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El soplo divino del amor y libertad

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Es el soplo que revela presencia de vida. Cuando nacen, los niños deben llorar para que soplen y respiren. Culturas indígenas creen que todos los seres vivos respiran el mismo aire, o sea, hay un soplo colectivo que los hace vivir. Hay estudiosos que han descubierto: la misma Tierra respira. En idiomas antiguos, el término soplo es sinónimo de Espíritu. En la Biblia, el Espíritu es el soplo divino que Dios insufló sobre el primer humano. Más tarde, el Espíritu sopló fuerte sobre el mar para que los hebreos oprimidos, salieran hacia la libertad.  Fue ese mismo soplo divino que Jesús recibió. Por su fuerza, el actuó liberando las personas de sus males. Ese Espíritu, presente en cada persona humana, es el Amor. Pablo escribió a los cristianos de Roma: “El amor divino fue derramado en nosotros por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Rm 5, 5). 

Todos sabemos de lo tanto que, por amor, alguien apasionado es capaz de hacer. En la historia, personas  y grupos, movidos por amor, han logrado conquistas sociales y políticas que hemos heredado. La lucha por igualdad de derechos y reconocimiento de la dignidad de todos los humanos viene de muchos siglos, pero, en términos actuales, empezó con la Revolución Francesa (1789). Desde entonces, poco a poco, las conquistas sociales vienen siendo conquistadas. Logramos el derecho al voto por parte de todos, hombres y mujeres, pobres y ricos. Después, vino la libertad religiosa, la libertad de expresión y el derecho de todos a la educación. Al menos según las leyes, conquistamos igualdad entre hombre y mujer, superamos la discriminación racial y conquistamos el respecto a las diferencias culturales, religiosas y sexuales. 

De hecho, en las últimas décadas, el neoliberalismo y políticas de derecha intentan reducir el Estado, negando sus funciones de regulación social. Imperios rasgan sus máscaras y se muestran crueles e inhumanos. La inmensa concentración de renta revela insensibilidad en relación al sufrimiento y a la muerte de muchos pobres. Es una sociedad sin Espíritu. 

Las Iglesias cristianas deben ser testigos de que todos los seres humanos tienen derecho al amor integral y que todo amor, por el mismo hecho de ser amor, es sacramento del amor divino en el mundo. Las leyes religiosas, mismo las más sagradas, deben servir a la vida y a la felicidad de las personas. En ese domingo, las Iglesias cristianas antiguas celebran la fiesta que hace memoria de la venida del Espíritu de Amor sobre todo el universo y sobre cada uno de nosotros/as. Pablo escribió: “Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad” (2 Cor 3, 17).   

Escribir es preferir la realidad: Presentación de Aterrizar no es regreso, de Xavier Valcárcel

Por Marta Jazmín García

Después de un huracán urge la reconstrucción. Encontrar alimento, agua, energías, techos. Así también recuperar la familia, los amigos, las horas de cotidianidad y encuentro fracturadas, las ganas de seguir. Reconstruir es también diseminar la memoria, compaginarla con otras. Retribuirla con escenas concretas que superen los límites del tiempo y de la percepción. 

 Huracán es una palabra de origen amerindio vinculada a las palabras dios, destrucción, justicia y malignidad. En el Caribe, cuando los niños aprenden a manejar un idioma, rápido descubren sus múltiples significados. Yo, por ejemplo; las primeras historias que escuché en mi casa tenían que ver con huracanes. San Felipe, repitió por muchos años mi abuelo. Como si en el gesto de contar repetidamente pudiera configurarse una escritura, decía: “era muy niño: nos escondimos en una barraca. los hombres de la familia aguantábamos el techo con sogas.” Y ciertamente la oralidad en el tema de los huracanes ocupaba y sigue ocupando un lugar inamovible en el imaginario cultural puertorriqueño. “San Ciriaco, San Ciprián, Santa Clara, conforman toda una mitología de huracanes. Entonces Hugo, mi primera experiencia con seis años en 1989, y que Xavier menciona también como su primera. Y así es que uno coincide en los desastres como un inventario alternativo de ganancias. 

