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Recuerdos de don Pedro

Nota: Al revisar documentos del inolvidable maestro José Emilio González, encontré este discurso dictado en el Ateneo Puertorriqueño en 1968 con motivo del 77 aniversario de don Pedro. Creo que merece publicarse en homenaje tanto de don Pedro como de su autor.  Dedico este rescate a Ate y a Chemilito en recuerdo del Misterio.

–Rogelio Escudero Valentín–

El único valor, si alguno tiene, lo que voy a decir sobre el doctor Pedro Albizu Campos, en esta noche en que lo recordamos con gran cariño y en que honramos su memoria, es el valor de un testimonio personal. Oí hablar por primera vez de Albizu Campos cuando yo estudiaba en octavo grado, en el pueblo de Juncos, allá hacía 1931. Para aquellos días, en que comenzaba a interesarme en la política, me atraía la figura de otro ilustre puertorriqueño: don Antonio R. Barceló, quien presidía entonces el Partido Liberal. Me atrajo esa figura porque en don Antonio encontraba una preocupación auténticamente puertorriqueña. Uno o dos compañeros de clase, muchachos zagalejos como yo, me hablaron por primera vez sobre Albizu. Inmediatamente les expresé mis dudas de que hubiera un puertorriqueño que pudiera compararse con el señor Barceló.

Para esos tiempos también oí hablar por primera vez en mi vida sobre la bandera puertorriqueña. Durante toda mi infancia y casi en vísperas de adolescente, jamás oí mencionar que Puerto Rico tuviera su propio emblema nacional. Jamás oí hablar de José de Diego. Si alguna vez lo nombré, nadie llamo mi atención sobre el significado de ese nombre. Fueron algunos compañeros míos de clase, los mismos que me hablaron sobre Albizu, quienes por primera vez me informaron que existía una bandera de Puerto Rico.

Una tarde – 1931 o 1932— alguno de ellos me anunció que el doctor Albizu Campos hablaría en un mitin nacionalista en Humacao. Me picó la curiosidad de ir a escuchar a un hombre de quien había oído tanto. En efecto, así lo hice. Recuerdo como ahora la espaciosa plaza de recreo de Humacao, sus árboles de follaje espeso y redondo –robles o laureles-, la penumbra creada por la discreta luz de los faroles. Al lado de la iglesia, se alzaba—blanca –la tribuna. Había mucha gente, aunque no era un mitin multitudinario. Detrás de la tribuna, una o dos filas de sillas donde se sentaban personas misteriosas, que se me antojaron muy importantes. Durante el mitin, me estuve un poco alejado de la masa principal de los asistentes. Si hubo otros oradores, no lo recuerdo. Solo recuerdo a don Pedro Albizu Campos.

Sus palabras me sonaron totalmente nuevas. Sus ideas, inauditas. Nunca había oído hablar de Puerto Rico de esa manera. Nunca había oído hablar de nuestros grandes hombres del pasado. No sabía ni siquiera que habíamos tenido tales hombres. Era un Puerto Rico nuevo el que me descubría. Eran facetas insospechadas de nuestro ser. Allí cobré conciencia de que yo tenía una patria.

Recuerdo el vasto silencio de la plaza. La naturaleza misma parecía callar para escuchar mejor al orador. El cielo parecía ahuecarse aún más, como un inmenso oído, para captar mejor las palabras. Estas se alzaban nítidas, firmes, seguras, dibujando claramente una trayectoria de pensamiento, un pensamiento ahondante, que calaba hasta el fondo de los problemas. La ciudad parecía una enorme caja de resonancias multiplicando ecos hasta las lejanas montañas. Solo en una o dos ocasiones oí aquella voz—que tantas veces habría de escuchar luego—ordenando “Silencio “cuando alguien, por descuido o por falta de respeto, intercala ruidos en la mudez perfecta de las cosas.

Cuando regresé aquella noche el pueblo de Juncos, ya había decidido, en lo íntimo, hacerme nacionalista. Y así fue. Enseguida me incorporé a la Junta Local del Partido.

En 1932 inicié mis estudios en la Escuela Superior “José Gautier Benítez”, de Caguas, y allí conocí un gran patriota: Manuel Negrón Nogueras. Muy posiblemente haya asistido a varios mítines del Partido Nacionalista y haya oído a don Pedro. Mi memoria no es clara en este punto. Pero ardía en deseos de conocer al hombre que había efectuado tan importante transformación en mi vida.

Fue el profesor Negrón Nogueras—a quien con tanto cariño llamamos Manolín—quien me llevó a conocer al gran hombre una tarde, que no sé si fue de 1932 0 1933.

Una tarde abordamos la guagua de Caguas a Río Piedras—para mí, aquello era un viaje con algo de aventura—y ya en la Ciudad Universitaria fuimos a parar a la calle Vallejo. Era una casa de madera que me dio la impresión de ser bastante grande. Albizu estaba acostado, reposando en su habitación y junto a él se hallaba Juan Juarbe Juarbe, quien para ese tiempo dudo que fuera Secretario General del Partido Nacionalista.

