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La Maestra Yanqui

La Maestra Yanqui, no, noo…, no es la actual secretaria del Departamento de Educación, pero muy bien puede serlo. La Maestra Yanqui, obra del dramaturgo Roberto Ramos Perea, representa una metáfora de las circunstancias que rodean la educación pública al presente en nuestro país, pero enmarcada a principios del siglo XX con la llegada del invasor yanqui y su empeño en sustituir la enseñanza en el idioma español por el idioma ingles. La obra cierra el 40 Festival de Teatro del Ateneo Puertorriqueño, en saludo y como parte de las Jornadas en Conmemoración al 150 aniversario del Grito de Lares.

Cuenta Ramos Perea que la obra está inspirada en un cuento de la poeta Clara Lair, basado a su vez en un suceso de su vida. “Ella puso parte de su experiencia en un cuento que se llama, El Maestro, donde narra muy breve cómo se enamora de su maestro de escuela superior y a partir de ahí en ese cuento hace unas observaciones sobre una maestra americana, que ella no le pone nombre, pero que estaba en la escuela donde ella estaba y obligaba a los estudiantes a cantar …one two, three… Yo cuando estoy leyendo el cuento de Clara veo el personaje de la maestra en el cuento que es simplemente una pincelada dije aquí hay una obra, entre el maestro, ella, la americana de la que ella nunca habla, pero yo la voy a poner hablar”.

La obra cuenta con la participación del primer actor Ernesto Concepción, en el papel del joven maestro, Arturo Mora, acompañado por un grupo de jóvenes artistas del nivel superior del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño (CADAP).

Cómo ha sido ese proceso artístico tanto para un primer actor de la calidad de Ernesto Concepción, como para cada una de las nobeles actoras fue el propósito de esta conversación.

Para Concepción expresa que es un privilegio grande, y que ha sido un ejercicio de diálogo. Número uno le permite tomar conciencia de cómo -él actor- trabaja, es una alta responsabilidad ya que se tiene que tener conciencia de lo que se va a transmitir y tres que aunque se sabe -el artista- que se tiene una destreza, en el fondo ésta no se llega a saber, dominar, si no se práctica plenamente.

Concepción manifiesta que son muchos los aspectos que le atraen de la obra pero es obvio que el tema del impacto de la invasión norteamericana en la educación le parece que es un aporte, porque lo saca de los acercamientos directos al tema político.

“Roberto tiene obviamente varias obras en esa dirección lo hemos visto en el mundo laboral, en la industria, de la caña de las comunidades del interior, pero el impacto institucional de la educación en el ámbito educativo ya de por si me parece atractivo sobre todo llevarlo hasta el nivel de las relaciones humanas, incluso la relación hombre mujer y ver esas relaciones de poder ahí incluso en el ámbito de los cuerpos de la imaginación yo creo que son aspectos interesantes. En ese sentido la pieza como obra aporta.

Por otro lado la oportunidad de trabajar con un grupo avanzado del conservatorio del Ateneo a mi también me da la oportunidad de hacerme consciente un poco de cómo yo trabajo, porque yo estoy aquí como actor y recibiendo ordenes pero a la misma vez trabajando con ellas, no siento que haya habido un bloqueo”.

Sobre su personaje cree que va a sorprender por su contradicción. Al hacer la salvedad de que no se considera un experto en la obra de Ramos Perea, describe que su personaje tiene unos aspectos que pueden parecer mas oscuros que otros personajes del dramaturgo y eso le da un relieve distinto de un personaje mas amplio porque no se queda solamente resolviendo los retos históricos, los desafíos concretos de la perspectiva laboral o política, sino que los resuelve también desde unas definiciones de naturaleza moral intima, definiendo qué es un delito, qué es transgresión, qué es pecado, incluso explorando la idea de qué es educar, para qué queremos educar. “ Yo creo que todos esos planos, el héroe ante el reto histórico el héroe ante el reto de la educación y también no tanto en mi personaje también en el antagónico de repente uno puede verse simpatizando con la invasora, con la que llega y creo que la obra se atreve a exponer todo eso”.

