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La fábrica de botones de Sandra Santana

 

Por Marie Ramos Rosado/Especial para En Rojo

La fábrica de botoneses la primera novela de Sandra Santana, publicada por la editorial País Invisible, dirigida por el Dr. Emilio del Carril. “Esta novela fue la tesis de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, sometida por la autora y aprobada con distinción en julio de 2014.” (Solapa del libro)

La fábrica de botonesva dirigida a los amantes del suspenso y la ciencia ficción, y también para los que reflexionan sobre el comportamiento humano. La historia se desarrolla en Puerto Rico del 1986. La obra enmarca la historia basada en lo que una persona es capaz de hacer para lograr sus metas sin medir consecuencias. Este texto se hermana por su temática de crímenes a Los muertos se visten de blanco(2015) de Hiram Lozada Pérez, editada por Isla negra.

La fábrica de botones la podríamos catalogar como novela de crimen, lo que otros mal llaman “novela negra.” “La novela de crimen, tiene como cualquiera otra novela, la misión de investigar precisamente “las penumbras del alma”, darnos no una “falsa” sino una verdadera psicología, penetrar en los dramas humanos y, a través los deseos dramáticos de descubrir realmente unas y otras contradicciones esenciales de la compleja realidad social. Por lo tanto, podemos definir como novela de crimen sólo aquella producción en la cual el delito no es tratado como episodio o una motivación, sino como tema básico, del cual se derivan o con el cual están relacionados, en uno u otro grado, todas las acciones, dramas y conflictos humanos. “

(Galán Herrera 59)

La novela de crimen pone al desnudo los vicios y las ambiciones de la sociedad capitalista, una sociedad donde el dinero y la búsqueda del poder parecen como los auténticos motores de las relaciones humanas, con su secuela de crímenes, marginación e injusticias.” (Galán Herrera 62).

La portada de la novela nos retrata a una niña de cabello rojo, que parece dar la impresión de tener ocho o nueve años . Sostiene en sus manos, un peluche en forma de oso, color rosado, que posiblemente, sea su único amigo en su larga travesía del secuestro. Pues, la obra inicia con el secuestro de ”La niña peliroja, amarrada a la camilla, permanecía dormida bajo los efectos del somnífero.” (Santana 9)

El título La fábrica de botoneses una metáfora que disfraza y oculta el nivel de violencia que se presenta en la novela. En principio el motivo de la fábrica se queda en suspenso para tomar privilegio sobre la temática de la violencia. Los botones fueron una manera creativa que la autora utilizó para disfrazar las balas hirientes que salen de los revólveres y armas utilizadas por los asesinos, encarnado en el personaje de Fausto y Boquilla.

El asunto gira en torno a la fábrica de uniformes de la familia Sanfiorenzo, ubicada en el barrio El Salto de San Sebastián. Esta fue incendiada intencionalmente para quitar poder a don Genaro, propietario de esta. Su esposa Mariana perece en el fuego. Entrelazado a este asunto principal ficcionalizado, también se entreteje otro fuego, el del Dupont Plaza. Basado en un hecho histórico , ocurrido el 31 de diciembre de 1986 en el Condado; donde perecieron 97 personas. Este fuego obedece a una cuestión sindical; sin embargo, en ambos sucesos, tanto el laboral del Dupont Plaza como el de la fábrica de uniformes obedece a una controversia por el prevalecer en el poder de unos actantes sobre otros.

El ambiente es de tipo urbano, aunque no faltan algunas escenas que ocurren en el entorno rural. La atmósfera que se respira es tipo delictiva, donde el delito, la infracción, la amenaza y el asesinato son denominador común. Espacio urbano opresivo, social y realista por antonomasia. Es un ambiente de alta peligrosidad, en extremo violento donde el poder y el dinero motivan la acción, donde la noche es caldo y cultivo para los acontecimientos.

Esta novela tiene muchos personajes bien desarrollados. Los principales son Fausto, Boquilla y Claudia. Fausto lleva el peso de la acción novelesca. Posee un bachillerato que finalizó con honores. Tiene entrenamiento militar. Experto en el manejo de armas. Sin embargo, su profesión es de asesino a sueldo; encarna a un delincuente o lumpen. Era manipulador, cruel. Boquilla es una víctima del sistema socioeconómico. Era la mano derecha de Fausto en los asesinatos. Tenía poca educación académica. Sabía seguir instrucciones. Era chofer de Fausto. Perdió a su madre, cuando tenía 5años. Sufrió maltrato por parte de su abuelo. Tenía la piel quemada a raíz de un fuego a la edad de 12 años; donde perdió sus órganos genitales. Por tanto, se sentía feo y no le gustaba mostrar su cuerpo. Era un fumador empedernido Posiblemente, de ahí su nombre: “Boquilla”. Parece un hombre más humanizado que Fausto. Pues, este, quería que “El Negrito” José dejara el vicio de las drogas.

