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Será otra cosa: La escuela es un corazón

Por Rima Brusi/ Especial para En Rojo

Sé que estamos todos ocupados (¿traumados?) con líos varios: la gobernación del país; la omnipresencia silente de la Junta; la corrupción generalizada; la violencia de género. Mientras escribo esta columna, las noticias en los periódicos incluyen el dictamen del tribunal supremo en contra de la designación de Pedro “El Breve” Pierluisi como gobernador, la evidencia de esquemas corruptos en el infame chat y locker room virtual de los bros boricuas, y el asesinato (otro más) de una mujer, dentro de su casa, cerca de su hija.

Pero es agosto y se acerca el inicio de clases, así que quiero escribir algo sobre las escuelas.

Así, a ojo, porque nunca nos explican demasiado la ejecución de la cosa, calculamos que han cerrado una tercera parte de las escuelas del país. En algunos municipios, como Sabana Grande, todas o casi todas las escuelas elementales.

Nos han cerrado las escuelas a cuenta de que no había suficientes estudiantes y luego resulta que no hay suficiente espacio y hay que meter niños en vagones, dejarlos sin maestros, o someterlos a la falsa eficiencia del interlocking, que les arrebata clases, comida y actividades extracurriculares. Se han quedado sin servicios un número indeterminado (de nuevo, no les gusta explicarnos demasiado, a los líderes del DE) de estudiantes de educación especial.

“Esas escuelitas son el corazón de sus comunidades. Cerrar escuelas y regar a los nenes por ahí nos rompe, nos fragmenta”, me dijo hace poco una líder comunitaria.

Nos fragmentan y luego nos hablan, sin ironía, de “estabilidad” y “orden”. De “sosiego”. ¡Sosiego!

Algunos barrios y grupos han logrado rescatar los edificios vacíos y convertirlos en alguna cosa útil, incluso feliz: comedores, espacios de educación, ejercicios o esparcimiento, centros de reunión. Otros edificios han sido cedidos a organizaciones privadas a precios de quemarropa. Así pasó con la escuela Julia de Burgos, ahora propiedad de la iglesia Fuente de Agua Viva, su nombre e historia borrados por un rolo de pintura blanca, blanca como la que (nos dice la biblia que tanto mientan los propios miembros de la fuente en cuestión) es metáfora evangélica para la hipocresía farisea. Sepulcros blanqueados.

Algunos edificios están abandonados, cerrados, tal vez vandalizados, rompiéndoles el corazón a las maestras, madres y niños que pasan por allí, camino a la que sea su nueva escuela, o al avión que los llevará a la Florida, una migración a veces motivada en parte por la pérdida de su escuela y centro vital.

Algunos permanecen en un extraño vilo. Ese es el caso de una escuelita en mi comunidad. Contrario a otras escuelas en el mismo municipio, y a pesar de los reclamos y propuestas comunitarias para su apertura y uso, permanece cerrada, su destino incierto. El barrio está cerca de la playa, y se rumora que el alcalde quiere vender la escuela, ubicada en un solar idóneo para la construcción de un hotel con vista al mar.

Ya que me estoy permitiendo citar rumores (a falta de información y transparencia, a veces el rumor es lo más cercano que nos queda a la verdad), añado que se me ocurre pensar que resulta conveniente y deseable, un solar abandonado con vista al mar, en el contexto de las mal llamadas “zonas de oportunidad”, designación que de seguro le tocará a la mayor parte de este barrio y que le permitiría a los desarrolladores hacer chavitos sin pagar impuestos.

En todo caso, el alcalde sigue culipandeando en su aparente indecisión, y la comunidad sigue presentando propuestas.

Esto de la escuela como “corazón” y “centro vital” de un barrio puede sonar un poco melodramático, pero miren lo que hacen los vecinos con esta escuelita, mientras esperan que el alcalde se las ceda de una vez, ya sea por despertar moral o por cansancio: se han agenciado una llave, y en secreto podan la grama y limpian el terreno de basuras. La escuela está intacta: no hay ventanas rotas, pasquines políticos, o declaraciones de amor a Tita o a Tato pintadas en sus paredes. Hay equipo adentro, también intacto.

No me queda claro cuál es el tan cacareado ahorro que, nos dijeron, genera el cierre de esta escuelita.

El costo humano, sin embargo, está clarísimo.

