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¡Hasta siempre, compañera!

Cumple # 80 de Corde/21 febrero 2015

 

La Junta Directiva y el Colectivo de Trabajo de CLARIDAD le hacemos llegar nuestro abrazo fuerte y solidario a la familia de doña Cordelia Buitrago Díaz. Doña Cordelia fue una amiga constante y solidaria de CLARIDAD. Mujer bondadosa, alegre, noble, comprometida con la lucha por un País soberano.

A su familia, en especial a sus hijas, Cordelia, Ivette, Malule, Joanna y a su hijo Luis, vayan nuestros deseos de mucha fortaleza en estos momentos tan difíciles.

 

Una bota aplasta el cuello de la democracia Americana

 

Por Cornel West

El autor es filósofo y destacado intelectual y académico sobre temas de sociedad y democracia en Estados Unidos. Ha sido un consecuente activista político  y actualmente es profesor emérito de la Universidad de Princeton. Esta columna fue publicada originalmente en la edición del 2 de junio de 2020 del periódico británicoThe Guardian. La traducción es de CLARIDAD.)

“La pregunta fundamental en este momento es: ¿puede Estados Unidos ser reformado?”

Otra vez lo mismo. Una persona negra es asesinada por la Policía en Estados Unidos. Otra ola de resistencia multirracial se levanta. Se inicia un nuevo ciclo de hablar sobre el tema racial en los medios de prensa corporativos. Ocurre otro despliegue de “diversidad” en el alto liderato neoliberal, al cual seguramente le seguirá muy pronto un nuevo contragolpe blanco. Sin embargo, esta vez sí podría ser una coyuntura decisiva.

La innegablemente bárbara muerte de George Floyd, la inescapable y viciosa realidad de la desigual miseria del coronavirus, el desempleo masivo a nivel de la Depresión y el colapso general de la legitimidad del liderazgo político (en ambos partidos) descorren la cortina en el Imperio Americano. La creciente militarización de la sociedad estadounidense es inseparable de sus políticas imperiales (211 despliegues de fuerza militar de Estados Unidos en 67 países desde 1945). La respuesta al asesinato de Floyd narra la historia de la enorme presencia militar, de los ataques no provocados y de la fuerza excesiva.

Irónicamente, el debate engañoso sobre si quienes protestan son “incitadores o solo manifestantes”, o sobre si son “agitadores que llegan desde afuera o ciudadanos legítimos de cada localidad” le resta atención al hecho de cómo una fuerte presencia policial puede precisamente incitar las faltas de respeto hacia la Policía. Pesa mucho el contraste marcado entre la actual respuesta policial, y la que reciben los provocadores de la extrema derecha que se exhiben dentro y fuera de los capitolios de los estados con armas cargadas y poderosas municiones. Recuerdo la experiencia propia de protestar en Charlottesville, Virginia frente a cientos de Nazis enmascarados y armados con balas vivas, y ver a la Policía replegarse y permanecer inmóvil y en silencio mientras éramos atacados inmisericordemente. Sin la intervención y la protección de Antifa, algunos de nosotros habríamos muerto.

Yo creo que cualquier ataque contra una persona inocente está mal. Pero enfocarse en los ataques de los manifestantes a personas o propiedades es desviar la atención de las muertes de miles de negros, de pobres y de trabajadores a manos de la Policía. También, oscurece el rol del aparato represivo en la preservación de un ordenamiento injusto y cruel. El control que ejercen los grandes intereses, las jerarquías de clase y de género y el militarismo global merece sobresalir de entre la profunda preocupación por los asesinatos y la brutalidad policíaca contra la población negra.

Las cuatro catástrofes sobre las cuales nos previno Martin Luther King- el militarismo (en Asia, África y el Medio Oriente), la pobreza (a niveles récord), el materialismo (la adicción narcisista al dinero, la fama y el espectáculo) y el racismo (contra los negros, indígenas, musulmanes, judíos e inmigrantes no-blancos)-han desnudado el odio, la codicia y la corrupción organizados que existen en el país. El aparato militar de Estados Unidos es una máquina de matar que ha perdido su autoridad dentro y fuera del país. La economía capitalista que prioriza en la acumulación de ganancias ha perdido su aura, y el esplendor de la cultura orientada hacia el mercado (incluyendo los medios y la educación) es cada vez más hueco.

