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Habla el hermano menor del Che: Juan Manuel Guevara

Por Felipe Pigna.

Cómo era el clima familiar y la casa donde se criaron?

–Mis hermanos eran cuatro y estaban muy unidos en cuanto a edad. Yo nací diez años después, así que la realidad familiar que viví fue diferente. Ellos tenían alrededor de 20 años cuando yo empecé a jugar al fútbol en la calle. Mi vida era la calle, distinta a la de ellos, que era una vida de estudiantes. Todos los hermanos eran profesionales, estudiantes, todos se recibieron de algo y yo me dediqué a la calle. Mi viejo, aunque no era un profesional, era un amante de la fotografía y la imagen. El viejo representaba eso, y la vieja, los libros. En la casa no podían faltar ni libros ni cámaras, filmadoras, fotos. Era una gran mezcla.

–Era raro tener filmadora en esa época.

–Sí, el viejo le trasladó a Ernesto el gusto por la fotografía y la imagen. Un día en Cuba, cuando Ernesto ya era el Che, un fotógrafo cubano le preguntó si le podía hacer una sesión de fotos. Él le contestó que pasara al otro día a las seis de la mañana por el Ministerio de Industria. Cuando el fotógrafo llegó al lugar, el Che le pidió que se subiera a un ómnibus con él. Se fueron a realizar trabajo voluntario en una plantación de caña de azúcar. Ernesto lo hizo trabajar hasta el mediodía y después le dio la sesión de fotos. Después de eso, se formó una especie de vínculo y un día, en un discurso grande, el fotógrafo también estaba sacándole fotos a él pero con una cámara mucho más moderna. Cuando el Che lo vio, le pidió que le prestara la máquina y comenzó a sacar fotos al público. Las fotos quedaron y cuando este fotógrafo realizó una exposición sobre fotos que le había sacado al Che, también expuso las fotos que él sacó. Les puso un epígrafe que decía: “Estas fotos fueron sacadas por el Che con mi máquina”.

–También se lo vio con sus cámaras en su viaje a Europa.

–Ernesto estaba de viaje a Checoslovaquia y tenían que hacer escala en Madrid y París. Pidieron un permiso para él y su escolta y se lo dieron. Había un fotógrafo en Madrid que seguía a Ernesto por todos lados y le sacó varias fotos que hasta el día de hoy siguen apareciendo. Era una cosa medio clandestina porque habían salido del aeropuerto con un permiso estatal en tránsito. Hay otro documental donde aparece José Mendoza Argudin, que fue escolta del Che en su primera gira por la Europa comunista.

–Hay una anécdota muy interesante en la Capilla Sixtina.

–Sí. En un viaje que estaban haciendo para Checoslovaquia en 1959, hicieron escala en Roma, pidieron permiso y bajaron del aeropuerto para recorrer la ciudad. Entonces decidieron ir al Vaticano a visitar la Capilla Sixtina. Ninguno de los que formaban la escolta entendía mucho de ese lugar ya que todos venían de la Sierra Maestra. Cuando llegaron a la capilla, un guardia le dice a Argudin que mujeres con pantalones no podían entrar, haciendo referencia a su pelo largo. El teniente se pone mal y empieza a discutir con el guardia. El Che interfiere: “Bueno, bájate los pantalones y demuéstrale que eres hombre”. Cuando ya estaba por bajárselos, el guardia los dejó pasar. En ese documental, Argudin cuenta lo maravilloso que le resultaba este jefe, que había sido jefe de él en la guerra, hablando de la Capilla Sixtina, de los frescos, de Miguel Ángel. Haciendo de guía artístico y turístico en la Capilla Sixtina.

–¿Qué edad tenías cuándo él partió de viaje?

–Para el segundo viaje tenía 10 años. En 1953. Y lo volví a ver recién en 1959, seis años después.

–Ya como el Che.

–Sí, él comenzó a ser el Che hacia 1957. Entonces empezó a aparecer en los diarios como un médico argentino comunista. El primer reportaje que le hicieron es de un estadounidense llamado Matthews, después viene el de Jorge Masetti. No recuerdo cuándo él empieza a firmar como “Che”. Salvo para la familia, que firmaba Ernesto o Ernestito. En una firmó Teté porque era una carta donde nos decía que estaba bien. Firmaba Teté para que supiéramos que era de él ya que ese era un sobrenombre de cuando él era bebé. Después fue teniendo sobrenombres a medida que fue creciendo. Lo del Che ya es un nombre.

