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Será Otra Cosa:Por los vericuetos de la digitalización forzosa

Por Sofía I. Cardona/Especial para En Rojo

Preámbulo: Las cosas  estaban en algún lugar

  1. Llego al segundo piso de la Biblioteca Lázaro. Firmo la lista y constato que a esta hora está vacía nuestra pequeña Babel. Entro al ascensor, marco el quinto piso. Se abren las puertas, salgo, huelo con satisfacción el silencio de esta tarde. Busco un cubículo con buena luz. Está allá al fondo, pero hay que pasar entre dos anaqueles. Me pierdo en los lomos de los libros por un rato. Esa tarde estaré sola. Leeré por primera vez los versos de un autor que ahora no recuerdo. Era muy joven y navegaba.

Esto sucedía cuando las cosas había que buscarlas de verdad hasta tocarlas. Un libro era un objeto que descansaba sobre los otros, que se perdía, que pesaba, que hacía estornudar, que a veces no estaba porque se lo habían llevado. Para evitar el acaparamiento, había que traerlos a la biblioteca cada mes a renovar. Trabajé varios semestres en Catalogación. Una tarde llegó la viuda de un profesor cargada de libros para devolver. Los anaqueles recibían los libros recuperados. Algunos se volverían a perder, otros, ya nadie los esperaba. Las cosas había que buscarlas hasta tenerlas firmemente asidas. Las cosas estaban en algún lugar. Hoy, que vivo en el futuro, que me han forzado a emigrar a la virtualidad, recuerdo esa sensación y me pregunto a dónde iremos a buscar (y a pensar) las cosas cuando termine este capítulo de la historia.

 

«Sonría, usted está en línea»

Esto de las video-llamadas es más complicado de lo que parece. Es dificilísimo relajarse en una conversación. Nos sentimos observadas en todo momento. Sentimos la presión. No se admiten silencios incómodos. Todo tiene que correr como en una película. Para colmo, el espacio privado que antes nos cobijaba, está invadido por las prácticas del exterior y hasta por los individuos de los que nos apartábamos antes en este mismo lugar. Terrible. Somos caracoles a quienes les han arrebatado la casa.

Mi gata me acompaña de vez en cuando. Me imagino que con el tiempo serán parte del folklore universitario estos personajes secundarios que aparecen en las sesiones (animales, intrusos, objetos) y las escenografías particulares de cada clase virtual. La memoria de estos años universitarios – huracanes, temblores, meteoritos, epidemias – incluirá también la intimidad de nuestras casas – los cuadros de nuestra sala, el paisaje desde el balcón, los anaqueles del fondo, el paseo de mi gata ante la cámara.

Descubro que he aguantado esta temporada virtual porque me creo que es provisional. Espero no haberme equivocado. Ha sido un semestre desastroso. Los estudiantes parecen contentos, aunque refunfuñen, porque hemos logrado continuar con las tareas, pero yo me he sentido amordazada, como si les hablara desde una burbuja de cristal y no se me escuchara bien al otro lado.

Me parece que cada cual está en su burbuja y que nos quieren así, apartados, controlados, vigilados. Han eliminado el ágora y el desorden, ese desorden feliz que nos inquieta y nos mueve a las transformaciones. Deben estar contentos. Es año de elecciones y juran que por fin nos tienen sometidos. Y es posible que sea así. Todo depende.

Me cuentan que un grupo de siniestros administradores conspira. Son los defensores del futuro, de esa visión que corresponde mejor a los muñequitos infantiles de décadas atrás, cuando el futuro era todavía lejano. Todos esos artefactos maravillosos de entonces –  el reloj de Dick Tracy, las videoconferencias de Star Treck, los hologramas de Star Wars – son parte de la oferta común de los comercios y ya no nos sorprenden, aunque a las grandes masas, nos seducen.

Un futuro trililí

Poco a poco había llegado el futuro. El futuro era eso cómodo y rápido, nítido, sexy, brillante, portátil, luminoso, divertido y juguetón. Vivíamos orgullosas de participar de lo nuevo, de no tenerle miedo a los enrevesados términos. Entonces llegaron el Power Point y las pizarras inteligentes y la cablería y las antenas, las plataformas digitales y los repositorios, los cursos en línea y los webinars. Siguió llegando el futuro por cantitos, poco a poco, en puntillas, sigiloso como una enfermedad, como la decrepitud de la vejez. Dejó de ser gracioso y coqueto ese futuro. Llegó el Covid-19 y la digitalización forzosa. Llegó el viejo futuro y dejé de reírme por dentro de los colegas que tenían por teléfono una tostonera.

Habían estado amenazándonos con el futuro desde hacía tiempo. A principios de este siglo – por lo menos puedo hablar de la Universidad – la idea de que la gran revolución de la academia estaba en el mundo virtual andaba por ahí. No hay duda de que la digitalización transformó nuestras posibilidades – acceso a publicaciones, rapidez en la documentación, posibilidad de compartir y corroborar datos con otros investigadores, entre muchas otras cosas. Lo que siempre se miró con desconfianza fueron los intentos de sustituir las prácticas de contacto personal, algo que nos había tomado a muchas décadas de esfuerzo, reflexión y entrenamiento, por tediosos módulos en línea.

Mi primera impresión sobre la digitalización forzosa del 2020 fue que por fin quedaría probado, requeteprobado, que esto jamás podría sustituir la forma presencial de educación. Es que se caía de la mata. Ahora que se evidencian los intentos de las administraciones universitarias de mantener este estado de las cosas – supuestamente por seguridad, pero atentos a la posible explotación económica – no estoy tan segura de que los hayamos convencido.