La pregunta fundamental en este momento es: ¿podrá ser reformado este experimento social fallido?  La dupla política de un Partido Republicano en escalada neofascista, liderado por Donald Trump, y de un Partido Demócrata, fatigado y neoliberal, liderado por Joe Biden- de ningún modo equivalentes pero igualmente amarrados a Wall Street y al Pentágono-es la representación de un liderazgo decadente. La debilidad del movimiento obrero, y la actual dificultad de la izquierda radical para agruparse en torno a un proyecto revolucionario no violento que busque compartir la democracia y la redistribución del poder, la riqueza y el respeto son signos de una sociedad incapaz de regenerar lo mejor de su pasado y su presente. Cualquier sociedad es indeseable e insostenible cuando se rehúsa a eliminar las viviendas dilapidadas, los sistemas educativos decrépitos, la encarcelación en masa, el desempleo masivo y el sub empleo, un inadecuado cuidado de salud y las violaciones a los derechos y las libertades.

Dentro de todo, el magnífico valor moral y la sensibilidad espiritual de la respuesta multirracial al asesinato de George Floyd por un policía, que ahora se transforma en resistencia política al despojo legalizado de la codicia de Wall Street, al saqueo del planeta, y a la degradación de las mujeres y personas LGBTTQI, significa que todavía nos mantenemos luchando independientemente de las probabilidades.  Si la democracia radical muere en América, que se diga de nosotros que lo entregamos todo mientras la bota del fascismo americano intentaba aplastar nuestros cuellos.

 

 

 

Soy mujer, soy negra

 

Por Litzy Alvarado Antonetty

Soy mujer, soy negra, soy caribeña, soy hispana, soy pobre.

Tengo todas las condiciones para entender lo que sufren los hermanos y hermanas de las comunidades afroamericanas en E.E.U.U. y el por qué hoy protestan.

El corto tiempo que viví en Waterbury, Connecticut, fue uno tan intenso que pareció una década.

Trabajé en una clínica de Terapia Ocupacional como traductora para personas hispanoparlantes y como terapeuta ocupacional. Estuve allí sólo 4 meses porque me pagaban la mitad del sueldo acordado. De ahí me fui a trabajar a una tienda como asistente de gerente. Una de las empleadas que tenía a cargo, la única estadounidense, se negaba cumplir con mis solicitudes y órdenes porque yo era hispana. Así fui víctima del racismo.

En Puerto Rico, muchas películas de Hollywood nos han transmitido los estereotipos racistas sobre los negros: son traficantes, ladrones, encargados de puntos de drogas y matones. Lo vemos en las películas, no lo cuestionamos o escudriñamos, y cuando la vida nos empuja a dejar nuestra patria y emigrar hacia “el norte”, llegamos allá y las ideas transmitidas, a través de las películas, se hacen una temible realidad en nuestra cabeza.

Me pasó. Aun siendo una puertorriqueña negra. Ideas, no siempre correctas, que se convierten en prejuicios. Los saqué de mi corazón. Pero, estos hermanos y hermanas llevan siglos luchando contra esta triste realidad en su país.

Que duro debe ser sentirse tratados con desprecio en su propia nación, en la única que conocen y llaman su patria. Viven a la defensiva. Crían a sus hijos a la defensiva. Los padres negros en E.E.U.U les enseñan a sus hijos desde pequeños, cómo responder ante la intervención de la policía. Saben que las circunstancias los inculpan por solamente ser negros y estar en el momento o lugar equivocado. A veces ni siquiera están en un lugar equivocado. La historia les ha dado muy duro, han tenido que luchar doblemente por tener un lugar en la sociedad, para que se reconozca la extraordinaria aportación que han hecho a su nación.

¿Y en Puerto Rico? También existe el racismo.