Algunos personajes se presentan por oposición. Fausto/Boquilla; Claudia/ Doña Margot (abuela) de Claudia/ Leonor (amiga de más de 40 años de doña Margot,)), don Genaro Sanfiorenzo (padre de Claudia)/Ciprián (asistente de don Genaro), Maru, la drogadicta, Adela( trabajadora, muere atropellada por un auto), Mabel , Carola , Reina, La Madama (jefa del prostíbulo, ), Sarita (empleada de la limpieza en casa de Claudia), En fin, todos los personajes sucumben o perecen de alguna u otra forma, en esta obra. La visión de mundo que se desprende de esta novela es trágica. Los personajes femeninos aparecen victimizados. Por ejemplo, Claudia es manipulada amorosamente y violada por el hombre del que está enamorada. Y Fausto tiene sus propios métodos de corrupción; soborno, desencantado de la vida, moralmente inflexible. Es el retrato de un perdedor. Es un triunfador profesional como sicario ; pero perdedor como individuo. También nos presenta personajes afrodescendientes. Sin embargo, le sugerimos a la novel escritora que sería muy recomendable colocarlos en papeles menos estereotipados, por ejemplo “La negra Candole (espiritista) y Joselito “El negrito” drogadicto. Le sugerimos lea: El texto libre de prejuicios sexuales y raciales de Isabel Picó e Idsa Alegría del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico.

Los botones funcionan como acertijo de premoniciones negativas. Estos aparecen en momentos cruciales; por ejemplo: cuando don Genaro se encontraba convaleciendo en el hospital, a raíz del fuego en su fábrica.: ”Genaro sacó las pinzas de la gaveta. Le molestaba la manga del suero y al hacer fuerza le dolió la mano, pero su rabia era tal que no le importó. Desmontó el botón forrado y leyó el mensaje escrito con tinta blanca en el pedazo de tela negra: “Te estoy observando. Big Brother” (Santana, 45). En otra ocasión, Leonor, lo encuentra en la mano de doña Margot al morir: “Tenía los puños cerrados, ya no abría las manos. Entonces, cuando me fijé, entre el dedo pulgar y el índice, vi algo brillante. Era un botón que parecía un dedal.” (Santana 83) , en el fuego del Dupont Plaza : “En la entrada del casino, uno se agachó y recogió algo que sobresalía entre los escombros. Frunció el ceño, sorprendido. Era un botón forrado con tela roja. Como si lo hubieran puesto adrede, casi no tiene polvo. Esto es algo difícil de concebir entre tanta quemazón. Se lo mostró al portero, quien se lo arrebató de inmediato y se largó, con mucha prisa” (Santana 145) y ya casi al final de la obra, “ Fausto divisó el botón amarillo en forma de estrella en la toca blanca, colocó a la huérfana en la butaca roja. Preparado para hacer uso de la pistola, procedió a confirmar la contraseña.” (Santana 171).

El lenguaje narrativo es realista. Se utiliza un lenguaje nuevo, duro y violento, el de la calle. Se busca el lenguaje callejero, coloquial, cortante o del hampa. Se conocen a la perfección el arma que utilizan, distingue un revólver de una pistola. El uso de muchos anglicismos por parte de los personajes es evidente. Llama la atención la preocupación de la autora; pues los colocó todos en letras cursivas: ballroom, penthouse, blackjack , jackpot

bouncers,hyper , well done , ipso facto . Además, la obra está cargada de muchos refranes boricuas : “Como matrimonio mal llevado”, (Santana 79), “mujer sin varón, ojal sin botón”, (Santana 90), ‘Nadie puede cruzar el infierno, sin quemarse en el intento”, (Santana 122) y otros.

La prosa está cargada de verbos de movimientos. Las descripciones son eminentemente visuales y muy breves.

El diálogo es un vehículo para mostrar la psicología de los personajes y sus fantasmas. Así que tendrá diálogos ágiles y de ritmo cinematográficos inundan sus páginas.

La narración de esta novela se desarrolla en tercera persona, autora omnisciente.

El tiempo de estos relatos son lineales, directos, siempre hacia adelante.

La acción se plantea a base de un misterio que debe resolverse. Así la acción se encamina hacia la resolución del problema planteado. Sin embargo, el interés no gira alrededor del crimen inexplicable, sino en torno a la violencia cotidiana, los asesinatos con el uso de los botones.

