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El ángel de la muerte quiere un parque pasivo

Por Rafah Acevedo / En Rojo

0. Leo con atención la prensa desde que María de Lourdes Guzmán, durante su participación en el programa radial Fuego Cruzado, declara indignada que había recibido la información de que Lorna Soto, alcaldesa de Canóvanas, pretende inaugurar un parque para el disfrute de los niños y la comunidad general que llevará el nombre de Angel Pérez Casillas. En cuestión de horas, el representante del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Denis Márquez Lebrón, condenó la designación de un parque con el nombre de Ángel Pérez Casillas y que de concretarse la afrenta la combatirá en los tribunales.

Lo cierto es que la intención de la alcaldesa es continuar una obra de su padre, de quien hereda la alcaldía, como suele suceder en la caricaturesca monarquía criolla. Esta es una obra del cazador de gárgolas y ex alcalde, Chemo Soto, su padre. Pérez Casillas fue director de Obras Públicas del municipio al salir de la cárcel. Además, cuando Fortuño era candidato a Gobernador, Pérez Casillas pretendió ser candidato a la legislatura municipal.

1. Cuando escuché la noticia sentí rabia. Recordé cuando a los 17 años, en la conmemoración del ELA (25 de julio), escuché al entonces gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barceló, declarar héroes a unos policías que habían ejecutado a dos “terroristas” que resultaron ser Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví. Lo más siniestro del asunto es que ese mismo día, en la mañana, había leído un parte de prensa firmado por José Rafael Reguero en el que se “profetizaba” lo que ocurriría en la tarde. Reguero describía hasta el secuestro de un chofer. ¿La fuente? El notorio Julio César Andrades. Al menos ese es mi recuerdo. En la siguiente edición del periódico CLARIDAD ya se planteaba que la narrativa oficial de un intercambio de disparos era falsa, que había participado un agente encubierto y que el gobierno de Romero y los federales eran cómplices ( CLARIDAD, 28 al 31 de julio de 1978)

2. Si lo leí en el propio periódico del 25 de julio del ‘78, suponer que se trató de una ejecución extrajudicial y de un asesinato premeditado no es nada difícil. De hecho, uno de los policías acusados, Jesús Montañez, así lo confesó en las primeras vistas senatoriales que investigaron los hechos (El Reportero, XI/12/1983). El señor Pérez Casillas era el oficial de mayor rango en la escena. De manera cobarde, según todos los testigos, se alejó del lugar de la ejecución para no ser testigo ocular aún cuando los testigos, los policías participantes, son los que afirman que fue él quien ordenó los asesinatos (El Reportero, XI/29/1983 y Montañez Ortiz en El Mundo, XII/1?1983).

¿Quién era Pérez Casillas entonces? Al momento de los asesinatos del Cerro Maravilla dirigía la División de Inteligencia de la Policía. Su firma aparece en centenares de carpetas levantadas a ciudadanos por razones ideológicas.

¿Qué hizo Pérez Casillas en ese lustro posterior a los asesinatos. Mucho. Según el agente Carmelo Cruz, el coronel lo obligó a mentir (Vocero, XI/29/1983, portada); no expresó remordimiento y le parecía que merecían morir (El Nuevo Día, XI/30/1983) y además asumió toda la responsabilidad (ENDI, XI/24/1983 y El Mundo, en la misma fecha).

3. Julio César Andrades, estuvo en Cerro Maravilla aquel fatídico día. Llegó cuando arreglaban la escena. El oficial de más alto rango (Pérez Casillas) ya se había marchado. Muchos años después, Andrade todavía cuestionaba por qué las autoridades detuvieron la pesquisa de Maravilla sin tocar al responsable del operativo, Pérez Casillas, y al coronel Desiderio Cartagena (Primera Hora IV/20/2010). Se me dirá que Andrades es un criminal y una fuente poco confiable. Respondería que solo quien a participado de la vida criminal sabe perfectamente los pormenores de la vida delictiva. Así es el caso de Alejo Maldonado, que para las mismas fechas dirigía un grupo de policías del CIC que tuvo a nueve de ellos en la cárcel, convictos de asesinatos y robos. Pérez Casillas, entonces, desde la División de Inteligencia, tuvo a los suyos. La relación entre la policía, agencias federales y terrorismo de la derecha cubana era evidente y brutal. Su momento más bajo ocurrió el 24 de marzo de 1976 con el asesinato de Santiago “Chagui” Mari Pesquera mientras su padre, Juan Mari Brás, era candidato a la gobernación de Puerto Rico por el Partido Socialista Puertorriqueño(PSP). Pero aquel año 1978 en particular, la “división” de Pérez Casillas estuvo muy activa en compañía de grupos terroristas de la derecha cubana y agencias federales:

Ángel Luis Pérez Casillas. foto: Archivo CLARIDAD

2 enero de 1978: Colocan bomba en oficinas del entonces Presidente del P.S.P. Lic. Carlos Gallisá.

28 de febrero de 1978: Estalla bomba en residencia del Secretario General del P.S.P. Lcdo. Juan Mari Brás, en urbanización University Gardens.

