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Enfrentando la pandemia (I), una guerra en la que la humanidad precisa un frente común

 

Por José R. Oro

 La guerra está justamente considerada como la forma más irracional, bárbara y cruel de la violencia social. Hoy enfrentamos una guerra, contra la pandemia de COVID–19, en la que no hay vencedores, solo vencidos; en la cual no puede haber negociaciones de paz o armisticios, y que solo terminará con el control de ese enemigo, con su prevención y cura mediante vacunas y medicinas eficaces, armas que aún no existen y están en etapa de desarrollo y/o perfeccionamiento.

A medida que la COVID–19 se ha extendido por el mundo, muchos políticos y medios de comunicación han adoptado metáforas de guerra para describir los desafíos que enfrenta la humanidad.

El pasado 5 de abril, la reina Isabel II pronunció uno de sus muy poco frecuentes discursos y dijo “nos veremos de nuevo”, una frase de la Segunda Guerra Mundial. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, usó una expresión de Winston Churchill llamando a esta crisis la “hora más oscura” de Italia. Trump se ha descrito a sí mismo (fantasiosamente) como un “presidente en tiempos de guerra”, luchando contra un enemigo invisible. En realidad, Trump, por su accionar lento, torpe y errático, ha sido y es, en la práctica, un aliado de la pandemia.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, acogió la comparación durante sus comentarios en una cumbre virtual del G20 sobre la pandemia de COVID–19: “Estamos en guerra con un virus y no la estamos ganando. Esta guerra necesita un plan de guerra para combatirla”.

Los periodistas también han estado usando símiles de este tipo por doquier. Es que las imágenes de tiempos de guerra son bastante convincentes e identifican a un enemigo común (el virus), una estrategia (“aplanar la curva”, “salvar la economía”), a los guerreros de primera línea (personal de salud), al frente doméstico (personas que se aíslan en sus hogares), los traidores y desertores (personas que rompen las reglas de distanciamiento social)…

Además, el concepto de “guerra” marca la urgencia de decisiones políticas drásticas como el cierre masivo de escuelas, la imposición de prohibiciones de viajes y la interrupción de la vida económica en todo el mundo. Apela al sentido del deber y a la obligación de los ciudadanos de servir a su país y al interés colectivo en la hora de necesidad.

No es la primera vez que hay una guerra para enfrentar a un enemigo que no es esencialmente militar; en los tiempos en que vivimos coinciden la guerra contra la pobreza, el cáncer, el tratamiento adecuado de la inmigración ilegal, el cambio climático, sin mencionar la guerra contra las drogas o el crimen. La erradicación del analfabetismo en Cuba fue una guerra a todas luces, con la victoria consumada, cabal, de todo un pueblo y de sus líderes.

¿Estamos en una guerra de la humanidad contra la COVID–19? Sí, lo estamos, y se requiere de disciplina, de conciencia, patriotismo y solidaridad, no solo en el extranjero, sino también en Cuba, donde personas irresponsables aprovechan la realidad de las carencias para mostrar su desentendimiento, con conductas socialmente inaceptables y escasa consideración hacia sus compatriotas. Estamos en guerra; quienes no lo entiendan deberán comprenderlo como sea, por el bien de todos.

Son tiempos de solidaridad, tanto al interior de sociedades como entre naciones y Gobiernos, como es el caso de Cuba, un país de 11 millones de habitantes, sometido a una larga guerra económica, que ha enviado 26 brigadas de médicos y enfermeros a 24 países de América Latina y el Caribe, Europa, África y Oriente Medio para combatir la COVID–19, o que ha respondido eficiente y responsablemente a casos humanitarios como el del crucero MS Braemar, antes rechazado por otros puertos de la región.

La actual circunstancia no justifica el uso de la realidad de una guerra como disfraz para acaparamientos de poder autoritarios, como ha sucedido en Hungría –donde el ultraderechista primer ministro Viktor Orbán se apoderó de amplios poderes de emergencia y para gobernar por decreto, con facultades y decisiones que han hecho a muchos en ese país y en Europa alertar sobre el peligro que corre la democracia– y en otros países donde se han puesto en práctica medidas extremas.

