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¿Qué relación existe entre Bolsonaro y los incendios en la Amazonía?

 

Luego de que el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) de Brasil alertara que el número de incendios forestales en la Amazonía en lo que va de este año es un 83% superior al del mismo período del 2018, el presidente Jair Bolsonaro salió al frente para decir que los responsables serían los “oenegeros” que buscan llamar la atención y atentar contra su gobierno. “Esa es la guerra que estamos enfrentando”, afirmó Bolsonaro.

Los datos del INPE, basados en imágenes tomadas vía satélite, señalan que entre enero y agosto de este año se han detectado 72 843 focos de incendios en la Amazonía.

¿A qué se debe el récord de incendios en la Amazonía?

Brasil en emergencia

El 9 de agosto, el estado de Amazonas declaró una emergencia en el sur y en su capital, Manaos. Sin embargo, son más los estados brasileños que están siendo afectados por las llamas.

Acre, en la frontera con el Perú lleva en alerta desde el viernes.

Mato Grosso y Pará son los otros dos estados donde la frontera agrícola del Brasil ha entrado en la cuenca del Amazonas.

Bolsonaro y los incendios

El considerable incremento de incendios forestales desde la llegada al poder de Jair Bolsonaro desde el 1 de enero del 2019 reaviva los temores que surgieron en la campaña electoral, cuando el derechista prometió usar la región amazónica para el desarrollo del sector minero y la agricultura. Además, sus vínculos con los terratenientes ganaderos y agricultores son notorios.

“Si todos los datos de deforestación de los últimos diez años fueran verdad, la Amazonía ya no existiría”, se defendió Bolsonaro en julio al ser preguntado sobre los datos oficiales del propio Gobierno. “Sabemos que si deforestamos esto se transforma en desierto”, agregó.

De acuerdo con el diario El País, el presidente sostuvo que hay mucha presión externa sobre la Amazonía para intentar influir en la política brasileña. “La Amazonia es nuestra, no de ustedes”, insistió. Dijo que ve exagerada la preocupación por los indígenas afectados. “Ustedes quieren tratar a los indígenas como seres prehistóricos. Y hay indígenas que quieren trabajar, producir”.

Pese a que es usual que se produzcan incendios forestales en estación seca, las organizaciones ambientalistas han denunciado en reiteradas ocasiones que los agricultores deforestan ilegalmente por su interés en las tierras de la zona para la cría del ganado.

Bolsonaro ha dicho que los agricultores usan el fuego para limpiar la tierra en lo que denominan “la época del año de la queimada” y que “Esta sería la temporada”.

Sin embargo, el investigador de INPE, Alberto Setzer, rechaza cualquier teoría orientada a fenómenos naturales: “No hay nada raro en el clima este año, ni en los niveles de lluvia en la región amazónica, que sólo está un poco por debajo del promedio. La estación seca crea las condiciones favorables para la propagación del fuego, pero su inicio es obra de los humanos, ya sea deliberadamente o por accidente”.

Protesta internacional

Noruega y Alemania, los principales estados patrocinadores de Fondo Amazonía –dedicado a la protección ambiental en Brasil– se han visto obligados a suspender las donaciones debido al impulso de tala de árboles en el pulmón verde del planeta.

Ante esto, Bolsonaro no dudó en acusar a Noruega de “matar ballenas” además de promover la explotación del crudo en el Ártico y tildar al país de “doble moral”.

En la campaña y como presidente

Durante su campaña presidencial, Bolsonaro dijo que seguiría los pasos del presidente estadounidense Donald Trump y sacaría a Brasil del Acuerdo de París contra el cambio climático. Sin embargo, justo antes de las elecciones, dio marcha atrás y dijo que continuaría en el tratado siempre y cuando la soberanía de Brasil en la Amazonía no se viera amenazada o desafiada.

Los grupos ambientales argumentaron que el apoyo público de Bolsonaro al Acuerdo de París es insuficiente, debido a que planea abrir a la Amazonía a un mayor desarrollo que haría imposible que Brasil cumpla con sus objetivos de reducción de emisiones en los próximos años. La nación sudamericana tiene aproximadamente 60% de la selva tropical de la Amazonía, a la que los científicos consideran crucial preservar como parte de la campaña para desacelerar el cambio climático.

Tierras indígenas

Cuando era candidato a la Presidencia, Bolsonaro prometió que si llegaba al poder, ni “un centímetro más” de tierra sería demarcado para reservas indígenas. Horas después de haber asumido el cargo, emitió una serie de decretos que los críticos alegaron beneficiarían a sus aliados del poderoso “caucus rural”, partidario del desarrollo en la selva de Brasil.

Bolsonaro transfirió la responsabilidad de la demarcación de los territorios indígenas del Ministerio de Justicia al Ministerio de Agricultura, acción que un legislador describió como “dejar que el zorro se haga cargo del gallinero”.

En el decreto también se transfirió la agencia de asuntos indígenas del Ministerio de Justicia al recién creado Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos que está dirigido por un pastor evangélico ultraconservador. El máximo tribunal del país revirtió el decreto.

Dime a quién nombras…

Los nombramientos ministeriales de Bolsonaro van en consonancia con su promesa de campaña de ayudar a que los negocios expandan sus operaciones en Brasil, incluido a sus zonas naturales protegidas.

Su ministra de Agricultura es Tereza Cristina, quien formó parte de la poderosa bancada de la agroindustria en la cámara baja del Congreso y se ha opuesto a las solicitudes de las comunidades indígenas.

El ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, escribió en el 2018 en la publicación de internet Medium que la agroindustria en Brasil estaba “bajo amenaza”. El año pasado, una corte de Sao Paulo lo declaró culpable de fraude por haber modificado un plan de protecciones ambientales para favorecer los intereses mineros, mientras fungía como el ministro de Medio Ambiente del estado de Sao Paulo entre 2016 y 2018.

El ministro de Relaciones Exteriores Ernesto Araujo ha escrito en su blog que el cambio climático es un “dogma” utilizado por la izquierda para impulsar el crecimiento de China, y dijo que quería “ayudar a Brasil y al mundo a liberarse de la ideología globalista”.

Cumbre del Cambio Climático de la ONU 2019

En noviembre del 2018, luego de que el nuevo gobierno ganó las elecciones y antes de la juramentación de Bolsonaro, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil decidió retirar su oferta para albergar la conferencia sobre cambio climático de las Naciones Unidas en 2019. El ministerio señaló que tenía “limitaciones fiscales y presupuestarias”, pero los activistas y grupos ambientales consideraron que la acción era un gesto de concesión hacia Bolsonaro.

En un principio, el ministro de Medio Ambiente Salles también canceló un seminario preparatorio de la ONU sobre cambio climático, que se lleva a cabo esta semana en Salvador, en el estado norteño de Bahía. Ante la presión del alcalde de la ciudad, finalmente el seminario de una semana sí se llevará a cabo y se prevé que Salles asista.

Las imágenes de los incendios que han recorrido el mundo son dramáticas. Expertos en el Bioma Amazónico alertan que las decisiones del ultraderechista, Jair Bolsonaro, ponen en peligro la conservación del “pulmón del mundo”, territorio ancestral de 305 pueblos indígenas. Lo que suceda con la selva brasilera debería importarle a todo el continente, al mundo y, sobre todo, al presidente de Brasil.

Reproducido de www.cubadebate.cu  

Bolsonaro el destrozador

 

Por Eric Nepomuceno

Entre el primero de enero de este año y el pasado martes 20 de agosto pasaron exactos 232 días. En ese periodo fueron registrados casi 80 mil incendios en las matas amazónicas. Es decir: hubo unos 340 focos de fuego intencional, destructor, por día. Más de diez incendios por hora.

Al menos en ese aspecto, el presidente Jair Bolsonaro cumple rigurosamente lo que anunció a lo largo de sus casi tres décadas de oscuro diputado y que reiteró a lo largo de su campaña electoral: vencer la “psicosis ambientalista” creada y alimentada por el marxismo cultural que, entre otras estupideces, inventó el calentamiento global.