Para el escritor Edgardo Rodríguez Juliá, el género de la crónica es una mezcla muy urgente de lo narrado con lo pensado. En otras palabras, la realidad es lo que veo y también lo que no alcanzo a ver. De ahí la urgencia de compilar y de ensamblar las vivencias. Poder nombrar eso que veo, reconociendo aquello que excede mis límites. Solo en el reconocimiento de los puntos ciegos alcanzamos una mayor perspectiva.

Aterrizar no es regreso, (Ediciones Alayubia, 2019) sugiere desde el título, imposibilidad, tensión e incompletud. El narrador protagonista discurre entre sus experiencias y las muchas posibilidades de contarlas. Por eso, quizás como una representación de los alcances de la escritura, las primeras páginas del libro desvirtúan la pretensión de capturar con justicia los afectos, las despedidas, los recibimientos, todas esas evanescencias porque en ningún plano son cuantificables:

“Dijo que quería tomar visuales mientras hacia mis maletas, mientras recorría las calles y me movía en trenes por última vez, incluso habló de la posibilidad de montarse en el avión conmigo. cosa de atestiguar el vuelo, el aterrizaje y el resto de lo que aconteciera del otro lado. Luis es puertorriqueño. Le dije que sí sin pensarlo, pero entonces lo imaginé siguiendo de cerca mis abrazos en el aeropuerto, subiendo conmigo a Cayey, conociendo a mi familia, entrevistándolos. Aquello de no querer escucharme, no querer verme ni ver lo que estaba haciendo, sumado a algo de orgullo, incidió en el asunto y desistí.”

De entrada sabemos que estamos delante de otra historia. De aquella a la que no es posible darle “like” o “share” porque no tiene seguidores, sino participantes. ¿Cuántos estarán dispuestos a contar su experiencia? ¿Cuántos pueden valorar también las páginas en blanco de su perspectiva; saber que existe un diálogo con otras páginas y que estas pueden completar las nuestras?

Pero no solo es esta reflexión metadiscursiva lo que hace de esta crónica una pieza necesaria y, entre otras, precursora, dentro de lo que podemos identificar como una poética de los huracanes. Recientemente surgió la controversia por el documental After María que, independientemente de los criterios de cada cual, finalmente se trató de una visión entre tantas, publicadas y desconocidas; una aportación más en este enmarañado panorama de narrativas rotas por recuperar. Así, el protagonista de Aterrizar no es regreso reafirma la importancia de la documentación como ejercicio de rescate frente al silenciamiento y la homogeneización, frente al clasismo y esos afilados límites de la memoria. 

Si no se escribe a tiempo la realidad, toca la ficción, y yo prefiero lo primero. Suficiente con el caos y la trama en que se vive. Además, uno vive en narrativa todo el tiempo, ilimitadamente. Hay que asumirlo y escribir. Escribir antes de olvidar. Porque uno vive, paralelamente, olvidando.

Conjuntamente con la temática del huracán y como espacio paralelo de narración, aparece la palabra fracaso. “También es arduo conquistarlo”, dice el poeta Edwin Rendon. Y es que si hay algo que añade un especial valor a la problemática de un contexto devastado es el preámbulo de una devastación personal que define a toda una generación de jóvenes profesionales y diplomados, quienes no encuentran espacios en donde poner en práctica los arbitrarios conceptos de derrota y triunfo. En esta crónica, el personaje es un escritor y un conocedor del arte que busca trabajo en multinacionales y que, en cierta medida, suprime su preparación y potencial, tanto profesionales como artísticos. En un trabajo que consigue en Nueva York, Xavier tropieza con Micaela, una chica madrileña −una desconocida− que le insta a sobrevivir la trampa de la mercadotecnia, sobre todo, porque así corresponde a los poetas. Por mi parte, como lectora, investigadora y practicante de la literatura, me vi en esa escena asimilando dos trabajos a tiempo parcial, por contrato. Inventando una completud salarial tan parecida, por insegura y frágil, al contorno de una taza quebrada que ha sido cosida minuciosamente por sus grietas. Sobre este asunto, el pasado 26 de mayo, la crítica Carmen Dolores Hernández destacó el deterioro que ha sufrido la educación superior en Puerto Rico, a cuentas de justificar la permanencia o bien, el desembolso económico de los estudiantes más allá de los criterios de competitividad, crecimiento académico y talento. Por esto, la distorsión del paisaje es el Huracán y también la recolocación de los valores: un escritor busca trabajo en una tienda donde escasean las palabras; una tienda en Nueva York ofrece una playa de simulación para fotos que deben subir a las redes. Un poeta intenta soportar esos silencios.

