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¿Israel secuestra al gobierno de EEUU?

 

Annette Labastida

 

La tesis que desgraciadamente domina las redes es que “Israel secuestra al gobierno de Estados Unidos”. Y tiene un atractivo emocional evidente, pero un costo analítico altísimo (y es un error intencional), porque invierte la causalidad. Trata al satélite como motor, al instrumento como mano, a la pieza como tablero. Es la versión geopolítica de creer que el termómetro produce la fiebre. El imperialismo estadounidense no existe porque exista AIPAC; AIPAC existe, opera y prospera porque la arquitectura imperial estadounidense lo necesita para administrar una región específica. Israel no es excepcional en su función, solo en su ubicación. Cumple en el Mediterráneo oriental lo que Japón cumple frente a China, lo que la Argentina de Milei cumple como laboratorio de shock neoliberal en el Cono Sur, lo que cumplió Chile bajo Pinochet como ensayo de la Escuela de Chicago, lo que cumple Colombia como portaaviones continental (lo que cumpliría Cuba en América central si lo consiguen). Son piezas, no titiriteros. Y la clase dominante estadounidense y europea, esa fracción financiera y militar-industrial que verdaderamente dicta la política exterior, no es prisionera de su instrumento, es la que lo financia, lo arma y lo administra.

Que la gente no logre distinguir esto tiene una explicación estructural y otra ideológica. La estructural es que pensar en términos de totalidad sistémica requiere abandonar el pensamiento categorial del liberalismo, que enseña a procesar la realidad en compartimentos estancados. Aborto va en la casilla “cultural”; Palestina va en la casilla “política exterior”; salario mínimo va en la casilla “económica”; encarcelamiento masivo va en la casilla “justicia penal”. Sin conexión aparente. El sistema entonces se vuelve invisible cuando lo desmenuzas en “issues”.

La ideológica es más cómoda y más añeja, porque es más tolerable denunciar a un agente externo del imperio que admitir que el imperio es propio y constitutivo. De ahí el desplazamiento clásico, ese que August Bebel definió hace siglo y medio como “el socialismo de los imbéciles”: culpar a una minoría visible para no enfrentar al sistema entero. Ahorra trabajo cognitivo y permite seguir creyendo que la república original fue secuestrada, en vez de aceptar que la república original ya nació imperial, esclavista y expansionista.

La aparente contradicción que el obrero común no logra resolver, por ejemplo (porque hay muchos más “washings”, desde los derechos LGBTQ hasta el feminismo): donde los sionistas “defienden el aborto” y el imperio “lo prohíbe”, se disuelve apenas entienden que la clase dominante no es un bloque homogéneo sino una coalición de fracciones que se alinean según el dossier. En política exterior, capital financiero, complejo militar-industrial, hidrocarburos y el aparato confesional evangélico convergen en sostener an Israel. En política doméstica, ese mismo aparato evangélico, que es base electoral del Partido Republicano, que impone la criminalización del aborto contra el proletariado y subproletariado femenino estadounidense, especialmente racializado. No hay contradicción doctrinal, hay división del trabajo dentro de un mismo bloque de poder. Confundir la coalición política con una doctrina coherente es el error analítico más básico del repertorio, y así los enseñaron a “pensar”; a pensar en términos de partidos y banderas, no de intereses y fracciones de clase.

En el mismo debate del aborto, no pueden ver la conexión más profunda (la que realmente importa), que es que el control sobre el cuerpo reproductivo de la mujer y el control sobre el territorio colonizado son dos operaciones del mismo aparato. La caza de brujas en Europa y la conquista de América fueron procesos simultáneos en el nacimiento del capitalismo, porque ambos disciplinaban la reproducción, uno la reproducción del trabajador, el otro la reproducción del territorio extraído. El cuerpo de la mujer es la primera colonia, histórica y lógicamente.

Por eso lo que se hace en Palestina, la destrucción sistemática de hospitales maternos, las cifras de mujeres embarazadas muertas en bombardeos, el bloqueo de leche de fórmula, la hambruna como arma demográfica, la detención de niños, no es un exceso, es una pedagogía (producir, controlar o exterminar). La misma pedagogía que en territorio estadounidense se expresa como prohibición del aborto en estados pobres, como esterilización forzada histórica de mujeres negras y nativas, como criminalización de la mujer puertorriqueña usada para ensayos farmacéuticos. Es una continuación, no un paralelo. Un cuerpo controlable es un territorio rentable; un territorio rentable exige cuerpos controlables.

Es casi imposible explicarle esto a gente nacida y adoctrinada en una cultura que se ha empeñado en empobrecer el pensamiento de su población, desprovista de toda herramienta materialista. La pregunta que rompería ese hechizo ni siquiera es complicada: ¿por qué la misma clase política que en Washington vota contra el derecho a decidir, vota a favor de enviar cuatro billones anuales y armas a un Estado que ejerce control demográfico sobre cuatro millones de palestinos? La respuesta solo es coherente si aceptas que ambos votos son la misma operación a escalas distintas. Cualquier otra explicación obliga a inventar conspiraciones imposibles o a sostener un sistema de creencias que se contradice cada veinticuatro horas. Y eso, normalmente, es lo que el interlocutor termina haciendo… transitar por la historia como un pingüino borracho

 

Sally Field y su fibra humana y cómica

 

En Rojo

A sus casi 80 años, Sally Field protagoniza Remarkably Bright Creatures en Netflix (responsable de joyas como Train Dreams de 2025), una historia personal pero colectiva a la misma vez que nos recuerda la capacidad de esta actora de destacarse en personajes de reparto en producciones de la talla de Forrest Gump (Robert Zemechis 1994) como la madre soltera dedicada a su hijo enteramente y Lincoln (Steven Spielberg 2012) como Mary, la diminuta esposa que nunca fue su sombra. Como protagonista nos deslumbró en Norma Rae (Martin Ritt 1979) y a través de los años ha sido parte de historias colectivas como Places in the Heart (Robert Benton 1984). En 2015 también nos sorprendió en una hermosa comedia minimalista, Hello, My Name Is Doris. Incluyo en esta página de cine, mis impresiones de Remarkably Bright Creatures y dos Rescates del pasado, una de 2015 y la otra de 1979.