Definir la pandemia como guerra conduce inevitablemente a la necesidad de identificar a un enemigo. El enemigo aquí es el coronavirus –no hay mucho que buscar–, pero algunos políticos reaccionarios han agregado calificativos al virus enemigo y politizado el escenario, tanto para atacar a otros como para alejar del escrutinio público su defectuosa gestión.

La expresión “el virus de China”, empleada por Donald Trump y otros políticos estadounidenses subordinados a él, ha sido relacionada con un aumento de los ataques racistas antiasiáticos en Norteamérica. Por otra parte, les ha sido imposible ocultar su necesidad de desviar–con tácticas contraproducentes como esa– la atención sobre la realidad de un sistema de salud incompleto y poco eficaz pese a los cuantiosos recursos de Estados Unidos.

La casi manía de descargar la culpa en China, en la OMS o en cualquier otro país, organización o personalidad que le venga a la mente con una ligereza pasmosa –pese a evidencias científicas y a hechos y, por encima de todo, asumiendo una actitud que va contra lo que piden los tiempos y es contraria a la corriente mundial–, no le ha servido a Trump para invisibilizar la lentitud y menosprecio con que la Casa Blanca trató una epidemia que está destrozando a su país.

No menos importante, aunque algo más subliminal, es la intención de crear fobia hacia los productos de China y minar por cualquier medio el desarrollo económico del gigante asiático y su creciente influencia internacional.

Está surgiendo una nueva forma de nacionalismo extremo, de vulgar chovinismo que es explotado al máximo por los Gobiernos de corte ultraderechista o fascista: ya que nos encontramos en guerra, es hora de la filosofía de “mi país primero”. Una lamentable y cegata expresión seudonacionalista, cuando es evidente que defender a la humanidad, promover las soluciones globales y la cooperación es la única forma de defender a nuestros países. Ahí está, otra vez, el ejemplo de Cuba.

Una forma de medir el alcance y crueldad de una guerra es el número de personas que murieron en ella. Compilé unos números donde se contraponen las muertes de COVID–19 en Estados Unidos con las más sangrientas guerras en que ha participado ese país. Todas las cifras son de fuentes oficiales, y completamente verificables:

 

Como se observa en la tabla, la COVID–19 ha causado más muertos estadounidenses que la guerra de Corea (alcanzó esa cifra el 17 de abril) y que la de Vietnam (28 de abril).

El próximo hito trágico serían los que perecieron en la Primera Guerra Mundial, cifra que pudiera alcanzarse el próximo mes de junio. Hay certeza de que, con más pruebas a potenciales contagiados y autopsias a fallecidos, se evidenciaría que cientos de miles de casos y decenas de miles de fallecimientos no han sido aún contabilizados, luego del primer deceso, el 29 de febrero del 2020.

Han surgido discusiones sobre suministros esenciales y varios países bloquearon envíos de artículos como máscaras y otros equipos de protección o ventiladores que salvan vidas. Un ejemplo ha sido que la Casa Blanca evitara que el gigante de los suministros médicos 3M enviara máscaras a Canadá. Claramente criminal, incluso para los ya muy bajos estándares de Trump, es que la firma estadounidense Vyaire Medical Inc., con sede en Illinois, prohibiera a sus recién adquiridas subsidiarias IMT Medical AG (suiza) y Acutronic (suizo–alemana) vender partes para ventiladores pulmonares a Cuba.

Además de atacar y culpar a otros, Trump dedica la mayor parte de su tiempo y de su espacio en los medios a hablar de cómo “reabrir” el país, o de tomar desinfectante u otros productos “milagrosos” para salvarse de la COVID–19. Pero el cuadro sanitario, social y humano es mucho más serio. Cada día que pasa mueren muchos estadounidenses y hay decenas de miles de nuevos casos en los 50 estados del país. Es una guerra que está causando más bajas mensuales que ninguna otra en la historia de los Estados Unidos.