–¿Cuál fue la reacción de la familia cuando se enteraron del triunfo de la Revolución Cubana?

–El proceso de modificación del viajero al político y luchador definitivo lo fuimos viendo a través de las cartas. Él inició la carrera de Ingeniería en Córdoba, y entonces mi abuela Ana tuvo un derrame. Él tenía adoración por su abuela, entonces vino a Buenos Aires y se quedó cuidándola. Cuando murió la abuela, él decidió salir de Ingeniería y anotarse en Medicina. Nunca lo dijo claramente, pero todos dedujimos que fue una reacción frente a la impotencia de no haber podido hacer nada por la abuela. A partir de su estudio él fue viendo la imposibilidad de resolver los problemas de salud individuales y de resolver los problemas sociales. En cada viaje se encontraba con gente con menos posibilidades de acceso a la salud. Él siempre tuvo  esa tendencia de ir a buscar abajo, de ir a buscar la base. Además de ser investigador. Él fue un médico investigador. Incluso acá en la Argentina, él como médico hizo investigación, no medicina. La única medicina que hizo fue estudiando cuando tuvo querealizar las prácticas en los hospitales.

–¿Su estadía en Guatemala implicó un antes y un después en su vida?

–Guatemala indicó un cambio ya que ahí hubo una definición: él dice que Jacobo Árbenz tiene pelotas. Después dice que Árbenz se comportó como un buen militar y no dio las armas que tenía que dar. Él ya estaba tratando de crear milicias. En fin, se mostró desencantado con la no resistencia en Guatemala, pero ya él estaba hablando de los yanquis. Entre joda y joda, él ya iba definiéndose políticamente. A cada uno le ponía lo que más le molestaba. Él se definía a sí mismo como una mezcla entre turista y socialista. De ahí llegó a México y entonces las cartas empezaron a decir muy poco. Fue cuando ya estaba metido hasta las manos. Hablaba de que vendía estampitas, de las fotografías de los Panamericanos, hasta que lo metieron en cana, y le dice a mi familia que está metido con la gente de Fidel Castro. Después desapareció por tres meses y le mandó una carta a Tita Infante donde decía que el embajador argentino, Nicasio Sánchez Toranzo, había tenido la mala idea de creer en su palabra de que se iba a ir para la Argentina. Estaba hacía tres meses escondido esperando por subirse al Granma.

–¿Cómo se enteraron del desembarco en Cuba?

–Nos enteramos por los diarios de que el desembarco se había producido, que había sido un desastre y habían muerto todos. Un desastre fue, pero no murieron todos. La primera noticia que recibimos fue esa carta a Tita. Hay una que trajo Nicolás Guillén a casa. Después otra que trajo Jorge Masetti. Y así fuimos teniendo algunas noticias esporádicas. Las peores eran las que salían en los diarios y las que los contradecían eran las directas. No eran muy continuas pero existían. Hasta que se dio el 1° de enero, cuando apareció en todos los diarios que Batista se había ido de Cuba y que dejaba el gobierno. En ese momento, Camilo Cienfuegos organizó un viaje de todos los exiliados. Es algo que se desconoce bastante de Cuba, cómo fue la dictadura de Fulgencio Batista. Hubo 20 mil muertos en Cuba durante el batistato. Cuba era un país de seis millones de habitantes, es decir que fue una dictadura muy sangrienta, violenta, corrupta y proyanqui. Por eso hubo muchísimos exiliados, algunos en la Argentina, otros en Venezuela y en distintas partes del continente. Entonces fletaron un avión de Cubana Aviación para recoger a los exiliados. Camilo hizo todos los trámites para que nosotros pudiéramos ir en ese avión, pero no le avisó nada a Ernesto hasta que llegamos a Cuba.

–¿Quiénes viajaron?

–Varios que viajaron ahí después formaron parte del gobierno, personas del 26 de Julio que estaban desparramadas porque tuvieron que exiliarse. De la familia viajamos la vieja y el viejo; Celia, mi hermana; Luis Rodríguez, el marido de Celia; yo y algunos que el viejo coló. Llegamos y ahí se produjo la famosa foto de Ernesto dándole un abrazo a la vieja. Siempre digo que la foto es igual a la realidad, porque es estática y ellos estaban estáticos, era un abrazo que no terminaba más.

–¿Cómo fue tu reacción al ver a ese hermano que habías dejado viajando y ahora era el comandante Guevara, el Che?