La cosa se nos complica si consideramos que las nuevas “herramientas” de la virtualidad provienen del sector privado: las plataformas virtuales que dominan el mercado. El asunto trae cola, bastante larga, fea y torcida, como bien apunta Naomi Klein en su artículo “Distopía de alta tecnología: la receta que se gesta en Nueva York para el post-coronavirus” (lavaca.org), y el asunto merece detenida reflexión:

“La pregunta es: ¿estará la tecnología sujeta a las disciplinas de la democracia y la supervisión pública, o se implementará en un frenesí de estado de excepción, sin hacer preguntas críticas, dando forma a nuestras vidas en las próximas décadas? Preguntas como, por ejemplo: si realmente estamos viendo cuán crítica es la conectividad digital en tiempos de crisis, ¿deberían estas redes y nuestros datos estar realmente en manos de jugadores privados como Google, Amazon y Apple? Si los fondos públicos están pagando gran parte de eso, ¿el público no debería también poseerlo y controlarlo? Si Internet es esencial para muchas cosas en nuestras vidas, como lo es claramente, ¿no debería tratarse como una utilidad pública sin fines de lucro?”

Ante este dilema, conviene recordar que no estamos solas. Todo el mundo lidia simultáneamente con esta situación urgente y súbita, y en todo el mundo se revelan las chapucerías, inequidades e injusticias de los respectivos sistemas. Un ligero repaso por esas mismas redes que nos tiranizan nos informará de los esfuerzos, batallas, y debates que ha suscitado la digitalización forzosa bajo la emergencia del Covid-19. Habrá que pensar en muchas cosas.

¿Lo virtual es para los pobres?

Me entero de que los ricos, los verdaderamente ricos, huyen de la digitalización y les dejan ese espacio engañoso a las masas populares. Esto afirma Nellie Bowles, en su artículo “La interacción humana es un lujo en la era de las pantallas”, el 26 de marzo de 2019 en el NYTimes, un año antes de la pandemia: “La interacción humana conspicua – vivir sin celular por un día, renunciar a las redes sociales y no responder a correos electrónicos – se ha vuelto un símbolo de estatus. … Conforme aparecen más pantallas en las vidas de las personas pobres, las pantallas están desapareciendo de las vidas de los ricos. Cuanto más adinerado eres, más gastas para no tener pantallas cerca de ti.” Exigen atención individual, productos personalizados, un mundo hecho a la medida.

Mientras tanto, los gestores académicos nos atosigan con la retórica de la revolución digital, presentándonos el espacio virtual como la panacea para la práctica democrática y el progreso del pensamiento humano, como si antes en papel y en el aire no hubiéramos estado pensando, como si no se pretendiera también controlarnos a través de las pantallas y los localizadores.

Pero reflexionemos en la digitalización forzosa de la educación a las que nos ha obligado la pandemia.  Aquí los datos de la UNESCO: más de 1500 millones de estudiantes han tenido que interrumpir sus clases, el 90% de la población mundial. A finales de marzo 185 países ya habían cerrado escuelas y universidades. Responsablemente, la UNESCO recomienda hacer las cosas con conciencia y considerar las condiciones particulares de cada región para la toma de decisiones. Hay lugares a los que no llega la internet, gente que no tiene todavía ni equipo ni destrezas digitales, para no hablar de otras condiciones necesarias como la alimentación, la vivienda, un sistema de salud eficiente. La UNESCO no se limita al entorno digital, también considera en sus recomendaciones cursos a través de la radio y la televisión (y nuestro gobierno actual pretende poner, mientras tanto, en manos privadas la WIPR). Esta última recomendación es particularmente pertinente para países con infraestructuras debilitadas – y amenazadas por los huracanes – como la nuestra. Insisten en que seamos conscientes de la diversidad, que fortalezcamos la comunidad escolar, que seamos prudentes en el tiempo y las expectativas para garantizar no sólo un espacio de aprendizaje sino también la salud mental de la gente.  En fin, que seamos sensatos.

Decretos universitarios y peligrosas desescaladas

Acabo de leer que 23 universidades del sistema de California enseñarán en línea este semestre que viene. Otras piensan abrir a pesar de la pandemia. Sustituirán las clases multitudinarias por grupos pequeños, “de-densificarán” los dormitorios, comedores, bibliotecas, etc. Han tenido que devolver las tarifas por residencia y laboratorios. A la hora de la verdad, escogerán lo que salga más económico: pagar las demandas de las víctimas de la enfermedad o los costos de todas las previsiones que deberían tomar. La educación en muchos sitios es un negocio.

En la Universidad de Puerto Rico, como en tantas otras instituciones, se les ha exigido a profesores y estudiantes hacer la transición de un sistema presencial a la educación a distancia como si estuviéramos no solamente preparados para ello, sino además convencidos de su indiscutible eficacia; como si, además, la situación de incertidumbre no interfiriera en nuestro trabajo diario. También se pretende la transición como si estuviéramos de acuerdo en que es lo ideal, lo esperado, lo que nos toca, la cúspide del desarrollo de la universidad: hemos llegado al futuro, nos dicen.Pero llegar al futuro así como así, como si fuera una parada de guaguas, no es el propósito de la universidad. Ciertamente, muchas universidades, las más apegadas al criterio económico, han olvidado lo que en un momento se aspiraba de las universidades modernas: la defensa de la libertad de pensamiento.

Queda mucho por pensar sobre la educación a distancia. Este enamoramiento con la tecnología, este embelesamiento de grandes sectores de la “inteligencia” (sic) de nuestro país ante lo “virtual” es parte del alelamiento de los crédulos ante los trucos de los magos. Hay algo sexy en las pantallas táctiles y los ruiditos de los procesadores. Es el mismo sonidito de la caída libre de la espumante coca-cola. Son los efectos especiales de la seducción a la que estamos perpetuamente sometidos.

El profesor de microbiología Edwin Vázquez de Jesús (edwinvazquez.blogspot.com), opina que no estamos preparados para regresar el próximo semestre. No hay todavía vacuna ni medicinas efectivas, tampoco un sistema de rastreo confiable, ni un programa de desescalada que incluya las medidas de seguridad que se requieren: desinfección, rastreo de contactos, medidas de apartamiento y circulación de individuos, modificación de los espacios de trabajo, equipo de protección, etc. Habrá que ser prudentes con las gentes, con las cosas.