Hoy, el epicentro de la pandemia es Estados Unidos. Si se compara su respuesta con las de otros países de menor economía o potencial científico (Cuba, Nueva Zelanda, Jamaica, Andorra, Corea del Sur…), claramente se le verá bajo una pobre luz.

Hasta en obras de ficción, comenzando por la magistral Guerra de los Mundosde H. G. Wells se observan el efecto letal de agentes patógenos (que en ese libro destruyen a los “marcianos” invasores) y la falta de cualquier restricción moral o de temor a represalia que estos tienen. Hitler no se atrevió a usar gases de combate en los frentes de batalla de la II Guerra Mundial, probablemente por miedo a que los aliados gasearan las ciudades alemanas. Harry S. Truman, destrozando lo escrúpulos morales más mínimos que pudieran existir, sí usó la bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki, abriendo el camino a la más cínica y apocalíptica de todas las teorías geopolíticas: “La mutua destrucción asegurada”.

Esta es una guerra a largo plazo, pasará tiempo antes de que termine. Los laboratorios del mundo entero están trabajando a toda máquina para encontrar una vacuna y desarrollar tratamientos efectivos para reducir las bajas. Estamos “en guerra” contra un enemigo implacable, carente de restricciones morales o miedo a represalia y con el que no se puede negociar una tregua o armisticio. La fatiga de la batalla o la avidez economicista propia del capitalismo pueden descarrilar todos los esfuerzos que se han hecho hasta ahora.

Solo el desarrollo de vacunas y medicamentos apropiados logrará la victoria, ahora solo nos defendemos para evitar la propagación del brutal ataque. Esto debe quedar muy claro, hasta la fecha todo lo que podemos hacer es impedir o limitar la propagación del contagio, no hay aún agentes activos de eficacia plenamente comprobada contra el nuevo coronavirus.

Encontrar una solución a la pandemia es una responsabilidad compartida. La solución debe ser global, como subrayó con sinceridad y sabiduría, y con base, más allá de las palabras, en el ejemplo concreto de un pequeño país, la declaración del Minrex el pasado 16 de abril.

Reproducido de www.cubadebate.cu

La Ciencia Ficción en Puerto Rico(revisión)

 

Por José  (Pepe)Liboy Erba

En una tropelía de giros irónicos, y nunca fuera del ámbito oficial de las ciencias naturales, se ha desarrollado un concepto de ciencia no comprobada por paradigmas que bien se podría considerar una especie de ciencia ficción puertorriqueña. Desde la informal asesoría que le diera el haitiano Edouard Balbiani a Ramón Emeterio Betances, sobre la sexualidad de las moscas (para explicar a las mujeres negras), hasta la reciente aparición de las nuevas taxonomías neurológicas, siempre con los negros como blanco principal, se ha desarrollado una ideología racista que no se asume todavía como ficción científica, por cierto pudor. Es un negro puertorriqueño justamente, Rafael Acevedo Rodríguez, quien ha emprendido esta nueva taxonomía reciclada con fabianismo inglés, escribiendo una novela sobre el efecto que tendría implantar una memoria artificial en el cerebro de un cocinero criollo. Las referencias a Christophe, el rey cocinero de Haití tras la liberación, son inmediatas. También no hay que olvidar la novela de Cabral, El presidente negro, para seguir el hilo de una tradición de ficciones científicas fuertemente influenciada por la ciencia ficción anglosajona, que es más ficción política que ficción científica.

