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El Cuartito de Jin-Jon

 

Por Meng Fei Ng

El cuarto pequeño estaba húmedo, el agua seguía estancada. Tal vez Jin se daría cuenta de que el tiempo no volvería para contarle lo sucedido. El dormitorio de Jin cuajaba con la luz del día una transfusión de veneno débil. Jin comía arroz por la mañana y bebía agua por la noche.

Jon se fue. Nunca regresó para cenar. Fue una inspiración insípida a regañadientes para el cuarto pequeño. Sostenía tres columnas por varias horas durante el día mientras todo se hundía. Era para mantener seco el cuartito.

Los dos se miraban las caras por las noches. Cada uno se preguntaba que quería del otro hasta que salía el alba para simplemente rendirse a la precipitación estrepitosa. Jon para aquella mañana volvió a sostener las tres columnas. Era un ejercicio matutino rutinario y de muchísimo esfuerzo, es decir, que le producía músculos. A Jin le tocaba masajearle los muslos.

Hierve el agua anunciando que está listo para el té. Dos tazas de porcelana china finísimos son puestos sobre una mesita de cedro gourmet. El corazón de Jon palpitaba a grandes aceleraciones, quería prontísimo sorber el té servido dentro de su taza. Pero le temblaban las manos y no podía cogerla. Jin la cogió por él y alimentó al ansioso con exquisito té verde infusionado, calmándole el hambre.

Jon seguidamente se quedó dormido y Jin le depósito en su boca los dos cubitos de azúcar que le faltaron al té de Jon. Éste último se preguntaba en sus sueños si Jin lo amaba… 

Una corriente eléctrica de mil quinientos voltios confirmaba el sí, electrocutando el cuerpo de Jon dejándolo tostado en minuto y medio, como pan caliente con mantequilla, listo para comer. 

El amor que llegó por la comida; el té que humedeció el cuarto.

    

Meng Fei Ng es psicólogo. Es venezolano y reside en la isla hace una década. Este relato es parte de un libro inédito.

Ventana Cerrada

 

Por René Duchesne Sotomayor

Puedo trazar la planta de una casa de tan solo echarle un vistazo. El tamaño de una ventana y el espacio que éstas ocupan en sus muros, me dice más sobre los interiores que cualquier vista que éstas puedan enmarcar. ¿Para qué achicar la apertura, si el tamaño reducido de por sí revela la localización de un baño o cocina? ¿De qué sirve glasear el cristal de esas ventanas intercaladas, si su alineamiento ascendente en el muro revela la presencia de una escalera? Igualmente, la cantidad de puertas que una casa tiene, y el rol que cada una de éstas desempeñan en la fachada, dice mucho sobre los espacios que resguardan, a tal punto que a veces me pregunto de qué sirve añadirles un cerrojo.

Iván Villanueva, el propietario de la residencia, nunca se sintió vigilado. Nunca fue preciso vigilar la casa porque bastó con mirar. Bastó con ver lo que la casa ofrecía, y la información se desbordaba por las ventanas, estuviesen o no las luces encendidas. Si no había secretos que desenterrar es porque la casa nunca supo esconderlos. O mejor dicho, nunca trató. Como dije: de nada sirven los cerrojos cuando el cristal y la madera hablan tanto. Y esta casa hablaba con elocuencia –salvo por una ventana.

Se encontraba en la tercera planta – si empezabas desde la izquierda, sería la segunda. Más allá de eso, no sabría qué más decir sobre ésta. No había ningún detalle sobre esa ventana que hiciera que se destacara. El material era el mismo, el tamaño también. No estaba pintada de un color distinto y no portaba algún símbolo críptico que gritara “¡Aquí algo anda mal!”. La ventana no se destacaba por su aspecto, pero tampoco encuadraba en el panorama. Cuando posé los ojos en ella el presentimiento fue inmediato, pero se me hizo difícil articular mis sospechas por varios días.

