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CON-TEXTOS: Se vende una isla

“…creemos ser país,

y la verdad es que somos paisaje.”

Nicanor Parra

“…Ningún país en el que se haya privatizado el sector eléctrico ha tenido los beneficios esperados. … La privatización … puede ser considerada una estafa perpetrada para despojar a la sociedad de su legítimo control sobre un servicio público esencial. Es un truco concebido y ejecutado por grupos de poder

que buscan beneficiarse del control privado…”

Sharon Beder

Energía y poder: la lucha por el control de la electricidad en el mundo

(editado por el Fondo de Cultura Económica, 2005)

La venta de la Autoridad de Energía Eléctrica anunciada por el gobernador Ricardo Rosselló como la cesión de todos sus “activos” a la empresa privada –de consumarse según propuesta– constituiría el mayor disparate cometido por gobierno alguno en la historia moderna de nuestro país. Una mayoría de los puertorriqueños, sin embargo, apoya la propuesta, víctima de los múltiples argumentos falaces con los que ha sido irradiada a mansalva a través de la narrativa partidista, con el aplauso disléxico –pero vociferante– de los oscuros intereses privados que se beneficiarían de este despojo. Es una verdad profunda como el mar que configura nuestra determinante condición isleña. A veces lo obvio está delante de nosotros a un palmo de narices, pero nuestros ojos no lo ven. Nuestra geología, topografía, tamaño y ubicación geográfica demasiado alejada de los continentes más cercanos, nos convierte en un entorno muy poco apropiado para este tipo de privatización monopólica.

Nadie en su sano juicio puede afirmar que no es cierta la premisa oficial de que durante las pasadas décadas, la administración pública del monopolio natural de la generación, transmisión y distribución de energía ha sido deficiente, lastrada por el virus hasta ahora incurable que asedia sin misericordia sus órganos ya necróticos: los componentes de la alta y mediana gerencia y los políticos de turno que éstos apoyan. Mientras, el trabajador que con sus manos y mentes diestras la producen, pierde su espacio en la estructura operacional de la empresa para detrimento del servicio esencialísimo que es la producción y distribución de energía en una Isla alejada de toda masa continental. La fuerza obrera ha sido reducida a un número tan exiguo que hasta convierte en peligroso el permitir que continúe esa tendencia mientras se suceden apagones tras apagones masivos. Mientras, los partidos de turno continúan repartiéndose los escritorios ejecutivos a cambio de donaciones y apoyos en campañas políticas a candidatos que se turnan en el agarre a la cúpula decisional.

Nuestra gente aún no se percata de ello, pero es falaz afirmar que la solución consistente en pasar de un monopolio natural público a uno privado es buena para el país y redundará en una reducción de tarifas y facturas. El aserto es patentemente falso, ya que, en síntesis bidimensional, supondrá que a quien se le vendan los “activos” –como todo conglomerado capitalista que aspire a sobrevivir en el feroz mercado global de la energía– perseguirá obtener una ganancia tan pronto como a mediano plazo y además, precisará retener una parte sustancial de esas ganancias para enfrentar la inversión inmediata y a largo plazo que requerirá el reconstruir y mantener un sistema viejo, obsoleto, devastado, prácticamente en el piso, luego del paso de los potentes fenómenos atmosféricos que obnubilaron el 100% de su capacidad generatriz y operacional. En varios sectores de la ruralía no tan rural –incluyendo Guaynabo y Aguas Buenas, por dar un ejemplo que conozco– las líneas que restablecieron el servicio después de cinco (5) meses de la debacle, hoy día, a apenas un par de meses del comienzo de la nueva temporada de huracanes, penden de varios arboles de almácigo. Tengo fotos.

De hecho, en otras islas comparables a Puerto Rico como Hawái y Singapur  –esta última no tan lejana a una plataforma continental como nosotros– el costo al consumidor y usuarios de la energía eléctrica –incluyendo empresas y gobierno– es sustancialmente mayor al que pagamos en Puerto Rico, aún a pesar de la ineficiencia administrativa de la AEE, la que repito, no disputamos.

