabajo, ocho de los cuales fue juez administrativo. También fue líder de la Unión General de Trabajadores. El compromiso político personal de Valdés es incuestionable, mas su obra no asume las formas tradicionalmente asociadas a la producción artística de la izquierda nacionalista puertorriqueña. Si bien muchos de los poemas de Valdés tienen gran peso político, este aspecto es abordado de una manera radicalmente distinta a la de sus pares poetas de la época en la isla. Comparte ideas y espacios con escritores y artistas como Iván Silén, Néstor Barreto, Ángel Luis Méndez, Luis César Rivera, José R. Bonilla Ryan, Joaquín Reyes, Jorge Morales-Santo Domingo, Elizam Cruz y Che Melendes, a quien define como “su mayor crítico y promotor”. Muchos de estos artistas y escritores colaboraron en Alicia la Roja , una revista-cartel fundada a principio de los años setenta con la que empapelaban las calles alrededor de la Universidad de Puerto Rico con gráfica y poesía. Su posicionamiento estético coincide con el ideológico, vinculado al anarquismo y el socialismo libertario. La intención, según señala Valdés, es “rebasar lo que es la poesía concreta haciendo juegos tipográficos” y, “tomando en consideración la conciencia de clase en Puerto Rico, romper con eso y hacer poesía para la nueva clase trabajadora”. Valdés trabajó bajo el nombre de poesía concreta, pero en algunos casos muy alejado de ella; sin ser completamente poesía, pero tampoco con la pretensión de llamarse artista.

1  Entrevista de la autora a Joserramón “Ché” Meléndes. Mayo, 2007.

2  Pekín Informa (1963 – 2004) fue el semanario oficial en español del gobierno chino para difusión en el extranjero.

3 Maoísta declarado, es expulsado del Movimiento Pro Independencia (MPI) por ser muy radical. Según Valdés, ya era anarquista cuando el MPI se convierte en el PSP en 1971. Entrevista de la autora con Esteban Valdés (junio 2012).

*Sobre poesía concreta y Fuera de Trabajo

Empecé estudiando en la universidad en Ciencias Naturales, mi papá era médico y todo el mundo esperaba que yo fuera médico hasta que me rajé y no quise. Siempre he estado metido en la biblioteca. Me gustaba mucho visitar la sala de revistas. Había una revista inglesa muy buena, Poetry , pero también había otras. Creo que fue en esa revista que empezaron a aparecer poemas concretos. Ahí empecé a ver el juego tipográfico y tenía el trasfondo de estos amigos de la Escuela de Artes Plásticas. A uno le dan unos términos y lenguajes y entiende. Cuando veo eso, me pongo a leer más sobre la poesía concreta.

(…)

En la (Biblioteca José M.) Lázaro (en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras). Uno ve esas cosas, busca, ve los movimientos surrealistas, la loquera, los juegos tipográficos y empieza a recoger más material. Me gustaba mucho la revist a Print , que se especializa en la impresión: las últimas prensas, técnicas, anuncios; una revista súper cabrona, muy bonita y bien diseñada. Utilizaban muchos recursos tipográficos también. Era una joya. Me tumbaba un par de ellas también, y me traía las que más me gustaban. Ahí fue donde realmente me enteré de lo que era en aquel tiempo la poesía concreta. El auge realmente sale de los brasileños. Lo que definitivamente me empujó fue que en aquellos tiempos una de las revistas que tenían más prestigio era El Corno Emplumado ,leer una voz muy buena, porque ahí llega Ernesto Cardenal, todos los poetas latinoamericanos, los norteamericanos. Esa es la influencia básica.

Encuentro la revista El Corno Emplumado en la librería y veo una en específico que dice: «Poesía concreta latinoamericana». Me pasó lo que usualmente le pasa a todo el mundo: —¡Ah, eso yo lo puedo hacer!—. Entonces empiezo a hacer loqueras de esas y a enseñárselas a otra que llegaba aquí a Puerto Rico. Yo fui el que me quedé ahí… Eso es como para el 66.

