Inicio Blog Página 1448

Maternidad submarina

Por Rima Brusi/ Especial para En Rojo

En algunas familias es una especie de Navidad. La madre, la abuela, la tía, la vecina, todas las madres reciben regalos, en algunos casos todas las mujeres de la casa, las sin hijos también, por aquello de que tienen útero, supongo. O suponen otros, porque nuestro útero no está ahí, a la vista de todos, para fortuna nuestra y para desgracia de los santurrones que están interesadísimos en él, pero igual la gente sabe o piensa que está ahí y suele emitir opiniones sobre él o darnos regalos a cuenta suya.

Una señora amiga le regala a todas sus hijas porque, sentencia, “algún día me darán nietos.” No sé si pensar en ese regalo como un talismán, una ofrenda, o el down payment de una especie de lay away, una hipoteca sobre el útero ajeno. 

Recuerdo que a mi abuela le regalaban aparatos electrónicos. No, no me refiero a tabletas o teléfonos “inteligentes”, sino a cosas como un horno/tostadora, una olla de cocción lenta con florecitas rojas, o una lavadora. El año de la lavadora estuvo marcado por mucho bombo y regocijo. Todos celebrábamos el artefacto ruidosamente, todos excepto por mi abuela, que lucía una sonrisa más bien boba y  que en algún momento le susurró a mi madrina que le hubiera gustado más “algo así como un perfumito”. 

Creo que se arrepintió más adelante de decir eso, porque a partir de entonces, se nos llenaba la casa de jabones, colonias, perfumes, cremas y kits con alguna combinación de las anteriores, y el día de las madres olía así como huelen, con tanta marca y tanta mezcla, los pasillos de las secciones de perfumería en las tiendas por departamentos: a insecticida.  

En los asilos de ancianos y en los muros de Facebook, el día de las madres es una especie de jardín. Abundan los ramilletes de flores reales y virtuales, acompañados por citas a veces buenas, a veces cursis, a veces apócrifas. Abundan también las flores en los estampados de las batitas que le encasquetamos a las bisabuelas para la ocasión (y para las fotos), y en los trajecitos que le encasquetamos a las niñas para visitar a las bisabuelas (y tomarse fotos). 

Por cierto: recuerdo las visitas a una de mis bisabuelas, Abuelitita. Nos recibía con un grueso y fragante tabaco entre los labios y una caneca de ron sobre la mesa. Si estaba de mal humor, nos enviaba a todas a “las ventas del carajo”.  Si estaba de buen humor, también, pero con una sonrisa. Ignoraba la mitad de los regalos, criticaba duramente la otra mitad y luego, si teníamos suerte, nos leía la baraja. Recuerdo que me anunció que me casaría con la sota (el diez) de copas, y que a mí no me hizo mucha gracia la noticia, porque el hombre (a diferencia de su colega, el once de copas) no tenía caballo.

A mí esas visitas me parecían bastante divertidas. Pero a mi abuela la dejaban muy triste. El gran Segismundo Freud dijo muchos disparates pero dijo también algunas cosas muy sabias, y una de ellas fue que el amor de una madre es una suerte de armadura para la vida. Mi abuela tuvo que navegar el mundo sin esa armadura. Fue un cangrejito ermitaño caminando el inmenso, hermoso y peligroso fondo marino, esnuíto y sin caracol. 

No me pienses cínica, lector. Al menos no demasiado. Tengo hijos. Celebramos el día de las madres con tres cosas que me gustan mucho: flores, bebida y comida. Hay abrazos y risas. También, inevitablemente, pienso con amor y compasión en el cangrejito esnú que fue mi abuela. Y, al menos últimamente, pienso un poco en el cangrejito esnú que soy yo misma, y en cómo mi compañero, mis hijos y mis amigas me regalan caracoles todo el tiempo y acompañan mi caminar en el inmenso, hermoso y peligroso fondo del mar.