En Singapur, la isla/nación más próspera del mundo, con población y extensión comparables a Puerto Rico, el Gobierno mantiene el control público de la generación e infraestructura. Al presente, explora la posibilidad de una concesión controlada de opciones a la empresa privada para desarrollar tecnología de energía renovable, la que al presente es mucho más costosa para los habitantes de Singapur en tarifas medidas a base de kilovatios/hora. Nunca se les ha ocurrido –ni se les ocurriría– vender los “activos” de su infraestructura. ¿Por qué? Porque le estarían vendiendo la isla a perpetuidad a una gran multinacional. Ello es así porque el universo de residentes, inmigrantes, visitantes, turistas, empresas pequeñas, medianas o grandes –incluyendo filiales de compañías multinacionales o conglomerados de manufactura, comunicaciones o servicios– se verían obligados a pagar la tarifa que establezca la empresa que adquiera los “activos”. Esos activos que en el caso de Puerto Rico el gobernador ha propuesto “vender” incluyen los activos intangibles. El principal activo intangible somos nosotros mismos como conglomerado económico–social–ciudadano: el equivalente al futuro de nuestra existencia como pueblo por generaciones y generaciones. Eso sencillamente no puede ser objeto de valoración o “tasación”. El valor intangible de un mercado cautivo derivado de nuestra condición isleña es incalculable. Como dice el anuncio de Master Card, “priceless”.

Están vendiendo la Isla, a nosotros, a nuestro país, a nuestra economía, ad perpetuam. ¿O es que alguien cree que luego de vender los “activos” podrá el gobierno de Puerto Rico recomprarlos a la Con–Edison, o a la PUMA o a la Mobil, o al conglomerado que sea?

En Hawái, contrario a Singapur, hay una pseudocompetencia de tres grandes empresas en cada una de las principales islas. Aun así, el costo por kilovatio/hora es mucho más caro que el de Puerto Rico (30¢ k/h, similar al de Singapur). Los propios hawaianos así lo reconocen:

“The isolated geographic location also contributes to the higher cost of electricity because we don’t have any nearby utility companies from which to draw power in the event of a problem. So, for system reliability, we must have reserve generating capacity and multiple distribution routes.” https://www.hawaiianelectric.com/billing–and–payment/rates–and–regulations/average–price–of–electricity

Lo que abordamos antes no es nuevo. Ya lo había dicho Franklin D. Roosevelt durante su discurso inaugural como presidente de EU en el 1958:

“…ninguna Comisión ni la Legislatura misma tiene el derecho, por ninguna causa, a dar un sólo kilovatio en perpetuidad virtual a ninguna persona ni corporación. La Legislatura, en este sentido, es solo un fideicomiso de la gente.”

Rexford Guy Tugwell, The art of politics as practiced by three great americans: F.D. Roosevelt, L. Munoz Marín and Fiorello LaGuardia

El deber fiduciario de la Legislatura es detener esta venta. Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

La “joya de la corona”

Las palabras viajan con los vientos y penetran en las mentes de la humanidad. En ellas se mezclan con las memorias y las impresiones, formando una arcilla que permite interpretar el mundo. Cualquier expresión es obra de muchos y viene de lejos: de la noche de los tiempos, de otro país o de un significado que ya poco o nada tiene que ver con el uso contemporáneo de la expresión.

En boca de comentaristas de radio, en la prensa escrita, en las conferencias públicas de los políticos, en conversaciones de cualquier esquina, de un tiempo a esta parte se usa una expresión rancia y, hasta cierto punto exótica, que bajo el sol puertorriqueño ha venido transformándose, cambiando de tono, alterando su significado. Una y otra vez se escucha que esto o lo otro, tal dependencia del Estado, tal institución u organismo o, incluso, una u otra persona son la “joya de la corona”.