Una mirada a la localidad de trabajo de los científicos españoles que laboraban cerca de Betances para la misma época demuestra que en ambos bandos se desarrollaba la falsa analogía, que es uno de los pilares conceptuales de la ciencia ficción de cualquier país. Cuando en biología se nos dice que el fenotipo determina el genotipo, que la conducta del animal atraviesa las especies, y que sería necesaria una clasificación biológica parecida a las cuentas comerciales que se llevan en nuestra isla, se puede decir sin temor que el género existe, aunque no concientemente. Si una muchacha va a proteger a la nueva especie, que es el garadiablo, tiene que velar por la conservación de dos familias o genotipos, la de la gallina y la del crustaceo, porque son cruces fenotípicos. En San Germán se contratan pintores de mucho renombre para ilustrar al nuevo animal. En el habla popular se pueden encontrar muchos ejemplos. Animales tales como la chágara, la buruquena, ya se aceptan como reales. El garadiablo está en proceso de aceptarse como un cruce de crustaceo y gallina. Propiamente científica, es la ficción del alumbramiento de la mujer negra. Hay estudios de Edouard Balbiani sobre una condición de la mujer negra que describe una especie de óvulo sin pared celular. Esto explica supuestamente la incidencia de abortos en la población menos favorecida económicamente. Otra ficción científica es más realista y le atribuye el aborto a la conducta de la mujer con el agua. Todos estos conceptos se estudian informalmente en los departamentos de literatura de la isla. Sin embargo, la descripción franca y abierta de estas ideas no se tolera en ninguna parte, no empece la insistencia de muchos profesores de arte.

Autores como tales no existen sino hasta la novela de Acevedo. Fue una novela que se escribió luego de muchas discusiones. Acevedo era mi editor, y el periódico para el que trabajábamos me pedía a mí cuentos góticos puertorriqueños. Pero una novela de ficción científica no se había escrito concientemente hasta Cadaver Exquisito. Ningún escritor había hecho un croquis que conllevara conceptos científicos explicados con analogías falsas. Habíamos visto que el gótico local que yo escribía conseguía lectores, y casi como si se tratara de una encuesta surrealista (por eso la novela lleva ese título), Acevedo se lanzó a la redacción de un texto en la que aparecen estos problemas de acuerdo al medio cultural más interesado, que era el de la neurología que se estudia en Puerto Rico, muy española. La desnudez de los problemas conceptivos no se menciona de la manera cruda que podemos encontrar en los uruguayos. Una insistencia en el sicologismo del fenómeno, y más que insistencia acuerdo, ha tapado la posibilidad de investigar los determinismos que señalaba Balbiani en el siglo de Betances. De modo que hay un connato de ciencia ficción en la isla, forzado por la necesidad de los medios académicos por comprobar paradigmas con sus estudiantes. El placer que se puede obtener de la lectura de estos textos es el de la investigación verdadera del fenómeno, en relación a una historia que no siempre es fiel a la realidad. Un poeta de la zona oeste de la isla puede anunciar que piensa casarse con una mujer que cesó, mediante una hiperectomía, sus funciones reproductivas, sin otro objeto que el disfrute que supone visitarlo para verlo en esa supuesta disyuntiva vital.

De hecho, ante el desarrollo creciente de la falsa analogía en todos los medios de comunicación masiva, el lector de periódicos ya es un crítico literario. Los aumentos en el servicio de aguas, concomitante a una nueva especie que presume responzabilizar a la izquierda por las sequías, reune en un solo artículo años enteros de insistente ficcionalización. Alguien que estudia mucho este fenómeno del agua y de los sicologismos relacionados a los grupos de hidrógeno y oxígeno, es la profesora Susana Homar, quien es bailarina y narratóloga. Aunque nunca lo ha hecho formalmente, y por lo general no escribe en los periódicos sino de danza, es común verla en los salones del Departamento de Literatura repartiendo cuentos sobre el fenómeno acuífero. Todas sus observaciones, junto a las sondas que su esposo Ramón Arbona me pidió para una agencia publicitaria, son pertinentes. Bim, que era una revista literaria de Trinidad, se convirtió en la compañía de aguas de esa isla. Es decir, que no son disparates los problemas que señalan estos profesores. Ahora, la cobertura de la prensa es decididamente ficcional. Empezamos a recibir en Puerto Rico reglamentos para personas que tienen la capacidad de hacer llover, directrices laborales para locos llovedores con personalidades diseñadas por siquiatras. Es en este contexto inmediato que surge la novela de Acevedo. No he visto otros relatos desde mi perspectiva inmediata, pero sin duda hay varios y desde muchos puntos de vista.