Como resultado de esa avasalladora capacidad de destrozar la floresta amazónica, en las últimas semanas aumentó de manera contundente la presión externa sobre Brasil.

El viernes 23 de agosto el presidente francés Emmanuel Macron anunció que su país se negará a firmar el acuerdo Unión Europea-Mercosur. El resultado serán duras consecuencias económicas no solo para Brasil, sino para todo el bloque sudamericano. Se da por seguro que otros países también adoptarán sanciones mientras persista la destrucción de la floresta.

Pero Bolsonaro insiste: los datos que estudios e investigaciones científicas son pura manipulación. Se trata de números exagerados, parte de una amplia maniobra de quienes pretenden apoderarse de la riqueza nacional.

Semejante estupidez encuentra pleno respaldo entre los seguidores más fanáticos de Bolsonaro, mientras crece la preocupación entre los demás brasileños que asisten, impotentes, a cada secuencia de la destrucción del país. Nadie logra explicar cómo ocurre lo que ocurre sin que aparezca alguien mínimamente lúcido para ponerle un freno al presidente.

La verdad es que una de las principales dificultades a la hora de intentar entender qué ocurre en Brasil bajo la presidencia de semejante esperpento es saber por dónde empezar: ya no a cada día, pero varias veces al día, Bolsonaro multiplica su capacidad de disparar bestialidades y mentiras y adoptar medidas sin vuelta.

En el plano interno, movido a base de furia destructora y vengativa, el presidente trata de atropellar a las instituciones, mientras que en el externo distribuye muestras contundentes de una insólita vocación para el desastre.

Bolsonaro quiere manipular la Policía Federal, la Procuraduría General de la Unión y el fisco. Todo para proteger a uno de sus hijos, el senador Flavio, atrapado en clarísimas maniobras de – para ser delicado – apropiación indebida de recursos públicos. O, para ser directo, robo.

Quiere, además, controlar a la Policía Federal para evitar que prosiga en algunas de sus investigaciones, en especial las relacionadas a sus hijos y sus respectivos secuaces. Quiere intervenir en el fisco para evitar que se aclare la milagrosa multiplicación no de panes y peces, sino del patrimonio de la familia presidencial. Para completar el escudo protector, quiere un procurador general que se dedique a olvidar y no a investigar.

En el plano externo, la destrucción ocurre a dos manos: no satisfecho con destrozar la sólida tradición de una de las diplomacias más respetadas y eficaces de los últimos cien años, Bolsonaro entregó a otro miembro del alucinado clan familiar, el diputado Eduardo, el control directo de las relaciones externas del país. Hay, por cierto, un fantoche sentado en el sillón de ministro de Relaciones Exteriores, una nulidad llamada Ernesto Araujo, pero quien efectivamente define, determina y comanda la política externa es el hijo presidencial.

El resultado está a la vista de todos: Brasil está cada vez más aislado en el escenario internacional. Lo peor es que nadie en el gobierno parece darse cuenta de esa realidad, cuya tendencia, además, es a consolidarse a raíz de lo que ocurre en la Amazonia.

Existe, es verdad, un ministro del Medio Ambiente, Ricardo Salles. Un detalle en su biografía explica su nombramiento: el referido caballero fue condenado en primera instancia por haber cometido un crimen ambiental.

Salles no es, por cierto, la única aberración de un gobierno plagado de ellas. Pero es el más peligroso: de todo lo que la furia bolsonarista viene destrozando a velocidad alucinante, el medioambiente es, quizás, lo único irrecuperable.

Gracias al incentivo descontrolado de Bolsonaro, religiosamente respaldado por Salles, décadas de política ambiental fueron destrozadas. La minería ilegal, por ejemplo, viene contaminando ríos y arroyos. Las invasiones de reservas indígenas crecen de manera descontrolada. La fiscalización fue prácticamente eliminada por Salles, bajo la sonriente complacencia de Bolsonaro y compañía.

Todo eso sería nada más que una clarísima muestra de hasta qué punto ese gobierno insano puede ser peligroso. Pero la verdad es que se trata de un riesgo mucho mayor, cuyas dimensiones nadie, al menos por ahora, es capaz de calcular.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Bimbito inspirará a una nueva sepa

 

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

Cuando el pasado 21 de junio el boricua campeón mundial Ángel Tito Acosta fue noqueado y Alberto Machado no pudo recuperar su campeonato mundial, se creó en el mundo del boxeo puertorriqueño una especie de crisis, pues por muchos años no contábamos con un campeón mundial en la rama masculina ni en Puerto Rico ni entre los peleadores de la diáspora. Recuerdo haber leído una veintena de artículos sobre la decadencia del boxeo boricua y como nuestro boxeo no tenía salvación. Cabe destacar que esa sequía se acabó el pasado sábado cuando el boricua Wilfredo Bimbito Méndez se coronó campeón de 105 libras de la Organización Mundial de Boxeo (OMB). De ese combate hablaremos más adelante.

Si bien es cierto que ha habido una disminución en nuestro volumen de peleadores y que eso valdría la pena analizarlo, la realidad es que nuestro país sigue produciendo peleadores de buena calidad simple, y sencillamente no contamos con una estrella de pague para ver cómo fueron Tito Trinidad y más recientemente Miguel Cotto. En eso también nos malacostumbramos.

Cuando uno mira cuidadosamente, se da cuenta que por lo menos 3 de las 4 principales compañías que montan carteleras en Puerto Rico tienen por lo menos una figura que debe estar aspirando al título mundial en los próximos 12 a 18 meses.

Danielito luce como el mejor prospecto

De todos los peleadores que todavía podemos llamar prospectos no hay duda que Danielito Zorrilla es el más avanzado. Este tiene similitudes con Miguel Cotto (su actual promotor) cuando comenzó con un devastador ataque al cuepo y gran IQ boxístico. Lo único que le falta es una prueba contra un excampeón experimentado, alguien como Luis Collazo o el británico Amir Khan.

Para Subriel será mental su coronación

Por su parte, el promotor Juan Orengo cuenta entre sus filas con Subriel Matías, quien es en mi opinión el mejor peleador ofensivo que ha tenido la isla desde el retiro de Trinidad.

Subriel viene de su mejor victoria frente al exolímpico Maxim Dadashev. Desgraciadamente, esa pelea terminó en tragedia cuando Dadashev murió de los golpes recibidos en el combate. Eso será psicológicamente el reto más fuerte de enfrentar para Subriel, pues este tendrá que asimilar que eso, aunque duro a veces, pasa en este deporte y su ofensiva es su mejor arma en el ring. Si puede trabajar con lo ocurrido, tiene una oportunidad real de ser campeón mundial muy pronto.

Los hermanos Rivera vienen de nuevo al ataque

Después de un receso de varios años, los hermanos Peter e Iván Rivera y su empresa PR Best Boxing han vuelto a la carga al traer eventos significativos. Su unión estratégica con Spartan Boxing les ha dado un nuevo respiro, pues Spartan además de ser el promotor de Bimbito, también tiene a Jean Carlos Lobo Torres, quien ya se ha posicionado para , a más tardar el año que viene, retar por un campeonato en las 140, donde ya posee el título latino. Estos también cuentan en sus filas con el 2 veces olímpico Jeyver Cintrón, quien ya es el retador mandatorio del campeón de las 115 libras OMB, Kazuto Ioka.

Bimbito hizo recordar a Calderón

Incluso fue esta compañía la que presentó el pasado sábado en el Centro de Convenciones la coronación de Méndez, quien llevó a la escuela al filipino Vic Saludar, ganándole por una amplia decisión unánime. Para los que tuvimos la oportunidad de cubrir a Iván Calderón en su apogeo, fue como volver al pasado, pues Bimbito tiene un estilo parecido donde golpea y gana los asaltos boxeando esporádico, sin recibir golpes, aunque a veces se queda abierto (cosa que Calderón no hacía), como le paso en el 5to. asalto cuando fue derribado y que para muchos fue el único asalto que el filipino ganó.

