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Será otra cosa: El retorno del rey

Por Ana Pérez Leroux/Especial para En Rojo

Body cells replace themselves every month.

Most everything you think you know about me

is nothing more than memories.

‘Las células del cuerpo se reemplazan cada mes.

Casi todas las cosas que te crees que sabes de mí,

no son más que recuerdos.’

Haruki Murakami

Mis vecinas se fueron de vacaciones. Antes de irse, la que es abogada me preguntó que si le podía pedir a mi hijo que le mojara el macetero de yerbabuena, albahaca y perejil, que si no era mucha molestia, que si sólo había que apuntar la manguera de balcón a balcón. Yo dije que sí, como no, no es nada. “Ah, muchas gracias, ¿y tal vez puedo pedirte otro favor?” Repetí una afirmativa tan cortés, pero menos firme que la primera, tratando en ocultar con una sonrisa lo primero que me vino a la cabeza que fue “¿Y ahora qué quiere?” ¡Desafortunados los que tenemos el rostro de cristal! Me equivoco con al redactar, porque tecleo más rápido que lo que pienso. Con la cara me sucede lo mismo, se me asoman los amores y los malos pensamientos antes de enterarme que los he pensado. La vecina entró a su casa y salió con un tupper, cubierto de plástico transparente. “La hemos estado alimentando de hojas del algodoncillo del patio tuyo.” “Y eso, ¿Qué es?”, pregunté dudosa, mirando ese paquete que obviamente había venido de una cocina. “Una oruga de mariposa monarca”, contestó alegremente. “Las cuidamos para que los niños vean la metamorfosis. Le das una hoja al día hasta que pase a ser pupa, y después no hay que hacer nada. A los diez días, sale la mariposa. Déjala ahí un par de horas, y luego la sueltas. Así el año que viene, volverán más. Gracias por cuidarla, y que la disfruten.”

“¿Qué pasó?”, me pregunta mi hijo Pablo cuando entro a la casa, misión en la mano. “Quedé de niñera de una oruga. Tengo que darle comida hasta que comience a hilar la seda y pasar a ser crisálida, y después dejarla tranquila hasta que se haga mariposa.” Se echó a reír, y me dijo: “No, niñera no. La adoptaste, ahora es tuya y te toca criarla hasta que sea grande.” En nuestra nueva relación de adultos, el afecto y el respeto mutuo dan pasos tentativos después de una atormentada adolescencia. Cada sonrisa intercambiada es ruido de campanitas y nube de mariposas. En los días siguientes, compartíamos las tareas de cuido. Un día, la oruguita comenzó a pasearse con brío. Hiló la seda desde el plástico hasta el fondo del tupper. Se nos ocurrió que tal vez necesitaba privacidad y le pusimos una hoja grande. Acertamos; abandonó el hilo que había colgado del plástico, y mudó su tejido a la hoja, y se quedó allí, colgadita, encogida como un camaroncito. Yo pensaba que tenía que hilarse una cubierta entera, y que se había quedado tiesa a la mitad del trabajo. “Ayay ay, y si matamos la oruga con algún descuido…” De simple encargo el asunto se había convertido en telenovela de las siete. ¿Cómo se llamaría mi crimen, si lo fueran a contar los periódicos? ¿Regicidio lepidópterico? Dicen que las monarcas no están en la lista de especies en peligro, sino en las de “foco de preocupación”. Se les disminuye su territorio con las especies invasivas y los insecticidas, y la población podría colapsar en un par de décadas. Yo la espiaba cada vez que pasaba cerca de la cocina; el temor me distrajo durante el día, y me desveló durante la noche.

A la hora del desayuno, sucedió el milagro: La oruga no solo no se había muerto, sino que se había inflado como un higo chiquito. Las crisálidas de las monarcas son espectaculares. Tienen un color que yo llamaría verde antillano, que es como el primer verdor de los campos de arroz de La Vega y Bonao. Están rodeadas por un aro que parece estar hecho de hilitos de oro. Mi amiga Jean Collins, ávida observadora de la fauna y flora, dice que la crisálida de la monarca es la cosa más linda que ha encontrado en sus recorridos por el mundo.

