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Mínima Política: textos fragmentados sobre el desastre contemporáneo*

Carlos Pabón Ortega / Especial para En Rojo

 

—”This storm is what we call progress.” Walter Benjamin

—“Sometimes the wrong train gets you to the right station”-The Lunch Box.

Anticapitalismo

—Todos los prefijos(anti, pos, etc.) son problemáticos pues implican una falta de precisión con- ceptual. Decir “anticapitalismo” acusa esa imprecisión. Pero, por el momento, pienso que es preferible hablar de movimientos “anticapitalistas” para referirnos a las propuestas que impugnan el status quo del capitalismo reinante; y proponen alternativas de izquierda que atacan la lógica de desigualdad social y económica del capitalismo y una radicalización democrática de todos los ámbitos sociales, culturales y políticos. Enfrentamos una crisis del vocabulario político tradi-cional y no creo que sea efectivo invocar el “socialismo” o el “comunismo”, sin más, particular-mente después de las experiencias nefastas del siglo XX. Estamos ante el reto de inventar nuevos conceptos políticos o resignificar (de ser posible) algunos viejos conceptos para mejor enfrentar los desafíos contemporáneos. Lo que no podemos es reciclar o repetir viejos conceptos como si nada. Hacer eso, así no más, no sirve de mucho.

— “Anticapitalismo” no es un término teórico sino descriptivo. La razón por la cual se está invocando por parte de muchos movimientos antisistémicos a nivel global es porque conceptos como “socialismo” se han vaciado de contenido o han sufrido un desgaste histórico que hace que sea muy difícil su uso político efectivo. Soy de los que pienso que hay que reconocer la crisis del vocabulario político heredado lo cual implica innovar (inventar) un nuevo vocabulario a la altura de las transformaciones del siglo XXI o darse a la tarea de re-significar teóricamente los conceptos y tradiciones que se piensa merecen rescatar. Además, el “socialismo” según Marx no es la sociedad sin clases, eso es el comunismo. El socialismo para Marx es el período de transición histórica al comunismo. En el socialismo hay clases, lucha de clases, estado, relación salarial, explotación desigualdad social y económica: “Cada cual da de acuerdo a su capacidad y recibe de acuerdo a su trabajo”, mientras que en el comunismo (donde se habrán abolido las clases sociales y el estado se habrá extinguido) “cada cual da de acuerdo a su capacidad y recibe de acuerdo a su necesidad”. En ninguna experiencia histórica del siglo XX ocurrió tal transición al comunismo. El “socialismo” adoptó, a grandes rasgos, dos tendencias dominantes (cada una con sus diversas diferencia y divisiones): (1) a partir de la URSS y de la revolución China el “socialismo” se desarrolló en un tipo particular de capitalismo de estado con sus mecanismos de terror y purgas poblacionales; (2) por su parte, la socialdemocracia europea derivó en una corriente “reformista” del capitalismo, pero abandonó el objetivo de transformar el capitalismo en “socialismo”. Si el objetivo que se plantea hoy, entonces, es la sociedad sin clases porqué no llamarle a este objetivo: comunismo.

— Por otro lado, ¿es el comunismo el fin de historia? ¿Es una sociedad reconciliada y sin contradicciones, esto es, una sociedad transparente? Dicho de otro modo, ¿qué pasa con las opresiones y exclusiones con no son de clases, cómo las de género y de sexualidad? ¿Qué ocurre con la homofobia o el racismo, por poner dos ejemplos? Es decir, con las opresiones y discriminaciones que han dado pie al feminismo, a los movimientos queer y a la lucha contra el racismo, a lo que se llamó en su momento los “nuevos movimientos sociales y que son parte de la política de identidades. ¿Quedan resueltos estos antagonismos en el comunismo? ¿No representa el comunismo una suerte de finalismo teleológico que asume que estos antagonismos desaparecerán en la sociedad sin clases? Este es un debate que lleva ya algún tiempo. En mi perspectiva no hay fin de la historia, ni de los antagonismos, no hay un “destino” político. Lo político es un horizonte que no se cierra a menos que sea por la violencia totalitaria. Por eso prefiero hablar del anticapitalismo y “la política de lo común” como parte de una proyecto político, que no se cierra, que busca profundizar y radicalizar la democracia en todos los ámbitos sociales, culturales y políticos. Pero que no supone el fin de los antagonismos, ni de lo político, ni de una sociedad reconciliada. Esto es, que supone que la “democracia radical” siempre será incompleta, que será siempre un horizonte al que aspiramos. La clave entonces es que tipo de articulación política se debe y se puede dar en cada momento.

