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Violencia Institucional como propuesta gubernamental

El abandono sistemático del gobierno de Puerto Rico de los métodos tradicionales de resolución de conflictos colectivos, entre estos el de la negociación colectiva, es un llamado a la renovación de la violencia contestaría y defensiva por parte de los trabajadores, sus representantes y aliados, que caracterizaron las relaciones laborales y sociales en el trabajo durante la primera mitad del siglo pasado. Las sistemáticas reformas laborales impuestas por nuestros gobernantes en el 2009, 2013, 2014 y 2017 han destruido la fuerza vinculante de la negociación colectiva como mecanismo efectivo para solucionar controversias. Además, han socavado tanto sus cimientos institucionales, que los trabajadores ya no cuentan con el único instrumento que tenían a su alcance para distribuir pacíficamente las riquezas e ingresos generados en Puerto Rico. Tampoco pueden contar con ella para acceder a mayores beneficios sociales o para asegurar el porvenir propio y el de sus familias.

La triste realidad es que la práctica de la negociación colectiva está suspendida en el sector público de Puerto Rico hace casi una década, a pesar que la misma es, por lo menos en el sector corporativo, un derecho constitucional. Optando por las suspensiones de derechos laborales y sociales, el gobierno ha roto el pacto social alcanzado a mediados del siglo XX, es decir, en la década del 50 del siglo pasado. Las consecuencias a largo plazo de la ruptura provocada está por verse, pero podemos anticipar que si las controversias entre los patronos y los trabajadores ya no se pueden negociar, entonces lo que resta es la confrontación de las partes en un conflicto de difícil solución, violento, caótico e interminable.

Nuestro gobierno ha olvidado la historia y el que olvida su historia está condenado a repetirla. No es por casualidad que la exposición de motivos de la Ley de Relaciones del Trabajo de Puerto Rico, mejor conocida como la Ley Núm. 130 del 1945 expresaba el interés gubernamental de lograr la paz industrial para procurar el desarrollo económico del país. Si se procuraba la paz como interés gubernamental en ese momento, era porque lo que existía era una guerra, inestabilidad política y constantes enfrentamientos sociales dentro y fuera de los talleres de trabajo. Para lograr la paz, se introdujo una nueva herramienta, la negociación colectiva para así facilitar la resolución pacífica de disputas obrero-patronales y promover, salarios adecuados, seguridad y salud a los trabajadores y además, relaciones justas, amistosas y mutuamente satisfactorias entre las partes. La negociación colectiva se entendía como el medio adecuado para resolver pacíficamente las causas que provocaban la guerra entre las partes. En ausencia de ese instrumento o ante su suspensión y degradación hoy a un mero referente del pasado: ¿cómo exactamente se quieren resolver los problemas laborales y sociales que surgirán?

Pensar que se puede desarrollar la economía de un país sin la participación plena de los trabajadores y trabajadoras es un error. Considerar hacerlo a costo de estas personas es una torpeza mayor e imperdonable. En fin una verdadera atrocidad administrativa. O los patronos deciden compartir la riqueza que obtienen del sudor de los trabajadores o estos últimos buscarán la manera de lograr un mayor equilibrio social y una mejor distribución de la riqueza.

Enfrentamientos en la década del 50 del Siglo XX

Las políticas públicas laborales que se han aprobado en Puerto Rico están en violación de los consensos internacionales que buscan la convivencia pacífica de todos los sectores que componen el mundo del trabajo. Darle la espalda y suspender la negociación colectiva es correr contra la historia, des-modernizar el país, invitar a la catástrofe y la anomía social. La comunidad internacional no puede estar equivocada en cuanto a las obvias contribuciones de negociar colectivamente para los países.