3 marzo de 1978 (natalicio de Juan Antonio Corretjer): Bomba en agencia de Viajes Girasol

4 julio de 1978: Los Comandos Revolucionarios Armados, dirigidos por el agente encubierto Alejandro González Malavé, asaltan el cuartel de policía de la Universidad de Puerto Rico, robándose 7 radios portátiles.

8 julio de 1978: Tirotean oficinas del Comité Central del P.S.P. en Río Piedras, en horas de la madrugada.

8 julio de 1978: Tirotean residencia de la ex-esposa e hijos del Sub-secretario general del P.S.P. Carlos Gallisá.

15 julio de 1978: Tirotean casa de ex-gobernador Luis Muñoz Marín. Un Volkswagen rojo con tres ocupantes efectuó disparos de escopeta contra cuartelillo, ubicado a la entrada. El Frente Armado Anti-Imperialista se adjudicó dicho atentado. Dirigido por el agente encubierto Alejandro González Malavé.

20 julio 1978: Colocan una bomba en correo de Ciales. Se utilizó el mismo Volkswagen rojo parecido a los que atacaron a la residencia del ex-Gobernador Luis Muñoz Marín.

25 julio 1978: Asesinatos del Cerro Maravilla donde resulta herido en el dedo meñique el susodicho Alejandro González Malavé.

En los meses subsiguientes del año 1978 se colocaron seis artefactos explosivos en actividades del PSP, o en agencias de viajes que organizaban visitas a Cuba.

4. En los años que quedaban de esa administración del PNP el terrorismo de estado no descansó. La represión se exacerba otra vez el 28 abril de 1979 con el asesinato de Carlos Muñiz Varela. Unos meses después, el 11 de noviembre de 1979, asesinan en la cárcel de Tallahasse, Florida, al militante independentista y luchador por la salida de la Marina Norteamericana de las isla de Vieques y Culebra, Ángel Rodríguez Cristóbal. Y como culminación de la impunidad, el 14 enero de 1980 estalla una bomba en el Colegio de Abogados. Poco después son arrestados el teniente de la Marina y encargado de sus relaciones públicas, el teniente Alex de la Zerda, el terrorista cubano René Fernández del Valle y el empleado federal José López. Fueron absueltos por lo que se llama vulgarmente, “tecnicismos de ley”.

5. Hace muchos años, durante mi primer término como director de En Rojo, recibí una carta de puño y letra, en papel amarillo tamaño legal, de Antonio (Poty) Córdova. El licenciado Córdova estaba preso en una cárcel federal. Mi recuerdo es que estaba allí por un caso de drogas.

Pérez Casillas, el juez Laffite y el alguacil federal. Fotos archivo CLARIDAD

En la carta, Córdoba alegaba que en una fiesta celebrada el 25 de julio en las tempranas horas de la noche en un muelle, Romero Barceló, a la sazón su amigo, le confesó que sabía de antemano los pormenores de lo que sucedería en Cerro Maravilla.

Que conocía y que los asesinatos fueron planificados de antemano lo sabemos porque el propio Romero lo confesó “off the récord” a Woodbury, un periodista de la revista Time y a Roberto Fabricio, un periodista cubano (de derecha, no un agente castrista) que dirigía noticias en el periódico de los Ferré Rangel.

No publiqué la carta, ni la reseñé, porque no hubo manera de corroborar los datos que daba Córdova. Era un testimonio muy difícil de sostener dada la naturaleza de las muchas acusaciones éticas que recibió Córdova antes de su arresto y convicción.

Dejé de trabajar por poco más de una década en el periódico. No le di seguimiento a ese asunto. Solo sé que Antonio Córdova González escribió un libro, El Cartel de la avenida Chardón. No, no lo he leído.

6. Creo que debería estar más o menos claro que Pérez Casillas es un personaje protagónico en un período oscuro en el que el Estado persiguió, hostigó, agredió y asesinó por razones ideológicas. Angel Luis Pérez Casillas fue por décadas un agente estatal al servicio de la represión. Nunca ha demostrado arrepentimiento ni piedad por los crímenes que cometió, ni por los que fue acusado y convicto. Nunca se ha referido a aquellos años como una etapa en la que se violentaron los derechos de miles de personas. Aún al día de hoy, en una carta en la que le pide a Lornna Soto que retire su nombre del parque pasivo en Canóvanas, demuestra haber desarrollado empatía por los seres humanos que no piensan como él. Por el contrario, a la provocación de homenajearle el la llama “defensa de su carácter”. Se atreve a hablar de “convivencia” y “paz social” un hombre que vivió de la persecución y de la guerra interna y el asesinato. Llama fanatismo a un pueblo organizado en repudio a la afrenta que comete la funcionaria municipal. Llama odio a la respuesta de un sector que lo que pretende es no rendirle pleitesía a quien ordenó ejecutar sin contemplaciones a dos personas. Su lenguaje, en una carta que no vamos a reproducir porque es ofensiva, es evidencia de que el ex reo sigue siendo un defensor de lo peor de una narrativa que en el pasado causó violencia y muerte y que hoy pretende repetirse gracias a la ideología de odio de los Soto y una administración corrupta e ideológicamente reaccionaria.

