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El Seminario Conciliar de San Ildefonso: Educación y cultura en Puerto Rico, 1832-2019

Por Francis J. Mójica García/Especial para En Rojo

El Seminario Conciliar de San Ildefonso, ocupado actualmente por el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan, está íntimamente ligado al desarrollo de la instrucción pública y la cultura en nuestro país. Su evolución puede dividirse en distintas etapas, en las que también se le fue conociendo con distintos nombres. Desde 1832, aunque con muchas dificultades, este edificio se convirtió en lugar muy importante para la vida social y cultural de San Juan. Fue lugar de estudio de cientos de jóvenes de toda la isla, pero también de otros que llegaron de Venezuela y Santo Domingo, Málaga y Barcelona en España. Se formaron aquí jóvenes que le rindieron bien a Puerto Rico, entre ellos: Manuel Alonso, Román Baldorioty de Castro, Alejandro Tapia y Rivera, Eugenio María de Hostos, Federico Asenjo, José de Celis Aguilera, José J. Acosta, José Vizcarrondo Coronado, José Severo Quiñones, Tulio Larrinaga, Cayetano Coll y Toste, Francisco del Valle Atiles y José Celso Barbosa. Evidentemente, no estamos ante cualquier edificio.

Fue este un anhelo de toda la comunidad. Proyecto del que participaron la Iglesia y el Gobierno Civil, junto a vecinos de San Juan y otras partes de la isla. También fue motivo para la construcción del Teatro Municipal, hoy Teatro Alejandro Tapia y Rivera, entre 1825 y 1832, uno de los más antiguos de Hispanoamérica. Así de importante es este edificio. Tal vez, su mayor importancia radica en que fue un logro colectivo al que incluso se le dio prioridad sobre el establecimiento de una universidad.

A esta casa de estudios se le conoció con distintos nombres a través del tiempo. Desde el siglo XVIII y hasta las primeras décadas del siglo XIX se habló de Colegio-Seminario, Seminario o Seminario Conciliar. A partir de su inauguración en 1832 se le conoció como Seminario Conciliar de San Ildefonso, y en el periodo en que estuvieron a cargo los Jesuitas (1858-1878) se conoció como Seminario-Colegio.

La primera etapa fue la del desarrollo de la idea y planificación para establecer el Seminario. Esta la comenzó el obispo Pedro de la Concepción Urtiaga (1706-1715) quien ya desde esa época proponía la fundación de un “Colegio-Seminario” para la formación de los sacerdotes, considerando incluso ubicarlo en el hospital Nuestra Señora de la Concepción, que estaba desocupado. El proyecto no se pudo llevar a cabo en ese momento.i Aunque ya, desde 1768, la Corona había exigido a las diócesis construir su seminario si no contaban con uno. El proceso lo inició Juan Alejo de Arizmendi quien fue obispo entre 1803 y 1814, pero fue el obispo Pedro Gutiérrez de Cos (1825-1833) quien logró llevar a cabo el proyecto con el respaldo del Cabildo de San Juan y el entonces gobernador Don Miguel de la Torre, luego de que el rey Fernando VII aprobara la petición que le enviara el 27 de octubre de 1827.ii Se construyó entre 1827 y 1832.iii La Sociedad Económica de Amigos del País le dio un gran respaldo desde el principio.

El terreno en que se construyó el edificio fue donado por el chantre de la Catedral D. Nicolás Rivera Quiñones para ese propósito específicamente.

Al disponer de sus bienes 9 años después, los dejó todos a beneficio de su alma y de los pobres “a discreción y arbitrio de… el actual diocesano”. Y el actual diocesano y confidente íntimo suyo era el obispo Arizmendi, quien destinó la casa y patio de su amigo para solar del Seminario, agrandándolo con la compra de los solares adjuntos, y sosteniendo sus derechos en un pleito que suscitara cierto vecino.iv 

La actividad educativa en el terreno y casa donada por el chantre comenzó a principios del siglo XIX como queda demostrado.