— El “socialismo real” del siglo XX no transitó al comunismo, es decir, a la sociedad sin clases y explotación, sino a nuevas formas de explotación y opresión. El ideario comunista de una sociedad sin clases, a mi modo de ver, sigue siendo eje deseable del anticapitalismo. El comunismo, sin embargo, no resuelve el problema de otros antagonismos sociales que no son de clase (género, sexualidad, “raza”, etc.) Estos otros antagonismos, y las identidades que se construyen a partir de ellos, no resuelven ni atienden necesariamente el problema del antagonismo de clases. Se ha planteado que el “socialismo” puede englobar a todos los movimientos políticos alternos con-temporáneos. Pero es sabido que no hay contradicción entre ser “socialista” y ser homofóbico o ser un machista. Y que se puede ser homosexual y defensor del capitalismo.

—El marxismo con su centralidad en la clase obrera postuló que está era la clase universal, el sujeto revolucionario por excelencia. La emancipación de la clase obrera suponía la emancipación del género humano. Esta concepción fue socavada tanto por la historia del “socialismo real” en el siglo XX, como por cuestionamientos teóricos vinculados al posmarxismo y el poses- tructuralismo. El “socialismo” no llevó a la emancipación de la clase obrera y los nuevos antago- nismos sociales y culturales identitarios no son reducibles o algo subordinado a “la emancipación de la clase obrera”. Hoy el péndulo se ha desplazado en dirección contraria al marxismo y el conflicto de clase hacia la primacía de la política de identidades, invisibilizando o o disipando la “cuestión social”.

 —La gran heredera de Marx en el siglo XX. Su análisis sobre la acumulación del capital, sus crítica al nacionalismo, a las políticas bolcheviques que llevaron a la dictadura sobre el proletariado y su defensa de la autoemancipación de la clase obrera son una herencia y una tradición pérdida de lo que pudo haber sido el marxismo del siglo pasado. Lamentablemente, Rosa Luxem- burgo ha sido relegada al olvido. Hay que llevar a cabo una labor de recuperación de la memoria de Rosa Luxemburgo.

—Como he argumentado en Polémicas, en Puerto Rico nunca ha habido una sólida tradición socialista de orientación marxista, ni siquiera social-democrática que tuviera arraigo en la clase obrera. El partido comunista de corte estalinista de los años treinta y comienzos de los cuarenta nunca logró un apoyo masivo y algunos de sus cuadros dirigentes terminaron integrándose al Partido Popular Democrático de Muñoz Marín. El socialismo obrerista de las primeras décadas del siglo XX, nunca fue independentista y el independentismo- socialista de los años setenta no se consideraba heredero de este. Por el contrario, se identificaba a sí mismo como algo nuevo. A diferencia de otros países con una fuerte tradición socialista obrera, el socialismo del independentismo puertorriqueño nunca logró una implementación sólida entre los trabajadores y se mantuvo como un movimiento de sectores medios, profesionales e intelectuales. Es decir, el independentismo y la clase obrera nunca caminaron juntos políticamente. Ante esta falta de tradición, el socialismo setentista en sus variantes dominantes intentó imitar, por un lado, la social democracia europea (Partido Independentista Puertorriqueño); y, por otro, calcar el “socialismo cubano” (Partido Socialista Puertorriqueño). Pero ninguna de estas dos variantes, ni las otras del movimiento socialista, lograron cerrar la profunda brecha entre la clase trabajadora y el independentismo socialista.

–Más aun, vale reiterar que el socialismo setentista fracasó, en primer lugar, porque el independentismo nunca dejó de ser lo que había sido históricamente: un movimiento de intelectuales, sectores medios y profesionales; es decir, en el léxico marxista, un movimiento pequeño burgués. Además, nunca dejó de ser nacionalista. El socialismo, en sus tendencias dominantes, fue solo una máscara retórica con la que el independentismo pretendió interpelar sin éxito a los trabajadores. La alegada influencia del independentismo-socialista entre la clase trabajadora se limitó fundamentalmente al control burocrático del sindicalismo, en particular, de las uniones del sector público.

—Un tipo de antagonismo no puede pretender subsumir el otro, como se intentó, por momentos, en los 70 cuando todo antagonismo tenía que subordinarse a la “lucha de clases”, así se le planteó a los activistas gays y feministas, por ejemplo. Esos movimientos eran “secundarios” y en muchos casos fueron vistos como reclamos que “distraían” de los reclamos centrales del “socialismo”. [En realidad se pretendió que todo antagonismo se subordinará al nacionalismo.] Pero tampoco se debe pretender que la llamada “política de identidades”, que surgió a raíz de la crisis del marxismo y de la crítica posestructuralista, disuelva o haga invisible la llamada “cuestión social” como tiende a ocurrir hoy día, lo cual ha contribuido a la ausencia de un “proyecto global” y a la fragmentación del “single issue politics”. Identity politics? No, gracias.