Estamos Unidos de Am(ores)érica

Por Mari Mari Narváez / Especial para En Rojo

Volví a Estados Unidos. Nada especial en eso. Viajo acá múltiples veces al año, casi siempre por trabajo. Esta vez me tocó ir a la Universidad del Sur de California (USC), donde recibí un “fellowship” junto a una serie de activistas. Soy la única puertorriqueña del grupo y se nota.

Sé de qué se trata este ritual. Trataré de integrarme al grupo lo mejor posible. Haré todas esas cositas que se inventan acá para acelerar la intimidad: los icebreakers, las dinámicas de grupo, los life maps, los check-ins, el énfasis en especificar cuáles son tus pronouns. Seré parte pero no perteneceré. Lo bueno es que tampoco es mi interés pertenecer lo que se dice pertenecer, y creo que tampoco necesariamente sea la expectativa de muchos acá. Pero me provoca mirar esta relación tan contradictoria más a fondo porque creo que no lo hacemos lo suficiente. Me refiero a nosotras, las independentistas.

La realidad es que tenemos cada vez más vínculos con Estados Unidos. Primero, la familia. En mi caso, mis dos primas hermanas (más hermanas que primas) viven “allá”. También, lo más cercano que tengo a una hijita, se trasladó a ese país a raíz del huracán María. Igualmente, una amiga que no es puertorriqueña pero que es como una hermana, y su hija, que es mi ahijada, viven allá. Así que una parte grande de mi corazón está en ese país. A eso súmele que, en Nueva York especialmente, tengo grandes amistades, casi pero no todas boricuas. También allá tengo muchos aliados profesionales, algunos de los cuales, con el tiempo, también se convierten en amigas y amigos.

Estudié acá en dos ocasiones. Quisiera haber aprendido mejor el francés o cualquier otro lenguaje pero fue inglés lo que aprendí como segundo idioma, al igual que tantos de ustedes. Puedo imaginar y hasta crear en esa lengua. Ese poder no es poca cosa. Siento devoción febril por la ciudad de Nueva Orleans, por ciertos lugares de Nuevo México y California donde me he aventurado con mi amor. Tengo afectos grandes en Filadelfia. Siento cariño por Boston, Houston y Miami. Me gustaría ser más como San Francisco y tener tiempo y dinero para visitar más los viñedos y bosques de árboles milenarios en California. Uno de mis sueños de viajera es ir a todos los parques nacionales de Estados Unidos, especialmente al Gran Cañón del Colorado, y me hace mucha ilusión conocer Maine, Vermont, Portland, Seattle y Alaska.

No puedo contar las veces que he viajado a Nueva York. Allí, a fuerza de memorias, he cavado amor profundo. Y aún siendo una ciudad de personas de todas partes del mundo, ciudad también boricua por excelencia (hay quien dice que el Bronx es la capital de Puerto Rico) yo me bajo del avión en JFK y siempre siento esta extranjería poderosa. No importa si estoy en la calle más abarrotada de Manhattan u observando esos céspedes perfectos que se riegan solos en los suburbios de este país. Siempre me siento profundamente extranjera. A veces incluso más que en otros lugares del mundo.

Es obvio que nuestra relación con Estados Unidos es y será paradójica y conflictiva siempre, por su naturaleza imperial-colonial. Pero eso no significa que no hayan unos afectos, unas emociones, un corredor de experiencias compartidas y –lo más importante– casi 6 millones de puertorriqueños que son nuestra familia, regada por todo ese país.

Como independentista, la mayoría de los estadistas me provoca vergüenza ajena. Pero eso no significa que no los entienda. Sí que los entiendo. No es la primera vez que lo digo. Hace año y medio, estábamos en Caracas visitando a mis padrinos. Ellos reunieron en la casa a un grupo de periodistas, historiadores y otras amistades para que vinieran a conversar. En la sobremesa, uno de ellos quiso humillarnos con un comentario acerca de la supuesta eterna sumisión de Puerto Rico hacia Estados Unidos (como si ellos en Venezuela hubiesen sido tan revolucionarios toda la vida). Con un tono despectivo, nos sacó en cara que la mayoría de los puertorriqueños quería la estadidad. Mi compañero, que tiene sus momentos heroicos, le contestó muy tranquilamente: “Bueno, es lógico. Si a ti te preguntan ‘¿Cómo tú quieres vivir? Como en Venezuela y Cuba o como en Estados Unidos: ¿qué tú contestas?”. El hombre se quedó pasmadísimo y no volvió a joder en toda la noche. Obviamente, mi compañero estaba siendo cínico pero también tenía razón. A manera simple, eso es lo que pasa con muchos estadistas. En Estados Unidos todo parece tan abundante y moderno y limpio y funcional, que a cualquiera se le llenan los ojos. Muchos podemos aspirar a una mayor equidad pero nadie aspira a vivir en la precariedad, que es el precio que han pagado Cuba y Venezuela por defender la equidad. Yo misma, que estudié en Estados Unidos y vengo muy a menudo, llevo cuatro días dando vueltas por el campus de USC y me he impresionado brutalmente con la planta física, los recursos, la escala de esta monstruosa universidad que alberga a 47,500 estudiantes y cuenta con todo lo que se pueda imaginar: desde numerosos y extravagantes laboratorios en todas las facultades, bibliotecas, edificios inmensos, bandas, conciertos, actividades culturales inagotables, equipos deportivos, parques de cuanta cosa, hasta restaurantes y tiendas de lujo. Así mismo cuesta. $60 mil dólares al año, para ser específica. A mí, si me dan a escoger, no lo pienso dos veces: me quedo con la Universidad de Puerto Rico, más humildona pero mucho más querendona y accesible (ahora menos, claro, por los aumentos). Este lujo de acá tiene un precio muy alto que me resulta incluso innecesario. Los recursos y la planta física de una universidad son importantes pero, entre la extravagancia y la posibilidad, me quedo con la última. Camino por este campus y me siento completamente tercermundista. Pero a orgullo. Este exceso me obliga a poner las cosas en perspectiva. ¿A qué aspiramos? Yo no aspiro a esto. Pero entiendo a mucha gente que piensa que puede y debe aspirar a ello.