Enfrentamientos en la década del 50 del Siglo XX

La negociación ha sido la herramienta de consenso social más efectiva utilizada internacionalmente. Su práctica y mecanismos han sido relativamente efectivos para: mantener estabilidad laboral, promover buenas relaciones entre las partes, propiciar una solución ágil, justa, eficiente y costo efectiva de las controversias, reducir las consecuencias tanto de la unilateralidad administrativa, como del extremismo sindical, redistribuir parte de la riqueza social y fomentar un mayor balance de poder entre las partes. También ha sido un instrumento efectivo en la lucha contra la competencia desleal, entre los países, sus gobiernos y entidades privadas, que para garantizar bajos costos, realizan sus transacciones comerciales, de servicios y productivas sobre bases injustas de compensación salarial y condiciones de trabajo no adecuadas.

Por esa razón, a partir de la década del 40 del siglo pasado, la negociación colectiva ha sido recomendada, adoptada y protegida por las Declaraciones, Tratados, Convenios y Pactos Internacionales y Regionales, además de haber pasado a ser una parte fundamental de la normativa nacional de la mayoría de los países civilizados, incluyendo a los Estados Unidos de América. Me refiero, entre otros a: la Declaración relativa a los Fines y Objetivos de la OIT, Filadelfia, 1944, las Convenciones de la OIT (Entre éstas se encuentran la violación de la libertad sindical (C-ILO-87-1948), al derecho de negociar colectivamente (C-ILO-98-1949 y Núm. 154) y la violación de derechos de los trabajadores referido a la terminación de la relación del trabajo, que incluyen asuntos de jornada y la duración del periodo de prueba, entre otros, y que son atendidos en el contexto del Convenio Núm. 158 de la OIT que es parte de la normativa del cuerpo internacional para la protección contra el despido injustificado y la Recomendación Núm. 166 de la Organización que señala la necesidad que se ofrezcan garantías adecuadas contra contratos de duración determinada que tratan de eludir la protección que ofrece el Convenio Núm. 158 sobre la extinción de la relación de trabajo).

También, se pueden mencionar como documentos favorecedores de la negociación: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ONU, 1948, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, 1948, la Carta Internacional Americana de Garantías Sociales, Colombia, 1948, el Convenio de Mercado de Trabajo Común, el Consejo Nórdico, 1954, la Carta de Roma del 27 de marzo de 1957, la Carta Social de Europa, Italia, 1961, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ONU, 1966, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ONU, 1966, la Convención Árabe sobre las Normas del Trabajo, 1967, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, Costa Rica, 1969, la Convención Europea sobre Derechos Humanos, 1972, la Carta de los Derechos del Hombre y de los Pueblos por la Organización de Unidad Africana (OUA), 1981. Mas recientemente, se ha promovido la negociación colectiva como una herramienta efectiva para proteger los empleos en la Declaración de Justicia Social para una Globalización Justa (2008) y el Pacto Global para la Creación de Empleos (Trabajo Decente, 2009).

Si analizamos cuidadosamente toda esa propaganda ideología contra la negociación colectiva y los derechos y garantías laborales de los trabajadores, que nada tiene de modernizante y a la que ha estado sometido nuestro pueblo desde en 2008 y enfáticamente posterior a que el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley PROMESA en septiembre del 2016, descubriremos que todo el discurso lo que quiere posibilitar es un gran saqueo, el gran robo, la desafectación de los haberes públicos al servicio del pueblo y su reorientación a servir los intereses mercantilistas e ilimitadas ambiciones económicas de un sector minoritario de nuestra sociedad que ya controla el 70% de todos los ingresos generados en nuestro país. Estamos ciertamente viviendo momentos trágicos donde los más poderosos, intentan quitarle a los más pobres toda su riqueza, toda su seguridad, toda su identidad como trabajador y trabajadora, en aras de construir una sociedad más obediente, más dócil, más polarizada en dos grandes sectores, los que tienen y los que no tienen, y caracterizada por unas políticas públicas de exclusión social e injusticia estructural.

