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#Yotampoco

Por Ana Teresa Pérez-Leroux/ Especial para En Rojo

 

La conversación del #metoo ya le dió la vuelta completa a la cuadra. 

Algunos se han despertado. Los que han sido víctima han descubierto que no están solos y solas. Los que no lo han sido, se han enterado que las víctimas del acoso y la violencia sexual son muchas y variadas. Un profe les pidió a sus alumnos hombres que explicaran que conductas adoptaban para evitar que los violaran.  Hubo risitas, y un chiste, pero no contestación.  Repitió la misma pregunta a las mujeres, y la mayoría levantó la mano.  No caminar sola de noche. No cruzar sola un callejón. Prestar atención en los parqueos. Andar con las llaves en la mano. No dejar que nadie camine detrás de mí. Verificar que la puerta tenga llave. No entrar a un elevador sola con un hombre.  No usar las escaleras.  No beber demasiado. No beber nada que no te hubieras servido tu misma. Los muchachos miraban a las muchachas sorprendidos y algo avergonzados. Nunca se les habría ocurrido que la experiencia del miedo era tan distinta.

Otros han escuchado la avalancha de narrativas, y se quedan inmutables.  Que si es culpa de las mujeres, nos dice la bella y mustia Catherine Deneuve, es que las mujeres de hoy no entienden la diferencia entre un piropo y un ataque. Que si se han pasado de la mano, dice Vinay, un periodista canadiense que aclara que ahora le tiene miedo a subirse a un ascensor solo con una mujer, por si acaso lo acusan de acoso. ¡Bienvenido al club! Son millones las mujeres que también temen subirse a ese elevador. Un amigo me explicó que la denuncia contra Junot Díaz tenía que ser falsa, que Junot no podía ser culpable de acoso porque es muy flaquito  y débil, un fleje, incapaz de intimidar a alguien. ¿De veras? ¿Quién hubiera dicho que había correlación entre machismo y corpulencia?  Lo que dice la mayoría es que es cierto todo, pero ya no hay porque seguir hablando de esto, que tal vez sea hora de cambiar de tema.  Hace unos meses se me ocurrió una idea horrible: que el lenguaje de derechos y la identidad de víctimas de las personas del movimiento #metoo, donde las víctimas de acoso se divorcian de la ley del silencio, han encontrado un clón retórico en el discurso de los del #incel, esa subcultura digital tóxica de machos supremacistas, que dicen que ser célibes involuntarios es una violencia contra sus derechos de tener hembra.  Eso no hay teoría crítica que nos explique el paralelo.

En cada oreja llevo parados las contradictorias voces de mi conciencia, un angelito y un diablito, al igual que en los muñequitos. El angelito, voz optimista, se alegra del progreso, y promete que los historiadores del futuro llamarán a nuestra década el momento del recuento. El diablito es el cínico que echa ducha fría a toda conversación, y me dice bajito, recuérdate de la tercera ley de newton, la de que a toda acción le corresponde una reacción igual en sentido opuesto.  Que la danza eterna entre el bien y el mal se sigue bailando, y si ahora se ponen las cosas mejor, se pondrán peor mas adelante.

En el 2017 llegó el #metoo a las universidades. Me preocupaban las historias. No por las salvajadas que se oían, que ahí no había nada capaz de sorprender a una mujer de mi edad, sino por las explicaciones que daban las muchachas por sus previos silencios.  “Pensé que era culpa mía, que algo mal había hecho.”  “Lo volví a llamar porque no quería ser maleducada”, este último lo dijo una en el juicio de Jian Gomeshi. Gomeshi era un locutor de radio que golpeaba y trataba de asfixiar a las muchachas con las que salía. El alegaba gustos alternativos; sus jefes le creyeron hasta que vieron fotos de costillas rotas de otras empleadas. La cosa acabo en dos juicio, el del jurado y el del internet.  No hubo condena penal, porque los textos intercambiados al día siguiente evidenciaban un intercambio normal entre perpetrador y víctimas.  También testificaron acerca de los temores comunes: a perder el trabajo, la oportunidad, la reputación, la beca, las conexiones.