Me cuesta imaginar miles de jóvenes universitarios conviviendo en los recintos universitarios manteniendo seis pies de distancia, lavándose las manos con frecuencia, desinfectando las superficies. También me cuesta imaginarlos encerrados en sus habitaciones, conectándose a los salones virtuales para mirar desde su pecera al resto de la clase, todos tan lejos, tan separados, escuchando hablar a la profesora de algunas maravillas siempre con sordina y una gata que pasa ante la cámara.

 

El 18 Brumario de Donald Trump disfrazado de King Lear

 

 Por Rafael Acevedo/En Rojo

 

0.¿Trump es una figura trágica? A veces parece un decrépito rey Lear, como cuando camina el primer día de junio hacia una iglesia en la capital del imperio. Mientras, sus súbditos, hartos de sus argucias, está en las calles exigiendo el fin de la brutalidad policiaca. Los supremacistas blancos disfrazados de policía, lanzan gases lacrimógenos para abrirle paso al déspota perverso y anaranjado.  En la fina línea de sus labios apretados parece estar amarrada otra amenaza. Ya ha lanzado varias advertencias: “»When the looting starts, the shooting starts” expresó cuando las protestas por el asesinato de George Floyd arreciaban. Y esa mañana, pocas horas antes de su caminata a la iglesia tapiada, lanza un ultimátum: si los gobernadores no detienen las protestas tendrá que recurrir a una medida que no se ha usado en dos siglos para lanzar al ejército a la calle y restablecer el orden oligárquico.

¿Por qué digo que en esa caminata parece un viejo rey Lear? Porque parece un personaje de alguna obra inspirada en Shakespeare. En el jardín de las rosas cerca del palacio, el presidente ordena a sus gobernadores que repriman a sus súbditos. Dicho esto camina al caer la tarde -eran las 7:01 pasado meridiano- a una sesión de fotos posadas con una Biblia en sus manos que parece estar caliente. La mueve de mano a mano. Juega con ella como si fuese una papa caliente. Llegó frente a esa histórica iglesia -que muestra en su fachada los rigores de la protesta- acompañado de su consejero Jared Kushner, algo así como el duque de Gloucester. El siniestro Jared es, además, su yerno. Por supuesto, a su izquierda, caminaba Ivanka, su hija mayor y también consejera. De fondo, lejanas, se escuchan las sirenas de los autos patrulla. ¿No parece una revisión moderna de King Lear? ¡Perdóname, William, bardo! Miro esa figura estrafalaria y pienso que ese cobarde, violador, mentiroso, está a punto de abdicar y entregar su reino a su hijay a su yerno para poder vivir tranquilo sus últimos días. En medio de las mayores protestas del imperio desde hace poco más de medio siglo. En medio de una pandemia que recuerda aquella de 1918. Sin embargo, sabemos que no habrá tranquilidad en la vida de este personaje.

  1. El presidente Trump, que ni siquiera perteneció a los Niños Escuchas, ha tratado de congraciarse con los militares de la manera más obvia. Dándoles todo lo que pidan y más.

El presupuesto militar de EEUU para el año fiscal 2020 asciende a 738.000 millones de dólares.

«Esto es un récord de todos los tiempos en la historia de nuestro país. Es la mayor cantidad [de dinero] que alguna vez hemos gastado [en la financiación militar]», declaró Trump a los medios de su país.

Ambas cámaras del Congreso de EE.UU. aprobaron el proyecto de presupuesto de Defensa: 658.400 millones de dólares a los programas de seguridad nacional del Departamento de Defensa y del Departamento de Energía; 71.500 millones a las operaciones militares en ultramar; 5.300 millones para casos de emergencia, como reparaciones de daños causados por desastres naturales o condiciones climáticas extremas; y ¿300 millones de dólares en apoyo militar a Ucrania?  ¿Suena absurdo? Sí.

Sumando, eso es casi la mitad del gasto militar del mundo.Y ahí está Trump, tembloroso de su propio pueblo enardecido, a quien es rápido en reprimir pero tardo en cuidar. Porque no, EEUU no tiene un sistema de salud universal, público, de calidad y gratuito. Han muerto más de 100,000 en tres meses por el COVID-19 y usted se compra su mascarilla si la encuentra en la farmacia. Pero ¡qué bien equipados que están sus soldados en el exterior! ¡Qué bien equipada está la policía! ¡Que lindos los caballos de la montada!

2. Trump es apenas la punta del iceberg. El estado autoritario está en su salsa.Aprovecho ahora y me corrijo. La historia se repite, decía Marx en el 18 Brumario. Trump es el protagonista de una farsa.Cito: Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío.

(El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Carlos Marx. 1852)

No pretendo hacer paráfrasis de Marx o de Hegel. Solo afirmo que me resulta claro que Trump es una caricatura, un relleno. No es gracioso, más bien causa vergüenza y repugnancia al presentar los vicios de la oligarquía blanca supremacista. Alguien podrá decir “que los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”. Sin duda, en el caso de Trump, este responde a un legado. Y ese legado oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, sobre todo de los vivos que tienen la piel negra. Ese país se fundó y se desarrolló con un sistema esclavista. Terminada la Guerra Civil y hasta 1968 una serie de estatutos estatales y locales permitieron y legalizaron la segregación racial.  La marginalización, negarles vivienda, estudio, trabajo digno y el voto eran parte del entramado de leyes que en conjunto se han llamado Jim Crow laws. El nombre, en si mismo, es una historia de horror.  Thomas Darmouth Rice, un actor de Nueva York,  viajó por el sur de los EEUU y luego de observar a los esclavos creó un personaje bufonesco con la cara pintada, danzando de manera ridícula, con canciones llenas de burlas raciales. Un género en sí mismo, el  black face minstrel showpermitió insertar en la cultura general y de entretenimiento los estereotipos negativos de los afroamericanos: hipersexualidad, vagancia, ignorancia, cobardía. El cine, desde su mismo origen, repitió esa ideología.   Ese es parte del legado en el que se forma ese sujeto llamado Donald Trump. Es parte de la narrativa en la que se forman millones en una sociedad que no ha resuelto su problema fundamental. Parecería que la Guerra Civil no terminó. La caminata del presidente Trump hacia la iglesia el 1ro de junio de 2020 mientras se escuchan sirenas y voces a lo lejos, recuerdan que aparentemente aquel 13 de mayo de1865 enPalmito Ranchno fue el fin de las batallas de aquella guerra de secesión. En esta época de crisis ¿revolucionaria? el decrépito Trump Lear y sus consejeros -Jared, Ivanka- conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestadas sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar unanueva escena de la historianorteamericana. Pero no hay nada nuevo. Es el momento de la farsa. Cruel, peligrosa, agresiva. Se ha vuelto a descubrir la “desnudez” de sistema, el acto in fragantide ladesnudez provoca risa. Trump, frente a una iglesia, tomando en sus manos una Biblia como si fuera una papa caliente puede provocarla risaliberadora de lo reprimido. De una vez sería bueno que provocara que en las calles se diera rienda suelta a una nueva historia por escribirse. Liberadora.