Dicho esto, tampoco es justo ignorar que Estados Unidos también es un imaginario alternativo de seguridad económica para todos, incluyéndonos a las independentistas. Cuando pienso en todo lo que podría pasarme o me está pasando ya en Puerto Rico, en el fondo de la mente siempre sé que, si las cosas se ponen color de hormiga brava, puedo irme a Estados Unidos. Allá la economía, aún con todos sus problemas de inequidad, es pujante y, si estás educada y tienes experiencia, vas a encontrar posibilidades. A muchos no nos gusta la idea de volver a vivir “allá” pero al menos tenemos esa posibilidad. Ya el 14% de nosotros tomó esa decisión en los últimos diez años.

Claro, bajo la independencia, nuestra economía podría desarrollar, lo que eventualmente, si lo hiciéramos bien, nos legaría un país con crecimiento económico, saludable, productivo, equitativo, en el que muchos menos de nosotros necesitaríamos un plan de escape. Pero eso está sujeto a que logremos la independencia y a que su gobierno electo sea uno sensato y competente, algo que nadie puede asegurar.

El otro día me enteré de que las Bahamas, un país libre, tiene un acuerdo de movimiento con Estados Unidos. Su ciudadanía puede ir y venir sin necesidad de visas (siempre y cuando no tenga antecedentes penales).

Aún cuando hemos reconocido la centralidad de la Diáspora en nuestras luchas y en nuestro futuro como país, creo que muchas independentistas no hemos podido interpretar y reconocer correcta y, sobre todo, honestamente los signos de nuestra relación con Estados Unidos. Como muchas de ustedes, yo seré independentista febril hasta el día que me muera. Pero, también como independentista, creo cada vez más importante enfatizar en ofrecerle a nuestro país –especialmente a los estadistas y a los estadolibristas (los que queden)– la voluntad y el compromiso de luchar por una independencia con libertad de movimiento a Estados Unidos. Este es un derecho universal, al igual que el derecho a la reunificación familiar. El hecho de que existan casi 6 millones de puertorriqueños en ese país, precisamente por la migración masiva que han provocado las políticas de muerte del colonialismo, es razón más que suficiente para la negociación de un pacto bilateral de libre circulación o movimiento. Mucho más que eso nos debe ese país, que algún día tendrá que retribuirnos por todo lo perdido.

Pasión de periodismo en Mariano José de Larra

Por Rogelio Escudero Valentín/Especial para En Rojo

Hay escritores sobre los que cae el peso de una época. Sus obras, centro de convergencias ideológicas y preocupaciones éticas, quedan signadas por la urgencia del cambio, incluso en sus artificios retóricos. De ahí que no anduviese descaminado Félix Rebollo Sánchez en su libro Literatura y periodismo hoy (2000) cuando afirmó: “Traer a colación el siglo XIX y el Periodismo es nombrar a Mariano José de Larra”. (1)

Nace Larra en los inicios de esa centuria (1809) y se suicida de un pistoletazo, luego de sufrir el abandono de su amante Dolores Armija, en 1837. Comienza a publicar sus artículos periodístico en El Duende Satírico del Día (1828), periódico creado en soledad al igual que su sucesor El Pobrecito Hablador (1832). Posteriormente, la prosa incisiva e irónica de sus artículos magistrales le permite obtener un sitial de respeto en la prensa española. Señala el crítico y antólogo de su obra Armando L. Salinas que aquel joven precoz, que se inicia en la brega periodística con apenas 19 años, “se gana a pulso, desde abajo, sin entrar en el juego de la empresa periodística y sus escalafones –hoy redactor de sucesos para que mañana pueda ser editorialista- el poder escribir en los periódicos fundamentales de su época.” (2)

Ahora bien, ¿cómo logró Larra la proeza de vivir del periodismo sin vender su conciencia y sin claudicar ante la censura omnipresente de su tiempo? La respuesta es sencilla: convirtió el oficio de periodista en una inmensa pasión.