No he sufrido trauma personal. Tal vez haya sido buena suerte. Tal vez los baños de romerillo, que dicen que espantan los malos espíritus. Tal vez porque el currículo de cada mujer dominicana incluye saber defenderse. Mi abuela Mamacele y Mamá creía que la inmunidad se puede aprender: nos enseñaron a evitar gente peligrosa, y a medir el potencial de violencia del otro. Y a contestar. Si te tocan, suelta una bofetada, “…pero de las que hacen dar la vuelta en redondo.” Acude a tu familia, “que te vamos a defender”.  Mamacele, campesina de un campo del Cibao, aseguraba que las peleas se pueden resolver “con que no te quedes dao”.  Papá tenía otro enfoque: me pidió que si salía tarde, anduviera siempre con Tobi. Tobi era un dobermán orejudo y guapetón que yo había criado de cachorrito, de 70 libras de músculo y colmillos de dos pulgadas, pero temperamento timorato. Le dije a Papá que Tobi ofertaba una imagen impresionante pero menos defensa personal que una guanábana madura. “No importa”, me contestó Papá “las imágenes protegen mas que la realidad.”

Sin experiencia de ser víctima, las conversaciones del #metoo nos resultan arduas. Las historias publicadas por todas partes me recordaban cosas vistas de primera mano: las microagresiones, los pequeños ultrajes. El profesor que se molestaba cuando una muchacha defendía un argumento. El que te decía un piropo cuando ibas a preguntar sobre bibliografía. El que miraba los pantalones de una compañera de arriba abajo.  El que hace chistes verdes en una conferencia. El compañero de clase que sugiere que estas mal de la cabeza porque no quieres salir con él, y te habla en voz baja y amenazante. El decano que disfrutaba de gritarles a las jóvenes mujeres profesoras.   Llegue a sentir que somos todas víctimas, aunque no estemos das, como diría mi abuela; porque todos estamos envueltos: acosadores y acosados, los que son testigo y los que miran al otro lado. Comencé a oír las historias de mis propias estudiantes, y entendí de que en el siglo veintiuno, los trogloditas son igual de trogloditas que en la prehistoria, aunque el estilo tenga hoy en día menos caché.

Las discusiones con las amigas de la universidad me dejaban confusa. Cuando contaba los métodos tercermundista de mi abuela, me decía que eso parecían una salvajada. Tampoco les gustaba que  se tocara el tema de la autodefensa—les parecía que era culpar a la víctima. Yo me enojaba: no es culpar víctimas, es que somos maestras, y nos toca educar mujeres para que no lo sean.  Yo y Elena, una estudiante de otro programa, nos pusimos en plan de acción y nos leímos el código universitario. De cabo a rabo. Encontramos que en los nuevos reglamentos sobre el acoso sexual se hablaba de todo menos del acoso profesor-estudiante. Diseñamos una petición de que se clarificara la política de conflicto de interés y su aplicación a las relaciones entre estudiantes y maestros. Nos pareció que demarcar explícitamente los límites de lo personal en el salón de clase, le pondría los frenos a alguno que a otro. “¿Para qué?”, le preguntaron a Elena los de la unión de sindicatos estudiantiles, y se negaron a circularnos la petición.  “Eso es muy difícil de clarificar”, me discutía la abogada de la asociación de profesores.  “Además, aquí no pasan esas cosas, casi nunca”.  Lo cierto es que como activistas, fuimos un fracaso: recabamos pocas firmas, no nos recibieron ni los de la administración, ni los líderes del profesorado, ni los del estudiantado. Sin embargo, algo aprendimos: que a la gente no nos gusta hablar de las verdades desagradables.  Ese problema es mas general, y mucho mas difícil.

La próxima vez que se me antoje arreglar el mundo, me pondré a recontar la historia de como Minerva Mirabal rechazó los avances del tirano Leonidas, con una bofetada que dio inicio a una compleja serie de eventos que acabarían con la  mas terrible de las dictaduras latinoamericanas. Dicen los que saben más de la cosa que eso no aconteció así, que hubo desaire pero no bofetada. No importa. ¡Que importa que la anécdota sea o no sea real! Tampoco importa que sea completamente inverosímil.  Lo que sí cuenta es que la historia del aletazo mortal de la mariposa es verdadera, con esa suerte de verdad poderosa capaz de sembrar futuro.

 

Poemas de Clara Lair

 

LULLABY MAYOR

Duerme mi niño grande, duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte.