Remarkably Bright Creatures

Directora:Olivia Newman; guionistas: Olivia Newman y John Whittington; autora Shelby Van Pelt; cinematógrafo: Ashley Connor; elenco: Sally Field, Lewis Pullman, Colm Meaney, la voz de Alfred Molina

La 1era escena de este filme de inmediato me recuerda a ese hermoso filme de Guillermo del Toro de 2017 The Shape of Water, ganador del León de Oro del Festival de Venecia y luego de cuatro Oscares. Una mujer limpia el cristal de una de las peceras en un acuario de Sowell Bay en el estado de Washington y mira fascinada a la belleza de un enorme pulpo que lo mismo se esconde detrás de las piedras como se pega en todo su esplendor a ese cristal de donde los humanos lo miran. Y aunque la voz narradora y la que conecta con ese mundo exterior es la de Marcellus (un cautivante Alfred Molina), ese pulpo que ha vivido encerrado aquí demasiado tiempo y desea continuamente escaparse y volver a su origen, el Pacífico, la protagonista de la historia es Tova, oriunda de aquí, pero con recuerdos que no le permiten ver un futuro para ella. No necesita un salario ya que es dueña de su casa y vive sin presiones económicas en su viudez. Ir al acuario en las noches a limpiar los cristales y los pisos es su manera de socializar con el único que parece escucharla y compartir su vejez y su deseo de prepararse para finalizar una vida en soledad y tristeza.

Las noches de Tova ya están ocupadas, pero sus días parecen alargarse sin razón de ser y por eso evade acercarse emotivamente a las personas que ha conocido toda su vida ya que le recuerdan sus pérdidas emocionales. Será la llegada de un extraño al pueblo, el joven Cameron, con un aire de medio perdido y muy esquivo lo que hace a Tova acercarse porque no conoce su historia, no le recuerda su pasado y puede alertarlo, regañarlo y aconsejarlo sin tener que descubrir sus inquietudes. Es un extraño y así como llegó al pueblo casi por accidente, regresará al camino que se ha trazado, aunque este no esté muy claro. Será Tova la que le presente a Marcellus y lo haga cómplice de sus conversaciones y deseos de poder volver a su lugar de origen. Otras historias convergen que aclaran u oscurecen la vida de Tova, pero la voz pensada de Marcellus siempre será su guía.

 Rescate del pasado

Hello, My Name Is Doris

Director:Michael Showalter, 2015

Esta es una historia de improbables y de ahí surge la comedia. Si comenzamos por el título, al parecer es una alusión a Doris Day, una de las artistas de comedias románticas más populares de los años 1950 y 60 en Hollywood. Pero, muy pronto nos enteramos de que la alusión se limita a que la madre de Doris Miller, la protagonista de la historia (Sally Field), era una admiradora de la actora y por eso le puso su nombre a su hija. La historia comienza con una escena triste ya que Doris acaba de perder a su madre con quien vivió toda su vida. Ahora su hermano, Todd, quiere vender la casa de Staten Island para que su hermana no tenga que ocuparse de un espacio tan grande y pueda vivir en Manhattan donde todavía trabaja, o algún lugar donde no tenga que tomar el ferry todos los días. Pero para Doris, ya en sus 60+ bien cuidados, este pedido significa cambiar de rutina y tener que limpiar y vaciar su casa de todas las cosas inservibles que ha acumulado todos estos años. Como Doris, cada unx de nosotrxs somos acaparadores/hoarders y solamente nos damos cuenta cuando tenemos que mudarnos.

Mientras tanto, Doris se ha enamorado a primera vista de un hombre muchísimo más joven que ella que acaba de incorporarse a su lugar de trabajo. Aunque al principio lo ve como imposible y ridículo, un ‘motivador’ la inspira a “hacer posible lo aparentemente imposible”. Y así Doris se lanza a la conquista de John con la ayuda de la nieta de su mejor amiga—que la entrena para conectarse y buscar información por Facebook—y bajo la crítica de Roz, su amiga y su hermano.  Doris nunca es objeto de burla para nadie porque siempre se mantiene como una mujer racional que de vez en cuando fantasea para endulzarse la vida.

Norma Rae

Director: Martin Ritt, 1979

De igual forma que Blue Collar (Paul Schrader 1978) es un filme anti-sindicato corrupto, Norma Rae ve la unidad organizada a través del sindicato como la única salvación de los trabajadores. Es un filme que se enfoca en la toma de conciencia de una mujer en un pueblo pequeño del Sur de los Estados Unidos. Aunque el filme pretende desarrollar a cabalidad el personaje de Norma Rae, el catalizador de su despertar y afirmación reside en un organizador laboral de Nueva York, Reuben (Ron Leibman). Este organizador viene a incorporar a los trabajadores de una fábrica de textiles al sindicato nacional. Su labor no es nada fácil, ya que primero debe desafiar la actitud negativa de este pueblo chico hacia los norteños y luego debe convencer a los trabajadores sobre la necesidad de sindicalizarse y de unirse a una organización que desconocen. Además, tiene que compartir la forma de vida de los residentes y encontrar un líder local para delegar la responsabilidad de su cargo y poder entonces seguir con su labor de organización en otros lugares.