 

 

 

 

 

Las actuaciones de Ben Affleck

 

Por María Cristina/En Rojo

De de mi lista de filmes nuevos/recientes/antaños pude ver y admirar la historia, montaje, fotografía y sonido de The Way Back, filme pautado para estrenar en salas de cine en 2020, y como no pudo ser, Prime/Amazon lo adquiere (fue uno de sus productores) y lo tiene disponible para alquiler o compra. Como admiré tanto la actuación de Ben Affleck, decidí ver nuevamente y comentar otros filmes donde sobresale su intensidad al crear personajes complejos y difíciles. Excluyo su Batman porque entonces tendría que incluir sus cuatro intervenciones como este personaje, aparte de los Batmans anteriores desde Michael Keaton en adelante.

 

The Way Back(Gavin O’Connor, 2020)

En este filme de un hombre solitario, introvertido, con poco contacto social, Jack (Ben Affleck), está presente en cada escena y la cámara capta sus gestos, más que sus palabras, en exteriores e interiores de muchos tonos opacos (su apartamento, el bar que frecuenta, el interior de su guagua, lugares que escoge para reunirse con personas de su pasado y la oficina del coach y la cancha del equipo de escuela superior que dirige. Esos espacios casi encerrados son la manera que tiene Jack de protegerse de un pasado que lo ha lanzado a un camino de autodestrucción a través de la bebida. Ni la familia cercana, ni su ex, ni el círculo de amigos que compartió con ella pueden sacarlo de su retraimiento. Como bien lo sabe el propio Affleck, esa recuperación del balance de nuestra vida sólo lo puede lograr él mismo. Por un tiempo, ese empleo que le ofrece su alma mater, lo motiva para que su enfoque sea el entrenamiento de unos chicos talentosos y la formación de un equipo que tenga confianza en lo que puede lograr. Pero las prácticas y los juegos no son suficiente para llenar esos espacios vacíos que lo llevan a recordar lo perdido a través de su vida.

 

The Accountant(Gavin O’Connor, 2016)

Sin duda, ésta es la mejor actuación de Affleck y todavía el mejor filme de su carrera. Lo he podido ver varias veces porque uno de los canales de cable también coincide conmigo y lo presenta por lo menos mensualmente. Esta historia de un contable/CPA con limitadas destrezas de socialización es investigado por el Departamento del Tesoro porque parece tener vínculos con el crimen organizado, pero a la misma vez mantiene una oficina donde ayuda a personas no pudientes con problemas financieros. La inserción de escenas de su niñez y adolescencia y las relaciones padre e hijos le dan una complejidad extraordinaria al protagonista, Christian Wolff, que aparta su historia de los más conocidos episodios de este tema. Todos los otros personajes que se cruzan en su camino y que Wolff percibe como “buenos”, queriendo decir que no le hacen daño a nadie y por eso son vulnerables, tienen escenas hermosas para brillar: Dana (Anna Kendrick como su ayudante en uno de los casos que Wolff debe investigar), Ray King (J.K. Simmons como jefe de la sección de investigación del Depto. del Tesoro), Marybeth Medina (Cynthia Addai-Robinson como la agente que logra acercarse más a resolver el caso) y Frank y Dolores Rice (Ron Prather y Susan Williams como una pareja de adultos mayores que se encariña con este joven tan taciturno). Es un filme complejo que logra armonizar los problemas que enfrentan los niños autistas, las relaciones masculinas tóxicas, la violencia sindicalizada y la necesidad de crear el espacio propio que permita expresar el afecto entre personas que creen en hacer el bien.

 

The Town(Ben Affleck, 2010)

Este segundo filme dirigido por Affleck recibió múltiples nominaciones para Jeremy Renner como Mejor Actor de Reparto y Affleck como co-escritor en la categoría de Guion Adaptado.Su historia nos mantiene en suspenso todo el tiempo y todavía sorprende cuando creemos que tenemos una idea de hacia dónde se dirige la historia. Logra fusionar la amistad y el compañerismo de un vecindario con las aspiraciones individuales en momentos de apertura, todo dentro de una moralidad muy particular. Este vecindario blanco pobre de Boston se conoce por ser el lugar de donde provienen los perpetradores de la mayoría de los robos de bancos de la ciudad. Algunos mueren en el intento, otros son capturados, pero esto no detiene a otros grupos de seguir intentándolo. El filme comienza con un exitoso robo, aunque con un fallo: un testigo, que a pesar de no ver sus caras, sí puede describir un tatuaje en el cuello de uno de los ladrones y para complicar las cosas más, reside en el mismo vecindario. Mientras uno de ellos quiere salir del problema eliminando a la testigo, el otro prefiere conocerla mejor y concluir que no es un peligro para ellos.