Como Uds. Bien pueden imaginarse, yo estaba muy impresionando. Apenas si me atrevía a hablar. Don Pedro nos recibió cordialísimo. Me di cuenta enseguida de que Manolín era hombre de confianza. Por desventura, casi no me acuerdo nada de la conversación. Sí recuerdo, que en el momento en el que entramos a la pieza, estaba puesta la radio. Don Pedro y Juarbe intercambiaron algún comentario sarcástico sobre la noticia que acababan de dar. Don Pedro aludía a la torpeza de los norteamericanos. Recuerdo, además, que el doctor Albizu Campos se preparaba para un discurso que iba a pronunciar, si la memoria no me yerra, en Caguas. Alguna alusión hizo al derecho romano. Fue entonces que me enteré de que don Pedro preparaba cuidadosamente sus discursos—pero no los escribía—y se recluía en su habitación para meditarlos y planearlos. Luego, el efecto de organización lógica de las ideas, la capacidad de recobrar el hilo principal después de prolongadas digresiones, dejaban a uno pasmado.

Daba entonces don Pedro la impresión de ser un hombre muy saludable. Se hallaba en el momento de la transición de la juventud a la madurez. Su hermosa cabeza destellaba sobre el cuerpo austero. De aquella entrevista recuerdo el efluvio simpático de su personalidad, detrás del que podía percibirse un caudal de energía.

Más tarde, los recuerdos se entremezclaban, sin que yo pueda asegurar el orden cronológico.

Por lo demás, mencionaré aquellos que a mí me parecen más significativos. De más está decir que yo asistía a todos los mítines que me era posible asistir y que siempre saludaba personalmente a don Pedro.

Una vez, cuando ya yo era Cadete de la República, perteneciente al batallón de Caguas, don Pedro visitó la Ciudad del Turabo. No recuerdo el motivo de la visita. Era por la mañana. Me informaron que don Pedro se hallaba en la Casa Alcaldía. Cuando llegué había muchas personas. Tanto es así, que los que deseaban saludarlo tenían que hacer fila. Un amigo mío, perteneciente a una familia de ascendencia francesa, me precedió en la fila. De pronto, pude notar que don Pedro hablaba en francés con mi amigo. Después de haber platicado con nuestro líder, le expresé a mi amigo mi sorpresa de oír a don Pedro hablando francés. El amigo me informó que lo había saludado en francés y que Albizu le contesto el saludo en la misma lengua, continuando la conversación en francés. A mí me impresionó, además, la memoria de don Pedro. A cada persona la reconocía y la saludaba por su nombre. Entonces yo era un adolescente delgado, casi raquítico. Don Pedro me aconsejó que me fuera a vivir al campo y subiera mucho a los árboles, porque la patria necesitaba hombres robustos. Por desgracia, yo no seguí el consejo.

Cuando don Pedro se trasladó a vivir a Aguas Buenas—recuerdo que vivió primero en el campo—yo iba allá a verlo con alguna frecuencia. Llegaba uno. Saludaba. Pocos momentos después, emergía don Pedro de su habitación. Se sentaba en la sala. Y a conversar. En lo que a mí concierne, preciso es que confiese que la conversación era, las más de las veces, unilateral. Don Pedro discurría extensamente sobre cualquier problema del pasado o del presente, y fuera por timidez o por lo que fuese, yo no me atrevía a interrumpirle. Tan es así, que a menudo me marche sin plantearle el asunto que tenía en mente. Tal vez era que yo pensaba que al lado de los problemas que le inquietaban, los míos se reducían a la insignificancia. Además, me gustaba oírle hablar. Recuerdo que una vez me dijo: “Ä mí me acusan de ser un revolucionario. Yo no soy un revolucionario. Yo soy un conservador. Quiero conservar la nacionalidad, la patria, lo que Puerto Rico es”. Si estas no fueron sus palabras exactas—cosa que no me atrevo a garantizar—fue lo que quiso decir. Con el concepto de “Revolución” don Pedro quería decir la insurrección nacional contra los Estados Unidos, revolución cuyo fin es restaurar el verdadero orden de las cosas, el orden de la libertad y la justicia. El vasallaje político y económico de la patria, sería para don Pedro, índice de un profundo desorden, inmoral y caótico.

Recuerdo que una tarde salimos a dar una vuelta por los alrededores del pueblo de Aguas Buenas. Fue la única vez que él lo hizo conmigo. Pasamos por frente de un colegio de sacerdotes norteamericanos—no sé si eran los mismos redentoristas de Caguas–. Don Pedro me dijo entonces: “Cuando los americanos prenden la luz en ese colegio, el pueblo de Aguas Buenas se queda sin energía eléctrica”. Me parece que él veía en tal fenómeno un símbolo de la situación de Puerto Rico. Muchos años después, tuve la oportunidad de atravesar el pueblo de Aguas Buenas y me informaron que la situación seguía siendo lo misma.

Aprovecho la ocasión para referirme al catolicismo del doctor Albizu Campos. No hay duda de que fue católico, y aún más, yo diría, un espíritu religioso. Como decimos los nacionalistas: Don Pedro fue capaz de crear una mística de la patria. En el Partido Nacionalista Puertorriqueño figuraban personas de todos los credos religiosos y aun, me figuro, personas sin credo religiosos. Recuerdo haberle oído decir a don Pedro que en la Republica los comunistas tendrían iguales derechos que los demás puertorriqueños. En cuanto a mí, personalmente, a lo largo de numerosas conversaciones, jamás me preguntó cuáles eran mis creencias religiosas.

