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Despidiendo a Carlos

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El reconocimiento a su verticalidad, a su mente preclara, al análisis certero, a su personalidad firme, agudo y fuerte en sus juicios, es parte del consenso de todos aquellas y aquellos que tuvieron el privilegio de compartir o coincidir en algún momento con el líder independentista, sindical, analista político, el compañero Carlos Gallisá.

A su partida física nos queda un legado de sabiduría, entereza y el compromiso inquebrantable de seguir luchando por lograr su mayor anhelo, la independencia Patria.

Nunca claudicó a sus principios

“Este es un día de luto para todos los independentistas. Carlos dedicó su vida con perseverancia y sacrificio a la lucha por la libertad de nuestra Patria. Nunca claudicó a sus principios y los defendió con valentía y entereza. Para su familia y sus íntimos amigos y allegados mis condolencias más sentidas.”

Lcdo. Rubén Berríos Martínez

Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP)

Carlos nunca tuvo miedo de defender su amor por Puerto Rico

“El compatriota Carlos Gallisá se unió a la eternidad el viernes cerca de la medianoche. Como saben, Carlos fue Representante por Acumulación en la Cámara de Representantes y una voz fuerte que resuena en todos los que queremos un mejor Puerto Rico. Además, es el padre de nuestro compañero, Director de Permisos, Juan Gallisá. Sirva su recuerdo, para darnos la perseverancia y la voluntad para seguir luchando por hacer posible un Puerto Rico distinto.

Carlos nunca tuvo miedo de defender su amor por Puerto Rico. Estuvo siempre dispuesto a pagar el precio de ser inamovible en la consecución de sus principios. Su voz íntegra y llena de sentimiento por una mejor Patria le hará falta a muchos de nosotros”.

Carmen Yulín Cruz Soto,

Alcaldesa de San Juan.

Las generaciones presentes y futuras tienen con él una deuda de gratitud

“Carlos Gallisá fue un destacado dirigente de la lucha por la independencia, a la cual le dedicó su vida con sacrificio y constancia. Las generaciones presentes y futuras tienen con él una deuda de gratitud, tanto por sus años como líder en distintas organizaciones, como por su importante presencia en las ondas radiales durante las últimas dos décadas en defensa de la independencia”.

Lcdo. Fernando Martín

Presidente ejecutivo del PIP

Un ser humano íntegro

“Conocí a Carlos Gallisá desde los cincuenta, del siglo 20. Fuimos amigos en la Universidad, y en las luchas de Independencia. Carlos era un ser humano íntegro.

Cuando estaba en Virginia, me llamó y le acompañé a unas vistas del Congreso en Washington. Tenía un gran humor y mucha verticalidad. Estoy unido al dolor y el sentir de la familia. No podré estar allá en Puerto Rico, pero compartiré el sentimiento desde acá, en Miami”.

“Para mí, Carlos Gallisá seguirá siendo el legislador necesario. Esta semana lo tuvimos cercano en las aulas de la Escuela Graduada de Trabajo Social Beatriz Lassalle, en el curso de Análisis de la Realidad Social. Porque mientras Carlos se iba despidiendo de este mundo, postrado en su lecho de muerte su libro más reciente- La Deuda una crisis política- se incluyó en los diálogos y debates sobre la dimensión política y económica de Puerto Rico, como parte de las reflexiones finales del curso.

Es que la obra de Carlos Gallisá se han constituido en textos obligados para la profesión de trabajo social, ante el reto de rescatar la historia y la economía política como parte de nuestra formación. Su libro Desde Lares, junto al de la Deuda, una crisis política- los tenemos de referencia para conocer la trayectoria del colonialismo en Puerto Rico. Estos textos se suman al legado político de Carlos Gallisá al país. Carlos fue revolucionario, maestro, investigador y analista político de mucha profundidad y sagacidad.

Tuve con Carlos momentos gratos y difíciles como parte de la dirección política del Partido Socialista Puertorriqueño, compartida también con Juan Antonio Franco, Néstor Nazario, Julio Muriente, Joy López, Alberto Márquez, y José (Tato) Rivera Santana, entre otros. Carlos no perdía el norte.