Puedo equivocarme, pero entiendo que la expresión se origina en los debates políticos de Inglaterra, en la época de su Imperio. Por ello, ésta alude a un sistema político (la monarquía) y al distintivo simbólico de la autoridad de ésta (la corona del rey o la reina). Las coronas reales son objetos suntuarios, símbolos del exceso de poder y riqueza centrados en un individuo, y por ello han sido realizadas con piedras y metales preciosos. La “joya” sería, por tanto, una de las piedras valiosísimas que adornan la corona del monarca: la más grande o la más preciada. Por esto mismo, la que resulta más deseada, la que puede producir más beneficios.

En el contexto británico de época, esta expresión debe haber sido pronunciada por primera vez por un parlamentario, que en un exceso retórico, se refería a algo tan carente de poesía como una colonia. Como tantos políticos, éste, al hablar, combinaba el eufemismo con la grandilocuencia: una imagen en apariencia engrandecedora, ocultaba el sudor y la sangre de los habitantes de un territorio apropiado por la fuerza. Aludir a la joya de la corona significaba, en realidad, identificar lo que bajo ningún concepto se estaba dispuesto a dejar en manos de otro, debido al caudal de beneficios que se estaban y se podría continuar extrayendo de ella. Históricamente, la joya de la corona era la India: la enorme colonia asiática que entonces rebasaba las fronteras del país actual, e incluía a Pakistán y Bangladesh, con su variedad alucinante de pueblos, lenguas, climas y riquezas. La expresión, entonces, se refería a unos recursos apropiados, que de ninguna manera se estaba dispuesto a entregar a otro o a devolver a sus dueños originales.

Desde hace unos años, politólogos y políticos aluden sin descanso a nuestra “joya de la corona” y casi invariablemente la expresión se asocia con la Autoridad de Energía Eléctrica. El proceso, sin embargo, es confuso, porque más que una “joya” se están refiriendo a una ex joya. La AEE resultaría, en palabras de estos fenómenos del tiro de la vaqueta, en algo que misteriosamente, a pesar de su condición de ex, continuaría siendo objeto del deseo. Una AEE con deudas estrambóticas, con un sistema que es un harapo de parches, diezmada por la cantidad de profesionales que se han lanzado por las “ventanas” de retiro, regentada en los ambientes enrarecidos de los cuartos cerrados y las negociaciones secretas, continuaría milagrosamente poseyendo los potenciales de lucro de antaño, los de ese tiempo mítico anterior a su saqueo bipartidista.

No existe tal “joya de la corona”. La AEE no es ya la Autoridad de Energía Eléctrica, sino la Autorización de Espejismos Exagerados, para politólogos necesitados de llenar minutos hasta la llegada salvadora de los comerciales, o para políticos empecinados en concebir el servicio público como un juego de póker en el que se tiene un as escondido en la manga.

Como la India en tiempos del Imperio Británico, la AEE es una joya robada. Ésta ya no está en la mina donde fue creada por lentas acciones milenarias y, en nuestro caso, no se encuentra ensartada en la corona de un monarca, sino que se ha transustanciado en mansiones y piscinas, en casas de playa y portafolios de acciones y valores que ahora pertenecen, en exclusividad, a ingenieros, empresarios, abogados, cabilderos y políticos.

La joya puertorriqueña es, por tanto, una ex joya o, si se quiere, una joya hurtada. Sin embargo, el deslumbre de su espejismo, sirve para ocultar la verdadera joya del Estado puertorriqueño. Cabe decir que la actual joya de la corona boricua no es ni un rubí ni una esmeralda, no clasifica siquiera como piedra preciosa, y tiene una triste vinculación con la joyería de fantasía. Esta ausencia de categoría, esta condición de baratija, no la han despojado de un charm rudo y primitivo.