Mi socio tampoco tardó en dar con ella. Y cuando sus ojos anclaron, el impacto fue violento. “¿Qué piensas, Pedro?” me preguntó al cabo de un rato, señalándola con los labios. Masticaba con dificultad la comida, sin parpadear, como si se le hiciera difícil tragar. “Todavía no me decido”, le dije, tomando un largo trago, para darle fin a la conversación. Sabía que mi respuesta lo incomodaría aún más, pero en ese momento me perturbaba la idea de dar con una explicación prematura que lo pusiera todo en juego. Carlos solía aferrarse a la primera explicación que aplacase sus dudas en momentos cómo éste, porque sabe lo importante que es no andar ansioso el día del robo. La calma para él tenía mayor peso que la verdad, y yo no podía culparlo por eso. Esa era una de las reglas que había cobrado forma en su cabeza con el paso de los años y la acumulación de experiencia. Pero la experiencia también trae pereza, y en esta ocasión yo necesitaba que rompiese sus reglas. Lo necesitaba ansioso. Ansioso y atento.

Un día, Carlos dio en el clavo. “Nunca la abre”, me dijo una mañana, dubitativo, como si me tentara a llevarle la contraria. “¿Será de mentira?”, añadió. Después de eso no se atrevió a decir más, pero eso bastó. Fueron esas palabras las que me permitieron despegar la mirada de la ventana cerrada, para mirarlo a los ojos de lleno, tratando de sacarle cualquier sobrante de esa sabiduría suya que no se hubiese atrevido a compartir. Me costó trabajo procesar las palabras de Charlie. Por largo rato guardé silencio, incapaz de añadir más. Había llegado la hora de hacerle espacio a una nueva pregunta que no lograba formular. Una pregunta efímera que proyectaba una sombra larga sobre mi vista, nublándola por completo. Si pasó desapercibida por tanto tiempo, es porque Villanueva nunca interactuaba con ella. Era como si no supiera hacerlo, o peor aún: como si desconociera de su existencia. ¿Acaso la veía? ¿Formaba parte de su mundo, esa ventana? ¿Formaba parte de su casa?

La casa se perdió en el horizonte, dejando atrás la ventana. De la planta que había trazado tampoco quedaba nada. Ante mí se encontraba una mole impenetrable de ladrillo y madera, a la cual no podría darle alcance por más saltos mentales que diera. “Borrón y cuenta nueva” dijo Charlie con amargura, leyéndome. Prendió el carro, acelerando con furia y descuido frente a la casa, como si todas las ventanas se encontrasen cerradas. 

René Duchesne Sotomayor es escritor y artista de la imagen. Este relato es parte de su libro de próxima publicación

Islas en venta

 

Por Laurie Garriga / Especial para En Rojo

En los últimos días se han publicado noticias que especulan sobre la posible transacción de compra y venta de Groenlandia. El presidente Trump, no sé sabe bien si a nivel personal o en representación de su gobierno, ha mostrado interés por la inmensa isla del Ártico, en principio, y según en su escueto comentario, porque se trata de una ganga inmobiliaria.

La reacción general ha sido burlarse, ignorar o darle pichón a sus comentarios. El premier de Groenlandia y la primera ministra de Dinamarca lo han despachado y han dicho que el interés del presidente es “absurdo”. La isla, región autónoma pero ligada al reino de Dinamarca, “no está a la venta”.

Algunos medios nos recuerdan que la empresa de comprar territorios que “pertenecen” a otros países no es tan extraña para Estados Unidos. Y, para refrescar las memorias porosas y esos datos que se olvidan en la clase de historia, evocan la adquisición de Louisiana (Francia) en 1803, de Alaska (Rusia) en 1867, y las ‘Antillas Danesas’ (Dinamarca), renombradas U.S. Virgin Islands, en 1925. Las tierras invadidas no aparecen en la enumeración.

Las relaciones tirantes entre China y Estados Unidos han llevado a especular que el interés por comprar –o hacer el aguaje de– Groenlandia radica en los ricos depósitos de metales raros o tierras raras (“rare-earth metals”)1 que posee la isla y que son utilizados en computadoras, celulares y carros eléctricos. El gobierno norteamericano podría estar buscando otros suelos y otros suplidores de donde adquirir estos metales que han sido provistos por empresas chinas (en la minería de su país) o por su explotación de suelos africanos.