Durante la corta existencia de Larra, la realidad política española experimenta un tejer y destejer ideológico que termina por irradiar todo el siglo XIX. Escribe, al efecto, Evaristo Acevedo en Los españolitos y el humor (1972):

“La situación política española es más “penelopopesca” que nunca. Tan pronto viste un traje absolutista, símbolo de una monarquía que no consiente en ceder la más mínima de sus prerrogativas, como se coloca – al día siguiente – un traje liberal, con el adorno de una banda que lleva las palabras ‘libertad, igualdad y fraternidad’ de acuerdo con las normas políticas europeas.” (3)

El periodismo de Larra es precisamente un intento de arrebatarle el traje a Penélope para traer “tela nueva”, es decir, la tela del progreso que anunciaba la modernidad de la revolución cultural burguesa que se abría entonces en Europa. En su artículo “Dios no asista: Tercera carta de Fígaro a un corresponsal en París” (1834), lo expresa con un dejo de amargura:

“¡Diantre! (…) Sepamos primero cómo se entiende nuestro progreso. ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia atrás o hacia delante? Tengamos el cuento del cochero, que, montado al revés, arreaba al coche.

Ya te lo he dicho: tejedores, tejer y destejer. Nadie vende su tela, y nadie hace tela nueva.” (4)

La óptica ideológica desde la que trata de asir esa realidad es el liberalismo, ideología que entra en lucha sorda contra el rancio y caduco orden monárquico. Larra, joven impregnado de espíritu romántico, hizo suya una visión del mundo que levantaba, como portaestandarte, la libertad de prensa. Con todo, hay que añadir también que critica acerbamente el comportamiento oportunista de los liberales españoles.

Su mirada penetrante al devenir histórico lo convierte, desde sus primeros escritos, en cronista de su época. De ahí que Armando L. Salinas y otros críticos seleccionasen la palabra precocidad para definir su vida y su obra. Se trata de un modo de vivir acelerado e intenso que le imprime dignidad al quehacer periodístico durante la primera mitad del siglo XIX.

Larra fue, sobre todo, protagonista en la fusión del periodismo y la literatura en tiempos en que no se le reconocía al primero el estatus de literatura. En “Ya soy redactor” (1836) señala en el estilo que lo convirtió en el primer periodista de humor en lengua española:

“El hecho es que me acosté una noche autor de folletos y de comedias ajenas, y amanecí periodista: miréme de alto abajo, sorteando un espejo que a la sazón tenía, no tan grande como mi persona, que es hacer el elogio de su pequeñez, y dime a escrudiñar detenidamente si alguna alteración notable se habría verificado en mi físico; pero por fortuna eché de ver que como no fuese en la parte moral, lo que es en la exterior y palpable, tan persona es un periodista como un autor de folletos. ¡Ya soy redactor! exclamé alborozado, y echéme a fraguar artículos, bien determinado a triturar en el mortero de mi crítica, cuanto malandrín literario me saliese al camino en territorio de mi jurisdicción.” (5)

Presumimos que esta defensa apasionada del periodismo frente a la literatura buscaba marcar distancia de escritores superficiales y egocéntricos como Don Timoteo, nombre presumiblemente ficticio, que le sirve de título a su ensayo satírico “Don Timoteo o el literato” (1833). Al referirse a este espécimen de las letras declara:

“El amor propio ha sido en todos los tiempos el primer amor de los literatos, si hubiese menester más pruebas de esta incontestable verdad que la simple vista de esos hombres que viven entre nosotros de literatura”. (6)

Palabras, a las que añade luego: “No hay nada más terrible en la sociedad que el trato de las personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus semejantes”. (7)

El periodismo fue, pues, para Larra vocación que le atrapó desde que sintió, según nos dice, “los primeros pujos de escritor público, cuando dieron en írseme los ojos tras cada periódico que veía”. (8) La expresión “escritor público” apunta hacia la razón de ser del periodismo, sobre todo desde la Revolución Francesa. Aquella revolución, citamos nuevamente a Evaristo Acevedo, coadyuvó, con sus “convulsiones de un terremoto ideológico”, al surgimiento de una nueva escritura que les permitía a los escritores “hablar más alto”. Sin embargo, tal subida de volumen, sigue diciendo Acevedo, solo la aprovechan quienes “no temen a la opinión” y luchan (como Larra) “contra los agazapados partidarios del silencio”. (9)

Esta nueva forma de hablar (el periodismo) exige una agudización de los sentidos para ejercer el criterio e informar sobre el acontecer cotidiano, materia básica de aquella nueva escritura. Larra hace gala de tal requerimiento en la redacción de algunos de sus artículos sobre costumbres españolas, ancladas en el atraso y renuentes a la modernidad. En ocasiones parece seguir una secuencia de cuatro pasos: caminata por la ciudad; detención en el trayecto para observar sucesos de actualidad que se convierten en dispositivos para la reflexión histórica; “apuntaciones y notas”; y, finalmente, selección de la temática del día.

Al pasear por Madrid, con los sentidos abiertos, registra las imágenes del atraso, la intolerancia y el fanatismo que marcan la España de su tiempo. Sus escritos, fruto de su recorrido, marchan desde la esperanza hasta el puerto de la más amarga desilusión. Si la esperanza (léase fe en el progreso que prometía la modernidad capitalista frente al absolutismo) sobrevivía en medio de una vorágine de frustraciones, se debía a que concebía el periodismo como un generador de conciencia ciudadana.