En una ocasión, Ida L. Castro, quien fuera abogada laboral, profesora universitaria, fundadora del primer grupo de mujeres hispanas de Nueva Jersey y presidenta de la Comisión de la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de los Estados Unidos (EEOC por sus siglas en inglés), dijo lo siguiente:

“Frecuentemente lo que confrontamos son actitudes tan arraigadas y aceptadas que ya no se cuestiona su impacto en la sociedad. Peor aún, se rechaza vehementemente el que nuestro “racismo sutil” conlleve consecuencia alguna.  Sin embargo, aquellos que sufren y padecen la realidad de su condena a condiciones económicas más bajas simplemente porque quizás “salió” muy oscuro, o su pelo es demasiado rizo o sus facciones muy negroides; éstos sí entienden claramente las  consecuencias de estas actitudes enraizadas. Cuántas veces he escuchado que Puerto Rico es distinto porque aquí no existe el discrimen racial”.

Por eso a muchos les extraña que haya una negra como representante en algún certamen de belleza y mucho más si ésta gana el mismo. Por eso tenemos expresiones populares como: “es negra, pero linda”, “es negro acepilla’o”, “es negro fino”, “ella tiene el pelo malo”.

¡Mi pelo no es malo! Yo tengo el cabello ulotrico, hermosamente rizado. A veces tomo como un chiste cuando me preguntan: “¿cuándo te vas a peinar?”. Yo siempre me peino, pero no siempre lo cepillo porque mi cabello rizado no es para cepillarse.

Así como se discrimina contra los afroamericanos por ser negros, también se discrimina con otros sectores llamándoles, para empezar, MINORIAS. Es tiempo de cambiar el enfoque y saber que cada uno tiene mucho que aportar y eso no es determinado por el color de la piel o la apariencia física. Todos debemos tener la oportunidad de desarrollo y de servir como miembros de la misma sociedad y el mismo espacio.

Para Dios todos somos iguales: somos sus hijos e hijas, hechura de su mano y de su amor.

Soy mujer, soy negra, soy hispana, soy caribeña y soy pobre. Me duele lo que sufren hermanos y hermanas de las comunidades afroamericanas. Y esta situación terrible que desespera y hastía me hace decir: “I CAN’T BREATH!”.

La autora es candidata a alacaldesa de Salinas por el Partido Independentista Puertorriqueño.

 

 

No puedo respirar

 

Por Eduardo A. Lugo Hernández/Especial para En Rojo

 

No puedo respirar. El colonialismo sigue su marcha asesina y no me deja respirar con su rodilla en mi cuello. Son más de 500 años que en estos días los vivimos como 9 minutos. No puedo respirar. Porque en cada esquina encuentro heridas en mi cuerpo en mi alma de la colonialidad. Recuerdo cuando de pequeño me llamaba Kunta Kinte y yo decía que me llama Toby…todos reían. Todos reían sin entender, sin realizar que Toby era el símbolo de desprenderme de mi negritud, de mis ancestros, de aquellos que todavía al día de hoy trato de tocar con mi ser.

Recuerdo ver mis ojos contra la luz del sol para que se vieran más claros.

 Recuerdo pensar sobre mi pelo del cual todos hablaban como duro, feo, difícil de peinar. Recuerdo que las imágenes que veía de niñez «hermosa» en los medios no se parecían a mí. Recuerdo tener una abuela panameña de la cual yo mismo hablaba de su pelo con palabras que ahora se eran despectivas. El dolor de pensarla me consume. De no haber NUNCA hablado con ella del dolor del racismo que se llevaba en su interior. Recuerdo la maldita palabra negrito. NO soy negrito. Soy Negro, Afrodescendiente, Panameño, Puertorriqueño, latinoamericano, colonizado….Las lágrimas. Las lágrimas de entender que desde que nací mi color fue causa de burla. Fue razón de medir mi belleza. La rabia y el dolor no es hacia los que lo hicieron, porque ellos están atravesados por esa misma colonialidad que no los deja entender que el racismo nos penetra como el logro más significativo del hombre blanco.

