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Panorama geopolítico y económico de América Latina y el Caribe

 

 

Especial para CLARIDAD

Introducción

América Latina y el Caribe atraviesan un período de reconfiguración geopolítica caracterizado por tensiones estructurales entre autonomía y dependencia. La persistencia de políticas de presión por parte de Estados Unidos —incluyendo sanciones económicas, influencia diplomática y presencia militar— se combina con el ascenso de gobiernos de derecha en varios países y con la permanencia de situaciones coloniales no resueltas, como la de Puerto Rico.

Estos tres ejes, hegemonía estadounidense, reconfiguración política interna y colonialidad persistente, interactúan en la configuración actual del poder regional.

Hegemonía estadounidense y nuevas formas de presión

Desde la Doctrina Monroe en el siglo XIX, la política hemisférica de Estados Unidos ha oscilado entre intervenciones directas, influencia económica y estrategias de contención ideológica. La región continúa siendo considerada un espacio estratégico por Washington.

El Corolario Roosevelt (1904) amplió esta doctrina al establecer el derecho de Estados Unidos a intervenir en América Latina y el Caribe como “poder policial internacional”. Esta lógica se expresó en la política del “Gran Garrote” (Big Stick), que legitimó el uso de la fuerza militar y el control financiero, como ocurrió con la intervención en las aduanas de la República Dominicana en 1905. Bajo el argumento de prevenir inestabilidad o intervenciones europeas, estas políticas justificaron múltiples intervenciones en países como Cuba, Nicaragua, Haití y República Dominicana durante el siglo XX.

En la actualidad, estas formas de intervención han evolucionado. Las sanciones económicas impuestas a países como Cuba, Venezuela y Nicaragua representan mecanismos contemporáneos de presión que, en gran medida, sustituyen la intervención militar directa por instrumentos financieros y regulatorios. Estas medidas buscan influir en cambios políticos internos, pero también generan efectos macroeconómicos significativos, como restricciones al crédito, caída de exportaciones y deterioro de servicios públicos.

Paralelamente, la hegemonía estadounidense enfrenta cuestionamientos. La creciente presencia de China en sectores como infraestructura, energía y minería ha ampliado el margen de maniobra de varios países latinoamericanos. Asimismo, Rusia mantiene vínculos estratégicos en materia de cooperación militar con algunos Estados de la región. Este contexto configura un escenario multipolar que introduce nuevas dinámicas de competencia geoeconómica.

En este marco, iniciativas como la denominada “Coalición de las Américas Contra el Narcotráfico” (ACCC) o “Escudo de las Américas”, anunciada en 2026, pueden interpretarse como parte de una estrategia más amplia de seguridad hemisférica vinculada a la Estrategia de Seguridad Nacional (2025) y la Estrategia de Defensa Nacional (2026). Estas reflejan una concepción en la que la economía, la seguridad y la geopolítica se encuentran estrechamente interrelacionadas.

El avance de gobiernos de derecha y la reconfiguración interna

En paralelo, la región experimenta un nuevo ciclo político caracterizado por el ascenso de gobiernos de derecha o centroderecha. Casos como Argentina, El Salvador y Ecuador ilustran la diversidad de este fenómeno.

Este giro político ha estado asociado a factores como el descontento social frente a crisis económicas, inflación, inseguridad y percepciones de corrupción en gobiernos anteriores. En este contexto, emergen propuestas centradas en: Ajustes fiscales y reducción del gasto público, liberalización económica y apertura a la inversión extranjera, políticas de “mano dura” frente al crimen organizado, y, racionamiento más cercano o pragmático con Estados Unidos.

En términos geopolíticos, este cambio puede facilitar una mayor convergencia con la agenda estadounidense, particularmente en áreas como seguridad, narcotráfico y gobernanza regional. Sin embargo, el alineamiento no es absoluto. La dependencia económica de China y la necesidad de diversificar fuentes de financiamiento obligan a muchos gobiernos a mantener políticas exteriores pragmáticas.