El personaje de Norma Rae está desarrollado al máximo y logra captar la realidad de una mujer joven, de poca educación, que logra canalizar su ira y frustración involucrándose en la organización de un sindicato. Norma Rae proviene de una familia conservadora de agricultores pobres en un pueblo cuya única fuente de ingreso parece ser la fábrica de textiles. Su vida amorosa le ha producido dos hijos, el maltrato de hombres que solo ven en ella un objeto sexual y la fama de ser una mujer fácil. Su principal preocupación es la de proveer económicamente para su familia; por eso accede a supervisar a los obreros en la fábrica (labor que luego rechaza al ver la animosidad que surge entre sus compañeros) y posiblemente se casa con Sonny (Beau Bridges) buscando esa misma seguridad económica para su familia.

Desde el comienzo del filme, Norma Rae es consciente de la pésima condición de lxs trabajadorxs en la fábrica –no hay atención médica adecuada, los salarios son bajos, no hay pensión y lxs obrerxs se encuentran enajenadxs por sus máquinas y por el ruido ensordecedor en la fábrica. Pero aparte de protestar cuando su madre queda sorda y de ser verbalmente agresiva, Norma Rae no conoce otra salida. La gran aportación del organizador consiste en darle a Norma Rae los instrumentos para canalizar su descontento y hacer colectivo su sentido de justicia tratando de ofrecer soluciones a los problemas inminentes de los trabajadores. Este filme logra presentar a la mujer trabajadora como un ser oprimido que una vez que adquiere conciencia se entrega por entero a esa labor y no claudica por presiones sociales. Es la mujer que se incorpora a la fuerza trabajadora y se da cuenta de que su lucha está en ese mundo exterior, ya que ella sí está segura de poder mantener los lazos emotivos de su familia.

“El cuco de la Planificación”

 

Marcos A. Quiñones Otero

Desde pequeños nos enseñan a enfrentar nuestros miedos para poder avanzar. En Puerto Rico, para algunos sectores, la planificación parece haberse convertido en ese “cuco” al que se le teme, muchas veces por desconocimiento o porque no se comprende realmente su importancia y función. Sin embargo, cuando se conoce y se entiende la planificación, se descubre que no es un obstáculo para el desarrollo, sino una herramienta esencial para lograr un territorio más organizado, justo y resiliente.

Las recientes declaraciones del Secretario del Departamento de Desarrollo Económico no quedan en el aire. Al señalar que la Junta de Planificación ha llevado al país a la quiebra, reflejan precisamente ese miedo y desconocimiento hacia esta disciplina. Reducir la planificación a una barrera burocrática ignora décadas de análisis territorial, pensamiento estratégico y trabajo técnico orientado al bienestar colectivo y al desarrollo ordenado del país.

Muchos hemos aprendido que la planificación no es un capricho ni un proceso innecesario. Es una herramienta vital para pensar el presente y proyectar el futuro del territorio. Así como un niño mira debajo de la cama antes de dormir para asegurarse de que no haya nada escondido, la planificación analiza riesgos, impactos y conflictos antes de tomar decisiones que afectan comunidades, recursos naturales y generaciones futuras. Y como ocurre con ese miedo infantil, cuando se conoce y se entiende la planificación, el miedo desaparece y se reconoce su valor.

Además, la planificación no ocurre en aislamiento. Es un proceso interdisciplinario y dinámico que integra distintas perspectivas, actores y herramientas técnicas para comprender las complejidades sociales, económicas, ambientales y territoriales del país. Se mira desde distintas perspectivas y se analiza con mútiples herramientas. Considera desde el desarrollo económico y la infraestructura hasta la justicia ambiental y ambiental, la vulnerabilidad climática y la protección de recursos naturales.

Por décadas, la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico ha sido uno de los principales espacios donde se enseña esta disciplina. Se comprende como se integran conocimientos de las ciencias sociales, naturales y ambientales para comprender el territorio de forma integral. Esto para tener una mejor toma de desiciones considerando a todo el país y no solo algunos tantos.

Precisamente por esa capacidad de analizar, cuestionar y ordenar el uso del suelo con criterios técnicos y sociales, la planificación puede generar incomodidad en sectores que prefieren procesos rápidos y desvinculados del análisis profundo del territorio. Pero un país sin planificación es un país que improvisa su futuro. Sería un país que responde a los problemas pero no los previene o mitiga. Eso sería un verdadero «cuco».

Por eso, Puerto Rico necesita entender que la planificación no es enemiga del desarrollo. Al contrario, es una herramienta esencial para construir un país más sostenible, resiliente y justo. Cuando dejamos de verla como un “cuco”, comenzamos a verla como lo que es realmente. Es un proceso de cambio y orientación para un mejor Puerto Rico.

El autor es ,  es geógrafo, planificador y consultor en manejo de emergencias y desastres.

 

Pensar en Marx hoy, desde el Sur Global

Por Néstor Kohan

 

¿El marxismo está viejo y fuera de moda?

Existe un lugar común, repetido hasta el hartazgo: Marx está pasado de moda, viejo, perimido. “Fue bueno para el siglo XIX pero en la época digital, el reinado de las pantallas, los mercados globales y la inteligencia artificial es una momia de museo”. Eso piensa el progresismo. Incluso gente que se autopercibe… “de izquierda” [comillas, por favor].

¿Hay que tomarlos en serio? No creo. La inmensa mayoría no conoce ni los títulos de las obras de Marx. No sólo no han tomado contacto con la obra clásica de este autor; mucho menos con los nuevos materiales (hasta ahora desconocidos) que se han publicado en la última década. Sencillamente no lo han leído y menos estudiado. Repiten, con no poca banalidad y superficialidad, lo que escuchan. Se quedan en la superficie.