 No puedo respirar, porque mientras en EU la gente está en la calle manifestando como siente, rabia, dolor, desesperanza, hastío por las muertes de innumerables hombres y mujeres en manos de la policía, mecanismo de represión de un Estado diseñado para favorecer al Blanco, en PR solo hacemos memes y tratamos de entender la expresión de esa rabia porque somos la joya del experimento colonial, aquella que destruye la conciencia y que nos pone a luchar en contra de nosotros mismos y no contra el que tiene la rodilla sobre nuestros cuellos. Rabia, dolor, vergüenza, porque necesitamos ver que físicamente asesinan a los/as nuestros/as para reaccionar, y no entendemos que el Estado colonial nos asesina TODOS los días.

La pobreza que ha creado este sistema, la corrupción de los pocos privilegiados, racista en el archipiélago no nos deja respirar. ¿Necesitamos ver que pongan la rodilla en nuestro cuello para reaccionar? ¿No entendemos que esa rodilla la vemos en la Ley Jones, en el Grito de Lares, en la Masacre de Ponce, en la intentona de Yauco, en la Ley de la Mordaza en el Cerro Maravilla, en el Toque de Queda del Verano 2019, en la destrucción de nuestro sistema de educación, en los macanazos y el “pepper” cuando defendemos la UPR, criatura educativa-cultural en peligro de extinción, en la pobreza rampante de nuestra niñez, en la insuficiencia alimenticia, en nuestra incapacidad de tener un sistema democrático, en la maldita deuda que es impagable y que ellos mismos crearon y ahora administran a cuesta de nuestro sufrimiento, la destrucción de nuestro plan de retiro lo cual nos lleva al deterioro de nuestra salud mental, a una muerte más temprana, al dolor insoportable de nuestros viejos y viejas, en la migración de nuestra gente, la cual nos han convencido es una traición….ya, paro porque no puedo respirar.

 ¿Qué otras rodillas necesitamos? ¿Qué más necesitamos para quitarnos estas cadenas y al fin poder volar en un vuelo que sea nuestro y que nos permita rodearnos de aire puro, que nos deje respirar? ¿Qué más necesitamos para entender que esta rodilla nos ahoga? Nos dicen que somos una mezcla de razas que incluyen al Negro, al Taino y al Español, pero en la mayoría de nosotros lo que veo es el dolor y trauma de los primeros dos. No puedo respirar porque mis hijos heredan esta rodilla que pesa sobre mi cuello. Paro porque no puedo respirar….

 

El autor es Catedrático Asociado, Departamento de Psicología de Universidad de Puerto Rico en  Mayagüe.z

 

Usmaíl: ¿prueba de un mundo paralelo?

Por Carmen Cila Rodríguez/Especial para En Rojo

Hace apenas unas semanas los medios de comunicación del mundo anunciaron que la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, (NASA, por sus siglas en inglés) sugería la existencia de un universo paralelo.  El anuncio parecía confirmar lo que el científico Stephen Hawkingelaboró hace dos décadas atrás.

Según la página cibernética de noticias Antena 3, Hawking estableció la teoría del cosmos durante veinte años con su colega Thomas Hertog, del Instituto de Física Teórica de Lovaina donde plantean “que, a partir del Big Bang se formó el Universo como un vasto y complejo holograma, de modo que pueden existir otros universos muy similares al nuestro.”

El anuncio científico, de inmediato, aceleró mis pensamientos.  Y es que desde 2017, cuando comencé a trabajar mi tesis doctoral sobre la novela Usmaíl, de Pedro Juan Soto, reconocíen ella mucho más allá de teorías literarias esbozadas por la academia.  Para mí,Usmaíltenía visos de universalidad, más intensos de lo que entonces podía comprender.

Usmaíl es el hijo natural de un americano llamado Mr. Adams, quien era funcionario de Puerto Rican Emergency Relief Administration (PRERA, por sus siglas en inglés) en Vieques y allí conoció a Chefa quien era la madre viequense de Usmaíl.  Este personaje, en realidad, posee una participación escasa pues se va a la huida del país tan pronto sabe de su pronta paternidad.  Según establezco en mi tesis, el hombre ni siquiera posee un nombre propio.  Se le describe como un americano, de tez blanca y pelo rojo.  Menciona la novela que a Mr. Adams, Vieques le parecía aburrido  y “bueno para cerdos”. Aunque planteé en mi tesis otras referencias sobre Mr. Adams, en la trama no hay mucho más datos relevantes sobre él, insisto.