En las deliberaciones para escoger el lugar, fue decisivo el criterio del primer obispo puertorriqueño Don Juan Alejo de Arizmendi. Albacea de los bienes dejados por el difunto chantre Rivera Quiñones, destinó la casa y patio del mismo para ubicar allí el seminario, agrandando el espacio al comprar con fondos propios y ciertos réditos eclesiásticos los solares adjuntos. Ya en 1814 se ofrecían en dos salas de la casa mencionada clases de latín, después de hacer en ella algunos arreglos para facilitar tales actividades. En reunión celebrada por el cabildo el 14 de enero de 1813 se informa que el obispo estaba “… entendiendo en el edificio del Seminario Conciliar, que se hallaba muy adelantado…” Una lista de jornaleros pagados desde diciembre de 1814 a agosto de 1815 prueba definitivamente que ya se realizaban las primeras obras, siquiera de habitación provisional. Quién sabe si estas primeras dependencias se mantienen luego dentro del proyecto que se realiza más tarde.v 

Y más adelante el edificio se construyó con el noble y único propósito de servir como centro de enseñanza religiosa y de proveer un lugar donde se pudieran educar los pobres. Esto quedó demostrado desde el principio y por eso fue un proyecto que provocó gran interés.

El área está preparada, resta acopiar el trigo que ha de sembrarse, escoger el buen grano del que se esperan sazonados frutos. Resta elegir las personas que han de ocupar las becas y mantenerse de las rentas del colegio: jóvenes de buena índole, naturales de la isla… Con las mismas calidades serán admitidos los hijos de los ricos y pudientes, pagando sus padres en cada semestre una pensión que se computará con equidad.vi 

Durante gran parte del sigo XVIII los puertorriqueños estuvieron solicitando mejoras en la educación y el establecimiento de un centro de estudios en la isla, pero no tuvieron éxito. Fue Juan Alejo de Arizmendi quien comenzó a dar pasos concretos en esa dirección para establecer el Seminario. El principal reto para la construcción del edificio fue la adquisición de fondos. Por eso, desde 1803 el obispo, el deán, el archidiácono, el chantre, los canónigos y racioneros tuvieron que donar el tres por ciento de sus ingresos para la construcción del edificio.vii Tal era el interés de la comunidad que los vecinos también decidieron aportar. Miguel Xiorro, por ejemplo, dejó establecido que, a su muerte, las tres residencias que poseía en las calles Tetuán, Fortaleza y en la Plaza de Armas se alquilaran y las ganancias se donaran para su construcción. Otras personas del resto de la isla también aportaron económicamente. Además, el señor Manuel Rendón dejó establecido que, al morir, su residencia, ubicada en la calle Sol #38, se alquilara y las ganancias pasaran al Seminario.

Este ya producía beneficios para el país incluso antes de existir, pues buscando generar recursos económicos para su construcción el gobernador Don Migue de la Torre decidió edificar un Teatro Municipal y utilizar parte de los recaudos para levantar el edificio. Se recaudó dinero con las funciones que realizaba la Compañía de Actores Dramáticos.viii Para guardar los fondos recaudados se construyó un Arca de Tres Llaves. Inicialmente hubo una discrepancia sobre donde establecer la ansiada casa de estudios. Algunos proponían ubicarlo cerca de la Catedral, en la esquina que forman las calles San José y San Francisco, con el propósito de mejorar el área que se encontraba dominada por el cementerio. Pero prevaleció la idea de Juan Alejo de Arizmendi de establecerlo a lado de Palacio Arzobispal, en los terrenos donados por Don Nicolás Rivera Quiñones. 

A partir de este momento comenzó la segunda etapa en la historia de este edificio, la que podemos ubicar entre 1832 y 1858. Los cursos comenzaron el 12 de octubre de 1832 con 55 estudiantes, de los cuales 12 tenían becas de merced que se costeaban con los recursos donados por el vecino Miguel Xiorroix. Fue su primer rector Ángel de la Concepción Vázquez, quien residía en el edificio y ocupaba una habitación al lado de la puerta de entrada.x Comenzó el Seminario Conciliar de San Ildefonso con una Facultad de Teología y un Departamento de Segunda Enseñanza, en donde se impartían cátedras de latinidad, filosofía y teología.xi Este fue un periodo de cambios en la institución tanto en su planta física como en su plan de estudios.