En fin, Sandra Santana nos describe la sociedad de nuestro tiempo; una sociedad puertorriqueña en crisis, donde las mafias, las drogas, los asesinatos, los secuestros, la trata de personas y la delincuencia reinan y tienen poder sobre las instituciones públicas y corruptas. La novelista nos presenta una sociedad caótica. La visión de mundo es trágica.

¡Felicitamos a la novelista! Pues, “escribir no es cosa de azar, que sale hecha de la comezón de la mano; sino acto que requiere a la vez martillo de herrero y buril de joyería.” (Martí 21) ¡ Le deseamos muchos éxitos en todas sus proyecciones literarias!

*Texto leído en la presentación de la novela , 27 de febrero de 2019, UPR, Río Piedras.

Bibliografía:

  • Galán Herrera, Juan José. “El canon de la novela negra y policíaca.” Tejuelo.No.1 (2008): 58-74.
  • Martí, José.La verdad Sencilla. Pensamientos de José Martí. Selección de José A. Peláez. Puerto Rico: Arte sobre Papel, 1988.
  • Picó, Isabel e Idsa Alegría. El texto libre de prejuicios sexuales y raciales. (Guía para la preparación de materiales de enseñanza). Río Piedras: Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, 1983.
  • Santana, Sandra. La fábrica de bortones.Puerto Rico: País Invisible, 2018.

El teólogo lee: Sobre Evocaciones literarias y socialesde Luis Rivera Pagán

 

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

          El teólogo es un intelectual muy poco apreciado y muy mal entendido. La gran mayoría cree que es practicante de alguna religión; que es sacerdote, santero, rabino, imán, monje, predicador, ministro u otro tipo de oficial eclesiástico.  Pero el teólogo es un estudioso de las religiones – no necesariamente un practicante de alguna de ella, aunque lo puede ser y muchas veces lo es – que desde una diciplina intelectual – la antropología, la sociología, la sicología, la historia, por ejemplo, o una combinación de estas – se acerca a un rasgo básico de los seres humanos: nuestra necesidad, individual y colectiva, de acercarnos al misterio de lo divino. 

Luis Rivera Pagán es uno de nuestros más importantes teólogos.  A su haber tiene una larga lista de títulos que confirman tal aseveración. Sus estudios sobre el pensamiento teológico latinoamericano, sobre todo sus trabajos sobre la teología de la liberación, la contribución más importante de América Latina a ese campo, así lo confirman.  Su labor intelectual es constante y fecunda.  Por años ha ido publicando notas, reseñas y ensayos en la revista electrónica 80 Grados, algunos de los cuales ahora recoge en Evocaciones literarias y sociales(San Juan, Publicaciones Gaviota, 2018).  Aquí nos ofrece veinticinco textos que divide en dos secciones, como el título anuncia.  En la primera parte se enfoca en literatura (Carlos Fuentes, Gloria Anzaldúa, León Felipe, fray Luis de León, entre otros escritores) y en la segunda, en temas sociales o figuras históricas (la Revolución Haitiana, el exilio, las mujeres durante la conquista de América, fray Bartolomé de las Casas, por ejemplo). Pero a todos sus temas los mira desde la perspectiva teológica.

            La división del libro en dos partes no es verdaderamente tajante porque Rivera Pagán es un humanista que ve la cultura como una totalidad y, por ello, lo literario le sirve para escudriñar lo social y en lo social se puede estudiar con las mismas herramientas que emplea para lo literario. A pesar de ello – y aunque para mí la división no es ni fija ni necesaria – los textos reunidos en cada grupo forman una clara unidad.  Creo que estos más que estar configurados por los temas sociales o literarios que tratan, están unidos por el enfoque crítico del autor: su visión de la cultura y la sociedad desde la teología.  Rivera Pagán está plenamente consciente de su metodología y, por ello, habla del “punto de partida fascinante de un diálogo posible entre la literatura y la religiosidad” (40).  Por ello mismo no ve división entre la teología y la poesía: “La rigurosidad académica del pensar teológico no tiene porque contradecir la sugestividad poética…” (103).  Rivera Pagán ve la cultura como una totalidad en la que quedan insertadas la literatura – sobre todo la poesía – y el pensamiento teológico.  El problema es que, para algunos lectores, sobre todo para aquellos que parten de lo que el autor llama “el fundamentalismo anti-religioso crudo y rígido que permea algunos análisis poco serios académicamente” (148), o sea, para aquellos que no le dan un espacio a la teología en el ámbito de lo intelectual, verán su discurso como tautológico: se habla de la religión desde la religión. 