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras

que ha dejado en tu rostro tan dolientes ojeras.

Clama le dé a tu sueño el mar de los sentidos

que ha dejado tus brazos tan largos y tendidos.

Duerme, mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte…

(¡Allá afuera es la luna y el marullo del mar

en la fragua del trópico brillando por quemar!

¡Allá afuera es la esencia-veneno del jardín,

y los pérfidos astros

avivando, encendiendo azabache, alabastros

en carne negra y blanca: la caldera sin fin

del trópico

trasmutando los cuerpos al corto cielo erótico!)

Duerme mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte.

(¡Allá afuera es el negro camino de miasmas

y mi sombra acechando tu sombra entre fantasmas!

¡Duerme callado y ágil, vigílame la puerta!

¡Que se va si despierta!)

Me quedaré a tu lado quieta, casta e inerme,

mientras tu alma sueña, mientras tu cuerpo duerme.

Quizá ningún empeño

de mi cuerpo y alma

te dé lo que ese sueño…

Quizá la vida fuerte

es nada ante la calma

que te dará la muerte…

(¡Marullo del mar, cállate; sepúltate coquí!

¡Qué así, dormido o muerto, quién lo aleja de mí!)

Duerme mi niño fuerte; duerme mi niño grande:

el sueño de la vida con la muerte se expande…

(¡Porqué no amará a otra, que ni a mí misma amará!

¡Qué la tierra por siempre sus brazos se desquiciará!

¡Ay si no despertara!)

FRIVOLIDAD

Y así dije al amado»Marcharemos unidos.

Será tu nombre el eco de todos los sonidos.

Me trazará el camino la huella de tus pasos.

Me abrirá el horizonte la curva de tus brazos.

Le gritaré a la vida: ¡rompe, destroza, daña!

Yo tengo mi refugio: ¡su pecho es la montaña!

Le gritaré a la vida: ¡hunde, flota al azar!

Yo tengo mi oleaje: ¡sus ojos son el mar!

Y lo seguí al afán y a la ilusión del puerto.

Y lo seguí al vacío y al tedio del desierto.

Lo seguí sola y siempre, horas malas y buenas,

en la luz, en las sombras, en flores, en cadenas…

Y lo creí tan fuerte que le fui mansa y suave…

¡Él, el roble potente y yo, la pobre ave!

Y lo creí tan bravo que le fui fiel, sencilla…

¡Él, el mar tumultuoso y yo la quieta orilla!

¡Ay, uní lo infundible, y estreché lo disperso,

y quise hacer del cieno un lago limpio y terso…!

Mis ojos hechos llanto, mis labios hechos trizas…

¡Y su voz implacable pidiendo más sonrisas!

Mi cuerpo en el cilicio sangrando su querella…

Y su voz implacable diciendo: ¡sé más bella!

Mi alma en el infierno aullando su condena…

y su voz implacable diciendo: ¡sé más buena!

¡Carne fácil y blanda a todos los arrimos!

¡Carne blanda y traidora con uñas en los mimos!

Para todas los mismos rápidos arrebatos

Lúbrico cual los perros…falso como los gatos…

Y ahora digo al amante: óyeme, pasajero,

no me preguntes nunca hasta cuándo te quiero.

Si una noche de luna o una copa de vino

nos reúne en la misma revuelta del camino…

No me digas de sueños ni de sombras macabras

háblame solamente palabras, y palabras…

Júrame por la arena que acoge todo paso,

y lo graba o lo borra al azar, al acaso…

Júrame por la espuma que chispea y que brilla,

y que dura un instante de una orilla o otra orilla…

¡Ah, gato sin escrúpulos que a otras faldas se enreda

cuando ya todo es dado, cuando ya nada queda!

No me brindes los mimos de tus uñas, que ahora

sólo quiere collares de esta gata de Angora…!

Tú frívolo, yo frívola…Soy tu igual, camarada.

¡No has de quitarme todo para dejarme nada!