El edificio tuvo una ampliación entre 1852 y 1856 para proveer habitaciones a profesores y estudiantes.xii Además, desde 1855 los estudios en el Seminario quedaron incorporados a los de las universidades españolas. Esto quiere decir que un estudiante graduado de esta institución podía continuar sus estudios universitarios en España o en Cuba. Para esto tuvo que cumplir con unos requisitos: seguir el mismo plan de estudios que se seguía en España, utilizar los mismos libros de texto, y enviar las listas de estudiantes y sus calificaciones a la Universidad de San Gerónimo de la Habana.xiii Sin embargo, la actividad educativa en el Seminario comenzó a decaer notablemente durante la década de 1850, lo que provocó que se exigieran reformas. Así lo hicieron los líderes religiosos y los gobernadores D. José Lemery y Fernando Cotoner. Estos solicitaron a la Corona que enviara cierto número de padres jesuitas para que se hicieran cargo del plantel y ayudaran a mejorar la enseñanza secundaria en la isla.xiv Durante este periodo se estableció en este edificio el primer laboratorio de física y química que tuvo la isla. Lo donó el Padre Rufo Manuel Fernández en 1844, pero el Cabildo Eclesiástico no lo aceptó, así que, estuvo en el edificio temporeramente en lo que consiguió otro local.xv Aquí se estableció también la primera cátedra oficial de inglés en San Juan en agosto de 1844, costeada por la Sociedad Económica de Amigos del País.xvi 

Es importante señalar que el Seminario tuvo la segunda biblioteca más importante de San Juan. Especializada en temas religiosos, esta comenzó a formarse en 1832 con la donación que hiciera el deán Don Juan Lorenzo de Matos y más adelante recibió donaciones de otros religiosos, incluyendo al obispo Pedro Gutiérrez de Cos y el obispo Pablo Benigno Carrión (1857-1871). Al dejar la institución a finales de la década de 1870, los Jesuitas se llevaron una buena cantidad de libros quedando la biblioteca con alrededor de 800 volúmenes.xvii 

Llegaron los Jesuitas a Puerto Rico porque el gobierno y la iglesia, tomando como modelo el Colegio Belén de La Habana (1852), quisieron que estos se hicieran cargo de la educación secundaria en la isla. Pero hubo muchos problemas para armonizar los intereses del Capitán General y el obispo Carrión. Mientras este último quería reforzar la enseñanza religiosa y que el edificio fuera solo seminario, el primero deseaba dar prioridad a la educación de todos los jóvenes para que no tuvieran que irse al exterior donde podían entrar en contacto con ideas revolucionarias. Ante la falta de un local adecuado se quiso establecer el colegio de los Jesuitas en el Seminario. Sin embargo, este exhibía terribles deficiencias que representaban un reto mayor: su funcionamiento era deficiente y tenía pocos alumnos, y los estudios que allí se hacían estaban mal organizados. Pero, tal vez, el mayor problema era el edificio, que no tenía suficiente espacio, ni estaba bien equipado. Los estudiantes, por ejemplo, compartían un dormitorio sin privacidad. Ante esa situación, decidieron establecer allí el colegio, pero realizando una serie de reformas. Llegaron a un acuerdo, pero el obispo mantuvo su participación en la admisión de seminaristas y el reclutamiento de profesores para las cátedras que no asumían los Jesuitas.xviii El Seminario-Colegio inició su primer curso en octubre de 1858 con 138 estudiantes, el doble que el curso anterior.xix 

Con la llegada de la Compañía de Jesús en 1858 comenzó su etapa de mayor esplendor. Estos le dieron mayor vitalidad al ahora Seminario-Colegio y dotaron a la isla de una educación secundaria mejor organizada. Pero no fue fácil porque de ese momento en adelante funcionaron en el mismo edificio dos instituciones: el Seminario y el Colegio de Segunda Enseñanza. Estos tuvieron que armonizar el funcionamiento de dos instituciones distintas en un espacio reducido. Los estudiantes del colegio, por ejemplo, no tenía que vestirse igual que los seminaristas ni participar de sus actividades.xx Los primeros en llegar a hacerse cargo de la institución fueron José María Pujol (Rector), Pedro Nubiola y Tomás Iraeta quienes arribaron el 2 de mayo de 1858.

Estos se enfrentaron a una situación compleja. Desde mayo de 1851 la institución podía otorgar el grado de bachiller en filosofía y se había aprobado en octubre de 1852 un plan de estudios. Además, desde 1854 sus cursos habían quedado incorporados a los de las universidades del reino y había que cumplir con unos requisitos. En ese contexto, también tuvieron que ajustarse a la reforma educativa que se impulsaba en España mediante la Ley Moyano del 5 de septiembre de 1857.xxi El profesorado también tuvo problemas de salud frecuentemente y eso le dio a la institución cierta inestabilidad en ese aspecto. A partir de 1863, no llegaron más jesuitas catalanes, desde entonces todos fueron vascos, castellanos y andaluces.xxii 

