Inicio Blog Página 1781

Metamorfosis de una Junta Colonial

Por John Ward Llambías *

Especial para Claridad

Una bella teoría asesinada por una pandilla de hechos brutales

Gordon K. Lewis,

Libertad y Poder en el Caribe

I. La hoja de contabilidad

Cuando se crea la Ley PROMESA el asunto estaba claro: la deuda impagable de Puerto Rico se iba a saldar, según el Congresista Rob Bishop sin que le costara un solo centavo al contribuyente americano (not one red penny from the American Taxpayer.)

Este Congresista era y es el presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos. Aquí empieza la ofensa: esta comisión tiene jurisdicción sobre fauna y flora, bosques, cuerpos de agua, islotes habitados, islotes deshabitados, indios y otros indígenas que habitan en los llamados territorios que son propiedad, según ellos, de los Estados Unidos.

Los llamados casos insulares se basaron en los entonces llamados territorios, los cuales estaban y todavía están prácticamente vacíos: es la llamada parte vacía de los Estados Unidos. También se hace referencia a ciertas poblaciones indígenas antiguas y poco civilizadas.

Esto nada tiene que ver con el mal llamado territorio de Puerto Rico. Por ejemplo, a mediados del siglo 19, cuando no se sabía ni siquiera cuáles eran los linderos del territorio de Utah, ya Puerto Rico era una nación. Para esa época el pintor puertorriqueño Francisco Oller era considerado como el primer latinoamericano en ser una influencia en la escuela impresionista francesa; el Dr. Agustín Stahl, un médico de Mayagüez había producido una obra sobre botánica que era exhibida en Europa en los museos de Alemania y otros; otro médico, el Dr. Ramón Emeterio Betances, había recibido la máxima condecoración de ese mismo país: la Legión de Honor en reconocimiento a su labor científica y humanitaria.

Confundiendo el problema financiero de Detroit con el problema económico de Puerto Rico, la ley PROMESA creó una Junta de Supervisión Fiscal con la sencilla tarea de sacar la cuenta de las deudas de Puerto Rico y determinar de dónde iban a salir los pagos. Era en realidad un problema de contabilidad y una serie de recetas amargas pero inevitables para pagarle a los determinados acreedores y regresar a la estabilidad fiscal, para facilitar más préstamos y más pagos ventajosos y saludables.

El Garrote

Ya este señor congresista Bishop tenía fama de promover la venta de los parques nacionales de su estado original de Utah y ya estaba gestionando la compraventa de las reservas naturales de Vieques y sus playas, en caso de que no alcanzara con otras fuente de riqueza para pagar la deuda. Recordemos que, según el poder que el Congreso dice que tiene sobre Puerto Rico, puede apropiarse de nuestros bienes patrimoniales y recursos naturales para pagar lo que dicen que se debe.

Los economistas están de acuerdo en que estos cobros provocarían un mayor estancamiento y estrangulamiento de nuestra economía. Estaríamos condenados a una muerte económica por métodos parecidos al “garrote vil” de tiempos de la Corona Española, donde los condenados a pena capital se les colocaba un collarín sobre el cuello y se seguía apretando hasta la completa y final ejecución de la sentencia de muerte. El efecto de pagar la deuda con los fondos disponibles para servicios esenciales y vitales como salud, alimentación y otros, que agravarían aún más el presente estado pobreza y necesidad de nuestra población ya en desventaja y precariedad.

Este dilema, que fue planteado previamente en el Informe Krueger, consiste en que no se puede pagar la deuda si no hay crecimiento económico robusto y no puede haber inversión económica para promover el crecimiento si se paga la deuda bajo las pretensiones absolutas de los bonistas acreedores conocidos como “fondos buitres”. Se les llama así porque viven de la carroña. Son los que te dicen que tus bonos son buenos y te incitan a que cojas prestado para luego decirte que ahora son chatarra y te los compran devaluados por ellos mismos, digo, por sus agencias “evaluadoras”. Luego quieren cobrar sus créditos completos.

Igual pasó con la burbuja hipotecaria: te decían que tu casa valía mucho más y te prestaban para ampliar tu hipoteca. Después te dicen que vale menos y como no lo puedes pagar te la quitan. El ejemplo más extremo fue en Estados Unidos. Dos semanas antes de la crisis causada por los bonos de riesgo, las casas evaluadoras los calificaron como inversión segura y diversificada.

III. La crisis humanitaria

Toda esta situación parecía conducir a una crisis humanitaria donde los bonistas obtenían su dinero completo y la población quedaba en precario y aún más empobrecida y necesitada que antes. Pero el sufrimiento humano y la suerte de los más pobres y sufridos parecía no ser obstáculo para los buitres bonistas. Puerto Rico estaba destinado a ser un paraíso fiscal y un infierno humanitario. Esto vendría a ser un asunto de derechos humanos, pero no parecía haber reparo ni escrúpulos para evitarlo. El costo social y político de este escenario es incomprensible para estos inversionistas, siempre y cuando cobren y aumenten sus ganancias. Sin embargo, la historia de las insurrecciones, levantamientos y revoluciones está siempre precedida por esa falta de entendimiento del costo social y económico de los que no ven más allá de su ganancia privada.

