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La solidaridad sobrevive al dolor

Por Susana Antón/susana@granma.cu

y Sumaily Pérez Carrandi/internet@granma.cu

En Cuba no son comunes los accidentes aéreos, el más reciente ocurrió el 29 abril del 2017 y anterior a éste, en el año 2010. Pero este viernes nos recordó esos dolores cuando un Boeing 737-200 arrendado por Cubana de Aviación, en el momento del despegue se precipitó a tierra entre el aeropuerto José Martí y Santiago de las Vegas.

La Avenida Rancho Boyeros de la capital cubana está diferente. No es común sentir por los alrededores el sonido de las sirenas, por ello las personas comienzan a asombrarse ante tanto tráfico. Pasan en caravanas custodiadas por la policía los camiones de bomberos, las ambulancias, las pipas de agua. Todas se dirigen a un mismo sitio.

Nadie sabe con seguridad qué ha sucedido. Al poco tiempo, otra caravana. El Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez se dirige al lugar del siniestro.

En Alturas del Aeropuerto, localidad situada entre el Aeropuerto José Martí y Santiago de las Vegas, en el municipio de Boyeros, ocurre la tragedia.

Quienes vivieron la experiencia cuentan lo sucedido de muchas maneras, pero todos coinciden en algo: el piloto del Boeing 737-200 giró el avión para caer en el campo.

Cerca de la finca La Cakuta, nombre del sitio, se encuentra el preuniversitario Eduardo García Delgado. Si no fuese por el piloto, relata un hombre, la tragedia hubiese sido mayor. No pudo llegar a la pista del aeropuerto, pero prefirió caer en tierra que sobre las casas del lugar, describen.

Dice un joven que la nave impactó contra los cables de la electricidad. No pudo llegar a tiempo, pero su maniobra salvó sin duda la vida de muchos. “Yo no lo vi, pero así me lo contaron”.

En el área viven aproximadamente 800 personas, además de existir  empresas pertenecientes a los servicios aeroportuarios. En la calle detrás del pre hay un grupo grande de residentes, periodistas, policías, bomberos, trabajadores. Veo un hombre de pie, está conversando con otros.

Yo lo sentí todo, narra, pero qué podía hacer, pensé que el avión caía sobre mí. Tiene las manos en la cabeza y los ojos rojos. No sé si es de llorar o por el susto vivido.

No sabe qué hacer, su casa está cruzando la línea por eso habla con todos. Tal vez es su manera de sentir alivio.

Cinco minutos después del impacto llegó un vecino al lugar. Él lo intentó todo. Dicen que pudo socorrer a dos accidentados. Al poco tiempo, los rescatistas. A partir de ahí comenzaron las labores de salvamento.

Encuentro a un grupo de colegas en el mercado El Caney, en la entrada de la Avenida Van Troi, cerca de la Terminal 1. Junto a ellos, más de 20 personas con sus celulares en mano. Todos observan los videos de quienes pudieron filmar. Me “pasan” uno.

Calculo más de cien personas. Al fondo, se ve el humo. “Hay que correrse para atrás”, se oye. De pronto, un silbato. La policía aparta a quienes están en el lugar. Abren un espacio. Más silbatos. La ambulancia está lista. Todos corren, el tiempo es vital. Llevan a un sobreviviente.

Llueve en Boyeros. No hay mucho más que podamos hacer. Ahora, todo depende del trabajo que realicen las autoridades cubanas en el lugar del siniestro.

De regreso al periódico, cerca del Cupet ubicado en la calle Santa Catalina, escucho de nuevo las sirenas. Por la ruta que llevamos, no sé qué pueda suceder. Guía la caravana un policía, le siguen dos carros y luego cuatro camiones blancos.

Rápido entiendo. Continúa la caravana su paso por la rotonda de la Ciudad Deportiva y dobla a buscar la Avenida 26. El convoy se separa. Uno de los camiones se adentra en el Hospital Docente Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán, los otros doblan en la calle 51 hasta llegar a la entrada trasera del Instituto de Medicina Legal.

A la hora del accidente, mi hijo estaba en Santiago de las Vegas. La distancia fue poca pero el susto, la duda y el dolor… ese fue inmenso.