Su apuesta a favor de la modernidad – entendida como defensa del individuo frente al Estado, insistencia en derechos ciudadanos y el uso de la lógica como instrumento de la razón – deviene en sustrato ideológico de su prosa. Por ejemplo, en “El pilluelo de París, Comedia en dos actos” (19 de noviembre de 1836) afirma, al reflexionar sobre la desigualdad de las clases sociales, desde una óptica liberal:

“A la altura de la civilización a que el siglo se encuentra, añadiríamos que todo abuso fundado en la supremacía del dinero o de la clase es un contrasentido, y que las instituciones políticas más perfectas serán aquellas que mejor garanticen a pobres y a ricos igualmente el ejercicio de sus respectivos derechos; en este sentido nunca tendrá un pueblo bastante libertad”. (10)

Su esperanza de que España encontrase la ruta del progreso de la modernidad burguesa se sostenía – hasta que hace crisis en sus últimos escritos – gracias a su visión del periodismo como poderoso instrumento de conciencia ciudadana. Buscaba con el mismo interesar a las masas populares sobre la urgencia de regenerar el país. Por eso les pide a los escritores que usen la imprenta sin miedo a la represión y sin dejarse llevar por temores personales.

 

El trabajo periodístico es para Larra un deber ético marcado por la urgencia. Para llevarlo a cabo en la España monárquica de su tiempo, tuvo que darle vuelta a la noria de la censura. En su lucha por burlar el código represor, utiliza (entre otros) tres artilugios distintivos de su estilo: uso profuso de digresiones, creación de finas ironías (salpicadas a veces con el manejo magistral de la sátira) y la epístola como género de ficción. De esa combinación nace precisamente, en la pluma de Larra, el periodismo de humor en la literatura española.

Como ejemplo del recurso de la epístola para sortear la censura, me detengo en su artículo “Segunda carta de Fígaro a su corresponsal de París, acerca de la disolución de las cortes y de otras varias cosas del día” (1836). Confiesa aquí Fígaro (uno de sus seudónimos) con aturdimiento irónico, que se “sorprendió” cuando encontró mutilado en El Español un texto que había enviado con antelación (“la primera carta”) al corresponsal de ese periódico. Para expresar su “confusión” entra en juego la ironía: 

“Poníame sólo en confusión el haber notado que la carta impresa no era precisamente la misma que yo te había escrito, pues que en ella faltaban varios párrafos. Esto me hizo sentir tanto más la equivocación, porque si no puede serme agradable que intercepten nuestra correspondencia, más duro ha de parecerme que la mutilen, dado que yo no escribo al censor, sino a ti.” (11)

Le expresa luego al corresponsal que para comunicarse con él prefiere la epístola y no el artículo, porque “si reflexionas en fin que en el día cuantos artículos podemos hacer han de reducirse a artículos de fe o esperanza, no extrañarás que me decida por las cartas”. (12)

A fin de cuentas, Larra paga el precio de ser un escritor independiente en un país que era un Jano con dos caras de parecido fanatismo: la absolutista y la liberal. No obstante, en tiempos en que se nutría todavía de esperanzas, les hace una exigencia concreta a los periodistas que habían echado su suerte con el pueblo en su escrito de crítica literaria “El MINISTERIO MENDIZABAL folleto, por DON JOSÉ DE ESPRONCEDA”

“…el escritor público que una vez echó sobre sus hombros la responsabilidad de ilustrar a sus conciudadanos, debe insistir y remitir a la censura tres artículos nuevos por cada uno que le prohíban; debe apelar, debe protestar, no debe perdonar medio ni fatiga para hacerse oír: en el último caso debe aprender de coro sus doctrinas, y convertido en imprenta de sí mismo, propalarlas de viva voz, sufrir, en fin, la persecución, la cárcel, el patíbulo si es preciso; convencido de que el papel de redentor solo puede ser puesto en ridículo por el vulgo necio que no comprende su sublimidad.” (13)

Resulta interesante destacar que en este fragmento apela sólo a quienes no vende su pluma. Su pasión por el periodismo le permitió comprender – otro ejemplo de “precocidad en su sentido histórico”- que este medio es una empresa ideológica donde se dan la mano, la dirección social y la información, como demostró siglo y medio después Camilo Taufic en su libro Periodismo y lucha de clases: La información como poder político. (14)

La lucha contra la censura se torna cada vez más agónica. De sus escritos sobre este tema destaco dos que registran la muerte de la esperanza. El primero, pieza maestra de la ironía publicada en octubre de 1834, se titula “Lo que no se puede decir, no se debe decir”. Nos dice que quiere redactar, pero teme que se lo prohíban. Como no está dispuesto a rendirse, lanza una pregunta que únicamente puede responder la ironía:

“¡Qué he de hacer, hombres exigentes! Nada: lo que debe hacer un escritor independiente en tiempos como estos de independencia. Empiezo por poner al frente de mi artículo, para que sirva de eterno recuerdo: “Lo que no se puede decir, no se debe decir. Sentada en el papel esta provechosa verdad, que es la verdadera, abro el reglamento de la censura: no me pongo a criticarlo, ¡nada de eso!, no me compete’’. Sea reglamento o no sea reglamento, cierro los ojos, y venero la ley, y la bendigo, que es más”. (15)