En este contexto, la posición de los bonistas fue inflexible y despiadada. Querían sus cien centavos por dólar, aunque en algunos casos pagaron 20 centavos por dólar. Tampoco querían admitir que una parte de esta deuda era ilegal y podía ser descartada.

En este punto el desastre parecía inevitable y provocado: se cobraría la deuda con mano de hierro y la sociedad puertorriqueña entraría en una espiral de estrangulamiento y deterioro material y espiritual.

La Corte de Quiebra

Con motivo de la manera en que se negoció la ley PROMESA, se incorporó una sección que permitiría la reestructuración de la deuda mediante el Tribunal y por encima de la voluntad de los acreedores bonistas. Originalmente nadie pensó que esa alternativa se fuera a utilizar. Sin embargo, se incorporó una salvaguarda para evitar la interferencia del Congreso: sería el Juez Presidente del Tribunal supremo Federal quien haría el nombramiento del Juez que habría de dirigir esta vía paralela.

El aparente callejón sin salida encontró una puerta de escape: el poder absoluto de los bonistas para precipitar la crisis a favor de sus propios intereses quedó mediatizado por el de la Corte para sopesar y balancear intereses. El propósito del mecanismo de la Ley de Quiebras Federal es rehabilitar al quebrado mediante la reorganización de sus finanzas y la evaluación de su capacidad para reinsertarse a la actividad productiva. Los acreedores son protegidos, pero sólo hasta cierto punto. Si es necesario ajustar sus acreencias, ello se hace repartiendo las pérdidas para hacer posible la rehabilitación.

En el caso de Puerto Rico la única salida para evitar la catástrofe económica es la reestructuración de la deuda que permita, a la vez, pagar lo debido y posibilitar la actividad productiva para generar riqueza y restablecer la economía.

Hay que destacar que el Congreso casi inadvertidamente le otorga poderes a la Corte Federal de Quiebra que el mismo Congreso tiene, a menos que enmiende la ley PROMESA. La Corte puede, según los términos de la propia ley, detener pagos de la deuda, reestructurar dicha deuda aun a expensas de que los acreedores tengan que reducir su reclamación y los términos en que procedería al pago y cuándo.

V. La parasitosis colonial

Hay una realidad que ya no se puede negar: la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos. Aunque parezca increíble la percepción del puertorriqueño es que nuestra economía es mantenida por los Estados Unidos. No se entiende que las ganancias en Puerto Rico de las grandes corporaciones de los Estados Unidos son mucho mayores que los fondos federales, y que nuestra agricultura, comercio e industria están dirigidas a beneficiar las importaciones y negocios extranjeros. Los alimentos y mercaderías que aquí se consumen provienen de Estados Unidos mientras dichas corporaciones no pagan contribuciones justas como lo harían en cualquier otro país del mundo en que fueran a operar.

Y aquí surge la paradoja del parásito: vive de su víctima, pero no la puede dejar morir porque se queda sin su víctima. Es decir, el estrangulamiento de la economía de Puerto Rico tendría efectos altamente negativos para aquellos sectores que se benefician de la relación colonial. Como resultado de esto, el esquema original de la Ley PROMESA resultaría altamente perjudicial para las propias corporaciones que están detrás de los cobros inflexibles.

VI. El bolsillo del Congreso

Pero la solución al problema requiere de otro protagonista que ha contribuido de varias maneras a crear la crisis. En primer lugar, el Congreso revocó, sin dar razones, el derecho de Puerto Rico a acogerse a la Ley de Quiebras Federal en 1984. Esto fue en ocasión de la crisis del petróleo de aquel entonces y la medida dejó protegidos a los acreedores de Puerto Rico y en el desamparo a nuestro país. En segundo lugar, y sin mucha explicación, derogó la sección 936 del Código de Rentas Internas Federal, lo cual produjo el gradual estancamiento y eventual retroceso de nuestro crecimiento económico. Esta medida permitía el ingreso a Puerto Rico de fondos corporativos sin pagar impuestos, aprovechando la circunstancia de que Puerto Rico no es parte de Estados Unidos y, por tanto, estos fondos no estaban ingresando a Estados Unidos ni pagando contribuciones. En tercer lugar, la medida arbitraria de hacer inaplicables a Puerto Rico ciertos programas y fondos federales tales como Medicare, Medicaid, ayuda a familias en desventaja y reintegro por contribuciones de ingresos realmente trabajados provoca una pérdida de fondos que es mayor que el servicio anual a la deuda (los pagos de la deuda impagable).

Es decir, la reducción a los fondos aplicada a Puerto Rico es más que suficiente para pagar la deuda, si no fuera porque el Congreso se queda con ellos bajo la conveniente teoría de que los puertorriqueños son ciudadanos americanos, pero viven en Puerto Rico, o sea, no viven en los Estados Unidos y, por tanto, no reciben sus beneficios completos.

VII.La Conexión Ucraniana

El nombramiento de la señora Natalie Jaresko como Directora Ejecutiva de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) trae otro elemento que no tiene precedente desde que el presidente Kennedy nombró a la Embajadora Patricia Harris como miembro de la Comisión Conjunta de Estatus formada por representantes de Puerto Rico y Estados Unidos en 1963. Esta Comisión Conjunta estaba compuesta por Senadores y Congresistas nombrados por el Congreso, por Legisladores y otros líderes de Puerto Rico y por personal técnico y de apoyo, quienes realizaron estudios económicos, políticos, antropológicos y otros sobre Puerto Rico.