Además de hacerse cargo de un Seminario que ya funcionaba con múltiples problemas, también tuvieron que encargarse de la Iglesia de Santo Domingo, hoy Iglesia San José. Añadiendo a esta situación la falta de profesores y la deficiencia de muchos, pues no todos eran competentes. Lo que se traducía en una sobrecarga de trabajo para el poco personal.xxiii 

Desde principios de la década de 1850 el plan de estudios había comenzado a decaer. Circulaban las ideas revolucionarias por el Caribe y con la intervención del Capitán General este sufrió cambios.xxiv Los Jesuitas establecieron un Plan de Estudios Abarcador a la par con el que se seguía en España, a completarse en 5 años: (Primer año) Latín y Castellano, Historia Sagrada, Principios de Aritmética, Francés o Inglés; (Segundo Año) Latín y Castellano, Geografía, Principios de Geometría, Francés o Inglés; (Tercer Año) Latín, Aritmética y Algebra, Historia Universal y Griego; (Cuarto Año) Geometría y Trigonometría, Historia de España y Griego; (Quinto Año) Psicología, lógica y ética, Física y Química, Historia Natural con elementos de fisiología humana. Los cursos de teología se limitaron a 4 como en los seminarios de España.xxv 

Los Jesuitas tuvieron que abandonar el Seminario en 1878. El Obispo Juan A. Puig Monserrat (1872-1894) entendió que la institución se había alejado de su objetivo principal de formar sacerdotes y les solicitó que abandonaran el edificio. Olvidó dicho obispo que desde su fundación también tenía la misión de proveer educación gratuita a los desventajados. Hasta ese momento la actividad académica y cultural en el edificio había tomado un gran impulso y la formación religiosa había quedado en un segundo plano.xxvi Es importante resaltar que debido al aumento en la cantidad de estudiantes se utilizaba la Iglesia San José para las actividades. A su salida, la institución contaba con un buen laboratorio de Física y Química y, desde 1865, con un museo donde se exhibían objetos indígenas.xxvii Entre 1858-1878 el Seminario-Colegio graduó 221 jóvenes con título de bachiller y llegó a tener hasta 138 estudiantes matriculados. Quedó solo con 35 alumnos, dedicados al sacerdocio, al salir los Jesuitas.xxviii En el período en que estuvieron a cargo los jesuitas (1858-1878) el promedio de estudiantes por año fue 140, llegando a tener 238 estudiantes en el último curso (1877-1878).xxix 

A partir de 1878 comenzó una etapa en la que el Seminario se dedicó solo a la formación de sacerdotes, bajo la dirección de los Padres Paúles. En el 1900 el obispo Jaime Blenk (1899-1906) lo cerró por falta de recursos, pero en 1915 el obispo Guillermo Jones lo reactivó nuevamente bajo la dirección de los Paúles. Duró hasta 1948 cuando el obispo Jaime Davis lo trasladó a Aibonito. Inmediatamente el local fue ocupado por el Colegio Santo Tomas de Aquino (1948-1972). Sin embargo, debido al mal estado en que se encontraba, fue clausurado en 1972. El edificio permaneció en ruinas y su patio se había convertido en basurero, hasta que fue restaurado entre 1984 y 1986 por el Dr. Ricardo E. Alegría. Obra que comenzó con cerca de $225,000.00 que pudo recaudar. Devolviéndolo así a la vida cultura y académica.xxx 

En 1986 el Seminario Conciliar de San Ildefonso se convirtió en sede del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, recobrando su esencia como centro de la actividad social y cultural de toda la zona. Igual que el Seminario de 1832, nació el Centro de Estudios Avanzados como un anhelo del Dr. Alegría, y los que con el colaboraron, para servirle bien al país. Ofreciendo, entre otras cosas, acceso a una biblioteca pública única en su clase, especializada en recursos relacionados a la historia y cultura de Puerto Rico y el Caribe. Don Ricardo se inspiró en el estilo de la biblioteca Palafoxiana para desarrollar la del Centro.xxxi Así se conoce la biblioteca donada por el obispo de Puebla en México, Juan de Palafox y Mendoza en 1864, y establecida como biblioteca pública a partir de 1773. Tiene el edificio una capilla decorada en 1858 por el italiano Giovanni Caballini, y restaurada por el mexicano Alfonso Hinojosa c1984.xxxii En la hermosa biblioteca se puede apreciar un mural del artista español Rafael Seco que se hizo durante la restauración del edificio. Acá tiene el pueblo de Puerto Rico las puertas abiertas y acceso a un edificio que le pertenece.