Por una sociedad no patriarcal

 

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

En Brasil, el segundo domingo de agosto es considerado “día de los padres”. La fecha puede hacernos preguntar qué significa ser padre en una sociedad que experimenta siempre profundas transformaciones. Estudios garantizan: hace 8,000 años, la mayoría de las civilizaciones antiguas se organizaban de manera matrilineal. La referencia de la sociedad era la madre. En esa forma de organización, hombres y mujeres vivían en situación más igualitaria y la propiedad de la tierra era comunitaria. Había cierta igualdad sexual y las sociedades eran más pacíficas.

Desde cinco mil años, en las sociedades agrícolas, los hombres se han convertido en jefes de familia. En esas sociedades patriarcales, la historia se convirtió en una sucesión de guerras y conquistas, con fuertes diferencias de clase social. Empezó la esclavitud para enemigos de guerras y para pobres endeudados. Hasta el día de hoy, la sociedad sigue siendo patriarcal. Pero ese modelo de organización social ya no funciona. Por otro lado, todavía no se ha encontrado otro estilo de relaciones familiares. Madres y niños se desgastan en la lucha por la supervivencia, y, en la mayoría de las veces, los hombres resuelven el problema por su ausencia o cumpliendo meras obligaciones económicas.

Todos saben que ser padre biológico no es suficiente. Hoy en día, incluso vasos de laboratorio garantizan esto, sin necesidad de presencia humana. Lo importante y desafiante es ser padre en la construcción diaria de una relación de diálogo, en la cual los niños en crecimiento puedan contar con diálogo y apoyo emocional. En Brasil, la duración promedio de los matrimonios es de diez años. En la mayoría de los casos, lo que sobrevive es una familia nuclear, compuesta por madre e hijos, donde casi siempre falta la presencia positiva y no dominante de hombres.

El mundo necesita una nueva forma de ser padre. La función de los padres es necesaria para el equilibrio de la familia, para una relación más justa con las mujeres, para la salud psíquica y emocional de los niños, y para la organización de una sociedad más igualitaria y pacífica.

Movimientos sociales y organizaciones populares son espacios de discusión sobre ese tema. Transforman a hombres y mujeres en protagonistas que ensayan nuevas relaciones familiares y sociales. Allí, la paternidad es vivida en una relación de género – hombre y mujer – tejida en complicidad y diálogo creativo. Ser padre y madre en una sociedad no patriarcal solo se ensaya en el compromiso de la justicia, en el trabajo de creación artística y en el compromiso con el futuro del planeta.

Crucigrama: Manuel Méndez Ballester

 

Vilma Soto Bermúdez / Especial para En Rojo

Manuel Méndez Ballester

Horizontales

2. Manuel Méndez _____; dramaturgo, novelista y actor puertorriqueño. Francisco Manrique Cabrera, Fernando Sierra Berdecía y él, organizaron un teatro rodante que llevaron a todo el país.

10. Caminar.

12. Rece.

13. Nave, embarcación.

15. Despreciable.

18. Arriba _____ mujeres; comedia satírica en tres actos de MMB.

19. _____; ciudad natal de MMB.

20. Carta de la baraja.

21. _____ de vidrio la mujer; farsa de MMB. Adaptación del relato de Cervantes “El curioso impertinente”.

22. Átomo con carga eléctrica.

24. Emperador ruso.

26. Bienvenido _____ Goyito; comedia satírica en tres actos y cuatro cuadros de MMB.

27. Cuerpo de agua dulce.

28. Se oscureció el cielo por nubes.

30. _____ y Julieta; tragedia de William Shakespeare.

33. _____ Juan; ciudad donde falleció MMB.

36. 4 de _____ de 1909; nacimiento de MMB.

37. _____ Méndez Ballester; autor de “El clamor de los surcos”, “Tiempo muerto”, “El misterio del castillo”, “El circo”, “La invasión” y “Es de vidrio la mujer”.

38. Pierde el equilibrio.

40. _____ cerrera; novela de MMB basada en la conquista de Puerto Rico.

42. Humo que se pega a las sartenes y otras vasijas que han estado al fuego.

43. _____ desamparo; drama de MMB estrenado bajo el título de “Nuestros días”. Reestrenado en 1949 con el nuevo título por la compañía española de María Fernanda Landrón de Guevara.

45. Tate, interjección.

46. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

47. Siglas de guerrilla vasca.

48. Persona que fabrica o hace pozos, fem., pl.

53. Las turbias aguas _____ pasado; tragedia política puertorriqueña en cuatro actos de MMB.

54. Vocabulario obrero-patronal: Vocabulario de términos obrero-patronales de acuerdo con _____ legislación laboral vigente en Puerto Rico; fue escrito por MMB y publicado en 1962.