 

The Company Men(John Wells, 2010)

Este filme cuenta con un impresionante elenco en papeles que se complementan a través de la historia de tres hombres acostumbrados por varios años a ser ejecutivos en una empresa que le provee grandes sueldos y bonos, aparte del prestigio de pertenecer a una élite que llegaron a creer que era a perpetuidad. Cada uno ha ascendido en la empresa GTX de manera diferente: Gene McClary (Tommy Lee Jones) como co-iniciador del proyecto; Phil Woodward (Chris Cooper) como trabajador de planta, luego supervisor y, años después, ejecutivo; Bobby Walker (Ben Affleck), el más joven, con todo el conocimiento y entrenamiento formal para ascender hasta el tope. Todos son inversionistas en la empresa y todos tienen la casa, el auto, la membresía única y los lujos que antojen. Los tres se creen buenos empleadores que están al tanto de las necesidades de su fuerza de trabajo y que cuidan de ellos. ¿Qué pasa entonces cuando el socio mayor decide que la empresa tiene que reducirse para ser igual de productiva, pero con menos trabajadores y recursos? Son precisamente los gerentes de los sueldos de lujo y los trabajadores los que serán despedidos primero. ¿Y qué harán estos tres hombres que tienen que lanzarse nuevamente al mercado de empleos donde son muy viejos o muy caros para otras industrias? Walker poco a poco verá el mundo a través de la clase media y trabajadora cuando tenga que integrarse al mundo de su cuñado, Jack Dolan (Kevin Costner) y trabajar con sus manos para construir algo real y concreto.

 

Chasing Amy(Kevin Smith, 1997)

Aunque este filme tiene su base y sus seguidores en la fanaticada y creadores de comics, se considera su historia como una comedia romántica pero que se aparta del género popular. Holden McNeil (Affleck) y Banky Edwards (Jason Lee) son amigos de años y socios en el desarrollo de historias para comics. Es una relación situada en la exclusión de los que no piensan como ellos. Cuando ese círculo abre y se asoma Alyssa Jones (Joey Lauren Adams), todo lo que ellos creían que era permanente empieza a tambalearse. No parece haber ruptura entre los dos amigos porque Alyssa de inmediato proclama su preferencia sexual, “soy lesbiana”, casi como una provocación a ver cómo reaccionan en su cultura machista. Lo que ella no confiesa de entrada es que está dispuesta a experimentar con Holden desde cualquier sexualidad. Lo que Holden ni Banky (ahora muy receloso de Alyssa) entienden es que ella no puede lidiar con encerramientos y restricciones a base de nociones preconcebidas de lo que es o no el afecto y la expresión sexual. Para enterarse del significado del título, vean el filme. Ese monólogo a cargo de Silent Bob (Kevin Smith) y otro de Alyssa cuando le define a Holden lo que es amor son escenas extraordinarias.

La cárcel como castigo

Por Carla Cristina/Especial para En Rojo

En estos días, se discute en el país la probabilidad, las ventajas, desventajas y consecuencias de permitir que salgan de prisión (si aplica y si pagan fianza) y enfrenten un nuevo juicio los convictos por delitos graves que fueron encontrados culpables por jurados no unánimes y cuyas sentencias no sean finales y firmes o estén en etapa de apelación.

Esto, a raíz de un proyecto de la Legistatura local que propone la aplicación retroactiva de una determinación del Tribunal Supremo de Estados Unidos (SCOUTS) que establece que los veredictos en casos penales graves a nivel estatal tienen que ser unánimes (12-0).

La decisión de Ramos v. Louisiana establece que la 6ta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América -que garantiza el derecho a un juicio por un jurado imparcial y que está incorporada en contra de los estados por la 14ta enmienda- se satisface mediante un veredicto unánime en casos de delito grave. Hasta el momento, 48 estados y el gobierno federal permiten que un solo jurado evite que una persona sea convicta; solo Louisiana y Oregon han sentenciado a personas por veredictos 10-2. Esta decisión revocó el caso Apodaca v. Oregon, de 1972. Sin embargo, no mencionó la retroactividad de su aplicación.

Cabe señalar que esta misma controversia fue planteada ante SCOTUS en el caso Edwards v. Vannoy, y el tribunal federal accedió a revisar el recurso de Certiorari para contestar si su decisión aplica retroactivamente a casos que estén en ‘revisión, o apelación, colateral’ ante un foro federal. Por lo que, este asunto ya está ante la consideración del tribunal federal.

El caso Ramos v. Louisiana es el que dio base a la solicitud de nuevo juicio que presentaron Tomás Torres Rivera y Pablo Casellas, por separado, ante el Tribunal de Apelaciones, que acogió las solicitudes de ambos y ordenó un nuevo juicio contra cada uno por los delitos por los que fueron encontrados culpables por jurados no unánimes.

Aprovecho, pues, la coyuntura de la discusión para traer a la atención un tema que me inquieta desde hace mucho tiempo: la cárcel como castigo.

La cárcel como pena impuesta tras la comisión de un delito es una institución relativamente moderna, si por moderna se entiende que no tiene más de 300 años. Su origen se remonta a los calabozos sarracenos, las ergástulas romanas y las celdas antiguas en las que encerraban provisionalmente a los individuos que habían causado algún daño. Encerraban temporalmente a los reos en esos espacios hasta que estos enfrentaran un juicio (si aplicaba) o hasta que repusieran el daño que habían ocasionado (ya fuera físico, moral o pecuniario). Es decir, las celdas no eran el castigo, sino el lugar en el que mantenían a los reos hasta que les impusieran la pena que habrían de cumplir. Por muchísimo más tiempo del que debió ser, los castigos eran crueles e inhumanos, e iban desde la horca y el fusilamiento hasta la guillotina y la crucifixión, entre otros.