Pero hay que hacer dos aclaraciones para entender este falso problema.  Primero, la teología bien entendida – como en el caso de Rivera Pagán – es una expresión más del discurso intelectual y por ello es un acercamiento crítico válido.  Segundo, la cultura en general, pero sobre todo la literatura – la manifestación cultural que más le interesa al autor – es un ámbito donde se puede esconder y hallar el pensamiento teológico y el social en un amplio sentido de la palabra. Por ello el autor asevera que “[l]os escritores de ficción, en muchas ocasiones, captan dimensiones y matices cruciales de su entorno social con mayor audacia y anticipación que los científicos sociales académicos, más lastrados estos segundos por rígidos paradigmas epistemológicos y hermenéuticos” (142).  En otras palabras, los artefactos estéticos sirven para entender la cultura; la teología, bien entendida, no la prédica religiosa, es un método válido para descifrar y explicar esos productos artísticos.

            Los lectores de este libro tienen que partir del hecho de que aquí vemos a un teólogo leer y, obviamente, el filtro que emplea – su lente intelectual – matiza y define todo lo que lee y escribe.  El hecho es simple, pero fundamental.  Muy probablemente si yo leyera los mismos textos que lee Rivera Pagán mi acercamiento estaría marcado por mi propia formación profesional e intelectual y, por ello, me interesaría, probablemente, en descubrir las estructuras internas de esos textos. 

Detesto ese refrán nuestro – “Zapatero a tu zapato.” – que, en el fondo, quiere limitar el campo de actividad intelectual del crítico.  Todos nos acercamos al “zapato”, a cualquier “zapato”, desde nuestra particular perspectiva y desde ella enriquecemos la “zapatería”.  Por ejemplo, Rivera Pagán ve la cultura desde la teología y desde esa perspectiva nos ofrece lecturas enriquecedoras.  Su lectura de las letras es teológica, no literaria, pero, por ello, no es menos válida que la de otros posibles lectores. Lo que importa no es su punto de vista empleado sino el rigor y seriedad de su acercamiento, su actitud crítica.  Rivera Pagán no pretende hacer análisis literario sino ver la literatura desde una perspectiva teológica.  Para mí no cabe duda de que al así hacerlo el autor nos ofrece un acercamiento válido, riguroso y enriquecedor.  No es el mío y, por ello mismo, aprendo de su lectura.

            Estos mismos rasgos los vemos en los ensayos que tratan de temas sociales.  En esa segunda parte del libro hallamos hermosísimos textos que, sin abandonar la literatura como uno de sus recursos críticos esenciales, se centran en hechos históricos o en problemas éticos.  De esa segunda parte me declaro particular admirador de un texto donde se relatan las dos visitas de Martin Luther King, Jr. a Puerto Rico.  Este no sólo nos ofrece una excelente síntesis del pensamiento del teólogo y activista afro estadounidense, sino que demuestra el magnífico manejo de Rivera Pagán del género ensayístico.  El texto tiene en el fondo cuatro partes: Rivera Pagán en Praga donde se entera sorpresivamente del asesinato de King; vuelta atrás a la primera visita de King a Puerto Rico; su segunda visita; cierre del texto con una vuelta a sus días en Praga y a la sorpresa de la noticia del asesinato de King.  La construcción circular del texto lo hace muy efectivo, aunque me quedé con inmensas ganas de saber más sobre los días de King en la Isla: ¿con quién entabló relaciones intelectuales? ¿cuál fue su impresión de nosotros?  ¿qué comentó sobre nuestro racismo?  Hasta me gustaría saber si fue a la playa y qué comió. Me interesa ver sus visitas en términos concretos y personales.  Pero esos no son las preguntas que le importan a Rivera Pagán y el hecho de que yo me quede con ganas de saber más no disminuye un ápice la excelencia de este ensayo.