Acevedo me ha señalado una opinión muy suya. La ciencia ficción puertorriqueña empieza para él con una colección de cuentos de Alfredo Collado Martell, Cuentos Absurdos. No he podido ver el libro, pero según testimonia mi amigo, el cuento que en su opinión da comienzo al género trata sobre la inseminación artificial. Es un heredero que tiene un hijo con una mujer china para humillar a su familia. Yo no he podido leerlo, pero en mi contexto inmediato parece consecuente con lo que yo he visto. Se hereda mucho el tema conceptivo de los uruguayos. Pero a la misma vez, la historia de la isla demuestra que las familias de estos uruguayos estaban emparentadas con puertorriqueños. Quizá esto le pasa a todo país latinoamericano y todavía no contamos con la evidencia histórica que lo demuestre de una manera incontrovertible. La prensa de la isla no está dispuesta a sufragar ese tipo de investigaciones. Levantan muchas ronchas históricas. La novela de Acevedo se ha salvado porque los personajes del texto somos sus amigos disfrazados de asesinos y policías. Es decir, porque es gótica y no por las falsas analogías que enseña.

 

 

 

Escogido de filmes para nuestros tiempos: vidas de mujeres actoras

 

Por María Cristina/En Rojo

 

Presento y comento varios filmes que tienen como centro las vidas de mujeres actoras de teatro y cine. Por supuesto, es tan solo una muestra a la que los lectores pueden añadir y ampliar la selección. La idea surge porque siempre he estudiado a las mujeres que se expresan a través de la literatura y el cine y porque recientemente vi un hermoso filme con Annette Bening que me hizo repensar estos textos.

 

Sunset Boulevard(Billy Wilder, 1950)

Para los que solamente han visto la escena final de este filme (“Ok, Mr. DeMille, I’m ready for my close up”) Sunset Boulevardes una de las mejores producciones del afamado director Billy Wilder. No solamente las interpretaciones de los actores se han convertido en un referente para cualquier otro filme de esta temática, sino que su cinematografía en blanco y negro, guion, escenografía, vestuario, dirección artística y dirección en general son ejemplos de cómo montar una historia tanto de personalidades complejas como de la comunidad de Hollywood. Este es el mundo de los estudios que controlaban todo: producción, distribución, publicidad y exhibición. Por ser una industria tan productiva en materiales e ingresos, los dueños de los estudios podían pagar buenos y, en muchos casos, sueldos exorbitantes que permitían a actoras como Norma Desmond (Gloria Swanson) tener propiedades y dinero para vivir muy bien a pesar de no haber trabajado en 20 años. Su carrera termina—como ocurrió con tantos otros actores—cuando los estudios cambian sus producciones de silentes a totalmente sonoras. Ya los gestos y los “close ups” no eran suficiente para contar una historia, la voz compite con la cara linda que mercadeaban. En esta historia son los estudios de la Paramount bajo Cecil B. DeMille a los que Norma aspira regresar con un guion escrito a la medida por su nueva adquisición amorosa, Joe Gillis (William Holden). El filme fue nominado para 0nce Oscares en 1951 y ganó tres de ellos. La actuación de Erich von Stroheim, como Max Von Mayerling, su director y primer marido y, en el presente, su mayordomo y protector del mundo exterior, fue nominado extensamente por una actuación inolvidable. DeMille, H.B. Warner, Buster Keaton y Hedda Hopper tienen sus cameos como personalidades del Hollywood de la década de 1940.

En 2011, Michel Hazanavicus presenta una situación similar a la de Sunset Boulevarden su extraordinario filme silente, The Artist, ganador del Oscar por Mejor Película en 2012. No lo incluyo en esta selección porque es la historia de George Valentin y aquí me limito a mujeres actoras.