El gran saqueo, además de redirigir la riqueza pública que pagaba por los servicios sociales de los más necesitados, para ahora servir al sector privado multinacional y corporativo, intenta además y de variadas formas, vaciar todas las fuentes de riqueza existentes en Puerto Rico. Todo ello con dos propósitos principales: (1) pagar la deuda a favor del grupo de corporaciones multinacionales que controlan los bonos de Puerto Rico y (2) abaratar el costo de Puerto Rico a los Estados Unidos. Es decir, esta situación caótica va dirigida a que se pague a como dé lugar la deuda, sin consideraciones humanitarias, con una gran insensibilidad y de espalda a reclamos de los sectores afectados que en nada son caprichosos. En ese sentido, no debemos equivocarnos, la Junta de Control Fiscal, el gobierno de Puerto Rico y la Jueza de Quiebras, Laura Taylor Swain, están dirigidos a ese mismo propósito.

Precisamente es de los bolsillos de los trabajadores, de donde nuestros gobernantes pretenden cubrir la deuda que ellos mismos han provocado para el disfrute de sus amigos los acaudalados. Como podemos anticipar, con las recientes “promesas” aprobadas por la Junta para implantar la reforma laboral 2018 que está contenida en los Planes Fiscales, el capítulo de ajustes y la imposición de más medidas de austeridad y reforma no está cerrado y reducirán más los beneficios económicos de las familias trabajadores a corto plazo y se empobrecerá a grandes sectores de nuestra población a mediano plazo.

Ahora convenientemente, los patronos y gobernantes quieren y le piden a los trabajadores que hagan sacrificios por su país para proteger la integridad de las empresas, que cedan sus derechos civiles y sociales, que olviden sus convenios colectivos y derechos contractuales a negociar colectivamente, que renuncien a sus beneficios adquiridos, que no es otra cosa que la limitada porción de riqueza que les provee el estado de derecho en esta sociedad. En fin, que se queden callados y acepten como designio divino todos estos ajustes fiscales, toda esta austeridad, toda esta mala faena gubernamental de quitar todo a los que menos tienen, todo ello en contradicción profunda con la esencialidad obrera de la Carta de Derechos de nuestra Constitución, la que convenientemente ha sido silenciada por los jueces del Tribunal Supremo y nuestro pueblo no acaba por defender.

En toda esta propuesta se ha avasallado a nuestro pueblo, invocando el sentido de responsabilidad del trabajador y trabajadora más humilde, planteándonos que estamos endeudados, que debemos dinero, que eso es una vergüenza y que todos estos sacrificios que se imponen mayor y preponderantemente a los trabajadores y sus familias, tratan de ajustar las cuentas y hacernos cumplir con nuestro deber. Lamentablemente, gran parte de nuestra sociedad, incluyendo a muchas personas relacionadas al movimiento obrero, se han creído este cuento. Esto ciertamente los ha inmovilizado.

La suspensión permanente de la negociación colectiva lo que intenta es inaugurar una nueva relación de subordinación en el trabajo, basado no en un trabajo contractualizado, protegido y complementado de beneficios marginales, sino todo lo contrario, se propone: trabajo por comida; voluntarismo, un nuevo ejercito de precaristas que desesperados se aposta para desestabilizar los derechos del resto de los trabajadores por cuanta ajena. Trabajo parcializado, sin remuneración o remunerado con ayudas gubernamentales para que el voluntariado sirva los más banales intereses de un sector capitalista cada vez más dependiente y parásito del gobierno y que ahora ocultos tras la etiqueta de organizaciones sin fines de lucro quiere trabajadores desempleados que les beneficien económicamente y con un costo de cero para la empresa. Esa etiqueta está tan abusada en Puerto Rico que hasta el Nuevo Día está incorporado como una organización sin fines de lucro. Podrá usted creer tamaña inmoralidad.