Y ya que he mencionado este asunto, debo mencionar otro con el cual guarda algún vínculo. Los enemigos de don Pedro, entre los que sobreviven algunos líderes de Partido Popular Democrático, difundieron la especie de que él favorecía al fascismo o de que el movimiento nacionalista puertorriqueño era fascista. En esto le hacían el juego a las autoridades coloniales, como el general Blanton S. Winship—gobernador norteamericano de nefasta memoria—y a sus acólitos nativos, quienes por la prensa y la radio calificaban a los nacionalistas de terroristas. En lo que a mí respecta, jamás oí a don Pedro decir una sola palabra en defensa de los regímenes de Mussolini, Hitler o Franco. Como miembro que fui por años del Partido Nacionalista nunca nos identificamos, ya fuera en reunión, asamblea o mitin con los gobiernos fascistas. Sé por lo menos de un nacionalista, que sucumbió en la Guerra Civil Española defendiendo la causa de la República. Tengo la impresión de que todos sabíamos distinguir entre el nacionalismo justificado que defiende a un país invadido de la agresión extranjera y el nacionalismo imperialista, agresor, de potencias como la Alemania Nazi y la Italia del Duce. Oí hablar a don Pedro de la “raza amarilla “y del Japón, años antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, pero no en tono de identificarse con aquellos. Es muy posible que don Pedro al pensar que la raza amarilla, o sea los pueblos de Asia, debían libertarse de la dominación imperialista de los blancos europeos y hasta llegara a pensar que el Japón, por ser entonces la potencia asiática más fuerte, podría convertirse en libertador de sus pueblos hermanos. Por desdicha, prefirió transformarse en látigo y en coyunda para esos hermanos que debió libertar. Y baste por hoy en cuanto a las columnas de los enemigos de don Pedro.

Una tarde me hallaba de visita en Aguas Buenas. Era ya la hora del anochecer. De pronto, don Pedro me manda llamar. Acudo. Era necesario y urgente llevar un mensaje a cierta persona en San Juan. Yo era entonces un adolescente, como ya he dicho, estudiante de escuela superior, en Caguas. No sé cómo acepté el cumplimiento de aquella misión, a pesar de que no tenía un centavo encima o muy pocos centavos. A esa hora en Aguas Buenas era muy difícil encontrar medios de transporte. No tenía con qué trasladarme a San Juan desde Caguas No sé cómo me las arreglé. Pero a eso de la una o las dos de la madrugada tocaba en la puerta de cierta casa en San Juan y entregaba el mensaje vital. Tampoco recuerdo cómo pude regresar a Caguas, donde mis padres se inquietaban por mi prolongada ausencia.

Lo que importa en esta anécdota es que sirve para mostrar cómo don Pedro potenciaba a los hombres. El incidente que he contado no tiene mérito alguno excepto que nos ayuda a comprender cómo Albizu Campos lograba que ciertos hombres—y ciertas mujeres—hicieran cosas increíbles. Conseguía infundir en ellos tal voluntad de hacer que vencían obstáculos ante los cuales una consideración lógica de la realidad los hubiera obligado a detenerse.

Cuando don Pedro hablaba, todo parecía posible: la Revolución, la lucha armada, derrotar a los propios Estados Unidos en el campo de batalla. Parecía que los fusiles se iban a disparar ellos mismos; solo que no teníamos fusiles.

Recuerdo el discurso que pronunció cuando fuimos a enterrar a Beauchamp y a Rosado en el cementerio de Santurce. Ahora pienso que fue entonces cuando más fuertes nos sentimos. En cierta parte de su discurso, don Pedro dijo que en esta lucha el Imperio de los Estados Unidos debía temblar. Vista la desproporción de recursos entre los contendientes podía parecer ridículo. Y, sin embargo, en aquel momento yo me sentía seguro de que podía ser. Que un pueblo por más pequeño que sea puede hacer temblar a un gran Imperio, cuando el ansia de libertad lo dota de una energía cuyo poder de acción es incalculable. Pensemos en Grecia avasallada por los nazis; pensemos en Vietnam y lo que está actualmente sucediendo en los Estados Unidos. Pues bien, una tarde, estando yo en Nueva York, la radio interrumpió sus transmisiones regulares para anunciar el ataque contra Blair House. Griselio Torresola dio allí la máxima medida del valor puertorriqueño. Los periódicos norteamericanos informaron, en primera plana, la noticia. El mundo entero se conmovió. La causa de la libertad puertorriqueña tuvo una repercusión universal. El más poderoso Imperio de la tierra tembló ante la grandeza de unos hombres que plantearon el imperativo de la libertad de un pueblo pequeño. La profecía de don Pedro en el cementerio de Santurce se había cumplido.