Informe a la Academia

Por Zahira Mabel Cruz / Especial para En Rojo

El latín para mí es lo que ha sido desde hace cinco siglos: una lengua muerta. Con esto no quiero decir que sea incapaz de reconocer su utilidad para historiadores, especialistas en temas de la antigüedad, filósofos y lingüistas apasionados que por la naturaleza de sus trabajos e intereses, y para la realización seria y efectiva de sus investigaciones, probablemente deberían atender fuentes primarias en lenguas clásicas —no esperaríamos menos—. Sin embargo este no es mi caso, pero reconozco que siempre es mejor saber a no saber, a pesar de que existen cosas en la vida que a veces es mejor no saberlas. También reconozco que el concepto de lenguas “vivas” o “muertas” es para muchos una idea falsa de lo que son las lenguas, puesto que no puede haber nada intrínsecamente muerto acerca de un sistema de comunicación. Pero a fin de cuentas esto tiene que ver más con cómo lo considere la gente. Según tengo entendido, no existe un consenso entre los especialistas en cuanto al estatus de la lengua latina… sobre si vive o ha muerto.

La mezquindad no creo que sea uno de los rasgos de mi carácter, por eso también puedo ser capaz de reconocer el valor del latín como soporte gramatical en el surgir de las lenguas romances por lo que conocerlo, nos ayuda a tener una mejor comprensión de nuestra lengua. Pero en el momento de escepticismo en el que me encuentro desde hace poco más de veinte años, se me ha hecho cuesta arriba enamorarme de este y otros tantos cadáveres como lo pude haber hecho en otros tiempos de mayor esperanza. Responsable y comprometida asisto a clase para cumplir con el requisito del programa doctoral, pero todos sabemos que compromiso no es exactamente lo mismo que amor. 

Por los pasillos de esta universidad (UPR) he escuchado decir que el latín debe seguir siendo un requisito en nuestra universidad porque en las universidades prestigiosas del mundo también lo es. Pero el prestigio no creo que sea ya una categoría propia de tiempos de crisis y precariedad como los que enfrentamos. Sin embargo, en su lugar, sensatez y sinceridad parecerían ser valores más apropiados para sopesar la indispensabilidad de la enseñanza y el aprendizaje del latín en estos tiempos que atravesamos —que para nada son nuestro Siglo de Oro— en que en la mayoría de los casos el latín vendría a ser un lujo, entiéndase algo innecesario. Así, en honor a la verdad, a la sensatez y a la sinceridad —valores altamente favorecidos y promulgados por tantos insignes poetas, oradores, filósofos griegos y latinos— me tomo la libertad de dar mi opinión sincera sobre esto, además de compartir más adelante con ustedes algunas máximas o sentencias latinas al respecto. Porque aunque escéptica, no dejo de ser una académica o una intelectual. 

Máximas latinas:

Ridentem dicere verum quid vetat?

“¿Qué nos impide decir la verdad riendo?” (Horacio, Sátiras 1, 1, 24)

Obsequium amicos, veritas odium parit.

“La complacencia engendra amigos; la verdad, odio.” (Terencio, Andria 68)

Pessimum inimicorum genus, laudantes.

“Los aduladores, la peor clase de enemigos.” (Tácito, Agrícola 41, 2)

Nescire quaedam magna pars sapientiae est.

“Ignorar ciertas cosas es una gran parte de la sabiduría.” (Hugo de Groof, Epigramas)

Yo soy la tradición

 

En Rojo

 

Yo soy la tradición; una mezcla de melodías jíbaras puertorriqueñas con elementos de música clásica, en clave de jazz, es la nueva producción del músico puertorriqueño, Miguel Zenón, la cual se presentara este sábado 18 de mayo a las 8:00 de la noche en el Teatro Tapia. Zenón estará acompañado por el cuarteto de cámara, Spektral Quartet. 

Siguiendo su más que interés, su amor por la historia y las tradiciones musicales de su país, Yo soy la tradición, es la más reciente producción con la cual el joven músico conecta desde la diáspora, lo que significa para la puertorriqueñidad la música puertorriqueña. Con ya 23 años viviendo en Estados Unidos, para un músico puertorriqueño, la música es la conexión natural con sus raíces. Las ocho piezas del disco son una exploración de melodías tradicionales como los rosarios cantados, las cadenas y otras melodías menos conocidas con elementos jasístico y música de cámara. 