55. Los _____; comedia satírica en dos actos de MMB.

56. Negación.

Verticales

1. La _____; drama histórico de MMB.

2. Proyectil.

3. Símbolo del argón.

4. Artículo neutro.

5. Del verbo erar.

6. Conozco.

7. Tambores _____ el Caribe; drama de MMB.

8. Enrarecida.

9. El _____ del castillo; zarzuela de MMB con música de Arturo Somohano.

11. Doné.

14. Se dirige.

16. Tiempo _____; drama de MMB premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.

17. El _____ de los surcos; drama de MMB premiado por el Ateneo Puertorriqueño.

23. Organización de las Naciones Unidas, siglas.

25. Labré la tierra.

29. Ser suficiente y proporcionado para algo.

31. Manuel _____ Ballester; autor de “Isla cerrera”, “Arriba las mujeres”, “Este desamparo” y “Los cocorocos”. En 1981, fue elegido miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua.

32. Parte superior ornamentada de una columna.

34. Bastante, suficiente.

35. Cada una de las últimas ramificaciones de los bronquiolos.

38. El _____; obra satírica de Méndez Ballester.

39. 23 de _____ de 2002; fallecimiento de MMB.

41. Perro o gato de razas mezcladas, fem.

44. Medio de transporte que circula sobre rieles.

48. Río de Italia.

49. Lengua provenzal.

50. Símbolo del erbio.

51. Antes de Cristo.

52. Preposición.

La canción en sus cabezas

 

Por Juan Forn

El fue Medalla de Ciencias en tercer grado. Ella fue Miss Preescolar en el colegio de enfrente. Cuando a ella la mandaban al mercado le decían “Cuidado con las gitanas” y ella un poco las temía y otro poco fantaseaba con la idea de que la robaran, de que se la llevaran. En el colegio de enfrente, él tenía montada una compraventa de cochecitos rellenos de plastilina; le faltaban los anillos en los dedos para ser el perfecto gitano en miniatura. Estaban llamados a cruzarse, y se cruzaron finalmente, a la salida de Tiempo de gitanos, en el viejo cine Arte, un sábado trasnoche. Los dos habían ido con documento falso porque los dos eran menores. Los dos estaban haciendo lo mismo, cuando se vieron, en esa vereda triangular de Diagonal que parece hecha por Roberto Arlt: estaban cantando por lo bajo “Ederlezi”, la antiquísima canción romaní que Kusturica puso en su película. Cada uno la tarareaba para sí cuando se vieron y un poco como en el libro de Emannuel Carrère, cuando la joven jueza lisiada por el cáncer entra por primera vez en la oficina del joven juez lisiado por el cáncer y él dice: “Nos reconocimos al instante”, así se reconocieron al instante ella y él, así se fueron por Diagonal, abrazados, tarareando “Ederlezi”, tratando de rearmar la melodía entre los dos.

Imaginen una canción que dura, no tres minutos, sino veinte o treinta años seguidos en nuestras cabezas. A veces la escuchamos, a veces creemos que no, pero sigue sonando en el fondo y algo en nosotros la escucha incluso cuando nosotros no. Los aborígenes australianos eran así. Los aborígenes australianos eran nómades. Sus movimientos eran cíclicos y estaban regidos por una canción ancestral, una canción que describía su trayecto y a la vez les decía por dónde ir. Así daban vueltas por Australia, a lo largo de sus vidas. La canción era su mapa y a la vez era su historia, era su geografía y su religión. “Ederlezi” era eso para el vendedor de coches de plastilina y Miss Preescolar. Bruce Chatwin contó la historia de los aborígenes australianos. Bruce Chatwin se pasó la vida escuchando esa canción en su cabeza, y por eso un día renunció a su trabajo de tasador de obras de arte en Sotheby’s para irse a recorrer a pie el mundo. Se había quedado ciego de golpe, los médicos le dijeron que era nervioso: “Demasiado mirar de cerca”, le diagnosticaron. El se autorrecetó los caminos: perder la mirada en el paisaje hasta recuperarla. Escuchar la cancioncita que sonaba en su cabeza.