También hubo otra profecía, que se cumplió, por desdicha. La fecha exacta no la recuerdo. Pero fue un discurso que don Pedro pronunció en el Teatro Municipal de San Juan. Lo presentó el licenciado José Toro Nazario con las siguientes palabras: “Hay hombres que leen la historia; hay hombres que escriben la historia y hay hombres que hacen historia. El doctor Pedro Albizu Campos es de los que hacen la historia” En su discurso, don Pedro analizó la situación política y lanzó un ataque contra las corporaciones azucareras a quienes acusó de querer estrangular la isla “con un anillo de miel”. En ese discurso, don Pedro pronosticó que las autoridades coloniales e imperialistas se proponían detener a los líderes del Partido Nacionalista, procesarlos y enviarlos a prisión. El propósito del gobierno norteamericano era destruir al movimiento nacionalista. Poco tiempo después, don Pedro fue arrestado en compañía de otros dirigentes nacionalistas como Juan Antonio Corretjer, Erasmo Velázquez y Luis F. Velázquez. Se les sometió un juicio en la Corte Federal bajo la falsa acusación de conspirar para derrocar por la violencia al gobierno de los Estadios Unidos. De aquí fueron enviados a Atlanta. Y se inició un nuevo capítulo en la historia del nacionalismo puertorriqueño.

Hoy las fuerzas de liberación nacional se mantienen vivas y combatientes y ni el prolongado secuestro del doctor Pedro Albizu Campos, ni su lento asesinato por las autoridades del gobierno de los Estados Unidos y sus lacayos locales, ni los innumerables crímenes cometidos por el imperialismo norteamericano en la persona de los patriotas, ni las persecuciones, los arrestos, las torturas ni el encarcelamiento a que son sometidos centenares de patriotas han sido capaces de aniquilar la voluntad nacional de independencia.

Como Betances, como Hostos, como De Diego, como Martí, don Pedro Albizu Campos fue un despertador de conciencias. La colonia trabaja para adormecer la conciencia de ser del puertorriqueño, por su enajenación. Solo si los puertorriqueños se olvidan de su propio ser pueden funcionar como dóciles esclavos del imperialismo. La palabra de don Pedro era el aldabonazo indispensable, el toque insistente a las puertas, para que los puertorriqueños despertaran de su letargo colonial. Como De Diego, don Pedro poseía una visión de la patria; fue capaz de plasmar esa visión en imágenes brillantes y estremecedoras, imágenes que iluminaban las raíces de nuestro ser colectivo. Como Bolívar, don Pedro aportó a nuestro pueblo un nuevo ideal de vida heroica. Él nos enseñó que la Patria es valor y sacrificio. Sin capacidad de renuncia, de abnegación y de altruismo, no es posible realizar obra de amor, como es la obra de libertar a un pueblo. Don Pedro enseñó a los puertorriqueños no sólo que la vida heroica es posible en un mundo aburguesado y conformista, sino es ella misma liberación, vía de salvación, necesaria para que los hombres y los pueblos puedan alcanzar una dimensión de grandeza. Que el heroísmo es un estilo de vida, constructivo y creador. Reveló al puertorriqueño su capacidad de grandeza, emancipándolo de los grilletes de un complejo de inferioridad colonial.

Estas y otras cosas nos enseñó el Maestro. Pero no se quedó en las palabras, en las ideas y en las creencias, sino que las trasmutó en actos, en actos ejemplares. Todo supo respaldarlo con la conducta de su propia existencia. En él palabra y acto fueron unos. Sus acciones fueron sus mejores discursos. Y esto yo lo afirmo del más grande orador que he conocido.

Nunca podré olvidar su presencia. Aquella presencia era un acontecimiento. Un acontecimiento que introducía en el devenir chato de la vida cuotidiana la tensión de un gran momento. Aquella presencia era una aparición. Algo que transformaba mágicamente los ambientes, dotándolos de prestancia significativa.

La muerte no ha podido vencer esa presencia. La muerte no ha podido anular esa presencia. Lo sentimos viviendo con nosotros. Está aquí con nosotros. Estará con nosotros mientras exista un puertorriqueño digno de serlo. Porque él fue la encarnación de la esencia eterna de Puerto Rico. Sustancia, hueso y médula de la patria. Por él, nuestro país se alza al pináculo de su más alta posibilidad. Por él, Puerto Rico será, en el tiempo, libre y glorioso. Porque el porvenir pertenece a quienes, como el doctor Pedro Albizu Campos, saben amar y defender la libertad.

José Emilio González

A 9 de septiembre de 1968.

*Palabras pronunciadas en el Ateneo Puertorriqueño la noche del 10 de septiembre de 1968, fecha del 77 aniversario del nacimiento del doctor Pedro Albizu Campos.

Crucigrama: Josefina Guevara Castañeira

 

 

Horizontales

3. Josefina _____ Castañeira; escritora, poeta y profesora de la Universidad de Puerto Rico. Autora de “Del Yunque a los Andes”, “Los encadenados”, “La otra voz”, “Siembra” y “Tres pemas de amor”.

7. Cuarzo de diferentes colores y formas considerado como piedra semipreciosa.

8. Número que sigue al doce.

9. Juego de naipes en que se cantan puntos reuniendo caballos y reyes, pl.

12. Voz de origen griego que significa “adoración”.

15. _____; composición musical de Silvio Rodríguez.

16. Portero que servía en un palacio.

17. Uncid.

18. Del verbo caer.

21. Dios principal de la mitología nórdica.

23. _____ de Hispanoamérica; libro de ensayos de Guevara de 1969.

27. Destapé.

29. Hermana de una comunidad religiosa.

30. Lirio.

31. Del Yunque a _____ Andes; libro de Guevara de 1959 con prólogo de Enrique A. Laguerre.

32. Sirope.

33. Época.