Dentro de la poesía uno dice: vamos a ver por qué estilo me voy. Al principio la poesía concreta me resultaba bien difícil porque tiene mucho que ver con el juego de las ideas. Tratar de hacer un poema que tuviera algún sentido me daba mucho trabajo. Podía hacer uno, tardar cuatro o cinco meses e inventarme otra cosa. Poco a poco, hasta que después uno va aprendiendo más, leyendo más y viendo lo que hace otra gente. En la poesía concreta predomina el juego tipográfico.

(…)

Yo no tenía la idea de hacer ese libro (Fuera de trabajo) , no tenía ninguna intención de hacerlo. Concebía la poesía mía como obras independientes, no dentro del formato del libro. Había muchas cosas de construcción, proyectos inconclusos, meramente propuestas, jueguitos tipográficos o cinematográficos.

(…)

Buscando poesía para Alicia La Roja , me encuentro con Che Melendes en 1974, en el pasillo de Humanidades y le digo: —Oye, sé que tú escribes poesía, tengo una revista de poesía—. Él me dice: —¿Y qué poesía tú escribes? ¿Escribes poesía pura?—. Yo lo miro y le digo: —¿Poesía pura?—. —Sí, poesía pura. ¿Mallarmé o Juan Ramón Jiménez?—. Y le digo: —Juan Ramón Jiménez—. ¡Qué idiota es este tipo, ¿qué es eso de poesía pura?, pal carajo con la poesía pura! No le hablé más en cuatro años. Después él viene y me dice: —Tú sabes esas cosas que yo hago. Mira, tengo un libro aquí ( Desimos désimas ) para publicar y hay otro libro de Angelamaría (Dávila) también. Si tú tienes un libro para publicar…

Publicamos el de Che, de las ventas sacamos chavos para publicar el de Angelamaría y de ese sacamos chavos para publicar el mío. ¿El mío sabes en cuánto salió? ¡En 10 centavos! Porque lo que hacíamos antes es que cuando en la universidad daban los exámenes, compraban mucho papel, no cabía y lo ponían en el pasillo, así que nosotros llegábamos con el carro y nos llevábamos las cajas de papel. En otra ocasión nos llevamos el mimeógrafo.

Eso fue por ahí del 76 o 77. Nos salieron baratísimos los libros. Lo más que nos costaba era imprimir la portada y alguna cosa adicional, como en Fuera de trabajo, que tiré una separata en verde al final. Tratamos de hacerla con el mimeógrafo, se chavó y tuve que ir a una imprenta.
Yo le dije a Che: —Es que lo mío no cabe dentro de un libro—. A lo que yo estaba haciendo le dimos un formato de libro, que para mí siempre es apretao. Pero lo hice. Ahora no me arrepiento. Después de eso, sacamos Antología de la sospecha.

*Sobre periódico CLARIDAD

Yo me caminé el Barrio Obrero repartiendo Claridad porque nos sobraban muchos y los repartíamos los domingos por la mañana. En esa fiebre que tenía me compraba botas obreras que pesaban con cojones. Yo vivía arriba en Monteflores, que era donde vivían los riquitos. Bajar hasta el Fanguito , donde las calles se cierran, caminando callejones, crea conciencia: —¿Qué carajos yo hago aquí el domingo por la mañana en vez de estar escuchando música rock o estar en la playa?—. Ahí iniciamos la batidas por Barrio Obrero, Cantera, Fanguito , todos esos sitios.

Eso es crear conciencia de clase, porque está chévere el marxismo en la universidad y qué sé yo qué, pero hasta que no vas a la calle a confrontarte con el pueblo, no entiendes eso. Te puedes dar los guilles más tremendos que creas, pero en la calle es que se bate el cobre. Eso es lo que aprendí. Y Claridad era el vehículo.