De ahí surgió el plebiscito de 1967, cuyos frutos se vieron complicados por la trágica muerte del presidente Kennedy y por la pérdida del poder del Partido Popular Democrático en 1968. Los demás esfuerzos y plebiscitos posteriores se redujeron a ditirambos, juegos de palabras jurídicos y políticos y resultados sin consecuencia.

La señora Jaresko tuvo un rol del más alto nivel cuando fue convertida en ciudadana de Ucrania y luego Ministra de Finanza de ese país. Como tal, fue una pieza clave en la solución del enorme problema financiero de ese país.

Esto quiere decir que las aguas siguen subiendo y la JSF ha incorporado una persona representativa o muy relacionada con el Departamento de Estado de Estados Unidos. Según en el Congreso no saben mucho sobre Puerto Rico (con muy honrosas excepciones), en el Departamento de Estado en particular y en las distintas agencias del Ejecutivo existe un gran caudal de información sobre Puerto Rico a través de la concesión y supervisión de los diversos programas federales y de la OMB (Oficina de Gerencia y Presupuesto Federal). En ocasiones, un analista o un técnico lleva años monitoreando los fondos y las actividades federales en Puerto Rico como, por ejemplo, educación, salud y seguridad. No es nada raro que sepan más sobre Puerto Rico que muchas administraciones de gobierno aquí (pasadas, presentes y futuras).

Es decir, que con la creciente complejidad de las tareas de la JSF y con la nueva realidad geopolítica de la Cuenca del Caribe y la reapertura de relaciones diplomáticas con Cuba, el asunto de Puerto Rico no puede darse en el vacío o aisladamente. Con la intervención del poder judicial supervisando la rehabilitación económica de Puerto Rico, y la presencia de la señora Jaresko en un rol preponderante en las acciones y estrategias a tomarse por la JSF, es el Congreso el que menos tiene que decir en la toma de decisiones sobre nuestra deuda impagable. En todo caso el Congreso, más que sujeto se ha convertido en objeto de las medidas necesarias para resolver la crisis de Puerto Rico. Ya la Junta está presionando al Congreso para que derogue la ley de cabotaje; para que otorgue paridad en la asignación en programas de salud, bienestar social y estímulo contributivo a los llamados ciudadanos americanos que residen en Puerto Rico.

Se ha calculado que si se suma lo que el Congreso niega o limita en la asignación de fondos, la cantidad resultante es mayor que el servicio a la deuda. Es decir, que si el Congreso fuera justo y equitativo en las asignaciones, no habría que pagar nada y la deuda impagable se esfumaría como por arte de magia.

VIII. Futuros Alternos

Existen tres posibles desenlaces al drama de la presente crisis: (a) la solución reformista colonial avalada por el ex Gobernador Rafael Hernández Colon que consiste en resucitar los llamados fondos 936 mediante una enmienda al Código de Rentas Internas Federal. El mecanismo consistiría en traer a Puerto Rico, y bajo ciertas condiciones, fondos de corporaciones de Estados Unidos en el extranjero, donde no pagarían contribuciones ya que Puerto Rico no es parte de Estados Unidos y, por tanto, no se consideran fondos repatriados. Esto traería liquidez a la economía de Puerto Rico y volvería a repetirse el ciclo anterior hasta la próxima crisis. Esto se parece al caso de nuestros trabajadores de la caña que ganaban sueldos de miseria y tenían que comprar en la tienda de la central. La tienda apuntaba en una libreta lo que iba comprando el trabajador a sobreprecio y la deuda se volvía impagable. La solución: “borrón y cuenta nueva” y la libreta se empezaba nuevamente en cero. Con el tiempo se volvía a lo mismo: sueldos de miseria y sobreprecios producen cuentas impagables; (b) la aplicación a Puerto Rico de las medidas de austeridad, la consecuente estrangulación de la economía y la reducción de los servicios más básicos como, alimentación, salud y educación conduciría a una crisis humanitaria y a una confrontación con los sectores afectados. Sería como el modelo de Vieques para sacar a la Marina de los Estados Unidos , pero multiplicado en complejidad y gravedad; (c) revisar las presentes relaciones coloniales entre Puerto Rico y Estados Unidos . Bien se podría regresar a la estrategia de1963, que fue involucrar a Congresistas y líderes de ambos países para estudiar responsablemente el problema colonial y sus posibles soluciones.

Hay que regresar al futuro.

El autor es abogado y analista de asuntos internacionales para Radio Universidad de Puerto Rico

La de­–presión de Puerto Rico

En tiempos recientes la frase que da título a esta columna es usada con frecuencia, sólo que sin el guión en su segunda palabra. Una y otra vez aparece en medios de prensa, la radio, la televisión y las conversaciones. Se refiere a la decadencia económica que el país ha sufrido desde hace ya más de una década. La depresión de Puerto Rico alude a la recesión económica que, por haberse prolongado y profundizado, ha pasado a considerarse una categoría diferente y más grave. Pero esta “depresión” esconde otras y la frase hecha, repetida sin cesar, intenta nombrar un panorama complejo que se difracta en múltiples manifestaciones en todas las direcciones y en muy diversos niveles.