Me acuerdo del emplazamiento que hizo a los gringos en las vistas de junio de 1989 ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado, sobre el Proyecto Johnston. Fue una acción descolonizadora, con la rabia de casi 500 años de coloniaje.

Voy a recordarle en su campaña como el legislador necesario, dando mítines con Pedro Grant en el turno de madrugada frente a las petroquímicas del área sur; en las colectas y mítines de plazas públicas, en su gestión como Secretario General del Partido Socialista Puertorriqueño y en la gestión internacional. En el PSP enfrentamos muchas tensiones políticas, y Carlos siempre trató de mantener la unidad interna de la organización. Puedo dar testimonios de su sensatez política y del gran afecto que le tenía la gente como un ser humano digno y valiente”.

Dra. Doris Pizarro Claudio,

Activista y profesora de Trabajadora Social

Carlos es uno de mis maestros

“Tuve la oportunidad de conocerlo a los 16 años y verlo en mítines en San Sebastián cuando yo vendía La Hora, el periódico del Partido Independentista Puertorriqueño y luego en el ‘72 en la Universidad. Tienes que pensar que cuando uno tiene esa edad y viene de Chicago a San Sebastián uno no conocía a nadie de autoridad y ver a Carlos con su fervor e inteligencia mi inspiró a mí mucho. En San Sebastián mi vida era la escuela, aprendí de los maestros de la escuela superior y aprendí mucho de él -Carlos- para mí es uno de mis maestros, cada uno enseñándome como crecer como puertorriqueño y qué es la independencia”.

Luis Gutiérrez

Congresista demócrata

Caballero vertical

“Carlos Gallisá fue un caballero vertical, de una sola pieza, de una sola palabra, una sola línea. Llegó al extremo su verticalidad que estuvo en la Junta de Gobierno de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) junto a dos representantes adicionales de los consumidores, ni tan siquiera cobraba las dietas que se nos pagaba a la JG. Es una pena que el gobernador de Puerto Rico haya destituído a Carlos Gallisá de la Junta de Gobierno de la AEE cuando Carlos obtuvo esa posición mediante la voluntad del pueblo en una elección libre. Yo creo que ya es tarde para que ahora se levanten pésames y condolencias cuando realmente se hirió a Carlos a Gallisá al destituirlo de la AEE, Carlos es un ejemplo para el pueblo de Puerto Rico, como dije el Caballero de la Verticalidad.

Lcdo. Ricardo Santini Gaudier

Compañero de Gallisá en la Junta de Gobierno de la AEE

Carlos tuvo siempre la misma firmeza

“Carlos representa para nuestro País un luchador incansable que durante toda su vida estuvo contribuyendo para formar más independentistas y socialistas y yo tengo un recuerdo bien profundo de Carlos. Lo recuerdo en mis tiempos de joven mientras yo estaba en la Juventud Independentista Estudiantil y una visita que hiciera a nuestra escuela. Siempre el mismo Carlos, siempre la misma firmeza que uno pudo ver durante toda su vida y durante toda su formación ideológica, Puerto Rico ha perdido un gran ser humano, un gran compañero, pero de la misma forma lo ganamos. Lo ganamos en el sentido de que su semilla está ahí y sirve de estímulo para la juventud y para los que no son tan jóvenes en términos de la tarea que nos queda por realizar, alcanzar nuestra libertad, nuestra independencia”.

Ricardo Santos

Líder sindical, ex presidente de la Unión Independiente de Trabajadores de Energía Eléctrica y Riego (UTIER).

Siempre estuvo en el frente de lucha

“Carlos fue una es persona siempre amigable, luchador incansable por la independencia de Puerto Rico. Fue un ser increíble, amable, bueno… siempre estuvo en el frente de lucha. Nos va hacer mucha falta.”

Heriberto Marín

exprisionero político nacionalista

Carlos es un Patriota

“Carlos fue en realidad nuestro combatiente mas eficiente contemporáneo por la independencia de Puerto Rico, el que más lejos llegó en la conciencia de nuestro pueblo. Carlos es un Patriota, pero lo fue de un modo muy particular, un hombre que se pudo comunicar con su pueblo y la profundidad del mensaje de él y la profundidad en nuestro pueblo lo podemos calibrar ahora que fallece. Su presencia va a estar viva en el independentismo puertorriqueño por muchos años”.