Esta pieza teatral contará con música original cargo del joven músico Hugo Sebastián Ramos. “Es bien interesante el hecho de imaginar la escena mientras hago una canción, no es como que hago una canción y ya, la canción tiene que hablar de lo que está pasando en la escena”. Esta es la primera vez que Ramos escribe para una obra de teatro, para interpretar en piano, violín y arpa.

Ensayalo, inténtalo y ven con un propósito.

Para el elenco de actrices de La Maestra Yanqui, estas palabras de exhortación para cada ensayo de parte de Ernesto Concepción han provocado un crecimiento en el proceso creativo de cada una de ellas. La integración a cada uno de sus personajes comienza por reconocer e identificar la actualidad de la obra.

“Hemos visto la metáfora de cada uno de los personajes en representación de situaciones o de segmentos de la sociedad de Puerto Rico y realmente no hay mucho que haya cambiado en 114 años, desgraciadamente”, expresa a nombre del grupo Caroline Vanessa Alicea, quien interpreta a la maestra estadounidense Jenny Anderson.

Junto a compartir escena con un experimentado actor el proceso creativo de representar personajes de comienzos del siglo XX a jóvenes ‘milennial’ es también un reto para las actrices. Sobre cómo ha sido ese proceso creativo, las presentes en la entrevista se expresan.

“La palabra para describirlo seria revelador en mi caso yo tuve la oportunidad de explorar un personaje que se parece a mi pero el proyecto era buscar en qué momento yo me separaba de este personaje, entonces pues ahí mismo uno entra en un proceso de auto conocimiento bien interesante que termina en lo que estamos haciendo ahora creo que el resultado ha sido bien chévere de verdad que si”, se adelanta a expresar, Tiffany Rodríguez Cruz, quien interpreta al personaje de Finí.

Mientras, Claudia Sevilla Cotto, quien interpreta a Petra, la estudiante rebelde reconoce: “En mi caso con Petra, no fue difícil encontrarme conmigo, con mis actitudes, aunque yo no soy tan violenta y no soy tan valiente como Petra, pero Petra pasa por una revelación durante la obra, ella viene de una familia en el tiempo republicana, pobre y que ese personaje en específico el director de la obra haya escogido que sea la alegoría de Albizu Campos es una cosa compleja. Convertirse en Pedro Albizu versión mujer pues no es poca cosa y no ha sido fácil. Es un honor que te digan que tu personaje va a ser una alegoría de Pedro Albizu Campos es un verdadero honor”.

En el caso de Caroline Alicea destaca que en lo personal ha tenido una pelea enorme con todo lo que representa su personaje de Jenny Anderson. “He tenido que hacer un trabajo de caracterización bien grande a parte de que ella tiene que hablar con un acento porque aunque habla un perfecto español el inglés es su primer idioma, ese acento a veces ha sido un reto para las emociones pero estoy ya haciendo las pases con ella porque veo que ella no es malvada, ella tiene unas ideas y unas convicciones bien claras y ella piensa que está haciendo lo mejor, que viene a traerle a estos indios con taparrabos la civilización”.

Para otra de las protagonistas Myrnelis Flores Rosa, representar a Clarita, una joven de 14 años adelantada a su tiempo: “Sí ha sido un reto y muy difícil pues esa etapa de la adolescencia de Clarita fue muy diferente a la mía, son muy diferentes, pero también he descubierto que aun yo en primera instancia pensaba que eramos personalidades bien distintas lo chévere ha sido encontrar cosas que si tenemos en común, cosas mas profundas y eso ha sido lo mas interesante para mi en este proceso porque esta obra es muy compleja y las situaciones y los personajes nada es blanco y negro”.