–Ya había ocurrido para mí ser hermano del Che, con todo lo que eso significaba. Tuvimos algunos atentados en mi casa. La etapa de la lucha en la Sierra para mí fue de aprendizaje. Cuando llegué a Cuba a los 15 años, ya era diferente a los pibes de 15 años de la Argentina. Quería hablar con un hermano pero no podía hablar como hermano. No se podían hacer las mismas jodas de antes. A esa altura él también estaba necesitando ser hermano y dejar de ser el Che conmigo. Entonces empezaba a joder, no se nos ocurría hablar de otra cosa más que de pelotudeces. Era lo que él necesitaba, y yo también.

–¿Y pudo darse ese momento de distensión entre hermanos?

–Sí, se dio en varias oportunidades. Nosotros teníamos una forma de llamarnos. Él me decía “tudito” por pelotudito y yo le decía “tudazo” por pelotudazo. Era nuestra forma de conversar. En la casa mi vieja era la vieja, no era mamá. Mi viejo era el viejo. Como Ernesto había estado en una revista Tackle y firmaba “Chanchito”, entonces toda la familia era la familia de los chanchos: el chancho padre, la chancha madre y los chanchitos. Mi viejo, enfurecido porque le decían chancho. La formalidad no era lo nuestro, pero había que guardarla frente al comandante. Entonces cuando desaparecían los demás, desaparecía el comandante y podíamos empezar a joder.

–¿Y tu madre qué te comentaba de lo que veía en tu hermano?

–Es que con mi vieja, ya desde antes y con la revolución consumada, los dos fuimos militantes. Ella militaba en el Malena, el Movimiento de Liberación Nacional, donde estaba Ismael Viñas. Ellos se habían abierto del frondizismo y la vieja militaba ahí. Yo militaba en una agrupación escindida del socialismo que era pro-Cuba. Con la vieja teníamos conversaciones muy politizadas. Hablábamos mucho de Cuba, por supuesto. La vieja fue una difusora de la Revolución Cubana, se jugó mucho en atentados que sufrió, estuvo en cana en la época de José María Guido. Viajó a Cuba varias veces. Para ella fue un revivir y para mí fue una sorpresa ver a mi vieja en ese rol. La vieja había estado muy jodida, tuvo dos veces cáncer y operaciones muy grandes. Estaba deprimida, se había separado del viejo, la familia toda desparramada, y esto la convirtió en otra vieja.

–Después lo volvieron a ver en Punta del Este, ¿no?

–Sí, lo vimos en agosto de 1961 en Punta del Este, donde se hizo la reunión de la OEA para debatir la Alianza para el Progreso. Esa fue la última vez que estuvimos los siete miembros de la familia juntos: los cinco hermanos, la vieja y el viejo.

–Hubo momentos complicados en Punta del Este.

–Sí, él venía del triunfo de Playa Girón y planteaba en su discurso que todo lo que recibieran iba a ser gracias a Cuba. Todas las dádivas que les pudiera dar Estados Unidos iban a ser gracias a la posición cubana. Luego Ernesto vino a la Argentina, donde se reunió con Frondizi, y pasó por la casa de la tía María Luisa, que estaba postrada porque tenía una hemiplejia. Después volvió a San Fernando y se fue con la avioneta con la que había llegado. Prácticamente era un viaje clandestino.

–Le trajo a Frondizi una cantidad de dolores de cabeza por los riesgos que corría y el peligro inminente de un atentado.

–Sí, estaba con toda la escolta. Estaban todos armados y constantemente cuidándolo. Estaba en un territorio que no era el suyo. Él decía que cuando estaba por subir a la avioneta uno de los contactos no iba a viajar y Ernesto dijo: “No, vos viajás también, si me caigo yo nos caemos todos”. Hay cosas que van apareciendo con el tiempo y, probablemente, algo se aclare de aquel gran peligro que asumió viajando desde Montevideo hasta Buenos Aires.

–¿Qué pasó después del fracaso de África?