A mediados del siglo XVI y comienzos del XVII, surgieron en Gran Bretaña las denominadas casas de corrección, que eran los centros en donde aislaban a las personas que molestaban en la calle o que eran vistos como un ejemplo de moralidad no favorable. Estas personas eran casi siempre pobres. Había en aquella época una distinción entre los “pobres aptos” y los “pobres no aptos”. Los primeros eran los que “eran pobres porque no trabajaban porque no querían”, y para ellos se usaba el encierro con la intención de inculcarles la disciplina del trabajo. Por otro lado, los “pobres no aptos” eran aquellos que “eran pobres porque no podían trabajar porque padecían” de alguna condición fisiológica que les impedía realizar labores. Para esos existía clemencia y compasión, y recibían ayudas que no requerían su encierro… pero tampoco les sacaban de la pobreza.

Ya para el siglo XVIII, en pleno apogeo de la Ilustración, las cárceles recibieron otra mirada. Las torturas y los castigos bárbaros se consideraron inhumanos, y se propuso un acercamiento más humano hacia las personas que faltaban al “orden social”. Se concibieron, entonces, las cárceles como centros de reformación. Sin embargo, debido a que el capitalismo -ni ningún sistema económico que le antecedió– no logró erradicar la pobreza y que, por el contrario, la hemos criminalizado, las personas pobres siguen siendo -por razones muy parecidas pero más complejas que las de antes- la mayoría de la población correccional.

Las cárceles se convirtieron en el castigo para quienes delinquen. Pero ¿cuántas personas ricas van a la cárcel? ¿Por qué? Esas preguntas no pueden responderse sin hacer un análisis social que concluya que el desbalance y la desigualdad de oportunidades y acceso a herramientas de desarrollo propician que más personas pobres pasen por la cárcel o terminen sus días en ella. Sobre todo, la criminalización de la pobreza permite que la sociedad rechace contundentemente la idea de que las personas pobres que van a la cárcel deben tener la oportunidad de reinsertarse en la sociedad. Esto hace que la política pública del Estado no desarrolle con vehemencia, voluntad y compromiso un sistema de rehabilitación honesto y eficaz.

Por ejemplo, según prisonstudies.org/, que recopila los datos del World Prison Brief, al 2016, Estados Unidos tenía una población total de 323.1 millones de personas. De esas, 6,613,500 eran supervisadas por alguno de los sistemas correccionales del país, ya sea mediante grillete electrónico, probatoria o la cárcel, en las que había 2,121,600 personas. En contraste, Rusia, que para 2016 tenía una población de 144.3 millones de personas, contaba con una población penal de 554,995. China, por su parte, para 2016 tenía una población de 1.379 billones de personas y mantenía encarceladas a 1,649,804.

Según un estudio realizado por el Departamento de Corrección y Rehabilitación (al que pueden acceder a través de estadisticas.pr/files/inventario/publicaciones-especiales/DC_perfil_poblacion_confinado_2019.pdf),al 2019, la población correccional de Puerto Rico era de 7,728 confinados, de un total de 3.194 millones de habitantes.

Esos números nos dicen mucho de muchas cosas, pero, sobre todo, nos hablan del pésimo sistema penal que rige en Estados Unidos.

En los Países Bajos, por otro lado, las ciudades han cerrado las cárceles y las han convertido en refugios. Al 2018, había solo 10,887 personas en las cárceles del país europeo, que para esa fecha tenía una población total de 17.18 millones de personas. Según un artículo de U.S. News (usnews.com/news/best-countries/articles/2019-05-13/the-netherlands-is-closing-its-prisons)el año pasado, la tasa de población penal era de 61 por cada 100,000 habitantes. En Estados Unidos, esa cifra aumenta exponencialmente a 655 personas presas por cada 100,000 habitantes.

¿Por qué hay tan pocas personas presas en los Países Bajos? ¿Cómo lo lograron?

Wiebe Alkema, portavoz del Ministerio de Justicia y Seguridad de ese país europeo, dijo que en 2016 el Gobierno realizó un estudio que reflejó que, entre otras cosas, haberse enfocado en conocer cómo funciona la criminalidad y de qué manera afecta a la sociedad les permitió implementar una política pública que logró la reducción en la población penal. En 2013, profesores e investigadores de criminología de Leiden University, en Holanda, concluyeron que la cárcel no es un método efectivo para reducir el crimen y que las penas de reclusión más largas tampoco resultan en la disminución de la comisión de delitos. Estos añadieron que la cárcel reafirma la identidad criminal de un individuo, lo que tiene un efecto negativo en la mayoría de los aspectos de la vida social, como, por ejemplo, la oportunidad de conseguir un empleo al momento de reinsertarse en la sociedad.

En los Países Bajos hay programas de intervención dirigidos a detener el ciclo de la reincidencia criminal. Uno de estos programas les permite a los confinados trabajar fuera de la prisión en labores significativas y productivas. También, a los presos se les permite tener contacto con sus familiares mediante Skype para que, por ejemplo, estos les lean cuentos a sus hijos antes de dormir. Además, los guardias llaman a los reos por sus nombres y no por sus apellidos o por un número que les hayan asignado.

Esto es porque, según explica Peter van der Laan, profesor e investigador del Dutch Study Centre for Crime and Law Enforcement, el trato humano a los confinados es clave para lograr su rehabilitación y detener la reincidencia criminal. Van der Laan añade que el sistema judicial holandés practica y promueve un acercamiento a la cárcel que parte de la premisa de que privar de la libertad a un individuo es un castigo en sí mismo, por lo que no contempla la deshumanización de las personas confinadas y no permite que se les castigue mediante el trato que reciban. 

En nuestro sistema, por el contrario, pareciera que la oportunidad que tenemos de arrepentirnos de nuestros errores y, sobre todo, de enmendarlos es inversamente proporcional al tamaño del error. Esto, porque mientras más grave es el delito, menores son las probabilidades de salir de la cárcel debido a que las penas son más altas.

¿Por qué habríamos de creer -y esperar- que alguien se rehabilite si no va a tener la oportunidad de empezar de nuevo? Por lo anterior y por tanto más, sostengo mi postura en cuanto a que la cárcel es un castigo anticuado que no cumple los propósitos de justicia y reparación (corrección, rehabilitación…). Apartar, excluir, expulsar y hasta exterminar (en los casos de pena de muerte) no son maneras justas de crear o mantener el “orden” social.