El nomadismo no ocurre únicamente en el espacio: el nómade también viaja en el tiempo. Porque, como todo el mundo sabe, la única manera en que nos pasa el tiempo es cuando estamos quietos. ¿O no lo sabemos? Cortázar no estaba haciendo un cuento fantástico en El otro cielo, cuando entraba por el Pasaje Güemes y salía en las galerías Vivienne de París, y Woody Allen menos, en su última película: los nómades saben bien que hay portales de un tiempo a otro, tal como hay pasos de frontera de un territorio a otro. La diferencia es que hay que estar cantando la canción en nuestras cabezas para poder pasar.

Bruce Chatwin los vio aquella noche a aquellos dos adolescentes perdiéndose abrazados por la vereda triangular de Diagonal. Los llamó Lola y Estol y los puso cantando esa canción romaní en una historia de buscadores de oro de Alaska que buscan las famosas putas de la ciudad de Mahagonny. Lo que intentaban Lola y Estol era cruzar en barco desde Alaska a Vladivostok, y ahí estaban tratando de pagarse el pasaje cantando su canción en la calle, él en guitarra, ella en la voz. Chatwin les dejó unas monedas y se los volvió a encontrar, porque eso le pasaba siempre: se encontraba con todo el mundo en sus trayectos, en ese sentido es un poco como el Corto Maltés. La excusa de Hugo Pratt para viajar por el mundo y por el siglo era el Corto Maltés. Chatwin ni se tomó el trabajo de inventarse otro nombre. Simplemente se dedicó a escuchar la cancioncita en su cabeza, a poner gente real en sus libros y asombrarse cuando después se los encontraba en la vida. Esa clase de cosas despertaron las iras de Osvaldo Bayer cuando leyó el libro de Chatwin sobre la Patagonia y le contestó en una nota buenísima, furibunda, que llegó a salir hasta en el TLS, el venerado suplemento literario del Times de Londres.

Bayer escribió esa nota desde Berlín. Llovía en el barrio de Kreuzberg pero no por eso Bayer cerró su ventana mientras escribía aquella formidable diatriba y así es como pudo oír la música que llegaba desde el portal de abajo, que conectaba con una pérgola de plaza en Shan-ghai, donde una multitud de gimnastas chinos en uniforme mao hacía acrobacias en sincro perfecto, coreografía asombrosamente idónea para la selección de tangos chinos que interpretaba desde la pérgola una orquesta china con instrumentos chinos. Chatwin oía desde su mesa, en aquel café al aire libre de Shanghai, el ruido de la máquina de escribir de Bayer en el barrio de Kreuzberg. Sabía que su tiempo en la tierra se estaba terminando, aunque se negara a reconocerlo. Sentados a la mesa con él estaban Lola y Estol, que tocarían después de la orquesta para los chinos que quisieran quedarse en la plaza bajo la lluvia. Chatwin les estaba contando que se había infectado con un hongo venenoso que había aspirado sin querer en las catacumbas que guardaban los diez mil guerreros de piedra que custodiaban la Gran Muralla.

Chatwin estaba envuelto en frazadas y temblaba de fiebre pero no creía que fuera a morir por eso. Estol le murmuraba al oído: “De nada sirve escaparse cuando es uno el que persigue”. Lola le murmuraba al otro oído: “El que camina arqueado lleva un hacha en la espalda”. Estol le susurraba en un oído: “No hay opción, señor”. Y Lola completaba por el otro oído: “Revolución o picnic”. De fondo sonaba la máquina de escribir de Bayer en Berlín y la cancioncita en la cabeza de Chatwin ya casi no se oía. Estol dijo entonces: “Hablémosle de las hormigas mentales”. Y sacó la guitarra de la funda y Lola se acomodó la flor en el pelo y los chinos empezaron a juntarse cuando ella se puso a cantar: “Hay hormigas mentales que bailan en su cabeza / Vienen de los Balcanes / se meten por una oreja y uno no siente nada / cierra fuerte los ojos y persigue las manchitas / que huyen de su mirada / y no tiene más aduana y dice lo que todos callan / Y siempre está leyendo el mismo libro / Porque en vez de leerlo ya lo protagoniza / y vive soñando cada día / con poder olvidarse que el que vive agoniza”.

Hace años ya que Bayer terminó su nota y Chatwin se murió. Pero si hoy es viernes, seguro que Lola y Estol están tocando en algún lugar de Buenos Aires. Sólo se trata de encontrar el portal que lleve a ellos. Y, para eso, basta dejarse guiar por la cancioncita que suena en el fondo de nuestras cabezas.

Tomado de Pagina 12

¿Qué nos pasó? ¿Qué hacemos?