La verdadera joya de la corona puertorriqueña es la Comisión Estatal de Elecciones. No en balde, no hace tanto, su brevísimo director justificó el pago público de servicios de automóvil, combustible y chófer debido al estatus máximo de su cargo. No en balde, en un chispeante intercambio de mensajes electrónicos el breve director se convirtió rápidamente en un ex juez y ha tiznado, con alborozados mensajes de pocas palabras, a medio círculo íntimo del gobernador.

No importa a qué cifra inaudita de millares de millones de dólares ascienda la deuda de la AEE, ex joya de la corona, o del gobierno o de los planes de retiro, pero a la CEE no se le puede reducir un centavo de su presupuesto. Al gobierno se le ha impuesto una Junta que equivale a elevar al cubo la colonia. A los protagonistas del bipartidismo totalitario los han reducido a jugar sus partidos de pelota dura en los confines de una mesa de dominó y no hay cancha para tanta gente. Pero mientras controlen la CEE habrá trabajo y esperanza, un lugar para dar rienda suelta a los turbios manejos de siempre, una pequeña república del partido que permitirá soñar con la victoria en las próximas elecciones y con la casa que se mandará a construir en un suburbio de Maryland o la Florida cuando, como los ingleses en un día de 1947 quieran llevarse, escondidas entre la ropa sucia o disimuladas en las tiernas maletas de sus hijos, los pedacitos de la joya de la corona.

El autor es escritor.

Construir desde la rabia

Hay muchas formas de enfrentarse a las crisis. Puedes frustrarte, deprimirte, caer en el cinismo y derrotismo o puedes sentir mucho coraje. La pregunta es ¿cómo canalizamos el coraje? Yo propongo que construyamos desde la rabia.

Rabia, que cierren escuelas de forma caprichosa sin criterios objetivos ni de eficiencia ni ahorros.

Rabia, que sea una persona que no conoce de adentro el sistema de educación pública (esto no es un asunto de nacionalidad), que no conozca nuestra idiosincrasia ni nuestra cultura ni haya vivido entre nosotros y la traigan como el exterminator a desmantelar nuestras escuelas.

Rabia, de que mientras el cierre de escuelas solo significa un ahorro de $15 millones (si se le puede creer algo a RR y Keleher), que estemos pagando:

• $100 millones para gastos incurridos por la Junta que diz que nos representa (al pueblo de Puerto Rico) en el pleito de la ley de quiebra bajo el Título 13 de PROMESA.

• $350 mil más beneficios que llegan a casi $800 mil a un director ejecutivo fantasma de la AEE que debe estar en la playa en su casa en Bermudas o Barbados mientras cobra y Puerto Rico se queda una vez más sin luz;

• $650 mil más beneficio que llegan a casi un millón, a una ukraniana-americana con un portafolio de agente de la CIA que probablemente despreciaba a los puertorriqueños de Chicago de donde ella viene;

• $250 mil más beneficios a un Comisionado de Seguridad, agente del FBI, bajo cuya incumbencia el crimen se ha disparado, las masacres ocurren casi semanalmente y para lo único que movilizan a la Policía es para dar macanazos y regar gas pimienta a los manifestantes;

• Honorarios probablemente exorbitantes por hora a Pierluisi (se acuerdan de él, el que triplicó su fortuna y la de su mujer mientras era Comisionado Residente) para que represente a tres palitos en la solicitud de desacato contra el gobierno de Puerto Rico por negarse a aprobar la “reforma” laboral.

Rabia, que después de trabajar 30 años en el gobierno y dar tus energías y años más productivos al servicio del pueblo de Puerto Rico, muchas veces por salarios muy por debajo de lo que se paga en la empresa privada, tu gran beneficio al final del día era que ibas a tener cierta seguridad económica al tener una pensión para tus años de vejez. Recuerden que fue Rosselló padre el que metió las manos al Sistema de Retiro, quitó las pensiones, pero antes se aseguró de llevarse una pensión Cadillac.