La formación política seria y rigurosa, para esta gente, es algo decorativo y meramente retórico. Suelen mantener un pensamiento complaciente y colonizado, siempre atento a la última moda del momento (que cambia su jerga, sus modismos y sus “grandes tesis” cada 2 ó 3 años, dicho sea de paso). Modas que provienen facturadas invariablemente de California, New York o París. Y en las periferias se repiten imitando a ese simpático animalito conocido como “loro” o “cotorra”.

En cambio, la extrema derecha, expresión político-militar, económica y cultural de quienes hoy dirigen el mundo, tiene una opinión radicalmente diferente.

Para ahorrar espacio menciono tan sólo tres ejemplos.

(1) En los Documentos de Santa Fe I al IV, elaborados por los “tanques pensantes” de la extrema derecha republicana de Estados Unidos, invariablemente se ubica al marxismo como “enemigo estratégico” (sic). Estos documentos nunca fueron insulsos papers académicos que nadie lee y sólo se redactan para engordar el curriculum vitae y el ego. No. Han sido insumos centrales, durante años, del complejo industrial-financiero-militar-académico y las Fuerzas Armadas más genocidas del planeta, así como de los aparatos de inteligencia imperialistas. Esta gente no come vidrio ni se queda con “la moda” efímera del momento. Van al fondo de las cuestiones porque de su accionar depende la supervivencia del régimen capitalista mundial.

(2) El actual presidente de Argentina, Javier Milei, aprendiz de economista y plagiador serial, se ha convertido en un ícono de la internacional neofascista que agrupa lo más reaccionario del capital financiero en nuestros días. Pasea por el mundo dando “conferencias”. En una reciente intervención en Israel (abril de 2026) afirmó que “Marx y el marxismo son satánicos”. El discurso lo dio luego de recibir un diploma Honoris Causa en la Universidad Bar-Ilan del estado sionista.

(3) El actual secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio (si Milei es impresentable, ¿cómo definir a este otro energúmeno?) responsabilizó al marxismo por las crisis de Venezuela y Cuba. Atacó al marxismo en su conjunto, el marxismo “histórico” y el “marxismo de ahora”, según sus expresiones. Según Marco Rubio la tarea principal del momento es “derrotar al marxismo, pues el marxismo no ha muerto, sigue vivo”. Lo reafirmó en reiteradas oportunidades (25/3/2024; 15/1/2025; 12/5/2026, etc.).

Tres fuentes de primer nivel en la práctica política del imperialismo y el capitalismo más feroz. ¿Debemos atender lo que afirman tres o cuatro profesores principalmente preocupados de su fama, protagonismo personal y figuración, que van cambiando de posición según momento y oportunidad o, en cambio, prestar nuestra atención a quienes dirigen la política concreta del régimen capitalista y el imperialismo? Si realmente queremos vencer a nuestros enemigos, la respuesta es más que obvia.

La superficialidad de la Academia y la farándula intelectual

En el último medio siglo las principales corrientes de París, New York y California, cuando se han referido a Marx lo han calificado de “eurocéntrico”, “economicista”, “evolucionista”, “metafísico” y “occidentalista”. Así lo han repetido las principales escuelas de las metafísicas “post” (posmodernismo, postestructuralismo, posmarxismo, estudios poscoloniales; entre otras…). Atacar a Marx se puso de moda. Abre puertas, posibilita becas, facilita “pasantías académicas”, permite publicar en editoriales de prestigio y adquirir notoriedad.

¿En qué ha consistido el núcleo duro del ataque “progre”? Exclusivamente adoptan un par de artículos periodísticos que Marx escribió sobre la dominación británica en la India en 1853. Pareciera ser que es lo único que estudió en su vida.

Semejante operación que celebra y festeja la ignorancia con total liviandad “olvida” que Marx falleció en 1883. Es decir, que siguió escribiendo durante 30 años. ¡Miles y miles de páginas! Redactó El Capital entre cuatro y siete veces (según diversas reconstrucciones). Escribió sobre la comuna rural rusa, las comunas de los pueblos originarios de Nuestra América, la colonización europea de África y volvió una y mil veces sobre el dominio británico en la India, modificando 100% sus opiniones iniciales de 1853 con mucha mayor información.

Se opuso a la intervención de Inglaterra, España y Francia en México, en tiempos de Benito Juárez. Defendió la causa nacional de Irlanda contra el Imperio Británico, al que dicho sea de paso, describió como el primer estado “narco” de la historia, al estudiar las guerras y bombardeos mediante los cuales Inglaterra introdujo por la fuerza político-militar la droga en China (ni fentanilo, ni cocaína, ni heroína; en aquella época era el opio).

 Además, aprendió idioma ruso y mantuvo una voluminosa correspondencia con el movimiento narodniki (los populistas rusos que proponían por entonces el socialismo y la lucha armada; antes de volverse institucionales y pacifistas, época un par de décadas posterior cuando Lenin los critica).

Incluso, al final de su vida, como Marx estaba físicamente enfermo y muy deprimido por el fallecimiento del gran amor de su vida, Jenny, se fue a vivir unos meses al África. Estuvo en Argelia y desde allí mantuvo correspondencia con sus hijas, con su amigo Friedrich Engels y con su yerno Paul Lafargue. En esa correspondencia del final de su vida vuelve a reiterar su descripción durísima, impiadosa, del colonialismo europeo occidental, mientras expresa admiración explícita por la cultura musulmana (y eso que el origen de Marx era judío).

