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Auxilio en la UPR

Por Vanessa Vilches Norat/Especial para En Rojo

 

“Hope is a gift you don’t have to surrender, a power you don’t have to throw away.” Rebecca Solnit

Auxilio Lacouture, la de Bolaños, está encerrada en un baño de Luis Palés Matos. Me enteré por Jean, un estudiante poeta que fue a visitar a la madre de la poesía mexicana. Con la ilusión de aparecer en alguna de sus profecías, Jean, se asomó al baño de mujeres del primer piso del edificio, pero la conserje lo desalentó con la amenaza de llamar a la guardia universitaria si se atrevía a pasar del umbral. Entonces, nervioso, fue a buscarme a la oficina para darme la noticia. 

– Está allí, profesora, la mismísima Auxilio Lacouture. Dicen que hace unas horas la encontró Miriam, cuando entró al lavabo a las seis de la mañana.

–Deja el cuento, Jean. Mira que lo tuyo es la poesía.

–Es cierto, profe. 

Alterado, me contó que Miriam, otra de mis estudiantes, también poeta, la reconoció por su acento uruguayo y su pinta de bohemia trasnochada. Altísima, delgadísima, está encerrada en el baño del edificio de la Facultad de Humanidades esperando a que la Junta le dé a la Universidad lo que le corresponde. ¡Eso decía que decía! Indignadísima –son inevitables los superlativos cuando se habla de semejante personaje, dijo que vociferaba: ¡es inaudito que este país no salga apertrechado a exigir lo que le roban! “Yo no puedo olvidar nada. Dicen que ese es mi problema”, explicaba la autoproclamada madre de la poesía mexicana.1 

Cuenta Jean que Miriam le avisó por un text. Se la describió así: una viejita uruguaya, vestida con blusita blanca y una falda plisada celeste. Le faltan cuatro dientes. Me habla tapándose la mella. No te mando foto porque me da pena retratarla, después de todo es la famosa Auxilio de Roberto Bolaño. ES ELLA, SIN DUDA. 

Jean no supo qué hacer. La Universidad está aún más vacía en el verano. Recorrió los pasillos y al no ver gente, desesperado se acordó de mi horario madrugador y fue a buscarme. 

– Es surreal. Imposible. Miriam bromea. ¿Qué se están fumando?

–Venga a verla, a lo mejor a usted la dejan pasar y puede hablar con ella.

–¿Cómo que me dejarán pasar? ¿No podrá tener a Miriam de rehén? ¿Qué pretende, Jean? Debe ser una ancianita indefensa, imagínate, ya en los noventa. Inverosímil, el cuento es totalmente inverosímil.

Sin hacer caso a mi descreimiento, continuó Jean. Refirió que mientras venía por mí, le contaron, esta vez Roberto, también poeta, que Auxilio amaneció allí, acostada en las sucias baldosas. Que la encontró Miriam, pero que luego se sumaron otras. Que cerraron el baño. Que no han dejado pasar a nadie y que se juraron confidencialidad. Nada de mensajes, muchachas. Aprovechemos la oportunidad, exigían. Así que una, creo que Amanda, según Roberto, recogió los celulares. Hicieron silencio y se sentaron a escuchar a la aparecida. Auxilio les relató: “Yo soy la madre de los poetas de México. Yo soy la única que aguantó en la Universidad en 1968, cuando los granaderos y el Ejército entraron. Yo me quedé sola en la Facultad, encerrada en un baño, sin comer durante más de diez días, durante más de quince días el 18 de septiembre al 30 de septiembre. Soy la leyenda, la mujer que permaneció en la Universidad cuando fue violada la autonomía en aquel hermoso y aciago año. Hubo un momento en que perdí la cuenta de los días que llevaba encerrada allí, en el lavabo de las dependencias de la Facultad de Filosofía y Leras de UNAM. Tomé agua. Escribí en papel higiénico. Pensé: porque escribí, resistí. Veía los pájaros desde la ventana. Pensé que estaba perdida. Esto no hay quien lo aguante. Sin embargo, yo sabía que podía aguantarlo. Así que bauticé a mi pierna derecha con el nombre de voluntad y a la izquierda con el nombre de necesidad. Y aguanté. Comí papel higiénico.” Entonces las miró algo aturdida. “Pero aquí no hay ni papel higiénico, muchachas. ¿Cómo lo hacen?”