Es el Seminario Conciliar de San Ildefonso un lugar especial. Desde antes de su fundación está vinculado a los anhelos más profundos de esta comunidad, que son aquellos relacionados a su educación y cultura. Pilar de la enseñanza púbica en Puerto Rico, es parte del patrimonio del pueblo puertorriqueño y como tal debe estar accesible a todos(as). Eso fue lo que hizo el Dr. Ricardo E. Alegría al restaurarlo, permitir que cada puertorriqueño(a) tuviera la oportunidad de disfrutar de esta joya.xxxiii Acá tenemos todas las semanas investigadores, profesores, escolares, turistas y vecinos que han hecho de esta su casa y lugar obligado a visitar en el Viejo San Juan.

Crucigrama: Vladimir Ilich Lenin

Por Vilma Soto Bermúdez/ Especial para En Rojo

Horizontales

1. Lleva a remolque una nave.

5. Un paso adelante, _____ pasos atrás (1904); obra de Lenin donde describe los altibajos en los procesos revolucionarios.

8. El imperialismo, _____ superior del capitalismo; libro de Lenin de 1916.

12. Carlos _____; breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo, escrito por Lenin en 1914.

13. Primera mujer bíblica.

14. Vladímir Ilich Ulianov conocido como _____; líder bolchevique, principal dirigente de la Revolución de Octubre y primer dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Autor de Materialismo y empiriocriticismo y La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo.

15. Pasé la vista por lo escrito.

16. Impar.

17. _____ Santamaría; héroe revolucionario cubano.

19. Carta de la baraja.

20. Interjección para espantar la caza y las aves domésticas.

22. Emperador ruso.

24. Vladímir Ilich _____; en 1900, con 30 años, Volodia, como le llamaban sus padres, comenzó su primer exilio en Suiza donde publicó el periódico Iskra (La Chispa). En 1901 comenzó a firmar como Lenin. Hasta entonces solo había utilizado su nombre o los seudónimos de K. Tulin o V. Ilin.

28. _____ Belén Montes; prisionera política puertorriqueña.

30. ¿_____ hacer?; libro de Lenin de 1902, una de sus obras más importantes.

31. Personaje del libro Génesis, su esposa fue convertida en estatua de sal.

32. Señor, abrev.

34. _____ críticas sobre la cuestión nacional; libro de 1913 de Lenin en el que presenta una teoría que luego desarrollará en “El derecho de las naciones a la autodeterminación”.

36. Cuarta nota musical.

37. Artículo gramatical.

39. Símbolo del argón.

40. Vladímir _____ Lenin; autor de Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril) (1917), y El Estado y la revolución (1917).

41. 22 de _____ de 1870; nacimiento en Simbirsk de Lenin según el calendario gregoriano; sería el 10 el según el calendario juliano.

43. Sonreían.

45. Poesía.

46. El _____ de las naciones a la autodeterminación; artículo de Lenin escrito en 1914.

49. Preposición.

50. El desarrollo del capitalismo _____ Rusia; escrito de Lenin de 1899.

51. Norma, regla, canon.

53. Asistiré.

54. La economía y la política en la _____ de la dictadura del proletariado; publicación de Lenin de 1919. El libro también se conoce como Economía y política en la época de la dictadura del proletariado.

55. Reza.

56. Muerto violentamente.

57. El _____ y la revolución; libro de Lenin de 1917.

Verticales

1. Ante Meridiano.

2. Igual, parecido, semejante.

3. Aireares.

4. Segunda vértebra del cuello.

5. Otorguen.

6. En arquitectura, ornamento en forma de huevo.

7. _____ Isabel; municipio de Puerto Rico.

8. Epíteto del dios Apolo.

9. Anéjala.

10. Río del noroeste de la península Ibérica.

11. El programa agrario de la socialdemocracia _____ la primera revolución rusa de 1905-1907; escrito de Lenin de 1908.

14. Sexta nota musical.

18. La enfermedad infantil del _____ en el comunismo; libro de Lenin de 1920.

21. _____ y empiriocriticismo; libro de Lenin de 1908 que sigue siendo un arma ideológica en la lucha contra la filosofía burguesa.