Como en todo grupo hay una llamada chica rosita, aquí lo es el personaje de Teresita, interpretado por Belkis González, “Teresita es una chica toda rosita, pink, ella ama la vida, ve todo color de rosa. Esta ha sido una de mis obras teatrales favorita ya que es una manera de poderme expresar y ser escuchada por el publico me siento identificada un poquito con el personaje se me hico un poco difícil porque somos totalmente diferentes, pero al final la pude entender”.

La joven Yashay Pérez Román, quien representa a la estudiante religiosa Isolina, confiesa, “estudiando a fondo las pocas interacciones que tiene Isolina con otras gentes me pude percatar de ciertas contradicciones que son muy vigentes en nuestra sociedad y que son vigentes en nuestra generación, existen una serie de contradicciones que van mas allá de lo que uno dice, de lo que uno piensa que a veces es complicado entender pero que están ahí”.

El controlar algunos manerismos de las milennials, adaptarse a un personaje de una época y edades distintas fue lo más difícil al principio para la joven a Shenys González, quien personifica a Candela, la cómplice de Petra y Clarita. “En el proceso -se refiere al proceso creativo- como los personajes son bien distintos hay dos grupos el mas avanzado y el grupito de las chicas mas inocentes, ahí hay un juego de personalidades donde unas de 13 y14 años están adelantadas a su época y otras mas inocentes”.

Completa el grupo de estudiantes, Clementina, la joven aniñada, interpretada por Cybele Delgado. “Clementina es bien inocente a ella le gusta mucho leer, le gustan mucho los estudios, en eso sí me identifico con ella pero hay otras cosas que no me identifico. Todas tenemos diferentes reacciones a esa maestra americana que llega entonces la reacción de Clementina es una de admiración, ella está encantada en ese sentido no es como yo, yo me cuestionaría un poquito mas a esa imposición. Pero me he sentido cómoda al principio fue un desafío pero me he sentido cómoda en el personaje”.

Al maestro Arturo Mora, se le contrapone el director escolar, interpretado por el veterano actor Andrés Caballero y Steven Rivera, ambos también del CADAP. El Diseño Escenográfico es de Wanda Nieves, Producción Ejecutiva de Ana María Marrero Sicardó y la Asistente de Dirección, Sonia Rodríguez.

La Maestra Yanqui subirá a escena este jueves 20 de septiembre a la 8:30 pm, en el Ateneo Puertorriqueño. El viernes y sábado a las 8:30 pm y el domingo a las 4:30 pm. Se repetirá en los mismos días y horarios el próximo fin de semana. Entrad libre de costo.

María, la que no se olvida

Era un nombre común, conocemos muchas Marías. Pero esta vez su nombre no estaba asociado a nadie conocido. Un fenómeno atmosférico en ruta a nuestra Isla, lo cambiaría todo. Hubo preparativos. Como en otras tantas ocasiones lo primero fueron las largas filas para abastecernos de suministros escenciales. Tratar de tener un poco de todo, total en tres o cuatro días volveríamos a la normalidad. Pero, con el pasar de las horas, el fenómeno lucía impresionante, y la realidad era que el azote prometía lo peor y no serían tres o cuatro días.

Nos consolaba que esta vez la mayor parte del huracán se sentiría de día y no de madrugada como en ocasiones anteriores. Las primeras ráfagas y la lluvia mostraron su furia, el ruido del viento hizo temblar al meas fuerte. Lo inevitable pasaba por la isla. Sin electricidad y con la perdida de las comunicaciones, nos invadió la desesperación y el miedo a no saber de familiares y amigos fuera del área metropolitana. La radio fue el hilo conductor que mantuvo a un pueblo unido e informado.

Pasado lo peor, salimos a nuestros alrededores para encontrarnos atrapados en nuestros hogares por la cantidad de troncos de árboles y otros escombros que dejó María a su paso que impedían el poder sacar vehículos y tratar de llevar a nuestros seres queridos.