 —La actual crisis capitalista y la ausencia de una alternativa política de izquierda que la pueda enfrentar con efectividad lleva a la pregunta de ¿cómo se puede construir una articulación (en el sentido que le dan Laclau y Mouffe a la noción de “articulación”) política que pueda confrontar el neoliberalismo? ¿Se pueda articular ese imaginario político? En tal sentido vale discutir ¿si la “política de identidades”, con su énfasis particularista y, muchas veces, esencialista, que parece prevalecer entre varios sectores considerados de izquierda está en tensión o contradicción con un imaginario democrático radical articulado en torno a la noción de lo “común” para enfrentar al neoliberalismo? Se trata de una nueva versión de un debate que se dio cuando la llamada “crisis de los marxismos” y la emergencia del posestructuralismo. Pero al parecer estamos convocados de vuelta a esa discusión desde otras coordenadas hoy.

—¿Cómo articular (si es que se puede) las cuestiones de clase con los movimientos de la política de identidades (género, sexual, anti-racistas, etc.) es un problema que requiere reflexión teórica y que no se resuelve meramente desde “la práctica”. El problema de la “articulación” (en el sentido de Laclau y Mouffe) de estos antagonismos es un asunto conceptual fundamental, que tiene im- portantes implicaciones “prácticas” y constituye un nudo gordiano para la posibilidad de avanzar políticas alternas democrático radicales o políticas de lo común.

—Lo común: agua, electricidad, educación, salud, cultura, internet, transportación, vivienda, la riqueza social… ¿Qué políticas rigen esto? ¿Quién lo controla y decide sobre ello? Entre “lo común” como algo que no se reconoce desde el individualismo y el mercado a “lo común” re- ducido a “propiedad estatal”, habría que elaborar una política democrática radical de “lo común”.

—Lo común es comunismo sin el “ismo”.

—Asumir la defensa del “sector público” sin más es no reconocer la reestructuración de lo “público” y lo “privado” que está en ocurriendo bajo la dominación neoliberal. En vez de una postura tradicional y fallida, habría que moverse hacia una política de democrático radical de defensa de lo “común”, que no es igual a lo “público” ni a lo estatal. Esto es, que trasciende la dis- tinción tradicional de lo “privado” y lo “público”. Como propone la intelectual, Raquel Gutiérrez Aguilar: “Lo común es una manera de nombrar eso “público no-estatal”. El horizonte de lo común es, ante todo, una perspectiva de lucha que se lanza a reapropiarse y recuperar directa y colectivamente lo que ha sido arrebatado de las manos de las colectividades. En tal sentido, lo común […] es producción reiterada de sentido y de vínculo para dotarse colectivamente de ca-pacidades de intervención en asuntos generales”.

—El poder está en el “pueblo”, pero solo si este se construye como sujeto político independiente. ¿Cómo se logra la constitución política del sujeto “pueblo”? He ahí una pregunta clave. Jorge Alemán: “El Pueblo comienza cuando ‘la gente’ se revela como pura construcción biopolítica. En esto, el Pueblo es tan raro y singular como el propio sujeto en su devenir mortal, sexuado y hablante. El Pueblo es una equivalencia inestable, constituido por diferencias que nunca se unifican ni representan del todo. Sin embargo, su fragilidad y contingencia de origen, es lo único que lo salva de la televisión, los expertos, los programadores, la contabilidad etc. Pero sólo en los pliegos más íntimos de los dispositivos de dominación neoliberal es que el sujeto popular puede advenir, lo otro es soñar con el espejismo de una realidad exterior pura y sin contaminación, que por su propia fuerza inmanente terminaría por desconectar la maquinaria y sus dispositivos”.

POEMAS DE Cindy Jiménez-Vera*

“Al otro lado de la ventana”

Las hojas que caen a la tierra
impulsadas por los vientos

de tormenta tropical

esperaron tres estaciones

para ser el alimento de las hormigas.

Pronto llegará la revoada,

ese vuelo nupcial en el que participan

las hormigas con alas

cuando abandonan sus colonias en masa.

 

“Navidad 2019”

A nuestro árbol de Navidad familiar

había que ponerle las luces de colores

primero que todo.

Esas eran las directrices de mi madre.

Luego iban las guirnaldas y los adornos.

Al final ella esparcía

unas delgadas y brillantes lágrimas color plata

en todo el árbol, y así completaba la decoración.

Daba igual si había una estrella

o un ángel arriba del árbol.

No había ortodoxia en la iconografía celeste

que coronaría uno de tantos árboles

en nuestro barrio rural.

Esta costumbre duró durante

toda mi infancia y adolescencia.

Mis hermanos y yo salimos de casa.

Con el tiempo mi madre perdió el interés

en poner el árbol de Navidad.

Entonces, lo hacía mi padre,

quien seguía la tradición familiar

al pie de la letra.

Todo, menos colgar las lágrimas.