Nadie imagina nunca la magnitud de un desastre hasta que lo ve con ojos propios. Uno puede hacer especulaciones, pero no es hasta que estás allí, rodeada de humo, bomberos, ambulancias, pobladores, que alcanzas a saberlo. La adrenalina me llevó a obviar cualquier resistencia, mi objetivo y el de mis dos compañeros de equipo –el fotógrafo y el chofer- era llegar hasta el lugar de los hechos.

Y por un momento me sentí como quien está viviendo todo en cámara lenta: las ambulancias llegando, los camilleros corriendo de un lado a otro, los bomberos cortando aquella masa grande de metal que aun pende de un árbol.

Todo era polvo y cenizas… y humo, pertenencias dispersas manchadas por el fango, perdidas en la maleza. Me sentí entumecida  por unos minutos. Luego descubrí que ese no era solo mi sentir. Estábamos atónitos y no es para menos, en Cuba han sido  pocos los accidentes aéreos. Nadie sabía qué decir, nadie podría responder mis preguntas, entonces supe que no era por negar la información, sino porque todos, absolutamente todos, estábamos siguiendo un instinto humano: salvar, ayudar, socorrer.

Un oficial de la Policía Nacional Revolucionaria insistió en que con mi presencia estaba entorpeciendo la labor de los bomberos y mientras me hablaba, me detuve a reparar bien en él: era un hombre joven, moreno, delgado, quizá con poco tiempo dentro de las filas de la PNR, no lo sabría decir con seguridad. Le temblaba el mentón al hablar y la voz. Esa actitud me sacó del estado de adormecimiento que tenía, porque comprendí la conmoción de cada persona. Volvía a la noticia, era vital contar todo lo que allí estaba ocurriendo.

Atravesé un campo para llegar hasta donde los pobladores, pensé en mis alergias, pero cuando volteé a mirar por encima del hombro, detrás mío había una mancha negra enorme del accidente, cualquier padecimiento resultaba insignificante en aquel instante. Llegué hasta las personas, esperanzada de que alguien pudiera saber.

Dos señores, vecinos cercanos al lugar del accidente conversaban fuera de su casa. Interrumpen la charla cuando me les acerco. Uno se queda mirando detenidamente mi identificación que en letras grandes y rojas dice: Prensa Granma. Mira al piso y no espera que le pregunte.

“No vi el avión», dijo. “Sentí una explosión fuerte y cuando salí pa’l camino vi el humo, las explosiones seguían y sentí miedo».  Se miran entre sí. El otro hombre, uno años más joven, me asegura que sintió el sonido de la explosión, pero hasta que no vio el humo no comprendió de qué se trataba.

“Los vecinos salimos enseguida a tratar de ayudar. Lo más importante era salvar a las personas. Esto no lo vemos todos los días aquí. Estas cosas no pasan en Cuba», me dice como quien busca una explicación para tan fatídica situación.

El vuelo Habana-Holguín llevaba 104 pasajeros. Cuatro personas llegaron en estado crítico al Hospital Universitario General Calixto García. Uno murió.

Nos entrevistamos con Roberto Peña, presidente de la Corporación de la Aviación Cubana. “Era un avión arrendado por Cubana de Aviación a la Aerolínea mexicana Global. Las autoridades trabajan en identificar las causas que dieron origen a tal accidente», afirmó Peña.

Allí no nos quedaba mucho más por hacer que dejarles espacio a las autoridades y los oficiales para que continuaran lo más rápido posible las investigaciones pertinentes.

Fui entonces hasta donde estaban los familiares y, por primera vez, reprimí el impulso periodista de preguntar. No podía, esos, sin lugar a dudas, fueron los rostros más tristes que he visto en mi vida.

Reproducido de www.granma.cu

¿“Apenas” un 48 por ciento?

Antes del 20 de mayo, previo a las elecciones presidenciales venezolanas, la prensa internacional (y la puertorriqueña) hicieron todo lo posible por presentar un país que se “despedazaba”. La gente, decían, carecía de comida y casi dedicaba el día a buscar qué comer. Las largas colas agobiaban a la mayoría. Los que no buscaban afanosamente algo para comer, huían por las fronteras de los países vecinos. Venezuela se vaciaba, decían.

Días antes también se anunció con gran despliegue que la empresa estadounidense Kellogg abandonaba Venezuela. Al anunciar su partida sus directivos denunciaron al gobierno de Nicolás Maduro como responsable y se quejaron del “deterioro” del país que dejaban. Al reseñar la noticia la prensa destacó la lista de otras empresas que también se habían ido del país suramericano.