De–presión significa, literalmente, una pérdida de fuerza, un vaciamiento de empuje, un venir a menos. El cerco que los bonistas y acreedores imponen al gobierno y la imposición por el Congreso estadounidense a la colonia de Puerto Rico de la Junta de Control Fiscal, hacen que los asuntos económicos se conviertan en los únicos que aparentemente se consideran importantes y visibles. Sufrimos de un azote de cifras. Sin descanso escuchamos números: millares de millones de dólares adeudados, porcientos de aumentos de impuestos o tasas y de reducciones de servicios, ciudadanos que se convierten en guarismos para cuadrar el presupuesto o calmar temporalmente a los buitres. Es una lucha matemática y, a la vez, fantasmagórica. La mención de una cifra u otra, el enfrentamiento encarnizado entre las partes por aumentarla o disminuirla, crean la ilusión de que se está operando sobre la realidad. El tiempo de la Junta ha inventado una nueva gramática y, en ella, los números se han convertido en verbos.

Pero esto es una ficción y si se examina nuestra situación más allá de las apariencias, se descubre que si algo nos rige en el presente es la inmovilidad y la inacción. Ésta es también, y quizá más profundamente, la verdadera de–presión del país y acaso sus manifestaciones económicas son más bien consecuencias en lugar de obrar como causas.

Puerto Rico ha permanecido en un reino de la espera. Según las épocas y las situaciones, se han aguardado pacientemente la llegada de los barcos y los aviones, las leyes y la comida, los sís y los nos. Siempre se han esperado decisiones hechas por otros. En nuestra particular gramática, el yo y el nosotros han sido sustituidos por el él y el ellos. Solamente conjugamos en tercera persona.

Durante el dilatado siglo americano de nuestra historia, el país volvió a tomar la ruta de la espera. Se esperó más de medio siglo para tener un espejismo de gobierno propio, ciertos sectores están dispuestos a esperar la estadidad más allá de sus vidas; los graves síntomas de la gran crisis que vivimos se ignoraron confiando en que la espera se convertiría en una salvación decidida y ofrendada por los señores del norte. Nos hemos dado cuenta que la espera no sirve de nada, pero aun nos empeñamos en esperar que estemos equivocados. Esta última reflexión, circular y claustrofóbica, parece ser la descripción más apta del estado actual de nuestra clase política.

Las heridas abiertas de la espera se pueden ver por todas partes. Nuestras ciudades y pueblos son acumulaciones de ruinas, nuestras instituciones educativas y salubristas viven un proceso acelerado de desmembración, las caras, cuerpos y mentes de nuestra población muestran patentemente las marcas claudicantes de la de–presión: el envejecimiento prematuro, la inseguridad y el miedo, el deseo de incapacitarse y depender para siempre. Pero esta de–presión se manifiesta también en otros ámbitos. El Partido Popular adopta como política la postura del avestruz que mete la cabeza en un hueco. El independentismo y el soberanismo no encuentran cómo formar un movimiento que no sea únicamente reactivo ni cómo desarrollar y presentar al país un proyecto fuera de la espera de una hipotética decisión de Washington. El actual gobierno del PNP espera no verse forzado a abandonar su particular preferencia dietética por el “banquete total”, combina retórica con grandes ventas patrimoniales para aplacar a la Junta y comprar así más tiempo de espera, subido al potro provisto de todos los hierros y otras chulerías. Miles de puertorriqueños dejan el país haciendo el acto de malabarismo más instantáneo de la de–presión: desapareciendo sin rastro, mudando sus problemas para ver a qué sabe la espera en otras latitudes.

Mientras tanto el tiempo pasa y nada pasa que no sea lo que otro decide y hace por nosotros. Quizá el momento histórico llegue en que, por puro acto de supervivencia, la de–presión de Puerto Rico se troque en la presión de Puerto Rico. Ríos de gente por las arterias de la ciudad dispuestos a acatar una unidad de mínimos en lugar de una división de mínimos. Entonces quizá el tiempo de la espera se convierta en esperanza. Entonces, con suerte y esfuerzo, podamos haber dado fin a la era de los números.

A los tibios los vomitará la tierra

Pensando en cuál sería el tema de esta columna con tanto que nos atacan desde todas partes, alguien me envió un fragmento de una entrevista que Jorge Ramos (CNN) le hace a un líder del KKK (Triple caca le deberíamos llamar). Ramos le pregunta al supremacista blanco, (después de haberle asegurado que los blancos son superiores y que deportarían a 11 millones de seres humanos “ilegales” que se estima que hay en Estados Unidos ), si usaría la violencia. El KKK le contesta: “Usaría todas las armas que estén a mi alcance. (pausa) Usaría la soga.” Hay un silencio ensordecedor. Ramos se repone y sólo alcanza a dar las gracias por permitirle entrevistarlo.

Desde entonces siento un dolor inmenso. Este supremacista con sólo mencionar la posibilidad de “usar la soga” ha logrado crear un sentimiento de terror en mi ser que ha exacerbado todo el dolor por los acontecimientos que estamos viviendo como pueblo y parte de la humanidad.

Puerto Rico pasa por un momento crítico en su desarrollo. Esta crisis puede dejarnos fortalecidos como pueblo o sumirnos aún mas en la impotencia. Mientras el país se hunde, los trabajadores, administradores y profesionales se empobrecen, hay una elite que sigue viviendo en la jauja a espaldas del pueblo. Contratos a los amigos del alma, sueldos astronómicos para administradores nombrados por extranjeros a pagarse del limitado presupuesto que se supone sea para beneficio del pueblo de Puerto Rico.