Muchos años después

cuando murió mi madre

fuimos sus tres hijos

quienes esparcimos todas las lágrimas de nuestros cuerpos

a lo largo y ancho de dos continentes: América y Europa.

Aún seguimos siendo fuentes inagotables.

Lo que nunca supe es si al volverse a casar nuestro padre,

pocos meses después

de la muerte de mi madre,

él seguía prescindiendo

de las lágrimas de Navidad al decorar su árbol.

Por mi parte, hace diez navidades

que no pongo uno en mi casa de ciudad.

Eso de perder el interés en encontrar

un lugar para colgar lágrimas

es herencia materna.

 

“Frente a la xilografía Sin título (2000) de Marta Pérez García”

Las mujeres rurales

somos más de un tercio

de la población mundial,

y el 43 porciento

de la mano de obra agrícola.

Labramos la tierra,

y plantamos las semillas

que alimentan naciones enteras.

Pero, el hombre

nos condena a la pobreza,

nos priva del mismo acceso a la tierra,

créditos, materiales agrícolas,

mercados y cadenas de productos

cultivados de alto valor.

En su lugar, nos convida

al trabajo invisible y no remunerado

llamado amor incondicional,

sacrificio de madre,

abnegación de abuela,

ejemplo de esposa.

Y, así callamos esta violencia

de vivir en peores condiciones

que los campesinos

y las mujeres urbanas.

Por eso, nuestros actos políticos

son producto del afecto.

Ayer, fui una mujer de Lares

con trenzas largas.

Enseñé a muchos hombres

a organizarse y luchar

contra los colonizadores españoles.

Pero, la historia me recuerda

porque cosí una bandera

para que un hombre diera la misa

y otros hombres declararan la República.

También fui una mujer

que criaba gallinas ponedoras

en Arecibo, Puerto Rico.

Mis hijos

se alimentaron de sus huevos

de un amarillo feroz

como el hambre.

Y con la mantequilla y la leche

de las vacas que ordeñé

todos fueron a la universidad.

Algunos dejaron la isla

para abrirse una esperanza

de otro color

el de la migración.

Su producción intelectual

es materia de estudio

en varios países.

Nadie habla de mí.

Hoy soy una de las patronas de Veracruz.

Cocino para cientos de migrantes

centroamericanos que viajan

encima de un tren

hacia los Estados Unidos.

Almaceno la comida,

la reviso, la preparo y la sirvo.

Espero a la orilla de las vías.

Cargo bolsas de comida caliente

y agua fresca

porque algunos no han comido

desde hace más de una semana.

Corro para estar lista

para el paso de La Bestia.

Y les lanzo los alimentos.

Con esta obra de afecto

desde mi cuerpo agreste

y mis manos rurales

no solucionaré el mundo.

Solucionaré la vida.

Y eso es algo.

Porque querer a la gente no cuesta,

son hermanos de la humanidad.

Graciasmadregracias,

quédioslabendiga

me gritan hondureños, salvadoreños,

guatemaltecos, y nicaragüenses,

desde La Bestia en movimiento.

Me toco el pecho desde lejos.

Este amor me pinta el vientre

de colores alucinantes.

Mira mis espigas

de un barroco antillano,

naturaleza salvaje.

Mi piel queda al relieve

tras la plancha perdida

de la versificación

que irrumpe con violencia

esta madera de donde brotan

ojos, bocas, lenguas, torsos,

animalia, destrozo

creador de la vida.

Fíjate bien,

hombre,

ahora mismo

todos los animales

se alargan como el trigo

en saludo glorioso

a las mujeres rurales

como esperanza de futuro

y entre todos ellos

hay un espacio para ti.

 

“Poema de luna llena”
a las niñas rurales puertorriqueñas

Una vez una niña me contó una fábula.

Me decía que la nevera

llevaba más de cuatro meses

sin usarse porque la electricidad

se había ido con el último huracán.

Con su dedo índice señalaba

las sombras de la noche.

Decía que eran los dibujos de la luna.

 

*Cindy Jiménez-Vera (San Sebastián del Pepino, 1978). Es autora de los libros de poemas I’ll Trade You This Island / Te cambio esta isla (2018), No lugar (2017), Islandia (2015), 400 nuevos soles (2013) y Tegucigalpa (2012), del libro de crónicas de viaje a El Salvador En San Sebastián, su pueblo y el mío: un proyecto de país desde la poesía (2015), y del libro de poesía infantil El gran cheeseburger y otros poemas con dientes (2015). Poemas suyos se han traducido al inglés, italiano, y portugués. Ha colaborado con ensayos, artículos y crónicas en la revista La ventana de Casa de las Américas de Cuba, Global de República Dominicana, Cruce de Puerto Rico, entre otras. En el 2012 fundó y desde entonces dirige Ediciones Aguadulce, una pequeña editorial independiente dedicada a difundir la literatura puertorriqueña, caribeña, latinoamericana y otras latitudes. Es bibliotecaria desde hace 19 años.