35. Exceso de autoestima.

36. Nota musical.

37. _____; poema de Guevara grabado por Rey Francisco Quiñones.

41. Rómulo Gallegos, expresión _____ un continente; discurso dado por Guevara en su entrada a la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico.

42. Marcharte.

44. Dios islámico.

45. Vestido típico de las mujeres en India.

47. Los _____; novela de Guevara de 1966.

50. Adjetivo demostrativo, fem.

51. _____ y personalidad de la Sra. Cadilla de Martínez; conferencia de Guevara.

52. La _____ voz; segunda novela de Guevara de 1973.

Verticales

1. _____ a Aibonito; poema de Guevara.

2. Josefina Guevara _____; su escrito “Nuestra América” fue premiado por el Club Cívico de Damas y por el Ateneo Puertorriqueño como la mejor obra de 1962. Autora de “El vendedor de fresas”, “La red” y “La casa vacía”.

3. Hecho o dicho propio de una persona gansa.

4. Ataludé.

5. 22 de _____ 1918; posible fecha del nacimiento de Guevara.

6. Los derrotados, de _____ Andréu Iglesias; ensayo de Guevara.

10. Unjú o umjú; interjección para expresar duda o incredulidad.

11. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

13. Estruja.

14. La _____; drama escrito por Guevara en 1968.

19. _____ Guevara Castañeira; autora de “Voces de Hispanoamérica”, “Obra y personalidad de la Sra. Cadilla de Martínez”, “Guajataca” y “Canto a Aibonito”.

20. _____; ciudad natal de Guevara.

22. Dar el color del oro a algo.

23. José María Vargas _____; escritor colombiano autor de “Ante los bárbaros (los Estados Unidos y la Guerra) el yanki: he ahí el enemigo”.

24. Símbolo del osmio.

25. _____ vendedor de fresas; cuento de Guevara.

26. Sin compañía, fem.

28. _____ Sánchez Flores; fue un caricaturista, historietista y periodista sandinista nicaragüense.

34. Dimensión poética de Luis _____ Matos; conferencia dictada por Guevara en el Instituto de Cultura de Madrid.

37. Unidad molecular de la herencia genética.

38. Mineral duro, blanquecino o verdoso, apreciado como joya o material ornamental, pl.

39. Cauce artificial por donde se conduce el agua.

40. Cocinó a la brasa.

43. Tisana.

46. Carta de la baraja.

48. Instrumento taíno de labranza.

49. Dueto.

En el espacio, la defensa de la vida

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En todo el mundo, hay noticias de muchos desastres climáticos. En Brasil, Bolivia y también en diversos países de África, incendios criminales destruyen selvas y bosques. La Amazonia se llena de humo, provocado por la ambición de grandes propietarios de tierra. En medio a todo eso, en esa semana, la Organización de las Naciones Unidad nos invita a celebrar el cuidado de la capa de ozono que protege el planeta Tierra.

El ozono es un gas volátil (O3) que se encuentra en la atmósfera. Allí, entre 25 y 30 kilómetros de la superficie terrestre, hay una capa de ozono que tiene la función de absorber la radiación ultravioleta del sol y, por lo tanto, proteger a plantas, animales y humanos de estos rayos que deben filtrarse para no hacernos daño. Si, en la atmósfera, esta capa de ozono disminuye o incluso desaparece, todos los seres vivos del planeta estamos expuestos a diversas enfermedades y problemas.

Sólo en 1987, 46 gobernantes han firmado el Protocolo de Montreal, Tratado en el cual los países se comprometieron a cesar la fabricación de clorofluorocarbono (CFC), uno de los gases responsables por la destrucción del ozono en la estratosfera. Esto sucedió el 16 de septiembre de 1987 que, por eso, a cada año, pasó a ser celebrado como “Día Internacional para la Protección del Ozono”.

En pocos días, obispos católicos de todo el mundo se reunirán en Roma con el papa Francisco en el Sínodo sobre la Amazonía. Esa región que abarca nueve países del continente es responsable por grande parte del equilibrio del clima en el planeta. El Sínodo tendrá como finalidad comprometer pastores y fieles de la Iglesia con la protección de la naturaleza, la defesa de los pueblos originarios y de sus culturas.

Una novedad de ese sínodo es que el documento preparatorio afirma: “La ecología integral es parte esencial de la misión de las Iglesias y Dios nos llama a una conversión que no sea solo a nivel individual y moral, pero debe ser conversión ecológica en la forma como nos relacionamos con la tierra, nuestro hogar común y con toda la creación”.