El huracán son casas destruidas, familias exiliadas y separadas, meses sin luz eléctrica ni agua. El huracán es también una crisis de los afectos, la separación, aún más violenta, entre lo que es y lo que debería ser. El huracán es una metáfora de la realidad y viceversa. Toda la crónica sucede en esos tonos. El narrador reconoce su vulnerabilidad, misma que se puede considerar otro personaje dentro del texto. A todos los quebranta la separación, pero cada uno tiene sus propios medios de supervivencia. El tratamiento de estos temas refleja un especial cuidado y respeto por la unicidad, valorada como una aportación social y discursiva. Justamente, las perspectivas de la subjetividad fundamentan al género de la crónica y así, este hermoso inventario de pérdidas y reflexiones personales es un gesto arriesgado y sobre todo honesto, que sobresale de manera contestataria frente a una insistente crítica a las perspectivas del yo, que en palabras del escritor Julián Marías reflejan la tendencia egocentrista y limitada de estos tiempos. Lejos de tales interpretaciones, Aterrizar no es regreso es la experiencia de un individuo cuya mirada nos permite apreciar sus vínculos y afectos. Porque es urgente nombrar ese tipo de devastación. Porque el amor se quiebra y se posterga. Ejercer un oficio de remuneración justa y proporcional a la preparación y el talento, es cada vez menos asequible. Lo efímero se vuelve más natural y cotidiano. Se regresa de un viaje de emprendimiento con la misma maleta y escasez del principio. El desastre se alarga. ¿Desde qué otro lugar sino es el propio visor y cuerpo, podemos transcribir esas fracturas? Ciertamente la realidad es generacional. Las formas de interpretarla también. Lo personal es político. ¿Desde qué otra emergencia sobrevivir sino desde el llanto a escondidas, en una ciudad ajena, en un cuarto improvisado; uno de esos pequeños vientres que tienen los edificios, siempre dispuestos a engendrar y a postergar los nacimientos? En uno de los diálogos del libro, el personaje responde a esta confrontación: 

¿A qué se debe este fracaso? ¿A qué se lo atribuyes? -preguntó una trabajadora social al fin. 

-No sé, no salió. Lo intenté, pero no lo logré. 

– Y por qué piensas que el fracaso es tuyo?

-Porque no es de nadie más. 

Acercarse a estas páginas es un repaso de las cifras, de las fechas, de la complicidad, de los desencuentros, de la concatenación de heroísmos y de tragedias que provocó el huracán. También es un inventario de poemas, de poetas y de silencios. Se trata de una mirada honesta y por lo mismo, incompleta, y por lo tanto, sugerente; porque invita a la continuación por parte de los lectores. 

Pocos libros he leído con los que me pueda identificar tanto, literal y metafóricamente. Leí sabiendo que el narrador es Xavier Valcárcel y que las experiencias son de Xavier Valcárcel. Pero casi era como escribir conjuntamente con su relato, con esa invitación constante: “escribir es preferir la realidad”. Si bien la mirada particular siempre es única y reveladora, lo que puede apreciar un poeta es aún más profundo. Por eso en este libro los acontecimientos, la temporalidad tangible, son al mismo tiempo metáforas y personajes: el huracán, la realidad, la tienda de las velas, Candle Power, contrapartida y reflejo de un país a oscuras, los llorones tapiceros. Allí están delante del narrador y también de los lectores prestos a ser sentidos y también, decodificados. 