La cazafantasmas: A propósito de Rima Brus

Vanessa Vilches Norat / Especial para En Rojo

Cuentan de la terquedad de los fantasmas. Dicen que habitan asediando, que bien saben ocupar el espacio sin estar en él. Quizás porque desean un instante de corporeidad, aparecen a todas horas y nos perturban. Basta un sonido, una visión, un golpe, un olor y todo un universo espectral se pone en movimiento. ¿Qué si el espacio donde se asoman los espectros es el cuerpo o la casa móvil de la memoria?

Cuentan también del tesón de las cazafantasmas. Hace falta mucha valentía y entusiasmo para esta empresa. Algunas van en busca de sus hostigadores apertrechadas con nuevos dispositivos para medir los campos de fuerza electromagnética.  Otras se arman de tan solo pluma y papel y van a su encuentro.

Rima Brusi Gil de La Madrid pertenece a la segunda categoría de cazafantasmas. En su más reciente entrega Fantasmas, publicada por Editora Educación Emergente, Rima Brusi asediada por un olor, se dedica a hacer cuerpo y memoria del espectro que, sin estar del todo o precisamente porque nunca supo estar, organiza su relato memorioso.  Con una pluma valiente, decidida, llena de tinta antropológica, la valiente narradora no solo quiere enfrentar a su fantasma sino explicarlo.

Estas memorias son una matergrafía. Así llamé hace algún tiempo a textos autobiográficos que giran alrededor de la madre. Decía entonces que la madre funcionaba como el Otro para quién, por quién y desde quién se estructura el relato. Esa conclusión es obvia, la narradora de este libro organiza su recuento a partir de su madre biológica o, para ser más precisa, a partir de su ausencia. La madre es todo presencia en el texto, si de chica es por la presencia intermitente, en el presente de escritura, cuando ya Rima ha decidido protegerse ella y a los suyos de esa madre que nunca supo serlo, aparece citada; su palabra, en itálicas, es parte del relato.

Bien podría ahora pasar a analizar los elementos que este sujeto autobiográfico utiliza para reconstruir una relación tan “delicada” como ella misma la llama. Auxiliada por Paul de Man, buscaría incluso los elementos que configuran la máscara narrativa del texto puesto que, como sabemos, el relato mnémico se reconstruye siempre hacia el futuro, y no desde el pasado como queremos creer. Así la Rimita alegre y atenta, abandonada por una madre incapaz que se dibuja en Fantasmas, corresponde más a la niña que la narradora Rima propone en su presente de escritura cuando ya ha experimentado la maternidad. El texto se compone de dos tiempos, de dos Rimas: el relato de la Rima hija, contado por la Rima madre que, en veintiún cuadros, intenta dar cuenta del fundamental, extraño y complejo vínculo materno para, a su vez, reflexionar sobre su propia maternidad.

Otra posible lectura sería ver cómo esa Rima del presente quiere reconstruir con parchos -algunos gigantescos y de colores, otros, luctuosos y tremendistas- esa colcha con huecos que es la memoria del abandono. Lo que pasa es que este camino de lectura es incómodo. Conozco a Rima, me pienso su amiga, y no logro, como lectora, dejar de intentar proteger al personaje Rimita del desamparo.  Las peripecias de esta hija concebida en un viaje de ácido, huérfana de cariño, desamparada por una madre deprimida que la obliga al hambre, al miedo, a la errancia, a sufrir experiencias límites y violentas, como la iniciación o “asiento” en la religión lucumí a los 8 años, son difíciles de leer. Después de todo no soy tan criminal doméstica como me jacto. Me conmuevo ante este texto, donde el Yo gira y gira como una chiringa alrededor de una figura materna fantasmal y ominosa que no sabe volar la cometa.

Somos consecuencia de ciertas inciertas reminiscencias, nos asegura Braunstein. El primer recuerdo que se cree recordar traza, por ser traumático, el mapa de nuestra memoria.  Lo que comenzó como una alucinación olfativa a químico, una phantomia, nos dice Rima, se tornó en la búsqueda del principio estructurador del relato. Lo curioso es que se trate de una fantasmagoría. Parece que en el libro la escritura es fantasmal, por involuntaria, como el olor a azufre, la escritura se aparece, la insta, es incontrolable. Seguirle la pista a un olor la lleva a la escritura y al primer recuerdo infantil:

“Una memoria me ha tomado hoy por asalto. Me estaba esperando agazapada en algún rincón de mi día, no recuerdo cuál. ¿Haciendo el desayuno? ¿Caminando con mi hijo al autobús?… Creo que la memoria es real porque su superficie es temblorosa y brillante…Creo que es real porque también tiemblo. Creo que es un recuerdo no verbal: este recuerdo no es palabra, ni es imagen, o al menos no es solamente imagen. Este recuerdo es más bien sensación: de necesitar un abrazo y no tenerlo; de estar de pie, llorando, esperando que mi madre me tome en sus brazos, esperando como quien dice “esperanza”, (en inglés, “hope”), y no “espera” (“wait” o “expect”), porque en ese segundo sentido no había ni hay mucho que esperar. Sentir en el cuerpo propio en el presente, la ausencia antigua de la mano del brazo, del abrazo de la otra, el abrazo de la persona que es tu mundo.