El poder especulativo que ha levantado la riqueza de la minería groelandesa ha generado divisiones locales. Hace cinco años el parlamento de la isla levantó la prohibición de la minería de metales raros que había estado vigente por casi 30 años. En aquel momento, se justificaba la acción porque generaría empleos e impulsaría en una “economía verde local”. La premier de entonces argüía que Groenlandia no debía ser una víctima pasiva del cambio climático, al cual es especialmente vulnerable.

El censo indica que en Groenlandia habitan unas 50,000 personas, cuyos asentamientos se distribuyen en varios pueblos costeros. La mayoría son de origen inuit y un porciento menor, europeo. La isla, la segunda más grande del mundo luego de Australia, es, como Puerto Rico, un archipiélago. Tiene una red de islas circundantes, fauna, flora y glaciales directamente susceptibles al impacto del calentamiento global.

El lenguaje periodístico me ha parecido escalofriante. Al recordarnos, sin querer queriendo, del expansionismo estadounidense y la disposición que han extendido los países poderosos del mundo para aplacar antojos suyos y de aquellos, parecen ahondar en la retórica del hambre implacable de los lobos feroces o tal vez de los buitres que andan sueltos y pisándose los talones. Si no es Trump, será otro autodenominado “desarrollador” que se aproveche. Groenlandia debilita leyes y se hace parte del juego queriendo tener agencia y protagonismo. Está por verse si ha generado un impacto laboral local beneficioso a largo plazo o si ha podido detener, en algún grado, el calentamiento global con este tipo de economía y empresarismo “verde”. No ha faltado tiempo para que en el área suroeste de la isla se iniciasen operaciones mineras por parte de compañías extranjeras.

¿Nos suena de algo? La historia reciente de Puerto Rico está plagada de laxitudes que han sabido seducir al buitre foráneo. Este tipo de actitud de ‘agarra y gana’ ha generado también una especie endémica de chupacabras que, por ejemplo, desde sus puestos públicos debilita el mapa de calificación o uso de terrenos y con su demagogia paternalista dice que es para nuestro bien, una oportunidad de crecimiento y de expansión económica. O en palabras de Trump, que se trata de una ganga. Pero en esta época pos936, de Armagedón climático, posMaría, posJunta, en una isla llena de ruinas, en esta época de desenmascarar las ramificaciones de la corrupción y sacar a gobernantes y sus gabinetes, ¿cuál es la ganga? ¿cuál es la ficción de desreglamentar más terrenos y costas sin apenas consultar a sus ciudadanos? Ya sin la ilusión del cemento o de la prosperidad de hace décadas, ¿se trata de un ‘repeat performance’ de fanáticos perdidos?

La semana pasada leía un ensayo de una historiadora puertorriqueña cuyo epígrafe, atribuido a Ángel Rivero Méndez, me parece que viene a cuento. Escrito a principios del siglo pasado ahonda sobre sus preocupaciones por la isla de Puerto Rico en medio del destino manifiesto gringo leía: “Las islas en las grandes crisis de las guerras y cuando llega la hora de pagar indemnizaciones… son el menudo, los nickels que llevan las grandes naciones en los bolsillos”. Me pregunto, ¿a cuáles Trumps locales o extranjeros nos debemos ahora? ¿En los bolsillos de quiénes estamos? ¿Cuál es el nuevo-viejo eslogan? ¿A cuál crisis venidera nos suscribimos?