Hasta hace poco, Iglesias cristianas y de algunas religiones han sido cómplices o al menos omisas en relación a ese sistema social y económico que destruye la Tierra. Por eso, ellas tienen una responsabilidad más profunda en afrontar a inhumanidad del sistema capitalista depredador de la naturaleza y asesino de la vida. Es urgente crear una formación más sólida y una nueva sensibilidad de las comunidades espirituales con respecto al cuidado con la Tierra, las aguas y toda naturaleza, especialmente con la capa de ozono que protege la vida.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

El cine de horror y su paradoja: It Chapter Two

Por Juan M. Recondo/Especial para En Rojo

El cine de horror le ha dedicado mucha atención a la relación entre la inocencia bucólica y la oscuridad de la vida en pueblos pequeños. Un ejemplo magistral de este tipo de cine, Midsommar (dir. Ari Aster, EEUU, 2019), donde un grupo de jóvenes descubre el lío mortal en el que están metidos en una idílica comunidad en Suecia, demuestra que el género del horror obliga al espectador a sospechar de lo que a simple vista aparenta ser sano e inocente. Esa contradicción es a lo que alude la película It Chapter Two, dirigida por Andy Muschietti y basada en la novela de Stephen King. Aunque la película es bastante torpe, It Chapter Two logra evocar una nostalgia por el pasado que retrata en la primera parte, It (dir. Andy Muschietti, EEUU, 2017; reseñada también en Claridad), sin olvidar el monstruo que batallaron y que veintisiete años después vuelve a amenazar las vidas de los habitantes del pequeño pueblo de Derry.

It Chapter Two retoma la historia del grupo de amigos que aparentemente habían derrotado al monstruoso payaso Pennywise (Bill Skarsgård) cuando eran adolescentes. Mike (Chosen Jacobs e Isaiah Mustafa) es el único que ha permanecido en el pueblo estudiando su historia y tratando de entender el origen del monstruo que come niños. Al darse cuenta de que Pennywise ha regresado, Mike se comunica con cada uno de sus amigos, miembros del Club de los Perdedores (the Losers Club), para finalmente matar la criatura. Así contacta a Bill (Jaeden Martell y James McAvoy), que unió al grupo en su adolescencia y que ahora es un popular escritor; a Beverly (Sophia Lillis y Jessica Chastain), que pasó de una relación abusiva con su padre a otra con un hombre muy violento; a Ben (Jeremy Ray Taylor y Jay Ryan), el tímido adolescente gordo que triunfa como arquitecto en su adultez; a Eddie (Jack Dylan Grazer y James Ransone), que encontró su fortuna como comerciante aun cuando lo persigue el espíritu de su madre; a Richie (Finn Wolfhard y Bill Hader), cuyo sentido del humor en su infancia lo guió a convertirse en un comediante de renombre; y a Stanley (Wyatt Olef y Andy Bean), que fue del nervioso niño más afectado por el monstruo a un sólido hombre de familia. Como adultos, el grupo ha olvidado su pasado y es Mike el que los trae al pueblo de nuevo y los provoca a recordar no solo la amistad que los unía, sino también al monstruo que juraron eliminar.

Uno de los elementos mejor logrados de la película es esa mezcla de nostalgia y oscuridad. Parte de la obra de King se presta para esto y algunas películas basadas en su trabajo, como las excelentes Stand by Me (dir. Rob Reiner, EEUU, 1986) y The Shawshank Redemption (dir. Frank Darabont, EEUU, 1994), logran evocar una añoranza por un pasado dulce y terrible. Cada adulto en la historia busca ese fragmento que los hace revivir un preciado recuerdo: una bicicleta, un poema escrito en una postal manchada por el tiempo o una moneda para jugar algún juego de video de los 80. Las interacciones entre los amigos cuando se reencuentran y cuando discuten el plan para confrontar al payaso le dan un magnífico elemento humano. Inclusive la energía de la película se siente interrumpida cuando estos se separan para buscar algún objeto necesario o porque no encuentran forma de enfrentar los demonios de su pasado. El disfrute de su compañerismo hace evidente lo necesario del apoyo de una comunidad que comparte el trauma.

La conexión entre los protagonistas es tan clave como el monstruo que amenaza al pueblo. Los monstruos en el cine de horror sobreviven más allá de las películas en las que habitan. La inocencia destructiva del Frankenstein de Boris Karloff (Frankenstein [dir. James Whale, EEUU, 1931]), el humor oscuro del Freddy Krueger de Robert Englund en la serie de A Nightmare on Elm Street y el majestuoso lenguaje corporal del hombre anfibio de The Shape of Water (dir. Guillermo del Toro, EEUU, 2017) son un golpe visual difícil de olvidar. El Pennywise the Skarsgård es un triunfo entre los monstruos del cine. Como padre, me aterra ver la manera en la que el payaso manipula emocionalmente a los niños para atraerlos a sus fauces. Al mismo tiempo, el actor logra darle una rara vulnerabilidad al personaje cuando se ve amenazado logrando así manipular al espectador. El efecto que logra es similar al del asesino de niños actuado por Peter Lorre en M (dir. Fritz Lang, Alemania, 1931), que nos provoca lástima cuando se derrumba ante la corte del bajo mundo que lo enjuicia. La vulnerabilidad de Pennywise y su construcción visual —su vestuario antiguo, su maquillaje y su extraña sonrisa— logran una criatura memorable.

A pesar de sus logros, el director, Andy Muschietti, abusa del CGI para alterar la apariencia del payaso restándole a la fantástica actuación de Skarsgård. Tornar al monstruo en una araña gigante demuestra la poca confianza del director en el poder del actor. Además, la película depende de técnicas trilladas para asustar al espectador, limitando así las posibilidades de desarrollar el suspenso de maneras más innovadoras. It Chapter Two tiene un buen ritmo y cuenta con suficientes elementos para satisfacer a los amantes del cine de horror, aunque limita sus posibilidades de revolucionar el género por su uso de fórmulas cansadas y de efectos generados por computadoras. Tanto como el horror sangriento de una dulce adolescencia, la película es una maravilla imperfecta.