–Ya en el discurso de Argelia había un planteo directo del Che de que el socialismo no estaba actuando como tenía que actuar. Entonces los países que se quisieran liberar se tendrían que liberar por sí mismos. Como en El Congo no dio resultado y los congoleses se abrieron cada uno por su lado, fue un desastre. Incluso hay una carta de Fidel Castro que le dice que fuera directo primero para Cuba, que no fuera de Praga a Bolivia, cosa que hizo. Los cuadros que se sumaron indicaron que el gobierno o Fidel estaban apoyando claramente. Antes de que se cortaran las comunicaciones, hubo un par de contactos que se hicieron desde Bolivia que ya se estaban vislumbrando como una traición de la dirección del Partido Comunista boliviano. Estuve en Bolivia hace muy poco y me preguntaron si en la ruptura con Fidel el Che buscaba un lugar donde hacerse fuerte y ser protagonista. Mi respuesta fue que no, ya que siempre había habido la necesidad de la liberación de América para poder triunfar en general, algo que Cuba no podía hacer sola. Eso lo tenía claro Fidel como cualquier otro. Podía haber diferencias en la dirección cubana. Pero entre Fidel y el Che, respecto del concepto y la estrategia de liberación y la dependencia, no había ninguna duda, había que ser independiente para liberarse.

–¿Cuál es tu hipótesis sobre la elección de Bolivia?

–El criterio del viaje a Bolivia era un concepto continental. Lograr la liberación de América, pensando en la Argentina con una gran cercanía. No hay que olvidarse de que ya Masetti había estado acá, había gente en Perú, en Guatemala, en Venezuela. Todos apoyados por Cuba, es decir que no era una novedad que Cuba apostaba por la liberación de América. Esta ruptura entre el concepto fidelista y el concepto guevarista que se quiere plantear es algo que no coincide realmente con aquella etapa. Lo cual no quiere decir que todo el gobierno cubano estuviera de acuerdo.

–¿Qué te dejó el Che en cuanto a tu voluntad de compromiso político? ¿Cómo te marcó ese hermano?

–Volví a militar. Hubo un ínterin después de que salí de la cárcel en el que descubrí que los compañeros se peleaban más entre ellos que en afrontar a los verdaderos enemigos. Yo dije que iba a trabajar donde yo sé, en el nido tienen que estar los huevos, y me puse a trabajar con Cuba. Fui representante del tabaco, con lo que me aparté de la vida política. Pero sí estuve muy cerca de lo que era Cuba. Como en el tabaco fui más un empresario, me separé bastante de la militancia de la calle. Lo que había sido mío siempre. Fui camionero, sindicalista, dirigente estudiantil, fui calle. La empresa no me cerraba. Hoy, con la asociación Por las Huellas del Che, siento una reivindicación por un lado, mandato por otro, legado por otro. Pero para mí es una nueva militancia. Me siento como la vieja después de 1959, estoy renaciendo. Eso es lo que me dejó.

Colaboró Tomás Montalá

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Un desperdicio la quema de material vegetativo

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Como una medida “insensata y hasta irresponsable”, así calificó el planificador ambiental, Luis Jorge Rivera Herrero, las pretensiones del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos (USAE), de quemar la basura que ha generado el paso del huracán María por la isla.

En una entrevista radial, el director del Cuerpo de Ingenieros, José Sánchez, reconoció que ante la enorme cantidad de basura generada por el huracán se contemplaba la posibilidad de quemarla en la isla o hasta exportarla.

A preguntas de este semanario sobre su parecer con respecto a esta medida, Rivera Herrero fue enfático y denunció que las mismas razones por las que no se debe construir Energy Answer (EA) le aplican a esta quema, debido a que Puerto Rico es la jurisdicción de EE UU con la mayor incidencia de condiciones respiratorias, como el asma, entre otras: “En estos momentos muchas de esas situaciones se agudizan con el paso del huracán. No es sensato y sería hasta irresponsable recurrir a la quema de cualquier tipo de desperdicios”.

El planificador ambiental rechazó que la quema de basura sea una alternativa para su disposición independientemente del lugar que se escoja y la basura que sea. Aun cuando dijo no saber cuáles son los planes, recordó que en el paso del huracán Hugo el Cuerpo de Ingenieros hizo algo similar. “No han explicado cómo sería la quema pero viendo que estamos en una situación de emergencia difícil y dado todo el material que hay difícilmente puede haber algún tipo de equipo que pueda manejar eso en términos efectivos para reducir las emanaciones resultantes”. Advirtió que, por lo regular, se supone que los materiales de basura se separen, precisamente, para reducir los contaminantes y, aun en un momento de emergencia, uno prevé que se debe  separar todo el material vegetal: ramas, troncos, hojas del resto de los residuos domésticos que es realmente lo que es basura.

Rivera Herrero expresó que hay que sacarse de la mente que todo el material vegetativo que se ha caído es basura y que tampoco significa que sea necesario quemarlo: “En  Puerto Rico  hay muchos terrenos vacantes un tanto alejados de áreas densamente pobladas, donde ese material una vez triturado se puede depositar y esperar que se descomponga de forma natural para el  control de erosión, relleno o como materia orgánica que se puede utilizar para fertilizar los suelos en tareas agrícolas”.