Aunque no quiere ceder en su empeño, se ve obligado a desistir, porque es posible que el censor se convenza de “que se alude, aunque no se alude”. La pretensión de escribir se da de bruces con el “sentido común” de la frase que puso al frente de su artículo:

“Hecho mi examen de la ley, voy a leer mi artículo; con el reglamento de censura a la vista, con la intención que me asista, no puedo haberlo infringido. Examino mi papel; no he escrito nada, no he hecho artículo, es verdad. Pero en cambio he cumplido con la ley. Este será eternamente mi sistema; buen ciudadano, respetaré al látigo que me gobierna, y concluiré diciendo: “Lo que no se puede decir, no se debe decir”. (16)

En el segundo texto seleccionado, “Fígaro a los Redactores de “El Mundo” en el mismo o donde paren” (23 de diciembre de 1836), Larra – cansado de jugar al escondite con la censura – decide enfrentarla sin cortapisas. La ironía deviene en sátira:

“Yo doy la cara primero, porque no tengo otra cosa que dar, y creo que hago un don a la patria, pues tal cual es, tampoco tengo otra, ni peor ni mejor, guardada para un apuro. Yo declino mi nombre como Agamenón. Yo soy Fígaro. Todo el mundo sabe quién es Fígaro, y si por si acaso alguien lo ignora, añadiré que Fígaro y Mariano José de Larra son tan uña y carne como el diputado de Argüelles y la Constitución del año 12, y que no se puede herir a uno sin lastimar al otro. Juntos vivimos, juntos escribimos y juntos nos reímos de ustedes, de los demás y de nosotros mismos”. (17)

Para facilitarte al censor su tarea represiva, ofrece su dirección al final del artículo:

“Item más, declaramos en toda forma vivir en la calle de Santa Clara, casa número 3, en la cual pensamos seguir viviendo hasta que se hunda; donde se nos puede prender por la mañana, desde las nueve en adelante; y, en fin, adonde nos retiramos tarde por la noche y solos los dos, Fígaro y dicho Larra, bras dessus, bras dessous, ordinariamente por la calle Mayor”. (18)

  Estas palabras, cercanas ya al famoso pistoletazo que le cegó la vida, son propias de un periodista deprimido que confiesa en “La nochebuena de 1836: Yo y mi criado, delirio filosófico”: “Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza”. (19)

El desengaño cierra su círculo y amenaza con dejar fuera al periodismo, la pasión que parecía sostenerlo aun en sus crisis sentimentales. Al acompañarlo, como lectores, una vez más en su taller de trabajo, sentimos que el fin se aproxima con olor a muerte:

“Resuelto a no moverme (…) incliné la frente cargada, como el cielo, de

nubes frías; apoyé los codos en mi mesa, y paré tal, que cualquiera me hubiera reconocido por escritor público en tiempo de libertad de imprenta (…) vagaba mi vista sobre la multitud de artículos y folletos que yacen empezados y no acabados ha más de seis meses sobre mi mesa, y de que sólo existen los títulos, como esos nichos preparados en los cementerios que no aguardan más que el cadáver; comparación exacta, porque en cada artículo entierro una esperanza, una ilusión”. (20)

En tal momento de obscuridad, vislumbró quizás que la revolución en España era (y seguiría siendo) “como un carro pesado tirado por mariposas”, luminoso símil de Pío Baroja, escrito casi un siglo después. (21)

No es difícil concluir, pues, que a Larra no lo mató el tornadizo amor de una mujer coqueta. Aquel percance fatal fue la clásica gota que desborda la copa. Su causa habría que rastrearla en el agotamiento de una esperanza que había devenido en pasión: el cultivo del periodismo como bujía de conciencia ciudadana.

Poemas de Irizelma Robles

1.

“En la cacería están ocultos los secretos de la vida”

Guillermo Arriaga

Cazador y Chamán:

el desierto es un mar sin agua,

volteado al revés para los cazadores de magia,

poblado de cuerpos enjutos para los cazadores de muerte,

el chamán viaja hacia la raíz del peyote para resurgir

como única flor violenta

tú sigues de largo con la mirada fija entre dos cielos

2.

Los Hombres del Venado visten las fibras curtidas del tiempo

al que sobreviven en sus hijos de sombra,

en sus mujeres de fibras curtidas por la vida

la tribu de los Tének lo recibe con sus flechas de hueso

y sus arcos de tendones

la muerte inmediata de la sombra sobreviene al día

la noche no llega hasta muy entrada su muerte

cuando intercambia las armas

y depone la piel

3.

“El venado huele a mujer y cuando se angustia,

despide un sudor melifluo que, de poderse recoger aún tibio,

sirve para curar la rabia de los animales salvajes”

Roque Dalton, “El venado”

El mar es un desierto de agua, una polvareda de gotas imposibles

en este paisaje de agaves sin dueño, el Cazador lo imagina

cuando descansa de tramo en tramo

y permite que el arco de tendones

caiga de sus manos,

también la flecha

en el mito perderá la vida cuando enfrente al último de los Venados

ya despierto perderá la vida

nadando a la deriva en un mar de agaves

4.