Lcdo. Noel Colón Martínez

Líder independentista

Así lo quiero recordar

Mi primer recuerdo de Carlos Gallisá fue cuando yo era estudiante y estaba en su apogeo la huelga de los canteros en Ponce contra la Puerto Rican Cement y él era el abogado de la Unión. Aquella era la época de CLARIDAD diario y se cubría mucho el movimiento obrero y él estaba en primera plana. Luego, como legislador recuerda que ese proceso lo viví desde la perspectiva de un estudiante que se vincula al movimiento obrero y hasta el día de hoy, Carlos Gallisá ha representando el compromiso entre la lucha política y la lucha por la independencia, la causa social de los trabajadores, de la gente humilde, de los presos ese el Carlos Gallisá que siempre he tenido presente y ahora vamos a tener en la memoria”.

Luis Pedraza Leduc

Director del proyecto sindical PROSOL

Galli se convirtió en mi persona de confianza política

En la vida tenemos muchas experiencias que se convierten en memorias y que llenan nuestro espíritu, el corazón y el alma. Sabia sobre Carlos Gallisa por su trayectoria de lucha y verticalidad pero nunca lo había visto en persona.

El día de mi encarcelación en Dublin, California entró al salón de visita con su esposa y camarada Lourdes, nos abrazamos y sentí algo bien especial de los dos, fue como un encuentro de espíritu familiar, como si hubiese encontrado a mi familia. ¡ Wow! pensé después de la visita donde compartimos  cuentos de convivencia y nos reímos mucho. Llegó nuestra libertad y yo estaba lista para compartir con mi Pueblo. Fueron horas de conversaciones sobre nuestra lucha, los movimientos los errores cometidos y los principios de la lucha verdadera. Desde es día Carlos me hizo miembro de su familia, Lourdes se convirtió en mi hermana, Sofía mi sobrina, y sus hijos e hijas en parte de mi familia, hasta su mama, Monín me llenó el corazón.

Galli se convirtió en mi persona de confianza política porque siempre fue honesto y vertical en sus análisis él nunca me trató con ninguna forma machista al lo contrario ramos iguales en todos. Los aspectos encontré un verdadero Camarada, amigo que llenó mi alma y corazón con amor verdadero por la Patria liberada. Gracias por estar en mi vida tendrás un parte muy especial de mi corazón en esta exsistencia y las que vengan.

Dylcia Pagán

Exprisionera política

¡Hasta siempre, Carlos Gallisá Bisbal!

Otra vez ante el misterio de la transubstanciación que es la muerte. Mucho se ha especulado qué es la muerte. Cesa la actividad celular, dicen que el cerebro sigue trabajando un rato mientras mueren los demás órganos vitales. Los materialistas dicen que la materia no se extingue, sino que se transforma. Los creyentes en un ser superior, en una divinidad, dicen que salimos como un desprendimiento de ese espíritu superior y que a Él regresamos, junto a la comunidad de espíritus que lo componen, como una energía eterna. Luces, sombras, vacio, energía que fluye y memoria eterna de los que conocieron al ser que se fue, de la capsula que es el cuerpo, hacia el universo misterioso. Carlos Gallisá era un líder. La sociología describe al líder como aquel que va al frente, que dicta pautas, que asume riesgos, que influye en la formación ideológica de otros, que sugiere y dicta normas para el área que liderea.

Ningún líder es perfecto porque no deja de ser humano y esa es la medida continúa de lo que es ser imperfecto. En todo líder hay rasgos de vanidad y algún grado de autoritarismo que les viene de la seguridad íntima que quieren proyectar con los grupos y personas que quieren influir. Cuando la vanidad se convierte en exceso, me decía un líder, es pecado. En ese proceso de cometer errores y a veces injusticias, el verdadero líder las reconoce y trata de enmendarlas. Una vez se trasciende de la vida a otra esfera, el líder que se va debe ser juzgado por su obra, por su ejemplo y contenido. Hay que ser justo y mirar la totalidad de esa vida que se entregó a una causa.