Bomba estuvo ahí pero se quedó corto

Por último, sería injusto terminar este escrito sin hablar del tremendo esfuerzo realizado en Japón, también el sábado, por el veterano Jonathan Bomba González, quien por 6 asaltos se fajó de tú a tú con Kosei Tanaka (uno de los mejores del mundo) al punto de derribarlo y estarlo venciendo en las tarjetas entrando al séptimo asalto, cuando recibió un golpe en la boca del estómago del que nunca se recuperó y que eventualmente lo llevara a que fuera noqueado. Aun así, su presentación le ha ganado halagos de mucha de la afición y se espera que este suba de peso a 115 y pueda aspirar a un título nuevamente. A mí, particularmente, me parece que si Cintrón vence a Iowa, una pelea de Bomba y Jevier sería de gran atractivo a nivel local. Sin duda, no existe una crisis como se ha dicho, simplemente hay que prestar atención y recordar que el boxeo es cíclico, a veces se está arriba y a veces abajo; pero el nuestro no andaba muerto andaba de parranda. Tras la victoria de Bimbito los otros campeonatos irán llegando.

Soberanía deportiva en Lima 2019

 

Por Rafah Acevedo / En Rojo

En el verano de 1948, en Londres, el Comité Olímpico Internacional reconoció la soberanía deportiva de Puerto Rico. En ese ámbito, la isla tenía representación como nación colocando a nuestros atletas en el mapa deportivo internacional. Ese mismo verano, el 11 de junio de 1948, el Gobernador de Puerto Rico, Jesús Toribio Piñero, firma una ley que hizo ilegal la advocación pública de la independencia, la Ley Número 53, que estipulaba lo siguiente:

“Para declarar delito grave el fomentar, abogar, aconsejar o predicar, voluntariamente o a sabiendas, la necesidad, deseabilidad o conveniencia de derrocar, destruir o paralizar el Gobierno Insular, o cualquier subdivisión política de este, por medio por medio de la fuerza o la violencia; y el imprimir, publicar, editar, circular, vender, distribuir o públicamente exhibir con la intención de derrocar, paralizar o destruir el Gobierno Insular o cualquiera de sus divisiones políticas, cualquier escrito o publicación donde se fomente, abogue, aconseje o predique la necesidad, la deseabilidad o conveniencia de derrocar, paralizar o destruir el Gobierno Insular o cualquier subdivisión política de este, por medio de la fuerza o la violencia, así como el organizar o ayudar a organizar cualquier sociedad, grupo o asamblea de personas que fomenten, aboguen, aconsejen o prediquen tal cosa y para otros fines.”

Adriana Díaz Fotos: Alina Luciano
Franklin Gómez
Westly Vázquez y Ryan Sánchez

Si bien es cierto que en ningún lugar la ley dice, de manera clara y precisa, que la bandera de Puerto Rico está prohibida, los atletas de Puerto Rico en las Olimpiadas de ese año, nueve deportistas y tres funcionarios liderados por José “Fofó” Vicente Chandler, utilizaron una bandera blanca con el escudo oficial de Puerto Rico. La bandera nacional no tenía reconocimiento oficial ni internacional.  Y en la isla, esa bandera era evidencia de violación a la Ley 53.

Ese mismo año, el 2 de noviembre, se realizaron elecciones generales en Puerto Rico.  Fue la primera vez en la historia de la isla que se permitía que los ciudadanos habilitados para votar pudieran elegir directamente a su gobernante. Las enmiendas a la Ley Jones permitieron esto y, además, además el gobernador podría nombrar a su gabinete. Quedaban claros controles coloniales, entre estos, que los jueces del tribunal supremo fueran nombrados por el presidente de Estados Unidos.  En Puerto Rico la “guerra fría” era helada. En ese contexto se dio aquella participación deportiva.

Sin embargo, este no fue el primer gesto de soberanía en unos juegos deportivos internacionales. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en El Salvador en 1935 los atletas puertorriqueños en un valeroso gesto de desobediencia civil, desfilaron con una bandera puertorriqueña. La llevaban escondida en la maleta del entrenador Cosme Beitía. Los medallistas puertorriqueños utilizaron el himno del país anfitrión por no tener Puerto Rico himno oficial. En octubre de ese año ocurre la Masacre de Río Piedras. En marzo del 1937 la Masacre de Ponce. El contexto de aquel gesto es ese. Represión mortal contra la manifestación de la nacionalidad.

Otra gesta de soberanía deportiva fue la de 1980. En aquel entonces el presidente James Carter (sí, homónimo de aquel armador que jugó en nuestra selección de baloncesto)  llamó a un boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú en protesta por la invasión a Afganistán por parte de la Unión Soviética en medio de la guerra civil en aquel país. Puerto Rico, para asombro del concurso de naciones libres, rehusó unirse al boicot. El  Comité Olímpico de Puerto Rico ejerció su soberanía deportiva y la isla desfiló en el Estadio Lenin representados por los boxeadores Mercado, Molina y Pizarro. Con ello se unió a naciones como  Andorra, Australia, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Reino Unido, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Puerto Rico, San Marino y Suiza que participaron en los JJOO aunque bajo la bandera olímpica o bajo la bandera de su respectivo comité olímpico.

En resumen, la soberanía deportiva actual tiene, entonces, que vincularse con una lucha en otros contextos. Aún hoy, cuando parecería que esa soberanía deportiva está garantizada, debemos recordar que en nuestro propio país esa soberanía puede ser violentada. Esto es así porque no son las autoridades puertorriqueñas las que pueden garantizar la presencia de delegaciones extranjera. Como explicaba Fufi Santori hace mucho tiempo, aquí aplican las leyes de inmigración de los Estados Unidos y eso supone que a atletas cubanos, venezolanos, o que hallan puesto una rodilla en el suelo al escuchar el himno norteamericano se les puede prohibir la entrada a la isla. 

Hace unas semanas se celebraron los Juegos Panamericanos en Lima.   Puerto Rico participó como lo ha hecho desde que se realizaron los primeros en 1955. La isla fue sede hace 40 años, ocasión que fue reseñada en este semanario hace par de semanas. La actuación de nuestos atletas fue muy exitosa.  Lima 2019 concluyó con el total más alto de medallas en los últimos 28 años. En los Juegos de La Habana, Cuba, Puerto Rico ganó 27 (3 oro, 13 plata y 11 bronce). Los Juegos con mayor cantidad de medallas ha sido Indianápolis 1987 con 29 (tres de oro, seis de plata y 20 de bronce). Recibieron medalla de oro Oscar Collazo (sí, homónimo del héroe nacionalista), Adriana Díaz, Daniely Ríos, Melanie Díaz, y Brahiam Maldonado. También el equipo de béisbol, disciplina en la que Puerto Rico es una potencia mundial. La plata en 3X3, en basquetbol, y la plata y bronce de Vázquez y Sánchez en 800 metros se unieron a la plata del consistente  Franklin Gómez  (plata en lucha) y las de Medina, Ruiz, Rivera, Colón y Rivera en poomsae (formas de defensa y ataque en taekwondo) entre otros y otras.

En Rojo presenta una galería en homenaje a todos nuestros atletas agradeciendo la gesta de representar al país en el mundo. ¡Sufre, Gigi!

Currículo Combativo Lección de estudio de: La noche que volvimos a ser gente*

Por José Luis González

¿Qué si me acuerdo? Se acuerda el Barrio entero si quieres que te diga la verdad, porque eso no se le va a olvidar ni a Trompoloco, que ya no es capaz de decir ni dónde enterraron a su mamá hace quince días. Lo que pasa es que yo te lo puedo contar mejor que nadie por esa casualidad que tú todavía no sabes. Pero antes vamos a pedir unas cervezas bien frías porque con esta calor del diablo quién quita que hasta me falle la memoria.

Ahora sí, salud y pesetas. Y fuerza donde tú sabes. Bueno, pues de eso ya van cuatro años y si quieres te digo hasta los meses y los días porque para acordarme no tengo más que mirarle la cara al barrigón, ése que tú viste ahí en la casa cuando fuiste a procurarme esta mañana. Sí, el mayorcito, que se llama igual que yo pero que si hubiera nacido mujercita hubiéramos tenido que ponerle Estrella o Luz María o algo así. O hasta Milagros, mira, porque aquello fue… Pero si sigo así voy a contarte el cuento al revés, o sea desde el final y no por el principio, así que mejor sigo por donde iba.