Ése era el ambiente previo a unas elecciones que los principales partidos y grupos de la oposición habían decidido boicotear, tachándolas de “ilegales”. A los candidatos que se presentaron contra Maduro, los tachaban de “traidores”. Igual calificativo usaban para los que se atrevieran a votar.

Con esos truenos todos daban por seguro que la participación electoral sería mínima y que una buena parte de los que se arriesgarían a votar rechazarían a Maduro. En Puerto Rico algunos auguraban que en Venezuela ocurriría lo que sucedió en el plebiscito que Ricardo Rosselló organizó en junio de 2017 en el que “apenas” participó el 23% de los electores.

El día antes de la cita electoral, en una reseña del diario español El País (que llega hasta lo bochornoso para oponerse a Maduro) se colaban algunos indicios de que la cosa no era como la pintaba la prensa. La noticia hablaba, claro está, de las colas inmensas para buscar comida y exponía los comentarios de algunas personas de la fila. Una de las entrevistadas, opositora al gobierno, decía que aún no sabía por quién de los candidatos opositores votaría. También decía que esperaba “un milagro” para que la gente no votara una vez más por Maduro.

Como esos comentarios El País nos daban un cuadro muy distinto del que pretendía. La opositora se proponía votar, lo que refutaba la historia del “rechazo” masivo a la consulta. En segundo lugar, la misma persona reconocía que la mayoría de la población efectivamente había elegido el gobierno actual y reclamaba “un milagro” para que eso no volviera a ocurrir. No hablaba de fraude electoral del pasado ni lo esperaba en el presente. Tan solo rogaba porque una mano divina revirtiera la tendencia cambiando la intención de voto de la gente.

Escondido en la propia noticia aparecía un dato aún más relevante. Se hablaba que en “los sectores populares”, es decir, en las comunidades y pueblos donde vive la población trabajadora, se notaba mucho entusiasmo por las elecciones. En otros sectores ése no era el caso. Ese comentario, que retrata la evidente y no siempre reconocida lucha de clases, nos ayuda a entender lo que está ocurriendo en Venezuela

A fin de cuentas, en las elecciones del pasado 20 de mayo votó el 48% de la masa electoral y alrededor del 60% por ciento de éstos lo hicieron por Nicolás Maduro. Cuando ya se conocía ese resultado, y antes de que a presión mediática lo llevara a gritar el consabido “fraude”, el principal candidato de la oposición se lamentaba de que el llamado a la abstención de los otros le había impedido ganar, lo que significaba un reconocimiento a la legitimidad de la consulta.

En las elecciones de 2016 de Estados Unidos no hubo llamado alguno a boicot, más bien lo contrario. El interés por ellas se había disparado una vez el energúmeno Donald Trump ganó la nominación por los Republicanos. Aun con ese ambiente, la participación llegó al 55%. ¿Alguien, como hizo ahora El Nuevo Día puertorriqueño, utilizó la palabra “apenas”?

El único evento electoral relacionado con Puerto Rico parecido al del 20 de mayo venezolano, fue el plebiscito de 2017. Allí casi toda la oposición hizo un llamado al boicot y, en algunos casos, la oposición fue militante, como fue la de la oposición en Venezuela. En el caso puertorriqueño la efectividad del boicot se vio en la participación que arrojó la consulta, de apenas (y aquí si es correcto ese “apenas”) 23%. En Venezuela la participación electoral más que duplicó esa cifra, llegando casi a la mitad de los electores.

Tiene razón el candidato opositor Henry Falcón cuando dice que sin el llamado al boicot electoral tal vez hubiese ganado. La simple aritmética apoya su comentario, pero él y sus amigos tendrán que vivir con esa especulación de ahora en adelante. Lo cierto es que hubo elecciones, que fueron limpias y que el candidato que ellos llaman del “chavismo” obtuvo la mayoría.

Acá en Puerto Rico, el mismo gobernador que proclamó su triunfo en el plebiscito con una participación electoral de 23%, emitió varias declaraciones condenando lo ocurrido en Venezuela y denunciando las elecciones. A su lado estaban algunos “opositores” que viven aquí y que cada día, con su apoyo a Rosselló y a la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos, nos enseñan su propia naturaleza.