A los miembros de la Junta de Control Fiscal se les puede adjudicar un claro afán por convertir a Puerto Rico en una jurisdicción de “employment at will”, lo que no es otra cosa que un anti-obrerismo enfermizo y hostil. No es menos cierto que de forma voluntaria, al Gobierno de Ricardo Rosselló se le debe un nuevo modelo gubernamental antagónico a la organización sindical y la negociación colectiva impuesto por la Ley Núm. 8 del 2017 sobre el empleador único y la movilidad y la Ley Núm. 122 del 18 de diciembre del 2017, mejor conocida como la Ley del Nuevo Gobierno de Puerto Rico que pretende reducir de 118 a 35 agencias. Esa repugnante mezcolanza, proyecta en general una profunda insensibilidad ante los derechos laborales, civiles y sociales de nuestra ciudadanía. Simplemente, en aras de una falsa efectividad gubernamental, el gobierno se retira y abandona los servicios básicos que necesitan miles de familias puertorriqueñas, todo ello para enriquecer a una minoría.

Nuestro gobierno debe retomar el camino correcto. Renunciar a continuar imponiendo la violencia institucional que ha caracterizado a sus políticas sociales en general y específicamente a las laborales en la ultima década. La influencia de la legislación, la jurisprudencia y tratados internacionales se debe tener en cuenta para revisar la legislación vigente y corregir, por ejemplo, la incoherencia que está provocando la suspensión sistemática de la negociación colectiva en el sector público hasta el 2023 y presumiblemente en la próxima década por virtud de PROMESA. No menos importante, es construir propuestas normativas para dar espacio amplio a la negociación colectiva que está tan atribula con esas reformas. Debe ser de consideración prioritaria “la recuperación de la autonomía de la negociación colectiva”, debilitada por las restricciones derivadas de medidas legales de corte económico conservador.

La búsqueda y promoción de la estabilidad laboral y su estandarte: la seguridad en el empleo, deben mantenerse como un interés apremiante del gobierno de Puerto Rico por ser parte de su función indelegable de garantizar justicia social. Esa estabilidad debe significar el derecho de los empleados a conservar su puesto, relaciones laborales duraderas, el respeto a los acuerdos negociados, un ambiente de seguridad y estabilidad en un clima de productividad y compromiso. De esta forma, se podrá construir el desarrollo económico que necesitamos pero entre todos y sin sacrificar a la mayoría de nuestra gente.

Comentarios a: cala2525@gmail.com

Crucigrama: Enrique Laguerre

Horizontales

2. La _____; novela de Laguerre publicada en 1935.

11. Buenos _____; capital de Argentina.

12. Pájaro pequeño conirrostro, con plumaje gris y pico amarillo.

13. Proa libre sobre _____ gruesa; novela de Laguerre, novelista, cuentista, maestro, crítico y columnista puertorriqueño.

15. _____ Arturo Laguerre Vélez; autor de Solar Montoya (1941), El 30 de febrero (1943), La resaca (1949), Los dedos de la mano (1951), La ceiba en el tiesto (1956), El laberinto (1959), Cauce sin río, El fuego y su aire (1970), e Infiernos privados (1986), entre otros escritos.

19. La poesía modernista en Puerto _____; obra de Laguerre de 1969.

20. El fuego y su _____; novela de Laguerre publicada en 1970.

22. El diente de _____; cuento de Laguerre.

24. Juan Mari _____; fundador del Movimiento Pro Independencia y el periódico Claridad.

26. Del verbo decir.

27. La ceiba _____ el tiesto; novela de Laguerre.

28. Nombre de la g.

29. Luna de Júpiter descubierta por Galileo.

30. Preposición.

31. La responsabilidad de _____ profesor universitario; ensayo de Laguerre.

32. Contracción gramatical.

33. Roberto Ramos _____; escritor puertorriqueño autor de Tapia: el primer puertorriqueño: tratado biográfico sobre el dramaturgo y escritor puertorriqueño Don Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882).

36. Vestido típico de las mujeres indias, pl.

40. _____ Montoya; novela de Laguerre publicada en 1941.