Dijo Roberto que en ese momento todas se echaron a reír. 

– ¿Soñaste con algún poeta?, le preguntó la Miriam, tan buena lectora.

–Aquí parece que hay muchos. (Como se comprenderá, un personaje de los setenta no puede usar lenguaje inclusivo). Se me llenaron los sueños de versos. Pero no conozco los nombres. Acaso Mara o Nicole, Cindy o Raquel. También un Jean, o un Xavier. Tampoco recuerdo los versos. Pero eran buenos, muchachas, muy buenos.

–¿A qué has venido?

–“Vine a observarlos, inmersos en un silencio sin fin, pues pienso que no es normal que se queden callados durante tanto tiempo”.

– No ha sido así. Lo hemos hecho todo. Hicimos huelga. Intentamos hablar, negociar, marchar, denunciar, gritar y llorar, le explicó una de las estudiantes en el baño, pero han cerrado las escuelas y tememos que cerrarán la Universidad.

– “Parece que nadie los quiere, nadie los toma en serio. Esto es también una historia de terror, una historia de un crimen atroz.”

Ante tanto detalle y precisión, no pude hacer otra cosa que entregarme al cuento de Miriam en voz de Jean. Así que, apresurada, me dirigí al edificio Luis Palés Matos, para también escuchar a la madre de la poesía mexicana. Al llegar a la Placita Antonia Martínez, descubrí una multitud de jóvenes que se dirigía a alguna parte. Había niños, incluso infantes. Venían de todas partes del país. Estaban desparramados por la placita y el vestíbulo del teatro. Las caras de algunos dibujaban desolación. Otros más furiosos, gritaban. Parecían esperar alguna señal mientras cantaban. Un canto raro, quizás graznido, o mejor, llanto. Eran muchos, tantos, que no pude acercarme al pasillo del primer piso de Palés Matos. No alcancé a Auxilio, pero recordé sus palabras: “Y supe que la sombra que se deslizaba por el gran prado era una multitud de jóvenes, una inacabable legión de jóvenes que se dirigía a alguna parte. Los vi. Estaba demasiado lejos para distinguir sus rostros. Pero los vi. No sé si eran jóvenes de carne y hueso o fantasmas. Pero los vi. Caminaban y no volaban…Los unía solo su generosidad y su valentía…Y los oí cantar”

Yo también los vi, era cierto, los unía solo su generosidad y su valentía. Ahora comprendo, ese canto es nuestro amuleto.

1La mayor parte de los parlamentos de Auxilio Lacouture provienen de Amuleto (1999).

Dile No a la masculinidad

Por Edwin Barry Fernández/Especial para En Rojo

La organización social que dio origen y reproduce la desigualdad entre los hombres y las mujeres se conoce como patriarcado. Desde su inicio en la Antigüedad, a través de las diferentes épocas históricas, el patriarcado ha demostrado tener la capacidad de camuflajearse para lograr lo que persigue. Actualmente estamos viviendo en la época de la Modernidad tardía. La masculinidad es la manifestación de hombría exigida, fomentada, respaldada y recompensada por el patriarcado en la Modernidad. La masculinidad es el conjunto de características que la sociedad patriarcal establece que definen la forma en que deben ser los hombres. Te pido que le prestes mayor atención a esa afirmación: La masculinidad es la manifestación de hombría exigida, respaldada y recompensada por el patriarcado en la Modernidad. Por esta razón a los hombres se les hace difícil aceptar la invitación a decirlo No a la masculinidad. Aunque reconozco esta dificultad, he decidido invitarte a decirle No a la masculinidad. Dile No a la Masculinidad. ¿Qué piensas acerca de esta invitación? ¿Qué sientes al recibir esta invitación? En este momento, ¿cuál es tu contestación a esta invitación?