Lo peor de todo es que el pueblo sigue en “LA LA LAND” y el desgobierno de Rosselló lo alimenta con sus estupideces y cuentos infantiles sobre la estadidad. Ésa es claramente una estrategia de diversionismo.

Desde la izquierda, a su vez, parecería que aún no nos hemos dado cuenta que nos va la vida a todos, y con eso quiero decir a la humanidad completa. Hablo aquí como una militante más. Como dice la canción de Ana Belén: “Me mata la estupidez.” Tener que gastar tiempo y energía en defender quioscos, en evitar que desarmen los esfuerzos unitarios que con tanto cuidado y trabajo se arman es agotador, frustrante y alarmante. Es alarmante porque refleja una incapacidad de entender el momento y como decía Martí, “Hacer lo que hay que hacer en cada momento”.

Es momento de cerrar filas como tan eficientemente lo ha hecho la derecha global siempre. La unidad y apoyo en todas y cada una de nuestras luchas es más importante que cada una de nuestras organizaciones o nuestras posiciones de liderato.

Somos afrodescendientes, latinoamericanos, de pueblos originarios y descendientes de europeos, cristianos, ateos, judíos, musulmanes, puertorriqueños, caribeños. Tenemos que tener la capacidad de trascender nuestra unicidad y diferenciación y crear una empatía colectiva que nos sensibilice y prepare para la defensa del otro en el colectivo. La soga nos puede tocar a cualquiera de nosotros, a cualquiera de nuestros seres queridos que han emigrado en busca de su sustento. Somos una sola nación de 8 millones. Nos hermanamos con 600 millones de latinoamericanos y caribeños. Somos internacionalistas. La lucha contra el neoliberalismo es una lucha global como globales son sus arquitectos.

En estos momentos EEUU es una bomba de tiempo, y es La Madre de las Bombas. El fascismo en EEUU se fortalece y expande con una rapidez sólo comparable a la que vivió el pueblo alemán. El discurso de superioridad racial combinado con el antisemitismo y anticomunismo es lugar común y peligrosísimo pues apela a las masas sin educación que en EEUU ronda en los 40 millones de personas que buscan a quien inculpar por su falta de acceso al llamado sueño americano.

EEUU es como el Titanic y si se hunde se lleva todo lo que esté a su alrededor. Puerto Rico, herido de muerte ya, no podría sobrevivir. Por eso nuestra lucha por la soberanía es la lucha por la sobrevivencia no sólo como nación sino que físicamente como pueblo. Una crisis en EEUU de grandes proporciones afectaría el flujo de comida a Puerto Rico, tan sencillo como eso. Tan sólo el evento de Charlottesville ha creado una caída de la bolsa de valores. Futuros acontecimientos pueden causar un tsunami en la economía. Esto en conjunto con los ataques terroristas en Barcelona y Finlandia estremece la economía mundial y nosotros somos parte de esa economía por nuestra dependencia de EEUU.

Habrá quien diga que esto es una exageración, o el adjetivo favorito de la cultura macharrana, es una histérica. Éstos son procesos que ciertamente no ocurren de un dia para otro. En Alemania tardó décadas desde la Primera Guerra Mundial, que pudieron ponerle coto por un par de décadas, hasta que de momento adoptó un ritmo vertiginoso que desencadenó en la Segunda Guerra Mundial. Pero los signos están todos ahí.

Hay que romper la soga que nos ata a EEUU. Hay que redoblar esfuerzos en la denuncia del colonialismo. Tenemos que radicalizar nuestras respuestas a las actuaciones de la Junta de Control Fiscal y sus títeres del patio. Tenemos que arreciar los esfuerzos de educación al pueblo. Tenemos que llevar nuestro mensaje soberanista al pueblo de EEUU y al mundo entero.

Ahora el 1 de septiembre miles de hogares verán reducido su ya menguado sustento. ¡Qué pasa que no estamos en la calle¡ ¡Qué pasa que no paramos este país¡ ¿Vamos a esperar que llegue el 1 de septiembre para quejarnos? Si es verdad que el gobernador no está de acuerdo con la reducción de la jornada laboral tendría que instruir a todos los trabajadores del gobierno, policías incluidos, que se unan a un paro nacional.

Pasemos de la resistencia a la acción, arreciemos la lucha. Salgamos de los lamentos borincanos. No vale la dejadez, el cansancio, la indiferencia ni la frustración. A los tibios los vomitará la tierra.