 

Frances(Graeme Clifford, 1982)

¿Qué pasa cuando una actora no acepta las reglas estipuladas por los estudios de Hollywood y prefiere seguir lo que ella considera bueno para ella? Frances Farmer es “descubierta” muy joven y llega a Hollywood con un contrato para la Paramount a mediados de la década de 1930. Cuando lo que hace no le satisface, decide irse a New York y entra en el grupo de teatro de izquierda Group Theatre de Clifford Odets. Cuando crecen las discrepancias entre ella y el grupo, regresa a Hollywood para hacer películas de categoría B hasta 1958 porque los directores y productores la consideran un riesgo además de rechazar sus afiliaciones políticas por el clima represivo que ya permeaba la realidad de Hollywood. Regresar a la casa de sus padres para sentirse nuevamente protegida produce el efecto contrario al ser recluida en un hospital psiquiátrico por su comportamiento errático y violento y por sus adicciones. Esta estadía y tratamiento se extiende a cinco años y la dejará casi suspendida en un limbo del que apenas se puede recuperar. El narrador de la historia es el periodista Harry York (Sam Shepard) y la vida de Frances (fascinante interpretación de Jessica Lange) se presenta como fragmentos de una realidad creada por cada persona que se interpone en su vida. Lo interesante de las instancias presentadas de la vida de Frances es el énfasis en su espíritu libre de las cadenas de los estudios que, aunque pagaban bien, también la ataban para crear uniformidad en su mundo ficticio. ¿Qué sucedió verdaderamente en su encerramiento psiquiátrico? Los récords médicos no indican que hubo una lobotomía aunque sí justifican las terapias de electroshock; la madre asume su custodia y consiente al tratamiento; convencer a alguien que es la única culpable de su comportamiento es muy fácil cuando no hay nadie que defienda su posición; si Frances quiere encontrar trabajo nuevamente—esta vez en TV—pues tiene que someterse a las reglas del mundo del entretenimiento. Tanto Jessica Lange como Kim Stanley (Lillian Farmer) fueron nominadas para los Oscares de 1983.

 

Film Stars Don’t Die in Liverpool(Paul McGuigan, 2017)

Sin duda, este filme británico es un descendiente directo de Sunset Boulevard. La vida glamorosa de la actora estadounidense, Gloria Grahame (la maravillosa Annette Bening), puede no estar a la altura económica de Norma Desmond, pero puede viajar, pasar temporadas en diferentes lugares para actuar, regresar a los Estados Unidos donde tiene varias residencias sin sentirse agobiada económicamente. Puede proponerle a Peter Turner (Jamie Bell) que viva con ella en los Estados Unidos sin tener un empleo fijo. La historia tan solo dura dos años, pero su intensidad y seriedad involucra a la familia de Peter, donde Gloria en 1979 alquila una habitación mientras ensaya y luego actúa en una obra de teatro en Liverpool. En poco tiempo van de no conocerse a comenzar una relación tan intensa, a pesar de la diferencia en edad, que poco después, Peter se muda a los Estados Unidos con la intención de vivir con Gloria. En ese espacio de tiempo que permanece aquí, logra conocer a su madre, Jean (la siempre intensa Vanessa Redgrave) y otra amiga y descubrir un poco de la vida de Gloria. Habrá ruptura y regreso y memorias que tejen vidas muy especiales. Para los que recuerdan el filme Billy Elliott(Stephen Daldry, 2000), Jamie Bell fue su protagonista.