41. Cauce sin _____: Diario de mi generación; novela de Laguerre.

42. Los dedos de la _____; novela de Laguerre.

43. Del verbo ir.

45. Pero.

46. Pez marino del orden de los acantopterigios llamado también gallo.

47. Se atreve.

49. Mil en números romanos.

50. Catedral.

51. Última vocal.

52. _____ Belén Montes; puertorriqueña prisionera del gobierno yanqui por defender a Cuba.

Verticales

1. El _____; novela de Laguerre.

2. Rafael _____; escritor cubano, autor de Benny Moré, el rey.

3. Ata y asegura los fardos y cargas con lías.

4. Interjección usada para estimular a las bestias.

5. Acusativo o dativo de pronombre.

6. Carta de la baraja.

7. Lamento.

8. Otorga, entrega.

9. Levanté.

10. _____ privados; novela de Laguerre de 1986.

14. Día de la semana.

16. El cuento que _____ acaba; cuento de Laguerre.

17. Interjección que denota cansancio, fastidio o sofocación.

18. Miré.

21. Enrique _____; autor de La llamarada (1935), Raíces (1937), El cuento que no acaba (1939), La resentida (1949), Antología de cuentos puertorriqueños (1954), y Proa libre sobre mar gruesa (1995).

23. Afluencia de muchas cosas o personas, pl.

25. Río que atraviesa París.

26. Veinticuatro horas, pl.

27. Existe.

33. Símbolo químico del polonio.

34. _____ enemigo; drama de Laguerre de 1955.

35. _____; cuento de Laguerre.

37. La _____; novela de Laguerre publicada en 1949.

38. Asistid.

39. Sudoeste, símbolo.

44. Dios del viento.

45. _____; pueblo natal de Laguerre.

48. El _____ de febrero (vida de un hombre interino); novela de Laguerre de 1943.

La dignidad del trabajo en el mundo de la desocupación

Este 1º de mayo, las clases trabajadoras van a conmemorar su día, en un mundo siempre más dominado por la desocupación y por la precarización del trabajo. Las perspectivas son de que, dentro de cinco años, en todo el mundo quince millones de empleo van a desaparecer. En una sociedad más justa, eso provocaría hasta una vida más libre para la humanidad. Las máquinas podrían hacer el trabajo más duro y las personas quedarían con el ocio creativo, como propone Domenico de Masi. Sin embargo, lo que resulta de esa situación en un mundo injusto como ese en que vivimos es una masa de gente desechable y puesta al margen de las mínimas condiciones de una vida digna. Y aún los trabajos que todavía sobreviven son precarizados para garantizar siempre ganancias más grandes a las corporaciones financiarias.

El mundo actual es dominado por lo que el economista brasileño Ladislau Dowbor llama “capital improdutivo”. Los bancos e instituciones financieras que, antes estaban al servicio del sistema productivo, ahora, dominan el mercado y viven de rentas. En un tiempo en que todo el mundo habla de crisis económica, recesión y desempleo, los bancos registran intereses y gaños multimilionarios. Eso explica por qué el mundo llegó a una situación en la cual ocho familias tienen más riquezas que mitad de la humanidad. Y los medios de comunicación al servicio de esa desigualdad predican que eso es inevitable.

En el mundo, una minoría de la sociedad civil organizada y los movimientos sociales luchan en contra de ese sistema. Inventan alternativas creativas y transformadoras, como experiencias de economía solidaria, cooperativas de producción y gestión comunitaria del trabajo. Ya desde años, en Argentina y otros países, decenas de industrias en falencia fueran asumidos por los trabajadores que las administran colectivamente.

El papa Francisco ha insistido que ese sistema económico dominante es inicuo y cruel. Sostiene que los pobres y trabajadores pueden ser constructores de una sociedad más justa y más humana. En su reciente carta sobre la santidad, el llama a los cristianos a vivir el espíritu de las bien-aventuranzas de Jesús. Eso significa no conformarse con un sistema injusto y excluyente, sino, como dice el apóstol Pablo, transformarlo.