Las esclavitudes actuales

No deja de ser irónico que cada año la Organización de Naciones Unidas (ONU) consagre el 23 de agosto como “Día Internacional del recuerdo del tráfico de esclavos y de su abolición”. La ONU habla de “recuerdo del tráfico y de su abolición”, como si actualmente la llaga de la esclavitud ya no ocurriera en el mundo. Sin embargo, organismos internacionales publican que actualmente se calculan en 2 millones y 16 mil personas que viven como esclavos/as en diversos países del mundo. En América Latina, incluso en Brasil, aún hay terratenientes que mantienen campesinos en situaciones semejantes a la esclavitud. En países de África y sudeste de Asia, las niñas se ven obligadas a casarse con quienes pagan a sus padres un precio estipulado. Las que no ceden a ese destino están obligadas a prostituirse para sobrevivir en ciudades a donde huyen. Ese cuadro en sí ya es trágico y vergonzoso. El escándalo mayor es que, muchas veces, en la historia, las religiones e Iglesias han sido conniventes y cómplices con la esclavitud. A pesar de la actitud profética de algunos que denunciaban la esclavitud y contra ella luchaban, la mayoría de los miembros de las Iglesias cayó en ese crimen. En América Latina, el papa Jauan Pablo II pidió perdón a las comunidades indígenas y negras por la omisión y participación de eclesiásticos en ese escándalo. Por desgracia, todavía hay señales y noticias de grupos que se dicen religiosos o cristianos y mantienen estructuras de comercio y de trabajo con situaciones equivalentes a la esclavitud. Grupos neo pentecostales son acusados de explotar trabajadores en sus organizaciones. Y en la política, congresistas defienden posiciones contrarias a la justicia, sin sentir que eso es un escándalo para la fe.

En estos días, en Brasil, la regresión social y política que vivimos posibilitó que congresistas hayan votado contra diversas conquistas jurídicas de los trabajadores, incluidas en la Constitución Federal. Hay incluso quien, de manera deliberada, dé declaraciones de carácter racista y esclavista. Es urgente que todas las personas de bien, ligadas a cualquier tradición espiritual, o sin ninguna pertenencia religiosa, se unan en la defensa de la dignidad de todo ser humano y del derecho a la vida, al trabajo remunerado y a la justicia social. Parafraseando a San Ireneo de Lyon, un pastor de la Iglesia del siglo III, el santo obispo mártir Oscar Romero, mártir de América Latina, afirmó: “La gloria de Dios es la vida y la liberación del pueblo oprimido”. El apóstol Pablo escribió: “Fue para seamos libres que Cristo nos ha liberado” (Gl 5, 1).

Saskia Sassen El ascenso de las lógicas extractivas y las geografías de expulsión

Especial para En Rojo

El pasado 11 de julio, durante la 16 ª Conferencia Bienal de la Asociación Internacional para el Estudio de los Comunes en Utrecht, Países Bajos, Saskia Sassen ofreció una charla magistral sobre el auge de las lógicas de extracción en nuestra economía y las geografías de expulsión.

La charla de Sassen comenzó situando el surgimiento de las actuales lógicas extractivas –que son evidentes en sectores de recursos naturales como la minería y la silvicultura, pero también en corporaciones digitales como Facebook y Google– en la “transformación fundamental” del capitalismo que se ha producido desde los años ochenta como resultado de la desregulación y privatización de la economía global. Esta “nueva época” de lo que denominó un “capitalismo irónico” se caracteriza por una completa falta de interés por siquiera un bienestar marginal de la fuerza de trabajo o de comunidades afectadas por actividades corporativas, una responsabilidad sustancialmente reducida de las corporaciones y la aparición de “formaciones depredadoras” (predatory formations). Es, como ella explica en su libro Expulsiones (Harvard University Press, 2014), un cambio de la valoración de las personas como consumidores a la extracción de valor a través de una proliferación de instrumentos complejos.

En su reciente artículo, “Predatory formations dressed in Wall Street suits and algorithmic math” (Science, Technology & Society vol. 22(1), pp. 1–15, 2017), Sassen ha descrito estas formaciones como de carácter sistémico y basadas en “conjuntos” (assemblages) de elementos medulares de conocimiento y tecnologías complejos procedentes de dominios y capacidades esenciales en nuestras sociedades. Estos incluyen la matemática algorítmica, la ley y la contabilidad, y la logística avanzada. Tales conjuntos se instalan dentro de la infraestructura física e institucional de los estados-nación, con un único propósito: la extracción de un beneficio máximo, lo más rápidamente posible. Esto, a su vez, cambia dramáticamente los territorios y las vidas, tal como lo dramatizan los ejemplos de Sassen de la desaparición completa en dos décadas (1989-2009) del Mar de Aral –uno de los mayores mares internos del mundo– y la drástica reducción de la hoja de hielo de Groenlandia en los últimos diez años.

Una de las formaciones depredadoras más importantes es el sector financiero especulativo o lo que Sassen denomina “high finance”. Para ella, este, y no el “sector digital”, como se suele afirmar, es el equivalente de la “máquina de vapor” de esta nueva época del capitalismo. Esta formación predatoria de high finance “vende algo que no tiene”, y está compuesta por diferentes operaciones, de las cuales Sassen habló de dos: los canjes de crédito en impago (credit default swaps), y los fondos buitre. Los credit default swaps son inversiones en préstamos riesgosos –como las “hipotecas subprime” detrás de la crisis de vivienda 2007-2008– que son remuneradas si caen en impago. Como señala Sassen en su artículo “Formaciones predatorias”, el objetivo de este instrumento, desarrollado en los años 2000, no es ampliar el acceso a la vivienda, sino “utilizar el bien físico real (la casa) para desarrollar una seguridad respaldada por activos “que podrían ser empalmados en múltiples bits (para ampliar el número de estos valores), mezclado con deuda de alto grado (para garantizar una buena calificación) y desplegado de inmediato, es decir, vendido a los inversores” (2017, p. 6). En l conferencia, Sassen subrayó el asombroso crecimiento de estas formaciones: el valor global total de los credit default swaps pasó de 19.000 millones de dólares en 2001 a 62.2 billones de dólares en 2007, cifra superior al PIB total de todos los países del mundo. Así, como señala en su artículo, las hipotecas subprime han convertido el espacio urbano –y especialmente los barrios de bajos ingresos– en espacios de extracción mucho más allá del mecanismo de gentrificación, en una especie de acumulación primitiva.