La segunda fase duró exactamente diez días, como había vaticinado la vecina. Una mañana miré la caja por segunda vez y vi que el globito verde se había convertido en una estructura cristalina, y que, a su lado, había aparecido una hermosa mariposa joven. Le envié la foto a la vecina, y me dijo que la criatura era macho. No quise preguntar que cómo lo sabía, por temor a que la respuesta fuera pornográfica, o demasiado detallada. Resulta que es fácil saberlo: las mariposas macho tienen un lunar extra en el ala posterior. Esperamos a que se le secaran las alas y soltamos al monarca en el jardín.

Misión cumplida, y sin incidentes. Logramos cuidar una de las doscientas millones de monarcas que quedan en el continente. Una solita. Su vida será breve, unas ocho semanas y cuando sumamos, ya se le pasó la mitad de ese tiempo en la fase preparatoria. Los días de huevito, las cinco mutaciones de su vida de oruga y los diez días en estado de pupa, que es algo así como una especie de retiro espiritual para insectos. La quinta generación de este verano no se reproducirá hasta cruzar el continente de norte a sur, a pasar el invierno en los refugios costeños de Oyamel y Baja California. Esa generación vive más que las previas, y no depositan sus huevos hasta marzo. Esos huevos se convertirán en la primera generación del año siguiente. El mayo próximo volverán a Ontario. Ninguno será el monarca que criamos Pablo y yo. Serán otros, cinco generaciones de mariposas por delante. Será otro, pero volverá.

El mundo es redondo, y da vueltas, me dijo una vez la tía Maggie. Es una gran verdad. Tía Maggie era la más linda y cultivada de las bellas hermanas Leroux. Criada por las tías, tuvo una educación estricta y a la europea. Mientras los otros hermanos crecían jugando en patio, y bajando la calle Antera Mota en patín, Maggie practicaba el piano, pintaba, y se deleitaba con la lectura. Esta última costumbre la ha mantenido siempre. Es fiel lectora de nuestra columna, y es la única persona en mi familia que no sólo se interesó por preguntarme de que se trataba mi tesis doctoral, sino que también tuvo la paciencia de escuchar la respuesta. Esbelta, de lindo pelo largo, y piel oliva, la gente en Puerto Plata decía que era la mujer más linda del mundo. Ignorando la fila de pretendientes que le llevaban serenata, se casó con un puertorriqueño y se fue a la isla de al lado. De etología predecible, ha vivido desde entonces en la misma casa en Rio Piedras, donde aún revolotea alegre, arreglando su colección de miniaturas y de retratos de la familia, y cuidando con amor sus perros pequeños. Recuerdo fielmente mi primera visita a la edad de seis años, mi primer viaje en avión. Muchas cosas eran más modernas en San Juan que en el Santo Domingo de entonces. Las maquinas lavarropas, los juguetes de mis primas. La televisión tanto más moderna y variada que el Canal Rahintel y el Canal Cinco. Me dejaban asombrada los estruendosos anuncios de carros de juguete y los destrozos de Godzilla pisoteando a todo Tokyo. ¿Lograría renacer aquella ciudad aplastada por el desastre? Claro que sí, Tokyo renacerá, Puerto Rico también. Otras cosas eran simplemente diferentes. Las urbanizaciones, cuidadosamente trazadas. El bullicio nocturno del coquí. La prosodia sanjuanera. Eso de llamarle nenas a las niñas. El tener plátanos y no convertirlos en mangú. He vuelto muchas veces a la casa de la tía: en la niñez, en la adolescencia, cuando la boda de la prima, el año en que me divorcié. La vez que se me quedó la maleta. La vez que compré el libro de cuentos de Ana Lydia, que acababa de ser publicado, que fue donde descubrí que ser caribeña es un estado del ser. Volví en el 2008 a un estupendo congreso de lingüística, organizado por colegas de la UP, y las compañeras del quicio me llevaron a comer jueyes en Loiza. Volví hace un par de años, cuando sacamos el volumen de ensayos de Fuera de Quicio. Tía Maggie, todavía esbelta, todavía de hermosa melena larga, pero ahora de plata, vino a la puesta en circulación, y fue el alma de la fiesta. “¡Qué bella es tu tía!” me decían las amigas y las estudiantes que ayudaron con la organización del evento.