Ser dirigente o voz pública de un país sometido al coloniaje es algo muy complejo. Un camino preñado de dolores. Un Golgota que se abre para que se rechace o se acepte gozosamente. Creo que Carlos lo vio así y lo aceptó. Habló y escribió defendiendo la libertad patria. Se peleó con los suyos buscando oponer su idea a las demás. También se entregó a sus amigos y le fue fiel a su círculo íntimo. Bohemió, bromeó, instruyó e hizo suya la misión de la ideología libertaria. Era un polemista culto, feroz en la defensa de lo que pensaba e irónico frente a los argumentos que no satisfacían su intelecto. Sirvió como legislador, como dirigente independentista, como defensor de Vieques libre. Como amigo y gestor de los prisioneros políticos, una vez liberados, colaboró para que se reintegraran a la Nación Puertorriqueña, con una vida digna hacia la transición de vivir en una sociedad transformada y distinta a la que dejaron al ser encarcelados. El balance de su vida y su obra fue positivo y de entrega a la Patria. Es justo que lo recordemos por lo que aportó a la patria irredenta. Que descanse en paz Carlos Gallisá, que su lucha para que seamos libres, siga viva para honrar su memoria.

Gallisá

1.

Desde los 13 o 14 años supe quién era Carlos Gallisá. Despertaba a la política y, sobre todo, nacía en mí la consciencia de que a pesar de lo que dijera mi acta de nacimiento y la historia familiar, mi lugar en el mundo era Puerto Rico. Casi clandestinamente, fui interesándome en algunas figuras independentistas, que aparecían en los periódicos y los noticieros de televisión. Por aquella época el PIP tenía tres legisladores y uno de ellos era Gallisá. Entonces también surgieron las diferencias entre Rubén Berríos y él, que culminaron con su salida del partido y, poco después, con su integración al PSP. A partir de ese momento, en mi consciencia de adolescente, el independentismo poseyó tres cabezas: Rubén Berríos, Juan Mari Bras y Carlos Gallisá. Por varias décadas, éstas serían las que estarían también en el mapa político de los puertorriqueños.

Recuerdo una tarde remota. A eso de las seis y antes de que se sirviera la comida, mi padre veía el noticiero de la tarde. A veces salía de mi cuarto y lo acompañaba sentado tras él en un peldaño de la escalera. En la tele un periodista daba cuenta de una protesta. La memoria conserva dos imágenes: un raquítico piquete en una gran explanada y un hombre dando un discurso sin que se escucharan sus palabras sobre una pequeña tarima. La naturaleza de las imágenes me hace suponer que el evento acontecía frente al Departamento de Hacienda, en una tarde en la que el sol derretía el cemento. Quizá por ello no había gente alrededor del orador. Entonces, escuché decir a mi padre: “Mira, está hablando solo”. No era amigo de políticos. Tres veces había tenido que partir desde cero: en la rebelión de los mineros de Asturias, en la Guerra Civil española y en la Revolución Cubana. No emitió un voto en su vida y a la política, de la que siempre estuvo al tanto, reaccionaba con grandes dosis de escepticismo. Sin embargo, en la frase que profirió ese atardecer, no solamente no había burla ni desprecio, sino que contenía lo que en él estaba más próximo de la admiración y el respeto.

El que hablaba desde la soledad de la tarima era Carlos Gallisá. Ese noticiero fue la primera vez que estuve consciente de verle.

2.

Estoy casi seguro que escuché la primera emisión de Fuego Cruzado. A partir de entonces, y por más de dos décadas, debo haberlo hecho con millares de programas. Según los años, lo seguí a distintas horas y por todo el cuadrante de la radio, según el programa fue cambiando de emisora. Escuchaba a Ignacio Rivera, Carlos Gallisá y diversas figuras hasta la integración definitiva de Néstor Duprey, atendiendo cuidadosamente o como una conversación venida de una mesa vecina mientras dibujaba, pintaba, esculpía, dormitaba o practicaba guitarra. Casi siempre valió la pena y muchas veces alguno del trío de comentaristas provocó mi profundo desacuerdo, pero me parecía importante lo que hacían y lo hacían mejor que nadie. Al día siguiente ya me había olvidado de mi enfado, que casi nunca era con Gallisá.