Hace alrededor de un año, adquirí por curiosidad literaria el libro PR 3 Aguirre, de la escritora puertorriqueña Marta Aponte Alsina.  Para mi sorpresa, la investigadora hace referencia de los comerciantes que adquirieron la Central Aguirre en Salinas, sus familias y sus círculos sociales.  Además, traza una línea geográfica con la ciudad de Boston de donde son procedentes.  Incluso, destaca a un hombre llamado Henry Adams como biógrafo de una de estas familias.

Una risa de victoria se apropió de mí, los hilos genéticos de una historia real y de una historia de ficción parecían unirse, aunque no lo podía probar. Ha pasado más de un año y la inquietud continúa, algo que solo -quizás- podría ser explicado a través de la teoría de los mundos paralelos. Aponte Alsina, a modo introductorio, menciona que la ciudad estadounidense posee una historia social con varias familias consecuentemente dominantes.  Entre ellos, los Adams. “Como en el caso de los Aurelianos y José Arcadios de García Márquez, la atención se desvía, la forma de una secuencia genealógica clásica se confunde.  ¿Cuántos John Adams, cuántas Abigaíl Adams…?”, cuestiona Aponte Alsina (21).

Enseguida conseguí el libro al que alude la escritora, The Proper Bostonians, de Cleveland Armory y editado por Panassus Press, Massachussetts en 1984. En él se nos revela que son “unequivocally  names the Adamses as the most distinguished Family in American history” (Armory 143) y que más de un biógrafo de la familia ha notado que “the word “we” is a rare one in the Family’s vocabulary when it envolves identification  with the masses.  Adamses are strictly “I” men” (Armory 145).  Como si de un gen humano se tratara, esta característica particular de su comportamiento podríamos adjudicarla al Mr. Adams de la novela de Soto. Recordemos su huida que denota su falta de valor para reconocer que de ser él solo uno (“I”), ahora pasa a ser dos en su hijo (“We”).

Por otra parte, presento pruebas en mi tesis de que Usmaíl es la figuración de Pedro Albizu Campos.  Apoyada, sobre todo, de la biografía que hace la investigadora Marisa Rosado, voy comparado la vida del líder nacionalista con el joven Usmaíl.  Sus madres negras fueron abandonadas durante el embarazo y sus hijos fueron considerados como “ilegítimos”, ambos tuvieron que ser criados por otras mujeres y, de igual manera, ambos se convirtieron en hombres de conciencia.  Sobre todo, ambos poseen una profunda convicción religiosa, donde lo espiritual es su arma para trascender.

En 1912, con la ayuda de una beca, don Pedro va a estudiar a Vermont y luego, en 1913, va a continuar estudios en la Universidad de Harvard.  La universidad ubica en Cambridge, Massachussetts, muy cerca de Boston. 

Según teorizan otros científicos, en ciertos momentos las energías de los mundos paralelos se cruzan, se multiplican, interaccionan, se sienten y transforman. De hecho, don Pedro sabía y aseguraba que la Patria pasaba por una “transformación gloriosa”. Cabría preguntarse si caminando entre las calles bostonianas en algún momento don Pedro y el Mr. Adams de Usmaíl se cruzaron, se miraron y, quizás, hablaron infundiendo el primero plenitud de vida en el americano.

Supongo que sí hubo ese encuentro.  Solo esa energía productiva y vital impactando al universo, como hacía don Pedro, puede lograr que de un Adams ficcional nazca un hombre valeroso como Usmaíl, símbolo de Puerto Rico.

¿Qué más se puede esperar de la tierra de Nathaniel Hawthorne, donde las brujas, los masones, los huesos indígenas, los hechizos, lo gótico, lo real y la ficción se funden con tanto éxito?