*Clara Lair nació el 8 de marzo de 1895 en Barranquitas (Puerto Rico) y falleció el 26 de agosto de 1973

Vida de este Gonzo

 

Por Juan Forn

El uso de testimonios orales por parte de biógrafos e historiadores es una práctica de larga data, pero en 1970 George Plimpton pateó el tablero cuando se le ocurrió construir enteramente una biografía con testimonios orales de distintas personas. El libro se llamó Edie, y contaba la vida de Edie Sedgwick, niña bien neoyorquina devenida modelo y fetiche de Andy Warhol, luego drogadicta terminal, luego evangelista, luego causa perdida y por fin cadáver prematuro. Norman Mailer celebró el novedoso formato y dijo que era el primer libro que retrataba los años sesenta tal como estos pedían ser retratados. En plena era del Nuevo Periodismo, del periodismo “de autor”, la biografía coral surgió casi como su contracara: la invisibilidad del autor resultaba más eficaz a la hora de retratar a personajes muy públicos, de los cuales se decían muchas cosas, muy contradictorias entre sí.

Hunter Thompson sin duda calificaba en esta categoría. ¿Por qué? Porque, en los años sesenta, tiró un ácido en la ponchera de la realidad estadounidense, puso a todos a alucinar y les hizo ver en ese trip lisérgico que el American Dream era una pesadilla de la que nadie quería despertar. Tom Wolfe había dicho famosamente que el Nuevo Periodismo era el arte de convertirse en la mosca en la pared. Hunter Thompson le contestó que el periodismo gonzo prefería ser la mosca en la sopa. Hay quienes dicen que Hunter fue el mejor periodista político de su tiempo. Hay quienes dicen que fue el mejor prosista de su tiempo. Y hay quienes dicen que un ácido nos queda rebotando adentro entre diez y quince años hasta que se extinguen sus últimos efectos. Estados Unidos aguantó esos quince años con los dientes apretados hasta que prescribió el ácido que Hunter le había tirado en la ponchera, y entonces se sumergió en los años reaganianos, con Thompson exitosamente desactivado.

Hunter iba a cumplir sesenta y siete años cuando se suicidó en 2005. “Veintitrés más que los que necesitaba, veintitrés putos años de parodia”, había comentado poco antes. Les ahorro la cuenta: 2005 menos veintitrés da 1982, y Reagan había asumido la presidencia a fines de 1981. “El día en que Hunter muera, todos nos haremos instantáneamente viejos”, repetían cuando eran jóvenes todos sus cofrades de generación. Pero se pusieron viejos mucho antes de que él muriera y perdieron rápido la paciencia con aquel bufón que seguía en su trip de los sesenta.

Hunter venía de Louisville, Kentucky. Las tres grandes industrias de Louisville son las destilerías, las tabacaleras y los laboratorios farmacéuticos. Y, como es leyenda, no hay escritor que se haya metido adentro tanto alcohol, tanto humo y tantas drogas como Hunter Thompson. Algo que no le importaba que se supiera; al contrario: “Soy el único ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar. Soy el presidente que Estados Unidos necesita”, declaró una vez. Y cuando le preguntaron cómo podría ser presidente con todo lo que se había metido adentro, él respondió: “No hay otro ciudadano de este país que haya experimentado semejante combinación de sustancias. La sabiduría obtenida en el proceso es también única. Y me capacita en forma única para la tarea de presidir Estados Unidos”.

Una de las ironías de la carrera de Hunter fue que viviese lo suficiente para ver desdibujarse todos los finales espectaculares que anticipó para sí mismo (morir andando en moto con los Hell´s Angels, o de sobredosis en Las Vegas, o cubriendo una campaña presidencial, o describiendo la retirada estadounidense de Vietnam). El intento bombástico de Johnny Depp por darle a su ídolo un gran final, con aquel cohete en forma de peyote que envió los restos de Hunter al espacio exterior delante de trescientos invitados (costo total del funeral: tres millones de dólares), es un mal chiste. Yo prefiero mil veces como final para Hunter el libro de Carroll: una biografía coral que es el texto más gonzo que leí en mi vida, entendiendo por gonzo aquello que Hunter Thompson hacía como nadie.

Elizabeth Jean Carroll, más conocida como Betty Jean, o simplemente E. Jean Carroll, fue una de las pocas buenas plumas femeninas que logró abrirse camino en la Rolling Stone, territorio tan chauvinista o peor que el rock & roll que supo celebrar, así que Betty Jean emigró pronto de ahí a las revistas Playboy, Esquire y Outside, donde escribió piezas legendarias sobre la diferencia de los sexos. Invitada por la revista Elle, firmó durante veinte años la columna para mujeres más popular y más premiada de su país, llamada “Ask E. Jean”, una combinación de consultorio sexual, sentimental y existencial, hoy convertida en página web, tan legendaria como el paso de Betty por el periodismo. Pero mi momento favorito de su carrera es esta biografía que hizo de Hunter Thompson en los años ´90.