Rabia, que en la empresa privada le reduzcan los días de vacacione y enfermedad a 7 días, le quiten el Bono de Navidad y eliminen la protección por despido injustificado de la Ley 80. ¿Entenderán ahora mucha gente por qué es importante estar sindicalizado? Bueno, aunque algunos dirán que no es mucho lo que pueden hacer las uniones que existen; si en vez de representar menos de un 8% de los trabajadores representaran un 50% imagínense el poder que tendrían.

Rabia, del trabajo que da ponernos de acuerdo para hacer cosas sencillas como marchar juntos el 1 de mayo.

Esta columna saldrá ya pasado el 1 de mayo. Si salimos muchos a pocos a la calle será tema de análisis. Lo importante es lo que bien dijera nuestro compañero de la Juventud Hostosiana, Mikael Rosa, en su columna ¿Qué pasa el 2 de mayo? (80 Grados) “La unidad no es un cliché ni un acto fútil. Es una forma de hacer política que conlleva incomodidades. Las respuestas categóricas de los tiempos soviéticos nos sirven para muy poco. Mucho menos la clásica actitud de pararnos de la mesa a la primera que algo no nos gusta. Se trata de unir fuerzas a partir de un análisis contextual prudente, realista y humilde.”

¿Entonces qué hacemos con la rabia? Hay rabias que son destructivas cuando nos las proyectamos sobre nosotros mismos o sobre la gente cercana a nosotros. Pero hay rabias que nos sirven de energía para luchar sin miedo y con tesón. Es la rabia con que vemos que un padre o una madre defiende a sus hijos ante el abuso de otros. Es la rabia del que ya no tiene nada que perder y está dispuesto a dar la vida por luchar por lo que más quiere. La que nos da el coraje y la valentía a veces desconocida por nosotros mismos.

Las respuestas a lo que vivimos no son fáciles. Nadie tiene la solución mágica para atender la crisis. Pretender tenerla sería una arrogancia mesiánica. Lo que si tenemos que tener es la capacidad para escuchar, entender, analizar, reflexionar y actuar.

Todos los días de distintos sectores se llevan a cabo esfuerzos que por sí solos no hacen mella en la crisis, pero que al juntarlos con los demás, aportan significativamente en la conformación de una concatenación de esfuerzos que van haciendo la diferencia. Establecer la tónica de que podemos por nosotros mismos, sin dependencia ni ayuda de los gobiernos es ganancia para todos. Pero no debemos dejar que se tomen decisiones desde cúpulas y cuartos escondidos, sobre asuntos que van a impactar nuestras comunidades y que se realizarán con fondos públicos, que después de todos son fondos PARA el Pueblo de Puerto Rico y no para los amigos del alma e inversionistas extranjeros.

Hay que exigir la participación ciudadana en decisiones sobre servicios que son esenciales y reconocidos como derechos humanos: el acceso a la energía, el agua, la salud, la vivienda, la educación y el trabajo. Tenemos que impulsar una agenda de desarrollo sostenible. Hay que defender con rabia nuestros derechos, con la mente fría y el corazón caliente.

El pueblo es el único y verdadero soberano e históricamente cuando se une no solo cambia gobiernos, cambia la historia de la humanidad. Desde los independentistas estadounidenses de las 13 colonias reunidos en los Congresos Continentales, la Toma de la Bastilla en Francia, la Revolución de Octubre de Rusia, la marcha en Birgminham, Alabama, han marcado hitos en la obtención de derechos para los pueblos que aún cuando haya retrocesos y dificultades en el camino, pautan progreso hacia adelante.

Los puertorriqueños enfrentamos un momento que puede convertirse en hito o puede marcar la ruta hacia nuestra desaparición. La rabia ha de ser constructiva para formar la patria que queremos de justicia social y libertad plena.