Hizo la salvedad de que para triturar el material vegetativo se requiere maquinaria, pero llamó la atención a que la Administración para el Manejo de Desastres (FEMA, por sus siglas en inglés) en otras jurisdicciones y situaciones ha transportado maquinaria para ese proceso. Prosiguió que en Puerto Rico hay de esas trituradoras y aunque duda que haya suficientes para manejar la actual situación indicó que como parte de los esfuerzos de recuperación es indispensable que FEMA o el Cuerpo de Ingenieros embarque esos equipos a la isla. “Pero para nada es necesario quemarlo ni para nada exportarlo. Ese material se puede aprovechar y lo mismo con otros residuos de la basura doméstica, sobre todo muchos metales que ya de por sí hay personas recogiéndolos, sería un gran desperdicio”, insistió.

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¿Puede el humano soñar con ovejas eléctricas? Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 (dir. Denis Villeneuve, Estados Unidos, 2017) explora con más profundidad varias preguntas que se originan en Blade Runner (dir. Ridley Scott, Estados Unidos, 1982): ¿Qué nos define como humanos? ¿Puede nuestra humanidad basarse en nuestra capacidad de recordar y en las emociones que surgen a raíz de estos recuerdos? Y la pregunta central de la secuela: ¿Eso que algunos llaman alma existe sólo en aquellos que han nacido por la unión de dos seres humanos? La búsqueda de estas respuestas es lo que guía al protagonista de la secuela, K (Ryan Gosling), en su investigación. No voy a dañar la experiencia de la historia revelando lo que K busca, el motivo principal del conflicto dramático. Pero esto se relaciona a la pregunta que sirve de título a la novela de Philip K. Dick, Do Androids Dream of Electric Sheep?, en la que se basa la primera película. En Blade Runner 2049, Villeneuve no responde a estas interrogantes dentro de un marco de acción, como lo han hecho obras tan logradas como Terminator 2: Judgment Day (dir. James Cameron, Estados Unidos, 1991) y la más reciente Ghost in a Shell (dir. Rupert Sanders, Estados Unidos, 2017). La película de Villeneuve tiene el ritmo pausado de la consideración filosófica que invita al espectador a vagar por un mundo excesivamente industrializado donde la evolución de la máquina desafía nuestra propia humanidad.

La historia de Blade Runner 2049 comienza treinta años después de los eventos que se llevaron a cabo en la original. La Corporación Tyrell que creó los replicants, androides utilizados como esclavos para labores que los humanos no pueden hacer, ha cesado de existir. En su lugar, la Corporación Wallace, presidida por Niander Wallace (Jared Leto), un frío capitalista con complejo mesiánico, ha seguido produciendo modelos tan avanzados que se confunden aún más entre los humanos. Mientras los replicants de la primera película buscaban vidas más largas, ya que habían sido condenados a tener un ciclo de vida de tan solo cuatro años, los androides de la secuela son un ejército rebelde que lucha por su humanidad. Estos modelos defectuosos por su falta de obediencia son los que los Blade Runners cazan para desactivar. K es un replicant que trabaja para la policía de Los Angeles como Blade Runner. La primera baja que presenciamos en la película, un inmenso androide rebelde (Dave Bautista), le asegura a K que ha visto un milagro justo antes de que el Blade Runner lo ejecute. Aunque K ha sido programado para obedecer las órdenes de su teniente en la policía (Robin Wright), las palabras crípticas del androide desactivado resuenan en el protagonista a través del misterio que comienza con el descubrimiento de un esqueleto enterrado. El resto de la película es una investigación que lleva a K a cuestionar su existencia y la humanidad que todos los humanos a su alrededor le niegan.