Bueno, pues la fecha no te la digo porque ya tú la sabes y lo que te interesa es otra cosa. Entonces resulta que ese día le había dicho yo al foreman, que era un judío buena persona y ya sabía su poquito de español, que me diera un overtime porque me iban a hacer falta los chavos para el parto de mi mujer, que ya estaba en el último mes y no paraba de sacar cuentas. Que si lo del canastillo, que si lo de la comadrona… Ah, porque ella estaba empeñada en dar a luz en la casa y no en la clínica donde los doctores y las norsas no hablan español y además sale más caro.

Entonces a las cuatro acabé mi primer turno y bajé al come-y-vete ése del italiano que está ahí enfrente de la factoría. Cuestión de echarme algo a la barriga hasta que llegara a casa y la mujer me recalentara la comida, ¿ves? Bueno, pues me metí un par de hot dogs con una cerveza mientras le tiraba un vistazo al periódico hispano que había comprado por la mañana, y en eso, cuando estaba leyendo lo de un latino que había hecho tasajo a su corteja porque se la estaba pegando con un chino, en eso, mira, yo no sé si tú crees en esas cosas, pero como que me entró un presentimiento. O sea que sentí que esa noche iba a pasar algo grande, algo que no podía decir lo que iba a ser. Yo digo que uno tiene que creer porque tú me dirás qué tenía que ver lo del latino y el chino y la corteja con eso que yo empecé a sentir. A sentir, tú sabes, porque no fue   que lo pensara, que eso es distinto. Bueno, pues acabé de mirar el periódico y volví rápido a la factoría para empezar el overtime.

Entonces el otro foreman, porque el primero ya se había ido, me dice: ¿Qué, te piensas hacer millonario para poner un casino en Puerto Rico? Así, relajando, tú sabes, y vengo yo y le digo, también vacilando: No, si el casino ya lo tengo. Ahora lo que quiero poner es una fábrica. Y me dice: ¿Una fábrica de qué? Y le digo: Una fábrica de humo. Y entonces me pregunta: ¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer con el humo? Y yo bien serio, con una cara de palo que había que ver: ¿Adiós?… ¿y qué voy a hacer? Enlatarlo para vendérselo a los americanos, que compran cualquier cosa con tal de que venga en lata. Un vacilón, tú sabes, porque ese foreman era todavía más buena persona que el otro. Pero porque le conviene, desde luego: así nos pone de buen humor y nos saca el jugo en el trabajo. Él se cree que yo no lo sé, pero cualquier día se lo digo para que vea que uno no es tan ignorante como parece. Porque esta gente aquí a veces se imagina que uno viene de la última sínsora y confunde el papel de lija con el papel de inodoro, sobre todo cuando uno es trigueñito y con la morusa tirando a caracolillo.

Pero, bueno, eso es noticia vieja y lo que tengo que contarte es otra cosa. Ahora, que la condenada calor sigue y la cerveza ya se nos acabó. La misma marca, ¿no? Okay. Pues como te iba diciendo, después que el foreman me quiso vacilar y yo le dejé con las ganas, pegamos a trabajar en serio. Porque eso sí, aquí la guachafita y el trabajo no son compadres. Time es money, ya tú sabes. Pegaron a llegarme radios por el assembly line y yo a meterles los tubos: chan, chan. Sí, yo lo que hacía entonces era poner los tubos. Dos a cada radio, uno en cada mano. Chan, chan. Al principio, cuando no estaba impuesto, a veces se me pasaba un radio y entonces, ¡muchacho!, tenía que correrle detrás y al mismo tiempo echarle el ojo al que venía seguido, y creía que me iba a volver loco. Cuando salía del trabajo sentía como que llevaba un baile de San Vito en todo el cuerpo. A mí me está que por eso en este país hay tanto borracho y tanto vicioso. Sí, chico, porque cuando tú quedas así lo que te pide el cuerpo es un juanetazo de lo que sea, que por lo general es ron o algo así, y ahí se va acostumbrando uno. Yo digo que por eso las mujeres se defienden mejor en el trabajo de factoría, porque ellas se entretienen con el chismorreo y la habladuría y el comentario, ¿ves?, y no se imponen a la bebida.

Bueno, pues ya tenía yo un rato metiendo tubos y pensando boberías cuando en eso viene el foreman y me dice: Oye, ahí te buscan. Yo le digo: ¿A quién, a mí? Pues claro, me dice, aquí no hay dos con el mismo nombre. Entonces pusieron a otro en mi lugar para no parar el trabajo y ahí voy yo a ver quién era el que me buscaba. Y era Trompoloco, que no me dice ni qué hubo sino que me espeta: Oye, que te vayas para tu casa que tu mujer se está pariendo. Sí, hombre, así de sopetón. Y es que el pobre Trompoloco se cayó del coy allá en Puerto Rico cuando era chiquito y según decía su mamá, que en paz descanse, cayó de cabeza y parece que del golpe se le ablandaron los sesos. Tuvo un tiempo, cuando yo lo conocí aquí en el Barrio, que de repente se ponía a dar vueltas como loco y no se paraba hasta que se mareaba y se caía al suelo. De ahí le vino el apodo. Eso sí, nadie abusa de él porque su mamá era muy buena persona, médium espiritista ella, tú sabes, y ayudaba a mucha gente y no cobraba. Uno le dejaba lo que podía, ¿ves?, y si no podía no le dejaba nada. Entonces hay mucha gente que se ocupa de que Trompoloco no pase necesidades. Porque él siempre fue huérfano de padre y no tuvo hermanos, así que como quien dice está solo en el mundo.

Bueno, pues llega Trompoloco y me dice eso y yo digo: Ay, mi madre, ¿y ahora qué hago? El foreman, que estaba pendiente de lo que pasaba porque esa gente nunca le pierde ojo a uno en el trabajo, viene y me pregunta: ¿Cuál es el trouble? Y yo le digo: Que viene a buscarme porque mi mujer se está pariendo. Y entonces el foreman me dice: Bueno, ¿y que tú estás esperando? Porque déjame decirte que ese foreman también era judío y para los judíos la familia siempre es primero. En eso no son como los demás americanos, que entre hijos y padres y entre hermanos se insultan y hasta se dan por cualquier cosa. Y no sé si será por la clase de vida que la gente lleva en este país. Siempre corriendo detrás del dólar, como los perros esos del canódromo que ponen a correr detrás de un conejo de trapo. ¿Tú los has visto? Acaban echando el bofe y nunca alcanzan al conejo. Eso sí, les dan comida y los cuidan para que vuelvan a correr al otro día, que es lo mismo que hacen con la gente, si miras bien la cosa. Así que en este país todo venimos a ser como perros de carrera.