El mundo es redondo, y da vueltas. Como las mariposas monarcas, cumplo sin falla mi sentencia de migración. Cada visita cubre un ciclo. Cada espacio entre visitas contiene múltiples metamorfosis. Un día soy larva, y otro, oruga. Un día me visto de verde, con cinturón de hilos de oro. Otros días despliego alas y vuelo. El compás interno nunca deja de apuntar hacia Las Antillas, y el espíritu sigue sin echar mucha raíz en los campos del norte. Soy yo la que he vuelto, y vuelvo, y sigo volviendo a las islas. Soy la que volveré. Pero no la de entonces. Esa, no.

Crucigrama: Lidia Esther Doce

Horizontales

2. Lidia Esther Doce _____; integrante del Ejército Rebelde cubano. Conocida como la capitana Lilí, cumplió con decisión las más difíciles encomiendas del Che y Fidel.

9. Asistir.

10. Sexta nota musical.

12. Errabundo.

17. Prisionero.

18. Escuchar.

19. Capitana _____; nombre con el cual se conoció a Doce en la guerrilla.

22. Nombre de la letra s.

24. Sor Juana _____ de la Cruz; escritora mexicana.

28. Vas de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna.

30. Danzan.

31. Soplón, delator.

32. Lidia _____ Doce Sánchez; fue designada por el Che jefa de su campamento auxiliar que contaba con 40 guerrilleros.

34. La _____; ciudad donde Doce fue detenida, torturada y asesinada por la dictadura batistiana. Con ella murió Clodomira Acosta.

36. Adormecimiento, modorra.

42. Antes de Cristo.

44. Época.

45. _____ Americana; colonia de Estados Unidos en el océano Pacífico sur.

46. Lidia Esther _____ Sánchez; los esbirros colocaron a Lidia y Clodomira en sacos llenos de piedras, las hundían en el agua y las sacaban, como no delataron a sus compañeros, las dejaron caer en el mar donde desaparecieron sus cuerpos.

47. Afirmación.

48. Infusión.

49. _____ Benedetti; escritor uruguayo.

51. Clodomira _____ Ferrales; luchadora revolucionaria durante la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista. Miembro del Movimiento 26 de Julio.

52. 27 de _____ de 1916; nacimiento de Doce.

Verticales

1. _____ Esther Doce Sánchez; al producirse el desembarco del Granma decide sumarse al Ejército Rebelde como ya lo había hecho su hijo Efraín Parra.

2. Vasta región geográfica que se encuentra en la parte asiática oriental de la Federación Rusa.

3. Terminación verbal.

4. _____; patria de Doce.

5. Pronombre.

6. Agraviaba, ofendía.

7. Movimiento 26 de _____; Doce perteneció a la organización.

8. Final.

11. Fidel Castro _____; dijo sobre Lidia y Clodomira: Mujeres heroicas. Clodomira era una joven humilde, de una inteligencia y una valentía a toda prueba, junto con Lidia torturada y asesinada, pero sin que revelaran un solo secreto ni dijeran una sola palabra al enemigo.

13. Segunda nota musical.

14. Del verbo roer.

15. Personaje bíblico constructor del arca.

16. Símbolo del titanio.

19. _____ Rafael Sánchez; escritor puertorriqueño.

20. Prefijo.

21. Dativo de pronombre.

23. 17 de _____ de 1958; asesinato de Doce. Su cadáver nunca pudo recobrarse del mar.