Cuando vendes Claridad abajo frente a la fábrica, el gerente lo ve y no te lo compra allá, te lo compra arriba cuando se va. Aprendí un montón de cosas, técnicas de bregar que después me ayudaron mucho en la cuestión del sindicalismo. Lo primero que hice en la Hermandad fue comprarme los mimeógrafos, la computadora, y tirar el periódico. Empezamos a tirar periódicos y a regarlos por todo el Departamento del Trabajo. Eso nos dio unidad. Retrataba a la gente y se veía en el periódico: —¡Mira, salí en el periódico!—. A la gente le gusta verse. Aprendí de Claridad la cuestión de la brega.

Escribía artículos esporádicamente en Claridad. Algunos amigos míos hacían exposiciones y yo las cubría; iba y escribía un articulito medio bobo y a veces me decían: —¡Oye, pero eso está bien!—. Había gente que creía que yo iba a escribir cosas complicadísimas, pero se las alineaba.

SGM: ¿También publicaste poesía?

EV: Quien me publicó poesía fue Edwin. Cuando saqué Fuera de trabajo me hicieron el spread a mitad. Me hubiera gustado hacer más cosas en Claridad .

 Publicado en la reedición  de Fuera de trabajo realizada por Beta-local,2020)

UPR: Sin respuesta la propuesta de la Junta de Retiro

 

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

La Junta de Retiro del Fideicomiso del Sistema de Retiro de la Universidad de Puerto Rico (Junta de Retiro-UPR) presentó una propuesta en defensa del actual Plan de Retiro-UPR ante la insistencia de la Junta de Control Fiscal (JCF) y la Junta de Gobierno de la UPR (JG-UPR)para cambiar a un Plan de Pensiones de Contribución Definida.

El pasado 26 de agosto la Junta de Retiro-UPR se reunió con la JCF, la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico y la Lcda. Zoraida Buxó en representación de la JG-UPR. La propuesta presentada por la Junta de Retiro UPR aumenta la capacidad de pago del plan actual sobre el 100%; favorece la solvencia del Fideicomiso de Pensiones UPR; cancela al 2044 la totalidad de la Deuda Actuarial de la UPR con el Retiro-UPR; y disuade el posible retiro temprano de 2 mil participantes.

Según en un comunicado de prensa de la Junta de Retiro-UPR, publicado el 27 de agosto, la propuesta demuestra la importancia de que la UPR aporte lo recomendado por el actuario y pague su deuda actuarial con un plan de amortización cerrada a 25 años.

La implementación de un Plan de Pensiones de Contribución Definida ocasionará la liquidación del Fondo del Fideicomiso de Retiro-UPR en el 2033. Con esto la UPR tendría que sufragar la actual nómina de $218 millones anuales de sus pensionados. La propuesta de la Junta de Control Fiscal también congela el Plan de Retiro-UPR y recorta el 8.5% de la pensión que reciben los retirados-UPR.

En cambio la propuesta de la Junta de Retiro-UPR promueve el Plan de Beneficios Definidos, contribuye a mejorar positivamente la estabilidad económica de la UPR a mediano y largo plazo y mitiga los efectos de los $500 millones en recortes promovidos por la JCF y aprobados por la JG-UPR.

En relación a la estabilidad económica que representa esta propuesta para la UPR Ángel Rodríguez, presidente de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), mencionó que no se pueden desligar los procesos internos de la ausencia de presupuesto con respecto al retiro.

“Esto (los cambios que propone la JCF sobre el Sistema de Retiro) va ligado a los planes de seguir recortándole fondos a la Universidad, lo que también implica la ausencia de contrataciones. Si no entra gente a la universidad que pueda trabajar hay menos gente que pueda aportar al Sistema de Retiro”, explicó.

La UPR tendría que identificar los fondos para sufragar la nómina de aquellos empleados que se jubilaron y los que se estarían jubilando eventualmente con el derecho adquirido del retiro. Rodríguez planteó que en consecuencia estos fondos no se van a poder utilizar para el funcionamiento de la universidad. “Es decir que no cumples con una cosa y al mismo tiempo vas eliminando la potencialidad del funcionamiento de la universidad”.