En pocas palabras, Marx “abrió su mente” de una manera inocultable, realizando un notable viraje y cambió completamente su paradigma anterior, es decir, rompiendo definitivamente con todo euro-occidentalismo. Los materiales que elaboró son abrumadores. Tomos y tomos, páginas incontables, desde los primeros borradores de El Capital [conocidos como los Grundrisse] hasta sus cartas desde Argelia, pasando por sus escritos en apoyo al México de Benito Juárez, sobre la cuestión nacional de Irlanda, sobre la India, sobre África, sobre las grandes civilizaciones de los pueblos originarios de Nuestra América, su correspondencia con los populistas rusos, etc., etc.

No obstante, ¡oh, casualidad!, en las Academias de Estados Unidos y Francia, así como en muchos “becarios” de la socialdemocracia alemana y ventrílocuos latinoamericanos que no tienen una sola idea propia…, se sigue repitiendo la falsa acusación del “Marx eurocéntrico”. Un Marx que, supuestamente, no tendría la más mínima idea sobre otras sociedades que no fueran Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos.

¡Escaso conocimiento de Marx y muy poca familiaridad —para ser absolutamente mesurados y diplomáticos— con sus hipótesis, exploraciones e investigaciones!

Lo hemos señalado polemizando con varias obras, mencionándolas con nombre y apellido; lo hemos filmado y grabado en videos de acceso público; lo hemos sostenido en conferencias internacionales, aceptando el desafío que planteaban en sus repetitivos panfletos contra Marx muchas “vacas sagradas” de las grandes academias… mostrando sus libros, repletos de lugares comunes y carentes de la más mínima seriedad en sus ataques contra el marxismo.

Y también lo hicimos, conviene recordarlo, defendiendo a la revolución cubana y a la revolución bolivariana (amenazadas ambas por el imperialismo), desde mucho antes del 3 de enero de 2026, mediante un coloquio internacional y un pronunciamiento político en defensa de la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez que agrupó más de 2.000 (dos mil) adhesiones de investigador@s del mundo. Logramos de este modo contrarrestar una campaña internacional contra Venezuela bolivariana que habían organizado algunos profesores ex “marxistas”, devenidos en anti marxistas. Autores de libelos repletos de ignorancia y desinformación en cuestiones de teoría marxista pero con mucho poder e “influencia”.

Quizás por eso, en abril del año 2026, el Grupo Colectivo de Trabajo de CLACSO, titulado “Marxismos y resistencias del Sur Global”, que codirigimos con el compañero mexicano integrante de la REDH, el doctor Nayar López Castellanos, quedó… injustamente excluido de CLACSO. A pesar de estar integrado por 43 investigador@s marxistas de cuatro continentes y de haber publicado cuatro gruesos libros colectivos. Grupo de investigación que integran numeros@s y prestigios@s miembr@s de la REDH en varios países.

Vincularse con Marx y con el marxismo, no como una mercancía de consumo universitario, inodora, incolora e insípida, que escribe generalidades sin decir nada relevante ni significativo, sino como una herramienta de pensamiento crítico y praxis política antiimperialista no es “gratis”. Tiene sus costos… ¿Se entiende?

Marx, Bolívar y el anticolonialismo

Uno de los núcleos problemáticos en la obra de Karl Marx ha sido, sin duda, su escrito polémico sobre el libertador Simón Bolívar. Le puso de título “Bolívar y Ponte”. Lo redactó aproximadamente entre septiembre de 1857 y enero de 1858 para la Nueva Enciclopedia Americana, a pedido de Charles Anderson Dana, uno de sus editores.

El artículo, muy difundido, es unilateral y exageradamente crítico de Bolívar. Lo hemos analizado en detalle en varios libros. Aquí sólo mencionamos que en el Museo Británico (la biblioteca pública y gratuita que consultaba Marx, ya que no tenía dinero ni para comprarse libros propios) los únicos materiales que había sobre Bolívar eran todos… ¡anti bolivarianos!

Mayormente estaban escritos por ex oficiales de las guerras de independencia que habían participado junto a Bolívar como parte de las “legiones extranjeras”. Hoy se sabe que muchos de esos oficiales pretendían dirigir la guerra, a lo cual Bolívar se opuso rotundamente. Aspiraban a cobrar un salario (no combatían como los llaneros y otros integrantes independentistas por la causa americana). E incluso al cruzar montañas y páramos con muy bajas temperaturas iban bien vestidos, mientras que los combatientes del pueblo iban en harapos. Simón Bolívar no se doblegó ante ellos, se esforzó por integrarlos como tropas auxiliares, no como protagonistas centrales de la lucha.

Muchos quedaron resentidos. Por eso escribieron libros de “Memorias” hostiles hacia el Libertador. Marx sólo tuvo acceso y únicamente pudo leer esas “Memorias”. No había otros textos en el Museo Británico… No existía internet…

Marx nunca accedió, por ejemplo, a las Memorias del edecán de Bolívar, Daniel Florencio O’Leary Burke, combatiente irlandés, leal hasta el final hacia el Libertador, quien brindaba opiniones y documentos totalmente favorables a su jefe.

Cada vez que Marx tuvo acceso bibliográfico a textos anticolonialistas, no dudó un segundo en condenar a las potencias europeas y occidentales. Por ejemplo, cuando escribió sobre la guerra civil en Estados Unidos, condenó la esclavitud y el racismo de forma fulminante. Pero sobre esa guerra sí había materiales disponibles. En el caso africano, Marx no utilizó sólo libros.

Fue testigo en primera persona del racismo francés, al que equiparó con el inglés, el holandés, el español y el portugués. (Quienes lo acusan de que “no dejó hablar a los subalternos” por no vivir en esos países, simplemente desconocen que Marx vivió en África).

En su Cuaderno Kovalevsky de 1879 llama “bestias” a los colonialistas y utiliza una cantidad enorme de descalificativos impugnatorios frente al Occidente capitalista.