Bueno, pues cuando el foreman me dijo de qué yo estaba esperando, le digo: Nada, ponerme el coat y agarrar el subway antes que mi hijo vaya a llegar y no me encuentre en casa. Contento que estaba yo ya, ¿sabes?, porque iba ser mi primer hijo y tú sabes cómo es eso. Y me dice el foreman: No se te vaya a olvidar ponchar la tarjeta para que cobres la media hora que llevas trabajando, que de ahora palante es cuando te van a hacer falta los chavos. Y le digo: Cómo no, y agarro el coat y poncho la tarjeta y le digo a Trompoloco, que estaba parado allí mirando las máquinas como eslembao: ¡Avanza, Trompo, que vamos a llegar tarde! Y bajamos las escaleras corriendo para no esperar el ascensor y llegamos a la acera, que estaba bien crowded porque a esa hora todavía había gente saliendo del trabajo. Y digo yo: ¡Maldita sea, y que tocarme la hora del rush! Y Trompoloco que no quería correr: Espérate, hombre, espérate, que yo quiero comprar un dulce. Bueno, es que Trompoloco es así, ¿ves?, como un nene. Él sirve para hacer un mandado, si es algo sencillo, o para lavar unas escaleras en un building o cualquier cosa que no haya que pensar. Pero si es cuestión de usar la calculadora, entonces búscate a otro. Así que vengo y le digo: No. Trompo, qué dulce ni qué carajo. Eso lo compras allá en el Barrio cuando lleguemos. Y él: No, no, en el Barrio no hay de los que yo quiero. Esos nada más se consiguen en Brooklyn. Y le digo: Ay, tú estás loco, y en seguida me arrepiento porque eso es lo único que no se le puede decir a Trompoloco. Y se para ahí en la acera, más serio que un chavo de queso, y me dice: No, no, loco no. Y le digo: No, hombre, si yo no dije loco, yo dije bobo. Lo que pasa es que tú oíste mal. ¡Avanza, que el dulce te lo llevo yo mañana! Y me dice: ¿Seguro que tú no me dijiste loco? Y yo: ¡Seguro, hombre! Y él: ¿Y mañana me llevas dos dulces? Mira, loco y todo lo que tú quieras, pero bien que sabe aprovecharse. Y a mí casi me entra la risa y le digo: Claro chico, te llevo hasta tres si quieres. Y entonces vuelve a poner buena cara y me dice: Está bien, vámonos, pero tres dulces, acuérdate, ¿ah? Y yo, caminando para la entrada del subway con Trompoloco detrás: Sí, hombre, tres. Después me dices de cuáles son.

Y bajamos casi corriendo las escaleras y entramos en la estación con aquel mar de gente que tú sabes cómo es eso. Yo pendiente de que Trompoloco no se fuera a quedar atrás porque con el apeñuscamiento y los arrempujones a lo mejor le entraba miedo y quién iba a responder por él. Cuando viene el tren expreso lo agarro por un brazo y le digo: Prepárate y echa palante tú también, que si no nos quedamos afuera. Y él me dice: No te ocupes, y cuando se abre la puerta y salen los que iban a bajar, nos metemos de frente y quedamos prensados entre aquel montón de gente que no podíamos ni mover los brazos. Bueno, mejor, porque así no había que agarrarse de los tubos. Trompoloco iba un poco azorado porque yo creo que era la primera vez que viajaba en subway a esa hora, pero como me tenía a mí al lado no había problemas, y así seguimos hasta Columbus Circle y allí cambiamos de línea porque teníamos que bajarnos en la 110 y quinta para llegar a casa, ¿ves?, y ahí volvimos a quedar como sardinas en lata.

Entonces yo iba contando los minutos, pensando si ya mijo habría nacido y cómo estaría mi mujer. Y de repente se me ocurre: Bueno, y yo tan seguro de que va a ser macho y a lo mejor me sale una chancleta. Tú sabes que uno siempre quiere que el primero sea hombre. Y la verdad es que eso es un egoísmo de nosotros, porque a la mamá le conviene más que la mayor sea mujer para que después le ayude con el trabajo de la casa y la crianza de los hermanitos. Bueno, pues en eso iba yo pensando y sintiéndome ya muy padre de familia, te das cuenta, cuando… ¡fuácata, ahí fue! Que se va la luz y el tren empieza a perder impulso hasta que se queda parado en la mismita mitad del túnel entre dos estaciones. Bueno, la verdad es que de un momento no se asustó nadie. Tú sabes que eso de que las luces se apaguen en el subway no es nada del otro mundo: en seguida vuelven a prenderse y la gente ni pestañea. Y eso de que el tren se pare un ratito antes de llegar a una estación tampoco es raro. Así que de momento no se asustó nadie. Prendieron las luces de emergencia y todo el mundo lo más tranquilo. Pero empezó a pasar el tiempo y el tren no se movía. Y yo pensando: Coño, qué mala suerte, ahora que tenía que llegar pronto. Pero todavía creyendo que sería cuestión de un ratito, ¿ves? Y así pasaron como tres minutos más y entonces una señora empezó a toser. Una señora americana ella, medio viejita, que estaba cerca de mí. Yo la miré y vi que estaba tosiendo como sin ganas, y pensé: Eso no es catarro, eso es miedo. Y pasó otro minuto y el tren seguía parado y entonces la señora le dijo a un muchacho que tenía al lado, un muchacho alto y rubio él, tofete, con cara como de irlandés, le dijo la señora: Oiga, joven, ¿a usted esto no le está raro? Y él dijo: No, no se preocupe, eso no es nada. Pero la señora como que no quedó conforme y siguió con su tosecita y entonces otros pasajeros empezaron a tratar de mirar por las ventanillas, pero como no podían moverse bien y con la oscuridad que había allá afuera, pues no veían nada. Te lo digo porque yo también traté de mirar y lo único que saqué fue un dolor de cuello que me duró un buen rato.

Bueno, pues siguió pasando el tiempo y a mí empezó a darme calambre en una pierna y ahí fue donde me entró el nerviosismo. No, no por el calambre, sino porque pensé que ya no iba a llegar a tiempo a casa. Y decía yo para entre mí: No, aquí tiene que haber pasado algo, ya es demasiado de mucho tiempo que tenemos aquí parados. Y como no tenía nada que hacer, puse a funcionar el coco y entonces fue que se me ocurrió lo del suicidio. Bueno, era lo más lógico, ¿por qué no? Tú sabes que aquí hay muchísima gente que ya no se quieren para nada y entonces van y se trepan al Empire State y pegan el salto desde allá arriba y creo que cuando llegan a la calle ya están muertos por el tiempo que tardan en caer. Bueno, yo no sé, eso es lo que me han dicho. Y hay otros que le tiran por delante al subway y quedan que hay que recogerlos con pala. Ah, no, eso sí, a los que brincan desde el Empire State me imagino que habrá que recogerlos con secante. No, pero en serio, porque con esas cosas no se debe relajar, a mí se me ocurrió que lo que había pasado era que alguien se le había tirado debajo al tren que iba delante de nosotros, y hasta pensé: Bueno, pues que en paz descanse pero ya me chavó a mí, porque sí que voy a llegar tarde. Ya mi mujer debe estar pensando que Trompoloco se perdió en el camino o que yo ando borracho por ahí y no me importa lo que está pasando en casa. Porque no es que yo sea muy bebelón, pero de vez en cuando, tú me entiendes… Bueno, y ya que estamos hablando de eso, y quieres cambiamos de marca, pero que estén bien frías a ver si se nos acaba de quitar la calor.

¡Aja! Entonces… ¿por dónde iba yo? Ah sí, estaba pensando en eso del suicidio y qué sé yo, cuando de repente -¡ran!- vienen y se abren las puertas del tren. Sí, hombre sí, allí mismo en el túnel. Y como eso, a la verdad, era una cosa que yo nunca había visto, entonces pensé: Ahora sí que a la puerca se le entorchó el rabo. Y enseguida veo que allá abajo frente a la puerta estaban unos como inspectores o algo así porque tenían uniforme y traían unas linternas de ésas como faroles. Y nos dice uno de ellos: Take it easy que no hay peligro. Bajen despacio y sin empujar. Y ahí mismo la gente empezó a bajar y a preguntarle al míster aquél: ¡Qué es lo que pasa, qué es lo que pasa? Y él: Cuando estén todos acá abajo les voy a decir. Yo agarré a Trompoloco por el brazo y le dije: ¿Ya tú oíste? No hay peligro, pero no te vayas a apartar de mí. Y él me decía que sí con la cabeza, porque yo creo que del susto se le había ido hasta la voz. No decía nada, pero parecía que los ojos se le iban a salir de la cara: los tenía como platillos y casi le brillaban en la oscuridad, como a los gatos.