            En esa segunda parte hay varios textos donde se explora el problema de la homofobia en nuestra cultura, sobre todo en el pensamiento religioso tradicional o fundamentalista.  Rivera Pagán ve el problema desde su perspectiva teológica y desde ella es capaz de describir el proceso de cambio que se evidencia en nuestro contexto.  Aquí también, aunque trata un tema social o ético desde la perspectiva teológica, emplea la literatura como otra cala más para acercarse al tema.  Permea su visión sobre los cambios sociales respecto a la homosexualidad un optimismo que casi es paralelo al de los positivistas decimonónicos: su fe religiosa y su visión teológica de la historia, ambas esperanzadoras, lo llevan a ver al ser humano como un ente que se supera y progresa.  Pero más que esa visión lo que me atrae de estos ensayos – y lo que me atrae del libro en general – es la amplitud del pensamiento del autor y su manejo de variadísimas manifestaciones culturales y académicas. Sorprende como Rivera Pagán es capaz de recurrir a evidencia de diversos campos – filosofía, antropología, letras, música, estudios bíblicos, historia, cine y, obviamente, teología – para armar sus argumentos.  Esa inmensa riqueza de fuentes no apabulla al lector ni opaca el texto que está escrito con gran claridad y elegancia.  Eso sí: descubrimos evidentes estrategias estilísticas que se repiten – terminar el ensayo con unos versos o una cita ajena y sorpresiva es la más obvia – y que crean un patrón que a veces deja de ser efectivo por emplearse muy frecuentemente.  Otra crítica que se le puede hacer y que le hago – crítica que surge de su propio acercamiento crítico – es la dependencia extrema, en algunas ocasiones, en la trama de los textos literarios que estudia.  (Esto ocurre especialmente en su comentario sobre una novela de García Márquez.)  Otra es que el texto resulta a veces demasiado breve, breves para mi gusto, porque el autor nos lleva a interesarnos tanto en sus temas que queremos más y más. Pero Rivera Pagán está consciente de esto y por eso mismo llama sus ensayos “evocaciones”.  El título del libro es claro, preciso y escueto, aunque mucho me hubiera gustado uno más evocativo para este texto tan lleno de iluminaciones.  ¡Ah!  Quizás el autor debió copiar a Walter Benjamin y llamar a su libro Iluminaciones sociales y literarias.  Es que eso son porque Rivera Pagán nos aclara mucho, pero nos ilumina más.

            Pero a pesar de mis pocos y ligeros comentarios críticos hay que declarar – y fuerte y enfáticamente lo declaro – que Evocaciones literarias y socialeses un magnífico libro.  Hasta podrá ser en el futuro un documento histórico para estudiar nuestro momento porque retrata a un intelectual de nuestros días con una amplia cultura, una profunda preocupación ética, una perspectiva propia e innovadora y, sobre todo, nos ofrece el retrato de un teólogo que sabe que la teología es también un campo que nos permite acercarnos al mundo desde perspectivas críticas e intelectuales, aunque haya quien así no lo crea y aunque quien lea sus textos – como es mi caso – no sea creyente. 

Mucho he aprendido de la lectura de este libro y por ello le doy las gracias a este teólogo que lee y que sabe leer críticamente.

 

      

Armonía en clave

 

Por Rafael Acevedo/ En rojo

Estamos en la oficina del En Rojo, Christian Tonos, Gabriela Fonseca y yo. Entre este desorden de libros, afiches y unos elefantes colgantes que dejó la pasada administración, me van a hablar sobre el Festival Armonía en Clave. Este festival se llevará acabo el 8 de junio en la Plaza de los salseros.

Tonos ha ejecutado y enseñado música popular y folclórica puertorriqueña internacionalmente. Ha realizado talleres en la Universidad de Puerto Rico; Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas en México, Universidad Tecnológica del Sur en Azua en República Dominicana, Universidad de Michigan Recinto de Ann Arbor y en Berklee College of Music en Boston. Ha colaborado con varios artistas y bandas como el legendario grupo de rumba «Los Majaderos de Cachete Maldonado» , el bajista peruano Oscar Stagnaro, el guitarrista colombiano Leopoldo Calderón y muchos más. Actualmente dirige «Christian Tonos y 100×35» y «Bomba Pal Pueblo». Además, también es sonidista residente del “venue” Lote 23 en Santurce bajo su compañía “Tonos Entertainment LLC”. Fonseca Rodríguez es relacionista público y atenta estudiosa de la música y las artes.

Christian me explica que Bomba pa’l Pueblo es el corazón de la Jornada Cultural Armonía en Clave. Es una agrupación musical y una especie de escuela ambulante. Llevan talleres educativos e integrativos de bomba puertorriqueña a escuelas públicas, hogares de niños huérfanos, hogares de mujeres maltratadas, hogares de ancianos, plazas públicas, universidades, “a donde quiera que haya interés y necesidad de música y movimiento”.

Hace apenas dos semanas estuvieron en el Huerto, Vivero y Bosque Urbano Comunitario de Capetillo.