Quizás la belleza sean los aeropuertos vacíos, como reza un título del poeta Jorge Posada. Quizás aterrizar no sea regreso. Por eso, nos queda recopilar todas las experiencias posibles. Cada una es importante. Cada una es la de todos. “Hay que asumirlo y escribir”. Es hora de devolvernos a nosotros mismos.

Larra, mi amigo

Por Zahira Mabel Cruz/Especial para En Rojo

He estado pensando en que Mariano José de Larra, escritor español del siglo XIX, ha de ser, aunque muerto, uno de mis mejores amigos. Lo he leído, estudiado y he escrito algunos pocos trabajos sobre él en distintos momentos de mi vida universitaria. Nunca ha dejado de parecerme fascinante —por eso lo de la amistad—. Pero debemos recordar que para los gustos los colores. 

Se trata de un escritor moderno de ideología liberal al que con el pasar del tiempo le reconocemos en su obra un cambio de pensamiento que se refleja, quizá, con el deterioro de su ánimo y el tono pesimista que marca mayormente sus últimos años. Nunca se mostró como el liberal más optimista y alegre del mundo, pero en un principio había esperanza en su discurso. Luego vino el desengaño y por consiguiente el desencanto ante la realidad histórica y política de España en tiempos de grandes oleadas revolucionarias en Europa. Muchos otros artistas europeos compartieron con Larra ese desencanto, conocido también como moral pesimista, y establecieron a partir de ella una crítica moderna de la modernidad. Nada era lo que pareció ser. Ni la democracia, ni la justicia, ni la libertad. Se descubren todas palabras vacías. En su lugar, derramamiento de sangre, encarcelamientos, represión, oportunismo y progreso que destruye lo que debía ser salvaguardado. Entonces mi amigo Larra fue cada vez un hombre más triste, un perdedor —como algunos podrían considerarle— (que no supo, no pudo o simplemente no quiso acomodarse a su tiempo) pero al menos un perdedor de esos que saben reír —en eso y en muchas otras cosas se me parece a nuestro Nemesio Canales—, aunque sea por no llorar frente a “La gran verdad descubierta” (título de un artículo suyo de 1834). La verdad, por ejemplo, como dice en este artículo, sobre la gran “diferencia que hay de las verdades físicas a las verdades políticas”. 

Algunas veces, mientras lo leo, me descubro diciéndole: “I feel you, brother”, y en otras, siento deseos de taparme la cara —y me la tapo— porque me hace pasar vergüenza ajena. La vergüenza es porque al ser Larra un escritor de gran ingenio, su tono satírico es agudo, políticamente incorrecto —que me encanta—, quevedesco, dicen muchos de sus críticos y yo coincido, aunque valga recordar que Quevedo era, tal vez, bastante, mucho más prosaico y de otra época. Pero, para cierto tipo de lector, algunas de las cosas dichas por Larra en algunos de sus artículos podrían resultar ofensivas. A mi me dan risa y un chin de vergüenza por lo directo de las indirectas, pero, como ya dije, me tapo la cara y de vez en cuando le hablo: “vamos, Larrita, contrólate que, ¿qué pensará la gente? Y cuando me vuelven los colores al rostro continúo la lectura porque lo entiendo, a veces habla desde la rabia, la impotencia y por supuesto, desde el desencanto. Pero, ojo, hay que leerlo con detenimiento porque maneja una fina ironía.