Bueno, pues fuimos saliendo del tren hasta que no quedó nadie adentro. Entonces, cuando estuvimos todos alineados allá abajo, los inspectores empezaron a recorrer la fila que nosotros habíamos formado y nos fueron explicando, así por grupos, ¿ves?, que lo que pasaba era que había habido un blackout o sea que se había ido la luz en toda la ciudad y no se sabía cuándo iba a volver. Entonces la señora de la tosecita, que había quedado cerca de mí, le preguntó al inspector: Oiga, ¿y cuándo vamos a salir de aquí? Y él le dijo: Tenemos que esperar un poco porque hay otros trenes delante de nosotros y no podemos salir todos a la misma vez. Y ahí pegamos a esperar. Y yo pensando: Maldita sea mi suerte, mira que tener que pasar esto el día de hoy, cuando en eso siento que Trompoloco me jala la manga del coat y me dice bajito, como en secreto: Oye, oye, panita, me estoy meando. ¡Imagínate tú! Lo único que faltaba. Y le digo: Ay, Trompo, bendito, aguántate, ¿tú no ves que aquí eso es imposible? Y me dice: Pero es que hace rato que tengo ganas y ya no aguanto más. Entonces me pongo a pensar rápido porque aquello era una emergencia, ¿no?, y lo único que se me ocurre es ir a preguntarle al inspector qué se podía hacer. Le digo a Trompoloco: Bueno, espérame un momentito, pero no te vayas a mover de aquí. Y me salgo de la línea y voy y le digo al inspector: Listen, mister, my friend wanna take a leak, o sea que mi amigo quería cambiarte el agua al canario. Y me dice, el inspector: Goddamit to helI, can’t he hold it in a while? Y le digo que eso mismo le había dicho yo, que se aguantara, pero que ya no podía. Entonces me dice: Bueno, que lo haga donde pueda, pero que no se aleje mucho. Así que vuelvo donde Trompoloco y le digo: vente conmigo por ahí atrás, a ver si encontramos un lugarcito, y pegamos a caminar, pero aquella hilera de gente nos se acaba nunca. Y habíamos caminado un trecho cuando vuelve a jalarme la manga y dice: Ahora si ya no aguanto, brother. Entonces le digo: Pues mira, ponte detrás de mí pegadito a la pared, pero ten cuenta que no me vayas a mojar los zapatos. Y hazlo despacito, para que no se oiga. Y ni había acabado de hablar cuando oigo aquello que, bueno, ¿tú sabes cómo hacen eso los caballos? Pues con decirte que parecía que eran dos caballos en vez de uno. Si yo no sé cómo no se le había reventado la vejiga. No, una cosa terrible. Yo pensé: Ave María, éste me va a salpicar hasta el coat. Y mira que era de esos cortitos, que no llegan ni a la rodilla, porque a mi siempre me ha gustado estar a la moda, ¿verdad? Y entonces, claro, la gente que estaba por allí tuvo que darse cuenta y yo oí que empezaron a murmurar. Y pensé: Menos mal que está oscuro y no nos pueden ver la cara, porque si se dan cuenta que somos puertorriqueños… Ya tú sabes cómo es el asunto aquí. Yo pensando todo eso y Trampoloco que no acababa. ¡Cristiano, las cosas que le pasan a uno en este país! Después las cuentas y la gente no te las cree. Bueno, pues al fin Trompoloco acabó, o por lo menos eso creí yo porque ya no se oía aquel estrépito que estaba haciendo, pero pasaba el tiempo y no se movía. Y le digo: Oye, ¿ya tú acabaste? Y me dice: Sí. Y yo: Pues ya vámonos. Y entonces me sale con que: Espérate, que me estoy sacudiendo. Mira, ahí fue donde yo me encocoré. Le digo: Pero, muchacho, ¿eso es una manguera o qué? ¡Camina por ahí si no quieres que esta gente nos sacuda hasta los huesos después de esta inundación que tú has hecho aquí! Entonces como que comprendió la situación y me dijo: está bien, está bien, vámonos.

Pues volvimos adonde estábamos antes y ahí nos quedamos esperando como media hora más. Yo oía a la gente alrededor de mí hablando inglés, quejándose y diciendo que qué abuso, que parecía mentira, que si el alcalde, que si qué sé yo. Y de repente oigo por allá que alguien dice en español: bueno, para estirar la pata lo mismo da aquí adentro que allá afuera, y mejor que sea aquí porque así el entierro tiene que pagarlo el gobierno. Sí, algún boricua que quería hacerse el gracioso. Yo miré así a ver si lo veía, para decirle que el entierro de él lo iba a pagar la sociedad protectora de animales, pero en aquella oscuridad no pude ver quién era. Y lo malo es que el chistecito aquél me hizo su efecto, no te creas. Porque parado allí sin hacer nada y con la preocupación que traía yo y todo ese problema, ¿tú sabes lo que me ocurrió a mí entonces? Imagínate, yo pensé que el inspector nos había dicho un embuste y que lo que pasaba era que ya había empezado la tercera guerra mundial. No, no te rías, yo te apuesto que yo no era el único que estaba pensando eso. Sí, hombre, con todo lo que se pasan diciendo los periódicos aquí, de que si los rusos y los chinos y hasta los marcianos en los platillos voladores.., pues claro, ¿y por qué tú te crees que en este país hay tanto loco? Si ahí en Bellevue ya ni caben y creo que van a tener que construir otro manicomio.

Bueno, pues en esa barbaridad estaba yo pensando cuando vienen los inspectores y nos dicen que ya nos tocaba el turno de salir a nosotros, pero caminando en fila y con calma. Entonces pegamos a caminar y al fin llegamos a la estación, que era la de tan lejos de casa, pero tampoco tan cerca porque eran unas cuantas calles las que nos faltaban. Imagínate que eso nos hubiera pasado en la 28 o algo así. La cagazón, ¿no? Pero, bueno, la cosa es que llegamos a la estación y le digo a Trompoloco: Avanza y vamos a salir de aquí. Y subimos las escaleras con todo aquel montón de gente que parecía un hormiguero cuando tú le echas agua caliente, y al salir a la calle, ¡ay, Bendito! No, no, tiniebla no, porque estaban las luces de los carros y eso, ¿verdad? Pero oscuridad si porque ni en la calle ni en los edificios había una sola luz prendida. Y en eso pasó un tipo con un radio de esos portátiles, y como iba caminando en la misma dirección que yo, me le emparejé y me puse a oír lo que estaba diciendo el radio. Y era lo mismo que nos había dicho el inspector allá abajo en el túnel, así que ahí se me quitó la preocupación esa de la guerra. Pero entonces me volvió la otra, la del parto de mi mujer y eso, ¿ves?, y le digo a Trompoloco: Bueno, paisa, ahora la cosa es en el carro de don Fernando, un ratito a pie y otro andando, así que a ver quién llega primero. Y me dice él: Te voy, te voy riéndose, ¿sabes?, como que ya se había pasado el susto.

Y pegamos a caminar bien ligero porque además estaba haciendo frío y cuando íbamos por la 103 o algo así, pienso yo: Bueno, y si no hay luz en casa, ¿cómo harán hecho para el parto? A lo mejor tuvieron que llamar la ambulancia para llevarse a mi mujer a alguna clínica y ahora yo no voy a saber ni dónde está. Porque, oye, lo que es el día que uno se levanta de malas.

Entonces con esa idea en la cabeza entré yo en la recta final que parecía un campeón: yo creo que no tardamos ni cinco minutos de la 103 a casa Y ahí mismo entro y agarro por aquellas escaleras oscuras que no veía ni los escalones y… ah, pero ahora va empezar lo bueno, lo que tú quieres que yo te cuente porque tú no estabas en Nueva York ese día, ¿verdad? Okay. Pues entonces vamos a pedir otras cervecitas porque tengo el gaznate más seco que aquellos arenales de Salinas donde yo me crié.