26 Festival del cine africano: 2019 Lincoln Center, N.Y.

 

Por Soledad Romero / Especial para En Rojo

HERO Frances Anne Solomon, Trinidad – Tobago 2018, 110 min Inspirada en la vida extraordinaria del diplomático caribeño Ulric Cross quien participó activamente en los procesos de independencia de varias naciones africanas en la década del sesenta. Aparecen aquí representadas personalidades de la política e intelectuales de África y el Caribe, que protagonizaron aquel importante momento histórico. El filme le hace eco a las jornadas iniciales donde acudieron delegaciones de los llamados países no alineados (respecto a las potencias colonizadoras), como la Conferencia Intercontinental, foro donde la lucha por la descolonización de Puerto Rico cobró impulso, proyectándose efectivamente en el plano internacional. Es una excelente pieza de cine explícitamente político __además de ser una historia verídica de amor y pasión ardiente__, dentro de un marco de aventuras y elementos de suspenso, que representan nuestra región caribeña a cabalidad.

 

THE MERCY OF THE JUNGLE Joël Karekezi, Bélgica- Francia, 2018, 91 min La interesante y dramática aventura de dos militares africanos que quedaron rezagados, perdidos en la densa jungla a partir de sucesos históricos de carácter bélico de los cuales fueron testigos. Sufrimos una sacudida después de haber observado el transcurrir de la vida más o menos normalizada en una aldea refugio, con escuelas, dormitorios y hospital. Nuestra conciencia se revuelca cuando la cámara nos muestra en un corto espacio de tiempo la misma aldea quemada, con sus habitantes brutalmente masacrados. La película es un toque de alerta sobre esta sarta de incidentes apenas desplegados en la Prensa internacional. Son las guerras endémicas por el poder entre las etnias del continente, quienes adquieren los armamentos letales, producidos por las potencias del exterior, vendidos posiblemente con una agenda futura de noveles formas de control y explotación. Es indudable que disfrutemos de este género de

películas sobre un tema que precedió al cine dentro de las distintas narrativas literarias: la selva tropical del planeta como personaje. No sabemos a quién se le ocurrió alguna vez, que los africanos de la inmensa zona ecuatorial, tenían su habitat en el corazón del bosque. Con una sola excepción: los pigmeos que andan libres bajo la sombra al fresquito, ligeros de ropa y equipaje, cargando su llamita de fuego en un recipiente por ser cazadores y recolectores. Se dan el gusto de cambiar de residencia cada día si les place. Las aldeas, pueblos y ciudades, se concentran cerca de las desembocaduras de los ríos, o en sus meandros (donde se da la fase comercial). Se vive en los puertos de las costas oceánicas, y en la sabana cerca de algún gran oasis o al pie de las montañas con manantiales, cascadas y lagos. Éste un buen film contemporáneo que capta toda nuestra atención además de ilustrar.

SARRAOUNIA Mes Hondo, Burkina Faso, Mauritania, Francia, 1986, 120 min. Es un film extraordinario de carácter épico, visualmente fascinante. Los combates y enfrentamientos contra militares invasores (franceses, árabes e ingleses) en las zonas subsaharianas, fueron encabezados por una princesa guerrera, quien desde joven había sido encomendada por su padre a un tío para que la entrenara en las artes marciales, sobre todo como arquera. Vemos la imagen de una amazona galopando un brioso corcel que se torna en furiosa y tenaz combatiente durante la liberación de las zonas ocupadas en el siglo 19. Es una cinta de acción rodada en la sabana, región que por la estética de sus parajes despliega gran riqueza cinematográfica además del contenido histórico y cultural.

Nota al calce: Aprovecho la pertinencia del tema virgo bellatrix  –las jóvenes doncellas que toman las armas en defensa de su nación–, asunto que aparece con relativa continuidad en la literatura europea de los libros de caballería medieval, de todos los tiempos y lugares, dando fe de la activa participación de la mujer junto al varón, en la fundación de sus naciones, y el ejercicio de la libertad. Al redactar esta nota, se la dedico con un saludo de admiración a la juventud puertorriqueña en sus campañas de protesta solidarias por la dignidad, la justicia, y los derechos de todos los ciudadanos de su país sin distinción, en este julio del 2019.