 En Rojo

Teníamos nuestra trama, el argumento fijo y sus protagonistas: todos los políticos son corruptos. Lo sabíamos. Y nuestra relación con la realidad estaba impregnada con esa fantasía. Una “clase política” y unos nombres que nos permitían el goce de señalarlos, de denostarlos, de convertirlos en memes. Mientras tanto, esos protagonistas eran impunes gracias a nuestro entretenimiento con fantasmas. De lejos, como parte de nuestro divertimento, Anaudi, Perelló, Wanda, Rivera Schatz, los 40 ladrones de Pedro Roselló, Fortuño, Keleher, y esa lista con los nuevos que trajo el fugitivo Ricky. Algunos de ellos ocupando aún carteras del gobierno.

Pero, entonces, el chat. La evidencia real de que “todos-los-políticos-son-corruptos”. Conocimos como funcionan esos “fantasmas” de nuestro goce. Como “traman” ese argumento fijo de que roban. Como esa repetición les confería protección. Pero, entonces, cuando uno de esos personajes decide romper con la trama y confesar se destrozó el relato, se rompió la distancia que nos separaba, se acabó la fantasía que nos permitía pasar juicio desde la distancia.

Y salimos a la calle a reclamar, ahora sí, que se fueran al carajo los corruptos, ahora de carne y hueso: Ricky. Y Ricky estaba en Fortaleza y allá vamos. “Y llévate a la Junta”, como un rabo de esa fantasía, como aquel argumento fijo que rebasa la carne. Y se fue Ricky con el levantamiento que atravesó la fantasía. Y se incluyeron nuevos actores y eso fue ganancia.

Celebrando la salida de Ricky.Foto: Ernesto Robles

Queda entonces el rabo. Pierluisi, el enlace simbólico con la Junta. Y los medios, sobre todo el GFR, lavan la cara del usurpador de nuevos modales, sacan la discusión de la calle y la llevan a la legislatura y a los tribunales. Una retahíla de expertos, los de siempre y algunos más, todos expertos abogados casi exclusivamente varoncitos, aparece en TV explicándonos cómo por fin llegamos a la paz y la estabilidad. De la calle pasamos a la farándula legalista. El ejecutivo, el legislativo, el judicial. Ahí siempre ganan porque no estamos representados directamente. La Fortaleza , que la rama legislativa y la judicial (nombrada por esos mismos políticos) autorizan de manera displicente el juego de naipes en el poder. Mucho ruido y pocas nueces. Volver a la calle va a ser duro. Ya no es Premios Lo Nuestro.

Y en una vuelta de tuerca, Pierluisi queda fuera. Fuera porque esa otra fantasía discursiva, la Constitución, no le da espacio en la trama ideológica de la ley y el orden. Y ahí está Wanda, insertada perfectamente al “poder” gracias a ese cuento redactado en el 1952. Y volvimos a creer en una trama, un argumento fijo, en sus protagonistas. Es entretenido.

¿Cómo sacamos a Wanda? ¿Cómo hacemos que el actor de turno “se lleve a la Junta”? Estamos advertidos, hay que modificar nuestra relación con esa trama. Cuando los cuerpos estuvieron en la calle, rejuntos, se crearon otros modos de relacionarnos con la realidad y con las fantasías. Ahora eso lo sabemos. ¿Cómo retomamos esta fiesta y borramos este relato fantasmático de la “clase política corrupta” de una vez? ¿Cómo hacemos que el próximo protagonista “se lleve a la Junta”? No sé. ¿Será necesaria otra “confesión” de uno de los actores? ¿Será organizándonos de otro modo como ahora parece hacerse en las plazas? ¿Será allí dónde se van creando los nuevos modos de comunicarnos y hacer real lo real? Creo que por ahí va la cosa. Y por otros lados. Cada cual en lo que sabe y cree saber. Hasta que volvamos a estar rejuntos, cambiando los modos de hablar, bailar, protestar y resistir.

¿Cómo sacamos a Wanda? ¿Cómo hacemos que el actor de turno “se lleve a la Junta”? Estamos advertidos, hay que modificar nuestra relación con esa trama. Cuando los cuerpos estuvieron en la calle, rejuntos, se crearon otros modos de relacionarnos con la realidad y con las fantasías. Ahora eso lo sabemos. ¿Cómo retomamos esta fiesta y borramos este relato fantasmático de la “clase política corrupta” de una vez? ¿Cómo hacemos que el próximo protagonista “se lleve a la Junta”?