Sin embargo no es solo ese interés en la música lo que los mueve. Tonos y Fonseca hacen énfasis en que les gusta promover en festivales o talleres un ambiente de equidad en donde los roles sexuales binarios no son exclusivos sino que hay apertura: “un hombre puede bailar con falda, o una mujer puede subir el barril y someterle. Se trata de que se incluye a la comunidad y dentro de esa comunidad a todas y a todos a través de la música afropuertorriqueña”.
 Desde septiembre de 2018 Bomba pa’l pueblo ha realizado entre 25 a 30 actividades que son talleres de historia, música y baile. “Hemos impactado sobre 1,800 personas desde el comienzo de la primera Jornada Cultural 2018” dice Christian. Añade Gabriela que “queremos hacer una segunda jornada, es por esto que el festival será pro-fondos para esa segunda jornada. Es este próximo 8 de junio en la Plaza de los Salseros. El objetivo, además, es que el festival nos permita recaudar fondos para llevar más talleres de bomba puertorriqueña a más escuelas, más instituciones sin fines de lucro, y más pueblos de la isla.”

 

Allí no solo se ofrecerá un taller de bomba. “ Luego abriremos el batey para todo aquel que quiera bailar con nosotros” explica el músico. Por otro lado, se aprovechará el evento para rendirle homenaje a Cachete Maldonado y ofrecer un banquete musical salsero. Así, Tonos nos señala que su 100×35 es una agrupación musical de salsa puertorriqueña que intenta reflexionar sobre los problemas y costumbres sociales actuales a través de la salsa y otros géneros afrocaribeños.

Entre los participantes del Festival estarán Los Majaderos del homenajeado Cachete Maldonado, Plena de la R, La Tuna Bardos UPR que ofrece un variado repertorio que recoge la clásica música tuneril española, además de música de diversas épocas, y regiones como: madrigales, Sudamérica, México, Italia y Puerto Rico. Por supuesto, Chistian Tonos y 100 X 35 y Bomba pa’l Pueblo estarán allí.

Antes de retirarse, Christian hizo énfasis en el agradecimiento que siente hacia sus maestros, Jesús Cepeda, Pablo Luis Rivera, y el respeto por aquellos que hacen labor musical y de difusión sin ser maestros directamente sino colegas. Menciona a La Liga Rumbera y Rafael Maya, Marién Torres y Encuentro de Tambores y a Omar Pipo Sánchez entre otros.

Christian y Gabriela son dos jóvenes empresarios del arte. Tonos Entertainment es una compañía de entretenimiento que se dedica a la producción de música y eventos culturales con el enfoque de promover la cultura puertorriqueña en la isla e internacionalmente. Además, ofrecen servicios de sonido para actividades de otros músicos. El arte es el norte. La educación. La necesidad de unir comunidades. Nuestro apoyo en clave.

 

frecemos servicios de música en vivo (bomba, plena, salsa y batucada), talleres educativos, y servicios de sonido.

El after de After María

Por Rafah Acevedo/ En Rojo

Oh, cuerpo mío, haz de mí, siempre, un hombre que se interrogue!

Frantz Fanon

Cuando publique estas notas es muy probable que la tendencia a referirse al documental After María con pasión y poco tiempo de razonamiento haya pasado. Al menos eso espero.

Mi intención inicial era no verlo. Me parece que sobre ese huracán es un eje temporal (sin ánimo de juego de palabras). María destapó todo como una caja de Pandora. Sentimientos de ira, odio, vergüenza, impotencia, dolor, están ahí, mezclados. Las consecuencias durarán tanto como los acuerdos de COFINA. Décadas. Y sin embargo, a instancias de gente que quiero, lo vi el 25 de mayo y creo que ese mismo día publiqué una brevísima reacción en un medio social.

Mi intención no fue hacer crítica de cine. Amo el cine y los documentales me gustan tanto como cualquier otro género cinematográfico. Pero After María nos toca de cerca. Y ese es el problema. Justo después de verlo afirmé que no se trata de un film épico o un documental combativo. Es una mirada a varias familias (3 mujeres cabeza de familia y un hombre casi invisible) que fueron a NY a partir de ofrecimientos de ayuda del gobierno.

En apenas 37 minutos se presenta (no se profundiza porque no es el interés del film) la poca ayuda que el gobierno de Trump ofreció a los puertorriqueños y su humillante trato; el papel obsceno de un administrador mediocre como Ricky Roselló que intenta apenas articular un discurso político anexionista a partir de una tragedia; la solidaridad entre los que se fueron y el desfase entre la ayuda prometida y el hostigamiento y rechazo de clase y raza que sufrieron.

Quisiera ver otro documental. Quisiera algo épico, solidario, progresista, político, rabioso, duro. Pero ese no es este documental. Y no puedo juzgarlo a partir de mi deseo, sino a través del ofrecimiento del mismo. After María es lo que es. No es más que eso.