23. Símbolo del oro.

24. Algún.

25. Enarboló.

26. Manojo de mies cortada y tendida en el suelo para formar gavillas.

27. Miré.

29. Negación.

33. Enrarecida.

35. Tisana.

36. Que no produce calor.

38. Linteles o dinteles de una puerta.

39. Cazas o pescas con arpón.

40. Dos en números romanos.

42. Forma que, en dativo, designa a alguien o algo mencionado en el discurso, distinto de quien lo enuncia y del destinatario.

44. Virtud teologal.

47. 21 de _____ de 1924; fallecimiento de Lenin.

48. Del verbo herrar.

52. Ahora.

53. Sacerdotisa de Hera que fue amada por Zeus.

Antonio Soprano Rivera

Por Laurie Garriga/ Especial para En Rojo

You know, Tony, it’s a multiple choice thing with you. ‘Cause I can’t tell if you’re old-fashioned, you’re paranoid, or just a fucking asshole.
-Carmela, Temporada 1, Los Sopranos

Los inviernos en New England son largos. El frío de noviembre a abril facilita la proclividad a pasar las noches dentro. Y, como otros mamíferos, aquí tendemos al retiro interior, no necesariamente espiritual, sino doméstico. Desde que me mudé acá hace casi cinco años he notado que, entre las muchas prácticas y percepciones que han cambiado, ver series dramáticas se ha convertido en un ejercicio tan importante y estimulante como la lectura o los viajes. Como apenas veía series antes de mudarme a Boston, desde que vivo aquí he estado poniéndome al día con aquellas obras televisivas transmitidas hace diez años o más. 

Tony nos da pena, nos causa cierta admiración y hasta justificamos sus acciones según los códigos que tiene su profesión. Y se nos olvida que este tipo de personaje complejo, intenso, abusador, irreformable lo tenemos cerca y muchas veces seguimos excusándole su modus vivendi.

Hará un mes que comenzamos a ver Los Sopranos. Transmitida por HBO desde 1999 hasta 2007, el programa relata la vida de Anthony “Tony” Soprano, líder de la mafia italoamericana en New Jersey. La serie comienza con la muerte de la cabeza de la familia, Jackie Aprile Sr., y las desventuras con la sucesión del poder. Los Sopranos gira en torno a la figura de Tony como antihéroe y se concentra en su vida doméstica y laboral turbia disfrazada en su (contratos con el gobierno local, una carnicería, un club de striptease y un sinnúmero de negocios nepóticos e ilegales). La trama es a su vez intercalada por las conversaciones que tiene Tony con su psiquiatra Jennifer Melfi, a quien comienza a visitar, por insistencia de su esposa Carmela, al sufrir desmayos y ataques de pánico. Es, a través de las sesiones, que Soprano alcanza ciertas epifanías sobre sus padecimientos, colegas y operaciones comerciales. Aunque aún no he terminado de ver la serie, a todas luces, pareciera que al protagonista le será imposible renunciar a un desenlace trágico. 

De Los Sopranos se ha escrito mucho y se ha analizado más. He evitado la tremenda curiosidad de leer en internet o de buscar la raíz verídica, si existe, de sus personajes. No quiero que se revele nada a destiempo. A mí me ha llamado la atención que Tony Soprano parece fundar una especie de arquetipo televisivo que más adelante veremos exaltado en programas como Mad Men y Breaking Bad. Pero más me ha interesado cómo Los Sopranos en sus vicios, cursilerías, horribles celebraciones de género y de la familia, momentos de entrañable ternura y protección, retratan muchos de las personas que rodearon mi vida adolescente en Puerto Rico en el momento histórico en que la serie se transmite y se vive, desde finales de los noventa hasta entrada la primera década de los 2000. 

Mi familia nada tiene que ver (que yo sepa) con los negocios ilícitos. Pero una y otra vez mientras veo las primeras temporadas de la serie, se me revelan muchísimos parecidos en materia de comportamientos, anhelos y de gente cercana. Siempre he sido clase obrera y clase obrera al fin, el núcleo estaba compuesto por una madre divorciada, un hermano y una abuela viuda, principalmente. Pocas veces se podía esperar algo, más allá de minucias, del género masculino. En mi casa no había dinero para comprar carros nuevos o poner aire y en aquel momento se asumía la pobreza con vergüenza y como un sino. A la falta de dinero se le llamaba erróneamente “pertenecer clase media” y por orgullo o desinformación no se aceptaban ayudas del gobierno. Muchos años después pude ver que, tanto en mi familia como en otras de la comunidad, asumirse como trabajador era un oprobio. Yo escuchaba a mi madre celebrar las adquisiciones materiales de su familia extendida sin un ápice de envidia, pero tampoco se criticaba el exceso. Esa bonanza noventosa –que para algunos se extiende hasta hoy día– la veía con sus casas de playas, viajes, fincas, botes, carros caros, prendas y fiestas. En fin, el mensaje implícito era que aquello era lo que se debía lograr sin cuestionarse, entre otros asuntos, el consumo desmedido o la levedad. Nosotros, desde las gradas, comenzamos también a discernir en esa familia extendida otros problemas que el dinero no parecía resolver. 