La autora es co-presidentea del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

Mirada Cooperativista: No es al revés

Dedico esta columna a honrar la memoria del amigo, hermano, compañero de lucha y cooperativista Juan González Feliciano. A Juan lo recordaremos siempre por el legado de integridad que nos dejó. Fue un líder indiscutible del cooperativismo de seguros, financiero y de vivienda, expresidente de la Junta de Directores de la Liga de Cooperativas de Puerto Rico, la Cooperativa de Seguros Múltiples y la Fundación Comunitaria de Puerto Rico. El país que soñó fortalecido por el cooperativismo en todas sus áreas se lo debemos y seguiremos con su ejemplo la ruta trazada. ¡Hasta siempre hermano!

El 21 de abril de 2018 los cooperativistas estuvieron atentos a la discusión de la segunda versión del Plan Fiscal de la Corporación para la Supervisión y Seguro de Cooperativas(COSSEC) presentado ante la Junta de Supervisión Fiscal por funcionarios de esa entidad, de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) y la Comisionada de Desarrollo Cooperativo, que a su vez es su principal ejecutiva interina y presidenta de la Junta de Directores. Esta versión trajo pocas novedades por ser casi igual al presentado anteriormente. Luego de la inicial ristra de loas y reconocimiento a sus fortalezas pasa a presentar propuestas ajenas a su naturaleza autónoma y democrática.

En sus inicios este plan da parte de algunos hechos contundentes e innegables:

• la importancia del sistema financiero cooperativo en la estructura social y económica del país

• el reconocimiento de que es una columna de la economía y la principal alternativa de un sector de banca comercial

• el crecimiento de sus activos

• la estabilidad y tendencia de crecimiento del sistema cooperativo

• su arraigo comunitario

• su capacidad de respuesta ante la situación de emergencia que ocurrió al finalizar el 2017 por el paso de dos huracanes

• la existencia de reservas adecuadas

Continua el plan con una descripción de la función aseguradora y supervisora de COSSEC y con la mención del alto porcentaje de inversión en bonos como un riesgo. Además, plantea interrogantes sobre algunas medidas que impulsó el movimiento para responsablemente trabajar ese riesgo. Ese es el caso de la Ley 220-2015 que permite amortizar pérdidas en periodos de 15 años. De hecho, muchas de las cooperativas mantienen ese asunto controlado en discusión democrática con sus socios y han tomado decisiones responsables, como reservar parte sustancial de sus sobrantes. Luego de esa introducción, el plan continúa con un análisis de riesgo, con modelos de evaluación y un plan de acción correctiva.

Entre las reformas estructurales que el plan menciona vale destacar su propuesta de alterar la gobernanza de la entidad. Esta propuesta plantea recomponer la dirección de COSSEC a los fines de que las decisiones sustantivas sean tomadas por un comité compuesto por tres funcionarios de gobierno: COSSEC, AAFAF y la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras. Esta idea surge de la premisa de que la representación de las cooperativas en la junta de directores de COSSEC encarna un potencial conflicto de interés, consistente en que estos representan los intereses de las cooperativas y no los de COSSEC y el sistema.

Es precisamente en este asunto que debemos advertir al lector que en esta corporación pública el gobierno no aporta un solo centavo y que su principal ingreso proviene del pago de las primas del seguro de acciones y depósitos de las cooperativas del sector financiero.

De hecho, la representación del sector cooperativo en esa junta ha sido la garantía del buen uso de sus fondos. Muchos son los testimonios de cómo, a lo largo de estos años han tenido que lidiar con las mismas prácticas que han quebrado otras corporaciones. ¿Qué cuales son? Ustedes las conocen. Contratos a agencias de publicidad, a abogados y otros profesionales en detrimento del personal de carrera, puestos de confianza para políticos derrotados, entre otras. .