Incluso en su principal obra, El Capital, en su capítulo 24 del primer tomo, sostiene una tesis teórica y política de fondo. Quien la desconozca o es lisa y llanamente un ignorante o recibe dinero del imperialismo. Allí Marx afirma que sin la feroz conquista europea de América, sin la esclavización de los pueblos de África y sin la colonización  salvaje de Asia, directamente… ¡no existiría el sistema capitalista mundial! Una tesis que parte aguas y define la posición de Marx frente a la prepotencia occidentalista, inalterada hasta nuestros días.

La tradición anticolonialista del marxismo y su abrumadora actualidad

En la Academia gringa/yanqui pretenden haber descubierto el agua tibia, la arepa, el mate y el café con leche. Distintas escuelas “post” y “des” se atribuyen haber descubierto la colonialidad del saber y del poder. Y desde esas escuelas bien rentadas, que se humillan ante el mainstream, impugnan todos los procesos populares latinoamericanos (desde la Bolivia indígena hasta la revolución cubana, pasando por la Venezuela bolivariana). Quienes se han desmarcado, con lucidez y dignidad, de esas escuelas se cuentan apenas con los dedos de un mano.

Pero la historia profana y real es bien distinta a las narrativas de esta aristocracia académica, petulante y soberbia. La tradición anticolonialista del marxismo viene impugnando el colonialismo desde hace más de 150 años. En el mejor de los casos, aquellas escuelas gringas se suman muy tardíamente a una tradición previa, sólo desde el púlpito universitario y sin poner jamás en riesgo nada.

En cambio, Marx redacta su primer cuaderno sobre El Colonialismo [material recién publicado en castellano en 2019, hace apenas siete años) en 1851. Este anticolonialismo no se limitó a Marx.

Frente al colonialismo “socialista” de van Kohl (holandés) y de Bernstein, Ebert y Noske (alemanes), dirigentes de la Segunda Internacional socialdemócrata, se levantaron Rosa Luxemburg y Lenin.

Este último es el gran artífice, no sólo de la revolución bolchevique sino de la Internacional Comunista (o Tercera Internacional). En el Segundo Congreso de la Internacional Comunista de 1920, Lenin se dedica centralmente a analizar y cuestionar el colonialismo occidental. En esa tarea fue ayudado por el comunista de la India Manabendra Nath Roy y el comunista tártaro Mirsaid Sultán-Galiev. Roy lo corrige a Lenin delante de todo el mundo. Lenin no sólo no se molesta. Exige que se publiquen las tesis de Roy junto con las suyas.

Aquel Segundo Congreso de la Internacional Comunista se prolonga en la Conferencia de Bakú, el mismo año, donde confluyeron casi 2.000 delegad@s del Sur Global. Allí convivían, bajo la bandera roja, musulmanes y judíos en completa armonía. La reunión de Bakú tuvo en su dirección mujeres y se proclamó en sus conclusiones la “guerra santa” [Yihad] contra el imperialismo occidental.

Por su parte, Sultán-Galiev —apoyado por Lenin— propone directamente que la Internacional Comunista deje de “esperar” la revolución en las metrópolis europeas y se concentre en Asia, África y América Latina. Por eso el comunista de Egipto Anouar Abdel-Malek sostiene que Sultán-Galiev es de algún modo el “maestro” a la distancia de Ho Chi Minh y Mao (Asia); Ben Bella (África) y Fidel y el Che Guevara (América Latina).

Ese marxismo anticolonialista más tarde encabezó revoluciones involucrando a millones de personas, sin esperar que… los “post” y los “des” de la Academia yanqui publicaran sus papers. Ese anticolonialismo es el que las tropas de la revolución cubana pusieron en práctica en la guerra de Angola, derrotando a los neonazis de Sudáfrica, así como hoy en día el Eje de la Resistencia desarrolla la lucha contra el imperialismo occidental euro-norte-sionista-americano.

No se equivocan el Pentágono, Marco Rubio ni Javier Milei. Marx y el marxismo anticolonialista que en él se inspira continúan siendo el “enemigo estratégico”.

[Este texto fue especialmente redactado para la REDH]

Reproducido de  www.cubadeabte.cu

Mama Jay: fogones de resistencia LGBTQ+

Foto suministrada or el autor

 

Enviado Especial de Claridad de Puerto Rico en El Líbano
Fotos por Nelson Scandela

 

«Fue muy difícil; nunca fue fácil. Me golpeaban, me encerraron, sufrí muchísimo hostigamiento. Estuve encerrada tres meses y diez días no sé dónde. Sufrí acoso por parte de mi familia y de la sociedad porque no me aceptaban. Una vez me amarraron a un árbol durante tres días. Dormí en la calle, comí de la basura, tomé agua oxidada, bebí mi propio orín… Nunca fue fácil.»

Mama Jay es una mujer trans septuagenaria que encarna la crónica viva de una ciudad que parece condenada a destruirse y refundarse sobre sus propios escombros insistentemente. Cocina con el zumbido de los drones sobre Beirut y no se aleja de los fogones ni con los vuelos rasantes de los cazas supersónicos israelíes que hacen estallar cristales ni cuando llueven bombas. El ocho de abril pasado cayeron sobre la capital libanesa 100 bombas en 10 minutos y esta mujer cocinó aquel día para docenas de personas.

Al comenzar la última y corriente invasión israelí del sur del Líbano el pasado 2 de marzo, Mami Jay se puso a cocinar para los desplazados y las comunidades más vulnerables de la capital libanesa al frente del comedor social Nation Station, en el barrio cristiano de Ashrafieh. Ya tenía experiencia con otras cocinas comunitarias en otros barrios de la ciudad, siempre con el enfoque de atender con especial cariño a la comunidad LGBTQ+.