25. Conjunción.

26. Artículo gramatical.

27. Grosura de un animal.

29. Existir.

30. Interjección para denotar indiferencia o desdén.

33. Lona o red usada por los taínos para dormir o descansar, pl.

35. Voz del toro y de otros animales salvajes.

36. Polidipsia.

37. Metal precioso.

38. Símbolo del osmio.

39. Artículo gramatical, fem.

40. Negación.

41. Quia, interjección.

43. Ernesto _____ Guevara; dijo sobre Lidia: Dentro del Ejército Rebelde, entre los que pelearon y se sacrificaron en aquellos días angustiosos, vivirá eternamente la memoria de las mujeres que hacían posible con su riesgo cotidiano las comunicaciones por toda la Isla y entre todas ellas, para nosotros, para los que estuvimos en el frente número uno y personalmente para mí, Lidia ocupa un lugar de preferencia.

49. Apócope de mamá.

50. Juego infantil hondureño.

Hora de apoyar el deporte femenino

Tras haber concluido ya hace cerca de dos semanas la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia, el deporte ha seguido su curso normal, pues si algo bueno tiene éste es que nunca para. En días recientes el equipo de los Mets de Guaynabo se coronó por tercera ocasión consecutiva como campeón de la liga de nuestro volibol superior masculino. El torneo del Baloncesto Superior Nacional comenzó su fase de postemporada. Las hermanas Melanie y Adriana Díaz viajaron a Bulgaria a continuar sus compromisos en el tenis de mesa. Y Edwin “Sugar” Díaz se convirtió en el boricua con más juegos salvados de la historia. Sin embargo, para efectos de este escrito, quiero llamar la atención de dos equipos de la rama femenina que pese a sus logros no han recibido en mi opinión la cobertura que merecen: los equipos de baloncesto y softball femenino.

En el caso del baloncesto, a partir del próximo lunes se jugará aquí el torneo Centrobasket femenino en el Coliseo Juan Aubín Cruz de Manatí. Este les servirá de preparación para el Campeonato Mundial de Baloncesto que comenzará en Tenerife, España a partir del 22 de septiembre y donde nuestra selección femenina participa por primera ocasión.

Con una espinita las boricuas.

Pese a haber ganado la medalla de bronce en los recién concluidos Juegos Centroamericanos, el entrenador Jerry Batista manifestó no sentirse del todo satisfecho con el desempeño de la escuadra, “nuestra meta era oro o por lo menos estar en ese juego final pero perdimos un juego que no se debió haber perdido contra Colombia y eso nos costó; aquí en el Centrobásquet tenemos la oportunidad de reivindicarnos”, comentó el técnico nacional.

México el más duro del grupo A

Las boricuas se encuentran en el grupo A junto con las Bahamas, Costa Rica y México, siendo las mexicanas el equipo más complicado de esa primera ronda. Por otro lado el grupo B presenta a Guatemala junto a República Dominicana (que tiene un equipo bien joven y talentoso), Cuba quien históricamente ha dominado la región e Islas Vírgenes, ganadoras de la última edición del Centrobasket femenino.

De regreso Jennifer O’Neill

Entre las jugadoras que se integran al equipo para estos cruciales torneos se encuentra la ex jugadora de la WNBA JenniferO’Neill, quien con 28 años cuenta con experiencia en varios equipos de la mejor liga del mundo y es una jugadora de primer orden. “Ella nos da una versatilidad tremenda ya que puede jugar la uno y las dos y entendemos su impacto va ser inmediato”, nos dijo el técnico Batista en una práctica recientemente.

Compromiso televisivo

En días recientes la cadena Wapa Deportes (WAPA 2) anunció que transmitirían el Centrobaketasí como lo harán con la Copa Mundial en septiembre. Felicitamos a Wapa por esa acertada decisión.

Sin duda nuestra selección femenina se prepara para el compromiso más significativo de su historia en el mundial y no se debe perder la oportunidad de verlas jugar en Puerto Rico.

El softball da de qué hablar

Manteniéndonos en el deporte femenino no puedo terminar este escrito sin mencionar la gran actuación de nuestra delegación femenina de softball quien apenas días después de obtener medalla de oro en Barranquilla, Colombia, se montaron en un avión y dieron una gran demostración en el Mundial de Japón. Las boricuas terminaron en quinta posición con marca de 6-3 y venciendo entre otros equipos a China Taipéi, quinto clasificado del mundo. Esta posición iguala la mejor de una delegación boricua obtenida en 1985 y nos pone en posición de aspirar a una de las dos plazas que estarán en juego para el repechaje de América para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, que se llevará a cabo en agosto del 2019.