Al luchar pacíficamente para cambiar ese mundo, los/las trabajadores/as saben que son testigos de que el reinado divino está llegando y Dios está presente en las luchas del pueblo por la justicia y la paz.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Cuento: El remolque

–A Daniel Torres

Poco después del fallecimiento de mi padre, me encontraba en una librería cuando pude ver a precio especial un volumen de historias sobre diversos aviones de la Segunda Guerra Mundial. Nítidamente colocados en una lista, estaban varios aviones que de niño había armado en el interior de un remolque que mi padre había comprado para quedarnos a dormir en diferentes sitios de la isla. En aquel entonces, me había tenido que quedar a dormir en el remolque porque la Autoridad de Acueductos cortaba el servicio de aguas constantemente. Sin que yo supiera por qué realmente mi padre había comprado el remolque, me había quedado a dormir en diversos sitios que los campesinos habían habilitado para que los dueños de los remolques se quedaran allí. En el “camping” había varias tomas de luz eléctrica y de agua potable. Una niña con la que años después estudiaría en la Universidad, se me había acercado para venderme una colección de tirillas cómicas. Aunque en el interior del remolque, mi padre me había puesto a montar modelos de aviones de guerra, trataba de pasar la mayor parte del tiempo afuera del remolque en una motorita que llevábamos con nosotros todo el tiempo. Los temas de guerra no me atraían especialmente, pero las tirillas cómicas que me había vendido la niña también eran de tema bélico. Historias bien barrocas sobre el Soldado Desconocido o el Sargento Furia poblaban mis sueños. Cuando en la Universidad, me le acerqué a la niña para hacer amistad con ella, supe que se había casado a los quince años y que tenía una hija pequeña, lo que era una especie de condición para poderla conocer. Además, el “camping” de Gurabo en el que la había conocido ya había cerrado y las razones que nos habían llevado a acampar allí los veranos seguían siendo tan enigmáticas como a los diez años, cuando armé los aviones de la guerra.

Cuando me divorcié de mi esposa, a los veintitrés años, mi padre me dejó volver a la casa. Para pasar la soledad lo mejor posible, había empezado a trabajar en una librería y con el dinero que me aportaba el trabajo, había comprado un tocadiscos y varios discos de jazz. La muchacha que me había vendido las tirillas cómicas en la niñez me había llamado por teléfono varias veces, porque ella, aunque divorciada también igual que yo, consideraba que ahora estábamos en igualdad de condiciones aunque yo no hubiera tenido hijos con mi esposa. Cuánto añoré entonces aquellos ratos de la infancia en que estuve sentado en el comedor del remolque, armando un avioncito de guerra, mientras la nena me hablaba de los comics que me iba a regalar. Aunque finalmente me los vendió y no me los regaló, ahora, quince años después, me imploraba que me casara con ella aunque tuviera una hija. Me explicaban mis padres que la hija que ella había tenido con su primer marido había sido la condición que le había impuesto su familia para entrar en relaciones conmigo años después, cuando fuéramos a la Universidad.

–Tienes que entender que la niña ha hecho un esfuerzo descomunal para que la dejen llamarte por teléfono– me dijo mi madre. –Tener esa hija ha sido el requisito que se le ha impuesto. Además, tú sabes que tienes un defecto en las manos y que cualquier muchacha que te quiera debiera ser bienvenida.

–Pero tú no te casaste antes para estar con mi papá– le dije. –Tú te pudiste casar sin cumplir con un requisito así.

–No importa– dijo mi madre. –Esta vez te ama una muchacha a la que se le han puesto muchas trabas y debes honrarla.