No paso juicio sobre la actitud ante la adversidad de los que protagonizan el documental. Jamás seré yo quien pase juicio sobre qué hace la gente con sus necesidades y carencias. Y menos desde mi posición, que comparada con la mayoría de la población, es, en muchos aspectos, privilegiada. ¿Exigen mucho las familias del documental? No. Exigen lo que se les prometió. Exigen lo que se supone brinde, por ejemplo, FEMA, cuyo presupuesto lo pagamos los que pagamos contribuciones. Lo hacen mientras sus funcionarios parecen elaborar esquemas de enriquecimiento de los más ricos, valga la redundancia. Las protagonistas piden lo que se les promete como ciudadanos norteamericanos. ¿Mi modo de reivindicar la lucha por sobrevivir? No. Pero no soy el centro del mundo. Ni siquiera el centro de mi pueblo.

¿Qué vi en ese documental? Vi ese sufrimiento y como la gente de la comunidad boricua bailan, toma cerveza, escucha merengue y trap, y dicen puñeta a cada momento. Eso mientras ejercen el derecho a exigir lo que se les promete. El problema es que creen que la PROMESA está hecha para cumplirse. Se equivocan, pero el documental no es sobre esa equivocación ni sobre mi idea al respecto.

Sin embargo, lo que sí me ha causado interés es la energía desmedida con la que se ha criticado desde hace una semana ese documental. Aunque quizás sería mejor decir, la reacción contra las protagonistas del documental. Y es que el desprecio a los pobres es un problema de fondo. Fíjense que digo a los pobres y no a la pobreza. El ataque es a los personajes, “cafres”, marginales, que tienen la pretensión de tratar de ser felices en medio de la adversidad. ¿Han visto cosa igual? Fuera de ironías, ¿acaso alguien pretende que la gente con necesidades no celebre, por ejemplo, cumpleaños? Esto es ideología. Es una codificación de la realidad hecha por intereses particulares con el propósito de subordinar la conciencia. Es esa narrativa que se nos impuso de atacar(nos), de ser incapaces de empatía, de no reconocernos en la pobreza. Me permito decirles, que ese documental es un espejito de mano que refleja parte de lo que somos. Y algunos de nosotros estamos aquí, en el Bronx, en Chicago, en Loíza, y muy pocos en Garden Hills. Se llaman clases sociales y está claro que están en pugna.

¿Cual es el documental que nos reflejaría bien? ¿El de George Clooney salvando el café boricua para Nespresso? ¿El de ese mismo George presentándonos a su mascota? Sí, la mascota de Clooney es…un cerdo vietnamita. ¿Nos representa mejor la sombra fundacional del flamboyán teatral de Lin Manuel? ¿Bea burlándose del memorial a los muertos de María o leyendo el discurso que le escribieron en una feria de libros? Mucho blanco junto, ¿eso sí?

Yo sé que cuando esto salga publicado el tema habrá desaparecido. Eso espero. Quizás la tendencia sea hablar del empleador de fantasmas en la legislatura que apenas unos años antes era un estudiante en contra de las huelgas. Quizás sea que los cerdos vietnamitas llegaron al Condado o que Julia Keleher tiene otro guiso, o que Bad Bunny se pintó las uñas de violeta o que Yulín fue a comprar helado con una camiseta del Che. Quizás volvamos a hablar de las iguanas, de los caimanes, del vampiro de Moca. La cuestión es entretenernos con algo, desinformarnos, pelear entre nosotros, no hablar de la explotación sistémica, del sistema que nos empobrece, de que esos 37 minutos de documental son nada comparado con 40 años pagando una deuda odiosa.

Ojalá le den un respiro a esa niña de doce años que aparece en el documental. Y a las mujeres. Añado, que la responsabilidad de las metrópolis con sus colonias es total y no debería extrañarnos que tres o miles acudan allí a exigir lo que creen les corresponde en camisilla y bailando. Añado que EEUU tiene, bajo los capítulos 11 y 12 de la Carta de la ONU la responsabilidad de promover el desarrollo económico, social, cultural y político de los territorios bajo tutela de fiducia. Hasta la deuda es responsabilidad de EEUU. Pero el documental no es sobre eso. Ese otro documental, esa otra realidad, la tenemos que hacer los ciudadanos que queremos otro país, y otro film.