Definitivamente el deporte femenino en Puerto Rico pasa por un buen momento y nuestra mejor manera de agradecerles es ir a apoyarlas en sus ejecutorias.

Desorden

La palabra desorden tiene diversas acepciones y matices: confusión, desbarajuste, desconcierto, descontrol, descoordinación, desgobierno, embrollo, enredo, revoltijo, trastorno, estropicio, maraña, gallinero, pandemonio, maremagno… Se desplaza desde la mera desorganización hasta el exceso y el abuso y desde la dimensión individual hasta la colectiva. Admite, claro está, gradaciones. En Puerto Rico, no cabe duda, ha ido en ascenso.

La fragua en que se cuaja el desorden contiene muchas variables. La incapacidad y la deshonestidad personal coexisten con la baja autoestima que distingue al colonizado. No es por casualidad que en los textos sobre desarrollo económico suele destacarse como condición necesaria para el mismo cierto sentido de identidad, decoro y respeto. Esto no lo pueden lograr políticos que creen ser lo que no son, tener lo que no tienen y poder lo que no pueden.

A semejantes personajes no se les puede pedir que trabajen para articular un verdadero proyecto nacional que trace la ruta del desarrollo sostenible. Sólo han servido y sólo sirven para pavonearse impúdicamente con las “ayudas” que puedan “conseguir”, ayudas que convierten en necesidad crónica y en fuente de corrupción. Ignoran la vieja máxima que define a la ayuda efectiva como aquélla que gracias a su buen uso se torna innecesaria.

En la fragua del desorden sobresale un ordenamiento económico disfuncional, eminentemente caracterizado por la debilidad de la responsabilidad social de corporaciones e individuos –a esto le llaman incentivos– junto, como en todo enclave ajeno, al desbordamiento del grueso de los beneficios hacia el exterior. La inevitable insuficiencia de tal “orden” se traduce en un mercado laboral igualmente disfuncional y en una base fiscal porosa. Como mecanismos de compensación se invocan la dependencia, la emigración y el endeudamiento que, en compañía de la economía informal, dejan de ser rápidamente vías de solución para convertirse en factores integrantes de la crisis.

Ante la crisis y las preocupaciones de deudores y acreedores la respuesta imperial ha sido la imposición de la Junta de Supervisión (Control) Fiscal. Ésta no ha tardado en mezclarse en la fragua del desgobierno y enredarse con una receta neoliberal que combina generosos contratos para sus funcionarios y asesores con políticas de austeridad para los “más vulnerables”.

En la olla podrida en que se gesta el desorden no está ausente la pequeñez. ¿Acaso no es ésta la que provoca la mezquina pugna entre rojos y azules en los talleres gubernamentales? Es imposible un buen gobierno si las victorias electorales se interpretan como mandato para transformar al servidor público en peón partidista.

En la instancia más agregada del desorden, aparte del que protagoniza el sector público, se encuentra una clase empresarial débil y dedicada a la cacería de rentas, una clase profesional conservadora y orientada hacia la emigración, una clase obrera disminuida y expuesta a políticas de precarización y una creciente masa de personas lanzadas a las filas de los clasificados como “lumpen”. ¿No es así? La agenda para el desarrollo de Puerto Rico tendrá que enfrentar esta cruda realidad. Nada puede lograrse si prevalece la negación.

Todas estas variables, y otras tantas que se quedan en el tintero, alimentan el desorden que se ve en el país. ¿Cómo explicar, si no, el caos en la Autoridad de Energía Eléctrica? Allí se ha visto de todo, desde contratos leoninos hasta la más caricaturesca incompetencia. Durante poco menos de dos años de la administración del gobernador Ricardo Rosselló han transitado por su dirección cinco directores ejecutivos. Uno de ellos estuvo en su cargo alrededor de 24 horas. A otro, el tal Higgins, nunca se le escuchó la voz, ni en inglés ni en español. El pueblo puertorriqueño ha sido tolerante y estoico testigo de una serie de pasos de comedia carentes de toda gracia. Y a esto se suman reestructuraciones de deuda con los intereses de los fondos buitres como elementos definitorios.