Una mujer desnuda

sobre una cama

de peyotes florecidos

invoca su Nagual

con voz urgente

nace jabalí para la flecha

cepo del Cazador

5.

Un chamán de la tribu lo acompaña hasta la Húmeda

una cueva milenaria que guarda

todas las semillas de la vida

la Húmeda es un pozo que adentro es miles de aguas innombradas

En este rito iniciático las corzas dibujan un muro frente a

la Corzaria de la humedad prohibida

En ese momento

pudo inventar mil nombres

6.

Se despeña por un destiladero

de agaves encendidos

de aguas cristalinas

que calmarían su sed

de no estar ciego

por la sed de sangre,

trago de agua ardiente

hijo de la humedad

7.

Brotaba cieno de la cría, ardida entre sus manos,

un animal dormido agita sus alas cornalinas en el sueño de la muerte

El campo seco se abre en dos para que entierres el dolor de no haber sentido el último suspiro del venado

la humedad de la sangre no es tuya, el hedor de la sangre

ni el tiempo que tiende hoja tras hoja seca

y guarda entre hoja y hoja el rocío

8.

“…la fiera huele acaso la insolente carnada

convertida en rubí, lame sus brillos secos

de aparente jugo, pisa en vano el aterido resorte

de cristal o nácar del cepo inerme ahora.”

Eduardo Lizalde, “El cepo”

El cepo inerme ahora,

pero el amor no pasa de largo:

un tobillo de la presa

mana sangre tierna,

recién nacida,

casi un hijo.

9.

El imantado renace en su propia cueva.

Nada teme la fuerza del nuevo conjurado,

del apenas nacido de su mujer.

Andará toda la tierra hasta hacerse pródigo de nombres,

rico de voces.

Dirá sin miedo que ella es su mujer y madre,

su cierva de caza,

su pie lastimado.

Ella dirá “eres yo crecido” y andará toda la tierra.

10.

¿Adónde estás Amado que me dejaste con gemido?

La voz de la Cervatilla

cantaba la choza,

anunciaba la partida de caza.

En la cacería se ocultan los secretos de la vida

y la miraba sumergirse en ella, en él,

en el agave azul.

Y el secreto oculto en el gemido

tornaba al color del agua.

Irizelma Robles (Hato Rey, 1973) hizo su doctorado en la UNAM y en Estudios Hispánicos en la UPR. Ha publicado los poemarios De pez ida (Isla Negra, 2003), Isla Mujeres (Fragmento Imán, 2008), y Agave azul (Folium, 2015).

Biblioteca viva de la justicia y del amor

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

El próximo domingo, último de septiembre, las comunidades católicas celebran el Día de la Biblia. Es ocasión para recordar el Movimiento Bíblico, uno de los pilares de la renovación de la Iglesia.

La Biblia nació entre los pobres de Israel. Sin embargo, durante siglos, estuvo en manos de intelectuales y personas adineradas. Su interpretación legitimaba el poder dominante y una sociedad de injusticias.

Dictadores tomaron el poder, jurando sobre el libro de la Biblia. Citando páginas bíblicas, papas organizaron ejércitos para luchar contra infieles. En nombre del evangelio, han quemado a herejes en la hoguera. Hasta hoy, movimientos fundamentalistas dicen inspirarse en la Biblia para defender el patriarcado, la homofobia y racismos. Con textos bíblicos, rabinos tradicionalistas apoyan la guerra de Israel contra los palestinos. En Brasil y otros países, pastores cristianos citan la Biblia para condenar religiones negras y tradiciones indígenas. Americanos ponen en su dinero el nombre de Dios, mientras van por todo el mundo con su militarismo y violencia. Ecologistas han culpado la Biblia por el antropocentrismo occidental y la destrucción de la naturaleza.

De hecho, las iglesias cristianas tienen una deuda con la humanidad. No basta afirmar que estos males han sido producidos por una lectura errónea de la Biblia y que esta, en sí misma, no justificaría esos males. Lamentablemente, aún hoy parte de la jerarquía católica, muchos pastores evangélicos y pentecostales, así como diversos grupos cristianos todavía predican el evangelio de manera poco amorosa. Su forma de actuar parece dar razón a quienes piensan que la Biblia provoca violencia y sufrimiento à la humanidad y al planeta. Necesitamos purificar la lectura bíblica y la forma como hablamos de Dios. En la Biblia su revelación es evolutiva y va hasta dejar claro su rostro de amor, compasión y justicia.

Lutero decía que Dios prefiere el insulto de las personas justas a la alabanza de los injustos. En América Latina y Caribe, desde más de 50 años, muchas comunidades pobres leen la Biblia para encontrar fuerzas para vivir y motivos para luchar por justicia y liberación. Muchos hermanos y hermanas fueran aprisionadas y asesinadas porque han descubierto en la Biblia una vocación para cambiar el mundo. Es esa forma de leer la Biblia que recuerda la palabra que, al cerrar el Concilio Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965, dijo el papa Pablo VI: “para encontrarse a Dios, es necesario encontrar el ser humano”.