Te propongo decir No a la masculinidad. Dile No a la masculinidad patriarcal; dile No a la masculinidad tradicional, dile No a la masculinidad hegemónica. Te sugiero decirle No a la masculinidad subordinada y a la masculinidad cómplice. Te exhorto a decirle No a la masculinidad alternativa y a la masculinidad igualitaria. Te invito a decir NO a cualquier tipo de masculinidad. ¿Cuál es tu respuesta a esta invitación?

Cuando comencé a estudiar el primer grado de la escuela elemental ya sabía que era un varoncito y que tenía que vivir como tal. Entre otras cosas, ya sabía que tenía que vestirme con pantalones, que mi pipí era para las nenas, que debía tener muchas novias y que debía casarme cuando fuera grande para formar una familia. Todo eso lo sabía y lo aceptaba.

Una mirada retrospectiva me ha permitido reconocer que en la Escuela Patriarcal de la vida se ofrecen clases obligatorias de masculinidad y de machismo (entendido como actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres). Aunque me esforzaba para sacar A y B en esas clases, solo sacaba D y F. Durante mi niñez estuve acompañado por la frustración de saber que yo no daba el grado. El sentimiento de frustración y de inadecuación estuvo conmigo hasta los cuarentainueve años aproximadamente. La mirada retrospectiva también me ha permitido darme cuenta de que quienes aprobaron las clases de masculinidad y de machismo con A y B, aprendieron a relacionarse con las mujeres y con los otros hombres de una manera indudablemente masculina. Me ha permitido pensar que al igual que yo he vivido las consecuencias de haber sacado D y F en las clases de masculinidad y de machismo, ellos también han vivido las consecuencias de haber sacado A y B en esas clases y de haber vivido como un hombre netamente masculino.

Desde mi punto de vista, haber vivido la dolorosa experiencia de sacar D y F en las clases de masculinidad y de machismo, en unión a otras experiencias de vida que he tenido, hizo posible que me iniciara en el proceso que me ha llevado a invitarte a decirlo No a la masculinidad. ¿Qué se necesita para decirle No a la masculinidad?

• En primer lugar, se necesita pensar, reflexionar detenidamente y cuestionar lo que significa ser hombre en nuestra sociedad. Te pregunto: ¿Qué sería lo opuesto a ser hombre? ¿Qué significa para ti vivir como hombre en Puerto Rico? ¿Cuáles han sido los beneficios y las ventajas de vivir como hombre en nuestra sociedad? ¿Cuáles han sido las desventajas de vivir como hombre?

• En segundo lugar, para decirle No a la masculinidad se necesita reconsiderar, pregunto: ¿Existe una alternativa igualmente legítima a la normativa social de ser un hombre masculino? ¿De qué manera eres un hombre masculino? ¿Cómo te sientes con tu masculinidad? ¿En qué medida los actos de violencia que has llevado a cabo en tu relación de pareja reflejan una afirmación de tu masculinidad? ¿Qué quieres hacer con tu masculinidad?

• En tercer lugar, para decirle No a la masculinidad es necesario reconocer el potencial y la capacidad que tenemos los hombres de pensar, hablar y actuar con malevolencia (entendida como mala intención, como mala voluntad). La malevolencia tiene que ver con la actitud y el sentimiento hostil, con el resentimiento, el enfado, el enojo y el odio. Tiene que ver con la discordia, la rivalidad, con el agravio, la ofensa, la contienda, la arbitrariedad, la maldad, la crueldad, la injusticia y la enemistad. La malevolencia tiene que ver con las nociones socialmente construidas por el patriarcado acerca de la masculinidad, tiene que ver con la tendencia, el deseo y la necesidad de dominar. Desde mi punto de vita la noción de dominar está vinculada con el temor. Para decirle No a la masculinidad es menester reconocer nuestros temores, inseguridades, flaquezas, miedos, fragilidad, deficiencias, vulnerabilidad e impotencia ya que estas fuerzas nos inducen a controlar, exigir, imponer, dominar, someter y agredir. Para decirle No a la masculinidad resulta necesario alejarse de la malevolencia.