Blade Runner 2049 regresa al sombrío mundo del film noir de la primera. Roger Deakins, el director de fotografía, utiliza magistralmente la gramática visual del film noir, que vemos en clásicos del género como Double Indemnity (dir. Billy Wilder, Estados Unidos, 1944) y The Asphalt Jungle (dir. John Huston, Estados Unidos, 1950), entre otras. Deakins construye un Los Angeles que a simple vista brilla por las luces coloridas de sus anuncios interminables. Sin embargo, el director de fotografía retrata cada intercambio de K con luces tenues que no necesariamente resaltan la moral dudosa típica de los personajes del film noir, sino la ambigua humanidad de los replicants y de aquellos que los esclavizan. Tanto como Josef K., el protagonista de The Trial (dir. Orson Welles; Francia, Alemania e Italia, 1962), que lucha por sobrevivir dentro de un opresivo sistema kafkiano que amenaza con aplastarlo, el K de Blade Runner 2049 sufre las innumerables palizas de una sociedad cuya definición fundamental es subvertida por la búsqueda del personaje. La actuación sutil y controlada de Ryan Gosling deja entrever el afán de K por encontrar la solución al misterio y a su cuestionamiento existencial.

La edición pausada de Joe Walker alarga cada toma para sumergir al espectador en un mundo delirante de desiertos desolados por la contaminación radiactiva, vertederos interminables y la oscura matriz de la Corporación Wallace de donde nacen sus replicants. De esta manera, el espectador es obligado a enfrentar la crasa cosificación del cuerpo femenino y de las hordas de los desposeídos. Este mundo y sus interrogantes son para mí el mayor triunfo de esta joya del cine. Blade Runner 2049 es uno de esos casos raros donde la secuela sobrepasa el logro de una excelente película previa. Esto no quiere decir que ambas han gozado del apoyo del público general, puesto que la original tanto como la secuela no han sido éxitos taquilleros en los Estados Unidos. Me parece que la secuela seguirá el mismo camino de la original y se convertirá en cine de culto. Espero que esto alargue la vida crítica de Blade Runner 2049, porque su exploración de la humanidad de los personajes nos lleva a reflexionar sobre la grave deshumanización que predomina en nuestra propia realidad.

Aumenta la vulnerabilidad de las víctimas de violencia doméstica

ccotto@claridadpuertorico.com

Ante la situación de emergencia de escasez e inseguridad en la disposición de los servicios básicos que ha provocado el paso del huracán María por nuestra isla, aumenta la vulnerabilidad de las mujeres frente a la  violencia doméstica.

Así lo dejaron saber portavoces de las organizaciones Coordinadora Paz para la Mujer (CPPM) y la Coalición Puertorriqueña contra la Violencia Doméstica y la Agresión Sexual  (CPVDAS), durante una conferencia de prensa en donde dieron a conocer la creación de un centro de acopio para reestablecer y fortalecer los servicios que ofrecen a las mujeres y sus familias.

La portavoz de la Coordinadora, Vilma González, apuntó respecto a la situación en que se encuentran las mujeres  a raíz del paso del huracán, en particular de las que ya están en una situación de violencia doméstica, “te diría que en una situación de extrema inseguridad porque los recursos son más limitados aparte de eso son responsables de familiares, de los hijos, proveedoras  algunas de ellas perdiendo también sus empleos, sus casas y las que están en una situación de violencia domestica probablemente en una situación donde hay todos estos estresores van a propiciar  que haya más violencia de la que había ante”. Levanto la observación de que muchas de las ayudas que se ofrecen van dirigidas al jefe de la familia que en muchos casos es la persona agresora. “Así que imagínate en que  situación pueden estar las mujeres es una situación de extrema vulnerabilidad y hay que visibilizar esta situación”.

Otra de las portavoces de la CPPM, la licenciada María Dolores Fernós,  reveló que ya han tenido que tomar medidas extraordinarias como el caso de  una  mujer que no tenía ninguna seguridad por lo que hubo que hacer una colecta para ubicarla con familiares en Estados Unidos.

“Ahora nosotras también entendemos que la mujer puertorriqueña es una mujer muy luchadora y  lo vemos en los relatos de la prensa, las hemos visto lavando ropa en los ríos, allí están buscando lo que sea, ellas están cocinando en cocinas  comunales, lo que necesitan es el apoyo y la solidaridad del pueblo puertorriqueño de aquellos que podemos ayudar porque no hemos sido tan golpeados como han sido golpeados tantas mujeres en comunidades que están aisladas así que esa es la idea”,  dijo en relación al centro de acopio que se estableció en la sede del Colegio de Abogados.

A preguntas de la Prensa de si tenían información de que se hayan elevado los casos de violencia doméstica a raíz del huracán González, acotó  que en este momento la información estaba bien fragmentada y era bien difícil saber, “si antes teníamos problemas con las estadísticas como pensar que haya en estos momentos. “Ahora si sabemos de lo que están pasando por lo que nos reportan las propias organizaciones y no solo de las  organizaciones sino de personas individuales que están preguntando que pueden hacer en casos en que están presenciando situaciones de violencia doméstica”.