El desorden es ubicuo. El espectáculo en torno al Instituto de Ciencias Forenses no tiene nombre. Ni siquiera los muertos se salvan del escarnio. Faltan recursos pero también falta sensibilidad.

Se advierte lo mismo en el Departamento de Seguridad Pública y en los de Educación y Salud. No hay agencia ni corporación pública que no esté presa de la incertidumbre que suscita el síndrome del desorden. De este mal tampoco se salva el sector privado, unos víctimas de la inseguridad y otros–los más poderosos–siempre dispuestos a pescar en río revuelto para transformar urgencias públicas en pingües ganancias.

No hay que engañarse. Desafortunadamente, nada de lo descrito en tal escenario de desorden es lo peor. Lo peor es la aquiescencia, la resignación de aquél que niega la posibilidad de alterar el curso de los acontecimientos adversos. Así actúa el que afirma “todos son iguales” para justificar su apoyo a líderes que no lo merecen.

Lo peor radica en el desprecio a sí mismo, en la negación de su país, en la presunción de que toda solución vendrá de afuera. Siéntese a esperar. Morirá sentado…

Lo peor sería que no pueda captarse el desorden político, económico y moral vinculado al binomio de una colonia anacrónica y de un capitalismo agotado, generador de cada vez más desigualdad, porque se haya enceguecido con fuegos fatuos o ensordecido con cantos de sirena. Pero “no hay mal que por bien no venga”: el desbarajuste institucional es de tal magnitud que se hará muy difícil disimularlo con meros juegos retóricos.

De salones a vagones

En Puerto Rico, las decisiones económicas y de política pública generalmente carecen de lógica. Esto, porque en las colonias las decisiones importantes responden a los intereses del colonizador, en nuestro caso, Estados Unidos de América desde hace ciento veinte años. Por lo tanto, nadie ha encontrado como darle una explicación lógica a la decisión del gobierno colonial de Ricardo Rosselló y el Partido Nuevo Progresista (PNP), y de su secretaria de Educación, Julia Keleher, de adquirir vagones de metal para colocarlos en los predios de las escuelas en las cuales los 312,000 alumnos de nuestro sistema público estudiarán este año. Y es que no hay otra lógica detrás de este asunto que no tenga las tres raíces que caracterizan a este gobierno de turno: la improvisación, la incompetencia y la politiquería rampante.

Comencemos por el principio. Sin dar explicaciones, se decretó por esta administración el cierre de 260 escuelas públicas. Es cierto que hay una baja en la matrícula, pero ya sabemos que, aunque esa fue la excusa, no es necesariamente la verdadera razón tras la intempestiva decisión. Sabemos que tuvieron un gran peso las presiones presupuestarias de la Junta de Control Fiscal (JCF) y la presión externa de los intereses políticos, económicos e ideológicos detrás de las llamadas “escuelas chárter”. Este había sido un proyecto inconcluso del ex Gobernador Rosselló, padre, que quiere completar hoy el actual Gobernador Rosselló, hijo. Al ser escuelas privadas que reciben fondos públicos para su operación, las escuelas chárter se beneficiarían también al poder acceder sin costo alguno al uso de los planteles cerrados, muchos de ellos en muy buenas condiciones.