El segundo tipo de operaciones de formaciones predatorias discutido por Sassen fue el de “fondos buitre”, un tipo de fondo de cobertura (hedge fund) que especula con deudas consideradas en dificultades o en peligro de incumplimiento (que equivale a una apuesta a que el deudor incumplirá), que la autora analiza (junto con L.L. Owens) en más detalle en su artículo “The vultures of Wall Street” (Boston Review, octubre 2, 2014) Sassen mostró cómo estos fondos han estado adquiriendo enormes cantidades de la deuda de países en riesgo de impago a través de todo el mundo, y recibiendo ganancias cada vez mayores sobre estas ‘inversiones’. Proporcionó el dramático ejemplo de Elliot Management, propiedad del multimillonario Paul Singer, que ha logrado beneficios “salvajes” en la deuda soberana de varios países: 35,5 millones de dólares en Panamá, 46,6 millones de dólares en Perú, 70 millones de dólares en Congo y, potencialmente, más de 2.000 millones de dólares sobre la deuda de Argentina (pendiente). Hedge Clippers informó además que Elliot Management espera un rendimiento estimado de 1380% sobre su inversión inicial en Argentina (“Hedge Fund Vultures in Puerto Rico”, Hedge Papers No. 17, 2015).

Los impactos de estas transacciones en los países involucrados son incuestionables, sobre todo cuando recurren a dramáticas medidas de austeridad para pagar lo que muchos consideran una deuda ilegítima e ilegal. En su conferencia, Sassen reflexionó sobre cómo estas formaciones depredadoras están cambiando el espacio urbano de forma dramática y rápida. Las hipotecas subprime fueron una de las causas clave de la crisis de la vivienda en los Estados Unidos en 2007-2008 (por ende conocida como la “crisis de las hipotecas subprime”), que llevó a 14.5 millones de familias estadounidenses a perder sus hogares en solo una década. Uno de los resultados de esto ha sido que las tierras urbanas centralmente localizadas en muchas ciudades han ido quedando vacías, abandonadas. Esto, a su vez, ha creado “oportunidades” para un tercer tipo de operación de depredación del high finance: las empresas fantasma (shell companies) que invierten en bienes raíces para ‘desarrollos de lujo’. Señaló el dramático crecimiento de la inversión extranjera en las grandes ciudades de todo el mundo, como Londres, Nueva York, París, Tokio, Amsterdam, Madrid, Shanghai y Los Ángeles (en su libro Expulsions se enfoca en estos procesos en Nueva York, Tokio, y Londres). La inversión extranjera en propiedades existentes entre 2013-2014 en todo el mundo alcanzó $55 mil millones ($55 billones) de dólares en las 100 mejores ciudades, mientras que en 2014-2015 aumentó significativamente a $1 trillón de dólares (para más detalles, véase el artículo de Sassen “Who owns our cities – and why this urban takeover should concern us all”, The Guardian, noviembre 24, 2015). Hoy en día, los activos inmobiliarios en todo el mundo representan casi el 60% del valor de todos los activos globales. Cerca de 65,000 edificios han sido comprados por compañías extranjeras fantasma entre 2005 y 2014. Por ejemplo, en Londres, una empresa china ha comprado cientos de edificios históricos, mientras que la familia real de Qatar tiene más del centro de Londres que la reina de Inglaterra. Esto no se trata de desarrollar viviendas para las necesidades actuales, sino más bien de invertir en la posesión de tierras con fines especulativos. Como resultado, muchos de los edificios que se compran están vacíos. En la Bloomberg Tower de Nueva York, por ejemplo, el 57% de los condominios son propiedad de compañías fantasma y actualmente no tienen residentes. Como detalla Sassen en otro artículo reciente, estas “ciudades globales” son producidas por y para corporaciones globales (particularmente en el sector financiero), que a pesar de estar altamente digitalizadas, necesitan “lugares centrales” –quizás más que nunca– donde puedan acceder a un conjunto completo de servicios especializados complejos (“The Global City: Enabling Economic Intermediation and Bearing Its Costs”, City & Community, vol. 15(2), pp. 97-108, 2016). Así, nos explicó Sassen en su conferencia, estas ciudades están cada vez más marcadas por la producción de los extremos: un centro de la ciudad “densamente urbanizado” pero lleno de edificios corporativos “muertos”, y una periferia en expansión de los expulsados ??del centro en nombre de la “modernización“. Sassen señaló los procesos similares que ocurren en las áreas rurales, donde el “acaparamiento de tierras” mata ecologías y gente para la minería, plantaciones agrícolas a gran escala, represas y otros planes de desarrollo.