Similar a lo que pasó con el resto de los empleados gubernamentales, en el caso de la universidad estas propuestas se hacen es mientras el sistema está saludable para que no entre en una crisis. La idea es mantener la solvencia del Sistema de Retiro-UPR con solvencia.

Mientras que sectores como la APPU, la Junta de Retiro-UPR y la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes presentan alternativas para mantener solvente el Sistema de Retiro-UPR y que la universidad se mantenga funcional la JCF y la JG-UPR plantean eliminar dicho sistema a pesar de las consecuencias que esto pudiera tener sobre la universidad.

Eduardo Berrios, presidente de la Junta de Retiro-UPR, solicitó a la JCF hacer públicos los estudios actuariales que sustentan los beneficios de su propuesta para el Fideicomiso del Plan de Retiro- UPR y la estabilidad económica de la UPR.

“En ningún momento la Junta de Control Fiscal ha presentado la información y se le ha requerido. Yo estoy convencido de que no la presentan porque no la tienen, porque es un cambio ideológico, filosófico, mas que un cambio real de necesidades”, sostuvo por su parte el presidente de la APPU.

Rodríguez opinó que la JCF ha estado tratando de crear la impresión de estar abriendo algún tipo de espacio de comunicación para apaciguar, pero no han modificado su posición por lo menos a nivel público.

 

El Veintiuno

Por Elga Castro Ramos/Especial para CLARIDAD

 

A Vera, quien por décadas regó el legado por todas partes

Nacida y criada en Roosevelt, siempre me pareció curioso que el estadio donde se juagaba béisbol llevara el nombre del boxeador Hiram Bithorn, mientras que el Coliseo donde se jugaba baloncesto y se practicaban otros deportes bajo techo, llevara el nombre del pelotero Roberto Clemente. Obviamente tiene que ver con las fechas de inauguración, pero el Coliseo es una de múltiples facilidades deportivas que llevan su nombre, y su estatua al frente del Coliseo es una de casi cien que hay alrededor del mundo, el atleta con más estatuas. Esto es una de muchas maneras de homenajear a quien fuera probablemente el atleta más reconocido de nuestra historia, por sus ejecutorias dentro del terreno de juego y por su trabajo fuera de éste, principalmente comunitario, y claro, las circunstancias de su fallecimiento aumentan el mito y la leyenda.

El pasado 9 de septiembre se celebró el Día de Roberto Clemente en las Grandes Ligas y este año tuvo una importancia añadida ya que se intensificó la campaña para retirar el número 21 que él utilizaba en todas las Grandes Ligas. Siempre hay un día que la organización para la cual jugó 18 temporadas, los Piratas de Pittsburgh, honra su legado y carrera. Además, a nivel de la organización de Grandes Ligas, se le honra al entregarse en la Serie Mundial el premio Roberto Clemente que se le entrega a un jugador que destaca por sus contribuciones comunitarias fuera de la competencia. Pero el movimiento de “Retire 21” es uno para que se retire su número en todas las Grandes Ligascomo es el caso del 42 de Jackie Robinson, número que ya ningún otro jugador puede usar. La campaña aboga por la importancia que tuvo Roberto Clemente para abrir paso a cientos de jugadores latinos que vinieron después de él. Sin duda Jackie Robinson rompió una barrera importantísima que fue la racial, y que su número esté retirado es más que justificado. Pero los que argumentan que se retire el de Clemente es aludiendo a su valor, lo que significó siendo el primer pelotero latino en ser inducido al Salón de la Fama, en sus números impresionantes, en el ejemplo que fue y sigue siendo para muchos latinos y negros y latinos negros que siguen en las Grandes Ligas, y su legado de compromiso fuera del terreno de la competencia. Fueron muchas las barreras que él rompió y esto es lo que se busca honrar con dejar el “veintiuno” como un recuerdo de este gran atleta y ser humano .

