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Para una Reforma permanente

En esta semana, el mundo y especialmente las Iglesias cristianas celebran los 500 años de la Reforma. El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó en las puertas de la catedral de Wittenberg sus 95 tesis para reformar la Iglesia. Ese hecho desencadenó el surgimiento de las iglesias evangélicas. Sin embargo, la reforma protestante fue un movimiento eclesial más amplio y diversificado. Actualmente, cristianos de varias iglesias concuerdan que en la historia occidental, hubo tres grandes movimientos de reforma eclesial. La primera reforma ocurrió en el inicio del segundo milenio (siglos XII y XIII) y fue conducida por Francisco de Asís, Valdo de Lyon, Joaquim de Fiori, Catalina de Siena, entre otros. La segunda reforma habría sido el movimiento protestante. Actualmente, vivimos un movimiento espiritual que es como una tercera reforma. Desde sus inicios, el ecumenismo siempre se ha afirmado como un movimiento de renovación del cristianismo. En América Latina tenemos la convicción de que la renovación de la Iglesia sólo puede tener una dirección: hacer a nuestras iglesias más aptas para cumplir con fidelidad su misión en el mundo. Esa nueva reforma tiene un contenido social y político. En un mundo cada vez más excluyente y desigual, quien cree no puede conformarse con desigualdades sociales y las injusticias sufridas por las minorías raciales, étnicas y sexuales. Si existe Dios y si creemos que Jesús es su enviado, sólo podemos testimoniarlo si trabajamos para transformar ese mundo de acuerdo con el proyecto divino de la paz, justicia y defensa de la creación.

Hace 500 años, Lutero actualizó un dictado medieval que afirmaba: «La Iglesia cristiana tiene por misión renovarse permanentemente». Somos fieles al Evangelio y a la propuesta de Jesús si aceptamos renovarnos, personal y comunitariamente. El eje fundamental de esa permanente reforma es nuestra apertura al mundo y una profunda  sensibilidad hacia los grandes problemas sociales de nuestros países.

Hace 50 años, en Medellín, Colombia, la 2ª conferencia general de los obispos católico-romanos de América Latina lanzó un llamamiento que, hasta hoy, se dirige  a cristianos de todas las Iglesias: «Debemos dar a nuestras Iglesias el rostro de una Iglesia misionera y pascual (una Iglesia que siempre se renueve y se abra al futuro), comprometida con el camino de liberación de toda la humanidad y de cada persona humana en todas sus dimensiones y potencialidades» (Medellín, doc.5 n.15).

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Los barrios incomunicados: El Corcho, Utuado

Por Kriztia Pabón

Especial para CLARIDAD

Cuando las cosas van mejorando en el área metropolitana, la gente se olvida de los que viven en el campo. Así se sienten las comunidades de la montaña en Puerto Rico, como los vecinos de El Corcho en Utuado. La poca ayuda que han recibido ha llegado desde el otro lado del Atlántico por vía de Kam, portavoz de los Sikhs Unidos, que recientemente llegó desde California.

El hombre llegó a Utuado de la mano de Andrea “Andy” Cruz, ponceña preocupada por la escasez de alimentos en el área. Así que junto a Kam montaron una cocina en La Iglesia Bautista La Nueva Jerusalem. El pastor Daniel y su esposa Rosa sirvieron de cocineros y también de protagonistas en el cuento que su hija Arelis le contaría en la cancha a los más chiquitos.

Llegamos y fuimos por el área a buscar a los residentes. Ana y su vecina iban en el carro cuando me las encontré. Le pedí pon para seguir anunciando que había comida preparada y ella me dijo que eso mismo hacían. “¡Coge pa’ la cancha que están repartiendo comida!”, vociferaba por cada casita en que parábamos. Me contó que éramos los primeros “de afuera” en haber llegado a donde ellos, queriendo decir que en dos semanas a su vecindario no ha llegado nadie: ni el gobierno municipal, ni la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) , ni la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), y ni hablar del Federal Emergency Management Agency (FEMA).

Ana es mamá de cuatro y lleva los 51 años de su vida viviendo en El Corcho. Sobre cómo se las habían arreglado para sobreponerse a los retos que les había dejado el huracán me confesó que “no es fácil”. Guiando me relataba como más de 10 casitas del barrio habían perdido el techo y, por consiguiente, todo lo que estaba adentro. En una casa se metió un tornado y destruyó todo lo que tenían. “Al papá de mis hijos le tumbó la finca completa. A mi mamá, a mis primos… Se perdieron plátanos, guineos, chinas, ajíes, café. Todo».