Mi familia estaba preparada entonces para que me casara con la niña que me había vendido las tirillas bélicas. Cuando empezaron a llamar por teléfono sus amigas, con un dejo de burlas, en esas noche en que sólo y recien divorciado escuchaba jazz, mi madre deploró que hubiéramos vendido el remolque, ya que allí al menos habríamos podido mudarnos de haber tenido que casarnos. No obstante, cuando las llamadas empezaron a ser insistentes, dejé el trabajo de la librería y me preparé para terminar mis estudios universitarios, ya que casado en segundas nupcias convenía que tuviera un título universitario que me favoreciera. Sucedió algo curioso, y es que vino a verme a mi casa otra muchacha a la que le habían dejado usar el nombre de la niña para que viviera libremente en la ciudad. Fue ella, y no la niña que me vendió las tirillas, la que vino a verme en esta ocasión. Como mis padres me seguían presionando para que me casara con la primera, acepté mudarme con la otra muy cerca de una represa. Los campesinos querían que me mudara cerca de la represa, no sé por qué, y que viviera allí de una manera informal con la otra, como si viviéramos en un estado de emergencia muy parecido al que había vivido yo a los diez años, cuando arme los aviones en el remolque. De ahí que aceptara mudarme con ella de esa manera informal.

Para pasar los días de modorra en la casa informal a la que me mudé con la otra, me puse a leer sobre los aviones de guerra. Un detalle que los hacía interesantes era el hecho de que se les pintara con un óxido de chatarra, cosa de que fuera fácil romperlos cuando terminaran las hostilidades. Para recordar al Junkers Stukka, o al B–17, la gente tenían que armar modelos de plástico como los que yo montaba de pequeño. La idea de que un país pobre los heredara de un país rico era no solamente inmoral sino imposible, justamente por el hecho de que el óxido de chatarra con el que estaban pintados los carcomía rápidamente. Metido en el interior de ese apartamento informal, cercano a la represa, pensaba que la vida no era tan injusta después de todo. No solamente había tenido la oportunidad de informarme sobre los aviones que armaba, sino que estaba ahora viviendo con una muchacha que fingía ser la que me habían vendido las tirillas de guerra. Seguí viviendo allí un tiempo más, en un estado de emergencia muy parecido al que había vivido en la infancia, y la lluvia no cesaba nunca de caer.

La muchacha con la que me había mudado ahora, aunque no era la misma que tenía una hija de un primer matrimonio, empezó a negociar conmigo la separación después de tres años de informal convivencia. Quiso saber, por supuesto, en qué estado me había dejado mi primera esposa y supo que la muchacha me había heredado una cepa en una clínica de Río Piedras. A la que estaba conmigo le habría bastado estar casada para que la clínica le cediera el embrión, pero a la larga no tuvo ni siquiera que casarse conmigo para que la dejaran ser la madre. Al parecer, la que me había vendido las tirillas había llegado a negociar con mi exmujer. Como había accecido a estar con la que usaba su nombre, no tuvo que insistir mucho para que mi exmujer le cediera la cepa a la que estaba conmigo. Para ser la madre de mi hijo, no tuvo que casarse conmigo.

El niño nació en el mismo hospital en el que yo nací. Igual que yo, tenía un defecto en la mano que impresionaba tremendamente a la nueva madre. Las condiciones para separarnos habían sido esas, que la dejara con el niño, sola, en el mismo apartamento informal en el que vivimos tres años. Felizmente, los campesinos construyeron una casa de cemento en el mismo sitio, que es donde vive mi hijo en la actualidad. Pronto regresé a mi casa para lamentarme de mi soledad. Si bien por un lado las mujeres eran justas conmigo, faltaba afecto en nuestras relaciones. La racionalidad de nuestro trato era producto de años de injusticia. Ahora que en la librería tenía la oportunidad de saber lo que había pasado con los aviones que armaba, y que sabía que estaban casi todos oxidados o inexistentes, pensaba no obstante que la vida había llegado a ser justa a un precio elevado para nuestros sentimientos. De cualquier manera, prefería el presente estado de vida más que cualquier otro estado de vida en otra época histórica de la Humanidad.