Larra era un joven crítico que luchaba en sus escritos contra los usos y costumbres del “castellano viejo”, aquel tipo de hombre que —nuestro amigo— muy bien dibuja en su artículo de 1832 titulado así mismo: “El castellano viejo”. Se trata de la caracterización del hombre castizo puro, que no duda de sí ni de sus compatriotas, vanidoso, ciego ante los males de su propio país; en palabras de Larra, es el hombre “que defiende que no hay vinos como los españoles, en lo cual bien puede tener razón, defiende que no hay educación como la española, en lo cual bien pudiera no tenerla;… . Llama a la urbanidad hipocresía, y a la decencia monadas; a toda cosa buena le aplica un mal apodo; … cree que toda la crianza está reducida a decir “Dios guarde a ustedes” al entrar en una sala, y añadir “con permiso de ustedes” cada vez que se mueve”. Pero Larra, sobre todas las cosas, en escritos luchaba contra la censura, contra la represión, contra la ignorancia, la hipocresía, y en favor de la civilidad. Podemos confirmar que en mayor medida su obra era un reclamo de libertad. Quería ser libre, tenía un ideal y lo perseguía desde la escritura pública, desde los periódicos, exigiendo siempre libertad de imprenta y de expresión. Además, la escritura era su sostén, su forma de ganarse la vida, por eso, su obra periodística es, podríamos decir, inmensa si consideramos su corta vida. Dejó cinco tomos de artículos periodísticos que él mismo clasificó entre dramáticos, literarios, políticos y de costumbres. De esos cinco tomos, los últimos dos aparecieron póstumamente, y confirman los estudiosos que el cuarto también fue preparado por Larra. Del quinto no se sabe. 

El desencanto de Larra no podemos decir que únicamente se debió a asuntos políticos, Larra llevaba el desencanto en el carácter y en el gesto —era un dandy—. Y aunque parecía saberse fuera de todo lugar, desarraigado, inconforme se pronunció como tal, como quien era y en contra de todo lo que atentara contra su ideal existencial. Ni en la sociedad, ni en la política, ni en el amor, ni en la gente, ni en los espacios que le rodeaban y en los que se desenvolvía hallaba correspondencia. Esto queda claro en sus artículos. Esa subjetividad negativa, tan característica de muchos de sus textos, nos revela no a un Larra trágico y únicamente melancólico, sino a un Larra desafiante. La escritura era su mayor gesto de rebeldía y también el mayor gesto afirmativo de su ser creador. Construye cosas con todo lo que es y con todo lo que tiene o le constituye. De su inconformidad, de su carácter desarraigado surge su potencial crítico, su ojo, o como en ocasión del artículo “Varios caracteres” (1833) le llama “su lente”, detrás del cual se coloca “para ver pasar el mundo todo delante de [sus] ojos, e imparcial, ajeno de consideración que a él [le] ligue, [lo ve] tal cual se presenta en cada fisionomía, en cada acción que [observa] indolentemente”. 

Para concluir esto, hagámoslo con el dato de cómo fue que Larra concluyó con lo suyo. Pues mi amigo Larra se metió un tiro el día 13 de febrero de 1837, faltando algunos días para su cumpleaños número veintiocho. Algunos dicen que el disparo fue en el pecho y mirándose al espejo, otros que fue en la cabeza. En 2008, un periódico del cual es mejor no acordarse, dijo que el motivo principal del suicidio fue que a Larra “ya no le quedaba ningún clavo donde agarrarse”. 

A decir verdad, podríamos especular sobre este particular de forma muchísimo mas seria, pero ya será en otra ocasión.

Proponen alianzas público privadas en defensa de la colegiación

Presidentes de los Colegios miembros de CICAP

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

En una movida dirigida a defender la permanencia de sus colegios, el Consejo Interdisciplinario de Colegios y Asociaciones Profesionales (CICAP) anunció la propuesta de que los colegios profesionales absorban las funciones de las juntas examinadoras bajo el modelo de alianzas público privadas (apps). La propuesta fue presentada en conferencia de prensa este martes por el presidente de CICAP, Dr, Víctor Ramos, presidente a su vez del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico (CMCPR), junto a decenas de representantes de otros colegios.

El Dr. Ramos expuso que están de acuerdo en la función sinergia de las juntas examinadoras con los colegios profesionales por lo que en las próximas dos semanas le someterán una propuesta a la Administración de las Alianzas Público Privadas (AAPPs), para que los colegios profesionales absorban a las juntas examinadoras. “Las Juntas Examinadoras no tienen ni el personal, ni el equipo, no es culpa de los miembros de las juntas, ni culpa de los empelados, no tienen los empleados para hacer sus funciones y ciertamente el gobierno no ha puesto en su presupuesto ni el presupuesto de la Junta (se refiere a la Junta de Control Fiscal) el dinero para que las juntas puedan hacer el trabajo que ahora mismo hacen los colegios”, denunció el Dr. Ramos.