Decenas de vecinos con sierras portátiles, machetes y sogas se movilizaron para abrir paso y hacer caminos. El paisaje era desolador. Miles de casas sin techo, inundaciones, y lo peor sin idea de cuál sería el plan a seguir. Y para completar sin gasolina.

Como quién despierta de una pesadilla, nos encontramos sin un norte.

Las ayudas comenzaron a llegar, milles de voluntarios, miles de periodistas de todas partes del mundo pero sin un plan.

Sin plan, sin energía eléctrica y sin idea de cómo resolver, quedamos a espensas de un gobierno central que habló para las gradas mientras un pueblo estaba con hambre, sed y a la deriva. Miles llegaban al Centro de Convenciones de Miramar, sede del Gobierno Central en esta emergencia en busca de noticias de familiares y pescando señal en sus celulares para dejarle saber a los suyos que estaban vivos. Cientos de boricuas cuyos teléfonos funcionaban, los prestaron sin pestañar a compatriotas desconocidos pero unidos en poder ayudar y poner un granito en la crisis.

Los meses pasaron sin plan y entonces vivimos el fracaso de Whitefish, los muertos de María, los vagones perdidos, los vagones encontrados, los vagones de forence y más reciente las botellas de agua en la interperie en una pista de aterrisaje en la Base Roosevelt Roads… cientos continúan sin servicio de energía eléctrica a un año de María y miles de familias han visto partir a los suyos por culpa del desastre.

No me cabe duda de que somos un pueblo fuerte, pero necesitamos unirnos en contra de un gobierno sin plan, que junto a una Junta de Control Fiscal nos ahorca cada día entorpeciendo que podamos levantarnos más eficazmente. Es preocupante porque nuestra fragilidad en infraestructura nos pondría en una situación muy dificil si otro fenómeno nos azota en lo que queda de la temporada de huracanes.

Nuestro gobierno no ha aprendido nada de las lecciones y la cara de pobreza que dejó el paso de María por nuestra Patria y pregunto ¿qué vamos a hacer por lo que nos queda de País?

Luchar es lo que nos queda.

El cocodrilo llorón (cuento de autoayuda para niños y niñas)

Había una vez un cocodrilo llamado Coco que se pasaba los días llorando porque era feo. Le había tocado nacer con una horrorosa piel de escamas y un largo hocico lleno de dientes torcidos. ¡Espantoso! Además, tenía muy mal aliento. Los demás animales huían despavoridos al verlo, llenos de miedo y repugnancia. Pero lo que nadie sabía era que, en el interior de aquel horrendo caparazón de escamas, vivía un ser hermoso y sensible que sufría. Nadie lo conocía de verdad porque todos se dejaban llevar por su feo aspecto y el olor a podrido que le salía de la boca. Cuando lo veían llorar de sentimiento a la orilla del río, los animales de la selva ni siquiera tomaban en serio su tristeza. Al contrario, se burlaban diciendo:

–¡Bah! Son lágrimas de cocodrilo.– ¡Como si las lágrimas del pobre Coco no valieran nada!

Así vivía el cocodrilo Coco, llorando y penando en soledad, a la orilla de un gran río en el África ecuatorial.

Pero sucedió un día que, a la hora de la siesta, cuando Coco estaba medio sumergido en el fango de la orilla, llegaron hasta sus oídos unos desesperados gritos en falsete rajando el silencio de la tarde:

–¡Socorro! ¡Auxilio!

Parecía la voz de una señorita en apuros, pero como después no oyó nada más pensó que a lo mejor se lo habría imaginado, y Coco volvió a sumergirse en el fango de sus tristes pensamientos.

–¡Socorro! ¡Ayúdenme que me quemo!

Esta vez sí se oyó clarito. ¡Era la señorita Mariposa que pedía ayuda con desesperación! Nuestro cocodrilo recorrió con la mirada la resplandeciente superficie del gran río que atravesaba la selva como una culebra en dirección al mar pero, cegado por el brillo del sol, no logró descubrir a la angustiada damisela.