• En cuarto lugar, para decirle No a la masculinidad es necesario acercarnos a la benevolencia (entendida como buena intención, como buena voluntad). La benevolencia tiene que ver con la actitud y el sentimiento de bondad y afabilidad; tiene que ver con la generosidad, con el desprendimiento, la honradez, la mansedumbre, el altruismo, la benignidad, la amistad y la solidaridad. La benevolencia tiene que ver con la sensibilidad humana y con la compasión de las desgracias de nuestros semejantes.

Finalmente, te propongo decirle No a la masculinidad. Dile No a la masculinidad patriarcal, dile No a la masculinidad tradicional, dile No a la masculinidad hegemónica. Te exhorto a decirle No a la masculinidad subordinada. Te invito a decirle No a la masculinidad alternativa y a la masculinidad igualitaria. Dile No a cualquier tipo de masculinidad. ¿Cuál es tu respuesta a esta invitación?

Crucigrama: Gilberto Concepción de Gracia

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales
1. Gilberto Concepción de _____; abogado, escritor, periodista, profesor de literatura latinoamericana y político puertorriqueño. Fundador del Partido Independentista Puertorriqueño.
5. En nombre de la _____; libro de discursos y escritos de Concepción de Gracia.
7. 9 de _____ de 1909; nacimiento de Concepción de Gracia.
8. Impar.
9. Instrumento de labranza de los taínos.
11. Nombre de la letra g.
12. Quia, interjección.
14. Océano.
16. Contracción gramatical.
17. Sexta nota musical.
19. Partido _____ Puertorriqueño; fue presidido por Concepción de Gracia hasta 1968.
20. Dativo de pronombre.
21. Decimosexta letra del alfabeto griego que corresponde a la p del latino.
22. Algún.
23. Símbolo del argón.
24. Vuestra merced.
25. _____ Juan; ciudad donde falleció Concepción de Gracia.
26. Asistir.
27. Carta de la baraja.
28. _____ Emeterio Betances; Padre de la Patria puertorriqueña.
29. Del verbo rendir.
30. Apócope de nada.
31. Existe.
33. _____ Panamericana; Concepción de Gracia trabajó en Washington, D.C. para esta organización precursora de la Organización de Estados Americanos.
38. Tisana.
39. Cólera.
40. Tratamiento de respeto que se antepone a los nombres de pila, masc.
42. Río de Galicia.
44. 15 de _____ de 1968; fallecimiento de Concepción de Gracia.
45. Municipio italiano de la Provincia de L’Aquila, en Abruzos.
47. Los días con mi _____; (2010) libro de Gilberto Concepción Suárez sobre su progenitor don Gilberto Concepción de Gracia.
49. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.
50. Señora, abrev.
51. Igualdad en la superficie o la altura de las cosas.
52. Nueva _____; ciudad donde vivió Concepción de Gracia. Allí ayudó y defendió a los emigrantes boricuas, escribió para “La Voz” y colaboró con el congresista Vito Marcantonio por los derechos de las minorías.
53. The Land Authority of Puerto ____; tesis doctoral de Concepción de Gracia para la Universidad de George Washington, en Washington, D.C.; obtuvo allí grados de maestría en Derecho y de doctor en Derecho con especialidades en Derecho de Patentes y Derecho Administrativo.