Su vecina, que iba sentada en el asiento del pasajero, me explicaba que ella labora en una fábrica y que no habrá trabajo por semanas. Ella no ha salido para guardar la poquita gasolina que tiene. Tuvo que ir hasta Camuy para conseguir un poco de señal y para obtener dinero en efectivo hizo una fila cuatro horas en ese mismo pueblo, ya que la ATH más cerca de ellos aún sigue fuera de servicio.

Cuando llegamos a la cancha, los vecinos ya reunidos comían y recordaban la destrucción que trajeron los vientos. Las ráfagas no pararon desde la madrugada del miércoles hasta entrado el jueves. “Mi esposo y yo estuvimos aguantando la puerta [toda la noche]; nos turnábamos. Él aguantaba, después yo la aguantaba, porque es que se quería ir…”, describió la señora. En su casa ella usó 23 toallas para secar la inundación que dejó el huracán María; toallas que ha ido lavando poquito a poco porque no tienen agua.

“Yo le dije [a mi esposo], Emilio, esta es la calma de la que hablaban”. Decía Roselin, quien se atrevió a salir durante el ojo del huracán. “¿Pero después? Ahí fue que se destruyó todo. Después de la calma. Yo decía, Dios mío ¿qué más se va a llevar? ¡si ya no queda nada!”

El servicio de AAA ha sido intermitente en esa zona por fallos del generador y el aparente robo de diésel. Sikhs Unidos confirmaron que movilizarán una brigada de voluntarios especializados en ingeniería mecánica para restablecer el bombeo en estas comunidades utuadeñas y algunas más en el pueblo de Lares.

El problema de la comida se sigue agudizando para los residentes más vulnerables de la Isla. Sin un suplido constante de víveres y agua, los agricultores, niños y ancianos de los llamados barrios incomunicados podrían verse forzados a emigrar en masa en momentos que no tienen manera de subsistir.

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Privatización, capitalismo del desastre y la red de transmisión de electricidad

Especial para CLARIDAD

La privatización es un evento financiero donde un bien en manos del gobierno pasa al sector privado. Desde el punto de vista ético no es ni bueno ni malo. Desde el punto de vista político esa visión es diferente. Para la derecha capitalista es un evento deseable. Para la izquierda de la social democracia no necesariamente lo es. Una nueva tendencia es el capitalismo del desastre. Esto es cuando luego de un desastre natural llegan ofertas para privatizar bienes gubernamentales a precios altamente descontados. Esto ocurre a cambio de capital, exigiendo la eliminación de múltiples reglamentos y regulaciones, y acompañado con la promesa de mayor eficiencia.

Mucho se habla de privatizar la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Particularmente, las plantas generadoras de electricidad y la producción de energía eléctrica. Todos proponen que la red de transmisión y distribución se quede en manos del gobierno, ya que «no es rentable», «no deja ganancias». Un dato interesante es que las plantas generatrices resistieron los embates de Irma y María, pero se cayó la red de transmisión y distribución, como en todos los huracanes de nuestra historia moderna. Por lo tanto, con las propuestas de privatización en el tapete muy poco habría cambiado de lo que estamos viviendo. Estaríamos discutiendo cómo renergizar al país y por qué los esfuerzos toman demasiado tiempo, la ineficiencia del proceso y del diseño de la red. Ya llegaron ofertas de capitalismo de desastre para el sistema de energía eléctrica que van desde la propuesta de la compañía Tesla, una propuesta experimental interesante pero donde falta todo tipo de detalles, y varias alianzas público-privadas no solicitadas que crearían monopolios privados de servicio al gobierno.

La privatización no ha sido una panacea. Vemos las dificultades de múltiples sectores privados en restablecer sus servicios. Vivimos las dificultades en restaurar las telecomunicaciones en esta crisis, los problemas con la distribución de combustible, las limitaciones de la banca, los obstáculos en la cadena de distribución de alimentos y bienes de consumo, por mencionar algunos. El sistema gerencial de inventario de «just-in-time» y de «lean operations», basado en minimizar costos de operación y costos de servicio como primera prioridad, demuestran su vulnerabilidad en los desastres. Los análisis de riesgo operacional fallaron al no tener planes de contingencia efectivos para eventos extremos («black swan events») como dos huracanes consecutivos (María de categoría 5). El impuesto retrógrada al inventario empeora esta situación.