Después de estas elecciones a Venezuela, claro está, le esperan años difíciles. El estado de su economía, obviamente maltrecha, es su principal reto. Difícilmente el gobierno recién reelecto podrá permanecer mucho más tiempo si no logra mejorar a corto plazo las condiciones de vida de la población. El reciente aumento en el precio mundial del petróleo puede ayudarlos a enderezar el rumbo.

Además del reto económico se enfrentarán a la creciente hostilidad de Estados Unidos que, con Donald Trump de presidente, no tendrá escrúpulos a la hora de planear conspiraciones. Ante esos retos, como sucedió en Cuba, tiene que levantarse un pueblo unido junto a un liderato capaz.

¿Porqué los ataques de Israel a Gaza?

El lunes 22 de mayo, en vísperas del 70 aniversario de la proclamación del estado de Israel, que los palestinos conmemoran con el Día del Desastre (Nakba), se produjo la más reciente masacre en el estrecho de Gaza cuando el ejército isrelí abrió fuego sobre palestinos desarmados asesinando a sobre 60 e hiriendo a más de dos mil personas.

Ese mismo día, a pocas millas de distancia, la hija del presidente Trump y su marido, asesor especial del Presidente, encabezaron la ceremonia de traslado de la embajada norteamericana a la ciudad de Jerusalén, formalizando el reconocimiento a la anexión ilegal de la misma y en violación al ultrajado derecho internacional, que para Israel siempre ha sido una letrina donde dejar su opinión sobre las resoluciones de la ONU.

Hace una semana se repitió el ritual, ya normalizado por Israel y Estados Unidos: el estado sionista ejecuta una masacre, o se anexa territorios, construye muros, destruye poblados, etc. La ONU y la ¨comunidad internacional¨ aprueban sendas resoluciones de censura, los palestinos entierran a sus muertos y se mudan a otro refugio, y en horas todo se olvida hasta la próxima masacre.

Esta IMPUNIDAD es precisamente el principal obstáculo a la resolución justa de los conflictos en Oriente Próximo. De nada sirven las toneladas de resoluciones y pronunciamientos de la ONU, si el estado de Israel y su creador y protector, EEUU, hacen caso omiso de las mismas y la llamada comunidad internacional –particularmente los países vecinos— se resignan al lamento y la inacción.

Publicamos a continuación una breve explicación de la coyuntura actual, publicada originalmente en el portal Palestinalibre.org del autor palestino-chileno Jaime Abedrapo.

M.Coss

Por Jaime Abedrapo

¿Por qué Palestina ha sido marginada del derecho consagrado de autodeterminación de los pueblos respecto de las potencias colonizadoras? La respuesta, en términos generales, tiene que ver con la decisión del Reino Unido, encargado de su administración después de la Primera Guerra Mundial, de modificar el statu quo de la población nativa u originaria, es decir los palestinos.

Esta es la base central para comprender los 70 años de conflicto, es decir desde la creación oficial del Estado de Israel (15 de mayo de 1948). Desde entonces se ha dado curso a la limpieza étnica de los territorios palestinos, ya que el objetivo político de Israel es tener un Estado judío, por tanto era absolutamente necesario erradicar (a como diera lugar) a la población árabe nativa.

Por ello, las masacres, desplazamientos forzados, apartheid, etc. Todos los crímenes de lesa humanidad que comete Israel, se dan en el contexto de la creación de su Estado, el cual aún no alcanza las dimensiones que sus conductores pretenden, es decir, ocupar todo el territorio que antes había pertenecido a los palestinos, con especial atención ahora en Cisjordania (también conocida como el territorio al oeste del río Jordán, o “West Bank” en inglés).

El rasgo de estar frente a un Estado confesional, con claras raíces racistas, tras una ideología excluyente como el sionismo, ha significado que las negociaciones sean inviables, ya que mientras Israel tenga superioridad militar y dicha ideología se mantenga vigente con relación a la mayoría de los habitantes, ese Estado no estará dispuesto a compartir su territorio con árabes o con personas de otras religiones, por la amenaza demográfica que esto significaría para la superioridad numérica judía. Es decir, ello es lo que hace inviable, hasta hoy, la creación de un Estado binacional. Por otro lado, como los sionistas consideran que su proyecto estatal está inconcluso y siguen edificando asentamientos (política de estado en Israel) y desplazando a los palestinos o arrebatándoles su tierra, no hay forma de negociar fronteras, ya que están en pleno proceso de expansión y no se observa un poder real que pueda coaccionarlos para que respeten la legislación internacional, es decir, las resoluciones de Naciones Unidas.