Colocar a tres funcionarios de gobierno, entre ellos al principal ejecutivo de la banca en el país a tomar decisiones sobre el sector cooperativo sí es un enorme riesgo que debemos evitar. Los más de un millón de socios del sistema cooperativo y otros miles a los cuales le sirven deben estar tranquilos. Los representantes del sector cooperativo son sus más fieles defensores cuidarán con celo este patrimonio que hoy más que nunca está sirviendo bien a nuestro país.

Con una práctica del ejercicio pleno de la democracia nuestros representantes ejercen sus funciones apegados a la transparencia del ideario cooperativo. Celosos de la estabilidad del sistema, inhibiéndose de decisiones cuando tienen que hacerlo, rindiendo cuentas al sector que representan y tomando decisiones propias de un sistema financiero, claro que sí, ellos han promovido fusiones y consolidaciones cuando ha sido necesario. Ahora es menester que la Junta de COSSEC tenga un calendario de reuniones, una agenda de seguimiento al sistema y unos procesos constantes de trabajo en común con todos los componentes de ese cuerpo. No van a tener personas más conocedoras y vigilantes de un sistema fuerte y vigoroso, que esas. Después de todo nuestro sistema financiero tiene que seguir unas pautas y unas reglas, pero nunca olvidemos su arraigo y vínculo social. No es acumulación del capital con fin de lucro. Es generar riqueza y distribuirla en acción social que impacte el entorno que genere empleos y colocando el bienestar común por encima de cualquier otro con apego a principios y valores éticos y democráticos. Sobre eso, la JSF, el gobierno y sus representantes tienen mucho que aprender del cooperativismo, no es al revés.

Comentarios a: mildredkairo@gmail.com

Cuba debate nuevas reformas económicas

Por Gustavo Veiga

Las reformas económicas en Cuba están en el centro del debate y no por una imposición desde el exterior. No cuentan el FMI ni el Banco Mundial. El país los abandonó en 1960 y 1964 respectivamente. Los tiempos de los cambios proyectados los maneja el gobierno, sin prisa, pero sin pausa. Nadie espera en la isla una liberación de las fuerzas productivas, ni siquiera como sucedió en Vietnam, con su política del Doi Moi en 1986. Una combinación entre libre mercado y socialismo. Ya tiene demasiado encima con el bloqueo de Estados Unidos, que no se modificó un ápice, ni siquiera durante el período de cierta distensión durante la presidencia de Barack Obama.

Las dificultades que son consecuencia de las decisiones propias, como su doble moneda, la burocracia sistémica y una apertura hacia el cuentapropismo que genera ciertas desigualdades, son temas que tienen prioridad en la agenda del nuevo presidente Miguel Díaz Canel. La ratificación del rumbo socialista que adoptó la Revolución cubana hace casi 60 años, no exime –como dijo en diciembre 2017 Raúl Castro– de renunciar “al despliegue y desarrollo de las formas de gestión no estatales en nuestra economía”. En otras palabras, la consolidación de una apertura que comenzó en su mandato. Queda en su sucesor definir a qué ritmo continuará.

El periodista cubano especializado en Economía, Ariel Terrero, definió el dilema que la isla tiene por delante: “Sin prosperidad, el socialismo será siempre una utopía”. Ese horizonte de bienestar deseado se apoya en algunos índices, pero decae cuando se toman en cuenta otros. Aunque insuficiente, el PBI de la isla creció 1,60% en 2017 y para este año se espera que llegue al 2%. El turismo, acaso el sector más dinámico, aumentó sus ingresos un 16,2% el año pasado cuando en todo el mundo crece al 4%. Y si bien en el primer trimestre de 2018 bajó el 7%, cuando en 2019 La Habana cumpla el 500º aniversario de su fundación, es muy posible que vuelva a subir. Los canadienses son los que más visitan Cuba. Los estadounidenses, pese a que no pueden viajar como turistas, se las ingenian para ocupar el tercer lugar, detrás de los nativos de la isla que residen en el exterior.