Él fue el pilar indiscutible del programa. No solamente mostraba rigor intelectual, sino que con frecuencia exhibía una sutil e incisiva ironía capaz de desprenderle las más falsas solemnidades a situaciones y personajes de nuestra política.

Recientemente, a raíz de la publicación de dos libros, los miembros de Fuego Cruzado me invitaron a conversar largamente con ellos. En esa ocasión, Gallisá no estaba. Al día siguiente, acudiría al estudio por última vez y anunciaría, rodeado por sus amigos y admiradores, que se retiraba definitivamente de la discusión pública. Es muy probable que haya escuchado el primer Fuego Cruzado y el azar del destino me llevaba a participar en el penúltimo de una época muy larga. Debo decir que al escuchar la despedida de Gallisá, sentí una profunda emoción, una tristeza tan grande como la que tuve, en la mañana del pasado sábado, cuando en la pantalla de la computadora, leí la noticia de su muerte.

3.

Solamente una vez hablé con Carlos Gallisá. Fue en el Coliseo Roberto Clemente. El día anterior se había anunciado la liberación de Oscar López Rivera. Junto a docenas de personas que habían colaborado en la campaña por su liberación, escuché la conferencia de prensa en la que su hija Clarisa y la alcaldesa de San Juan comunicaban los planes para su recibimiento.

Entonces estaba mudándome. Regresaba a la casa en que en una lejana tarde mi padre y yo habíamos visto a Gallisá hablando solo una tarima bajo un sol despiadado. La AAA intentaba atraparme en una de sus encerronas y unos amigos me recomendaron que hablara con Gallisá.

Al terminar la actividad, me acerqué a él. Le relaté lo que ocurría y enseguida me dio el teléfono de quien podía ayudarme. Luego hablamos de Fuego Cruzado y él se refirió a alguno de mis escritos. Llamé a la persona que me indicó y el asunto comenzó a componerse. No obstante, esa noche recibiría una llamada de Gallisá. Quería saber qué había ocurrido. Su gesto me impresionó. Para él era un desconocido, pero su ayuda era real y consecuente y se negaba a abandonarme a mi suerte.

Quizá ésta sea una de las imágenes más certeras de su vida: un hombre que sin el apoyo de mayorías ni de intereses económicos, fue fiel en su lucha por la gente. Muchas veces estuvo dispuesto a hablar solo en una tarima a favor de trabajadores que casi nadie defendería en la época del carpeteo y la criminalización de toda disidencia. Década a década, en la calle, la prensa y la radio, desmanteló con brillantez las mentiras y las supersticiones del colonialismo. Mientras existan hombres y mujeres que hagan esto, vivirá la esperanza y no estaremos abandonados ni vencidos.

Hay seres que dejan un gran vacío, porque dejaron también un ejemplo enorme. Como mi padre hizo hace tantos años, a la vida y memoria de Carlos Gallisá, mi gran admiración y respeto.

La Patria digna

Dedicado a Carlos Gallisá Bisbal

“Sin individuos profundamente dignos,

no hay patriotas.”

Eugenio María de Hostos

Escribo desde la melancolía. El fallecimiento de Carlos nos toca profundamente a todos los que hemos estado en esta lucha por décadas. Su muerte se une a las otras que ya hemos sufrido desde Juan Mari Brás, Lolita Lebrón, Carmín Pérez, Elliot Castro, José Alberto Álvarez Febles, Isolina Pérez González, todos y todas patriotas que como decía José Martí “las manos duelen de sujetar aquí el valor inoportuno.”