Pues como te iba diciendo. Esa noche rompí el récord mundial de tres pisos de escaleras en la oscuridad. Ya ni sabía si Trompoloco me venía siguiendo. Cuando llegué frente a la puerta del apartamento traía la llave en la mano y la metí en la cerradura al primer golpe, como si la estuviera viendo. Y entonces, cuando abrí la puerta, lo primero que vi fue que había cuatro velas prendidas en la sala y unas cuantas vecinas allí sentadas, lo más tranquilas y dándole a la sin hueso que aquello parecía la olimpiada del bembeteo. Ave María, y es que ése es el deporte favorito de las mujeres. Yo creo que el día que les prohíban eso se forma una revolución más grande que la del Fidel Castro. Pero eso sí, cuando me vieron entrar así de sopetón, les pegué un susto que se quedaron mudas de repente. Cuantimás que yo ni siquiera dije buenas noches sino que ahí mismo empecé a preguntar: Oigan ¿y qué ha pasado con mi mujer? ¿Dónde está? ¿Se la llevaron? Y entonces una de las señoras viene y me dice: No, hombre, no, ella está ahí adentro lo más bien. Aquí estábamos comentando que para ser el primer parto… Y en ese mismo momento oigo aquellos berridos que empezó a pegar mi hijo allá en el cuarto. Bueno, yo todavía no sabía si era hijo o hija, pero lo que si te digo es que gritaba más que Daniel Santos en sus buenos tiempos. Y entonces le digo a la señora: Con permiso, doña, y me tiro para el cuarto y abro la puerta y lo primero que veo es aquel montón de velas prendidas que eso parecía un altar de iglesia. Y la comadrona allí trajinando con las palanganas y los trompos y esas cosas, y mi mujer en la cama quietecita, pero con los ojos bien abiertos. Y cuando me ve dice, así con la voz bien finita: Ay, mi hijo, qué bueno que llegaste. Yo ya estaba preocupada por ti. Fíjate, bendito, y que preocupada por mí, ella que era la que acababa de salir de ese brete del parto. Sí, hombre, las mujeres a veces tienen esas cosas. Yo creo que por eso es que les aguantamos sus boberías y las queremos tanto, ¿verdad? Entonces yo le iba a explicar el problema del subway y eso, cuando me dice la comadrona: Oiga, ese muchacho es la misma cara de usted. Venga a verlo, mire. Y era que estaba ahí en la cama al lado de mi mujer, pero como eran tan chiquito casi ni se veía. Entonces me acerco y le miro la carita, que era lo único que se le podía ver porque ya lo tenían más envuelto que pastel de hoja. Y cuando yo estoy ahí mirándolo me dice mi mujer: ¿Verdad que salió a ti? Y le digo: Sí, se parece bastante. Pero yo pensando: No, hombre, ése no se parece a mí ni a nadie, si lo que parece es un ratón recién nacido. Pero es que así somos todos cuando llegamos al mundo, ¿no? Y me dice mi mujer: Pues salió machito, como tú lo querías. Y yo, por decir algo: Bueno, a ver si la próxima vez formamos la parejita. Yo tratando de que no se me notara ese orgullo y esa felicidad que yo estaba sintiendo, ¿ves? Y entonces dice la comadrona: Bueno, ¿y qué nombre le van a poner? Y dice mi mujer: Pues el mismo del papá, para que no se le vaya a olvidar que es suyo. Bromeando, tú sabes, pero con su pullita. Y yo le digo: Bueno, nena, si ése es tu gusto… Y en eso ya mi hijo se había callado y yo empiezo a oír como una música que venía de la parte de arriba del building, pero una música que no era de radio ni de disco, ¿ves? Sino como de un conjunto que estuviera allí mismo, porque a la misma vez que la música se oía una risería y una conversación de mucha gente. Y le digo a mi mujer: Adiós, ¿y por ahí hay bachata? Y me dice: Bueno, yo no sé, pero parece que sí porque hace rato que estamos oyendo eso. A lo mejor es un party de cumpleaños. Y digo yo: ¿Pero así, sin luz? Y entonces dice la comadrona: Bueno, a lo mejor hicieron igual que nosotros, que salimos a comprar velas. Y en eso oigo yo que Trompoloco me llama desde la sala: Oye, oye, ven acá. Sí, hombre, Trompoloco que había llegado después que yo y se había puesto a averiguar. Entonces salgo y le digo: ¿Qué pasa? Y me dice: Muchacho, que allá arriba en el rufo está chévere la cosa. Sí, en el rufo, o sea en la azotea. Y digo yo: Bueno, pues vamos a ver qué es lo que pasa. Yo todavía sin imaginarme nada, ¿ves?

Entonces agarramos las escaleras y subimos y cuando salgo para afuera veo que allí estaba casi todo el building: doña Lula la viuda del primer piso, Cheo el de Aguadilla que había cerrado el cafetín cuando se fue la luz y se había metido en su casa, las muchachas del segundo que ni trabajan, ni están en el welfare según las malas lenguas, don Leo el ministro pentecostal que tiene cuatro hijos aquí y siete en Puerto Rico, Pipo y los muchachos de doña Lula y uno de los de don Leo, que ésos eran los que habían formado el conjunto con una guitarra, un güiro, unas maracas y hasta unos timbales que no sé de dónde los sacaron porque nunca los había visto por allí. Sí, un cuarteto. Oye, ¡y sonaba! Cuando yo llegué estaban tocando “Preciosa” y el que cantaba era Pipo, que tú sabes que es independentista y cuando llegaba a aquella parte que dice: Preciosa, preciosa te llaman los hijos de la libertad, subía la voz que yo creo que lo oía hasta en Morovis. Y yo allí parado mirando a toda aquella gente y oyendo la canción, cuando viene y se me acerca una de las muchachas del segundo piso, una medio gordita ella que creo que se llama Mirta, y me dice: Oiga, qué bueno que subió. Vengase para acá para que se dé un palito. Ah, porque tenían sus botellas y unos vasitos de cartón allí encima de una silla, y yo no sé si eran de Bacardí o Don Q, porque desde donde yo estaba no se veía tanto, pero le digo enseguida a la muchacha: Bueno, si usted me lo ofrece yo acepto con mucho gusto. Y vamos y me sirve el ron y entonces le pregunto: Bueno, ¿y por qué es la fiesta, si se puede saber? Y en eso viene doña Lula, la viuda, y me dice: Adiós, ¿pero usted no se ha fijado? Y yo miro así como buscando por los lados, pero doña Lula me dice: No, hombre, cristiano, por ahí no. Mire para arriba. Y cuando yo levanto la cabeza y miro, me dice: ¿Qué está viendo? Y yo: Pues la luna. Y ella ¿Y que más? Y yo: Pues las estrellas. ¡Ave María, muchacho, y ahí fue donde yo caí en cuenta! Yo creo que doña Lula me lo vio en la cara porque ya no me dijo nada más. Me puso las dos manos en los hombros y se quedó mirado ella también, quietecita, como si yo estuviera dormido y ella no quisiera despertarme. Porque yo no sé si tú me lo vas a creer, pero aquello era como un sueño. Había salido una luna de este tamaño, mira, y amarilla amarilla como si estuviera hecha de oro, y el cielo estaba todito lleno de estrellas como si todos los cocuyos del mundo se hubieran subido hasta allá arriba y después se hubieran quedado a descansar en aquella inmensidad. Igual que en Puerto Rico cualquier noche del año, pero era que después de tanto tiempo sin poder ver el cielo, por ese resplandor de las millones de luces eléctricas que se prenden aquí todas las noches, ya se nos había olvidado que las estrellas existían. Y entonces, cuando llevábamos yo no sé cuanto tiempo contemplando aquel milagro, oigo a doña Lula que me dice: Bueno, y parece que no somos los únicos que estamos celebrando. Y era verdad. Yo no podía decirte en cuántas azoteas del Barrio se hizo fiesta aquella noche, pero seguro que fue en unas cuantas, porque cuando el conjunto de nosotros dejaba de tocar, oíamos clarita la música que llegaba de otros sitios. Entonces yo pensé muchas cosas. Pensé en mi hijo que acababa de nacer y en lo que iba a ser su vida aquí, pensé en Puerto Rico y en los viejos y en todo lo que dejamos allá nada más que por necesidad, pensé tantas cosas que algunas ya se me han olvidado, porque tú sabes que la mente es como una pizarra y el tiempo como un borrador que le pasa por encima cada vez que se nos llena. Pero de lo que sí me voy a acordar siempre es de lo que le dije yo entonces a doña Lula, que es lo que te voy a decir ahora para acabar de contarte lo que tú querías saber. Y es que, según mi pobre manera de entender las cosas, aquélla fue la noche que volvimos a ser gente.