Hagamos un corto repaso a instancias del tema. Sófocles 495-406 a.C., dramaturgo griego de la antigüedad clásica, presenta en su tragedia Antígona (la hija de Edipo), a una joven que se atreve a desafiar un dictamen de su tío el dictador Creón, quien le prohíbe enterrar con honores a uno de sus dos hermanos muertos, combatiente de la guerra desde el bando opuesto. Su sentido de humanidad, responsabilidad ciudadana y amor fraterno le impedía a ella dejar abandonado el cadáver fuera de los muros de Tebas, expuesto a que lo devoraran los buitres… El rey la castiga condenándola a muerte. El personaje establece el arquetipo de la mujer con una disposición trágica capaz de inmolarse defendiendo sus justos principios hasta el final. Otro referente de distinto carácter, surge en las letras españolas dentro del género literario del romance, en el hermoso poema anónimo de trasfondo épico ”La doncella guerrera”. En una de sus versiones, la princesa le pide al rey su padre, que la deje ir a defender Aragón su tierra, contra los franceses, especificando que irá vestida de varón (costumbre algo usual en la literatura del Siglo de Oro–también en las comedias de Shakespeare – cuando las doncellas burladas, le seguían el rastro al don Juan, tendiéndole con astucia una red de insinuaciones tentadoras bajo el disfraz masculino…) El romance narra con picardía erótica una aventura con final feliz: el príncipe quien ha encabezado el ejército, “prendado” del mancebo expresa confundido, ” herido vengo, mi madre, de amores me muero yo; los ojos de Don Martín son de mujer de hombre no…”Abundando más en el asunto desde otro ángulo, la campesina Juana de Arco (1412-1431), Santa Juana de Arco, Doncella de Orleans, reza, alucina oye voces, sintiendo el llamado divino del cielo que le dicta la misión de defender Francia, su patria, de una invasión. El pueblo y el ejército la apoyan en su lucha victoriosa durante la guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Concluye enjuiciada por el alto clero inquisitorial y las intrigas de las autoridades de gobierno, quienes la acusaron de bruja y hereje, condenándola a morir en la hoguera en la plaza del mercado de Ruán. Su hazaña ha sido recogida en poemas, piezas dramáticas y en más de una película, como en el clásico del cine mudo La pasión de Juana de Arco (1928) del realizador Carl T. Dreyer, con la actriz Falconetti; también Ingrid Bergman y Jean Seberg encarnaron el glorioso personaje. Concluyo la analogía haciendo referencia a cuatro piezas sobre la mujer en su rol libertario, que no siempre forman parte del canon literario de nuestras escuelas y universidades. Manuela Sáenz (1795 – 1856), La libertadora del libertador, por Diego Risquez, 2001, cinta rodada en Venezuela (que fue parte de la antigua Gran Colombia), recoge las últimas campañas de Simón Bolívar, y la intensidad de los amores con su amante Manuela, quien solita enfrenta a los militares españoles y lo salva de una emboscada con intención de asesinarlo. Santa Juana de América obra dramática de teatro épico por Andrés Lizárraga inspirada en la patriota Juana Azurduy (1780-1862), a quien le fue conferida póstumamente la orden de Comandante y Mariscal. Junto a su esposo, o muchas veces organizó insurrecciones por su cuenta poniéndose al comando de tropas, y de diestras amazonas, hasta entrada su madurez. Bolívar la reconoció como la verdadera libertadora de Argentina y Bolivia (Alto Perú o el Potosí). En España, Mariana Pineda, drama histórico homónimo de Federico García Lorca, está inspirado en la vida de una ferviente liberal y antimonárquica andaluza, acusada de conspiración junto a su amante. Fue ejecutada, condenada al garrote (muerte por estrangulamiento) en (1831), durante el reinado del vil monarca Fernando VII. En Puerto Rico dos dramaturgos principales: René Marqués honra la memoria de Mariana Bracetti, heroína y líder del Grito de Lares de 1868, encabezado por Ramón Emeterio Betances. Luis Rafael Sánchez se inspiró en la tragedia clásica, para brindarnos una pieza de alta calidad literaria, y originalidad escénica La pasión según Antígona Pérez, estrenada en el Teatro Tapia por la inolvidable actriz Myrna Vásquez. En la obra se reivindica a todas las mujeres de América Latina que han enfrentado a las dictaduras, como las sacrificadas hermanas Mirabal en la República Dominicana. Por extensión, el drama se convierte en homenaje a las nacionalistas puertorriqueñas de las luchas durante el siglo veinte (el gran tabú en la historia de Borinquen). Las emblemáticas Lolita Lebrón, Blanca Canales, Carmín Pérez, Doris Torresola, Leonides Díaz, Isabel Rosado, sufrieron años de prisión en las cárceles federales de los EEUU por combatir el régimen colonial norteamericano, en Puerto Rico. Unimos a ese recuerdo a Dominga de la Cruz – Becerril, abanderada de la Masacre de Ponce (1937), quien obtuvo refugio en México, y murió en el exilio en La Habana, Cuba. Era obrera afrodescendiente, una artista que cultivó la declamación repentista. En este momento no olvidemos igualmente a Olga Viscal, a Consuelo Lee –Corretjer, y a la poeta Julia de Burgos, quien las une a todas, al resistir con dignidad la opresión colonial.