Es por eso que una de las primeras cosas que me capturó de Los Sopranos fue precisamente la celebración material de porquerías y la performatividad del macho proveedor. Tony Soprano ha llegado a ser el jefe de la red de familias entre New Jersey y New York, vive en una casa desbordante (con la estética del Caesar’s Palace de Las Vegas), anda con pacas de billetes y amantes (“goomahs”). Soprano es casi totalmente inmune tanto a las autoridades (con algunas excepciones) como a los límites (sino es que se los aplica él mismo). La idea de hacer, cobrar, exigir tiempo, favores, respeto o dinero se le permite porque ha llegado a la cúspide de su oficio. Tony es muy parecido al modelo del jefe de familia criolla con dinero que no responde a nadie (y que reconozco). Tanto uno como el otro son torpes, cursis y macharranes pero exigen cierta pleitesía y servilismo del resto. A nivel discursivo, se enfrascan en la narrativa de la provisión y de la unidad familiar para justificar sus ambiciones, violencias y sus osadías. Para ellos, el dinero debe evitar que se les pase factura. Al fin y al cabo, cumplen su cometido de “ser buenos proveedores”, según se les instruyó. La exigencia es poca. Replicar el éxito material y el poder de Tony Soprano es lo que anhelan los súbditos del protagonista para cimentar su movilidad social aunque a ninguno de ellos les falta dinero, carros, casa o ropa. Recuerdo que en mi adolescencia escuchaba decir que vivir en Encantada, Montehiedra, Villa Caparra o Paseos, comprarse el bote y los Mercedes era la finalidad, el progreso cuantificable.

El personaje de Tony Soprano nos inquieta por sus matices. Parte del atractivo de la vida de Soprano es la cercanía que tenemos con él, nos es familiar. Su maldición consiste en que ni su posición o dinero le han provisto libertad, salud mental o estabilidad duradera. Tony nos da pena, nos causa cierta admiración y hasta justificamos sus acciones según los códigos que tiene su profesión. Y se nos olvida que este tipo de personaje complejo, intenso, abusador, irreformable lo tenemos cerca y muchas veces seguimos excusándole su modus vivendi.

Con Los Sopranos sigo viendo destellos de esos adultos a los que no se les exigía mucho de vuelta (tristemente, a la mayoría de las figuras masculinas que conocí mientras crecía). Así como los oropeles que veía desplegados a la distancia, en el show mismo los destellos encierran su precipicio. Más vale verlos desde las gradas y despedirse de Tony a lo lejos.

Chatarra: Una poética de la crisis

Estrena en la Universidad de Puerto Rico obra teatral sobre la deuda pública: “Chatarra, una poética de la crisis” 

 San Juan, Puerto Rico – Teatro y Conciertos Luna Nueva vuelve a producir de la mano del dramaturgo y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Ricardo Cobián Figeroux, su nueva pieza teatral, producto de un proyecto de investigación y creación interdisciplinaria sobre las causas que llevaron a Puerto Rico a la actual crisis económica y sus consecuencias en la vida social y política del País. 

“Chatarra, una poética de la crisis” estrena en el Anfiteatro 1 de la Facultad de Estudios Generales de la UPR, Recinto de Río Piedras, con cuatro funciones los días: viernes, 12 y sábado, 13 de abril a las 8:00PM y domingo, 14 de abril a las 4:00PM, y el lunes, 15 de abril a la 1:00PM.

Chatarra, que en el argot financiero de las casas acreditadoras se refiere a la degradación crediticia más baja del mercado de inversión, supone, en términos prácticos, que todo préstamo de inversión de capital externo corre un alto riesgo de impago. En este sentido Chatarra opera a modo de metáfora alegórica de nuestra actual condición económica y fiscal.

Chatarra es una obra original de performance multidisciplinario que se origina como resultado de una investigación sobre las causas de la crisis fiscal y sus efectos en la calidad de vida en todos los ámbitos del quehacer cultural, social y económico de los puertorriqueños. La información recogida de esta investigación se traduce al ámbito escénico a través de la alegoría y la parodia.