La dependencia de la sociedad moderna en el suplido y distribución de energía eléctrica es la gran vulnerabilidad de la sociedad digital. Somos una sociedad dependiente de los sistemas de transporte terrestres y marítimos para asegurar suficientes abastos de todo tipo de bienes y materiales; una isla que depende del transporte aéreo y de sus puertos para asegurar su supervivencia.

Estoy seguro de que en un futuro cercano, si se da la privatización de la AEE según propuesta, vendrá un nuevo cargo, altísimo, para «mantenimiento y mejoras capitales a la red de transmisión y distribución».

No podemos volver a construir un sistema energético similar al que tenemos. Este fue diseñado basado en una industria petroquímica en el sur que dejó de existir hace unos 40 años. Si se construyen nuevas plantas de generación hay que considerar una mejor distribuEsepcición geográfica por las diversas regiones de Puerto Rico y eliminar la concentración de fuentes energéticas. Hay que hacerlo de forma estratégica protegiendo los recursos naturales del país. California y Alemania son lugares de los que podemos tomar los ejemplos de diseño y financiación de un sistema «semi-privado» de energía.

Dada la situación geográfica de Puerto Rico, necesitamos una red de transmisión de alta eficiencia que resista vientos de huracanados de 200mph y terremotos de 8.0 en la escala Richter con sus marejadas, inundaciones, derrumbes y fuegos, entre otros desastres. Esa red puede que sea demasiado costosa usando las tecnologías existentes. Hay que inventar nuevos diseños y nuevos materiales que hagan esas especificaciones posibles y costo efectivas. Por ahora se puede mitigar parcialmente con las nuevas tecnologías solares y de energía renovable. Pero aun estas tienen limitaciones. Necesitamos una red de tecnologías diversificadas, robustas, y con alta redundancia. Este tipo de avances se ha logrado en la industria aeroespacial.

Ese es el gran reto social y tecnológico que tenemos los ingenieros, físicos, químicos, planificadores, ambientalistas y científicos computacionales. Ese es el gran reto que Irma y María nos presentaron al asolar nuestra Patria y llevar al colapso a la sociedad digital actual.

El autor es Catedrático de la Escuela de Medicina de la UPR.

*Las opiniones presentadas aquí son únicamente del autor y no representan la posición de la UPR o de su Escuela de Medicina.

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El hombre que trató de subir la montaña

Una antigua fábula rusa nos habla de una remota región de los Montes Urales en que había un pequeño poblado localizado en la base de un pico bien alto. Los habitantes del pueblito soñaban desde tiempos inmemoriales con escalar la elevada montaña. Todos los días, al acabar las labores del campo, se reunían para diseñar un plan que los llevara a cima. Pero nunca lograban ponerse de acuerdo. Querían un delinear un plan perfecto, sin riesgos ni azares. Así, diariamente trazaban un bosquejo de acción, que luego descartaban por ser imperfecto. «Nunca podremos escalar la montaña, si antes no damos con el plan perfecto», se decían unos a otros.

Un día, uno de los habitantes trazó su propio plan, y se fue a subir la montaña por un camino nunca probado. Y subió y subió y subió, hasta llegar a un lugar del camino al que nunca persona alguna había llegado. Su corazón latía con gran entusiasmo, por la altura alcanzada. Pero entonces se dio cuenta de que su plan no había funcionado por completo. Tropezó con un obstáculo imposible de superar. Su corazón se llenó de gran desaliento, pues no había alcanzado la cima. Peor aún, bajar no sería nada fácil. Además de los peligros inherentes a descender la inclinada pendiente, estaba la poca excitación que provoca volver al lugar de partida. Sin embargo, emprendió el difícil y penoso descenso. Y bajó y bajó y bajó. En el camino sufrió caídas y rasguños. Según se fue acercando a la base de la montaña, pudo escuchar las burlas y risas de los demás habitantes del pueblo: «Ya lo ven: tuvo que virar sin llegar a la cima», decían algunos. Otros replicaban, en tono petulante: «Se lo merece. Eso le pasó por querer subir la montaña sin un plan perfecto».