Gracias a una iniciativa del dirigente de tercera base de los Piratas el puertorriqueño Joey Cora, toda la organización de Pittsburgh lució ese día el número 21 en su espalda y luego la MLB autorizó a los puertorriqueños de otros equipos a que lo hicieran, finalmente el que quisiera unirse a la celebración de retirar el número luciéndolo ese día, pudo hacerlo. En la Isla, múltiples actores, músicos, deportistas y personalidades también participaron. Ese día se convirtió en un bonito homenaje a Clemente y recordándolo también se honraba su memoria y se educaba sobre su vida y legado.

Aquí en CLARIDAD también formamos parte de esta celebración, cuando el pasado 10 de septiembre como parte de la serie de todos los jueves “A la clara”, se organizó un conversatorio con Carlos Delgado, el gran pelotero aguadillano, sobre la figura de Roberto Clemente. Con su usual elocuencia Delgado habló cándidamente sobre Clemente, tanto sobre sus logros deportivos como sobre sus hazañas fuera del deporte. Explicó cómo dominaba las cinco herramientas del béisbol lo que lo hacían un pelotero completo y excepcional, a quien describió como “dotado”. A pregunta de la periodista Gabriela Ortiz, Delgado habló sobre los “3,000 jits” y cómo aunque siendo un número arbitrario, solo se puede lograr con una carrera sólida, consistente y larga, algo que Clemente tuvo aún teniendo en cuenta que se cortara abruptamente ese último día del año 1972. En su caso, el 3,000 adquiere un valor añadido al haber sido su último jit. Carlos Delgado también repasó las virtudes del carolinense fuera de la competencia, lo cual conoce muy bien al haber sido galardonado en 2006 con el Premio Roberto Clemente, el cual Delgado reconoce como su “premio más importante”. Es importante señalar que Delgado se destacó como un gran pelotero con mucho poder y una gran carrera, pero también siempre ha sobresalido por sus ejecutorias fuera de la competencia, siendo una persona comprometida con diversas causas a las cuales contribuye a través de su fundación Extra Bases. Su compromiso no se limita a causas caritativas, sino que siempre ha sido consistente en sus acciones de acuerdo a sus posturas políticas y sociales, lo que lo llevó a no rendir tributo al “God Bless America” que comenzó a tocarse en la séptima entrada luego de los atentados del 11 de septiembre. Delgado fue duramente criticado cuando no salía del dogouta pararse durante esta canción como protesta a las intervenciones militares de Estados Unidos en Iraq y Afganistán. Para muchos este acto fue perjudicial en sus aspiraciones para entrar al Salón de la Fama, ya que obtuvo solo 3.8% en su primera oportunidad. Cuando esto ocurrió en el 2001, en general tuvo una recepción negativa en el público y en la prensa estadounidense, al percibirlo como un acto “anti-patriota”. Curiosamente este tipo de protesta dentro del terreno de la competencia la vemos actualmente con el movimiento de Black Lives Matter en la NBA, MLB, WNBA, NHL y NFL. Delgado habló de esto e incluso lo vinculó a Clemente, quien tuvo que enfrentar una sociedad y liga racista al comenzar a jugar a mediados de los 50, casi una década antes del movimiento de derechos civiles.

Retirar el número 21 sería un honor adicional para honrar a un gran atleta y ser humano. Es lindo andar por Nueva York y ver que hay escuelas, parques y áreas comunitarias que se llaman Roberto Clemente. A Clemente se le ha honrado con estatuas, edificios deportivos, canciones, arte, exhibiciones, pero retirar apenas el segundo número luego del de Jackie Robinson sería un honor mayor. Igual, como dijo Delgado, hay muchas maneras de honrarlo en nuestro quehacer diario. Ponerse el “veintiuno” significa apoyar la equidad racial, la inclusión de todos en el deporte, compartir con los que no tienen y ser más justos.