Según explicó la propuesta es que los colegios absorberían a las juntas, estas continuarían independiente, pero podrían hacer su trabajo con los recursos, con el dinero, de los colegios y dependiendo de cómo se estructure la alianza algún dinero podría ir al gobierno, sin el gobierno hacer nada al respecto. La idea dijo es evitar duplicar esfuerzos, ahorrar recursos al gobierno y achicar el gobierno. Esta propuesta no incluye al Colegio de Abogados ya que esta profesión está regulada por el Tribunal Supremo.

Agregó que ahora mismo hay muchas juntas a las cuales los colegios les proveen espacio y empleados porque el gobierno no les da los recursos para poder hacer su trabajo. En tono crítico el Dr Ramos atribuyó los recortes a la JCF y que si “queremos sacar dinero para las pensiones, queremos sacar dinero para otras cosas, nosotros somos un mecanismo para esas apps”. Reparó que dependiendo del acuerdo al que se llegue los miembros de las JE podrían pasar por un escrutinio interno o que el gobernador los siga nombrando. “Ya le enviamos el comunicado al Lcdo. Omar Marero, director de la AAPPs temprano en el día de hoy para someter la propuesta y sentarnos a discutir”.

El Dr Ramos denunció que el Departamento de Salud, le prohibió a los presidentes de las juntas examinadoras del departamento acudir a la conferencia de prensa. “Muchos de los presidentes de Juntas del Departamento de Salud venían de camino a la conferencia de prensa y el Departamento de Salud le acaba de enviar un email prohibiéndole a las juntas acudir a la reunión por supuestas instrucciones de Fortaleza”.

La Prensa tuvo copia de la comunicación firmada por la licenciada Norma Torres, en la cual le atribuye al director de Comunicaciones del DS, Eric Perlloni, informarle que la Fortaleza no autorizaba la asistencia de los Presidentes o miembros de la Juntas Examinadoras a la conferencia de prensa convocada por CICAP.

El Presidente de CICAP acusó a la licenciada Torres Delgado, de mentirle a la Comisión de Gobierno de la Cámara de Representantes de que la Junta de Salud tiene todos los empleados, todos los recursos y que no tenían nada atrasado. Por el contrario presentó que un informe de la Oficina del Contralor de abril de este año reveló que la JS tiene querellas atrasadas desde el 2007. Añadió que en la asamblea del CICAP se aprobó una resolución para urgir el despido de esta funcionaria.

En tanto la presidenta de la Junta Examinadora de los profesionales de Trabajo Social, doctora Eneida Alvarado, presente en la conferencia de prensa dijo que no había recibido ninguna comunicación del Departamento de Estado de que no estuviera en la conferencia, y que no avalaba la instrucción de la Lcda. Torres.

Otro que dijo que no había recibido la comunicación fue Héctor Ramirez, miembro de la Junta Examinadora de Técnicos de Refrigeración de Aire Acondicionado. Sobre su junta indicó que Ley 36 del 20 mayo 1970, que creó la junta del colegio le asigna al Departamento de Estado la misión de darle apoyo administrativo a la junta de los técnicos licenciados. Ramirez reafirmó que la permanencia de los colegios es indispensable, ya que las juntas no tienen los recursos ni el personal para cumplir las funciones que hacen los colegios. Una de las preocupaciones de su junta es la educación continua que por ley tienen que tomar los técnicos para poder renovar sus licencias, ademas de estar colegiados.

En el caso de nuestro colegio los seminarios de educación continua son gratuitos , si la colegiación fuera voluntaria no habría el medio de motivar, por no decir otra palabra, a que los colegiados cumplan con ese requisito y tendrían que verse obligados a pagar por los cursos por mas dinero de lo que pagan por la colegiación”, defendió.