–¡Socorro! ¡Ayuda! –volvió a suplicar, ya desfalleciente, la señorita Mariposa.

Al oírla por tercera vez, Coco se lanzó de barriga al agua y empezó a nadar hacia donde provenían los gritos. Entonces la vio, revoloteando locamente sobre la superficie del agua, con sus alas incendiadas por la fuerza del sol de las dos de la tarde.

Estas cosas le pasaban a la mariposa por ser tan coqueta y vanidosa. Todo el día se la pasaba ella admirando la belleza de sus alas de colores en el reflejo del agua quieta de las charcas, y era tan engreída que se pensaba la criatura más hermosa de la Creación. Como se creía tan y tan fabulosa, ningún espejo le parecía suficientemente bueno. La charca no, porque era muy sucia. El mangle no, porque había sapos. El manantial no, porque era demasiado pequeño para el esplendor de sus alas desplegadas… Así fue que, buscando un espejo a la medida de su hermosura, un día descubrió la brillante superficie del gran río, resplandeciente bajo el fuego del sol de África a la hora de la siesta.

–¡Al fin! –se dijo la señorita Mariposa–. ¡Este sí es el espejo que me merezco, para verme como yo soy, en toda mi hermosura!

Sin pensarlo dos veces se lanzó a revolotear sobre aquella inmensa superficie de agua en movimiento. Pero, ¡ay!, cuanto más lejos volaba más se alejaba aquel espejo de fantasía. Lo único que reflejaba el gran río a esa hora del día eran los terribles rayos del sol allá en el cielo.

Y fue así como como la señorita Mariposa recibió el castigo por su ciega vanidad. Al cometer la imprudencia de volar sobre el río a la hora de más calor, se le incendiaron sus hermosas alas de colores.

–¡Socorro! ¡Auxilio, que me quemo!

Al verla en tan gran peligro, al verla tan hermosa y en apuros, al cocodrilo Coco se le estrujó el corazón y dos gruesas lágrimas le brotaron de los ojos. Aquellos gordísimos goterones corrieron por las escamas de su cabeza, bajaron por su trompa, resbalaron hasta la punta de su horrible hocico de dragón y, empujados por la brisa…PFFFFSSS, ¡cayeron sobre las alas de la mariposita en apuros apagando el fuego!

–¡Ooooh! –exclamó Coco, sorprendido.

Y fue tan grande su asombro por el inesperado efecto de sus lagrimones que se quedó un rato con su enorme boca de monstruo prehistórico abierta de par en par. La señorita Mariposa, toda histérica y chamuscada, aprovechó aquel inesperado refugio y se metió volando. Venciendo el asco y tapándose la nariz, pasó por entre los horribles dientes disparejos con olor a zafacón y se internó por las tragaderas para escapar de los rayos incendiarios del sol. Después de aletear un rato, cuando poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la penumbra, vio un lago que brillaba lo más profundo de las entrañas del cocodrilo. Su serena superficie parecía un perfecto espejo de plata líquida. Al volarle por encima la mariposita no quiso mirarse, por no ver el desastre de sus bellas alas ahora chamuscadas. Pero pudo más la curiosidad. Cuando abrió los ojos, esperando lo peor, ¡cuál no sería su sorpresa! En lugar de verse horrible, toda destostuzada y quemada, se veía normal. Es cierto que tampoco era la superfabulosa reina de belleza que a ella le gustaba imaginarse, pero por primera vez se veía como era de verdad, y estaba hermosa.

Por fin, después de tanto buscar en vano, aquella Miss Modelaje y Refinamiento del reino animal había encontrado su espejo en el lugar más inesperado. Porque “la vida nos da sorpresas” y aquel lago escondido reflejaba su verdadera belleza, que es la que cada uno lleva dentro de sí.