Más de cien personas acuden diariamente a las puertas de este comedor de emergencia contra el hambre. Llegan familias enteras que han tenido que abandonar sus casas con lo puesto, jóvenes desplazados de las zonas en conflicto y los eternos parias de la noche beirutí. Todos estiran la mano para recibir el mismo contenedor de plástico con guiso caliente y arroz preparado por una mujer trans a la que, en otras condiciones, muchos de ellos preferirían no mirar a los ojos.

En un país devorado por guerras ajenas, crisis económicas, magnicidios y una corrupción gubernamental crónica, algunos lo tienen muy difícil para comer. Mama Jay no lo tiene mucho más fácil para proveer. De los cuarenta mil dólares que tenían previsto recaudar para comenzar el proyecto y sostenerlo a corto y medio plazo sólo han conseguido cinco mil. Pero el fuego en Nation Station no se apaga. El día que Claridad de Puerto Rico visitó el comedor comunitario, Mama Jay estaba contenta porque tras la entrevista con el periódico puertorriqueño esperaba la llegada de un grupo de potenciales donantes.

Salvoconductos de asfalto y el silbido del Burj El Murr

Para comprender la autoridad natural con la que Mama Jay administra el pánico contemporáneo de Beirut, es necesario retroceder cuatro décadas, hasta los años más encarnizados de la Guerra Civil Libanesa. En aquel mapa fragmentado por milicias sectarias, donde el Frente Verde dividía la capital en dos mitades irreconciliables y cruzar una calle equivocada equivalía a una ejecución sumaria, las mujeres trans inventaron una suerte de diplomacia clandestina basada en la pura supervivencia. La comunidad trans de la época era instrumentalizada por los distintos bandos en conflicto debido a su condición marginal. Las autoridades de los tribunales militares y los controles de carretera las llamaban cuando se requería una figura que pudiera transitar entre las zonas divididas sin levantar las sospechas estrictamente militares que pesaban sobre los hombres jóvenes.

Mama Jay y sus compañeras se convertían así en correos humanos improvisados cargando bolsas repletas de comida tradicional, panes recién horneados y botellas de refresco para los combatientes apostados en las trincheras. Al ver aparecer sus siluetas los milicianos grutaban el alto el fuego, abriéndose entonces un paréntesis inverosímil en mitad de la carnicería: francotiradores y soldados dejaban las armas diez minutos para desayunar y conversar con aquellas personas a las que la sociedad rechazaba pero la guerra utilizaba como válvulas de escape.

Aquella ambigüedad de género funcionó como un escudo precario en una ciudad sin leyes. Los mismos hombres que sostenían los fusiles buscaban la compañía de Mama Jay en la clandestinidad de los puestos de guardia.

Nada que romantizar: En los pisos altos del Burj El Murr, una gigantesca estructura de hormigón que dominaba el horizonte de Beirut y que se había transformado en la torre de francotiradores más temida de la ciudad, Mama Jay conoció el lado más oscuro de esa relación. Uno de los tiradores la invitó a subir a los niveles superiores de un punto de vigilancia, con estancias inacabadas y una alfombra de casquillos percutidos en el suelo.

Con la mira telescópica apuntando hacia las avenidas inferiores, el miliciano le pidió que se agachara para que los francotiradores del otro bando no la alcanzaran. El miliciano no dejó de disparar en ningún momento hasta el final. Ni cuando le dijo que le bajara los pantalones, ni cuando le ordenó una felación, ni mientras la disfrutó. Solo paró de disparar un momento para subirse los pantalones.

Así Mama Jay aprendió que en un entorno dominado por criminales armados, el propio cuerpo era la única divisa disponible para negociar la vida.

Identidad soberana frente al espejismo colonial

A pesar de haber crecido en los márgenes de una cultura marcadamente transfóbica, la conciencia política de Mama Jay rechaza cualquier intento de tutela o instrumentalización externa. En los círculos de debate de la comunidad queer de Beirut, especialmente tras el recrudecimiento de las tensiones regionales, surge a menudo el debate sobre la legislación civil en Oriente Medio y la aparente apertura de las instituciones israelíes hacia las minorías sexuales, una estrategia que los movimientos sociales de la izquierda árabe denuncian sistemáticamente bajo el término de “pinkwashing”.

La postura de Mama Jay ante este fenómeno es tajante. Recuerda con vehemencia una discusión con alguien que defendía la normalización de las relaciones con el Estado vecino (Israel), argumentando que las leyes de ese país garantizaban una protección y unos derechos civiles que el sistema legal libanés seguía denegando a las identidades disidentes. Su respuesta en aquel momento sintetiza la dignidad de una generación que no confunde la liberación sexual con la sumisión política: si para acceder a sus derechos humanos elementales tiene que ampararse en el marco legal de una potencia ocupante que destruye los hogares de la región y bombardea a las poblaciones vecinas, prefiere renunciar por completo a esos derechos. No reconoce ninguna legitimidad moral a un aparato militar que pretende ofrecer libertades de catálogo mientras ejerce la violencia estructural sobre el terreno.

Mama Jay, que ha sobrevivido a guerras, invasiones y catástrofes causadas por el hombre, entiende que el movimiento de liberación de las identidades trans es indisociable de la lucha anticolonial y de la defensa de la soberanía territorial. Rechaza de plano la retórica condescendiente de los organismos occidentales que retratan a las comunidades locales como sujetos pasivos o desvalidos que necesitan la intervención o el rescate de fuerzas extranjeras. Con el orgullo pulido por décadas de marginación, afirma que prefiere soportar las palizas diarias, el hostigamiento institucional y el desprecio de las autoridades de su propio país antes que aceptar la validación hipócrita de quienes bombardean su tierra.