Respecto a los proyectos presentados por el representante José Aponte, para eliminar todas la colegiación compulsoria el Dr Ramos indicó que ha habido dos intentos de bajar los proyectos a votación, pero al parecer no han tenido los votos para poder hacerlo. “Aparente están buscando otras alternativas y nosotros estamos proponiendo la nuestra una alternativa a los proyectos así que ciertamente mantenemos comunicación tanto con los legisladores de mayoría y minoría que favorecen la posición de los colegios”.

Cuestionado de si creía que la propuesta tendrá terreno fértil, el Dr Ramos reiteró que su propuesta es necesaria y que de todas maneras continuarán defendiendo y estando en contra de los proyectos de des colegiación y que presentarán su propuesta en primera instancia a la APPs, de no acogerla la someterán a la JCF.

Honduras: Cuando el magisterio y los médicos coinciden en el remedio liberador

Por Fabricio Estrada/Especial para CLARIDAD

¿Qué pasa en Honduras ahora? Lo que viene pasando desde el 28 de junio del 2009: otra explosión social dentro de la dictadura que sostiene Washington, una forma de gobierno neocolonial que le ha impuesto al país el militarismo más delirante. Esta vez, y desde hace un mes exacto, los gremios del Magisterio y el Colegio Médico han tomado el liderazgo de la poderosa movilización en respuesta a la aprobación de dos decretos que abren el camino a la privatización de la salud y la educación y con ello, la carta blanca para el despido indiscriminado de maestros y médicos, como ya viene sucediendo en Hondutel (telecomunicaciones) y la ya extinta ENEE (Empresa Nacional de Energía Eléctrica) ahora suplantada por la EEH (Empresa Energía Honduras) de capital privado. ¿Pero qué cosa no se privatiza en una dictadura de corte neoliberal y además títere de Washington? En la práctica TODO. ¿Estamos hablando de Puerto Rico o de Honduras? En verdad, de ambos, las diferencias solo son de forma y del sustrato de empobrecimiento ciudadano que recibe el impacto de la privatización. Ambos países comparten más de lo que se admite, y para ejemplo está el hecho de que Trump no ha nombrado embajador en Honduras desde el 2017 y a cambio, justo en el mes de las elecciones generales y del enorme fraude electoral que forzó la reelección de juan orlando hernández, nombró a una “Encargada de Negocios” de nombre Heide B. Fulton (a la que ayer el pueblo enardecido le incendió la puerta de la Embassy), que de paso tiene grado de Coronel y escribe los comunicados más enigmáticos en pro de la democracia, algo así como la ex Secretaria de Educación Julia Keleher tratando de explicar a los puertorriqueños las bondades de cerrar doscientas escuelas.

El asunto es que desde hace un mes las movilizaciones iniciaron de nuevo en Honduras y están alcanzando los picos de represión que sucedieron en diciembre del 2017 y enero del 2018: la policía y ejército disparan a bala viva, los escuadrones de la muerte masacran por las noches y los grupos paramilitares secuestran a plena luz del día. La respuesta a esto ha sido un paro nacional que ya lleva cuatro días hasta la fecha (2 de junio) y que sin duda se extenderá esta semana que viene en la legítima defensa de los derechos amenazados. Los diversos movimientos sociales de todo el territorio se han sumado, destacando el movimiento insurreccional del área del departamento de Colón, que ayer sábado incendió más de 30 contenedores de la compañía bananera Dole e inutilizó en total a 64, un golpe al neoliberalismo criollo y transnacional como nunca se había visto en el país. Y es que la rabia popular se nutre de memoria a corto y a largo plazo: desde la instauración de Micheletti en lugar de Manuel Zelaya, el presupuesto general de la República se concentró en las Fuerzas Armadas y para este año 2019 se les ha entregado a los militares 8,600 millones de lempiras (350 millones de dólares) casi la misma cantidad que se robó del IHSS (Instituto Hondureño de Seguridad Social) en el 2015 para financiar la campaña electoral del actual dictador, quien en los meses anteriores anunció la compra de sofisticados drones y equipo de comunicaciones a Israel, sin contar la compra de una fragata para la Fuerza Naval a los astilleros de Colombia.