Esto, de alguna manera, refuerza las causas primeras del conflicto, ya que Israel siempre ha tenido argumentos para no negociar y ha trabajado o se ha aliado siempre con la potencia de turno (primero Reino Unido y Francia; luego Estados Unidos), por lo cual desde el realismo político, ha sido imposible condicionar su política de Estado, a pesar de que no respeta el derecho internacional, ni el derecho internacional humanitario, ni tampoco los derechos humanos. Israel todo lo fundamenta en razón de su seguridad nacional o espacio vital, Razón de Estado.

Recordemos que en 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel se anexó la totalidad del territorio de Palestina, incluida Jerusalén Oriental, que desde la década del ochenta (1981) considera unilateralmente como su capital única e indivisible, sin acatar el derecho internacional vigente, que tras las resoluciones 242 de 1967 y 338 de 1973 han reclamado la evacuación de los territorios ocupados. En ese contexto, Israel propició los asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza, los que a su vez también le valieron condenas de parte de Naciones Unidas. El único argumento esgrimido por Israel para desarrollar esta expansión y colonización a costa de territorio palestino, han sido títulos basados en textos del Antiguo Testamento de la Biblia, que el Derecho Internacional no reconoce.

En definitiva, estamos frente a la imposibilidad que afecta al pueblo palestino, de ejercer el derecho de vivir en forma libre y soberana en su propia tierra, siendo tratado como una raza inferior al interior del Estado de Israel (se ha institucionalizado un apartheid), en donde se establecen normas discriminatorias para los no judíos, mientras los palestinos en Cisjordania viven bajo ocupación, en verdaderos bantustanes (comunidades aisladas e inconexas), desde los acuerdos de Oslo (1993). Y el resto vive en el virtual campo de concentración de Gaza, luego de que Ariel Sharon erradicara a la fuerza a los colonos ortodoxos ? fundamentalistas que tenían asentamientos allí. Podría afirmarse con propiedad, que en Gaza se ha creado la prisión de mayor extensión en el mundo.

En efecto, aproximadamente el 90% de la población residente en la Franja de Gaza está constituida por refugiados, es decir un millón y medio de personas están prisioneros en 300 kilómetros cuadrados por el solo hecho de ser palestinos. Decimos encerrados, porque Israel controla los accesos terrestres, el espacio aéreo y marítimo.

Frente a este sombrío y desesperanzador panorama, cabe preguntarse acerca de qué alternativas tienen disponibles los palestinos para lograr su liberación nacional, puesto que además, por el lado de las negociaciones que se desarrollan, con interrupciones, desde hace más de18 años, Israel jamás ha negociado de buena fe. Prueba de esto es que, en conocimiento de que el total del territorio de la Cisjordania es una meta intransable para los palestinos, desde el comienzo de las negociaciones y hasta hoy, ha mantenido invariablemente su política de ampliación de los asentamientos judíos en dicho territorio. Y aún más, ha construido el muro del apartheid, que expropia más territorio palestino y le hace la vida imposible a ese pueblo.

En ese contexto, no puede extrañar que surjan movimientos reivindicativos como los de Hamas. Recordemos que éste es un movimiento islámico que no reconoce a Israel, mantiene la resistencia mediante el empleo de la fuerza, pero en un contexto asimétrico, por tanto sólo tiene capacidad para ataques calificados como terroristas, ya que su estrategia es infligir miedo entre la población de Israel. Su capacidad operativa es muy baja, sobre todo en el contexto de aislamiento internacional en que se encuentra y por las pésimas condiciones socioeconómicas derivadas del bloqueo israelí.

Tras lo dicho, podemos afirmar que la causa del conflicto no es Hamas, ya que éste es un partido político con una fuerte presencia en la sociedad de la Franja de Gaza; tanto es así, que consiguió en los comicios del 2006, el 65% de la adhesión. Mantiene trabajos en el campo de la salud, educación, etc. y se ha hecho relevante, primeramente tras la acción de Israel que lo apoyó logísticamente en la década de los setenta, con el objetivo de deslegitimar y presentar una cuña en la OLP; pero en una segunda etapa, este movimiento encuentra un importante apoyo ciudadano, como señal de rebelión contra la ocupación y contra los tratos infrahumanos que recibe la población de parte del ocupante.