Al mismo tiempo, este giro genera tensiones internas, incluyendo conflictos sociales, debates sobre derechos laborales, políticas ambientales y modelos de desarrollo. La región continúa mostrando altos niveles de desigualdad, dependencia de materias primas, endeudamiento externo y vulnerabilidad ante el cambio climático, factores que limitan su capacidad de respuesta ante presiones externas.

Puerto Rico: colonialidad contemporánea y enclave militar y económico estratégico

El caso de Puerto Rico representa una dimensión particular dentro del análisis regional. Desde una perspectiva geopolítica, ha funcionado como un enclave estratégico en el Caribe. Episodios como el uso de Vieques como campo de tiro naval evidencian los costos sociales y ambientales de esta función militar.

En la actualidad, Puerto Rico mantiene una relación política singular con Estados Unidos que limita su soberanía. La crisis de deuda iniciada en 2015 y la imposición de una Junta de Control Fiscal bajo la ley PROMESA reflejan formas contemporáneas de dependencia económica y supervisión externa.

Este caso ilustra cómo la dimensión estratégica puede prevalecer sobre consideraciones de autodeterminación. Asimismo, pone de manifiesto la persistencia de estructuras coloniales adaptadas al orden internacional contemporáneo.

Desde una perspectiva regional, Puerto Rico es considerado por diversos sectores como un caso pendiente de descolonización. Sin embargo, al no ser un Estado soberano, su política exterior está determinada por Washington y lo usan para agredir.

Los escenarios futuros incluyen la estadidad, la libre asociación soberana, la independencia o la continuidad del estatus actual, siendo esta última la opción más probable a corto plazo. Más allá de lo jurídico, el debate involucra dimensiones sociales, económicas e identitarias vinculadas al derecho a la autodeterminación. La estadidad queda descartada en la política de EE.UU., Puerto Rico sólo es vista como una plataforma militar y le conviene mantenerla en la dependencia y la incertidumbre. La independencia es la mejor opción, pero no está en los planes de EE.UU. a menos que presionemos y ofrezcamos nuestra alternativa.

En el plano jurídico internacional, el Comité de Descolonización de la ONU ha reiterado el derecho del pueblo puertorriqueño a la autodeterminación. No obstante, Estados Unidos sostiene que el estatus actual es resultado de procesos democráticos internos, manteniendo el tema como asunto doméstico.

Puerto Rico revela cómo la dimensión estratégica puede prevalecer sobre consideraciones de soberanía plena y cómo la colonialidad persiste en formas institucionalmente adaptadas al orden contemporáneo.

Dinámicas contemporáneas: economía, seguridad y poder

En el contexto actual, la política exterior estadounidense muestra una creciente articulación entre economía y seguridad nacional. Elementos como cadenas de suministro, energía, tecnología y control de mercados se consideran componentes estratégicos. En la política de EE.UU. la seguridad nacional está atada a la economía, y esto es asegurar producción, cadenas de suministros, mercados, etcétera para EE.UU. Y siempre defendiendo su política “American First” que es gringocentrica.

América Latina y el Caribe adquieren así una renovada importancia geopolítica, tanto por su proximidad geográfica como por sus recursos naturales y su posición en rutas comerciales clave. En este escenario, Estados Unidos combina herramientas de presión —como sanciones e influencia política— con mecanismos de cooperación selectiva, como inversión y acuerdos estratégicos.

Esta dinámica puede interpretarse como una forma contemporánea de ejercicio de poder, en la cual la economía, la tecnología y la capacidad militar se integran como instrumentos de influencia global.

Conclusión

América Latina y el Caribe se encuentran en una etapa de transformación marcada por tensiones entre autonomía y dependencia. La persistencia de la influencia estadounidense, el ascenso de nuevos gobiernos de derecha y la continuidad de situaciones coloniales como la de Puerto Rico reflejan la complejidad del panorama regional.

El análisis muestra que, si bien han cambiado las formas de intervención, las dinámicas de poder siguen presentes, ahora mediadas por instrumentos económicos, financieros y tecnológicos. Al mismo tiempo, la creciente multipolaridad ofrece oportunidades, pero también nuevos desafíos para la región.