De paso –y para enseñarnos que las apariencias engañan– nuestra mariposita había descubierto también la belleza secreta del pobre Coco. A partir de aquel día memorable las mariposas y los cocodrilos son muy buenos amigos. Lo vemos por la televisión, en los documentales sobre el África Ecuatorial: los enormes cocodrilos con las bocazas abiertas y muchas, muchísimas, mariposas revoloteando en su interior.

El filtro de la vida

Cada vez más en el sur de Brasil y países del Conosur del continente, organismos de salud pública recomiendan: no salir al sol sin protección para la cabeza y la pele. Es una región donde, durante el día, la exposición al sol puede ser peligrosa para la salud.  El domingo, 16 de septiembre es considerado por la ONU “el día internacional de protección a la capa de ozono”. En 1987, en esa fecha, 46 países firmaron el “Protocolo de Montreal”. Allí, se comprometieron a parar la fabricación de clorofluorcarbono (CFC) para detener la destrucción de la capa de ozono que protege la estratosfera terrestre.

El ozono es un gas volátil (O3) que se encuentra en la atmósfera. Entre 25 y 30 kilómetros de distancia de la superficie de la tierra, una capa de ozono absorbe la radiación ultravioleta del sol y protege plantas, animales y seres humanos de los rayos ultravioleta. Cuando esa capa de ozono disminuye o desaparece, quedamos expuestos a varias enfermedades y problemas. Eso empezó a ocurrir en los años 70. Desde la firma del documento de Montreal, según los científicos de la Organización Mundial de Meteorología (OMM), la producción del CFC cayó un 76% con respecto a los años anteriores. Sin embargo, en el mercado negro, cada año, todavía se venden más de 30 mil toneladas de CFC, en forma de gas para heladeras y latas de spray. Esto muestra que no basta la ley para cambiar la realidad. Es necesario un cambio cultural. Este es el objetivo del día de la protección a la capa de ozono. El cuidado de protección de la capa de ozono es responsabilidad de los gobiernos y organismos internacionales. Sin embargo, es importante que todos los ciudadanos, entren en esa campaña. Cuando facilitamos la destrucción ecológica, cuando usamos sprays como insecticidas y desinfectantes, estamos comprometiendo la capa de ozono. La incidencia numerosa de ese tipo de práctica en un conglomerado urbano, ya significa un dato importante.

Las Iglesias y religiones creen que Dios es Amor y el universo es obra y expresión de ese amor divino. Cuidar de la Tierra y de la naturaleza es una forma de relacionarse con Dios. En su encíclica sobre el cuidado con la Casa común, el papa Francisco propone una alianza de las religiones en defensa de la naturaleza amenazada y la protección de la vida. El propone una conversión ecológica que signifique nueva sensibilidad en relación al cuidado con la naturaleza y en especial con la capa de ozono que protege la vida. La protección de la capa de ozono, filtro del sol, entra en esa pastoral del cuidado amoroso con nuestro Planeta y con la vida.

Será otra cosa: Memorial a destiempo

Los memoriales deben ser edificaciones simbólicas para rectificar el silencio, la violación de derechos humanos y la violencia injustificada sobre un grupo de personas. A diferencia de los monumentos, no celebran una gesta o una vida, sino, como su nombre señala, se erigen para recordar el sufrimiento injustificado de un determinado grupo de personas en un momento particular de la historia. La pieza de arte se propone en el espacio público para materialmente reconocer y confrontar errores sociales. Es una forma de digerir un asunto neurálgico de la historia, pero desde una perspectiva reparadora. Si bien aluden a una escena dolorosa del pasado de un país, deben proponer un proyecto común en el presente y el futuro que repare lo que el memorial insiste en recordar. Son la materialización del inicio de un proceso social encaminado a resolver lo que causó la edificación del memorial.