Buen cine en espacios pequeños

Por María Cristina/En Rojo

Por espacios pequeños no me refiero a una de las salas pequeñas de Fine Arts sino a la improvisada o no dentro del lugar que uno/a designa como suyo, aunque solo sea momentáneamente.  Lo maravilloso de NetFlix—que ya lo consideramos sinónimo con streaming—es que tiene una oferta muy amplia de filmes, producidos por ellos, o estrenados hace meses en las salas de cine o de hace años, y de series tanto originales como producciones europeas o latinoamericanas. La otra maravilla es que todas y todos tenemos acceso a ello por una mensualidad ínfima y podemos verlos por celular, tableta o smartTV. En Vieques donde no tenemos acceso a salas de cine—ahora tan alejados de Fajardo—esta es nuestra ventana al mundo. Como para los gustos se hicieron los colores, mis recomendaciones vienen de un gusto por la intriga, el drama y directores, autores/guionistas y actores de mi preferencia. También filmes y series dirigidas o escritas por mujeres despiertan mi curiosidad. Después de enseñar por muchos años cursos de cine y literatura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, el placer de compartir este conocimiento siempre está conmigo.

Como me encantan los libros—los prefiero en papel—escojo 4 filmes con conexiones al arte de leer y el amor por la palabra escrita, y una 4ta como investigación periodística.

Gemma Bovery, de 2014 de la directora francesa Anne Fontaine, es una historia basada en la novela del escritor realista del siglo 19, Gustave Flaubert. Un conocedor de todos los detalles de este clásico de pronto encuentra relevancia con la pareja inglesa que se muda a este pueblo, famoso precisamente porque podría ser el lugar donde se sitúa la novela original. Martin Joubert es un repostero que su emboba cada vez que ve a Gemma en sus andanzas por el pueblo. Trata de atenderla personalmente en la panadería, ayudarla en tareas domésticas mientras su marido está de viaje y luego seguirla para ver cuán cercana es la vida de Gemma a la de la protagonista de Flaubert. Es una comedia donde suceden cosas muy serias incluyendo la muerte.

The Bookshopde 2017 de la española Isabel Coixet se desarrolla en la pequeña comunidad inglesa de Anglian después de la 2nda guerra mundial. Florence Green es una joven viuda que trata de rehacer su vida después de haber perdido su marido entre los miles de hombres que perecieron en esa guerra. Su sueño es establecer una librería donde todos los compueblanos puedan encontrar los libros que les entretienen, enseñan y los hacen soñar otro mundo mejor. A pesar de sus mejores intenciones y del respaldo de varias personas de la comunidad, Florence encuentra una pared de oposición en la persona de Violet Gamart quien pretende dirigir los destinos del pueblo. A pesar de todo, aunque la presencia física de la librería no exista, se ha despertado la curiosidad y todo es cuestión de tiempo para que otros descubran otras vidas.

The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Societyde 2018 del director inglés Mike Newell tiene un título larguísimo y casi sin sentido, excepto que se refiere a un club de lectura en una de las Channel Islands que en 1940 fue ocupada por los alemanes. La existencia del club surge cuando uno de sus habitantes contacta a una joven prominente escritora de Londres para pedir un texto en particular para su club. Juliet Ashton, quien tiene sus propias pesadillas de los bombardeos de Londres donde murieron sus padres, es una exitosa escritora con un novio americano que está loco por casarse con ella. A Juliet se le hace difícil aceptar tanta suerte en tan poco tiempo y, por eso cuando surge la invitación del club de lectura, decide hacer el largo viaje a lo desconocido. Allí no solo se entera de la razón de ser del nombre del club, pero también los dramas individuales de cada uno de sus componentes. Esta nueva mirada a la vida, y en particular a la suya, la hace escoger otra ruta.

The Weight of  Waterde 2000 de Kathryn Bigelow—1era mujer en ganar el Oscar por Mejor Directora y Mejor Película en 2010—también se refiere a libros ya que Jean Janes, la fotógrafa periodista que quiere recrear en fotos el crimen perpetuado en una isla en 1873, está casada con Thomas, un reconocido poeta que en este momento solo repite sus versos del pasado y bebe sin parar. La historia del siglo 19 y la del 20 parecen entrelazarse para revelar la verdad de hechos escondidos por sus protagonistas.

Detroitde 2017 también de Kathryn Bigelow es un excelente filme que recrea lo sucedido en una noche en el Motel Algiers durante los motines en la calle 12 de esta ciudad, el 25 de julio de 1967. A través de múltiples miradas se recrea lo que cada uno de estos personajes reales estaban haciendo antes que la noche desembocara en el asesinato de dos jóvenes negros, y las golpizas de siete otros hombres negros y dos jóvenes mujeres blancas a manos de la policía. La recreación de los hechos—que fueron publicados en múltiples periódicos, noticieros y testimonios judiciales—se presenta como algo sucedido en el presente pero escondido y distorsionado por el aparato judicial.