La eliminación de la dualidad monetaria, donde conviven el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC), es un problema que el gobierno define como su principal asignatura pendiente. Castro, quien se retiró del gobierno el 19 de abril, había dicho en uno de sus últimos discursos que “constituye el proceso más determinante para avanzar en la actualización del modelo económico por el impacto que tendrá en todas las esferas del quehacer económico y social de la nación. Sin resolver eso es difícil avanzar correctamente”.

Terrero escribió en Cubadebate el 27 de abril que “una consecuencia visible es la fuga de trabajadores de alta calificación del sector público hacia plazas de menor competencia profesional pero mejor remuneradas en la actividad no estatal. Profunda y complicada es la distorsión, insisto, de un sistema monetario dual que fragmenta la economía en dos grandes áreas comerciales y empresariales -estatal y no estatal- mal comunicadas entre sí por su respectiva sujeción a normas monetarias y cambiarias dispares”.

En otras palabras, aún los empleados de compañías donde el salario está sujeto a cláusulas de productividad y en los emprendimientos privados como los llamados paladares (restoranes administrados por particulares) se gana mucho más que en organismos del Estado, el transporte público e incluso en los hoteles que pertenecen al gobierno y que generan empleo estable. Es muy común ver a un trabajador público haciendo changas de cuentapropista, a un chofer de ómnibus conduciendo un taxi o a una mesera de un hotel internacional buscándose un rebusque adicional a sus 25 dólares de paga (unos 500 CUP).

Una apertura que empezó con los productos del campo en los años 90 – que se pueden vender libremente en los llamados agromercados – se extendió a otros rubros de la economía. Comenzó a funcionar el 16 de marzo pasado un mercado mayorista de alimentos para cooperativas no agropecuarias. Está ubicado en La Habana y se llama Mercabal. Provee de cuarenta mercancías diferentes a paladares constituidos como restoranes, pizzerías y cafeterías a precios subsidiados. Les venden frijoles, azúcar, bebidas sin alcohol, cervezas, sal, confituras, hamburguesas y salchichas, a los que se les aplica un descuento del 20% del precio minorista. En el caso del pollo llega hasta el 30 por ciento.

Esto genera un desequilibrio entre la mayoría de los cubanos que no tiene acceso a esos subsidios y los cooperativistas o cuentapropistas. También se da esta situación de incipiente desigualdad en los salarios. Un profesor universitario con cierta antigüedad puede recibir una paga de 1.000 pesos cubanos mientras que un joven empleado que se suma al mercado laboral de una empresa que paga por productividad, duplica ese monto.

En la primera sesión del Consejo de Ministros que presidió Díaz Canel como jefe de Estado –informó Granma– definió al tema salarial “como un problema real” de la economía. La gente se queja de que no le alcanzan sus ingresos para imaginar un horizonte de bienestar cercano. Pero reconoce que el estado les brinda vivienda, educación y salud gratuitas. Dos empleados de una tienda de ropa le dijeron a este cronista que estarían muy bien si ganaran 150 dólares mensuales. Las propiedades que antes era imposible venderlas entre particulares, desde 2011 pueden pasar de manos con la sola condición de residir en la isla. Los extranjeros todavía tienen vedado comprarlas.

La inversión foránea no es la deseable hasta ahora -510 millones en 2017 según el periodista Terrero- y debería ubicarse entre los 2.000 y 2.500 millones anuales para que la economía creciera. El año pasado, a los efectos perjudiciales del bloqueo de EE.UU. se sumaron las consecuencias del huracán Irma y una sequía prolongada que perjudicó la cosecha de caña de azúcar. Aunque su producción está lejos del récord histórico de 1991 (8 millones de toneladas), hoy representaría apenas el 5 por ciento de los ingresos en divisas de la isla. Se ubica detrás de las remesas que envían los cubanos desde el exterior, el turismo, tabaco, níquel y los productos farmacéuticos.

Reproducido de: www.pagina12.com.ar

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