El proyecto tiene también su origen en las relaciones y los intercambios culturales que produce la emigración. Hace varios años de visita en la ciudad de Chicago para una presentación, uno de los músicos de Spektral Quartet, se comunicó con él y le invitó a que grabara con ellos, precisamente una pieza de Zenón. “Fue una experiencia genial justo después se me acercaron del Hyde Park Jazz Festival, de Chicago que si quería ser parte de la orquesta y para que escribiera una pieza nueva para el festival pero que incorporara a músicos de Chicago” . 

Tras la experiencia Spektral Quarter, forma parte de la grabación, Yo soy la tradición. El cuarteto está integrado por Russell Rolen, en el cello; Doyle Armbrust y Maeve Feinberg, ambas viola y Clara Lyon, violín. Zenón interpreta su instrumento el saxofón alto. 

De la fusión de música jíbara, cámara y jazz, el próximo proyecto de Zenón es una grabación dedicada a la figura mítica de la música popular, Ismael Rivera. “Es uno de mis héroes desde que tengo memoria de la música por mis padres, siempre me he sentido bien cercano a su música, siempre fue uno de mis sueños hacer algo de Ismael Rivera”, expresó. La grabación realizada con su grupo de jazz espera que esté lista para finales de agosto.

La preferencia por el jazz 

Para Zenón el jazz -nos dice- es una música que en esencia es música folklórica que viene de clase trabajadora. Al adentrase en sus estudios en los maestros del jazz dice, “sentí que había una combinación bien especial en cosas bien pensadas mas intelectuales y cosas que también eran mas folklóricas del corazón eso me llamó la atención conectó con mi personalidad”.

En esa línea sobre su experiencia estudiando en Estados Unidos, su incorporación a ese género como puertorriqueño reconoció que hay muchas barreras de ambos lados. “Al llegar venía con una información limitada, cuando llegue me di cuenta que había muchas cosas de las cuales simplemente no tenia ni idea, cosas que tenían que ver con elementos mas estilísticos, que suene sin acento, eso sin contar el idioma, los choques culturales pero desde el punto de vista de allá es creado por la comunidad afroamericana, son protectores toma tiempo meterse adentrarse en ese grupo”.

Y aunque comentó que en muchos lugares todavía el jazz es música para grupos selectos, pequeños, a su vez observó: “En los últimos quizás diez años es cuando el jazz ha estado con una mentalidad global cuando ya no se dice música exclusiva estadounidense ni afroamericana, sino es música mas inclusiva, que otros músicos de otras partes pueden traer sus elementos e incorporarlos dentro de un jazz que todavía suena auténtico, pienso que el jazz en estos momentos es como la salsa”. Es decir ha cruzado fronteras. 

La descolonisensación

Por Karl Martí NX*

Mira, no te voy a dar un sermón sobre la situación pero aprovecho la ocasión para decirte, de corazón, que esto se jodió, no solamente como una cuestión de opinión  puedo decir “ven y acércate a mi pantalón vamos a movernos como animales de acción” pero entremos en razón para la ocasión: ¡atención! ¿Cómo se inicia una conversación? Cuál dirección en relación a la situación lelola libertad expresión da la sensación o la impresión sin condición de la buena intención puñeta, o de la mala, esta canción, an pelón, no necesita explicación  la imaginación es mi nación, es mi dragón,  es mi pasión y preocupación respiración cajón cojón a ti y a tu hermanón no  le digas adiós a la pensión  pon presión. La misión investigación como teoría de conspiración. Mi disposición es satisfacción mi instrucción, desesperación. La revolución se fue a millón sin aparente solución. 