Han partido con la satisfacción del deber cumplido y con el dolor de no haber logrado su objetivo de lucha-vida: la libertad de la patria. No había llegado la hora en sus relojes de vida. Por eso lo inoportuno de su valor. Pero sus acciones acumuladas nos dejan con un gran acervo de patria digna, de recursos de lucha, de zapata de construcción, de hombros sobre los cuales levantarnos, de ejemplos a emular y de espejo donde mirarnos. En estos momentos en que no es solo el momento de la revolución de la cólera, es el momento de la revolución de la reflexión. (José Martí)

Carlos dedicó las últimas décadas de su vida a buscar salir de la cajita en que la lucha por la independencia de Puerto Rico ha estado metida. Yo lo veo en forma de círculos concéntricos, donde los independentistas-socialistas estamos en ese círculo del centro, como un ojo de buey (bulls eye), en donde somos el objetivo que apuntar por todos. La persecución desatada desde la década de los treintas encarcelando al liderato nacionalista; la Ley de la Mordaza en los cincuenta; el programa de COINTELPRO en los sesenta, el cual nunca ha dejado de existir aunque tenga otros nombres; la casi eliminación de las voces de los independentistas en las ondas de radios, la inexistencia en la televisión, la ocultación de nuestra historia de lucha en el sistema de educación, la negativa a cubrir conferencias de prensa y eventos organizados por independentistas, han dificultado el objetivo de educar al pueblo, pero no han podido detenerlo.

Los jóvenes han creado espacios creativos en las redes sociales desde donde transmiten sus ideas críticas y de oposición sin tapujos. Pero conociendo las limitaciones de alcance de las redes sociales, esto no resulta suficiente para romper el cerco mediático, porque allá donde tenemos que llegar, al residencial, a la barriada, esos medios no necesariamente están al alcance de las grandes mayorías.

Por eso la voz de Carlos en Fuego Cruzado era de una importancia extraordinaria. Durante 23 años estuvo aportando con sus análisis críticos a la interpretación de la realidad de Puerto Rico, desde el conocimiento profundo y amplio de una persona que se movió por el mundo y conocía la ubicación de nuestra patria en la geopolítica internacional. Tuvo numerosas participaciones como militante del PSP en eventos y organismos internacionales, como el Movimiento de Países No alineados, que le daban una perspectiva realista y global de nuestra realidad. Por eso la importancia de que nuestros jóvenes participen y se capaciten en el trabajo internacional, que es el que abre sus mentes y amplia su visión de lo que es posible y lo que es probable conseguir como objetivos de lucha.

Carlos tenía una enorme facilidad de relacionarse con personas de todas las esferas de la vida. Así lo atestiguan las relaciones de un profundo respeto y admiración que forjó como representante en la Cámara de parte de sus enemigos políticos. He oído siempre decir que Carlos iba preparado a todas las comisiones, a las vistas y que trabajaba incansablemente como legislador. Su verbo claro y honesto comprometido con su pueblo, su honestidad e integridad en su desempeño legislativo son espejos en que deben mirarse los que aspiren a servir desde esas lides políticas.

Asimismo Carlos tenía la facilidad de relacionarse de igual a igual con las personas de los sectores más marginados y humildes de nuestro pueblo. Su amistad con Carlos La Sombra es legendaria. En los años de estudiante en la JIU, Carlos era el líder del PIP mas accesible. Compartía lucha y socializaba, daba consejos, sacaba de problemas y hasta daba por así decirlo, “asistencia en la carretera”.

Carlos trató de salirse del círculo concéntrico de muchas formas: Fuego Cruzado fue una, su lealtad y esfuerzos por Claridad y sus columnas, y su incorporación al Movimiento Unión Soberanista (MUS) fue otra. Creía que era necesario salirse del círculo puramente independentista (segundo círculo concéntrico donde trabajó desde el Nuevo Movimiento Independentista Puertorriqueño (NMIP)) y formar alianzas mas allá hacia el círculo que conforman los distintos tipos de soberanistas (libres asociacionistas, autonomistas). Mantuvo amistad toda la vida con líderes de otros sectores como Rafael Hernández Colón. Carlos es el ejemplo de que lo cortés no quita lo valiente. Así como Mandela no titubeó en sentarse con los asesinos de su pueblo y de promover la reconciliación en vez de la venganza, Carlos nunca tuvo problemas en escuchar a los que eran enemigos de la libertad de su patria, sin por ello rendir ni un milímetro de sus principios.