A poco de asumir Hamas tras el triunfo en las urnas, los países llamados del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y la ONU) comenzaron a aislar a este actor político, seguido de un bloqueo y boicot cada vez más implacable por parte de Israel, los que significaron la escasez de alimentos, medicinas, combustibles, etc.

Todo lo anterior refuerza las visiones islamistas que van fortaleciéndose entre la población palestina, ya que ha comprobado que en 70 años de conflicto las negociaciones sólo han arrojado fracasos y que su situación es cada vez más precaria, mientras Israel, por medio de la política de los hechos consumados, se expande por territorio palestino y a Gaza lo deja como una prisión en la cual relegar a la resistencia, en especial la islámica.

CRUCIRAMA: María Teresa Babín

Horizontales

1. Fantasía _____; libro escrito por Babín.

5. Introducción a la _____ hispánica; libro de 1949 de Babín.

10. Amarren.

12. Mamífero carnívoro de gran tamaño, pl.

13. Capital de Italia.

14. 30 de _____ de 1910; nacimiento de Babín.

15. Preposición.

16. Carta de la baraja.

17. Antes de Cristo.

20. Dativo de pronombre.

21. Artículo gramatical.

23. _____ y estar de Puerto Rico; libro de Babín de 1964.

26. Las voces de tu _____; obra poética de Babín.

27. Apócope de mamá.

28. Del verbo croar.

30. Japonés.

32. Armando _____ Dávalos; intelectual y revolucionario cubano. Dirigente del Movimiento 26 de Julio.

34. Tiempo que equivale a 60 minutos, pl.

35. Repollo.

36. _____ Teresa Babín Cortés; educadora, crítica literaria, y ensayista puertorriqueña. ?Autora de “El hilo de Ariadna”, “Jornadas literarias”, “Siluetas literarias” y “La barca varada”.

37. Novenos.

38. Transportas, trasladas.

41. Raza, pueblo.

43. 19 de _____ de 1989; fallecimiento de Babín.

46. Orfeón, coral.

49. Destapa.

51. Arroja.

52. Sonríes.

53. La cultura de Puerto _____; libro de 1970 de Babín.

54. Federico García Lorca, cincuenta _____ de gloria; ensayo de Babín publicado en 1986.

Verticales

1. La _____ varada; obra poética de Babín.

2. Especie de lechuza grande.

3. Bogué.

4. Vano, fútil, inútil.

6. _____ Blanco Géigel; escritor puertorriqueño. Autor de “Prontuario histórico de Puerto Rico” y “Cuentos sin ton ni son”.

7. Utilizas.

8. _____ Brown; cantautor de la nueva trova puertorriqueña.

9. Destruí, arrasé.

11. La _____ colmada; obra para teatro de Babín.

18. Número que expresa la falta absoluta de cantidad o un valor nulo.

19. Tratamiento de respeto.

20. Juan _____ Brás; fundador de el periódico Claridad y del Movimiento Pro Independencia.

22. El mundo poético de García _____; libro de Babín premiado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

24. Preposición.

25. La gesta de Puerto _____; libro de Babín de 1967.

26. Circunvoló.

27. La antología prologada de Francisco Gonzalo _____; libro de Babín de 1958.

28. Intercambio de mensajes electrónicos a través de internet que permite establecer una conversación entre dos o varias personas.

29. Interjección.

31. _____; ciudad natal de Babín.

32. Del verbo haber.

33. Vasija pequeña con asa.

39. Decreto, ley, mandato, proclama.

40. Afirmación.

41. Símbolo del erbio.

42. María _____ Babín; autora de “Fantasía boricua” y “Ser y estar de Puerto Rico”.

44. Elevación de tierra aislada y de menor altura que el monte o la montaña.

45. María _____ Babín; recibió durante su vida diversos galardones por su obra de excelencia, entre ellos, el de Profesora Emérita en el Lehman College y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico.