 

Preparada por: Astrid Raquel Cruz Negrón

#CurrículoCombativo

Fb: Currículo Combativo

astridraquel@gmail.com

*Puede leer el cuento en: www.claridadpuertorico.com

Preguntas sobre el texto:

1. ¿Quién es el narrador de la obra?

2. ¿Qué tono y lenguaje utiliza al hablar? ¿Qué se puede estereotipar de su forma de hablar?

3. ¿Qué esta haciendo el narrador mientras narra la historia?

4. El texto contiene frases que hacer ver que la humanidad no fuera “gente” porque está como mecanizada o robotizada actuando por la rutina que le impone la ciudad, la fabrica y el capitalismo. Por ejemplo, la escena descrita de la labor en la línea de producción de la fábrica en que el narrador cuenta: “A veces se me pasaba un radio y entonces ¡muchacho!, tenía que correrle detrás… sentía como que llevaba un baile de San Vito”. ¿De que manera crees que ese tipo de trabajo y vida diaria afecta a la gente?

5. La obra contiene frases donde se presenta a las personas de la ciudad como deshumanizadas, como si no fueran “gente”, al compararlas con animales en su estilo de vida. Algunos ejemplos son: “Así que en este país todos venimos a ser perros de carrera”, “Como sardinas en lata”, “Todo aquel montón de gente que parecía un hormiguero cuando tú le echas agua caliente”. Luego de leer esas expresiones, ¿qué crees que el autor desea señalar acerca de la vida en la ciudad? ¿Que causa ese tipo de vida en sociedad?

6. A la luz de las expresiones analizadas en las dos preguntas previas, analiza y explica con profundidad el título de la obra.

7. Menciona 5 problemas sociales expuestos en la obra.

8. ¿Qué crees quiere decir el narrador ficticio cuando expresa que pensó en: “todo lo que dejamos allá (en PR) por necesidad…”? ¿Qué situaciones históricas, económicas y políticas de nuestro país pueden reflejarse en esa frase?

9. ¿Qué sentiste al final de la obra? ¿Qué emociones provoca el cierre de la narración? ¿Por qué?

10. ¿El texto te recordó alguna anécdota personal o conocida? ¿Cuál?

11. Reflexiona acerca de la relación de los hechos narrados en la obra con la vida actual.

12. Este cuento fue escrito por José Luis González a partir de un suceso histórico que hizo noticia. Muchas veces la historia es inspiración para la literatura y sirve para que reflexionemos sobre nuestra realidad. Investiga cuando ocurrió el apagón en la ciudad de Nueva York. Realiza una búsqueda en internet o cualquier fuente de noticias o historia sobre el famoso apagón de Nueva York. Relata tus hallazgos.

BUSCAPIÉ

Periódico El Nuevo Día

https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/novolvamosasergente-columna-2374345/

Por Ana Teresa Toro

miércoles, 15 de noviembre de 2017

No volvamos a ser gente

La referencia hace mucho es un lugar común. Pero huracán tras huracán, volvemos a repetirnos lo mismo. Insistimos en que en medio del apagón, lejos del confort de la vida moderna, es como único es posible que “volvamos a ser gente”. Entonces debemos estar agradecidos porque podemos ver las estrellas, porque hemos vuelto a jugar juegos de mesa y a dialogar con los vecinos y porque la falta de contacto virtual con el mundo exterior nos obliga a la reflexión y al contacto humano.

En principio la referencia al cuento de José Luis González, “La noche que volvimos a ser gente”, que tiene como escenario el gran apagón que ocurrió en la ciudad de Nueva York el 13 de julio de 1977, podría sonar optimista, amable y hasta inspiradora. Esa idea, “ser gente”, se nos presenta como una alternativa ante las incomodidades del presente. “Vamos a mirar el lado positivo”, decimos como queriéndonos convencer.

Pero después de más de 50 días sin electricidad y agua potable tras el paso del huracán María, y más de 60 para algunos desde el huracán Irma, es tiempo de que cuanto menos, echemos a un lado la conformidad y el esfuerzo que hacemos en procurar racionalizar un estado de situación que no tiene nada de razonable.

La colonia no está en Washington D.C., ni en el rostro de nuestra clase política, está en el interior de nuestras mentes y nuestros espíritus golpeados y menguados por más de cien años de habitar la infancia de nuestro ser político.

Hablo con colegas de Argentina, México, Brasil, Francia, España y Colombia y todos coinciden en que si algo así pasara en sus países la gente llevaría semanas en la calle, sin dar tregua al gobierno. Y aquí decimos “Ay, bendito, hacen lo que pueden” y nos consolamos con la idea de que “hemos vuelto a ser gente”. Sería más conveniente que no quisiéramos volver únicamente a ser gente y reclamáramos con mayor presión el mínimo de dignidad que puede tener un país en el siglo XXI: agua y luz. Gente ya somos, seamos ciudadanos.

Análisis de “No volvamos a ser gente”, columna de la periodista y escritora Ana Teresa Toro

1. ¿En que se inspira la frase que da título a esta columna?

2. En el cuento de José Luis González se expresa la idea de volver a ser gente como una expresión de desconectarse de la cotidianidad de las fábricas, trenes, rutinas de una ciudad altamente capitalista donde la gente puede parecer maquinas o robots. Sin embargo, en el contexto de Puerto Rico después de un huracán, la ciudadanía usa esa frase de “volver a ser gente” de otro modo. ¿Qué sentido le dan a la frase según Ana Teresa Toro?

3. ¿Qué opina la autora de ese cambio de sentido a la icónica frase de “volver a ser gente”?

4. Que crees que quiere decir la periodista con la oración de su cuarto párrafo que dice “La colonia no esta en Washington D.C., ni en el rostro de nuestra clase política, esta en el interior de nuestras mentes y nuestros espíritus golpeados y menguados por más de cien años de habitar la infancia de nuestro ser político.”?

5. Según la autora, ¿Qué pasaría en otros países si estuvieran viviendo lo que se vivía en Puerto Rico en el momento en que publica su columna, posterior al Huracán María?

6. ¿Crees que varios años después de haberse publicado esa columna algo ha cambiado? Explica.

Mi primera crítica de teatro

Obra :  Autor:

Director: Actores:

Lo más que me gustó fue…

Lo que sentí…

Texto, contenido, libreto, diálogos

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Representación, actuaciones y creatividad

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Producción, ambientación

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Comentarios personales sobre la obra:

Análisis comparativo de dos obras para profundizar en su contenido

Luego de haber disfrutado de “La noche que volvimos a ser gente”, observa y disfruta el siguiente video, el cual contiene un fragmento de alrededor de menos de 5 minutos de la película clásica de Charles Chaplin llamada “Modern Times”

( https://www.youtube.com/watch?v=sgBpKIB85ho )

1. ¿Dónde ocurre la acción en el video?

2. ¿Qué le ocurre al protagonista? Explica.

3. En el video podemos ver que los obreros parecen terminar siendo partes de las máquinas y no seres humanos. ¿En que se relaciona esto con lo expresado en la obra “La noche que volvimos a ser gente”?

4. Cuando el narrador de la obra “La noche que volvimos a ser gente” nos cuenta de sus experiencias en la fábrica expresa “A veces se me pasaba un radio y entonces ¡muchacho!, tenía que correrle detrás… sentía como que llevaba un baile de San Vito”. ¿Qué momento del video refleja algo similar? Narra la escena.

5. En el video de Modern Tomes, entre el señor de chaqueta que habla en una pantalla, el hombre que manipula las palancas y controles y el personaje que hace Chaplin, ¿Qué diferencias crees que existen en su vida y su posición social?

6. Las diferencias en calidad de vida y posición social entre esos tres personajes, ¿crees que son equivalentes al esfuerzo que hace cada uno? Explica.

7. ¿Qué relación guarda lo que presenta este fragmento de “Modern Times” con el relato que nos hace el narrador de “La noche que volvimos a ser gente”?