Puerto Rico combina elementos de territorio colonial moderno y enclave militar estratégico estadounidense en el Caribe. Su ubicación geográfica le otorga relevancia militar y geopolítica, mientras que su estatus político limita su soberanía.

El debate no es solo jurídico, sino también social, económico y simbólico, se trata de identidad, autodeterminación y modelo de desarrollo en un contexto regional marcado por tensiones entre autonomía y dependencia.

En última instancia, el futuro de América Latina y el Caribe dependerá de su capacidad para equilibrar estas presiones externas con procesos internos de desarrollo, integración regional y fortalecimiento de su autonomía política y económica.

 

Petrolero ruso con 100 000 toneladas de crudo arribó al puerto de Matanzas

 

En la mañana de este martes atracó en el puerto de Matanzas el buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin, con un cargamento de 100.000 toneladas métricas de crudo, como parte de la asistencia humanitaria de Rusia a la isla ante la severa escasez de combustible que enfrenta la nación caribeña.

La llegada del buque, cuyo arribo fue confirmado por el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, se produce en un contexto de agudización de las dificultades energéticas en Cuba. Peskov subrayó que la isla se encuentra “en condiciones de un bloqueo severísimo” y requiere urgentemente petróleo crudo y sus derivados “para el funcionamiento de los sistemas de soporte vital en el país, para generar electricidad, para brindar servicios médicos o de otro tipo a la población”.

El portavoz ruso enfatizó que Moscú “considera su deber” ofrecer la asistencia necesaria a Cuba y aseguró que seguirán trabajando para suministrar más petróleo a la isla. “Esto, por supuesto, no puede dejarnos indiferentes, así que seguiremos trabajando en este asunto”, manifestó.

Según informaron fuentes oficiales, el cargamento permitirá sostener el funcionamiento del Sistema Electroenergético Nacional y otras actividades económicas durante aproximadamente diez días. Se estima que, tras el proceso de refinación, los primeros productos terminados comenzarán a distribuirse durante la segunda quincena de abril.

Las autoridades cubanas precisaron que, si bien el arribo del Anatoli Kolodkin representa un alivio significativo en medio de la crítica situación marcada por apagones y afectaciones al transporte, la cantidad de productos terminados obtenida no cubre la demanda total de combustibles del país. El envío fue calificado como un gesto elocuente de los profundos lazos de amistad entre los gobiernos y pueblos de ambas naciones.

Desde la isla se reiteró que Cuba tiene derecho a importar combustible para mantener en funcionamiento su economía, su transporte, sus hospitales y sus industrias. No obstante, se señaló que esa necesidad se ve imposibilitada de satisfacer en las actuales condiciones debido a las persistentes medidas coercitivas unilaterales del gobierno de Estados Unidos, que dificultan la adquisición, el financiamiento y el transporte de crudo y productos terminados desde cualquier mercado internacional en los niveles requeridos.

Mientras persista ese cerco, cada cargamento como el del Anatoli Kolodkin será recibido con gratitud, pero también con la clara conciencia de que el déficit energético del país no podrá resolverse sin el levantamiento del bloqueo contra el pueblo de Cuba.

Cancillería de Cuba agradece a Rusia envío de petrolero ante cerco energético de EE. UU.

La Cancillería de Cuba agradeció al pueblo y gobierno de Rusia por su respaldo solidario, materializado mediante la llegada de un petrolero de ese país a la isla.

“Esta valiosa ayuda llega en medio del cerco energético impuesto por Estados Unidos, que intenta asfixiar a la población cubana”, expresó la Cancillería en su perfil de la red social X.

De igual forma se hizo eco de las palabras de Dimitri Peskov, portavoz del presidente ruso, cuando expresó que para esa nación es un deber no quedarse al margen y prestar la ayuda necesaria al pueblo de Cuba.