Trato de descifrar de dónde viene el recuerdo. Trato de evocar los abrazos de mi madre y descubro, para mi sorpresa y según mi memoria, que nunca me ha abrazado. Aún hoy, Teté no me abraza, más bien se deja abrazar por mí.”

La cita es parte del capítulo “Hallazgo”.  No es fortuito el título de la sección. La narradora, cual antropóloga, brinda como el más importante hallazgo de su trabajo de campo esa primera memoria infantil, ese fósil que sitúa más en lo sentido que en lo recordado. Como toda memoria es testarudamente fantasmal y la acecha, la toma por sorpresa. Todo sensación, la ausencia de brazos que acurruquen y protejan, explica la difícil relación entre la madre biológica y la hija, que decide desde muy pequeña, no solo ser su propia madre, sino ser la madre de su madre. El primer recuerdo es el abandono. Abandono es el nombre de su angustia que sanará en la reconstrucción memoriosa. De ese recuerdo también la explicación de la escritura a la que la autora se agarra para entender los vínculos sociales. La escritura será madre sustituta, como su querida abuela paterna Carmen.

Sin embargo, la narradora se niega a reconstruirse como víctima de su madre. Antes bien, utiliza su pasado para explicarse políticamente un rol social. La Rima que reconstruye su vida anterior anudando, hilvanando, trenzando y cortando esas reminiscencias vitales tiene mano fuerte para coserle a esa Rimita-chiringuita una cola larga y amplia, como un manto con el cual se protege a sí, a su hermano, a Teté, a su abuela y nosotras las lectoras. Este es uno de los aciertos más importante del texto: contar el dolor, no desde el encono, si no desde la compasión. El libro es un valiente tratado sobre el perdón a aquellos que, por estar más cerca de nosotros, nos hieren con mayor profundidad.  Vivir bajo un mismo techo no es tan fácil, ni tan gozoso como se nos impone pensar.  La estructura social de la familia es histórica.  No es secreto que vivir en familia implica un gran monto de sacrificio, sufrimiento, y por suerte, también de alegría.

A veces con un cincel, otras con un marrón, la narradora echa abajo el pilar fundamental de una ideología conservadora sobre la crianza y la educación de los sujetos sociales: el instinto maternal. Para ello incorpora sus conversaciones con la madre o reflexiona desde el presente sobre su propio sentimiento de “ineficiencia maternal”. Es compleja la crianza y la domesticidad, demuestra Rima. Cada vez que el ángel de la casa fastidia a la narradora en su proceso de escritura, se evidencia la contradicción inherente en la ecuación: madre y derechos personales.

Por ello traza una genealogía familiar de las inadaptadas al trabajo doméstico y transgresoras de la norma social: Marina, su bisabuela paterna, quien abandonó a su familia, su querida abuela paterna Carmen Ana, que amorosamente la cría, pero que “detestaba el arte y la ciencia de ‘llevar casa’”, Teté, que no supo ser madre y ella, Rima, que en muchas ocasiones   fracasa “en la gestión de crear cotidianidad”, de “sacar el día”.

El dogma del instinto maternal, como bien nos recuerda Elisabeth Badinter, heredera del pensamiento de Simone de Beauvoir, asegura a la iglesia, al estado y, sobre todo, al capital una nueva clase de esclavitud al colocar lo materno como centro de la experiencia de las mujeres.  “La máquina de hacer hijos es nuestra condena”, propone Lina Meruane, desde un tono divertidamente colérico en su diatriba Contra los hijos, donde analiza esa “máquina de hacer hijos” del capitalismo, para presentar el llamado de la cultura a la maternidad como parte del exceso consumista y contaminante del capitalismo bestial.

Fantasmas es un documento reflexivo sobre los límites de la maternidad. Reconocer que la más “natural” de las encomiendas de nuestra cultura es histórica, por lo tanto, que está muy lejos de ser una esencia universal o un evento biológico es aún hoy un importante desafío a nuestra ideología. Brusi hace del dolor de ser hija una oportunidad crítica para cuestionar y redefinir lo materno como principio social.