Hay tanto ladrón cabrón con la deuda y el perdón pa’l carajo la Junta y la televisión  hay la obligación de construcción versión vacación profesión no vengan a hablarme mierda de la generación sin presión confesión nación lección excepción declaración tentación posesión compasión callejón tradición precisión colección revelación pulmón creación invitación discreción elección manifestación burlón comunicación resolución fundación protección extensión dimensión inclinación maldición explosión perfección marrón salvación oración excitación descripción facción ambición prisión desaparición recepción cruzó robinsón vámonos de expedición agitación popular ejecución ficción en la sesión. Los partidos son un colchón, cartón, aquiles sin talón: legislador ratón de oficio y afición. Hay indignación; alusión carbón organización proporción vagón división cordón interpretación contemplación representación noción decepción invención intervención afirmación indicación población combinación formación tirón diversión exclamación civilización es una narración pa’l carajo la resignación contradicción petición inspiración por vocación inscripción abstención napoleón al mentón no a la humillación  sin vacilación concepción devoción no corras pero bebe ron provisión  separación inquisición no venga a coger pon de excursión comisión meditación asociación destrucción coctel molotov con mecha y mechón publicación distracción acusación sucesión atracción composición liberación proposición redacción duración vegetación recomendación transformación persecución reputación aprobación sazón irritación oposición bon bon lo que no es una opción pretensión tapón mansión concentración desolación repetición interrupción masón obsesión tablón conexión gestión descolonización.

*Hoja suelta recogida el 1ro de mayo.

Andrea Evangelina: Obra teatral colaborativa

 

Por Lowell Fiet/En Rojo

 

(dramaturgia, co-dirección y producción, Chiqui Vicioso La Sala Ravelo, Teatro Nacional, República Dominicana, 2 – 5 de mayo de 2019)

Durante la semana pasada tuve la ocasión de pasar cuatro días muy satisfactorios en la Feria Internacional de Libros de la República Dominicana. Es la feria de libros más grande del Caribe y, diferente a años anteriores, en la edición 2019 –la 22nda– se dispersaron todos los pabellones, exposiciones, presentaciones, lecturas, quioscos y ventas, como si fuera un laberinto esperpéntico, a través de los extensos espacios de la zona colonial de Santo Domingo. Fue mi privilegio ser parte de la delegación de Isla Negra Editores y presentar mi libro An Archipelago of Caribbean Masks en Santo Domingo. Comentaré mis impresiones generales de la Feria como tal en una próxima edición.

En este primer escrito quiero enfocar en el hecho de que la Feria también incluye un programa de teatro y otro de cine, además de otras actividades auxiliares para proveer todos los días funciones y proyecciones artísticas esparcidas en la zona colonial y sus alrededores inmediatos. 

Aunque no como parte oficial de la programación de la Feria Internacional, la obra “Andrea Evangelina” (2015) de la poeta nacional y dramaturga Chiqui Vicioso se remontó en la Sala Ravelo del Teatro Nacional para coincidir con la Feria. Asistí a la obra por invitación de la autora, a quien conozco por más de dos décadas a través de sus obras “Whiskey-Sour”, “Salomé U: cartas a una ausencia”, “Desvelos (diálogo entre Emily Dickinson y Salomé Ureña)” y “Perrerías”, sus estudios sobre Eugenio María de Hostos y Julia de Burgos e intercambios tanto en la Universidad de Puerto Rico como Casa de las Américas en La Habana. 

Yo esperaba estar impresionado por la obra, pero lo que no anticipé fue la profundidad del impacto temático y de la huella dejada por el estilo más danzado que actuado, más basado en movimiento y acción visceral que en el texto hablado. La historia de la doctora Andrea Evangelina Rodríguez Perozo (1879-1947) se cuenta en etapas. Primero vemos la niña brillante pero huérfana, pobre y negra estudiando y vendiendo gofios en las calles. Después conocemos la estudiante de medicina cuya tesis doctoral queda ignorada y detenida por seis años. Finalmente se gradúa como la primera médica de la República Dominicana y viaja a Francia para estudios avanzados en su especialidad en Pediatría y Ginecología. Rechaza un puesto en Francia para regresar a su pueblo de origen, San Pedro de Macorís, donde abre un consultorio para mujeres pobres, crea un banco de leche, promueve programas de salud para prostitutas y trabaja con la planificación familiar y la educación sexual. 