Caer enfermo en Honduras es algo que debe pensarse si se va a depender de la salud pública. Si estuviera en manos del enfermo decidir qué decirle al médico en el momento de la consulta estaría en la misma posición de un condenado a tortura medieval eligiendo el instrumento para su sufrimiento, y no es que el médico sea un verdugo, es que primero tendría que esperar largas horas en los pasillos atestados de enfermos de todo tipo de urgencia y, alcanzado el quirófano, por ejemplo, tendría que comprar hasta la sierra con que se le amputará una pierna. No hay gasas, no hay anestesia, no hay oxígeno, no hay antibióticos ni mucho menos medicamentos especializados, TODO se debe comprar en las farmacias privadas cuyos dueños fueron copartícipes de robo al Seguro Social y que ahora monopolizan la industria farmacéutica hondureña. Los médicos, en resumidas cuentas, trabajan en condiciones que solo se puede comparar con las de un hospital de campaña en un frente de guerra, y ésta no es una exageración. Un amigo, neurocirujano hondureño, me contaba hace unos años sobre el asombro de un renombrado neurocirujano suizo que llegó a impartir un seminario a Honduras: fue testigo -en pleno quirófano del Hospital Escuela- de un procedimiento inédito que un colega hiciera para contener la hemorragia cerebral de un herido de bala. Sin el equipo adecuado y solo con la praxis de su experiencia diaria, logró algo que, en palabras del neurocirujano suizo, aún no se había premiado ni reconocido. Las felicitaciones fueron breves. Una sonrisa del médico hondureño, un secarse el sudor de la frente. En los siguientes minutos llegó otro herido de bala de uno de los países más violentos del planeta.

Si hablamos de las condiciones de la escuela pública, debemos decir que madre y padre de familia que matricula a sus hijos está asumiendo la manutención de la escuela en los detalles más pequeños, desde contribuir al pago del servicio de aseo, hasta la compra del detergente; desde la contribución para construir pupitres, hasta la compra de tiza o pintado del salón de clases. Y sumado a este cuadro, un profesor o profesora a quien no se le ha pagado desde hace tres meses y que debe atender -en zonas rurales- hasta tres grados al mismo tiempo luego de haber caminado horas para llegar a la aldea. En una de las escuelas de música estatales, por ejemplo, los niños aprenden a tocar el violín sin violín, el piano sin piano. De eso fui testigo cuando tuve a mi hijo en una de ellas. Mi hijo hacía la mímica con un violín fantasma en su hombro al igual que sus veinte compañeritos. 

El que médicos y profesores por fin hayan coincidido en las movilizaciones es algo que se venía esperando desde hace años, y ahora se suman los estudiantes, los transportistas y el poblador llano a quien impactan directamente las consecuencias diarias de este infierno. En las calles los esperan, para reprimirlos, soldados y policías mejor pagados que maestros o estudiantes internos de medicina, los mismos que han succionado el presupuesto de salud en un 49% este año, recortando en alrededor de 250 millones de dólares las posibilidades pírricas de la población monstruosamente empobrecida. El estado de calamidad en Honduras es de dimensiones que solo puede entenderse a través de las inmensas movilizaciones que hoy mismo cruzan todo el territorio, tanto como las caravanas de migrantes hondureños que se dirigen hacia Estados Unidos atravesando México. Afortunadamente, la gran reserva de resistencia hondureña ha encontrado una nueva plataforma de presión y está poniendo en posición de derrumbe a la narco dictadura apoyada por Washington ¿Narco dictadura? ¿Washington? Ese es otro tema que podríamos abordar con más calma, pero por mientras, se puede ir adelantando en los sendos titulares que el New York Times, Washington Post, Miami Herald, CNN han lanzado esta semana sobre el juicio por narcotráfico a Tony Hernández, hermano del dictador juan orlando Hernández.