Reproducido de www.cubadebate.cu

Las diversas Pascuas y el mundo actual

 

Especial para En Rojo

Mucha gente habla de Pascua como si solo existiera una. De hecho, en el ámbito religioso, existen la Pascua judía y la Pascua cristiana. En la sociedad, existe la Pascua de quienes aprovechan el feriado para ir a la playa o salir a pasear. Incluso en cada una de las Pascuas religiosas, hay  formas muy diferentes de vivir y celebrar este evento.

Probablemente, el término Pascua (Peshach) significa paso. En regiones del antiguo Oriente Medio,  designaba una  danza de primavera. Era el paso (Pascua) de los refugios del invierno hacia la convivencia con otras personas y la naturaleza. Así, por su origen, la Pascua tiene un carácter ecológico y, hasta hoy, la humanidad celebra el renacer de la naturaleza en la primavera.

Hasta hoy, en el judaísmo, la fiesta de Pascua, conocida con el nombre de Peshach, es celebrada en las sinagogas y comunidades de todo el mundo. En este año 2026, la Pascua judía ocurre del 1 al 9 de abril. Conmemora la liberación del pueblo oprimido que, según cuenta la Biblia, estaba esclavizado en Egipto, bajo el yugo del faraón, y en una fiesta de Pascua, tomó una comida apresurada para partir hacia la liberación.

La tradición tradujo el término hebreo como judío y, posteriormente, la propia Biblia identificó a los hebreos con los israelitas. Historiadores, exégetas e investigadores de la historia, como el estadounidense Norman Gottwald y el alemán Gerd Theissen, creen que el término «hebreo» no designaba una etnia o raza, sino una categoría social que, hoy en día, correspondería a un campesino sin tierra o a un migrante indocumentado. Desafortunadamente, hoy en día, muchos religiosos y religiosas del judaísmo tradicional celebran litúrgicamente el Peshaj, pero, al mismo tiempo, apoyan al gobierno sionista que masacra al pueblo palestino y llama a Irán «amalecitas», quienes, según la interpretación fundamentalista de los textos del libro de Josué, deben ser simplemente exterminados.

Muchas sinagogas celebran la Pésaj, pero no traducen esa celebración en una actitud ética actual. Mientras celebran la Pésaj, están de acuerdo que el gobierno de Israel haga, hoy con el pueblo palestino y con otros pueblos, lo mismo que el faraón del Egipto antiguo hacía con el pueblo hebreo. Gracias a Dios, mismo siendo minorías, hay sinagogas que celebran la cena pascual y proclaman al mundo que Dios es Amor y está siempre del lado de los pueblos crucificados de hoy.

En esta Pascua de 2026, en nombre de la fe, hay soldados israelíes que se niegan a participar en la guerra. Desde 1969, en Tel Aviv y Jerusalén, las comunidades de Neve Shalom, Oasis de Paz, reúnen a personas judías y árabes. Aunque enfrentan amenazas de grupos fundamentalistas judíos y musulmanes, Neve Shalom mantiene escuelas bilingües, en hebreo y árabe, y brinda ayuda a las familias víctimas de la guerra. El miércoles 1 de abril, esta comunidad celebra el SEDER, la cena pascual judía. El jueves comienza la celebración cristiana de la Pascua.

Las Iglesias tradicionales aún mantienen un lenguaje sacrificial en sus ritos, textos y cantos. Los textos hablan de Jesús como cordero pascual que fue inmolado y celebran la muerte de Cristo como sacrificio ofrecido a Dios para salvar a la humanidad del infierno.

Gracias a Dios, en todo el mundo crece el número de grupos y comunidades que creen y proclaman: no fue por su muerte y su sangre que Cristo nos salvó. Fue por su vida entregada por la solidaridad hasta la muerte. Creemos en la vida y no en la muerte. No podemos creer en un Dios que necesita que su hijo muera para reconciliarse con la humanidad. Creemos en la salvación, no solo como liberación del pecado, sino como vida nueva que, a través del Espíritu, el Cristo Resucitado nos da, para renovarnos interiormente y transformar las relaciones humanas y todo el universo.