González recalcó que lo que   dicen los estudios es que en situaciones como estas –es decir de emergencia de escasez – los casos de violencia doméstica se incrementan por lo cual se están preparando para tener un plan que responda a esa necesidad de servicios que tienen ahora y tendrán en los próximos meses la cual pronóstico va a ser bastante alta.

El grupo de feministas en el cual también estuvieron Vanessa Prado, Irma Lugo y Jenice Vázquez Pagán, señalaron que a la situación de pobreza en la que se encontraba la población femenina antes del huracán y  ahora se le añade esta situación catastrófica. González reiteró e hizo alusión a que la situación de empobrecimiento de las mujeres es una real por lo que las organizaciones tienen que ver cómo van a utilizar sus recursos para que lleguen a las poblaciones que más los necesitan.

Hacia esos fines las dos coordinadoras anunciaron que desde este 12 de octubre en horario de 9:00 am a 3:00 pm la sede del Colegio de Abogadas y Abogados (CAPR), servirá de centro de acopio para recibir donaciones. Las donaciones serán canalizadas por la Coordinadora Paz para la Mujer hacia los albergues y centros de servicios que la integran. Precisó que antes del paso del evento atmosférico había 30 organizaciones, entre ellas ocho albergues de estos solo quedan cuatro. Algunos de ellos quedaron afectados por el huracán y otros no han podido operar por el asunto fiscal.

Las personas interesadas en coordinar la entrega de artículos pueden comunicarse con la licenciada Josefina Pantoja 787-374-8348, y al 787 763-2680 de lunes a viernes de 9:00 am a 3:00 p.m. Entre los artículos que se pueden donar están artículos de higiene personal, agua embotellada, comida para bebes, ropa de cama, medicamentos de primeros auxilios.

Las interesadas en algún servicio de orientación y /o ayuda a sobrevivientes de violencia doméstica y agresión sexual  pueden comunicarse al 787- 765-2285 (24/7).

El grupo de mujeres hizo un llamado al gobierno para que haga llegar las ayudas a las organizaciones que lo necesitan,  denunciaron  que algunas han tenido mucha dificultad para obtener disel, agua y reclamaron que dentro de todas las medidas de emergencia también le den prioridad a las organizaciones que ofrecen asistencia a las mujeres en situación de violencia doméstica, ya que una vez puedan funcionar “de ahí en adelante podemos ayudar a los otros sectores también”.

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La guerra de Trump –y Franco– contra la ciencia ¡Viva la muerte!

Por Ariel Doffman

¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

Siempre ha sido importante recordar aquellas iracundas palabras del general Millán Astray, pronunciadas en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, pero tal ejercicio de la memoria es urgente hoy por lo que nos dice, no acerca de los delirios del pasado sino acerca de las urgencias del presente. En efecto, ochenta y un años después de que ese general amigo y mentor de Franco lanzara frases tan infames, ellas cobran una nueva relevancia, sirven para adentrarnos, más que en la Guerra Civil española, en otro tipo de guerra, la guerra contra la ciencia que está promoviendo el gobierno de Donald Trump.

Sería superficial y simplista aseverar, como algunos lo vociferan, que el país de Lincoln se encuentra a punto de caer en las garras de un fascismo como el que asoló a Europa, a pesar del despliegue de svásticas y antorchas nazis en Charlottesville. Lo que sí es cierto, en cambio, es que nunca antes en la historia de los Estados Unidos se había producido un asalto tan feroz a la verdad objetiva y la racionalidad.

Aunque ya Richard Hofstadter había denunciado en su libro clásico de 1963,  Anti-Intellectualism in America, la profunda tendencia yanqui a menospreciar a los intelectuales, no pudo haber anticipado que ocuparía algún día la Casa Blanca alguien que ostentara una mezcla tan tóxica de ignorancia y mendacidad, una tal falta de curiosidad y desdén por el uso de la mente.