Será Otra Cosa:Confesiones de una optimista

Por Sofía I.Cardona/ Especial para En Rojo

No miro, no pienso, y me equivoco. Creo que la maldad no puede ser unánime; estoy segura de que corro en medio de la balacera y, como les sucede a los buenos de las películas, llego al otro lado sólo con un rasguño en un brazo.

Así que en Guadalajara, a las cuatro de la mañana, salgo del bar con mi compañera de viaje a buscar un taxi. El hallazgo de aquel lugar ha sido un acierto. Hemos improvisado la salida y la suerte nos ha regalado una memoria feliz, pero es hora de recogerse. El dueño nos ve salir, se alarma. ¿A dónde van? La esposa le ordena con un gesto a acompañarnos y yo pienso en las antiguas galanterías que todavía sobreviven en nuestros tiempos.

Caminamos un corto trecho hasta una avenida solitaria. No pasan dos minutos y ya hay un taxi detenido a nuestro lado. El señor del bar le da instrucciones al taxista y apunta su tablilla en un papel que se guarda de inmediato. Adiós, señoras, nos dice.

Por el camino, vamos mudas. Yo pienso que aquello ha sido una previsión, no una cortesía, pero prefiero callar. Recuerdo que algo sucede todos los días en esta ciudad. No reconozco el camino de regreso. Silencio. En la oscuridad del carro, veloz por las avenidas, no puedo interpretar el rostro de mi amiga. Sólo alcanzo a adivinar su perfil cuando pasamos debajo de alguna farola. No sé si ella piensa como yo, pero calculo la fuerza que sumaríamos contra el chofer en caso de que nos agrediera, un hombre pequeño y algo escuálido que se concentra en el camino. Él también iría pensando en nosotras, la ciudad y la madrugada. Llegamos muy pronto y a salvo, muy aliviadas; y años después todavía nos reímos de ese susto. Me consta que ese no ha sido el final feliz de muchas historias parecidas.

Años después, igual de inconsciente me he subido a un taxi colectivo en el aeropuerto de Roma. Mi instinto me dice que ese chofer taciturno y mal encarado es peligroso, pero mi cansancio puede más. Me va a dejar última y el penúltimo pasajero, el canadiense, antes de bajar y despedirse, me pregunta preocupado, con un pie ya fuera del carro: Are you going to be fine? Como a mí, a él tampoco le parece de confianza aquel sujeto. Yo le respondo que no se preocupe, y, entonces más alerta, cierro la puerta de la camioneta y me dispongo a verificar el camino en el mapa. Estoy bien, voy a estar bien, tengo que estar bien, me voy diciendo por el camino. Y así espanto el peligro. Cuando minutos después, el hombre siniestro, que no entiende lo que le he dicho, me agarra por el cuello y me levanta furioso del suelo, grito con todas mis fuerzas, con el convencimiento de que todo va a estar bien, tal como le he dicho firmemente al canadiense, como me he dicho a mí misma. Ya a salvo, de esta historia no guardo memoria feliz, pero tomo nota para futuras ocasiones.

Ya ven, peco de optimista o de ingenua; suelen engañarme, tardo en darme cuenta del peligro, confío fácilmente en las personas, sigo instrucciones, confío. Debe ser porque viví una niñez protegida, esto es, protegida de extraños y no de los discursos del miedo: huye del peligro y no caerás en él, repetía mi madre como un mantra, líbranos del mal, amén, líbranos señor, de toda tentación, razón por la cual, en ocasiones, desconfío. En esos casos, sin embargo, no actúo con prudencia tampoco porque desconfío de mi propia desconfianza.

En varios momentos, ese optimismo crónico e imperfecto, mi ceguera ante el peligro, o mi estupidez, me ha dado fuerza. Me doy cuenta mucho después, como Mr. Magoo, cuando ya ha pasado el desastre o la amenaza, o en medio de la cosa, pero ya es demasiado tarde para dar vuelta atrás.