Y como ya sabemos por experiencia, no hay lógica que impere ante la convergencia entre los intereses creados. Por eso, aunque lo esperado hubiese sido planificar cuidadosamente el cierre de escuelas; hacer primero el inventario de las que necesitan reparación, y luego determinar cuáles serían cerradas, dicho proceso se invirtió. Atropelladamente y sin mucho pensamiento se decretó el cierre. Se procedió a efectuar la mudanza a las escuelas receptoras, y no es hasta ahora que se reconoce públicamente que muchas de las escuelas receptoras necesitan reparaciones tras sufrir daños por el huracán. De esta manera se pretende justificar la instalación de 40 vagones de metal en igual número de escuelas, sin precisar su uso, y la compra o alquiler de los 160 vagones adicionales que posiblemente se necesitarán. Para todo este proceso que comenzó con el cierre de escuelas y ha culminado con la instalación de los vagones, se pasó por encima de las opiniones de expertos que recomendaban un proceso estructurado con más pensamiento y mayor detenimiento; de la oposición de padres, educadores y comunidades que son quienes mejor conocen el sistema, y del supuesto bienestar y calidad de la enseñanza de los niños, niñas y jóvenes a quienes se dice defender. El resultado es la imagen perturbadora de vagones de metal vacíos en las escuelas como presagiando el almacenamiento de niños, niñas y jóvenes como si se tratara de objetos en un contenedor.

Para intentar explicar lo inexplicable, la secretaria Keleher dice que los vagones no tendrán costo para el gobierno de Puerto Rico porque su pago saldrá de los fondos que FEMA ha destinado a la reconstrucción de escuelas tras el desastre del huracán María. Pero, ¿no hubiese estado ese dinero mejor usado, si en lugar de gastarlo en vagones, se hubiese podido invertir en mejorar, poco a poco, la infraestructura de todas las escuelas, y luego decidir, en consenso, qué hacer con las que no se necesitan?

Si se hubiese hecho el ejercicio de inventariar las escuelas que necesitaban reparación antes de decretar el cierre, a lo mejor nos hubiésemos podido economizar como país la tristeza y vergüenza colectivas que representa la posibilidad de que nuestros niños, niñas y jóvenes reciban su educación como si fuesen refugiados en su propio país.

Puerto Rico ya no está bajo la emergencia inminente de un desastre. Por lo tanto, no hay por qué convertir las escuelas en campamentos. Había escuelas en casi todo Puerto Rico que apenas sufrieron los embates del huracán. Utilizar esas escuelas para acomodar a los alumnos del sistema en lo que se hacían las reparaciones en las dañadas tenía que haber sido la primera opción de las autoridades educativas, sin recurrir a la chapucería de los vagones de metal.

Dentro de las enormes limitaciones de la colonia, educadores y educadoras puertorriqueños dieron vida a un sistema que sirvió bien a muchas generaciones en nuestro país. La escuela pública fue el eje del desarrollo del pueblo de Puerto Rico. En los cascos de los pueblos les abrió oportunidades a todas las clases sociales. En las segundas unidades rurales se llevó la educación al campo. En la escuela pública se escenificó la exitosa lucha por la enseñanza en nuestro idioma español, y de la escuela pública salió la mayoría de los estudiantes que luego se harían profesionales en la universidad- también pública- para servir con honra y dignidad a su país.

Esa es la historia y la gesta que desconocen Julia Keleher, Ricardo Rosselló y la mayoría de los oficiales de su administración, y los miembros y oficiales de la Junta de Control Fiscal, a quienes no les importa un comino la educación de los niños y niñas de Puerto Rico, porque ellos tienen garantizada las de sus hijos e hijas en las costosas escuelas privadas a las que asisten los privilegiados.

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, nos unimos a las voces que denuncian esta nueva tropelía contra la educación pública. Respaldamos las protestas y reclamos de los gremios magisteriales. Respaldamos el requerimiento hecho por el Representante Dennis Márquez, del Partido Independentista Puertorriqueño, para que la secretaria Keleher le rinda cuentas al pueblo puertorriqueño sobre los contratos de los vagones, las reparaciones de las escuelas, y los demás servicios al Departamento de Educación en esta etapa, así como el detalle de cómo se garantizará el derecho de todos los estudiantes del sistema público a su educación y dignidad. Igualmente, invitamos a los padres y madres a que reclamen vigorosamente los servicios educativos a que sus hijos e hijas tienen derecho. Los niños y niñas de Puerto Rico se merecen más respeto. Vagones de metal y letrinas portátiles no pueden ser el ambiente en que se eduque nuestra niñez.