 

El cuento de las comadrejas(Juan José Campanella, 2019)

El filme más reciente de Juan José Campanella es un trasplante de Sunset Boulevarda la Argentina contemporánea. La casona la habitan no solo Mara Ordaz (Graciela Borges), la estrella de cine ya retirada, sino también su marido-actor Pedro de Córdova (Luis Brandoni) y sus amigos más cercanos: Norberto Imbert (Oscar Martínez) y Martin Saravia (Marcos Mundstock), director y guionista, respectivamente, más reconocidos de ese glorioso pasado. Aunque al parecer los cuatro “amigos”—por compartir los mejores años de sus vidas en trabajo y diversión—pasan los días y noches en constante diálogo que a veces parece batalla de palabras, han formado alianzas que, a pesar de las diferencias, los mantienen activos de mente y cuerpo. En este caso, no hay dinero para gastar y vivir bien como en Sunset Boulevard, la casona es lo único que tienen Mara Y Pedro, aparte de su memorabilia, sus recuerdos de fama y reconocimiento y sus rencillas por resolver. En este caso, quien interrumpe este mundo falso pero verdadero para sus habitantes, es una pareja de jóvenes emprendedores que intentará por todos los medios posibles de engañarlos para apropiarse de la casona. Es una comedia agridulce que disfrutamos plenamente con los jugadores de la comadreja.

El Congo y Puerto Rico:

 

Propuesta de literatura comparada.

Por Rafael Acevedo

 

En el Congo los señores de la guerra

tienen sus ejércitos de niños drogados
que defienden los intereses de las corporaciones extranjeras
que explotan a los niños, a los señores, a las minas
de las que extraen sin pagar impuestos
lo necesario para que funcione este ordenador portátil
en el que veo como se acusa a los señores de la guerra
de tener ejércitos de niños drogados
que defienden los intereses de los señores de la guerra.

En casa, en el horizonte marítimo,

los funcionarios defienden los intereses de los turistas

en paquetes de corporaciones norteamericanas

y de millonarios que no pagan impuestos

-lo necesario para que funcione este mal negocio llamado: Puerto Rico-

en el que un ejército de reserva celebra

que ya somos libres de ir a donde queramos

y que de algo vamos a morir como quiera

de modo que yo escriba un verso que diga:

la culpa es de nosotros bla bla bla

pero me niego a eliminar de la ecuación

el verdadero conflicto.

 

25/V/2020

Nuestro gobierno es un riesgo

 

Por Carla Cristina*/Especial para En Rojo

Puede parecerle una irresponsabilidad que la gente salga a la calle. Y presumo que considera que es una irresponsabilidad porque supone un riesgo.

Sabiendo que hay para quienes salir es, más que cualquier otra cosa, una necesidad, y estipulando que las ayudas correspondientes no han llegado a los bolsillos de la gente, es totalmente irresponsable que el Gobierno no haya mitigado el riesgo que supone hacer lo necesario: reactivar la economía y reabrir los comercios del país.

El secretario del Departamento de Salud, Lorenzo González, ha fracasado al atender la pandemia del COVID-19. A 70 días de encierro y a 60 de su nombramiento -digo, contrato-, no hay suficientes pruebas realizadas, no hay rastreo de contactos, no hay datos confiables, no hay certeza de nada. Estamos a la intemperie sin saber si nos cae lluvia, nieve o granizo.

Ese mismo Secretario de Salud que en una entrevista que le hice en Ponce durante la emergencia del terremoto del 2 de mayo negó que estuviera proponiendo la “inmunidad de rebaño”, le dijo el viernes al periódico Metroque “si nosotros creemos que la vacuna es la solución de esto, pues entonces infectarse no es malo”, y añadió que “una persona joven, sin condiciones crónicas, si se infecta y no se enferma, va a ganar inmunidad”. Dijo, además, que “los adultos mayores serán los últimos en salir de la cuarentena porque si se infectan y se enferman, van a morir; pero los niños, adolescentes y jóvenes no están muriendo, a menos que tengan condiciones crónicas”.

La inmunidad de rebaño es una estrategia que apuesta a que haya un único hospedador del virus, que la infección se transmita de persona a persona y que la transmisión induzca una inmunidad sólida. Esto se logra cuando suficientes personas están protegidas frente a la infección, lo que impide que el agente alcance a los que no están protegidos.

Lo común es que esa protección se busque a través de la vacunación. Pero como no hay todavía una vacuna contra el coronavirus, quienes proponen la inmunidad de rebaño tienen como única esperanza de que con el tiempo llegue a haber tantas personas que ya han superado la infección, que el virus no encontrará fácilmente personas susceptibles a las que infectar, por lo que se cortaría su transmisión.