47. Escuché.

48. Juego infantil hondureño.

49. Símbolo del argón.

50. Segunda nota musical.

A romper huevos

Últimamente se ha despertado en mí cierta inquietud o preocupación por la forma en que reclamamos libertad y justicia desde posturas y/o actitudes, a mi entender, conservadoras, por no decir reaccionarias. Lo que me resulta paradójico y lamentable pues, a simple vista, daría la impresión de que aún no superamos la Edad Media, y si tuviésemos que condenar a la hoguera a dos o tres por no compartir nuestro credo, lo haríamos sin parpadear. Pero miremos bien el asunto para que no se diga que estoy juzgando mal las buenas intenciones de ciertos sectores. Preguntémonos: ¿se puede ser reaccionario/conservador y luchar por la libertad y la justicia? Hay quienes dirán que sí. ¿Pero a usted no le pica la curiosidad, no le interesa saber cómo es que conservando y apoyando los valores e instituciones tradicionales podemos acabar con la represión y la desigualdad? A mi sí.

Yo sé que la peor lucha es la que no se da, pero si vamos a ponernos para algo, hagámoslo de forma que no quede margen para la ambigüedad o la contradicción. ¿Hemos escuchado muchas veces una frase que dice que para hacer una tortilla hay que romper los huevos? Pues a eso me refiero: ¡¡¡A romper huevos!!!

Si queremos luchar por la libertad y la justicia es porque entendemos que hace falta cambiar las cosas, y para cambiar las cosas debe haber rupturas; deshacerse de todas aquellas instituciones y estructuras ideológicas tradicionales que perpetúen la desigualdad y la represión. La idea no es sermonear, sino alertar, proponer, traer a cuenta una reflexión que no es nueva, pero que cada vez se hace más urgente. No podemos pretender un cambio si seguimos emulando o promoviendo actitudes, formas, discursos anacrónicos que no responden a la realidad ni a las necesidades de los tiempos corrientes. Es necesario lograr que se abra, si no un abismo, al menos sí una brecha entre las posturas y actitudes hegemónicas y las supuestamente disidentes. Porque no deberían parecer, nunca, caras de una misma moneda.

¿Acaso no es tiempo de liberarnos de lo que nos oprime, de todos los yugos ideológicos y morales que, lejos de aportar a nuestra calidad humana, nos empobrecen llenándonos de miedos, prejuicios y culpas?

En las últimas semanas he estado cerca de algunos jóvenes que dicen luchar por la justicia y la libertad, pero a decir verdad parecen policías de la moral. No cuestiono sus buenas intenciones ni sus esfuerzos, pero tal vez sea momento de comenzar a pensar que portarse bien no consiste necesariamente en copiar el ejemplo de nuestros mayores. No necesitamos jovencitos bien portados, siguiendo al pie de la letra lo que se les ha enseñado en la casa, en la iglesia o en la escuela, y mirando con desaprobación o regañando —cual si fuesen su madre— al compañero que fuma mariguana en tal o cual manifestación, por sólo mencionar un ejemplo, sino jóvenes suspicaces, capaces de cuestionar lo establecido; capaces de luchar por la Liberta, la Justicia y la Igualdad en todos los ámbitos, no a medio pocillo.

Y bueno, todavía no he dicho ni una sola palabra de lo que vine a decir, porque me extralimité en el regaño, aunque quisiera aclarar que más bien pretendía ofrecer una recomendación amorosa. A lo que voy es a que me he topado con unos libros clásicos bien buenos sobre la subcultura punk como movimiento artístico y social, que nos pueden ser útiles para profundizar en la imagen que ofrecí sobre “romper huevos”. Los libros son Por favor, mátame. La historia oral del punk, de Legs Mcneil y Gillian Mccain (cuarta edición de marzo 2017, publicado por Libros crudos), y Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX, de Greil Marcus (y también en su cuarta edición, publicado por Anagrama en 2011). El primero es un relato compuesto de fotos y entrevistas a aquellos mismos que participaron del movimiento punk, y el segundo consiste en un trabajo crítico que plantea al punk como un movimiento social nihilista, una respuesta dura y burlona a esa misma sociedad de la que surgió y que resulta ser hipócrita, injusta y clasista. Además, traza sus orígenes históricos, ubicándolo entre los anarquistas místico-lujuriosos y algunas otras expresiones o movimientos que a lo largo de la historia han creído que las cosas podrían se diferentes y han hecho algo por ello (dadaístas, letristas, situacionistas y herejes medievales).

Por eso digo, pensando acá libremente, que nosotros también podríamos ponernos para algo, ¿no? Tal vez dejar de lado la solemnidad y el rebaño para tratar de ayudarnos a ser verdaderamente libres y justos. Es difícil, lo sé.