Mis amigas conocen algunas de estas historias, que me suceden de vez en cuando, sobre todo cuando viajo. Esto debe ser porque, contrario a lo que es lógico, actúo como si ser extranjera me protegiera, pues no cuentan conmigo en esas u otras latitudes. Cuando el infortunio saca sus cuentas y prepara lo tremendo, no me ve, soy transparente. Y hago cosas como conducir a altas velocidades, no usar cinturón de seguridad o comerme todo lo que encuentro. No se me ocurre que también puedo estar bajo el radar de los terribles dioses. De esto me doy cuenta después, cuando ya he cometido la imprudencia.

Me voy poniendo sabia con el tiempo, eso pienso últimamente, pero puede que sea parte de ese mismo optimismo crónico del que padezco y siga igual de loca, o acaso haya sido víctima de la onda expansiva del echapalantismo boricua.

 

Unas palabras sobre el optimismo

No me gusta que me obliguen a pensar que todo va bien, pero usualmente pienso de esta manera. Me rechina la frase repetida de las películas, esa inexplicable seguridad del personaje que en medio del peligro le asegura al herido que todo va a estar bien, que todo se resolverá, que saldremos de ésta.

Y es que últimamente he escuchado frases por el estilo. O cosas más o menos así, dichas con cierta conformidad: esto va para largo, qué se le va a hacer, así es la vida. Para largo han ido tantas cosas que aún soportamos: la colonia, el patriarcado, las inundaciones de las avenidas. La vida, ay, la vida, la vida no tiene la culpa de ser tan cortita y traviesa.

Me puse a merodear por los aires cibernéticos y retomé el libro Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, del psicólogo Edgar Cabanas y la socióloga Eva Illouz, que investiga sobre las relaciones entre la economía de la felicidad y la psicología del pensamiento positivo en el entorno del neoliberalismo. Se me aclararon muchas cosas: todo ese echapalantismo con el que nos bombardearon después del huracán, toda esa resiliencia y las campañas de culpabilidad de las últimas décadas, especialmente desde la crisis-crisis post-936 y el derrumbe de Lehman Brothers. Pensé en todas las veces que he escrito sobre el futuro que nos diseñan y prometen en cada campaña electoral, en el aburridísimo discurso de estos frenéticos festivales de noviembre. Cómo es posible que nos aseguren que todo irá bien, que tienen la solución, estas gentes caripeladas que hace décadas calientan y giran y desvencijan sillas legislativas y ejecutivas de diversa especie. También se me iluminaron varios debates universitarios de principios de siglo, particularmente aquellos clamores a “amarrarse el cinturón” con el que nos cantaleteaban incesantemente, como si fuera algo nuevo la tacañería administrativa a la que nos han sometido por décadas.

Ilustraciones de Quino

Así que volvía ante mis ojos la sombra amenazante del neoliberalismo, avistaba los agudos colmillos del capitalismo salvaje entre las líneas del libro. También quedaba claro el perverso appeal de los anuncios de la Coca-Cola, la chispa de la vida: “no sólo estamos obligados a ser felices, sino a sentirnos culpables por no ser capaces de superar el sufrimiento y de sobreponernos a las dificultades”. Es el reino de la mentira, el simulacro, la chapucería y, con todo, hay quien me asegura de que todo irá bien, que no me preocupe. Conclusión: ser pesimista y gruñona es un deber revolucionario.

 

No, no voy a estar bien

No, no voy a estar bien. Voy a morirme. Antes, es muy posible que me enferme. Me va a doler. Estaré sin energías. Si la cosa es verdaderamente tremenda, también me quedaré arruinada. Me dolerá hasta el bolsillo. No podré comer lo que me gusta. No podré comer. No podré dormir bien. No podré dormir. Tendré frío. Estaré en hospitales. Me quedaré sola.

Sé que no voy a estar bien, pero hoy no es el día. Tal vez mañana. Ahora, en este momento, sobre esta página, respiramos.