¿Cómo puede ser buena una biografía publicada diez años antes de la muerte de su biografiado? Solo el tiempo permite contestar esas preguntas, y el tiempo contestó: mirando retrospectivamente la vida de Hunter Thompson, esos últimos diez años (como los diez años previos) fueron sólo más de lo mismo. Cuando Hunter se suicidó, Jann Wenner, el dueño de la Rolling Stone, encargó (y después firmó) una enorme biografía coral llamada Gonzo, que publicó con bombos y platillos. El libro tenía el doble de páginas que el de Betty Jean y había contado con muchos más recursos de producción; sin embargo, sólo resultó una pálida versión alargada del libro de ella.

Corrían tiempos distintos a éstos cuando Betty Jean Carroll publicó su biografía, y su manera de tratar el chauvinismo de Thompson fue celebrándolo paródicamente. El libro trabaja en dos niveles: por un lado, tenemos los capítulos biográficos, con el formidable armado coral de los distintos testimonios que consigue Betty Jean, y por el otro, tenemos un relato en primera persona de una tal Laetitia Snap, ornitóloga cautiva en el rancho del “doctor” Hunter Thompson, obligada a escribir la biografía de su captor. Betty Jean logra hacer un libro trágico y cómico a la vez y exhibe una endiablada habilidad verbal en ambos registros: las distintas etapas de la vida de Thompson pasan vívidamente frente a nuestros ojos en los capítulos testimoniales y la triste realidad de sus años finales es retratada con el pulso hilarante y frenético con el que el propio Hunter se retrataba a sí mismo en sus libros. Betty Jean Carroll construyó para su querido amigo un libro sin igual, que aprovecha lo mejor que tienen la literatura y el periodismo, y que pinta de cuerpo entero a ese practicante de ambos géneros que fue Hunter Thompson, en su genialidad y en su decadencia, en sus defectos y en sus hallazgos.

Tomado de Página 12, 5 de mayo de 2019. El autor es fundador del suplemento RADAR.

Crucigrama: Gerardo Hernández Nordelo

 

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para en Rojo

Horizontales

  1. _____ Hernández Nordelo; uno de los 5 héroes cubanos encarcelados en EEUU acusados de espionaje.
  2. 24 de _____ de 2015; Hernández fue condecorado con el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Playa Girón.
  3. Ciudad del centro sur del Perú conocida por el cultivo de uvas, espárragos, palmeras datileras, nueces de pecán, algodón, etc.
  4. Imitan.
  5. República Popular de _____; en 1989 Hernández partió a ese país africano en misión internacionalista donde se destacó por su valentía y decisión en 54 misiones combativas.
  6. Gerardo _____ Nordelo; se graduó del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI), además, es caricaturista.
  7. Resonancia, reverberación.
  8. Aupó.
  9. A nivel.
  10. Tisana.
  11. Tercera nota musical.
  12. Preposición.
  13. Olfatear.
  14. _____ González Sehwerert, uno de los cinco héroes cubanos detenidos en EEUU junto a Hernández.
  15. Hace famoso, da fama.
  16. Interjección usada para denotar indiferencia o desdén.
  17. _____ de Jóvenes Comunistas; Hernández ocupó el cargo de secretario general de su comité de base.
  18. Rodillo usado para pintar las paredes.
  19. 4 de _____ de 1965; nacimiento de Hernández.
  20. Reparte las aguas para el riego.
  21. Deseca.
  22. Hogar.
  23. Fernando González _____; uno de los 5 héroes revolucionarios que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  24. Nombre de la letra n.
  25. Catedral.
  26. 17 de _____ de 2014; Hernández fue liberado como parte de un acuerdo entre los gobiernos de EEUU y Cuba.
  27. La _____; ciudad natal de Hernández.
  28. Luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol.