20 Festival de Cine de La Habana en Nueva York 2019

Por Soledad Romero/Especial para CLARIDAD

El viaje extraordinario de Celeste García Arturo Infante, Cuba, Alemania. 2018, 92min.

Comienza el día y la mitad de La Habana se apunta para tomar una nave extraterrestre. Es una oferta sensacional: viaje de ida sin vuelta a los confines del universo. Veremos una comedia satírica sobre los viajes sin rumbo, sin regreso, o a ninguna parte, y otras aspiraciones ilusorias que el ser humano parece necesitar de vez en cuando para escapar de la rutina. El plan intenta ser coherente, racional. Las autoridades cooperan procurando esté organizado, sea abierto y sin ningún tipo de trauma, porque eso de abandonar tu país para siempre… ¿Que se quieren ir a una galaxia desconocida? Pues móntense en la nave. Mira, tú te paras debajo del inmenso platillo y éste te traga con to’ y motetes. Olvídate del sonido sospechoso… ¿Qué es eso de, de, y que coger una balsa? ¡Caballero eso ya no se usa! Se nos revela la condición humana en toda su cotidianeidad, y delirio; en particular las sorpresas y contradicciones. O sea, parece que la calentura no está en la sábana… El tema nos conduce a la película magistral por Stanley Kramer, Ship of Fools (1965). Inspirada en la novela homónima de Katherine A. Porter (1962), El barco de los locos. Figura una pléyade de actores como Vivien Leigh, Simone Signoret, Lee Marvin, José Ferrer. La alegoría reveladora, se remonta a La nave de los necios (1494) del autor satírico creador del género bufo, Sebastián Brant, escrita en alemán. La idea también inspiró a El Bosco (1450-1516) en su pintura La nave de los locos. Los que gusten penetrar a fondo el asunto encontrarán la raíz en las tragedias clásicas de los tres grandes Esquilo, Sófocles, Eurípides, y en la mitología griega que alude al viaje de los Argonautas.

INSUMISAS Laura Cazador; Fernando Pérez, Cuba, Suiza. 2018, 100mi.

Una médico europea viaja disfrazada de varón para no llamar la atención de las autoridades vigentes, y poder arribar a Cuba desde Suiza a ejercer la medicina. Aunque quedaba un rastro de ‘cosas de Inquisición’ como la actitud de sectores del clero hacia las ciencias, y su intolerancia, no obstante lo arriesgada, esa fue su decisión. La época ofrecía sus complicaciones: el sistema esclavista cruel y represivo estaba en su apogeo, pero ella nunca había estado expuesta a tal experiencia. No le tomó mucho percatarse de que era una sociedad económicamente pujante, que generaba riqueza de la explotación sin paga del otro ser humano: el africano. El personaje que sufrió esta experiencia verídica, descubre en el proceso su verdadera identidad sexual y se dispone a asumirla frente a la sociedad encabezada por un gobierno de varones, militares, indianos con familia, la gran mayoría en su rol de hacendados, negreros, comerciantes ricos y ordinarios, con servidumbre esclava; no todos inteligentes o educados, algunos oliendo todavía a sobaquina. Ella había traído consigo un bagaje científico avanzado: conocimientos sobre la condición de la mujer, y su sexualidad, también nociones sobre la igualdad social. Éste es un film pertinente, rodado con el mayor decoro, fidelidad a la época y honestidad intelectual. ¡Hay qué verla!

MIRIAM MIENTE Natalia Cabral, Oriol Estrada República Dominicana, España 2018 90 mi.

Las tensiones raciales y los prejuicios no siempre se manifiestan abiertamente en la realidad cotidiana del Caribe hispanófono. Aparentemente las relaciones sociales o de clase fluyen… Pero en momentos clave saltan como minúsculas víboras clavándose en la piel hasta llegar a la conciencia dejando indelebles cicatrices (micro agresiones), como se les cataloga ahora. Cuando se trata de escoger pareja, se podría enfrentar un “tremendo” dilema. A quiénes incluimos en la lista de invitados a la fiesta, mientras se pretende abierta o disimuladamente ascender en la escala social. Sin olvidar el atuendo, los modales de mesa. Y qué tal el arreglo del cabello ¿Me lo escondo? ¿Me tomo la libertad de dejarme el cabello rizado, encrespado, “pasa” o “caracolito”, supliéndoles una dosis de ansiedad a nuestras primas y tías, dependiendo del grado de pigmento que tengan, más claro o más oscuro? ¿Me tratarán igual que a las demás? ¡Qué pavorosa incertidumbre! Y qué pasará cuando la madre de mi novio se entere de lo obvio, que soy afro descendiente, aunque ella tenga un hijo mestizo tirando a mulato. Seguro no me va a aceptar. ¡A la larga vano empeño! Pobre señora… sucede que en el corazón de las Antillas no se puede tapar el cielo ni el pelo con la mano, tampoco sustentar falsas ilusiones de grandeza, o la negación del ancestro africano, porque siempre va a estar ahí… Ahora peor, o mejor __desde que la ciencia de la genética, arqueólogos, antropólogos y etnólogos confirmaron que existe una sola raza: la humana, y que todo el mundo comparte la misma madre ancestral africana___, todavía hay gente que no ha podido superar el golpe, cambiar el discurso, o con perdón, tragar gordo ¿no es cierto? Todo eso y más son cuestionamientos que se plantean contribuyendo a que la película sea una sátira genial, originalísima y absolutamente necesaria. Me place recordar que vimos hace poco tiempo una cinta venezolana rondando el tema, que nos resultaría de mucho interés: Pelo malo (2013), con dirección de Mariana Rondón. Nos muestra el drama psicológico de Junior (Samuel Lange Zambrano), un menor, y su obsesión con estirarse el cabello. Es una verdadera joya que también da en el blanco. Ambas cintas se complementan; van del brazo.