Es por ello que las aseveraciones del Secretario han sido no tan solo criticadas, sino puestas en entredicho por profesionales en el campo de la biología, que es la rama que estudia a los organismos vivos, entre los que están las bacterias y los virus (existe un debate científico sobre si los virus son o no un organismo vivo, pero el punto es que los estudian los biólogos). Pues, hay dos biólogas que han expresado preocupación por las declaraciones del Secretario.

Una de ellas es Mónica Feliú Mójer, doctora en neurobiología y experta en comunicación científica, quien le dijo al Centro de Periodismo Investigativo que “tener anticuerpos no equivale a la inmunidad”. Explicó que «no sabemos si todas las personas que se infectan desarrollan anticuerpos. Que seas joven y saludable no significa que no te vas a enfermar”. La bióloga concluyó que «no hay evidencia contundente de que esto sea cierto”.

Por su parte, Marieli González Cotto, bióloga celular y molecular, expuso que “no se sabe a ciencia cierta si [una persona] va a ganar inmunidad o resistencia una vez le haya dado COVID-19”.

Además de lo anterior, el Secretario le dijo al periódico Metro que no tomará en cuenta las recomediaciones del Task Froce médico (TFM) para las medidas de reapertura de la actividad económica y comercial del país. Sostuvo que utilizará las sugerencias del grupo solo para desarrollar modelos de predicción del comportamiento del virus.

En el documento que incluye las recomendaciones del TFM a Fortaleza respecto a la reapertura de los comercios, el grupo fue enfático al establecer que es imprescindible cumplir con las guías que contiene el modelo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad John Hopkins, a saber:

 

1) disponibilidad de pruebas

2) rastreo adecuado de contactos

3) disminución en contagios por 14 días consecutivos

4) capacidad de los hospitales para atender nuevos casos

 

Sin embargo, al momento, Puerto Rico solo cumple con el requisito de capacidad hospitalaria.

Como si fuera poco, el Secretario aceptó que David Capó, quien recibe $16,000 mensuales por su labor como Epidemiólogo en Jefe y Asesor del Secretario de Salud de Puerto Rico, ha quedado apartado de toda aparición pública y que ahora solo sirve de enlace entre el Departamento y el TFM. Esto, desde que Capó recomendó que la reapertura de los comercios se hiciera con cautela, incluso con más que la que propuso el grupo especializado.

Todo lo anterior supone que el Gobierno no tomó en consideración las recomendaciones de los profesionales de la salud al momento de decidir reabrir la actividad comercial, y que únicamente respondió a los reclamos de la empresa privada.

Y si bien es cierto que el País necesita reactivar la economía, es igualmente necesario que eso se haga tomando en cuenta las recomendaciones de los expertos en el campo de la salud. Esta no es una crisis económica cuyo origen reside en el comportamiento troglodita del mercado de valores, como en el caso de la Gran Depresión de los 30, o en prácticas financieras insostenibles, como cuando explotó la burbuja de los préstamos hipotecarios en 2008. Esta es una situación de salud pública, y para atenderla debemos tomar decisiones que surjan de las recomendaciones de los que saben y trabajan en la salud pública. Lo contrario, aunque pueda parecernos acertado, no es prudente.

Vea, échele un ojo a la más reciente Orden Ejecutiva y note el sinnúmero de incongruencias de las que está plagada. estado.pr.gov/es/ordenes-ejecutivas/

Así que, si considera irresponsable a quien salga de hoy en adelante ya sea a ganarse el peso o a darse un chapuzón, enfile sus cañones, también, hacia el responsable de que eso sea, en realidad, un riesgo más alto del que debe ser.

Es la falta de compromiso lo que nos trajo al abismo; es la ineficiencia lo que nos mantiene en el precipicio. Nuestro Gobierno es un riesgo.

La autora es periodista independiente.