Verticales
2. Gilberto _____ de Gracia; en su juventud militó en el Partido Nacionalista de Puerto Rico que dirigía Pedro Albizu Campos.
3. Estruja.
4. Elevad.
5. La _____; Concepción de Gracia se destacó como periodista y editorialista de ese periódico en Nueva York.
6. Inclinases, recostases.
8. Niño.
10. Vega _____; ciudad natal de Concepción de Gracia.
11. _____ Concepción de Gracia; sus escritos y discursos fueron recogidos en el libro “En nombre de la verdad”.
13. Dicho de un perro: agarra por las piernas alguna res.
14. Símbolo del manganeso.
15. Segunda nota musical.
16. Recortaré e igualaré el pelo con tijeras.
18. Perteneciente o relativo a Aarón, hermano de Moisés.
32. Amaury _____; compositor puertorriqueño. Compuso una pieza musical para orquesta y piano en honor a Concepción de Gracia.
33. Antigua ciudad del sur de Mesopotamia.
34. Naves.
35. Detesta.
36. Negación.
37. _____ Albizu Campos; Concepción de Gracia fue su abogado y del grupo de nacionalistas arrestados por el gobierno de EEUU.
38. Apócope de tanto.
39. Sacerdotisa de Hera que fue amada por Zeus.
41. Símbolo del neptunio.
43. Reza.
44. Lo contrario al bien.
46. Segundo Congreso _____ Independencia; fue dirigido por Concepción de Gracia.
48. Adjetivo demostrativo.

El Sínodo para la Amazonia y la espiritualidad lascasiana

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En los círculos católicos, uno de los temas más en evidencia es el próximo Sínodo de los Obispos que el Papa Francisco convocó para Roma en octubre. Desde 2017, la Red Eclesial Panazónica (REPAM) reúne misioneros/as de los nueve países que componen la región: Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Peru, Bolivia, Suriname, Guyana e Guyana Francesa. Esa red realizó consultas y diálogos con muchas comunidades y grupos locales. Como resultado, el documento de trabajo propuesto para el Sínodo propone que misioneros y pastores se pongan en permanente escucha y actitud de acogida amorosa de las tradiciones culturales y espirituales de los pueblos amazónicos. Eso es nuevo porque, desde los tiempos de la colonización, la Iglesia Católica y otras denominaciones han confundido la misión con la legitimación de la conquista y de los imperios. Las principales víctimas de ese sistema fueron los pueblos originarios. Ahora, el Papa Francisco y buena parte de la Iglesia proponen una evangelización basada en el diálogo respetuoso y en el reconocimiento de la presencia divina en todas las religiones y culturas. De hecho, eso es nuevo como toma de posición de un papa y de misioneros/as que trabajan en la región. Sin embargo, desde los tiempos coloniales, algunos pocos misioneros, incomprendidos por la jerarquía, insistieron: la misión cristiana no puede estar vinculada a colonización dominadora. Debe existir inserción amorosa en la vida de las comunidades indígenas. 

En América Latina, el 17 de julio recuerda la muerte de la figura más conocida que defendió estas posiciones. Fue Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas, en el sur de México. El defendió la dignidad de los indios contra el sistema de colonización y esclavitud. Venido de España a América en 1530, como propietario de tierras y de indios, cuando vio el sufrimiento de las comunidades originarias, se convirtió en misionero para luchar contra la esclavitud. Defendió la dignidad de los indios frente al rey de España y enseñó: en los cuerpos de los indios esclavizados, es el mismo Jesucristo quien es explotado por aquellos que se llaman cristianos. 