NOTA Hace unas décadas tuvimos la dicha de iniciarnos en el disfrute de una excelente serie de realizaciones por directores cubanos encabezados por el maestro Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996,) recordado por la pieza magistral La última cena (1976), y otras cintas importantes: Fresa y chocolate (1993), Guantanamera (1995). Sergio Giral (1937) mientras vivió en Cuba, formó parte del grupo de directores que a partir de la Revolución socialista iniciaron el discurso visual y estético de contenido ideológico significativo sobre hechos históricos y sociales específicos. Enfocaron temas sobre la colonización e independencia del país, también de la esclavitud, explotación y emancipación; raza y clase incluidos. Asuntos que no solamente nos conciernen a todos los afro descendientes del Caribe sino que han determinado la economía y el destino político de la región y la sociedad de todo el hemisferio. Me interesa llamar la atención sobre la excelente, bellamente filmada y actuada película con Jorge Villazón (1947-1994) de protagonista, en Plácido, La sangre del poeta (1986), otra realización de Sergio Giral. El personaje clave, Gabriel de la Concepción Valdés (1809-1844), poeta mestizo anti esclavista, y patriota, fue acusado y fusilado impunemente de colaborar en la Conspiración de La Escalera (1844) “una confabulación de la oligarquía criolla, negrera, con las autoridades coloniales españolas…”, contra los abolicionistas criollos (blancos), negros y mestizos libres. Otras importantes cintas del director Giral, son El otro Francisco (1975), Maluala (1979), Rancheador (1979) y María Antonia (1990), con una inefable actuación de la sin par Alina Rodríguez (1951-2015).

LOS SILENCIOS Beatriz Seigner Brasil Colombia. 2018, 89min.

Cualquier película rodada en el corazón de la selva tropical de América del Sur es una promesa de aventura. Sabemos que la selva ha sido uno de los temas literarios de mucho arraigo en las letras latinoamericanas, perdurando por varios siglos. La película no nos defrauda al exponer el resultado del desplazamiento poblacional a consecuencias del factor económico, y los interminables enfrentamientos de la guerrilla con el ejército de los gobiernos de facto en Colombia. Alguien de la familia desaparece por largo tiempo y hay que guardar silencio. Cada narrativa posee un elemento mágico: los muertos pueden resucitar cuando menos lo esperas. La familia está preparada para cualquier eventualidad. La cinematografía de los exteriores es de por sí una aventura: un espectáculo para la vista como era de esperarse. Contemplar la belleza natural del bosque emociona y repara el espíritu. Es una cinta compacta bien filmada y editada. Nos capta de primera intención y no nos abandona hasta experimentar un hermoso final de encantamiento visual durante una toma nocturna por el afluente principal de la vía pluvial. Otra grata experiencia de la selva y sus moradores, además de la implicación político social que nos atañe.

SUEÑO FLORIANÓPOLIS Ana Katz, Argentina, Brasil, Francia 2018 106min.

La temática de las consabidas y anheladas vacaciones con los chicos en las playas de un país vecino, pueden convertirse en una rápida y conflictiva crisis del núcleo familiar. Viaja un matrimonio de profesionales ¿psicólogos?, expertos en motivaciones del comportamiento humano y sus alteraciones. Este pequeño convoy familiar tan ensimismado en su individualidad, no pudo dejar en la ciudad su bagaje personal al cual tendrán que enfrentar. Esto ocurre en un marco supuestamente relajado o superficial, dentro del género de comedia light… O sea, el velero tocó fondo, o se quedó encallado en la arena. Es una cinta contemporánea inteligente y divertida que vale la pena ver.

ROJO Benjamín Naishtat – Argentina Bélgica Brasil Francia, 2018, 109min. Película de suspenso, rodada sobre espacios abiertos o enclaustrados. Observamos lugares que una vez estuvieron habitados y donde ahora solo se perciben sombras. Se emiten diálogos con doble carga mientras los personajes vaticinan algo siniestro que esconden, o disimulan hechos acontecidos. Más bien podría ser el presagio de otra catástrofe nacional desde las estructuras de poder. El film es escueto, la tensión dramática y los silencios dicen más que las palabras omitidas, igualmente se siente la agresividad y la violencia a flor de piel. Antes o después la nación argentina experimentó una ola perturbadora de extremada violencia, ¿Será tal vez la culpa y el terror que el tiempo no ha podido borrar de la memoria colectiva? Es una película densa donde apenas hay espacio para una sonrisa.

*La autora es actriz de teatro; profesora retirada de Español y Estudios Puertorriqueños en City University of N.Y. CUNY.