Esa noche el pueblo volvió a reunirse. No pararon de burlarse del hombre que había intentado subir la montaña. Pero, como sucedió en otras tantas ocasiones, no pudieron ponerse de acuerdo. No daban con un «plan perfecto» que los convenciera de poder llegar a la cima sin contratiempos. Cansados de tanta porfía, descartaron sus ideas y se marcharon a dormir. «Mañana nos reuniremos de nuevo a buscar el plan perfecto», dijeron frustrados al no alcanzar el consenso.

Al otro día, muy temprano en la mañana, se dieron cuenta de que el hombre que fracasó en el empeño de subir la montaña ya no estaba entre ellos. Se había marchado, con un nuevo plan, a escalar el elevado pico. Desde abajo lo pudieron observar, como una hormiguita, subiendo por un camino enteramente distinto. Y subió y subió y subió, hasta llegar a una elevación mucho mayor que la que él mismo había alcanzado en su primer intento. Pero entonces se dio cuenta de que su segundo intento tampoco había funcionado por completo. Al igual que en la primera ocasión, tropezó con un obstáculo imposible de vencer. Su corazón se llenó otra vez de mucho desánimo. Había fallado en su segundo intento de llegar a la cima. Sería ahora todavía más difícil bajar la peligrosa pendiente. A pesar de eso, emprendió nuevamente su descenso. Y bajó y bajó y bajó, sufriendo incluso caídas y rasguños más dolorosos. Y conforme se acercó a la base de la montaña, pudo reiteradamente escuchar las burlas y risas de los demás habitantes del pueblo: «Es un necio, mira, y que querer ascender hasta la cima sin un plan perfecto», dijeron cargados todavía de más socarronería. «¿De veras se cree que va a llegar sin un plan perfecto?», se repitieron unos a otros. Pero el hombre, asido ahora a una soga amarrada a un arbusto, continúo bajando la empinada y difícil montaña, más rasguñado que antes, pero pensando ante todo en qué camino podría tomar la próxima vez para finalmente llegar a la cima…

Es de este modo en que, quizás, debemos comenzar a reflexionar sobre los esfuerzos libertadores de nuestros antepasados. ¿Qué sacamos con decir que no lograron la meta final de la independencia? ¿Por qué se arriesgaron a sabiendas de que no tenían un plan perfecto? ¿Qué pudieron o no pudieron haber hecho hacer distinto? ¿Y qué nos impide a nosotros y nosotras intentar llegar por un nuevo camino? ¿La ausencia de un plan perfecto?

·Basado en la historia titulada «Ascender una montaña: Los peligros del desaliento», por V. I. Lenin, febrero de 1922.

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«Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta»

Fueron tantas las veces que escuchamos al compañero Irvin Flores Rodríguez repetir estas palabras que las grabamos en su tumba. Precisamente en estos días le mencioné a María de los Ángeles que a cada rato me pasaba Irvin por la mente. Me recordó que quizás era porque precisamente en este mes hubiera cumplido año. Este 1 de octubre Irvin hubiera cumplido 94 años.  Sé que por la situación que está pasando nuestro pueblo, en que además del coloniaje nos devastó un huracán, Irvin no estaría celebrando su cumpleaños sino que como siempre, silenciosamente, estaría buscando qué hacer para el bien de su pueblo. Al recordar a Irvin también recuerdo a Lolita, aquella mujer puertorriqueña que sacrificando su vida le dio a conocer al mundo la verdad sobre la situación colonial de su patria.

Antes de llegar a lo que voy a decir, quiero que sepan que nunca he participado ni participaré en elecciones coloniales pues siempre he sabido quién, ilegalmente, gobierna en Puerto Rico, pero siempre he respetado a quienes de buena fe participan, sean PNP, populares o independentistas.

Ahora a lo que voy que es enviarle un abrazo de un puertorriqueño que se respeta a sí mismo a otra mujer, que al igual que Lolita, puso en alto la dignidad puertorriqueña, confrontando de tú a tú a quien quiso humillar a su pueblo. Carmen Yulín, nuestra verdad recorrió el mundo en tu voz. Contigo el señor Trump aprendió que a las mujeres se les respeta, sobre todo si es una mujer puertorriqueña. Gracias por tu valor y tu honestidad puertorriqueña. Gracias por atreverte a ajustarte bien las faldas ante quien a tantos supuestos hombres se le aflojaron los pantalones. Tú, al igual que Irvin, demostraste que «Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta». ¡Gracias!