Poco a poco supe cada vez menos de la niña que me vendía las tirillas cómicas. La muchacha que usaba su nombre, madre de mi hijo ahora, me hablaba vagamente de su hija y todo parecía indicar que vivía lejos de mi vida. Jamás supe quién podría haber sido ella realmente, ni quiénes sus familiares. Un extraño dejo de sequedad en la garganta me decía que nuestra relación no era amorosa, sino forzada por las circunstancias. Eso me apenaba, aunque ahora en mi nueva vida hubiera podido conseguir de nuevo un tocadiscos para oir mis discos de jazz. Pensaba constantemente en los aviones de guerra. Me estaba aprendiendo de memoria sus historias, y no había uno solo de los que yo había armado, que no estuviera en la lista de artículos que conseguí después.

El momento de la verdad para Jayson y Manny

Por razones distintas este próximo fin de semana es crucial para las carreras boxísticas de Jayson “La Maravilla” Vélez y Emanuel “Manny” Rodríguez. Jayson enfrentará el viernes 4 de mayo en el Staples Center de Los Ángeles a uno de los grandes prospectos de la compañía Golden Boy Promotions en la figura del mexicano-americano Ryan García, con marca de 14-0 y 13 KO, y quien fue prospecto del año en el 2017 según varias publicaciones boxísticas especializadas. Esta será la pelea estelar de un programa que será transmitido a las 9:00 PM por la cadena ESPN 2.

Jayson está consciente que en esta pelea el propósito es usarlo como escalón para añadir un buen nombre al récord de García, sin embargo, el boricua manifestó recientemente que no entiende por qué Golden Boy lo seleccionó para este combate y que se equivocan si piensan que será una pelea fácil para García. “Él no es prueba para mi y yo soy la prueba para él”, dijo Jayson. Cabe destacar que tras un periodo de seis peleas donde Jayson perdió cuatro de seis y obtuvo un empate, éste parece haber cogido un segundo aire al subir a las 130 libras. Vélez ha ganado sus últimos tres combates entre los que se encuentran el que le tumbó el invicto al boricua Alberto Mercado, y más recientemente noqueando al dos veces excampeón mundial Juanma López en Guaynabo en marzo. Una victoria podría significar una oportunidad titular contra algunos de los campeones como Miguel Beltcher o quizás el boricua Alberto Machado, mientras que una derrota lo pondría en lo que se conoce en el boxeo como un gatekeeper.

Finalmente llegó la pelea mundial de Manny

Por otro lado, un día más tarde, o sea el sábado en Inglaterra, llegará la esperada oportunidad titular de Emmanuel “Manny” Rodríguez, cuando rete por el campeonato de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) al británico Paul Butler por el título vacante gallo de ese organismo (118 libras).

Para Manny ha sido una larga espera pues, aunque hace más de tres años que éste se encontraba entre los primeros clasificados, una serie de peleadores estelares se negaron a darle una oportunidad titular y parece que en ocasiones su carrera no fue llevada de la manera correcta. Pero finalmente Manny tendrá la oportunidad de realizar todo el potencial que enseñó cuando se convirtió en el primer medallista de oro olímpico juvenil de Puerto Rico en 2010 en Singapur.

En Butler enfrenta a un rival experimentado con marca de 24-1 que ha sido campeón en las 115 libras y que peleará en su gallinero, donde siempre es difícil ganar una decisión. Una victoria podría significar la llegada de una nueva estrella al boxeo boricua (la habilidad la tiene). En cambio, pese a ser joven (25 años) una derrota podría significar otra larga espera tanto de peleas grandes, como de buenas bolsas para el boricua. La pelea de Manny solamente podrá ser vista en Puerto Rico por los suscriptores de Liberty Cable que tendrían que pagar el paquete Deluxe de la compañía que contiene cuatro canales y tiene un precio adicional de $6.99 y se vería por el canal 295 (AWE) a partir de las 3pm de la tarde en la cartelera que estelarizarán los pesos completos británicos David Haye y Tony Bellew.

Sin duda ambos tienen mucho que perder este fin de semana, pero también tienen la oportunidad de reescribir la historia del boxeo boricua y la suya propia. Vamos a ustedes.