Como consecuencia, su práctica médica y su política sexual-personal chocan con el régimen trujillista. Vemos a la mujer arrestada, encarcelada, torturada y violada; pierde su profesión, su título de “doctora” se borra del registro de médicos y termina como una vagabunda enloquecida, abandonada y olvidada. 

Ruth Emeterio encarna a Andrea Evangelina como actora, co-directora y colaboradora de la dramaturgia con un balance entre precisión cincelada y pasión embrujada. Está en movimiento continuo dentro de cada etapa de las transiciones de joven a mujer estudiante, a médica graduada, a investigadora y a doctora practicante y activista. 

Un gesto particular define cada aspecto de su travesía: el manejo de la bandeja de gofio, el caminar en círculos alrededor del elevado rector universitario mudo y el bailar a “La vie en rose” de la Piaf. El gesto teatral más memorable es Andrea Evangelina como médica en San Pedro de Macorís corriendo con una lata grande de leche fresca debajo de cada brazo. Recibe preguntas de tras bastidores: ¿por qué es la leche materna mejor que la leche de vaca? Para, deja las latas, responde, agarra las latas de nuevo, corre, otra pregunta, para, deja las latas, responde, agarra las latas, corre, otra pregunta, etc., etc., etc.

Los últimos dos gestos enfocan en la violencia y la locura. El cuerpo de esta mujer brillante se trata como trapo, como forma inerte e insensible para atacar, golpear, patear, violar; el verdugo sigue órdenes de su “jefe” pero el político y el violador son el mismo actor, el mismo hombre Jano de doble cara, el mismo abusador enfermo. La última visión que tenemos de Andrea Evangelina es cuando se mueve a través del público en ropa rayada y con una canasta que sostiene sobre su cabeza con la imagen de la virgen con un@ niñ@ de cuna. El trabajo de Ruth Emeterio al crear todo esto me dejó boquiabierto suspendido en asombro. 

Ella no actúa sola. En cada etapa de la obra existe un personaje masculino: el profesor amable que reconoce su potencial intelectual, el rector impenetrable, el buen médico francés, el doble personaje del jefe-político y verdugo-violador y el pobre vendedor de periódicos que anuncia la peregrina loca que aparece tanto en el prólogo como el epílogo de la acción. Actuando los papeles masculinos, la energía y fuerza de los gestos de Santiago Alonzo balancean con y refuerzan los de Ruth Emeterio. Su horripilante juego entre la cara fría oficial y la brutalidad queda grabado en la memoria. Pero con la excepción de los actos de violencia, sus papeles son más fijados y emblemáticos: pienso del rector-cura-estatua de la universidad que ignora por seis años las rondas que Andrea Evangelina hace a su alrededor con su tesis.

Hay una figura más: con máscara neutral de látex, una manta de pelo rizo y un largo y amplio vestuario de tela roja, la locura cruza entre humos de lado en lado del escenario como prólogo y epílogo a la acción. Su movimiento llena el comprimido espacio vacío del escenario. Esa compresión de la acción contrasta con la larga visión al fondo de una calle de San Pedro de Macorís. Utilizan la técnica descubierta al principio del Renacimiento Italiano de pintar sobre paneles laterales y un trasfondo para crear, como en la pintura, la ilusión de profundidad, de perspectiva, de tres dimensiones. En “Andrea Evangelina” este arte antiguo permite un enfoque en una acción histórica del abuso político-sexual de la primera mitad del siglo 20 que continúa siendo real, actual, contemporánea. 

0Este fornido gesto teatral capta la violencia de nuestro diario vivir. El desarrollo de la acción en etapas y gestos, la falta de diálogo como tal y el contraste anacrónico entre una visión clásica renacentista y la actualidad nos evidencian la noción de un teatro épico todavía evidente en el Caribe. De esta manera, “Andrea Evangelina” de Chiqui Vicioso y colaboradores, por su estilo que intercala texto, movimiento, baile y música, me recuerda mucho de dos obras recientes del teatro puertorriqueño: la primera, Coraje II de Teresa Hernández (con co-dirección de Miguel Rubio) y la segunda, “Hij@s de la Bernarda” de Rosa Luisa Márquez y Jeanne d’Arc Casas. Muy buena compañía.