Como ya es costumbre en las piezas de teatro alternativo Ricardo Cobián, vuelve a dirigir a un impresionante elenco de artistas de la actuación, la danza y el performance, en una pieza de gran formato en las que el diseño escénico, vestuario, video, música y sonido conforman de manera sincronizada diversos elementos visuales y escénicos. La obra cuenta con un prestigioso elenco integrado por Freddie Acevedo, Jacqueline Duprey, Kairiana Núñez, Mario Roche, LuisRa Rivera, Teresa Hernández, Nathanael Méndez, Rafael Pabellón, Luis Sebastián Borges, Alma López, Héctor Rodríguez, Gabriel McRoberts, Stephanie Díaz, Angela Carlo y Marcos Corrada. En el diseño técnico (video, iluminación, música sonido) y artístico la obra cuenta con: Manuel Reyes Guzmán, Javier Faris, Nicolás Luzzi y Rita Duprey. 

“En definitiva, la imposición de un gobierno tutelar, a través de una Junta de Control Fiscal bajo la Ley Promesa, es resultado de dicha crisis fiscal. Lo que nos parece importante es denunciar el déficit de democracia a lo cual nos ha llevado a esta crisis fiscal por la incompetencia gerencial, la ineptitud y la corrupción de los gobiernos de turno, para crear conciencia sobre nuestra patética condición colonial” expresó el director de la obra.

La obra es apoyada por el Departamento de Español, el Instituto Interdisciplinario y Multicultural de la Facultad de Estudios Generales y la Oficina de Eventos del Centro Universitario de la Universidad de Puerto Rico. Las funciones son libres de costos, aunque se estarán aceptando donativos para cubrir los costos de la producción.

Sueño para las personas despiertas

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

El sistema actual que domina el mundo insiste en afirmar que no sirve soñar. La realidad es cada vez más dura y cruel. Millones de personas pasan hambre. Las empresas mineras destruyen el planeta para garantizar lucros fantásticos a la pequeña élite que las dirige. Eso es lo que consideran como progreso. Sin embargo, pueblos y comunidades tradicionales resisten y luchan por alcanzar el sueño de una vida digna. En Brasil y otros países del continente, pueblos indígenas, hasta hace poco tiempo, considerados extintos, se reorganizan y retoman sus tierras ancestrales y su propio modo de vivir. 

“El derecho de soñar” es el título de un libro del pensador y sociólogo italiano Riccardo Petrella (2004). Allí él proponía “las opciones económicas y políticas posibles para una sociedad justa”. Denunciaba la forma como la humanidad, en grande parte, se convirtió en prisionera y rehén de los bancos y banqueros. Para más de mil millones de personas, los conglomerados financieros actúan como verdaderos “ladrones de sueños”. Organizan el mundo de forma que impide la mayoría de vivir dignamente. Incluso en países como Alemania y Francia, jóvenes de más de 30 años no pueden casarse porque no tienen empleo fijo y no pueden sostener una casa. La mayoría de la población es llevada a aceptar pasivamente mantenerse en los límites de la mera sobrevivencia, para que una pequeña elite se vuelva cada vez más rica. En Italia, de cada tres jóvenes, uno está desempleado y sin esperanza de lograr empleo. Mientras tanto, sólo diez personas tienen una renta equivalente a tres millones de italianos. Es la misma lógica por la cual, según datos de la ONU, Brasil se hizo el tercer país en el mundo en desigualdad social.

El derecho de soñar tiene como base una confianza ligada a la fe. Se trata de fe en la vida, en la bondad fundamental del ser humano y en señales de una nueva conciencia de paz y comunión de la humanidad con la naturaleza. La Biblia dice que eso es el proyecto divino para el mundo y que el Espíritu es quién mueve a la humanidad en esa dirección. Así, el derecho de soñar no es sólo proyección de deseos inconscientes. Al luchar pacíficamente para realizar ese sueño colectivo de paz y justicia, no estamos solos. Con nosotros está Alguien que se manifiesta en todo acto de amor y nos da la fuerza de hacer real la utopía de una vida verdaderamente realizada y feliz. En Chiapas en México, las comunidades indígenas que se rebelaron contra el Estado y proclamaron su autonomía social y política afirman: “Somos un ejército de soñadores. Por eso, somos invencibles”.