Para fortalecer el espíritu recomiendo la lectura del libro por Olga Jiménez –Wagenheim, Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot, 1930 – 1950. Princeton: Markus Weiner Publishers, 2006.

* La autora, es actriz de teatro; profesora retirada de Español y Estudios Puertorriqueños en City University of New York – CUNY.

Identidad de habitante planetario

 

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

En ese mundo, marcado por nacionalismos y discriminación a las personas marginadas, en el 9 de agosto pasado, la ciudad de Rosario en Argentina otorgó una Carta de Identidad Planetaria a Adolfo Pérez Esquivel, premio nobel de Paz de 1980. Bajo la inspiración del científico social Anibal Facciendini, la Cátedra del Agua y la Comisión del Derecho al Agua del Colegio de Abogados de Rosario, en Argentina promueve diversas acciones, dentro de la iniciativa internacional que se llama Ágora de los Habitantes de la Tierra y que, en América Latina, forman la Red Ágora Sur (Brasil, Argentina y Chile). La iniciativa simbólica de dar la carta de identidad de ciudadano de la Tierra a Esquivel está dentro de la propuesta de desmercantilización de la vida, decidida por la asamblea internacional de la Ágora de los Habitantes de la Tierra (AHT) que ocurrió en Verona (diciembre 2018). Sin querer substituir otros movimientos, es más un esfuerzo para crear conciencia de que todos somos ciudadanos de la Tierra, junto con los animales y otros seres vivos, como habitantes del planeta.

Para respetar esa ciudadanía universal y mantener la igualdad básica entre todos, es urgente desmonetizar los bienes comunes públicos. En Rosario, los compañeros de la Red Ágora Sur, dan ejemplos significativos de ese esfuerzo: luchan por derechos que en la ciudad, muchas veces son olvidados: 1 –  el derecho de Jarras de Agua como práctica del Amor, es decir, agua potable, segura, libre y gratuita para el prójimo en situación de caminante de la ciudad, cuando está haciendo trámites en oficinas públicas y privadas, así como en los bares y restaurantes.

2) derecho a los Sanitarios Libres (DSL). Eso supone que el prójimo pueda realizar sus necesidades fisiológicas cuando está en situación de caminante de la ciudad. Actualmente se paga. La propuesta discutida en la cámara de la ciudad pide que todas las personas tengan acceso a baños públicos limpios y higiénicos y puedan usarlos gratuitamente, sea en oficinas públicas o privadas, sea en bares, restaurantes e Iglesias.

Así que el papa Francisco empezó su ministerio de obispo de Roma organizó un servicio de atención a la población pobre y de migrantes que viven en Roma. Más allá de casas que sirven de abrigo, hizo construir, bajo las columnas de Bernini, en la Plaza de San Pedro, baños con duchas y aún una barbería para que los pobres puedan sentirse mejor. Es solo un signo de recordar que todos somos humanos. Simone Weil, pensadora francesa, decía: “Yo reconozco quién es de Dios, no cuando me habla de Dios sino por por su modo de ser con las otras personas”.