Las marcas de la infancia y la violencia clínica

Mucho antes de que Mama Jay tuviera las herramientas verbales para definir su transición, a los siete años, durante unas vacaciones en casa de sus abuelos, un hermano la violó con tal brutalidad que tuvieron que llevarla a una clínica con una hemorragia rectal severa. Cuando el médico dictaminó lo que había pasado, su padre, su madre, y hasta el doctor, comenzaron a golpearla para tratar de sacarle quién la había violado. Su hermano la había amenazado con degollarla si se iba de la lengua. Pasaron treinta y cinco años hasta que se atrevió a contarle a una hermana que había sido su hermano, y así expió aquel silencio que había sepultado su infancia bajo la culpa.

Su familia la casó a los diecisiete años en un intento desesperado por encauzar su comportamiento dentro de la norma heterosexual. Durante los meses que duró el enlace, Mama Jay fue sometida a una medicación forzada con sedantes.

En otro episodio de incomprensión familiar, su padre la pilló usando maquillaje y la arrastró a la consulta de un psiquiatra, que le recetó un potente inhibidor químico diseñado para adormecer el sistema nervioso y atrofiar los impulsos sexuales, con el riesgo añadido de generar una dependencia severa.

En la farmacia, le preguntó a su madre: “¿Me vas a asumir como soy o quieres a tu hijo convertido en un adicto irreversible por la medicación psiquiátrica?”. Su madre rompió la receta.

El asfalto del Corniche y las nuevas milicias confesionales

Las libertades relativas y la existencia de organizaciones civiles de las que gozan las nuevas generaciones de la comunidad queer en Beirut no son el resultado de una evolución natural del marco legal libanés, sino el fruto de una resistencia física que se pagó con sangre en el espacio público. Antes de la aparición de las primeras asociaciones formales a principios de este siglo, el único territorio de socialización y refugio para las personas trans era el asfalto del Corniche, el paseo marítimo de la ciudad.

En los años noventa, ejercer la visibilidad trans en las calles de Beirut significaba asumir la posibilidad de morir en cualquier callejón. Cuando una compañera era asesinada, las fuerzas de seguridad archivaban los expedientes sistemáticamente bajo la categoría social de crímenes de honor, legitimando de facto que los agresores hubieran actuado para limpiar la decencia de sus familias o de sus barrios. Los cuerpos de las víctimas terminaban con frecuencia arrojados en los vertederos municipales sin que se abriera investigación alguna. Asimismo, Mama Jay recuerda la brutalidad de la gendarmería local, que aplicaba de forma sistemática el artículo 534 del Código Penal —que penaliza las relaciones sexuales contra natura— mediante la práctica forzada de exámenes anales en las comisarías. Para eludir el calabozo y la humillación médica, las trabajadoras trans organizaban redes de ayuda mutua en las que recolectaban dinero entre todas para sobornar a los oficiales de turno o pagar a médicos forenses que redactaran informes falsos que exculparan a las detenidas.

En el Beirut actual, en distritos como Achrafieh, la comunidad LGBTQ+ se enfrenta ahora al acoso de formaciones parapoliciales de extrema derecha cristiana como los “Jnoud el-Rab” (Los Soldados de Dios), grupos que patrullan las calles destruyendo la simbología de la diversidad y asaltando locales de ocio nocturno bajo la retórica de la defensa de la fe. Frente a este rebrote fundamentalista y la pasividad de las autoridades ministeriales, Mama Jay defienda que la Organización Mundial de la Salud retiró hace décadas la homosexualidad y la transexualidad de la lista de enfermedades mentales, concluyendo que los verdaderos enfermos son aquellos que dedican su existencia a perseguir la diversidad en nombre de la religión.

Una conversación íntima entre calderos

Esta entrevista se desarrolló en parte durante la preparación de un almuerzo. Al escuchar el inventario de dolores, persecuciones y calabozos que ha atravesado su vida, decido compartir con ella una vulnerabilidad que me acompaña durante toda mi estancia en el Líbano: el temor real, como padre, por el destino de mi propio hijo de quince años, un adolescente trans que empieza a abrirse camino en un mundo que sé que puede ser implacable y hostil con su existencia.

Mama Jay detiene por un instante su actividad. Me mira con la serenidad de quien ha habitado los márgenes de la historia y conoce los secretos de la supervivencia a la intemperie. En su cara se dibuja una sonrisa tierna y comprensiva. No hay compasión en su gesto, sino una lucidez directa, una sabiduría de calle que se traduce en un mandato de protección absoluta. Con la autoridad de quien ha sido madre comunitaria de varias generaciones de parias en Beirut, me dicta las palabras exactas que debo transmitirle a mi hijo cuando regrese a casa, para que las interiorice como plegaria: «decidí que, en lugar de esperar a que la sociedad me acepte —ya que la sociedad no me aceptó—, decidí aceptar yo a la sociedad».

Mama Jay me explica que la dignidad no se solicita de rodillas ante las instituciones del Estado ni se mendiga en los almuerzos de las familias que discriminan.

Se ejerce de pie, manteniendo las puertas abiertas de un comedor popular en mitad de una campaña de bombardeos, garantizando que el alimento llegue a todo aquel que lo necesita y demostrando que, más allá de las fronteras militares y de las treguas políticas, las disidencias sexuales forman parte indisoluble de la estructura misma de este país.

Al concluir la jornada, se quita los guantes de cocina mientras resume su ética de resistencia con una lucidez que desarma cualquier intento de victimización externa: «Debemos ser sociables y amar al mundo porque somos parte de este mundo. Y a pesar de que el mundo no nos acepte, debemos amar a estas sociedades porque somos parte de ellas, aun sabiendo que las sociedades no nos aceptaron».

 

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