¿Qué cambios ocurren en la sociedad cuando se encarcela a alguien como castigo por la comisión de un delito? ¿Qué se logra? ¿Qué se obtiene? ¿Cuánto de la raíz del “problema” se atiende? ¿Se soluciona algo?  Estamos acostumbrados a castigar por los errores sin detenernos a pensar por qué los cometemos y cómo podemos evitar repetirlos.

La cárcel es una respuesta acomodaticia, vengativa y estéril que ofrece el sistema para solucionar algunos problemas que, paradójicamente, surgen de él. Es un desperdicio de todos los recursos y las posibilidades que tenemos de redirigir, de impulsar el desarrollo integral del otro. Ese desarrollo que inevitablemente impactará el mío y, así, el de todos.

Es, además, un despilfarro de dinero que no vemos retribuido de ninguna manera.

En fin, creo que el castigo de reclusión es una falta inmensa de voluntad social. Es como una vagancia perenne, un constante eludir, una negación irresponsable de la responsabilidad colectiva que tenemos sobre el funcionamiento del individuo.

Somos más vengativos que justos. ¡Pero podemos rehabilitarnos!

Como amaba a Teresa

Con esta publicacion iniciamos una serie de cinco relatos de ciencia ficcion escrita por mujeres en Puerto Rico

Por Gretchen López*/Especial para En Rojo

“Aun con el extenso inventario de términos que se ha programado en mi base de datos, no logro conectar ese vocablo con la descripción que sugieres. Corrijo: la palabra aparece.  Pero su contexto no se relaciona con  tu propuesta”.

  Teresa solo tenía programado el término según el diccionario de la RAE. Decirle a un ginoide que la amas es un tanto complicado.

   Agravaba el hecho de que Teresa era el ginoide adquirido por su padre para que se encargara de las tareas domésticas.  El modelo S3X de la serie Pigmaliónera el más avanzado de su generación.  Así era su padre, languidecía ante la alta tecnología.  Por otro lado, así era él, languidecía ante las féminas altas.

   Su padre le puso Teresa porque le recordó a una muy antigua serie de televisión local que su abuelo veía de niño y que guardaba en el archivo maestro de la familia.  Y como de todas formas la adquirió para que resolviera los asuntos caseros…  Además, necesitaba una cocinera real. Prefería los platos humeantes y bien sazonados sobre los contratos mensuales con grandes cadenas de comida prefabricada y predispuesta.  El sistema operativo del equipo, venía programado con una nomenclatura básica, pero el dueño-operador adquiría paquetes especializados de información que subíaa la memoria central del equipo por una cantidad adicional.  De esta forma las unidades S3X, eran a veces domésticas, a veces tutoras, a veces maestras de química, a veces meretrices.

  Juan y su padre vivían solos desde que la mujer que lo enjendró decidió abandonarlos para unirse a una comuna de hackers.  Esto, cuando Juan tenía dos años. Pero a los pocos días el hambre y la mugre sacudieron a la agonía, el hombre adquirió la S3X.

  Una gran inversión. Garantía de por vida en piezas y servicio. Una suma razonable por el acceso mensual a la Base de Datos Maestra Pigmalión, posibilidad de remplazo de equipo por el 50 por ciento del precio de venta del nuevo. La Base de datos Maestra ofrecía un inagotable inventario de paquetes programáticos de especialización. Esto a través de un código secreto, el cual Juan no sabía y que tampoco se había interesado en saber.  Luego de varias instrucciones, el hombre programó la memoria de la máquina para que reconociera los espacios de la casa y sus habitantes, subió además los archivos correspondientes a las tareas hogareñas y al cuido de infantes de 0 a 4 años.  En donde no escatimó fue en los archivos de cocina. Subió además  el vegan,por si volvía su mujer.

La madre de Juan era activista desde la universidad.  Ingresó en grupos estudiantiles, al principio por pura rebeldía. Luego porque se enamoró perdidamente de un neo socialista, candidato a presidente del consejo de estudiantes.  Pero al tiempo fue despertando en ella cierta conciencia de las cosas importantes: el desmantelamiento de la institución, la tecnocracia, la crisis de alimentos.  Era una mujer cruda, desaprendida de sí misma por haberse criado entre altos funcionarios del gobierno y de magnates que lo subsidian.  Cuando se embarazó del prometedor candidato a concejal, decidió mudarse a la zona estudiantil, con él.  No contaba con que él no vivía solo. Apareció en la puerta con las maletas en uno de sus arranques característicos. Pero él puso a la muchacha de vuelta allá abajo, en el primer escalón  mientras le medio-explicaba lo complicado de su situación.  No tuvo tiempo siquiera para decirle que cargaba con algo más que maletas.  Pudo volver a su casa, pero era una excusa perfecta para la libertad. Estuvo horas sentada.  Llorando. Toda hecha lágrimas y mocos.  Mientras que el otro, arriba, celebraba el inesperado regreso de su novia quien había estado en Paris, haciéndose  mimo en la escuela de Marcel Marceau. 

French kiss. Usualmente denominado al beso pasional y erótico en el que ambas bocas se mantienen abiertas mientras se hace uso de la lengua y los labios. 

Indica instrucciones para el uso de la cavidad oral.

Ay Teresa, por eso te amo, por inocente. Dímelo tú ahora, Teresa. Tell me. You love me; and then, let’s French kiss. .

Sofía casi se desmayaba de la angustia, cuando pasó el futuro padre de Juan, a pie. Venía de hacer algo de grocery. Justo frente a ella, se calló una bolsa y Sofía contuvo el llanto para ayudarle. El resto es historia, como el líder estudiantil y la mimo, que nunca supieron de la existencia de Juan. Así como el nuevo papá  nunca supo de la existencia del líder. Esa noche y después se quedó con él.