La retórica empleada por Donald Trump durante la campaña presidencial (“Los expertos son terribles. Miren el desbarajuste en que nos tienen metidos todos los expertos que tenemos.”) presagió el tipo de oscurantistas, visceralmente hostiles al conocimiento científico, con que llenó su gabinete. No deberían sorprendernos, entonces, los inmensos recortes presupuestarios planteados para los institutos que llevan a cabo descubrimientos y avances en medicina, estudios climáticos, seguridad laboral, exploración espacial y hasta en la agencia encargada del Censo. Y para asegurarse de que los sitios web del propio gobierno no contradigan las políticas anti-especialistas del nuevo gobierno, se ha ido suprimiendo en forma sistemática una serie de análisis rigurosos de profesionales en los portales de la Casa Blanca, así como en muchos ministerios (Agricultura, Educación, Medio Ambiente, Energía, Tierras, Trabajo, sin salvarse siquiera el Departamento de Estado), además de abolir o eviscerar los consejos de asesores profesionales y prohibir que funcionarios gubernamentales asistan a reuniones o hagan declaraciones sobre los temas en que son peritos ni tampoco que publiquen diagnósticos que podrían demostrar errores oficiales. Los acólitos de Trump deben creer que basta con que no se recojan los datos de un fenómeno o se dejen de explorar ciertas ideas, para que esas verdades inconvenientes desaparezcan como por arte de magia.

Esta guerra contra la ciencia y la veracidad tendrá consecuencias letales.

Hay trabajadores que van a morir debido a que las regulaciones de Obama que los protegían de la sílice, el mercurio y el berilio han sido suspendidas. Hay mineros del carbón cuyas vidas peligran porque se han restringido las inspecciones en los socavones, y sus familias sufrirán cáncer, defectos de nacimiento y enfermedades respiratorias debido a que las Academias de Ciencias, Ingeniería y Medicina han recibido órdenes de no estudiar los efectos de la destrucción de las montañas en la salud de millones de habitantes en la región de los Apalaches. Y muchas otras existencias se verán lentamente truncadas gracias a que más de treinta reglas de probada eficiencia contra la polución han sido anuladas, autorizando que elementos químicos y gases ensucien el aire, el suelo y el agua.

Aunque hay también secuelas mortales en otros campos (el prejuicio contra las vacunas, la disminución de la cuota de asilados políticos perseguidos en sus lejanas patrias, la desasistencia a las víctimas de discriminación sexual, el retiro de programas irreparables.

Trump y su zar del Medio Ambiente, el troglodita Scott Pruitt, niegan que el dióxido de carbono sea responsable del cambio climático, y han hecho lo imposible para que la situación ya desastrosa de la Tierra empeore aún más. Algunos ejemplos de este prontuario: el abandono de los Acuerdos de París, la aceptación de que aumenten las emisiones de metano y se utilicen pesticidas venenosos, y la liquidación, cuesta creerlo, del Consejo de Asesores orientado a estudiar el origen de los huracanes y el crecimiento desmesurado de los niveles del mar.

Si a estas políticas mortíferas que amenazan a millones de humanos habitantes y que podrían afectar en forma catastrófica a billones más, agregamos la forma en que Trump ha jurado “destruir totalmente” a Corea del Norte, mostrando una ignorancia criminal acerca de los tratados y protocolos internacionales suscritos por Estados Unidos en torno al uso de las armas nucleares, podemos sospechar que Millán Astray se ha re-encarnado en estos nuevos jinetes del Apocalipsis.

¿Qué hacer ante tamaña estupidez, avalada por gran parte de la población norteamericana?

En esta lucha contra la oscuridad, podemos encontrar inspiración en la respuesta de uno de los presentes en la Universidad de Salamanca ese mismo 12 de octubre de 1936. Miguel de Unamuno, el insigne intelectual, contestó así el embate de Millán Astray: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta, mas no convenceréis”. Valorando su valentía, tal vez tiene sentido, sin embargo, invertir los términos de esa réplica. Es necesario más que nunca, en esta época inestable y confusa, confiar en que esa inteligencia que ha permitido a la humanidad derrotar a la muerte, crear milagros medicinales e invenciones asombrosas, construir templos maravillosos y escribir libros de gloriosa complejidad, sea capaz de volver a salvarnos. Hay que nutrir la esperanza de que el cerebro que nos convirtió en quienes somos pueda desplegar las gentiles gracias de la ciencia, el arte y el saber para probarles a quienes quieren saquear la inteligencia que la verdad no puede ser destruida tan fácilmente, anunciarles con la misma serenidad de Unamuno: No venceréis y nosotros sí vamos a encontrar el modo de convencer como sea, con toda la luminosidad a nuestro alcance, a los enemigos de la razón.

Miren que se nos va la vida.

* Autor de La muerte y la doncella y de la novela Allegro. Vive con su mujer en Chile y en Carolina del Norte, donde es profesor emérito de literatura en la Universidad de Duke.

Reproducido de www.pagina12.ar.com

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