Por todo lo anterior y de seguro muchas mas que otros y otras darán testimonio, puedo decir sin temor a equivocarnos, que se nos va el Carlos de carne y hueso pero el que queda, el que celebraremos todos los días que luchemos, el que surgirá en las palabras que de él se escribirán, el que emotivamente llorarán sus familiares, sus queridos amigos como Jaime Córdova, Rei Segurola, Luis Carrión, Florencio Merced, Alida Millán, Maribel Franco y el Colectivo de Claridad, María de Lourdes Guzmán, Ignacio Rivera, Néstor Duprey, es el Carlos inmenso, el que nos acurruca a todos y todas, el que nos conmina con serenidad y confianza a continuar, a luchar, a ser mejores personas cada día, hasta alcanzar para todas la Patria Digna.

Será otra cosa: Vuela alto

Al sentir su presencia, los pájaros se espantaban. Minutos antes de aparecer en el patio, sentíamos el aletear alocado de las palomas. Al poco tiempo, ella llegaba y nosotras lo celebrábamos: “Leo, has vuelto a sembrar terror en la plumífera población”, y lo cogíamos a relajo, “vamos a contratarte para que desalojes los balcones”.

–Volvieron a escoger el sitio de los pájaros– nos reclamaba en tono acusatorio, porque siempre le dejábamos vacío el asiento más peligroso, el más cercano a los nidos.

–No nos dimos cuenta, te lo juro.

Y era verdad que no nos dábamos cuenta, aunque todas las vecinas conocíamos su horror cuando presentía a alguno de aquellos animales. Alguna vez le pregunté sobre el origen de esa fobia, pero me respondía que no tenía memoria de ningún incidente en particular, que siempre les había tenido manía. Al pasar los años esto fue cada vez menos importante, pero ahora que me dispongo a contar la historia de las cenizas, estoy segura de que debo comenzar por su aversión a los pájaros.

Leo me contaba que era la menor de tres hermanos, uno de esos casos en que los padres, sin proponérselo, seleccionan una hija para que los cuide en la vejez. La súbita muerte de la madre, que gozaba de buena salud, pudo haberle asegurado su salida al mundo, pero aquello no pudo ser. El padre le sobrevivió varios años y no sólo agonizó dolorosamente, sino que además hizo todo lo posible por amargarle la existencia.

El señor había sido en su juventud un hombre dominante y enérgico. Hizo lo que le dio la gana y procuró controlar a quienes le rodeaban, pero por eso mismo era admirado. Es todo un hombre, un hombre decente, decía Leo que decían –y al decir eso hacía una mueca que me inquietaba. En algún momento decidió que no respondería nunca a la autoridad de nadie, así que abandonó su familia y se mudó lo más distante posible de todos ellos. Nunca tuvo trabajo estable, ni fue propietario de absolutamente nada. No puede reprochársele su escasa herencia, porque tampoco legó ninguna deuda. Jamás tomó prestado. Nunca hizo nada importante, ni bueno ni malo, nadie lo recordaba ni él recordaba a nadie, pero cuando se enfermó, regresó a la casa familiar meses antes de la muerte de la esposa abandonada y se instaló con todo su infortunio y su tristeza, a tiempo para derrumbarle a Leo sus planes de libertad. Los hermanos mayores ya se habían ido, y le tocó a ella cuidar al viejo patriarca. Y eso hizo hasta el día en que murió. Yo lo hubiera abandonado, pero nunca se lo dije a Leo, así que no viene al caso.