Insisto en la primera memoria infantil de Fantasmas, referida en “Hallazgos”, por ser acontecimiento basal, eje en el que se arma el relato. La narradora explica la sensación de abandono en su cuerpo al hacer referencia a un estudio sobre la crianza de macacos llevado a cabo en los años cincuenta. Refiere que el hallazgo inmediato del estudio fue la importancia del contacto físico en la crianza: los monitos prefirieron la caricia al alimento. La narradora insiste en otro hallazgo del experimento, revelador para su autobiografía, las hembras macacas que se criaron con madres artificiales al crecer no pudieron hacer actividades que se consideraban naturales o instintivas como lactar y cuidar a sus propios bebés. El primer recuerdo traumático de abandono le permite a la escritora del presente proponer una importante conclusión: la maternidad es un invento de la cultura, por lo menos, un aprendizaje.

Así, vemos desde el trauma fundante del primer recuerdo las negociaciones que la hija narradora hace con el ideario maternal. Y habrá que decirse que ese ideario del sacrificio materno inhumano y actual es tan terrorífico como los fantasmas que se conjuran en este libro.  Reconocer la incapacidad mental, social y económica de Teté para ser madre, incluso, convenir en que la madre biológica la protegió de sí al dejarla al cuidado de sus abuelos, es una manera política, compasiva y ética de encarar un pasado traumático. También es una forma de humanizar la encomienda maternal y el futuro de las mujeres que, como la narradora, han decidido la maternidad.

Este libro todomadre o quizás todohija, o mejor, todomadrehija, nos recuerda que la vida nunca es como pasó, sino como la contamos, que “la forma en que uno ha registrado lo que le pasó es lo que uno es.” En esas palabras trazadas sobre el papel, hay un deseo de reflexionar sobre lo sufrido, una insistencia en politizar una circunstancia, una voluntad de otro camino.

1. Leí una versión de este ensayo en la presentación del libro, el viernes 8 de noviembre en Casa Norberto.

2. De(s)madres o el rasgo materno en las escrituras del Yo. A propósito de Jacques Derrida, Jamaica Kincaid, Esmeralda Santiago y Carmen Boullosa, (Chile: Cuarto Propio, 2007).

3. “Autobiography as De-Facement en The Rethoric of Romanticisms, (New York: Columbia University Press, 1984)

4. Memoria y espanto o el recuerdo de la infancia. (México: Siglo XXI, 2008):10.

5. p.31.

6. Ver, The Conflict. How Modern Motherhood Undermines the Status of Women, Trad. Adriana Hunter, (New York: Metropolitan Books, 2012).

7. (Chile: Penguin Random House, 2018).

8. Néstor Braunstein. Memoria y espanto o el recuerdo de la infancia. (México: Siglo XXI, 2008):44.

crucigrama

Vilma Soto Bermúdez / Especial para En Rojo

 

Horizontales

2. _____ Palés Matos; abogado, escritor y poeta puertorriqueño. Hermano de los poetas Luis y Gustavo Palés Matos. Uno de los fundadores de los movimientos literarios Euforismo y Noísmo.

10. Limpiáis el trigo con el arel.

11. _____ aventura de fray Gonzalo; cuento de V. Palés Matos.

12. Conjunción latina que significa “y”.

13. 28 de _____ de 1903; nacimiento de V. Palés Matos.

17. Hacer trazos.

18. Perteneciente o relativo a los gitanos o a su lengua.

19. Malvavisco.

22. Borde superior de una embarcación pequeña donde se fijan los remos.

25. Átomo con carga eléctrica.

26. En la mitología de algunas sociedades, emblema protector.

28. Ventanal surrealista: _____; cuento de V. Palés Matos en su libro “Viento y espuma”.

29. _____ Rodríguez de Tió; poeta y revolucionaria puertorriqueña.

30. Forma de pronombre.

32. Algún.

35.Tercera nota musical.

36. Doctor, abrev.

37. Impar.

39. _____; ciudad natal de V. Palés Matos.

42. Pasa la vista por lo escrito.

43. Añadidura, la que se da como propina o regalo, pl.

45. Utilizo.

47. Amarro.

48. Achaque.

49. Pedro Santana _____; poeta y revolucionario puertorriqueño.

51. Que ha recibido un daño o una ofensa.

53. Siglas de Comandos Armados de Liberación; guerrilla urbana puertorriqueña.

54. Río alemán.

55. Vicente _____ Matos; autor de “Campanera de aldea”, “Canto al tornillo”, “La negra canta a la hormiga blanca”, “La aventura de fray Gonzalo” “Tierra estéril” y “La fuente de Juan Ponce de León y otros poemas”.

56. _____ me he echado a reír; poema de V. Palés Matos premiado por el Ateneo Puertorriqueño.

57. La _____ que me crió; poema de V. Palés Matos.

Verticales

1. _____ a los poetas jóvenes; poema de V. Palés Matos.