Ser pascual significa optar siempre por la vida y creer que, pase lo que pase, la vida vence a la muerte y que si nos dejamos dominar por el desánimo, el pesimismo o el conformismo, seguimos presos en el sepulcro que es simbólico, pero real.

En este momento, la América Latina, el Caribe y el mundo atraviesan una noche social y política. La violencia cometida por el imperio en contra de Venezuela y Cuba, su intervención en las elecciones en Argentina y en Honduras, así como sus amenazas sobre todos nuestros pueblos, son signos de que la resistencia y la fidelidad a nuestros sueños revelan que la cruz de los pueblos crucificados de hoy es cruz de resurrección.   

Que hagamos pascual nuestra vida y lo más profundo de nuestro ser. Ya sea a los 30 o a los 80 años, debemos ser capaces de cambiar interiormente, de abrirnos cada vez más a la crítica y a la autocrítica. A partir de ahí, renovar nuestra forma de pensar, de sentir y de relacionarnos.

En el siglo IV, San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla, afirmaba: «Por su resurrección, Cristo viene a convertir nuestra vida en una fiesta continua, incluso en medio de las luchas y dificultades que enfrentamos». Que esta nuestra Pascua sea sin fin.

Champán por la muerte

 

 

En Rojo

Veo imágenes grabadas en el interior del Knesset, el parlamento israelí.  Muestran al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y a otros miembros de su partido de extrema derecha, Otzma Yehudit.

En las imágenes vemos a Ben-Gvir y sus colegas intentando celebrar con champán la aprobación de un proyecto de ley que contempla la pena de muerte específicamente para detenidos palestinos. Sin embargo, miembros de la seguridad del parlamento evitan el descorche. Ni siquiera los esbirros del propio parlamento llegan a tanto.

El proyecto de ley ha sido una antigua demanda del partido de Ben-Gvir y ha recibido importantes críticas tanto a nivel nacional como internacional. Otzma Yehudit (Poder Judío) es un partido de extrema derecha con 7 miembros en un parlamento compuesto por 120 miembros. Siguen la misma ideología sionista del Partido Kach que ha sido prohibido por el propio gobierno israelí. Además, el Departamento de Estado lo calificaba hace diez años como una organización terrorista.

Ben-Gvir es un político y abogado de origen iraquí con un largo historial de militancia antiárabe y supremacista judío. Ferviente creyente en la creación de la Gran Israel, es el Ministro de Seguridad Nacional de Israel desde hace 4 años.

Para que este proyecto se convirtiera en ley necesitó el concurso de varias agrupaciones en el espectro político de Israel. Supone esto que el sionismo es la ideología dominante dentro del parlamento. Ahorcar detenidos palestinos es legal. Occidente le ha permitido al estado israelí tantas tropelías que no causa ninguna sorpresa que este insulto a la humanidad se haya aprobado allí.

Cuando asumimos el discurso occidental de la dura teocracia iraní -afirmación que no escapa a la verdad- para justificar una intervención militar, se olvida que los proponentes de tal escalada son fanáticos religiosos para los que la limpieza étnica es perfectamente deseable. Gaza es una herida abierta en el cuerpo de la Humanidad. La pena de muerte para detenidos palestinos es un clavo en el ataúd de la ignominia.

No, este no es un combate entre hermanitas de la caridad contra los hijos de satán. Es una guerra absurda. Como todas.

La retórica del despojo: universidad, colonialidad y el lenguaje de la intervención

Especial para En Rojo

 

Hay algo profundamente revelador —y a la vez inquietante— en el comunicado emitido durante la tarde de hoy viernes por Zayira Jordán Conde. Mis queridos lectores, no es lo que dice, sino cómo lo dice. Porque lo que se presenta como un gesto de apertura —“escuchar”, “dialogar”, “reconocer”— funciona en realidad como una operación discursiva de clausura. El texto no describe una crisis: la produce, la organiza y la administra simbólicamente. En ese sentido, no estamos ante un mensaje institucional, sino ante un dispositivo de legitimación. Tome nota el lector: así escribe la retórica de las relaciones públicas cuando necesita comunicar para justificar lo injustificable por las malas acciones de una empresa corporativa.