 

Verticales

  1. Antonio _____ Rodríguez; uno de los 5 héroes que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  2. _____ Castro Ruz; condecoró con el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Playa Girón a los 5 jóvenes revolucionarios: Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González Llort.
  3. Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl _____ García; Hernández se graduó de esa universidad en 1989.
  4. Escuché.
  5. Cuarta nota musical.
  6. Bueno, adjetivo desusado.
  7. Dios griego del amor.
  8. Aplaudí.
  9. Partido Comunista de _____; le otorga a Hernández la militancia en 1993.
  10. Gerardo Hernández _____; un tribunal federal de Florida lo condenó el 14 de diciembre de 2001 y le impuso dos cadenas perpetuas y 15 años más de prisión.
  11. Caminamos.
  12. _____; estado de EEUU donde Hernández estuvo encarcelado en la prisión de Victorville.
  13. Me atreví.
  14. Utilicé.
  15. Pintarrajear.
  16. _____ Labañino Salazar; uno de los 5 héroes que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  17. Perteneciente o relativo a los riñones.
  18. Sufre la acción del fuego.
  19. Funde un metal con otro.
  20. Del verbo bullir.
  21. _____ Belén Montes; patriota puertorriqueña encarcelada por EEUU por ayudar a Cuba.
  22. _____ Rosado; 23 de febrero de 1936, él y Elías Beauchamp, ajusticiaron al coronel Elisha Francis Riggs, autor intelectual del asesinato de Sandino y autor de la Masacre de Río Piedras. Ambos murieron en honor a la Patria puertorriqueña.
  23. Distraídos.
  24. Que tiene predisposición connatural para algo.
  25. Otorga.
  26. Prefijo.
  27. Quia.
  28. La fuerza anímica en la mitología egipcia.
  29. Símbolo del elemento químico rutenio.
  30. Terminación verbal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La subversión de la Vida

 

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Cada año, la Organización de las Naciones Unidas consagra el 5 de junio como Día internacional del ambiente.Por eso, en todo el mundo, se hacen conferencias y encuentros sobre el cuidado de la Tierra, el Agua y la naturaleza. Todos saben: la vida en la Tierra se encuentra amenazada.

En todo el mundo, una multitud de personas y la misma vida en el planeta se encuentran en riesgo. En América Latina y Caribe, el sistema económico dominante produce destrucción de florestas, contaminación de ríos y calentamiento del clima. En Brasil, en esa semana anterior a la fiesta de Pentecostés, cristianos y ministros de seis Iglesias se reúnen en la oración por la unidad. En este año, el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas propuso que las oraciones sean en solidaridad a las víctimas de las minerías y por los ríos de la región contaminados con residuos tóxicos.

Sin embargo, en medio de toda esa realidad trágica, la madre Tierra y la naturaleza muestran que la Vida es siempre subversiva. Sea como sea, encuentra fuerza para resistir y reafirmarse presente en escenarios de muerte. Diversas organizaciones sociales buscan cambios de dirección para el mundo. Comunidades indígenas latinoamericanas proponen el Bien-vivir, como paradigma de civilización para la humanidad.

Para octubre próximo, el papa Francisco convoca un Sínodo extraordinario de obispos. En Roma, durante tres semanas, representantes de episcopados de todo el mundo se ocuparán de la Amazonia. Verán cómo apoyar a los pueblos indígenas y habitantes de las márgenes del gran río. Tratarán del cuidado con la selva y el bioma amazónico. En esa semana, el papa envió al Brasil, el Monseñor Bruno Marie Duffé, como su representante para visitar la comunidad de Brumadinho, MG, donde una represa explotó y mató más de 200 personas sepultadas bajo el lodo tóxico. El papa mandó su cruz pectoral como signo de su preocupación y su amor a la comunidad. Es un pequeño signo, pero que nos invita a una actitud de acción de gracias por la subversión de la Vida que irrumpe obstinada, donde ni siquiera se podría esperar. Al mismo tiempo, somos llamados/as a tomar posición en defensa de la Tierra y de la naturaleza amenazadas. Los cristianos que, en el próximo domingo, celebrarán la fiesta de Pentecostés, contemplarán la presencia del Espíritu Divino en el universo y en nosotros. El es esa Vida que vence las fuerzas de la muerte. En el inicio de las celebraciones, cantarán un verso inspirado en el libro de la Sabiduría que dice: El Espíritu del Señor abraza todo el universo y asume todo en su amor, aleluya! (Cf. Sb 1, 7)