2. Cada una de las piezas duras y movibles que constituyen la concha de algunos moluscos e invertebrados.

3. _____ García Rosa; profesora, directora teatral y dramaturga puertorriqueña.

4. Nombre de la letra c.

5. Pronombre personal.

6. Apócope de nada.

7. _____ estéril; cuento de V. Palés Matos.

8. Miguel Romero _____; dramaturgo español.

9. 14 de _____ de 1963; fallecimiento en Mayagüez de V. Palés Matos.

13. Relata.

14. El maravilloso mago de _____; novela de Lyman Frank Baum.

15. Vicente Palés _____; autor de “Mujer puertorriqueña”, “Nueva canción”, “Hoy me he echado a reír”, “La negra que me crió” y “Salutación a los poetas jóvenes”. Fue redactor jefe en La Opinión y en El Pueblo.

16. La negra _____ a la hormiga blanca; poema de V. Palés Matos.

20. Símbolo del litio.

21. Preposición.

23. Ave similar al avestruz.

24. Luenga, larga.

26. _____ L. Batista; escribió junto a V. Palés Matos el “Manifiesto euforista”.

27. Olfateé.

31. Fantasear, imaginar.

33. Ahora.

34. Los verdaderos sucesos de _____ Garita del Diablo; cuento de V. Palés Matos.

36. Campanera _____ aldea; poema de V. Palés Matos.

38. Que tiene predisposición natural para algo; innato.

40. Común o habitual.

41. _____ puertorriqueña; poema de V. Palés Matos.

44. La fuente de Juan _____ de León y otros poemas; libro de V. Palés Matos.

46. Del verbo oponer.

48. Indisposición o molestia.

50. Regalas.

52. Historia de un hombre _____ imaginación; cuento de V. Palés Matos.

 

“La Iglesia y los pobres”

Marcelo Barros / Especial para En Ro

 

Este domingo 17 de noviembre, la Iglesia Católica celebra por tercera vez el Día Mundial de los Pobres. La propuesta del Papa Francisco es hacer con que los pobres sean vistos como personas y aún más como hermanos y compañeros en la lucha por la vida. Para el Papa, este no es solo un “día de lucha contra la pobreza”. Esto ya lo tiene la Organización de las Naciones Unidas y debemos colaborar con esa lucha. En la sociedad, la acción estructural contra las raíces de la pobreza es esencial. Sin embargo, es parte de la fe cristiana valorar a los pobres como personas y revelar la presencia divina en ellos. La Iglesia debe ser solidaria a todas las víctimas de la pobreza como presencia que apoya el protagonismo de las comunidades y organizaciones en las cuales los pobres luchan por sus derechos y por el reconocimiento de su dignidad.

Para este año, el Papa Francisco eligió el tema del Salmo 10 (9): “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. El Papa ubica el texto en la historia. Muestra que la descripción hecha en el Salmo sobre la realidad de los pobres continúa hoy, al menos en parte, muy real. Hoy, cuanto más tiempo la sociedad vive en crisis social y económica, más los ricos aumentan sus ganancias. Se genera nueva esclavitud, como la trágica situación de los inmigrantes y refugiados clandestinos en varios países del mundo. Cada vez más, aumenta el número de personas que sobreviven en los basureros de la sociedad. En todo el mundo, las víctimas del tráfico y las drogas se multiplican.

Esa realidad catastrófica exige cambios estructurales, pero esos solo ocurrirán a partir del protagonismo de los empobrecidos y excluidos de la sociedad. En su mensaje, el Papa recuerda lo que ya había escrito en la exhortación apostólica “La alegría del Evangelio” (Evangelii Gaudium): “El cuidado y la solidaridad de la Iglesia con los pobres no es un compromiso externo o consecuencia después del anuncio del Evangelio. pero, por el contrario, es el corazón de la fe cristiana y revela el realismo del proyecto divino para el mundo ”(EG 183).

La FAO atestigua: “Los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirman: alrededor de 820 millones de personas en todo el mundo están muriendo de hambre. La tragedia de la hambruna está aumentando en todas las regiones de África (la desnutrición alcanza el 20%). También crece en América Latina y el Caribe, que de 2001 a 2010 logró reducirse mucho. En Asia, más del 12% de la población está desnutrida” (Le Monde Diplomatique Brazil, octubre de 2019, p. 17).

Todas las religiones y tradiciones espirituales deben dar testimonio de que cada ser humano es nuestro hermano y que los más pobres son los favoritos del Amor Divino. A través de ellos, Dios revela al mundo su proyecto de justicia y amor que transforma el universo. En el evangelio, Jesús oró: “Te agradezco, Padre, porque has escondido tus secretos a los sabios y grandes del mundo y los has revelado a los pequeños” (Mt 11: 25ss).

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.