Hasta hoy, en los proyectos misioneros de las Iglesias, sigue el riesgo de cierto colonialismo cultural. En diálogo con los indios, en Puerto Maldonado, en la Amazonia peruana, en enero de 2018, el papa Francisco pidió a los jefes indígenas que ayudaran la Iglesia a superar esa trampa y a formar una Iglesia con rostro amazónico e indio. Esperamos que, en el Sínodo para la Amazonia, los obispos allí reunidos, sigan ese camino.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Carta abierta a Victoria Espinosa (2009)

Querida Vicky:

Sé que no fui el único que quedó tristemente sorprendido por tu declaración de que te sentías “fracasada”. Esa mañana, en que nos reunimos en el Teatro Francisco Arriví para anunciarle al país el comienzo del Quincuagésimo Festival de Teatro Puertorriqueño, el ánimo era de celebración, pues tras medio siglo de actividad teatral ininterrumpida, la edición de este festival celebra ese indiscutible logro con la presentación de obras emblemáticas de esos cincuenta años, específicamente aquéllas de autores fundacionales como Manuel Méndez Ballester, René Marqués, Francisco Arriví, y Luis Rafael Sánchez.
Ciertamente puedo entender, inclusive compartir, tu desilusión por no haberse logrado todavía un teatro profesional en Puerto Rico, esto a pesar de los inmensos esfuerzos y el no menos excepcional talento de tantos artistas como tú y tus compañeros de luchas cincuentenarias. Imposible es para mí olvidar el desencanto de Francisco Arriví en la apertura del Centro de Bellas Artes de Santurce, lugar en el cual había cifrado la esperanza de un teatro profesional con la creación de una compañía nacional, que hiciera de nuestro teatro la profesión digna y necesaria que es en tantas otras naciones del mundo y que en la nuestra resulta ser, para todos los efectos, inexistente. Sí, razones podríamos presentar para hablar de “fracaso”.
Y sin embargo… Esa mañana Johanna Rosaly recordó su asistencia al Primer Festival y el empujón que ello significó para aspirar a una carrera actoral que hoy honra nuestro teatro. Un comentario similar le escuché años atrás a Rosa Luisa Márquez, irreemplazable actriz y directora. Por mi parte, recuerdo la impresión tan fuerte que recibí en mi temprana adolescencia en ed Querida Vicky:

Sé que no fui el único que quedó tristemente sorprendido por tu declaración de que te sentías “fracasada”. Esa mañana, en que nos reunimos en el Teatro Francisco Arriví para anunciarle al país el comienzo del Quincuagésimo Festival de Teatro Puertorriqueño, el ánimo era de celebración, pues tras medio siglo de actividad teatral ininterrumpida, la edición de este festival celebra ese indiscutible logro con la presentación de obras emblemáticas de esos cincuenta años, específicamente aquéllas de autores fundacionales como Manuel Méndez Ballester, René Marqués, Francisco Arriví, y Luis Rafael Sánchez.
Ciertamente puedo entender, inclusive compartir, tu desilusión por no haberse logrado todavía un teatro profesional en Puerto Rico, esto a pesar de los inmensos esfuerzos y el no menos excepcional talento de tantos artistas como tú y tus compañeros de luchas cincuentenarias. Imposible es para mí olvidar el desencanto de Francisco Arriví en la apertura del Centro de Bellas Artes de Santurce, lugar en el cual había cifrado la esperanza de un teatro profesional con la creación de una compañía nacional, que hiciera de nuestro teatro la profesión digna y necesaria que es en tantas otras naciones del mundo y que en la nuestra resulta ser, para todos los efectos, inexistente. Sí, razones podríamos presentar para hablar de “fracaso”.
Y sin embargo… Esa mañana Johanna Rosaly recordó su asistencia al Primer Festival y el empujón que ello significó para aspirar a una carrera actoral que hoy honra nuestro teatro. Un comentario similar le escuché años atrás a Rosa Luisa Márquez, irreemplazable actriz y directora. Por mi parte, recuerdo la impresión tan fuerte que recibí en mi temprana adolescencia en el estreno de Sacrificio en el Monte Moriah de René Marqués, en que se podía palpar la terrible tensión de la sala ante la exigencia de un texto que no se recibía como “arte”, sino como un llamado a la acción política. Como muchos otros, atribuyo a esas tempranas experiencias en los festivales mi amor y mi respeto por el arte teatral, ese arte al que hoy, como tantos otros colegas, intento servir.
Vicky, qué duro escucharte hablar de ese supuesto “fracaso” y recordar tu trabajo. La primera vez que oí tu nombre fue en mis años de estudiante, cuando presentaste El negro en América en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. Casi cuarenta años después, todavía me estremezco con el recuerdo de aquella imagen de un inmenso puño levantado que se proyectaba a vuelta redonda en esa gran sala, imagen que se convirtió para mí en la metáfora más certera del poder, la necesidad y el placer del arte teatral, una imagen que es la razón que sostiene nuestro trabajo en un país donde este trabajo se ningunea.
No creo que haya sido la clase artística la que ha “fracasado”. Por el contrario, la clase artística mantiene esta nación con vida. Pero esta clase artística no puede profesionalizarse, como pretendían tú y Arriví, si esta profesionalización no es apoyada por un proyecto nacional. Ahí está nuestra verdadera carencia, pues si otras naciones han logrado el establecimiento de una compañía teatral nacional, es porque lucharon por su soberanía nacional, soberanía sin la cual todo esfuerzo resulta incompleto. Si acaso hablamos de “fracaso”, primero reconozcamos que es el de una colectividad que se ha conformado con ser, en palabras de Ana Lydia Vega, una “colonia satisfecha”.
No obstante, Vicky querida, pienso que es inútil hablar de “fracaso”. El “fracaso” sólo puede aquilatarse después del hecho, concluída una acción. Ese no es, ni remotamente, nuestro caso. Nada más hay que ver la feliz efervescencia de nuestros jóvenes teatristas quienes, pese al invariable fardo de limitaciones con el que trabajan, tercamente insisten en mostrarle al mundo esa grandeza que los poderes intentan negarnos, dándole continuidad y sostén a los logros de sus maestros. Aquí tenemos trabajo de sobra que realizar, seguimos inventando, produciendo, mostrándole al mundo entero que no claudicamos, ni siquiera cuando nos asaltan las dudas y sentimos que “hemos fracasado”. Y si las cosas no salen como las planificamos, eso no nos impide celebrar nuestros muchos otros logros y seguir aspirando, construyendo.
Cuando mencionaste que en el Primer Festival dos de las directoras, la inolvidable Piri Fernández y tú, dirigieron sus producciones durante sus respectivos embarazos, no pude menos que sentir esa maravilla que siempre me produQuerida Vicky:

Sé que no fui el único que quedó tristemente sorprendido por tu declaración de que te sentías “fracasada”. Esa mañana, en que nos reunimos en el Teatro Francisco Arriví para anunciarle al país el comienzo del Quincuagésimo Festival de Teatro Puertorriqueño, el ánimo era de celebración, pues tras medio siglo de actividad teatral ininterrumpida, la edición de este festival celebra ese indiscutible logro con la presentación de obras emblemáticas de esos cincuenta años, específicamente aquéllas de autores fundacionales como Manuel Méndez Ballester, René Marqués, Francisco Arriví, y Luis Rafael Sánchez.
Ciertamente puedo entender, inclusive compartir, tu desilusión por no haberse logrado todavía un teatro profesional en Puerto Rico, esto a pesar de los inmensos esfuerzos y el no menos excepcional talento de tantos artistas como tú y tus compañeros de luchas cincuentenarias. Imposible es para mí olvidar el desencanto de Francisco Arriví en la apertura del Centro de Bellas Artes de Santurce, lugar en el cual había cifrado la esperanza de un teatro profesional con la creación de una compañía nacional, que hiciera de nuestro teatro la profesión digna y necesaria que es en tantas otras naciones del mundo y que en la nuestra resulta ser, para todos los efectos, inexistente. Sí, razones podríamos presentar para hablar de “fracaso”.
Y sin embargo… Esa mañana Johanna Rosaly recordó su asistencia al Primer Festival y el empujón que ello significó para aspirar a una carrera actoral que hoy honra nuestro teatro. Un comentario similar le escuché años atrás a Rosa Luisa Márquez, irreemplazable actriz y directora. Por mi parte, recuerdo la impresión tan fuerte que recibí en mi temprana adolescencia en el estreno de Sacrificio en el Monte Moriah de René Marqués, en que se podía palpar la terrible tensión de la sala ante la exigencia de un texto que no se recibía como “arte”, sino como un llamado a la acción política. Como muchos otros, atribuyo a esas tempranas experiencias en los festivales mi amor y mi respeto por el arte teatral, ese arte al que hoy, como tantos otros colegas, intento servir.
Vicky, qué duro escucharte hablar de ese supuesto “fracaso” y recordar tu trabajo. La primera vez que oí tu nombre fue en mis años de estudiante, cuando presentaste El negro en América en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. Casi cuarenta años después, todavía me estremezco con el recuerdo de aquella imagen de un inmenso puño levantado que se proyectaba a vuelta redonda en esa gran sala, imagen que se convirtió para mí en la metáfora más certera del poder, la necesidad y el placer del arte teatral, una imagen que es la razón que sostiene nuestro trabajo en un país donde este trabajo se ningunea.
No creo que haya sido la clase artística la que ha “fracasado”. Por el contrario, la clase artística mantiene esta nación con vida. Pero esta clase artística no puede profesionalizarse, como pretendían tú y Arriví, si esta profesionalización no es apoyada por un proyecto nacional. Ahí está nuestra verdadera carencia, pues si otras naciones han logrado el establecimiento de una compañía teatral nacional, es porque lucharon por su soberanía nacional, soberanía sin la cual todo esfuerzo resulta incompleto. Si acaso hablamos de “fracaso”, primero reconozcamos que es el de una colectividad que se ha conformado con ser, en palabras de Ana Lydia Vega, una “colonia satisfecha”.
No obstante, Vicky querida, pienso que es inútil hablar de “fracaso”. El “fracaso” sólo puede aquilatarse después del hecho, concluída una acción. Ese no es, ni remotamente, nuestro caso. Nada más hay que ver la feliz efervescencia de nuestros jóvenes teatristas quienes, pese al invariable fardo de limitaciones con el que trabajan, tercamente insisten en mostrarle al mundo esa grandeza que los poderes intentan negarnos, dándole continuidad y sostén a los logros de sus maestros. Aquí tenemos trabajo de sobra que realizar, seguimos inventando, produciendo, mostrándole al mundo entero que no claudicamos, ni siquiera cuando nos asaltan las dudas y sentimos que “hemos fracasado”. Y si las cosas no salen como las planificamos, eso no nos impide celebrar nuestros muchos otros logros y seguir aspirando, construyendo.
Cuando mencionaste que en el Primer Festival dos de las directoras, la inolvidable Piri Fernández y tú, dirigieron sus producciones durante sus respectivos embarazos, no pude menos que sentir esa maravilla que siempre me produce el milagro que es el arte puertorriqueño, “esa cosa” que no se supone que exista, y sin embargo…. Hoy agradezco la justa y luminosa intervención de Idalia Pérez Garay, quien en esa mañana en el Teatro Arriví, consternada por tus palabras negó tu desilusión y te describió como lo que precisamente eres: una diosa. A ti siempre te veneraremos porque por lo que eres y haces, es que somos y hacemos.
Vicky, la lucha—y el gozo—continúan. Tu presencia y tu trabajo nos son imprescindibles. Victoria, nos veremos en el teatro.
Humildemente, tu admirador siempre, Nelson Rivera.

Entregada en fotocopia al público asistente a las funciones de El Maestro en el Teatro Victoria Espinosa, 1–10 de mayo de 2009; publicada en Claridad/En Rojo, 14 mayo 2009.