La escena es conocida: primero se construye un problema (“la Universidad requiere fortalecer su gobernanza”), luego se introduce la necesidad (“estos cambios responden a una realidad que exige acción”) y finalmente se naturaliza la intervención (“transformar implica tomar decisiones”). Ese encadenamiento no es inocente. Es la forma clásica en que el poder convierte una decisión política en una necesidad técnica. Lo que en la práctica ha sido una destitución masiva —la remoción de cinco rectores en un solo movimiento— aparece en el lenguaje como “transformación institucional” y “alineación de liderazgos”. La violencia administrativa se disfraza de racionalidad organizacional.

Pero lo más interesante no es la decisión, sino la voz que la enuncia. Ese “yo” que habla —“soy consciente”, “he instruido”, “quiero comenzar reconociendo”— no es un sujeto académico. Es un sujeto gerencial. No piensa la universidad; la administra. No argumenta; gestiona percepciones. Su primera persona no construye conocimiento, sino confianza a inversores en bolsa. Es la voz de una relacionista pública que ha aprendido a sustituir el conflicto por el tono, la política por el lenguaje emocionalmente neutro, la historia por la narrativa corporativa.

Y ahí radica el núcleo ideológico del texto: el vaciamiento del conflicto. Se reconoce la “legitimidad” de las preocupaciones, pero solo para neutralizarlas. Se invoca el “diálogo”, pero después de haber tomado la decisión. Se promete “escuchar”, pero desde una estructura que ya ha sido reconfigurada sin consulta. No es diálogo: es posdiálogo. Un diálogo después del hecho consumado, donde la participación no transforma la decisión, sino que la legitima retroactivamente.

Este gesto es profundamente colonial. No sólo por la estructura de poder, formadas por una presidencia y una Junta de Gobierno que no emergen de la comunidad universitaria, sino que son impuestas desde la lógica del Estado, sino por la forma en que el lenguaje organiza la relación con esa comunidad. Se le habla como a un cuerpo que debe ser gestionado, calmado, incorporado a un proceso ya decidido. No hay aquí comunidad deliberante, sino población administrada.

En ese sentido, el comunicado no responde a la universidad: la sustituye. Reemplaza su pluralidad conflictiva por una unidad ficticia (“este es un momento que nos convoca a todos”), reemplaza la deliberación por la ejecución, reemplaza la autonomía por la alineación. La universidad deja de ser un espacio de pensamiento para convertirse en un problema de gobernanza.

No sorprende, entonces, que el texto parezca responderte —y responder a muchos otros—. Porque no está dirigido a una persona, sino a un síntoma: la proliferación de voces críticas en el espacio público. Es un discurso que emerge cuando el poder pierde control del relato. Y lo que intenta hacer no es convencer, sino restablecer ese control.

Por eso el tono: sobrio, medido, aparentemente razonable. Porque el objetivo no es dialogar con la crítica, sino absorberla. Convertirla en parte del mismo discurso que la neutraliza.

Al final, lo que tenemos no es una justificación. Es algo más sofisticado y más peligroso: una narrativa de inevitabilidad. La idea de que no había alternativa, de que “la realidad exige acción”, de que “transformar implica decidir”. Ese es el verdadero gesto ideológico. No imponer una decisión, sino borrar la posibilidad misma de cuestionarla.

Y ahí, precisamente ahí, mis queridos lectores y periodistas, es donde comienza la destrucción de la universidad. No cuando se destituye a cinco rectores, sino cuando se redefine el lenguaje en el que esa destitución puede ser pensada. Y conviene subrayarlo para quien escribe y para quien lee: así opera el lenguaje cuando la retórica de las relaciones públicas entra en escena para comunicar, con eficacia técnica y tono impecable, lo que, en el fondo, busca hacer pasar por razonable lo que no lo es.

 

El autor es Presidente de la Fundación Siglo 21