Uno de esos días raros, Leo llegó a casa exigiéndome que inventara un cuento sobre las ruedas de las camillas. Leo siempre estaba pendiente de lo que yo escribía y solía darme instrucciones e ideas para las historias que publicaba entonces en el semanario para el que trabajaba. Las ruedas de las camillas de funeraria, me decía, como quien no quiere la cosa, son como las de los hospitales. El ruido es el mismo que hace la cunita con ruedas de los recién nacidos –añadía, después de un corto silencio, con la misma expresión de no pasa nada que solía poner cuando decía cosas tremendas. También se parece a los carros con las bandejas de las comidas, rodando por los pasillos lustrosos de los hospitales, añadía, con tono siniestro, disfrutando mi estupor. Es el mismo ruido de los carritos de postres de los restaurantes. Qué raro, –me decía sin mirarme, y yo sentía un escalofrío al verla tan ensimismada– sobre esas ruedas puede venir la pena o la alegría. ¿Verdad que los carritos de postres son alegres? Haz algo con esto –insistía, sin cambiar su mirada entre malévola y traviesa, y yo le prometía usarlo en algún relato, a sabiendas de que ya la historia estaba hacía rato en su cabeza.

A su madre, después de incinerarla, se la devolvieron en una cajita 8 x 11. Leo, por supuesto, fue a casa a comunicarme su desconcierto. Cómo es posible, me preguntaba fríamente ante la taza de café, que mi madre esté tan compacta como este libro, me decía, blandiendo el volumen de la Historia de la literatura que tomaba de la mesa como si fuera una bandera, como este libro, repetía, y yo temía que Leo estuviera entrando en alguno de esos trances que ya le conocíamos, o que fuera a aparecer una paloma en la ventana.

Cuando llegó el momento, después de la muerte del padre, no quiso quedarse con las cenizas y se las entregó a uno de sus hermanos para que de una vez se llevara las dos cajitas en el equipaje de regreso. Quedaron en verse en Thanksgiving y hacer un viaje para disponer de los padres en un lago de New Hampshire.

Ella se mudó, nos dejamos de ver, y poco a poco fui olvidando toda esa historia, lo de las cenizas, sus frecuentes intervenciones en mi trabajo, pero no su fobia a los pájaros. Meses después me encontré a Leo en el supermercado. Había regresado a bregar con el apartamento de sus padres, que por fin ponían a la venta. Allí mismo, frente a una alta estiba de turrones y palitos de menta me contó el final de la historia, para que “hiciera algo con ella”, por supuesto.

Con el mismo tono neutro de todos sus informes, Leo me relató lo que soy ahora mismo incapaz de reproducir con la misma gracia. Los tres hermanos llegaron a aquel paisaje idílico con las dos cajas de cenizas, como dos tomos de unas obras incompletas, tomaron sin permiso el bote de uno de los vecinos, porque confiaban que con el frío ninguna de las casitas del vecindario estaría ocupada. Llegaron hasta el medio del lago y allí, lejos de su país y de sus vidas, como si estuvieran dentro de una película gringa, abrieron las cajitas del padre y la madre de Leo para depositarlas en las calmadas aguas. Fue entonces que ella, al otro lado de la barca y de espaldas a sus hermanos, vio acercarse amenazadoramente los dos pájaros –patos, gansos, cisnes, ella no pudo distinguir– y pensó en huir. Ella jura que no se movió, de tan aterrada que estaba, pero algo se habrá movido en el bote para que los hermanos cayeran con todo y cenizas a las heladas aguas. Antes de que los hermanos lograran montarse de nuevo, pudo ver de cerca aquellas extrañas criaturas retozando felices entre las cenizas del padre y la madre, y para su sorpresa –me dijo con alegría demencial– esta vez no sintió miedo.

Cuando concluyó su historia, Leo se fue sin despedirse, pero antes me volvió a echar una de aquellas miradas de reproche que solía darme cuando me quejaba de no encontrar historias para contar. Ahí tienes, me decían sus ojos, haz algo con eso. Y según se iba, sonaban las rueditas de su carrito de compras como las de las camillas de la morgue, las de las bandejas de postres y las cunas de los recién nacidos.

No me volví a encontrar a Leo y pasé mucho tiempo debatiéndome con esta historia de las cenizas y los pájaros, pero esta tarde me he enterado de que ha muerto –“vuela alto” han dicho, y a mí me ha dado gracia. Luego me ha dado pena, mucha. He sabido que ella también será dispersa en las aguas tranquilas de New Hampshire, y he escrito esto, en lo que se me ocurre una mejor historia que contar.