Los planteamientos de Sassen reflejan, y nos ayudan a entender mejor, la profunda crisis actual de Puerto Rico. Los fondos del buitre han comprado casi el 25% de la deuda del país a precios altamente descontados, y esperan billones en beneficios, mientras que activamente hacen lobby para la privatización profunda, la desregulación, los despidos públicos y los recortes de gastos (vése el informe de Hedge Clippers citado arriba). Casi la mitad de la deuda podría ser ilegal, pero nuestro gobierno se niega a llevar a cabo una auditoría de la deuda. Para el año 2015, casi 15,000 hipotecas estaban en riesgo de incumplimiento (“Aumenta la expropiación de vivienda en la Isla”, El Nuevo Día, octubre 24, 2015), y más de 7,000 hogares habían perdido sus hogares (recuperados por los bancos) con un valor de más de $560 millones dólares (L. García Pelatti, “Los bancos tienen más de 7,000 viviendas reposeídas”, sincomillas.com, junio 7, 2015). Entre 2009 y 2015 hubo más de 60,000 acciones judiciales por desalojo, la gran mayoría contra personas de escasos recursos, como detalla Luis José Torres Ascencio en “La vida desahuciada” (80 grados, marzo 24, 2017). Este proceso de desahucio de nuestras vidas –también marcado por la emigración masiva fuera de la isla– ha sido aprovechado por multimillonarios y empresas multinacionales de inversión de bienes raíces como Cushman & Wakefield que, como los fondos buitre, se aprovechan de la situación de crisis –y de los incentivos especiales de las leyes 20 y 22– para hacer dinero fácil. Basta pasear por Hato Rey, Santurce y Viejo San Juan y prestar atención a los letreros de se vende para ver la cada vez mayor cantidad de propiedades adquiridas por estas empresas en años recientes. De hecho, ya en el 2014 el Wall Street Journal había documentado el número creciente de empresas de inversión del tipo private equity y “manejadores de propiedades” que estaban comprando o desarrollando hoteles y residencias de lujo, generando cerca de $1 billón de dólares en dos años en ganancia en propiedades “upscale”. Según el artículo, los inversionistas de bienes raíces no ven ningún problema en Puerto Rico – para ellos no hay crisis, más bien bonanza (“Real-Estate Investors See No Problem With Puerto Rico”, julio 15, 2014). Otro artículo más reciente en la revista de finanzas Bloomberg documentó el continuo proceso de compras de bienes raíces por corporaciones multinacionales como Goldman Sachs, Perella Weinberg Partners, y TPG Capital, así como billonarios como John Paulson (quien adquirió el hotel Vanderbildt y es además parte de un fondo buitre que compró deuda en Puerto Rico), y Nicholas Prouty (el desarrollador de Ciudadela y comprador de Marina del Rey en 2012) (“Big Money Is Buying Up Puerto Rico’s Risky Real Estate”, julio 14, 2017)

¿Qué hacer para contrarrestar estos procesos extractivistas y depredadores? Sassen concluyó argumentando que el potencial para hacerlo reside en las luchas de los expulsados ??en las fronteras de las áreas urbanas, en los sitios de encuentro de actores de diferentes mundos donde no hay reglas establecidas. Es en el espacio fronterizo donde aquellos sin poder pueden “rehacer la historia”, donde los marginados que han sido invisibilizados reclaman su derecho a la ciudad diciendo: “estamos presentes”. Así, argumentó Sassen, debemos esforzarnos por mantener vivas estas fronteras, estos espacios flexibles en las ciudades, donde la gente puede hacer y rehacer sus propias economías, relaciones, vidas.

Si bien Sassen no entró en detalles en este argumento acerca de permanecer presente, éste nos recuerda la proposición de Judith Butler y Athena Athanassiou en su libro Dispossession: The Performative in the Political (Polity Press, 2013). Butler y Athanassiou plantean que cuando la norma dominante es la destrucción continua de territorios y vidas, la desposesión para la acumulación de capital –como se ve en el creciente asesinato de defensores de la tierra y el medio ambiente indígenas y campesinos en todo el mundo—entonces la congregación en ‘asambleas’ públicas y la continuación y reafirmación de la existencia de los que luchan se convierten en un acto radical, contra-hegemónico. Sin embargo, esta permanencia en el lugar es un proceso colectivo: requiere una política de asamblea y un proceso de resubjetivación, es decir, un desafío a las subjetividades dominantes y una práctica de nuevas subjetividades. Como ha demostrado Melissa García Lamarca en su análisis de la Plataforma de Personas Afectadas por Hipotecas (PAH), un movimiento contra desahucios y por el derecho a la cuidad en el área metropolitana de Barcelona, las personas con “vidas hipotecadas” pueden transformarse en sujetos políticos subversivos a través de procesos colectivos comenzando con asambleas deliberativas y el posterior desarrollo de acciones directas tales como el bloqueo directo de desalojos, la ocupación de sucursales bancarias, y la ocupación y habitación de viviendas vacías que habían sido reposeídas por bancos.

* Gustavo García López es Catedrático Auxiliar en la Escuela de Posgrado de Planificación de la Universidad de Puerto Rico – Río Piedras y miembro del colectivo de ecología política ENTITLE. Trabaja en la política de acción colectiva en torno a los comunes y los movimientos ambientales.

Una versión original de este ensayo, con ciertas variaciones, fue publicada en inglés el 9 de agosto de 2017 en el blog ENTITLE (www.entitleblog.org)