Así, en Berlín, por ejemplo, el impresionante Monumento a los Judíos de Europa Asesinados se impone como un lugar de recuerdo, honra y advertencia. Diseñado por Peter Eisenman e inaugurado en 2005, el memorial a las víctimas del holocausto está situado en el centro de la ciudad, cerca de la Puerta de Brandemburgo. Es un pétreo centinela de un pasado vergonzoso que se quiere superar.

En Santiago de Chile, el Memorial del Detenido Desaparecido y el Ejecutado Político, así como el Parque de la Paz Villa Grimaldi dan cuenta de los crímenes del régimen dictatorial de Augusto Pinochet. Son sitios de la memoria construidos por iniciativa de amigos y familiares, lugares donde los ciudadanos pueden ir a recordar a los muertos, pero también a censurar las acciones de la dictadura. Son huellas materiales de una historia criminal, un NuncaMás en piedra. Los nombres de los hombres y mujeres asesinados o desaparecidos impunemente tallados en las murallas obligan a procesar el trauma y a no olvidar.

Quizás uno de los ejemplos más recientes y conmovedores es el memorial a las víctimas de los linchamientos en Montgomery, Alabama. Inaugurado en abril pasado, el Memorial Nacional para la Paz y la Justicia está dedicado a los miles de afroamericanos linchados por los blancos supremacistas durante la historia del terror racista en los Estados Unidos. Este es un caso inusual, porque a diferencia de otros memoriales, la injusticia social aún no ha desaparecido, toda vez que el racismo hacia los afroamericanos se evidencia cotidianamente, como sabemos, en la violencia policiaca, la violación de los derechos humanos y civiles de la comunidad o en la brecha racial de la sociedad. Confrontar la perpetuidad del racismo y de la violación de los derechos a la comunidad afroamericana en la sociedad norteamericana actual es uno de los imperativos de Equal Justice Initiative, la organización a cargo del memorial.

De aquí que la petición del gobierno a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico para que diseñe un memorial para las víctimas del huracán María sea indigna y a destiempo. En la conferencia de prensa sobre los resultados de la investigación del Instituto Milken de la Escuela de Salud Pública de George Washington University (GWU), cuando el gobierno, al fin, aceptó oficialmente el elevado número de víctimas del huracán María, que según dicho informe es 2975 muertes, el gobernador Ricardo Roselló Nevárez aprovechó para encomendar a la Escuela de Arquitectura el diseño del memorial que planifica colocar en algún lugar del sur de la isla.

Un memorial no puede ser la estrategia estatal para acallar a los muertos, para falsificar lo sucedido, para pasar a otra agenda, para cerrar la puerta a los espectros que recuerdan una administración bochornosa organizada sobre el lucro corporativo, la ineficiencia y el encubrimiento. No puede ser tan fácil desentenderse de la responsabilidad de esas muertes. Sobre todo, cuando tan temprano como octubre pasado, a semanas del paso del Huracán María, ya el Centro para el Periodismo Investigativo, entre otros medios, alertaba sobre el alto número de muertes, la posible epidemia de leptospirosis y la crisis en las morgues y los hospitales del país. En ese momento era importante asumir la responsabilidad de gobierno y encaminar la agenda al bienestar público. En cambio, la respuesta fue mantenerse en la cifra oficial de 64 muertos, incluso después de que se publicaran los resultados de la Universidad de Harvard, que puso en la mirilla internacional la corrupción y el encubrimiento del gobierno, al estimar en 4,645 la cifra de muertes relacionadas al huracán María.

A un año del paso del huracán, todavía los toldos azules son los techos de miles de hogares puertorriqueños. Más que un monumento, habría que orquestar proyectos y acciones que alivien la situación precaria de los damnificados, como bien sugieren los miembros del Consejo de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Hay que coincidir con los estudiantes, sería un monumento a destiempo pues aún continúa la tragedia para miles de ciudadanos.

No son tiempos de memoriales, Sr. Gobernador, sino de una verdadera agenda de reparación y reconstrucción que dignifique el sufrimiento y la vida de todos los puertorriqueños.