Desde el pent-house del lujoso edificio de apartamentos, Sofía miraba la torre y su reloj que era el único edificio que quedaba de la histórica institución. Tras ella, el niño lloraba por leche.  La casa se destartalaba y se amontonaban sobre la mesa los empaques del delivery. Más allá el hombre la miraba con el temor de que ella se descompusiera en átomos y atravesara el cristal. Sofía en cambio, atravesó la puerta.  Se llevo sus viejas t shirts, dos jeans y su colección de Toms.  Sofía había visto en las propagandas de los más buscados la foto del líder de la comuna de hackers, que vivía nómada, escondiéndose entre los edificios abandonados de la Milla de Oro. Supo que estaba enamorada. Y se fue a buscarlo

El padre de Juan amó a Sofía con la melancolía de las mariposas.  Estaba seguro que no alcanzaban sus dedos para llegar al lugar de su ausencia y de su vuelo. Quedó devastado cuando se marchó. Sentado allá abajo, en el primer escalón de su soledad flamante se reclamó su incapacidad de retenerla.  Juraba que nadie ocuparía su lugar Despertó de su agonía cuando Juan, lloróde hambre.  

-Sexo:  En biología, el sexo es un proceso de combinación y mezcla de rasgos genéticos a menudo dando por resultado la especialización de organismos en variedades femenina y masculina (conocidas como sexos). La reproducción sexual implica la combinación de célulasespecializadas llamadas gametos para formar hijos que heredan rasgos de ambos padres.

-Busca coito.

– Buscando>

-El coito (del latín: co-iter,‘marcha en común’ o ‘ir en común’) es la cópula o unión sexual entre dos individuos. En los seres humanos el coito forma parte de la relación sexual, puede o no tener como objetivo la fecundación del gameto femenino e implica la participación de los externos o internos.

Archivando ambos términos en la memoria inmediata.

 – ¿Qué deseas que haga con la información adquirida, Juan?

–  Es inútil. Tu base de datos tiene demasiados filtros, Teresa.  Así no podemos amarnos. 

Con el tiempo, el padre dejó de actualizar los archivos en la memoria de la ginoide.  Así, ella, era suficiente.    A Juan nunca le faltó el cuidado con Teresa en la casa.  A sus 16 años la ginoide todavía estaba programada para criar infantes y él deliraba por sus mimos y ternuras.  Lo consentía y lo arrullaba con la devoción de una madre y por eso Juan la quería más. Comenzó a observarla con detenimiento.  La solidez perfecta de su pecho.  La suavidad de su cubierta de silicona.  El brillo del cabello, la curva de la cadera. 

El día que atraparon al líder del grupo clandestino, Sofía extrañó a su hijo.  Extraño el cristal de su ventana en el pent-house y la comodidad de su hogar. Tocó la puerta y antes de que pudiera sorprenderse con la descomunal mujer, Teresa comunicó:

Bienvenida, Sofía. Te hemos estado esperando 13 años, nueve meses y veintidós días.

Si algo procuró el padre, fue programar a Teresa para recibir a Sofía.  Esta supo de inmediato que no había sido sustituida y aunque no aprobaba este tipo de tecnologías, sabía que si su marido la había adquirido era por pura necesidad.  El hombre no hizo reproches, no hizo preguntas y se esmeró en tratarla como si nunca hubiera partido. 

Sin embargo, para Juan, esta mujer era una desconocida.  Una pieza inmueble que no componía nada en el herméticoy pequeño nido de amor que había construido en su rascacielos de cristal.  Para él y para Teresa, porque el padre se había vuelto con los años una sombra.  Este intentó reconstruir la relación familiar pero Juan se encerraba en su habitación, horas largas con la ginoide.   Se acurrucaba en su regazo mientras esta le cantaba nanas en voz de la Piaf, a quien su padre adoraba. Desenredaba sus rizos de querubín adolescente y este no podía evitar una lágrima.

A Sofía, esa conexión hombre-máquina le parecía repugnante.  No emitía juicio porque su hijo apenas le dirigía la palabra.  Pero algo adentro se le retorcía.  Una mezcla de celos y asco.

Pero Juan es casi un hombre, Teresa y tu eres, tu eres…ese tipo de afectos lo confunden.  Lo marcan

Juan es el infante a mi cuidado.  Estoy programada para atender todas sus necesidades.

Juan es nuestro hijo. ¿Entiendes lo que digo?

Hijos.  La reproducción sexual implica la combinación de célulasespecializadas llamadas gametos para formar hijosque heredan rasgos de ambos padres.

No sé cómo explicarte, Teresa.  Tu sistema no alcanza.

Haciendo uso de las habilidades adquiridas en la comuna, Sofía logró acceso a la Gran Memoria Pigmalión y bajó al sistema operativo del ginoide un inagotable mar de información.  No solo los que necesitaba para que Teresa comprendiera el delicado asunto familiar. Adquirió también data de otras fuentes fuera de Pigmalión.  Información secreta del gobierno, cuentas de banco de personas influyentes, construcción y manejo de armas, teorías de conspiración.

Ese mismo día, víspera del cumpleaños 17 de Juan, este convenció a su padre de que le diera el código secreto de acceso a la memoria de Teresa. Con la excusa de que ya era casi un hombre y además necesitaba ciertos datos para una tarea del colegio.  El hombre, vio en esta, la oportunidad perfecta para convencer a Juan de que estableciera una mejor relación con su madre, quien había llegado para quedarse.  Un buen trato. Una mujer por otra.

En la mañana, Juan encontró sobre su mesa de noche una tarjeta de felicitación de su padre y un post-it con el código secreto: SOFIA.

Juan salió de su cuarto a buscar a Teresa para programarla a su antojo, pero ella no estaba.  Sofía, sus jeans y sus Toms, tampoco.

 

La autor es diseñadora de libros y de ropa. Es maestra y ofrece talleres de escritura hace más de un lustro en Trujillo Alto. Ha publicado Nueve (microrrelatos) y Otzukimi(ciencia ficción).